Eutifron — Plato ================ ΕΥΘΥΦΡΩΝ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/euth/ This file: https://plato-scroll.com/text/euth-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/euth.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/euth-b.txt - H.N. Fowler (Loeb, 1914): https://plato-scroll.com/text/euth-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/euth-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/euth-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [2a] Eutifron: ¿Qué novedad te ha pasado, Sócrates, para que dejes tus pasatiempos en el Liceo y te vengas a pasarlos ahora aquí precisamente junto al pórtico del rey? Que de seguro no te trae aquí, ante el rey, acción alguna judicial como me trae a mí. [2a] Sócrates: Eutifron, los atenienses no lo llaman, por cierto, acción judicial sino acusación escrita. [2b] Eutifron: ¿Qué dices?: ¿que alguien, al parecer, presentó contra ti acusación escrita?, porque no me persuadiré a que tú la hayas presentado contra otro. [2b] Sócrates: Pues no. [2b] Eutifron: ¿Así que otro contra ti? [2b] Sócrates: Así Es, por cierto. [2b] Eutifron: Y ¿quién es el tal? [2b] Sócrates: Ni yo mismo conozco gran cosa a tal varón, Eutifron; porque me parece ser joven y desconocido; lo llaman, según creo, Méleto; y es del lugar Pithos; tal vez tengas presente a un tal Méleto, piteo, lacio de pelo, menguado de barba y de nariz ganchuda. [2b] Eutifron: Pues no lo tengo, Sócrates. Pero ¿qué ha escrito en esa acusación? [2b] Sócrates: ¿Qué?: algo no vulgar, a mi parecer; que no es poca cosa, por cierto, entender ya de tan joven sobre tan grandes asuntos. Que, como dice, él mismo sabe cómo se están echando a perder los jóvenes y quiénes son las que los pervierten. Y aun me parece ir para sabio; porque habiendo calado mi ignorancia, acude a la Ciudad, como a madre, para acusarme de que pervierto a los coetáneos de él. Y me parece aún más: que entre los políticos él es el único Sócrates, que lleva recto principio, pues lo correcto es preocuparse ante todo y primero de los jóvenes para que lleguen a óptimos, a la manera que el buen labrador se preocupa razonablemente de las plantas tiernas primero, y después de las demás. Y así, pues. Méleto comienza, tal vez, por deshacerse de nosotros, los que echamos a perder los renuevos jóvenes. [3a] Sócrates: como él dice; inmediatamente después se preocupará, es claro, de los más viejos, con lo cual llegará a ser, para esta Ciudad, causa de muchísimos y máximos bienes, que razonablemente eso debe esperarse de quien con tales principios comienza. [3a] Eutifron: ¡Qué otra cosa quisiéramos, Sócrates!; mas me temo que va a suceder lo contrario; porque, poniendo sus manos en ti, me parece simplemente que comienza a hacer mal a la Ciudad en su Hogar mismo. Pero dime, además: ¿con qué acciones tuyas dice que perviertes a los jóvenes? [3a] Sócrates: Con cosas desconcertantes, de sólo oírlas, Eutifron [3b] Sócrates: admirable; pues dice que me invento dioses; y, por inventármelos nuevos y no reconocer a los viejos, ha escrito contra mí su acusación. Así lo dice. [3b] Eutifron: Entiendo, Sócrates, que debe ser por lo daimoníaco que, según tú dices, tienes siempre contigo. Así que como contra innovador en cosas divinas ha suscrito contra ti esta acusación y viene al juzgado para calumniarte, sabiendo de buen saber que, a los ojos de las gentes, tales cosas se prestan más que otra alguna a la calumnia. Que aún a mí mismo, cuando en la asamblea digo algunas cosas sobre las divinas, prediciéndoles lo que va a ocurrir, se me ríen Eutifron, como si fuera loco; y eso que ninguna cosa de las que he predicho ha dejado de salir verdad; a pesar de lo cual, tienen envidia a todos los que somos como tú y yo. Mas no hay que preocuparse lo más mínimo de ellos, sino seguir cada uno su camino. [3c] Sócrates: Pero, querido Eutifron, eso de que se rían de uno tal vez no sea cosa mayor; puesto que los atenienses, por lo que veo, no se preocupan gran cosa de los que les parecen instruidos si éstos por su parte no se meten a enseñar a otros su propia sabiduría. Ahora que contra quien, a su parecer, haga a otros instruidos, se llenan de animosidad, sea por envidia, como tú dices, a por otro motivo. [3c] Eutifron: No me animo, pues, demasiado a experimentar en este punto cómo se portarán conmigo. [3c] Sócrates: Mas tal vez esto porque das las impresión de mantenerte parco en palabras y de no querer enseñar tu propia sabiduría. Empero, por lo que hace a mí, me temo no darles la impresión de que hago por amor-a-los-hombres eso de derramarme en palabras para todos, no solamente sin paga alguna, mas dándola yo de buena gana a quien quisiera escucharme. Si, pues, como estaba diciendo, les diera por reírse de mí, tal cual lo hacen contigo, según tú dices, no fuera por cierto cosa desagradable pasarse el tiempo en el juzgado bromeando y riendo; ahora que, si toman la cosa en serio, nadie sabe, fuera de vosotros los adivinos, cómo se terminará. [3c] Eutifron: A lo mejor en nada, Sócrates; tú te saldrás con tu justicia en este proceso, y yo espero parecidamente salirme con la mía. [3c] Sócrates: Pero, Eutifron, ¿en qué consiste tu justicia?: ¿huyes de ella o la persigues? [3c] Eutifron: Persigo. [3c] Sócrates: ¿A quién? [4a] Eutifron: Al que parece locura perseguir. [4a] Sócrates: Pues ¿qué?: ¿persigues a algún volátil? [4a] Eutifron: Mucho le falta para volar, pues da la casualidad de que se trata de un viejo bien viejo. [4a] Sócrates: ¿Quién es? [4a] Eutifron: Mi propio padre. [4a] Sócrates: ¿El tuyo, óptimo de Eutifron? [4a] Eutifron: Pues así es. [4a] Sócrates: ¿Cuál es, pues, la acusación, y de qué pides justicia? [4a] Eutifron: De un asesinato, Sócrates. [4a] Sócrates: ¡Hércules! Por seguro tengo, Eutifron, que la mayoría no llegará a comprender que haya algún caso en que esto pueda ser correcto; porque no creo que ningún advenedizo pueda llevar este caso correctamente, sino a lo más el Sócrates, que esté ya muy adelantado en sabiduría. [4b] Eutifron: Y que lo esté muy mucho, por Júpiter!, Sócrates. [4b] Sócrates: Pero ¿que el muerto por tu padre es alguno de los domésticos? Claro que lo debe ser, porque no ibas a seguir juicio a tu padre por asesinato de un extraño. [4b] Eutifron: Cosa de reír es, Sócrates, que pienses haya diferencia alguna entre que el muerto sea un extraño o un doméstico, y no haya que observar únicamente esto: si el matador mató o no en Justicia; y si con justicia, dejarlo correr; [4c] Eutifron: pero si no, hay que perseguirlo, aunque el matador comparta contigo Hogar y mesa. Y quedarás igualmente mancillado si, sabiéndolo en tu conciencia, convives con él y no te purificas de tal impiedad a ti mismo y a él, persiguiéndolo según justicia. Que por cierto el muerto era un vecino mío, y durante nuestras faenas del campo en Naxos. trabajaba allí a salario con nosotros. Habiéndose emborrachado, en un arrebato de ira estranguló a uno de los domésticos. Mi padre lo ató de pies y manos, lo echó en una fosa y envió a Atenas aun D para asesorarse del Exegeta qué se debía hacer. Mientras tanto, no se preocupó del así atado y aun lo descuidó por asesino, no dándole nada de si se moría. Lo que efectivamente pasó, pues hambre, cuerdas y frío acabaron con él antes de que el mensajero del Exegeta llegase. Pues a causa de esto precisamente mi padre y los demás de casa llevan a mal que siga juicio por este homicidio a mi padre que, según dicen ellos, no fue él quien lo mató; y más aún, aunque lo hubiera hecho, siendo el muerto a su vez homicida, no debía yo precisamente ocuparme de ello, porque impía cosa es que un hijo siga juicio a su padre por asesinato, juzgando, Sócrates, mal de las relaciones entre lo divino por una parte y lo pío y lo impío por otra. [4c] Sócrates: Pero por Júpiter!, ¿piensas tú, Eutifron, saber en verdad cómo se han entre sí las cosas divinas por una parte y lo pío y lo impío por otra, y saberlo tan apuradamente que, al obrar como obras en este caso, y tal cual lo dices, y siguiendo juicio a tu padre, no temas cometer una acción impía? [4c] Eutifron: ¡Sócrates!, nada valdría Eutifron ni en nada Eutifron, se distinguiría Eutifron frente a los demás hombres si Eutifron no conociera apuradamente todas estas cosas. [5a] Sócrates: Así, pues. Eutifron admirable, grande y grandísima cosa va a ser para mí hacerme discípulo tuyo, y, precisamente antes de la acusación que contra mí tiene escrita Méleto, adelantarme y decirle que si ya en otros tiempos tuve en mucho el saber las cosas divinas; mas ahora desde que ha dicho que tomo a la ligera lo divino, y que falto por meterme a innovador, me he hecho discípulo tuyo. Y le diría: “Méleto, si confiesas que Eutifron es sabio en estas cosas, admite también que mis opiniones son correctas y no me sigas juicio; que si no, te toca seguir juicio más bien que contra mí contra tal maestro, porque pervierte a mayores: a mí y a su padre mismo, a mí por enseñarme, a su padre por reprenderlo y castigarlo”. Y si ni me cree ni abandona el juicio, o no te lo sigue a tí en vez de a mí, diré en el juzgado estas mismas cosas que te he anticipado pensaba decirle. [5a] Eutifron: Sí, por Júpiter!, Sócrates; y si se mete a Eutifron, acusarme a mí por escrito, creo que sabría encontrarle su flaco, y en el juzgado se nos hablaría mucho más de él que de mí. [5c] Sócrates: Y porque conozco todo esto, compañero querido, anhelo hacerme discípulo tuyo; que bien veo que ni Méleto ni otro alguno pudo echarte el ojo encima; mas a mí me han calado de arriba abajo tan presto y fácilmente que hasta de impiedad me han acusado. Ahora, pues, por Júpiter!, explícame lo que tan sabiamente aseguras conocer: qué dices ser eso de pío y de impío; y esto en relación con asesinato y con todo lo demás. ¿Qué noes en todos los casos lo pio uno e idéntico consigo mismo?, y por otra parte, ¿no es lo Impío contrario a todo lo Pío, mas semejante consigo mismo?, y ¿no tiene todo lo que haya de ser impío una cierta y misma idea: la de Impiedad? [5c] Eutifron: Así de todo en todo es, Sócrates. [5c] Sócrates: Di, pues: ¿qué afirmas ser lo Pío, y qué, lo Impío? [5c] Eutifron: Digo, pues, que es lo Pío esto precisamente, que yo estoy haciendo ahora: perseguir al injusto o al que cometa asesinato, robo en sagrado, o cualquier otra fechoría, tanto que sea tu padre como que sea tu madre u otro cualquiera; y no perseguirlo es impío. Porque considera, Sócrates, el gran testimonio de que es así de ley lo que ya he expuesto a otros, de que haciendo así las cosas se hacen rectamente y de que no se debe condescender con el nefario, sea quien fuere, porque se da el caso de que los hombres mismos piensan que Júpiter es el mejor y más justo de los Dioses, y conceden con todo que él mismo encadenó a su propio Eutifron, padre, porque contra toda justicia devoró a sus propios hijos, quien a su vez por otras razones del mismo estilo había mutilado a su propio padre; y con todo se les hace insoportable que yo persiga a mi padre por malhechor. ¡Que así y tanto se contradicen ellos consigo mismos cuando se trata de los Dioses y de mí! [6a] Sócrates: Pues, Eutifron, ¿no ando yo huyendo de una acusación escrita por estos relatos precisamente, porque se me hace casi insoportable que se digan parecidas cosas de los Dioses?, y de seguro por esto dirá alguien que falto. Si, pues, tú bien enterado como estás, piensas lo mismo sobre estos mismos puntos menester será, según parece, que aun nosotros los Sócrates, aceptemos. Porque, ¿qué diremos los que sobre tales asuntos confesamos no saber nada? Pero dime: por Júpiter amigo!, ¿piensas que tales cosas pasaron así verdaderamente? [6b] Eutifron: Y aun otras muy más admirables que éstas pasaron, Sócrates, y que la mayoría de las gentes ignora. [6b] Sócrates: Así, ¿piensas que, en realidad, hay guerra de unos dioses con otros y enemistades terribles y batallas y muchas otras cosas a éstas parecidas que nos refieren los poetas, y esotras cosas sagradas que tan vistosamente nos Sócrates, presentan los buenos artistas, y el velo que en las grandes Panateneas se lleva a la Acrópolis y que de tales vistosos bordados está lleno? ¿Diremos, Eutifron, que todas estas cosas son verdad? [6c] Eutifron: No sólo éstas, Sócrates, sino que, como decía antes, otras muchas te contaré acerca de los Dioses, si tú quieres; cosas que, al oírlas, sé de buen saber que te sorprenderán. [6c] Sócrates: Tal vez no me extrañaría. Pero me las contarás otra vez cuando tenga respiro para ello. Ahora trata de decirme de la manera más clara posible lo que poco ha te pregunté; porque, compañero, no respondiste suficientemente mi pregunta acerca de “qué es” lo Pío; me dijiste, más bien, que esta cosa concreta que tú estás haciendo ahora es pía: seguir juicio a tu padre por asesinato. [6c] Eutifron: Y lo dije con verdad, Sócrates. [6c] Sócrates: “Tal vez; pero no dirás, Eutifron, que no haya otras cosas que no sean también pías. [6c] Eutifron: Las hay en efecto. [6c] Sócrates: Recuerda, pues, que no te pedí que me indicases una o dos entre las muchas cosas pías, sino ese “eidos” mismo por el que todo lo santo “es” santo; porque ¿no dijiste que por una sola “idea” las cosas impías, son impías y las pías son pías? O ¿es que no te acuerdas? [6c] Eutifron: Por mi palabra que sí. [6c] Sócrates: Acerca, pues, precisamente de esa misma “idea” indícame “qué y cuál es ella”, para que dirigiendo hacia ella la mirada y sirviéndome de la misma como de paradigma diga ser pío lo que sea tal, hágaslo tú u otro cualquiera, y diga no ser pío lo que no lo sea. [6c] Eutifron: Pues si así lo quieres, Sócrates, así te lo explicaré. [6c] Sócrates: Pues así por cierto lo quiero. [6c] Eutifron: Bien pues: "lo que es amable a los Dioses” [7a] Eutifron: es pío; y lo que no es a ellos amable es impío. [7a] Sócrates: ¡Bello de toda belleza!, Eutifron; que tal como buscaba que me respondieses así acabas de responder. Ahora que no sé todavía si es verdad; en todo caso me demostrarás ser verdadero lo que dices. [7a] Eutifron: Y cumplidamente. [7a] Sócrates: ¡A la obra!, pues; y cuidado con lo que decimos: Lo amable a los Dioses y el hombre amable a ellos son píos, y lo odioso a los Dioses y el hombre que a ellos es odioso son impíos. ¿No son idénticos entre sí, sino enteramente contrarios, lo Pío y lo Impío? ¿No es así? [7a] Eutifron: Así, en efecto. [7a] Sócrates: Y además, ¿no parece todo esto estar bien dicho? [7b] Sócrates: Eutifron. Tal pienso, Sócrates; se dijo en efecto. [7b] Sócrates: Y ¿no hemos dicho también que los dioses disienten entre sí, que discrepan unos de otros, que hay enemistades entre ellos?; ¿y también esto se dijo? [7b] Eutifron: Se dijo, en efecto. [7b] Sócrates: Y ¿no es, óptimo de Eutifron, precisamente la discrepancia sobre alguna cosa lo que engendra enemistades y disgustos? Veámoslo en este ejemplo: si tú y yo discrepásemos acerca de esta cuestión numérica: de cuál es el mayor de dos números, y fuese esta discrepancia la que nos hiciese enemigos y disgustados, ¿no es verdad que, en viniendo al cálculo, nos pondríamos inmediatamente de acuerdo en este punto? Eutifron. Completamente. [7b] Sócrates: Y si discrepásemos sobre si mayor, sobre si menor, ¿no se acabaría de golpe la discrepancia apenas nos pusiésemos a medir? [7b] Eutifron: Así es. [7b] Sócrates: Y cuando viniésemos a vías de pensar, ¿no se acabaría, tal me parece, cualquier disentimiento acerca de si más pesado, de si más ligero? [7b] Eutifron: ¿Y cómo no? [7b] Sócrates: Pero ¿sobre qué punto podríamos discrepar de modo que no pudiéramos llegar a acuerdo y quedarnos entonces enemigos y disgustados? Tal vez no darás inmediatamente con tal punto, pero fíjate en lo que te voy a decir: [7d] Sócrates: ¿no será tal punto precisamente el de lo Justo e Injusto, el de lo Bello y lo Feo y el de lo Bueno y lo Malo? ¿Que no son estas cosas por las que, al discrepar y no poder llegar en ellas a conveniente acuerdo, nos volvemos enemigos, cuando nos volvemos, tú y yo y todos los demás hombres? [7d] Eutifron: Que sí, Sócrates, que ahí está el punto de discrepancia. [7d] Sócrates: Pues bien, Eutifron. Caso de discrepar los Dioses entre sí, ¿no discreparían precisamente por estas cosas? [7d] Eutifron: De toda necesidad. [7e] Sócrates: Así que, valiente Eutifron, según tus palabras diversos dioses tendrán diversas cosas por justas e injustas, por bellas y feas, por buenas y malas; que, de discutir entre ellos, no por otras cosas sino por éstas discreparían. ¿Es así? [7e] Eutifron: Correctamente dicho. [7e] Sócrates: Y según esto, ¿no amará cada uno lo que tenga por bello, bueno y justo, y aborrecerá sus contrarios? [7e] Eutifron: De acuerdo. [7e] Sócrates: Ahora bien: según tus mismas palabras, las Sócrates, mismas cosas que unos dioses tienen por justas tienen las otras por injustas, y por tal división de opiniones discrepan y se pelean. ¿No es así? [8a] Eutifron: Lo es. [8a] Sócrates: Así, pues, a lo que parece, las mismas cosas resultan a la vez aborrecidas y amadas de los Dioses; y las mismas cosas serían, pues, respecto de ellos aborrecidas y amadas. [8a] Eutifron: Así parece. [8a] Sócrates: Así que, Eutifron, y en virtud de esta razón, las mismas cosas serían pías e impías. [8a] Eutifron: En peligro está de ser así. [8a] Sócrates: Así que, admirado Eutifron, no respondiste a lo que te pregunté; que no te pregunté por lo que es a la vez y ello mismo pío e impío, lo cual sería, a lo que parece, amable a los dioses y odioso a los dioses. De modo que Sócrates, nada tendría de sorprendente que lo que tú, Eutifron, estás haciendo ahora: castigar a tu padre, resultase acción amable Júpiter y enemistosa para Cronos y Urano, amada de Vulcano y enemistosa para Juno; y si hay todavía algún otro dios que en esto discrepe de otro, valdría para ellos exactamente lo dicho. [8b] Eutifron: Sin embargo, pienso, Sócrates, que ninguno de los dioses discreparía de otro acerca de este caso: que no debe satisfacer a la justicia el que haya matado injustamente a otro. [8b] Sócrates: Pues ¿qué?, ¿has oído alguna vez a algún hombre que ponga en duda el que no debe satisfacer a la justicia quien haya matado injustamente o haya cometido alguna otra injusticia? [8b] Eutifron: Pues ni en los juzgados ni en otras partes dejan de ponerlo en duda; porque, faltando en mil y mil cosas la justicia, hacen y dicen todo para huir de la justicia. [8b] Sócrates: Pero ¿admiten, Eutifron, que falten a la justicia y, aún admitiéndolo, dicen con todo que nada deben a la justicia? [8b] Eutifron: Esto sí que no. [8b] Sócrates: Así pues, ni dicen ni hacen todo; que, a mi parecer, no se atreven ni a decir ni a dudar de que, si faltan la justicia, tengan que pagar a la justicia. Ahora que lo Sócrates, que dicen es que en nada faltan a ella. ¿Que no es así? [8d] Eutifron: Verdad dices. [8d] Sócrates: Así que no ponen en duda el que no tenga que satisfacer a la justicia quien a ella faltare, sino que a lo más ponen en duda quién es el que falta a la justicia, con qué acciones y cuándo. [8d] Eutifron: Verdad dices. [8d] Sócrates: Así que esto mismo vale para los dioses cuando, como tú dices, discrepan sobre lo justo y sobre lo injusto, y unos dicen que los otros han faltado a la justicia y los otros que no han faltado, porque de seguro, admirado Eutifron, ni dios ni hombre alguno se atreve a decir que no [8e] Sócrates: — haya de pagar a la justicia el que contra justicia haya faltado. [8e] Eutifron: Sí; y en lo capital dices verdad, Sócrates. [8e] Sócrates: Mas a mi parecer, Eutifron, los que dudan, sean hombres o Dioses —si es que dudan los Dioses — ponen en duda actos particulares que sobre actos particulares discrepan, y dirán unos que fueron hechos según justicia y otros que contra justicia. ¿No es así? [8e] Eutifron: Enteramente. [9a] Sócrates: Tente, pues, amigo Eutifron, y muéstrame, para que me haga más sabio, qué testimonio tienes en favor tuyo de que todos los dioses piensan haber muerto injustamente aquel que, estando asalariado, se hizo homicida, fue atado por el dueño del muerto y murió a su vez a consecuencia de tales ataduras, antes de que quien lo ató hubiere obtenido del Exegeta una contestación acerca de qué se debía hacer, y además: que, a cuenta de todo esto, sea correcto el que el hijo siga juicio al padre y lo acuse de asesinato, ¡Tente!, y en este asunto trata de ponerme en claro más Sócrates, que nada eso de que todos los Dioses tienen por correcto este acto. Y si me lo pones en claro suficientemente no Cesaré jamás de encomiar tu sabiduría. [9b] Eutifron: No es cosa fácil ni breve, Sócrates; puesto que tendría que explicártelo claro y completamente. [9b] Sócrates: Entiendo; que te parezco de peor enseñar que los jueces, ya que a ellos les demostrarás a las claras que esos actos son contra justicia y que todos los Dioses los detestan. [9b] Eutifron: Y bien a las claras Sócrates si es que me escuchan. [9c] Sócrates: Te escucharán de seguro, si les parece que hablas bien. Pero mientras hablabas, me vino al pensamiento, y me di a considerar lo siguiente: “si como gran cosa llegase Eutifron a demostrarme que todos los Dioses consideran tal muerte como injusta, ¿habré aprendido de Eutifron ante todo y sobre todo qué es lo Pío y lo Impío? Que esta particular acción sería, al parecer, abominada por los Dioses, mas no por esto quedaría claramente “definido” lo pío y lo que no lo es; porque quedó también en claro que hay cosas amables a unos Dioses y las mismas abominables para Sócrates, otros. Sin embargo voy a dejar correr este punto, Eutifron. Si quieres, quedemos en que todos los Dioses tienen por injustas las mismas cosas y que todos aborrecen las mismas; y rectifiquemos así nuestro razonamiento: “lo que todos los Dioses aborrezcan es impío; y es pío lo que todos ellos amen”. Mas si hay algo que unos amen y otro aborrezcan, ¿Será eso ambas cosas a la vez, o ninguna de ellas? ¿Quieres, pues, que ahora, para nosotros, quede así “definido” la Pío y lo Impío? [9d] Eutifron: ¿Qué lo impide, Sócrates? [9d] Sócrates: Nada por mí, Eutifron; mas considera si, con esta “suposición”, me podrás enseñar más fácilmente lo que prometiste. [9e] Eutifron: Por mi parte yo diría que “lo Pío es precisamente lo que todos los Dioses amen, y que lo contrario: lo Impío, es lo que todos los Dioses aborrezcan”. [9e] Sócrates: Pues bien, Eutifron, ¿pondremos a consideración si lo has dicho bellamente o lo dejaremos correr, y aceptaremos nuestras opiniones y las de los otros, y con sólo que uno diga que “es así o asá” se lo concederemos sin más? O bien ¿pondremos a consideración qué dice quien lo dice? [9e] Eutifron: Hay que ponerlo a consideración; y por cierto que, a mi parecer, está bellamente dicho lo que acabo de decir. [10a] Sócrates: Tal vez, bueno de Eutifron, lo sabremos mejor más adelante. Ahora ponte a considerar precisamente esto: lo Pío ¿por ser pío es amado por los dioses o porque es amado de ellos es pio? [10a] Eutifron: No entiendo qué quieres decir, Sócrates. [10a] Sócrates: Intentaré decírtelo más claramente. Hablamos de movido y de motor, de conducido y de conductor, de visto y de vidente; y ¿te das cuenta de que en todos estos casos una parte es diversa de la otra y en qué aspecto lo son? [10a] Eutifron: Por mi palabra que sí me parece entenderlo. [10a] Sócrates: ¿Y, según esto, que una cosa es lo amado y otra diversa el amante? [10a] Eutifron: Pues ¿cómo no? [10b] Sócrates: Dime, pues, lo movido es movido precisamente porque algo lo mueve, o lo es por otro motivo? [10b] Eutifron: No por otro, sino por el dicho. [10b] Sócrates: Y de parecida manera: lo conducido ¿es tal porque se lo conduce, y lo visto es tal porque hay quien lo ve? [10b] Eutifron: Completamente así. [10b] Sócrates: Así, pues, no porque algo esté siendo visto, por esto precisamente se lo ve, sino al revés: porque se lo ve, por esto está siendo visto; no porque algo está siendo conducido, por ceso mismo se lo conduce, sino porque se lo conduce, por esto está siendo conducido; ni porque una cosa esté siendo movido, por eso se la mueve, sino porque se la mueve, por eso está siendo movida, ¿Queda, pues, de manifiesto, Eutifron, lo que quiero decir? Que quiero decir esto: que si una cosa se hace algo o padece algo, no porque está hecha, por eso mismo se hace, sino al contrario: porque se la hace, por esto mismo está hecha; ni porque una cosa sea paciente por eso le pasa algo, sino porque le pasa algo, por eso es paciente. ¿No convienes en ello? [10b] Eutifron: Por mi palabra que sí. [10b] Sócrates: Y eso de ser amado ¿no será, pues, o algo hecha o algo padecido por obra de alguien? [10b] Eutifron: Enteramente así. [10b] Sócrates: Pues este caso ¿no será como los anteriores: que no porque una cosa sea amada, por eso mismo la aman los que la amen, sino porque la aman por eso es amada? [10b] Eutifron: Necesariamente. [10d] Sócrates: ¿Qué diremos, pues, Eutifron, acerca de lo Pío? ¿Que no es algo diferente de ser amado por todos los dioses? ¿Es esto palabra tuya? [10d] Eutifron: Sí. [10d] Sócrates: Y ¿es amado lo Pío porque es Pío o por otro motivo diverso? [10d] Eutifron: No por otro, sino por el dicho. [10d] Sócrates: ¿Así que por ser pío es amado; y no porque es amado, por eso es pío? [10d] Eutifron: ¿Así parece. [10d] Sócrates: Mas precisamente porque lo aman los dioses, por eso es amado, y amable a los dioses. [10d] Eutifron: Pues ¿cómo no? [10d] Sócrates: Según esto, Eutifron, lo amable-a-los-dioses no es pío ni lo Pío es amable-a-los-dioses, como tú dices, sino que lo uno es diverso de lo otro. [10e] Sócrates: Eutifron. ¿Cómo así, Sócrates? [10e] Sócrates: Porque hemos convenido en que lo Pío es amado porque es pío; y no porque sea amado. ¿No es así? [10e] Eutifron: Sí. [10e] Sócrates: En cambio: lo amable-a-los-dioses es amado porque ellos lo aman, y por este mismo hecho de ser amado por ellos es amable-a-los-dioses; y no porque es amable-a-los-dioses, por eso lo aman los dioses. [10e] Eutifron: Verdad dices. [10e] Sócrates: Si, pues, fuesen una y la misma cosa, amigo Eutifron, lo amable-a-los-dioses y lo Pío, si por una parte lo Pío fuera amado por ser pío, parecidamente lo amable-a-los-dioses fuera tal porque ellos lo aman, lo Pío sería parecidamente pío porque los dioses lo aman. Pero estás viendo que vale precisamente la inversa, puesto que son cosas totalmente diversas la una de la otra, ya que a una de ellas, porque se la ama, por tal hecho le conviene lo de “ser amada de; mientras que a la otra porque le conviene lo de “ser amada”, por eso se la ama. Y estás Eutifron, a dos pasos de no quererme declarar la esencia misma de lo Pío, a pesar de que te he preguntado por “qué es”; me has dicho, por el contrario, una afección periférica de lo Pío: que a lo Pío le acontece eso de ser amado por todos los dioses; pero “qué sea” en su ser lo Pío no me lo has dicho. Si, pues, te place, no me lo tengas oculto. Parte una vez más del principio, y dime "qué es en su ser” lo Pío, tanto que sea amado por Le dioses como que resulte paciente de cualquier otra cosa, —que sobre este punto no vamos a discutir. Dime, pues, resueltamente "qué es” lo Pío y “qué es” lo Impío. [10e] Eutifron: Sócrates, no doy con el modo de decirte lo que pienso, porque no sé en qué manera todo lo que afirmamos parece dar vueltas y más vueltas, y nada quiere quedarse en su sitio. [10e] Sócrates: Lo que tú me estás diciendo, Eutifron, parece más bien cosa de aquel antepasado nuestro: Dédalo. Que si yo fuera quien las dijera y afirmase, tal vez te burlaras de mí, cual si, por mi parentesco con él, se me escabullese lo que hago con palabras, y no quisiera quedarse donde se lo pone. Pero ahora se trata de afirmaciones tuyas; hace falta, pues, otra broma, porque para tí precisamente no quieren estarse quietas, como te lo parece aun a ti mismo. [10e] Eutifron: Me parece con todo, Sócrates, que lo dicho no pide broma nueva, que en estas afirmaciones no soy yo quien las hace dar vueltas y no quedarse en su sitio, sino tú. Dédalo en persona; que si de mí dependiera bien quietas se quedaran. [10e] Sócrates: Pues, compañero, en peligro estoy de ser en este arte muy más diestro que Dédalo, y tanto más cuanto que él hacía que sólo sus cosas no se quedaran en su sitio; mas yo, al parecer, ni las mías ni las ajenas. Pero lo más gracioso de esta mi habilidad es que, contra mi voluntad, soy en ella sabio. Que preferiría se estuviesen firmes mis razones y permanecieran inmobles a poseer junto con la sabiduría de Dédalo los tesoros de Tántalo. Pero quédese esto aquí. Y puesto que, a mi parecer, te emperezas un poco, yo mismo te voy a animar para que me instruyas acerca de lo Pío. Y no te me canses antes de tiempo. Considera, pues, si a tu parecer, todo lo Pío no tendrá que ser por necesidad justo. [10e] Eutifron: Palabra que si. [10e] Sócrates: Mas ¿también tendrá que ser todo lo Justo pío?; y si no es así ¿tendrá que ser todo lo pío justo, mas no todo lo justo pío, de modo que lo pío sea solamente una Sócrates, parte de lo justo, y la otra parte de lo justo sea otra cosa? [12a] Eutifron: No sigo lo que dices, Sócrates. [12a] Sócrates: Y eso que eres más joven que yo, y no menos sabio que joven; pero, como te digo, la riqueza misma de tu sabiduría te vuelve perezoso. No obstante, dichoso Eutifron, haz un esfuerzo, que no es difícil comprender lo que digo, porque es precisamente lo contrario de lo que el poeta poetizó al poetizar: te resistes a nombrar a Júpiter, el Hacedor: el que todas Sócrates, estas cosas produjo; porque donde hay temor, hay también reverencia; en esto mismo, pues, disiento yo del poeta. ¿Te digo en qué? [12b] Eutifron: Dilo, y enteramente. [12b] Sócrates: No me parece que donde haya temor, haya también reverencia; porque, en mi opinión, los que tienen temor enfermedades, pobreza y demás cosas por el estilo las temen ciertamente, mas no sienten reverencia alguna hacia lo que temen. ¿No te parece así? [12b] Eutifron: Enteramente. [12b] Sócrates: Mas donde haya reverencia, habrá también Sócrates, temor; porque ¿hay quien reverencie una cosa o se avergüence de ella y no tema a la vez y le amedrente la reputación de malo. [12c] Eutifron: Sí que le amedrenta. [12c] Sócrates: No será, pues, correcto decir que “donde haya temor haya de haber igualmente reverencia”, sino más bien que “donde haya reverencia, allí habrá también temor”. Empero no siempre y donde haya temor habrá de haber reverencia, porque, a mi parecer, temor abarca más que reverencia, que es la reverencia parte del temor, a la manera como impar lo es de número, que donde hay número no por éso habrá de haber impar; mas donde haya impar, allí habrá también número. ¿Me sigues, pues, ahora? [12c] Eutifron: Perfectamente. [12c] Sócrates: Con lo que antes dije te preguntaba algo por el estilo: si donde hay justo ha de haber pío, o donde haya pío haya de haber justo, mas donde haya justo no haya de haber siempre pío, por ser lo Pio parte de lo Justo. ¿Lo afirmamos así o te parece otra cosa? [12c] Eutifron: Así, y no de otra manera; porque me parece correctamente dicho. Sócrates. Considera, pues, lo siguiente; si es lo Pío parte de lo Justo, menester será, a lo que parece, encontrar qué parte es lo Pío dentro de lo Justo; porque si me preguntas respecto de los ejemplos anteriores qué parte es lo par dentro de número y qué clase de número es el número par, diría que es aquel número que no se divide en dos partes desiguales, sino en dos iguales, ¿O no te parece así? [12c] Eutifron: Me parece que sí. [12c] Sócrates: Ahora a tu vez trata de enseñarme por semejante manera qué parte de lo Justo es lo Pío, para que podamos decir a Méleto que no faltamos a la justicia y que no hay por qué nos acuse de sacrilegio, pues ya he aprendido de ti “qué es” lo Sacro, lo Pío, y lo que no lo es. [12c] Eutifron: Esta es, pues, mi opinión, Sócrates: que lo Sacro y lo Pío son precisamente esa parte de la justicia que cultiva el trato con los dioses, mientras que lo restante de la justicia cultiva el de los hombres. [12c] Sócrates: Y me parece, Eutifron, bellamente dicho. Pero Sócrates, todavía noto faltar una pequeñez: que no sé aún a qué clase de trato te refieres; porque no dirás de seguro que se trate con los dioses con la misma clase de trato que con las demás cosas, Digamos, según se dice, que no todos saben tratar caballos, sino solamente el picador. ¿Qué no es así? [13a] Eutifron: Enteramente. [13a] Sócrates: Y lo es porque el trato con caballos es propio del arte caballar. [13a] Eutifron: Sí. [13a] Sócrates: Ni todos tampoco saben tratar perros, sino el cazador. [13a] Eutifron: Así es, hb Sócrates. Y esto porque el arte de cazar es arte de tratar perros. [13a] Eutifron: Sí. [13a] Sócrates: Y de tratar con bueyes, el arte de los boyeros. [13a] Eutifron: De acuerdo. [13a] Sócrates: Ta Piedad, pues, y la Sacralidad ¿serán el arte de tratar con dioses? ¿Tal es tu afirmación, Eutifron? [13a] Eutifron: Por mí que sí. [13a] Sócrates: Y ¿no se consigue con todo trato un mismo efecto? Por ejemplo: el de beneficiar o ayudar a aquel a quien se da tal trato; como es de ver en el caso de los caballos que los tratados según el arte caballar se benefician y vuelven mejores. ¿No lo crees así? [13a] Eutifron: Sí lo creo. [13a] Sócrates: Y lo mismo les pasa a los perros con el arte Sócrates, de enseñarles a cazar, y a los bueyes con el de los boyeros, y parecidamente en cosas parecidas. ¿O piensas que es el trato en daño de los tratados? [13c] Eutifron: ¡Por Júpiter!, en manera alguna. [13c] Sócrates: Así que es en su ayuda. [13c] Eutifron: Pero ¿cómo no? [13c] Sócrates: Según esto, siendo la Piedad una cierta manera de tratar con los dioses, ¿les servirá de ayuda y los volverá mejores? ¿Concederías que, cuando haces alguna acción pía, mejores a alguno de los dioses? [13c] Eutifron: No, por Júpiter! [13c] Sócrates: Ni yo mismo pienso, Eutifron, que digas semejante cosa; bien lejos de ello. Pero por esto precisamente te preguntaba sobre qué llamas “trato” con los dioses, Sócrates, convencido de que no te refieres al tipo dicho. [13d] Eutifron: Estás en lo correcto, Sócrates; que, en efecto, no me refería a él. [13d] Sócrates: Sea. Mas en este caso, ¿qué clase de trato con los dioses sería la Piedad? [13d] Eutifron: De la clase de trato que dan los siervos a sus señores, Sócrates. [13d] Sócrates: Entiendo; la Piedad sería, a tu parecer, un trato “servicial” para con los dioses. [13d] Eutifron: Pues, en absoluto. [13d] Sócrates: Y podrías decirme, según esto, ¿a servicio de qué resultado está el trato servicial de los médicos? ¿No crees que a servicio de la salud? [13d] Eutifron: Creo que sí. [13e] Sócrates: Pero y ¿a servicio de qué resultado se pone el trato servicial de los navieros? [13e] Eutifron: Evidentemente, Sócrates, a servicio de nave. [13e] Sócrates: Y el trato servicial de los edificadores, ¿no será servicio de casa? [13e] Eutifron: Sí. [13e] Sócrates: Dime, pues, óptimo de Eutifron, ¿a servicio de qué resultado estará el trato servicial a los dioses?; porque es claro que lo sabes, puesto que dices saber las cosas divinas bellamente, cual ninguno de los hombres. [13e] Eutifron: Y digo verdad, Sócrates. [14a] Sócrates: Dime, pues, por Júpiter!, ¿cuál es aquel efecto tan sobremanera bello que, empleándonos a nosotros como siervos, reportan de nosotros los dioses? [14a] Eutifron: Muchos y bellos, Sócrates. [14a] Sócrates: Pero también los reportan los militares; y con todo fácilmente me dirías cuál es el efecto capital entre todos: reportar victoria en las batallas. ¿No es así? [14a] Eutifron: ¿Cómo no? [14a] Sócrates: Y muchos y bellos efectos, a mi parecer, producen los labradores; y sin embargo el principal de todos ellos es el de sacarle alimentos a la tierra. [14a] Eutifron: Enteramente. [14a] Sócrates: Pues bien: de entre los muchos y buenos resultados que los dioses reportan de nuestro trato para con ellos, ¿cuál es el capital? [14a] Eutifron: Te dije poco ha, Sócrates, que no es pequeña Eutifron, faena la de llegar a saber apuradamente todas estas cosas. Mas en resumen simplificado: si uno sabe agradar con palabras a los Dioses y hacer obras de oración y sacrificio, te digo que es todo ello pío y salutífero para lo privado de las casas y para lo común de las ciudades. Y, por el contrario, desagradarles es impío y todo lo arruina y destruye. [14b] Sócrates: Mucho más brevemente me pudieras haber dicho, Eutifron, lo capital de mi pregunta. Pero no tienes ganas de enseñarme; está bien claro. Porque ahora mismo, cuando yo estaba tocando lo capital, diste media vuelta; que, si hubieras respondido a este punto, ya supiera suficientemente lo que a la Piedad concierne. Ahora, por el contrario, es menester que el amante siga al amado y a donde éste quiera. ¿Qué dices, pues, ser lo Pío y lo Impío: una cierta ciencia de sacrificar y de orar? [14b] Eutifron: Digo que sí. [14b] Sócrates: Y sacrificar, ¿no es hacer una ofrenda a los dioses?; y orar, ¿no es pedirles algo? [14b] Eutifron: Exactamente, Sócrates. [14d] Sócrates: La piedad sería, pues, ciencia de peticiones y de ofrendas a los dioses, a tenor de tus palabras. Eutifrón. Muy bellamente has comprendido lo que dije, Sócrates. [14d] Sócrates: Es que me ha entrado apetito de tu sabiduría, amigo; y en ella tengo puesta mi mente y nada se desperdiciará de lo que digas. Pero dime, ¿qué clase de trato servicial para con los dioses es éste?, porque dices que consiste en pedirles y en ofrendarles. [14d] Eutifron: Así es. [14d] Sócrates: ¿No sería, pues, petición correcta, pedirles precisamente lo que necesitamos nos den ellos? [14d] Eutifron: Si no, ¿qué? [14e] Sócrates: Y ¿no se ofrendará correctamente cuando se les haga un presente de cosas que, por un caso, necesiten de nosotros?; que, según el arte de dar, el dador no ha de ofrecer a nadie como presente lo que éste no necesite. [14e] Eutifron: Verdad dices, Sócrates. [14e] Sócrates: Según esto, pues, Eutifron, la Piedad sería una cierta arte comercial mutua entre dioses y hombres. [14e] Eutifron: “Comercial”, pues; si así te place llamarla. [14e] Sócrates: Nada me place, si a la vez no es verdad. Dime, pues, ¿qué provecho sacan los dioses de los dones que de nosotros reciben?; porque que ellos nos hagan dones, cosa es a todos manifiesta: que no hay en nosotros bien alguno Sócrates, que no sea don de ellos. Pero de lo que reciben de nosotros, ¿qué provecho sacan? O nos va tan bien en este negocio con ellos que de ellos recibimos nosotros todos los bienes, y ellos de nosotros ninguno? [15a] Eutifron: Pero, Sócrates, ¿es que piensas que los dioses sacan algún provecho de lo que reciben de nosotros? [15a] Sócrates: Bueno, pero en este caso, ¿en qué consistirían nuestros dones a los dioses? [15a] Eutifron: Pues, ¿en qué otras cosas podrían consistir sino en el honor y veneración y, como te decía antes, en la gratitud? [15b] Sócrates: Así que, Eutifron, lo Pío ¿es agradecimiento; y no, lo provechoso ni lo amable a los dioses? [15b] Eutifron: Me doy a pensar que es, ante todo y sobre todo, lo amable. [15b] Sócrates: Así que una vez más lo Pío es, al parecer, lo amable a los dioses. [15b] Eutifron: Y lo es seguramente. [15b] Sócrates: Y diciendo esto ¿no te admitas de que tus razones no parezcan quedarse quietas, sino andar por sus pies; y me acusarás a mí de ser el Dédalo que las hace andar, siendo tú como eres en esta arte mucho más diestro que Dédalo, puesto que las haces dar vueltas y más vueltas en círculo? O ¿no caes en cuenta de que nuestro razonamiento, después de una vuelta, llegó al punto de partida? ¿Que no recuerdas haber quedado ya en claro no ser la misma cosa, sino diversas, lo Pío y lo amable-a-los-dioses? [15b] Eutifron: Yo, sí, por cierto. [15b] Sócrates: Pues ¿no paras mientes en que estás diciendo ahora que lo Pío es lo amable a los dioses? ¿Qué otra cosa es esto sino lo amable-a-los-dioses? ¿O no? [15b] Eutifron: Absolutamente. [15b] Sócrates: Pues una de dos: o anteriormente llegamos a un acuerdo no bello o, si fue bello, ahora no estamos en lo correcto, Eutifron. Así parece. [15b] Sócrates: Desde un principio, pues, hemos de considerar una vez más “qué es” lo Pío; que, si de mí depende, no me espanta recomenzar hasta que aprenda. [15d] Sócrates: Mas tú no me des por inútil; mas bien, poniendo de tu parte todos tus recursos mentales, ahora más que nunca dime la verdad; porque, si hay alguien que la sepa eres tú; y no te puedes escabullir como Proteo, antes de decirla. Que, si no supieras sabiamente “qué es” lo Pío y lo Impío jamás hubieras emprendido eso de seguir por causa de un sirviente juicio de asesinato a un varón anciano y padre tuyo, sino que el temor a los dioses te hubiera retenido ante el peligro Sócrates, hacer algo incorrecto, y aun a los ojos de los hombres avergonzado de tu acción. Mas ahora sé muy bien que piensas conocer sabiamente "qué es” lo Pío y lo no. Dímelo, pues, óptimo de Eutifron, y no me ocultes tu pensamiento. [15e] Eutifron: Otra vez será, Sócrates, que voy de prisa, y es ya tiempo de irme. [15e] Sócrates: ¿Qué es lo que haces, compañero? Te vas y echas por tierra una de las mayores esperanzas que abrigaba: la de aprender de ti “qué es” lo Pío y lo no Pío, y la de librarme de la acusación de Méleto, demostrándole que Eutifron [16a] Sócrates: me ha hecho ya sabio en las cosas divinas; que en adelante ya no tomaré, por ignorancia, a la ligera tales cosas ni me entrometeré a innovador, y que viviré mejor lo que me restare de vida.