Ión — Plato =========== ΙΩΝ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/ion/ This file: https://plato-scroll.com/text/ion-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/ion.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/ion-b.txt - W.R.M. Lamb (Loeb, 1925): https://plato-scroll.com/text/ion-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/ion-e.txt - Floyer Sydenham, ed. Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/ion-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [530a] Sócrates: Salud, Ión. ¿De cuándo acá por este nuestro pueblo? ¿Que vienes tal vez de tu casa de Efeso? [530a] Ión: No por cierto, Sócrates, que vengo de Epidauro, de las fiestas en honor de Esculapio. [530a] Sócrates: ¿Que por ventura los de Epidauro ofrecen a este dios hasta concursos de rapsodas? [530a] Ión: De rapsodas, sí; y de toda clase de música. [530a] Sócrates: Bueno, pues, ¿y nos ganaste algo en el concurso, y cómo nos lo ganaste? [530a] Ión: Nos llevamos los primeros premios, Sócrates. [530b] Sócrates: ¡Bella palabra! Pero mira de que venzamos también en las Panateneas. [530b] Ión: Así será, Sócrates, si dios lo quiere. [530b] Sócrates: Y a propósito, qué de veces, por causa de vuestra arte, me ha entrado envidia de vosotros, los rapsodas! Que por una parte es propio de vuestra arte traer siempre el cuerpo bellamente adornado y así salir a luz pública bellos entre los bellos, y por otra os tenéis que tratar con muchos y buenos poetas, y entre otros y sobre todos ellos con Homero, el mejor y más divino de todos, y dar a la memoria sus pensamientos y no tan sólo sus palabras. Cosas todas muy de envidiar; que no llegará jamás a buen rapsoda el que no haya entendido lo que quiso decir el poeta, ya que el rapsoda ha de hacer, para los oyentes, de Intérprete del pensamiento del poeta, todo lo cual no podrá hacerlo bellamente sin conocer [530c] Ión: ¿Esa qué es la que el poeta dice. Cosas, por cierto, todas ellas dignas de envidia. [530c] Ión: Verdad dices, Sócrates; que, para mí y por mi palabra, no tuve en mi arte faena mayor que ésta, y aun creo poder decir sobre Homero cosas muy más bellas que los demás hombres; que ni Metrodoro el de Lampsaco ni Estesimbroto el de Tasos ni Glaucón ni otro alguno de los que ya han sido pudo decir sobre Homero pensamientos ni tantos ni tan bellos como los míos. [530d] Sócrates: Bien dices, Ión; así que, según esto, no te los guardarás celosamente, sino que los vas a mostrar ante mí. [530d] Ión: Y por cierto que vale la pena de oír, Sócrates, qué bien embellecido me tengo a Homero, tanto que, a mi juicio, deberían los homéridas coronarme con corona de oro. [530d] Sócrates: Me tomaré yo mismo otra vez buen respiro de tiempo para oírte. Ahora quisiera que me contestaras a esto ni más ni menos: ¿te sientes fuerte solamente en Homero o también en Hesíodo y Arquíloco? [530d] Ión: En ninguno fuera de Homero; y ya me parece bastante. [530d] Sócrates: Pero, ¿no habrá cosas en que digan lo mismo Homero y Hesíodo? [530d] Ión: Creo que sí, y muchas. [530d] Sócrates: Y sobre ellas, ¿sabrías exponer más bellamente lo que dice Homero que lo que Hesíodo dice? [530d] Ión: Igual, Sócrates, si es que los dos dicen lo mismo sobre las mismas cosas. [531b] Sócrates: — Pero, sobre cosas en que no dicen lo . ¿O lo mismo? Pongo por caso: acerca del arte adivinatoria algo deben decir Homero y Hesíodo. [531b] Ión: Por cierto que sí. [531b] Sócrates: Pues bien: respecto de aquellas cosas del arte adivinatoria acerca de las cuales los dos poetas hablan por concorde manera y respecto de aquellas otras sobre las que opinan en discorde, ¿quién las expondrá mejor y más bellamente: táú o uno de los buenos adivinos? [531b] Ión: Uno de los adivinos. [531b] Sócrates: Pero si tú mismo fueras adivino, ¿no serías capaz de explicarte acerca de las cosas en que hablan concordes Homero y Hesíodo, y no sabrías por parecida manera explicarte acerca de aquellas en que ambos discrepan? [531b] Ión: Es claro que sí. [531b] Sócrates: Entonces, pues, ¿cómo estás fuerte en Homero y no en Hesíodo ni los en demás poetas? ¿O es que Homero habla de cosas diversas de las que hablan todos los demás poetas? ¿Que no discurrió Homero muy por lo largo y casi siempre sobre la guerra y sobre las relaciones entre los hombres buenos y malos, plebeyos y artesanos, de dioses entre sí, de dioses y hombres, cómo se tratan todos ellos, sobre lo que les sucede a los cielos, sobre lo que pasa en el Hades y sobre las genealogías de héroes y dioses? ¿Que no son precisamente estas cosas las que en sus poemas poetizó Homero? [531d] Ión: Verdad dices, Sócrates. [531d] Sócrates: Y, ¿qué de los demás poetas? ¿Que no versan sus poemas sobre estas mismas cosas? [531d] Ión: Por cierto que sí, Sócrates; más no las han poematizado como él. [531d] Sócrates: ¿Cómo, pues? ¿Peor que él? [531d] Ión: Y muchísimo pero, por cierto. [531d] Sócrates: ¿Homero, por el contrario, muy mejor que ellos? [531d] Ión: Por Júpiter, sin duda muchísimo mejor. [531d] Sócrates: Según esto —y qué cabeza la tuya!, Ión— cuando entre muchos que sobre números hablan hay uno que lo hace bien cual ninguno, ¿no habrá alguien que reconozca quién es el que habla bellamente bien? [531e] Ión: Digo que sí. [531e] Sócrates: ¿Y no será ese mismo el que reconozca a los que hablan mal? ¿O será otro distinto? [531e] Ión: El mismo, sin duda alguna. [531e] Sócrates: ¿Y no será el tal precisamente el que posee la técnica aritmética? [531e] Ión: Sí. [531e] Sócrates: Pues bien: cuando entre muchos que hablan sobre cuáles son los alimentos sanos hay uno que lo hace mejor que todos, ¿serán dos y diversos: uno, el que reconoce que habla mejor que todos el que efectivamente habla mejor, y otro el que se da cuenta de que habla mal el que realmente lo hace mal, o bien serán los dos uno y el mismo? [531e] Ión: El mismo, evidentemente, y sin duda alguna. [531e] Sócrates: ¿Y quién será y cuál su nombre? [531e] Ión: Médico. [531e] Sócrates: Así, pues, y recapitulando: uno y el mismo será el que (entre muchos que hablan sobre las mismas Cosas) sepa discernir quién es el que lo hace bellamente bien y quién mal; que, si no reconociere al que habla mal, es claro que no sabrá tampoco discernir al que lo hace bien y bellamente, siempre que se trate de la misma materia. [532a] Ión: Así es. [532a] Sócrates: Según esto, uno y el mismo tendrá que estar fuerte en ambos aspectos. [532a] Ión: Sí. [532a] Sócrates: Pues, según tú dices. Homero y los demás poetas, entre los cuales están Hesíodo y Arquíloco, hablan de las mismas cosas, aunque no de la misma manera, que uno solo la hace bien y bellamente y los demás peor que él [532a] Ión: Y lo digo con verdad. [532b] Sócrates: Así, que si conoces al que habla bien, conocerías que hablan peor los que hablan peor. [532b] Ión: Tal parece, por cierto. [532b] Sócrates: Según esto, pues, óptimo de Ión, no erraremos al decir que lón está fuerte, y que lo está igualmente en Homero y en los demás poetas, ya que tú mismo conviniste en que uno y el mismo ha de ser juez competente de todos los que sobre las mismas cosas hablen; y los poetas, casi todos, tratan sobre las mismas cosas. [532b] Ión: Pero, ¿qué es la causa, Sócrates, de que cuando me doy a palabras sobre otro poeta cualquiera anda mi mente desatendida y no puedo dar con razón que valga la pena, - sino que, vaya dicho sin rodeos, se me hace noche por dentro y me adormilo; mas tan pronto como alguien hace mención de Homero me despierto de golpe, atiende mi inteligencia y acierto con qué decir? [532c] Sócrates: Por cierto, amigo mío, que no es cosa difícil de explicar; es, por el contrario, bien fácil de ver que no eres capaz de hablar sobre Homero según arte y por ciencia, que si en el caso de Homero lo hicieras por arte, serías igualmente capaz de hablar así sobre todos los demás poetas, que la poética es un todo, ¿no es así? [532c] Ión: Sí. [532d] Sócrates: Y si tomamos otra arte cualquiera en cuanto todo, parecidas consideraciones habrá que hacer respecto de ella y de todas las demás. Y sobre este punto, tal cual queda dicho, ¿te hace falta oír algo más, Ión? [532d] Ión: Si, Sócrates, por Júpiter!, y por mi palabra que me place otros a vosotros los sabios. [532d] Sócrates: Bien quisiera, Tón, que lo pudieras decir con verdad; que, en realidad de verdad, los sabios sois vosotros: [532d] Ión: rapsodas, los actores y los autores de aquellos poemas que vosotros dais al canto; que yo digo la verdad llanamente, como un cualquiera. Y respecto de lo que ahora mismo te estaba preguntando, mita qué vulgar y corriente y que es cosa al alcance de las entendederas de todo hombre: que cuando se posee un arte en su totalidad con una y la misma consideración basta para todo. Apresémoslo con este razonamiento: el arte pictórico, ¿no forma un todo? [532e] Ión: Sí. [532e] Sócrates: Y, ¿no ha habido muchos pintores, unos fuertes en pintura y otros menospreciables? [532e] Ión: Ciertamente. [532e] Sócrates: Pues bien: ¿viste por tus propios ojos a alguno que pueda sobre Polignoto de Aglaofón decir en luminosas palabras qué es lo que pintó bien y bellamente y qué es lo que no pintó ni bellamente ni bien, y que con todo no sea capaz de hablar así respecto de los demás pintores? ¿Y viste por tus propios ojos a alguien que, mientras se le explican las obras de los demás pintores se duerma y desconcierte y no tenga nada particular que decir, empero, apenas se trate de dar a luz pensamientos sobre Polignoto —a uno cualquiera de los pintores, siempre que sea sobre uno solo—, se despabile, atienda con mente y todo y encuentre qué decir? [532e] Ión: ¡Por Júpiter!, ciertamente que no vi tal por mis propios ojos. [532e] Sócrates: Pero un caso más: ¿viste alguna vez por tus propios ojos en el arte escultórico a alguien que sobre uno solo de los escultores —sobre Dédalo el de Metión o sobre Epeyo el de Panopeo o sobre Teodoro el de Sanos u otro cualquiera— esté fuerte en exponer lo que hizo bien y bellamente, y que, con todo, ante las obras de los demás escultores no sepa por dónde anda ni tenga qué decir, se le haga noche por dentro y se duerma? [533b] Ión: No, por Júpiter!, jamás vi tal con mis ojos. [533b] Sócrates Pero hay más, a mi parecer: que ni en el arte de la flauta ni en el de la cítara ni en el canto con cítara ni en el de la rapsoda jamás habrás visto por tus ojos varón que esté fuerte explicando a Olimpo o a Orfeo o a Femio, el rapsoda de Ítaca, más que sobre lón, el de Efeso, se desoriente y no tenga particular cosa que decir sobre si sus rapsodias son o no buenas y bellas. [533c] Ión: Nada tengo que oponerte, Sócrates. Con todo me sé muy bien, de verme por dentro, que sobre Homero digo cosas muy más bellas que todos los hombres, que en Homero sé muy bien por dónde voy, y que todos los demás dicen que sobre Homero lo hago bien y bellamente, y que no me sale así sobre los demás. Tú verás qué es eso. [533c] Sócrates: Lo veo muy bien, Ión, y voy a darte luz en palabras que te digan qué es eso, a mi parecer. Y es que eso de hablar bien y bellamente sobre Homero no es en ti arte, como estaba diciendo, sino virtud divina que te mueve, a la manera que acontece con la piedra que Eurípides llamó Magnética y los más denominan Hercúlea. Que esta piedra no sólo guía hacia sí los anillos de hierro, sino que les comunica virtud para que ellos a su vez puedan hacer lo mismo que hace ella, atrayendo hacía sí tales anillos a otros anillos, de suerte que a veces se eslabona, de unos con otros anillos, de hierro con hierros, larga y grande cadena. Y tal virtud, de aquella piedra les viene a todos, eslabón por eslabón. De parecida manera; es la Musa quien, por sí misma, torna endiosados a los poetas y por intermedio de tales endiosados entusiasmados otros, se eslabona una cadena; que todos los buenos poetas de épicos cantos no por parte alguna sino por endiosados y posesos dicen todos sus bellos poemas y por semejante modo los poetas líricos. Y así como los corybantes, mientras están en sus cabales, no bailan, por parecida manera tampoco los poetas líticos componen, mientras están en sus cabales, éstos sus cantos bellos; empero, cuando se les suben los pies a la armonía y al ritmo, entran en báquicas conmociones, se vuelven posesos, cual las bacantes están posesas y mentecatas mientras sacan para sí de los ríos leche y miel; y no otra cosa ni de otra manera obra el alma de los poetas líricos, de creer a sus palabras. Porque los poetas nos dicen, y de alguna parte lo sacan, que de melifluyentes manantiales, allá en ciertos jardines y bosquecillos de las Musas, nos traen, libándolas como abejas y volando como ellas, sus poéticas melodías. Que el poeta es cosa sagrada, alada y ligera, y es incapaz de hacer poéticamente nada hasta que se ponga endiosado y mentecato, tanto que no se halle en él inteligencia alguna. Pero hasta que no llegue a estar así poseso no hay hombre que pueda ni hacer poesía ni dar oráculos en canto. Puesto que, según esto, no se poetiza por arte ni se dicen por arte tantas y tan bellas cosas sobre los poemas, cual tú las dices sobre Homero, sino por gracia divina, no será uno por cierto capaz de hacer bellamente sino aquello sola a que le empuje la Musa; que así a uno le dará por ditirambos, a otros por encomios, a estotro por danzar al son de cánticos, a éste por épica, a aquél por ambos. Ahora que en toda lo demás esos mismos no harán cosa de provecho Porque, Ión, definitiva, lo que decían no lo decían por arte, sino por virtud divina; que si sobre una sola cosa supieran hablar por arte, hablaran también según arte de todas las demás. Por estos motivos dios, volviéndolos mentecatos, se sirve de los poetas cual de ministros, como echa mano de los oráculos y de los buenos adivinos, para que, oyéndolos nosotros, se nos entre por los ojos que no son ellos los que dicen palabras de tanta dignidad, puesto que sus mentes no están entonces en sus cabales, sino que dios mismo es el que habla, y ellos hacen tan sólo de resonadores de sus palabras para nosotros. Gran testimonio tenemos de esto en lo que se cuenta de Tínico el calcedonio, que no compuso en su vida otro poema, digno de particular memoria, fuera de un peán, canto ya universal, el más bello tal vez de todos los cantos, y sea dicho sin rodeos, “invención, en cierta manera, de las Musas”, como él mismo lo dice. Y en esto, más que en otra cosa alguna, me parece que dios quiere darnos a entender manifiestamente, sin que nos quede duda, que no son cosa humana u obra de hombres tales bellos poemas, sino cosas divinas y obras de dioses, y que los poetas no son sino intérpretes de los dioses, y mentecatos: capturados en sus mentes cada uno por su dios. Y para mostrarlo todavía más, dios canta, de intento, por el más menospreciable poeta el canto más inapreciablemente bello. ¿No te parece, Ión, que digo verdad? [535a] Ión: Sí, por Júpiter!, que me estás como tocando el alma con tus palabras, Sócrates, y me parece que, en efecto, los buenos poetas hacen, por gracia divina, de intérpretes de los dioses para con nosotros. [535a] Sócrates: Según esto, pues, vosotros los rapsodas interpretáis lo de los poetas. [535a] Ión: También en esto dices verdad. [535a] Sócrates: Resultáis, por tanto, intérpretes de intérpretes. [535a] Ión: Así es de todo en todo. [535b] Sócrates: Tente, pues, y dime, Ión, y no te me escabullas en lo que te voy a preguntar: cuando declamas bien y bellamente cantos épicos y por golpe extremado sacas fuera de sí al auditorio —pongo por caso cuando cantas a Ulises, traspasando audazmente el umbral de su casa, descubriéndose deslumbrante ante los pretendientes y disparando y clavando ante cada pie su saeta, o cuando cantas a Aquiles precipitándose sobre Héctor, o las miserias de Andrómaca, las de Hécuba, o las de Príamo—, ¿estás entonces en tus cabales o fuera de ti y te parece que tu alma se está, dislocada de sí por el entusiasmo, allá donde las cosas que dices: en Ítaca si están, en Ítaca, en Troya si en Troya o en donde los poemas épicos las tengan colocadas? [535c] Ión: ¡Qué desconcertante, por evidente, es para mí éste tu testimonio, Sócrates, porque te voy a decir sin reserva ni ocultación alguna que, cuando declamo calamidades y miserias, se me anegan los ojos en lágrimas; y cuándo son cosas tremebundas y medrosas se me ponen por el miedo los pelos de punta y el corazón se me sobresalta. [535d] Sócrates: Pues bien Ión: ¿diremos que está en sus cabales un hombre cuando, revestido de vistosos y variados ornamentos y doradas coronas, a mitad de fiestas y sacrificios, prorrumpe en lamentos, sin que nada se le haya perdido o se echa a temblar de miedo estando rodeado de más de veinte mil hombres benévolos, ninguno de los cuales le quita ni le hace mal alguno? [535d] Ión: No, por Júpiter!, Sócrates; en manera alguna, para decir la verdad. [535d] Sócrates: Y, ¿no sabéis con saber-de-vista que esos mismos efectos hacéis en muchos de vuestros oyentes? [535e] Ión: Y muy bien que me lo sé por haberlo visto. Que con mis propios ojos veo cómo cada vez se levantan de la gradería, cómo gritan, con qué terribles miradas me miran, cómo se conmueven a mis palabras; que bien necesario que es prestarles grande atención, porque si los pongo a todos en un grito, al pagarme será mi reír; mas si se me ríen ellos, al perder mi dinero será mi llorar. [535e] Sócrates: Sábete, pues, lón, que éste, el espectador, es el postrero de los anillos que, como te decía, reciben virtud unos de otros de la piedra heráclida; que el anillo intermedio eres tú, el rapsoda, el actor, y el primero lo es el poeta mismo, mientras que dios, a través de todos, arrebata el alma de los hombres adonde le place, uniéndolos unos con otros por suspendiente y comunicativa virtud. [536a] Y a la manera como lo hacía la piedra magnética, se eslabona la cadena —grande, larga y entera— de coristas, maestros y amaestrados, eslabonándose unos con otros a partir de los anillos más próximamente suspendidos de las Musas. Y de entre los poetas uno está suspendido de una Musa, y otro de otra; y a esto llamamos estar poseso por ellas, que suspenso y poseso son cosas emparentadas, que todo es estar atendido. Y con estos primeros anillos, los poetas, se eslabonan, por inspiración de ellos, otros; y unos se inspiran en Orfeo y otros en Museo. Empero, los más andan posesos y atenidos a Homero. Entre los cuales uno eres tú, Ión, y estás poseído bajo el poder de Homero; y así, cuando uno declama algo de algún otro poeta, te duermes y no sabes qué decir; empero, apenas oyes el más leve sonido melódico de éste tu poeta, te despiertas de golpe, se te pone a bailar el alma y hallas qué decir; porque lo que sobre Homero dices no lo dices por arte ni por ciencia, sino por gracia divina. Que así como los corybantes están sensiblemente coafinados tan sólo para aquella melodía que sea la del dios de quien están posesos, y para tal melodía saben dar inmediatamente con los propios pasos y figuras, y las demás melodías nada les dicen, de parecida manera, Ión, cuando se te mienta a Homero te sales a las mil maravillas; mas si te mientan a otro no das con salida alguna. Y sí me preguntas la causa de esto —de por qué te sale tan bien y bellamente Homero y no otro alguno— es porque eres magnífico ensalzador de Homero por gracia divina, no por arte. [536d] Ión: ¡Qué bien y bellamente lo dices, Sócrates! Empero, mucho más me admiraría si hablases tan bellamente-bien que llegaras a persuadirme que hasta yo mismo estoy poseso y maniático cuando ensalzo a Homero. Y aún creo, por el contrario, que no te lo parecería si me oyes hablar de él [536d] Sócrates: Por cierto que tengo en voluntad oírte, mas no antes de que me hayas contestado a esto: de entre las cosas que dijo Homero, ¿sobre cuál de ellas dices bien-y-bellamente? Porque no será así sobre todas. [536e] Ión: Sábetelo bien, Sócrates; no hay ninguna sobre la que no hable bellamente bien. [536e] Sócrates: No será de seguro sobre aquellas que por ventura no conozcas, aunque sobre ellas hable Homero [536e] Ión: Y, ¿sobre qué cosas habla Homero que yo no sepa? [536e] Sócrates: ¿No habla Homero mucho y en muchas partes sobre cosas de arte, por ejemplo, sobre conducción de carros?, que si me vienen los versos a la memoria te los diré. [536e] Ión: Yo te los diré, Sócrates, que los recuerdo. [536e] Sócrates: Recítame lo que dice Néstor a su hijo Antíloco, avisándole que tome precauciones en las vueltas, durante la carrera hípica en honor de Patroclo. [536e] Ión: Dice: “Inclínate en el bien pulido carro, suavemente, hacia la izquierda de ambos topes. Y al caballo que va a la derecha aguijonéalo con tus voces mientras lo riges con las riendas. Y ya en el tope mismo, que el caballo de la izquierda se arríme a él de modo que parezca el bien labrado eje tocar el ápice de la piedra, sin que llegue con todo a tocarla”. [537b] Sócrates: Basta. ¿Quién conocerá mejor lo que en estos versos épicos dice Homero y si lo dice bien y correctamente: un médico o un auriga? [537b] Ión: Naturalmente, un auriga. [537b] Sócrates: ¿Y la conocerá por su arte o por otro motivo? [537b] Ión: No por otro, sino por su arte. [537b] Sócrates: Así, pues, a cada una de las artes, ¿no le ha sido señalada por dios una determinada faena? Y a cada cual, ¿no le habrá sido dado también ser conocedora de ciertas cosas? Porque no vamos a conocer por el arte médica lo que conocemos por el arte del timonel. [537b] Ión: No por cierto [537b] Sócrates: Ni por el arte arquitectónica lo que conocemos por la medicina. [537b] Ión: No por cierto. [537d] Sócrates: Y de parecida manera, según esto, en todas las demás artes; que lo que conocemos por una no habrá modo [537d] Ión: de conocerlo por otra diversa. Empero, respóndeme antes que a este otro punto a estotro: ¿admites que haya artes diversas una de otra? [537d] Ión: Sí. [537d] Sócrates: ¿Y convienes conmigo en que cuando una ciencia versa sobre unos objetos y otra sobre otros llame yo, y tú conmigo, a la una técnica diversa de la otra? [537d] Ión: Sí. [537e] Sócrates: — Porque si, sea por lo que fuere, una ciencia versare sobre las mismas cosas que otra, ¿por qué habríamos de decir que la una es diversa de la otra, puesto caso que por ambas podríamos saber con saber-de-ideas las mismas cosas? Que a la manera como conozco que son cinco estos dedos, como yo conoces tú eso mismo sobre estos mismos dedos. Y caso de que te preguntara si tanto tú como yo conocemos tales cosas por una y la misma arte, por la aritmética o por otra diversa de ella, responderías de seguro que por la misma. [537e] Ión: Así es. [538a] Sócrates: Ahora va, pues, lo que iba a decirte: si te parece que en todas las artes una y la misma versa siempre sobre las mismas cosas, y otra diversa sobre cosas diversas a las de la primera, si se da una arte diversa de otra, menester será que por ella se conozcan cosas diversas también [538a] Ión: Así me lo parece, Sócrates. [538a] Sócrates: Según esto, pues, el que no posea una cierta y determinada arte, ¿podrá conocer bellamente lo que en tal arte se dice o lo que por ella se hace? [538a] Ión: Hablas según verdad. [538a] Sócrates: Pues acerca de lo que dice Homero en los versos que recitaste y sobre si lo dice bellamente a no, ¿quién lo conocerá mejor: tú o un auriga? [538a] Ión: Un auriga. [538a] Sócrates: Y esto porque tú eres rapsoda y no auriga. [538a] Ión: Así es. [538a] Sócrates: ¿Y es el arte de los rapsodas diversa de la de los aurigas? [538a] Ión: Sí. [538a] Sócrates: Si, pues, es diversa, dará conocimiento científico sobre cosas diversas también. [538a] Ión: Sí. [538a] Sócrates: Y, ¿qué dices de aquello que Homero relata: que a Macaón herido ofreció Hecamede, la concubina de Néstor, un brebaje por bebida? Lo dice más o menos así: "Sobre vino de Pramnis, con broncínea ralladera ralló caprino queso; y por bocado para la bebida, cebolla'. ¿A quién corresponderá discernir si Homero, al hablar de esta manera, diagnostica correctamente 9 no: al arte médica o a la del rapsoda? [538c] Ión: A la médica. [538c] Sócrates: Y, ¿qué cuando dice Homero: "Llega a lo profundo, semejante al plomo; y enfurecido, cual cuerno de toro salvaje, va acarreando desgracias a los voraces peces"? [538d] ¿A quién diremos corresponde juzgar si, al decir tales cosas. Homero habla bellamente o no: al arte piscatoria o a la de los rapsodas? [538d] Ión: Evidentemente, Sócrates, al arte piscatoria. [538d] Sócrates: Empero, suponte que tú, el interrogado, me preguntas a tu vez: “Puesto que, según esto, Sócrates, hallas en Homero sobre estas artes cosas que, en propiedad, corresponde a cada una de ellas dar juicio definitivo, ¡vamos!, encuéntrame respecto de las que a los adivinos y al arte adivinatoria atañen cosas que le esté bien a Homero diagnosticar, y si lo ha hecho bien o mal”, y pon atención en la factibilidad y verdad con que te voy a contestar; que hay muchos pasajes en los que sobre esto habla: así en la Odisea, por ejemplo, cuando el adivino de la prosapia de Melampo, Teoclymenos, se dirige a los pretendientes por semejantes razones: "¿Daimontacos!, ¿por qué lleváis en paciencia tal desgracia? Están rodeados de Noche vuestras cabezas, las partes [539a] Ión: que para ser vistas fueron hechas y los miembros inferiores todos. Llanto en lágrimas quemó vuestras mejillas. Llenos de espectros están los soportales y lleno está también el patio de espectros, que impelidos por la oscuridad se van yendo hacia el Erebo. Desapareció el Sol del cielo y sobrevino niebla siniestra"; y en otros muchos pasajes de la Ilíada, por ejemplo, en batalla sobre los muros, donde dice: “.mientras buscaban orientarse, vino hacia ellos una ave, águila de altos vuelos que hacia la izquierda impelió al ejército. Llevaba en sus uñas rojo dragón, monstruosa, viviente aún y palpitante, y con no olvidadas ganas de pelea, porque, revolviéndose, hirió a su raptor en el pecho y junto al cuello. Mas el águila, resintiéndose del dolor, arrojó al dragón desde allí hacia la Tierra; lo precipitó en medio de la muchedumbre. Y el águila, con poderoso grito, se voló en un soplo de viento”. [539d] Tales pasajes digo que pertenecen al adivino examinarlos y juzgarlos. [539d] Ión: Y lo dices con verdad, Sócrates. [539d] Sócrates: Y también con verdad dices esto tú, Tón. Pues bien: así como yo seleccioné para ti de la llíada y de la Odisea cosas que al adivino atañen y otras que al médico y al pescador, por parecida manera hazlo tú y elígeme, puesto que eres muy más versado que yo en Homero, cuáles son las que pertenecen al rapsoda y al arte rapsódica y sobre las que al rapsoda corresponde examinar y juzgar aun frente a todos los hombres. [539e] Ión: Todas, Sócrates; tal es mi afirmación. [539e] Sócrates: Na puedes afirmar que todas, lón. ¿Qué tan desmemoriado eres? Que, por cierto, gran inconveniente fuera para un rapsoda eso de ser desmemoriado. [539e] Ión: Pues, ¿qué es la que se me fue de la memoria? [540a] Sócrates: Pero, ¿que no recuerdas haber dicho que el arte de los rapsodas es arte diversa de la de los aurigas? [540a] Ión: Me acuerdo. [540a] Sócrates: ¿Y no admitiste que, siendo diversa, conocerá cosas diversas también? [540a] Ión: 131 [540a] Ión: Sí. [540a] Sócrates: Así que ni el arte rapsódica conocerá, según tus palabras, todas las cosas ni las conocerá tampoco el rapsoda. [540a] Ión: Conocerá todas menos, tal vez, estas de los aurigas, Sócrates. [540b] Sócrates: Hablas de éstas como de una excepción respecto de todas las demás artes. Mas, ¿cuáles serán las que conozca el rapsoda, puesto que no conoce todas? [540b] Ión: Las que, a mi parecer, esté bien al varón y a la mujer, decirlas, aquellas otras que sean lenguaje propio del esclavo y del libre y las que convenga ser dichas por dirigidos y dirigentes. [540b] Sócrates: Según esto, ¿afirmas que el rapsoda conocerá más bellamente que ese dirigente que es el timonel lo que conviene decir en la mar para el caso de una nave en tormenta? [540b] Ión: No, que esto le concierne al timonel. [540b] Sócrates: ¿Y sabrá el rapsoda más bellamente que esotro dirigente, el médico, lo que viene a propósito decir a un enfermo? [540b] Ión: Tampoco. [540b] Sócrates: Y lo concerniente al esclavo, ¿dirás que lo sabe mejor el rapsoda? [540b] Ión: Sí. [540b] Sócrates: Por ejemplo: en el caso de un esclavo boyero, ¿dices que el rapsoda sabrá mejor que el boyero misma cuáles son las convenientes palabras para amansar toros enfurecidos? [540b] Ión: No por cierto. [540b] Sócrates: ¿Y sobre las que a una hiladora le conviene decir acerca de sus labores con lana? [540b] Ión: “Tampoco. [540d] Sócrates: ¿Y sabrá el rapsoda las que van bien que diga un general para arengar a sus soldados? [540d] Ión: Sí, que estas tales las conoce el rapsoda. [540d] Sócrates: ¿Cómo así? ¿Que el arte rapsódica es arte militar? [540d] Ión: Por mi palabra, que yo conociera bien lo que conviene que diga un general. [540d] Sócrates: Tal vez, lón, porque eres general. Que si por casualidad fueras a la vez jinete y citarista conocerías bien y bellamente quiénes montan mal y quiénes bellamente bien. Empero, si te preguntara: ¿en virtud de qué arte, Ión, reconoces a los que montan bien los caballos: en cuanto jinete o porque eres citarista? ¿Qué me respondieras? [540e] Ión: Por ser jinete, claro está. [540e] Sócrates: Y si, según esto mismo, supieras discernir los que tocan bien y bellamente la cítara, tendrías que confesar que lo reconocerías por ser tú mismo citarista y no por ser jinete. [540e] Ión: Así es. [540e] Sócrates: Si, pues, conoces cosas de guerra, ¿las conoces en cuanto guerrero o por ser buen rapsoda? [540e] Ión: Me parece que en este caso no hay diferencia alguna. [540e] Sócrates: ¿Cómo? ¿Afirmas no haber diferencia alguna? ¿Dices, pues, ser una y la misma arte la del rapsoda y la del guerrero, 6 dos? [540e] Ión: Una, a mi parecer. [540e] Sócrates: ¿De modo que dará la coincidencia de que el rapsoda sea también buen general? [540e] Ión: Y muy bueno, Sócrates. [540e] Sócrates: Según esto, pues, todo buen general será por el mero hecho buen rapsoda. [540e] Ión: Esto ya no, a mi parecer. [541b] Sócrates: Pero, ¿todavía es tu parecer que el buen rápsoda será también buen general? [541b] Ión: De seguro. [541b] Sócrates: Ahora bien, ¿no eres tú el mejor rapsoda entre los griegos? [541b] Ión: Y con mucho, Sócrates [541b] Sócrates: ¿Y serás tú también, lón, el mejor general griego? [541b] Ión: Tenlo por seguro, Sócrates; y, además, sábete que lo he aprendido de Homero. [541b] Sócrates: ¡Por los dioses!, lón. Y entonces, ¿cómo es que, siendo en ambas cosas el mejor de los griegos, el mejor rapsoda y el mejor general, haces de rapsoda en tus giras por las Gracias, mas no haces de general? ¿O piensas tal vez que los griegos tienen gran necesidad de un rapsoda, coronado con corona de oro; y ninguna de generales? [541c] Ión: Nuestra ciudad, Sócrates, está por cierto regida por nosotros los rapsodas y nosotros mandamos en las cosas de guerra y para nada nos hacen falta generales; mientras que la vuestra y la de los Lacedemonios de seguro que no me eligieran por general, que, a vuestro parecer, os bastáis para todo. [541c] Sócrates: Pero, óptimo de Ión, ¿qué no conoces a Apolodoro el de Cícico? [541c] Ión: ¿Quién es? [541c] Sócrates: Uno a quien los atenienses eligieron muchas veces por general, aun siendo extranjero; y ahí están Fanóstenes de Andros y Heráclides de Clazomenes que, extranjeros y todo, nuestra ciudad los designó públicamente por dignos de nombramiento, les dio mando militar y otras comandancias. ¿Y no va a elegir y honrar por general a Tón de Efeso, sí le pareciera digno de tal nombramiento? ¿Que no sois atenienses los de Efeso, y desde muy antiguo? ¿Que es Efeso, por ventura, inferior a otra ciudad alguna? Pero, Ión, si me estás diciendo verdad en eso de que eres capaz de ensalzar a Homero por arte y por ciencia, fáltasme a la justicia, puesto que, habiéndome prometido dar a saber muchas y bellas cosas sobre Homero y mostrármelas en tus palabras, me engañas y te guardas muy bien de enseñármelas; porque, aunque mucha [541e] Ión: te lo haya rogado, ni siquiera me has querido decir qué cosas son tu fuerte. Que, vaya sin rodeos, te me hiciste del todo proteiforme, volviéndote del revés y del derecho, hasta que, por fin, te me escabulliste y resultaste general; todo para no mostrarme lo fuerte que está tu sabiduría en cosas de Homero. Ahora que si, en verdad y como decía hace poco, eres técnico en Homero y, habiendo prometido explicármelo, me dejas con las ganas, eres por cierto injusto; mas si no eres técnico, sino que, poseso por gracia divina y sin saber, con saber-de-ideas, nada sobre Homero, dices con todo sobre tal poeta muchas cosas y bellas —-que tal es lo que yo digo de ti— en este caso no me eres injusto en nada. Elige, pues, qué es lo que prefieres pensemos de ti: que eres injusto o que eres divino. [542b] Ión: Gran distancia va de la una cosa a la otra, Sócrates; que es muy más bello ser considerado divino. [542b] Sócrates: Pues ésta es la belleza que, a nuestro parecer, te ha cabido en suerte, Ión: la de ser divino y no la de ser ensalzador técnico de Homero. [542b] “a este dios”. En concepciones del mundo que admiten oficial y privadamente muchos dioses, “dios” no es nombre propio, cual en concepciones monoteístas. En aquéllas, “dios” es nombre común, cual lo son hombre; caballo, número. La frase ó feas se refiere en ellas al dios que se haya nombrado, como aquí a Esculapio, y debe traducirse por “este dios”. A veces al dios especialmente mencionado no se le da su nombre propio —de Apolo, Júpiter...— sino se emplea una descripción inequívoca, cual “el dios de Delfos, el Padre de dioses y hombres...”. En esta traducción se escribe “dios” con minúscula inicial por la razón dicha, y así evitar malas interpretaciones. [542b] Por otra parte, cuando una palabra —sustantivo, adjetivo...— indique en sí misma a un dios o diosa —vgr. Suerte, a “Týkhē”; Lote, a “Moîra”; Venéreo, a “Aphrodítē”— se las transcribe con mayúscula inicial, sean nombres, adjetivos o adverbios. Tal resonancia verbal, o presencia de un dios o diosa, en una palabra es una nota típica del griego, a conservar por fidelidad y que él percibía. [542b] "bellamente adornado”, rexooujoÑa “Adornado-y-ordenado” cual el ejemplar supremo de orden-y-adorno es el Kóopos, el Mundo. "Cosmos” es palabra de tipo “acorde” orden-y-adorno. Y es nombre propio, cual el de Júpiter, pues es “único”. El Mundo es Este Mundo. De aquí que sus cualidades definidoras: Orden-y-Adorno se apliquen, cual gran alabanza, a seres inferiores. Aquí Sócrates las aplica a lón. [542b] poeta”, growTos En esta palabra resonaba en griego más clara que en la nuestra —a pesar de ser la misma materialmente que la griega— la nota de “creador”; de palabra con novedad, inventa; y *poeta” sonaba a inventor de novedades en palabras, significados, música; metro, ritmo, compás, pasos. De sus conexiones con los dioses se hablará más adelante en el diálogo. “Crear”, “inventar” (rowiv) se aplicaba también a artesanos-artistas, por inventores de aparatos u otras obras de arte, artesanal y artística. Todo ello son novedades frente a lo natural. Y ellos son "creadores”. Proximidad entre “poetas” y "artesanos” y “artistas”, por creadores todos e inventores, y parentesco de "poesía” con arte, —artífice, artefactos, artilugios. [542b] “Intérprete”, éppevea. En —“intérprete” sonaban — intérprete-y-Mercurio (Hermes, "Eppuns; éppevebs). En su función de "traductor” resonaba la función de emisario de Mercurio. Es palabra “acorde". Para su mayúscula inicial, véase nota anterior. [542b] El reiterado empleo de las palabras "bello, bellísimo”, aun en contextos ajenos para nosotros, a inoportunos, es otra nota —junto con la de religiosidad— que resuena frecuentemente en un diálogo “griego”, para mantener tal tono. Recuérdese que la frase-norma está constantemente presente y sonante en un griego. Es frase "hecha” en principio indisoluble en sus llamados (ahora) componentes, —cual lo son en castellano las de "común-y-corriente”. [542b] mostrar” no traduce la fuerza de apódeixis. Hay en griego tres: 1) apódeixis, para lucirse ante otros, muy empleada y aun propia de poetas, sofistas; demostración, o mostración partiendo de (apó) premisas, principios, para razonar, más o menos científica o filosóficamente, sobre algo; 3) parádeigma, mostración de una muestra, dechado o ejemplar ilustrativo. Sócrates le dice a Ión que le “exhiba” sus pensamientos sobre Homero. [542b] “por Júpiter!". Acerca de la fuerza de semejantes exclamaciones, juramentos., véase Cl. 1,6. Son una nota del tono general, complejo o acorde del diálogo entre griegos. Van dos notas: la religiosa y la estética. Que forman un “acorde”. [542b] Es el mismo quien sabe algo —de poesía, medicina... arte— y, si lo sabe bien, puede conocer o discernir lo mal sabido y a los que lo saben mal, y discernir entre los que lo saben bien y los que mejor y óptimamente. Tal pluralidad de conocimientos y funciones son compatibles en la unidad de uno, —poeta, médico. Más aún: son necesarias, —el poeta conocerá. el médico conocerá quién sabe, quién mejor, quién peor... [542b] Ión y Sócrates recalcan en lo de “mismo” (é añrós), a pesar de tal pluralidad y aun diversidad, —bueno, malo; bello, feo; malo, peor, pésimo; bueno, mejor, óptimo. Tal explícito refuerzo de la unidad por la identidad, y el explicitarlo de palabra con gran frecuencia, es otra nota de tono general, complejo de un diálogo entre griegos “uno, uno mismo, el mismo, según lo mismo, lo mismo” en varios poetas. Nota ontológica-Acorde griego: notas Y complementariamente: desvalorización de variedad, —hablar de lo mismo de varias maneras, ouk homós, cual Homero, Hesíodo, Arquíloco. En tal caso: uno lo hace bien, los demás peor que él. [542b] tadora —y no sólo explicativa o iluminativa (apophaínein)— de la palabra, —razonamiento. Acerca del valor de “acorde” de lógos, véase Cl. I.1. [542b] verme por dentro a mí mismo”, gnônai heautón: Frase corriente para expresar el griego su forma de conocerse, de saber de sí mismo, oida, ideín, eidos, idéa— Saber por verse viendo lo que le pasaba. Aquí declara Ión lo que le sucede respecto de Homero, y de los demás poetas, al recitarlos en pública exhibición. [542b] “se nos entre por los ojos”, eídomen: Veamos con vista de ojos e idea. Es palabra “acorde” la de ideín: ver con vista de ojos (corporales) y ver a la vez con vista de ojos (mentales); y se ven eidos, idéa: aspectos visuales sensibles (figura bella de ver) e ideas (Cf. Cl. III.1). [542b] El texto griego conecta cuatro palabras “estar suspendido” o colgado (ekkremámena) de las Musas el poeta, cual los anillos de hierro lo están de la piedra imán: los anillos están, además, unos unidos, articulados (ērtēménoi) unos con otros, cual poeta, espectadores, entre sí; y el poeta está. El primero, tenido o poseso (katechómenos) por las Musas; “suspendido, articulado, poseso”, son cosas emparentadas: es estar “atenido” (ártētai). [542b] “cosas de arte”. En la palabra tékhnē resuenan arte de artesanos-y-arte de artistas. Bondad-y-belleza de sus obras: de las de artesanos (primariamente buenas, eficientes) y de las de los artistas (primariamente bellas); mas las de los dos, sometidas a la norma-frase kalós kagathós: bello-y-bueno. Aquí resuena, por un rato del diálogo “arte” a arte de artesanos. Después, arte aritmética. Cálculo.