Cratilo — Plato =============== ΚΡΑΤΥΛΟΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/crat/ This file: https://plato-scroll.com/text/crat-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/crat.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/crat-b.txt - H.N. Fowler (Loeb, 1926): https://plato-scroll.com/text/crat-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/crat-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/crat-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [383a] Hermógenes: He aquí a Sócrates. ¿Quieres, pues, que compartamos con él el razonamiento? [383a] Cratilo: Si te lo parece. [383a] Hermógenes: Sócrates. Cratilo aquí presente afirma que hay una rectitud del nombre, connatural, de suyo, a cada uno de los entes; y que no es nombre lo qué, conviniéndose algunos en llamar, llamen así, designando para ello una parte del propio lenguaje, sino que hay una rectitud natural en los nombres, la misma para todos: griegos y bárbaros. Le pregunto, pues, si, en verdad, su nombre propio es el de “Cratilo”, o no; y conviene en ello. ¿Cuál, “el de Sócrates?”, dije yo, "Sócrates”, respondió, “y lo mismo respecto de todos los demás hombres: el nombre con que los llamamos es el nombre propio de cada uno”. “Mas él: pues para ti, dijo, tu nombre no es 'Hermógenes', aunque te lo llamen todos los hombres”. Pero preguntándole y esforzándome en saber qué es lo que dice, no explica claramente nada, y me trata irónicamente, fingiendo pensar algo para sí mismo, cual si lo supiera; acerca de lo cual, si quisiera expresarse claramente, haría tal vez que aun conviniera yo con él y dijera lo mismo que él dice. Si, pues, tienes cómo ayudar en ese oráculo de Cratilo, te oiría con gusto; pero aún con mayor gusto me enteraría, si quieres, de cuál es tu parecer sobre la rectitud de los nombres. [384a] Sócrates: Hijo de Hipónico, Hermógenes, es refrán antiguo que «las cosas bellas son difíciles», respecto de cómo aprenderlas. Además: lo referente a los nombres no es pequeño asunto. Si yo hubiera oído de Pródico la lección de cincuenta dracmas, que proporciona al oyente información perfecta en este punto, como él afirma, nada impediría el que tú, inmediatamente, supieras la verdad acerca de la rectitud de los nombres. Mas no he oído sino la de un dracma. Así que no sé por esto la verdad acerca de tales puntos. Mas estoy dispuesto a buscarla en común, contigo y Cratilo. En cuanto a lo que dice Cratilo que, en verdad, tu nombre no es “Hermógenes”, sospecho que bromea, porque tal vez piense que, persiguiendo tú tal vez los diversos, jamás tienes la suerte de poseerlos. Pero, como estaba diciendo, difícil cosa es saber sobre esto; mas, planteándolo en común, hay que considerar si se han las cosas como tú dices o como Cratilo. [384c] Hermógenes: Por cierto, Sócrates, que, habiendo dialogado sobre ello con él y otros muchos, no puedo persuadirme de que la rectitud del nombre no consista sino en convención y consenso; porque me parece que el nombre impuesto a algo es el nombre correcto; si, a su vez, se lo cambia por otro, y no se lo llama ya con el primero, no por eso el último es menos correcto que el anterior, al modo que cambiamos de nombre a nuestros sirvientes, y en nada es el sustituido menos correcto que el primeramente puesto, ya que, por naturaleza, a nadie le ha nacido nombre alguno, peculiarmente suyo, sino por ley y costumbre de los acostumbrados a llamar. Mas, si no fuere así, estoy yo mismo preparado a escuchar y aprender, no sólo de Cratilo sino de cualquiera otro. [385a] Sócrates: Tal vez dices algo importante, Hermógenes; considerémoslo. ¿Lo que uno dispone llamar a cada cosa, no es eso el nombre de ella? [385a] Hermógenes: Me lo parece. [385a] Sócrates: ¿Tanto si la llama un particular, como una Ciudad? [385a] Hermógenes: Lo afirmo. [385a] Sócrates: ¿Cómo así?: ¿si yo llamo alguna cosa, por ejemplo a lo que ahora llamamos "hombre”, y lo denomino “caballo”; o a lo que ahora llamamos “caballo”, lo llamo “hombre”, el nombre público será ciertamente “hombre”; mas, en privado, “caballo”; o en privado, “hombre”; en público, “caballo”? ¿Es así como lo dices? [385b] Hermógenes: Por mí que es.así. [385b] Sócrates: Veamos, dime: ¿das importancia a decir verdad y falsedad? [385b] Hermógenes: Sí que se la doy. [385b] Sócrates: ¿Habría, pues, un discurso verdadero y otro falso? [385b] Hermógenes: Absolutamente. [385b] Sócrates: ¿El que dice de los entes lo que están siendo sería verdadero; el que diga lo que no son, falso? [385b] Sócrates: ¿Así que hay un decir, en discurso, de un ente lo que es y lo que no es? [385b] Hermógenes: Así es. [385c] Sócrates: ¿Mas el discurso es verdadero todo él, mas sin que sus partes sean verdaderas? [385c] Hermógenes: No, que son también verdaderas las partes. [385c] Sócrates: ¿O son verdaderas solamente las partes mayores, mas no lo son las pequeñas, o bien lo son todas? [385c] Hermógenes: Todas, —es mi opinión. [385c] Sócrates: ¿Puedes indicarme una parte del discurso más pequeña que el nombre? [385c] Hermógenes: No; él es la más pequeña. [385c] Sócrates: ¿Así que el nombre, dices, es la parte más pequeña del discurso verdadero? [385c] Hermógenes: Sí. [385c] Sócrates: — ¿Mas la parte del discurso falso no es falsa? [385c] Hermógenes: Lo afirmo. [385c] Sócrates: ¿Se podrá, pues, decir que el nombre es verdadero y falso, si es que se puede decir eso del discurso? [385d] Hermógenes: Pues, ¿cómo no? [385d] Sócrates: ¿Así que el nombre que cada uno atribuya a algo, ese mismo es nombre de cada cosa? [385d] Hermógenes: Sí. [385d] Sócrates: ¿Así que cuantos nombres atribuya uno ú algo, otros tantos tendrá, y entonces precisamente: cuando se le atribuyen? [385d] Hermógenes: En efecto, Sócrates. no tengo para mí otra rectitud del nombre que ésta: puedo yo llamar a cada cosa con un nombre, el que imponga yo; tú con otro, el que táú impongas. Parecidamente con las Ciudades: veo que cada una pone, a veces, un nombre particular suyo a las mismas cosas; así unos griegos respecto de otros griegos, y griegos respecto de bárbaros. [385e] Sócrates: Pues bien, Hermógenes, veámoslo: ¿te parece que los entes mismos se comportan también así: que cada uno de ellos tiene, en particular, una su esencia, como lo dijo Protágoras, al decir que «es el hombre medida de todas las cosas»; que cuales me parecen ellas ser, lo son sin duda para mí; cuales a ti, tales para tí; o crees que ellas mismas poseen una cierta firmeza de esencia? [386a] Hermógenes: Desconcertado, me dejé llevar hace tiempo, Sócrates, a la doctrina de Protágoras; mas no me parece ya que las cosas son así. [386a] Sócrates: ¿Pues qué?; ¿tanto te has dejado llevar por ella que no te parezca haber algún hombre perverso? [386b] Hermógenes: No, por Júpiter!; frecuentemente lo he experimentado, de manera que ahora me parece haber hombres muy malos, y muchísimos. [386b] Sócrates: ¿Y qué?; ¿no te ha parecido haber hombres bien buenos? [386b] Hermógenes: Muy pocos. [386b] Sócrates: ¿Pero te parecieron tales? [386b] Hermógenes: A mií, sí. [386b] Sócrates: ¡¿Cómo lo determinas?; ¿no es precisamente porque los muy buenos son muy sensatos; mas los muy malos, muy insensatos? [386c] Hermógenes: Tal me parece. [386c] Sócrates: ¿Mas es posible, si Protágoras dijo con verdad, y es verdad que cuales a uno le parecen las cosas, tales son, que haya entre nosotros algunos que sean sensatos; y otros, insensatos? [386c] Hermógenes: No ciertamente. [386c] Sócrates: Mas, como pienso, te parecerá que, si hay sensatez e insensatez, es totalmente imposible que Protágoras diga verdad, porque en nada uno sería más sensato que otro en punto a verdad, si lo que a uno le “parece” ha de “ser” para él verdad. [386d] Hermógenes: — Así es. [386d] Sócrates: Mas tampoco, creo, te parecerá, según Eutidemo, el que todas las cosas sean igualmente, a la vez y siempre, de igual manera para todos; porque, en tal caso, no serían unos buenos y otros malos, si de igual manera, en todos y siempre, hubiera virtud y vicio. [386d] Hermógenes: Dices verdad. [386d] Sócrates: Según esto, si para todos no son, a la vez y siempre, todas las cosas de igual manera, ni de peculiar manera para cada uno cada uno, es claro que las cosas están teniendo de por sí algo de firme, no para nosotros o de nosotros, traídas de acá para allá según nuestra fantasía, sino ellas de por sí tienen para sí la propia esencia con que nacieron. [386e] Hermógenes: Así me parece que pasa, Sócrates. [386e] Sócrates: ¿Habrían nacido ellas de esta manera, mus no de esa misma sus acciones? ¿O es que las acciones no son, ellas mismas, un cierto eidos de ente? [386e] Hermógenes: Perfectamente lo son. [387a] Sócrates: Así que, según su propia naturaleza, aun las acciones actúan, y no según nuestra opinión. Por ejemplo: si emprendemos cortar una cosa, ¿habrá que cortarla según queramos, y con lo que queramos? O si queremos cortar cada cosa según lo natural para cortarla y para ser cortada y con lo que es naturalmente adecuado, cortaremos, tendremos éxito y lo haremos correctamente; mas si contra naturaleza, ¿marraremos y no haremos nada? [387b] Hermógenes: Tal, por cierto, me parece. [387b] Sócrates: Y si nos proponemos quemar algo, ¿hay que quemar no según cualquiera opinión sino según la correcta?; ¿y no es ésta la que indica cómo naturalmente se quema y quema algo, y con qué naturalmente se hace? [387b] Hermógenes: Así es. [387b] Sócrates: Y según,esto en los demás casos. [387b] Hermógenes: Absolutamente. [387b] Sócrates: "Hablar”, ¿no es también una cierta actividad? [387b] Hermógenes: Sí. [387b] Sócrates: ¿De la manera como a uno le parezca se ha de hablar, hablando de ésa, hablará sin más correctamente? ¿O si lo hiciere de la manera como a las cosas mismas les nace hablar, que se hable de ellas y con qué, tendrá éxito al hablar así?; pero si no, ¿marrará y no hará nada? [387c] Hermógenes: Me parece ser como dices. [387c] Sócrates: Mas "“nombrar”, ¿no es una parte del hablar?, porque nombrando es como se habla al hablar. [387c] Hermógenes: Perfectamente. [387c] Sócrates: ¿Según esto no sería el nombrar una cierta actividad, ya que el hablar mismo es una cierta actividad acerca de las cosas? [387c] Hermógenes: —Sí. [387d] Sócrates: Empero, ¿no se nos mostraron las actividades como algo no referido a nosotros, sino cual poseyendo ellas su propia naturaleza? [387d] Sócrates: ¿Según esto hay que denominar a las cosas según la manera natural de nombrarlas, de que se nombren Ellas, y con qué medio; mas no del modo que nosotros queramos, si hemos de concordar con lo ya dicho? ¿Y siendo así tendremos éxito y nombraremos; y no, sí de otra manera? [387d] Hermógenes: Tal me parece. [387d] Sócrates: Sea pues: ¿lo que había que cortar, había que hacerlo, afirmamos, “con” algo? [387d] Hermógenes: —Sí. [387d] Sócrates: ¿Y lo que se había de tejer, había que tejerlo “con” algo? ¿Y lo que perforar, había que hacerlo "con” algo? [387e] Hermógenes: Así es. [387e] Sócrates: ¿Y lo que se ha de nombrar, habría que nombrarlo “con” algo? [387e] Hermógenes: Así es. [388a] Sócrates: ¿Y qué es aquello “con” que se ha de perforar? [388a] Hermógenes: Taladro. [388a] Sócrates: ¿Y qué, “con” que tejer? [388a] Hermógenes: Lanzadera. [388a] Sócrates: ¿Y qué, “con” que nombrar? [388a] Hermógenes: Nombre. [388a] Sócrates: Bien dicho. Es, pues, también el nombre un instrumento. [388a] Hermógenes: Absolutamente. [388a] Sócrates: Si, pues, preguntara: ¿Qué instrumento es la lanzadera? ¿No es aquel “con” que tejemos? [388a] Hermógenes: Sí. [388b] Sócrates: Y al tejer, ¿qué hacemos?; ¿no distinguimos, al reunirlos, entre trama y urdimbre? [388b] Hermógenes: Sí. [388b] Sócrates: ¿Y no has de decirlo lo mismo respecto de taladro y demás? [388b] Hermógenes: Enteramente. [388b] Sócrates: ¿Y no has de decir eso mismo respecto del nombre? Siendo el nombre un instrumento, ¿qué hacemos al nombrar? [388b] Hermógenes: No sé qué decir. [388b] Sócrates: ¿No nos instruimos mutuamente y discernimos cómo se han las cosas? [388b] Hermógenes: Enteramente. [388b] Sócrates: Así que el nombre es un instrumento instructor y discernidor de la esencia, como lú es la lanzadera respecto del tejido. [388c] Hermógenes: Sí. [388c] Sócrates: ¡¿Mas la lanzadera es instrumento tejedor? [388c] Hermógenes: Pero, ¿cómo no? [388c] Sócrates: Así que el "tejedor” se servirá bellamente de la lanzadera: pero “bellamente” es la manera adecuada al tejido; a su vez, el “instructor” se servirá bellamente del nombre; “bellamente”, es decir: "instructivamente”. [388c] Hermógenes: — Sí. [388c] Sócrates: Al servirse bellamente el tejedor de la lanzadera, ¿de la obra de quién se servirá? [388c] Hermógenes: De la del carpintero. [388c] Sócrates: ¿Todo el mundo es carpintero o sólo quien posee tal arte? [388c] Hermógenes: El que la posea. [388d] Sócrates: Cuando el perforador usa bellamente del taladro, ¿de la obra de quién se servirá? [388d] Hermógenes: De la del herrero. [388d] Sócrates: ¿Todos son herreros, o los que posean ral artes [388d] Hermógenes: Los que la posean. [388d] Sócrates: Bien pues: al servirse del nombre el instructor, ¿la obra de quién se servirá? [388d] Hermógenes: No sabría qué decirte. [388d] Sócrates: — ¿No sabrías decirme quién nos proporciona los nombres de que nos servimos? [388d] Hermógenes: No, por cierto. [388d] Sócrates: ¿No te parece que es la ley la que nos los proporciona? [388d] Hermógenes: Parece. [388e] Sócrates: Así que, cuando el instructor se sirva del nombre, ¿se servirá de la obra del legislador? [388e] Hermógenes: Me lo parece. [388e] Sócrates: ¿Te parece que todo varón es legislador quien posea tal arte? [388e] Hermógenes: El que la posea. [388e] Sócrates: Así que, Hermógenes, no es cosa de todo varón el imponer nombres, sino de un cierto artífice nominador; y este tal, parece, es el legislador: el artífice más raro de nacer entre los hombres. [389a] Hermógenes: Así parece. [389a] Sócrates: Pues bien: considera, mirando hacia qué el legislador impone los nombres. Sácalo de los casos precedentes. Mirando hacia qué el carpintero fabrica la lanzadera: ¿no es hacia algo que, por naturaleza, se preste a tejer? [389a] Hermógenes: Perfectamente. [389b] Sócrates: ¿Y qué?; si la lanzadera se le rompe durante la fabricación; ¿hará otra, mirando a la rota o a aquel eidos según el que fabricó la rota misma? [389b] Hermógenes: Mirando a aquél, me parece. [389b] Sócrates: ¿Así que, justísimamente, diríamos de tal eidos que es “lo que es Lanzadera”? [389b] Hermógenes: Me lo parece. [389b] Sócrates: Cuando se haya de hacer una lanzadera para un vestido ligero o grueso, de lino, lana, de lo que sea, es preciso que todas las lanzaderas tengan el eidos de Lanzadera; mas, ¿no habrá que emplear, naturalmente, para cada obra la lanzadera que a cada una le venga de natural más bellamente? [389c] Hermógenes: —Sí. [389c] Sócrates: Y de igual manera respecto de los demás instrumentos; una vez encontrado el instrumento que vaya mejor con la naturaleza de cada cosa hay que aplicarlo a aquello de que se haga la obra, no cual uno quisiere, sino cual sea natural. Porque, al parecer, hay que saber imponer al hierro el eidos de “taladro” que le sea natural. [389c] Hermógenes: Perfectamente. [389c] Sócrates: Y a la madera, su naturalmente apropiada lanzadera. [389c] Hermógenes: Así es. [389d] Sócrates: Y a cada eidos de tejido, al parecer, su apropiada lanzadera; y así de lo demás. [389d] Hermógenes: — Sí. [389d] Sócrates: Pues bien, óptimo, respecto del nombre naturalmente apropiado a cada cosa, ¿el legislador dicho no habrá de saber imponerlo a sonidos y silabas; y, mirando hacia lo que es de suyo el Nombre, fabricar los nombres e imponerlos, si ha de ponerlos con autoridad? No ignoremos tampoco el que cada legislador no trabaja sobre las mismas sílabas, porque ni todo herrero trabaja con el mismo hierro al fabricar cada instrumento para su fin. Con todo, mientras dé la misma idea, aunque sea a otro hierro, el instrumento actúa correctamente, tanto que se lo haga aquí como: entre los bárbaros. ¿Es así? [390a] Hermógenes: Absolutamente. [390a] Sócrates: ¿No juzgarás así respecto del legislador, séalo de aquí o de entre los bárbaros?; mientras imprima el eidos de Nombre, el apropiado a cada cosa, en cualesquiera silabas, en nada es mejor el legislador de aquí que el de otra parte cualquiera. [390a] Hermógenes: Absolutamente. [390b] Sócrates: ¿Quién, pues, reconocerá sí el apropiado eidos de lanzadera está impreso en un leño cualquiera?; ¿el que la fabrica: el carpintero, o el que la usa: el tejedor? [390b] Hermógenes: Es más verosímil, Sócrates, que quien la usa. [390b] Sócrates: ¿Quién es el que se sirve de la obra del fabricante de liras? ¿No es él quien supiera dirigir mejor lo a fabricar y, fabricado, conociera si lo ha sido bien o no? [390b] Hermógenes: Absolutamente. [390b] Sócrates: ¿Quién es? [390b] Hermógenes: El tocador de lira. [390b] Sócrates: ¿Mas quién, respecto del constructor de naves? [390b] Hermógenes: El piloto. [390b] Sócrates: Empero, ¿quién, respecto de la obra del legislador, dirigiría más bellamente y juzgaría de lo hecho, aquí y entre los bárbaros? ¿No lo es quien se sirva de ella? [390b] Hermógenes: Sí. [390b] Sócrates: — ¿No es tal el que sabe preguntar? [390b] Hermógenes: Enteramente. [390b] Sócrates: ¿Y el mismo que sepa responder? [390b] Hermógenes: Sí. [390b] Sócrates: Mas al que sabe preguntar y responder, ¿qué otra cosa lo llamarás sino “dialéctico”? [390b] Hermógenes: Ninguna otra, sino Eso. [390d] Sócrates: Así que la obra del carpintero: hacer un timón, ha de ser dirigida por el piloto, si el timón ha de ser bello. [390d] Hermógenes: Tal parece. [390d] Sócrates: Y la del legislador: hacer nombres, ha de tener por director a varón dialéctico, si han de imponerse bellamente los nombres. [390d] Hermógenes: Así es. [390d] Sócrates: Es, pues, verosímil, Hermógenes, que lú imposición de nombres, no sea, como tú piensas, cosa vulgar ai de varones vulgares ni de advenedizos. Y dice Cratilo verdad al decir que los nombres les son naturales a las cosas, y que no todos son artífices de nombres, sino solamente aquel que ponga su mirada en el nombre apropiado, naturalmente, a cada cosa, y que pueda imponer el eidos del mismo en las letras y sílabas. [390e] Hermógenes: No tengo, Sócrates, manera de poder oponerme a lo que dices. Tal vez no sea fácil aceptarlo tan deprisa; mas pienso que lo aceptaría si me mostraras en qué consiste esa natural rectitud del nombre, de la que hablas. [391a] Sócrates: Por cierto. Hermógenes feliz, que no hablo de ninguna. Te olvidaste de lo que poco ha dije: que no lo sabía, mas que lo consideraría contigo. Pero por lo que tú y yo hemos considerado queda ya de manifiesto, contra la primera opinión, que el nombre posee una cierta rectitud natural, y que no es de todo varón el saber imponerlo bellamente a cualquier cosa. ¿No es así? [391b] Hermógenes: Enteramente. [391b] Sócrates: Así que ha de investigarse, a continuación de esto, si es que deseas saberlo, cuál es la rectitud del mismo. [391b] Hermógenes: Pues deseo saberlo. [391b] Sócrates: Considéralo, pues. [391b] Hermógenes: ¿Cómo hacerlo? [391b] Sócrates: La consideración más correcta, compañero, consiste en ir con los sabios, pagándoles en dinero y dándoles encima las gracias. Tales son los sofistas a los que tu hermano Calías ha pagado sus buenos dineros, y parece ya ser sabio. Mas, puesto que tú no dispones aún de tu patrimonio, hay que rogar a tu hermano y pedirle que te instruya él sobre la rectitud que, referente a estos puntos, aprendió de Protágoras. [391c] Hermógenes: Petición, por cierto, Sócrates, extraña. Si, no admitiendo de ninguna manera la “Verdad” de Protágoras, me interesara por lo dicho en tal Verdad, cual si valiera algo. [391c] Sócrates: Mas si no te agrada lo de él, has de aprender de Homero y de los otros poetas. [391d] Hermógenes: ¿Qué es lo que sobre los nombres, Sócrates, dice Homero y dónde? [391d] Sócrates: En muchos lugares. Pero los más importantes y bellos son aquellos en que distingue, acerca de las mismas cosas, entre los nombres que les dan a los hombres y los que los dioses. ¿No crees que dice algo importante y admirable en este punto de la rectitud de los nombres?; porque es claro que los dioses llaman, correctamente, a las cosas con los nombres que les son a ellas naturales. ¿O no lo piensas? [391e] Hermógenes: Aun yo mismo sé bien que, si las llaman, las llaman correctamente. ¿Mas a cuáles te refieres? [391e] Sócrates: ¿No sabes que, hablando del río de Troya que se enfrentó en singular combate con Vulcano, dice: «los dioses llámanlo Xantho; los varones, Escamandro»? [391e] Hermógenes: Yo, sí. [392a] Sócrates: Pues bien: ¿no crees que haya algo de augusto en conocer en qué es más justo llamar a tal río Xantho, más bien que Escamandro? O si quieres: acerca del pájaro del que dice que Los dioses denominanlo “khalkis"; los varones, "kymíndis”; ¿piensas que es algo vulgar aprender cuán más justa es la denominación de “khalkís”, que la de "kymindis”, respecto del mismo pájaro? ¿O respecto de los nombres de Batieta y Myrine, y de otros muchos de este poeta y otros? Empero, tal vez sea superior a tus fuerzas y a las mías investigar este punto. Escamandro y Astyánax, paréceme, sor: más humanos de consideración; y más fácil, respecto de los nombres que da Homero al hijo de Héctor, hallar qué rectitud les atribuye. Tú sabes los versos en que se encuentran los nombres a que me refiero. [392b] Hermógenes: Perfectamente. [392b] Sócrates: De los nombres, puestos al niño, ¿cuál, crees, pensó Homero ser el más correcto: el de Astyánax o el de Escamandro? [392b] Hermógenes: No sabría qué decir. [392b] Sócrates: Considéralo desde este punto: si alguien te preguntara: ¿quiénes crees que emplean más correctamente los nombres: los más sensatos o los más insensatos? [392b] Hermógenes: Evidentemente, respondería: los más sensatos. [392b] Sócrates: ¿No sabes que Homero afirma que el hijo de Héctor es llamado Astyánax por los troyanos? ¿Es evidente, pues, que Escamandro lo llaman las mujeres, puesto que los varones lo llamaban Astyúnax? [392d] Hermógenes: Parece. [392d] Sócrates: ¿Y que Homero pensaba ser los troyanos más sabios que sus mujeres? [392d] Hermógenes: Así lo pienso, ¡palabra! [392d] Sócrates: ¿Así que pensaba que el nombre de Astyánax le fue impuesto al niño más correctamente que el de Escamandro? [392d] Hermógenes: Parece. [392d] Sócrates: Consideremos por qué “tal vez". ¿O es que el nombre mismo no nos conduce bellísimamente al porqué?; porque dice: porque, solo, les defendió la Ciudad y sus grandes muros; por esto, pues, parece correcto llamar Astyánax al hijo del salvador de lo que su padre salvaba, como afirma Homero. [392e] Hermógenes: Me lo parece. [392e] Sócrates: Mas en realidad, ¿por qué?; que ni yo mismo lo entiendo aún, Hermógenes, ¿Lo entiendes tú? [392e] Hermógenes: Yo, no; por Júpiter! [393a] Sócrates: Pero, bueno de ti; ¿que Homero mismo no le puso el nombre a Héctor? [393a] Hermógenes: ¿Y qué? [393a] Sócrates: Que me parece ser éste muy próximo al de Astyánax; y que tales nombres se asemejan a griegos. Porque ánax y héctor casi casi indican lo mismo; y ambos son nombres regios, ya que de lo que uno es jefe (ánax) es, sin duda, de alguna manera mantenedor (héctor), puesto que lo domina, lo posee y lo teme (ekhei). ¿O te parece que en lo dicho no hay nada, sino que me engañó aun a mí mismo creyendo seguir algo así como las huellas de la opinión de Homero sobre la rectitud de los nombres? [393b] Hermógenes: No me lo parece, por Júpiter!; y aun tal vez haya algo de eso. [393b] Sócrates: Mas es justo, me parece, llamar "“león” al cachorro de león; y “caballo", al de caballo. No hablo de casos, como los monstruos, en que de caballo nace algo diferente de caballo; sino de lo que nazca según la naturaleza de la raza, de ello hablo; sí un caballo engendra, contra naturaleza, lo que es descendencia de toro, no hay que llamarlo “potro” sino “ternero”; y si de hombre nace descendencia no humana, creo que tal descendiente no hay que llamarlo “hombre"; y parecidamente respecto de árboles y de todo lo demás. ¿No te la parece como a mí? [393c] Hermógenes: Me lo parece, contigo. [393c] Sócrates: Bellamente dicho. Vigila, pues, no sea que yo te despiste. Según pues, el mismo razonamiento el descendiente de rey ha de llamarse “rey”. Nada importa el que se indique eso mismo con unas u otras sílabas, ni que se añada o quite alguna letra, mientras se mantenga la esencia de la cosa manifestada en el nombre. [393d] Hermógenes: ¿En qué sentido lo dices? [393d] Sócrates: Nada de complicado. Sabes que a las letras las llamamos con nombres, pero no con las letras mismas, fuera de cuatro: la ε, la υ, la ο, la ω. Sabes que a las demás letras, fonales y áfonas añadiéndoles otras letras las nombramos, haciendo así de ellas nombres. Empero, mientras expresemos su poder declarativo, es correcto llamarlas con el nombre que nos la declare. Cual la beta. Ves que, añadidas la “η”, la “τ” y la “α”, nada se perdió, de manera que ya no se declare la naturaleza de tal letra con ese nombre total, querido por el legislador. ¡Tan bellamente supo poner nombres a las letras! [393e] Hermógenes: Me parece que dices verdad. [393e] Sócrates: ¿Y no valdrá el mismo razonamiento respecto de “rey”? Porque de rey nacerá rey; de bueno, bueno; de bello, bello; y parecidamente en todos los demás casos; de cada raza, otro tal descendiente, a no ser que salga un monstruo. Se han, pues, de llamar con los mismos nombres. Se puede variar los nombres en las sílabas de manera que, al profano, le aparezcan distintos, siendo en realidad los mismos. A la manera como los medicamentos de los médicos nos parecen, por varios en colores y sabores, diferentes, siendo en realidad los mismos. Empero, al médico, por considerar la potencia de los medicamentos, le parecen los mismos y no se desconcierta por los aditamentos. Tal vez así también el sabio en nombres considera su potencia y no se desconcierta porque se añada o quite una letra, ni porque la potencia del nombre esté siendo en letras totalmente diferentes. O como estábamos diciendo: Astyánax y Héctor no tienen más letras comunes que la “t'; y, sin embargo, indican lo mismo. Y Arquépolis, ¿qué letra tiene en común con esos nombres? No obstante declara lo mismo; y otros muchos hay que no indican sino "rey”; otros, a su vez, “general", como Aguis. Polemarco y Enpólemos. Otros nombres lo son de lo medicinal: lafrocles y Aquesimbrolo; y otros muchos encontraríamos que diferenciándose en sílabas y letras, dicen, por su potencia, lo mismo. ¿Te parece así o no? [394d] Hermógenes: — Enteramente. [394d] Sócrates: Así que a los engendrados según naturales: hay que dar los mismos nombres. [394d] Hermógenes: Enteramente. [394d] Sócrates: ¿Mas a los contranaturaleza, nacidos con eidos de monstruo? Como cuando de varón bueno y piadoso nace un impío, ¿no es caso parecido a los anteriores: que caballo para descendencia de toro; que no ha de tomar el nombre del padre, sino de la raza de que era? [394d] Hermógenes: Enteramente. [394e] Sócrates: Y al impío, nacido de piadoso, habrá que dar el nombre de su género. [394e] Hermógenes: Así es. [394e] Sócrates: No el de Teófilo ni el de Mnesitea, ni alguno de esta suerte, sino uno que indique lo contrario, si los nombres han de ser, por Suerte, correctos. [394e] Hermógenes: Eso más que nada, Sócrates. [394e] Sócrates: Así Orestes, Hermógenes, parece ser correcto; sea que se le pusiera por Suerte tal nombre, sea que se lo pusiera un poeta para declarar con el nombre lo brutal de su naturaleza, lo salvaje y lo montaraz (oreinón) de él. [395a] Hermógenes: Así parece, Sócrates. [395a] Sócrates: Parece además que aun su padre Lleva nombre según su naturaleza. [395a] Hermógenes: Parece. [395a] Sócrates: Agamenón parece ser varón capaz de realizar, cueste lo que costare, sus decisiones, y de mantenerlas, llevándolas valientemente hasta el cabo. Indicio de ello es la permanencia y tenacidad del ejército en Troya. Que, pues, tal varón sea admirable (agastós) por su constancia (epimone) lo indica bien su nombre Agamenón. Tal vez también se le ajuste el de Atreo, porque su asesinato de Crisipo y lo que de cruel hizo con Tyestes, todo ello es ruinoso y funesto (atera) para la virtud. La atribución de tal nombre se desvía un poco, y oculta, de modo que no a todos declara, la naturaleza de este varón; mas a los conocedores en nombres declara suficientemente lo que pretende decir Atreo, porque se le impuso tal nombre por lo de inflexible (ateirés), por lo de intrépido (átreston) y por lo de funesto (aterón); y bien Correctamente puesto. Me parece que a Pélops se le impuso apropiadamente el nombre, porque indica tal nombre el que ve desde cerca (pelas, opsis); digno, pues, de tal denominación. [395c] Hermógenes: ¡¿Cómo así? [395c] Sócrates: Como lo que se dice de este varón que, en el asesinato de Myrtilo, no fue capaz de presentir ni de prever el porvenir de toda su raza, de qué desgracias la colmaba, por ver tan sólo lo inmediato y momentáneo, que eso dice pelas; empeñado en conseguir de cualquier manera su matrimonio con Hipodamia. Para Tántalo, todo el mundo pensará que el nombre le fue impuesto correctamente y según naturaleza, si es verdad lo que de él se cuenta. [395d] Hermógenes: ¿Qué es eso? [395d] Sócrates: Las desgracias, muchas y terribles, que, aun viviendo, le advinieron, por las cuales su patria se hundió entera; y, después de muerto, allá en el Hades, aquella piedra suspendida (talanteia) sobre su cabeza, maravillosamente consonante con su nombre; y, sencillamente parece cual si, queriéndosele denominar el más apesadumbrado (talántaton), se lo ocultara al nombrarlo y, en vez de eso, se le llamara Tántalo. ¡Tal nombre, y tan para él, pareciera haberle deparado la Suerte, según la leyenda! Parece, además, que a su padre putativo, a Júpiter, se le haya impuesto bellisimamente nombre. Mas no es fácil de comprender; porque, sencillamente, es cual definición tal nombre de Júpiter. Dividiéndolo en dos, usamos unos de una parte; otros, de la otra; porque unos lo llaman Zêna: otros, Día. Mas, reunificados, declaran la naturaleza del dios que es lo que, afirmamos, conviene haga el nombre; porque no hay ni para nosotros ni para todas las demás cosas quien sea causa mayor de vivir (diZn) que el príncipe y rey de todo. Añádase que a este dios se lo llama correctamente aquel por cuya virtud viven (di hon dsen) siempre todos los vivientes. Mas, como digo, tal nombre, siendo uno, está dividido en dos: Dif y Zení. Llamarlo hija de Cronos parecería, a quien de repente lo oyera, un insulto. No obstante es racional que Júpiter (Día) descienda de gran inteligencia (dianoia). Cronos indica pureza (koros), y no, hijo; sino la límpido e inmaculado de la inteligencia (non). Este dios es hijo de Urano, como se cuenta; mas la mirada hacia lo alto es bello que reciba ese nombre de ouranía: la que ve lo alto (horosa 17 anó), de la cual visión, Hermógenes, dicen los astrónomos, proviene la inteligencia pura. Así que al cielo (a¡mmf) correctamente se le pone tal nombre. Si me pusiera a recordar la Genealogía de Hesíodo y qué más remotos antepasados atribuye a estos dioses, no terminaría de explicar cuán correctamente se han dado tales nombres, hasta que hubiera puesto a prueba esta sabiduría —¿qué valdrá: se queda corta o no?— que, de repente, ahora y así me acaba de caer, no sé de dónde. [396d] Hermógenes: Por, cierto, Sócrates, me parece, sencillamente, que, de repente, profieres oráculos cual los inspirados. [396d] Sócrates: Y encauso, Hermógenes, sobre todo a Eutifron, el de Prospalto, de que me haya caído tal sabiduría, porque, desde la aurora estuve largos ratos con él y le presté oídos. Parece, pues, que inspirado como estaba él, no sólo me colmó los oídos con esta daimoníaca sabiduría, sino que me arrobó el alma. Creo, pues, que hemos de proceder así: hoy, sirviéndonos de ella, considerar lo restante acerca de los nombres; mañana, si os lo parece, la expulsaremos solemnemente y nos purificaremos buscando a alguien, sacerdote o sofista, que sea capaz de purificarnos de eso. [397a] Hermógenes: En cuanto a mí, lo admito; que oiría con gran placer lo restante acerca de los nombres. [397a] Sócrates: Hágase, pues, así. ¿Por dónde quieres que comencemos nuestro examen, —ya que hemos llegado a un cierto tipo?: ¿por ver si los nombres mismos no nos darán testimonio de no haber sido impuestos por azar, sino que poseen una cierta corrección? Por cierto que los nombres dados a héroes y a hombres, tal vez nos engañarían; porque muchos de ellos se imponen según el nombre de los antepasados, sin convenir a algunos, como decíamos al principio; muchos, a su vez, se ponen cual deseos, así Eutyquides (eutyques, afortunado). Sosías (sodseir, salvar) y. Teófilo (amigo de dios) y otros muchos. Es mi parecer que dejemos de lado tales nombres; mientras que, verosímilmente, hallaremos, sobre todo, que están correctamente puestos los de entes eternos y naturales; porque aquí conviene haber tomado en serio la imposición de nombres. Tal vez algunos de ellos fueron impuestos por una virtud más divina que la de los hombres. [397c] Hermógenes: Me parece, Sócrates, que hablas bellamente. [397c] Sócrates: ¿No parece justo que se comience por los dioses, considerando por qué fueron llamados correctamente con ese mismo nombre de dioses (theoí)? [397c] Hermógenes: Así natural. [397c] Sócrates: Sospecho algo así como: los primeros hombres de Grecia me parecen haber creído ser solamente dioses los que, aun hoy, tiene por tales la mayoría de los bárbaros: Sol, Luna, astros y Cielo. Viendo, pues, que todos ellos marchan y corren en eterna carrera, según tal naturaleza correr (thein) nombraron a los dioses (theods).Mas tarde, incluyendo con razón a los demás, les dieron ya a todos ese mismo nombre, ¿Es verosímil lo que digo, o no? [397d] Hermógenes: Me lo parece enteramente. [397d] Sócrates: ¿Qué pondremos a consideración después de esto? ¿No es claro que a daímones, héroes-y hombres? [397e] Hermógenes: A daímones. [397e] Sócrates: En verdad, Hermógenes, ¿qué significaría ese nombre de daímones? Considera lo que pienso decirte. [397e] Hermógenes: Dilo sin más. [397e] Sócrates: ¿Sabes qué son los daímones, según Hesíodo? [397e] Hermógenes: No lo recuerdo. [397e] Sócrates: ¿Ni que la primera raza de hombres, dice, fue de oro? [397e] Hermógenes: Esto' sí que lo sé. [397e] Sócrates: Dice, pues, de ella: Después de que el Hado veló esta raza. [398a] Se los llama “daímones” santos terrestres; Buenos, defensores, guardianesde los mortales hombres. [398a] Hermógenes: ¿Y qué? [398a] Sócrates: Que, por raza de oro entiende, creo, no, nacida de oro, sino buena y bella. Y este testimonio el que “a nosotros nos llama raza de hierro.- [398a] Hermógenes: Dices verdad. [398a] Sócrates: Según esto, ¿no crees que, si uno de los actuales es bueno, afirmaría que pertenece a la raza de oro? [398b] Hermógenes: Es verosímil. [398b] Sócrates: Mas los buenos, ¿qué son sino sensatos? [398b] Hermógenes: Lo son. [398c] Sócrates: Como me parece, esto es precisamente lo que entiende por daímones; que, por sensatos y sapientes (deiémones) los llamó daímones; y se halla ya en nuestra primigenia lengua este nombre. Dice, pues, bellamente este poeta, y dicen otros muchos, que cuando muere un justo alcanza alto destino y honor; y hácese daimon, viniéndole tal nombre de "sapiencia”. De esta manera sostengo aun yo que es daimonio todo varón que sea bueno: y lo es en vida y de muerto; y que correctamente se lo llama daimonio. [398c] Hermógenes: Y me parece, Sócrates, que, en este punto, estoy completamente de acuerdo contigo. Mas ése de héroe (heros), ¿qué sería?; [398c] Sócrates: No es demasiado difícil comprenderlo. Su nombre está ligeramente deformado, mas descubre su génesis del amor (eros). [398c] Hermógenes: ¿En qué manera? [398c] Sócrates: ¿No sabes que los héroes son semidioses? [398c] Hermógenes: ¿Y qué? [398d] Sócrates: Que todos ellos se engendraron del amor entre dios y una mortal 'o entre mortal y una diosa. Si consideras 'esto también según la antigua lengua ática lo sabrás mejor; porque se te descubrirá que tal nombre proviene del de amor (erôs), del que los hérós se engendraron, un poquito deformado aquel en gracia de este nombre. Y dice el poeta que o bien los héroes eran eso, o que eran sabios, poderosos oradores y dialécticos, potentes en preguntar (erotán) y en hablar (eirein), porque eirein es decir (leguein). Como decíamos, pues, en lengua ática los llamados "“héroes” pasan por ser una cierta clase de oradores e interrogadores, de manera que del género de oradores y sofistas se engendra la raza heroica. Mas esto no resulta difícil de comprender; lo es más el nombre de hombres (ánthropoai). ¿Por qué se los llama ánthropoi? ¿Me lo puedes decir? [398e] Hermógenes: ¿Cómo podría, bueno de ti? Mas, aunque fuera capaz de encontrarlo no me esforzaría, porque creo que tú lo encontrarás mejor que yo mismo. [399a] Sócrates: Parece que te fías de la inspiración de Eutifron. [399a] Hermógenes: Evidentemente. [399a] Sócrates: Y te fías justamente. Que ahora mismo me parece haberlo comprendido sutilmente, y que estoy a punto, si no pongo cuidado, de resultar hoy más sabio de lo debido. Considera lo que digo: ante todo, respecto de los nombres, has de parar mientes en que frecuentemente añadimos letras, unas veces; otras, quitamos; damos nombres a despropósito, y trastornamos los acentos. Como Dií philos (amigo de Zeus); para que nos resulte de esta frase un nombre (Dífilos) quitamos de las dos íes la segunda, y pronunciamos grave la sílaba aguda intermedia. En otros casos añadimos letras y pronunciamos agudas las graves. [399b] Hermógenes: Dices verdad. [399b] Sócrates: Pues bien: uno de estos casos, me parece, lo ha pasado al nombre de los hombres. De frase se hizo nombre, suprimiendo una letra, la a, y haciéndose grave la sílaba final. [399b] Hermógenes: Di cómo. [399b] Sócrates: Así: este nombre ánthropos indica que, a diferencia de los demás animales que ven, mas no reflexionan en nada ni razonan ni miran (anathreî), el hombre, por el contrario, a la vez que ve —eso es dpope— mira (anathreí) y razona sobre todo lo que ha visto (ópúpe). De ahí, pues, que, correctamente, a diferencia de las fieras, al hombre se lo llamó ánthropos; mira-lo-que-vio (anathrón ha opópe). [399b] Hermógenes: ¿Qué más? Después de esto, te preguntaría algo que con gusto aprendería. [399b] Sócrates: Perfectamente. [399d] Hermógenes: Me parece que este punto se continúa con estotro: hablamos de algo así como de “alma” y “cuerpo” del hombre. [399d] Sócrates: ¿Cómo no? [399d] Hermógenes: Tratemos, pues, de analizar estos nombres como los anteriores. [399d] Sócrates: — ¿Dices que examinemos cómo es que al alma le ha caído, verosímilmente, tal nombre; y después, al cuerpo? [399d] Hermógenes: Sí. [399d] Sócrates: Para decirlo de buenas a primeras, creo que los que dieron al alma (psyque) tal nombre es porque precisamente cuando ella está presente en el cuerpo es causa que le aporta el poder de respirar, y lo refresca (anapsyquon); mas, al abandonarlo tal causa refrescante, el cuerpo se deshace y muere; por eso me parece haberle dado el nombre de psyque. Si quieres, aguarda un poco que me parece entrever algo más de fiar para los de Eutifron, porque, a mi parecer, tal vez desprecien lo dicho y lo tengan por rudo. Considera, pues, si estotro te place también a ti. [400a] Hermógenes: Dilo sin más. [400a] Sócrates: A la naturaleza del cuerpo entero, ¿qué otra cosa, sino el alma, te parece lo mantenga y conduzca tanto que hasta lo hace vivir y removerse? [400a] Hermógenes: Ninguna otra. [400a] Sócrates: Pues bien: y a la naturaleza de todas las demás cosas, ¿no creerás con Anaxágoras que son inteligencia y alma las que las ordenan y mantienen? [400a] Hermógenes: Por mi palabra que sí. [400b] Sócrates: Bellamente, pues, esta potencia que conduce (oquei) y mantiene (equei) la naturaleza (physts), llevaría por nombre el de phy:equá; que es lícito, adeliñado, llamar psyque. [400b] Hermógenes: Perfectamente, y me parece que esto es más según el arte que lo otro. [400b] Sócrates: Y lo es; mas, por cierto, que me parece, en verdad, ridículo, tal como se le ha impuesto. [400b] Hermógenes: Y, ¿qué diremos en cuanto al siguiente? [400b] Sócrates: ¿Hablas de cuerpo (soma)? [400b] Hermógenes: Sí. [400b] Sócrates: Tal nombre me parece complicado; y por poco que uno se desvíe, aun mucho. Porque algunos afirman que cuerpo (sOma) es sepulcro (sema) del alma, en el que está al presente enterrada; y porque, mediante el cuerpo, el alma da a significar (semainei) lo que quiere significar, por tal razón correctamente se lo llama signo (sema). Me parece que han sido, sobre todo, los órficos quienes le han puesto tal nombre, cual si en el cuerpo pagara el alma Justamente por sus culpas, haciendo él de recinto para guardarla (sṓzetai): de eicono, de cárcel; es, pues, el cuerpo lo que él se llama: sóma (cárcel), hasta que pague sus deudas, —no habiendo que cambiar ni una letra. [400d] Hermógenes: Todo esto me parece, Sócrates, suficientemente explicado. Mas respecto de los nombres de los dioses, a la manera como acabas de hacerlo con Júpiter, ¿podríamos parecidamente considerar con qué grado de rectitud han sido impuestos sus nombres? [400d] Sócrates: Si, por Júpiter!, Hermógenes, si paramos mientes hay una óptima manera: la de decir que sobre los dioses nada sabemos, ni sobre ellos mismos ni sobre los nombres que tal vez se den a sí mismos, porque es evidente que ellos se llaman con los verdaderos. Una segunda manera de rectitud sería la que nos es de ley en las plegarias; sean los que fueren y gócense en ser nombrados por ellos, dárselos nosotros, pues no sabemos nada mejor; Ey, a mi parecer, bellamente establecida. Si quieres, pues, consideremos este punto cual si hubiéramos comenzado por decir a los dioses que de ellos mismos no trataremos, —porque no nos juzgamos capaces de tratarlos así; sino de los hombres, qué opinión teniendo sobre ellos, les impusieron los nombres, —que así evitaremos sus iras. [401a] Hermógenes: Me parece que hablas mesuradamente, Sócrates; hagámoslo, pues, así. [401b] Sócrates: Como 'es de ley, ¿por qué otro comenzar que por “ Hestía”? [401b] Hermógenes: Es de justicia. [401b] Sócrates: ¿En qué se diría estaba pensando el que, puesto a denominar, puso a Hestía tal nombre? [401b] Hermógenes: ¡Por Júpiter!, que no me parece cosa fácil. [401b] Sócrates: Me parece, bueno de Hermógenes, que los primeros impositores de nombres no fueron personas vulgares sino altos lógicos y sutiles. [401b] Hermógenes: ¿Cómo así? [401b] Sócrates: La imposición de tales nombres da claramente la impresión de provenir de hombres tales; y, si se escudriña tales nombres extranjeros, no menos se encontrará lo que cada uno quiere decir. Como lo que nosotros llamamos ousia, hay quienes lo llaman essía; y otros, osía. Ante todo, que a la esencia (ousía) de las cosas se la llame, según el segundo nombre, Hestía, tiene su razón; que aun nosotros llamamos Hestía a lo que participa de la esencia (ousía); y según esto también ajustadamente se la llamaría Hestía, porque parece que nosotros mismos al viejo essía llamamos esencia (ousía). Además: pensándolo desde el punto de vista de los sacrificios, tal pareciera haber sido la mente de los impositores; porque es verosímil que, antes que a los demás dioses, sacrificaran a Hestía los que a la esencia de todas las cosas denominaron Hestía. Mas los de osía, y son los tales los heraclitianos, creerían que los seres todos se mueven y nada permanece; la causa, pues, y el principio de ellos es lo othoún (impelente), por lo cual bellamente se lo llama osía. Y quede así dicho esto para los que nada saben. Después de Hestía es justo que consideremos a Rea y a Cronos, aunque ya nos ocupamos del nombre de Cronos. Tul vez todo lo dicho no vale nada. [401e] Hermógenes: ¿Cómo así, Sócrates? [401e] Sócrates: Bueno de Hermógenes, acabo de entrever todo un enjambre de sabiduría. [401e] Hermógenes: ¿Cuál, por cierto, es? [402a] Sócrates: Ridículo de decir, mas tiene su verosimilitud. [402a] Hermógenes: ¿Cuál es ésta? [402a] Sócrates: Creo ver a Heráclito diciendo cosas viejas y sabias, —sencillamente las referentes a Cronos y Rea, ya dichas por Homero. [402a] Hermógenes: ¿En qué sentido lo dices? [402a] Sócrates: Dice Heráclito que «todo fluye y nada permanece»; y, asemejando los entes a un río, dice «no habría como entrar dos veces en el mismo río». [402a] Hermógenes: Así es. [402b] Sócrates: Pues bien: ¿crees que quien a los antepasados de los demás dioses puso por nombre Rea y Crono, pensó de diferente manera que Heráclito? ¿Crees que, por azar, les impuso, a ambos, nombres de corrientes? Como Homero llama a Océano engendrador de dioses; y a Tethys, madre; creo que también Hesíodo. Orfeo, por su parte, dice: Océano, el de bella corriente, fue el primero en casarse. [402c] quien tomó por mujer a Tethys, hermana de madre; atiende a que todo esto consuena entre sí y apunta todo hacia lo de Heráclito. [402c] Hermógenes: Me parece, Sócrates, bien dicho; mas no entiendo qué quiere decir el nombre de Tethys. [402c] Sócrates: Mas casi casi dice que es nombre disimulado de "“fuente”, porque lo cribado (dialiomenon) y filtrado (Zthóumenon) es imagen de fuente; de estos nombres se compone el de Tethys. [402d] Hermógenes: Fino, por cierto, Sócrates. [402d] Sócrates: ¿Cómo no serlo? ¿Mas qué viene a continuación? De Júpiter hemos hablado. [402d] Hermógenes: —Sí. [402d] Sócrates: Hablemos de sus hermanos Poseidón y Plutón y del otro nombre con que se lo llama. [402d] Hermógenes: Perfectamente. [402d] Sócrates: El nombre de Poseidón me parece haberle sido impuesto por el primero que le dio nombre, porque, al ponerse a andar, la naturaleza del mar se lo estorbó y no le dejó avanzar, cual si fuera traba para sus pies. Al dios que es señor de este poder le dio el nombre de Poseidón, algo así como trabado de pies (posidesmon); se le añadió una e, tal vez por elegancia. Tal vez no es tal el sentido, sino que en lugar de s se pronunciaba con dos /, cual si el dios fuera sabio en muchas cosas (pollá eidotos). Pudiera ser también que, por transtornar (sefein), se le llamara el transtornador (seíon); se añaden la p y la d. El de Plutón viénele por dador de riqueza (ploutos), porque de las profundidades de la tierra sale la riqueza. El de Had?s (Haidés); la mayoría me parece suponer que se le atribuye tal nombre por lo de invisible (aeidés); y por temor de tal nombre llámanlo Plutón. [403b] Hermógenes: ¿Y a ti que te parece, Sócrates? [403b] Sócrates: Me parece que los hombres han errado de muchas maneras acerca del poder de este dios, y no es digno el que se le tema. Porque temen que, una vez muertos, estén , allá abajo para siempre; y que el alma, desnuda de cuerpo, vaya a estar con él, —aun eso lo temen. Pero me parece que todo apunta a lo mismo: tanto el poder del dios como su nombre. [403b] Hermógenes: ¡¿Cómo, por cierto? [403c] Sócrates: Te diré lo que me parece. Contéstame: de los vínculos que fuerzan a cualquier viviente a permanecer en un lugar, sea el que sea, ¿cuál es el más potente: necesidad o apetito? [403c] Hermógenes: El apetito, Sócrates, y con gran diferencia. [403c] Sócrates: ¿No crees que muchos se escaparían del Hadés si no fuera porque un vínculo poderosísimo ata a los que allá van? [403c] Hermógenes: Es claro. [403c] Sócrates: Así que por un cierto apetito, al parecer, los ata, si es que hace falta vínculo potentísimo; y no, por necesidad. [403c] Hermógenes: Parece. [403c] Sócrates: Mas, ¿hay muchos apetitos? [403c] Hermógenes: Sí. [403d] Sócrates: Luego, los ata por el máximo de los apetitos, si es que va a dominarlos por el máximo vínculo. [403d] Hermógenes: Sí. [403d] Sócrates: ¿Hay apetito mayor que el de convivir con quien cree uno llegará a ser varón mejor? [403d] Hermógenes: ¡Por Júpiter!, Sócrates, no lo hay en modo alguno. [403d] Sócrates: Por esto, Hermógenes, afirmamos que ninguno de los de allá querrá venirse acá, ni siquiera las sirenas mismas; que ellas y todos los demás están totalmente encantados. ¡Tan bellas son, al parecer, las palabras que Hades sabe decirles!; y, por esta razón, este dios es sofista perfecto y gran bienhechor de los que con él están. ¡Tales bienes da a los de allá abajo, y tantos les rodean!; de esto le vino el nombre de Plutón (Ploxión). Que no quiera conser con los hombres que tienen cuerpo, sino convivir con ellos después de que el alma esté purificada de todos los males y apetitos corporales, ¿no te parece ser propio de filósofo y de quien ha comprendido que de esta manera encadenaría a los hombres por el apetito de la virtud, mientras que, poseídos aún por los achaques y locuras del cuerpo, ni aun el padre Cronos podría retenerlos, atándolos con los lazos que a él se atribuyen? [404a] Hermógenes: Parece que tienes razón, Sócrates. [404b] Sócrates: En cuanto al nombre de Haides, Hermógenes, bien lejos de venirle tal denominación de invisible (aeidés), viénele mucho más de saber (eidenar) todo lo bello; por esto fue llamado Haides [Hades) por el legislador. [404b] Hermógenes: Sea; ¿qué diremos de Demeter, Hera, Apolo, Atenea. Hefesto y Ares, y demás dioses? [404b] Sócrates: Parece que Demétér Fue llamada así por el don de la alimentación que nos dio (didoûsa), cual madre (máter). Hera es como amable (eraté); por lo cual se dice que Júpiter, enamorado de ella, la tiene de esposa. Tal vez el legislador, metido a astrólogo y en forma críptica, dio al aire (aéra) el nombre de Hera (héra), trasponiendo la a inicial de aéra al final. Lo reconocerías si repitieras muchas veces el nombre de Hera. Pero Pherréphatta es nombre temible para muchos, cual el de Apolo; por ignorancia, al parecer, de la rectitud de los nombres; porque, trastornándolo, piensan en Pherséphone y les parece entonces terrible. Pero indica que la diosa es sabia; porque, si las cosas están en movimiento, la sabiduría consistiría en palparlas, tocarlas y acompañarlas. Pherépapha, pues, se llamaría correctamente a la diosa, o algo así, por la sabiduría y contacto (epaphé) con lo en movimiento (pheroménon); por lo cual convive con ella Haides, sabio, porque ella lo es. Mas ahora retocan el nombre, teniendo en más a la eufonía que a la verdad, de modo que la llaman Pherréphatta. Lo mismo, respecto de Apolo; coma digo, muchos tiemblan ante el nombre de este dios, cual si indicara algo terrible, ¿No lo has advertido? [404e] Hermógenes: Y miucho; y dices verdad. [404e] Sócrates: Mas, me parece, está bellísimamente impuesto, según el poder de este dios. [404e] Hermógenes: ¡¿Cómo así? [404e] Sócrates: Trataré de explicar lo que me parece, porque no hay nombre que mejor se armonice, él solo, con los cuatro poderes del dios, de modo que tal nombre toca a todos y de alguna manera declara cuáles son: música, adivinatoria, medicina y arquería. [405a] Hermógenes: Explícate, porque me parece estás diciendo que el nombre es desconcertante. [405a] Sócrates: No, sino bien armonizado, ya que este dios es músico. Porque, primero, la purificación y sus ritos, tanto en medicina como en adivinatoria, tanto las fumigaciones con dragas medicinales como las con adivinatoria, los baños para tales casos, las aspersiones lustrales, la virtud de todo ello es una: purificar al hombre en su cuerpo y en su alma. ¿No es así? [405b] Hermógenes: Enteramente, por cierto. [405b] Sócrates: Así, pues, ¿este dios sería el que purifica, lava y libra de tales males? [405b] Hermógenes: Enteramente. [405b] Sócrates: Por librar y lavar, o ser médico en todo ello, se llamaría correctamente Apolozón (el que lava). Por el arte adivinatoria, la verdad y la sencillez —todo es lo mismo— correctisimamente se llamaría Aploun, que así es como los tesalios lo llaman, y tal es la razón por la que todos ellos llaman así a este dios. Por dar siempre en el blanco, señor como es de la arquería, es el siempre certero (aebállón). En cuanto a la arte musical, hay que suponer que, a la manera como en akólouthos (acompañante) y ádkoitis (compañera de lecho), la a significa casi siempre conjuntamente (homoû), también aquí la a indica la conjunta rotación la del Cielo, al derredor de los llamados polos (pólous) y la armonía en el canto, llamada “sinfonía”, de manera que todo esto, tal lo afirman los sutiles en música y astronomía, gira al derredor de los polos (poleita;) con una cierta armonía. Preside este dios, haciendo girar así conjuntamente (homopolón) todo, según armonía, tanto entre los dioses como entre los hombres. A la manera, pues, como al compañero de ruta (homokéleuthon) y a la compañera de lecho (homókoitir) llamamos akólouthon y deoitir, cambiando el homo (conjuntamente) por a, parecidamente llamamos a Apolo ( Apóllóna): el que es Homopolón (Omnipolarizador ), añadiendo una 1; en otro caso resultaría homónimo con el nombre —terrible, que es lo que, aun hoy en día, sospechándolo algunos por no haber considerado correctamente el poder de tal nombre, lo temen cual signo de males. Mas, como acabamos de decir, tal nombre toca todos los poderes del dios: simple, siempre; certero, purificador, omnipolarizador. En cuanto a las Musas y, en general, a la música, tal nombre proviene al parecer, de desear (mosthai), de investigación y filosofía. El de Zēta, de la benevolencia de esta diosa, en cuanto que accede (elhe/?'mmm) a las peticiones del necesitado. Pero tal vez sea como lo pronuncian los extranjeros, porque muchos dicen (Lēthṓ); y por no ser ruda de carácter, sino mansa y suave (lejon), llámanla así los que tal nombre emplean. Mas Artemis parece designar lo íntegro (artemés) y lo comedido, a causa de su querencia por la virginidad. Pudiera ser que quien la llamó así le dio el nombre de experta en virtud (aret?s hístora); tal vez que odia la fecundación (ároton misesdser) de la mujer por el varón. Ó por todo esto, o por algo de ello, tal nombre impuso a esta diosa quien se la puso. [406b] Hermógenes: Y, ¿qué de Dionisos y Afrodita? [406b] Sócrates: Gran cosa preguntas, hijo de Hipónico, porque, entre serio y broma, tal es la manera como se dan estos nombres a estos dioses. En cuanto a lo de serio, pregúntales a otros; mas nada impide el que expongamos lo de broma, que aun los dioses aman, las chanzas. Dionysos sería el que da el vino (didoñis ten omon), “Didoínysos”, —dicho en broma. Mas al vino (otros), porque a muchos de los bebedores hace que les parezca tener inteligencia, sin tenerla, correctísimamente se los llamaría oiónous (ofestha: nom Ekhein). En cuanto a Afrodita no vale la pena contradecir a Hesíodo, sino concederle que se la llamó Aphrodit? por nacida de la espuma (aphroñ). [406d] Hermógenes: Mas, por ser tú ateniense, Sócrates, no olvidarás ni a Atenea ni a Hefesto ni a Ares. [406d] Sócrates: Naturalmente, no. [406d] Hermógenes: Pues, no. [406d] Sócrates: No es difícil de decir por qué se impuso A la diosa el otro nombre. [406d] Hermógenes: ¿Cuál? [406d] Sócrates: El de Pallas, que la llamamos. [406d] Hermógenes: ¿Cómo no? [406d] Sócrates: Pensando que se le impuso por la danza guerrera, pensaríamos, creo, correctamente; porque a elevarse en alto o a sí mismo o a otra cosa, sea partiendo de la tierra o con las manos, llamamos pállein (impeler) y pállesthai (ser impelido): hacer bailar y bailar. [407a] Hermógenes: Perfectamente. [407a] Sócrates: Esto así sobre Pallar. [407a] Hermógenes: Y ajustadamente. Mas, ¿qué dices del otro nombre? [407a] Sócrates: ¿Del de Atenea? [407a] Hermógenes: Sí. [407a] Sócrates: Esto es más dificultoso, amigo. Parece que aun los antiguos pensaron de Atenea lo mismo que hoy los expertos en Homero. Porque la mayoría de ellos, interpretando al poeta, afirman que hizo de Atenea la inteligencia y pensamiento mismos. El hacedor de nombres parece haber pensado algo parecido acerca de ella, y aun más: diciendo q]ue es ella la inteligencia de dios, es como si dijera que es ella ha theonóa (inteligencia divina), sirviéndose, a lo extranjero, de la a en vez de la 7, y eliminando la 7 y la 5. Mas tal vez la cosa no sea así, sino que la llamó theonden porque entiende lo divino (tbeTa nooúses) mejor que, nadie. Pero nada importa que, por ser inteligencia natural (¿thei nódesin), haya querido llamarla Ethondé; mas que el autor mismo u otros posteriormente, creyendo modificarlo en bello, la llamaron Athenaa. [407c] Hermógenes: Y el de Hefesto, ¿cómo lo explicas? [407c] Sócrates: ¡¿Preguntas por el genuino maestro en luz (pháeos histora)? [407c] Sócrates: ¿Que no está claro para todos que es Phaistos (brillante), añadiéndole la 2? [407c] Hermógenes: Probablemente, a no ser que, cual me “parece, cambies de opinión. [407c] Sócrates: Para que no cambie, pregúntame por Ares. [407c] Hermógenes: Te pregunto. [407d] Sócrates: Si quieres, sería Ares por lo varón (árren) y por lo varonil (andreton); a por lo de duro e inflexible, a lo que se llama árraton (irrompible); de ésta y de toda manera convendría llamar Ares al dios de la guerra. [407d] Hermógenes: Perfectamente. [407d] Sócrates: ¡Por los dioses!, salgamos ya de ellos, que temo hablar de ellos. Proponme, si quieres, algo acerca de otros puntos, «para que veas lo que son los caballos» de Eutifron. [407e] Hermógenes: Lo haré, después de haberte preguntado Y sobre Hermes, ya que Cratilo afirma que no soy Hermógenes. Tratemos, pues, de examinar qué significa el nombre de Hermes para que sepamos si Cratilo tiene algo de razón. [407e] Sócrates: Por cierto que concierne al discurso el nombre de Hermes: por lo intérprete (hermenens), por lo de mensajero, ladrón, hábil engañador en discursos y en comercio; actividades son, todas ellas, propias de potente en discursos. Como decíamos, pues, anteriormente, hablar (eirein) es uso de discurso; pero eso de emerato —cual dice frecuentemente Homero— dicen que es lo mismo que maquinar (mekhandrasthai). Por ambas cosas por decir —leguein es lo mismo que eirein— y por maquinar en discursos este tal dios, el legislador nos ordena más o menos así: “Oh hombres, quien imaginó el hablar (eirein emesato), correctamente se llamaría Errenmzr; mas nosotros, creyendo embellecer el nombre, decimos Hermes", Ejris parece denominarse por efrein, ya que es mensajera. [408a] Hermógenes: ¡Por Júpiter!; me parece decir bien Cratilo al negar que yo sea Hermógenes, —que soy corto de palabra. [408a] Sócrates: En cuanto a Pan, hijo de Hermes, parece tener doble naturaleza, compañero. [408c] Hermógenes: ¿Cómo así? [408c] Sócrates: Sabes que el discurso señala, hace rodar y girar “todo”; y que es doble: verdadero y falso. [408c] Hermógenes: Perfectamente. [408c] Sócrates: Lo verdadero en él es pulido y divino, y habita allá en lo alto: entre los dioses; mas lo falso, acá abajo, entre la mayoría de los hombres; y es rudo y cabruno (traguikón), porque aquí, sobre la vida trágica, versan casi todos los mitos y las falsedades. [408c] Hermógenes: Así del todo es. [408c] Sócrates: Correctamente, pues, quien está haciendo conocer todo (pan) y circular siempre todo, sería Pan ai-pólos; hijo de Hermes, de doble naturaleza: pulido por arriba, rudo y capriforme por abajo. Y es Pan,.o el discurso o hermano de él, ya que es hijo de Hermes; mas nada tiene de admirable el que hermano se parezca a hermano. Pero, como decía, feliz de ti, dejemos a los dioses. [408d] Hermógenes: Al menos los de esta clase, Sócrates, si quieres. ¿Pero qué te impide discurrir sobre estotros: cual Sol, Luna, astros, tierra, éter, aire, fuego, agua, estaciones y año? [408e] Sócrates: Gran trabajo me encomiendas; no obstante, si te es agradable, condesciendo. [408e] Hermógenes: Me es, per cierto, agradable. [408e] Sócrates: * ¿Por dónde quieres comenzar? ¿Que discurramos, tal como dijiste, sobre el Sol? [408e] Hermógenes: Perfectamente. [408e] Sócrates: * Parece que resultaría más claro sí nos sirviéramos del nombre dórico: bzília:, que así lo llaman los de Doria; sería hálios por congregar (halídsein) a los humanos en el mismo lugar, al amanecer; lo sería también por marchar girando (heilein) sin cesar al derredor de la tierra; parecería serlo porque borda (poikilles), al pasar, los productos de la tierra. Pues bien, porkillein y aioleín son lo mismo. [409a] Hermógenes: ¿Qué de la Luna (Selene)? [409a] Sócrates: Nombre que parece atormentar a Anaxágoras. [409a] Hermógenes: ¿Por qué? [409a] Sócrates: Parece descubrir que es más antiguo lo que él recientemente dijo: que «la Luna recibe del Sol la luz». [409b] Hermógenes: ¿Cómo? [409b] Sócrates: Claridad (solas) y luz (phós) son lo mismo. [409b] Hermógenes: Sí. [409b] Sócrates: Tal luz de la Luna es siempre «nueva y vieja», si es verdad lo que dicen los de Anaxágoras; porque circulando el Sol siempre al derredor de ella proyecta sobre ella luz siempre «nueva», y resulta «vieja» la del mes anterior. [409b] Hermógenes: Perfectamente. [409b] Sócrates: Mas. Selanaía es el nombre que muchos le dan. [409b] Hermógenes: Perfectamente. [409b] Sócrates: Mas, puesto que tal resplandor (solas) es siempre (aeí) nuevo (neon) y viejo (henon), selaenoneodeid sería el más ajustado de los nombres; contraído, se la llama Selenaía. [409c] Hermógenes: Ditirámbico es este nombre, Sócrates; pero, ¿qué dices de los de mes y astros? [409c] Sócrates: El mes (meís) se llamaría así correctamente por lo de meiensibai (disminuir); en cuanto a los parece que tal denominación les viene de astrapes (relámpago). Mas astrape (relámpago), por hacer volver los ojos (ópa anastrephei), sería anastrop?; ahora se llama, embellecido, astrapé. [409c] Hermógenes: Y, ¿qué de fuego y agua? [409d] Sócrates: El nombre pyr (fuego) me desconcierta; y paréceme que o la musa de Eutifron me ha abandonado u que este nombre es el más difícil de todos. Atiende al truco que empleo en todos los casos que me desconciertan. [409d] Hermógenes: ¿Cuál? [409d] Sócrates: Te lo diré. Respóndeme: ¿puedes decirme según qué criterio se lo llama pyr? [409d] Hermógenes: ¡Por Júpiter!, yo no. [409d] Sócrates: Considera lo que sospecho; pienso que los griegos, sobre todo los que vivían bajo el poder de los bárbaros, tomaron de ellos muchos nombres. [409e] Hermógenes: ¿Y qué?, pues. [409e] Sócrates: Que si uno investigara esto según la lengua griega, y no según aquella de la que de hecho proviene el nombre, sabes bien que se desconcertaría. [409e] Hermógenes: Verosímilmente. [410a] Sócrates: Mira, pues, que este nombre de pyr (/uego) no sea de origen bárbaro. Porque no resulta fácil vincularlo con la lengua griega; además bien conocido es que los frigios lo llaman así, con un ligero cambio. Y lo mismo respecto de hydor (agua) y kynas (perras) y otros muchos nombres¹ [410a] Hermógenes: Así es. [410a] Sócrates: No hay, pues, que violentar tales nombres, porque habría mucho que decir respecto de ellos. Así, pues, dejo de lado a fuego y agua. En cuanto al aire (aér), Hermógenes, ¿no se llama aér, porque levanta (airei) las cosas de la tierra?, o ¿porque ael reí (fluye siempre)? ¿O porque el viento surge de aire fluyente? Porque,los poetas llaman aetas a los vientos; tal vez aér quiere decir aetórroun (fluye a ventadas), cual si se dijera pneumato'rrotm (fluye a soplos). En cuanto al éter, piensa así: porque ael thel (corre siempre), fluyendo al derredor del aire, ajustadamente se lo llamaría aeitbebr. Tierra (gê) manifiesta más claramente lo que quiere decir si se la llama gaía, porque a gaía se la llamaría correctamente guffln?teím E engendm¿iam), como dice Homero, que él al guegáasi llama gneguennesthai. ¿Qué nos quedaba aún? [410c] Hermógenes: Las estaciones, Sócrates, aniversarios y año. [410c] Sócrates: El nombre de estaciones (horai) hay que pronunciarlo a la manera ática antigua, si quieres verosímilmente saberlo; son hórai, porque delimitan (horidsein) inviernos y veranos, vientos y frutos de la tierra; en cuanto delimitantes, ajustadamente se les llamaría hórai. Eniautós (aniversario) y etos (año) son, probablemente, una misma cosa, porque lo que saca a luz lo nacido y engendrado, a cada uno en su turno, y en sí mismo él mismo los pone a prueba, eso mismo —al modo que, en lo anterior, dividido en dos el nombre de Júpiter, unos lo llamaron Zena, otros Dís— recibe de igual manera ahora de unos el nombre de eniautón, porque en heautó (en sí mismo) está; de otros, el de etos, porque etadsei (pone a prueba). La frase total es la de enhauto etadson (pone a prueba en sí mismo); mas, siendo una, se la pronuncia en dos, de modo que resultan dos nombres: eniautón y etos, de una sola frase. [410e] «ἔτος, ἐξ ἑνὸς λόγου. ἀλλὰ δῆτα, ὦ Σώκρατες, πολὺ ἐπιδίδως. πόρρω ἤδη οἶμαι φαίνομαι σοφίας ἐλαύνειν. πάνυ μὲν οὖν. τάχα μᾶλλον φήσεις.» (Burnet, 410e) [410e] Hermógenes: Pues, por cierto, Sócrates, que superabundas. [410e] Sócrates: Creo, en efecto, que voy progresando evidentemente en sabiduría. [410e] Hermógenes: Así es. [410e] Sócrates: Tal vez lo dirás más aún. [411a] Hermógenes: Mas, después de este eidos de nombres vería con gusto qué rectitud hay tal vez en esotros tan bellos, referentes a la virtud, como sapiencia, sensatez, justicia, y todos los demás de esta clase. [411a] Sócrates: Despiertas, compañero, un género no vulgar de nombres. Sin embargo, ya que me he revestido de piel de león, nada de retroceder, sino poner en consideración, al parecer, sapiencia, sensatez, conocimiento, ciencia y todos los demás nombres que tú llamas “bellos”. [411b] Hermógenes: No hemos, pues, de retroceder de ninguna manera. [411b] Sócrates: Pues bien, por el Perro!, me parece que no fui mal adivino al pensar hace un momento que a los bien antiguos, a aquellos que impusieron sobre todo tules nombres, les pasó —como ahora a muchos de los sabios que, por dar vueltas y más vueltas investigando cómo se han las cosas, se marean— también a ellos parecerles el que las cosas dan vueltas y más vueltas, traídas y llevadas de todas maneras. Y encausan no a su interior temple cual a causa de tal opinión, sino que así son de natural las cosas mismas, que nada de ellas es permanente y firme, sino que todas fluyen, son traídas y llevadas, y están rellenas de toda clase de movimiento y hacimiento. Lo digo, pensando en todos los nombres ahora traídos. [411c] Sócrates: Tal vez no has comprendido lo que acabamos de decir: que se imponen nombres a todas las cosas precisamente en cuanto traídas y llevadas, fluyentes y devinientes. [411c] Hermógenes: No me había fijado demasiado. [411d] Sócrates: Por cierto que el primer nombre que mencionamos supone que absolutamente son tales. [411d] Hermógenes: ¿Cuál? [411d] Sócrates: Sapiencia (p/a?'neºm), 'porque es intelección (nóesis) del movimiento (phorás) y del flujo (rhoû). Podría también entenderse cual ayuda (ónésis) del movimiento (porâs); versa, pues, sobre el movimiento. Pero si quieres, el conocimiento (gnóme) pone de manifiesto totalmente ese punto, de vista y observación (nómesis) de la generación (gonés), porque nómán (observar) y scopeim (considerar) son lo mismo. O si quieres: eso de nóósis (intelección) es hésis (deseo) de lo neon (nuevo); mas eso de ser nuevas - las cosas indica que están en constante nacimiento; que el alma lo desee, es lo que indica el nombre impuesto: ne dsir, porque antiguamente no se llamó nóesis, sino que en vez de la a había que pronunciar dos e: nogesis. La sapiencia (sôphrosynē ) es la conservación (sótería) de lo que acabamos de considerar: dela pbro'n?.ríx (pensamiento), Ac?emás: la ciencia (episteme) indica que el alma, digna de tal nombre, sigue a las cosas en sus movimientos, sin atrasarse ni adelantarse; por lo cual se ha de rechazar la e, y llamarla písiEm?, Comprensión f:y'ne¡i¡), a su vez, parecería algo así como silogismo (sylloguismós); mas cuando se dice comprender (¡ynánai), se está realmente diciendo lo mismo que epístasthai (estarse sobre), porque syniénai dice que el alma acompaña a las cosas. Aun sophía (sabiduría) indica contacto con el movimiento. Nombre por cierto bien oscuro y extranjero; mas hay que recordarse de los poetas, quienes suelen llamar e¡y't/¡5 a lo que hallan arranca a moverse velozmente. Un varón laconio, y de los renombrados, tenía por nombre soûs; y con ese nombre designan los lacedemonios al ímpetu rápido. Sabiduría (sophía) indica, pues, contacto (epapeé) con tal clase de movimiento, cual si los entes se movieran. Y respecto de agazbón (bien): este nombre quiere se imponga a lo admirable (agastá) de la naturaleza entera. Mas puesto que los entes marchan, hay en ellos velocidad, hay lentitud. No es, pues, admirable el Todo, sino algo de él: lo rápido (thoon); a lo admirable (agastó), pues, se da esa denominación. de tagathón (lo Bueno). [412c] Mas Justicia ( DikaiosynE): es fácil de advertir que este nombre se funda en la comprensión (synesei) de lo justo (dikaíou); pero eso de justo (díkaion) resulta difícil, porque hasta cierto punto convienen muchos; más allá comienzan las dudas. Cuantos juzgan que el Todo está en movimiento, suponen que la mayor parte de él no es otra cosa sino fluir;» que a través de tal Todo hay algo transeúnte por cuya virtud se engendra todo lo engendrado, siendo él velocísimo y sutilísimo, porque de otra manera no podría transitar por todo ente, si no cuadra sutilísimo, tanto que nada lo detenga; y velocísimo, tanto que los demás resalten frente a él, cual sí estuvieran en reposo. Empero, ya que rige sobre todo lo demás transiéndolo (diaión), por ello se lo llamó ajustadamente dikaion (justo), añadiéndole por eufonía la potencia de la k. Hasta aquí, como decía, muchos aceptan que eso es lo Justo. Mas yo, Hermógenes, por insistente, me he llegado a enterar de todo esto en secreto: que tanto lo justo como la causa es eso por lo que (di' ho) se hace algo; y que, se afirma correctamente el llamarlo en privado propiamente así. Mas, después de haberlos escuchado, no puedo por menos de repreguntarles mansamente: "Si las cosas son así, óptimo, ¿qué es, pues, lo Justo?". Pero me parece preguntar más de la debido y saltar la valla, porque me dicen: "ya estás más que informado”; y se ponen, con voluntad de colmar mis deseos, a decir cada uno la suya, sin concordar. Porque dice uno que lo Justo es el Sol; porque, transiéndolos (diaonta) y calentándolos (kdunta), él solo gobierna a los entes. Más, cuando repito esto a otro, cual satisfecho de haber oído algo bello, se me ríe al oírme y pregunta si pienso que nada queda de justo — entre los hombres tras la puesta del Sol. Mas insistiendo yo en conocer lo que dice, afirma uno que lo justo es el Fuego mismo, —lo que no es fácil de entender. Otro afirma que no lo es el Fuego mismo, sino el calor mismo, intrínseco en el Fuego. Otro dice reírse de todo eso, y que lo Justo es lo que dice Anaxágoras: que lo es la inteligencia (nous), porque, independiente y con nada mezclada, afirma que ordena todos los entes, transiéndolos todos. Entonces, querido, me encuentro más desconcertado que antes de ponerme a aprender “qué es”, en definitiva, lo Justo. Mas, respecto de lo que investigamos, me parece que su nombre se le ha puesto por lo -dicho. [413d] Hermógenes: Me parece, Sócrates, que esto lo traes aprendido de alguien, y no lo improvisas. — [413d] Sócrates: ¿Qué en cuanto a los otros nombres? [413d] Hermógenes: Que no-es así. [413d] Sócrates: Escucha, pues; porque tal vez, en lo restante, te engañaría cual si-no hablara de memoria. ¿Qué nos resta, después de Justicia? No hemos, creo, escudriñado Valentía. Es claro que injusticia (adikía) es, en realidad, obstáculo contra lo transeúnte (didióntos); mientras que Valentía indica que su nombre le viene de la lucha. Mas, en realidad, si fluye, lucha no-es otra cosa que flujo (raf)si, pues, se quita la d del nombre andreía (valentía), tal nombre de anreía indica él mismo tal actividad. Es claro, pues, que, respecto de todo flujo, el flujo contrario no es, sin más, valentía (andreía), sino tan sólo lo es el flujo que va contra lo justo; en otro caso no se alabaría a la valentía. El nombre de varón (arren) y el de hombre (anér) son prójimos de valentía (andreía): de anó voé (flujo ascendente). Gyné (mujer) me parece quiere ser goná (generación). En cuanto a thely (hembra) parece tomar el nombre de díkaion (justicia). A su vez 127 (teta), Hermógenes, ¿no vendrá, tal vez, de que hace crecer (tetbelenai), cual lo bien regado? [414a] Hermógenes: Tal parece, Sócrates. [414a] Sócrates: Ese mismo nombre de shallein (expandirse) me parece imagen del crecimiento de los jóvenes, porque se verifica de rápida y repentina manera, cual si se la imitara con el nombre, componiéndolo de thein (correr) y de hállesthai (saltar), ¿Mas no adviertes que, arrebatado, me he salido del campo, ya que dispongo de terreno liso? Mas todavía nos quedan bastantes nombres de los que pasan por serios. [414b] Hermógenes: Dices verdad. [414b] Sócrates: De ellos uno, es ver qué quiere decir tekhn? (arte). [414b] Hermógenes: Perfectamente pues. [414b] Sócrates: ¿No indica posesión de inteligencia (héxis 107), si se quita la /, se inserta una o entre kh y n y otra [414b] Hermógenes: Muy complicada, Sócrates. [414b] Sócrates: Feliz de Hermógenes, ¿no sabes que los primeros nombres puestos están ya enterrados por los que han querido teatralizarlos, añadiendo y quitando letras por eufonía transtornándolos de mil maneras, tanto por efecto de adornos como por virtud del tiempo? En kktoptron (espejo) ¿nÓ te parece desconcertante la introducción de la +? Tales cosas las hacen, creo, quienes, no preocupándose en nada de la verdad, mas trabajando de boca, añaden mil cosas a los L nombres primitivos y terminan haciéndolo tan bien que no hay ya quien pueda percibir lo que quiere decir el nombre. Así es que llaman a la Sphinx (Esfinge), en lugar de phix, sphinx, y muchos otros casos. [414d] Hermógenes: Así es, Sócrates. [414d] Sócrates: Mas, si se permite añadir y quitar de los nombres lo que uno quiera, grandemente fácil le será a cualquiera coajustar a cualquier cosa un nombre. [414e] Hermógenes: Dices verdad. [414e] Sócrates: Verdad es. Mas tú, sabio presidente, has de guardar el término medio y la verosimilitud. [414e] Hermógenes: Bien lo quisiera. [414e] Sócrates: Coincido contigo, Hermógenes. Mas no te pases de sutil, daimoníaco, para que no se me enerve el fervor, porque, estoy llegando al término de mi exposición, ya que después de tekhn? (ur!e! consideraremos mekhané (ingeniosidad). Porque mekhané me parece indicar anermn (realizar) en grande, ya que mZkos indica grande. De estos dos nombres: mekos y dnein se compone el de mekhanÉ. Mas, como decía, es preciso poner término a, lo dicho: investigar qué quieren decir los nombres de arel? (virtud) y de kakfa [maldad). Respecto de uno de ellos, no veo nada claro; el otro me parece hacérseme patente, porque consuena con todo lo anterior, ya que, estando las cosas en movimiento, todo lo que va mal (káéa: idn) será kakía (maldad). Mas, cuando tal ir mal hacia las cosas se halle en el alma, entonces, sobre toado, recibirá la denominación global de maldad. Empero, tal ir mal, ¿qué es? Me parece estar patente en la cobardía (deilía), de que no hemos tratado, sino pasado por alto, cuando era debido considerarla después de la valentía. Aparte de que, me parece, hemos saltado muchos otros nombres. Pues del/: alude a vínculo fuerte del alma, ya que mala (muy) es una cierta fuerza. Seria, pues, la cobardía (deilía) vínculo (demás), el fuerte (lían) y máximo del alma, al modo que también el embrollo (aparr'a) es un mal; y lo es, al parecer, todo lo que impide marchar y caminar (poreúesthai). Esto es, pues, lo que parece designar eso de ir mal (kakós ienai): lo que retiene y obstaculiza la marcha, lo que, cuando posee al alma, la hace rebosar en vicio (kakfa). Si en tales casos se aplica el nombre de kakía, lo contrario a ello sería aret? (virtud), que indica, primero, soltura de movimientos; Jf, después, el curso, siempre suelto, del alma buena; de modo que lo que fluye siempre (aef rhéon), incontenido y no impedido, recibe tal denominación; y, al parecer, este nombre. Es, pues, correcto denominarla aeireÑzn (la siempre fluyente), aunque tal vez se dijo hairetén (preferible), por ser tal temple de alma el preferible a todos; se contrae y da por nombre aretÉ. Dirás tal vez que invento; mas yo digo que, si lo que anteriormente dije es correcto —lo de kakfa—, también será [416a] Hermógenes: El de kakón (mal), por el que tantas cosas anteriormente explicaste: ¿qué significaría tal nombre? [416a] Sócrates: ¡Por Júpiter!, me parece enredado y difícil de interpretar. Le aplicaré, pues, aquella misma artimaña. [416a] Hermógenes: ¿Cuál? [416a] Sócrates: Decir que también este nombre es bárbaro. [416a] Hermógenes: Y pareces decirlo correctamente. Mas si te place, dejémoslo correr _y tratemos de ver cómo se justifican racionalmente los de kalón (bello) y aiskhrón (feo). [416a] Sócrates: En cuanto a aiskhrón me parece enteramente claro lo que significa, porque consuena con lo anterior; porque quien puso estos nombres me parece calumniar siempre lo que obstaculiza y retiene los entes en su curso; y en este caso, «lo que detiene siempre el movimiento (ael iskhonti ton rhoûn), puso por nombre aeiskhorroun; ahora, contrayéndolo, lo llaman aiskhrón. [416b] Hermógenes: ¿Y qué de kalón (bello)? [416b] Sócrates: Es más difícil captar su sentido. Se lo llama así solamente por armonía y se lo modifica alargando la o. [416b] Hermógenes: ¿Cómo? [416b] Sócrates: Este nombre pareciera ser un cierto apellido de pensamiento (dianoia). [416b] Hermógenes: ¿Cómo dices? [416c] Sócrates: Dime: ¿Cuál crees ser la causa de llamar por su nombre a cada cosa?; ¿que no es tal cansa la que impone los nombres? [416c] Hermógenes: Sin duda alguna. [416c] Sócrates: ¿No sería tal causa el pensamiento, o lo serían dioses u hombres o ambos? [416c] Hermógenes: Sí. [416c] Sócrates: Lo que llama (kalesan) por su nombre a las cosas y lo que las embellece (kaloûn), ¿no es El pensamiento mismo? … [416c] Hermógenes: Parece. [416c] Sócrates: Empero, todo lo que inteligencia y pensamiento hacen, ¿no es de alabar; y lo que no, de reprobar? [416c] Hermógenes: Así es enteramente. [416d] Sócrates: El arte medicinal produce medicinas, y el del constructor construcciones; a ¿cómo dirás? [416d] Hermógenes: Yo, de igual manera. [416d] Sócrates: ¿Así que lo Bello, cosas bellas? [416d] Hermógenes: Así ha de ser. [416d] Sócrates: ¿Mas tal es, como dijimos el pensamiento? [416d] Hermógenes: Enteramente. * [416d] Sócrates: Luego la apelación de kalón le viene de lu mente que ejecuta precisamente lo que, dándoles la bienvenida, llamamos "cosas bellas”. [416d] Hermógenes: Parece. [416e] Sócrates: — ¿Qué nombres nos quedan aún de esta clase? [416e] Hermógenes: Los afines a bueno y bello: conveniente, provechoso, útil, lucrativo, y sus contrarios. [417a] Sócrates: En cuanto al de conveniente (:ympheron), tú mismo lo encontrarías, si consideras lo anterior, porque parece hermano de epistEme (ciencia), porque no declara sino el discurso simultáneo del alma con las cosas, y muestra que los efectos provenientes de ellas se denominan symphéronta y sjmphora por.¡ymperipbe're.rlbai (moverse circular y conjuntamente). [417a] Hermógenes: Parece. [417a] (lucrativo) viene de kérdos (lucro). Mas kérdos, si se le da al nombre una 7 en vez de la d, declararía lo que quiere significar: nombrar al Bien de otra manera. Porque el Bien se mezcla (keránnytai), traspasándolas, con todas las cosas, y aludiendo a tal su poder se le puso el nombre; introduciendo la d en vez de la n, se pronuncia kerdos. [417b] Hermógenes: Y, ¿qué de lysiteloûn (provechoso)? [417b] Sócrates: Parece, Hermógenes, que no hay que tomarlo cual los buhoneros cuando cubren los gastos. No me parece que eso quiera decir /lysiteloûn, sino que, siendo el Bien, lo más veloz de la realidad, no deja que reposen las cosas ni que el movimiento, llegando al término de moverse, se detenga y cese. Más bien disuelve lo que de él tienda a hacerse término, y vuélvelo incesante e inmortal. Por esto, me parece, se le impuso al Bien el nombre de /lysiteloûn, porque se llama Iysiteloun (provechoso) a lo que disuelve todo fin del movimiento (/yon to telos). En cuanto a ōphélimon (útil): es nombre extranjero —del que frecuentemente se sirve aun Homero— de ophellein (favorecer): nombre alusivo a acrecer y hacer. [417d] Hermógenes: ¿Qué hemos de hacer con sus contrarios? [417d] Sócrates: Los que no son sino negaciones de ellos, me parece no haber por qué recorrerlos. [417d] Hermógenes: ¿Cuáles son? [417d] Sócrates: Inconveniente, inútil, no provechoso, y no lucrativo. [417d] Hermógenes: Dices verdad. [417d] Sócrates: ¿Mas los de perjudicial y ruinoso? [417d] Hermógenes: Esos sí. [417d] Sócrates: Blaberón (perjudicial) designa lo nocivo (blapton) al discurso (rhoûn) de las cosas. Blapton (lo nocivo) indica, a su vez, lo que intenta atrapar (boulómenon haptein); mas haptein (atrapar) y dein (atar) son lo mismo; y todo ello, siempre reprensible. Lo í¡re intenta, pues, atrapar al discurso (to boulómenon haptein rhoûn) se llamaría, correctísimamente, boulapteroûn; mas me parece que, embellecido, se lo llamó blaberón. [417e] Hermógenes: ¡Complicados, Sócrates, te salen los nombres! Porque me está pareciendo cual si enflautaras el preludio del aria de Atenea, al pronunciar ese nombre de boulapteroñin. [418a] Sócrates: No me encauses de ello a mi, Hermógenes, sino a les que pusieron tal nombre. [418a] Hermógenes: Dices verdad, mas, ¿qué sería dseémiódes (ruinoso)? [418a] Sócrates: Que, ¿qué sería tal vez dsémiódes? Mira, Hermógenes, cuánta verdad digo al decir que los que añaden o quitan letras alteran grandemente las significaciones de los nombres, de modo que, distorsionándolos bien poco, los hacen, a veces, indicar lo contrario. Como aun en el caso de deon (obligatorio); he pensado en él y me acabo de recordar por lo que iba a decirte: que nuestra actual lengua, bella como es, transtornó los nombres de deon '(obligatorio) y de dsemiódes (ruinoso) de modo que indiquen lo contrario, borrando así lo que significan, mientras que la antigua pondría de manifiesto lo que quieren decir ambos. [418b] Hermógenes: ¿Cómo así? [418b] Sócrates: Te lo diré. Sabes que nuestros antepasados hacían gran uso de la 7 y de la d, sobre todo las mujeres que son quienes conservan mejor la pronunciación antigua. Mas ahora cambian a la / por la e o por la 2; y a la d, por la ds, cual por más grandilocuentes. [418c] Sócrates: Por ejemplo: de los más antiguos, unos llamaban himera, otros hembra a lo que ahora se llama hēméra (día). [418c] Hermógenes: Así es. [418c] Sócrates: — ¿Sabes que tan sólo aquel nombre antiguo manifiesta la intención de quien lo impuso? Precisamente porque a los hombres se les hacía agradable y deseable (bimefrousin) el cambio de tinieblas a luz, por eso la llamaron himera (deseable). [418d] Hermógenes: Parece. [418d] Sócrates: Mas ahora, teatralizada, no entenderías qué quiere decir hembra. Aunque.algunos piensan que, porque el ía (hembra) amañsa (hembra), por eso se lo llama así. [418d] Hermógenes: Parécemelo así. [418d] Sócrates: En cuanto a dsygón (yugo) sabes que los ' antiguos lo llamaron dyogón (coyunda). [418d] Hermógenes: Perfectamente. [418d] Sócrates: Por cierto que dyôgon no declara nada; mas dyogón se dice justamente así por los dos (dyo) animales uncidos para conducir (agogué): hoy se dice dsigón. Y así! muchísimos nombres más. [418e] Hermógenes: Parece. [418e] Sócrates: Según esto, pues, primeramente, deon; así pronunciado, indica algo contrario a todos los nombres concernientes con lo Bueno, porque dado lo que es la idea de bien, lo obligatorio (deon) parece ser una cadena (desmós) y un obstáculo al movimiento, cual si fuera hermano de nocivo (blaberón). [418e] Hermógenes: Y mucho que lo parece, Sócrates. [418e] Sócrates: Mas no, si te sirves del nombre antiguo que, verosímilmente, está más correctamente impuesto que el actual; pero concordará con los nombres buenos, ya puestos, dión (transeúnte), y no deon (encadenados), indica lo Bueno, (si en vez de e le das una 7, como anteriormente, ya que, por cierto, es laudable. Y así es como quien impuso tales nombres no se contradice a sí mismo; ya que obligatorio, útil, provechoso, lucrativo, bueno, conveniente y expeditivo aparecen ser lo mismo; con nombres diversos indican que lo ordinador y lo exnie son universalmente laudables; mas lo que detiene y ata, reprobables. En especial respecto de dsemiódes; si, a tenor de la pronunciación antigua, le das, en vez de la ds, una d, te parecerá tal nombre impuesto a lo que entorpece el marchar (don tó ión): llamado demiódes. [419b] Hermógenes: ¿Qué, en cuanto a placer, dolor, apetito, y parecidos, Sócrates? [419b] Sócrates: No me parecen difíciles, Hermógenes, porque hedone (placer) se asemeja en el nombre a activa tendencia hacia el goce ( '/¿n'» ónésis), de modo que se llama hēdonē en vez de h?one, insertando la d. En cuanto a /yp? pareciera haber sido llamada así por la disolución (diálysis) [419c] ue el cuerpo sufre en tal estado. Anía (tristeza): es lo que obstaculiza el marchar (an-iénai). Alguedón (dolor) me parece extranjera, sacado tal nombre de lo doloroso (al-gueino. [419c] . Odyne (sufrimiento), llamada así, al parecer, por introducir (éndysis) la tristeza. En cuanto a akhthedon (aflicción), para todos es claro que se asemeja tal nombre a pesadez de movimiento. Kbard parece llamada así por la efusión (diákhysis) y expedición del movimiento (rbaá) del alma. Terpsis (jocundia) viene de terpnós, mas terpnón llámase así por serpear (hérpsis) a través del alma, a manera de soplo (pro?); de llamarlo ajustadamente, fuera hérpnoun; deformado por el tiempo, terpnón, Enphrosyn? (alegría) no necesita de explicación alguna, porque para todos es claro que se tomó este nombre de acordarse bien (eu symphéresthai) el alma con las cosas: eupherosyn? es el justo. Con todo la llamamos ez-phrosyn?. Ni epithymía es difícil; porque, claramente, a la potencia que tiende hacia (ept) el ánimo (thymós) se le dio tal nombre. Mas ¿hymós (ánimo) tendría tal nombre por el hervor (thysis) y ebullición del alma. Pero hímeros (deseo) se llamó así por la corriente que, más que ninguna, arrastra al alma, porque corre impetuosa (hiémeno:) y persigue (epbié'mena:) a las cosas, y de esta manera arrastra fuertemente al alma por la impetuosidad (hésis) de su curso; así que de tal y tanta potencia le viene el nombre de hímeros. En cuanto a porhos (anhelo) se lo llama así, indicando que no es del presente, sino de lo que está siendo en algún (pou) otro lugar y ausente; por lo cual se llama pothos lo que, estando presente lo deseado, se llamarla entonces A/meros (deseo); ausente lo deseado, a deseo se lo llamó porhos (anhelo). Respecto de eros (amor), porque afluye (esrei) de fuera y no es casero tal flujo del que lo tiene, sino que se introduce por los ojos, por tal motivo se lo llamó antiguamente de esreín (afluir), estos, porque en vez de o, usamos 7, mas ahora se dice esos por cambio de o en 7. Dime, ¿qué más consideramos? [420b] Hermógenes: ¿Qué te parece de doxa (opinión) y semejantes? [420b] Sócrates: Doxa (opinión) debe su nombre a la persecución (dioxei) que el alma, persiguiendo saber cómo son las cosas, emprende; o al disparo del arco (toxou), —a esto, más bien que a lo otro. Por cierto que oíesis (creencia) concuerda con esto, porque parecería que oíesis manifestara esa oísis (ímpetu) del alma hacia las cosas, hacia cuál sea cada ente, al modo que la voluntad (boulē!) designa de alguna manera la hala (bal'é),' y querer (boulesthai) indica render a, lo mismo que bonleñestha: (deliberar). Todas estas palabras, séquito de doxa, parecen semejas de balí(disparo, bala), a la manera que, inversamente, aboulía (indecisión) parece ser atykhía (desatino), en cuanto que la bala (balón) no da en, ni atina (tychón) en aquello hacia lo que disparó y quiso, y sobre lo que deliberó y deseó. [420d] Hermógenes: Me parece, Sócrates, que en esto te prodigas. [420d] Sócrates: Porque «el final es ya para dios»; quiero pues terminar con el nombre de necesidad (ananké), que viene a continuación de aquellos, lo mismo que el de hekousía (voluntario). En cuanto a hekousion, es lo 11:e cede (eíkon) y no resiste; sino que, como digo, este nombre desmiento voluntario. En cuanto a anagkaTon (necesario) y resistente, por contrario a la volición, tendría que ver con error e ignorancia; se asemeja a marcha por barrancos (agkE), porque refrenan la marcha lo difícil, escabroso y tupido. Tal vez l¡por esto se lo llamó anagkaon, asemejándolo a marcha por arranco. Pero, mientras nos quede fuerza, no la relajemos; así que no la relajes, sino pregunta. [421a] Hermógenes: Pregunto por los nombres mayores y más bellos: la verdad y la falsedad, el ente, y sobre lo que está versando nuestro discurso: el nombre. ¿Por qué tiene tal nombre? [421a] Sócrates: ¿Es algo eso de maíesthai? [421a] Hermógenes: Sí; es investigar. [421a] Sócrates: Pues bien: se parece este nombre a nombre que resume una frase que diga que nombre (ónoma) es precisamente el ente (on) sobre el que versa la investigación. Lo reconocerás mejor en lo que llamamos onomastón (lo nominado), porque aquí se dice claramente que se trata del ente por el que se inquiere (ón). Aletheía (verdad), parece compuesto también como los demás, porque parece se aludiera con esta palabra al divino movimiento del ente, cual si aletheia fuera theía al? (divino discurso). Mas falsedad (pseudos) es lo opuesto al movimiento, porque, de nuevo, resulta reprensible lo que detiene y lo que fuerza a reposo; aseméjase a durmientes (katheúdousi); añadió u da, o'culta lo que quiere decir el nombre. Ente (ón) y esencia (ousía) consuenan con verdadero, si se prescinde de la 7, porque ente (ón) significa ton (transeúnte); y no ente (ouk ón), como lo dicen algunos, significa no transeúnte (ouk-ión). [421c] Hermógenes: Me parece, Sócrates, que has escudriñado bien varonilmente estos puntos. Mas si alguno preguntare esto: ¿cuál es la rectitud de esos nombres: ión (transeúnte), rheon (fluyente) y don (vinculante)? [421c] Sócrates: Quieres decir: ¿qué le responderíamos? ¿Es así? [421c] Hermógenes: Perfectamente. [421c] Sócrates: Nos sirvió ya un expediente que dio la apariencia de respuesta concreta. [421c] Hermógenes: ¿Cuál fue? [421c] Sócrates: Afirmar, respecto de lo que no conocemos, que es de origen bárbaro. Tal vez haya en eso algo de verdad, y en ellos algo de eso; tal vez también la antigüedad de los nombres primitivos los haga ininvestigables, porque a los nombres se los ha de mil maneras traído y llevado; nada, pues, extraño sería el que la pronunciación antigua, respecto de la actual, en: nada se diferenciara de una pronunciación bárbara. [421d] Hermógenes: No dices nada fuera de tono. [421d] Sócrates: Porque digo lo verosímil. Me parece que esta discusión no admite reparos, sino hay que esforzarse en llevarla a su término. Reflexionemos: si se pregunta por las palabras mediante las que se-explica un nombre, y, de nuevo, se investiga por lo que expresan las palabras, y no se cesa de hacer esto, ¿no terminará necesariamente quien responde negándose a hablar? [421e] Hermógenes: Me lo parece. [422a] Sócrates: ¿Cuándo, negándose, el que se retira lo haría justamente? ¿No será cuando se llegue a aquellos nombres que son como los elementos de los demás: de frases y nombres?, porque ya no será justo que aparezcan compuestos de otros nombres, si tal-sucede. Por ejemplo, ahora, agathon (bien); afirmábamos que se compone de agasthón y de thobn; mas eso de ¿hodn afirmaríamos, tal vez, que viene de otros nombres, y éstos de otros. Mas si, por suerte, captamos algo que ya no se componga de otros nombres, diríamos justamente que estamos ya en un elemento, y que ya no hemos de referirlo a otros nombres. [422b] Hermógenes: Me parece que hablas correctamente. [422b] Sócrates: ¿Así, pues, los nombres por los que preguntas sucede que son elementos, y que se ha de examinar ya de otra manera cuál es su rectitud? [422b] Hermógenes: Verosímilmente. [422b] Sócrates: Es, por cierto, verosímil, Hermógenes; todos los anteriores, pues, remitirían a éstos. Si esto es así, como me lo parece ser, considéralo ahora conmigo una vez más para que, hablando, no desvaríe acerca de cuál es la rectitud de los nombres primarios. [422c] Hermógenes: Dilo sin más; que lo consideraré contigo según la medida de mis fuerzas. [422c] Sócrates: Hay, por cierto, una cierta rectitud para todo nombre, primero o último; y en nada se diferencia uno de otro cualquiera; creo que así opinarás conmigo. [422c] Hermógenes: Enteramente. [422d] Sócrates: Respecto de los nombres que acabamos de recorrer, tal rectitud pretendía ser la de descubrir “qué es” cada ente. [422d] Hermógenes: — ¿Cómo no? [422d] Sócrates: Así que esto lo tendrán, ni más ni menos, los nombres primeros y los últimos, supuesto que han de ser nombres. [422d] Hermógenes: Enteramente así. [422d] Sócrates: Empero, los últimos, al parecer, pondrían de manifiesto lo que son, mediante los primeros. [422d] Hermógenes: Evidentemente. [422d] Sócrates: Pues bien: los primarios, los no sometidos así a otros, ¿de qué manera harán que los entes, se nos hagan, lo más posible, manifiestos?, si es que han de ser nombres. Respóndeme a esto: si, a pesar de no tener ni voz ni lengua, quisiéramos declarar a los otros las cosas, ¿no intentaríamos, como ahora los mudos, indicarlas con, manos, cabeza y lo demás del cuerpo? [422e] Hermógenes: ¿Cómo, si no?, Sócrates. [423a] Sócrates: Creo que si quisiésemos declarar lo alto y lo leve, levantaríamos hacia el cielo la mano, imitando la naturaleza misma de la cosa; si lo de abajo y pesado, hacia la tierra. Y pretendiendo declarar caballo que corre o cualquier otro animal, sabes que haríamos a nuestros cuerpos y gestos lo más semejantes posible a los de ellos. [423a] Hermógenes: Me parece que es necesario sea como lo dices. [423a] Sócrates: De esta manera, creo, en el cuerpo surgiría una declaración, por imitar, al parecer, el cuerpo de aquel que se pretende declarar. [423b] Hermógenes: Sí. [423b] Sócrates: Mas, puesto que es con voz, lengua y boca con lo que pretendemos declarar, ¿no conseguiremos precisamente declarar cada cosa, mediante aquéllas, cuando surja una imitación de cualquiera, mediante ellas? [423b] Hermógenes: Me parece necesario. [423b] Sócrates: Es, pues, el nombre, al parecer, imitación por la voz de aquello que imita, y denomina quien imita con la voz, cuando imita. [423b] Hermógenes: Me lo parece. [423b] Sócrates: ¡Por Júpiter!, que también a mí me parece bellamente dicho, compañero. [423b] Hermógenes: ¿Cómo así? [423b] Sócrates: Los que imitan las ovejas, los gallos y otros animales, habríamos de convenir en que denominan lo que imitan. [423b] Hermógenes: Es verdad lo que dices. [423b] Sócrates: ¿Te parece, pues, que las cosas se han así? [423b] Hermógenes: No me lo parece. Mas, Sócrates, ¿qué clase de imitación sería el nombre? [423b] Sócrates: Primero, a mi parecer, no sería si, a la manera como imitamos las cosas por la música, de esa misma imitáramos, aunque en tal caso imitamos con la voz. Además: no me parece nombremos si imitáramos las cosas que imita la música. Me refiero a esto: ¿hay en cada una de las cosas sonido y figura, y además, en muchas, color? [423d] Hermógenes: Así del todo es. [423d] Sócrates: Mas no parece que, si se imita tales cosas, la arte denominativa verse sobre tales imitaciones; porque, de ellas, una es la música; la otra, la pintura. ¿Es así? [423d] Hermógenes: Sí. [423e] Sócrates:. ¿Qué, en cuanto a estotro? ¿No crees que cada cosa tenga. su esencia, al modo que tiene color y lo que acabamos de decir? ¿Ante todo: color y sonido no tienen, cada uno, una cierta esencia, y la tienen todas las demás cosas dignas de esa apelación: la de "ser"? [423e] Hermógenes: Me lo parece. [423e] Sócrates: Pues bien: si se pudiera imitar con letras y sílabas eso mismo de cada uno: la esencia, ¿no declararía entonces cada uno lo que es? ¿O no? [424a] Hermógenes: Así del todo es. [424a] Sócrates: ¿Cómo llamarías al que tal pudiera?; a la manera como, de los primeros, a uno llamaste músico; al otro, pintor, y a éste, ¿qué? [424a] Hermógenes: Es, Sócrates, lo que desde hace rato estamos buscando, a mi parecer; este tal sería el Nominador. [424a] Sócrates: Si esto es verdad, me parece que es ya tiempo de estudiar aquellos nombres por los que preguntabas: rhof (flujo), iénai (ir), skhesis (retención), a ver si, sí o no, mediante letras y sílabas se apodera uno del ente de cada cosa, de manera que resulte así imitada su esencia. [424b] Hermógenes: Perfectamente. [424b] Sócrates: Pues bien: veamos si solamente estos nombres son primitivos o si lo son otros muchos. [424b] Hermógenes: Creo que lo son otros también. [424b] Sócrates: Es verosímil. Mas, ¿cuál es el tipo de distinción del que para imitar ha de partir el imitador? Puesto que la imitación se hace, de hecho, con sílabas y letras, será lo más correcto distinguir primero los elementos, a la manera L como los que tratan de ritmos distinguen, ante todo, los valores de los elementos, después los de las sílabas y llegan así, y no antes, a la consideración de los ritmos. [424c] Hermógenes: Sí. [424c] Sócrates: ¿No será, pues, menester que comencemos por distinguir lo fonético; después, lo demás según sus eídoses: elementos áfonos e ínsonos, que así los llaman los peritos en esta materia? Además: elementos áfonos; mas no, por cierto, ín-somos; y, entre lo fonético; ¿cuántos diferentes eídoses hay? Y, después de distinguir estas cosas, distinguir bien todos los entes a que se han de imponer nombres, si hay algo así cual elementos a los que reducir todo lo demás, mediante los cuales se puedan ver las cosas mismas y si en ellas hay eídoses, de la misma manera que los hay entre los elementos. Una vez bella y detalladamente considerados todos estos elementos, hay que saber distribuirlos según semejanza; si hay que dar uno a una cosa; si, muchos mezclados, a una, a la manera como los pintores, proponiéndose asemejar, ponen sólo púrpura unas veces; otras, otro pigmento; a veces, mezclan muchos, como cuando preparan color carne humana o algo parecido; que así, creo, cada retrato necesita de apropiado pigmento; de parecida manera también nosotros aplicaremos 'los elementos a las cosas, uno a una, si parece necesario, o muchos a la vez, formando lo que llaman "sílabas'; y, a su vez, componiendo silabas, de las que se componen los nombres y los verbos. Y, una vez más, de nombres y verbos constituiremos ya algo grande, bello y total; a la manera como antes componía la pintura un viviente, ahora constituiremos un discurso mediante la arte denominativa o la retórica u otra cualquiera que lo sea. Mejor, no nosotros; que, hablando, me propasé; porque fueron los antiguos quienes lo compusieron tal cual se lo compone. Pero es preciso que nosotros, si sabemos considerar todo esto según arte, y distinguir así, de esa misma manera, veamos si los nombres primitivos y los derivados están puestos o no según lo debido. Coinsertarlos de otro modo, fuera ligereza e ir contra el método, amigo Hermógenes. [425b] Hermógenes: ¡Por Júpiter!, Sócrates, tal vez sea así. [425b] Sócrates: Pues bien: ¿Confías-en-ser tú mismo capaz de tales distinciones?; porque yo, no. [425b] Hermógenes: A mí, mucho me falta. [425b] Sócrates: ¡¿Lo dejaremos, pues, correr, o quieres que hagamos lo posible, aunque sólo seamos capaces de ver un poco del asunto, comenzando por decir, cual dijimos poco ha respecto de los dioses, que, no sabiendo en verdad nada de ellos, hablábamos de ellos por semejas, según las opiniones de los hombres; así ahora digamos, hablando con nosotros mismos, que, si es inevitable el que otro cualquiera, o nosotros, haga tales distinciones, hay que hacerlas; mas que ahora, según dice el refrán, habrá, «a la medida de nuestras fuerzas», que ocuparnos de ellas. ¿Te parece así, o cómo dirás? [425c] Hermógenes: Por mi palabra que me lo parece, y mucho. [425d] Sócrates: Ridículo, Hermógenes, creo que parecerá el que se hagan patentes las cosas, imitándolas con letras y sílabas; con todo, hay que hacerlo. Porque no tenemos algo mejor que esto a que referirnos acerca de la verdad de los nombres primitivos, a menos que prefieras proceder cual los autores de tragedias quienes, apurados en algo, se refugien en mecanismos, trayendo por los aires a los dioses; también nosotros saldríamos de apuros' diciendo, parecidamente, que "“los dioses impusieron los nombres primitivos”, y que, por ello, son los correctos. ¿Tal manera de hablar será también para nosotros la mejor? ¿O lo será aquella de 1;1; “los hemos tomado de algunos bárbaros”, y que “los bárbaros son más antiguos que nosotros'”? ¿O que “por su antigüedad resulta imposible averiguarlo”, como sucede con los nombres bárbaros? Todo esto serían escapatorias, y bien sutiles, para quien no quisiera dar razón sobre cómo se imponen correctamente los nombres primitivos. Aunque sea cual fuere la manera de ignorar la rectitud de los nombres primitivos, resulta imposible saber la de los derivados que, por necesidad, se aclaran por ellos, de los que nada se sabe. Empero, es claro que quien afirme ser perito en los secundarios, a fortiori ha de serlo en los primitivos, y que ha de poder declararlos de la manera más límpida; o bien, saber bien sabido que, respecto de los secundarios, no dice ya sino bagatelas, ¿O te parece otra cosa? [426b] Hermógenes: No, Sócrates, de ninguna manera. [426b] Sócrates: Por cierto que lo que siento acerca de los nombres primitivos me parece bien temerario y ridículo. Lo ” compartiré contigo, si quieres; pero si tú tienes algo mejor que sacar de donde sea, trata de compartirlo conmigo. [426b] Hermógenes: Lo haré. Anímate, pues, y habla. [426d] Sócrates: Primero: la r me parece ser cual instrumento de todo movimiento, del que no hemos dicho por qué tiene tal nombre (kínesis): mas es claro que porque pretende decir íesis (acción de ir), porque antiguamente no usábamos la 7 sino la e. Viene de éfein, nombre extranjero, que es ir (iénai). Si se hallara, pues, manera de acomodar lo antiguo de la lengua a la nuestra, se diría ajustadamente íesis; hoy, se dice fnesis, tomado del extranjero kíein, del cambio en 7 y de la inserción de n; habría de decirse a kiefnesir o eúsis. [426d] En cuanto a stasir (reposo): pretende ser negación de movimiento; mas por embellecimiento se la ha llamado stasis. Pero, como digo, la letra r pareció, al impostor de nombres, ser instrumento bello para imitar la movilidad; así que le sirve de muchos maneras para ello. Primero, en el mismo rhein (correr) y en rho$ (curso) imita, mediante esta letra, la movilidad; después, en tromos (temblor), en traebys (escabroso); además en verbos como krouein (tropezar ), thrauein (machacar), ereikein (destrozar ), thryptein (romper), kermatidsein (desmenuzar), rbymbern (girar), todos ellos resultan imitativos sobre todo por la y. Porque vio, creo, que la lengua se atásca muy menos en esta letra, y vibra muy más; por lo cual me parece que, para ello, echó mano de ella. [426e] La ¿, a su vez, para todo lo ligero, que es universal transeúnte. Por esto, a ir (iénai) y salir disparado (híesthai) los imita con la /, a la manera como, mediante la ph, la ps, la s y la ds [427a] —que son letras sopladas— ha imitado con ellas, al dar nombre, a todo lo que es como psykhrón (frío), dséon ( bullente), seíesthai (conmoverse); y, en general, seismós [ conmoción). Y cuanto imita lo ventoso (physodos), casi siempre el impostor de nombres parece emplear tales letras. Por otra parte, la d y la a al comprimir. y apoyar la lengua, parece resultar tal acción útil para imitar vínculo (desmós) y detención (stasir). Viendo que la lengua se desliza especialmente en la /, asemejándolos en esto, dio nombres a /250 (leion). [427b] al deslizar mismo (olisthanein), a lo grasoso (liparón), a lo pegajoso (kollôdes), y a todo lo parecido. Tal deslizamiento de la lengua detiénelo el poder de la g. Imitó, pues, con ella «τὴν δύναμιν χρήσιμον φαίνεται ἡγήσασθαι πρὸς τὴν μίμησιν τοῦ δεσμοῦ καὶ τῆς στάσεως. ὅτι δὲ ὀλισθάνει μάλιστα ἐν τῷ λάβδα ἡ γλῶττα κατιδών, ἀφομοιῶν ὠνόμασε τά τε λεῖα καὶ αὐτὸ τὸ ὀλισθάνειν καὶ τὸ λιπαρὸν καὶ τὸ κολλῶδες καὶ τἆλλα πάντα τὰ τοιαῦτα. ᾗ δὲ ὀλισθανούσης τῆς γλώττης ἀντιλαμβάνεται ἡ τοῦ γάμμα δύναμις, τὸ γλίσχρον ἀπεμιμήσατο καὶ γλυκὺ καὶ γλοιῶδες.» (Burnet, 427b) [427b] Ea (glo:ódes). Mas notando lo internante de la 7, dio nombre a dentro (endon), a interior (entós), cual si imitara con las letras las cosas. A lo magno (megáló) dio la a, y a mékos (longitud) la 7; porque son letras largas. Necesitando de la o, como de signo, para lo gongylon (redondo), con ella hizo la mezcla que resulta ser ese nombre. Y tratando de esta manera los demás nombres según letras y sílabas, el legislador parece que hizo para cada una de las cosas un signo y un nombre; lo demás pudo ya componerlo, por imitación, de esos mismos elementos. Tal me parece, Hermógenes, que debe ser la rectitud de los nombres, a no ser que Cratilo, precisamente, diga otra cosa. [427b] lo gelatinoso (gliskhron), lo empalagoso (glyký), lo liso (leíon) [427d] Hermógenes: Y por cierto, Sócrates, que Cratilo, como decía al principio, me mete frecuentemente en muchos apuros, afirmando que hay una rectitud propia de los nombres, mas no dice nada en claro sobre cuál es; de modo que no puedo saber si, voluntaria o involuntariamente, habla así de esto siempre oscuramente. Ahora pues, Cratilo, dime, ante Sócrates, si te place lo que dice Sócrates acerca de los nombres o tienes algo más bello que decir. Y si lo tienes, dilo o para que aprendas de Sócrates o para que nos enseñes a él y a mi. [427e] Cratilo: ¿Cómo?, Hermógenes, ¿crees que es fácil aprender y enseñar tan rápidamente algún asunto, no digamos uno tamaño como éste que parece ser máximo entre todos? [428a] Hermógenes: No, por Júpiter!; mas me parece bellamente dicho lo de Hesíodo: «vale la pena acumular, aunque sea de poco en poco». Si, pues, eres capaz de hacer algo más, no te retraigas, sino haz este favor aún a Sócrates y a mi; es de justicia. [428a] Sócrates: Por cierto, Cratilo, que yo mismo no me haría fuerte en nada de lo que he dicho; puse a consideración, con Hermógenes, lo que me pareció. Así que, por este motivo, anímate a hablar si es que tienes algo mejor, que yo lo aceptaré. No me sorprendería de que tuvieras algo más bello que decir, porque me parece que tú mismo has estudiado tales cosas y que de otros las has aprendido. Si dices, pues, algo más bello sobre la rectitud de los nombres, inscríbeme a mí como uno de tus discípulos. [428b] Cratilo: Pues, por cierto, Sócrates, que, como tú dices,.me he ocupado de tales asuntos, y que tal vez te aceptaría por discípulo. Temo, no obstante, que sea todo lo contrario: que me acude decirte lo de Aquiles: lo que él dice a Ayax en las Plegarias: Ayax, descendiente de Júpiter, hijo de Telamón, caudillo de Todo me parece estar dicho según mi corazón. [428c] También a mi, Sócrates, me parece, sencillamente, que hablas oracularmente según razón, sea que estés inspirado por Eutifron, sea por otra Musa que, desde hace rato, ocultamente, te habite. [428d] Sócrates: Bueno de Cratilo, desde hace rato me admiro de mi sabiduría, y no acabo de creerlo. Así que me parece necesario reconsiderar qué digo, porque engañarse a sí mismo es lo de peor llevar, porque cuando el engañador no se aparta un momento, sino que está siempre presente, ¿cómo no va a ser insoportable? Parece, pues, que se ha de volver frecuentemente a lo ya dicho, y tratar, según lo del poeta, de mirar «a la vez hacia adelante y hacia atrás». Veamos, pues, qué hemos dicho. Afirmábamos que la rectitud del hombre consiste en poner de manifiesto lo que una cosa es. ¿Lo damos por suficientemente dicho? [428e] Cratilo: Me parece absolutamente bien, Sócrates. [428e] Sócrates: ¿Así que se ponen los nombres para instruir? [428e] Cratilo: Absolutamente. [428e] Sócrates: ¿Afirmaremos, según esto, que eso es una arte y que hay artesanos de ella? [428e] Cratilo: Absolutamente. [428e] Sócrates: ¿Quiénes lo son? [429a] Cratilo: Aquellos de quienes hablabas al comienzo: los legisladores. [429a] Sócrates: ¿Afirmaremos, pues, que esta arte se engendra en los hombres como las otras?, ¿o no? Quiero decir esto: ¿Hay entre los pintores, unos peores; otros, mejores? [429a] Cratilo: Absolutamente. [429a] Sócrates: Y los mejores, ¿no nmos ofrecen sus obras, pinturas más bellas; los otros, más flojas? Y parecidamente respecto de los edificadores, ¿que unos hacen cosas más bellas; otros, más feas? [429a] Cratilo: —Sí. [429b] Sócrates: Pues bien: los legisladores también, ¿no nos ofrecen algunas obras suyas más bellas; otras, más feas? [429b] Cratilo: Esto ya no me parece así. [429b] Sócrates: ¿Que no te parece haber leyes, unas mejores, otras peores? [429b] Cratilo: No por cierto. [429b] Sócrates: En cuanto al nombre, parecidamente, ¿no te parece que alguno está puesto peor; otro, mejor? [429b] Cratilo: No por cierto. [429b] Sócrates: ¿Así que todos los nombres están correctamente puestos? [429b] Cratilo: Con tal de que sean nombres. [429b] Sócrates: Bien pues; lo que hai:'época rato decíamos: ¿afirmaremos que ni a Hermógenes mismo se le puso tal nombre, a no ser que le conviniera algo por genealogía de Hermes; o que se le puso, mas no correctamente? [429c] Cratilo: Me parece, Sócrates, que no se le puso; sino que “parece” habérsele puesto; mas tal nombre “es” de otro: e aquel cuya sea además la naturaleza —la que el nombre declara. [429c] Sócrates: ¿Ní siquiera se miente, cuando se dice de él que es Hermógenes? ¿Porque ni siquiera habría cómo decir que es Hermógenes, si no lo es? [429d] Sócrates: Que no hay como hablar en falso; ¿eso es lo que quieres decir? Porque son muchos, amigo Cratilo, ahora y antes, los que lo dicen. [429d] Cratilo: Porque, Sócrates, ¿cómo diciendo lo que uno dice diría lo que no es? ¿O no consiste en hablar en falso, precisamente en no decir lo que es? [429d] Sócrates: Para mí y para mi edad, compañero, tal razonamiento es demasiado sutil. Sin embargo dime: ¿te parece cierto que no hay manera de hablar en falso; mas sí, de afirmar? [429e] Cratilo: Me parece que no, ni aun de afirmar. [429e] Sócrates: ¿Ni de enunciar ni de interpelar? Como si en el extranjero te encuentras con alguien que, tomándote de la mano, te dijera: “Salud, extranjero ateniense, Hermógenes, hijo de Smikrión", tales palabras las diría o las afirmaría o las enunciaría o interpelaría con ellas no a ti, sino a Hermógenes presente, ¿o a nadie? [429e] Cratilo: Me parece, Sócrates, que tal vez lo que hace es otra cosa: emitir sonidos. [430a] Sócrates: Pues esto también es aceptable. Quien tales sonidos de, ¿los daría en verdadero o falso? ¿O unos en verdadero, otros en falso?, porque con esto nos basta. [430a] Cratilo: Afirmaría que el tal hace ruido; que se agita en vano, cual si, a golpes, agitara cachivache de bronce. [430a] Sócrates: Veamos, Cratilo, si hay manera de desembrollar esto. ¿No afirmarías que una cosa es el nombre; y otra, aquello cuyo es el nombre? [430a] Cratilo: Sí, palabra. [430a] Sócrates: ¿Admites además que el nombre es una cierta imitación de la cosa? [430b] Cratilo: De todo en todo. [430b] Sócrates: ¿Y según esto dices que las pinturas son, de otra manera, imitaciones de algunas cosas? [430b] Cratilo: Sí. [430b] Sócrates: Veámoslo, porque tal vez no entiendo qué es lo que dices, aunque pudiera ser que hables correctamente. ¿Hay manera de repartir y atribuir estas dos clases de imitaciones: pinturas y nombres, a las cosas de que son imitaciones? ¿O no? [430c] Cratilo: La hay. [430c] Sócrates: Considera, pues, ante todo, esto: ¿qué, si se atribuyera la imagen de varón a varón, la de mujer a mujer, y así de lo demás? [430c] Cratilo: Que así es. [430c] Sócrates: ¿Y qué si, al contrario, la de varón a mujer y la de mujer a varón? [430c] Cratilo: Que también así es factible. [430c] Sócrates: ¿Mas estas dos atribuciones son ambas justas o solamente una de las dos? [430c] Cratilo: Una de las dos. [430c] Sócrates: La.que a cada uno, creo, atribuya lo conveniente y semejante. [430c] Cratilo: Así me lo parece. [430d] Sócrates: Para que no peleemos por palabras, siendo como somos amigos, acepta lo que digo: que a tal distribución, compañero, de imitaciones de pinturas, y de nombres, llame “correcta”; mas a la de nombres respecto de algo, “correcta y verdadera”. Pero a la otra, la de dación y atribución de lo desemejante, no correcta, y aun falsa cuando se trate de nombres. [430d] Cratilo: Pero, Sócrates, que no pase con los nombres lo que en las pinturas: no distribuir correctamente, sino que en los nombres sea necesario distribuir siempre correctamente. [430e] Sócrates: ¿Cómo dices? ¿En qué consiste tal diferencia? ¿No cabe decir a un transeúnte cualquiera: “éste es tu retrato”?; y mostrarle, al azar o su propia imagen o la de una mujer. Y por “mostrar” entiendo hacérselo entrar por los ojos. A [430e] Cratilo: Claro que sí. [430e] Sócrates: ¿Y qué?: ¿no cabe a ese mismo transeúnte decirle: “éste es tu nombre”, ya que el nombre es también de alguna manera imitación, cual lo es una pintura? Y me explico: ¿no cabría decirle: “éste es tu nombre”, y después hacerle entrar sensiblemente por sus oídos, al azar, esa su imitación de varón que es el nombre de “varón”, y, al azar, esa imitación de lo femenino humano que es el nombre de “mujer"? ¿No te parece que es posible, y que sucede a veces? [431a] Cratilo: * Quiere, Sócrates, concedértelo. Sea así. [431a] Sócrates: Bellamente obras, querido, si la cosa es así, porque no hay necesidad alguna de pelear por esto. Si hay, pues, en este punto una tal repartición, aceptemos llamar a uno de los dos casos “decir verdad”; al otro, “decir falsedad”. Si las cosas son así, y st hay manera de repartir no correctamente los nombres y de no dar los convenientes a cada uno, sino, a veces, los no convenientes, habría cómo hacer lo mismo con los verbos. Y si esto vale para verbos y nombres, necesariamente valdrá para frases, porque las frases, pienso, son Síntesis de ellos. ¿O cómo dirías tú, Cratilo? [431c] Cratilo: Así, porque me parece hablas bellamente. [431c] Sócrates: Mas si comparamos con letras los nombres primitivos, ¿cabrá, parecidamente, lo de las pinturas: que se les puede dar todos los colores y figuras convenientes, y no todas, sino omitir algunas, añadir otras y aun muchas y mayores? ¿O no es así? [431c] Cratilo: Así es. [431c] Sócrates: Mas quien dé todas, ¿no da bellas pinturas y bellas imágenes?; mas quien añada o quite, ¿produce ciertamente pinturas e imágenes, pero mulas? [431d] Cratilo: Sí. [431d] Sócrates: ¿Y qué de quien imita la esencia de las cosas mediante sílabas y letras? Según'la misma razón: si da todo lo conveniente, la imagen será bella, es decir: el nombre; ¿mientras que, si omite detalles o añade algo, a veces resultará, ciertamente, una imagen, mas no bella?, de modo que, respecto de los nombres, ¿unos estarán bellamente elaborados, otros, malamente? [431d] Cratilo: Probablemente. [431e] Sócrates: ¿Así que de entre los artesanos en nombres, uno será bueno; otro, malo? [431e] Cratilo: Sí. [431e] Sócrates: Pues tal artesano, ¿no tenía por nombre el de legislador? [431e] Cratilo: Sí. [431e] Sócrates: Tal vez, por Júpiter!, también aquí, como en las demás artes, habrá legislador bueno, y legislador malo, si lo anterior queda convenido entre nosotros. [431e] Cratilo: Así es. Mas ves, Sócrates, que cuando letras tales, como la a y la b, y cada uno de tales elementos, los z damos a los nombres según la arte gramatical, si quitamos o añadimos o trasponemos algo, queda escrito, ciertamente, el nombre, mas no correctamente; y aun no queda escrito; hácese otro, más bien, si le pasa algo de eso. [432a] Sócrates: Pues, Cratilo, pudiera ser que, considerándola así, no lo considerásemos bellamente. [432a] Cratilo: ¿Cómo así? [432a] Sócrates: Tal vez en cosas de números sea necesario que, so pena de no ser número, no le pase eso que dices; como respecto del diez, o si se quiere de otro número, si quitas o añades algo, resulta otro número; pero tal vez la rectitud no sea la misma respecto de lo cualitativo y de imagen en general, sino lo contrario: que no haga falta en modo alguno reproducir todo, tal cual es lo imitado, si es que ha de ser imagen. Considera lo que voy a decir: ¿no habría dos cosas: Cratilo y la imagen de Cratilo, si un dios no sólo te imitara en cuanto a color y figura, como los pintores, sino que reprodujera todo lo de tu interior: tradujera lo blando, lo caliente, e introdujera en ellos movimiento, alma y pensamiento, cual están en ti; y, en una palabra, todo lo tuyo tal como lo tienes, y pusiera enfrente y junto a ti tal copia? ¿Habría entonces Cratilo e imagen de Cratilo, o dos Cratilos? [432c] Cratilo: Me parece, Sócrates, que dos Cratilos. [432c] Sócrates: ¿Ves, pues, querido, que se ha de buscar, otra rectitud para la imagen y para aquello de que estábamos hablando; y no empeñarse en que, si falta algo, ya no sea imagen? ¿O no notas cuánto distan de contener las imágenes lo mismo que las cosas de que son imágenes? [432d] Cratilo: Por mi palabra que sí. [432d] Sócrates: Por cierto, Cratilo, que, bajo el poder de los nombres, pasarían cosas ridículas a las cosas cuyos son los nombres, si del todo se asemejaran ellas a ellos, porque todo sería doble, y no tendrías cómo decir cuál de los dos es la cosa, cuál el nombre. [432d] Cratilo: Es verdad lo que dices. [432d] Sócrates: Anímate, pues, valiente, admite que hay nombres bien puestos y otros Tue no, y no te empeñes en que el nombre tenga todas sus letras para que sea así exactamente tal cual aquello cuyo nombre es; permite que se le añada aun alguna no conveniente. Si al nombre añades así una letra, añade también un nombre a una frase; y si añades así un nombre, añade también a una frase otra, aunque no convenga con las cosas, que no, por eso, dejará de nombrarse y de hablar de la cosa, mientras esté presente el tipo de la cosa. acerca de la cual se hable, a la manera como sucedía respecto de los nombres de las letras, si recuerdas lo que, hace poco, decíamos yo y Hermógenes. [433a] Cratilo: Pues me recuerdo. [433a] Sócrates: Bellamente. Cuando, pues, tal tipo esté presente, aun si no lo esté todo lo conveniente, se habrá enunciado la cosa; bellamente, cuando esté todo; malamente, cuando poco. Admitamos, bienaventurado de ti, que se la haya enunciado, para que no paguemos multa como los de Egina, por circular tarde en caminos, y parezca que nosotros también hemos, en verdad, «llegado más tarde de lo debido» a las cosas. O bien busca otra rectitud del nombre y no concedas que el nombre es declaración de la cosa mediante sílabas y letras, porque si sostienes ambas afirmaciones a la vez, no podrás consonar contigo mismo. [433b] Cratilo: Me parece, Sócrates, que hablas como es debido, y así lo admito. [433b] Sócrates: Puesto que coincidimos en opinión acerca de esto, consideremos después de ello estotro: ¿afirmaremos que, si el nombre ha de estar correctamente puesto, ha de tener las apropiadas letras? [433b] Cratilo: —Sí. [433b] Sócrates: ¿Mas son apropiadas las semejantes a las cosas? [433b] Cratilo: Justamente. [433b] Sócrates: Sea así, pues, en cuanto a los nombres bellamente puestos. Mas si no fueron bellamente puestos, tal vez la mayor parte constarán de letras apropiadas y semejantes, si ha de ser imagen; tendría además aun algunas no apropiadas; por lo cual el nombre ni sería bello ni bellamente elaborado. ¿Lo afirmaremos así o de otra manera? [433b] Cratilo: Creo, Sócrates, que no hay ya por qué pelear; mas no me agrada afirmar que hay ciertamente nombres, pero no bellamente puestos. [433d] Sócrates: ¿O, más bien, no te agrada que el nombre sea declaración de la cosa? [433d] Cratilo: Esto sí, a mí. [433d] Sócrates: Pero el que haya nombres, algunos de los cuales se compongan de anteriores, y haya otros primitivos, ¿no te parece bellamente dicho? [433d] Cratilo: A mí sí [433d] Sócrates: Mas si los nombres primitivos han de ser declaración de algo, ¿tienes otra manera más bella de ! ¿que sean declaraciones que esa de hacerlos lo más que se pueda tales cuales son las cosas que han de declarar? ¿O te agrada más bien esotra explicación de Hermógenes quien dice, y otros muchos, que los nombres son convenciones y que declaran las cosas a los convenidos que las conocen de antemano, y que la rectitud del nombre consiste en convención, no habiendo diferencia alguna en si uno conviene con la actual convención o en si con la contraria: llamar “grande” a lo que ahora se llama “pequeño”; o a lo "pequeño”, “grande”? ¿Qué modo te place más? [434a] Cratilo: De todo en todo, Sócrates, es preferible el que se declare con una semejanza lo que se declara que no con lo primero que venga. [434a] Sócrates: Bellamente,dices. Mas, si el nombre ha de ser semejante a la Cosa, ¿no será menester que los elementos sean, por su naturaleza, semejantes a las cosas, si de ellos se han de componer los nombres primitivos? Quiero decir: respecto de la pintura de que estábamos hablando, ¿la habría hecho uno semejante a alguno de los entes, sí, en la naturaleza, no hubiera disponibles pigmentos semejantes a las cosas, con los que se componen las pinturas y con los que la arte pictórica imita? ¿No sería imposible? [434b] Cratilo: Imposible. [434b] Sócrates: Parecidamente: ¿resultarían los nombres semejantes a algo si no existieran de antemano en los elementos de que se componen los nombres una cierta semejanza con las cosas de las que los nombres son imitaciones? Mas, ¿no son las letras aquello de que se componen los nombres? [434b] Cratilo: —Sí. [434b] Sócrates: Comparte ya conmigo el razonamiento que ya compartía con Hermógenes. Sea pues: ¿creemos decir bellamente o no bellamente eso de que la r se asemeja a arrastre, movimiento y dureza? [434c] Cratilo: Me parece que bellamente. [434c] Sócrates: ¿Y que la / se asemeja a lo liso, suave, y a lo que entonces decíamos? [434c] Cratilo: — Sí. [434c] Sócrates: Sabes que a lo mismo que nosotros llamamos sklerotes (dureza), ¿los de Eritrea llaman sklērótēr? [434c] Cratilo: Perfectamente. [434c] Sócrates: ¿Se asemejarían, pues, a lo mismo la r y la s y para ellos declararía lo mismo la terminación en r que para nosotros la s, o para uno de nosotros nada declararía? [434d] Cratilo: Para ambos declararía. [434d] Sócrates: ¿En cuanto que sucede ser semejantes la r y la s, o en cuanto que no? [434d] Cratilo: En cuanto semejantes. [434d] Sócrates: ¿En cuanto semejantes en todo? [434d] Cratilo: Tal vez en cuanto a la declaración de la movilidad. [434d] Sócrates: ¿Y en cuanto a la / incluida? ¿No declararía lo contrario a dureza? [434d] Cratilo: Tal vez no esté correctamente incluida, Sócrates. Como en los casos de que hablabas hace un momento a Hermógenes —quitando o incluyendo letras donde hiciera falta, y me parece lo hacías correctamente— también ahora habrá que decir tal vez r en vez de /, [434e] Sócrates: Bien dicho. Y, ¿qué como pronunciamos ahora, no nos entendemos cuando uno dice sklerón (duro), ni estás tú sabiendo lo que digo? [434e] Cratilo: Queridísimo, lo sé por la costumbre. [434e] Sócrates: Mas, al decir “costumbre", ¿crees decir algo diverso de “convención”? ¿O por “costumbre” quieres decir que yo, al pronunciar ese nombre, estoy pensando en lo mismo que tú conoces que yo estoy pensando? ¿No es esto lo que dices?, [434e] Sócrates: Si, pues, lo reconoces, al pronunciarlo yo, ¿no te resulta declaración mía para ti? [434e] Cratilo: Sí. [434e] Sócrates: Y declaración por medio de lo desemejante con lo que pronuncio entendiéndolo, si es que la / es algo desemejante a la dureza (sklerdres) de la que tú hablas. Si esto es así, ¿qué otra cosa es sino que tú mismo has convenido contigo, y te resulta convención la rectitud del nombre, ya que las letras semejantes y las desemejantes declaran por igual, al sobrevenir costumbre y convención? Mas aun, sí, en general, costumbre no es convención, no estaría bien afirmar que la semejanza es declaración, sino que lo es la costumbre, porque ésta declara mediante lo semejante y lo desemejante. Empero, ya que concordamos en esto. Cratilo —supondré que tu silencio es acquiescencia— es necesario que, de alguna manera, convención y costumbre contribuyan a la declaración de lo que, entendiéndolo, hablamos. Porque, óptimo, si quieres venir al caso del número, ¿de dónde crees sacar nombres semejantes a dar a cada uno de los números, si no dejas que de alguna manera predominen en eso de rectitud de los nombres tu decisión y convención? Que a mi mismo me agrada el que, en lo posible, los nombres sean semejantes a las cosas; mas que, en verdad, no resulte lo de Hermógenes: que, respecto de la rectitud de los nombres, es pesado arrastrar la semejanza, y que sea necesario echar mano de ese recurso grosero de la convención. Tal vez se hablaría de la más bella manera si fuera posible servirse de nombres, a todos o la mayor parte, semejantes a las cosas, esto Es: apropiados a ellas; y la más fea, la contraria. Pero dime, además de lo anterior, lo siguiente: ¿qué poder tienen para nosotros los nombres, y qué, afirmaremos, hacen de bello? [435d] Cratilo: Me parece, Sócrates, que enseñar; y, sencillamente, que quien sabe los nombres sabe las cosas. [435d] Sócrates: Tal vez, Cratilo, quieras decir que quien conozca cuál sea la naturaleza del nombre —que es la misma que la de la cosa— sabrá también la cosa, ya que es ésta, por suerte, semejante a él; y no hay más que una sola arte respecto de todas las cosas mutuamente semejantes. Esto es, me parece, lo que dices con eso,de que quien sepa los nombres, sabrá también las cosas. [435e] Cratilo: Verdaderísimamente dicho. [435e] Sócrates: Tente, pues, y veamos cuál es esa manera de enseñar las cosas de las que estás hablando; y si hay además otra, mas ésta es mejor o no hay otra más que ésta. ¿Qué piensas? [436a] Cratilo: Por mí, que no hay en modo alguno otra, sino que ésta es, a la vez, única y la mejor. [436a] Sócrates: ¿Mas el descubrimiento de las cosas se hará también de esa misma manera: que quien descubra los nombres habrá descubierto aquellas cosas de las que son los nombres? ¿O investigar y descubrir se hará de otra manera; mas aprender,- de ésta? [436a] Cratilo: Sobre todo, aun investigar y descubrir se hacen de esta misma manera y sobre las mismas cosas. [436a] Sócrates: Tente, pues, Cratilo; y meditemos si para buscar las cosas nos acompañamos de los nombres, considerando qué quiere decir cada uno de ellos; ¿no caes en cuenta de que corremos peligro, y no pequeño, de engañarnos? [436b] Cratilo: ¿Cómo? [436b] Sócrates: Es claro que el primer impostor de nombres puso los nombres según lo que concibió eran las cosas, como afirmamos, ¿Es así? [436b] Cratilo: — Sí. [436b] Sócrates: Si, pues, no los concibió correctamente, mas los impuso tal cual los concebía, ¿qué crees nos pasará a los que le acompañemos? ¿Qué otra cosa sino engañarnos? [436b] Cratilo: Mas que no sea así, Sócrates, sino que necesariamente, en cuanto sabio, haya impuesto los nombres; de lo contrario, como antes decía, ni tan sólo habría nombres. Pero séate grandísimo testimonio de que quien los impuso no se apartó de la verdad, el que, de no ser así, no le hubiesen resultado todos ellos tan consonantes. ¿No lo pensabas tú mismo así al decir que los nombres surgieron todos según un mismo procedimiento y para lo mismo? [436c] Sócrates: Mas esto, bueno de Cratilo, no es defensa alguna, porque si el impostor de nombres comenzó por errar " y después violentó lo demás según tal error inicial, y se esforzó en ser consecuente consigo mismo, nada tiene de extraño el que suceda aquí, como a veces en las figuras geométricas: que, dada una primera falsedad, pequeña y oculta, todo lo restante, por mucho que sea, si se sigue de ella, concuerde entre sí. Sobre el principio mismo, pues, de toda cuestión es preciso haya gran razonamiento y mucha reflexión acerca de si está puesto correctamente o no. Mas, puesto suficientemente a prueba, es preciso que aparezca lo demás como secuela de él. Por cierto que me sorprendería de que los nombres concordaran ellos entre sí mismos. Consideremos una vez más lo que anteriormente escudriñamos; que, afirmábamos, los nombres nos indican la esencia: el que está todo en movimiento, traído, llevado y fluyente. ¿Eres de opinión que declaren otra cosa? [437a] Cratilo: Lo soy del todo, y además indícanla correctamente. [437a] Sócrates: Consideremos, tomando de entre ellas, primero, ese nombre: el de episteme (ciencia), lo ambiguo que Es, y que pareciera indicar que nuestra alma se detiene (Zf¡— 1515 ) en las cosas más bien que se deja ir con ellas; y que es más correcto pronunciar su comienzo, como lo hemos hecho ahora, que decir pistem?, quitando la e. Además: la palabra bebaion g'irme) es imitación de hase (busis) y detención; mas no, de movilidad. Además: la palabra historía (conocimiento) indica que se detiene [hfitesi) la fluencia (rhoûn). Y pistón (confiable) indica explícitamente histón (deteniendo). Además: mnéme (memoria) indica a todos que hay reposo (moné) en el alma; mas no, arrebato. Pero si quieres, tomemos hamartía (error) y symphorá (accidente); si se acompaña al nombre parece ser lo mismo que ya dicha, y que epistem? (ciencia), y que todos los demás nombres dados a cosas estimables. Aún más: amathía (ignorancia) y akolasta (intemperancia) parecen próximos a los anteriores, porque amathfr parece ser ese paseo de quien va a la vez con dios (hama theô ióntos); mas akolasta parece designar, íntegra, acompañamiento (akolouthía) a las cosas. Y de esta manera los nombres que juzgaríamos aplicados a las cosas peores, parecerían semejantísimos a los dados a las más bellas. Y aun pienso que, sí uno se empeña, se hallarían muchos otros con los que se pensaría, a su vez, que el impostor de nombres designaba no lo movido o llevado, sino lo permanente. [437d] Cratilo: Pero ves, Sócrates, que la mayor parte de las veces indicó el otro sentido. [437d] Sócrates: Y, ¿qué?, Cratilo; ¿contaremos los nombres, cual si fueran votos; y en eso consistirá la rectitud? ¿Serán verdaderos tantos más nombres cuantos más designen más objetos? [437d] Cratilo: Verosímilmente, pues. [437d] Sócrates: De ninguna manera, querido. Dejemos así las cosas, y volvamos una vez más al punto de partida. Precisamente en lo anterior, si lo recuerdos, afirmaste que el impostor de nombre debía de saber a qué cosas los ponía. ¿Te lo parece aún, o no? [438a] Cratilo: Sí, aún. [438a] Sócrates: ¿Afirmas que el impostor primitivo los impuso sabiendo lo que hacía: [438a] Cratilo: Sabiéndolo. [438a] Sócrates: ¿A partir de qué nombres aprendería o descubriría las cosas, si los nombres primitivos aún no estaban impuestos; mas, por otra parte, afirmamos que es imposible descubrir las cosas de otra manera que no sea la de aprender o descubrir, por sí mismo, cuáles son los nombres que las designan? [438b] Cratilo: Me parece que dices, Sócrates, algo importante. [438b] Sócrates: ¿En qué sentido afirmaremos que impusieron o fueron legisladores, a ciencia y conciencia, de los nombres, aun antes de haber puesto nombre alguno o sabídolo, si no hay otra manera de aprender las cosas sino mediante los nombres? [438c] Cratilo: Me parece, Sócrates, que la explicación más verdadera de esto es que hay un poder mayor que el humano por el que se imponen a las cosas los nombres primitivos, de tal manera que resulten necesariamente correctos. [438c] Sócrates: Entonces, ¿crees que quien los impuso, fuera daimonio o dios, se contradijo al imponerlos? ¿O te parece que de lo anteriormente dicho no hay nada? [438c] Cratilo: A no ser que una de las dos clases de nombres no sea de la de los primitivos. [438c] Sócrates: — ¿Cuál?, óptimo, ¿la que se refiere al reposo o la que al movimiento?, porque, según lo dicho ahora mismo, no se va a juzgar esto según el número. [438d] Cratilo: No sería justo, Sócrates. [438d] Sócrates: Ante esta guerra civil entre los nombres, unos afirmando que son ellos los semejantes a la verdad; y los otros, que lo son ellos, ¿en base de qué decidiremos o a qué acudir?; porque ya no hay otros nombres diferentes de éstos; no los hay; es, pues, claro que se ha de buscar algo diferente de nombres, que, sin ellos, nos manifieste cuál de las dos clases de ellos es la verdadera, por mostrarnos ser la verdad de los entes. [438e] Cratilo: Así me lo parece. [438e] Sócrates: Según esto, Cratilo, es posible aprender lo que son las cosas, sin ayuda de nombres, en caso de que esto sea así. [438e] Cratilo: Evidentemente. [438e] Sócrates: ¿Con qué otro medio esperas aprenderlas? ¿Que no, sino por el verosímil y más justo: unas por otras, si es que son congéneres, o cada una por ella misma?, porque lo distinto y extraño a ellas indicará también algo distinto y extraño, y no a ellas. [438e] Cratilo: Me parece que dices verdad. [439a] Sócrates: Tente, por Júpiter! ¿Mas no convinimos, por cierto y muchas veces, en que los nombres bien puestos son semejantes a aquellas cosas a las que se los impuso, y en que los tales son imágenes de ellas? [439a] Cratilo: — Sí. [439a] Sócrates: Si, pues, hay manera como aprender, perfectamente, mediante los nombres las cosas, y la hay de aprenderlas a ellas por ellas mismas, ¿cuál sería el más bello y declarador aprendizaje: aprender de la misma imagen, caso de que lo sea buena, y aprender a la vez la verdad de la que es Imagen? ¿O, partiendo de la verdad, aprenderla a ella, y aprender si su imagen ha sido convenientemente elaborada? [439b] Cratilo: Me parece necesario partir de la verdad. [439b] Sócrates: Qué manera haya de aprender o descubrir lo que están siendo las cosas, tal vez sea conocimiento superior a mis fuerzas y a las tuyas; mas es preferible convenir en que no se ha de partir de los nombres, sino, mucho mejor, de las cosas mismas; y en que se ha de aprender de ellas e investigar partiendo de ellas más que de los nombres. [439b] Cratilo: Tal parece, Sócrates. [439b] Sócrates: Además: pongamos atención en que no nos engañen todos esos nombres tendenciosos, en el caso de que, en realidad, sus impositores los impusieron pensando en que toda y siempre está en movimiento y flujo, —porque, me parece que así lo pensaron. Mas, ¿y si, por un azar, no fuera así, sino que fueran ellos mismos quienes, caídos en un remolino, van y vienen y, arrastrándonos, nos precipitan en él? Porque atiende, Cratilo, a uno de mis frecuentes ensueños: ¿afirmaremos, sí o no, que hay algo que es lo Bello mismo y o Bueno mismo, y parecidamente algo uno para cada uno de los entes? [439d] Cratilo: Me parece, Sócrates, haberlo. [439d] Sócrates: Consideremos, pues, tal “lo mismo”; no, si hay algún rostro que sea bello, u otra cosa de las tales; y si, además, nos parece que todo ello está en flujo. ¿No diremos, más bien, que lo Bello mismo está siendo siempre tal cual es? [439d] Cratilo: Necesariamente. [439d] Sócrates: Mas, ¿podríamos atribuirle correctamente, en caso de perenne salida de si, primero, que es "lo mismo”; segundo, que es “tal”"? ¿O no será necesario el que, mientras hablamos, se haga inmediatamente algo distinto, salga de sí y nc se mantenga tal? [439d] Cratilo: Necesariamente. [439e] Sócrates: ¿Cómo, pues, algo sería "lo mismo” lo que jamás está siendo de la misma manera? Porque si alguna vez se ha de igual manera, es claro que, durante ese tiempo, no se cambia en nada. Mas si se ha siempre de igual manera, y es "lo mismo” ¿cómo se cambiaría o movería, sin salirse en nada de su propia idea? [439e] Cratilo: No hay manera. [439e] Sócrates: Además: no sería conocido por nadie. Al aproximarse un futuro conocedor se haría diferente y diverso, de manera que no se conocería ya ni qué tal es ni cómo se ha. Pero no hay por cierto conocimiento alguno que conozca, si lo conocido no está siendo de alguna manera. [440a] Cratilo: Es como lo dices. [440a] Sócrates: Pero ni siquiera se puede afirmar que haya conocimiento, Cratilo, si todo se transforma y nada permanece; porque si eso mismo: el conocimiento no cambia su ser conocimiento, permanecería siempre conocimiento y habría conocimiento. Mas, si el eidos mismo de conocimiento cambia, se cambiaría en otro eidos distinto de conocimiento, y ya no habría conocimiento; y. Si se cambia siempre, jamás habría conocimiento; y, por la misma razón, no habría ni futuro ni conocedor ni objeto conocido. Mas si hay siempre lo cognoscente, hay lo conocido, hay lo Bello, hay lo Bueno, —hay uno por uno de tales entes. No me parece, pues, que estos entes, de los que estamos hablando, sean semejantes en nada a fluencia y movilidad. ¿Es esto así o lo es de aquella otra manera: la de los heraclitianos, y de muchos otros? No es fácil de considerar. Ni es propio de hombre de gran entendimiento encomendar el cuidado de sí y de su alma a los nombres, fiándose de ellos y de los que los impusieron; ni empeñarse, cual si fuera sabio, en afirmar, con conocimiento de sí y de las cosas, que nada hay en nadie de sano; que «todo es riada», cual de cosas de arcilla; y que, sencillamente, cual juzgan los acatarrados, así están siendo las cosas; todas ellas afectadas de riada y de catarro. Tal vez, Cratilo, esto sea así, tal vez no. Hay, pues, que ponerlo, bien virilmente, en consideración, y no aceptarlo. fácilmente, porque eres aún joven, y tienes edad para ello; mas, si, considerado, hallares algo, has de compartirlo conmigo. [440d] Cratilo: — Así lo haré. Ten por cierto, Sócrates, que ni aun ahora mismo ceso de considerarlo; empero, cuanto más lo considero y con mayor empeño, tanto más me parece que las cosas son cual Heráclito las dice. [440e] Sócrates: Otra vez, compañero, me instruirás, cuando vuelvas.- Ahora, ya que estás preparado, vete al campo. Hermógenes en persona te escoltará. [440e] Cratilo: Así se hará, Sócrates. Trata tú, por tu parte, de pensar ya sobre este punto. ## Notes [1] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca.