Gorgias — Plato =============== ΓΟΡΓΙΑΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/gorg/ This file: https://plato-scroll.com/text/gorg-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/gorg.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/gorg-b.txt - W.R.M. Lamb (Loeb, 1925): https://plato-scroll.com/text/gorg-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/gorg-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/gorg-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [447a] Calicles: ¿Así es como dicen, Sócrates, que se ha de tomar parte en guerra y batalla? [447a] Sócrates: Pero, ¿es que llegamos tarde a una fiesta, según ese proverbio? [447a] Calicles: Y por cierto bien urbana fiesta. Que hace un momento nos dio Gorgias grande y bella exhibición. [447a] Sócrates: De esto es causa precisamente Querefonte, Calicles, forzándonos a pasar el tiempo en la plaza. [447b] Querefonte: No importa nada, Sócrates, que yo lo remediaré, porque Gorgias es amigo mío, de modo que nos dará tal exhibición, ahora si te parece; y si lo quieres, otra vez. [447b] Calicles: Pero, Querefonte, ¿desea Sócrates oír a Gorgias? [447b] Querefonte: Para esto precisamente estamos aquí. [447b] Calicles: Pues, si queréis, venid conmigo a casa, porque Gorgias se aloja en ella y os hará una exhibición. [447b] Sócrates: Dices bien, Calicles; pero, ¿consentirá en dialogar con nosotros?, pues quiero que me informe tal varón sobre cuál es el poder de su arte y qué es lo que anuncia y además enseña. En cuanto a lo de esa exhibición, que la haga, como tú dices, en otra ocasión. [447c] Calicles: Nada como preguntárselo a él mismo, Sócrates; porque ése precisamente fue uno de los puntos de su exhibición. Justamente estaba exigiendo que cualquiera de los presentes en casa le preguntara lo que quisiera y, dijo, que a [447c] Sócrates: Bellamente dicho, Querefonte, pregúntale. [447c] Querefonte: ¿Qué le pregunto? [447c] Sócrates: Qué es. [447d] Querefonte: ¿En qué sentido lo dices? [447d] Sócrates: En parecido, a como si diera la casualidad de ser artesano en zapatos, te respondería ciertamente que “Zapatero”. ¿O no entiendes en qué sentido lo digo? [447d] Querefonte: Lo entiendo, y le preguntaré. Dime, Gorgias, ¿es verdad lo que dice Calicles que proclamas responder a lo que cualquiera te pregunte? [448a] Gorgias: Es verdad, Querefonte, porque acabo de proclamar eso mismo, y añado que nadie jamás, durante muchos años, me preguntó nada nuevo. [448a] Querefonte: Así que responderás más fácilmente, Gorgias. [448a] Gorgias: A tu disposición el que hagas la prueba de ello, Querefonte. [448a] ¡Por Júp erefonte, si q [448a] Polo: ¡Por Júpiter!, Querefonte, si quieres, hazla de mí, porque me parece que Gorgias está ya fatigado, pues acaba de hacer bien largo discurso. [448a] Querefonte: ¿Qué?, Polo, ¿crees que vas a responder más bellamente que Gorgías? [448b] Polo: ¿Y qué?, con tal de que te satisfaga. [448b] Querefonte: Nada; puesto que lo quieres, responde. [448b] Polo: Pregunta. [448b] Querefonte: Pregunto pues: si, por azar. Gorgias fuera entendido en la arte en que lo es su hermano Heródico, ¿qué nombre ajustado le daríamos? ¿No, el mismo que el de él? [448b] Polo: Absolutamente. [448b] Querefonte: Afirmando, pues, que es médico, hablaríamos bellamente. [448b] Polo: Así es. [448b] Querefonte: Mas si fuera entendido en la arte en que lo es Aristofonte, el hijo de Aglasofonte, o su hermano, ¿con qué nombre lo llamaríamos correctamente? [448c] Polo: Evidentemente, con el de pintor. [448c] Querefonte: Empero, ya que es entendido en una cierta arte, puestos a darle un nombre, ¿con qué nombre lo llamaríamos correctamente? [448c] Polo: Querefonte, hay, entre los hombres, muchas artes, halladas experimentalmente por los expertos; porque la experiencia hace que nuestro tiempo progrese según arte; mas la inexperiencia, al azar. Pero de cada una de estas artes participan unos de una manera, y otros de otra; mas de las mejores, los mejores. De los cuales uno es precisamente Gorgias, y participa de la más bella de las artes. [448d] Sócrates: Bellamente, al parecer, Gorgias, se ha preparado Polo para el discurso; mas no hace lo que prometió a Querefonte. [448d] Gorgias: ¿Qué sobre todo?, Sócrates. [448d] Sócrates: Que no me parece responda precisamente a lo preguntado. [448d] Gorgias: Pues, si quieres, pregúntale tú. [448d] Sócrates: No; si quisieras responder tú, sería mucho más agradable preguntarte a ti, porque, evidentemente, por lo que Polo ha dicho se ha ocupado de la así llamada “retórica” más que de “dialéctica”. [448e] Polo: ¿Cómo así?, Sócrates. [448e] Sócrates: Porque, Polo, preguntándote Querefonte en qué arte es entendido Gorgias, encomiaste su-arte, cual si se lo censurara; mas no respondiste a “qué era”. [448e] Polo: ¿Qué no respondí ser la más bella? [448e] Sócrates: Y con mucho; pero nadie preguntaba por la calidad de la arte de Gorgias; sino, por qué era y con qué nombre había de llamarse a Gorgias. Así como antes Querefonte te allanó el terreno, y le respondiste bella y brevemente, ahora, parecidamente, dinos qué es tal arte y qué hemos de llamar a Gorgias. Mejor aún, Gorgias, dinos tú mismo con qué nombre hemos de llamarte, por entendido en cierta arte. [449a] Gorgias: En la retórica, Sócrates. [449a] Sócrates: ¿Así que hemos de llamarte “retórico”? [449a] Gorgias: Y bueno, por cierto, Sócrates, si es que te place llamarme, como dice Homero, por «lo que me glorío de ser». [449a] Sócrates: Pues me place. [449a] Gorgias: Llámamelo, pues. [449b] Sócrates: —¿No diremos además que eres capaz de hacer tales a otros? [449b] Gorgias: Es lo que yo proclamo hacer no sólo aquí sino en cualquiera otra parte. [449b] Sócrates: Pues, ¿no querrías, Gorgias, proseguir y poner término al presente diálogo, tal cual lo llevamos, preguntando uno, respondiendo otro, mas dejando para otra ocasión dilatarse en los razonamientos, tal cual lo hizo al comienzo Polo? No faltes a tu promesa, sino cúmplela respondiendo brevemente a lo que se te pregunte. [449b] Gorgias: Ciertamente, Sócrates, hay algunas respuestas que han de hacerse por largos razonamientos; pero yo trataré - de hacerlo por los más breves posible, ya que eso es en lo que digo no haber quien diga lo mismo más brevemente que yo. [449c] Sócrates: Esto es, Gorgias, precisamente lo que necesito; hazme una exhibición de eso mismo: de la breviloquía; de la longiloquía, para otra ocasión. [449c] Gorgias: Pues lo haré; y dirás no haber oído a nadie de más brevemente hablar. [449c] Sócrates: ¿Ahora bien: ¿afirmas ser tú entendido en arte retórica y hacer retórico a cualquier otro? ¿Sobre qué especial realidad versa la retórica?, a la manera como la arte textil versa sobre la elaboración de vestidos. ¿Es así? [449d] Sócrates: ¿Y la música, parecidamente, sobre la comde tonadas? [449d] Gorgias: Sí. [449d] Sócrates: ¡Por Hera!, Gorgías, que admiro tus resno es posible respuesta más breve que la tuya. [449d] Gorgias: Estoy cierto, Sócrates, de hacerlo discretamente. [449d] Sócrates: Dices bien. Vamos, pues, respóndeme así respecto de la retórica: ¿sobre qué especial realidad tal ciencia? [449d] Gorgias: Sobre razones-habladas. [449e] Sócrates: ¿De qué clase?, Gorgias; ¿las que declaran qué dieta sanarían los enfermos? [449e] Gorgias: No. [449e] Sócrates: Así que la retórica no versa sobre toda clase razones habladas. [449e] Gorgias: Ciertamente que no. [449e] Sócrates: Pero hace que los hombres puedan razonadamente hablar¹ [449e] Gorgias: Sí. [449e] Sócrates: ¿Y que además entiendan de lo que hablan? [449e] Gorgias: ¿Cómo no? [450a] Sócrates: La medicina, de la que acabamos de hablar, hace que los hombres puedan entender y hablar sobre los Gorgias. Necesariamente. [450a] Sócrates: Así que al parecer, la medicina versa sobre [450a] Gorgias: Sí. [450a] Sócrates: ¿Sobre las concernientes a enfermedades? [450a] Gorgias: Sobre todo. [450a] Sócrates: ¿Y aun la gimnástica no versa también sobre razones que hablan del bienestar y malestar del cuerpo? [450a] Sócrates: Enteramente. [450b] Sócrates: Y de parecida manera se comportan las demás artes, Gorgias; cada una de ellas versa sobre las razones concernientes a la materia propia. [450b] Gorgias: Tal parece. [450b] Sócrates: Entonces, pues, ¿por qué no llamas “retóricas” a las demás artes, puesto que versan sobre razones habladas, ya que llamas “retórica” a la que sobre razones habladas versa? [450b] Gorgias: Porque, Sócrates, a las demás artes todo lo que tienen de ciencia se les va, por decirlo así, en habilidades manuales y acciones parecidas. Empero, nada de tal maneje hay en la retórica. Por el contrario, consiste toda su actividad y señorío en razones habladas. Por lo cual asevero que la arte retórica versa sobre razones habladas, lo digo correctamente y así lo afirmo. [450c] Sócrates: Tal vez comprendo, pues, cómo querrías llamarla. Pero lo sabré tal vez más claramente. Respóndeme, ¿tenemos artes? ¿Es así? [450c] Gorgias: Sí. [450c] Sócrates: De entre todas las artes, hay algunas, creo, a las que lo más se les va en obras, y necesitan de pocas palabras; algunas, de ninguna; aun en silencio llevarían a cabo lo de la arte; así, pintura y escultura, y otras muchas. De éstas me parece hablas al afirmar que entre ellas no está la retórica. ¿No es así? [450d] Gorgias: Lo captaste, Sócrates, de absolutamente bella manera. [450d] Sócrates: Hay, por el contrario, otras artes que todo lo llevan a cabo mediante razones-en-palabras; y no necesitan, por decirlo así, a de acción alguna o de muy poca, cual la arte aritmética, la calculatoria, la geométrica, la de jugar a chaquete, y otras muchas; de las cuales algunas tienen en igual cantidad palabras y acciones; la mayor parte, más de unas que de otras; o, en total, toda su actividad y señorío consiste en razones habladas; de las cuales artes a una me parece llamas “retórica”. [450e] Gorgias: Dices verdad. [450e] Sócrates: Mas, creo, que a ninguna de ellas quieres llamar “retórica”; no que lo hayas dicho así porque la arte cuyo señorío se ejerza mediante razones habladas sea "“retórica”, sino porque si alguien quisiera porfiar en las palabras, redargüiría: ¿así que, Gorgias, llamas “retórica” a la aritmética? Pero no creo que llames "retórica” ni a la aritmética ni a la geometría. [450e] Gorgias: Pues correctamente lo crees, Sócrates, y ajustadamente lo tomas. [450e] Sócrates: Vamos, pues, termina ya de responder a mi pregunta, Ya que la retórica es, efectivamente, una de esas artes que se sirven casi enteramente de razones habladas, empero, hay además otras como ella, trata de decirme cuál es ese señorío que sobre razones habladas tiene la retórica. Al modo como si alguien me preguntara acerca de cualquiera de las artes de que acabo de hablar: “Sócrates, ¿qué arte es la aritmética?”. Le respondería, como tú ahora mismo, que es una de las que ejercen señorío mediante la palabra. Pero si me repreguntara: “de las que... ¿sobre qué?”. Respondería: “de las que... sobre lo impar y lo par, sean cuantos fueren los pares e impares”. Si una vez más preguntara: "¿a qué arte llamas «calculatoria»?”. Respondería: que es también una de las que, en conjunto, se enseñorean de algo mediante la palabra. Y si repreguntara: “Ella... ¿sobre qué?”. Respondería algo así como los escritos públicos: «en lo restante» la calculatoria se ha como la aritmética, ya que versan sobre lo mismo: lo par e impar. Mas se diferencian en que la calculatoria considera cómo se han lo impar y lo par ellos respecto de sí mismos, y uno de respecto de otro, en cuanto a multitud. Y si preguntara respecto de la astronomía, cuando digo que ella también ejerce su señorío sobre todo mediante la palabra; y dijera: [451c] Polo: Sócrates, ¿cuáles son las razones habladas propias de la astronomía?”. Le respondería: “las que versan sobre el curso de los astros, de Sol y de Luna, cómo se han sus respectivas velocidades”. [451d] Gorgias: Y lo dirías correctamente, Sócrates. [451d] Sócrates: Ahora bien; di tú también, Gorgias; ¿es la retórica una de esas artes a la que toca obrar y enseñorearse de todo mediante la palabra? ¿Es así? [451d] Gorgias: Así lo es. [451d] Sócrates: Dime ya de las que... ¿sobre qué? ¿Sobre qué especial realidad versan las razones habladas de que se sirve la retórica? [451d] Gorgias: Sobre los máximos y mejores quehaceres humanos, Sócrates. [451e] Sócrates: Pero, Gorgias, aun así está ambiguo y no nada claro lo que dices. Porque creo habrás oído a la gente cantar en los combebercios aquel estribillo en que, cantando, enumeran: «lo primero y mejor, es la salud; lo segundo, ser bello; lo tercero», como lo afirma el compositor del estribillo, «enriquecerse sin dolo». [451e] Gorgias: Pues lo he oído; pero, ¿con qué intento lo dices? [451e] Sócrates: Que si médico, adiestrador y ganaplata, que son los artífices de lo que el compositor del estribillo alaba, se te hicieran presentes en este momento y hablara, primero, el médico: “Sócrates, te está engañando Gorgias, porque no su arte, sino la mía, versa sobre el bien máximo para los hombres”. Y si yo le preguntara: “¿quién eres tú para decir esto?". Tal vez me respondiera: “soy médico”. “Pues, ¿qué dices?: ¿que la obra de tu arte es el bien máximo?” Tal vez respondiera: [451e] Polo: Sócrates, no lo va a ser la salud? ¿Qué bien mayor gam los hombres que la salud?”. Mas si, a su vez, el adiestrador dijera: "me sorprendería, por cierto, Sócrates, si Gorgias pudiera demostrarte que hay en su arte mayor bien que en la mía”. A mi vez le diría yo: "¿Quién eres tú, hombre, y cuál es tu obra?”, Respondería: “Adiestrador; mi obra consiste en hacer que los hombres sean bellos y fuertes en cuanto al cuerpo”. Después del adiestrador, el ganaplata, despreciando en grande a todos, como pienso, tal vez dijera: “Considera bien, Sócrates, si te parece haber un bien mayor que la plata, en lo de Gorgias o en lo de cualquiera de los otros”. Tal vez le responderíamos: “Bien, ¿y qué?: ¿que es ella producto de LA tu arte?”. Lo afirmaría. “¿Por ser quién?": “por Ganaplata”. Pues bien: “¿juzgas que la riqueza es para los hombres el máximo de los bienes?”, le diremos. "¿Cómo no?”, replicará. Replicaríamos, por cierto, nosotros: “Gorgias precisamente rechaza aún la duda de que su arte sea causa de mayor bien que la tuya”. Es claro, pues, que a continuación preguntará: “y ¿qué bien es ése?”. Que responda Gorgias. "Vamos, Gorgias, haciéndote cuenta de que aquellos y yo te lo preguntamos, responde qué es lo que afirmas ser para los hombres bien máximo y de que tú eres artífice”. [452d] Gorgias: Lo que sea, Sócrates, máximo bien según la “verdad”, y por una parte sea causa de “libertad” para los mismos hombres; pero, por otra, sea a la vez para cada uno causa de que “mande” sobre los otros dentro de la propia Ciudad. [452d] Sócrates: Pues bien, ¿qué nombre das a eso? [452d] Gorgias: El de ser capaz yo mismo de persuadir con razones habladas, en los Juzgados a los jueces, en el Concejo a los consejeros, en la Asamblea a los asambleístas y en toda otra reunión que resulte reunión política; Y por este poder tendrás de sirviente al médico, y de sirviente al adiestrador; pero ese ganaplata resultará que la gana, patentemente, para otro y no para él, sino para ti, que tienes el poder de hablar y de persuadir a la multitud. [453a] Sócrates: Ahora me parece, Gorgias, que declaras más de cerca qué clase de arte sea, según tu pensamiento, la retórica; y, si lo entiendo, dices que la retórica es operaria de persuasión, y que todo su quehacer y lo capital de ella en esto se consuma. ¿O puedes indicarnos si el poder de la retórica se extiende a algo más y mejor que producir persuasión en el alma de los oyentes? [453a] Gorgias: En manera alguna, Sócrates; me parece que lo has satisfactoriamente definido; porque en eso consiste lo capital de ella. [453a] Sócrates: Pues bien, Gorgías, oye: ten por cierto, tal es mi convencimiento, que si ha habido alguien que, dialogando con otro, quiera saber precisamente de lo que se está hablando, yo soy uno de ellos; y tú eres otro, tal juzgo. [453b] Gorgias: Pues bien, ¿qué?, Sócrates. [453b] Sócrates: ¿Ahora te lo diré. Cuál sea esa persuasión que de la retórica proviene y de que tú hablas y sobre qué asuntos verse, claramente no lo sé; tenlo por sabido; aunque sospecho de cuál creo que hablas y sobre qué asuntos. No por ello dejaré de preguntarte sobre cuál afirmas ser la persuasión que de la retórica proviene y sobre qué asuntos versa. ¿Por qué, pues, preguntarte yo, si lo sospecho, y no lo digo yo mismo? No es en favor tuyo, sino del razonamiento, a fin de que proceda de manera tal que nos resulte enteramente claro sobre qué habla. Atiende, pues, a si te parece te pregunto ajustadamente; cual en el caso de preguntarte quién, entre los pintores, es Zeuxis, y me respondieras que es pintor de figuras animadas, ¿no te preguntaría con justicia qué clase de figuras animadas pinta y dónde? [453c] Gorgias: Ciertamente. [453d] Sócrates: ¿Y esto porque hay otros pintores que lo son de muchas otras figuras animadas? [453d] Gorgias: — Sí. [453d] Sócrates: Mas si no hubiera más pintor que Zeuxis, ¿se te hubiera respondido bellamente? [453d] Gorgias: ¿Pues, cómo no? [453d] Sócrates: Ahora bien, dime acerca de la retórica: ¿te parece que ella sola produce convencimiento, o también otras artes? Hablo precisamente de esto: quien enseña algo, ¿persuade de lo que enseña, o no? [453d] Gorgias: No tanto enseña, Sócrates, cuanto, sobre todo, persuade. [453e] Sócrates: Repitamos entonces lo referente a las artes de que estábamos justamente hablando; ¿la aritmética, y el aritmético, no nos enseña cuanto pertenece al número? [453e] Gorgias: Absolutamente. [453e] Sócrates: ¿Y además persuade? [453e] Gorgias: Sí. [453e] Sócrates: Así que la aritmética es operaria de persuasión. [453e] Gorgias: Patentemente, lo es. [453e] Sócrates: Si, pues, alguien nos pregunta: ¿de qué clase de persuasión y sobre qué?, le responderíamos: de esa clase de persuasión instructiva sobre lo impar y par en número; y, respecto de todas las demás artes recién mencionadas, podremos mostrar que son operarias de persuasión, de cuál y sobre qué. ¿No es así? [454a] Gorgias: Sí. [454a] Sócrates: Así que la retórica no es la única operaria de persuasión. [454a] Gorgias: Dices verdad. [454a] Sócrates: Puesto que, según esto, no es la única arte productora de persuasión, sino que hay además otras, repreguntaríamos de seguida con justicia, cual en el caso del pintor, a quien tal dijera: ¿de qué clase de persuasión y sobre qué es arte la retórica? ¿No te parece que es de justicia repreguntarlo? [454b] Gorgias: Me lo parece. [454b] Sócrates: Responde entonces, Gorgias, ya que también a ti te lo parece. [454b] Gorgias: Hablo, Sócrates, de la persuasión apropiada a juzgados y otras asambleas, de la que hace bien poco hablaba, y que versa sobre lo que es justo e injusto. [454b] Sócrates: También yo sospechaba que te referías a tal clase de persuasión, y sobre tales asuntos, Gorgias; mas no te sorprendas de que, un poco más adelante, te vuelva a hablar de algo, al parecer, evidente, y no obstante te lo pregunte; porque como digo, pregunto, no por ti, sino para, progresivamente, completar el razonamiento a fin de que no nos acostumbremos, subrepticiamente y antes de tiempo, a quitarnos la palabra; sino que tú termines lo tuyo de la manera que quieras y según tus presupuestos. [454c] Gorgias: Me parece que lo haces correctamente, Sócrates. [454c] «Σωκράτης: ἴθι δὴ καὶ τόδε ἐπισκεψώμεθα. καλεῖς τι μεμαθηκέναι; Γοργίας: καλῶ. Σωκράτης: τί δέ; πεπιστευκέναι; Γοργίας: ἔγωγε. Σωκράτης: πότερον οὖν ταὐτὸν δοκεῖ σοι εἶναι μεμαθηκέναι καὶ πεπιστευκέναι, καὶ μάθησις καὶ πίστις, ἢ ἄλλο τι; Γοργίας: οἴομαι μὲν ἔγωγε, ὦ Σώκρατες, ἄλλο. Σωκράτης: καλῶς γὰρ οἴει: γνώσῃ δὲ ἐνθένδε. εἰ γάρ τίς σε ἔροιτο: “ἆρ’ ἔστιν τις, ὦ Γοργία, πίστις ψευδὴς καὶ ἀληθής;” φαίης ἄν, ὡς ἐγὼ οἶμαι. Γοργίας: ναί. Σωκράτης: τί δέ; ἐπιστήμη ἐστὶν ψευδὴς καὶ ἀληθής; Γοργίας: οὐδαμῶς. Σωκράτης: δῆλον ἄρ’ αὖ ὅτι οὐ ταὐτόν ἐστιν. Γοργίας: ἀληθῆ λέγεις. Σωκράτης: ἀλλὰ μὴν οἵ τέ γε μεμαθηκότες πεπεισμένοι εἰσὶν καὶ οἱ πεπιστευκότες. Γοργίας: ἔστι ταῦτα. Σωκράτης: βούλει οὖν δύο εἴδη θῶμεν πειθοῦς, τὸ μὲν πίστιν παρεχόμενον ἄνευ τοῦ εἰδέναι, τὸ δ’ ἐπιστήμην; Γοργίας: πάνυ γε. Σωκράτης: ποτέραν οὖν ἡ ῥητορικὴ πειθὼ ποιεῖ ἐν δικαστηρίοις τε καὶ τοῖς ἄλλοις ὄχλοις περὶ τῶν δικαίων τε καὶ ἀδίκων; ἐξ ἧς πιστεύειν γίγνεται ἄνευ τοῦ εἰδέναι ἢ ἐξ ἧς τὸ εἰδέναι; Γοργίας: δῆλον δήπου, ὦ Σώκρατες, ὅτι ἐξ ἧς τὸ πιστεύειν. Σωκράτης: ἡ ῥητορικὴ ἄρα, ὡς ἔοικεν, πειθοῦς Σωκράτης: δημιουργός ἐστιν πιστευτικῆς ἀλλ’ οὐ διδασκαλικῆς περὶ τὸ δίκαιόν τε καὶ ἄδικον. Γοργίας: ναί. Σωκράτης: οὐδ’ ἄρα διδασκαλικὸς ὁ ῥήτωρ ἐστὶν δικαστηρίων τε καὶ τῶν ἄλλων ὄχλων δικαίων τε πέρι καὶ ἀδίκων, ἀλλὰ πιστικὸς μόνον: οὐ γὰρ δήπου ὄχλον γ’ ἂν δύναιτο τοσοῦτον ἐν ὀλίγῳ χρόνῳ διδάξαι οὕτω μεγάλα πράγματα. Γοργίας: οὐ δῆτα. Σωκράτης: φέρε δή, ἴδωμεν τί ποτε καὶ λέγομεν περὶ τῆς Σωκράτης: ῥητορικῆς: ἐγὼ μὲν γάρ τοι οὐδ’ αὐτός πω δύναμαι κατανοῆσαι ὅτι λέγω. ὅταν περὶ ἰατρῶν αἱρέσεως ᾖ τῇ πόλει σύλλογος ἢ περὶ ναυπηγῶν ἢ περὶ ἄλλου τινὸς δημιουργικοῦ ἔθνους, ἄλλο τι ἢ τότε ὁ ῥητορικὸς οὐ συμβουλεύσει; δῆλον γὰρ ὅτι ἐν ἑκάστῃ αἱρέσει τὸν τεχνικώτατον δεῖ αἱρεῖσθαι. οὐδ’ ὅταν τειχῶν περὶ οἰκοδομήσεως ἢ λιμένων κατασκευῆς ἢ νεωρίων, ἀλλ’ οἱ ἀρχιτέκτονες: οὐδ’ αὖ ὅταν στρατηγῶν αἱρέσεως πέρι ἢ τάξεώς τινος πρὸς πολεμίους ἢ χωρίων Σωκράτης: καταλήψεως συμβουλὴ ᾖ, ἀλλ’ οἱ στρατηγικοὶ τότε συμβουλεύσουσιν, οἱ ῥητορικοὶ δὲ οὔ: ἢ πῶς λέγεις, ὦ Γοργία, τὰ τοιαῦτα; ἐπειδὴ γὰρ αὐτός τε φῂς ῥήτωρ εἶναι καὶ ἄλλους ποιεῖν ῥητορικούς, εὖ ἔχει τὰ τῆς σῆς τέχνης παρὰ σοῦ πυνθάνεσθαι. καὶ ἐμὲ νῦν νόμισον καὶ τὸ σὸν σπεύδειν: ἴσως γὰρ καὶ τυγχάνει τις τῶν ἔνδον ὄντων μαθητής σου βουλόμενος γενέσθαι, ὡς ἐγώ τινας σχεδὸν καὶ συχνοὺς αἰσθάνομαι, οἳ ἴσως αἰσχύνοιντ’ ἄν σε ἀνερέσθαι. ὑπ’ Σωκράτης: ἐμοῦ οὖν ἀνερωτώμενος νόμισον καὶ ὑπ’ ἐκείνων ἀνερωτᾶσθαι: “τί ἡμῖν, ὦ Γοργία, ἔσται, ἐάν σοι συνῶμεν; περὶ τίνων τῇ πόλει συμβουλεύειν οἷοί τε ἐσόμεθα; πότερον περὶ δικαίου μόνον καὶ ἀδίκου ἢ καὶ περὶ ὧν νυνδὴ Σωκράτης ἔλεγεν;” πειρῶ οὖν αὐτοῖς ἀποκρίνεσθαι. Γοργίας: ἀλλ’ ἐγώ σοι πειράσομαι, ὦ Σώκρατες, σαφῶς ἀποκαλύψαι τὴν τῆς ῥητορικῆς δύναμιν ἅπασαν: αὐτὸς γὰρ καλῶς ὑφηγήσω. οἶσθα γὰρ δήπου ὅτι τὰ νεώρια ταῦτα Γοργίας: καὶ τὰ τείχη τὰ Ἀθηναίων καὶ ἡ τῶν λιμένων κατασκευὴ ἐκ τῆς Θεμιστοκλέους συμβουλῆς γέγονεν, τὰ δ’ ἐκ τῆς Περικλέους ἀλλ’ οὐκ ἐκ τῶν δημιουργῶν. Σωκράτης: λέγεται ταῦτα, ὦ Γοργία, περὶ Θεμιστοκλέους: Περικλέους δὲ καὶ αὐτὸς ἤκουον ὅτε συνεβούλευεν ἡμῖν περὶ τοῦ διὰ μέσου τείχους.» (Burnet, 454c–455e) [456a] Gorgias: ¿No ves, Sócrates, que, cuando se trata de elegir a los que te referías, son los oradores quienes aconsejan y se llevan victoriosamente los votos en tales asuntos? [456a] Sócrates: Admirándome de esto, Gorgias, hace rato me pregunto cuál es el poder de la retórica, porque se me aparece cual daimoníaca, considerando su grandeza. [456a] Gorgias: ¡Si supieras todo!, Sócrates; que, por decirlo así, reúne y tiene bajo su dominio todos los poderes. Te daré gran prueba: son ya muchas veces las que yendo yo con mi hermano y otros médicos a visitar a algún enfermo que no quería beber un medicamento o prestarse a que el médico lo sajara o cauterizase, no pudiendo el médico persuadírselo, lo persuadí yo, no por otra arte alguna sino por la retórica. Afirmo además que, si llegando a una ciudad, la que quieras, un varón orador y un médico, hubieran de discutir, hablando ante tina asamblea o cualquiera otra reunión, sobre a quién de los dos habría de elegirse para médico, no es en modo alguno evidente que se eligiera al médico, sino al potente en palabras, si es que lo quiere. Y si tuviera que luchar contra cualquier otro perito, el orador convencería de que se lo eligiera a él más bien cáue a otro cualquiera, porque no hay materia sobre que el orador no hable ante la multitud más persuasivamente que cualquier otro de los peritos. ¡Tanto y tal es el poder de esta arte! Por cierto, Sócrates, que se ha de usar de la retórica como de cualquiera otra arte de luchar. Porque no se ha de usar de ellas contra todos, precisamente porque se aprendió boxeo, lucha libre y armada, de modo que se venza por igual a amigos y enemigos; y no por sólo eso se ha de pegar, acuchillar y matar a los amigos. Y, por Júpiter!, si alguien habiendo frecuentado la palestra, y llegado a ser boxeador en buena forma, golpeara al padre y a la madre y a cualquiera de los familiares o amigos, no por esto hay que odiar a los adiestradores y a los que enseñan a pelear armados, ni expulsarlos de las ciudades, porque les dieron tales artes con la intención de que usasen de ellas según justicia contra enemigos e injustos, para defenderse, no para atacar; mas ellos, pervirtiéndolas, abusan de la fuerza y de las artes. No son, pues, malos los maestros; y una arte no es ni causa ni mala por tal motivo; lo son quienes no la usan correctamente. La misma razón vale, ahora también, de la arte retórica, porque el orador es capaz de hablar, contra todos y sobre todo, de manera tal que, en L definitiva, confíen más en él las multitudes respecto de lo que pretenda; mas no por esto se ha de arrebatar a los médicos la honra, aunque pudiera hacerlo, ni a los demás peritos; sino servirse, según justicia, tanto de la retórica como de las armas. Empero, pienso, que si alguien, llegado a retórico, usa injustamente de tal poder y de tal arte, no se ha de odiar al maestro y expulsarlo de las ciudades, porque éste la entregó para que se la usara según justicia; mas él la usa para lo contrario. Es, pues, justo que se odie a quien no la usa justamente, se lo expulse y mate; mas no, al maestro. [457c] Sócrates: Creo, Gorgias, que también tú eres un experto en razonamientos y que habrás observado en ellos no ser fácil el que los que se proponen dialogar determinen cómo aprender y enseñarse unos a otros de tal manera que la reunión llegue a término debido; más bien pasa que, cuando discrepan, y el uno dice que el otro no se explica correcta o claramente, se enojan y creen que habla así por secretear su opinión, prefiriendo vencer a investigar lo que el razonamiento propone. [457d] Y aun algunos terminan separándose de malísima manera: insultándose, hablando y oyendo unos de otras cosas tales que los presentes llevan a mal haberse dignado hacer de oyentes de tales hombres. [457e] ¿Por qué digo esto?, porque me parece ahora que no estás hablando ni consecuente ni consonantemente con la que comenzaste a decir sobre la retórica. Me entra, pues, temor de refutarte, no sea que supongas hablo, con ganas de disputar, contra la cuestión, por no estar clara, sino contra ti. Si, pues, eres de la misma clase de hombres que yo me agradaría proseguir preguntándote; mas si no, lo dejaría correr. ¿Pero de qué clase soy yo?; soy de aquellos a quienes agrada ser refutados, si digo algo no verdadero; y que gustan de refutar a quien diga algo no verdadero; que no me es más desagradable ser de los refutados que de los refutadores, ya que tengo lo primero por bien tanto mayor cuanto es mayor bien librarse del máximo mal que librar a otro, porque creo no haber para el hombre mal tan grande como una falsa opinión sobre la que justamente estamos tratando. Si, pues, afirmas ser tú también de esta clase, dialoguemos; mas si te parece mejor dejarlo correr, dejémoslo ya y soltemos el razonamiento. O bien, ¿no serás de manera alguna capaz de enseñarle retórica, si no sabe de antemano la verdad de todo eso? ¿Qué hay de todo esto, Gorgias? Y, por Júpiter!, como acabas de decir, descúbrenos y explica cuál es el poder de la retórica. [458b] «Γοργίας: ἀλλὰ φημὶ μὲν ἔγωγε, ὦ Σώκρατες, καὶ αὐτὸς τοιοῦτος εἶναι οἷον σὺ ὑφηγῇ: ἴσως μέντοι χρῆν ἐννοεῖν καὶ τὸ τῶν παρόντων. πάλαι γάρ τοι, πρὶν καὶ ὑμᾶς ἐλθεῖν, ἐγὼ τοῖς παροῦσι πολλὰ ἐπεδειξάμην, καὶ νῦν ἴσως πόρρω ἀποτενοῦμεν, Γοργίας: ἢν διαλεγώμεθα. σκοπεῖν οὖν χρὴ καὶ τὸ τούτων, μή τινας αὐτῶν κατέχομεν βουλομένους τι καὶ ἄλλο πράττειν. Χαιρεφῶν: τοῦ μὲν θορύβου, ὦ Γοργία τε καὶ Σώκρατες, αὐτοὶ ἀκούετε τούτων τῶν ἀνδρῶν βουλομένων ἀκούειν ἐάν τι λέγητε: ἐμοὶ δ’ οὖν καὶ αὐτῷ μὴ γένοιτο τοσαύτη ἀσχολία, ὥστε τοιούτων λόγων καὶ οὕτω λεγομένων ἀφεμένῳ προὐργιαίτερόν τι γενέσθαι ἄλλο πράττειν. Καλλίκλης: νὴ τοὺς θεούς, ὦ Χαιρεφῶν, καὶ μὲν δὴ καὶ αὐτὸς πολλοῖς ἤδη λόγοις παραγενόμενος οὐκ οἶδ’ εἰ πώποτε ἥσθην οὕτως ὥσπερ νυνί: ὥστ’ ἔμοιγε, κἂν τὴν ἡμέραν ὅλην ἐθέλητε διαλέγεσθαι, χαριεῖσθε. Σωκράτης: ἀλλὰ μήν, ὦ Καλλίκλεις, τό γ’ ἐμὸν οὐδὲν κωλύει, εἴπερ ἐθέλει Γοργίας. Γοργίας: αἰσχρὸν δὴ τὸ λοιπόν, ὦ Σώκρατες, γίγνεται ἐμέ γε μὴ ἐθέλειν, αὐτὸν ἐπαγγειλάμενον ἐρωτᾶν ὅτι τις βούλεται. Γοργίας: ἀλλ’ εἰ δοκεῖ τουτοισί, διαλέγου τε καὶ ἐρώτα ὅτι βούλει. Σωκράτης: ἄκουε δή, ὦ Γοργία, ἃ θαυμάζω ἐν τοῖς λεγομένοις ὑπὸ σοῦ: ἴσως γάρ τοι σοῦ ὀρθῶς λέγοντος ἐγὼ οὐκ ὀρθῶς ὑπολαμβάνω. ῥητορικὸν φῂς ποιεῖν οἷός τ’ εἶναι, ἐάν τις βούληται παρὰ σοῦ μανθάνειν; Γοργίας: ναί. Σωκράτης: οὐκοῦν περὶ πάντων ὥστ’ ἐν ὄχλῳ πιθανὸν εἶναι, οὐ διδάσκοντα ἀλλὰ Σωκράτης: πείθοντα; Γοργίας: πάνυ μὲν οὖν. Σωκράτης: ἔλεγές τοι νυνδὴ ὅτι καὶ περὶ τοῦ ὑγιεινοῦ τοῦ ἰατροῦ πιθανώτερος ἔσται ὁ ῥήτωρ. Γοργίας: καὶ γὰρ ἔλεγον, ἔν γε ὄχλῳ. Σωκράτης: οὐκοῦν τὸ ἐν ὄχλῳ τοῦτό ἐστιν, ἐν τοῖς μὴ εἰδόσιν; οὐ γὰρ δήπου ἔν γε τοῖς εἰδόσι τοῦ ἰατροῦ πιθανώτερος ἔσται. Γοργίας: ἀληθῆ λέγεις. Σωκράτης: οὐκοῦν εἴπερ τοῦ ἰατροῦ πιθανώτερος ἔσται, τοῦ εἰδότος πιθανώτερος γίγνεται; Γοργίας: πάνυ Γοργίας: γε. Σωκράτης: οὐκ ἰατρός γε ὤν: ἦ γάρ; Γοργίας: ναί. Σωκράτης: ὁ δὲ μὴ ἰατρός γε δήπου ἀνεπιστήμων ὧν ὁ ἰατρὸς ἐπιστήμων. Γοργίας: δῆλον ὅτι. Σωκράτης: ὁ οὐκ εἰδὼς ἄρα τοῦ εἰδότος ἐν οὐκ εἰδόσι πιθανώτερος ἔσται, ὅταν ὁ ῥήτωρ τοῦ ἰατροῦ πιθανώτερος ᾖ. τοῦτο συμβαίνει ἢ ἄλλο τι; Γοργίας: τοῦτο ἐνταῦθά γε συμβαίνει. Σωκράτης: οὐκοῦν καὶ περὶ τὰς ἄλλας ἁπάσας τέχνας ὡσαύτως ἔχει ὁ ῥήτωρ καὶ ἡ ῥητορική: αὐτὰ μὲν τὰ πράγματα οὐδὲν δεῖ αὐτὴν εἰδέναι ὅπως ἔχει, μηχανὴν Σωκράτης: δέ τινα πειθοῦς ηὑρηκέναι ὥστε φαίνεσθαι τοῖς οὐκ εἰδόσι μᾶλλον εἰδέναι τῶν εἰδότων. Γοργίας: οὐκοῦν πολλὴ ῥᾳστώνη, ὦ Σώκρατες, γίγνεται, μὴ μαθόντα τὰς ἄλλας τέχνας ἀλλὰ μίαν ταύτην, μηδὲν ἐλαττοῦσθαι τῶν δημιουργῶν; Σωκράτης: εἰ μὲν ἐλαττοῦται ἢ μὴ ἐλαττοῦται ὁ ῥήτωρ τῶν ἄλλων διὰ τὸ οὕτως ἔχειν, αὐτίκα ἐπισκεψόμεθα, ἐάν τι ἡμῖν πρὸς λόγου ᾖ: νῦν δὲ τόδε πρότερον σκεψώμεθα, ἆρα Σωκράτης: τυγχάνει περὶ τὸ δίκαιον καὶ τὸ ἄδικον καὶ τὸ αἰσχρὸν καὶ τὸ καλὸν καὶ ἀγαθὸν καὶ κακὸν οὕτως ἔχων ὁ ῥητορικὸς ὡς περὶ τὸ ὑγιεινὸν καὶ περὶ τὰ ἄλλα ὧν αἱ ἄλλαι τέχναι, αὐτὰ μὲν οὐκ εἰδώς, τί ἀγαθὸν ἢ τί κακόν ἐστιν ἢ τί καλὸν ἢ τί αἰσχρὸν ἢ δίκαιον ἢ ἄδικον, πειθὼ δὲ περὶ αὐτῶν μεμηχανημένος ὥστε δοκεῖν εἰδέναι οὐκ εἰδὼς ἐν οὐκ εἰδόσιν Σωκράτης: μᾶλλον τοῦ εἰδότος; ἢ ἀνάγκη εἰδέναι, καὶ δεῖ προεπιστάμενον ταῦτα ἀφικέσθαι παρὰ σὲ τὸν μέλλοντα μαθήσεσθαι τὴν ῥητορικήν; εἰ δὲ μή, σὺ ὁ τῆς ῥητορικῆς διδάσκαλος τούτων μὲν οὐδὲν διδάξεις τὸν ἀφικνούμενον — οὐ γὰρ σὸν ἔργον — ποιήσεις δ’ ἐν τοῖς πολλοῖς δοκεῖν εἰδέναι αὐτὸν τὰ τοιαῦτα οὐκ εἰδότα καὶ δοκεῖν ἀγαθὸν εἶναι οὐκ ὄντα;» (Burnet, 458b–459e) [460a] Gorgias: Estoy seguro, Sócrates, de que, en caso de no saberlo tú, lo aprenderás de mí. [460a] Sócrates: ¡Tente!; bellamente dicho eso de que, si haces retórico a alguien, le es necesario saber qué es lo justo e injusto, o antes o después de haberlo aprendido de ti. [460a] Gorgias: Absolutamente. [460b] Sócrates: Pues bien: quien ha aprendido a construir, ¿es constructor o no? [460b] Gorgias: Sí. [460b] Sócrates: Así también, quien ha aprendido música, ¿es músico? [460b] Gorgias: — Sí. [460b] Sócrates: Y la medicina, ¿médico?; y parecidamente, según la misma razón, quien haya aprendido algo determinado, ¿resulta ser tal cual lo haga la ciencia correspondiente? [460b] Gorgias: — Absolutamente. [460b] Sócrates: Así, pues, según la misma razón, también quien haya aprendido lo justo, ¿es justo? [460b] Gorgias: Enteramente, por cierto. [460b] Sócrates: Mas el justo hace lo que es justo. [460b] Gorgias: Sí. [460b] Sócrates: ¿Así que necesariamente el justo querrá hacer lo que sea justo? [460b] Gorgias: Así parece. [460b] Sócrates: Jamás, pues, querrá el justo obrar injustamente. [460b] Gorgias: Necesariamente. [460b] Sócrates: Se sigue, pues, de esta razón que el orador es, necesariamente, justo. [460b] Gorgias: Sí. [460b] Sócrates: Así que jamás querrá el orador obrar injustamente. [460b] Gorgias: Parece que no. [460b] Sócrates: —¿Recuerdas haber dicho hace poco que no se ha de acusar a los adiestradores ni expulsarlos de las ciudades, si un boxeador usa y abusa de su arte? De igual manera también, si un orador usa injustamente de la retórica, ¿no habrá que acusar al maestro ni arrojarlo de la Ciudad, sino al que obró injustamente y se sirvió incorrectamente de la retórica? ¿Se dijo esto, a no? [460d] Gorgias: Se dijo. [460e] Sócrates: Ahora bien: parece cual si el orador mismo no obrara jamás injustamente. ¿O no? [460e] Gorgias: Parece. [460e] Sócrates: Además, Gorgias, en los primeros razonamientos se dijo que la retórica versaba sobre razones que hablan no de lo par e impar, sino de lo justo e injusto. ¿Es así? [460e] Gorgias: Sí. [460e] Sócrates: Ahora bien: oyéndote decir esto, supuse que la retórica jamás sería injusta, ya que no trata ni habla sino de la justicia. Mas cuando, hace poco, dijiste que el orador pudiera servirse injustamente de la retórica, me sorprendió y, - pensando que tales dichos no concordaban, dije lo que dije: que sí tenías, como yo, por provechoso el ser refutado, valía la pena dialogar; mas si no, dejarlo correr. Pero, posteriormente, puesto a nuestra consideración, ves tú mismo y admites ser imposible el que orador use injustamente de la retórica y consienta en obrar injustamente. Cómo sean, pues, las cosas, requiere, por el Perro!, Gorgias, para satisfactoria consideración una no breve sesión. [461b] Polo: Pues, ¿qué?, Sócrates; ¿así que aun tú opinas sobre la retórica lo que estás diciendo? ¿O crees que Gorgias se avergonzó de admitir ante ti que el orador conoce lo $e Es justo, bello y bueno, y que, a quien se llegare a él sin saberlo, se lo enseñará; pero, más adelante, partiendo tal vez de tal admisión, resultó de los razonamientos algo contrario: lo que tanto te agrada, cuando eres tú mismo quien así conduce el interrogatorio? Porque, ¿quién crees vi a negar que sepa lo justo y que lo enseñará a los otros? Conducir el razonamiento a tal término, gran rudeza es. [461c] Sócrates: Pero, bellísimo Polo, precisamente adquirimos compañeros e hijos para que cuando, (por viejos, desfallezcamos, presentes vosotros los jóvenes enderecéis nuestra vida en obras y palabras. Si, pues, ahora yo y Gorgias hemos desfallecido algo en los razonamientos, presente tú, enderézalo; es de justicia. Además, deseo que si algo de 19 admitido te parece no haber sido bellamente, lo rehagas a tu gusto, —con una sola reserva a mi favor. [461d] Polo: ¿A qué te refieres? [461d] Sócrates: A la longiloquía, Polo, que tan bien dominas y de que intentaste servirte al comienzo. [461e] Polo: ¿Cómo?, ¿que no me será lícito decir cuanto quiera? [461e] Sócrates: — Terrible cosa fuera, optimo, si llegado a Atenas, lugar de máxima liberta:! de hablar, en Grecia, tú solo tuvieras mala suerte en esto. Pero, en contrapartida: ¿no sería algo terrible para mí, el que hablando tú por lo largo, y no accediendo a responderme a lo preguntado, no me fuera lícito irme y no oírte? Mas si te preocupas algo del razonamiento hecho, y quieres rectificarlo, como decía ahora mismo, rehazlo según tu opinión, preguntando y, a su turno, siendo preguntado, cual yo y Gorgias; refuta y se también refutado, ya que afirmas saber tú tanta como Gorgias. ¿No es así? [462a] Polo: Por mí que sí. [462a] Sócrates: ¿Así que también tú exiges que se te pregunte lo que cualquiera desee, que sabes cómo responder? [462a] Polo: Pues absolutamente. [462a] Sócrates: Ahora bien: pregunta o responde: ¿cuál de las dos cosas quieres hacer? [462b] Polo: Lo haré; respóndeme, Sócrates; puesto que Gorgias te parece despistado acerca de la retórica, ¿qué es ella, según tú? [462b] Sócrates: ¿Preguntas, pues, qué clase de arte, afirmo. [462b] Polo: Justamente. [462b] Sócrates: Me parece que ninguna, Polo, para decirte verdad. [462b] Polo: Pero, ¿qué te parece ser la retórica? [462b] Sócrates: Un quehacer que has convertido en arte, cual afirmas en un escrito que leí recientemente. [462c] Polo: ¿Tú qué dices ser? [462c] Sócrates: Me parece ser una cierta pericia. [462c] Polo: ¿Así que te parece ser pericia la retórica? [462c] Sócrates: A mí sí, a no ser que tú digas otra cosa. [462c] Polo: Pericia, ¿en qué? [462c] Sócrates: En producir una cierta complacencia y deleite. [462c] Polo: ¿Según esto te parece ser la retórica algo bello, complacer a los hombres? [462d] Sócrates: ¿Pues qué?, Polo, ¿no te enteraste aún de lo afirmo ser ella, de modo que preguntas además, si no [462d] Polo: ¿Qué no me enteré de que afirmaras ser una [462d] Sócrates: ¿Quieres, pues, ya que tanto aprecias eso de me complazcas a mí en una cosita? [462d] Polo: Por mí, que sí. [462d] Sócrates: Pregúntame ahora: qué atte me parece ser culinaria. [462d] Polo: Te pregunto, pues: ¿qué arte es la culinaria? [462d] Polo: Pues, ¿qué es? Dilo. [462d] Sócrates: Afirmo que es una cierta pericia. [462d] Polo: ¿En qué?, dilo. [462e] Sócrates: Afirmo, que en producir complacencia y deleite, Polo. [462e] Polo: ¿Son, pues, lo mismo culinaria y retórica? [462e] Sócrates: De ninguna manera, aunque sí son parte del mismo oficio. [462e] Polo: ¿De qué oficio hablas? [462e] Sócrates: 'Temo que resulte rudo decir la verdad; me resisto a decirla por causa de Gorgias, no crea que tomo a comedia su oficio; no sé si eso es la retórica de que Gorgias hace oficio, porque del razonamiento aún no nos ha resultado nada del todo claro qué es lo que piensa. Lo que yo llamo “retórica” es parte de un quehacer, y no de alguno de los bellos. [463a] Gorgias: ¿De cuál, Sócrates?, dilo; por mi, no te avergüences. [463a] Sócrates: Pues bien: me parece, Gorgias, que no es oficio alguno de arte, sino propio de un alma atisbadora, varonil y naturalmente audaz en el trato de los hombres. Y a lo capital de ello llamo “adulancia”. Hay en este oficio muchas y variadas partes, me parece; una de las cuales es la culinaria. Por cierto, que lo que parece ser arte, no es —así lo pienso— arte, sino pericia y rutina. Parte de la adulancia llamo aun a la retórica, a la ornamentística y a la sofística, cuatro partes sobre cuatro oficios. Si, pues. Polo quiere informarse, que se informe, porque tal vez no está informado de qué especial parte de la adulancia afirmo ser la retórica; sólo que se le pasa por alto el que no habiendo aún respondido, me repregunta si no la tengo por bella. Por mi parte no le responderé si tengo a la retórica por algo bello o feo, antes de que responda primeramente a qué es, —no sería ajustado, Polo. Si quiere enterarse, que pregunte qué especial parte de la adulancia afirmo ser la retórica. [463c] Polo: Pregunto ya; respóndeme: qué especial parte es. [463d] Sócrates: Espero que comprendas mi respuesta: la retórica es, según mi pensamiento, un eídolo de una parte de la política. [463d] Polo: Pero, ¿qué?; ¿dices que es algo bello o feo? [463d] Sócrates: Para mí, por cierto, algo feo; ya que a lo malo llamo feo, si es que he de responderte cual si supieras ya lo que digo. [463d] Gorgias: ¡Por Júpiter!, Sócrates; que ni yo mismo comprendo lo que dices. [463d] Sócrates: Casi es natural, Gorgias; porque no me explico aún claramente; mas Polo es joven y agudo. [463e] Gorgias: Pero déjalo a él y dime: ¿en qué sentido afirmas ser la retórica eídolo de una parte de la política? [463e] Sócrates: — Trataré de explicarte lo que me parece ser la retórica; mas si no acierto en lo que es. Polo aquí presente me refutará. ¿Llamas a algo cuerpo y alma? [464a] Gorgias: Pues, ¿cómo no? [464a] Sócrates: ¿Crees, además, que hay para cada uno un bienestar? [464a] Gorgias: Sí, lo creo. [464a] Sócrates: Pues bien; ¿bienestar aparente, mas no real? Me refiero a esto: muchos creen estar bien de cuerpo; mas, fuera de un médico o adiestrador, difícilmente alguien notaría que no están bien. [464a] Gorgias: Dices verdad. [464a] Sócrates: — Algo así, afirmo haber tanto en cuerpo como en alma que da la apariencia de estar bien cuerpo y alma; mas, no por eso, es así. [464b] Gorgias: Así es. [464b] Sócrates: ¡Tente!, que, si puedo, te explicaré más claramente lo que digo: digo que a dos clases de quehaceres corresponden dos clases de artes. Llamo “política” a la correspondiente al alma; mas no tengo parecidamente qué nombre darte para la del cuerpo, aunque, a pesar de ser algo unitario el cuidado del cuerpo, llamo a sus dos partes, a la una “gimnástica”; a la otra, “medicina”. En la política, la legislativa se corresponde con la gimnástica; y la justicia, con la medicina. [464b] Ciertamente que se comunican entre sí, ya que versan sobre lo mismo cada una de ellas: la medicina con la gimnástica, la justicia con la legislativa. No obstante se diferencian entre sí. Son cuatro, y se cuidan constantemente de lo mejor, dos de ellas para el cuerpo; las otras dos, para el alma; notando lo cual, la adulancia —no por conocimiento, digo, sino por atisbos— se divide a sí misma en cuatro, e, insinuándose en cada una de tales partes, hácese pasar por ser lo insinuado mismo; mas en nada se preocupa de lo mejor. Con el gran cebo del placer caza siempre y engaña a los insensatos, de modo que máximo es, al parecer, su prestigio. Así, subrepticiamente, la culinaria se insinúa en la medicina, y finge conocer cuáles son los mejores alimentos para el cuerpo, de manera que, si cocinero y médico hubieran de disputar ante niños o ante varones tan insensatos como niños, sobre quién de los dos —médico o cocinero— entiende más de alimentos sanos y dañosos, el médico se moriría de hambre. A esto, pues, Polo, llamo “adulancia”; y afirmo que es algo feo, —vaya esto para ti— porque apunta a lo deleitable, sin dar en lo mejor. Y afirmo que no es arte, sino pericia, porque no tiene razones que dar, respecto de lo que aporta, de si es lo que conviene a la naturaleza, de manera que no puede señalar sus causas. No llamo, pues, “arte”, a algo que sea irracional. Si acerca de esto dudares, me ofrezco a darte razones. Como digo, a la medicina se subordina la culinaria por adulancia; y por la misma razón, a la gimnástica, la adornística que es maliciosa, falaz, ignoble, iliberal, que engaña con figurines, colores, afeites y vestimenta hasta hacer que, arreados de belleza ajena, se descuide la propia que por la gimnástica viene. Para no caer en longiloquía, quiero decírtelo, tal vez así me seguirás, al modo de los geómetras: que la adornística se ha a la gimnástica como la culinaria a la medicina. O mejor así: que el maquillaje se ha a la gimnástica como la sofística a la legislativa, y que la culinaria se ha a la medicina como la retórica a la justicia. Sostengo que, por naturaleza, se diferencian así; están tan cercanas que entran en la misma casilla, y tratan sobre lo mismo sofistas y oradores, y así no saben qué hacer ellos de sí mismos; ni los demás hombres, de ellos. Porque si el alma no manda sobre el cuerpo, sino éste sobre sí mismo, y si culinaria y medicina no fueran supervisadas, y discerniera entre culinaria y medicina, sino que el mismo cuerpo juzgara sopesando sus propios placeres, gran realidad fuera lo de Anaxágoras, querido Polo. [465d] tan versado en ello: «a la vez y en el mismo lugar revueltas todas las cosas», —e indiscernibles las medicinales, las salutíferas y las culinarias. Has oído lo que afirmo ser la retórica: lo correspondiente, respecto del alma, a la culinaria, —ésta, en cuanto al cuerpo. Tal vez he obrado inconsecuentemente al no dejarte hacer largos razonamientos, y haber yo extendido tanto El mío. Merezco tu condescendencia, porque, cuando hablé brevemente, no me entendiste, ni fuiste capaz de aprovechar la respuesta que le di, sino que me pediste explicación. Si, pues, a mi vez no sé aprovechar tu respuesta, extiende tu razonamiento; mas si sé, déjame que la aproveche; es justo. Y ahora, si tienes cómo aprovechar esta respuesta, aprovéchala. [466a] Polo: ¿Afirmas, pues, que la retórica te parece ser adulancia? [466a] Sócrates: Dije, más bien, que es una parte de la adulancia. ¿No tienes, Polo, memoria, ya a tu edad? [466a] Polo: ¿Te parece, pues, que los buenos oradores serán menospreciados en las Ciudades por ser adulones? [466b] Sócrates: ¿Es pregunta que haces, o das comienzo a un razonamiento? [466b] Polo: Pregunto. [466b] Sócrates: Me parece que ni siquiera se los menosprecia. [466b] Polo: ¿Cómo, que ni siquiera se los aprecia? ¿Que no son el máximo poder en las Ciudades? [466b] Sócrates: No, si llamas “poder” al ser algo bueno para el poderoso. [466b] Polo: Por cierto que así lo llamo. [466b] Sócrates: Pues, en este sentido, me parece que los oradores tienen un mínimo poder en las Ciudades. [466b] Polo: Pero, ¿cómo así?: ¿que, a semejanza de los tiranos, no hacen matar a quien quieren, despojar de sus bienes y expulsar de las ciudades a quien les parezca? [466b] Sócrates: ¡Por el Perro!, Polo, me desconcierta en cada cosa que dices si la dices cual tuya y no declaras tu pensamiento, o si me preguntas. [466b] Polo: Pues te pregunto. [466b] Sócrates: Sea, amigo; entonces, ¿me preguntas a la vez cosas? [466b] Polo: ¿Cómo dos? [466b] Sócrates: ¿No acabas de decir algo así como que los cual los tiranos, hacen matar a los que quieren. [466d] desde sus bienes y expulsar de las ciudades a quien les parezca. [466d] Polo: Lo dije. [466d] Sócrates: Te digo que son dos preguntas y que te resambas; porque afirmo, Polo, que tanto oradores tiranos tienen mínimo poder en las Ciudades, cual acabo decir, porque no hacen nada de lo que quieren, por decirlo aunque hagan lo que les parece ser óptimo. [466e] Polo: ¿Pues, no es esta tener gran poder? [466e] Sócrates: No, según lo que afirma, Polo. [466e] Polo: ¿Yo afirmo que no? Pues afirmo yo mismo que no. [466e] Sócrates: Por,., tú afirmas que no, sin tener gran resulta ser un bien para el poderoso. [466e] Polo: Pues lo afirmo. [466e] Sócrates: ¿Crees, pues, que es un bien si uno hace lo le parece ser óptimo, sin inteligencia? ¿Y a eso llamas [466e] Polo: Yo no. [466e] Sócrates: ¿Demostrarás, pues, que los oradores son inque la retórica es arte, y no adulancia, refutándome mí? Que si me dejas sin refutar, los oradores que hacen en Ciudades lo que les parece, y los tiranos, nada de bueno de que el poder sea, cual tú afirmas, un bien; que. [467a] aun tú admites, hacer sin inteligencia lo que a uno le es un mal, ¿No es así? [467a] Polo: Por mi, lo es. [467a] Sócrates: ¿En qué sentido, pues, los oradores y los tiranos tienen gran poder en las Ciudades, si Polo no refuta a Sócrates mostrándole que hacen lo que quieren? [467b] Polo: ¡Qué hombre éste! [467b] Sócrates: Afirmo que no hacen lo que quieren. Así que refútame. [467b] Polo: ¿No acabas de admitir que hacen lo que les parece óptimo? [467b] Sócrates: Pues continúo admitiéndolo. [467b] Polo: ¿No hacen, pues, lo que quieren? [467b] Sócrates: — Afirmo que no. [467b] Polo: ¿Aun haciendo lo que les parece? [467b] Sócrates: Lo afirmo. [467b] Polo: ¡Qué cosas tan crueles y monstruosas dices!, Sócrates. [467b] Sócrates: ¡No insultes!, Polo óptimo, alitero a tu modo. Pero si tienes algo que preguntarme, demuestra que estoy en lo falso; si no, responde tú. [467c] Polo: Estoy dispuesto a responder, cuando sepa ya lo que dices. [467c] Sócrates: ¿Te parece que los hombres quieren lo que en cada caso hacen, o quieren aquello en vistas a lo cual hacen lo que hacen? Cuál los que toman un medicamento por orden de los médicos, ¿te parece que quieren lo que hacen: tomar el medicamento y sufrir, o no más bien aquello en vistas a lo cual lo toman: sanar? [467c] Polo: Evidentemente, por sanar. [467c] Sócrates: — Así también los navegantes y cualquiera clase de traficantes lo que quieren en su trabajo no es lo que hacen, porque, ¿quién va a querer navegar, peligrar y pasar trabajos?; sino más bien, creo, aquello en vistas a lo cual navegan: enriquecerse, que, mirando a la riqueza, se dan a la mar. [467d] Polo: Absolutamente. [467d] Sócrates: ¿Qué otra cosa en los demás casos?; si alguien hace algo en vistas a algo, ¿no quiere lo que hace, sino aquello por que lo hace? [467d] Polo: Sí. [467e] Sócrates: ¿Hay, entre las cosas, algo que no sea o bueno o malo o intermedio de ellos: ni bueno ni malo? [467e] Polo: Nada, necesariamente, Sócrates. [467e] Sócrates: ¿Afirmas, pues, que son ciertamente buenas la sabiduría, la salud, la riqueza y otras cosas por el estilo; y malas, sus contrarias? [467e] Polo: Yo, sí. [467e] Sócrates: ¿Llamas “ni buenas ni malas” a aquellas que, a veces, participan del bien y a veces del mal, a veces de ninguno de los dos, cual sentarse, caminar, Correr, navegar, o cual Piedras, maderas y parecidas cosas? ¿Así llamas a éstas? ¿O llamas “ni buenas ni malas” a otras? [468a] Polo: No, sino a éstas. [468a] Sócrates: Cuando los hombres obran, ¿hacen lo entre bueno y malo en vistas a lo Bueno, o lo Bueno en vistas a lo intermedio? [468a] Polo: Lo intermedio, en vistas a lo Bueno, ciertamente. [468b] Sócrates: Así que, persiguiendo lo Bueno, caminamos al caminar, creyendo ser mejor; o, por el contrario, nos paramos cuando nos paramos, en vistas a lo mismo: a lo Bueno, ¿No es así? [468b] Polo: Sí. [468b] Sócrates: ¿Así también cuando hacemos matar a alguien, si es que lo hacemos, cuando lo expulsamos o despojamos de sus bienes, es porque creemos sernos mejor hacerlo que no hacerlo? [468b] Polo: Ciertamente. [468b] Sócrates: Luego quienes hacen tales cosas las hacen todas en vistas a lo Bueno. [468b] Polo: Lo afirmo. [468b] Sócrates: ¿Hemos, pues, admitido que las cosas que hacemos en vistas a algo, no las queremos, sino queremos aquello en vistas a lo cual las hacemos? [468c] Polo: Enteramente. [468c] Sócrates: Así, pues, no queremos ni degollar ni expulsar de las Ciudades ni despojar de bienes, así, simplemente; sino queremos hacerlo en caso de que nos resulten beneficiosos, mas si resultaren perjudiciales, no los queremos, porque queremos lo Bueno, como afirmas tú; mas no queremos ni lo malo, ni lo que no es ni bueno ni malo, ¿Ls así? ¿Te parece que digo la verdad, Polo?, ¿o no? ¿Que no respondes? [468c] Polo: Es verdad. [468d] Sócrates: Admitido, pues, esto, si se mata a alguien o se lo expulsa de la Ciudad o se le despoja de los bienes, creyendo un tirano o un orador que eso le es mejor, mas le resulte peor, ciertamente el tal hace lo que le parece. ¿Es así? [468d] Polo: Sí. [468d] Sócrates: ¿Hace, pues, lo que quiere, aun si resulta que es malo? ¿Que no respondes? [468d] Polo: Es que no me parece hacer lo que quiere. [468d] Sócrates: ¿Hay, pues, cómo ése tenga gran poder en tal Ciudad, si según tú admitiste, tener gran poder es un cierto bien? [468e] Polo: No hay cómo. [468e] Sócrates: Dije, pues, verdad al decir que es posible que no tenga gran poder ni haga lo que quiere un hombre que haga en la Ciudad lo que quiere. [468e] Polo: ¿Así que, ciertamente, tú, Sócrates, aceptarías no tener el poder de hacer en la Ciudad lo que te parezca, más bien que el tenerlo; ni envidiarías al que hiciera matar o despojar de los bienes o encarcelar a quien le pareciera. [468e] Sócrates: ¿Hablas de hacerlo justa o injustamente? [468e] Polo: De cualquiera de esas dos maneras que lo haga, ¿no es envidiable de ambas? a «ὁπότερ’ ἂν ποιῇ, οὐκ ἀμφοτέρως ζηλωτόν ἐστιν; εὐφήμει, ὦ Πῶλε. τί δή; ὅτι οὐ χρὴ οὔτε τοὺς ἀζηλώτους ζηλοῦν οὔτε τοὺς ἀθλίους, ἀλλ’ ἐλεεῖν. τί δέ; οὕτω σοι δοκεῖ ἔχειν περὶ ὧν ἐγὼ λέγω τῶν ἀνθρώπων; πῶς γὰρ οὔ; ὅστις οὖν ἀποκτείνυσιν ὃν ἂν δόξῃ αὐτῷ, δικαίως ἀποκτεινύς, ἄθλιος δοκεῖ σοι εἶναι καὶ ἐλεινός; οὐκ ἔμοιγε, οὐδὲ μέντοι ζηλωτός. οὐκ ἄρτι ἄθλιον ἔφησθα εἶναι;» (Burnet, 469a) [469a] Sócrates: ¡No seas malhablado, Polo! [469a] Polo: ¿En qué? [469a] Sócrates: En que no hay que envidiar ni a los no envidiable ni a los miserables, sino compadecerlos. [469a] Polo: Pues, ¿qué?; ¿te parece ser tales aquellos de que hablo? [469a] Sócrates: Pues, ¿cómo no? [469a] Polo: El que, pues, hace matar a quien le parezca, y lo haga matar justicieramente, ¿te parece ser un miserable digno de compasión? [469a] Sócrates: A mí, no; mas no, por eso, es envidiable. [469a] Polo: ¿No acabas de llamarlo “miserable”? [469b] Sócrates: Ál que haga matar a alguien injustamente, llamo, compañero, además de eso, “digno de compasión"; mas al que lo haga justicieramente, “inenvidiable”. [469b] Polo: Así que el injustamente muerto es digno de compasión y, además, miserable. [469b] Sócrates: Pero menos que quien lo hace matar, Polo; y menos que quien muere justicieramente. [469b] Polo: ¿Cómo así, Sócrates? [469b] Sócrates: Así: que el máximo de los males es obrar injustamente. [469b] Polo: ¿Que ése es, pues, el máximo? ¿No lo es mayor el padecer injustamente? [469b] Sócrates: En modo alguno. [469b] Polo: ¿Querrías, pues, padecer una injusticia más bien que hacerla? [469c] Sócrates: Por mi parte, no querría ni lo uno ni lo otro; mas si fuera necesario u obrar injustamente o padecer injustamente, elegiría padecer una injusticia más bien que hacerla. [469c] Polo: ¿Así que no aceptarías el ser tirano? [469c] Sócrates: No; si es que llamas "“tirano” a lo mismo que yo. [469c] Polo: Llamo yo a lo mismo de antes: poder de hacer, y hacer, en la ciudad lo que le parezca: matar, expulsar y obrar en todo según su propia opinión. [469c] Sócrates: ¡Polo feliz!, en hablando yo, toma tú la palabra; si en la plaza pública rellena, y con una daga bajo el brazo, te dijera: “Polo, me acaba de nacer un poder maravilloso y tiránico, porque si me parece que ha de morir inmediatamente uno de los hombres que ves, morirá el que me pareciere; y si me parece ha de cortársele la cabeza, al instante la tendrá cortada; y sí que se le destroce el vestido, destrozado quedará; tan grande es mi poder en tal Ciudad!”. Y si, ante tu desconfianza, te mostrara la daga, tal vez me dirías, viéndola: “¡Sócrates!, así, por cierto, todos tendrían gran poder, porque con maneras tales arderían la casa que quisieran, los arsenales de Atenas, las trirremes, todos los barcos públicos y privados”. ¿Que no consiste en esto el gran poder: en hacer lo que a uno le parezca? ¿Te lo parece? [469e] Polo: No, por cierto de esa manera. [470a] Sócrates: ¿Puedes, pues, decirme por qué desapruebas tal poder? [470a] Polo: Puedo. [470a] Sócrates: Bien, dilo. [470a] Polo: Porque quien así obrare será, necesariamente, castigado. [470a] Sócrates: Ser castigado, ¿no es un mal? [470a] Polo: Y grande, por cierto. [470a] Sócrates: Así que. Polo admirable, una vez más te parece que si de hacer lo que a uno le parece se le sigue algo efectivamente provechoso, además de ser un bien resulta, al parecer, consistir en eso el gran poder. Pero consideremos además estotro: ¿no convinimos en que, a veces, es mejor hacer las cosas que acabamos de mencionar: hacer matar y expulsar personas y despojarlas de sus bienes; pero que a veces, no lo es? [470b] Sócrates: En esto, pues, convenimos, al parecer, tú y Polo. Sí. [470b] Sócrates: ¿Cuándo, pues, afirmas ser mejor hacer tales cosas?; dime; ¿qué límite señalas? [470b] Polo: Pues responde tú a esto, Sócrates. [470c] Sócrates: Me reafirmo, Polo, si te es más agradable de mí, en que es mejor cuando se hace eso justamente; [470c] Polo: Pesado es, Sócrates, refutarte; ¿que no bastaría un niño para refutarte y mostrar que no dices verdad? [470c] Sócrates: Quedaré, pues, grandemente agradecido a tal e igualmente a ti, si me refutas y libras de tal sandez. te canses de hacer un favor a varón amigo; refuta pues. [470c] Polo: Por cierto, Sócrates, que no hace falta alguna con casos antiguos; los acaecidos ayer y anteayer son para refutarte y mostrar que muchos de los injustos felices. [470d] Sócrates: ¿A qué casos te refieres? [470d] Polo: Por cierto a Arquelao, hijo de Pérdicas, ¿ves manda en Macedonia? [470d] Sócrates: Si no lo veo, lo oigo. [470d] Polo: ¿Te parece que es feliz o desgraciado? [470d] Sócrates: No lo sé, Polo; pues no he tenido ocasión estar con tal varón. [470d] Polo: Pues bien: de haber estado con él lo sabrías; ¿no hay desde aquí otras maneras de saber que es feliz? [470e] Sócrates: ¡Por Júpiter!, ciertamente no. [470e] Polo: Es evidente, según esto, Sócrates, que afirmarás saber que es feliz el Gran Rey. [470e] Sócrates: Y lo diré con verdad, porque no sé cómo se en cuanto a educación y justicia. [470e] Polo: ¿Y qué?, ¿que en eso consiste enteramente la [470e] Sócrates: — Así lo digo, por cierta, Polo; porque varón, o mujer, bello-y-bueno es feliz, lo afirmo; mas es desgraciado el injusto y perverso. [470e] Polo: ¿Así que, según tu razonamiento, ese Arquelao es un desgraciado? [471a] Sócrates: Sí, amigo, si es injusto. [471a] Polo: Pero, ¿cómo no va a ser injusto?; no le correspondía por nada el reino que tiene ahora, ya que es hijo de una mujer esclava de Alcetas, hermano de Pérdicas; así que, en justicia, era esclavo de Alcetas; y si quisiera obrar justamente estaría de esclavo de Alcetas; y sería, según tu razonamiento, feliz. Pero ahora, qué sorpresa!, resultó un desgraciado, porque cometió las máximas injusticias: primera, envió a por ese mismo su señor y tío, como para devolverle el reino que Pérdicas le quitó; y después de hospedarlo y emborracharlo a él y a su hijo Alejandro —primo suyo, casi de su edad— los embaló en un coche, los sacó de noche, los degolló y desaparecieron ambos. Tras tales iniquidades, no cayó en cuenta de haberse hecho todo un desgraciado; y no se arrepintió de ellas, sino un poco más tarde no quiso hacerse feliz criando y devolviendo el reino, como era de justicia, a su hermano, legítimo hijo de Pérdicas, niño de unos siete años, a quien, en justicia, correspondía el reino, sino que, arrojándolo a un pozo y ahogándolo, contó a Cleopatra su madre, que, persiguiendo a un pato, cayó y murió. Así que ahora, máximo criminal en Macedonia, es el más desgraciado de todos los macedonios; y no, el más feliz. Y tal vez haya, comenzado por ti, algún ateniense que prefiera ser un macedonio cualquiera antes que ser Arquelao. [471d] Sócrates: Ya desde el comienzo de esta discusión, Polo, yo mismo te alabé porque me parece estás bien preparado para la retórica; mas te has olvidado de dialogar. Y ahora, ¿qué otro es el razonamiento con que aun un niño me refutara, y con que, crees, me refutas, sino por el de sostener yo que el injusto no es feliz? ¿De dónde lo sacas, bueno de Polo? Que yo no admito nada de lo que dices. [471e] Polo: Es porque no quieres, pues te parece bien lo que digo. [471e] Sócrates: Polo feliz, intentas refutarme retóricamente, cual lo hacen quienes creen refutar algo en los juzgados, porque en ellos los unos creen que refutan a los otros aportando, en favor de las razones que dan, testigos muchos y reputados; mientras que el contradictor no trae sino alguno o nadie. Tal refutación en nada contribuye a la verdad, porque u veces testificarían falsamente contra uno la mayoría, y aun algunos de los reputados por ser algo. Y ahora, respecto de lo que dices, poco falta para que todos, atenienses y extranjeros, lo confirmen, si quieres aportar contra mí testigos de que no es verdad lo que digo. Te servirán de testigos, si lo quieres, Nicias, hijo de Nicératos, con sus hermanos cuyos trípodes forman juntos fila en el Dionisio; Aristócrates, hijo de Escelias, de quien hay en Pythio aquel tan bello exvoto, —pero, si lo prefieres, la casa entera de Pericles, y cualquiera otra familia de los aquí presentes que quieras elegir. Pero yo, aun siendo uno solo, no lo admito, porque no me convencerás: sino que, aportando, contra mi, muchos falsos testigos, intentarás expulsarme de la realidad y de la verdad. Mas yo no te traeré a ti como único testigo que confirme lo que digo, pues me parece que nada definitivo y digno de mención he conseguido con nuestro razonamiento. Creo que tampoco tú; a no ser que únicamente yo te sirva de testigo, y envíes a paseo a todos los demás. Ciertamente que ese es un tipo de refutación cual tú y otros muchos lo concebís; pero hay otro, cual el que concibo yo; comparándolos, pues, consideremos en qué se diferencian, porque, respecto de lo que discutimos, o es pequeña la diferencia: que consiste casi casi en que hay precisamente cosas saber las cuales es bellísimo; e ignorarlas, vergonzosísimo, siendo lo capital de ello conocer o ignorar quién es feliz y quien no. Por lo pronto lo primero de que estamos tratando: ¿crees tú que puede ser feliz varón que obra injustamente y es injusto, ya que tienes, sin duda, a Arquelao por injusto, mas por feliz? ¿Hemos de pensar que no otra es tu opinión? [472d] Polo: Absolutamente. [472d] Sócrates: Afirmo por el contrario que es imposible. Pongamos esto precisamente a discusión. Bien: ¿será feliz un injusto, en caso de que pague la justa pena y sea castigado? [472d] Polo: En manera alguna, que, de ser así, sería el más desgraciado. [472d] Sócrates: Pero, en el caso de que el injusto no pague la justa pena, ¿será, según tu razonamiento, feliz? [472d] Polo: Lo afirmo. [472d] Sócrates: Pero, según mi opinión, Polo, quien obra injustamente, y el injusto, es, de todos modos, desgraciado; empero, más desgraciado aún, si no paga la justa pena mi, por su acto injusto, le cae castigo; pero, menos desgraciado, si paga lo justo y le viene el justo castigo de manos de dioses y hombres. [473a] Polo: 'Te empeñas, Sócrates, en decir enormidades. [473a] Sócrates: Trataré, aun así, compañero, de que digas tú lo mismo que yo digo, pues te tengo por amigo. Nuestra diferencia está ahora consistiendo en esto. Considéralo tú mismo. Decía hace poco que obrar injustamente es peor que padecer injustamente. [473a] Polo: Ciertamente lo dijiste. [473a] Sócrates: Mas tú, que es peor padecer injustamente [473a] Polo: Sí. [473a] Sócrates: Además, afirmé yo que los injustos son desgraciados; mas tú me refutaste. [473a] Polo: Sí, por Júpiter! [473b] Sócrates: Así te lo crees tú, Polo. [473b] Polo: Y creo que es verdad. [473b] Sócrates: Tal vez. Pero además dijiste que los injustos son felices si no pagan la justa pena. [473b] Polo: Pues ciertamente es así. [473b] Sócrates: Mas yo afirmo que los tales son desgraciadísimos; y que lo son menos los que pagan a la justicia lo suyo. ¿Quieres también impugnar esto? [473b] Polo: Esto es aun más dificultoso de refutar que aquello, Sócrates. [473b] Sócrates: No lo es más, Polo; sino, imposible; porque no hay manera de refutar lo verdadero. [473b] Polo: ¿En qué sentido lo dices? Si se sorprende a un hombre conspirando injustamente contra un tirano y, sorprendido, se lo disloca, despedaza, quémansele los ojos, atorméntaselo y ve atormentar a sus hijos y mujer con muchos, grandes y variados tormentos, al final se le crucifica, embrea y quema, ¿será más feliz que, si evitando todo eso, llega u ser tirano y pasa su vida mandando en la Ciudad, haciendo lo que le plazca, envidiado y felicitadísimo por los ciudadanos y, además, por los extranjeros? ¿Esto, dices, es imposible de refutar? [473d] Sócrates: Me espantas ahora cual a crio con el coco. Polo castizo; antes lo hiciste con lo de testigos; mas no me refutas. Pero, aparte, recuérdame una minucia: ¿dijiste "si conspira injustamente contra una tiranía”? [473d] Polo: Lo dije. [473d] Sócrates: Por cierto que ninguno de los dos será nunca más feliz que el otro: ni quien se apoderó injustamente del poder tiránico ni quien pague la justa pena, porque entre dos “desgraciados” no cabría eso de “más feliz”. Pero ciertamente es más desgraciado quien se escapó y llegó a tirano. ¿Qué es eso, Polo?, ¿te ríes? ¿Que es otra manera de refutación, dejar que alguien hable, reírse, mas no argüir? [473e] Polo: ¿No te crees, Sócrates, más que refutado por decir lo que no afirmara hombre alguno? Pregúntalo, si no, a cualquiera de éstos. [473e] Sócrates: Polo, no soy uno de los políticos. Cuando el año pasado me tocó ser consejero —mi tribu presidía y yo tenía que poner algo a votación— di que reír por no saber hacerlo. No me exijas, pues, que ponga a votar a los presentes. Si no tienes una refutación mejor que ésas, pásame el turno y, como ahora mismo decía, intenta refutarme del modo que creo debe hacerse, pues de lo que digo solamente sé traer un testigo: aquel a quien va el razonamiento; a todos los demás las paso por alto: y sólo sé poner a votar a uno; con los demás, ni hablo. Ve, pues, si quieres, a tu vez, prestarte a que se e refute respondiendo a lo preguntado, porque creo que, para mí seguramente, para ti y para los demás hombres, el obrar injustamente, y que no dar lo suyo a la justicia, es peor que darlo. e «πολλοῖς οὐδὲ διαλέγομαι. ὅρα οὖν εἰ ἐθελήσεις ἐν τῷ μέρει διδόναι ἔλεγχον ἀποκρινόμενος τὰ ἐρωτώμενα. ἐγὼ γὰρ δὴ οἶμαι καὶ ἐμὲ καὶ σὲ καὶ τοὺς ἄλλους ἀνθρώπους τὸ ἀδικεῖν τοῦ ἀδικεῖσθαι κάκιον ἡγεῖσθαι καὶ τὸ μὴ διδόναι δίκην τοῦ διδόναι. ἐγὼ δέ γε οὔτ’ ἐμὲ οὔτ’ ἄλλον ἀνθρώπων οὐδένα. ἐπεὶ σὺ δέξαι’ ἂν μᾶλλον ἀδικεῖσθαι ἢ ἀδικεῖν; καὶ σύ γ’ ἂν καὶ οἱ ἄλλοι πάντες. πολλοῦ γε δεῖ, ἀλλ’ οὔτ’ ἐγὼ οὔτε σὺ οὔτ’ ἄλλος οὐδείς.» (Burnet, 474b) [474b] Polo: Pero yo no creo que sea lo peor ni para mí ni para hombre alguno; ¿aun tú aceptarías padecer injustamente más bien que obrar injustamente? [474b] Sócrates: Aun tú también y todos los demás. [474b] Polo: ¡Bien lejos de eso; pero ni yo ni tú ni otro alguno. [474b] Sócrates: ¿Responderás, pues? [474b] Polo: Pues, absolutamente, porque anhelo saber lo que dirás. [474b] Sócrates: Para que lo sepa, dime, cual si comenzara a preguntarte: ¿qué te parece, Polo, ser peor: obrar injustamente ú padecer injustamente? Responde. [474b] Polo: A mi, por cierto, padecer injustamente. [474b] Sócrates: ¿Y qué en cuanto a esto?: ¿qué es más feo: obrar injustamente o padecer injustamente? Responde. [474b] Polo: Obrar injustamente. [474b] Sócrates: Así que es peor, ya que es más feo. [474b] Polo: De ningún modo, [474b] Sócrates: Comprendo; para ti, al parecer, no es lo mismo bello y bueno, malo y feo. [474d] Polo: No por cierto. [474d] Sócrates: ¿Y qué en cuanto a estotro?: a tedas las cosas bellas —cual cuerpos, colores, figuras, sonidos y ocupaciones— las llamas, caso por cuso, bellas ¿mirando a nada? Caso primero: el de los cuerpos bellos: ¿dices que son bellos, o por el uso peculiar de cada uno, precisamente por esto, o por algún placer, cual si su contemplación resulta deliciosa a los contempladores? Fuera de estos casos, ¿puedes mencionar algo referente a la belleza del cuerpo? [474e] Polo: “No tengo. [474e] Sócrates: ¿Así que, también y parecidamente, a todo lo demás: figuras, colores, los llamas "bellos” o por algún placer o por alguna utilidad, o por ambas cosas? [474e] Polo: Yo, sí. [474e] Sócrates: Y voces y todo lo musical, ¿no lo son parecidamente? [474e] Polo: Sí. [474e] Sócrates: Además: lo referente 1 las leyes y ocupaciones: ¿no entra en lo bello sino por ser útil o deleitable o ambas cosas? [474e] Polo: No, sino por eso, me parece. [475a] Sócrates: ¿Y según esto, también y parecidamente, la belleza de los conocimientos? [475a] Polo: Enteramente; y ahora, Sócrates, estás definiendo bien lo bello al definirlo por placer y por bien. [475a] Sócrates: Así que lo contrario: lo feo, ¿por pena y mal? [475a] Polo: Necesariamente. [475a] Sócrates: Cuando, pues, de dos cosas bellas la una sea más bella que la otra, es más bella la que supere a la otra o en placer o en utilidad o en ambas. [475a] Polo: Enteramente así. [475a] Sócrates: Y cuando de dos cosas feas una sea más fea que la otra, la más fea superará a la otra o en pena o en mal, ¿No es necesario? [475b] Polo: Sí. [475b] Sócrates: Bien pues: ¿qué se estaba diciendo acerca de obrar injustamente y padecer injustamente? ¿No dijiste que padecer injustamente es peor; mas obrar injustamente es más feo? [475b] Polo: Lo dije. [475b] Sócrates: Luego si obrar injustamente es más feo que padecer injustamente, ¿es más feo o porque es más penoso y lo supera en pena, o lo sería por malo o por ambas cosas? ¿No es necesario también esto? [475b] Polo: Pues, ¿cómo no? [475c] Sócrates: Comencemos, pues, por considerar si obrar injustamente supera en pena a sufrir injustamente. O, ¿los que obran injustamente padecen más que los que sufren injustamente? [475c] Polo: Esto, de ninguna manera, Sócrates. [475c] Sócrates: Así que no lo supera en pena. [475c] Polo: “No por cierto. [475c] Sócrates: Si, pues, no en pena, no lo superaría en ambas cosas. [475c] Polo: Parece que no. [475c] Sócrates: No resta, sino que en la otra. [475c] Polo: Sí. [475c] Sócrates: En el mal. [475c] Polo: Parece. [475c] Sócrates: Luego, por superar en el mal, el obrar injustamente sería mayor mal que el sufrir injustamente. [475d] Polo: Es evidente que sí. [475d] Sócrates: ¿Qué otra cosa, pues, admiten todos los hombres —y tú con nosotros, anteriormente— sino que obrar injustamente es más feo que sufrir injustamente? [475d] Polo: Sí. [475d] Sócrates: Mas ahora quedó en claro que es mayor mal. [475d] Polo: Parece. [475d] Sócrates: ¿Aceptarías, pues, lo que es mayor mal y más feo en lugar de lo que lo es menor? No rehúses responder, Polo, que en nada te perjudicará. Responde entregándote gallardamente al razonamiento cual si fuera a médico; y di sí o no a lo que pregunto. [475e] Polo: No lo aceptaría, Sócrates. [475e] Sócrates: ¿Pero sí, algún otro hombre? [475e] Polo: Según este razonamiento, me parece que no. [475e] Sócrates: Dije, pues, verdad en eso de que ni yo ni tú ni hombre alguno aceptaría obrar injustamente más bien que sufrir injustamente, porque resulta ser mayor mal. [475e] Polo: Parece. [475e] Sócrates: Ves, pues, Polo, que en nada se parecen, parangonadas una refutación a la otra; no obstante todos, menos yo, convienen contigo; mas a mí me basta con tu sola aprobación y testimonio; yo, a ti solo doy voto; a los demás los envío a paseo. Entre nosotros, quede esto así. Pero a continuación consideremos lo segundo puesto a discusión: que quien obra injustamente dé a la justicia lo suyo es el máximo e los males, como tú crees, o mayor que no darlo, como yo pienso. Considerémoslo así: pagar la justa pena y ser castigado según justicia quien obre injustamente, ¿dices ser lo mismo? [476a] Polo: Yo, sí. [476b] Sócrates: ¿Mantienes, pues, esa afirmación de que no todo lo justo es bello, en cuanto justo? En considerándolo, habla. [476b] Polo: Pues me la parece, Sócrates. [476b] Sócrates: Considera aun estotro: si alguien hace algo, ¿es necesario que haya algo que sea paciente de tal acción? [476b] Polo: Me lo parece. [476b] Sócrates: ¿Y que haya tal paciente —el hecho por el agente— y que sea tal, cual lo hace el agente? Hablo de algo así como: si uno golpea, ¿hay necesariamente un golpeado? [476b] Polo: Necesariamente. [476b] Sócrates: ¿Y si el golpeador golpea fuerte o deprisa, que resulte parecidamente golpeado el golpeado? [476c] Polo: Sí. [476c] Sócrates: ¿Así que lo que le pasa al golpeado es tal cual lo que el golpeador hace? [476c] Polo: Absolutamente. [476c] Sócrates: Si, pues, une quema, ¿necesariamente algo es quemado? [476c] Sócrates: Y si quema mucho o dolorosamente, ¿el que resulta quemado según como el quemante queme? [476c] Polo: Absolutamente. [476c] Sócrates: Y si alguien corta, ¿vale igual razón?, poralgo resulta cortado. [476c] Polo: Sí. [476c] Sócrates: Y si la cortadura es grande o profunda o do- ¿lo cortado queda cortado según la cortadura con que cortador corta? [476d] Polo: Parece. [476d] Sócrates: Resumidamente; ve si admites lo que acabo decir: “respecto de todos los casos, lo que haga el agente padece tal cual el paciente”. [476d] Polo: Lo admito. [476d] Sócrates: Admitido esto; pagar la pena justa, ¿es padecer algo o hacer algo? [476d] Polo: Necesariamente, Sócrates, es padecer. [476d] Sócrates: ¿Así, pues, por obra de algún agente? [476d] Polo: ¿Cómo no?, precisamente por la del castigador. [476e] Sócrates: ¿Mas quien correctamente castiga, castiga justamente² [476e] Polo: Sí. [476e] Sócrates: ¿Haciendo lo que es justo, o no? [476e] Polo: Lo justo. [476e] Sócrates: Así que el castigado, al pagar la justa pena. [476e] lo que es justo? [476e] Polo: Parece. [476e] Sócrates: ¿Mas no se convino en que lo justo es bello? [476e] Polo: Ciertamente. [476e] Sócrates: Así que de los dos, el uno hace algo bello; y el otro, el castigado, padece algo bello. [476e] Polo: Sí. [477a] Sócrates: Y si algo es bello, ¿es bueno?: ¿porque es agradable o provechoso? [477a] Polo: Necesariamente. [477a] Sócrates: Luego quien paga la justa pena padece algo bueno. [477a] Polo: Parece. [477a] Sócrates: ¿Así que saca provecho? [477a] Polo: Sí. [477a] Sócrates: ¿Y es el provecho que yo supongo: mejorar el alma, si es castigado justicieramente? [477a] Polo: Verosímilmente. [477a] Sócrates: ¿Quien paga la justa pena libra al alma de la maldad? [477a] Polo: Sí. [477a] Sócrates: ¿Así que la libra del máximo mal? Considéralo del siguiente modo: en eso de recursos monetarios para un hombre, ¿qué otro mal ves fuera de la pobreza? [477b] Polo: No otro, sino la pobreza. [477b] Sócrates: ¿Y qué respecto de recursos para el cuerpo? ¿Dirías que el mal consiste en debilidad, enfermedad, fealdad y parecidas cosas? [477b] Polo: Yo lo diría. [477b] Sócrates: ¿Crees que hay además un cierto mal en el alma? [477b] Polo: ¿Pues, cómo no? [477b] Sócrates: ¿No lo llamas injusticia, ignorancia, cobardía y cosas tales? [477b] Polo: Absolutamente. [477b] Sócrates: ¿Así que respecto de esas tres cosas: dineros. [477c] y alma mencionaste tres males: pobreza, enfermedad. [477c] Polo: Sí. [477c] Sócrates: ¿Cuál de los tres es el más feo? ¿No lo es injusticia y, en compendio, la maldad de alma? [477c] Polo: Y con mucho. [477c] Sócrates: Y si es el más feo, ¿no es el peor? [477c] Polo: ¿En qué sentido lo dices, Sócrates. [477c] Sócrates: En éste: lo más feo es en cada caso feo o aporta máxima pena o daño o ambos, según lo anterior³ [477c] Polo: Enteramente. [477c] Sócrates: ¿Mas ahora admitimos que lo más feo es la y, en total, la maldad de alma? [477d] Polo: Se lo admitió. [477d] Sócrates: Según esto, si es lo más feo, ¿lo es o por ser penoso que ellos —y superarlos en apenar— o por dañino por ambos? [477d] Polo: Necesariamente. [477d] Sócrates: ¿Así que ser injusto, disoluto, cobarde e iges más doloroso que ser pobre y enfermo? [477d] Polo: No me lo parece, Sócrates, a tenor de lo dicho. [477d] Sócrates: Luego la maldad de alma es lo más feo de a causa de un grande y sobrenatural daño, y supera a los en un mal sorprendente, ya que no en dolor, como es sentencia. [477e] Polo: Tal parece. [477e] Sócrates: Mas, por cierto, lo que supera a algo en ser daño, ¿no sería el mal, realmente, máximo? [477e] Polo: Sí. [477e] Sócrates: ¿Luego la injusticia, la disolución y demás de alma son, realmente, el máximo mal? [477e] Polo: Parece. [477e] Sócrates: ¿Cuál es la atte que nos libra de pobreza? es la crematística? [477e] Polo: Sí. [477e] Sócrates: ¿Cuál, de enfermedad? ¿No es la médica? [477e] Polo: Necesariamente. [478a] Sócrates: — ¿Cuál, la de maldad e injusticia? Si de esta no hallas salida, míralo así: ¿a dónde y a quiénes llelos enfermos de cuerpo? [478a] Polo: A los médicos, Sócrates. [478a] Sócrates: Pero, ¿a dónde, a los malhechores y disolutos? [478a] Polo: ¿Te refieres a los jueces? [478a] Sócrates: ¿Para que paguen, pues, la justa pena? [478a] Polo: Lo afirmo. [478a] Sócrates: Mas los que rectamente castigan, ¿castigan de una cierta justicia? [478a] Polo: Evidentemente. [478a] Sócrates: Así que la crematística libra de pobreza; la de enfermedad; la justicia, de disolución e injusticia. [478b] Polo: Tal parece. [478b] Sócrates: De éstas, pues, ¿cuál es la más bella? [478b] Polo: ¿De cuáles hablas? [478b] Sócrates: De crematística, medicina, justicia. [478b] Polo: Con gran diferencia, Sócrates, la justicia. [478b] Sócrates: Si, pues, es la más bella, ¿lo es o por produmáximo placer o provecho, o ambas cosas? [478b] Polo: Sí. [478b] Sócrates: Ahora bien: ¿es agradable estar de tratamiento médico, y los así tratados se gozan en ello? [478b] Polo: No me lo parece. [478c] Sócrates: ¿Pero es provechoso? ¿Lo es? [478c] Polo: Sí. [478c] Sócrates: Porque libra de un gran mal, de modo que vale la pena aguantar el dolor y llegar a estar sano. [478c] Polo: ¿Pues, cómo no? [478c] Sócrates: Parecidamente, pues, respecto del cuerpo: ¿quién sería más feliz: el tratado medicalmente o el que ni siquiera comenzó por estar enfermo? [478c] Polo: Es claro que ni el en modo alguno enfermo. [478c] Sócrates: Así que, al parecer, no consistiría la felicidad en liberación de mal, sino en ni siquiera comenzar por tenerlo. [478c] Polo: Así es. [478d] Sócrates: Pues bien: de dos que tengan algo malo o en el cuerpo o en el alma, ¿cuál es el más desdichado: el curado por los médicos y así librado del mal, o el no curado por ellos, mas teniéndolo? [478d] Polo: Me parece que el no curado por médicos. [478d] Sócrates: Pagar la justa pena, ¿no era librarse de máximo mal: de la maldad? [478d] Polo: Pues lo era. [478d] Sócrates: Porque pagar tal pena nos hace cuerdos y más justos, y resulta medicina de la maldad. [478d] Polo: Sí. [478e] Sócrates: Es, pues, sin duda, felicísimo quien no tenga maldad en el alma, ya que ella resultó, evidentemente, ser el máximo de los males. [478e] Polo: Está claro. [478e] Sócrates: Pero en segundo lugar está el librado del mal. [478e] Polo: Parece. [478e] Sócrates: Tal fue el amonestado, reprendido, y pagador de la justa pena. [478e] Polo: Sí. [478e] Sócrates: Vive, pues, pésimamente quien tiene la maldad y no es librado de ella. [478e] Polo: Parece. [478e] Sócrates: Así, pues, ¿será éste el caso de quien habiendo cometido máximas injusticias, y, aprovechándose máximamente de la injusticia, consigue no ser ni reprendido ni castigado ni pagar la justa pena, cual dices tú se las arregló Arquelao, y los demás tiranos, oradores y potentados? [479a] Polo: Parece. [479a] Sócrates: Pues éstos, óptimo Polo, casi casi han conseguido lo mismo que quien, poseído de máximas enfermedades, se las arregla de modo que no pagara a los médicos las penas debidas a sus excesos corporales ni se sometiera al tratamiento, temiendo, cual si fuera un niño, cauterios y sajaduras por dolorosos. ¿No te parece, aun a ti, que es así? [479b] Polo: Me lo parece. [479b] Sócrates: Por ignorar aquél, parece, en qué consiste la salud y la robustez del cuerpo. Porque, según lo por nosotros admitido, parecen, Polo, hacer algo así también quienes huyen de pagar la justa pena; perciben lo doloroso de ella, mas se han cual ciegos respecto de sus beneficios, y desconocen que convivir con alma no sana, sino corrompida, injusta e impía es desgracia mayor que convivir con cuerpo no sano. Por lo cual hacen todo para no pagar la justa pena ni librarse del máximo mal, procurándose dineros y amigos y la manera más persuasiva de hablar. Pero si hemos convenido, Polo, en algo verdadero, ¿no notas lo que resulta del razonamiento? ¿O quieres que lo resumamos? [479c] Polo: Sí, a no ser que te parezca otra cosa. [479c] Sócrates: ¿No resulta, pues, que el máximo mal es la maldad y el obrar injustamente? [479c] Polo: Tal parece. [479d] Sócrates: ¿Y quedó en claro que pagar la justa pena es librarse de tal mal? [479d] Polo: Está a punto de ser as. [479d] Sócrates: ¿Pero que no pagarla es asentamiento del mal? [479d] Polo: Sí. [479d] Sócrates: Luego obrar injustamente es en magnitud el segundo de los males. Empero, que el malhechor no pague la justa pena resulta ser el mayor y el primero de todos los males. [479d] Polo: Parece. [479d] Sócrates: ¿Pues no es, querido Polo, esto lo que discutíamos?: ¿tú, declarando feliz a Arquelao quien por grandísimas injusticias no pagó pena alguna de las debidas; yo, convencido de lo contrario: de que si Arquelao u otro hombre cualquiera no paga la justa pena por sus crímenes merece ser el más desgraciado de los hombres; y de que quien obra mal es siempre más desgraciado que quien lo padece; y de que quien no paga la justa pena, lo es más que quien la paga? ¿No es esto lo que dije? [479e] Polo: Sí. [479e] Sócrates: ¿No quedó así demostrado ser verdad lo que se dijo? [479e] Polo: Aparentemente. [480a] Sócrates: Bien: si esto es verdad, Polo, ¿en qué consiste el gran servicio de la retórica? Porque, según lo que acabamos de admitir, cada uno ha de guardarse grandísimamente de no obrar injustamente, lo que es ya suficiente mal. ¿No es así? [480a] Polo: Ciertamente. [480a] Sócrates: Mas si obrare mal o él o uno cualquiera de los a él encomendados, ha de ir de grado a donde pague lo antes posible la justa pena: al juez, cual a médico. [480a] apresurándose a fin de que, no volviéndose crónica esa enfermedad de la injusticia, no haga al alma ulcerosa e incurable. ¿Q cómo diremos, Polo, para estar a lo admitido? [480b] Polo: ¿Qué es, pues, Sócrates, lo que diremos? [480b] Sócrates: Para defendernos de una injusticia, sea que la haya hecho uno mismo o los padres o los hijos o la patria, ciertamente Polo, no nos hace falta alguna la retórica, a no ser que se suponga, por el contrario, que se ha de acusar sobre todo a sí mismo, después a los familiares y a cualquier otro de los amigos que, acaso, haya cometido injusticia, y no ocultar, sino sacar a luz la iniquidad para que pague la justa pena, y sane; hay que forzarse a sí mismo y a los otros a no atemorizarse, sino ofrecerse, ojos cerrados y valientemente —cual a médico que saje y queme, a perseguir lo bueno-y-bello, sin tomar en cuenta lo doloroso; si por la injusticia cometida merece azotes, ofrecerse a que se le peguen; sí grillos, a que se le pongan; si multas, a pagarlas; si destierro, a desterrarse; si muerte, a morir, haciendo él, el primero, de acusador de sí mismo y de los otros familiares, y emplear, para esto, la retórica de manera que, sacadas a luz las iniquidades, se los libre de ese máximo mal: de la injusticia. ¿Lo afirmaremos así, Polo, o no lo afirmaremos? [480d] Polo: Me parecen, por cierto, Sócrates, enormidades; [480e] Polo: tal vez, consuenen con lo que anteriormente dijiste. [480e] Sócrates: ¿Así que o deshacemos aquello, o esto se sigue necesariamente? [480e] Polo: Sí, así es. [480e] Sócrates: Ahora tómese la inversa: que se deba hacer un mal a alguien, sea enemigo u otro cualquiera, —con tal de que uno no resulte perjudicado por el enemigo; que en esto hay que poner buen cuidado. Que si el enemigo hace injusticia a otro, hay que procurar, de toda manera, de palabra y obra, que no pague la justa pena ni acuda al juez; pero si acude, hay que ingeniarse para que se escape y no pague el enemigo la justa pena; si ha robado oro en gran cantidad, que no lo restituya, sino que tenido, lo gaste, injusta y ateamente, en su favor y de los suyos; y si cometió injusticia, digna de muerte, ingeniarse para que no se lo mate, ante todo, de ninguna manera; que sea, pues, inmortalmente perverso; peto si no, que viva lo más posible en tal estado. Para esto precisamente, Polo, me parece ser útil la retórica; que, para quien no intente obrar mal, no me parece ser grande su utilidad, si es que lo es de alguna, que, según lo anterior, no pareció haber alguna. [481b] Calicles: Dime, Querefonte, ¿va en serio. o bromea Sócrates? [481b] Querefonte: Me parece, Calicles, que va muy mucho en serio. Pero no hay nada mejor que preguntárselo. [481c] Calicles: ¡Por los dioses!, que lo deseo. Dime, Sócrates, ¿te tomamos ahora en serio o en broma?, porque si va en serio, y, si por caso, es verdad lo que dices, ¿no se trastornaría la vida: la nuestra, la de los hombres, y no estaríamos, al parecer, haciendo todo lo contrario de lo debido? [481c] Sócrates: Calicles, sí pasara a los hombres, a unos una Cosa, a otros otra —no la misma, sino a cada uno de nosotros algo propio que no pasa a los otros— no resultaría fácil manifestar a otro lo que a uno mismo le pasa. Lo digo pensando en que a mí y a ti nos está ahora pasando lo mismo: somos dos amantes, cada uno de dos cosas: yo, de Alcibíades, hijo de Clinias y de la filosofía; tú, de dos: del pueblo ateniense y del hijo de Pirilampo. Noto constantemente que, a pesar de tu firmeza, no puedes contradecir a cuanto tu doncel diga y a la manera como diga él que son las cosas, sino que te trae de cabeza. Y en la asamblea, si el pueblo ateniense afirma que las cosas no son como las estás diciendo, cambias y dices lo que el pueblo quiere. Y respecto de ese adolescente y bello hijo de Pirilampo, te pasa otro caso de lo mismo: no eres capaz de oponerte a los consejos y razonamientos del doncel, de manera que, si alguien se admirara, por las cosas extrañas que te oye decir bajo su dictado, le responderías, en caso de querer decir la verdad, que, si el doncel no cesa de decirlas, no cesarás tú jamás de decirlas. [481e] Convéncete, pues, de que has de oír de mí otras parecidas, y no te sorprendas de que las diga; mas haz que la filosofía —mi doncel— cese de decirlas. [481e] Porque, compañero querido, dice ella lo que me estás escuchando decir yo; y me resulta mucho menos veleidosa que los demás donceles, pues este hijo de Clinias dice unas veces una cosa, otras otra; mas la filosofía, siempre las mismas; dice lo que te acaba de sorprender; y lo dijo en tu presencia. Pues, o la refutas en eso que hace un momento decía: que obrar mal y no pagar el malhechor la justa pena es el peor de todos los males; o si lo dejas sin refutar, por el Perro!, el dios de los egipcios, no concordarás tú, Calicles, con Calicles, sino disonarás durante toda la vida. Aunque, óptimo, yo preferiría, creo, lira desentonada y discordante-—o lo mismo respecto de coro que yo dirigiera, y que la mayoría no concordara conmigo, sino me contradijere— más bien que, siendo como soy Uno, desafinar conmigo mismo y contradecirme. [482b] Calicles: Sócrates, das la apariencia de fanfarronear, hablando cual el demagogo que verdaderamente eres. Y ahora hablas a lo demagogo por estarle pasando a Polo lo mismo que él reprochaba a Gorgias pasarle respecto de ti; porque decía que Gorgias —preguntado por ti si a quien se llegara a él, sin saber qué es lo justo, mas deseoso de aprender retórica, se lo enseñaría Gorgias— se avergonzó algo, y respondió que se lo enseñaría acomodándose a ese hábito que tienen los hombres de llevar a mal si se les dice que no. Por tal concesión se vio forzado a contradecirse a sí mismo, —que es lo que te agrada. En tal ocasión y correctamente, a mi parecer, se burló de ti Polo. [482d] Mas ahora, a su vez, le pasó a él lo mismo. En cuanto a mí, no admiro a Polo por esto mismo: porque te concedió el que obrar injustamente es más feo que padecer injustamente; pues por tal concesión, y enredado por ti en el razonamiento, se le frenó la boca, avergonzándose de decir lo que pensaba. En realidad, Sócrates, diciendo que persigues la verdad, llevas a frases burdas y populacheras cual: «hay cosas bellas, no por naturaleza, sino por ley». Que, efectivamente, en casi todos los casos son contrarias naturaleza y ley. [482e] Si, pues, uno tiene reparo y no se atreve a decir lo que piensa, necesariamente se contradirá. Y por cierto que, haciéndote apropiado de tan sabia frase, maleas los razonamientos; si uno habla “según ley”, le estabas preguntando “según naturaleza”: si, “según naturaleza”; tú, “según ley”. Así en el caso presente sobre obrar injustamente y padecer injustamente. Polo habla de lo que es feo “según ley; mas tú perseguías a la ley “según naturaleza”; porque, según naturaleza, todo lo que es más feo es mayor mal, así el padecer injustamente; mas, según ley, lo es el obrar injustamente. Porque no es, en modo alguno, propio de varón el padecer injustamente; lo es de un esclavo, a quien le es mejor morir que vivir; como lo es de cualquiera, que, contra injusticia y malos tratamientos, no es capaz de protegerse a sí mismo ni a los a su cuidado. Creo, más bien, que son los débiles y la mayoría los que imponen las leyes; así que en favor propio y para sus conveniencias establecen las leyes, los elogios con que se elogia y las reprensiones con que se reprende, atemorizando a los más fuertes y capaces de llevarse la mejor parte; para que, pues, no se lleven la de ellos dicen que es feo e injusto el llevarse la mayor; y que en esto consiste el obrar injustamente: en buscar cómo tener más que los otros. Por ser inferiores, creo que prefieren ellos para sí mismos la igualdad. Por lo cual se llama, según ley, “injusto y feo” al procurar tener más que los otros; y a esto llaman “obrar injustamente”. Mas, creo, que la naturaleza misma manifiesta ser justo el que el mejor tenga más que el peor; y el más potente, que el impotente. Y que esto sea así, está patente de muchas maneras, tanto en los otros animales como, en total, en las Ciudades y razas de hombres: que así se determina “lo justo”: que el más fuerte mande y tenga más que el débil. Porque, ¿de qué clase de justicia se sirvió Jerjes para acometer a Grecia; y su padre, a los escitas? O miles de miles de casos tales a mencionar. Los tales, creo, hacen eso “según la naturaleza”: la de lo justo; y, por Júpiter!, también “según ley”: la de la naturaleza; aunque no, tal vez, según lo que nosotros imponemos cual ley. Que tomando, cual leones, desde jóvenes a los mejores y más fuertes, los amoldamos con muelles encantamientos y embrujándolos los esclavizamos, diciéndoles que se ha de mantener la igualdad, y ue en ella consiste lo bello y lo justo. Mas si nace un varón ge gran natural, creo que, sacudiéndose todo eso, rompiéndolo y evadiéndose de ello, pisoteando nuestras letradurías, magicadas, ensalmos y todas las antinaturales leyes, el siervo se manifestará cual nuestro señor; ahí surgió cual relámpago la justicia natural. Mas paréceme que Píndaro mismo declaró lo que yo digo en aquella oda en que dice que Ley es Rey de todos: mortales y aun inmortales; la ley, afirma. [484b] procede justificando con prepotente mano lo más violento. Lo pruebo con las hazañas de Hércules, porque sin pagar...; así, más o menos dice la oda, pues no la sé bien. Pero dice que arreó con las vacas de Gerión sin pagarlas y sin que él se las L diera, —cual si fuera cosa de justicia natural el que vacas y demás pertenencias de los inferiores y más débiles fueran de los superiores y más fuertes. Que esto sea, en verdad, así, lo conocerás si pasas a cosas mayores, despidiendo ya a la filosofía. Que, por cierto, la filosofía es, Sócrates, un encanto, si en la debida edad y con moderación se la trata. Empero, si se la frecuenta más allá de lo debido, es ruina para el hombre. Porque, aunque sea de muy buen natural, si filosofa hasta edad avanzada, resultará necesariamente inexperto en todas aquellas cosas en que ha de ser experta un varón, puesto a hacerse bello, bueno y apreciado; además de resultar inexperto en las leyes de su Ciudad y de los razonamientos de que ha de servirse al tratar con los hombres de los negocios privados y públicos, e inexperimentado en punto a placeres y deseos humanos; y, en resumen, del todo en todo inexperimentado en cuanto a sus caracteres. Así, pues, al ir a tratar un negocio privado o político, hacen el ridículo, cual, creo, hacen el ridículo los políticos al meterse en nuestras conversaciones y razonamientos, sucediendo lo de Eurípides: que cada uno brilla y se afana. [484e] dando la mejor y mayor parte del día a aquello en que uno a si mismo se supera aun en lo que tiene de mejor Mas de aquello en que sea flojo, huye y lo menosprecia; alaba, empero, lo otro, creyendo, por benevolencia hacia sí mismo, alabarse a sí mismo. Pienso, no obstante, que lo más correcto es compartir algo de las dos cosas: de la filosofía, tanto cuanto sea bello para la educación; y mientras se es joven, no está mal el filosofar. Mas si, yendo ya para viejo, se filósofa, hácese, Sócrates, grandemente el ridículo. Y me pasa entonces, Sócrates, con los filosofantes algo muy semejante a lo que con los tartamudos y tramposos. Porque cuando veo a un niño tartamudeando y trampeando, que es como se ha de tratar con él, me regocijo y paréceme eso encantador, espontáneo y apropiado a tal edad. Mas cuando oigo a un niñito hablar clara y distintamente, me parece ofensivo, me molesta las orejas y aun paréceme cosa más bien de esclavos. Empero, cuando oigo a un varón tartamudeando o lo veo trampeando, paréceme ridículo, nada viril, y digno de golpes. Lo mismo me pasa respecto de los filosofantes; si veo filosofar a un jovenzuelo, lo admiro, y paréceme apropiado, y téngolo por hombre libre; mientras que el no filosofante es para mí inliberal y jamás se juzgará a sí mismo capaz de acción alguna ni bella ni noble. Mas cuando veo que un viejo filosofa aún, y no lo deja, me parece necesita ya de palos, Sócrates, tal varón. Porque lo que estaba diciendo, tal hombre, por bien dotado que de natural sea, harase inviril, por huir del centro de la Ciudad y de sus asambleas, en las que, dice el poeta «hácense ilustres los varones»; mientras que él, retraído, tendrá que pasar el resto de la vida cuchicheando en un rincón con tres o cuatro mozuelos, sin proferir jamás nada de grande y de novedoso. [485e] Mas yo, Sócrates, te trato sencillamente como amigo; y está por pasarme, pues, ahora lo que al Zethos, el de Eurípides, respecto de Amfión, —de lo que acabo de recordarme. Porque me viene decirte cosas tales cual las que él a su hermano: Te descuidas, Sócrates, de lo que habrías de cuidarte y “distorsionas la tan noble naturaleza de tu alma con disfraz de jovenzuelo, y ni aportas la palabra correcta a las deliberaciones sobre justicia ni tan sólo aceptarías la verosímil y convincente ni aconsejarías, en favor de alguien, juvenil consejo”. Y, con todo, querido Sócrates, —no te enfades conmigo, porque te lo diré con benevolencia: ¿no te parece vergonzoso comportarte como creo te comportas tú y los demás que llevan tanto y tan lejos la filosofía? [486a] Porque si, en este momento, apresándote a ti, 0- a alguno de los tales, alguien te llevara a la cárcel, sé que no tendrías cómo valerte; te marearías y, boquiabierto, no tendrías qué decir; y, llevado al juzgado, aun en caso de caerte acusador flojo y perverso, morirías, si quisiera éste te condenaran a muerte, ¿Y qué gran sabiduría hay, Sócrates, en eso de que «una cierta arte, tomando a un mortal de buen natural, lo puso peor», haciéndolo incapaz de ayudarse a sí mismo, y de salvar de los máximos peligros a sí mismo y a otro cualquiera; al revés, capaz de ser despojado de todas sus pertenencias por los enemigos; sencillamente, vivir deshonrado en la Ciudad? Si no fuera demasiado rudo de decir, cualquiera tiene el derecho de abofetearlo impunemente. [486c] Así que, bueno de Sócrates, «cesa de refutarme; ejercítate en acciones bellamente inspiradas», de que, ejercitadas, saques opinión de sensato: «deja a otros tales sutilezas», tanto que hayan de llamarse delirios como tonterías, «de que no sacarás sino hacer de casa vacía tu domicilio». Emula no a esos varones dados a refutar nimiedades, sino a los que tienen a la vez medios de vida, fama y otros muchos bienes. [486d] Sócrates: Si tuviera, Calicles, la suerte de poseer alma de oro, ¿no crees que me placería encontrar alguna de esas piedras con que se pone a prueba el oro, y piedra tan buena que aplicándola al alma, me asegurara haber sido bellamente cuidada, saber bien que su estado es satisfactorio y que no me hace falta otra prueba? [486e] Calicles: ¿A qué preguntas esto, Sócrates? [486e] Sócrates: Te lo diré; creo que, habiendo tenido la suerte de encontrarte a ti, he tenido la suerte de encontrar tal regalo. [486e] Calicles: ¿Cómo así? [486e] Sócrates: Sé bien que si tú admites lo que mi alma opina, tal opinión mía es ya verdad. Porque pienso que quien intente poner a suficiente prueba si un alma vive correctamente o no, ha de poseer tres cosas —todas las posees tú—: ciencia, benevolencia y franqueza. Porque con muchos me he tropezado que son incapaces de ponerme a prueba, por no ser sabios, cual tú lo eres; otros, son sabios, mas no quieren decirme la verdad, por no cuidarse, como tú, de mí. Estos dos extranjeros: Gorgias y Polo son, ciertamente, sabios y amigos míos; pero son menos francos, y más reservados de lo debido. ¿Cómo no?, cuando su reserva ha llegado a tanto que, por reservados, se atreven a contradecirse cada uno a sí mismo en presencia de muchas personas, ¡y eso sobre los más importantes asuntos! Mas tú tienes todo lo que los otros no tienen; suficiente educación —lo afirmarían muchos atenienses— y además eres benévolo conmigo, ¿Qué me lo prueba? Te lo diré. Sé, Calicles, que vosotros cuatro: tú. Tisandro el de Afidna. Andrón el hijo de Androtión y Nausicades de Colargues, habéis llegado a formar una comunidad en sabiduría. En una ocasión llegué a otros disentir juntos sobre hasta qué punto hay que ejercitarse en sabiduría; y sé que entre vosotros predominó algo así como la opinión de no empeñarse en filosofar extremando el rigor; y os exhortasteis mutuamente a tener buen cuidado de que, por haceros más sabios de lo debido, se os pasara desapercibida vuestra perdición. Cuando, pues, oigo que me aconsejas a mí lo mismo que a tus mejores compañeros, me es prueba suficiente de tu benevolencia para conmigo. En cuanto a que eres capaz de franquearte y no ser reservado, tal es tu afirmación, y concuerda con ella el discurso que acabas de hacer. Queda ya así claro ahora este punto: si en algo de los razonamientos concuerdas conmigo, desde ya por suficientemente puesto a prueba tanto por mí como por ti, y que ya no necesitará de ponerla a una más, porque no lo habrás concedido ni por falta de sabiduría ni por un acceso de reserva, ni menos lo concederías para engañarme, pues eres mi amigo, y tá mismo lo afirmas. Así, pues, nuestra concordancia lo será por llegar a la verdad. Pero de todas las consideraciones, la más bella, Calicles, es aquella que me mereció tus reproches: cuál ha de ser, qué ha de emprender y hasta qué punto, un varón, de viejo y de joven. Porque si algo no correcto hago con mi propia vida, sábete bien que en ello falto no voluntariamente sino por ignorancia mía. Comenzaste por hacerme entrar en razón; no lo dejes; muéstrame, más bien, de satisfactoria manera qué es lo que debo emprender, de qué modo llegaría a poseerlo cual mío; y si me sorprendieses concordando ahora contigo, mas posteriormente no practicando lo acordado, tiéneme por gran zopenco, y no trates de ponerme en razón, que de nada soy digno. Retoma, en mi favor, la cosa desde el principio: ¿en qué sentido tú y Píndaro afirmáis consistir lo justo “según naturaleza”?: ¿en llevarse violentamente el superior lo del inferior, en mandar el mejor sobre el peor, y en que el más valioso tenga más que el mediocre? ¿Qué otra cosa dices ser lo justo? ¿Lo recuerdo bien? [488b] Calicles: Lo dije entonces y lo digo ahora. [488b] Sócrates: Pero, ¿a la misma persona que llamas tú "'mejor”, llamas también “superior”? Que, cuando lo dijiste, no fui capaz de entenderlo. ¿Dices que son “mejores” los "superiores”, y que los más débiles han de obedecer al más poderoso, como me parece haber tú indicado entonces que según justicia natural los grandes Estados atacan a los pequeños, por ser aquéllos superiores y más poderosos, cual si lo superior, lo más poderoso y lo mejor fueran lo mismo? ¿O cabe ser mejor, mas ser inferior y más débil; ser superior, y, con todo, ser peor? ¿O es la misma la definición de mejor y de superior? Defíneme claramente este punto: ¿son lo mismo o algo diverso lo superior, lo mejor y lo más potente? [488d] Calicles: Te digo claramente que son lo mismo. [488d] Sócrates: Pues, por naturaleza, ¿los muchos no son superiores a uno? ¿No son, por cierto, ellos los que al Uno imponen las leyes, como tú mismo acabas de decir? [488d] Calicles: Pues, ¿cómo no? [488d] Sócrates: ¿Así que las ordenanzas de los muchos son ordenanzas de los superiores. [488d] Calicles: Absolutamente. [488e] Sócrates: ¿Así que lo son también de los mejores?, porque, según tus palabras, los superiores son, con mucho, los mejores. [488e] Calicles: — Sí. [488e] Sócrates: ¿Así que las ordenanzas de ellos son, por naturaleza, bellas, por ser ellos superiores? [488e] Calicles: Lo afirmo. [488e] Sócrates: ¿No es ésta la opinión de la mayoría, cual tú acabas de decir: que “la justicia consiste en la igualdad; y que es más feo obrar injustamente que padecer injustamente”? ¿Es así o no? Y para que así no se te atrape ahora por reservado: ¿piensa o no la mayoría que la justicia consiste en tener igual y no más que los otros, y que es más feo obrar injustamente que padecer injustamente? No rehúses responderme a esto, Calicles, para que, si me lo concedes, me sienta confirmado ya por ti, ya que reconozco concedérmelo varón competente. [489a] Calicles: La mayoría en efecto piensa así. [489a] Sócrates: Así que no sólo “según ley”, sino también “según naturaleza”, es más feo obrar injustamente que padecer injustamente y que no es justo tener todos igual. No parece, pues, dijiste anteriormente verdad ni me acusaste correctamente al decir que ley y naturaleza son contrarios, conociendo yo lo cual maleo los razonamientos: si uno habla “según naturaleza”, llevándolo a “según ley”; y, si “según ley”, a “según naturaleza”. [489b] Calicles: ¿No cesará este varón de decir tonterías? Dime. [489b] Sócrates: ¿no te avergüenzas, a tu edad, de ir a caza de nombres, y, si uno yerra en una palabra, lo tienes por gran regalo? ¿Crees, pues, que para mí ser “superior” es algo diferente de ser “mejores”? ¿No te estoy diciendo desde hace buen rato que afirmo ser lo mismo lo mejor y lo superior? ¿O piensas que digo que, si se junta una pandilla de esclavos y de toda clase de hombres sin otro valor, tal vez, que el de fuerza corporal, y que los tales afirmen algo, eso es ya legal? [489c] Sócrates: Sea, sapientísimo Calicles; ¿en este sentido lo dices? [489d] Calicles: — Absolutamente. [489d] Sócrates: Pues yo también sospechaba desde hace buen rato que por "superior” entendías algo así, y repregunto con la intención de saber claramente qué es lo que dices. Porque no vas a tener a dos por mejores que uno; ni a tus esclavos, por mejores que tú, por ser ellos más forzudos que tú. Volviendo, pues, al principio dime: ¿a qué llamas “mejor"'?, puesto que no llamas así a los más forzudos. Y comienza, óptimo, por enseñármelo más amablemente, para que no me aleje de ti. [489e] Calicles: Finamente te burlas, Sócrates. [489e] Sócrates: No, Calicles, por Zethos, sirviéndote del cual te acabas de burlar muchas veces de mí. Pero, vamos, dime: ¿a quiénes llamas “mejores”? [489e] Calicles: A los “excelentes”, palabra. [489e] Sócrates: ¿Ves, pues, que tú mismo dices nombres, mas no declaras nada? ¿No dirás que llamas los mejores y más potentes a los más sensatos, o a algunos otros? [489e] Calicles: ¡Por Júpiter!, que de los excelentes hablo, sobre todo. [490a] Sócrates: Así que, frecuentemente, según tus palabras, un sensato es superior a diez mil insensatos; y el tal ha de gobernar; los otros, ser gobernados; y ha de tener más el gobernante que los gobernados. Pues esto es lo que me parece quieres decir —y no voy a la caza de palabras— con “si uno es superior a diez mil”. [490a] Calicles: Pues esto es lo que digo, porque creo ser naturalmente justo que el mejor y más sensato gobierne y tenga más que los mediocres. [490b] Sócrates: ¡Tente aquí! ¿Qué estás diciendo una vez más? Si, como ahora aquí, estuviéramos reunidos muchos y tuviésemos para todos en conjunto comida y bebida en abundancia, mas fuéramos de condición varia —unos más fuertes, otros más débiles—, empero, uno solo de nosotros fuese el más sensato en esa materia por ser médico, aunque verosímilmente sería más fuerte que unos, más débil que otros, ¿quién sino él por ser de nosotros el más sensato, será en esa materia el mayor y superior? [490b] Calicles: Enteramente. [490b] Sócrates: ¿Se habrá, pues, de [levar más de comida que nosotros, por que es mejor; o, por gobernar, habrá él de repartir todo eso; mas, en gastar y consumir de eso para su cuerpo, no ha de tener más, si no se expone a castigo; ha de llevarse más que unos, menos que otros; empero, en el caso de que fuera el más débil de todos, llevarse la parte menor que la de todos, aun siendo el mejor, Calicles? ¿No es así, buen Calicles? [490b] Calicles: Hablas de comida, bebida, de médicos y de tonterías. Pero yo no hablo de eso. [490d] Sócrates: ¿No llamas, pues, mejor al más sensato? Di, sí o no. [490d] Calicles: Yo, sí. [490d] Sócrates: Pero, ¿no ha de tener más el mejor? [490d] Calicles: No precisamente de comida y bebida. [490d] Sócrates: Comprendo; mas tal vez, de vestidos; ¿y no habrá el mejor tejedor de tener el mayor manto y pasearse variadísima y bellísimamente vestido? [490d] Calicles: Dale con lo de manto. [490d] Sócrates: Mas en cuanto a zapatos, es claro que el más entendido en eso, y el mejor, ha de tener más. Tal vez el zapatero haya de pasearse calzado de más zapatos y más grandes. [490e] Calicles: ¡Dale con lo de zapatos! Tonteas a más y mejor. [490e] Sócrates: Pero si no hablas de esas cosas, tal vez sí de estotras: cual de labrador entendido en tierra, varón bello-y-bueno; tal vez haya de tener más de semillas y utilizar lo más posible de ellas para su propia tierra. [490e] Calicles: Siempre diciendo lo mismo, Sócrates. [490e] Sócrates: No sólo lo mismo, Calicles, sino aun sobre los mismos asuntos. [491a] Calicles: — ¡Por los dioses!; sencillamente, no cesas jamás de hablar de zapateros remendones, de bataneros, cocineros y médicos, cual si sobre ellos versaran nuestros razonamientos. [491a] Sócrates: Así, pues, ¿me dirás táú en qué cosas teniendo más el superior y más sensato, tendrá, según justicia, más? ¿No sugiriéndotelo yo lo aceptarás, ni hablarás tú por tu cuenta? [491a] Calicles: Pero, si yo mismo lo estoy diciendo hace rato! Ante todo, hablo de los entendidos en los asuntos de la Ciudad, y en esto no lo son los zapateros ni los cocineros, sino los entendidos en la manera de administrarla bien; y que sean no tan sólo entendidos, sino varoniles, capaces de llevar a término sus pensamientos y que no desfallezcan por flojera de alma. [491b] Sócrates: ¿Ves, óptimo Calicles, que no es lo mismo lo que me achacas tú a mí, y yo a ti? Porque tú afirmas que yo digo siempre lo mismo, y me lo reprochas; mas yo afirmo de ti lo contrario; que jamás dices lo mismo sobre lo mismo, sino que, una veces, defines a los mejores y superiores por lo de ser más fuertes, empero otras, por ser los más entendidos; mas ahora sales con algo diverso: llamas “viriles” a los superiores y mejores. Pero. Calicles bueno, acaba por decir a quiénes llamas “mejores” y “superiores” y “en qué”. [491c] Calicles: — ¡Por mí!, he dicho que a los entendidos en los asuntos de la Ciudad, y varoniles; porque a ellos corresponde gobernar las Ciudades; y es de justicia el que los tales tengan más que los otros, —los gobernantes, que los gobernados. [491d] Sócrates: ¡¿Cómo así?, compañero; ¿mas que ellos mismos? [491d] Calicles: ¿Cómo dices? [491d] Sócrates: Digo que cada uno es gobernador de sí mismo; ¿que no hace falta alguna gobernarse a sí mismo; mas sí, a los otros? [491d] Calicles: ¿En qué sentido dices eso de gobernarse a sí mismo? [491e] Sócrates: Nada de complicado; es lo que suele decirse: ser morigerado, dominarse uno a sí mismo, gobernar placeres y apetencias propios. [491e] Calicles: ¡Qué delicioso eres!; estás llamando simplones a los morigerados. [491e] Sócrates: ¿Cómo así?, no hay quien no vea que no digo eso. [491e] Calicles: Bien por cierto que lo dices, Sócrates, parque, ¿cómo un hombre sería feliz, sirviendo a otro cualquiera? Lo bello y justo, según naturaleza, consiste, al revés, en lo que estoy francamente diciéndote: quien haya de vivir correctamente ha de dejar que sus apetencias propias lleguen a máximas. y nada de reprimirlas; cuando se hallen en su máximo, secundarlas varonil y sagazmente y satisfacer siempre el apetito de momento. Pero esto no es posible a los más, creo; de ahí que, vergonzantemente, éstos reprendan a aquéllos, ocultando su impotencia, y afirmen ser fea la intemperancia, esclavizando así —lo dije anteriormente— a los por naturaleza mejores hombres; por incapaces de dar su colmo a los placeres, alaban la templanza; y alaban la justicia, por su propia falta de virilidad. Por lo cual quienes al comienzo mismo se hallaron siendo o hijos de reyes o con capacidad natural para proporcionarse un principado, tiranía o dinastía, ¿qué habría en verdad, para tales hombres, de más feo y malo que moderación y justicia?; ¿que, siéndoles factible regodearse en los bienes, y no estorbándolo nada, se impusieran ellos a sí mismos de déspotas a la ley y a las habladurías y reproches de la mayoría de los hombres? O, ¿cómo no resultarían unos desgraciados no pudiendo, por causa de lo bello de la justicia y templanza, dar a los amigos parte mayor que a los enemigos; y esto, «καὶ τὴν δικαιοσύνην διὰ τὴν αὑτῶν ἀνανδρίαν. ἐπεὶ ὅσοις ἐξ ἀρχῆς ὑπῆρξεν ἢ βασιλέων ὑέσιν εἶναι ἢ αὐτοὺς τῇ φύσει ἱκανοὺς ἐκπορίσασθαι ἀρχήν τινα ἢ τυραννίδα ἢ δυναστείαν, ⟨τί ἂν⟩ τῇ ἀληθείᾳ αἴσχιον καὶ κάκιον εἴη σωφροσύνης καὶ δικαιοσύνης τούτοις τοῖς ἀνθρώποις, οἷς ἐξὸν ἀπολαύειν τῶν ἀγαθῶν καὶ μηδενὸς ἐμποδὼν ὄντος, αὐτοὶ ἑαυτοῖς δεσπότην ἐπαγάγοιντο τὸν τῶν πολλῶν ἀνθρώπων νόμον τε καὶ λόγον καὶ ψόγον; ἢ πῶς οὐκ ἂν ἄθλιοι γεγονότες» (Burnet, 492b) [492d] Sócrates: De no ignoble manera, Calicles, y con franqueza procedes en tu razonamiento, porque dices ahora claramente lo que los más piensan, pero no quieren decir. Te pida, pues, que no retrocedas en modo alguno, para que, en realidad, quede en claro cómo se ha de vivir. Y dime: ¿afirmas que no se han de reprimir las apetencias, si uno ha de ser lo que debe; sino, dejando que se hagan lo mayores posible, proporcionarles, sea de donde fuere, satisfacción, y que en eso consiste la virtud? [492e] Calicles: Lo afirmo. [492e] Sócrates: Así que no es correcto decir que son felices los que de nada necesitan. [492e] Calicles: Pues, de esta manera, serían felicísimos las piedras y los muertos. [492e] Sócrates: Mas, por cierto, y tal como tú lo dices, cosa terrible es la vida; porque no me extrañaría de que Eurípides dijera verdad, al decir en estos versos ¿Quién sabe si vivir es estarse muriendo. [492e] y estarse muriendo es vivir? Y nosotros, tal vez, en realidad, estamos muertos; ya yo mismo he oído de alguno de los sabios que «estamos ahora muertos»; y que «el cuerpo es nuestro sepulcro»; mas que esa parte del alma en que precisamente están las apetencias resulta algo así como repersuadible y trastornable de arriba abajo. Y a esa parte, un sutil varón. Siciliano o Itálico tal vez, hablando en mito y aproximando los nombres de “variada” y “ variablemente”, a persuadible le dio el de “vasija”; y a los ininteligentes, el de in-iniciados. En los in-iniciados, esa parte del alma en que se aposentan las apetencias —que es la licenciosa y rajada por su insaciabilidad— se asemejaría a vasija agujereada. Tal varón, Calicles, dice claramente lo contrario a ti: que en el “Hades” —refiriéndose a lo “invisible”— los ininiciados serían los más desgraciados: acarrearían agua a una vasija agujereada con un criba otro tal. Y llama “criba” al alma, así me lo dijo quien me lo contó. Pero asemejó a criba el alma de los insensatos en lo de agujereada, ya que no puede contener nada por descreída y olvidadiza. Esto, sencillamente Es Casi casi UN absurdo; mas te declararía lo que intento con esta exposición: persuadirte, si fuera capaz, de que te conviertas de una vida insaciable y disoluta, y escojas la vida ordenada, teniéndote por satisfecho y abastado con lo que se presentare. ¿Te convenzo algo?; ¿y cambiarás a que “los ordenados son más felices que los disolutos”? ¿O ni aun por muchos de tales mitos que te cuente, ni por ésas cambiarás? [493d] Calicles: — Esto que acabas de decir, Sócrates, es lo más cercano a la verdad. [493d] Sócrates: Pues bien: sea para ti otra comparación tomada de la misma escuela que antes. Considera, pues, si respecto de esas dos vidas: la del morigerado y la del disoluto dices algo parecido a lo de dos varones que tuvieran muchas vasijas; las de uno de ellos, íntegras y llenas, una de vino, otra de miel, otra de leche y otras muchas de otras muchas cosas; mas que las fuentes de cada una de esas cosas fueran escasas, difíciles y aprovechables con grandes y pesados trabajos. Pues bien, uno de tales varones, en llenándolas, ni vuelve a sacar más ni se preocupa de nada, y con esto quedárase tranquilo. Para el otro, como para el primero, las fuentes están disponibles, mas difíciles; empero, sus vasijas están agujereadas y sucias; así que siempre, noche y día, se vería forzado a rellenarlas, o si no, a padecer extremas penas. Siendo - tales las vidas de ambos, ¿dices aún que la del disoluto es más feliz que la del ordenado? Diciendo esto, te convenzo algo de que admitas que la vida ordenada es mejor que la disoluta, ¿o no te convenzo? [494a] Calicles: No me convences, Sócrates, pues el que las tiene llenas no saca por ello placer alguno. Más bien esto Es lo que precisamente estaba diciendo: que es vivir cual piedra: haberlas llenado, y no sacar ni pena ni gloria. Al contrario, en esto consiste el vivir placenteramente: en la superafluencia. [494b] Sócrates: Pero, si afluye mucho, ¿no habrá también de salir mucho, y haber grandes agujeros para el desagüe? [494b] Calicles: Pues ciertamente. [494b] Sócrates: — Estás hablando de una vida cual la de avefría, y no de muerto ni de piedra. Ahora dime: ¿te refieres a algo así como tener hambre y comer cuando se tiene hambre? [494b] Calicles: — Justamente. [494c] Sócrates: ¿Y cual tener sed, y beber quien la tenga? [494c] Calicles: Eso digo; y que quien tenga todas las demás apetencias y pueda satisfacerlas gozándose en ello vive felizmente. [494c] Sócrates: Bien y rebién, óptimo. Termina, pues, como comenzaste, y de modo que no te entre la vergüenza; que, al parecer, yo mismo he de evitar que me entre. Ante todo dime: si picar, rascarse, darse sin límite a rascarse, pasar la vida rascándose es vivir felizmente. [494d] Calicles: ¡Qué extraño eres!, Sócrates; eres simplemente un demagogo. [494d] Sócrates: Pues así es en efecto, Calicles; que a Polo y Gorgias desconcerté e hice que les entrara vergüenza; mas tú ni te desconciertas ni te entra verguenza, pues eres viril. Pero respóndeme a eso. [494d] Calicles: Afirmo que quien se rasca pasa placenteramente la vida. [494d] Sócrates: Y si la pasa placenteramente, ¿también felizmente? [494d] Calicles: — Absolutamente. [494e] Sócrates: ¿Qué, y si se rasca solamente la cabeza? ¿O te pregunto algo más? Mira, Calicles, ¿qué contestarías si alguien te preguntara todo lo que va conexo con tales casos; y respecto de tales casos el capital —la vida de los invertidos—, ¿no es vida terrible, vergonzosa y desgraciada? ¿O te atreverás a llamarlos felices, si tienen en abundancia la que desean? [494e] Calicles: ¿No te da vergüenza, Sócrates, de llevar a tales cosas los razonamientos? [494e] Sócrates: ¿Pues soy yo quien los lleva, ilustre, o quien afirma que los que de esa manera, sea la que fuere, se gozan, son felices, sin deslindar qué placeres son buenos y cuáles malos? Una vez más, y dime ahora: ¿afirmas ser lo mismo Í placentero y bueno, o hay algo placentero que no es bueno? [495a] Calicles: Pues para que no discuerde mi razonamiento si afirmo que son diversos, afirmo que son lo mismo. [495a] Sócrates: Estas corrompiendo, Calicles, tus primeros razonamientos, y ya no pondrías, conmigo, adecuadamente a prueba la realidad, sí hablas contra tu propia opinión. [495b] Calicles: Pues también tú lo haces, Sócrates. [495b] Sócrates: Pues ni yo obro correctamente si hago eso; pero tampoco tú. Mira bien, feliz, que tal vez no es lo bueno precisamente eso de gozarlo todo totalmente, porque, aparte de las muchas y feas cosas que parecen seguirse, caso de ser así, hay muchas otras. [495b] Calicles: Eso te crees tú, Sócrates. [495b] Sócrates: ¿Pero, en realidad, Calicles, mantienes aquello? [495b] Calicles: Por mi palabra, sí. [495b] Sócrates: ¿Lo trataremos, pues, cual si lo tomaras en serio? [495b] Calicles: Y, por cierto, muy en serio. [495b] Sócrates: Pues bien, ya que así te parece, resuelve esto: ¿llamas a algo “ciencia”? [495b] Calicles: Sí, palabra. [495b] Sócrates: ¿Y no estabas diciendo que había una cierta valentía acompañada de ciencia? [495b] Calicles: Pues lo dije. [495b] Sócrates: ¿Y no dijiste que eran algo diverso, dos cosas, valentía y ciencia? [495b] Calicles: Y mucho. [495b] Sócrates: ¿Y qué?, placer y ciencia, ¿son lo mismo o algo diverso? [495d] Calicles: Diverso sin duda, sapientísimo de ti. [495d] Sócrates: ¿Que también valentía es diversa de placer? [495d] Calicles: Pues, ¿cómo no? [495d] Sócrates: Veamos, pues, ya cómo nos recordaremos de esto: que Calicles el Acarniano afirmó que placentero y bueno son lo mismo, mas que ciencia y valentía son diversas entre sí y respecto de lo bueno. [495d] Calicles: Pero Sócrates el de Alopece, ¿no nos concede eso?; ¿o lo concede? [495e] Sócrates: No lo concede; y creo que ni Calicles, cuando se mire a sí mismo. Porque dime: ¿No crees que pase algo contrario a los que están bien y a los que están mal? [495e] Calicles: Yo, sí. [495e] Sócrates: Pues bien: si tales estados son mutuamente contrarios, ¿no se habrán respecto de ellos cual se han salud y enfermedad? Porque un hombre no se enferma y sana, por cierto, simultáneamente, ni simultáneamente se libra de salud y enfermedad. [495e] Calicles: ¿Cómo dices? [495e] Sócrates: Así: toma una parte del cuerpo, la que quieras, y mírala. ¿Enférmase un hombre de los ojos con eso que se llama “oftalmia”? [496a] Calicles: ¿Cómo no? [496a] Sócrates: Mas no, por cierto, está simultáneamente sano de ojos. [496a] Calicles: En modo alguno. [496a] Sócrates: ¿Y qué, cuando se libra de la oftalmia? ¿Se libra entonces hasta de la salud de los ojos y, al final, queda libre de ambas cosas? [496a] Calicles: De ninguna manera. [496a] Sócrates: Pues, creo, sería eso algo sorprendente e irracional. ¿Es así? [496b] Calicles: Enteramente. [496b] Sócrates: ¿Y así, parecidamente, robustez y debilidad? [496b] Calicles: — Sí. [496b] Sócrates: ¿También celeridad y lentitud? [496b] Calicles: Ciertamente. [496b] Sócrates: Y así también los bienes y la felicidad, y sus contrarios; los males y la desgracia, ¿los adquiere en un turno y con otro se libra de ellos? [496b] Calicles: Enteramente así es. [496b] Sócrates: Si encontramos, pues, algunas cosas de las que simultáneamente el hombre se libra y simultáneamente las tiene, es claro que ésas no sería lo bueno y lo malo. ¿Admitimos esto? Piénsatelo muy bien, y responde. [496b] Calicles: Pero, absolutamente lo admito. [496b] Sócrates: Volvamos a lo anteriormente admitido: ¿Dijiste que tener hambre es agradable, o penoso? Me refiero a eso de “tener hambre”. [496b] Calicles: Penoso, por mi palabra; aunque, por cierto, digo que es agradable para el hambriento comer. [496d] Sócrates: Comprendo; así que el mismo “tener hambre"' es penoso. ¿No es así? [496d] Calicles: Lo afirmo. [496d] Sócrates: ¿Así también, pues, el "“tener sed”? [496d] Calicles: — Absolutamente. [496d] Sócrates: ¿Te pregunto, pues, algo más?, ¿o admites que toda carencia y apetencia es algo penoso? [496d] Calicles: Lo admito; mas no preguntes. [496d] Sócrates: Sea así; ¿afirmas que beber el sediento es ciertamente agradable? [496d] Calicles:. Sí, seguramente. [496d] Sócrates: ¿Así, pues, dices que quien “está sediento”, sin duda “está en pena”? [496e] Calicles: — Si. [496e] Sócrates: ¿Dices, pues, que en el beber hay gozar? [496e] Calicles: Y muchísimo. [496e] Sócrates: ¿El sediento precisamente? [496e] Calicles: Lo afirmo. [496e] Sócrates: ¿El que está en pena? [496e] Calicles: — Sí [496e] Sócrates: ¿Adviertes el resultado? Dices que quien está en pena goza simultáneamente, cuando dices que el sediento bebe. ¿O es que esto no pasa simultáneamente en el mismo lugar y tiempo del alma o del cuerpo, como quieras? Porque, creo, no hay aquí diferencia alguna. ¿Es así o no? [496e] Calicles: — Así es. [496e] Sócrates: Pero afirmas ser imposible que quien la pase bien la pase simultáneamente mal. [496e] Calicles: Pues lo afirmo. [497a] Sócrates: Mas admitiste que es posible gozarse el apenado. [497a] Calicles: Aparentemente. [497a] Sócrates: Luego gozar no es pasarla bien; ni estar apenado, pasarlo mal, de manera que resulten diversos lo placentero y lo bueno. [497a] Calicles: No sé de esas sofistiquerías, Sócrates. [497a] Sócrates: Sabes de eso, Calicles, pero te haces el ignorante; avanza aun un poco más. [497a] Calicles: ¿En qué tonterías estás pensando? [497a] Sócrates: Para que veas qué sabiamente me reprendes: por el beber, ¿no cesa simultáneamente cada uno de nosotros de estar sediento, y simultáneamente se complace? [497b] Calicles: No sé lo que dices. [497b] Gorgias: Nada de "“no”, Calicles; sino responde, aun en favor muestro, para que las razones lleguen a debido término. [497b] Calicles: Pero, Gorgias, si Sócrates es siempre así: pregunta una y otra vez pequeñeces y minucias, y por ellas refuta. [497b] Gorgias: Pero, ¿qué te importa? En todo caso, no te va la honra, Calicles; sométete a que Sócrates te refute de la manera que guste. [497c] Calicles: Pregunta, pues, esas pequeñeces y sutilezas, ya que así le parece a Gorgias. [497c] Sócrates: Bienaventurado eres, Calicles, porque has sido iniciado en lo grande antes que en lo pequeño; no creía fuera permitido. Responde partiendo de lo que dejaste en suspenso: si cada uno de nosotros no cesa simultáneamente de tener sed y placer. [497c] Calicles: Lo concedo. [497c] Sócrates: Según esto, ¿cesa también simultáneamente de tener hambre, otras apetencias y placeres? [497c] Calicles: Así es. [497c] Sócrates: Según esto, ¿cesa también simultáneamente de tener penas y placeres? [497c] Calicles: —Sí. [497c] Sócrates: Mas no cesa simultáneamente de tener bienes y males, cual admitiste. Pero ahora, ¿no lo admites? [497c] Calicles: Por cierto que sí. Pues bien, ¿qué? [497c] Sócrates: Que no resultan, querido, ser lo mismo lo bueno con lo placentero, ni lo malo con lo penoso. Unos de ellos cesan simultáneamente; mas otros, no, ya que son diversos. Pues, ¿cómo serían idénticos lo placentero con lo bueno, o lo penoso con lo malo? O si quieres, míralo de estotra manera, aunque creo que ni de ésta lo admitirás. ¿No llamas “buenos” a los buenos por la presencia de lo Bueno, parecidamente a los bellos, porque está en ellos presente lo Bello? [497e] Calicles: Por cierto que sí. [497e] Sócrates: Pues bien: ¿llamas “insensatos y cobardes” a los varones buenos?; porque no así, hace un momento, sino que los llamaste "valientes y sensatos”. ¿O no es a éstos a los que llamas "buenos”? [497e] Calicles: Pues absolutamente. [497e] Sócrates: ¿Y qué?, ¿no has visto ya gozándose niño insensato? [497e] Calicles: Yo mismo lo he visto. [498a] Sócrates: ¿Y no has visto aun un varón insensato gozándose? [498a] Calicles: Creo que sí; pero, ¿a qué va esto? [498a] Sócrates: A nada; pero responde. [498a] Calicles: Lo he visto. [498a] Sócrates: Pero, ¿qué?, ¿y a un inteligente, apenado y gozoso? [498a] Calicles: Lo afirmo. [498a] Sócrates: ¿Quiénes gozan y se apenan más: los sensatos o los insensatos? [498a] Calicles: Creo yo que no se diferencian mucho en eso. [498a] Sócrates: Pues me basta con esto. ¿En una guerra, has visto ya a varón cobarde? [498a] Calicles: Pues, ¿cómo no? [498a] Sócrates: Pues bien: retirados los enemigos, ¿quiénes te parece gozan más: los cobardes o los valientes? [498b] Calicles: Ambos, me lo parece; pero si no, casi igual. [498b] Sócrates: No importa esto. ¿Gozan, pues, aun los cobardes? [498b] Calicles: Y muchísimo, por cierto. [498b] Sócrates: Y los sensatos, parecería. [498b] Calicles: — Sí. [498b] Sócrates: Mas cuando avanzan los enemigos, ¿se apenan solamente los cobardes o aun los valientes? [498b] Calicles: Ambos. [498b] Sócrates: — ¿Igualmente? [498b] Calicles: Tal vez más los cobardes. [498b] Sócrates: Cuando se retiran, ¿no gozan éstos más? [498b] Calicles: Tal vez. [498b] Sócrates: ¿Luego se apenan y gozan casi igual tanto los insensatos y los sensatos como los cobardes y los valientes, así lo afirmas tú; pero más los cobardes que los valientes? [498c] Calicles: Lo afirmo. [498c] Sócrates: Más aún: ¿los sensatos y valientes son buenos, mas los cobardes e insensatos son malos? [498c] Calicles: — Sí. [498c] Sócrates: ¿Luego casi igual gozan y penan los buenos y los malos? [498c] Calicles: Lo afirmo. [498c] Sócrates: ¿Así, pues, los buenos y los malos son casi igualmente buenos y malos? ¿O los malos son aun más buenos, y malos? [498d] Calicles: Peto, por Júpiter!, no sé lo que dices. [498d] Sócrates: ¿No sabes que, según tu afirmación, los buenos son buenos por la presencia de lo bueno; y los malos lo son, por la del mal?; ¿y que los placeres son lo bueno, y las penas lo malo? [498d] Calicles: Yo, sí. [498d] Sócrates: Así que lo bueno: los placeres, ¿está presente en los que gozan, mientras los están gozando? [498d] Calicles: Pues, ¿cómo no? [498d] Sócrates: ¿Así que por la presencia de lo bueno son buenos los que los gozan? [498d] Calicles: —Sí. [498d] Sócrates: ¿Y qué?, lo malo: las penas, ¿no están presentes en los apenados? [498d] Calicles: Está presente. [498e] Sócrates: Así que, por la presencia del mal, afirmas que los malos son malos. ¿O ya no lo afirmas? [498e] Calicles: Por mi palabra, que sí. [498e] Sócrates: ¿Luego son buenos quienes se gozan; pero los que penan? [498e] Calicles: Seguramente. [498e] Sócrates: ¿Los que más, más; los que menos, menos; que casi igual, casi igual? [498e] Calicles: — Sí. [498e] Sócrates: ¿Afirmas, pues, que sensatos e insensatos. [498e] y valientes gozan y penan casi igual, o aún más los insensatos? [498e] Calicles: Yo, sí. [498e] Sócrates: En común, tú conmigo, hazme la cuenta-y- de qué nos pasa por lo admitido. Que afirman dos veces, y aun tres. [498e] bello es hablar de lo bello. [498e] y remirarlo. [499a] que el sensato y valiente es bueno. ¿Es así? [499a] Calicles: — Sí. [499a] Sócrates: ¿Y que el insensato y cobarde es malo? [499a] Calicles: Enteramente. [499a] Sócrates: A su vez, ¿que el gozante es bueno? [499a] Calicles: — Sí. [499a] Sócrates: ¿Mas que el apenado es malo? [499a] Calicles: Necesariamente. [499a] Sócrates: ¿Que el bueno y el malo penan y gozan de manera; pero que, tal vez, aún más el malo? [499a] Calicles: — Sí. [499a] Sócrates: ¿Así, pues, tanto el malo como el bueno retales de manera semejante al bueno, o hasta más bueno malo? ¿No nos pasa esto, y aquello de antes, si se afirma son lo mismo lo placentero y lo bueno? ¿No es esto necesario⁴ [499b] Calicles: Hace rato que te escucho, Sócrates, y accedo. [499b] mi alma que si, aun por juego, se te da algo, lo agarras, complacido, cual los muchachos. Así es como te crees que yo y otro cualquiera de los hombres no pensamos que haya placeres, unos mejores; otros, peores. [499c] Sócrates: ¡Ajajá!, Calicles, qué pícaro eres! Me tratas como a niño, diciendo las mismas cosas, unas veces así, otras asá; me estás engañando, aunque, al principio, no creí que, de intento, me engañarías, como amigo mío que eres; pero ahora estoy desilusionado; y, al parecer, he de hacer, como dice el viejo refrán: «buena cara a lo presente», y aceptar lo que me das, que es, al parecer, lo que estás diciendo: “de los placeres, unos son buenos, otros, malos”. ¿Así es? [499c] Calicles: — Sí. [499d] Sócrates: ¿Y son, pues, los beneficiosos buenos; y malos, los perjudiciales? [499d] Calicles: Enteramente. [499d] Sócrates: ¿Mas, beneficiosos los que hacen algo bueno; malos, los que algo malo? [499d] Calicles: Lo afirmo. [499d] Sócrates: — ¿Llamas, pues, tales, por ejemplo, respecto del cuerpo, a los placeres que acabamos de decir que hay en comer y beber? Y de éstos, ¿los que proporcionan salud al cuerpo, o robustez o cualquiera otra calidad corporal, son ciertamente buenos; los que algo contrario a esto, malos? [499d] Calicles: Absolutamente. [499d] Sócrates: Y parecidamente las penas; ¿unas son benéficas, y maléficas otras? [499d] Calicles: Pues, ¿cómo no? [499d] Sócrates: ¿Así, pues, placeres y penas benéficos han de ser preferidos y aceptados? [499d] Calicles: Absolutamente. [499d] Sócrates: ¡¿Mas no los maléficos? [499d] Calicles: Evidentemente, no. [499d] Sócrates: ¿No nos pareció a mí y a Polo, recuérdalo, que, por mor de lo Bueno, hay que hacerlo todo? ¿Y eres así de nuestra opinión que lo Bueno es el fin de todas nuestras acciones, que por causa de él se debe hacer todo lo demás; mas no él, por lo demás? ¿Votas con nosotros, y contigo somos tres? [500a] Calicles: ¡Por mi palabra!, sí. [500a] Sócrates: ¿Así que por mor de lo Bueno se ha de hacer todo, inclusive lo placentero; mas no por lo placentero, lo Bueno? [500a] Calicles: Enteramente. [500a] Sócrates: ¿Cualquier varón es capaz de seleccionar de entre los placeres cuáles son buenos y cuáles malos, o hace falta para cada caso un perito? [500a] Calicles: Un perito. [500a] Sócrates: Recordemos lo que dije, a propósito, a Polo y a Gorgias; porque decía, haz memoria, que algunas de las — ocupaciones lo son por placer, y solamente eso es lo que aportan, ignorando lo de mejor y peor; mas otras conocen “qué es” lo bueno y “qué es” lo malo. Y entre las de por placer puse a la culinaria cual pericia, no cual arte; mas entre las bor lo bueno, a la arte medicinal. Y, por el dios de la Amistad!, Calicles, no pienses tomarme en juego ni responder, contra tu opinión, lo que te acuda, ni aceptar lo mío cual si yo jugara. Porque ves que nuestros razonamientos versan sobre lo que cualquier hombre aun de pequeño entendimiento, tomaría más en serio; o sobre, de qué manera se ha de vivir: ¿de aquella a que me exhortas?: ¿la del varón que hace y habla todo ante el pueblo, ejercita la retórica y hace política como la estáis haciendo ahora vosotros?; o bien, la vida en filosofía, precisamente; y en qué se diferencia esta vida de la otra. [500b] Tal vez, pues, lo mejor sería, cual lo intenté hace poco, distinguirlas; mas, una vez distinguidas y convenidos nosotros en ello, considerar si son realmente dos esas vidas: en qué se diferencian la una de la otra y según cuál se ha de vivir. [500d] Tal vez no sabes aún lo que digo. [500d] Calicles: Por cierto, que no. [500d] Sócrates: Bien, pues, te lo diré más claramente. Puesto que yo y tú hemos convenido en que hay algo que es bueno, y algo que es placentero, siendo lo placentero diverso de lo bueno, hay por otra parte, para cada uno de ellos, un especial cuidado y preparación para poseerlos: la cacería, una vez de lo placentero; otra, de lo bueno; mas lo primero es si admites conmigo esto o no. ¿Lo admites? [500e] Calicles: Lo admito tal cual. [500e] Sócrates: Bien, pues, concédeme lo que a los presentes decía, si te parece que lo dije con verdad, Decía, pues, que no me parecía fuera la culinaria un arte, sino una pericia, a diferencia de la medicina. Decía que la medicina considera la naturaleza de aquel de quien se cuida, y la causa de sus prácticas y tiene cómo dar razón de cada una de ellas; mas la otra, respecto del placer, término total de su cuidado, va hacia Él justamente sin arte y sin considerar la naturaleza del placer ni la causa de él; y del todo irracionalmente, por decirlo así «sin llevar en nada las cuentas», salva solamente por rutina y - experiencia la memoria de lo que suele pasar, con lo cual aprovisiona los placeres. [501b] Considera, pues, algunas otras ocupaciones semejantes acerca del alma: unas, según arte, que encierran una promesa de lo mejor para el alma; pero otras, lo menosprecian, considerando, como allá, solamente el placer del alma, cómo se engendra en ella, cuál es el mejor o peor de los placeres; sin considerar ni cuidarse de algo más que de favorecerlo, sea mejor o peor. Me parece, pues, Calicles, que son halagadores, y me afirmo en que eso es halago a cuerpo y alma, y lo es aquello en que se cultive el placer sin tomar en consideración lo mejor y lo peor. ¿Mantendrás tú con nosotros acerca de esto la misma opinión, o la contradirás? [501c] Calicles: No por cierto yo; mas la admito para así poner término al razonamiento y agradar precisamente a Gorgias. [501d] Sócrates: ¿Es así halago respecto de una sola alma; mas no lo es respecto de dos o muchas? [501d] Calicles: No; lo es también respecto de dos y de muchas. [501d] Sócrates: ¿Así que hay cómo agradar a la vez a todas juntas, sin para nada considerar lo Mejor? [501d] Calicles: Así, por cierto, lo creo yo. [501d] Sócrates: ¿Puedes, pues, decirme cuáles son las ocupaciones que hacen eso? Pero mejor, si quieres, pregunto yo, y dices “sí” a la que te parezca ser tal; y “no”, a la que no. Comencemos por considerar la flautística. ¿No te parece, Calicles, que es de las que tan sólo persiguen nuestro placer, sin preocuparse de nada más? [501e] Calicles: Me lo parece, por cierto. [501e] Sócrates: ¿Y así también todas esas, cual la citarística, la de concursos? [501e] Calicles: —Sí. [501e] Sócrates: ¿Y qué el amaestramiento de coros?; ¿y la composición de ditirambos?; ¿no es, para ti, evidentemente una de las tales? ¿O piensas que Cinesias, hijo de Meles, se preocupa por decir algo para mejorar a los oyentes, o por lo que vaya a agradar a la multitud de los espectadores? [502a] Calicles: Es evidente esto, Sócrates, respecto a Cinesias. [502a] Sócrates: ¿Y qué de su padre Meles? ¿Te pareció hacía de ministril mirando hacia lo Mejor? ¿O es que ni siquiera miraba a lo más placentero? Porque, ¿no hacía penar, cantando, a los espectadores? Pero ahora considera: ¿crees que la citarística íntegra y la composición de ditirambos fue inventada en favor del placer? [502a] Calicles: Yo, sí. [502b] Sócrates: Pero, ¿qué?, esa augusta y admirable producción, la de tragedias, ¿en qué se interesa? ¿Que su ocupación e interés consiste solamente, cual te parece, en agradar a los espectadores?, ¿o en empeñarse, si algo les es placentero y agradable, pero maléfico, en no decir precisamente eso?, mas. [502b] si por caso hay algo desagradable y beneficioso, eso lo dirá y lo cantará, gústeles o no. ¿A cuál de los dos intereses contribuye más la producción de tragedias? [502b] Calicles: Es, por cierto, evidente, Sócrates, que tiende sobre todo al placer y agrado de los espectadores. [502b] Sócrates: ¿No es esto, pues, Calicles, lo que afirmamos⁵ [502b] Calicles: Absolutamente. [502b] Sócrates: Ahora bien: si se elimina de la poesía entera la melodía, el ritmo y la métrica, ¿qué es lo que queda sino las palabras? [502b] Calicles: Necesariamente. [502b] Sócrates: ¿Y no se dicen tales palabras a grandes multitudes y al pueblo? [502b] Calicles: Lo afirmo. [502d] Sócrates: Luego la poética es una manera de arenga popular. [502d] Calicles: Parece. [502d] Sócrates: Así, pues, la retórica sería arenga popular. ¿O no te parece que los poetas tórnanse oradores en los teatros? [502d] Calicles: A mí, sí. [502d] Sócrates: Acabamos, pues, de encontrarnos con una cierta retórica dirigida a un pueblo tal cual el de niños, a la vez que de mujeres y varones, esclavos y libres; retórica que no es gran cosa de nuestro gusto, ya que afirmamos ser halago. [502d] Calicles: Absolutamente. [502d] Sócrates: Bien pues; ¿qué es de la retórica dirigida al pueblo de Atenas y, en las ciudades, a esotras asambleas: las de varones libres? ¿Qué son para nosotros? ¿Te parece que los oradores hablan siempre en favor de lo Mejor, teniendo por meta precisamente el que, mediante sus palabras, mejoren al máximo los ciudadanos?, ¿o que pretendiendo agradar a los ciudadanos y menospreciando en favor de lo propio lo público, hablan a los pueblos cual a niños, con la sola intención de agregarles, sin preocuparse nada de que resulten, por ello, mejores o peores? [503a] Calicles: No es cosa simple lo que preguntas; porque hay, ciertamente, quienes, preocupándose de los ciudadanos, dicen lo que dicen; mas hay algunos tales cuales tú dices. [503a] Sócrates: Me hasta; porque si la cosa es, como ésta, doble, una parte de ella sería halago y vergonzosa populachería; mas la otra, algo bello: la empresa de cómo mejorar superlativamente a las almas de los ciudadanos y defender, con Que la palabra, lo mejor, resulte más o menos agradable o desagradable a los oyentes. Pero tal vez tú no hayas visto nunca tal retórica. O si puedes nombrarme algún orador así, ¿por qué no me dices, precisamente a mí, quién es? [503b] Calicles: Pero, por Júpiter!, no puedo por cierto nombrarte a ninguno: de los oradores actuales. [503b] Sócrates: Pues bien: ¿podrías, respecto de alguno de los antiguos, decir por qué causa los atenienses, después de que él comenzó sus arengas, de malos que anteriormente eran hizo que efectivamente mejoraran? Pues yo no sé quién sea. [503c] Calicles: ¿Y qué?; ¿no oyes haber sido Temístocles varón bueno, y haberlo sido Cimón y Miltíades, y especialmente ese Pericles, recientemente muerto, a quien tú mismo has oído? [503c] Sócrates: Así es ciertamente, Calicles, si lo que antes llamaste tú “virtud”, lo es verdaderamente: rellenar al colmo las apetencias, las de uno mismo y las de los demás; pero si no es esto así, sino lo que el razonamiento posterior nos forzó a admitir: colmar las que, rellenas, mejoren al hombre; mas no, las que lo empeoren, lo cual es una cierta arte, que haya habido entre ellos un varón tal, en modo alguno sabría decirlo. [503d] Calicles: No tendría yo qué decirte. [503d] Sócrates: Mas si bellamente lo buscas, lo hallarás. Veámoslo, considerando tranquilamente si ha habido alguno tal. Bien, pues: el varón bueno que, al decir algo, lo dice en vistas a lo Mejor, no hablará al azar, sino mirando hacia algo; al modo que aun todos los demás artesanos, mirando cada uno hacia su propia obra, aporta lo que aporta a su obra, no por una selección al azar, sino de manera que lo que hace tenga en sí mismo un cierto eidos. No tienes sino mirar a los pintores, constructores, navieros, a todos los demás artesanos, los que de ellos quieras; cómo cada uno dispone lo que pone según un cierto orden, y fuerzan a una parte a que se acomode y ajuste con otra, hasta que el Todo resulte obra reglada y ordenadamente compuesta. Y, ciertamente, los demás artesanos [504a] —y esos de que hace poco hablábamos: los que tratan el cuerpo. [504a] adiestradores y médicos— reglada-y-ordenadamente tecomponen el cuerpo. Admitimos que esto es así, ¿o no? [504a] Calicles: — Sea así. [504a] Sócrates: —¿Casa, reglada-y-ordenadamente dispuesta. [504a] sería, pues, buena; mas la desarreglada, mala? [504a] Calicles: Lo afirmo. [504a] Sócrates: ¿Así que también un barco? [504a] Calicles: — Sí. [504a] Sócrates: ¿Afirmamos lo mismo respecto de nuestros cuerpos? [504b] Calicles: Absolutamente. [504b] Sócrates: ¿Y qué respecto del alma?, ¿será buena la desarreglada, o la arreglada-y-ordenada de alguna manera? [504b] Calicles: — Según lo dicho hay que admitir esto también. [504b] Sócrates: Respecto del cuerpo, ¿qué nombre se da al resultado de regularidad-y-orden? [504b] Calicles: ¿Te refieres a “salud” y "robustez”? [504b] Sócrates: Yo, sí. Pero, ¿cuál, al resultado en el alma de regularidad y orden? Trata de encontrar y decir un nombre como aquel otro. [504c] Calicles: ¿Por qué, Sócrates, no lo dices tú mismo? [504c] Sócrates: Pues sí es más de tu agrado, lo diré; mas si te parece que lo aplico bellamente, dilo; pero si no, refútame y atájame. Porque me parece que “sano” es el nombre para cada regularidad del cuerpo, de lo cual resulta la salud y la restante virtud del cuerpo. Es esto así, ¿o no? [504c] Calicles: Lo es. [504d] Sócrates: Mas, los de “legal” y “ley”, para regularidad y orden del alma, de donde viene el que sean legales y ordenadas las almas; tales son justicia y templanza. Lo afirmas, ¿o no? [504d] Calicles: Sea así. [504d] Sócrates: Mirando, pues, hacia ellas, precisamente el experto y buen orador aplicará a las almas los razonamientos que hiciere y sus actos todos; y si diere algún don, lo dará, y si algo quita, lo quitará, teniendo siempre la mente puesta en LA cómo engendrar justicia en las almas de sus conciudadanos; mas apartar la injusticia; engendrar templanza; apartar disolución; engendrar toda otra virtud, expeler la maldad. Concuerdas conmigo, ¿o no? [504e] Calicles: Concuerdo. [504e] Sócrates: ¿Qué saca, Calicles, cuerpo enfermo y mal dispuesto de que le den muchos y los más deliciosos manjares, o bebidas o cualquier otra cosa, que no le aprovechará eso más que lo contrario, y aun menos, si se habla ajustadamente? ¿Es así? [505a] Calicles: Sea así. [505a] Sócrates: No aprovecha, pues, al hombre vivir con cuerpo malo, porque entonces se vive además necesariamente mal. ¿O no es así? [505a] Calicles: — Sí. [505a] Sócrates: Por lo cual colmar las apetencias —que el hambriento coma cuanto quiera o que el sediento beba— permítenlo generalmente los médicos al sano; mas al enfermo, digámoslo así, en manera alguna le permiten que colme el apetito. ¿Concedes tú eso también? [505b] Calicles: Yo, sí. [505b] Sócrates: Pero acerca del alma, óptimo, ¿no pasa igual: que, mientras esté mala, disoluta, injusta e impía hay que refrenarla en sus apetencias y no permitirle haga sino lo que la mejore? Lo afirmas, ¿o no? [505b] Calicles: Lo afirmo. [505b] Sócrates: ¿Porque así mejora el alma misma? [505b] Calicles: Absolutamente. [505b] Sócrates: Mas refrenar, ¿no es castigar los apetitos? [505b] Calicles: — Sí. [505b] Sócrates: Luego para el alma el ser así castigada es mejor que quedar sin castigo, como ahora acabas de pensar. [505c] Calicles: No sé de qué hablas, Sócrates; pero pregunta a otro. [505c] Sócrates: Aquí hay varón que no aguanta se le ayude, cuando le está pasando eso mismo de que se habla: ser castigado. [505c] Calicles: Me trae sin cuidado todo lo que dices; te respondí sólo por agradar a Gorgias. [505c] Sócrates: Sea. ¿Qué haremos ahora? ¿Cortamos a mitad el razonamiento? [505c] Calicles: Es cuestión tuya. [505d] Sócrates: Mas dicen que «no es lícito dejar a mitad los mitos»; hay que ponerles cabeza, para que no anden descabezados. Responde, pues, al resto, para que nuestro razonamiento adquiera cabeza. [505d] Calicles: — ¡Que pesado eres!, Sócrates; hazme caso, deja en paz este razonamiento, o discútelo con otro. [505d] Sócrates: ¿Quién, pues, querrá? Porque no vamos a dejarlo inconcluso. [505d] Calicles: ¿No podrías tú mismo proseguirlo o hablando tú a solas o respondiéndote a ti mismo? [505e] Sócrates: Para que así me pase lo de Epicarmo: «lo que antes decían dos, soy capaz de decirlo yo solo». Parece, pues, que sin remedio así ha de ser. Si, por cierto, ha de hacerse, creo ser preciso que todos nosotros porfiemos en saber “qué es” lo verdadero, y qué lo falso, respecto de lo que tratamos; porque es bien común para todos el que quede esto en claro. Proseguiré, pues, yo con el razonamiento de la manera que me pareciere. Pero si a alguno de vosotros parece que la realidad no concuerda conmigo, ha de tomarlo en sus manos y refutarme. Porque ni yo mismo digo lo que digo sabiéndolo; lo investigo, más bien, en común con vosotros; de manera que, si quien pone en duda lo que digo me pareciere dice algo a punto, yo seré el primero en concederlo. Digo, por cierto, esto si parece ser preciso concluir el razonamiento. Mas si no lo queréis, enviémoslo a paseo y vayámonos nosotros. [506a] Gorgias: Pero me parece, Sócrates, que no ha de despachárselo, sino que has de proseguir este razonamiento; y me parece que aun los demás opinan así. Que hasta yo mismo quiero oír cómo prosigues lo que falta. [506b] Sócrates: Mas, por cierto, Gorgias, que yo mismo continuaría por gusto dialogando aún con Calicles precisamente, hasta que le devolviera yo este discurso de Anfión en paga de aquel otro de Zethos. No obstante, Calicles, ya que no quieres que conjuntamente terminemos el razonamiento, al menos, pues, oyéndome, interviene si algo te pareciere no bellamente dicho. Que si me refutares, no me enfadaré yo contigo, como tú conmigo, sino quedarás inscrito en mi cual máximo bienhechor. [506c] Calicles: Habla, pues, bueno de Sócrates, y termina. [506c] Sócrates: Escúchame, pues, que retomo desde su principio el razonamiento. ¿Son lo mismo lo deleitable y lo bueno? No son lo mismo, como yo y Calicles convinimos, — ¿Hay que hacer lo bueno en vistas a lo deleitable; o lo deleitable, en vistas a lo bueno? Lo deleitable, en vistas a lo bueno, — ¿Mas lo deleitable es precisamente lo que, al advenirnos, nos deleita; mas lo bueno, aquello por cuya presencia somos buenos? Absolutamente. — Empero, ¿somos buenos, nosotros y las demás cosas que son buenas, por el advenimiento de cierta virtud? Me parece necesario, Calicles. — Empero, la virtud de cada cosa: enseres, cuerpos, alma, todo viviente, no adviene bellísimamente por azar, sino por orden, rectitud y arte, —la que a cada cosa está apropiada. ¿No es así? Yo lo afirmo. — ¿Consiste, pues, la virtud propia de cada cosa en lo arreglado-y-adornado según orden? Yo lo afirmaría. — ¿Así que un cierto adornado-orden, engendrado en cada cosa y casero de ella, es lo que hace bueno a cada ser? A mí me lo parece, — ¿Así que alma poseedora de tal adornado orden, propiamente suyo, es mejor que alma desordenada y desadornada? Necesariamente. — ¿Luego la que tenga tal adornado orden es adornadamente ordenada? Pues, ¿cómo no? — ¿Mas la adornadamente ordenada es sensata? De toda necesidad, — Luego el alma sensata es buena. Por mi parte, amigo Calicles, no tengo nada que decir en contra de esto, si tienes tú algo en contra, enséñamelo. [507a] Calicles: Di, bueno de Sócrates. [507a] Sócrates: Digo, pues, que si el alma sensata es buena, la que se halle en estado contrario a la sensata es mala; y lo es la insensata y disoluta. Absolutamente. — Además: el sensato obraría convenientemente respecto de dioses y de hombres, porque no fuera sensato haciendo lo no conveniente. Necesariamente esto es así. — Además: al hacer lo conveniente respecto de los hombres, haría lo justo; y respecto de los dioses, lo pío. Mas quien hace lo justo y pío, necesariamente es justo y pío. Así es.— Aún más: también es necesariamente valiente, porque no es de varón sensato ni el perseguir ni el huir de lo que no se debe, sino de lo que se debe huir y perseguir, tanto cosas como hombres, deleites como penas, y permaneciendo constante donde se deba. De modo que, Calicles, como vamos exponiendo, el sensato es por gran necesidad varón justo, valiente y pío perfectamente; mas el bueno, hace bien y bellamente lo que haga; mas quien obra bien, es feliz y bienaventurado; mas el malo y quien obra mal es desgraciado. Tal sería quien se conduzca de manera contraria al sensato, —el disoluto, a quien tú alabas. Esto es, pues, lo que yo así sostengo y afirmo que es verdad. Pero si es verdad, quien quiera ser feliz ha de perseguir y ejercitarse, tal parece, en la sensatez; mas huir de la disolución, con cuantos pies tenga cada uno; y arreglarse, sobre todo, de manera que no necesite castigo; mas si lo necesitare, o Él o cualquiera de los suyos, particular o Ciudad, hay que aplicar la justicia y castigarlo, si es que ha de llegar a ser bienaventurado. Tal me parece ser la meta, mirando a la cual se ha de vivir; y se ha de hacer tender todo hacia ella, lo de uno y lo de la Ciudad; y obrar de modo que justicia y sensatez ayuden a quien haya de ser feliz, no dejando sueltas a las apetencias e intentando colmarlas, que es interminable mal y llevar vida de ladrón. [507e] Porque tal hombre no será amigo ni de otro ni de dios, ya que es incapaz de convivencia; y con quien no hay convivencia, no hay amistad. Dicen los sabios, Calicles, que a cielo y tierra, dioses y hombres mantienen unidos la convivencia, amistad, decoro, sensatez y justicia; y que por esto a este Todo lo llaman “Orden”, compañero, y no desorden ni disolución. Mas me parece que tú no pones mientes en esto, aun siendo sabio en ello, sino que se te pasa por alto que la igualdad geométrica es de gran poder entre dioses y entre hombres. Tú, por el contrario, crees deber practicar la avaricia; es que descuidas la geometría. [508a] Pues bien: o hemos de refutar este razonamiento: que por la posesión de justicia y sensatez los felices son felices; y que por la maldad son desgraciados los desgraciados; o si es La verdad, hay que considerar las secuelas. Todas las anteriores, Calicles, se siguen: según ellas me preguntabas si hablaba en serio al decir que, si se falta en algo, hay que acusarse en público uno a sí mismo, a su hijo y compañero, y que para esto ha de servir la retórica. Y lo que creías que, por vergüenza, concedió Polo, resulta ser verdad: que cuanto obrar injustamente es más feo que padecer injustamente, es otro tanto peor. Y que quien se apreste a ser rectamente orador ha de ser justo y entendido en lo justo, —que es lo que, cual dijo Gorgias. Polo concedió por vergüenza. [508c] Siendo esto así, consideremos qué es lo que me reprochas: si se dice o no con verdad eso de que no soy capaz de ayudar ni a mí mismo ni a ninguno de los amigos y familiares, ni salvarme de los máximos peligros; estoy, cual los sinhonra, a la garra de cualquiera: si quiere darme, según esa dura palabra tuya, un bofetón; o arrebatarme mis pertenencias, expulsarme de la Ciudad; o lo último, hacerme matar. Estar expuesto a todo lo cual es, según tu razonamiento, lo más vergonzoso de todo. Mas según el mío —ya muchas veces expresado, pero nada obsta a que se lo repita— afirmo, Calicles, que no es lo más vergonzoso eso de ser injustamente abofeteado, ni eso de cortárseme cuerpo y bolsa; sino el pegar y cortarme a mí lo mío es más vergonzoso y malo; y también robar, esclavizar, romper paredes, y, en resumen, cometer injusticia contra mí y lo mío es peor y más vergonzoso para quien hace la injusticia que para mí que la padezco. Todo esto que ya en los anteriores razonamientos nos resultó evidente, como yo digo, queda firme y trabado —aunque sea algo rudo decirlo— con férreos y adamantinos razonamientos, que, si tales parecieren, y no los soltaras tú u otro más audaz que tú, no es posible hablar de otra manera que cual lo que yo estoy ahora diciendo ser la de bellamente hablar. En cuanto a mí, repito siempre lo mismo: que no sé cómo es esto; que ninguno de los que he encontrado, antes como ahora, es capaz de hablar de otra manera sin ponerse en ridículo. [509b] Afirmo, pues, una vez más, que es así; pero si es así, y que la injusticia es el mayor de los males para quien la hace, y que es, si fuera posible, un mal mayor que este máximo el de que quien obró injustamente no pague la justa pena, ¿sería en verdad, ridículo un hombre por no poder ayudarse de alguna manera a sí mismo? ¿No es ayuda ésa que aparta de nosotros el máximo daño? Por el contrario, es necesariamente la más vergonzosa ayuda la de no poder ayudarse a sí mismo, ni a sus amigos y familiares; la segunda, la de lo que sea mal segundo; y la tercera, la del tercero, y así de lo demás. Cual sea la magnitud propia de cada mal, tal es la belleza de poder ayudar en cada caso; y vergüenza, el no poderlo. ¿Es así, Calicles, o de otra manera? [509c] Calicles: No de otra. [509c] Sócrates: Pues de esas dos cosas: obrar injustamente y padecer injustamente, afirmamos ser mayor mal el obrar injustamente; y menor, el padecer injustamente. ¿Proveyéndose de qué, un hombre se ayudaría a sí mismo de manera que obtuviera esos dos provechos: el de no obrar injustamente y el de no padecer injustamente? ¿De poder o de voluntad? Lo digo en este sentido: ¿si no quiere padecer injustamente, no padecerá injustamente?, ¿o si se provee de poder para no padecer injustamente, no padecerá injustamente? [509d] Calicles: Está por cierto claro que por poder. [509d] Sócrates: ¿Mas qué en cuanto a obrar injustamente? Si no quiere obrar injustamente, con esto basta, —porque no obrará injustamente; ¿o además de esto hace falta proveerse de un cierto poder y arte, de modo que, si no los aprende y ejercita, obrará injustamente? ¿Por qué, Calicles, no me respondes precisamente a esto: te parece que yo y Polo nos hemos violentado correctamente o no al admitir en los anteriores razonamientos cuando admitimos que nadie voluntariamente obra mal, sino que todos los que ¿?tan mal obran mal involuntariamente? [510a] Calicles: Sea así para ti, Sócrates; a fin de que concluyas tu razonamiento. [510a] Sócrates: Además, pues, de eso, al parecer hay que proveerse de un cierto poder y arte para así no obrar mal. [510a] Calicles: — Absolutamente. [510a] Sócrates: ¿Cuál es, pues, esa arte que provee de medios para no padecer injustamente, o lo menos posible? Mira si te parece ser la misma que a mí. Porque a mí me parece ha de ser ésta: o mandar uno mismo en la Ciudad o ser tirano de ella o socio del gobierno en ejercicio. [510b] Calicles: ¿Ves, Sócrates, qué listo estoy para alabarte cuando dices algo bellamente?; me parece que eso ha estado muy bellamente dicho. [510b] Sócrates: Mira además si te parece estotro bien dicho: me parece que es lo más posible amigo de otro, como lo dicen los antiguos y los sabios, «el semejante con el semejante». ¿No te lo parece también a ti? [510b] Calicles: A mí sí. [510b] Sócrates: Pues donde esté mandando un tirano, salvaje e ineducado, si hubiera en su Ciudad alguien mucho mejor cfue él, ¿no lo temería, por cierto, el tirano, y jamás podría legar a ser para él amigo de toda el alma? [510c] Calicles: Así es. [510c] Sócrates: Ni si fuera muy inferior a él, tampoco, porque el tirano lo despreciaría y jamás lo tomaría en serio como amigo. [510c] Calicles: También esto es verdad. [510c] Sócrates: No le queda, pues, ciertamente amigo, digno de este nombre, sino aquel que sea de iguales costumbres, vitupere y alabe las mismas cosas y quiera ser gobernado y someterse a ese mandamás. Grande será su poder en la Ciudad, y nadie se dará el gusto de hacerle mal. ¿No es así? [510d] Calicles: — Sí. [510d] Sócrates: Si, pues, alguno de los jóvenes de tal Ciudad pensara: “¿de qué manera llegaría a gran poder y que nadie me hiciera mal?”, éste es, al parecer, el camino: ya desde joven acostumbrarse a gozarse y molestarse por las mismas cosas que el déspota, y arreglárselas para ser lo más semejante a él. ¿No es así? [510d] Calicles: —Sí. [510e] Sócrates: ¿Así que según vuestro razonamiento, el tal habrá conseguido no sufrir mal alguno, y gran poder en la Ciudad. [510e] Calicles: Enteramente. [510e] Sócrates: ¿Pero también, el no obrar mal? ¿O mucho le falta para esto, si ha de ser semejante a gobernante injusto y tener gran poder ante él? Mas yo pienso que de tal procedimiento le resultará todo lo contrario: capacitarlo para hacer grandísimas injusticias y, hechas, no pagar la justa pena. ¿Es así? [510e] Calicles: Aparentemente. [510e] Sócrates: Se apoderará, pues, de él el máximo mal: ser perverso y mutilado de alma por la imitación del déspota y por el poder. [510e] Calicles: No sé de qué manera, Sócrates, retuerces siempre los razonamientos. ¿O no sabes que tal imitador hará matar al que no imite al déspota, y le despojará de sus pertenencias? [510e] Sócrates: Lo sé, bueno de Calicles, si 10 soy sordo, y lo he estado oyendo muchas veces ya de ti, de Polo y de casi todos los demás de la Ciudad. Empero, óyeme: hará, por cierto, matar, si lo quiere, a varón bello-y-bueno; mas siendo él un perverso. [511b] Calicles: ¿Y esto precisamente es lo inaguantable? [511b] Sócrates: No para quien tenga inteligencia, como lo indica el razonamiento. ¿O piensas que un hombre ha de arreglarse para vivir el mayor tiempo posible y cultivar esas - artes que nos salvan de cualquier peligro, cual la que me exhortas a cultivar: esa retórica que salva siempre en los juzgados? [511c] Calicles: Sí, por Júpiter!, te estoy dando un buen consejo. [511c] Sócrates: Pues bien, óptimo; ¿que también la ciencia de nadar te parece ser grandiosa? [511c] Calicles: ¡Por Júpiter!, no a mi. [511c] Sócrates: Por cierto que también ella salva de la muerte a los hombres al sobrevenirles casos en que hace falta tal ciencia. Pero si ésta te parece ser pequeña, te mencionaré otra mejor que ella: la del gobernalle, que no sólo salva de los máximos peligros las vidas, sino también los cuerpos y la hacienda, lo mismo que la retórica. Es además aquélla, ciencia llana y decorosa; y no se las da de grandiosa, cual si hiciera LA algo superesplendente; empero, haciendo lo mismo que la judicial, si de Egina trae acá a uno sano y salvo, creo que cobra dos óbolos; más, si de Egipto o del Ponto, por tan gran beneficio cual el de salvar del que ahora decía a uno mismo, hijos, - hacienda y mujeres, cobra cuando más, al desembarcar en el puerto, dos dracmas. Mas el poseedor mismo de tal arte, y que tales cosas ha hecho, baja y se pasea con aire modesto junto al mar y junto a su nave. Porque, creo, sabe calcular que no está claro a quiénes de los pasajeros benefició, impidiendo que se ahogaran, y a quiénes perjudicó, conocedor como es de que, al desembarcarlos, en nada eran mejores, ni en cuerpo ni en alma, respecto de lo que al embarcarlos eran. Calcula, pues, que, si alguno, poseso corporalmente de graves e incurables enfermedades, no se ahogó, no es un desgraciado precisamente porque no murió, y que él en nada le benefició. Pero si otro tiene en lo que es más valioso que el cuerpo: en el alma muchas e incurables enfermedades, ¿este tal ha de vivir y a él beneficiar si lo salva de mar, de juzgados o de cosas parecidas? No; sabe, por el contrario, que al malo no le es mejor vivir, pues, sin remedio, vivirá malamente. [512b] Por lo cual no es de ley el que se dé grandes aires el piloto, aunque nos salve la vida; ni, por cierto, es admirable el ingeniero que, a veces, es capaz de salvarme la vida no menos que general, no se diga que un piloto o que cualquier otro; porque a veces hasta salva Ciudades enteras. ¿No te parece comparable con el abogado? Aunque si el ingeniero quisiera decir, Calicles, lo que vosotros, ensalzando él su oficio, os abrumaría con palabras, diciendo y exhortándoos a que os hicierais mecánicos, que no hay nada como esto; porque razones tiene suficientes. Pero tú no menos lo desprecias a él y a su arte, y lo llamarías “ingeniero” como por insulto, y ni a su hijo querrías darle tu hija ni tomar tú la de él. [512c] Aunque por lo que tú alabas lo tuyo, ¿con qué justa razón desprecias al ingeniero y a los otros de que ahora hablaba? Sé que dirás que eres mejor y de mejores. Pero si “mejor” no es lo que yo digo, sino que la virtud consiste en salvarse a sí mismo y lo suyo, sea uno lo que fuere, harías el ridículo vilipendiando a ingeniero, médico u otras artes que se practican en favor nuestro. [512d] Mas mira. Calicles feliz, no resulte ser lo noble y lo bueno algo diverso de salvar y salvarse. Porque precisamente eso de vivir tanto o cuánto tiempo es algo que el verdaderamente varón ha de dejar correr, y no amar el simple vivir; hay, más bien, que encomendar eso a dios, y creer con las mujeres que «nadie se evade de su Sino». Considerar en esto de qué modo el tiempo que se haya de vivir se lo viva lo mejor posible: adaptándose a la constitución del Estado en que se viva; y así has ahora de adaptarte lo más posible al pueblo ateniense, si te propones agradarlo y tener en la Ciudad gran poder. Mira si esto es provechoso para ti y para mí, a fin de que, daimoníaco, no nos pase lo que dicen pasa a las brujas de Tesalia por bajar la luna. La toma de tal poder en la Ciudad será a costa de lo más querido para nosotros. [513a] Mas si te parece que cualquiera de los hombres te dará una arte tal que te haga grande en poder en la Ciudad, aun siendo tú inadaptado a su régimen político, o para mejor o para peor, no me parece, Calicles, que se te aconseje rectamente, porque no hay que ser imitador, sino adaptado a eso por tu propia naturaleza, si vas a realizar algo genuino en punto a amistad hacia el pueblo ateniense, y, por Júpiter!, hacia el hijo de Pirilampo. Cualquiera, pues, que te haga lo más semejante a ellos, ese mismo te hará, ya que apeteces ser político, político y orador, porque cada cual se goza en las palabras dichas según sus hábitos, y se fastidia de las a ellos extrañas, a no ser que, cabeza querida, digas tú otra cosa. ¿Decimos algo en contra, Calicles? [513c] Calicles: No sé en qué manera parece, Sócrates, que hablas bien; pero me pasa lo que a la mayoría: no acabo de creerte. [513c] Sócrates: Porque el amor del pueblo, Calicles, presente en tu alma, me resiste; pero si consideramos mejor estas mismas cosas, tal vez te convencerás. Mas recuérdate de que afirmamos haber dos tratamientos para cultivar cada una de esas cosas: cuerpo y alma; el uno, cultivarlas para el placer; El otro, para lo Mejor; sin complacencias, mas con persistente Jucha. ¿No es esto lo que entonces definimos? [513d] Calicles: Absolutamente. [513d] Sócrates: ¿Así que, en lo de tratamiento, el de para el placer es ignoble, y no es otra cosa realmente que adulancia? ¿Es así? [513e] Calicles: Sea tal si así lo quieres. [513e] Sócrates: ¿Pero el otro: para que lo que cultivamos —sea cuerpo o alma— llegue a ser lo mejor posible? [513e] Calicles: Absolutamente. [513e] Sócrates: ¿Hemos, pues, de emprender el cultivar Ciudad y ciudadanos de manera que hagamos óptimos a los ciudadanos? Que, sin esto, como hallamos anteriormente, ningún otro beneficio serviría para nada, caso de que la mentalidad de los que van a adquirir gran riqueza o alguna autoridad u otro poder cualquiera no sea bella-y-buena. ¿Afirmaremos que es así? [514a] Calicles: Absolutamente, si te place. [514a] Sócrates: Si, pues, Calicles, puestos a tratar ante el pueblo de los asuntos políticos referentes a las construcciones: a las máximamente importantes de murallas, arsenales o templos, nos interrogáramos mutuamente: ¿habríamos de considerar y poner a prueba primero si conocemos tal arte: la de construir, o no la conocemos, y de quién la aprendemos? ¿Es necesario o no? [514b] Calicles: Absolutamente. [514b] Sócrates: Y en segundo lugar, estotro: si alguna vez hemos edificado algo para un particular: amigo o nosotros mismos, y si tal edificación es bella o fea. Y si, considerándolo, halláramos que hemos tenido maestros buenos y afamados, que hemos construido muchas y bellas edificaciones con su ayuda, pero muchas también nosotros a solas, después de habernos separado de ellos, así preparados tendría sentido pasar a obras públicas. Mas si no hubiéramos tenido un maestro ni construcciones algunas que exhibir; o muchas, mas de ningún valor, sería una insensatez emprender obras públicas y exhortar a otros a ello. ¿Afirmamos que lo dicho es correcto, o no? [514d] Calicles: Absolutamente. [514d] Sócrates: Y según esto, todo. Y entre otros casos: si nos animáramos uno al otro a hacer en la vida pública de médicos bien preparados, ¿no consideraríamos —por cierto yo en ti, y tú en mí—, ¡bien!, por los dioses!, cómo se ha Sócrates precisamente respecto de la salud corporal? ¿O ya a alguien —esclavo o libre— curó Sócrates de alguna enfermedad? Yo, a mi vez, consideraré lo mismo respecto de ti. Y si halláremos, creo, que a ninguno ni extranjero ni conciudadano, ni varón ni mujer hemos mejorado en cuanto al cuerpo, ¿no sería, por Júpiter!, Calicles, verdaderamente ridículo llegar un hombre a tal y tanta insensatez que, antes de haber hecho, privadamente, muchas cosas, a lo que salga, muchas, correctas, y ejercitándose suficientemente en el arte, pase lo del refrán: «tratar de aprender cerámica en una jarra», y tratar ellos, y exhortar a otros, a la vida pública? ¿No te parece insensato el obrar así? [514e] Calicles: A mí sí. [515a] Sócrates: Ahora bien, óptimo entre los varones: ya que estás comenzando tú a tratar de los asuntos de la Ciudad, mas me exhortas y reprochas el que yo no los trato, no consideraremos entre nosotros: “¡Bien!; ¿a qué ciudadano ha mejorado ya Calicles? ¿Hay alguno que de previamente malo, injusto, disoluto e insensato haya llegado a ser, por obra de Calicles, bello-y-bueno, —sea extranjero, ciudadano, esclavo o libre?”. Dime, Calicles, si alguien te pone a prueba en esto, ¿qué responderás?: ¿A quién afirmarías haber hecho mejor con tu trato? ¿Tienes reparo en responder a si estás realmente haciendo aún algo en privado antes de emprender carrera pública? [515b] Calicles: Eres discutidor, Sócrates. [515b] Sócrates: No, no te pregunto por ganas de discutir; sino porque, verdaderamente, quiero saber de qué manera piensas ha de hacerse política entre nosotros. ¿O, en llegando a tratar de los asuntos de la Ciudad, te preocuparás de otra cosa que no sea sino cómo seamos óptimos los ciudadanos? ¿O no hemos admitido ya muchas veces que eso es lo que el varón político sabe hacer? ¿Lo admitimos, o no? Lo admitimos; yo responderé por ti. Si, pues, esto es lo que el varón bueno ha de proporcionar a su Ciudad, haciendo ahora memoria de aquellos varones de quienes poco antes hablabas, dime: ¿te parece an haber sido buenos ciudadanos Pericles, Cimón. Miltíades y Temístocles? [515d] Sócrates: Si, pues, fueron buenos, es claro que cada uno de ellos hizo de malos buenos a los ciudadanos. ¿Lo hizo o no? [515d] Calicles: Sí. [515d] Sócrates: Así que, cuando Pericles comenzó a hablar ante el pueblo, ¿los atenienses eran peores que cuando por última vez habló? [515d] Calicles: Tal vez. [515d] Sócrates: No “tal vez”, óptimo, sino “necesariamente”, según lo admitido, en caso de que haya sido él buen ciudadano. [515d] Calicles: Bien, ¿y qué? [515e] Sócrates: Nada. Pero dime, además: si se dice que Pericles mejoró a los atenienses, o, por el contrario, que los corrompió. Porque, respecto de esto, oigo que Pericles los hizo perezosos, cobardes, charlatanes y avaros, por inaugurar sueldos públicos. [515e] Calicles: Esto lo oyes, Sócrates, de los orejirrotos. [515e] Sócrates: Pero lo que no oigo, sino sabemos muy bien tanto yo como tú es que al comienzo gozó Pericles de buena fama y que los atenienses, mientras fueron malos, no votaron contra él sentencia alguna vergonzosa; pero después que los hizo bellos-y-buenos, al final de su vida lo condenaron por robo, y por poco lo sentencian aun a muerte, —claro que por ser malo. [516a] Calicles: ¿Y qué?; ¿por eso sería malo Pericles? [516a] Sócrates: Pues bien: un cuidador de asnos, caballos y bueyes, ¿no sería, al parecer, mal cuidador si, cuando los recibió no acoceaban ni topetaban ni mordían; mas los dejó, dando ellos por salvajismo muestras de todo eso? ¿O no te parece mal cuidador de cualquier clase de animales quien recibiéndolos mansos los deja más salvajes de lo que los recibió? ¿Te parece, o no? [516b] Calicles: Absolutamente, para agradarte. [516b] Sócrates: ¿Y no se cuidó Pericles de hombres? [516b] Calicles: —Sí. [516b] Sócrates: Así, pues, ¿no habría de haberlos hecho, cual acabamos de admitir, más justos en vez de más injustos, si es que, siendo él bueno en política, se cuidó de ellos? [516b] Calicles: Ciertamente. [516b] Sócrates: Ahora bien, «los justos son mansos», como dice Homero. Tú, ¿qué dices? ¿No es así? [516b] Calicles: — Sí. [516b] Sócrates: Pero, ciertamente, los tornó patentemente más salvajes de lo que los recibió, y esto contra él mismo, —lo que jamás quisiera. [516b] Calicles: ¿Quieres que te lo admita? [516b] Sócrates: Sí, en caso de que te parezca digo verdad. [516b] Calicles: Sea, pues, así. [516b] Sócrates: Y si más salvajes, ¿más injustos también y peores? [516d] Calicles: Sea así. [516d] Sócrates: Luego Pericles no era bueno en política, según el presente razonamiento. [516d] Calicles: Al menos, tú afirmas que no. [516d] Sócrates: Pero, por Júpiter!, tampoco según tú, por lo que admitiste. Volviendo a Cimón, dime: los mismos que el cuidó, ¿no lo condenaron al ostracismo para no oír su voz durante diez años? ¿Y no hicieron eso mismo a Temístocles, y encima lo castigaron con destierro? Y a Miltíades, el de Maratón, ¿no lo sentenciaron a echarlo al pozo; y, si no es por el presidente, en él cae? Aunque si estos varones hubieran sido buenos de la manera que tú dices, jamás les pasara eso. Que, por cierto, los buenos cocheros no se caen del pescante, ni al principio; mas cuando han amaestrado a los caballos y ellos mismos se han hecho buenos cocheros, ¿entonces se caen? No es así ni en conducción de coches ni en ninguna otra obra. ¿Te parece pasar así? [516e] Calicles: No, a mí no. [516e] Sócrates: Eran, pues, al parecer, verdaderos los anteriores razonamientos sobre que no sabemos de varón alguno que, en esta Ciudad haya sido bueno en política. Tú admitiste que no lo es ninguno de los actuales, aunque sí otros anteriores, y preferiste a éstos precisamente. Empero, éstos resultaron ser claramente igual que los actuales, de modo que, si aquéllos fueron oradores, ni se sirvieron de la buena retórica —pues no hubiesen caído— ni de la adulatoria. [516e] Calicles: Pero todavía, Sócrates, hay gran distancia entre ellos: que jamás ninguno de los actuales hará obras tales cuales hizo cualquiera que de aquéllos elijas. [517b] Sócrates: Ni yo, daimoníaco, reprocho a aquéllos lo de ser servidores de la Ciudad; me parece, más bien, que la sirvieron mejor que los actuales, y que fueron más capaces de proporcionar a la Ciudad lo que apetecía. Empero, en cuanto a desviar las apetencias y no favorecerlas, persuadiendo y forzando a los ciudadanos a lo que las mejoraría, aquéllos, por decirlo así, en nada se diferenciaron de estotros, aunque mejorarlos constituya la única obra propia del buen ciudadano. Mas, en cuanto a murallas, arsenales y otras muchas cosas tales, te concedo ser aquéllos más hábiles en construirlos que éstos. Estamos, pues, tú y yo haciendo el ridículo en nuestros razonamientos, porque, durante todo el tiempo que dialogamos, no cesamos de dar vueltas a lo mismo, y de ignorar lo que nos decimos uno a otro. [517d] Pues creo que repetidas veces has admitido y reconocido que ese negocio del cuerpo y del alma es doble: uno de ellos es de servicio: de qué modo proveer a nuestros cuerpos de alimentos cuando tienen hambre; de bebidas, cuando sed; si frío, de vestidos, mantas, zapatos, y lo demás de que a los cuerpos les vengan ganas. Y de intento te lo digo con los mismos ejemplos, para que más fácilmente lo entiendas. Porque el que pueda proporcionar esto o un buhonero o comerciante o artesano de tales cosas, un panadero, cocinero, tejedor, zapatero o curtidor, nada tiene de sorprendente que, siendo tal, le parezca a él mismo y a los demás estar a servicio del cuerpo, y se lo parezca a todo el que no sepa que, aparte de todas estas artes, hay la gimnástica y la medicinal, que es, en realidad, cuidado del cuerpo, de la cual además es propio mandar sobre todas estas artes y servirse de sus obras por saber lo que, de alimentos y bebidas, es bueno o malo para un estado excelente del cuerpo; mientras que las demás lo ignoran. Por lo cual, en cuanto al tratamiento del cuerpo, resultan ellas esclavas, auxiliares e iliberales; las otras: gimnástica y medicina son, respecto de aquéllas, según justicia, señoras. [518a] Que esto mismo pase respecto del alma, me parece, a veces, lo percibes al decirlo yo, y lo admites cual si supieras lo que digo. Pero, poco después, me sales diciendo que ha habido en la Ciudad hombres bellos-y-buenos. Mas cuando te pregunto “cuáles”, me parece traes hombres semejantísimos en política; algo así como si preguntándote yo sobre gimnástica: “quiénes han sido o son buenos adiestradores de los cuerpos”, me dijeras, muy en serio, “Tearion, el panadero; y Meteco, el que escribió sobre la cocina siciliana; y Sárambo, el tabernero, resultaron admirables servidores de los cuerpos, uno preparando admirables panes; otro, platos; otro, vino”. [518c] Tal vez, pues, tomarás a mal si te dijera: “¡hombre!, no sabes nada sobre gimnástica; me hablas de auxiliares y aprovisionadores de los apetitos de los hombres y de quienes nada saben acerca de lo bello—y—bueno Linm ellos; que, a lo mejor, atracan y engordan los cuerpos de los hombres, y, alabados por ellos, resulta que éstos pierden hasta sus carnes primitivas. Mas por inexperiencia no encausan cual causa de las enfermedades ni de la pérdida de las carnes primitivas a quienes los convidan; sino a los que, por azar, estén justamente presentes y les aconsejen algo cuando el hartazgo, algún tiempo después, traiga de acompañante una enfermedad”. Se hartaron sin mirar a la Salud; encausan de ello a éstos; se lo reprochan y, si pudieran, les harían algún mal; empero, a aquellos primeros y causa de los males, los encomian. [518d] Y ahora, Calicles, estás haciendo algo semejantísimo a eso: encomias a quienes, convidándolos, cebaron su apetito. ¡Y afírmase que ellos han hecho grande a la Ciudad! Mas no perciben que, a causa de aquéllos, los antiguos, la Ciudad está henchida e hinchada. Porque sin moderación y justicia han colmado la Ciudad de puertos, arsenales, murallas, tributos y chucherías tales. Cuando, pues, sobrevenga ese bajón de la debilidad, los de entonces encausarán de ello a los consejeros presentes, mas encomiarán a Temístocles. Cimón y Pericles, causas precisamente de tales males. Tal vez, si no te espabilas, te prendan a ti y a mí compañero Alcibíades —cuando pierdan lo antiguo además de lo actualmente poseído—, no siendo vosotros causa de tales males, sino tal vez concausas. [519b] Aunque yo mismo veo está ahora pasando algo insensato, y lo oigo, respecto de los varones antiguos; porque percibo que, cuando la Ciudad prende, por injusto, a alguno de los varones políticos, indígnanse éstos y protestan cual si les pasara algo terrible, porque habiendo hecho a la Ciudad muchas cosas y buenas, destrúyelos Ella, —tales son sus palabras. [519b] Polo: en total, es una mentira, porque ni un solo gobernante de Ciudad ha sido jamás destruido por la Ciudad de la que es gobernante. Es casi el mismo caso el de los que se las dan de políticos y el de los que de sofistas. Porque los sofistas, siendo por lo demás sabios, hacen algo sorprendente: afirmando ser maestros, acusan frecuentemente a los discípulos de tratarlos a ellos mal, defraudarlos de su salario y ni siquiera agradecerles los favores que de ellos recibieron. ¿Qué de más irracional que tal razonamiento?; que hombres buenos ya y justos —de quienes el maestro arrancó la injusticia— poseedores de la justicia sean injustos precisamente a causa de lo que no poseen. ¿No te parece esto, compañero, desconcertante? En verdad me forzaste a hacer el demagogo al no querer, Calicles, responderme. [519d] Calicles: — ¿Pero tú no eres capaz de hablar a no ser que alguien te responda? [519e] Sócrates: Tal parece. Estoy, por cierto, extendiendo los razonamientos, ya que no quieres responderme. Mas, bueno de Calicles, dime, por el Amigo!: ¿no te parece fuera de razón el que quien afirma haber hecho bueno a alguien le reproche el ser malo, a pesar de haberlo él hecho bueno y estar siéndolo aún? [519e] Calicles: Me lo parece. [519e] Sócrates: ¿Pues que no oyes decir tales cosas a los que profesan educar a los hombres para la virtud? [520a] Calicles: Yo, sí; pero, ¿qué dirías acerca de hombres de [520a] Sócrates: Mas, ¿qué dirías acerca de aquellos que profesando gobernar la Ciudad y cuidarse solícitamente de que sea óptima, la acusan a su vez, cuando se presente la oportunidad, de que es perversísima? ¿Crees distinguirse en algo éstos de aquéllos? Lo mismo. Calicles feliz, son sofistas y orador. [520a] o casi lo mismo y próximos, como le decía yo a Polo. Mas tú, por ignorancia, tienes por algo bellísimo a lo uno: a la retórica; mas desprecias lo otro. Pero, en verdad, la sofística es más bella que la retórica tanto cuanto lo es la legislativa respecto de la judicativa; y la gimnástica, respecto de la medicina. Mas yo, por cierto, creía que no les está bien a oradores políticos y sofistas quejarse de ese hecho: que el educado por ellos se porte mal con ellos; que según este mismo razonamiento se acusan a la vez a sí mismos de no haber ayudado en nada a los que afirmaban ellos ayudar. ¿No es así? [520c] Calicles: Ciertamente. [520c] Sócrates: Más aún: adelantarse a hacer buenas obras sin paga, solamente a éstos, verosímilmente, les está bien, si hablaran según verdad. Porque el beneficiado con otra clase de obras buenas, cual el hecho veloz por adiestrador, tal vez dejaría de agradecérselo si fue el adiestrador quien se ofreció y no convino con él en que, en adquiriendo la velocidad, recibiría de inmediato y sin más su salario en dinero. Porche no creo que los hombres obren injustamente por lentitud sino por injusticia. ¿Es así? [520d] Calicles: — Sí. [520d] Sócrates: Según esto, quien arranque precisamente la injusticia, en nada jamás será perjudicado. Solamente es segura esta clase de beneficencia, si, en realidad, pudiera alguien hacer buenos a otros. ¿No es así? [520d] Calicles: Lo afirmo. [520d] Sócrates: Por esto, pues, nada tiene de feo, al parecer, recibir dinero por dar consejos en cualquier otro asunto, cual sobre edificación o sobre otras artes. [520e] Calicles: Tal parece. [520e] Sócrates: Empero, acerca de esa obra: de qué manera sería uno óptimo y administraría mejor su casa o Ciudad se tiene por feo negarse a dar consejos, si no le dan plata. ¿Es así? [520e] Calicles: —Sí. [520e] Sócrates: Claramente, pues, tal es la causa por la que sólo esta clase de beneficencia hace que quien la recibió desee , devolver bien por bien; de manera que parece ser bella señal de haber hecho tal beneficencia si se le devuelve bien por bien. Y si no, no. ¿Son las cosas así? [521a] Calicles: Lo son. [521a] Sócrates: Defíneme, pues, ¿a qué clase de cuidado por la Ciudad me exhortas; a la de luchar, cual médico, para que los atenienses sean los mejores posibles, o cual futuro sirviente y asociado en gustos? Dime la verdad, Calicles. Es de justicia que cual comenzaste franqueándote conmigo, termines diciéndome lo que piensas. Y ahora, respóndeme bien y gallardamente. [521a] Calicles: Digo, pues, que cual futuro sirviente. [521b] Sócrates: ¿Así que. Calicles gallardo, me exhortas a que los adule? [521b] Calicles: Sócrates, si te place más llamarlo “cosa de Mysio”; que si no haces esto,. [521b] Sócrates: No digas lo que tantas veces he dicho: que “cualquiera me hará matar”, a fin de que, a mi vez, no te diga que "un malo matará a varón bueno”. Ni que “me arrebatará lo que tengo”, para que, a mi vez no te diga que “no sabrá qué hacer con lo arrebatado; injustamente me lo arrebató; parecidamente, injustamente se servirá de lo arrebatado, y, si injustamente, feamente; y si, feamente, malamente”. [521c] Calicles: Me parece, Sócrates, que estás convencido de que nada de esto te pasará, cual si estuvieras seguro en casa y no llevado a un juzgado por un hombre tal vez grandemente perverso y ruin. [521c] Sócrates: Soy, en verdad, Calicles, un insensato si no creo que en esta Ciudad, no le puede pasar cualquier cosa a cualquiera. Empero, sé bien precisamente que, si voy a un juzgado y corro alguno de los peligros de que me hablas, quien me llevare a él será, a mi juicio, un perverso, porque ningún bueno llevaría allá a varón en nada injusto. Y nada tendría de sorprendente el que tuviera que morir. ¿Quieres que te diga por qué preveo esto? [521d] Calicles: Absolutamente. [521d] Sócrates: Creo ser uno de los pocos atenienses, por no decir el único, que con arte verdaderamente política emprende, único entre los actuales, hacer política. Así que, por no hacer para agradar mis ordinarios discursos —sino en vistas a lo mejor; no para complacer, ni queriendo hacer lo que me recomiendas: esas sutilezas— no tendré qué decir en el juzgado. Reviéneme lo que dije a Polo, porque me juzgaría cual se juzgara un médico, acusado, ante niños, por un cocinero. Porque considera cómo se defendería tal hombre, cogido en tales circunstancias, si se le acusara diciendo: “niños, este varón, aquí presente, os ha hecho a vosotros mismos muchos males; aun a los más jóvenes de vosotros os destruye con sajaduras y cauterios; enflaqueciéndoos y asfixiándoos hace que no caigáis en cuenta de que os está dando amargas posiciones y forzándoos a pasar hambre y sed; no como yo que os harta de muchas, deleitosas y variadas viandas”. ¿Qué crees tendría el médico que decir, cogido en tan mal trance? O si dijera: “Niños, es verdad haber hecho yo todo eso, por higiene”. ¿Cuán grande, crees, fuera la gritería que armaran tales jueces? ¿No sería bien grande? [522a] Calicles: Tal vez; así hay que creerlo. [522a] Sócrates: ¿Crees, pues, que el así atrapado sin escape tendría algo que responder? [522b] Calicles: Absolutamente. [522b] Sócrates: Eso mismo me pasaría, bien lo sé, llevado al juzgado. Porque no podré hablarles de los placeres que yo he proveído, y ellos tomen cual beneficios y ayudas; ni, por otra parte, envidio yo ni a proveedores ni a provistos. Y si alguien afirma que corrompo a los más jóvenes, despistándolos, o que vilipendio o en privado o en público a los más viejos con maliciosas palabras, no podré ni decir la verdad: que - justicieramente digo todo eso y que, varones jueces, lo hago en favor vuestro; ni decir alguna otra cosa. Así que aceptaré lo que sobreviniere. [522c] Calicles: ¿Te parece, pues, Sócrates, que hace bella figura ante la Ciudad hombre así dispuesto, e incapaz de ayudarse a sí mismo? [522c] Sócrates: Por cierto que sí, si posee, Calicles, lo que tú has tantas veces admitido: si se ha ayudado a sí mismo por LA no haber ni dicho ni hecho nada injusto ni respecto de hombres ni de dioses. Porque hemos convenido muchas veces en que tal ayuda es, para uno mismo, la máxima-y-mejor. Si, pues, me convenciera de que no puedo ni ayudarme a mí mismo con tal clase de ayuda, ni ayudar a otro, me avergonzaría, refutado así, tanto ante muchos como ante pocos, o a solas por uno solo; y si muriera a causa de tal impotencia, me irritaría; mas si por falta de retórica adulona tuviera tal fin, sé bien que verías cuán fácilmente llevo la muerte. Porque nadie teme el morir, a no ser que uno sea de todo en todo falto de razón y de virilidad; se teme, por el contrario, obrar injustamente, porque llegar al Hades con alma rebosante en injusticias es de todos los males el supremo. Pero, si quieres, estoy dispuesto a decirte, cómo pasa esto, en forma de leyenda. [522e] Calicles: Ya que has puesto su final a lo demás; ponlo también a esto. [523a] Sócrates: «Escucha ahora», dicen, «un grandemente bello discurso» que tú tendrás seguramente por mito, así lo pienso; mas yo, por leyenda, —porque cual verdaderamente real te diré lo que estoy a punto de decir: pues, como dice Homero, Júpiter. Neptuno y Plutón se dividieron el principado que de su padre recibieron. En tiempo de Cronos era ley, y Desde entonces lo es aún para los dioses, que, respecto de los hombres, el que de ellos hubiera transcurrido su vida justa y piadosamente, después de muerto, yendo a las Islas de los bienaventurados, habitase allí con toda felicidad, lejos de males; mas el que injusta e impíamente, fuera a esa prisión de expiación y castigos, llamada “Tártaro”. [523b] Los jueces de ellos, cuando Cronos —y aun al comienzo del reinado de Júpiter— eran vivientes que juzgaban a vivientes en el mismo día en que iban éstos a morir; por lo cual las sentencias resultaban mal juzgadas. Plutón, pues, y los cuidadores de las Islas bienaventuradas, fueron y dijeron a Júpiter que de las dos partes les llegaban hombres indignos. Respondió, pues, Júpiter: “Mas yo”, dijo, "terminaré con esto, que, en efecto, las sentencias son ahora mal juzgadas, porque a los juzgados se los juzga todavía vestidos, ya que se los juzga aún vivos. Que muchos”, prosiguió, “de almas perversas, están vestidos de cuerpos bellos, de linajes y riquezas; y. [523c] cuando se va-a decidir, lléganles muchos testigos, testificando. [523c] , que han vivido justamente. Desconciértanse por ello los jueces, aparte de que ellos mismos juzgan vestidos, bien ocultados ellos, ante sus propias almas, por sus ojos, oídos y aun el cuerpo entero. Son entonces obstáculos todo ello: tanto sus propios vestidos como los de los a juzgar. Así que lo primero”, dijo, “hay que terminar con eso de que prevean la muerte, como lo saben ahora”. Ya se ha comunicado, pues, a Prometeo la manera como se termine con esto. Además: "a todos se los ha de juzgar desnudos, porque hay que juzgarlos ya muertos. También el juez ha de estar desnudo, muerto, para que con su propia alma contemple el alma del que hace un momento acaba de morir, a solas de todos los parientes y habiendo dejado en la tierra todas sus pompas, a fin de que la sentencia sea justa. Pues bien: habiendo sabido yo todo esto antes que vosotros hice jueces a mis hijos: dos del Asia. Minos y Radamanto; y uno de Europa, Eaco; una vez muertos, juzgarán en la pradera, en esa bifurcación de la que salen ese par de caminos: el que va a las Islas de los bienaventurados y el que al Tártaro. A los de Asia los juzgará Radamanto; a los de Europa, Eaco. Empero, a Minos daré el privilegio de decisión final si los otros dos dudan en algo; así será perfectamente justa la sentencia sobre el destino de los humanos”. [524a] Tal es, Calicles, lo que he oído y creo ser verdad. De tales palabras saco una conclusión cual la siguiente: Paréceme que la muerte no resulta ser más que separación de dos cosas apareadas: el alma y el cuerpo, una con otra. Empero, una vez separadas una de otra, cada una de ellas conserva, en nada disminuida, la misma manera de ser que cuando el hombre vivo tenía; el cuerpo, su propia naturaleza, sus remiendos y accidentes, todo al descubierto. Si, por ejemplo, el cuerpo de alguien fue grande o de natural o por bien alimentado, o por ambas cosas, durante su vida, también después de muerto será grande el cadáver; y si grueso, grueso será de muerto, y así de lo demás; y si cuidó la cabellera, el cadáver la tendrá también. Además: si se le azotó y tenía de vivo en su cuerpo, cual huellas, cicatrices de los latigazos u otras heridas, también de muerto se verá las tiene su cuerpo. Y si viviendo tuvo alguien miembros rotos o deformados, eso mismo quedará patente en el muerto. En una palabra: lo que de viviente adquirió el cuerpo, quedará tal cual manifiesto, de muerto, o todo o lo más, por un tiempo. Lo mismo me parece pasar aun respecto del alma, Calicles; todo lo del alma quedará de manifiesto, una vez desnuda de cuerpo: tanto lo de su naturaleza como las afecciones que el hombre adquirió en el alma el emprender cada acción. Cuando, pues, han llegado ante el juez, los de Asia ante Radamanto, Radamanto, reteniéndolos, contempla el alma de cada uno, sin saber de quién es; muchas veces, cayendo en su mano el Gran Rey u otro rey cualquiera o un potentado, descubrió no estar nada sana su alma, sino bien azotada y llena de heridas por perjurios e injusticias que cada una de sus acciones imprimió en el alma; todo está retorcido por mentira y vanidad; y nada, recto, por no haber sido criado con verdad. Y vio Radamanto que de licencia, molicie, insolencia, incontinencia en las acciones, además de desproporción y fealdad está llena a rebosar su alma. En viéndolo que lo vio, envíala ignominiosa, inmediatamente, a prisión, a donde apenas llegada sufra los condignos padecimientos. [525b] Es condigno que cualquier castigado, y castigado correctamente por otro, o bien se haga mejor y se beneficie o sirva de ejemplo a los demás, a fin de que, viéndolo padecer lo que padece, por miedo se hagan ellos mejores. Hay quienes se han beneficiado pagando la justa pena a dioses y a hombres; tales son los que faltaron con faltas sanables; no obstante, mediante dolores y sufrimientos viéneles tal beneficio, aquí y en el Hades, porque no hay otra manera de librarse de la injusticia. Empero, quienes fueron tan extremadamente injustos que sus injusticias resultaron insanables, sirven de paradigmas. Ellos, ciertamente, en nada se benefician ya, pues son incurables; mas benefícianse otros viendo que, por sus crímenes, están padeciendo máximos, dolorosísimos y terribilísimos padecimientos para siempre jamás, colgados, sencillamente, cual paradigmas en la prisión del Hades, —espectáculos y aleccionamientos para los injustos que vayan llegando. [525d] Uno de ellos, afirmo, será Arquelao, si es verdad lo que cuenta Polo, y cualquier otro tirano de su ralea. Creo además que la mayoría de tales paradigmas proviene de tiranos, reyes, potentados y administradores de públicos asuntos; ya que, por la licenciosidad, cometen superlativamente grandes e impíos crímenes. Testimonios de ello nos los da Homero mismo; porque de reyes y potentados sacó, cual casos de castigados en el Hades para siempre, a 'Tántalo. Sísifo y Tityos. Empero, a Tersites, o a cualquiera persona privada malhechor, nadie aplicó, cual a incurable, grandes castigos porque, a lo que creo, no 4 dispuso de gran licencia, por lo que fue más feliz que quienes la tuvieron; que, en efecto, Calicles, de los potentados salen los hombres más perversos. No obstante, pueden salir de entre ellos varones buenos, y son grandemente de admirar los que resultaren tales. [526a] Difícil cosa es, Calicles; y merece gran elogio quien disponiendo de gran licencia para obrar injustamente, viva siempre justamente. Pero pocos son los tales Mas los ha habido aquí y en otras partes; y aun creo habrá varones bellos-y-buenos en virtud de administrar justamente lo que se les encomiende. Uno hubo, y grandemente afamado ante todos los helenos: Arístides, hijo de Lisímaco. Pero la mayoría de los potentados, óptimo Calicles, resultan malos. [526b] Como decía, pues, cuando al dicho Radamanto le llega uno de éstos, nada en absoluto sabe de él: ni quién es ni de quiénes; pero sí, que es perverso. En percibiendo lo cual, lo envía al Tártaro imprimiendo en él una señal de si lo cree curable o incurable. En llegando, padecerá lo merecido. Pero, a veces, viendo otra alma que ha vivido piadosamente y con verdad, sea la de varón privado o la de cualquier otro —mas, sobre todo, como yo afirmo, Calicles, la de un filósofo que ha hecho su quehacer, y durante su vida no fue un metomentodo— admírase, y envíala a las Islas de los bienaventurados. Lo mismo también Eaco. Cada uno de estos dos juzga con vara en mano. Empero. Minos está sentado de supervisor; sólo él tiene cetro de oro, como dice Ulises, según Homero, lo vio: Cetro de oro en mano, impartiendo justicia a los muertos. [526d] En cuanto a mí, Calicles, estoy convencido de esta leyenda; y medito cómo apareceré ante el juez con alma perfectamente sana; envío, pues, a paseo esas honras, las de la mayoría; y con los ojos puestos en la verdad trataré realmente de ser lo mejor que pueda; vivir así; y cuando llegue el morir, morir así. Y en la medida de mi poder exhorto a todos los demás hombres —y aun a ti, invirtiendo tu exhortación—- a este tipo de vida y a éste de combate que yo afirmo ser superior y contrario a todos los de aquí. Y a ti te reprocho el que no serás capaz de ayudarte cuando te llegue el Juicio y la decisión de que estaba hablando. Mas cuando, puesto ya ante el juez, el hijo de Egina se apodere de ti y te arrastre, boquiabierto y mareado estarás no menos tú allá, que yo aquí; y tal vez habrá quien te golpee, te abofetee ignominiosamente, y de mil maneras te maltrate. [527a] Pero tal vez te parezca esto dicho cual cuentos de vieja, y lo menosprecies; y nada tendría de sorprendente el menospreciarlos si, rebuscando, pudiéramos encontrar algo mejor y más verdadero que ellos. Mas estás viendo que, aun siendo tres vosotros —y por cierto los más sabios de los actuales griegos— tú. Polo y Gorgias no podéis demostrar que haya de vivirse una vida diferente de ésta, que aun para Allá sea conveniente. Mas entre tantos razonamientos refutados, uno solo queda firme: éste: que hay que guardarse de obrar injustamente más que de padecer injustamente; y que, sobre todo, ha procurar un varón no precisamente parecer bueno, sino serlo, tanto en privado como en público. Pero que si en algo ha sido malo alguien, hay que castigarlo; y que esto es, después de ser justo, bueno en segundo lugar: hacerse justo, y, castigado, pagar la justa pena. Y que ha de huirse de todo halago, tanto respecto de si mismo como respecto de los otros, sean pocos 6 Muchos. Y que debe usarse siempre de la retórica precisamente para lo justo, e igual cualquiera otra actividad. [527c] Hazme, pues, caso, y acompáñame aquí y a donde, en llegando, serás feliz de viviente y de muerto, —cual mi razonamiento lo muestra. Y deja que un cualquiera te desprecie cual insensato; y, si quiere, te maltrate; que, por Júpiter!, tú pisotearás impertérrito tal golpe indigno, porque nada de terrible sobrevendrá a quien sea, en realidad, bello-y-bueno en la práctica de la virtud. [527d] Después de haberlo así practicado en común, si nos parece ya necesario nos meteremos en política o nos consultaremos entonces sobre los que nos parezca, por estar siendo ya mejores consultores que ahora. Que es vergonzoso, siendo lo que estamos pareciendo ser, nos engallemos cual si fuéramos algo, cuando ni siquiera pensamos jamás lo mismo sobre los mismos puntos, y eso que versan sobre lo máximo y mejor. ¡A tan gran falta de educación llegamos! Sirvámonos, pues, cual de guía de este razonamiento, ya para nosotros evidente, que nos indica que el mejor régimen Se vida es, practicando la justicia y demás virtudes, vivir y morir. Sigámoslo, pues, y exhortemos a él a los demás; mas no a aquel otro razonamiento, fiándote tú del cual, me exhortas, porque no es digno ni de nada ni de madre, Calicles. ## Notes [1] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [2] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [3] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [4] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [5] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca.