Laques — Plato ============== ΛΑΧΗΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/lach/ This file: https://plato-scroll.com/text/lach-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/lach.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/lach-b.txt - W.R.M. Lamb (Loeb, 1924): https://plato-scroll.com/text/lach-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/lach-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/lach-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [178a] Lisímaco: Habéis visto. Nicias y Laques, a este varón de luchador armado; mas yo y Melesias no os dijimos para qué os rogábamos lo vierais en nuestra compañía; pero os lo diremos ahora, porque creemos de nuestro deber ser francos con vosotros. Hay quienes se burlan de cosas como ésta, y si uno los consulta acerca de ellas, por nada te dirían lo que piensan; mas, atendiendo a los deseos del consultante, hablan contra su propia opinión. Empero nosotros, teniéndoos por buenos conocedores, y que diréis sencillamente lo que os parece según vuestro leal saber, acudimos a vuestro conseja acerca de lo que vamos a comunicaros; y a lo que todo este preludio va es esto: Tenemos dos hijos, aquí están, éste es hijo de Melesias, mas lleva el nombre de Tucídides, por su abuelo; el mío es estotro; lleva también el nombre del abuelo, que es el de mi padre, por lo cual lo llamamos Arístides. Nos ha parecido deber preocuparnos lo más posible de ellos y no hacer como la mayoría que, apenas los ven llegados a jóvenes, los sueltan a que hagan lo que quieran. A nosotros, por el contrario, nos ha parecido comenzar, ya desde ahora, y cuanto seamos capaces, a cuidarlos. Sabiendo, pues, que también vosotros tenéis hijos, creemos que os habréis preocupado como los que más, de cómo, cuidándolos, se harán excelentes. Mas si algunas veces no habéis parado mientes en esto, os recordaremos que no es cosa de descuidar, excitándonos a que, con nosotros, os preocupéis de los hijos. [179b] Aunque sea un poco largo. Nicias y Laques, hay que oír de dónde nos ha venido este pensamiento. Comemos juntos yo y Melesias, y con nosotros comen los jóvenes. Como decía, pues, al comienzo de esta conversación, seremos francos. Pues bien: cada uno de nosotros tiene, para contar a los jovencitos, muchas y bellas hazañas de su propio padre, cuántas hicieron en la guerra y cuántas en la paz, administrando los asuntos de los aliados y los de la Ciudad. Mas ninguno de los dos tenemos hazañas nuestras que contar. Por todo ello nos avergonzamos ante nuestros hijos y reprochamos a nuestros padres el que nos dejaron a nuestras anchas, llegados a jóvenes; y ellos se dieron a los asuntos de otros. Esto mismo es lo que hemos dicho claramente a estos nuestros jóvenes: que, si se descuidan de sí mismos, y no nos escuchan, serán unos donnadie; mas si se cuidan, llegarían tal vez a ser dignos de los nombres que tienen. [179d] Ellos nos aseguran que obedecerán; mas nosotros estamos considerando qué habrían de aprender o emprender para llegar a eminentes. Se nos indicó que sería bello aprendizaje para un joven pelear armado; se nos ponderó y urgió a que viésemos precisamente al que acaba de hacer la demostración. Nos pareció, pues, deber venir a ver tal varón y asociarnos a vosotros al espectáculo, a la vez que tomaros de consejeros y copartícipes, si lo queréis, de la educación de los hijos. [180a] Esto es lo que queríamos comunicaros. Os toca, pues, aconsejarnos, respecto de tal aprendizaje, si creéis hay que aprenderlo o no, o algún otro que, aprendizaje o empresa, recomendar a un joven; y decirnos, qué haréis respecto de cooperación. [180a] Nicias: En cuanto a mí. Lisímaco y Melesias, alabo vuestro pensamiento y estoy listo para cooperar, y lo mismo creo de Laques. [180b] Laques: Pues lo crees según verdad, Nicias. Que lo que decía Lisímaco sobre su padre y el de Melesias, me parece aplicarse perfectamente a ellos, a nosotros y a todos los que llevan los asuntos de las Ciudades. Pásales casi siempre lo que dice: poner poco o ningún cuidado en los hijos y otros asuntos privados. Y lo dices bellamente, Lisímaco; mas que nos llames de consejeros en eso de la educación de los jóvenes, - pero no llames para ello a Sócrates, aquí presente me admira; primero, porque es de tu pueblo, después porque pasa aquí todo su tiempo haciéndose cuestión de lo mismo que tú buscas: si hay aprendizaje o empresa bellos para los jóvenes. [180c] «παιδείαν, Σωκράτη δὲ τόνδε οὐ παρακαλεῖς, θαυμάζω, πρῶτον μὲν ὄντα δημότην, ἔπειτα ἐνταῦθα ἀεὶ τὰς διατριβὰς ποιούμενον ὅπου τί ἐστι τῶν τοιούτων ὧν σὺ ζητεῖς περὶ τοὺς νέους ἢ μάθημα ἢ ἐπιτήδευμα καλόν. Λυσίμαχος πῶς λέγεις, ὦ Λάχης; Σωκράτης γὰρ ὅδε τινὸς τῶν τοιούτων ἐπιμέλειαν πεποίηται; Λάχης πάνυ μὲν οὖν, ὦ Λυσίμαχε. Νικίας τοῦτο μέν σοι κἂν ἐγὼ ἔχοιμι εἰπεῖν οὐ χεῖρον Λάχητος: καὶ γὰρ αὐτῷ μοι ἔναγχος ἄνδρα προυξένησε τῷ» (Burnet, 180c) [180c] Lisímaco: ¿Cómo dices?, Laques; ¿que Sócrates mismo se ocupa de tales asuntos? [180c] Laques: Y mucho, Lisímaco. [180c] Nicias: Lo mismo que Laques podría decirte yo, porque me acaba de enviar de maestro en música para mi hijo a un discípulo de Agatocles, Damón, varón deliciosísimo no tan sólo en Música, sino en todo lo que juzgaríamos digno de tratar con jóvenes de tal edad. [180d] Lisímaco: Los de mi edad, Sócrates. Nicias y Laques, no conocemos a los más jóvenes, pues pasamos, por razón de nuestra edad, casi siempre en casa. Mas si tú, hijo de Sofronisco, tienes algún buen consejo para éste de tu pueblo, has de dárselo. Es de justicia, porque yo y tu padre éramos compañeros y amigos, y murió antes de haber tenido conmigo una discrepancia. Hablando de esto, me viene a la memoria que estos jóvenes, conversando en casa, recordaban frecuentemente a Sócrates y con grandes alabanzas; mas nunca les pregunté si hablaban del hijo de Sofronisco. Pero decidme, hijos, ¿es éste el Sócrates de quien continuamente hacíais memoria? [181a] Lisímaco: ¡Por Juno!, Sócrates, haces honor a tu padre, óptimo varón; especialmente porque lo tuyo para nosotros y lo nuestro para ti serán como de casa. [181a] Laques: Lisímaco, no sueltes aún a nuestro hombre; que yo, en otra oportunidad, lo he visto hacer honor no sólo a si padre sino a su patria, pues en la retirada de Delos estaba conmigo; y te digo que si los demás se hubieran portado como él, quedara la Ciudad con honra y no cayera entonces como cayó. [181b] Lisímaco: Bella es, Sócrates, la alabanza que te dan varones dignos de fe, y sobre el asunto que alaban. Sabe que oyéndolo, me regocijo de tu buena fama, y cuéntame entre tus más devotos. Era de que antes nos frecuentaras y te consideraras cual de casa, como es de justicia. Mas desde este día, habiéndonos ya reconocido, no dejes de ser uno de los nuestros y de vernos tanto a nosotros como a estos jóvenes para así salvaguardar nuestra mutua amistad. Seguros de que así lo harás; y nosotros te lo recordaremos más de una vez. Empero, ¿qué de la cuestión inicial? ¿Qué os parece? Aprender a pelear armado, ¿es o no aprendizaje conveniente a los jóvenes? [181d] Sócrates: Acerca de esto, Lisímaco, trataré de aconsejarte en la medida de mis fuerzas, aparte de hacer todo lo que pidas. Pero me parece lo más justo el que, siendo yo el más joven de éstos y el menos experimentado, siga, ante todo, lo dicen los otros y aprenda de ellos. Si tuviere algo que añadir a lo dicho por ellos, trataré de explicarlo y convencerte a ti y a éstos. Pero Nicias, ¿por qué no habla uno de vosotros? [181d] Nicias: Nada lo impide, Sócrates. Me parece, pues, que dominar este aprendizaje es de muchas maneras útil para los jóvenes. Que no pasen el tiempo las jóvenes en esas cosas en que les gusta pasarlo, cuando están de vagos, sino en estotro, gran bien es del que necesariamente proviene mejorar el cuerpo —y en este punto tal ejercicio no es ni inferior ni menor que cualquier otro— y a la vez resulta grandemente conveniente, junto con la equitación, al hombre libre, porque esa lucha de la que somos atletas, y en que se nos pone a concurso, sólo pueden ejercitarla los ejercitados en el manejo de los instrumentos guerreros. [182a] Además: resultaría útil este aprendizaje tanto en la batalla misma, mientras han de combatir muchos en filas, como sobre todo lo es cuando se rompen filas y cada uno, a solas, o ha de perseguir a uno solo que se defiende huyendo o también en una retirada defendiéndose del perseguidor. Al ejercitado, nada le pasará en lucha de uno a uno, ni tal vez de uno con muchos; abunda en recursos. Además: este aprendizaje pone apetito de otro bello; porque quien aprendió a luchar armado, apetecerá lo siguiente: la táctica; y, en poseyendo ésta, y tomándole gusto a la honra, pasará a la estrategia en conjunto. Es ya claro que, sirviendo de guía el aprendizaje dicho se aprenderán los conexos con él y todos los demás, y se emprenderán empresas bellas y grandemente dignas de varón. Añadamos a esto otra no pequeña añadidura: que esta misma ciencia hará, y no poco, a todo varón más esforzado y viril en la guerra. No desdeñemos decir. aunque alguien lo tenga por menudencia, que hará parecer a tal varón más bello-de-figura cuando es necesario que la ostente, y a la vez que parecerá más temible a sus enemigos por virtud + de tal belleza. Como digo, pues, Lisímaco, me parece ha de enseñarse esto a los jóvenes, y he dicho por qué. Mas si Laques tiene algo que decir en contra, yo mismo lo escucharía con gusto. [182d] Laques: Es difícil, Nicias, decir de una ciencia que no hay que aprenderla, porque, al parecer, es bueno saber todo. Así que esta ciencia de las armas, si es realmente ciencia —como lo afirman los maestros y cual lo dice Nicias — hay que aprenderla. Mas si no es ciencia, y nos engañan los que nos la prometen, o bien se da el caso de serlo, mas no es importante, ¿por qué habría de aprendérsela? Digo esto mirando a estotro: creo que, si lo fuera, no habría pasado desapercibida a los espartanos, a quienes no preocupa, durante la vida, otra cosa que buscar y emprender lo que, aprendido y emprendido, les dé sobre los otros superioridad guerrera. Mas si a ellos se les pasó por alto, no se les pasaría por alto a los maestros eso de que san, sobre todo, ellos, los que, entre los Griegos, toman tales cosas en serio y que, si alguno entre ellos fuera honrado por maestro en esto, sacaría de las demás ciudades tantos dineros, como entre nosotros los saca el honrado por poeta trágico. En verdad, quien se cree autor de bellas tragedias no sale a hacer exhibición de ellas en giras por la Ática y otras Ciudades, sino que se viene inmediatamente aquí; y es natural que las exhiba ante los de aquí. Mas a los luchadores armados los veo que tienen a Esparta por lugar sagrado inaccesible y no ponen allá ni la punta del pie; por el contrario, dan vueltas a su derredor; se exhiben más bien ante todos los demás y sobre todo ante los que admitirían haber muchos que los aventajen en cosas de guerra. [183c] Además: me he tratado, Lisímaco, con no pocos de ellos en las mismas circunstancias, y veo lo que valen. Podemos sacarlo de esto: ninguno de los varones, dedicados a las armas, resultó, ni por casualidad, ilustre en la guerra, a pesar de que en todo lo demás los ilustres salen de los dedicados. ¡Cuán grande es la mala Suerte que a éstos, a diferencia de los otros, les ha caído! Pues a este mismo Stesileo, a quien habéis visto ante nosotros y un gran público dando una demostración y hablando tan en grande de sí mismo, lo vi yo, en realidad, más bello en otra ocasión, dándome, involuntariamente, una verdadera demostración. La nave en que iba embarcado de soldado chocó contra un transporte. Se servía para pelear de una combinación de lanza y hoz, arma diferente de las demás, tanto como él respecto de los otros combatientes. No vale la pena de contar otras cosas de este varón, mas sí lo que le pasó a este artilugio de hoz encajada en lanza. Peleando, se le enganchó la hoz en los aparejos de la nave, y quedó agarrado; tiró de ella Stesíleo, queriendo desengancharla, mas no pudo; mientras una nave se deslizaba junto a la otra, corría él sobre su nave, agarrando la lanza. Mas al ir una nave a separarse de la otra, y llevárselo con lanza y todo, deslizábase la lanza por su mano hasta llegar al mango. Risas y aplausos de los del transporte por tal facha suya; pero cuando habiéndole tirado alguien una piedra que cayó sobre cubierta a sus pies, soltó la lanza, ya no fueron capaces los de la trirreme de aguantarse la risa, viendo tal lanza con hoz colgando del transporte. No sé si hay algo de valor en esto, según lo que dice Nicias; mas esto es lo que por Casualidad presencié. [184b] Como decía, pues, al comienzo: si tal aprendizaje, aun siéndolo realmente, es de poca utilidad, o, si, no siéndolo realmente, se afirme y pretenda que lo es, no vale la pena de ponerse a aprenderlo. Porque me parece que si alguien, siendo realmente un cobarde, creyera saberlo y por ello se hiciera el valiente, quedaría aún más en claro lo que realmente es; mas en caso de ser realmente bravo, si, bajo las miradas de la gente, fallara en lo más mínimo, reportaría grandes insultos, porque resulta odioso fingir poseer tal ciencia. Así que, si no se distingue de los demás por algo bien admirable, no hay manera de que evite hacer soberanamente el ridículo, al decir que posee tal ciencia. [184c] Tal es, Lisímaco, mi opinión sobre el interés a poner en este aprendizaje. Mas como decía al comienzo no dejemos ir a Sócrates, aquí presente, sin que haya tenido que aconsejarnos, según su opinión, acerco de lo propuesto. [184c] Lisímaco: Te lo pido, pues, Sócrates; porque nuestro Consejo me parece necesitar aún de un árbitro; porque si Nicias y Laques hubieran estado acordes en esto, no hiciera eso tanta falta; mas ahora, llevando, como ves. Laques la contraria a Nicias, se hace bien necesario oír a cuál de los dos varones aportas tu voto. [184d] Sócrates: ¡¿Pues qué?, Lisímaco, ¿te vas a adherir a los que alabe la mayoría de nosotros? [184d] Lisímaco: Pues, ¿qué otra cosa hacer, Sócrates? [184d] Sócrates: ¿Aun tú, Melesias, harías lo mismo? ¿Si trataras de aconsejarte en qué se ha de ejercitar tu hijo, caso de un concurso, te guiarías por la mayoría de nosotros, o por aquel que se hubiese educado y ejercitado bajo la dirección de buen instructor? [184e] Melesias: Por este último, naturalmente, Sócrates. [184e] Sócrates: ¿Confiarías, pues, en él, más que en nosotros, aun siendo cuatro? [184e] Melesias: — Probablemente. [184e] Sócrates: Porque, puestos a juzgar de algo bellamente, hay que juzgar según ciencia y no según número. [184e] Melesias: — ¿Cómo no? [184e] Sócrates: Según esto, pues, hemos ahora primero de considerar si hay o no entre nosotros alguno que sea competente en lo que consultamos; si lo hay, hacerle caso, aun siendo uno solo, dejando a los demás; si no, buscar a quien lo sea. ¿O es que tú y Lisímaco tenéis en poco lo que está en juego?; o, más bien, ¿no está en juego una posesión que es de las vuestras la máxima? Porque de que los hijos resulten buenos o lo contrario depende de cómo se administrará la casa paterna, que será tal cual lo sean los hijos. [185a] Melesias: Dices verdad. [185a] Sócrates: Hay que tomarlo, pues, con mucha seriedad. [185a] Melesias: Con mucha. [185b] Sócrates: ¿Cómo, pues, lo decía hace un momento, procederíamos si quisiéramos averiguar cuál de nosotros está más preparado para un concurso? ¿No lo estaría quien hubiera aprendido y ejercitádose y quien hubiera tenido para ello buenos maestros? [185b] Melesias: Me lo parece. [185b] Sócrates: ¿No es lo primero averiguar para qué buscamos los maestros? [185b] Melesias: ¿Cómo dices? [185b] Sócrates: Tal vez así resultará más claro: Me parece que no hemos comenzado por entendernos acerca de qué es lo que nos proponíamos y considerábamos: acerca de quién de nosotros es un Experto, y, para serlo tuvo maestros, y quién no. [185c] Nicias: ¿No estamos, pues, Sócrates, considerando eso de lucha armada y si ha de enseñarse o no a los jóvenes? [185c] Sócrates: Sin duda, Nicias; mas cuando se está tratando sobre un medicamento para los ojos, si hay que aplicárselo de ungüento, o no, ¿crees que tratamos ante todo del medicamento, o de los ojos? [185c] Nicias: De los ojos. [185d] Sócrates: Según esto mismo; cuando se considera si hay que poner o no a caballo un freno, y, cuándo, ¿se atiende entonces al caballo o al freno? [185d] Nicias: Es verdad. [185d] Sócrates: Según esto, en una palabra, cuando se considera algo en orden a un fin, la deliberación versa sobre el fin, y no sobre lo que por amor de tal fin se busque. [185d] Nicias: Necesariamente. [185d] Sócrates: Así que, respecto del consejero, hay que averiguar si es experto para procurarnos aquello que es el fin de nuestras consideraciones. [185d] Nicias: Ciertamente. [185e] Sócrates: ¿No afirmamos, según esto, que estamos considerando tal aprendizaje en vistas al alma de los jóvenes? [185e] Nicias: — Sí. [185e] Sócrates: Se ha de considerar, pues, quién de nosotros es experto en la cura de almas y quién es capaz de cuidarlas bellamente y quién ha tenido buenos maestros de ello. [185e] Laques: ¿Pues qué?, Sócrates: ¿no has caído aún en cuenta de que algunos resultan para algunas cosas más expertos sin maestros que con maestros? [185e] Sócrates: Por mí que sí, Laques; mas no querrías fiarte de ellos, aunque afirmen ser buenos expertos, si no tuvieran una obra de su arte, bien elaborada, una, y mejor muchas, que exhibirte. [186a] Laques: En esto, por cierto, dices verdad. [186a] Sócrates: Parecidamente, pues. Laques y Nicias: ya que Lisímaco y Melesias nos pidieran consejo acerca de sus hijos, con la intención de hacer óptimas sus almas, si afirmamos que realmente poseemos tal arte hemos de mostrarles, respecto de los maestros que hemos tenido, primero que fueron buenos y cuidaron almas de muchos jóvenes; y, después, que públicamente fueron nuestros maestros. O bien: si alguno de nosotros afirma no haber tenido por maestro a ninguno de ellos, mas puede hablarnos de obras propias, ha de mostrarnos si algunos atenienses o extranjeros, esclavos o libres, han llegado a ser, por su medio, reconocidamente buenos. Si nada de esto tenemos, hay que aconsejar se busque de maestros a otros, para no correr el peligro de que, corrompiendo a los hijos de varones amigos, nos encausen, y justísimamente, los más parientes. Pues bien: declaro. Lisimace y Melesias, yo, el primero, que en esto no he tenido maestro, aunque, a partir de la juventud, lo haya deseado; ni he tenido con qué pagar a los sofistas, los únicos que, según voz pública, eran capaces de hacerme bello-y-bueno; mas encontrar por mí mismo tal arte, aun hoy en día no lo puedo. No me sorprendería de que Nicias o Laques la hubiesen o hallado o aprendido; porque me pueden en dineros, lo que les permite tomar lecciones de otros; a la vez que son mis mayores en edad, de modo que pudieran haberla hallado. Me parecen, además, capaces de enseñar a otro, porque no se pronunciarían tan decididamente acerca de qué estudios son buenos o malos para un joven, si no creyeran ellos mismos saberlo suficientemente. En lo demás me confío a ellos; sólo me ha admirado el que discrepen entre sí. [186d] Te pido, a mi vez, Lisímaco, que, así como Laques me instó a que no te soltara, sino preguntara, así yo también ahora te pido que no sueltes ni a Laques ni a Nicias, sino que les preguntes, diciendo: Sócrates afirma no saber de este asunto ni ser capaz de decidir quién de vosotros dice verdad, porque, respecto de todo ello, no es ni inventor ni discípulo de nadie. Mas tú. Laques y Nicias, decidme cada uno qué experto en educación de jóvenes habéis frecuentado; si vuestro saber os viene de haber aprendido de alguien o de haberlo encontrado vosotros; caso de haberlo aprendido, quién fue el maestro de cada uno, u otros equiparados a maestros, para que, si vosotros no tenéis tiempo, a causa de los asuntos de la Ciudad, recurramos a ellos o con dones o cayendo en gracia, o de ambas maneras, los persuadamos a que se preocupen de nuestros y de vuestros hijos, de modo que, por flojos, no avergüencen a sus progenitores. Mas si vosotros habéis encontrado el procedimiento, dadnos ejemplo de cómo, habiéndonos cuidado de algunos, los hicísteis de flojos bellos-y-buenos. Porque si ahora es cuando comenzáis a educar, habéis de atender a que no corréis sus peligros en un Cario, sino en vuestros propios hijos y los de los amigos; y, sencillamente, os acontezca lo que dice el refrán: «comenzar en cerámica por una jarra». Decid, pues, cuál de estos casos afirmáis o no ser el vuestro y el que os conviene. Esto es, Lisímaco, lo has de averiguar y no soltar a estos varones. [187b] Lisímaco: Me parece, varones, que Sócrates habla bellamente. A vosotros. Nicías y Laques, os toca decidir si queréis ser preguntados y dar razón de esto. A mi y a Melesia nos placería evidentemente si quisiérais explicaros respecto de todo lo que Sócrates pregunta, porque, como decía desde el principio, os llamamos a Consejo precisamente por creer que os preocupabais, como es natural, de este asunto, aparte de que vuestros hijos, como los nuestros, están en edad de educarse. Si, pues, no hay nada en contra, hablad y consideradlo junto con Sócrates, intercambiando entre vosotros preguntas y respuestas, que es verdad, como dice Sócrates, que estamos tratando de nuestro más importante negocio. Ved, pues, si hay que hacerlo así. [187d] Nicias: Me parece, Lisímaco, que, en verdad, conoces a Sócrates tan sólo por su padre; mas que no lo has tratado sino de niño, cuando, acompañando a su padre entre los de su pueblo, coincidíais en el templo o en reuniones ljp::uecidas. Pero es claro que no te has encontrado con él desde que es mayor de en?ad. [187e] Lisímaco: ¿Por qué, sobre todo, así? Nicias. [187e] Nicias: Porque me parece ignoras que a quien se hace de los íntimos, y cual de la familia de Sócrates y se le acerca para dialogar, haya comenzado por dialogar sobre lo que sea, no lo soltará hasta que, conducido por él en el razonamiento, lo lleve a dar cuenta-y-razón de sí mismo: de qué manera está viviendo, de cuál vivió el tiempo pasado; y, una vez llevado ahí, no lo soltará Sócrates hasta haberlo sometido a íntegro, buen y bello examen. Mas yo estoy habituado a él y a eso; y sé que hay que aguantarlo y sé muy bien que yo mismo tendré que sufrirlo. Pero, Lisímaco, me es un placer la compañía de este varón y no llevo a mal el recordarme de qué no he hecho o estoy haciendo bellamente. Más bien, para el futuro de mi vida, no huir de tal examen tiene que ser grandemente prometedor; más aún para quien, según lo de Solón, quiera y juzgue deber aprender mientras viva, y no crea que la simple vejez trae entendimiento. Nada de esto me es desagradable, y menos aún me lo es ser examinado por Sócrates, aunque ya desde tiempo atrás sabíamos que, presente Sócrates, no sólo se trataría de los jóvenes, sino también de nosotros mismos. Como digo, pues, no hay de mi parte impedimento alguno para que Sócrates trate del asunto como quiera. Pero hay que ver qué siente Laques. [188c] Laques: En cuanto a discursos, Nicias, mi caso es simple, o, si lo prefieres, doble, porque unas veces parecería yo ser amante de ellos; otras, odiarlos. Cuando oigo hablar sobre la virtud u otra sabiduría a alguien que es, en verdad, varón y digno de los discursos que hace, me alegro extraordinariamente, viendo que quien habla y lo que dice encajan coarmonizan entre sí. Y me parece que el tal es, exactamente, Músico, armonizador de bellísima armonía, ho de lira o de instrumento frívolo, sino armonizador en realidad, él mismo, de una vida consonante de palabras con obras, no en el modo jonio ni en el frigio ni en el lidio, sino sencillamente en el dorio que, creo, es la única armonía helénica. El tal háceme gozar oyéndole, y hace que parezca, ante todos, ser yo amantede-discursos, tan grande receptor soy de lo que dice! Mas quien hace lo contrario me fastidia, tanto más cuanto parezca hablar mejor; y además hace que parezca yo ser u odiadiscursos. No tengo experiencia de los discursos de Sócrates; creo tenerla primero de sus obras y, por ellas, lo hallo digno de bellos discursos y de libertad de palabra. Si tiene, pues, esto, me encomiendo a tal varón y con muchísimo gusto me ejercitaría bajo su dirección, y no me pesaría el aprender, aunque, añadiendo una sola cosa, concedo lo de Solón: «quiero aprender de viejo, mas únicamente de varones buenos». Concededme el que el maestro sea él mismo bueno, para que no resulte tardo en aprender por aprender de mala gana; mas no me importa el que el maestro sea joven o no aún afamado o le falte algo parecido. Así, pues, Sócrates, te invito a que me enseñes y examines en lo que prefieras; y, por mi parte, enseñar lo que yo sepa, porque estoy bien dispuesto hacia ti desde el día en que corrimos juntos el misma peligro y me diste la prueba que debe dar quien haya de darle de sí justificadamente. Dí, pues, lo que te plazca, no haciendo caso alguno de mi edad. [189c] Sócrates: En lo que es de tu parte no te podremos, al parecer, encausar por no estar dispuesto a discutir y a considerar todo con nosotros. [189c] Lisímaco: Es, por cierto, Sócrates, asunto nuestro; pero yo te pongo a tí como uno de los nuestros. En mi lugar, y respecto de los jóvenes, considera qué es lo que queremos averiguar de los presentes y aconséjate dialogando con ellos; que yo, por mi edad, me olvido ya de muchas cosas que pensaba preguntar; y de las que oigo, cuando se intercalan otros razonamientos, no me acuerdo perfectamente. Hablad, pues, vosotros y explicaros entre vosotros lo que hemos propuesto; yo escucharé y, en oyéndolo, haremos yo y Melesias. [189d] Lo que os pareciere. [189d] Sócrates: Así que. Nicias y Laques, hay que obedecer a Lisímaco y a Melesias. En cuanto a lo que estábamos emprendiendo considerar: quiénes fueron nuestros maestros en educación y a qué otros hicimos mejores, tal vez no estaría mal examinarnos respecto de esto a nosotros mismos, aunque creo que tal consideración lleva al mismo término, y que casi casi sería el mejor punto de partida. Porque si tuviéramos la Suerte de saber algo que, sobreviniendo a alguien, lo mejorara y además fuéramos capaces de hacer que le adviniera, es claro que sabríamos, acerca de lo que se nos consulta, cómo se lo poseería fácil y óptimamente. Tal vez no entendáis lo que digo; lo entenderéis más fácilmente dicho así: si por Suerte supiéramos que la vista, sobreviniendo a los ojos, mejora a aquellos a los que adviene y además que somos capaces de hacer que les advenga, es claro que sabríamos “qué es” la vista misma, acerca de la que se nos consulta, de qué modo se la adquiriría de la más fácil y mejor manera, porque si no sabemos precisamente “qué es” la vista o “qué es” el oído, podríamos despedirnos de ser consejeros, dignos de este nombre, y médicos o de ojos o de oídos acerca de la manera mejor de adquirir oído o vista. [190b] Laques: Dices la verdad, Sócrates. [190b] Sócrates: Pues bien, Laques; estos dos nos piden ahora consejo acerca de la manera de que la virtud, adviniendo a sus hijos, haga sus almas mejores. [190b] Laques: Así del todo es. [190b] Sócrates: ¿No habrá, pues, de preceder el saber “qué es” Virtud? Porque si en manera alguna supiéramos qué es, por Suerte, Virtud, ¿cómo podríamos aconsejar a alguien el modo mejor de adquirirla? [190c] Laques: No lo hay, me parece, Sócrates. [190c] Sócrates: Afirmamos, pues, saber “qué es”. [190c] Laques: Lo afirmamos. [190c] Sócrates: Si, pues, lo sabemos, podríamos decir “qué Es”. [190c] Laques: Pues, ¿cómo no? [190c] Sócrates: No nos apresuremos en la consideración de la virtud en conjunto; tal vez sea demasiado trabajo; veamos, primero, si nos sentimos capaces de conocer una de sus partes, que, verosímilmente, su consideración nos será más fácil. [190d] Laques: Hagámoslo así, Sócrates, si así lo quieres. [190d] Sócrates: ¿Qué parte de la virtud elegiremos? ¿O no es evidente que es hacia la que parece tender el aprendizaje en armas? Así que hacia la Valentía, cual es opinión de la mayoría. ¿Es así? [190d] Laques: Y mucho que parece. [190d] Sócrates: Tratemos, pues, ante todo, Laques, de decir “qué es” Valentía. Después de lo cual consideraremos de qué manera infundarla en estos jovencitos en la medida en que se consigue por ejercicios y aprendizajes. Intenta, pues, decir lo que pregunto: “qué es Valentía”. [190e] Laques: ¡Por Júpiter!, Sócrates, no es difícil decirlo; si uno se propone, manteniéndose en su fila, rechazar así a los enemigos, y no huyendo, sábete que el tal sería valiente. [190e] Sócrates: Bien dicho, Laques; pero tal vez yo tengo la culpa, por no hablar claramente, de que tú no contestes a lo que era mi pensamiento preguntarte, sino a otra cosa... [190e] Laques: ¿Qué quieres decir, Sócrates? [191a] Sócrates: Te lo diré, si es que soy capaz. Es por cierto valiente ese de quien hablas: quien, permaneciendo en su fila, combate a los enemigos. [191a] Laques: Así lo afirmo. [191a] Sócrates: Yo también. ¿Pero qué de quien huyendo combate a los enemigos; y no, permaneciendo? [191a] Laques: ¿Cómo eso de huyendo? [191a] Sócrates: Como se dice de los escitas, que pelean tan bien huyendo como persiguiendo. Aun Homero, alabando a los caballos de Eneas de «grandemente veloces en las dos direcciones», dice de ellos que son «sabios en perseguir o temer»; y al mismo Eneas encomia por eso mismo: por saber temer, y dice que es «maestro en miedo». [191b] Laques: Y bellamente, Sócrates, porque hablaba de carros; mas tú hablas de los escitas, que son caballeros. Su caballería pelea de esta manera; mas la infantería griega lo hace, como yo digo. [191b] Sócrates: A excepción tal vez, Laques, la de los espartanos, porque se cuenta que cuando, en Platea, se hallaron frente a frente de los escudados, no quisieron pelear con ellos a pie firme, sino huir; mas, al romper filas los persas, se volvieron a pelear cual caballería, y de esta manera vencieron en aquella batalla. [191c] Laques: Dices verdad. [191c] Sócrates: Decía, pues, hace un momento que yo tenía la culpa de que no respondieras bellamente, porque no preguntaba bellamente. Quería que me contestaras no solamente respecto de la valentía de los de infantería sino también de la de los de caballería y de todo eidos guerrero; y no sólo de los valientes en la guerra, sino además de los que lo son en medio de los peligros del mar, y de cuantos son valientes frente a enfermedades, pobreza y cosas políticas; y además de los que son valientes en pelear no sólo contra dolores y miedos, sino también contra apetitos o placeres, a pie firme o retrocediendo, que en todo esto, Laques, hay quienes son valientes. [191e] Laques: Y mucho, Sócrates. [191e] Sócrates: Son, pues, todos los tales valientes; mas unos poseen la valentía contra placeres, otros contra dolores, otros contra apetitos, otros contra miedos; empero otros, creo. [191e] Laques: Ciertamente. [191e] Sócrates: Mas inquiría “qué son” cada una de ellas. Trata, pues, de decir, primero, acerca de valentía “qué es lo idéntico” en todos estos casos. ¿O aún no comprendes lo que digo? [191e] Laques: No gran cosa. [192a] Sócrates: Te lo digo de otra manera; cual si te preguntara “qué es” Velocidad; eso que nos acontece estar siendo al correr, al tocar cítara, al hablar, al aprender y muchos otros casos; y es casi siempre lo que poseemos, refirámonos a lo más importante, en las acciones de manos, piernas, boca, voz, pensamiento. ¿No lo dices tú también así? [192a] Laques: Enteramente. [192a] Sócrates: Si, pues, uno me preguntara: Sócrates: ¿qué dices ser eso que, en todos esos casos, llamas “velocidad”? Diríales: a ese poder de hacer muchas cosas en poco tiempo llamo yo “velocidad”, —refiéranse a voz, carrera y todo lo demás. [192b] Laques: Y diríaslo correctamente. [192b] Sócrates: Trata tú también, Laques, de hablar así respecto de la valentía: qué es ese poder que, por estar siendo el mismo en placer, dolor y en toda lo que estábamos diciendo hallarse, después se ha llamado “valentía”. [192b] Laques: Me parece, según eso, ser una cierta fortaleza de alma, si hay que decir lo que se halla en todos esos casos. [192c] Sócrates: Pues hay que decirlo, si respondemos a nuestra pregunta. Una cosa me parece; no creo que toda fortaleza de alma te parezca valerosa. Y sírvame esto de testimonio: estoy casi seguro, Laques, de que tienes a la valentía por una de las cosas más bellas. [192c] Laques: Está bien convencido; es de las bellísimas. [192c] Sócrates: Pues bien: ¿la fortaleza acompañada de sapiencia es la bella y buena? [192c] Laques: Seguramente. [192d] Sócrates: ¿Y la con insipiencia? ¿No es, por el contrario, dañosa y maléfica? [192d] Laques: Sí. [192d] Sócrates: ¿Afirmarás, pues, que es bella lo que es maléfico y dañoso? [192d] Laques: No fuera, por cierto, justo, Sócrates. [192d] Sócrates: Na concederás, pues, el que tal fortaleza sea Valentía, ya que no es bella; mas la valentía es algo bello. [192d] Laques: Dices verdad. [192d] Sócrates: Sería, pues, según tu razonamiento, la valentía “fortaleza inteligente”. [192d] Laques: Tal parece. [192e] Sócrates: Veamos en qué es inteligente, ¿Lo es en todas las cosas: grandes y pequeñas?, —cual si uno persevera en gastar inteligentemente el dinero, convencido de que gastándolo así llegará a tener más, ¿lo llamarías valiente? [192e] Laques: ¡Por Júpiter!, yo no. [192e] Sócrates: ¿Y qué si un médico cuyo hijo padece de pneumonía o de otra cosa, y le pide que le dé de beber o de comer, no cediera sino se mantuviera inflexible? [193a] Laques: De ninguna manera es esto Valentía. [193a] Sócrates: Empero, ¿qué de varón que aguanta pie firme, decidido a combatir, calculando inteligentemente y convencido de que otros le ayudarán, de que combate contra menos y más débiles que los suyos, de que está en mejor posición. A quien se hace fuerte con tal inteligencia y preparación lo llamarías más valiente que a quien, en el campo contrario, está decidido a mantenerse y aguantar en Firme? [193b] Laques: Me parece, Sócrates, que llamaría así al del campo contrario. [193b] Sócrates: Empero, el aguante de este último es menos inteligente que el del primero. [193b] Laques: Dices verdad. [193b] Sócrates: ¿Y del que, en combate de caballería se mantiene firme y según la ciencia hípica, dirás que es menos valiente que quien lo hace sin ciencia? [193b] Laques: Así me parece. [193b] Sócrates: ¿Y qué de quien se hace fuerte según arte de honda, arco u otra cualquiera? [193c] Laques: Del todo lo mismo. [193c] Sócrates: ¿Y de cuantos decidida y firmemente se ponen a acciones tales como bajar a un pozo, bucear o parecidas, sin ser expertos, afirmarás que son más valientes que los expertos en ellas? [193c] Laques: ¿Qué otra cosa decir, Sócrates? [193c] Sócrates: Nada, caso de juzgar así. [193c] Laques: Pues así lo juzgo. [193c] Sócrates: Empero, los tales se arriesgan y hacen los fuertes menos inteligentemente que quienes lo hacen según arte. [193c] Laques: Parécenlo. [193d] Sócrates: Mas atrevimiento y aguante sin inteligencia. [193d] Laques: Mucho, ciertamente. [193d] Sócrates: Pero admitimos que la valentía es algo bello. [193d] Laques: Pues se lo admitió. [193d] Sócrates: No obstante estamos afirmando que es Valentía esa fealdad de aguante insensato. [193d] Laques: Parece lo estamos. [193d] Sócrates: ¿Te parece, pues, que estamos hablando bellamente? [193d] Laques: Na, por Júpiter!, Sócrates; no me lo parece. [193d] Sócrates: — Así que, sirviéndome de tus palabras, Laques, yo y tú no estamos acordados según el modo dórico, pues las obras no consuenan con las palabras, porque, al parecer, se diría que según las obras poseemos Valentía, mas no según las palabras; así lo creyera quien nos estuviera escuchando dialogar. [193e] Laques: Verdaderísimamente dicho. [193e] Sócrates: Pues bien: ¿crees que estamos en bella postura? [193e] Laques: En manera alguna. [193e] Sócrates: ¡¿Quieres que en esto cumplamos con lo que estamos hablando? [193e] Laques: ¿Qué es eso y con qué? [193e] Sócrates: Con el razonamiento que nos manda ser fuertes. Si lo quieres, pues, perseveremos y seamos fuertes en la presente investigación para que la valentía misma no se nos burle porque no la buscamos valientemente, ya que muchas veces la fortaleza misma es valentía. [194a] Laques: Por cierto, Sócrates, que estoy dispuesto a no retirarme, aunque no estoy acostumbrado a esta clase de discursos y se apodera de mí una cierta aversión a lo que se dice, y verdaderamente me molesta no ser capaz de decir las cosas como las pienso. Estoy cierto de saber qué es Valentía, mas no sé cómo se me acaba de escapar sin poder captarla en palabras y decir lo que es. [194b] Sócrates: El buen cazador, querido, ha de perseguir, y no soltar. [194b] Laques: Enteramente así es. [194b] Sócrates: ¿Quieres, pues, que invitemos a Nicias, aquí presente, a la cacería? Tal vez tendrá más suerte que nosotros. [194b] Laques: Lo quiero, ¿cómo no? [194c] Sócrates: Pues bien, Nicias; acorre en la medida de tu poder a varones amigos zozobrantes y desconcertados en este razonamiento; ¡bien ves cuánto es muestro desconcierto! Dinos lo que crees es Valentía; sácanos de la dificultad y refuerza tú mismo con la palabra tu pensamiento. [194c] Nicias: Desde hace rato, Sócrates, me parece que no se ha definido bellamente a la valentía, porque no echáis mano de algo bellamente dicho que os he oído. [194c] Sócrates: ¿De qué, Nicias? [194d] Nicias: Te he oído decir muchas veces que cada uno de nosotros es bueno en lo que es sabio; y en lo que ignorante Es, en eso mismo, malo. [194d] Sócrates: ¡Por Júpiter!, Nicias, dices verdad. [194d] Nicias: Si, pues, el valiente es bueno, es claro que es sabio. [194d] Sócrates: ¿Lo oíste, Laques? [194d] Laques: Por cierto que sí; mas no entiendo del todo lo que dice. [194d] Sócrates: Yo creo entenderlo, y me parece decir que la valentía es una cierta clase de sabiduría. [194d] Laques: ¿Qué sabiduría, Sócrates? [194d] Sócrates: — ¿No se lo preguntas a él? [194e] Laques: Yo, si. [194e] Sócrates: Pues bien: dile, Nicias, cuál clase de sabiduría sería, según tu opinión, la valentía, porque no lo va a ser la flautística. [194e] Nicias: De ninguna manera. [194e] Sócrates: Ni la citarística. [194e] Nicias: No por cierto. [194e] Sócrates: ¿Cuál ciencia, pues, y sobre qué? [194e] Laques: Le preguntas muy bien, Sócrates; que diga, pues, cual afirma ser. [194e] Nicias: Para mí, Laques, tal ciencia es la que versa sobre lo temible y lo aventurado, tanto en guerra como en todos los demás casos. [195a] Laques: ¡Qué absurdo dice!, Sócrates. [195a] Sócrates: ¿A qué miras, Laques, para llamarla así? [195a] Laques: ¿A qué? A que la sabiduría cae fuera de la valentía. [195a] Sócrates: Pues Nicias afirma que no. [195a] Laques: No, por Júpiter!; y por eso mismo delira. [195a] Sócrates: Así, pues, instruyámosle; mas no lo injuriemos. [195a] Nicias: Pues no; mas me parece, Sócrates, que Laques desea que parezca también yo decir naderías porque él mismo acaba de parecer decirlas. [195b] Laques: Así es, Nicias, y trataré de mostrarlo, porque tú las dices. En cuestión de enfermedades, ¿no son los médicos los que inmediatamente reconocen el peligro? ¿O te parece que los valientes lo saben? ¿O llamarás valientes a los médicos? [195b] Nicias: De ninguna manera. [195b] Laques: Y pienso que ni a los labradores; aunque, por cierto, conocen las peligros en agricultura; también todos los demás artesanos saben de los peligros y avatares de sus artes, mas no por eso son ni un punto más valientes. [195b] Sócrates: ¿Qué es lo que Laques está pensando decir? ¿No parece decir algo interesante? [195b] Nicias: Pues dice algo interesante; mas no, verdadero. [195b] Sócrates: — ¿Cómo así? [195b] Nicias: Porque cree que los médicos saben, respecto de los pacientes, algo más que distinguir entre salud y enfermedad. Esto es, por cierto, lo único que saben. Si para alguien la salud le resultara algo más peligroso que la enfermedad, ¿crees, Laques, que los médicos se apercibirían de ello? ¿O no piensas que a muchos les sería no restablecerse de la enfermedad mejor que restablecerse de ella? Dime pues, ¿afirmas que a todos les es mejor vivir, y que a muchos no les sería más ventajoso morir? [195d] Laques: Lo creo, en efecto. [195d] Nicias: ¿Crees que las mismas cosas que son temibles para los que ganarían muriéndose lo sean para los que ganan viviendo? [195d] Laques: Yo, no, —por cierto. [195d] Nicias: — ¿Mas concederías tal conocimiento a los médicos o a algún otro experto, fuera del sabio en discernir lo temible de lo no temible, a quien yo llamo "“valiente”? [195d] Sócrates: ¿Entiendes, Laques, lo que dice? [195e] Laques: Ciertamente: Tue llama "“valientes” a los adivinos, porque, ¿quién sino ellos va a saber a quién es mejor vivir a morir?. Mas tú, Nicias, ¿admites ser adivino o ni adivino ni valiente? [195e] Nicias: ¿Pues qué?, ¿piensas reservar al adivino el conocimiento de lo temible y de lo aventurado? [195e] Laques: Yo sí, ciertamente; porque si no, ¿a quién otro? [195e] Nicias: A quien yo llamo mucho mayor que él, óptimo; que el adivino ha tan sólo de reconocer las señales que le hace el futuro: si a alguien le sobrevendrán muerte, enfermedad, pérdida de dinero, o victoria o derrota en guerra u en otra clase de lucha. Mas en todo esto qué sea mejor: que le pase o no le pase, ¿por qué el juzgarlo va a ser más propio del adivino que de otro cualquiera? [196a] Laques: No entiendo, Sócrates, lo que quiere decir: porque estaría declarando que no hay ni adivino ni médico ni otro alguno a quien llame valiente, a no ser que sea, dice, un cierto dios. Me parece, pues, que Nicias no quiere confesar simplemente que está diciendo naderías; por el contrario, vuélvese y revuélvese, para ocultar su desconcierto. Aun nosotros, yo y tú, habríamos sido capaces de revolver así las cosas, sí hubiésemos querido disimular nuestras contradicciones. Si estos nuestros discursos se hicieran ante un tribunal, habría alguna razón para proceder así; mas ahora, y en una reunión como ésta, ¿por qué acicalarse uno a sí mismo, en vano, con vacías razones? [196c] Sócrates: Aun a mí me parece, Laques, que no hay por qué; pero, veamos, no sea que Nicias crea decir algo importante, y no precisamente por hablar. Que nos entere más claramente de su pensamiento; si parece tener razón, se la concederemos; si no, le instruiremos. [196c] Laques: Si quieres tú, Sócrates, enterarte, entérate; que yo, tal vez esté ya suficientemente enterado. [196c] Sócrates: No hay inconveniente de mi parte, porque, lo que diga él será en favor mío y tuyo. [196c] Laques: Pues absolutamente. [196c] Sócrates: Dime, pues, Nicias; mejor, dinos, ya que yo y Laques hablamos de consuno: ¿te afirmas en que “la valentía es ciencia de lo temible y aventurado”? [196d] Nicias: Yo, sí, ciertamente. [196d] Sócrates: ¿Y en que no es de cualquier varón conocerlo, puesto que ni médico ni adivino la conocerán y serán valientes, si no la adquieren? ¿No decías esto? [196d] Nicias: Pues así es. [196d] Sócrates: Según, pues, el refrán no la conocería, realmente «cualquier cerdo», ni resultaría Valentía. [196d] Nicias: Me parece que no. [196e] Sócrates: Es evidente, Nicias, que ni siquiera admites que haya sido valiente la jabalina de Crommyon. Y no lo digo por broma; sino que creo que quien tales cosas dice es imposible admita valentía en ninguna fiera o que conceda que haya fiera tan sabía que lo que pocos hombres conocen. [196e] por ser difícil, afirme saberlo un león o una pantera o un jabalí. Mas es necesario que quien ponga la valentía en lo que tú la pones afirme que se han de igual manera respecto de ella león, ciervo, toro y mono. [197a] Laques: ¡Por los dioses!, Sócrates, que hablas bien. Respóndenos, Nicias, a esto según verdad: ¿afirmas que son más sabios que nosotros esas fieras que todos conceden ser valientes o bien, oponiéndote a todos, te atreves a no llamarlas valientes? [197a] Nicias: Pues no, Laques; yo no llamo valientes ni a fieras ni a nada que, por ignorancia, no teman lo terrible; sino llamaríalos “temerarios” y “locos”. ¿O crees que llamo valientes a todos los niños, pues, por ignorancia, a nada temen? Creo, por el contrario, que no es lo mismo ser temerario que ser valiente. Creo que son muy pocos los que participan de valentía y previsión; pero muchísimos, entre varones, mujeres, niños y fieras, que participan de temeridad, audacia, carencia de miedo, por imprevisión. A las acciones que tú, Sócrates, en la mayoría. llamas “valerosas”, llamo yo “temerarias”; mas valerosas y reflexivas, a las que digo. [197c] Laques: Nota, Sócrates, qué bien, así parece, se ha puesto Nicías a cubierto con este razonamiento. En cuanto a los que todos llamamos, de común acuerdo, “valientes”, intenta despojarlos de tal honor. [197c] Nicias: No, por mi palabra, Laques; anímate, porque afirmo que, caso de ser valientes tú y Lámaques, sois también sabios, y así otros muchos atenienses. [197c] Laques: No replicaré, aunque tengo algo que decir en contra de esto, para que no digas que verdaderamente soy de Aixonea. [197d] Sócrates: No le respondas, Laques, porque me parece que no caen en cuenta de que esta sabiduría le viene de Damón, nuestro compañero; mas Damón anda asociado en muchas cosas con Pródico quien, por cierto, parece distinguir, más bellamente que ningún otro sofista, en eso de nombres. [197d] Laques: Pues le está muy bien, Sócrates, a un sofista gloriarse de eso, mejor que a un varón a quien la Ciudad juzgue digno de presidirla. [197e] Sócrates: No obstante, querido, conviene que el gran presidente posea grandísima sapiencia; me parece valer la pena considerar a qué está mirando Nicias, al imponer ese nombre de Valentía. [197e] Laques: Considéralo tú mismo, Sócrates. [197e] Sócrates: Es lo que voy a hacer, óptimo; pero no creas que te soltaré de razonar en común; para mientes y reconsideremos lo dicho. [197e] Laques: Sea así. Si te parece necesario. [197e] Sócrates: Pues me lo parece. Mas tú, Nicías, retoma la cuestión desde el principio; ¿recuerdas que, al principio del razonamiento, consideramos a la valentía como una parte de la virtud? [198a] Nicias: Perfectamente. [198a] Sócrates: ¿Así que respondiste cual si fuera una parte, entre muchas otras, al conjunto de las cuales se ha llamado Virtud? [198a] Nicias: Pues, ¿Cómo no? [198a] Sócrates: ¡¿Hablamos, pues, tú y yo de las mismas partes?; además de valentía llamo partes de la Virtud a sapiencia, justicia y otras tales. ¿Tú también, no? [198b] Nicias: Enteramente. [198b] Sócrates: ¡Tente! Convengamos en esto; mas pongamos a consideración lo referente a lo temible y lo aventurado, de manera que tú no pienses una cosa, y nosotros, otra. Te diremos lo que pensamos; si no convienes con nosotros, instrúyenos. Tenemos por temibles las cosas que inspiran miedo; por aventuradas, las que no. Empero, miedo no lo inspiran ni los males pasados ni los presentes, sino los presentidos, porque miedo es presentimiento de un mal futuro. ¿Es así también para ti, Laques? [198c] Sócrates: Estás oyendo, Nicias, nuestra opinión: afirmamos que son temibles los males futuros; mas aventurado, es lo futuro, sea no malo o bueno. ¿Hablarías tú de esta manera o de otra? [198c] Nicias: De ésta, por cierto. [198c] Sócrates: ¿A la ciencia de todo ello llamas “valentía”? [198c] Nicias: — Absolutamente. [198c] Sócrates: Pongamos a consideración un tercer punto a ver si tu opinión es común con la nuestra. [198c] Nicias: — ¿Cuál es? [198d] Sócrates: Te lo diré; porque me parece a mí y a Laques, aquí presente, respecto de los objetos sobre que trata la ciencia, que no es una según que se refiera al pasado, para saber de qué modo pasó; y es otra, referida al presente, para saber cómo se es, y otra, para saber cómo se haría o hará mejor lo que aún no es; sino que es siempre la misma. [198d] Al igual que la medicina, que, siendo una y la misma pare todos los tiempos, no se hace diferente por supervisar lo que está pasando, lo pasado y lo futuro, a ver cómo llegaría a Ser; y, respecto de los productos de la tierra, la agricultura se comporta parecidamente. Más aún: en asuntos de guerra sois testigos de que la estrategia prevé bellísimamente, entre otras cosas, a las futuras, y no cree deber someterse a la adivinatoria, sino mandar en ella, por saber mejor que ella lo concerniente a guerra, en presente y en futuro. Y aun la ley así lo prescribe: que no mande el adivino al estratega, sino el estratega al adivino. ¿Lo afirmaremos, Laques? [199a] Laques: Lo afirmaremos. [199a] Sócrates: Pues bien: ¿Convienes con nosotros, Nicias, en que es la misma ciencia la que entiende de las mismas cosas, sean futuras, presentes o pasadas? [199a] Nicias. Por mí que sí; tal me parece, Sócrates. [199a] Sócrates: Ahora bien, óptimo, ¿la valentía es, como dices, ciencia de lo temible y de lo aventurado? ¿Es así? [199b] Nicias: —Sí. [199b] Sócrates: Mas se convino en que, tanto lo temible como lo aventurado, esto versa sobre bienes futuros: aquello, sobre males futuros. [199b] Nicias: Absolutamente. [199b] Sócrates: ¿Así que será la misma y sobre las mismas Cosas, estén por venir o en cualquier otro estado? [199b] Nicias: — Así es. [199b] Sócrates: Luego la valentía no es tan sólo ciencia de lo temible y aventurado, porque entienda únicamente sobre bienes y males futuros, sino porque entiende también de los presentes, de los pasados y de los que se hallen en cualquier estado, —al igual que las demás ciencias. [199c] Nicias: — Parece. [199c] Sócrates: Luego, Nicias, no respondiste sino, cuando más, a una tercera parte de lo que es valentía, a pesar de que nosotros te preguntábamos por qué era la Valentía integra. Ahora, al parecer, y según tu propio razonamiento, la Valentía no es sólo ciencia de lo temible y aventurado, sino casi casi la valentía versaría sobre todos los bienes y males, y en todos los estados, y tal es tu definición presente. ¿La reformamos así, Nicias, o cómo dirías? [199d] Nicias: Me parece así, Sócrates. [199d] Sócrates: ¿Te parece, pues, daimoníaco, que le faltaría algo en punto a virtud a quien supiera, respecto de todos los bienes y de todas las maneras, cómo están siendo, serán y han sido, y parecidamente respecto de los males? ¿Y crees que al tal le falte sapiencia o justicia y piedad, si es el único capaz de portarse bien y cuidadosamente con dioses y con hombres, tanto en lo temible como en lo que no lo es, y aun de procurarse los bienes, y es el único sabio en cómo correctamente tratar con ellos y de todo eso? [199e] Nicias: Me pareces decir algo importante, Sócrates. [199e] Sócrates: No estarías, pues, Nicias, hablando de una parte de la virtud, sino de ella íntegra. [199e] Nicias: — Así parece. [199e] Sócrates: Empero, afirmábamos que la valentía es solamente una parte de las de la virtud. [199e] Nicias: Lo afirmábamos. [199e] Sócrates: Mas no lo parece según lo dicho ahora. [199e] Nicias: No lo parece. [199e] Sócrates: Luego, Nicias, no hemos encontrado qué es valentía. [199e] Nicias: Parece que no. [199e] Laques: Por cierto y por mi palabra, amigo Nicias, que creíamos la encontrarías, ya que menospreciaste mis respuestas a Sócrates, apaste de que abrigaba gran esperanza de que la encontrarías, gracias a la sabiduría de Damón. [200a] Nicias: Bien está, Laques, el que creas no ser ya esto asunto tuya, puesto tú mismo has manifestado no saber nada acerca de Valentía. Pero solamente miras a que yo quedaré en esto igual que tú; y a que, según parece, nada importará el que ni tú ni yo sepamos algo de lo que conviene sepa varón que en algo se aprecie. Por cierta, me parece que haces algo verdaderamente humano: no mirarte a ti mismo para nada, y sí, a los demás. En cuanto a mí, creo haber hablado convenientemente de lo que estamos tratando; y si algo no quedó suficientemente explicado, más adelante se lo rectificará aun con ayuda de Damón —de quien te burlas, sin ni siquiera conocerlo de vista— y con la de otros. Cuando esté seguro en esto, te instruiré en ello sin reservas; porque me parece necesitas grandemente de aprender. [200c] Laques: Eres todo un sabio, Nicias. No obstante, aconsejo a Lisímaco y a Melesias, aquí presentes, que, en eso de la educación de los jóvenes, nos licencies a ti y a mí; mas, como dije al principio, no sueltes a Sócrates; que si mis hijos estuvieran en edad, haría lo mismo. [200c] Nicias: En esto coincido yo mismo contigo: en que si Sócrates quiere tomar a su cuidado a los jóvenes, no hay por qué buscar a nadie más. Gustosísimamente le encargaría a Nicératos, si éste lo quiere. Pero cuando a Sócrates mismo le recuerdo este punto me remite siempre a otros, mas él no quiere. Ve, Lisímaco, si a ti Sócrates te escucharía más. [200d] Lisímaco: Sería de justicia, Nicias, porque en su favor estaría yo mismo dispuesto a hacer muchas cosas que no querría hacer por muchos otros, ¿Cómo respondes, Sócrates? ¿Accedes, y te empeñarás en hacer mejores a estos jóvenes? [200e] Sócrates: Terrible caso fuera, Lisímaco, no querer ayudar a quien se empeña en hacerse óptimo. Mas si en el presente diálogo me hubiera mostrado yo sabio, y vosotros ignorantes, fuera justo el que, sobre todo, me invitarais a mí para esta tarea. Mas todos estamos igualmente desconcertados. ¿Quién elegiría, pues, a uno de nosotros? A mí me parece, que a ninguno. Siendo esto así, considerad qué os aconsejaría, según mi opinión. Afirmo, varones —ninguno delatará lo que voy a decir— que todos nosotros hemos de buscar, ante todo para nosotros mismos, un maestro, el mejor posible; pues lo necesitamos; y buscarlo después para nuestros jóvenes, sin regatear ni dinero ni nada. Pero no aconsejo el que nos quedemos como estamos. Si alguno se burla de que, a esta nuestra edad, juzguemos digno el ir a la escuela, me parece hay que enrostrarle lo de Homero, quien dice: «no está bien vergüenza en varón necesitado». Dejemos a sus anchas a quien tal diga; preocupémonos, juntos, de nosotros y de nuestros jóvenes. [201b] Lisímaco: Me place, Sócrates, lo que dices; y quiero yo, precisamente por ser el más viejo, esforzarme en aprender junto con los jóvenes. Pero hazme este favor: mañana, por la mañana, vente a casa; y no faltes, a fin de que nos aconsejemos en este punto. Ahora disolvimos la reunión. [201c] Sócrates: Lo haré, Lisímaco, e iré mañana a tu casa, si dios quiere. [201c] administrando”, Sr-ouobvres- Literalmente economía doméstica o "casera” (Sroixía). Esta economía hará de modelo inclusive para Ciudad (pólis), y administrar los asuntos y negocios de Ciudad se llamará drwikety. A “comer juntos" (gua-aiTey), Nicias. Laques e hijos dan el nombre que a las comidas públicas, en común y obligatorias en otras partes de Grecia, se daba a ovoLTia “con-mensalias”. O la comida común “casera” sirvió de paradigma para la pública o la pública influyó en la casera, comunicándose el nombre. Tratándose de dos generales el empleo de la misma palabra no es casual. [201c] “bello” aprendizaje pelear armado. Una de las notas resonantes, frecuente y oportunamente en un diálogo griego es la de "bello”, aun en asuntos a los que jamás se aplicaría ahora, ni en muchos siglos antes, el calificativo de bello (kañós), bellamente (xaXós). La traducción hace resonar tal nota siempre que la da el texto. Contribuye a mantener el tono griego del diálogo. [201c] “aprendizaje”, máthema; de donde le viene el nombre a la “matemática”. Tiene el carácter de "matemático” cuanto conocimiento, destreza, se adquiera por aprendizaje, frente a lo tenido por naturaleza, instinto. La “matemática” era, ya, el taso ejemplar de lo obtenido mediante aprendizaje, por aprendices (nafnríjs) respecto de maestros (BidácsraNos). Por esto, ella ha casi acaparado el nombre. [201c] “Música”. La música era ya "arte" (réxvn) entre los griegos, y abarcaba, además de lo estrictamente llamado ahora música —instrumental o vocal—, la política y aun parte de matemáticas. Además proveníale al hombre cual don de las diosas Musas. Al decir un griego “música” le sonaba todo eso. Para ser fiel, de alguna manera, a ello se escribe con mayúscula inicial, la palabra. En general, la mayúscula inicial que se halle, en esta traducción, en palabra: —sustantivos, adjetivos...— que según las normas ortográficas vigentes —no hechas por y para filósofos y filosofía— alude a su origen divino, que a los griegos les resonaban aún. Así se mantiene el tono “religioso” de un diálogo griego (Cf, Cl. 1.6). [201c] En cuanto al valor de exclamaciones o juramentos cual “¡Por Juno!”, véase Cl. 1.6. Son otra manera, bien griega, de mantener el tono “religioso” del diálogo. Y no tienen nada de irreverentes, al revés. [201c] “reconocido”. Aparte de conocer hombre cosas, y conocer un hombre a otro, cual animal, cuerpo, hombre, conocer en un hombre, ya conocido de alguna manera, circunstancias y relaciones extraordinarias antes des-conocidas, aunque existentes, recibió entre los griegos el nombre de áyayrúpwts, re-conocimiento, con efectos más o menos espectaculares, aprovechados cual truco teatral. Aquí se echa de ver los efectos, aun verbales, de tal re-conocimiento, frente al conocimiento anterior y corriente de Sócrates por Lisias. [201c] “te recordaremos”, -bqr¿-”,míu'o,¿¿¡). Te sacaremos de la sub-memoria, donde se hallaba tal relación familiar, antes del acontecimiento del “reconocimiento”. [201c] “ejercicio”, literalmente ejercicio de los que se hacen en este gimnasio. [201c] Escala de aprendizajes bellos; a ascender de un escalón a otro superior impele la honra: del de lucha armada a táctica, de táctica a estrategia... hasta llegar a empresas (emrndeyuara) bellas y grandemente dignas (¿áxia) de un varón, partiendo del primero. [201c] Las palabras l¿xóg tienen para el griego resonancias perdidas posteriormente, y entre nosotros. Lo de réxv resuena a arte (de artesano) y a arte (de artista), incluye, pues, a la una, arte-factos y arti-ficios; y el 1-¿xw…$g es artesano-artífice, juntos ambos por virtud de la norma unitaria griega ser “bueno-y-bello”; lo de bueno, preeminente en artesano: lo de bello, en artista. Son, pues, palabras de tipa “acorde” (Cl. 1). [201c] “nos encausen”, airíav éyet- Causa, alría, es palabra “acorde” (Cl. 1) en que resuenan, perceptiblemente, para el griego, “causar' (algo) y en-