Minos — Plato ============= ΜΙΝΩΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/minos/ This file: https://plato-scroll.com/text/minos-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/minos.txt - W.R.M. Lamb: https://plato-scroll.com/text/minos-b.txt - W.R.M. Lamb (Loeb, 1927): https://plato-scroll.com/text/minos-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/minos-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/minos-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [313a] Sócrates: ¿Qué es para nosotros la Ley? [313a] Compañero: ¿Por qué de las leyes preguntas? [313a] Sócrates: Pero, ¿qué?: ¿que una ley se diferencia de otra en eso precisamente de ser ley? Fíjate, pues, en lo que te estoy preguntando. Porque pregunto esto cual si te preguntara qué ef "ro, y me repreguntaras parecidamente, de qué del ora hablo; creo que tu pregunta no sería correcta, porque en nada se diferencia un oro de otro oro, ni una piedra de otra piedra en eso de ser piedra o en eso de ser oro. Así, por cierto, en nada se diferencia ley de ley, sino que todas son lo mismo. Porque cada una de ellas lo es por igual; no una más; otra, menos. Pues esto precisamente pregunto: en total, ¿“qué er ley”? Si a mano tienes respuesta, dila. [313b] Compañero: ¿Pues qué otra cosa, Sócrates, sería Ley sino lo Legislado? [313b] Sócrates: Que también te parece que palabra es lo Empalabrado; o vista, lo Visto; ¿es oído, lo Oído? O bien: ¿que algo diverso son palabra y empalabrado; algo diverso, vista y lo visto; algo diverso, oído y lo oído, y algo diverso ley y lo legislado? ¿Así o de otra manera te parece? [313c] Compañero: Me parece ahora algo claramente diverso. [313c] Sócrates: ¿Luego ley no es lo Legislado? [313c] Compañero: Me parece que no. [313c] Sócrates: Pues bien: ¿qué sería Ley? Considerémoslo de estotra manera: Si alguien, respecto de lo que acabamos de decir, nos preguntara: Puesto que afirmáis que con la vista se ve lo visto, ¿siendo qué la vista, con ella se ve?, le responderíamos que en esta sensación, mediante los ojos, se nos revelan las cosas. Pero si se nos preguntara: "Pero, ¿qué?: puesto que por el oído se oye lo oído, ¿siendo, qué el oído?”, le responderíamos que porque con esta sensación, mediante los oídos, se nos revelan los sonidos. Así, pues, también, si se nos preguntara: “Ya que por la Ley se legisla lo legislado, ¿siendo qué la ley con ella se legisla?; es con una sensación, o revelación, cual lo aprendido se aprende por revelarlo la ciencia; o por un cierto descubrimiento, cual se descubre lo descubierto; tal, lo sano y malsano, por la medicina; y ¿qué piensen los dioses, por la adivinatoria, como afirman los adivinos? Porque, para nosotros, la arte es un cierto descubrimiento de las cosas. ¿Es así? [314b] Compañero: Absolutamente. [314b] Sócrates: Pues, de entre estos casos, ¿cuál, sobre los demás, admitiríamos es la ley? [314b] Compañero: Eso: “dogmas” y, además de eso, "votados”, me parece. Porque, ¿qué otra cosa se diría “ser Ley”? De modo que, Sócrates, lo que preguntas: ¿qué es en toda generalidad eso de Ley?, Ley corre el peligro de ser “Dogma de Ciudad”. [314c] Sócrates: -Al parecer llamas a la Ley “dogma político”. [314c] Compañero: Yo, sí. [314c] Sócrates: Y tal vez lo dices bellamente; mas puede ser lo sepamos mejor de esta manera: ¿Llamas sabios a algunos? [314c] Compañero: Yo, sí. [314c] Sócrates: Pues bien: ¿los sabios son sabios por la sabiduría? [314c] Compañero: Sí. [314c] Sócrates: Pero, ¿qué?: Los justos, ¿justos por la justicia? [314c] Compañero: Enteramente. [314c] Sócrates: ¿También pues, los respetuosos de la legalidad lo son precisamente de la legalidad por la ley? [314c] Compañero: Sí. [314d] Sócrates: — ¿Mas los violadores de la legalidad son ilegales por la ilegalidad? [314d] Compañero: — Sí. [314d] Sócrates: ¡¿Mas los respetuosos de la legalidad son legales? [314d] Compañero: Sí. [314d] Sócrates: ¿Mas los violadores de la legalidad son injustos? Compañero. Son injustos. [314d] Sócrates: Pues bien: ¿Justicia y Ley son algo bellísimo? [314d] Compañero: Así es. [314d] Sócrates: — ¿Mas algo feísimo, la injusticia y la ilegalidad? [314d] Compañero: Sí. [314d] Sócrates: ¿Y aquélla conserva las Ciudades y todo lo pero la otra les destruye y trastorna? [314d] Compañero: Sí. [314d] Sócrates: Luego ha de concebirse a la Ley cual si fuera bello, y buscarla cual algo bueno. [314d] Compañero: Pero, ¿cómo no? [314d] Sócrates: Pues bien: ¿no afirmamos que la Ley es dogma de Ciudad? [314e] Compañero: Pues lo afirmamos. [314e] Sócrates: Pues, ¿qué?: ¿no hay Dogmas unos buenos; [314e] Compañero: Pues los hay, ciertamente. [314e] Sócrates: Mas, de seguro la ley no va a ser mala. [314e] Compañero: Pues no. [314e] Sócrates: Luego no es correcto responder así, tan señque “Ley es Dogma de Ciudad”. [314e] Compañero: Me parece a mí que no. [314e] Sócrates: Luego no concordarían Ley y dogma malo. [314e] Compañero: No, por cierto. [314e] Sócrates: No obstante paréceme aún a mí evidente que Ley es una cierta opinión. Mas, puesto que no es opinión ¿no estaría ya bien claro que es la buena, si la ley es [314e] Compañero: Sí. - [314e] Sócrates: Mas, ¿cuál es la opinión buena? ¿No es la verdadera? [314e] Compañero: Sí. I [315a] Sócrates: — Pues, ¿la opinión verdadera no es descubrí- E miento de ser? [315a] Compañero: Lo es, ' [315a] Sócrates: Luego la ley pretende ser descubrimiento de ser. [315a] Compañero: ¿Pues cómo, Sócrates, si la ley es descubrimiento de ser no siempre nos servimos para las mismas cosas de las mismas leyes, dado que los seres se nos descubren? [315a] Sócrates: La Ley pretende, es cierto, nada menos que ser descubrimiento del ser. Mas los hombres que no se sirvan siempre de las mismas leyes, no siempre podrán, tal nos parece, descubrir lo que pretende la ley: descubrir “el ser”. Bien, pues, — veamos si se nos hace claro desde ahora si nos servimos siempre de las mismas leyes o a veces de otras; y si todos, de las mismas ¡u otros de otras. [315b] Compañero: Pero. Sócrates esto no es dificultoso de conocer que unos se sirven siempre de las mismas, y otros de otras. Por ejemplo inmediato: para nosotros no existe la ley de - sacrificar hombres, sino que esto es algo impío; mas los cartagineses los sacrifican cual si fuera para ellos algo sagrado y legal; y, en este punto, algunos de ellos sacrifican hasta a sus propios hijos a Cronos, como tal vez aun tú mismo lo hayas oído. Y no solamente los hombres bárbaros se sirven de otras leyes que las nuestras, sino aun los habitantes de Licaón y la progenie de Atamasto, y eso que son griegos, hacen tales sacrificios. E igualmente sabes, y has oído, de qué leyes nos servíamos antes acerca de los muertos; degollábamos las víctimas antes de llevarse el cadáver y enviábamos a por los encargados de recoger en urna la sangre; los anteriores a éstos llegaban hasta enterrar en la casa a los muertos. Mas nosotros nada de esto hacemos. Miles de miles de tales casos podríamos nosotros mencionar, porque fuera fácil demostrar de muchas maneras que ni nosotros mismos nos comportamos siempre de la misma manera, ni los hombres entre sí. [315d] Sócrates: “Nada tendría de extraño, óptimo, que dijeras la verdad; mas a mí se me ocultaba. Pero mientras tú hables para ti mismo lo que te parece en largo razonamiento y, a mi vez, yo así, no hay como coincidamos, —tal pienso; mas si la discusión la hacemos en común, tal vez concordaríamos. Si, pues, lo quieres, preguntándome algo considéralo en común conmigo; o, si lo prefieres, responde tú. [315e] Compañero: Pues quiero, Sócrates, responder a lo que te plazca. [315e] Sócrates: Pues bien: ¿qué piensas?: ¿que lo justo es injusto; que lo injusto es justo; a que lo justo es justo; mas lo injusto injusto? [315e] Compañero: Para mí, por cierto, lo justo es justo y lo injusto injusto. [316a] Sócrates: ¿Que no piensan todos así de igual manera que aquí? [316a] Compañero: Sí. [316a] Sócrates: ¿Pues también entre los persas? [316a] Compañero: También entre los persas. [316a] Sócrates: ¿Pero, de seguro, siempre? [316a] Compañero: Siempre. [316a] Sócrates: Pero, ¿a lo que arrastra más se lo tiene aquí por más pesado; a lo que menos, por más ligero, o lo contrario? [316a] Compañero: No, sino lo que arrastra más es lo más pesado; pero lo que menos, lo más ligero. [316a] Sócrates: ¿También, pues, en Cartago y en Licaón” [316a] Compañero: Sí. [316a] Sócrates: A lo bello, tal parece, tiénenlo en todas partes por bello; y a lo feo por feo; mas no a lo feo, por bello; ni a lo bello, por feo. [316b] Compañero: Así es. [316b] Sócrates: Así que, para decirlo en general, se tiene por propio de lo ente ser; no, de lo no ente, tanto entre nosotros como entre todos los demás. [316b] Compañero: A mí me lo parece. [316b] Sócrates: Luego quien yerre acerca del ente, errará acerca de lo legal. [316b] Compañero: Así que, Sócrates, como tú dices, parecen ser legales estas mismas cosas, tanto entre nosotros como entre los demás. Mas cuando me pongo a pensar en que no cesamos de trastornar las leyes no puedo convencerme de ello. [316c] Sócrates: — Porque, tal vez, no caes en cuenta de que, aun trastornadas están siendo las mismas. Míralo conmigo de estotra manera: ¿Cayó por suerte alguna vez en tus manos alguna obra sobre la salud de los enfermos? [316c] Compañero: Sí, por cierto. [316c] Sócrates: ¿Sabes, pues, a qué arte pertenece tal obra? [316c] Compañero: Lo sé; que es a la medicina. [316c] Sócrates: Pues bien: ¿llamas médicos a los entendidos EN Eso? [316c] Compañero: Lo afirmo. [316c] Sócrates: ¿Piensan los entendidos lo mismo sobre las materias propias, o cada uno diversamente? [316c] Compañero: Me parecen pensar lo mismo. [316c] Sócrates: — ¿Solamente los griegos con los griegos o también los bárbaros entre sí y con los griegos coinciden en pensar lo mismo sobre lo que saben? [316c] Compañero: Gran necesidad, por cierto, hay de que los entendidos coincidan en pensar lo mismo, tanto griegos como bárbaros. [316c] Sócrates: Bellamente respondiste. Así que, ¿también siempre? [316c] Compañero: Sí, también siempre. [316c] Sócrates: ¿También los médicos escriben sobre la salud lo que están convencidos que es? [316e] Compañero: -Sí. [316e] Sócrates: — Luego son prescripciones medicinales y leyes medicinales tales escritos, —los de los médicos. [316e] Compañero: Medicinales, por cierto. [316e] Sócrates: ¿Así que también los escritos agrícolas son leyes agrícolas? [316e] Compañero: Sí. [316e] Sócrates: Pues, ¿de quiénes son los escritos y leyes referentes al cultivo de jardines? [316e] Compañero: De los jardineros [316e] Sócrates: ¿Luego tales leyes son, según nosotros, leyes de jardinería? [316e] Compañero: Sí. [316e] Sócrates: ¿De los entendidos en mandar sobre jardines? [316e] Compañero: Pero, ¿cómo no? [316e] Sócrates: Mas son los jardineros quienes entienden. [316e] Compañero: — Sí. [316e] Sócrates: Mas, ¿de quiénes son los escritos y leyes sobre preparación de alimentos? [316e] Compañero: De los cocineros. [316e] Sócrates: ¿Luego son éstas leyes culinarias? [316e] Compañero: Culinarias. [316e] Sócrates: ¿De los entendidos, al parecer, en mandar sobre la preparación del alimento? [317a] Compañero: Sí. [317a] Sócrates: Mas, como se dice, ¿entienden de ello los cocineros? [317a] Compañero: En efecto, entienden. [317a] Sócrates: Sea, pues; ¿de quiénes son precisamente los escritos y legislación de lo referente a la administración de Ciudad?; ¿de los entendidos en mandar sobre Ciudades? ¿No es así? [317a] Compañero: Me lo parece. [317a] Sócrates: ¿Pero algunos otros entienden de ello fuera de los varones políticos y reales? [317a] Compañero: Estos, ciertamente. [317a] Sócrates: Luego tales escritos son políticos: los hombres llámanlos leyes, y son escritos de varones reales y buenos. [317b] Compañero: Dices la verdad. [317b] Sócrates: Mas los entendidos, ¿no escriben sobre la misma materia unas veces tina cosa; otras, otra? [317b] Compañero: No. [317b] Sócrates: — ¿Ni cambiarán sobre la misma materia de una prescripción legal a otra distinta? [317b] Compañero: No, por cierto. [317b] Sócrates: Si, pues, vemos que algunos obran así, ¿afirmaremos que quienes tal hacen sean entendidos o no entendidos? [317b] Compañero: No entendidos. [317b] Sócrates: Pues bien: ¿no afirmaremos que lo que sea correcto en cada caso: medicinal, culinario, jardineril, es ello mismo legal? [317b] Compañero: Sí. [317c] Sócrates: Pero, ¿de lo que no sea correcto afirmaremos aún que sea ello mismo legal? [317c] Compañero: Ya no. [317c] Sócrates: Luego resulta ilegal. [317c] Compañero: Necesariamente. [317c] Sócrates: Así, pues, tanto en los escritos sobre lo justo e injusto y en general sobre administración de Ciudad y sobre el modo según el cual hay que gobernarla, lo correcto es ley real; mas no, lo no correcto, que es lo que a los ignorantes parece ser ley; que es ilegal. [317c] Compañero: Sí. [317d] Sócrates: Luego correctamente convinimos en que ley es-descubrimiento del ser. [317d] Compañero: Tal parece. [317d] Sócrates: Pero además paremos mientes aquí en esto: ¿Quién es el entendido en repartir por tierra las simientes? [317d] Compañero: El labrador. [317d] Sócrates: ¿Este es quien reparte a cada tierra las apropiadas semillas? [317d] Compañero: Sí. [317d] Sócrates: ¿Luego el labrador es el repartidor bueno, y las leyes y repartos suyos son, en esta materia, los correctos? [317d] Compañero: — Sí. [317d] Sócrates: Pero, ¿quién es el buen repartidor de sonidos en las melodías, y capaz de repartir las valiosas?, ¿y las leyes de quién son las correctas? [317e] Compañero: Las del flautista y citarista. [317e] Sócrates: Luego el más observante de tales leyes, tal es el mejor flautista. [317e] Compañero: Sí. [317e] Sócrates: Pero, ¿quién es el mejor en repartir el alimento para los cuerpos humanos? ¿No es lo mismo que quien reparta el alimento más valioso? [317e] Compañero: Sí. [317e] Sócrates: Luego sus repartos y leyes son las mejores, y quien en esto sea el más observante de ellas, es el mejor repartidor. [317e] Compañero: Absolutamente. [317e] Sócrates: ¿Quién es el tal? [317e] Compañero: El profesor de gimnasia. [318a] Sócrates: ¿Tal es el efectivamente capaz de pastorear el rebaño humano (del cuerpo)? [318a] Compañero: Sí. [318a] Sócrates: Pero, ¿quién es el efectivamente capaz de pastorear el rebaño de ovejas? ¿Cuál es su nombre? [318a] Compañero: “Pastor”. [318a] Sócrates: Luego las leyes del pastor son las mejores para las ovejas. [318a] Compañero: -Sí. [318a] Sócrates: ¿Mas las del boyero, para los bueyes? [318a] Compañero: Sí. [318a] Sócrates: Mas, ¿de quién son las leyes mejores para las almas de los hombres? ¿No, las del rey? Afírmalo. [318a] Compañero: Lo afirmo. [318b] Sócrates: Y bellamente, en efecto, lo dices. ¿Podrías, pues, indicar, quién de los antiguos fue buen legislador en leyes flautísticas? ¿Que tal vez no comprendes?, —si lo quieres, te lo recordaré. [318b] Compañero: Pues, y mucho. [318b] Sócrates: — ¿Pues que no se cuenta que fuera Marsias y su doncel predilecto Olimpo el Frigio? [318b] Compañero: Dices la verdad. [318b] Sócrates: Por cierto que sus melodías para flauta son divinísimas, y solamente ellas conmueven y alumbran a los indigentes de la divino. Y aun son ellas solas les que hasta hoy quedan, por ser divinas. [318b] Compañero: Así es. [318b] Sócrates: Pero, ¿de quién de entre los reyes antiguos se cuenta haber resultado buen legislador, cuya legislación perdure aún hoy, por ser divina? [318b] Compañero: No lo tengo en mente. [318b] Sócrates: — ¿No sabes quiénes, entre los griegos, se sirven de más antiguas leyes? [318b] Compañero: ¿Te refieres a los espartanos y a Licurgo, el legislador? [318b] Sócrates: Mas eso, por cierto, apenas si tiene tal vez trescientos años o poco más. Pero lo mejor de tal legislación, ¿de dónde viene? ¿Lo sabes? [318d] Compañero: Dícese que de Creta. [318d] Sócrates: — Así que ellos se sirven de las más antiguas leyes de Grecia. [318d] Compañero: Sí. [318d] Sócrates: — ¿Sabes, pues, quiénes fueron sus reyes buenos? Minos y Radamanto, hijos de Júpiter y Europa; de ellos son las leyes. [318d] Compañero: Por cierto, Sócrates, que se dice haber sido este varón justo; mas de Minos, que fue feroz, duro e injusto. [318d] Sócrates: Es un mito ático, óptimo, y de tragedia lo que cuentas. [318e] Compañero: Pero, ¿qué?: ¿no se cuenta eso de Minos? [318e] Sócrates: Pues no, por Homero y Hesíodo; y, por cierto, que son más de fiar que todos los poetas trágicos juntos de quienes he oído eso y lo repites. [318e] Compañero: Pero, ¿qué dicen aquellos sobre Minos? [318e] Sócrates: Te lo repetiré, para que tú no seas impío, cual la mayoría. Porque nada hay de más impío y nada de lo que más haya que guardarse que de faltar de palabra-y-obra contra los dioses, —después, contra los hombres divinos. Pero grandísima precaución ha de tomarse siempre que haya de reprender o alabar a un varón: la de hablar no correctamente. Por lo cual hay que aprender a discernir los varones buenos de los malos. Porque dios se irrita cuando alguien reprende a un semejante suyo o alaba a quien está siendo lo contrario a él. Aquel otro es el bueno. Porque no creas que sean en algo sagradas las piedras, leños, pájaros y serpientes; mas no, los hombres. Al contrario: lo más sagrado de todo lo es el hombre bueno; y lo más asqueroso, el perverso. [319a] Pues bien: sobre Minos. Homero y Hesíodo lo encomian de esta manera: te la referiré a fin de tú, hombre hijo de hombre, no faltes gravemente de palabra contra un héroe, hijo de Júpiter. Porque diciendo Homero de Creta que hay en ella muchos hombres y noventa ciudades, está en ella precisamente Knosos, gran Ciudad, donde Minos reinó, conferenciante, cada nueve años, con el gran Júpiter. Tal es, pues, el encomio, dicho brevemente, que Homero hace a Minos, encomio tal que a ninguno de los héroes lo hizo Homero. Que Júpiter sea sofista, y que esta arte sea grandemente bella, lo declaró en muchas y diversas partes, mas especialmente aquí, porque dice que Minos conversaba íntimamente cada nueve años con Júpiter, y acudía a recibir lecciones, cual de sofista, de Júpiter. Que Homero haya otorgado a ninguno de los héroes ese regalo de haber sido educado por Júpiter, sino a Minos, admirable alabanza es. Y en el descenso a los infiernos de la Odisea representa a Minos juzgando, cetro de oro en mano; no, a Radamanto. Pero ni allí hizo a éste juez en funciones ni en parte alguna tratarse íntimamente con Júpiter. Por lo cual afirmo yo que Homero encomió a Minos muchísimo más que a todos. De que, siendo un hijo de Júpiter, haya sido el único educado por Júpiter, no hay alabanza que sea exagerada. [319d] Que esto indica el verso reinó, conferenciante, cada nueve años, del gran Júpiter: que Minos fue confidente de Júpiter; porque “conferencias” son palabras y el “conferenciante” es confidente de palabras; O acudía, pues. Minos durante el noveno año, al antro de Júpiter, para aprender algunas cosas, para manifestar después algunas de las que, en el último noveno año, había aprendido de Júpiter. Hay quienes suponen que “conferenciante” es comensal y compañero de juegos de Júpiter. Mas de que nada dicen quienes tal suponen serviría de prueba esto: habiendo tantos hombres, griegos y bárbaros, no hay quienes se abstengan de! banquetes y de esos juegos en que interviene el vino, sino cretenses, y espartanos en segundo lugar, habiéndolo aprendido 1 de los cretenses. En Creta una, entre las otras leyes establecidas por Minos, es ésta: no beber, reunidos, hasta emborracharse. Y es evidente que lo que él tenía por bello, eso fue lo que estableció cual ley aun para sus conciudadanos. Que no, cual hombre ligero. Minos pensó una cosa, pero hizo otra diferente de la que pensaba. Por el contrario: tal era, como digo, su manera de trato público: mediante razonamiento llevar al educando a la virtud. Por lo cual estableció para sus conciudadanos leyes tales que han hecho todo el tiempo bienaventurada a Creta, y a Esparta desde que comenzó a servirse de ellas, por! ser divinas. [320b] Cierto. Radamanto fue varón bueno, ya que fue educado por Minos, Fue, sin duda, educado no en toda la arte real, sino en una arte subordinada a la real: presidir en los juzgados. De donde le viene la nombradía de buen juez, porque Minos se sirvió de él para lo de la Ciudad; mas para lo restante de Creta, de Talos. Talos recorría tres veces al año los poblados, viendo que se guardaren en ellos, y llevando las leyes escritas en tabletas de bronce, de donde le vino el sobrenombre de “broncíneo”. [320c] También Hesíodo dijo cosas, hermanas de éstas, sobre Minos, porque haciendo memoria de su nombre añade: fue el más regio de los reyes mortales y mandaba ea los más de los hombres comarcanos. [320d] por tener el cetro de Júpiter; con él reinó hasta sobre 1 Y con eso de “cetro de Júpiter”, no otra cosa indica sino la educación que de Júpiter recibió, por la que regía en Creta. [320d] Compañero: ¿Por qué, pues, Sócrates, se difundió sobre Minos esa fama de maleducado y duro? [320e] Sócrates: Por una razón, óptimo, por la que tú también, si cres prudente, tomarás la precaución, y tómela cualquier varón que se preocupe de la reputación: la de no hacerse odioso jamás a varón alguno poeta. Porque los poetas tienen gran poder sobre la reputación según como hablen de los hombres en sus poemas: alabándolos o vilipendiándolos. En esto faltó gravemente Minos: en hacer la guerra a esta Ciudad en la que, además de otras muchas sabidurías, hay muchas clases de poetas, especialmente de tragedias, aparte de en los demás géneros de poesía. Es aquí antigua la tragedia; que no comenzó, cual se cree con Tespos ni con Frínico; mas si quieres repensarlo hallarás ser invención grandemente antigua de esta Ciudad. Pero de todos los géneros de poesía es la tragedia el más agradable al pueblo y el mejor conductor de las almas. Sacando, pues, nosotros a escena en ella a Minos, nos vengamos de los tributos aquellos que nos forzó a pagar. En esto, pues, faltó gravemente Minos: en hacérsenos odioso; de lo cual le vino esa mala reputación, que es lo que tú preguntas. De que era hombre de bien y de Jey, como lo dijimos anteriormente, y buen distribuidor, sea máximo testimonio el que sus leyes están inamovibles, por venir de quien ha encontrado perfectamente la verdad acerca del régimen de Ciudad. [321b] Compañero: Me parece, Sócrates, que has hablado según verosímil razonamiento. [321b] Sócrates: Si, pues, digo la verdad, ¿no te parece que los cretenses, conciudadanos de Minos y Radamanto, se sirven de las más antiguas leyes? [321b] Compañero: Tal parece. [321b] Sócrates: Luego ellos han sido, de entre los antiguos, los mejores legisladores, apacentadores y pastores de varones, al medo que Homero llama “pastor de pueblos” al general bueno. [321c] Compañero: Absolutamente. [321c] Sócrates: Bien, pues, por Júpiter!, el de la Amistad: si alguien nos preguntara para el cuerpo, ¿qué es lo que un buen legislador y apacentador distribuye para hacerlo mejor?, diríamos, respondiendo bella y brevemente, que alimentación y ejercicios; aquélla para hacerlo crecer; éstos, para, con gimnasia, reforzar al cuerpo mismo. [321c] Compañero: Correctamente. [321d] Sócrates: Si, pues, a continuación se nos preguntara: “¿Qué es precisamente lo que el buen legislador y apacentador distribuye para hacer mejor al alma misma?” ¿Qué le responderíamos sin que hayamos de avergonzarnos de nosotros mismos y de nuestra edad? [321d] Compañero: No tengo aún qué decir. [321d] Sócrates: Mas, por cierto, que es una vergüenza para nuestra alma, la de cada uno de los dos, el que parezcan no saber ellas en qué consiste para ellas lo bueno y lo vil; pero haberlo ya descubierto respecto del cuerpo y de lo demás. [321d] 313 a. preguntas? Para la gradación del tipo de preguntas referentes a qué es (tí por' estín) algo, véase Cl. 11.1. Qué es (algo), cuál su cualidad típica (ó-poíon), dýnamis- “en eso precisamente", kat' autò toûto. Frase técnica de refuerzo de la pregunta para dirigirla, si pierde, a un objeto al definiendo: aquí a lo que es Celva:) la ley, katá tó nomos eînai. Nótese la insistencia en dirección katá autó “Lo Legislado", (Primer intento de definición de Ley). La frase pudiera entenderse de lo legislado por la ley, —vgr. lo referente a propiedad, matrimonio, guerra, juicios., y en este caso serían Ley y Legislado (o cosas legisladas, +4., tan diferente cual vista y lo Visto; oído, y lo Oído). Pero es una primera definición o delimitación, pues no se legisla sobre números, figuras, colores, sonidos... La ley, lo legislable y lo legislado (pasan a ley, nomizómenon) son fases diferentes, separables, aunque conexas. Definición dada por señalamiento de linderos (límites) dentro de los cuales la ley manda. Límites suyos de jurisdicción, que la separan de campos colindantes que no son suyos. Por lo legislado ya, de hecho, precediendo a la ley explícita, de ordinario, posterior, y muy más tarde a explícita definición de Ley. Definición por estado implícito, implicado, previo y efectivo, anterior de facto, al explícito, general, preceptivo (a cumplir). Lo tenido (práctica y previamente) por “legal” (nomos, nomothetôn, nomizómena). [321d] Sócrates y el discípulo abandonan este tipo de definición. [321d] (Segundo intento de definición). “mediante...”, diá, (los ojos, las orejas) se nos declara o revela (dēloî) algo especial de ciertas cosas: colores, figuras, sonidos. Eso de “mediante”, a través (diá), indica que no sólo el medio —aire, luz...— es atravesado por ojos, oídos sin ser percibido, sino que los ojos mismos, las orejas mismas, son puro medio, en que el alma (la vista, el oído) no se detiene. Va hacia lo visto, lo oído, "lo declarado”... Son ojos, orejas... aire, luz, perfectos intermediarios: y lo son las sensaciones (aisthḗseis) de ellos. [321d] ¿La Ley es cual vista, oído? ¿Nos descubre un qué de las cosas, sin ser ellas, cual no lo son vista y oído, cosas vistas u oídas? ¿Ley es puro intermediario que no se descubre a sí mismo, sino sirve para descubrir un qué especial en ciertas cosas? [321d] Intento de respuesta del discípulo: "Ley descubre", no a sí misma, sino lo que hay de dogma (dogma,…) y voto (psḗphisma) en la Ciudad. Lo que puede someterse a votación y lo que puede tener forma y estado de dogma. [321d] Adviértase dos puntos: 1) conexión entre dóxa y dogma: La conexión verbal es irreproducible en castellano, a no ser que admitamos como rigurosa la distinción entre opinión y lo opinado. "Dogma” es la opinión, dada por firme (por opinada) por Ciudad, —no por un particular Ley es “Dogma de Ciudad", lo que de todo lo que se dice, opina sobre costumbres, hábitos, deberes... eleva la Ciudad a opinión “suya”, eso es Ley, o adopta la forma nueva de Ley; lo demás —sentencias, valoraciones, advertencias,.— queda en su estado prelegal: de costumbre, tradición, consejo... [321d] O en otra fórmula: Ley es opinión política, —"política” de “Polis”, no de una parte de ella; sino de ella, integra, cual Todo de todos. [321d] Nótese la vinculación, típicamente griega entre La vinculación, también típicamente griega entre bello-y-bueno —formulada en la frase “hecha” (Cl, 11.3)— kalôs légeis. Nos lleva a la cuestión que plantea Sócrates: ¿“no hay Dogmas, unos buenos; otros, malos"? Por tanto hay Leyes buenas y malas. [321d] Para separar leyes buenas de malas, a pesar de ser ambas “dogmas de Ciudad”, el discípulo propone a Sócrates un criterio que quite a leyes malas el título de dogma de Ciudad. [321d] Tal criterio se sirve: 1) de la conexión entre opinión y verdad. Hay opinión verdadera y falsa. Por tanto hay dogmas verdaderos unos, y falsos otros. La ley sería “dogma verdadero” de Ciudad.