Demódoco — Plato ================ ΔΗΜΟΔΟΚΟΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/demod/ This file: https://plato-scroll.com/text/demod-h.txt Other editions of this work: - George Burges: https://plato-scroll.com/text/demod.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [380a] —Me ruegas, Demódoco, que os aconseje sobre lo que, reunidos, vais a deliberar. Mas acúdeme ponerme a considerar qué puede resultar de vuestra reunión; qué, el interés de quienes se ponen a aconsejaros; y qué, el voto que cada uno de vosotros piensa dar. [380a] Porque, por una parte, si no hay cómo aconsejar correcta y experimentadamente acerca de lo que, reunidos, vais a deliberar, ¿cómo no va a ser ridículo reunirse a deliberar sobre lo que no es correcto deliberar? Por otra parte, si hay cómo deliberar correcta y experimentadamente en algo, mas no hay ciencia alguna de la que proceda el deliberar acerca de ello correcta y experimentadamente, ¿cómo no va a ser desconcertante? [380b] Empero, si hay una ciencia según la cual deliberar correctamente acerca de algo, ¿no es necesario el que haya también entendidos en deliberar correctamente sobre ello? Mas si hay tales entendidos en deliberar acerca de lo que, reunidos, vais a deliberar, ¿no es necesario el que o vosotros tengáis, o que no tengáis, tal ciencia acerca de lo a deliberar, o que algunos de vosotros la tengan y otros no la tengan. Si todos la tenéis, - ¿qué falta hace reuniros para deliberar? Con uno cualquiera de vosotros basta para deliberar. Pero si, a su vez, todos no la tenéis, ¿cómo podríais deliberar? ¿O qué provecho sacaríais de tal reunión, por no ser capaces de deliberar? Pero si hay entre vosotros quienes tienen tal ciencia y otros que no la tienen, y éstos necesitan de consejo, en caso de ser posible el que varón sensato dé consejos a inexperimentados, basta. [380d] ciertamente, con uno para los que, entre vosotros, no la tienen. [380d] ¿Que todos los entendidos no aconsejan lo mismo?, así que. [380d] en oyendo vosotros al entendido, lo pertinente es disolver la reunión. Pero no lo hacéis, y queréis ofr a multitud de consejeros; luego no suponéis que quienes se ponen a aconsejaros entiendan de lo que van a aconsejaros; porque si supusiérais que lo saben vuestros consejeros, os bastará con oír a uno solo. Pues bien: reunirse para escuchar a ignorantes, cual si fuera gran cosa, ¿cómo no va a ser desconcertante? Acerca, pues, de esta vuestra reunión, tal es mi dificultad. [381a] Mas en cuanto al interés de quienes pretenden aconsejaros, mi dificultad es: si, al aconsejar, no aconsejan lo mismo sobre lo mismo, ¿cómo todos juntos aconsejarían bellamente, no aconsejando lo que aconsejaría un correcto consejero? O, ¿cómo no sería desconcertante ese interés de quienes se empeñan en aconsejar acerca de aquello en que están inexperimentados? Porque, de ser experimentados, no van a proponerse aconsejar mal. Pero, a su vez, si aconsejan lo mismo, ¿qué falta hace el que aconsejen todos?, porque con uno de ellos bastará para tal consejo. Empeñarse, pues, en lo que nada reporta, ¿cómo no va a ser ridículo? Luego el interés de los inexperimentados no hay cómo no resulte desconcertante, y que no lo sea el que varones sensatos se interesen por tales cosas, sabiendo que uno de ellos hará lo mismo: aconsejar cual conviene. De manera que, ¿cómo no va a ser ridículo el interés de quienes piensan aconsejaros? No hallo cómo. [381c] En cuanto a qué valga el voto que pensáis dar, mi desconcierto es máximo. Porque, ¿escogéis que sean los entendidos quienes os aconsejen?; mas no os aconsejarán cual si fueran más de uno, ni de diversas maneras sobre lo mismo. Así que, sobre ello, no hará falta que deis vuestro voto. Pero, ¿escogéis a los inexperimentados, y a quienes aconsejan como no se debe? ¿O lo conveniente es no encomendar a los tales, cual a locos, eso de aconsejar? Mas si no escogéis ni a los experimentados ni a los inexperimentados, ¿a quiénes escogéis? Pero, para comenzar, ¿qué falta os hace, en absoluto, aconsejaros de otros, si sois capaces de juzgar vosotros tales cosas? Pero si no sois capaces, ¿qué valor tienen para vosotros los votos? ¿Cómo no va a ser ridículo reunirnos a deliberar, cual si necesitarais de consejos y no fuerais capaces vosotros mismos; y, reunidos, pensar haber de votar, como si fueseis capaces de juzgar? [381e] Porque, uno por uno no sabéis; no vais, reunidos, a re saltar entendidos. Ni que, desorientados en privado, dejéis de estarlo al reuniros; resultéis, más bien, capaces de percibir lo a que habéis de hacer, sin haberlo aprendido de nadie, sin haberlo vosotros encontrado, —que es lo más desconcertante de todo. Porque, ciertamente, no pudiendo percibir lo que debe hacerse, no vais a resultar capaces de escoger a quien os enseñará lo que debéis hacer y a separar a los que os aconsejan mal o ho, y esto en poco rato y siendo tantos vosotros. Que esto no sería patentemente, menos sorprendente que aquello. Pero si ni la reunión ni el consejero os hacen capaces de juzgar, ¿qué necesidad tenéis de votar? O, ¿cómo eso de reuniros no contradirá a esotro de votar; y los votos, al interés de quienes os aconsejan?, porque os reunís cual si, por incapaces, necesitarais de consejero; mas los votos se dan cual si no necesitarais de consejeros, sino fueseis capaces de juzgar y aconsejar. Por otra parte el interés de quienes os aconsejan, lo es de entendidos; mas vuestros votos los dais cual si los consejeros no fueran entendidos. Y si alguien os preguntara a vosotros después de votar —y a quien os aconsejó acerca de lo que se había de votar: ¿sabéis si se realizará lo que pensabais conseguir con el voto?, —no creo que la aseguréis. Pero, ¿qué?: si se realizara lo que pensabais conseguir por él, ¿sabéis si os ayudará? No creo lo aseguréis ni vosotros ni vuestro consejero, ¿Quién de los humanos podemos suponer sepa algo de esto? Si alguien os repreguntara esto, creo que tampoco lo concederíais. Cuando, pues, las objetivos de vuestras deliberaciones no estén claros, y tanto los votantes como los consejeros sean inexperimentados, es verosímil que —aun vosotros mismos, lo afirmaréis— caigáis en desconfianza y os arrepintáis frecuentemente, aun de lo aconsejada y votado. No es probable el que pasen tales cosas a los buenos, porque saben qué es lo que aconsejan; ni a los convencidos por ellos, porque conocen conm certeza por qué razones les aconsejan; así que ni ellos ni los convencidos se arrepentirán jamás. Acerca de esto, pues, supuse precisamente yo que valía la pena de hacerse aconsejar por gentes de entendimiento; pero no, acerca de lo que me exiges aconseje. Del consejo de aquéllos es resultado la buenaventura; mas de sus vaguedades lo es la malaventura. [382e] Estaba presente mientras un hombre reprendía al su compañero porque daba fe al acusador, y sí sólo al acusador. sin haber oído al defensor. Decíale, pues: “harías algo espantoso condenando sin más a un hombre sin haberlo escuchado tú mismo ni oído de boca de amigos presentes palabras de que es natural te fiaras. No habiendo oído a ambos, tan apresuradamente diste fe al acusador. Además, lo justo es oír al defensor antes de aprobar o reprender, —como lo es oír también al acusador. Porque, ¿cómo podría juzgarse bellamente un juicio o sentenciar según las formas a un hombre, sin haber oído a ambos contendores? Que comparando los razonamientos, cual a púrpura con oro, es como se sentencia mejor. ¿Para qué, si no, se da a ambos contendores un cierto tiempo, o para qué se hace jurar a los jueces escuchar igualmente a ambos, si no supusiera el legislador que los jueces sentencian así los juicios de más justiciera y mejor manera? Pero me parece que ni siquiera el tan común refrán has oído. [383c] — '"'No juzgues juicio, antes de haber a ambos oído”. Por cierto que no circularía tanto si no estuviera dicho de tan bella y conveniente manera. Te aconsejo, pues, añadió, que, en adelante, ni reprendas ni alabes a los hombres tan precipitadamente. [383c] Pues bien: el compañero replicó parecerle bien extraño el que si no era posible, hablando uno solo, conocer si dice la verdad o miente, fuere posible conocerlo en siendo dos. ¡Que no sea posible aprender la verdad de quien la está diciendo, mas que sea factible el aprenderla de él y de otro que mienta! Y, si hablando uno solo, no va a poder hacer evidentes la corrección y verdad de.lo que dice; hablando dos, uno de los cuales mienta y no diga lo correcto, ¿podrán poner en claro lo que no fue capaz de poner en claro quien correctamente habló?, Pero además, dijo, nos queda la dificultad de cómo lo pondrán en claro, si callando o hablando. Porque, si callando lo declaran, no hacía falta ofr ni a uno de ellos, ni a los dos. Mas si los dos hacen su declaración hablando, en modo alguno hablan a la vez los dos —ya que cada uno ha de hablar, como se manda, en su turno. ¿Cómo será factible que los dos a la vez hagan su declaración?, porque si a la vez los dos la hacen, habrá, entonces, de hablar a la vez. No queda, pues, sino que, caso de hacer la declaración hablando, cada uno la haga al hablar, y así, cuando uno de los dos hable, entonces también cada uno de ellos hará su declaración. Así que uno de los dos hablará primero; y el otro, después. Uno de ellos hará primero su declaración; el otro, después. Mas si cada uno de ellos hace su declaración a su turno, ¿qué falta hace ya oír al siguiente?, porque, en hablando el primero, ya la cosa quedará clara. Pero, añadió, si ambos hacen su declaración, ¿cómo no va a hacerla uno de ellos?, porque si uno de ellos no declara, ¿cómo podrían ambos declarar? Mas si cada uno de ellos declara, evidentemente quien hable primero declarará el primero. De modo que quien lo siga a él solo no podrá menos de conocer cómo es el asunto. [384a] Pues bien: oyéndolos, me desconcerté y no fui capaz de juzgar, porque los demás presentes afirman que decía verdad el primero. Si, pues, con algo puedes ayudarme en este asunto: con que uno de ellos hable, ¿basta para conocer si dice lo correcto?, o hace falta aún del contradictor, si se ha de llegar a conocer si el otro dice lo correcto? ¿O no es necesario oír a ambos? ¿Cómo piensas? [384b] Hace bien poco un hombre acusaba a otro de que ni le prestaba plata ni quería confiar en él. Y se defendía contra el que de ello le acusaba. Mas uno de los presentes preguntó al acusador si quien faltó fue precisamente quien no confió en él ni le prestó. [384c] —¿No has sido tú quien ha faltado, al no poder convencerlo de que te prestara? [384c] —Mas yo, ¿en qué falté? —replicó. [384c] —¿Cuál de los dos, añadió, te parece faltó? ¿Quien alcanza o quien no alcanza lo que quería? [384c] —Quien no lo alcanza, respondió. [384c] —Pues bien, añadió, ¿no eres tú quien. queriendo un préstamo no lo alcanzaste?; ¿mas el otro no alcanzó eso de no concedértelo? [384c] —Sí, respondió. Pero yo, ¿por qué falté; si él ni siquiera lo dio? [384c] —Porque, añadió, si le pediste lo no debido, ¿cómo no caes en cuenta de que faltaste? Pero obró correctamente aquél, al no concedértelo. Mas si pidiéndole lo debido, no lo alcanzas, ¿cómo, por necesidad, no has faltado? [384d] —Tal vez, respondió. Mas el otro: el que no confió en mí, ¿cómo es que no faltó? [384d] —Si lo hubieras tú tratado de conveniente manera, añadió, no habrías fallado en nada. [384d] —Luego no te trataste con él cual conviene. [384d] —Si, pues, por no haberte tratado con él cual ' conviene no confío en ti, ¿cómo lo acusarías justicieramente? [384d] —No tenga qué responder. [384e] —¿Ni siquiera tienes qué responder a eso de ni atender a quienes se conducen mal? [384e] —A esto, sí, y mucho, —contestó. [384e] —Pero, añadió, quienes no tratan a otro cual conviene, ¿no le parece que se conducen mal? [384e] A mí, sí, —respondió. [384e] —¿En qué, pues, faltó aquel si no atendió a quien como ú se condujo mal? [384e] —Evidentemente, en nada, —respondió. [384e] —¿Por qué, pues, añadió, los hombres se acusan mutuamente por tales cosas, y a quienes no logran persuadir les reprochan el que no se hayan persuadido; mas a sí mismos, por no persuadirlos, en nada se lo reprochan? Y otro de los presentes dijo: cuando, pues, tino ha tratado bien a otro y le ha ayudado, mas después, juzgándose digno de que se le trate parecidamente, no lo consigue, ¿cómo no va a SEr casi natural el que se lo reproche? [385a] —Pues bien, replicó: el que juzgaba él que debía tratarle de parecida manera, ¿podía o no podía tratarle bellamente? Si no podía, ¿cómo juzgar que algo se le debía bellamente, juzgando que no podía? Mas si podía, ¿cómo es que no se lo persuadió a tal hombre? ¿O es que quienes tal dicen lo dicen bellamente? [385b] —¡Por Júpiter!, que sí, replicó; hay que reprochárselo para que en adelante lo trate mejor él, —y los demás amigos que le oyeron reprochárselo. [385b] —¿Crees que lo traten mejor, añadió, quienes oigan a uno que hable correctamente y de lo que se le debe, o a quien falle en esto? [385b] —A quien hable correctamente, respondió. [385b] —¿Que no te pareció pedir aquél correctamente lo debido? [385b] —Pues, ¿cómo lo tratarán mejor quienes oigan tales reproches? [385b] —No hay modo, contestó. [385b] ¿Para qué, pues, hacer tales reproches? [385b] —No sabría, afirmó, hallar para qué. [385b] Acusaba un hombre a otro de simplonería porque creía deprisa y a las palabras de cualquier encontradizo. Porque creer a palabras de conciudadanos y familiares, es razonable. Mas creer a hombres a quienes anteriormente ni se vio ni se oyó, y esto no ignorando el que la mayoría de los hombres son presuntuosos y malvados, señal es, y no pequeña, de simplonería. [385d] Y uno de los presentes dijo: yo creía que tenías a quien captara prestamente algo, fuera lo que fuere, por de valía mayor que a quien lentamente. [385d] —Pues por tal lo tengo, respondió él. [385d] —¿Qué es, pues, añadió el otro, lo que reprochas en quien prestamente cree aun a cualquier encontradizo que diga la verdad? [385d] —Pero no es eso lo que reprocho, contestó, sino el que crea prestamente a quienes dicen mentiras. [385d] —Mas si creyera al cabo de más tiempo, y no a los encontradizos, y se dejara engañar, ¿no se lo reprocharías aún más? [385e] —¿Será porque creyó lentamente, y no a los encontradizos? [385e] —¡Por Júpiter! [385e] —No pienso, añadió, supongas que se deban hacer reproches por esto a un hombre, sino porque cree en quienes dicen lo increíble. [385e] —Así es por cierto, replicó. [385e] —Así que, añadió el otro. Por lo de creer “lentamente” y por lo de "no a los encontradizos” no piensas merezca reproches, ¿mas los merezca por creer lo de “prestamente” y por lo de “a los encontradizos”? [385e] Yo, no, —respondió. [385e] ¿Qué, pues, le reprochas? [385e] —Que falta, por creer, antes de ponerse a considerarlo, prestamente a los encontradizos. [386a] —Mas si, antes de ponerse a considerarlo, hubiera creído lentamente, ¿no faltara? [386a] —¡Por Júpiter!, respondió, también así faltara, y no menos. Que, pienso, no ha de creerse a encontradizos. [386a] —Mas si piensas que no ha de creerse a los encontradizos, ¿conviene de alguna manera creer prestamente a los desconocidos? ¿No piensas se ha de considerar antes si dicen la verdad? [386a] —Cuando se trata, añadió el otro, de familiares y conocidos, ¿no habrá de considerarse si dicen verdad? [386a] —Tal vez lo afirmaría, contestó. [386a] —¿Tal vez, porque aun algunos de ellos, añadió el otro, dicen cosas increíbles? [386a] —Y mucho, contestó. [386b] —Pues, añadió el otro, ¿por qué es más razonable creer en los familiares y conocidos que en los encontradizos? [386b] —No tengo qué decir, contestó. [386b] —Pero, ¿qué?: si se ha de creer a los familiares más que a los encontradizos, ¿no habrá que tenerlos también como más de fiar que a los encontradizos? [386b] —Pues, ¿cómo no?, —dijo. [386b] —Si, pues, para unos, son familiares, mas para otros, desconocidos, ¿cómo no habrá de tenerse a los mismos hombres por más y por menos de fiar?, porque no hay que tener por igualmente de fiar a los familiares y a los desconocidos, como afirmas. [386b] —No me place, contestó. [386b] —Parecidamente, añadió el otro, respecto de lo dicho por ellos: unos, lo creerán; otros, lo tendrán por no de fiar, y nadie de estas dos clases se equivocará. [386b] —¡Cosa absurda!, contestó. [386b] “No hay, pues, que creer parecidamente a los que dicen lo mismo que otros dicen. [386b] —Es de creer, contestó. [386b] Pues bien: oyéndoles decir tales cosas, me desconcerté no sabiendo a quiénes hay que creer y a quiénes no; y si a los dignos de fe y que sepan de qué hablan, más bien que a familiares y conocidas. [386e] Acerca, pues, de esto, ¿qué piensas?