Critón — Plato ============== ΚΡΙΤΩΝ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/crito/ This file: https://plato-scroll.com/text/crito-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/crito.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/crito-b.txt - H.N. Fowler (Loeb, 1914): https://plato-scroll.com/text/crito-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/crito-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/crito-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [43a] Sócrates: ¿Cómo es que vienes a estas horas, Critón?; ¿que no es demasiado temprano? [43a] Critón: Sí que lo es. [43a] Sócrates: Más o menos, ¿cuánto? [43a] Critón: Primera aurora. [43a] Sócrates: Me sorprende que el carcelero haya tenido contigo esta condescendencia. [43a] Critón: Ya me tiene afecto, Sócrates, de tanto verme por aquí, aparte de que le trae su cuenta. [43a] Sócrates: ¿Llegaste ahora mismo o hace rato? Critón. Hace ya bastante rato. [43b] Sócrates: Entonces, ¿por qué no me despertaste inmediatamente, sino que te estuviste sentado junto a mí, y en silencio? [43b] Critón: ¡Por Júpiter!; ni yo mismo quisiera, Sócrates, hallarme despierto en tristeza tanta. Mas desde hace rato estaba admirando cuán plácidamente duermes. Y de intento no te desperté para que se te pasara el tiempo lo más plácidamente posible. Que ya antes y en muchas otras ocasiones de tu vida te tuve por de natural feliz, pero muchísimo más en la calamidad presente. ¡Con qué facilidad y mansedumbre la llevas! [43b] Sócrates: ¡Sólo faltaría, Critón, que a mis años llevara a mal el tener que morir! [43b] Critón: Pues, Sócrates, a otros de tu edad, y en calamidades parecidas, en nada les ayudó la edad para sobrellevar desgracias como la presente. [43b] Sócrates: Así será. Pero ¿por qué viniste tan de mañana? [43b] Critón: Para traerte una mala noticia, Sócrates, mala no para li —así me lo figuro; sino para mí y para tus allegados todos, mala y apesadumbrante, tanto que yo, juzgando por mí, difícilmente la soportara. [43b] Sócrates: ¿Qué noticia es esa? ¿Que llegó ya de [43d] Sócrates: ¿De Delos, la nave a cuya llegada tengo que morir? [43d] Critón: Todavía no llega; pero parece que lo hará hoy, según las noticias de algunos que han venido de Sunio y que la dejaron allá. Y claro está que, según estas noticias, llegará hoy; y por necesidad, Sócrates, mañana será el fin de tu vida. [43d] Sócrates: Y por buena ventura, Critón; y sea así, si tal place a los dioses. Mas tengo para mí que la nave no llegará hoy. [44a] Sócrates: Critón. ¿De dónde lo sacas? [44a] Sócrates: Te lo diré. He de morir al día siguiente de la llegada de la nave. [44a] Critón: Así lo dicen los que en estas cosas mandan. [44a] Sócrates: Mas pienso que no llegará en este día que apunta, sino én el otro. Y lo saco por testimonio de un cierto ensueño que ví hace poco durante la noche; así que tal vez en buena hora no me despertaste. [44a] Critón: Y ¿cuál era ese ensueño? [44a] Sócrates: Me pareció que hacia mí venía una mujer Sócrates, hermosa y bella-de-ver, vestida de blanco, que me llamó y me dijo: "Sócrates, al tercer día llegarás a Ftía la fértil”. [44b] Critón: En verdad desconcertante ensueño, Sócrates. [44b] Sócrates: Pero bien claro a mi parecer, Critón. [44b] Critón: Demasiado al mío también. Pero. Sócrates daimoníaco, una vez más créeme y ponte en salvo. Que, si te mueres, no será para mí esto una sola desgracia, sino que, además de perder un tal allegado, cual jamás voy a encontrar otro, dará que pensar a muchos de los que no nos conocen bien ni a ti ni a mí que, pudiéndolo Critón, hacer, no te puse a salvo, sino que dejé perder la ocasión, por no gastar unos dineros. Y ¿qué de más vergonzoso que dar la impresión de tener en más a los dineros que a los amigos? Porque la mayoría no se persuadirá de que tú mismo no quisiste, a pesar de nuestros esfuerzos, salir de aquí. [44e] Sócrates: Pero ¿qué nos importa a ti y a mí. Critón feliz, la opinión de los más?; que los sensatos-de-veras, únicos de los que vale la pena preocuparse, pensarán que las cosas han pasado como debieron pasar. [44e] Critón: Pero, ¿ves, Sócrates, cómo es necesario preocuparse de la opinión de la mayoría? Que las cosas que están pasando ponen bien de manifiesto que la mayoría es capaz de llevar a cabo no insignificantes maldades, sino casi casi las máximas, si uno está de mala reputación ante ella. [44e] Sócrates: Ojalá, Critón, que la mayoría fuera capaz de llevar a cabo los mayores males, con tal de que fuera igualmente capaz de realizar los mayores bienes, —que entonces todo iría bellamente. Mas, ahora por el contrario, de ninguna de las dos cosas son capaces, que no pueden hacer ni lo sensato ni lo insensato, sino tan sólo lo que les salga la ventura. [44e] Critón: Tal vez las cosas sean así. Pero respóndeme. [44e] Sócrates: precisamente a esto: ¿no es verdad que te preocupa el que, salido de aquí los alcahuetes presenten datos contra mí y los demás allegados de que nosotros fuimos los que te robamos de aquí, y por este motivo perdamos sin remedio toda nuestra hacienda o grandes dineros o además de esto tengamos que sufrir otras cosas? ás Si algo de esto temes, déjalo correr; ya que es justo que, por salvarte, corramos estos peligros y, si preciso fuera, mayores. Créeme, pues, y no hagas otra cosa. [44e] Sócrates: Estas cosas me preocupan, Critón; y además de ellas, otras muchas. [44e] Critón: Pues tampoco temas por esotras; porque no es gran cantidad de plata la que quieren recibir algunos para salvarte y sacarte de aquí. Además: ¿no ves que estos alcahuetes son de buen contentar y que para ellos no haría falta mucho dinero? Está a tu disposición todo mi dinero, que creo es suficiente para el caso; y si, preocupándote por mí, no crees que yo deba gastar todo lo mío, extranjeroshuéspedes hay aquí dispuestos a gastarlo: uno de ellos. Simmias el de Tebas, hasta ha reunido ya dinero suficiente para el intento; dispuestos están también Cebes y muchísimos otros. De manera que, como digo, este temor no te retraiga de ponerte a salvo. Ni se te haga duro lo que dijiste en el juzgado: que, al salir de aquí, no sabrías qué hacer contigo mismo; que adondequiera que llegues, en muchos y varios lugares, te estimarán. Y si quieres ir a Tesalia, allá tengo yo huéspedes que te tendrán en mucho y te ofrecerán protección, de modo que ninguno de los de Tesalia te moleste. Además de esto, Sócrates, no me parece justo que te pongas tú mismo a traicionarte, pudiendo salvarte; que pareces empeñado en hacerte a ti aquello mismo en que se empeñarían tus enemigos y en que se han empeñado los que han intentado perderte. Y hay más: me parece que traicionas a tus propios hijos, puesto que, pudiendo criarlos y educarlos, te vas y los abandonas a su suerte y a que hagan lo que ella les depare, —que ya sabemos probablemente cuál será su suerte: la usual para huérfanos en orfandad. Porque o no hay que hacerse con hijos o hay que pasar con ellos el trabajo de criarlos y educarlos. Me parece que, por el contrario, tú te tomas todo esto a la ligera. Es preciso, sin embargo, elegir precisamente lo que elegiría un varón bueno y valiente que haya estado hablando toda su vida del cuidado-solícito por la virtud. Y me avergonzaría por mí, por ti y por todos tus allegados, de dar la impresión de que este asunto tuyo ha ido adelante por falta de hombría nuestra, —que ya la sola introducción del juicio ante el juzgado, tal cual se introdujo, pudiendo haberse no introducido, y la manera como se llevó, y éste su final, cual de drama burlesco, da a pensar de que por malquerencia y por falta de Critón, hombría se te ha ido a ti y se nos ha ido todo de las manos los que no te hemos salvado, siendo, en realidad, posible, si cada uno de nosotros hubiera puesto un poco de su parte. Considera, pues, Sócrates, todo esto; no nos vaya a resultar todo ello a ti y a nosotros, además de malo, motivo de vergüenza. Decídete, pues; mejor, ya no es hora de decidirse, sino de haberse decidido. Y la decisión es una sola, porque todo ha de estar terminado la noche que viene; que si nos detenemos, ya no será posible hacerlo. Así que, Sócrates, obedéceme en todo y no hagas otra cosa. [46b] Sócrates: ¡Oh querido Critón!; este fervor-de-tu-ánimo sería merecedor de todo, con sólo que estuviera bien dirigido; que, si no, cuanto mayor sea, de peor llevar será. Es menester, pues, que consideremos si es nuestro deber hacer esto o no hacerlo, que yo no solamente en esta ocasión sino en todas, y no únicamente en un solo asunto mío sino en todos, sólo me dejo persuadir por aquella razón que, bien considerada, me parezca la mejor entre todas. Así soy. Pues bien: no puedo rechazar ahora las razones que poco ha dije, y rechazarlas precisamente porque me ha sobrevenido esta calamidad. Me parece, más bien, que continúan igualmente válidas, y por esto las reverencio y honro Como antes. Si, pues, no tenemos para esta ocasión otras mejores que decir, sábete que no condescenderé, ni aunque el poder de la mayoría nos quiera atemorizar como a críos con más espantajos que los presentes: con prisiones, muertes encima y confiscaciones de bienes. Pero ¿cómo haremos para reflexionar más mesuradamente aún sobre este punto? ¿Tal vez volviendo a considerar ante todo si en aquel razonamiento tuyo sobre las opiniones se dijo correctamente o no el que hay que prestar Sócrates, atención a algunas opiniones, y a otras no? Que si se dijo bellamente antes de que había de morir, mas se descubriese ahora que lo que se dijo se dijo por decirlo, ¿no sería todo ello en verdad chiquilladas y sandeces? Deseo, pues, yo mismo, Critón, ponerme a considerar en común contigo si mi razonamiento parece diferente desde que estoy como estoy, o bien si es aún el mismo: y en este caso lo dejaremos correr o lo obedeceremos. Dicen, pues, según pienso los que creen decir algo —como yo también digo ahora— que de entre las opiniones de los hombres hay Sócrates, que hacer gran aprecio de unas, y no de otras. Y, por los loses,! ¿no te parece, Critón, bellamente dicho? Porque tú, juzgar humanamente, no tienes que morirte mañana, de manera que la desgracia presente no va a desconcertarte. [47a] Sócrates: Reflexiona pues; ¿no te parece suficientemente bien dicho que no hay que respetar todas las opiniones de los hombres, sino unas sí, pero otras no; ni las de todos, sino las de unos sí; mas las de otros, no? [47a] Critón: Bellamente. [47a] Sócrates: Según esto, pues, ¿habrá que respetar las buenas y no las malas? [47a] Critón: Sí. [47a] Sócrates: Y ¿no serán las buenas precisamente las de los sensatos; y las malas, las de los insensatos? [47a] Critón: Pero, ¿cómo no? [47b] Sócrates: Adelante, pues; ¿qué dirías de esto?: un varón dedicado al atletismo, ¿hace caso de los elogios, críticas y opiniones de un cualquiera o de los de uno solo, a saber: de aquel que sea médico o maestro-en-gimnasia? [47b] Critón: De este solo. [47b] Sócrates: Y según esto deberá temer las críticas y apreciar las alabanzas de este solo, y no las de los más. [47b] Critón: Es evidente. [47b] Sócrates: Y por lo mismo habrá de actuar, ejercitarse, comer y beber según lo que parezca a tal director y entendido, y sólo a él más que a todos los otros. [47b] Critón: Así es. [47c] Sócrates: Sea pues; mas si, por el contrario, desobedece a este solo y ni respeta sus opiniones ni aprecia sus alabanzas, respeta más bien las palabras de los muchos y de los que nada entienden, ¿no le sobrevendrá ningún mal? [47c] Critón: Pues, ¿cómo no? [47c] Sócrates: Y ¿cuál será tal mal, y a qué parte del desobediente se extenderá? [47c] Critón: Es claro que al cuerpo; porque lo arruinará. [47c] Sócrates: Bellamente lo dices. Y de semejante manera también, Critón, en las demás cosas, para no recorrerlas todas. Mas respecto de lo justo e injusto, de lo feo y de lo bello, y de lo bueno y de lo malo, —cosas sobre las que ahora nos hemos puesto a deliberar—, ¿habremos de seguir la opinión de la mayoría y tenerla en más que la de uno solo: del que en estas cosas sea entendido, y a quien se debe reverenciar y temer muy más que a todos los otros juntos? Que, si en esto no lo seguimos, maltrataremos y echaremos perder precisamente aquello que con la justicia va mejorando y que desmedra con la injusticia. ¿O no existe semejante cosa? [47c] Critón: Yo creo que sí, Sócrates. [47c] Sócrates: Un paso más: si por deferir a opiniones de ignorantes echamos a perder lo que mejora con lo salutífero y desmedra con lo insaludable, ¿valdría la pena vivir con tal ruina por dentro? Y ¿no es precisamente el cuerpo [47e] Sócrates: El que en este caso se arruina? [47e] Critón: Sí. [47e] Sócrates: ¿Valdría, pues, la pena de vivir con un cuerpo malo y arruinado? [47e] Critón: En manera alguna. [47e] Sócrates: Pues bien: ¿valdría la pena de vivir, una vez perdido aquello que desmedra con la injusticia y con la justicia medra? O ¿tenemos tal vez por más vil que el Sócrates, cuerpo aquella parte nuestra, sea la que fuere, que se refiere a la injusticia y a la justicia? [48a] Critón: De ninguna manera. [48a] Sócrates: ¿Será, pues ella la muy más valiosa? [48a] Critón: Y muchísimo más. [48a] Sócrates: Según, esto; pues, óptimo de Critón, no habrá que parar mientes gran cosa en lo que de nosotros digan los más, sino en lo que sobre lo justo y lo injusto diga uno solo: el entendido, y ésta es la verdad. De manera que no estás en lo correcto cuando comienzas por decir que hemos de preocuparnos por las opiniones que sobre lo justo, bello, bueno y sus contrarios tenga la mayoría; aunque, por Sócrates, cierto, diría alguno que la mayoría puede acabar con nosotros, Critón. Esto también es evidente diría yo, Sócrates. [48b] Sócrates: Y dices verdad. Con todo. Critón admirable, me parece que las razones traídas están donde estaban. Con todo pon una vez más atención en si queda aún en firme el que hay que tener en más que el vivir el vivir bien. [48b] Critón: Queda en firme. [48b] Sócrates: Y ¿queda también en firme, sí o no, que vivir bien, bella y justamente son una y la misma cosa? [48b] Critón: Queda en firme. [48b] Sócrates: Convenimos, pues, en que se ha de considerar precisamente si es justo o no es justo el que intente salir de aquí sin el consentimiento de los atenienses. Y si parece justo, lo intentaremos; y si no, dejaremos las cosas como están. Que, en cuanto a las consideraciones que me hiciste acerca de confiscación de bienes, fama y educación de los hijos, tal vez, en verdad, no pasen de ser consideraciones de los que toman a la ligera eso de matar y devolver la vida, si pudieran, a los muertos, —así sin más ni más y sin razón alguna, cual lo hace la mayoría. Empero nosotros —prisioneros, que así lo somos, de la razón— no hemos de mirar otra cosa sino lo que acabo de decir: si obraremos según justicia dando dineros y haciendo favores a los que de aquí me hayan de sacar; si obraremos Sócrates, también según justicia liberados y libertadores, o si al contrario, al hacer todas estas cosas no quebrantaremos de verdad la justicia. Y si nos llegare a parecer que, haciendo todo esto, obramos contra justicia no habrá que pensar ya en si habrá o no que morir, caso de quedarse aquí y de dejar las cosas como están y en paz, o en si habrá que padecer otro perjuicio antes que obrar injustamente. [48d] Critón: Bellamente dicho, a mi parecer, Sócrates. Considera, pues, qué vamos a hacer. [48d] Sócrates: Considerémoslo en común, bueno de C [48e] Sócrates: Critón; y si mientras yo hablo tienes tú que decir algo en contra, dilo y contradice, y me dejaré persuadir. Pero si no. Critón feliz, cesa ya de repetirme las mismas razones sobre que es preciso salirme de aquí, aun contra la voluntad de los atenienses. Gran cosa es para mí hacer esto, convenciéndote; mas no, contra tu voluntad. Mira bien, pues, si te satisface el principio de nuestras consideraciones y procura responder Sócrates, exactamente, y como mejor te parezca, a lo preguntado. [49a] Critón: Voy a intentarlo. [49a] Sócrates: ¿Diremos que, de ninguna manera, hay que faltar voluntariamente a la justicia, o habrá maneras y maneras? ¿O bien, como convinimos en tiempos pasados, en manera alguna será ni bueno ni bello contravenir a la justicia? O ¿es que todas nuestras anteriores convicciones se han derretido en estos pocos días, y que precisamente ahora. [49b] Critón: después de tanto tiempo y con tanta edad encima y tras tantas y tan laboriosas discusiones, nos olvidamos de todo con desmemoria de chiquillos? O ¿no serán las cosas más bien y exactamente como anteriormente nos las dijimos, convengan o no convengan en ello los Más, y hayamos de pasar por cosas más duras de llevar o más llevaderas que las presentes, de modo que en todos los casos quebrantar la justicia sea para el que a ella faltare malo y feo? ¿Lo decimos así o no? Critón, Lo decimos. [49b] Sócrates: Así que en manera alguna hay que faltar la justicia. [49b] Critón: No por cierto. [49b] Sócrates: Ni hay que devolver injusticia por injusticia, como piensan los Más, puesto que en manera alguna hay que faltar a la justicia. [49b] Critón: Evidentemente, no. [49b] Sócrates: Pero ¿qué dices a esto, Critón: hay que hacer el mal o no? [49b] Critón: No, Sócrates; no hay que hacerlo. [49b] Sócrates: Y ¿qué dices a estotro: devolver mal por mal, es, como creen los Más, justo o no lo es? [49b] Critón: No lo es en modo alguno. [49b] Sócrates: Y no lo es porque en nada se diferencia hacer mal y faltar a la justicia. [49b] Critón: Dices verdad. [49b] Sócrates: Así que, según esto, no hay que devolver injusticia por injusticia ni hacer mal a nadie, sea cual fuere el mal que uno reciba. Y mira, Critón, que, al convenir Sócrates, en esto, no admitas algo contra tus convicciones, pues sé muy bien que a muy pocos parecen y parecerán así tales cosas, y que no hay manera de poner de acuerdo a los que les parecen así y a los que no les parecen lo mismo; más aún, se desprecian por necesidad mutuamente, viendo los unos las decisiones de los otros. Considera, pues, una vez más y con mayor cuidado, si convienes en esto y compartes conmigo cesta opinión que va servirnos de principio en nuestras deliberaciones, a saber: que en modo ni manera alguna es correcto ser injusto, ni aun serlo con quien lo fue, ni por haber sufrido un mal defenderse hacienda por contrapartida otro mal. O ¿es que rechazas y no compartes conmigo este principio? Que a mí desde siempre y aun ahora me parece ser así, pero si a ti Sócrates, te ha parecido y parece, por el motivo que sea, otra cosa, dilo instrúyeme. Mas si estás aún a lo dicho escucha lo siguiente. [49e] Critón: Estoy a lo dicho y lo comparto; di pues. [49e] Sócrates: Digo lo siguiente, más bien pregunto: si uno ha dado palabra a otro de hacer algo, suponiendo siempre que sea justo, ¿ha de hacérselo o bien defraudarlo? [49e] Critón: Ha de hacerlo. [50a] Sócrates: Pues según esto, mira: si nos escapásemos de aquí, desobedeciendo a la Ciudad, ¿no ocasionaremos mal algunos y precisamente a aquellos a quienes menos hay que hacerlo? ¿No es así? ¿Mantenemos la palabra dada, justa como es, o no? [50a] Critón: Sócrates, no tengo qué responder a lo que me preguntas, porque no lo entiendo. [50a] Sócrates: Míralo desde estotro punto de vista: si, estando ya en el paso mismo de escaparnos de aquí, —haya que llamarlo con este o con otro nombre—, llegaran las leyes, se presentase la mancomunidad de la Ciudad y preguntaran: “dime, Sócrates, ¿qué es lo que estás pensando hacer? ¿Qué piensas con esta obra que estás emprendiendo, destruirnos a nosotras, las Leyes, y en cuanto está de tu parte la Ciudad entera?¿O crees que puede persistir sin arruinarse aquella Ciudad en que las decisiones judiciales nada puedan, y en que los particulares las anulen y depongan de su señorío?”. ¿Qué responderemos, Critón, a estas y semejantes cosas? Aun sin ser orador muchas cosas tendría uno que decir acerca de tal tropelía cometida precisamente contra la Ley co que confiere señorío a las decisiones judiciales. ¿O les responderemos que es la Ciudad quien nos hace injusticia y no sentenció correctamente en muestro juicio? ¿Responderemos otra cosa, o esta precisamente? [50b] Critón: ¡Por Júpiter!, Sócrates, esto precisamente. [50b] Sócrates: Pues ¿qué si dijeran las leyes?: “Sócrates, ¿que no convinimos nosotras y tú en acatar las decisiones judiciales por las que la Ciudad da su juicio?”. Y si nos admirara el oírlas hablar así, tal vez nos dirían: "no te admires de lo que decimos, Sócrates; sino respóndenos, ya que está muy en tus costumbres eso de preguntar y responder”. [50d] Sócrates: Veamos, pues: ¿qué tienes contra nosotras para que te empeñes en destruimos a nosotras y a la Ciudad? ¿Que no somos, en primer Jugar, las que te engendramos y según las ave tu padre tomó por esposa a tu madre y te dieron el ser? Dinos, pues, a nosotras las Leyes sobre el matrimonio qué es lo que como no bello tienes que echarnos en cara. —Nada tengo que echaros en cara, respondería. Pero, y ¿las que legislamos sobre el cuidado y educación de la prole y según las cuales tú mismo has sido educado?; que las que a este particular estamos dedicadas ¿no mandamos bellamente al ordenar a tu padre te educase en música y gimnástica? —Bellamente ordenáis, respondería yo. Sea; ahora, sin embargo, después de engendrado, bien cuidado e instruido, ¿es precisamente cuando tienes que decirnos que no eres nuestro: nuestro engendro y nuestro siervo, tú y tus progenitores? Y si esto es así ¿piensas que la justicia está por igual de tu parte y de la nuestra, de modo que tengas por justo hacernos a nosotras lo que nosotras hagamos contigo?, que ni aun respecto de tu padre y de tu señor, si lo tuvieras, estaría la justicia a la par contigo, de manera que a trato recibido trato vuelto; a palabra Sócrates, malsonante, réplica en contra, golpe por golpe, y así de lo demás. Y ¿piensas que respecto de la Patria y de las Leyes te estará permitido, caso de que nosotras intentemos deshacernos de Hi por creerlo justo, que tú a tu vez atentes, en la medida de tus fuerzas, contra nosotras las Leyes y la Patria; y sobre esto digas que, haciéndolo, tú obras según justicia: el de veras gran preocupado por la virtud? ¿O de tan sabio olvidaste que es la Patria muy más veneranda y sagrada que padre, madre y todos los demás progenitores juntos; que a la Patria corresponde y le dan la mejor parte Dioses y aun Sócrates, los hombres de entendimiento; que se debe reverenciar y obedecer y tener para con la Patria airada mayores miramientos que con un padre, y que se debe o persuadirla o hacer lo que prescriba, sufrir lo que manda se sufra, y llevar en paciencia si ordena azotes y cadenas? Y si envía a la guerra, para ser heridos o para morir, hay que hacerlo, que así es justo, sin huir el cuerpo, sin retroceder, sin abandonar la fila; y en guerra, en tribunal, en todas partes hay qu hacer lo que manden Ciudad y Patria, o tratar de persuadirlas en lo que permita la justicia, mas no hacerles fuerza; que si no es piadoso hacérsela ni a madre ni a padre, muchísimo menos lo será hacérsela a la Patria”, —¿Qué responderemos, Critón, a todo esto?; ¿que las Leyes dicen verdad o no? [51b] Critón: La dicen, a mi parecer. [51b] Sócrates: “Considera, pues, Sócrates”, tal vez continuarían diciendo las Leyes, “que si nosotras decimos verdad, no es justo que intentes en contra nuestra llevar a cabo lo que ahora estás emprendiendo; que nosotras fuimos las que te engendramos, cuidamos e instruimos, regalándote a ti y a Sócrates, todos los demás ciudadanos, cuanto teníamos de bello; y con todo proclamamos en plaza pública la facultad —que hemos otorgado al ateniense que, reconocido por mayor de edad, note que no le agradan ni las cosas de la Ciudad ni nosotras sus Leyes— de salirse si lo quiere, llevarse sus cosas Sócrates, irse con ellas a donde le plazca. Y ninguna de nosotras, las Leyes, le pone obstáculo alguno ni trata públicamente de disuadírselo, si quiere irse una de nuestras colonias, caso de que no le agrademos ni nosotras ni la Ciudad; y lo mismo si quiere irse a país extranjero, —que se vaya a donde quiera, llevándose lo suyo. Empero el que con nosotras se quede, decimos que, una vez visto cómo administramos justicia y gobernamos en lo demás a la Ciudad, por tal hecho queda convenido con nosotras que deberá hacer lo que mandemos; y decimos que el desobediente falta triplemente a la justicia: porque no obedece a las que lo engendramos, porque tampoco obedece quienes lo cuidamos, porque, habiendo convenido en obedecernos, no nos obedece ni nos convence, en caso de que Sócrates, hagamos algo no bello; y a pesar de que de antemano le propusimos lo que mandamos y no se lo imponemos violentamente, con todo, de la alternativa que le damos: o convencernos o hacer lo mandado, no hace ninguna de las dos cosas. Pues bien: en estos capítulos de acusación, Sócrates, te decimos que incurrirás si pones en obra lo que estás pensando, e incurrirás en ellos no como uno cualquiera de los atenienses, sino como el que más de los que más”. Pero si yo les contestara: “y ¿por qué?”, tal vez me respondieran en justicia, cogiéndome la palabra, que en este acuerdo me hallo comprometido como el que más de los atenienses; porque me dirían: "Sócrates, grandes Sócrates, testimonios tenemos de que nosotras y la Ciudad hemos sido de tu agrado; que, si por excepcional manera no te hubiéramos agradado, no habrías hecho de esta Ciudad tu estancia preferida, con predilección mayor tal vez que la de todos los atenienses, puesto que ni siquiera para ver un espectáculo saliste nunca de la Ciudad, a no ser una sola vez al Istmo; ni fuiste a otra parte alguna sino por servicio militar, ni hiciste jamás excursiones, como los demás hombres, ni te entraron ganas de ver con tus propios ojos otras ciudades y otras leyes, sino que nosotras te satisficimos y le satisfizo Sócrates, nuestra Ciudad, ¡Tanto es lo que nos distinguiste, y tanto lo que aceptaste nuestra ciudadanía!, aun dejando aparte que en ella, como en ciudad de tus complacencias, engendraste a tus hijos. Más aún: en este mismo proceso judicial estuvo en tu mano ponerte cual castigo el destierro, sí así lo hubieras querido, y haber hecho entonces con el consentimiento de la Ciudad lo que ahora contra su consentimiento emprendes. Mas en aquella oportunidad te vanagloriaste de que no se te daba nada de tener que morir, sino que preferías más bien, como dijiste, la muerte al destierro. Pero ahora ni te avergüenzas de lo que dijiste ni nos respetas a nosotras las Leyes, puesto que te has propuesto destruirnos, y obras como lo hiciera el más vil de los esclavos, intentando fugarse contra aquellos contratos y conciertos según los cuales conviniste en vivir como ciudadano nuestro. Respóndenos, pues, ante todo, a esto: si decimos verdad al afirmar que conviniste do con palabras sino con obras en regirte por nosotras en tu condición de ciudadano. ¿O no es verdad?”, ¿Qué otra cosa responderemos a esto, Critón, sino que Es así? [52e] Critón: Por necesidad, Sócrates. [52e] Sócrates: ¿Qué otra cosa? dirían, sino que "pisoteas tus compromisos y conciertos con nosotras, y eso que no los contrajiste forzado, ni engañado, ni constreñido a decidirte en breve tiempo sino en setenta años, durante los cuales te era lícito marcharte si no te agradábamos y si tus conciertos con nosotras ya no te parecían justos. Por el contrario: no escogiste ni a Esparta ni a Creta, tan ensalzadas siempre por ti a causa de sus Leyes, ni otra ciudad alguna griega o bárbara; y saliste de esta Ciudad Sócrates, menos que los cojos, ciegos y demás estropeados, quedando así de manifiesto que nosotras: las Leyes y la Ciudad te agradábamos por manera más excepcional que a los demás atenienses. Pero ¿a quién agradaría una Ciudad sin Leyes? ¿Cómo ES, pues, que no estás a lo convenido? Que si nos obedeces. [53a] Sócrates: te librarás hasta de hacer el ridículo escapándote de la Ciudad. Porque mira: con tales contravenciones y semejantes errores ¿qué bienes vas a conseguir para ti y para tus allegados? Porque es casi casi evidente que tus allegados Sócrates, correrán el riesgo o de ser desterrados y quedar así privados de su Ciudad o el de tener que perder sus haciendas. Y tú mismo, Sócrates, una vez que hayas llegado a alguna de las ciudades más próximas —a Tebas o Megara: Ciudades de las buenas en leyes— vendrás a ser enemigo de sus gobiernos; y todos cuantos se preocupen de sus propias ciudades te mirarán con malos ojos, cual a destructor de las leyes; y corroborarás a los jueces en la opinión de que te han juzgado justa y correctamente, porque el destructor de las leyes Sócrates, da mucho que pensar no lo sea también de jóvenes y hombres insensatos. ¿O huirás tal vez de las Ciudades buenas en leyes y de los hombres más honorables? Y en caso de hacerlo así, ¿tu vida valdrá la pena de ser vivida? Y si te tratas con ellos y pones de lado toda vergüenza al dialogar con los mismos, ¿cuáles serán tus razonamientos, Sócrates? ¿No serán los mismos que aquí: que la virtud y la justicia, que lo legal y las leyes son lo que más dignifica al hombre? Y ¿no ves la mala figura que entonces presentaría la conducta de Sócrates? Hay que pensarlo. Pero te vas de estas partes, y te llegas a Tesalia, a casa de los huéspedes de Critón. Allí sí que hay total falta de orden y máxima licencia, y tal vez oirían con gusto la graciosa manera como te evadiste de prisión; el traje que te pusiste: pelliza u otra cosa por el estilo con que suelen disfrazarse los fugitivos y cambiarse así de figura. Mas ¿no habrá quien se pregunte por qué un varón —a quien, según todas las apariencias, no queda gran cosa de vida— tiene la audacia de querer vivir, y con tanto desenfreno que se salta las más altas leyes? Tal vez no lo haya, si no te metes con nadie; que si te metes, habrás de oír muchas cosas no dignas de ti, y llegarás a vivir sometido a todos y de todos esclavo. Y ¿qué otra cosa vas a hacer en Tesalia sino andar de fiesta en fiesta, cual si te hubieras ido allá invitado a banquetes? Y aquellos tus razonamientos sobre justicia y sobre Sócrates, las demás virtudes, ¿en qué van a quedar? ¿Pero tal vez quieras vivir por tus hijos, para criarlos y educarlos llevándotelos a Tesalia, para que gusten a qué sabe eso de ser extranjero? O, si no lo haces así, y se los educa mientras tú vives, ¿van a resultar mejor criados e instruidos no estando tú con ellos? —Sí, porque tus parientes los tomarán a su cuidado; mas, ¿cuidarán de ellos caso de que te vayas a Tesalia, y no van a hacerlo si te vas al Hades? Hay que pensar que, si Sócrates, en algo pueden ayudar los que se dicen tus parientes, lo harán. Pero, por sobre todo, Sócrates, obedécenos a las que te hemos criado y no tengas ni a los hijos ni a la vida ni a otra cosa alguna en más que a la justicia; para que, en llegando que llegues al Hades, te sirva todo esto de defensa ante los que allá mandan. Que ni siquiera aquí te parece poder ya hacer, ni para ti ni para ningún otro de tus allegados, cosa mejor ni más justa ni más piadosa; y, una vez llegado al Hades, tampoco hallarás otra mejor. Que si ahora te vas de aquí, te vas no por injusticia de nosotras las Leyes, sino por Sócrates, injusticia de hombres. Mas si te fugaras, devolviendo feamente injusticia por injusticia, mal por mal, transgrediendo tus conciertos y compromisos para con nosotras e infiriendo mal a los que menos se debe —a ti mismo, a los amigos, a la Patria, a nosotras—, mientras aquí vivieres estaremos nosotras irritadas contra ti, y allá nuestras hermanas, las leyes del Hades, no te acogerán benévolamente, sabiendo que, en cuanto estuvo de tu parte, intentaste destruirnos. Que no te persuada, pues. Critón a hacer lo que él dice, y no más bien lo que nosotras decimos”. Esto es, sábelo bien; querido compañero Critón, lo que me parece estar oyendo; y cual creen los coribantes oír a las flautas, así el eco mismo de esas palabras resuena en mí, y hace imposible que escuche otras. Pero sábete que, por lo que me está pareciendo, será en vano cuanto en contra dijeres. Si, con todo, crees aún poder obtener algo más, dilo. [54e] Critón: Sócrates, nada tengo que decir. [54e] Sócrates: Dejemos, pues, correr las cosas, Critón; y hagámoslo así, puesto que así lo dispone Dios.