Alcibíades II — Plato ===================== ΑΛΚΙΒΙΑΔΗΣ ΙΙ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/alc2/ This file: https://plato-scroll.com/text/alc2-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/alc2.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/alc2-b.txt - W.R.M. Lamb (Loeb, 1927): https://plato-scroll.com/text/alc2-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/alc2-e.txt - Floyer Sydenham, ed. Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/alc2-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [138a] Sócrates: — ¡Alcibíades!, ¿que te diriges a orar a dios? [138a] Alcibíades: Pues así es, Sócrates. [138a] Sócrates: Pareces sombrío, y miras a tierra cual si estuvieras pensativo. [138a] Alcibíades: ¿Pensativo?, ¿quién y sobre qué?, Sócrates. [138a] Sócrates: Pensativo sobre lo máximo, Alcibíades, —así me lo parece. Porque, ¡tente!, por Júpiter!; ¿no crees que los dioses de cuantas cosas les pedimos en privado o en público, nos dan a veces algunas; mas no, otras; que a algunos sí; que a otros, no? [138b] Alcibíades: Enteramente así. [138b] Sócrates: ¿Pues no te parece que hace falta mucha y prudente previsión para que no pase el pedir uno para sí grandes males, creyendo pedir bienes? Pero, ¿qué si por Suerte los dioses están dispuestos a dar lo que se les pidiere? Cual, se cuenta, que Edipo pidió sin más que los hijos decidieran a golpes de espada lo de herencia paterna; y pudiendo buenamente pedir le librase de los males presentes, atrajo, además de los presentes otros por maldición, realizados los cuales y, tras ellos, otros muchos y terribles. ¿Qué falta hace referirlos uno por uno? [138c] Alcibíades: Pero, Sócrates, estás hablando de hombre loco. ¿Qué te parece haber quien, sano, se atreva a pedir tales cosas? [138c] Sócrates: ¿Qué te parece, pues, ser la locura lo contrario a la sensatez? [138c] Alcibíades: Enteramente. [138d] Sócrates: ¡¿Qué te parece haber hombres insensatos y sensatos? [138d] Alcibíades: Por cierto, los hay. [138d] Sócrates: ¡Tente!, y consideremos quiénes son tales. [138d] en que hay insensatos y sensatos, —y otros, locos. [138d] Alcibíades: Convenido, pues. [138d] Sócrates: ¿Hay, además, algunos sanos? [138d] Alcibíades: Los hay. [138d] Sócrates: ¿Y también, otros, enfermos? [139a] Alcibíades: Enteramente. [139a] Sócrates: ¿No, pues, los mismos? [139a] Alcibíades: Pues no. [139a] Sócrates: ¿No hay, pues, además otros a quienes nada eso pasa? [139a] Alcibíades: No, por cierto. [139a] Sócrates: Así que, de Necesidad, el hombre o está a no lo está. [139a] Alcibíades: Me lo parece. [139a] Sócrates: Pero, ¿qué?: respecto de sensatez e insensatez, ¿tienes la misma convicción? [139a] Alcibíades: ¿En qué sentido lo dices? [139a] Sócrates: En el de si te parece que es Necesario ser o insensato; O si hay, entre medio, un tercer estado no haga al hombre ni sensato ni insensato. [139b] Alcibíades: No, por cierto. [139b] Sócrates: ¿De Necesidad, pues, ha de pasar una de las cosas. [139b] Alcibíades: Me lo parece. [139b] Sócrates: Pues bien: ¿recuerdas haber admitido que es lo contrario de sensatez? [139b] Alcibíades: Por mí, que sí. [139b] Sócrates: ¿Pues, y que no hay, en medio, un tercer que haga al hombre no ser ni sensato ni insensato? [139b] Alcibíades: Convine en ello. [139b] Sócrates: ¿Habría cómo para una cosa haya dos contrarios¹ [139b] Alcibíades: No hay cómo. [139c] Sócrates: Luego insensatez y locura son lo mismo. [139c] Alcibíades: Tal parece. [139c] Sócrates: Afirmando, pues, Alcibíades, que todos los insensatos están locos, ¿hablaríamos correctamente?, —Tanto respecto de algunos. de tus coetáneos, en caso de que estén siendo insensatos, que lo están, como respecto de los ya mayores. Porque bien, por Júpiter!, ¿no crees que en la Ciudad son, ciertamente, pocos los sensatos; mas insensatos, la mayoría: esos que tú mismo llamas “locos”? [139c] Alcibíades: Por mí, así es. [139c] Sócrates: ¿Crees, pues, que gozaríamos tratándonos de conciudadanos con tantos locos; y que pateados, apaleados —y cuanto suelen hacer los locos— habríamos hace tiempo, pagado el merecido? Pero, mira, feliz de ti, si no son así las cosas. [139d] Alcibíades: ¿Cómo no van a ser así?, Sócrates. En peligro está que no lo sean cual creía. [139d] Sócrates: Ni a mí me lo parece. Pero mirémoslo de estotra manera. [139d] Alcibíades: ¿A cuál te refieres? [139d] Sócrates: Te lo diré ya. ¿Suponemos, o no, que hay enfermos? [139e] Alcibíades: Pues sí, por cierto. [139e] Sócrates: ¿Te parece, pues, necesario el que haya quien esté enfermo de podagra o de fiebre o de oftalmía? ¿O no te parece que, aun no padeciendo de nada de eso, esté enfermo de otra enfermedad?; que, por cierto, las hay y muchas, —y no solamente esas. [139e] Alcibíades: Me lo parece. [139e] Sócrates: ¿Toda oftalmía te parece ser enfermedad? [139e] Alcibíades: —Sí. [139e] Sócrates: ¿Y también, que toda enfermedad es oftalmía? [139e] Alcibíades: No, ciertamente. No doy realmente con la manera de decirlo. [140a] Sócrates: Pero si me prestas atención —"somos dos” a pensarlo— por Suerte lo encontraremos. [140a] Alcibíades: Pues te la presto, Sócrates, en la medida de mis fuerzas. [140a] Sócrates: ¿Na convinimos, pues, en que toda oftalmía es enfermedad, aunque no toda enfermedad sea oftalmía? [140a] Alcibíades: Quedó convenido. [140a] Sócrates: Y me parece habernos convenido correctamente. Porque todos los afiebrados están enfermos, mas no todos los enfermos tienen fiebre, podagra u oftalmía, —tal creo. Pero todo esto es, por cierto, enfermedad; mas, al decir de los que llamamos “médicos”, se diferencian por los efectos. Que todas ellas no son semejantes ni obran de semejante manera, sino cada una según su propia fuerza. Todas son, por cierto, enfermedades. Parecidamente, ¿admitimos que hay artesanos, o no? [140b] Alcibíades: — Absolutamente. [140b] Sócrates: No lo son, pues, los zapateros, carpinteros, escultores y muchísimos otros, —¿a qué nombrarlos uno por uno? Aunque tiene cada uno una parte, la escogida, de la artesanía, son todos ellos artesanos, —no, por cierto, carpinteros ni zapateros ni escultores, todos cuantos son artesanos. [140b] Alcibíades: No por cierto. [140b] Sócrates: Así es como los hombres se han repartido hasta la insensatez. A los que tienen la parte mayor, [lamemos “locos”; a los que, algo menos, “bobos” y “estúpidos”. Pero si queremos denominarlos con nombres biensonantes, unos son exaltados”; otros, “simplones”; otros, “inocentes”, inexpertos”, “atontados”. Mas, rebuscando, hallarías muchos otros nombres. Todo ello es “insensatez”; mas diferente, al modo que nos lo pareció ser una arte de otra arte, y una enfermedad de otra. ¿O cómo te parece? [140d] Alcibíades: A mí, así. [140d] Sócrates: Revirtamos una vez más a aquello de considerar cual al comienzo del razonamiento, quiénes son insensatos; y quiénes, sensatos. Pues convinimos en que hay algunos, ¿No es así? [140d] Alcibíades: Sí; se convino en ello. [140e] Sócrates: Pues bien; ¿admites que son sensatos quienes saben qué se ha de hacer y decir? [140e] Alcibíades: Por cierto que sí. [140e] Sócrates: ¿Y quiénes son insensatos? ¿No lo son quienes nada de eso sepan? [140e] Alcibíades: Esos mismos. [140e] Sócrates: Ahora bien: quienes no saben nada de eso, ¿No caen en cuenta de que están hablando y haciendo lo que no se debe? [140e] Alcibíades: Parece. [140e] Sócrates: Por cierto, Alcibíades, que uno de estos hombres decía yo ser precisamente Edipo. Más aún: entre los actuales hallarás muchos, que no posesos por ira, cual él, no creen pedir para sí males, sino bienes. El no pedía males, —ni por pienso. Pero otros hay a quienes pasa lo contrario. Porque si, como creo, se te apareciera primero el dios a quien te diriges, y te preguntara antes de que le pidieras nada: “¿te bastaría con llegar a ser tirano de la Ciudad de Atenas?”. Mas, si te — pareciera eso fruslería y nada de grande, añadiese: “y, ¿de todos los griegos?”. Pero, y si viendo que aun esta te parece poco, a no serlo de toda Europa, te lo prometiera tan sólo si quieres que hoy mismo sepan todos que Alcibíades, hijo de Clinias, es tirano, creo que tú mismo partirías rebosante de gozo, por señor de los máximos bienes. [141b] Alcibíades: Creo, Sócrates, que lo mismo cualquiera otro, —si le cayera lo mismo. [141c] Sócrates: Pero, seguramente, a costa de tu vida no querrías hacer tuya la tierra y ser tirano de todos los griegos y bárbaros. [141c] Alcibíades: No lo creo. Pues, ¿cómo, si no voy a gozar de nada de eso? [141c] Sócrates: Pero, ¿y si fueras a gozarlo de mala y perjudicial manera? [141c] Alcibíades: Tampoco. [141c] Sócrates: Ves, pues, que no es seguro ni aceptable sin más lo que a una se le dé ni que se le dé lo que pide, —si ello va a resultar en su perjuicio o en perder la vida. ¡De cuántos —muchos— podríamos contar que habiendo apetecido la tiranía, y aun esforzándose en conseguirla, cual si con ella obtuvieran algo bueno, lo que de ella sacaron fue perder, por conspiraciones, la vida! Creo que de algunos de tales casos de «ayer y de anteayer» habrás oído: a Arquelao, tirano de Macedonia; su doncel —no menos enamorado de la tiranía que aquél de éste— asesinó al enamorado para conseguir ser tirano y varón bienaventurado. Pero retuvo tres o cuatro días la tiranía; a su vez, a manos de otros conspiradores pereció. Ves ciertamente que de nuestros conciudadanos —que esto no lo hemos oído de otros, sino nosotros la sabemos por haberlo presenciado— cuántos apetecieron el generalato y, obtenido, algunos de ellos están aún exiliados; otros, perdieron la vida. Los que creyeron pasarla mejor, ¡a través de cuántos peligros y miedos!, no sólo durante el generalato, sino al descender a su puesto, —estuvieron hasta el fin, sitiados por los sicofantes, con un sitio no menor que el de los enemigos; tanto que algunos de ellos llegaron a desear más el no haber sido generales que el haberlo sido. Pues bien: si los peligros y trabajos hubieran traído sus ventajas, habría alguna razón; mas, de hecho, es todo lo contrario. De la misma manera hallarás, pasa con los hijos: a algunos que pidieron tenerlos, les cayeron, una vez tenidos, máximas calamidades y penas. Porque algunos, por haberles resultado todo unos perversos los hijos, pasaron, apenados, la vida entera; a otros, les resultaron buenos; mas, por calamidades, quedaron privados de ellos; en total, no menos desgraciados que aquéllos, y prefiriendo no haberlos tenido a haberlos tenido. Empero, y a pesar de estos y otros muchos casos tan evidentemente semejantes a éstos, rara vez hallarás quien o rechazara tales dones o, en caso de ir a obtenerlos por súplicas. Cesara de suplicar. La mayoría no rechazaría ni tiranía regalada ni generalato ni tantas otras cosas que, poseídas, dañan más que ayudan. Hasta suplicaría que le vinieran, quien, de presente, no las tuviera. Aguarden un poco, que frecuentemente cantarán la palinodia, y retirarán lo que primero pidieron. Me pregunto, pues, si los hombres no acusan verdaderamente sin causa a los dioses al afirmar que de ellos les vienen los males. Pero son ellos mismos quienes por sus propias «tonterías» o insensateces —hay que decirlo— «se ganan dolores, sobre los del Sino». [142e] Debió, pues, Alcibíades, ser grandemente sensato aquel poeta que, me parece, tratándose con amigos alocados, viéndoles hacer y pedir no lo mejor —aunque a ellos se lo pareciera—, compuso para todos estos casos una plegaria que reza más o menos así: «Júpiter Rey, pidámoslos o no los pidamos dadnos los bienes: mas los males, aunque los pidamos, líbranos de ellos». [143a] Tal es la súplica. Por cierto que, a mí, me parece hablar el poeta de bella y segura manera. Pero si tienes tú otra cosa en mente, no te la calles. [143a] Alcibíades: Difícil es, Sócrates, hablar contra lo bellamente dicho. Pero estoy pensando de cuántos males para los hombres es ignorancia la causa, ya que, como parece, no caemos en cuenta nosotros mismos de que por ella obramos mal y, por contera, pedimos para nosotros mismos lo pésimo. Lo cual nadie, por cierto, lo creyera; al revés: todos se creen capaces de pedir para sí mismos lo mejor, y no lo pésimo. En verdad, que esto se pareciera a una maldición, más bien que a una súplica. [143b] Sócrates: Pero tal vez, óptimo, nos dijera varón, caso de ser más sabio que yo y tú, que no hablamos correctamente al reprender, así en bloque, a la ignorancia, sin añadir de qué cosas y para quiénes la ignorancia resulta hasta un bien, —cual para otros resulta un mal. [143c] Alcibíades: ¿Qué dices?: ¿que hay cosas, que sea para quien sea, es mejor ignorar que saberlas? [143c] Sócrates: A mí me lo parece; ¿y a ti no? [143c] Alcibíades: Ciertamente que no, por Júpiter! [143c] Sócrates: Por cierto que no imputaría el querer tú llevar a cabo contra tu misma madre lo mismo que dicen haber realizado Orestes, Alcmeón, —y si hubo algunos diferentes de ellos. [143d] Alcibíades: ¡Por Júpiter!, Sócrates, ¡habla bien! [143d] Sócrates: No al que dice, Alcibíades, que no querrías llevar a cabo eso has de mandar, ¡hable bien!, sino mucho más a quien dijera lo contrario, ya que tal hecho te parece tan terrible que ni tan sólo hay que, por descuido, mencionarlo. "Te parece que si Orestes hubiera estado en sus cabales y sabido qué era para él lo mejor a hacer se atreviera a llevar a cabo aquello? [143d] Alcibíades: No, de seguro. [143d] Sócrates: Ni otro alguno, creo. [143d] Alcibíades: No, por cierto. [143d] Sócrates: Así que, al parecer, es un mal la ignorancia de lo mejor y lo es ignorar lo mejor. [143d] Alcibíades: Me lo parece. [143d] Sócrates: ¿Y lo es para él y para todos los demás? [143d] Alcibíades: Lo afirmo. [143d] Sócrates: Pues bien: consideremos este caso: que ahora mismo se te ocurriera —creyendo ser mejor— tomar un cuchillo, llegarte a la puerta de Pericles, tu propio tutor y amigo, y preguntar si está dentro, —con la intención de asesinarlo, a él y no a otro; y que te dijeran estar dentro, —y no digo que tú quieras hacer nada de eso; sino que, creo, te acudiera lo que no hay inconveniente alguno le acuda, alguna vez cual opinión, a quien ignore qué es lo mejor tanto que llegue a tomar alguna vez lo pésimo por óptimo. ¿O no te lo parece? [143d] Alcibíades: Pues, y mucho. [143d] Sócrates: Si, pues, en entrando y mirando, desconocieras que es él mismo y creyeras que es algún otro, ¿te atreverías aún a asesinarlo? [144b] Alcibíades: ¡Por Júpiter!, no; no me lo parece. [144b] Sócrates: Porque no al que tropezaras, sino a él justamente es al que querías. ¿Es así? [144b] Alcibíades: —Sí. [144b] Sócrates: Así que si lo atentaras frecuentemente; mas, cuando estás a punto de hacerlo, desconocieras siempre a Pericles, jamás lo atacarías. [144b] Alcibíades: “No, por cierto. [144b] Sócrates: Pues bien: ¿crees que Orestes atacara a su madre si parecidamente la desconociera? [144c] Alcibíades: No lo creo. [144c] Sócrates: Pues no pensaba él asesinar a cualquiera mujer con que topase o con la madre de cualquiera, sino a la suya El mismo. [144c] Alcibíades: Así es. [144c] Sócrates: Es, pues, mejor tal ignorancia para los así dispuestos y que tienen parecidas ocurrencias. [144c] Alcibíades: 'Tal parece. [144c] Sócrates: ¿Ves, pues, que la ignorancia de ciertas cosas para quiénes y en qué estado es un bien y no un mal, como ahora mismo te lo parecía? [144c] Alcibíades: Lo parece. [144d] Sócrates: Pues bien: si quieres considerar lo que sigue, tal vez te parezca extraño. [144d] Alcibíades: Sobre todo, ¿qué es?, Sócrates. [144d] Sócrates: Que, por decirlo así, la posesión de las demás ciencias, si se las posee sin la del Bien, corre el peligro de ser pocas veces útil, y perjudicar, por el contrario, las más a su tenedor. Considera esto: ¿No te parece ser necesario, puestos a obrar o hablar, estar convencidos de que lo primero es saber, o creerse saber, en realidad, lo que, precisamente, vamos a decir o hacer? [144e] Alcibíades: Me lo parece. [144e] Sócrates: Así, caso a punto: los oradores o saben, a se creen saber, siempre y cuando nos aconsejan, unos de ellos sobre guerra y paz; otros, sobre edificación de murallas y construcción de puertos. En una palabra: cuanto una Ciudad hace contra ella para sí misma, todo se hace por consejo de los oradores. [145a] Alcibíades: Dices verdad. [145a] Sócrates: Ve lo que le sigue. [145a] Alcibíades: Si es que puedo. [145a] Sócrates: — ¿Que llamas, sin duda, sensatos a unos; mas a otros, insensatos? [145a] Alcibíades: Yo sí. [145a] Sócrates: ¿Y a los más, insensatos; mas a pocos, sensatos? [145a] Alcibíades: Así es. [145a] Sócrates: ¿Mirando hacia algo?, respecto de ambos. [145a] Alcibíades: Sí. [145b] Sócrates: Pues bien: a quien sepa aconsejar, mas si saber si algo es bueno y cuándo lo es, ¿llamas “sensato”? [145b] Alcibíades: No, por cierto. [145b] Sócrates: Ni lo es, creo, quien sepa de guerrear; mas no, de cuándo es bueno, y bueno durante cuánto tiempo. ¿Es así? [145b] Alcibíades: —Sí. [145b] Sócrates: Ni lo es, si supiera matar, despojar de propiedades, hacer desterrados de la patria; ¿mas no, de cuándo es bueno y para quién lo es? [145b] Alcibíades: No, por cierto. [145c] Sócrates: Quien, pues, sepa de tales cosas, si le acompaña la ciencia de lo óptimo —que ésta es, por cierto, también la de lo Útil, ¿ese sí? [145c] Alcibíades: — Sí. [145c] Sócrates: ¿De éste tal afirmaremos que es sensato y competente consejero para la Ciudad: y él, para sí mismo; del que no sea tal, lo contrario de esto? ¿O cómo te parece? [145c] Alcibíades: A mí así. [145c] Sócrates: ¿Y qué si alguien sabe de cabalgar y asaetear, o de boxear, luchar o de cualquier otra clase de combate —y aun de cualquiera otra de esas cosas que sabemos por arte?; ¿qué llamarás a quien sepa lo que se hizo bien según esta arte? Al que cabalga según la arte hípica, ¿no llamarás "caballista”? [145d] Alcibíades: Yo, sí. [145d] Sócrates: Al que según la boxística, creo, “boxeador”; al que según la flautística, “flautista”; y a lo demás, por analogía con estos casos. ¿O de otra manera? [145d] Alcibíades: No, sino así. [145d] Sócrates: Pues bien: ¿te parece necesario el que el entendido en alguna de estas cosas, sea sin más varón sensato?, —¿o afirmaremos que le falta mucho para ello? [145e] Alcibíades: Ciertamente mucho, por Júpiter! [145e] Sócrates: — ¿Qué, pues, le pareciera ser un régimen político hecho de arqueros y flautistas buenos, y aun de atletas y demás artistas, entremezclados con éstos los que, acabamos de decir, saben de hacer la guerra y aun de asesinar; además de con varones retóricos, hinchados de hinchazón política todos ellos, sin la ciencia de lo Optimo, y sin ni uno que sepa cuándo hay que servirse de cada una de esas artes y en favor de quién? [146a] Alcibíades: Para mí, despreciable, Sócrates. [146a] Sócrates: Lo afirmarías, de seguro, creo, al ver a cada uno de ellos enamorado de los honores y dedicando “la más importante parte”, de la política a esto: a engrandecerse él a sí mismo, como sea; hablo de hacerse óptimo en tal arte, pero que, siendo para sí óptimo lo sea también para la Ciudad; en esto suele fallar, porque, creo, se confía, sin inteligencia a la opinión. Mas en tal situación, ¿no hablaríamos correctamente afirmando que tal política rebosará en perturbaciones e ilegalidades? [146b] Alcibíades: Correctamente y de seguro, por Júpiter! [146b] Sócrates: ¿No nos pareció, según esto, necesario haber de pensar, ante todo, en saber, o en saber realmente, lo que vamos y estamos a punto de hacer o decir? [146b] Alcibíades: Parece. [146b] Sócrates: Si, pues, alguien hace lo que sabe, o cree saber —y, por añadidura, provechosamente—, ¿nos resultará además beneficioso a nosotros, a la Ciudad y él a sí mismo? [146c] Alcibíades: Pero, ¿cómo no? [146c] Sócrates: Mas si lo contrario a esto, creo que ni a la Ciudad ni él a sí mismo. [146c] Alcibíades: No, por cierto. [146c] Sócrates: Pero, ¿qué?: ¿te parece aún así o de otra manera? [146c] Alcibíades: No, sino así. [146c] Sócrates: ¿No te afirmaste en llamar “insensatos” a los más; pero “sensatos”, a pocos? [146c] Alcibíades: Yo, sí. [146c] Sócrates: Nos reafirmamos, pues, en que la mayoría no ha acertado a dar en lo óptimo; que casi siempre, creo, se han confiado, sin pensarlo, a la opinión. [146d] Alcibíades: Pues lo afirmamos. [146d] Sócrates: Luego es ventajoso para la mayoría el no saber y el no creerse saben, pues cuando más animosamente se pongan a hacer lo que saben o creen saber, haciéndolo saldrían más bien perjudicados que favorecidos. [146d] Alcibíades: Verdaderísimamente dicho. [146d] Sócrates: Ves, pues, que cuando afirmaba ser peligrosa la posesión de las demás ciencias, si se las posee sin la ciencia de lo Optimo —pues pocas veces favorece, pero las más perjudica a quien la tiene— me parece que, ¿en realidad, decíamos correctamente? [146e] Alcibíades: Si no entonces, Sócrates, me lo parece ahora. [146e] Sócrates: Luego Ciudad, y alma, que se ponga a vivir correctamente, han de atenerse a esta ciencia, sencillamente como el enfermo al médico, y al piloto quien intente navegar con seguridad. Porque, sin ella, cuanto más ostentosamente sople la brisa en favor de la Suerte, o adquisición de riquezas o robustez de cuerpo o cualquiera otra cosa de las tales, tanto mayores faltas es, al parecer, necesario nazcan de ello. Quien posea la llamada “erudición” y “destreza”, aun grandes, mas esté huérfano de ésta: de la Ciencia, conducido empero, por cada una de las otras, se las habría, ¿no es así, en realidad y en justicia, con gran tormenta, pues quien permanece en el mar sin piloto, no creo corra con larga vida. De modo que me parece pasar, aquí también, lo del poeta, —lo dice reprendiendo a alguien de que «sabía muchas cosas»; pero «las sabía todas malamente», —añade. [147b] Alcibíades: ¿A qué viene lo del pacta?; Sócrates; que no me parece haberse aducido a propósito. [147b] Sócrates: Y por cierto que muy a propósito; sólo que habla enigmáticamente, óptimo, —tanto él como casi todos los poetas; porque, de natural, la poesía entera es enigmática y no cognoscible por varón advenedizo. Y, además de este su natural, es ella tal que, al apoderarse de varón celoso y que no quiera descubrirnos, sino ocultarnos, lo más posible, su sabiduría, qué superlativamente dificultoso se presenta conocer qué es lo que cada uno de ellos piensa! Porque respecto de Homero, precisamente, el divinísimo y sapientísimo poeta, parece no ignorar cuán capaz era de saber mal, —pues él es quien dice que Marguites «sabía, ciertamente, muchas cosas»; pero, añadía, «das sabía todas malamente». Empero, creo, habla enigmáticamente al emplear «malamente» en lugar de «mal»; y «sabía», en vez de «saber». Puesto así con lo demás, sálese del metro; pero lo que quiere decir es que sabía muchas cosas; mas le era un mal saberlas todas. Claramente, pues; si era para él un mal saber muchas, es que era todo un cualquiera, —si hemos de confiar en los razonamientos antedichos. [147e] Alcibíades: Así me lo parece, Sócrates, que difícilmente creería a otros razonamientos, caso de no creer a ni a éstos. [147e] Sócrates: Y te lo parece correctamente. [147e] Alcibíades: Pues, una vez más, me lo parece. [147e] Sócrates: ¡Tente!, por Júpiter!, —pues ya estás viendo cuál y cuán grande es la perplejidad; y aun me parece habérsete comunicado, que no paras de ir de acá para allá: y que lo que te parecería mejor, eso mismo se te evade y ya no te parece igual. Si, pues, parecidamente ahora se te apareciera el dios a quien, tal es el caso, te diriges, y te preguntara, antes de que le pidas nada, si te darás por contento de obtener lo mismo que al comienzo dijiste, o si aun te animara a pedir lo que fuera, ¿qué creerías serte más oportuno: aceptar lo que él te dé o lo que tú mismo pidieras? [147e] Alcibíades: ¡Por los dioses!, no tendría qué decir a esto, Sócrates, puesto así; que me parece ser grandemente trabajoso y cosa, en verdad, de mucho cuidado, esa de ocultársele a uno si está pidiendo para sí males, creyendo pedir bienes, y poco después retractándose —lo que tú decías— con palinodia, despidiendo lo mismo que primeramente se pidió. [148b] Sócrates: ¿No sabía, pues, un poco más que nosotros El poeta, de quien, al comienzo del razonamiento, hicimos acuerdo, al pedir que se nos librara de los males, aunque los pidamos? [148b] Alcibíades: Me lo parece. [148b] Sócrates: Pues bien: aun los espartanos, Alcibíades, emulando al poeta, o por haberlo ellos pensado así, tanto en privado como en público hacen siempre una petición semejante: ruegan a los dioses que les den, precisamente a ellos, además de lo bueno, lo bello; pero nadie les oirá, pedir algo más. Pues bien: hasta el día de hoy no son hombres menos bienaventurados que cualquiera. Si no les ha pasado tener en todo buena Suerte, no han sido así a causa Se sus plegarias; sino porque, creo, depende de los dioses dar tanto lo que en un caso se les pida como lo contrario. Mas quiero referirte otro caso que, en cierta ocasión, oí de algunos viejos: "en un diferendo entre atenienses y espartanos pasó a nuestra Ciudad haber “ estado, tanto en tierra como en mar, de mala Suerte, en cada batalla, y no poder jamás vencer. Irritados los atenienses por tal cosa y desconcertados por no hallar una traza para alejar los males presentes les pareció, deliberando, ser lo mejor enviar preguntárselo a Ammón”. Pero además de esto, preguntar estotro: por qué los dioses otorgaban a los espartanos la victoria más que a ellos precisamente, ya que, afirmaban, les llevamos más y más bellos sacrificios que los demás griegos, hemos adornado sus santuarios con dones cual ningún otro, y regalado a los dioses, cada año, las más acabadas y solemnes procesiones, y gastado más dinero que todos los otros griegos juntos. Pero los espartanos, afirmaban, de nada de esto se cuidaron; son, más bien, tan raquíticos para con los dioses que les sacrifican siempre víctimas averiadas y, en cuanto a todo lo demás, los honran de manera mucho más, y no poco, deficiente que nosotros; y eso que en cuanto a dinero no lo poseen menor ellos que nuestra Ciudad. Cuando hubieron dicho esto y preguntado qué se había de hacer para hallar cómo librarse de los males presentes, el profeta no respondió nada, fuera de —es claro que el dios no lo permitía— llamar al enviado y decir: “A los atenienses, palabra de Ammón: dice que prefiere las loas de los espartanos a todos los sacrificios de los griegos”. Eso dijo, y nada más. En cuanto a eso de las “loas” no de otras me parece hablar el dios sino de sus plegarias; porque son, realmente, bien diversas de las otras. Ya que los demás griegos, unos al ofrendar bueyes dorados; otros, al colmar a los dioses de exvotos, piden lo que les acuda, —sea bueno o malo. Oyéndoles, pues, los dioses blasfemar no aceptan ni esas suntuosas procesiones ni tales sacrificios. Hace falta, pues, gran precaución y consideración de lo que se ha de decir, o no. [149c] Pero ya en Homero hallarás dichos, parecidos a éstos; porque cuenta que los troyanos, al hacer un campamento sacrifican a los inmortales hecatombes perfectas; y que de la llanura llevaban los vientos hacia dentro del cielo de grasa olor agradable; mas de ella los dioses dichosos no quisieron tomar su parte; tan odiosos les eran Ilión sagrada y Príamo y el pueblo de Príamo, el de melodiosa lanza! Así que de nada les sirvió sacrificar y, en vano, ofrenda de dones, por odiarlos los dioses. Porque no creo sea propio de por los que conocerás lo malo y lo bueno, porque, ahora, no me parece lo puedas. [149e] «“καὶ Πρίαμος καὶ λαὸς ἐυμμελίω Πριάμοιο: ὥστε οὐδὲν αὐτοῖς ἦν προύργου θύειν τε καὶ δῶρα τελεῖν μάτην, θεοῖς ἀπηχθημένους. οὐ γὰρ οἶμαι τοιοῦτόν ἐστι τὸ τῶν θεῶν ὥστε ὑπὸ δώρων παράγεσθαι οἷον κακὸν τοκιστήν: ἀλλὰ καὶ ἡμεῖς εὐήθη λόγον λέγομεν, ἀξιοῦντες Λακεδαιμονίων ταύτῃ περιεῖναι. καὶ γὰρ ἂν δεινὸν εἴη εἰ πρὸς τὰ δῶρα καὶ τὰς θυσίας ἀποβλέπουσιν ἡμῶν οἱ θεοὶ ἀλλὰ μὴ πρὸς τὴν ψυχήν, ἄν τις ὅσιος καὶ δίκαιος ὢν τυγχάνῃ. πολλῷ γε μᾶλλον οἶμαι ἢ πρὸς τὰς πολυτελεῖς ταύτας πομπάς τε καὶ θυσίας, ἃς οὐδὲν κωλύει πολλὰ μὲν εἰς θεούς, πολλὰ δ᾽ εἰς ἀνθρώπους ἡμαρτηκότας καὶ ἰδιώτην καὶ πόλιν ἔχειν ἀν᾽ ἕκαστον ἔτος τελεῖν: οἱ δέ, ἅτε οὐ δωροδόκοι ὄντες, καταφρονοῦσιν ἁπάντων τούτων, ὥς φησιν ὁ θεὸς καὶ θεῶν προφήτης. κινδυνεύει γοῦν καὶ παρὰ θεοῖς καὶ παρ᾽ ἀνθρώποις τοῖς νοῦν ἔχουσι δικαιοσύνη τε καὶ φρόνησις διαφερόντως τετιμῆσθαι: φρόνιμοι δὲ καὶ δίκαιοι οὐκ ἄλλοι τινές εἰσιν ἢ τῶν εἰδότων ἃ δεῖ πράττειν καὶ λέγειν καὶ πρὸς θεοὺς καὶ πρὸς ἀνθρώπους. βουλοίμην δ᾽ ἂν καὶ σοῦ πυθέσθαι ὅτι ποτ᾽ ἐν νῷ ἔχεις πρὸς ταῦτα. Ἀλκιβιάδης: ἀλλ᾽ ἐμοὶ μέν, ὦ Σώκρατες, οὐκ ἄλλῃ πῃ δοκεῖ ἢ ᾗπερ σοί τε καὶ τῷ θεῷ: οὐδὲ γὰρ ἂν εἰκὸς εἴη ἀντίψηφον ἐμὲ τῷ θεῷ γενέσθαι. Σωκράτης: οὐκοῦν μέμνησαι ἐν πολλῇ ἀπορίᾳ φάσκων εἶναι, [150ξ] ὅπως μὴ λάθῃς σεαυτὸν εὐχόμενος κακά, δοκῶν δὲ ἀγαθά; Ἀλκιβιάδης: ἔγωγε. Σωκράτης: ὁρᾷς οὖν ὡς οὐκ ἀσφαλές σοί ἐστιν ἐλθεῖν πρὸς τὸν θεὸν εὐξομένῳ, ἵνα μηδ᾽ ἂν οὕτω τύχῃ, βλασφημοῦντός σου ἀκούων οὐθὲν ἀποδέξηται τῆς θυσίας ταύτης, τυχὸν δὲ καὶ ἕτερόν τι προσαπολαύσῃς. ἐμοὶ μὲν οὖν δοκεῖ βέλτιστον εἶναι ἡσυχίαν ἔχειν: τῇ μὲν γὰρ Λακεδαιμονίων εὐχῇ διὰ τὴν μεγαλοψυχίαν — τοῦτο γὰρ κάλλιστον τῶν ἐν ἀφροσύνῃ γε ὀνομάτων — οὐκ ἂν οἶμαί σε ἐθέλειν χρῆσθαι. ἀναγκαῖον οὖν ἐστι περιμένειν ἕως ἄν τις μάθῃ ὡς δεῖ πρὸς θεοὺς καὶ πρὸς ἀνθρώπους διακεῖσθαι. Ἀλκιβιάδης: πότε οὖν παρέσται ὁ χρόνος οὗτος, ὦ Σώκρατες, καὶ τίς ὁ παιδεύσων; ἥδιστα γὰρ ἄν μοι δοκῶ ἰδεῖν τοῦτον τὸν ἄνθρωπον τίς ἐστιν. Σωκράτης: οὗτος ᾧ μέλει περὶ σοῦ. ἀλλὰ δοκεῖ μοι, ὥσπερ τῷ Διομήδει φησὶν τὴν Ἀθηνᾶν Ὅμηρος ἀπὸ τῶν ὀφθαλμῶν ἀφελεῖν τὴν ἀχλύν,”ὄφρ᾽ εὖ γιγνώσκοι ἠμὲν θεὸν ἠδὲ καὶ ἄνδρα,» (Burnet, 149e–150d) [150e] Alcibíades: Que se la lleve, sea lo que quiera: neblina u otra cosa. Que yo estoy preparado a no huir de nada de lo que me ordenare, sea quien sea tal hombre, —con tal de que llegue yo a hacerme mejor. [151a] Sócrates: Pero, qué interés tan admirable tiene él por tí! [151a] Alcibíades: — Así, pues, lo mejor me parece ser dejar para otra vez el sacrificio. [151a] Sócrates: Y te lo parece correctamente, porque es eso más seguro que correr tan gran peligro. [151a] Alcibíades: Pero, y ¡cómo!, Sócrates; y pues me parece haberme tú bellamente aconsejado te ceñiré esta corona. Mas a los dioses les daremos coronas y todo lo demás debido cuando vea serme llegado aquel día, que si ellos la quieren, vendrá y no tarde. [151b] Sócrates: Acepto eso y cualquier otra cosa que viera venirme de ti; con gusto mío lo recibiré. Pero cual Creón, el de Eurípides, dice poéticamente, viendo a Tiresias con corona, y oyendo que la ha recibido, en primicias por su arte, de los enemigos: Como de buen agüero tomo la corona triunfal; que en mar gruesa estamos, bien lo sabes tú, parecidamente yo también tomo esta opinión tuya de mí cual buen agüero. No me parece hallarme en mar menos gruesa que la de Creón, y querría salir vencedor de tus enamorados. ## Notes [1] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca.