Filebo — Plato ============== ΦΙΛΗΒΟΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/phil/ This file: https://plato-scroll.com/text/phil-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/phil.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/phil-b.txt - H.N. Fowler (Loeb, 1925): https://plato-scroll.com/text/phil-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/phil-e.txt - Floyer Sydenham, ed. Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/phil-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [11a] Sócrates: Ve, Protarco, qué razonamiento estás ahora dispuesto a aceptar de Filebo, y contra cuál de los nuestros dudar, si no te pareciere dicho según tu saber y entender. ¿Quieres que recapitulemos los dos? [11b] Protarco: Perfectamente. [11b] Sócrates: Pues bien: Filebo afirma que, para todos los vivientes, goce, placer, jocundidad y cosas por el estilo, son un bien; mas lo para nosotros dudoso no es esto; sino que sapiencia, entendimiento, memoria y lo a esto emparentado: opinión correcta y razonamientos verdaderos, son bienes mejores y más volibles que el placer para todos aquellos que de ellos sean capaces de participar; y que para los que puedan actualmente o en el futuro hacerse con todos ellos son superlativamente provechosos. Por tu parte, y mía, Filebo, ¿no la afirmamos más o menos así? [11c] Filebo: Pues, por cierto, Sócrates, de todo en todo. [11c] Sócrates: ¿Aceptas, Protarco, este enunciado tal cual se acaba de dar? [11c] Protarco: No hay más remedio que aceptarlo, puesto que nuestro Filebo, el bello, está renuente. [11c] Sócrates: ¿Es preciso tantear, pues, de todas las maneras lo que en ellos haya de verdadero? [11d] Protarco: Pues es preciso. [11d] Sócrates: Vamos, pues, a convenirnos, además de en esto, en estotro. [11d] Protarco: ¿En qué? [11d] Sócrates: En que cada uno de nosotros intentará declarar cuál es el hábito y disposición del alma capaz de proporcionar una vida bienaventurada a todos los hombres. ¿No será así? [11d] Protarco: Sea, pues, así. [11d] Sócrates: ¿Vosotros, pues, estaríais por la disposición de gozar; nosotros, por la de la sapiencia? [11d] Protarco: Así es. [11d] Sócrates: ¿Qué si apareciera otra, superior a éstas? Si pareciere tal disposición como más congénere con el placer, ¿no quedaremos vencidos ambos por una vida, poseedora más seguramente de tal superioridad, venciendo en tal caso la vida de placer a la vida de sapiencia? [12a] Protarco: Sí. [12a] Sócrates: Mas si pareciere ser más congénere con la sapiencia, ¿vence la sapiencia al placer, y éste es vencido? ¿Dais esto par así convenido? ¿O cómo? [12a] Protarco: A mí me parece así. [12a] Sócrates: ¿Y qué a Filebo? ¿Qué dices? [12a] Filebo: Me parece y me parecerá que siempre vencerá el placer; mas, Protarco, tú verás lo que haces. [12a] Protarco: Habiéndonos entregado, Filebo, el razonamiento, ya no serías dueño de convenir o no con Sócrates. [12b] Filebo: Dices verdad; salvo mi conciencia, y pongo por testigo ahora a la diosa misma. [12b] Protarco: “También nosotros testificamos de que dijiste lo que dices. Sin embargo, Sócrates, tanto que acceda Filebo a esto, o quiera lo que quiera, trataremos de continuar esto hasta su final. [12b] Sócrates: “Trataremos de ello, partiendo de esta misma diosa que Filebo dice llamarse “Afrodita”, pero cuyo más verdadero nombre es “Placer”. [12b] Protarco: Perfectamente. [12b] Sócrates: El recelo, Protarco, que siento hacia estos nombres de los dioses no es algo humano, sino va más allá del máximo miedo. En cuanto a Afrodita, la llamaré así, que u esto le agrada; mas en cuanto a Placer sé cuán vario es y, como dije, es preciso animarse a comenzar por él y considerar cuál es su naturaleza, pues sucede que suena al oído así, sencillo, cual algo uno; mas toma, por cierto, múltiples formas y en alguna manera disímiles entre sí. Velo: decimos del intemperante que se place; y, del morigerado, que se place en su moderación misma; que el más insensato y lleno de insensatas opiniones y esperanzas se place en ello; que el sensato se place en su misma sensatez; y quien de ambas clases de placeres dijera que son semejantes entre sí, ¿no parecería, y con justicia, insensato? [12d] Protarco: Proceden, Sócrates, de opuestas cosas; mas ellos mismos no son opuestos, porque ¿cómo no va a ser semejantísimo, más que todas las cosas, un placer a otro, siendo lo mismo consigo mismo? [12e] Sócrates: Y lo es, daimoníaco, un color a otro; ya que, en eso mismo de ser color, a todos ellos nada los separe. Sin embargo, todos sabemos que, en eso de ser distintos y aun opuestísimos, lo son lo negro y lo blanco. Y según esto mismo lo es figura a figura: que todas son de un solo género; mas las partes de él son algunas opuestísimas entre sí, y se da el caso de tener otras miles y miles de diferencias. No te fíes, pues, de este razonamiento que de lo más opuesto hace uno. Mas me temo que encontremos algunos placeres opuestos a otros. [13a] Protarco: Tal vez. Pero, ¿por qué esto va a estropear al razonamiento? [13a] Sócrates: Porque afirmaremos que, siendo desemejantes, los denominas con nombre diverso, ya que dices que todo lo placentero es bueno; mas nadie pone en duda que lo placentero no sea placentero. Empero, siendo malas las más de las cosas placenteras, y algunas, buenas, como afirmamos nosotros, no obstante eso las llamas a todas “buenas”; mas admitirías que son disímiles si alguien con razonamiento te pusiera en aprietos. ¿Qué es, pues, lo idéntico por igual en los placeres malos y en los buenos por lo que a todos denominas un “bien”? [13b] Protarco: ¿Cómo dices, Sócrates? Crees que alguien te va a conceder, habiendo puesto que el placer es lo Bueno, aguante que digas que hay placeres buenos; y otros, diferentes de ellos, malos? [13d] Sócrates: Con todo habrás de conceder que hay placeres diferentes entre sí; y algunos, opuestos. [13d] Protarco: Mas no en cuanto placeres. [13d] Sócrates: Volvemos, Protarco, una vez más al mismo razonamiento: que no hay placer diferente de otro; que, afirmamos, todos son semejantes, y que los ejemplos traídos ahora en nada nos afectan; más bien nos convenceremos y hablaremos lo mismo que los más ligeros y novicios en razonamientos. [13d] Protarco: ¿Por qué lo dices? [13d] Sócrates: Porque, si imitándote y defendiéndome, me atrevo a decir que lo desemejantísimo es lo más semejante a lo desemejantísimo, tendré que decir lo mismo que tú, y pareceremos más novicios de lo debido y el razonamiento se vendrá abajo y se nos escapará. Retrotraigámoslo, pues, y tal vez volviendo a las mismas, lleguemos a acuerdo mutuo. [13d] Protarco: ¿Cómo?, ¡dilo! [13d] Sócrates: Pongamos, Protarco, que yo soy una vez más el preguntado por ti. [13d] Protarco: ¿Acerca de qué? [13d] Sócrates: Sapiencia, ciencia y entendimiento, y cuantas cosas supuse y dije al principio ser buenas, preguntado acerca de “qué es” lo Bueno, ¿no recaerá esto en lo mismo que tu razonamiento? [13d] Protarco: ¿Cómo? [13d] Sócrates: Muchas, y en conjunto, todas las ciencias parecen ser ciencia, y algunas de ellas disímiles de otras. Mas caso de haber algunas que fueran opuestas, ¿sería digno de discutir ahora, si, temiendo eso mismo de que no hay ciencia que sea disímil de ciencia, se nos escurriera, cual cuento contado, el razonamiento y tuviéramos que salvarnos por virtud de alguna irracionalidad? [14a] Protarco: Mas esto no puede pasar, fuera de lo de salvarnos. Pero me complace que pase igual a tu razonamiento y al mío. Haya, pues, muchos placeres y disímiles, y muchas ciencias y diferentes. [14b] Sócrates: No disimulemos, Protarco, la diferencia entre lo Bueno —el mío y el tuyo; saquémosla al medio y seamos atrevidos, que, de alguna manera, nos informaremos, discutiendo, de si hay que afirmar que el placer es lo Bueno, o lo es la sapiencia o un tercero distinto de éstos. Porque no disputamos ahora precisamente sobre si lo que yo sostengo va a salir vencedor o lo que tú; mas hemos de pelear los dos a la una por lo más verdadero. [14b] Protarco: Pues, así ha de ser. [14b] Sócrates: Reafirmemos, pues, aún más, con el consentimiento este razonamiento. [14b] Protarco: ¿Cuál, por cierto? [14b] Sócrates: El que a todos los hombres perturba, quiéranlo o no lo quieran algunos a veces. [14b] Protarco: Habla más claramente. [14b] Sócrates: Hablo del que se nos ha venido encima, que es de maravillosa naturaleza. Que “uno sea muchos” y que “muchos sean uno” son maravillosas aserciones; y fácil es discutir con quien sostenga una de las dos. [14d] Protarco: ¿Hablas de cuando alguien me dice que yo, Protarco, uno por naturaleza, es muchos "me” opuestos unos a otros; afirmando que soy yo mismo grande y pequeño, pesado y ligero, y mil cosas por el estilo? [14d] Sócrates: Mas, por cierto, Protarco, has tú aducido esas ya populares maravillas sobre lo uno y los muchos, acerca de las que es convención universal, por decirlo así, que no se deben tocar por infantiles, fáciles y que resultan entorpecedoras, y grandemente, a los que las aceptan en los razonamientos. Pues lo mismo respecto de las actuales: cuando alguien, dividiendo mediante razonamiento, y a la vez, a cada cosa en sus miembros y partes, y conviniendo en que todos ellos son lo “uno” dicho, refuta, burlándose, de haber hablado forzado de monstruosidades: que “lo uno es muchos”, “y aun infinitos” y que "los muchos son tan solo uno”. [14e] Protarco: ¿De qué otras monstruosidades, Sócrates. [14e] hablas, que aún no sean populares convenciones acerca de este [15a] Sócrates: De cuando, muchacho, no se afirma sea “uno” [15a] lo engendrable y perecible, como lo decíamos hace un momento; porque tal unidad, lo acabamos de decir, no necesita. [15a] según convención, de refutación. Mas cuando se pretende afirmar que Hombre es uno y que Buey es uno, que lo Bello Es uno y que es uno lo Bueno, acerca de éstas y semejantes unidades el gran interés por la división se trueca en duda. [15a] Protarco: ¿Cómo? [15b] Sócrates: Ante todo, acerca de si hay que suponer existan en verdad tales unicidades; después, sobre cómo ellas, siendo siempre cada una y la misma, y no admitiendo ni génesis ni perecimiento, sin embargo, es cada una de manera firmísima ésta y una; después de lo cual hay que ponerla a ser en los engendrados y en infinitos, y Si, dispersa en ellos, hácese muchos; y, si está toda ella fuera de sí misma, pasa lo que parecería ser lo más imposible: estar siendo la misma y una, a la una, en uno y además en muchos. Tales imposibilidades concernientes a uno y muchos, y no aquellas otras, son, Protarco, causa de todo desconcierto, en caso de no haberse convenido bellamente sobre ellas; y causa de concierto, si bellamente. [15c] Protarco: Así que, Sócrates, nos es necesario ante todo trabajar en este punto. [15c] Sócrates: Así lo afirmaría. [15c] Protarco: Supón, pues, que todos nosotros convenimos contigo acerca de esto. Pero tal vez sea mejor no inquietar ahora con repreguntas al bellamente quieto Filebo. [15d] Sócrates: Sea, ¿por dónde, pues, comenzar esta batalla, grande y compleja, acerca de lo puesto a discusión? ¿No de aquí? [15d] Protarco: ¿De dónde? [15d] Sócrates: Por razonamientos afirmamos que “uno y muchos son lo mismo”, y que circula tal identidad por todas partes, y en cada cosa de que hablemos siempre, desde siempre y ahora; ni cesará alguna vez ni comenzará ahora, pues, como me parece, es algo inmortal de los razonamientos y afección no envejecible en nosotros. Mas joven que de ello haya una vez gustado se siente cual si hubiera hallado un tesoro de sabiduría; se entusiasma por tal deleite, y encantado pone en movimiento todo razonamiento, a veces hacia La una de dos: circulando y enrollando todo hacia “lo Uno”; otras, desarrollando y detallando. Así comienza, sobre todo, a caer él en desconcierto; después, y siempre, caerá quien esté su lado, sea otro más joven o más viejo; o, por azar, de su misma edad; no perdona ni a padre ni a madre ni a ninguno - de los oyentes y poco le falta para que tampoco a los animales, no sólo a los humanos; que ni perdonara a los bárbaros, si tuviera a mano un intérprete. [16a] Protarco: Pero, Sócrates, ¿no Ves que somos muchos, y todos jóvenes, y no temes que, contra tí, nos convengamos con- Filebo si nos insultas? No obstante, sabemos por qué lo dices; si hay alguna manera y traza de evadir decorosamente tal perplejidad, saliéndonos de este razonamiento, y de encontrar para él un camino más bello que éste, anímate, que, en lo posible, te acompañaremos, porque no es cosa pequeña el razonamiento presente, Sócrates. [16b] Sócrates: No lo hay, “muchachos”, como os llama al referirse a vosotros Filebo. No hay ni habrá camino más bello ue aquel del que soy enamorado eterno, mas que me ha dejado ya muchas veces, evadiéndome, yermo y perdido. [16b] Protarco: ¿Cuál es? No falta sino decirlo. [16b] Sócrates: No es muy difícil indicarlo; dificilísimo es servirse de él, porque todo lo que, de afín al arte; se ha hallado, por él resultó patente. Mira a qué me refiero. [16c] Protarco: Dilo, no más. [16c] Sócrates: Me parece evidentemente don de los dioses a los hombres, mediante Prometeo, desde que, de su compañía, fue arrojado junto con luminosísimo fuego. Que, por cierto, los antiguos, mejores que nosotros y habitantes más próximos a los dioses, nos entregaron esta tradición: que los siempre llamados “entes” se componen de Uno y Muchos, y poseen, innatos, límite e ilimitación. Estando esto así ordenado, es preciso que, en todo y en cada caso, busquemos siempre una idea que, por intrínseca, la hallaremos; si; pues, la captamos hemos de considerar después de una idea dos, si las hubiere, y después tres u otro número; y parecidamente de cada una de tales unidades, hasta que, según tal principio, se vea no sólo que lo Uno es uno y muchos e infinitos, sino aun cuántos; y no aplicar a la multitud la idea de infinito antes de que se vea enteramente el número de la multitud, cual comprendido entre uno e infinito. Entonces, y no antes, dejar que la unidad de cada cosa se pierda hacia el infinito. Como decía, pues, los dioses nos encomendaron el que investiguemos, aprendamos y nos enseñemos unos a otros de esta manera; mas los sabios entre los hombres de hoy hacen, a la buena ventura y más deprisa o despacio de lo debido, que “lo Uno sea muchos”; e, inmediatamente, que “lo Uno sea infinito”; escápanseles los intermedios; y por ellos se distingue el proceder nosotros dialéctica, o erísticamente en su turno, en nuestros respectivos razonamientos. [16e] Protarco: Me parece, Sócrates, comprender esto; pero otras cosas de las que hablas necesito ofrlas aun más declaradamente. [16e] Sócrates: Lo que digo, Protarco, resulta claro en las letras; aprehéndelo en esas mismas que te enseñaron. [17b] Protarco: ¿Cómo? [17b] Sócrates: El sonido, que por nuestra boca sale —por la de todos y cada uno— es uno y a la vez infinito en multitud. [17b] Protarco: Ciertamente. [17b] Sócrates: Y ni por lo uno o por lo otro somos uno más sabio que otro, ni por saber que es infinito o que es uno; mas lo que nos hace gramáticos es saber lo de cuántos y cuáles. [17b] Protarco: Verdaderísimo. [17b] Sócrates: Y es lo mismo lo que hace que uno sea músico. [17b] Protarco: ¿Cómo? [17c] Sócrates: El sonido, según tal arte, es uno en sí mismo. [17c] Protarco: ¿Cómo no? [17c] Sócrates: Mas pongamos dos sonidos: grave y agudo, y un tercero intermedio. ¿Es así? [17c] Protarco: Así es. [17c] Sócrates: Pero no serías todavía sabio en música conociendo tan sólo esto; aunque su ignorancia, por decirlo así, te haría incapaz del todo para ella. [17c] Protarco: De seguro. [17c] Sócrates: Mas, querido, después de aprehender cuántos y cuáles son los intervalos del sonido, en cuanto a grave y agudo, y los límites de los intervalos y cuántas combinaciones resultan de ellos —descubriendo lo cual nuestros antellama “armonía”— y lo que de semejantes afecciones se engendra en los movimientos del cuerpo que, mensurados como están necesariamente por números, hay que llamar "ritmos” y denominar “metros”, y entender que de tal manera hay que considerar toda unidad y multitud; cuando así comprendas todo esto, habrás llegado a ser sabio en esto, y cuando captes de esta manera cualquier otra unidad de cualquier cosa, te habrás hecho así competente en esto; pero la infinidad de particulares y la multitud dentro de cada uno hará tu pensamiento parecidamente indefinido, y no racional ni aritmetizado, ya que no se llega en ninguno de estos casos a ningún número definido. [17e] Protarco: Bellísimo me parece, Filebo, lo que acaba de decir Sócrates. [18a] Filebo: Y a mí, lo mismo; mas, ¿qué ú nosotros de tal razonamiento, y qué se intentaba con él? [18a] Sócrates: Correctamente, Protarco, acerca de esto, nos ha preguntado Filebo. [18a] Protarco: Así es: respóndele, pues. [18a] Sócrates: Lo haré dilatándome un poco acerca de este mismo punto. Porque, así como decimos que, si uno toma una unidad cualquiera no ha de mirar inmediatamente hacia la naturaleza de lo infinito, sino hacia un número determinado, parecidamente, aunque al revés, cuando tenga que comenzar tomando lo infinito no ponga su mente inmediatamente en lo uno, sino en un número que incluya una cierta multitud; y terminar así, de todos, en uno. De nuevo captemos en las letras lo dicho. [18b] Protarco: ¿Cómo? [18b] Sócrates: Cuando o algún dios o algún hombre divino percibió la infinidad de lo fonético —cual se dice en Egipto que la pasó a un cierto Teut— fue el primero en percibir que lo fonético en tal infinidad no era uno sino más, y que había además otras cosas diferentes que no son fónicas, mas participan de sonido, y que el número de ellas es también definido. A la vez distinguió un tercer eidos: el que ahora llamamos “áfono”. Después de lo cual distinguió entre insonas y áfonas, hasta llegar a cada una; y entre las fónicas e intermedias; de igual manera, hasta que captó el número en cada clase, y a todas ellas puso por nombre el de “elemento”. Viendo, pues, que ninguno de nosotros llegaría a aprender lo que es cada una en cuanto “ella misma”, sin aprender todas las demás, consideró tal vínculo como una cierta unidad y cual haciendo de todas, de alguna manera, una, las denominó, y asignó al arte gramatical. [18d] Filebo: Entiendo esto, Protarco, más claramente que aquello, en cuanto a su correlación; mas aún echo en falta algo, como anteriormente, respecto del razonamiento presente. [18d] Sócrates: ¿Tal vez, Filebo, qué es lo que esto tiene que ver con el tema? T [18d] Filebo: Sí; esto es lo que, desde hace rato, estamos buscando yo y Protarco. [18d] Sócrates: ¿Que, como afirmas, lo buscáis desde hace rato?, si ya lo tenéis! [18e] Filebo: ¿Cómo así? [18e] Sócrates: ¿Que desde el principio no versaba nuestro razonamiento sobre cuál de los dos: sapiencia y placer había de elegirse? [18e] Filebo: ¿Cómo no? [18e] Sócrates: Y por cierto afirmábamos que cada uno de ellos es uno. [18e] Filebo: Ciertamente. [18e] Sócrates: ¿Pues, no es esto lo que precisamente pedía el anterior razonamiento: cómo es cada uno de ellos uno y muchos; y cómo no son, inmediatamente, infinitos, sino que cada uno posee un cierto número, previamente a hacerse cada uno infinito? [19a] Protarco: Filebo, no es pequeña cuestión a la que Sócrates, no sé de qué manera llevándonos en círculo; nos ha conducido. Consideremos, pues, quién - de los dos va a responder a la cuestión, aunque tal vez sea ridículo el que yo, habiendo tomado sobre mí del todo el razonamiento, te lo , encomendara de nuevo, por no poder responder a lo que de presente se pregunta. Pero fuera aún más ridículo si no pudiéramos ninguno de los dos. Mira, pues, qué haremos. Porque me parece estar preguntando, Sócrates, sí hay o no hay eídoses de placer, cuántos y cuáles, y lo mismo respecto (e la sapiencia. [19b] Sócrates: Verdaderísimamente hablas, hijo de Calías, porque si no podemos hacer eso respecto de todo lo uno, semejante, idéntico y sus contrarios, como nos lo muestra el anterior razonamiento, no valdríamos jamás ninguno de nosotros para nada. [19c] Protarco: Casi me parece, Sócrates, que es así. Pero es bello el que el sapiente conozca todo. Lo segundo, y mayor, me parece el no ignorarse a sí mismo. Te explicaré por qué te digo esto ahora. Tú mismo, Sócrates, nos has proporcionado esta conversación a todos nosotros y te has prestado a ti mismo a definir cuál es la óptima de las posesiones humanas. Porque, diciendo Filebo que lo eran el placer, la jocundia, el goce y semejantes, objetaste que no lo eran éstos sino aquéllas que tan gustosamente y tantas veces recordamos; y hacemos bien para que, depositadas en la memoria, examinemos unos y otras. Mas tú afirmas, al parecer, que el bien a proclamar correctamente como mejor que el placer es la inteligencia, la ciencia, la juiciosidad, el arte y todas sus congéneres, que éstas son las a poseer, y no aquéllas. Puesto todo lo cual a discusión, te amenazamos en broma con no dejarte volver a casa antes de alcanzar, definiendo, satisfactorio término de estos razonamientos. Conviniste en ello y te prestaste a ello. Mas decimos nosotros ahora, cual los niños, que «lo que se da no se quita». Cesa, pues, de esta manera de proceder con nosotros respecto del tema presente. [19e] Sócrates: ¿De qué procedimiento hablas? [20a] Protarco: Embalarnos en aporías y preguntarnos sobre lo que, de momento, no podríamos darte satisfactoria respuesta. Porque no vemos sea final propio de lo presente nuestro desconcierto total. Si, pues, nosotros no podemos hacerlo, tú has de hacerlo. Reflexiona respecto de esto tú mismo si hay que distinguir, o dejar, eso de eídoses de placer y de ciencia, caso de que seas capaz de hacerlo de otra manera y quieras declarar. [20a] también de nuevo, lo que estamos en duda. [20b] Sócrates: Nada de terrible tengo que prever, si lo dices así, porque eso de "si quieres” disipa todo miedo sobre estos puntos. Además de que me parece que un cierto dios nos ha hecho recordar algo. [20b] Protarco: ¿Cómo y de qué? [20b] Sócrates: Ahora pienso, en ciertos razonamientos oídos tiempo ha en sueños, o tal vez despierto, acerca de placer y sapiencia, cual si ninguno de los dos fuera lo Bueno, sino lo fuera un tercero, distinto de ellos, pero mejor que ambos. Mas si ahora nos pareciere claramente ser así, el placer quedaría sin victoria, ya que lo Bueno no resultaría ya idéntico con él. ¿No es así? [20c] Protarco: Así es. [20c] Sócrates: Mas en mi opinión no necesitaremos ya más de esa división entre eídoses de placer; lo que se aclarará más aún conforme progresemos. [20c] Protarco: Bellísimamente, continúa y termina. [20c] Sócrates: Convengamos primero en ciertas pequeñeces. [20c] Protarco: ¿Cuáles? [20d] Sócrates: ¿No es el Lote propio de lo Bueno el de ser necesariamente perfecto, o el de imperfecto? [20d] Protarco: El de ser de todo en todo, perfectísimo, Sócrates. [20d] Sócrates: Mas, ¿qué?; ¿se basta a sí mismo lo Bueno? [20d] Protarco: ¿Cómo no?, y en esto supera a todas las Cosas. [20d] Sócrates: Esto, por cierto, creería ser lo más necesario de decirse acerca de él: que quien lo conoce sale en su caza y persecución con voluntad de captarlo y poseerlo en sí mismo, sin preocuparse en nada más, fuera de lo que se alcance junto con bienes. [20d] Protarco: No hay cómo negarlo. [20e] Sócrates: Consideremos, pues, y juzguemos, mirándolas por separado, a las vidas de placer y de sapiencia. [20e] Protarco: ¿A qué te refieres? [20e] Sócrates: A que ni en la vida de placer haya sapiencia; ni en la de sapiencia, placer. Porque, si necesariamente, una L de las dos es lo Bueno, ninguna de ellas necesita de nada más; que si pareciera necesitar de algo, ya no fuera, en realidad, lo bueno para nosotros. [21a] Protarco: ¿Cómo lo fuera? [21a] Sócrates: ¿Trataremos, pues, de poner a prueba esto en ti? [21a] Protarco: Del todo. [21a] Sócrates: Responde, pues. [21a] Protarco: Di. [21a] Sócrates: ¿Aceptarías, Protarco, vivir tu vida íntegra complaciéndote en los placeres máximos? [21a] Protarco: ¿Cómo no? [21a] Sócrates: ¿Creerías necesitar aún de algo más si poseyeras esto perfectamente? [21a] Protarco: De modo alguno. [21a] Sócrates: Mira, no obstante: ¿no te harían falta aún sapiencia, inteligencia y cálculo de lo necesario, y lo a esto parecido? [21b] Protarco: ¿Cómo, si tendría ya todo con el goce? [21b] Sócrates: Así, pues, ¿viviendo de esta manera gozarías durante la vida de los máximos placeres? [21b] Protarco: Pero, ¿cómo no? [21b] Sócrates: Mas no poseyendo inteligencia, memoria, ciencia y opinión verdadera, ante todo y sobre todo, ¿no ignorarías necesariamente si gozas o no, vacío como estás de toda sapiencia? [21b] Protarco: Necesariamente. [21b] Sócrates: Y parecidamente: privado de memoria, ignorarías de necesidad hasta de si gozaste alguna vez; y del placer, que de momento te sobreviniera, no guardarías memoria alguna; y no poseyendo opinión verdadera, no creerías que gozas gozando; y por falta de cálculo, no podrías calcular si posteriormente gozarás; tu vida no fuera la de hombre, sino la de algún marisco o la de esos cuerpos marinos vivientes en concha. ¿Es esto así, o podemos concebir se haya de diferente manera? [21d] Protarco: ¿Cuál fuera? [21d] Sócrates: ¿Nos es de elegir tal vida? [21d] Protarco: Este razonamiento, Sócrates, me dejó del todo mudo por el momento. [21d] Sócrates: No cedamos aún; veamos la vida de los que participan de inteligencia. [21d] Protarco: ¿A qué tipo de vida te refieres? [21d] Sócrates: A si alguno dé nosotros aceptara vivir poseyendo sapiencia, inteligencia, ciencia y memoria perfecta de todo, mas no participando tampoco, ni mucho ni poco, de placer o de dolor, sino siendo absolutamente impasible respecto de todo esto. [21e] Protarco: Ninguna de estas dos vidas, Sócrates, es de elegir; y no creo que se lo parezca a nadie. [22a] Sócrates: ¿Y qué de ambas a la una, Protarco, hecha una vida conjunta por mezcla de las dos? [22a] Protarco: ¿Te refieres a una mezcla de placer con inteligencia y sapiencia? [22a] Sócrates: A ésta y con tales elementos me refiero. [22a] Protarco: Todo el mundo preferirá, sin duda, esta vida a una sola de aquellas dos; y además no tan sólo una sí, y otra no. [22a] Sócrates: ¿Caemos en cuenta de lo que nos está pasando en los razonamientos presentes? [22a] Protarco: Ciertamente. Se nos presentan tres vidas; y de dos de ellas ninguna resulta satisfactoria o preferible ni para hombres ni para viviente alguno. [22b] Sócrates: ¿No está, pues, claro que ninguna de las dos es lo Bueno? Porque si fuera alguna de ellas satisfactoria, perfecta y elegible para todos: plantas y animales, pudieran vivir según ella toda la vida. Mas si eligiera alguien otra, lo hiciera contra la naturaleza de lo verdaderamente elegible, involuntariamente: por ignorancia o por alguna malhadada necesidad. [22b] Protarco: Me parece ser así. [22c] Sócrates: Me parece, pues, haber probado suficientemente que la diosa de Filebo no es idéntica con lo Bueno. [22c] Filebo: Pero ni aun tu inteligencia, Sócrates, es lo Bueno; que estará expuesta a las mismas objeciones. [22c] Sócrates: Tal vez Filebo, lo esté la mía; mas no por cierto la verdadera, la que creo ser además divina, que ésta se ha de diferente manera. Hasta no dudo de que el primer premio de victoria sea para la vida conjunta, y no para la inteligencia; mas habríamos de ver y mirar qué hacemos con el segundo, porque tal vez uno encauce a la inteligencia de ser causa de esta vida conjunta; y otro, al placer, caso en el que ninguna de las dos sería lo Bueno, aunque pudiera admitirse que una de las dos fuera su causa. Acerca de este punto pelearía, más bien, contra Filebo; que, en esa vida mezclada, lo que hace que tal vida resulte, a quien la tomare, preferible y juntamente buena, no es el placer. Lo más congénere y semejante a ella es la inteligencia; y según este razonamiento ni el primero ni el segundo premio habría de atribuirse, con verdad, al placer. Quedaría aun más allá del tercero, si habéis de confiar ahora en mi inteligencia. [22e] Protarco: Por cierto, Sócrates, me parece que el placer ha sucumbido, cual a golpes, a tus razonamientos presentes; peleó por la victoria; yace derrotado. En cuanto a la inteligencia, parece, hay que decir que, sensatamente, no contendió por la victoria; le habría pasado lo mismo. Mas, de quedar el placer privado del segundo, caería en total deshonor ante sus amantes, porque ni siquiera les parecería ya tan hermoso. [23a] Sócrates: Pues bien: ¿no es mejor dejarlo ya a su suerte y no apenarlo sometiéndolo y refutándolo can extremado rigor? [23a] Protarco: Sin sentido, Sócrates. [23b] Sócrates: ¿Que dije algo imposible: apenas al placer? [23b] Protarco: No sólo eso, sino que ignoras que ninguno de nosotros te soltará hasta que hayas puesto su final al razonamiento sobre estos puntos. [23b] Sócrates: ¡Caramba, Protarco!, ¡largo razonamiento nos queda, y, por cierto, nada fácil! El salir en favor de la inteligencia por el segundo lugar me parece necesitar de otro artilugio, cual de otras armas arrojadizas, diferentes de los anteriores razonamientos. Tal vez haya algunos, aparte de estos. ¿Hace falta, pues? [23b] Protarco: ¿Cómo no? [23b] Sócrates: Tratemos de poner buen cuidado desde su principio. [23b] Protarco: ¿A qué principio te refieres? [23b] Sócrates: Dividamos todas las cosas del universo en dos; y aun mejor, si quieres, en tres clases. [23b] Protarco: ¿Me explicarías según qué principio? [23b] Sócrates: Tomemos algo de nuestros presentes razonamientos. [23b] Protarco: ¿Qué? [23b] Sócrates: ¿Dijimos una vez que dios puso de manifiesto que hay en los seres dos cosas: lo infinito y lo finito? [23b] Protarco: Ciertamente. [23b] Sócrates: Tomemos a los dos como dos eídoses, y, como tercero, algo “uno” resultante de la mezcla de ambos. Me parece que estoy haciendo bastante el ridículo dividiendo según eídoses y enumerando. [23d] Protarco: ¿Qué pretendes decir?, bueno de Sócrates. [23d] Sócrates: Que me parece hacer falta aún un cuarto género. [23d] Protarco: Di cuál. [23d] Sócrates: Considera la cansa de la mezcla de los dos entre sí; y añádeme a aquellos tres este cuarto. [23d] Protarco: ¿No necesitará además un cierto quinto, capaz de discriminarlos? [23d] Sócrates: Tal vez; mas no creo que por ahora; pero si hiciera falta, perdóname que vaya en persecución de ese quinto. [23e] Protarco: Naturalmente. [23e] Sócrates: Primero, tomemos de los cuatro tres; y viendo que dos de ellos se escinden y se disyungen cada uno en muchos, tratemos, reconduciéndolos a unidad, de entender cómo cada uno de ellos era uno y muchos. [23e] Protarco: Si hablaras de esto con mayor claridad, tal vez podría seguirte. [24a] Sócrates: Digo, pues, que los dos propuestos en primer lugar son los mismos que hace un momento: lo infinita. [24a] , lo finito. Mas trataré de explicarte que, de algunamanera, lo infinito es muchos; lo finito, que nos aguarde. [24a] Protarco: Aguarda. [24a] Sócrates: Pon atención, porque lo que te pido consideres es difícil y sujeto a dudas; no obstante considéralo. Ante todo mira: si, respecto de más caliente y de más frío, concibes un límite, o si el más.y el menos, que en frío y caliente habitan de por nacimiento, mientras de más y menos están participando, no dejarían que surgiera un final, porque, surgido un fin, finen también frío y caliente. [24b] Protarco: Verdaderísimamente hablas. [24b] Sócrates: Afirmamos que siempre el Más y el Menos están en lo más caliente y lo más frío. [24b] Protarco: Sin duda. [24b] Sócrates: Así que el razonamiento nos indica siempre que ninguno de los dos tiene fin-final; siendo, pues sin-fin, resultarían de todo en todo in-finitos. [24b] Protarco: Y reforzadamente, Sócrates. [24b] Sócrates: Lo has captado bien, amigo Protarco, y me has recordado que eso de “reforzadamente”, que empleaste, y lo de “tranquilamente” tienen igual fuerza que “más y menos”; pues cuando aquéllos dos están presentes no permiten que nada sea definidamente tanto; mas siempre, introduciendo el más y el menos, producen en cada caso un más fuerte respecto de un más tranquilo e inversamente, haciendo así desvanecerse toda delimitada cantidad. Porque lo que acaba de decirse: que si no hicieran desvanecerse la cantidad delimitada, mas permitieran que ella y la medida surgieran en la morada del Más y del Menos, del fuertemente y tranquilamente, todo esto huiría de las propias regiones en que está, porque ya no habría ni más caliente ni más frío, apenas recibieran cantidad determinada, porque lo más caliente y parecidamente lo más frío, progresan y no permanecen siempre, mientras que la cantidad delimitada se estancó y cesó de avanzar. Según, pues, este mismo razonamiento haríamos ilimitados a la vez a ambos: a lo más caliente y a lo contrario. [24d] Protarco: Tal parece, Sócrates; mas no resulta fácil seguir lo que dijiste; mas diciéndolo una y otra vez, pudiera ser que preguntador y preguntado llegaran a suficientemente claro acuerdo. [24e] Sócrates: Dices bien; tratemos de hacerlo. Mira si, para no dilatarnos enumerando casos y casos, aceptaríamos, cual nota distintiva de la naturaleza de lo ilimitado, ésta: [24e] Protarco: ¿A cuál te refieres? [24e] Sócrates: Todas las cosas que nmos parezcan hacerse más o menos, que admitan lo de fuerte o tranquilamente, lo demasiado y todo lo parecido, habrán de ponerse todas ellas en el género de lo ilimitado cual hacia su unidad, según lo que afirmamos en el razonamiento anterior, si es que lo recuerdas; que es preciso, recolectando todo lo disperso y disyungido, imprimirle, en lo posible, el sello de una naturaleza. 1 [25a] Protarco: Me acuerdo. [25a] Sócrates: Según esto: todo lo que no admita estas notas, sino las contrarias a ellas —primeramente lo igual y la igualdad, después de lo igual To doble o cualquiera cosa que tenga número respecto de número o medida respecto de medida—, ¿no creeríamos proceder bellamente contándolo por finito? ¿O cómo lo dirías tú? [25b] Sócrates: Sea: respecto del tercero: de lo mezclado de estos dos, ¿qué idea diremos tiene? [25b] Protarco: Creo que tu explicación lo será para ti y para mí. [25b] Sócrates: Mejor, que dios la dé, si es que hay un dios que escuche mis ruegos. [25b] Protarco: Ruega y atiende. [25b] Sócrates: Atiendo; que me parece, Protarco, que uno de los dioses se nos hace benévolo en este momento. [25c] Protarco: ¿A qué te refieres y de qué testimonio echas mano? [25c] Sócrates: Te lo explicaré, claro está. Sigue tú mi razonamiento. [25c] Protarco: Dilo sin más. [25c] Sócrates: Hablábamos hace un momento de “más caliente y de más frío”. ¿No es así? [25c] Protarco: Sí. [25c] Sócrates: Añádeles “más seco y más húmedo”, “mayor y menor”, “más veloz y más lento”, “más grande y más pequeño”, y todo lo que anteriormente pusimos bajo la unidad de la naturaleza que admita mayor y menor. [25d] Protarco: ¿Te refieres a la de lo ilimitado? [25d] Sócrates: Sí. Mezcla con ella lo que viene después: ese engendro que es el límite: [25d] Protarco: ¿A cuál te refieres? [25d] Sócrates: Al engendro de lo limitiforme que debemos ahora precisamente reducir a unidad, al modo que antes redujimos a unidad el de lo ilimitado; mas no lo redujimos, aunque pudiera ser resultara ahora lo mismo, si, unificados los dos, quedase en claro el tercero. [25d] Protarco: ¿A cuál te refieres y en qué sentido? [25d] Sócrates: Al de igual y doble y a cualquier cosa en que cese la diferencia mutua entre contrarios, y que, imponiendo simetría y sinfonía, introduzca el número. [25e] Protarco: Entiendo. Me parece que dices que, mezclando esas cosas, surgen, en cada caso, ciertos engendros. [25e] Sócrates: Te lo parece correctamente. [25e] Protarco: Continúa, pues. [25e] Sócrates: Pues en el caso de enfermedades, ¿la correcta combinación de aquéllas engendra la naturaleza propia de Salud? [25e] Protarco: De todo. en.todo es.así. - [25e] Sócrates: En el caso de agudo y grave, veloz-y lento, que son ilimitados, ¿no son los tales, intrinsecados, los que producen, a la vez, límite, y componen, de manera perfecta. [25e] Protarco: Bellísimamente, por cierto. [25e] Sócrates: Y en el caso de tiempo frío y caliente, introducidos ellos, ¿no eliminan la demasía y lo ilimitado, produciendo, a la vez, lo mensurado y lo simétrico? [25e] Protarco: ¿Cómo no? — [26b] Sócrates: ¿Así que de ellas han procedido las estaciones y cuanto de bello hay entre nosotros, mezcladas cosas ilimitadas con las que participan de límite? [26b] Protarco: Pero, ¿cómo no? [26b] Sócrates: Dejo de mencionar miles de casos, cual belleza y robustez con salud, y, en las almas, otros muchísimos y bellísimos. Viendo, pues, la diosa, bello Filebo, la desmesura y perversidad universal, por no tener ni placeres ni saciedad intrínseco un límite, impuso ley y orden, que poseen límite. Tú afirmarás que la diosa los estropeó; yo, por el contrario, que los salvó. ¿Qué te parece de esto, Protarco? [26c] Protarco: Muy puesto en razón, Sócrates. [26c] Sócrates: He hablado, según esto, de los tres géneros; nótalo. [26c] Protarco: Creo comprenderlo; me parece que dices ser lo Ilimitado uno; uno y segundo, el Límite en las cosas; mas no capto gran cosa lo que quiere decir el tercero, W [26c] Sócrates: Te desconcertó, admirable de Protarco, la muchedumbre de engendros en el tercer género; aunque también lo Ilimitado comprendía muchos géneros; no obstante, por llevar el sello de lo Más y de su contrario, pareció uno. [26d] Protarco: Es verdad. [26d] Sócrates: En cuanto a límite, ni encerraba multitud ni nos causó dificultad eso de si era, de natural, uno. [26d] Protarco: ¿Cómo pudiera? [26d] Sócrates: No hay manera. En cuanto al tercer género, afirma que digo poner en unidad todo engendro de los otros dos que venga a esencia, creado por cooperación de las medidas con el límite. [26d] Protarco: Comprendo. [26e] Sócrates: Mas afirmamos deber considerarse, además de los tres géneros, un cuarto; sea en común la consideración. Mira si te parece ser necesario el que todo lo que se engendra se engendre por alguna causa. [26e] Protarco: Me lo parece; porque, ¿cómo se engendraría de otra manera? [26e] Sócrates: ¿La naturaleza de “agente” sólo se diferencia, por el nombre, de la de “causa”, ¿de modo que agente y causa, propiamente hablando, serían uno? [26e] Protarco: Correctamente. [27a] Sócrates: Y según esto mismo hallaremos de nuevo que “hecho” y “engendrado” no se diferencian sino en el nombre. ¿O no es así? [27a] Protarco: Así es. [27a] Sócrates: ¿Mas el agente conduce siempre, por naturaleza; mientras que lo hecho, por ser engendrado, sigue a aquél? [27a] Protarco: Ciertamente. [27a] Sócrates: No son, pues, lo mismo causa y lo que ayuda a la causa en el engendramiento. [27a] Protarco: ¿Cómo lo fuera? [27a] Sócrates: ¿Así que las cosas engendradas y aquellas de que se engendran todas nos han presentado los tres géneros? [27a] Protarco: Enteramente. [27b] Sócrates: Y lo que decimos ser el productor de todo esto: el cuarto, la Causa, ¿no queda mostrado suficientemente ser algo diverso de aquéllos? [27b] Protarco: Diverso, en realidad. [27b] Sócrates: ¿No será, pues, correcto que, habiendo distinguido los cuatro, uno por uno, los enumeremos, en favor de la memoria, por orden? [27b] Protarco: ¿Cómo no? [27b] Sócrates: Al primero llamo “infinito”, al segundo, “límite”; después, al tercero, resultante de ellos, “esencia mezclada y engendrada”; ¿mas a la causa de la mezcla y engendramiento, llamándola "cuarta realidad” faltaríamos en algo? [27c] Protarco: ¿Y cómo? [27c] Sócrates: Bien, pues: ¿qué razonamiento sigue a éste y qué es lo que pretendemos, llegados aquí? ¿No era precisamente esto: investigar si el segundo lugar le corresponde al placer o a la sapiencia? ¿No era así? [27c] Protarco: Así es. [27c] Sócrates: Mas después de haber distinguido esto así, ¿no sería más bello el que lleváramos hasta su término la decisión acerca de primero y segundo lugar, sobre lo que se inició la disensión? [27c] Protarco: Tal vez. [27d] Sócrates: Pues bien: establecimos que vencía.una vida mixta de placer y de sapiencia. ¿No fue así? [27d] Protarco:. Lo fue. [27d] Sócrates: ¿Y no vemos ya cual es tal vida y a qué género pertenece? [27d] Protarco: ¿Cómo no? [27d] Sócrates: Afirmaremos que entra cual parte, pienso, en el tercer género, porque no es mezcla de dos cosas, sino de todas las infinitas vinculadas por el límite, de manera que, correctamente, esta vida victoriosa resultaría parte del tercero. [27d] Protarco: Enteramente correcto. [27e] Sócrates: ¡Sea!; ¿y qué, Filebo, de tu vida de placer, mas sin mezcla? ¿A cuál de los géneros mencionados, puestos a decir, diríamos correctamente que pertenece? Mas antes de declarármelo, responde a esto: [27e] Filebo: Di a qué. [27e] Sócrates: ¿Placer y dolor tienen límite, o son de lo que admite más y menos? [27e] Filebo: Sí; son de lo que más lo admiten Sócrates, porque el placer no sería todo el bien si no diera la suerte de ser, por naturaleza, infinito en multitud y en más. [27e] Sócrates: Ni el dolor sería todo el mal, Filebo; de modo que hemos de buscar algo diverso de la naturaleza de Infinito que proporcione a los placeres su parte de bien. Te concedo el que ambos son del género “infinito”. Mas, ¿en cuál de los géneros antedichos. Protarco y Filebo, podríamos, sin irreverencia, poner a sapiencia, ciencia e inteligencia?, porque no corremos, creo, pequeño peligro en acertar o no respecto de lo ahora preguntado. [28b] Filebo: Porque así, Sócrates, ensalzas a tu dios. [28b] Sócrates: Y tú, compañero, a la tuya. No obstante, lo preguntado pide respuesta. [28b] Protarco: Correctamente habla Sócrates, Filebo; hay, pues, que obedecerle. [28b] Filebo: Mas tú, Protarco, ¿no elegiste hablar por mí? [28b] Protarco: Ciertamente; aunque ahora estoy, Sócrates, un poco desconcertado y te suplico que te hagas mi intérprete para que no nos equivoquemos de defensor, y digamos algo fuera de tono.: [28b] Sócrates: Hay que obedecerte, Protarco; que no mandas nada difícil; mas, como dijo Filebo, ¿realmente te confundí con esa broma de "ensalzar”, al preguntarte de qué género eran inteligencia y ciencia? [28b] Sócrates: Pero es cosa sencilla: todos los sabios convienen, ensalzándose realmente a sí mismos, en que Inteligencia es, para nosotros, rey de cielos y tierra. Y tal vez lo digan bien. Mas, si quieres, investiguemos más por lo largo la cuestión sobre su género. [28d] Protarco: Dilo como quieras; no te preocupes, Sócrates, por lo largo, que no te harás pesado. [28d] Sócrates: Bellamente dicho. Comencemos, pues, con una pregunta. [28d] Protarco: ¿Cuál? [28d] Sócrates: ¿Afirmaremos que el conjunto de todas las cosas, y eso que se llama “Todo”, está encomendado a un poder irracional y a la suerte, a lo que saliere, o, por el contrario, tal como lo dijeron nuestros antepasados, están ordenados y gobernados por Inteligencia y por cierta admirable sabiduría¹ [28d] Protarco: Nada de aquéllo, admirable de Sócrates; porque eso que acabas de decir no me parece ni piadoso. Pero afirmar que Inteligencia ordena todo, me parece digno del aspecto del mundo, de Sol, Luna, astros y de la revolución total, y acerca de esto ni hablaría ni opinaría jamás de otra manera. [28e] Sócrates: ¿Quieres, pues, que nosotros también consonemos con la admisión de nuestros antepasados: que esto es así, y no solamente pensemos que es preciso repetir sin peligro lo ajeno, sino compartir el peligro y participar del «οὐδὲν τῶν αὐτῶν, ὦ θαυμάσιε Σώκρατες: ὃ μὲν γὰρ σὺ νῦν λέγεις, οὐδὲ ὅσιον εἶναί μοι φαίνεται. τὸ δὲ νοῦν πάντα διακοσμεῖν αὐτὰ φάναι καὶ τῆς ὄψεως τοῦ κόσμου καὶ ἡλίου καὶ σελήνης καὶ ἀστέρων καὶ πάσης τῆς περιφορᾶς ἄξιον, καὶ οὐκ ἄλλως ἔγωγ᾽ ἄν ποτε περὶ αὐτῶν εἴποιμι οὐδ᾽ ἂν δοξάσαιμι. βούλει δῆτά τι καὶ ἡμεῖς τοῖς ἔμπροσθεν ὁμολογούμενον» (Burnet, 28e) [28e] LA reproche, si varón atrevido afirmare que todo esto no pasa así, sino sin orden? [28e] Protarco: ¿Cómo no lo querríamos? [28e] Sócrates: Bien, pues; atiende al razonamiento que, acerca de este punto, se nos viene encima. [28e] Protarco: Dilo sin más. [28e] Sócrates: Vemos de alguna manera que los elementos pertenecientes a la naturaleza de los cuerpos de todos los vivientes, que fuego, agua, aire y aun tierra, están, como dicen los marineros, en tempestad, “intrínsecos en la situación”. [29b] Protarco: Y mucho que lo están; porque, en realidad, estamos en tempestad por el desconcierto de los presentes razonamientos. [29b] Sócrates: Pues bien: acerca de los elementos que están en nosotros considera esto: [29b] Protarco: ¿Qué? [29b] Sócrates: Que cada uno de ellos se halla en nosotros en pequeño, débil y en modo alguno puro, y no con la potencia digna de su naturaleza. Cáptalo en uno, y piensa lo mismo de todos. Fuego lo hay, por ejemplo, entre nosotros; y también, en el Todo. [29c] Protarco: ¿Cómo no? [29c] Sócrates: Mas el que, entre nosotros, es pequeño, impotente y menospreciable; mas el que está en el Todo es admirable por la cantidad, hermosura y por el poder íntegro, propio del fuego. [29c] Protarco: Gran verdad es lo que dices. [29c] Sócrates: Pues bien: ¿el fuego del Todo se alimenta, engendra y gobierna por el que entre nosotros está?, o, al revés, ¿por aquél, el mío, el tuyo y el de los demás vivientes, obtienen todo eso? [29c] Protarco: Preguntas algo que no merece ni respuesta. [29d] Sócrates: Correctamente. Lo mismo dirás, creo, de la tierra que hay en los vivientes de acá y en la que en el Todo; y respecto de todos los demás elementos, sobre los que te pregunté hace poco, ¿responderías de parecida manera? [30a] Protarco: ¿Quién parecería estar sano si respondiera de otra? [30a] Sócrates: Ni uno. Sigue la continuación: ¿no daremos el nombre de “cuerpo” a todos los elementos dichos cuando veamos que se componen hacia unidad? [30a] Protarco: ¿Cómo no? [30a] Sócrates: Acepta y di lo mismo de eso que llamamos “universo”; de manera parecida sería cuerpo, compuesto de los mismos elementos. [30a] Protarco: Verdaderísimamente dicho. [30a] Sócrates: ¿De este tal cuerpo el muestro, o, aquél del nuestro, se alimenta, recibe y tiene todo lo que dijimos de ellos? [30a] Protarco: Aun esto Sócrates, no merece respuesta. [30a] Sócrates: Pues bien: ¿estotro la merecerá? ¿Qué dirás? [30a] Protarco: Di qué. [30a] Sócrates: ¿No afirmaremos que nuestro cuerpo tenga alma? [30a] Protarco: Es claro que lo afirmaremos. [30a] Sócrates: ¿De dónde, querido Protarco, lo sacamos sino de que el cuerpo del todo está animado, y tiene los mismos elementos, y aun de todo en todo más bellos? [30a] Protarco: Es claro, Sócrates, que de ninguna otra parte. [30a] Sócrates: Pues no vamos a creer, Protarco, que aquellos cuatro elementos: Finito e Infinito y lo Combinado, y el género de Causa —cuarto elemento que en todo' se halla, intrínseco, que a todo lo nuestro anima, imprime actividad corporal y es medicina del cuerpo debilitado y en otros reintegra otras cosas y que oímos llamar “sabiduría” total y multiforme, estando tales elementos en el Todo: en el cielo y en sus partes mayores, siendo además bellos y puros— no se hayan ingeniado para producir la naturaleza de los más bellos y venerandos. [30b] Protarco: No tuviera esto sentido alguno. [30c] Sócrates: Mas si no fuera así, diríamos mejor, según aquel otro razonamiento: que se da, tal como lo afirmamos, repetidas veces, mucho de ilimitado en el Todo y suficiente a de límite; y, además, una cierta Causa, no débil, que dispone y ordena años, estaciones y meses, y que en toda justicia, se llamaría “sabiduría” e “inteligencia”. [30c] Protarco: Justísimamente. [30c] Sócrates: Ahora bien: sabiduría e inteligencia no surgirían sin alma. [30c] Protarco: Pues no. [30d] Sócrates: Así que, en la naturaleza de Júpiter y por virtud de la Causa, surgen alma regia e inteligencia regia, y en otros dioses otras bellas calidades según las cuales les es amable se los llame. [30d] Protarco: Ciertamente. [30d] Sócrates: No creas, Protarco, que este razonamiento se haya hecho en vano; va en favor de lo desde antiguo declarado: que, siempre. Inteligencia impera en el Todo, aliada con los dioses. [30d] Protarco: Así es, pues. [30d] Sócrates: Has proporcionado conm esto respuesta a mi cuestión: que Inteligencia es del género de la llamada, entre los cuatro, “causa” de todo, y de los que ella nos era uno. Tienes con esto ya nuestra respuesta. [30e] Protarco: La tengo y muy más que suficiente, aunque se me pasara desapercibido el que me respondías. [30e] Sócrates: Descanso del esfuerzo, Protarco, resulta a veces la broma. [30e] Protarco: Bellamente dicho. [31a] Sócrates: De qué género sea, compañero, Inteligencia, y qué poder posea, queda, por el momento, de manera conveniente, mostrado. [31a] Protarco: Ciertamente, [31a] Sócrates: Igualmente quedó en claro cuál sea el género de Placer. [31a] Protarco: Y mucho. [31a] Sócrates: Recordemos además acerca de ambos que In- Inteligencia es afín y casi del mismo género que Causa;mas que Placer es ilimitado, y no tiene, de por sí, ni principio ni medio ni fin, ni lo tendrá. [31b] Protarco: Lo recordamos, ¿cómo no? [31b] Sócrates: Después de lo cual es preciso que veamos en qué consiste cada uno de ellos y por qué afección se engendra cuando se engendran. Y, primero, el placer; que así como fue tal género el primero que examinamos, séalo también ahora. Mas no podríamos tal vez examinar satisfactoriamente el placer sin el dolor. [31b] Protarco: Si de esta manera hay que proceder, procedamos de ésta. [31b] Sócrates: ¿No estamos tú y yo en claro acerca de su origen? [31b] Protarco: ¿De cuál? [31b] Sócrates: Según su naturaleza, me parece que dolor y placer se originan en el género común. [31b] Protarco: Amigo Sócrates, recuérdanos qué querías indicar con "común”, entre los géneros mencionados anteriormente. [31b] Sócrates: — Así se hará, a medida de mi poder, admirable. [31b] Protarco: Bellamente dicho. [31b] Sócrates: Por “común” entendamos el que dijimos ser tercero de los cuatro géneros. [31b] Protarco: ¿Te refieres al que sigue a ilimitado y límite, en el que colocaste a salud, creo que también a armonía? [31d] Sócrates: Bellísimamente dicho. Pero atiende cuanto más puedas. [31d] Protarco: Di sin más. [31d] Sócrates: Digo que, cuando se nos disuelve la armonía en los vivientes, surge al mismo tiempo disolución de la naturaleza y engendramiento de dolores. [31d] Protarco: Hablas verosímilmente. [31d] Sócrates: Mas, al recomponerse la armonía, y revertir a su propia naturaleza, ha de decirse que surge Placer, si es que con pocas palabras se ha de hablar brevemente de grandes Cosas. [31d] Protarco: Creo que hablas correctamente, Sócrates; mas tratemos de decir lo mismo de manera aún más clara. [31e] Sócrates: ¿No es más fácil verlo en casos vulgares y patentes? [31e] Protarco: ¿Cuáles? [31e] Sócrates: ¿No es el hambre a la vez disolución y dolor? [31e] Protarco: Sí. [31e] Sócrates: Mas, por resultar una vez más saciedad, ¿comer resulta placer? [31e] Protarco: Sí. [31e] Sócrates: A su vez, la sed es destrucción y dolor; mas ese poder de lo húmedo de rellenar lo seco, es placer. De nuevo, disgregación y disolución contra naturaleza, efectos del bochorno, son dolor; pero restauración natural y enfriamiento son placer. [31e] Protarco: Ciertamente. [31e] Sócrates: Y en cuanto al frío, por antinatural solidificación de la humedad del animal, es dolor; mas la salida del frío y disgregación de la solidificación llevan, cual natural camino, a lo mismo: a Placer. En una palabra: considera si te parece adecuado razonamiento el afirmar que lo animado, por surgir naturalmente tal eidos de ilimitado y límite, como dijimos anteriormente, cuando esto se destruye, la destrucción es dolor; mas el camino que vuelve al propio ser, el retorno de todas las cosas a su propia esencia, es Placer. [32b] Protarco: Sea así; me parece bien como fórmula típica. [32b] Sócrates: ¿Pondremos, pues, esto como un eidos de dolor y de placer, cada uno con sus correspondientes afecciones? [32b] Protarco: Póngase así. [32b] Sócrates: Pon además, en el alma misma, y según una expectación de tales afecciones, un placer esperado y reconfortante, antes de los placeres a venir; y lo atemorizante y doloroso de los dolores por venir. [32c] Protarco: Es este otro eidos de placer y de dolor que surge en el alma, independientemente del cuerpo, por la expectación. [32c] Sócrates: Correctamente lo captaste. Según mi leal saber y entender, crea que en estos dos eídoses —cada uno puro en su origen, tal parece, e inmezclados de dolor y placer— resultará patente lo referente al placer; si tal género es, todo él, deseable, o bien esto hemos de atribuirlo a otro diferente de los mencionados, pasando a placer y a dolor lo mismo que a caliente y frío y semejantes que, a veces, son deseables y a veces no, por no ser buenos, aunque algunos admitan, a veces, la naturaleza de lo bueno. [32d] Protarco: Correctísimamente dices que por este camino hemos de cazar lo que estamos persiguiendo. [32d] Sócrates: Ante todo veamos lo siguiente: si en realidad es, como hemos dicho, que la descomposición es pena y la restauración placer, consideremos, caso de no darse ni descomposición ni restauración, qué estado habría de haber entonces en los vivientes, mientras duraran así. Para mientes y dime: ¿no sería necesario de toda necesidad el que, durante tal tiempo, el viviente no sintiera placer o pena ni grandes ni pequeños? [32e] Protarco: Sería necesario. [32e] Sócrates: Según esto, ¿no habrá un tercer estado nuestro, además del de quien goza o del de quien padece? [33a] Protarco: ¿Cómo no? [33a] Sócrates: Adelante, pues; procura recordarlo: que para decidir acerca del placer no poco nos va en recordar si lo hay o no. Si quieres, discurramos brevemente sobre esto. [33a] Protarco: Di sobre qué. [33a] Sócrates: Sabes que nada impide el que quien haya elegido vivir la vida del sapiente viva de esta manera. [33b] Protarco: ¿Te refieres a la de ni gozar ni padecer? [33b] Sócrates: Sí, porque dijimos antes, al comparar las vidas, que quien elija la de inteligencia y sapiencia, ni poco hi mucho necesita de gozar. [33b] Protarco: Así efectivamente se dijo. [33b] Sócrates: Así, pues, le sucedería; y nada tuviera de extraño si tal fuese la más divina de las vidas. [33b] Protarco: Que es verosímil que los dioses no sientan ni goce ni su contrario. [33b] Sócrates: De ningún modo es verosímil, porque fuera indecoroso el que les pasara una de las dos cosas. Pero pospongamos esto para más adelante, cuando venga a propósito, y lo propondremos para el segundo premio, si no pudiéramos proponerlo para el primero. [33c] Protarco: Correctísimamente dicho. [33c] Sócrates: En cuanto al otro eidos de placeres: los que afirmamos ser del alma misma, se originan enteramente en la memoria. [33c] Protarco: ¿Cómo? [33c] Sócrates: Hemos de suponer, parece, ante todo qué es memoria, y aun tal vez que la sensación preceda a la memoria, si estos puntos han de resultarnos, según conviene, claros. [33d] Protarco: ¿En qué sentido lo dices? [33d] Sócrates: Pon que de entre nuestras afecciones corporales haya algunas que se apaguen antes de penetrar en el alma, dejándola impasible; y que otras atraviesen a los dos y causen algo así como una conmoción peculiar a cada uno y común a los dos. [33d] Protarco: Quede puesto. [33d] Sócrates: ¿Afirmaremos que a nuestra alma se le oculta lo que no atraviesa por ambos, mas que lo que por ambos pase no se le oculta? ¿No hablaríamos así correctamente? [33e] Protarco: ¿Cómo no? [33e] Sócrates: No supongas de ninguna manera que a eso de ocultarse llame ahora “géneros” del olvido, porque olvido es salida de la memoria, —la que todavía no se ha engendrado, según lo dicho. Ahora bien: es absurdo afirmar que se ha perdido lo que ni es ni ha sido aún. ¿No es así? [33e] Protarco: ¿Cómo no? [33e] Sócrates: Invirtamos, precisamente, los nombres. [33e] Protarco: ¿Cómo? [33e] Sócrates: En vez de eso de “ocultarse al alma”, cuando resulta impasible respecto de las conmociones del cuerpo —a lo que llamas “olvido”— denomínalo “insensibilidad”. [34a] Protarco: Comprendido. [34a] Sócrates: Empero, a lo que en unidad de afección, surge a la vez en alma y cuerpo y es movimiento común, a tal movimiento dar el nombre de “sensación” no sería hablar fuera de tono. [34a] Protarco: Verdaderísimamente dicho. [34a] Sócrates: ¿Según esto entendemos ya lo que queremos decir por “sensación”? [34a] Protarco: ¿Cómo no? [34a] Sócrates: Llamando, pues, a la memoria “salvación de la sensación”, hablaríamos, según mi opinión, correctamente. [34b] Protarco: Correctamente, pues. [34b] Sócrates: ¿Mas diremos que la memoria no se diferencia de la reminiscencia? [34b] Protarco: Tal vez. [34b] Sócrates: ¿No es esto? [34b] Protarco: ¿Qué? [34b] Sócrates: Cuando al alma le pasó algo en compañía del cuerpo, mas lo recobra ella, sobre todo a solas consigo misma, sin cuerpo, decimos que entonces precisamente “se rememora", ¿Es así? [34b] Protarco: Pues absolutamente. [34b] Sócrates: Además: cuando habiendo perdido la memoria, sea de sensación o de mi conocimiento, recobre tal memoria una vez más ella en sí misma, llamaremos a todo esto “reminiscencias”, y no “recuerdos”. [34c] Protarco: Correctamente dicho. [34c] Sócrates: Todo esta se ha dicho en gracia a esto: [34c] Protarco: ¿A qué? [34c] Sócrates: A que tomemos sobre todo a ese placer del alma, fuera del cuerpo, como superlativamente claro, y lo mismo a apetencia; porque, por esta razón, ambos: placer y apetencia parecen, de alguna manera, clarificarse. [34c] Protarco: Hablemos ya, pues, Sócrates, del punto siguiente. [34c] Sócrates: Es necesario, al parecer, que consideremos y de muchas cosas sobre la génesis de placer y sobre general forma, porque es claro que se ha de captar ahora todo qué es y cómo se engendra Apetencia. [34d] Protarco: Considerémoslo, pues; nada perdemos con ello. [34d] Sócrates: Perderemos, Protarco, el que, al encontrar lo buscamos, perdemos la perplejidad acerca de estos puntos. [34d] Protarco: Rectamente lo indicaste, mas tratemos de lo que le sigue. [34d] Sócrates: ¿No afirmamos que hambre, sed y tantas de estas cosas eran unas ciertas apetencias? [34e] Protarco: Seguramente. [34e] Sócrates: ¿Mirando hacia qué de idéntico, damos a tan diversas, como éstas, un solo nombre? [34e] Protarco: ¡Por Júpiter!, no es fácil de decir, Sócrates; obstante, hagámoslo. [34e] Sócrates: Revirtamos una vez más a los mismos casos. [34e] Protarco: ¿Partiendo de qué? [34e] Sócrates: ¿Con “estar sediento” decimos en cada caso determinado? [34e] Protarco: ¿Cómo no? [34e] Sócrates: Mas eso es “estar vacío”. [34e] Protarco: Ciertamente. [34e] Sócrates: ¿Así pues, la sed es apetencia? [35a] Protarco: Sí, de bebidas. [35a] Sócrates: ¿De bebida o de repleción por bebida? [35a] Protarco: Creo que de repleción. [35a] Sócrates: De nosotros, pues, el que está vacío parece lo contrario de lo que padece, porque el vacío ama Protarco. Patentísimamente. [35a] Sócrates: Ahora bien: ¿respecto de quién por primera se sintió vacío, hay modo, o por sensación o por memoria, de entrar en contacto con la repleción, o sea: con lo que ni siente de presente ni con lo que alguna vez sintió? [35a] Protarco: ¿Cómo fuera? [35b] Sócrates: Y, con todo, el que apetece apetece algo, afirmamos. [35b] Protarco: ¿Cómo no? [35b] Sócrates: No apetece, pues, precisamente lo que siente; tiene sed, mas esto es vacío; pero apetece relleno. [35b] Protarco: Sí. [35b] Sócrates: Algo, pues, del sediento está en contacto, de alguna manera, con la repleción. [35b] Protarco: Necesariamente. [35b] Sócrates: Mas es imposible el que lo sea el cuerpo; porque está vacío. [35b] Protarco: Así es. [35b] Sócrates: No queda sino que el alma entre en contacto con la repleción; y esto, claro está, mediante la memoria; si no, ¿mediante qué otra cosa lo hiciera? [35c] Protarco: No queda ninguna. [35c] Sócrates: ¿Caemos en cuenta de lo que se sigue de estos razonamientos? [35c] Protarco: ¿De qué? [35c] Sócrates: Este razonamiento nos afirma que no hay cómo se engendre apetito en el cuerpo. [35c] Protarco: ¿Cómo así? [35c] Sócrates: Porque nos muestra que todo animal tiende a lo contrario de lo que siente el cuerpo. [35c] Protarco: Y mucho. [35c] Sócrates: Mas el impulso que lleva a lo contrario de lo que siente pone de manifiesto que hay memoria de lo contrario a lo que siente. [35c] Protarco: Ciertamente. [35d] Sócrates: Mostrando, pues, este razonamiento que es la memoria la que impele hacia lo apetecible, descubre que LA todo impulso, apetito y el principio motor del animal íntegro es el alma. [35d] Protarco: Correctísimamente. [35d] Sócrates: El razonamiento elimina de raíz el que nuestro cuerpo tenga sed, hambre o algo de tales afecciones. [35d] Protarco: Verdaderísimo. [35d] Sócrates: Acerca de ellas consideremos estotro; porque el razonamiento me parece querer declararnos que hay en ellas un cierto eidos de vida. [35e] Protarco: ¿En cuáles, y de qué vida hablas? [35e] Sócrates: En las de repleción y evacuación, y en todas aquellas que tienen algo que ver con la salvación y perecimiento de los vivientes, que, si en algunas de ellas algo nos duele, sus cambios nos regocijan. [35e] Protarco: Así es. [35e] Sócrates: Mas, ¿qué, cuando se está en medio de las dos? [35e] Protarco: ¿Cómo, en el medio? [35e] Sócrates: En tal estado se padece, mas se recuerda de lo placentero, que, de sobrevenir, haría cesar el padecimiento. pero aún no se llena. ¿Qué, en tal caso?: ¿afirmaremos o no que se halla entre los dos estados? [35e] Sócrates: ¿Mas está del todo dolorido o del todo agradado? [35e] Protarco: ¡Por Júpiter!, no; mas está adolorido con un doble dolor; en el cuerpo, por el estado; en el alma, por un cierto anhelo de la expectativa. [35e] Sócrates: ¿En qué sentido, Protarco, hablaste de doble pesar? ¿No sucede a veces que uno de nosotras, vacío, está, no obstante, poseído de patente esperanza de relleno; a veces, por el contrario, está desesperado? [36b] Protarco: Y mucho. [36b] Sócrates: Y, esperanzado de rellenarse, ¿no te parece que goza en la memoria, a la vez que, vacío, mientras tanto, sufre? [36b] Protarco: Necesariamente. [36b] Sócrates: Así que, en tal caso, el hombre y los demás animales sufren, a la vez que se regocijan. [36b] Protarco: Tal parecería. [36b] SÓCRATES. Mas, ¿qué, cuando vacío, desespera de alcanzar repleción? ¿No surge entonces una doble afección respecto de las penas, considerando entonces lo cual, creías que, simplemente, la pena era doble? [36c] Sócrates: Sirvámonos de la consideración de tales padecimientos para esto: [36c] Protarco: ¿Para qué? [36c] Sócrates: ¿Diremos que tales padecimientos y placeres son verdaderos o falsos? O, ¿unos, sí; y otros, no? [36c] Protarco: Pero, Sócrates, ¿cómo placeres y penas serían falsos? [36c] Sócrates: Mas, Protarco, ¿cómo fueran los miedos verdaderos o falsos, las expectaciones, verdaderas o no; las opiniones, verdaderas o falsas? [36d] Protarco: Te lo concedería respecto de las opiniones; no así, respecto de lo demás. [36d] Sócrates: ¿En qué sentido lo afirmas?; que corremos el peligro de desvelar un no despreciable razonamiento. [36d] Protarco: Dices verdad. [36d] Sócrates: Mas hay que considerar, hijo de tal varón, si esto se atiene a lo precedente. [36d] Protarco: Tal vez sea así. [36d] Sócrates: Hemos de decir adiós a toda explanación o a todo lo que se diga fuera de propósito. [36d] Protarco: Correctamente. [36e] Sócrates: Dime pues: que termino siempre admirándome de las mismas cuestiones ahora propuestas. ¿Qué afirmas?: ¿que no son verdaderos unos placeres y falsos otros? [36e] Protarco: ¿Cómo lo fueran? [36e] Sócrates: Ni en sueños ni despierto, como afirmas, ni , en trance de locura o de aberración, no hay quien crea a veces gozar, mas no goce; ni crea padecer, mas no padezca. [36e] Protarco: Todos hemos supuesto, Sócrates, que todo esto pasa de esta manera. [36e] Sócrates: Y, ¿no correctamente? ¿O hay que considerar si se lo ha dicho correctamente o no? [37a] Protarco: Yo afirmaría que hay que ponerlo en consideración. [37a] Sócrates: Definamos aún más claramente lo que estamos diciendo sobre placer y opinión. ¿Hay en nosotros algo así como opinar? [37a] Protarco: Sí. [37a] Sócrates: ¿Y placerse? [37a] Protarco: Sí. [37a] Sócrates: ¿Hay además, algo así como lo opinado? [37a] Protarco: ¿Pues, cómo no? [37a] Sócrates: ¿Y algo por lo que lo placentero place? [37a] Protarco: Necesariamente. [37a] Sócrates: Así que el opinante, opine correcta o incorrectamente, jamás pierde eso de opinar realmente. [37b] Protarco: ¿Cómo fuera? [37b] Sócrates: Según esto es claro que lo placentero, plazca correcta o no correctamente, no pierde jamás eso de placer realmente. [37b] Protarco: Sí; así pasa. [37b] Sócrates: Es, pues, punto a considerar, de qué manera a la opinión le adviene hacerse falsa y verdadera; mas el placer es sólo verdadero, aun cuando tanto a opinar como a gozar les cayó en suerte, por igual, eso de ser reales. [37b] Protarco: Es de considerar. [37b] Sócrates: ¿Afirmas, pues, que se ha de considerar por qué es que a la opinión le sobreviene eso de ser falsa y aun verdadera, resultando, por esto, no tan sólo opinión, sino cada una de ellas opinión calificada? [37c] Protarco: Sí. [37c] Sócrates: ¿Además: hemos de convenirnos en si, en general, hay para nosotros cosas que son tales o cuales; empero, placer y padecimientos son simplemente lo que son, mas no se hacen tales o cuales. [37c] Protarco: Evidentemente. [37d] Sócrates: Mas no es dificultoso de ver que son tales o cuales, porque hace rato dijimos que se hacen ambos: padecimientos y placeres “grandes y pequeños”, y aun mucho. [37d] Protarco: De todo en todo. [37d] Sócrates: Empero, si lo de malo, Protarco, sobreviene a alguno de éstos, ¿no afirmaremos que la opinión se ha hecho mala; y que el placer, malo también? [37d] Protarco: ¡¿Cómo no, Sócrates? [37d] Sócrates: ¿Y qué, si corrección o su contrario sobreviene a alguno de éstos? ¿No llamaremos correcta a la opinión, si pone corrección, y lo mismo respecto de placer? [37d] Protarco: Necesariamente. [37e] Sócrates: Mas si lo opinado es erróneo, ¿no habremos de convenir en que la opinión, errando entonces, es incorrecta y no opina correctamente? [37e] Protarco: ¿Cómo no? [37e] Sócrates: ¿Y qué, si vemos que padecimiento o placer yerran respecto de aquello por lo que se padece, o se goza, ¿le atribuiremos eso de correcto o bueno o alguno de los nombres bellos? [37e] Protarco: Mas no fuera posible, si el placer ha de poder errar. [37e] Sócrates: Además: parece cual si, frecuentemente, el placer nos adviniera no con la opinión correcta, sino con la falsa. [37e] Protarco: ¿Cómo no? Mas en tal caso, Sócrates, llamamos “falsa” a la opinión, peto nadie diría del placer que es falso. [37e] Sócrates: Animosamente defiendes, Protarco, al placer en el razonamiento presente. [37e] Protarco: Nada de eso; digo lo que he oído. [37e] Sócrates: ¿No hay, pues, compañero, diferencia alguna entre el placer conexo con opinión correcta y con ciencia, y el que frecuentemente nos sobreviene en compañía de falsedad e ignorancia? [38b] Protarco: Es verosímil que haya diferencia, y Vamos, pues, a considerarla. [38b] Protarco: Procede, pues, como te parezca. [38b] Sócrates: Procedo así: [38b] Protarco: ¿Cómo? [38b] Sócrates: ¿Afirmamos que nuestra opinión es a veces a veces verdadera? [38b] Protarco: Así es. [38b] Sócrates: Y que, como estamos diciendo, les sigue placer y padecimiento, digo que siguen a la opinión verdadera y a la falsa. [38b] Protarco: Ciertamente. [38b] Sócrates: Pues bien: opinión, y emprender tenerla, ¿no engendran siempre en nosotros de memoria y de sensación? [38c] Protarco: Y mucho. [38c] Sócrates: ¿No creemos, pues, que respecto de esto se de proceder del modo siguiente?: [38c] Protarco: ¿De cuál? [38c] Sócrates: ¿No dirías que frecuentemente al que ve algo lejos y no demasiado claramente, precisamente a él le sobrequerer distinguir lo mismo que ve? [38c] Protarco: Yo lo diría. [38c] Sócrates: ¿Mas inmediatamente no se preguntaría a sí de esta manera?: [38c] Protarco: ¿De cuál? [38c] Sócrates: ¿Qué es lo que parece estar de pie junto a roca y debajo de un árbol? ¿No te parece que eso es que se diría uno a sí mismo, viendo aparecérsele tales cosas [38d] Protarco: ¡¿Cómo no? [38d] Sócrates: ¿Y que el tal, respondiéndose a sí mismo, diría: es un hombre; y que lo dijera acertadamente? [38d] Protarco: Por cierto que sí. [38d] Sócrates: O), tal vez, despistado, diría que lo visto es una estatua, obra de pastores. [38d] Protarco: Ciertamente. [38e] Sócrates: Y si hubiera alguien junto a él, tal vez diría en voz alta al presente lo mismo que se dijo a sí mismo; y, ¿habrá resultado un enunciado lo que antes llamamos “opinión”? [38e] Protarco: ¿Cómo no? [38e] Sócrates: Mas si discurre de eso consigo mismo a solas, a veces continúa su camino largo tiempo pensándoselo. [38e] Protarco: Así es. [38e] Sócrates: Ahora bien: ¿no te parece que esto te pasa 1 lí como a mí? [38e] Protarco: — ¿Qué? [38e] Sócrates: Que me parece a veces asemejarse nuestra alma a un libro. [39a] Protarco: ¿En qué sentido? [39a] Sócrates: Al coincidir en lo mismo memoria y sensaciones parece cual si aquellas cosas sobre las que versan estas afecciones escribieran en nuestras almas sus razones; cuando tal afección escriba razones verdaderas, acontecerá que se engendre en nosotros opinión y razones verdaderas. Mas cuando tal escribiente escriba falsas, pasará lo contrario a las verdaderas. [39b] Protarco: Tal me parece completamente, y acepto la dicho así. [39b] Sócrates: Acepta, pues, además, a otro artífice que advenga a nuestras almas durante tal tiempo. [39b] Protarco: ¿A cuál? [39b] Sócrates: Un pintor que, después del escribiente, pinte en el alma las imágenes de lo dicho. [39b] Protarco: ¿Cómo, diremos, lo hace y cuándo? [39b] Sócrates: Cuando de la visión o de otra sensación, separando alguien lo opinado y enunciado entonces, mira, de alguna manera, en sí mismo, las imágenes de lo opinado y enunciado, ¿Que no nos pasa esto así? [39b] Protarco: Y mucho. [39b] Sócrates: Según esto las imágenes de opiniones y enunciados verdaderos serán verdaderas; y los de los falsos, falsas. [39b] Protarco: Así es de todo en todo. [39b] Sócrates: Si, pues, esto queda bien dicho, consideremos acerca de esto estotro: [39b] Protarco: ¿Qué? [39b] Sócrates: Si es necesario que esto nos pase así respecto de lo presente y de lo pasado; mas no, respecto de lo futuro. [39b] Protarco: igual para todos los tiempos, sin duda. [39d] Sócrates: Mas, ¿no se dijo que los placeres y padecimientos que nos advienen mediante el alma se pueden engendrar antes que los placeres y padecimientos intermediados por el cuerpo, de modo que nos sucede un pregozarnos y un prepadecer, engendrados respecto de tiempo futuro? [39d] Protarco: Verdaderísimo. [39d] Sócrates: ¿Así que las escrituras y dibujos que, poco ha, pusimos engendrarse en nuestras almas se referirán a tiempos pasado y presente, mas no al futuro? [39e] Protarco: Y mucho. [39e] Sócrates: ¿Dices "y mucho”, porque toda esto son esperanzas para un tiempo posterior; que nuestra vida entera rebosa siempre en esperanzas? [39e] Protarco: De todo en todo es así. [39e] Sócrates: Vamos; además de a lo dicho responde a [39e] Protarco: ¿A qué? [39e] Sócrates: Varón justo, piadoso y bueno, ¿no es. [39e] siempre, amable a los dioses? [39e] Protarco: ¿Cómo no? [40a] Sócrates: Pues bien: ¿el injusto, y el de cualquier manera malo, no serán lo contrario a aquél? [40a] Protarco: ¿Cómo no? [40a] Sócrates: ¿Mas no acabamos de decir que todo hombre rebosa en multitud de esperanzas? [40a] Protarco: ¿Cómo no? [40a] Sócrates: ¿Y que las que llamamos “esperanzas” son razones en cada uno de nosotros? [40a] Protarco: Sí. [40a] Sócrates: Y lo mismo respecto de las imágenes pintadas: que frecuentemente se ve uno a sí mismo abundando en oto y, por ello, en muchos placeres; y aun se contempla imaginariamente a sí mismo gozando en grande. [40b] Protarco: ¿Pero, cómo no? [40b] Sócrates: ¿No afirmaremos respecto de este punto que a los buenos tales pinturas suelen resultarles verdaderas por ser ellos amables a los dioses; mas a los malos, casi siempre lo contrario? ¿O afirmaremos que no? [40b] Protarco: Hay que afirmarlo en firme. [40b] Sócrates: Según esto, aun los malos no tienen menos placeres pintados; mas son falsos. [40b] Protarco: ¿No es así? [40b] Sócrates: Así que los malos gozan, casi siempre, de placeres falsos; mas los hombres buenos, de verdaderos. [40b] Protarco: Necesario es lo que dices. [40b] Sócrates: Según, pues, los presentes razonamientos, hay placeres falsos en las almas de los hombres, imitando, ridículamente, a los verdaderos; y Parecidamente, respecto. de los padecimientos. [40b] Protarco: Los hay. [40b] Sócrates: Y según esto había un opinar real siempre en quien opinare lo que opinare, aunque a veces sea cobre cosas que no son ni fueron ni serán. [40b] Protarco: Ciertamente. [40d] Sócrates: Y estos casos eran, creo, los que producían opinión falsa y opinar en falso. ¿Era así? [40d] Protarco: Sí. [40d] Sócrates: Pues bien: ¿no habrá que conceder a padecimientos y placeres la correspondiente relación con las cosas? [40d] Protarco: ¿En qué sentido? [40d] Sócrates: En que a la manera como había un gozar real en quien, fuera como fuera, gozara, lo hay no exclusivamente sobre cosas presentes ni a veces sobre pasadas; mas sí, frecuentemente, y aun tal vez las más de las veces, sobre las que no llegarán a ser. [40e] Protarco: Y necesariamente, Sócrates, tiene que pasar así. [40e] Sócrates: Según esto mismo: no valdría el mismo razonamiento respecto de miedos, iras y de todo lo a esto semejante: ¿que hay como todo esto sea falso? [40e] Protarco: Ciertamente. [40e] Sócrates: Pues bien: ¿tenemos otra manera de decir que las opiniones se hacen malas e inservibles, excepto que la de por hacerse falsas? [40e] Protarco: No hay otra. [40e] Sócrates: Ni concebimos, creo, que los placeres tengan otra manera de hacerse malos que la de hacerse falsos. [40e] Protarco: Es todo al revés de lo que has dicho, Sócrates; porque casi nadie sostendría que por la falsedad resultan malos padecimientos y placeres, sino por sobrevenirles otra y mayor maldad. [40e] Sócrates: Acerca, pues, de los placeres malos y de la maldad que los hace tales trataremos un poco más adelante, si así nos pareciere; mas, respecto de los falsos, hay que hablar de otra manera acerca de los muchos que hay en nosotros y de los frecuentemente que nos advienen, porque de tal manera tal vez necesitamos para nuestras decisiones. [41b] Protarco: ¿Cómo mno?, si realmente los hay. [41b] Sócrates: Pero, Protarco, los hay según mi decisión. Empero, hasta que tal dogma nos quede en firme, es imposible que lo demos por irrefutable. [41b] Protarco: Bellamente. [41b] Sócrates: Cual atletas, fajémonos contra este razonamiento. [41b] Protarco: Vayamos a ello. [41b] Sócrates: Mas dijimos, recordémoslo, hace poca que, cuando hay en nosotros las llamadas “apetencias”, con tales afecciones el cuerpo se separa y desdobla del alma. [41c] Protarco: Lo recuerdo, y así se dijo. [41c] Sócrates: ¿No era, pues, el alma la que apetecía estados contrarios a los del cuerpo; sino era éste el que aportaba, mediante tal afección, dolor o algún placer? [41c] Protarco: Así era. [41c] Sócrates: Cae en cuenta de lo que pasa en estos casos. [41c] Protarco: Di. [41d] Sócrates: Sucede, cuando pasa esto, que padecimientos y placeres coexisten y colindan, y que surgen a la vez las sensaciones de sus contrarios, como acaba de quedar en claro. [41d] Protarco: Así parece. [41d] Sócrates: Se dijo además y quedó convenido anteriormente entre nosotros, esto: [41d] Protarco: ¿Qué? [41d] Sócrates: Que ambos: padecimiento y placer admiten más y menos, y que son de la clase de lo ilimitado. [41d] Protarco: Se dijo. ¿Cómo no? [41d] Sócrates: ¿Qué traza hay para juzgar correctamente de esto? [41d] Protarco: ¿Cómo y de qué manera? [41d] Sócrates: Si lo que queremos al juzgar sobre esto en tales casos es diagnosticar cuál de ellos, comparativamente, es más grande a más pequeño; cuál mayor y cuál más intenso: padecimiento respecto de placer, padecimiento respecto de padecimiento y placer respecto de placer. [41d] Protarco: Así es, y tal es lo que queremos al juzgar. [41d] Sócrates: Pues bien: en el caso de la vista el ver las dimensiones de lejos o de cerca desdibuja la verdad y hace que opinemos en falso, ¿no sucederá lo mismo en los padecimientos y placeres? [42a] Protarco: Y aun mucho más, Sócrates. [42a] Sócrates: Resultado actual; contrario, por cierto, al inmediatamente anterior. [42a] Protarco: ¿A cuál te refieres? [42a] Sócrates: A que las opiniones, hechas ellas mismas falsas y verdaderas, impregnaban a la vez con tal afección a los padecimientos y placeres mismos. [42b] Protarco: Verdaderísimo. [42b] Sócrates: Mas ahora, por contemplarlos, cambiando según los casos eso de lejos y de cerca, y referirlos a la vez unos a otros, los placeres parecen mayores y más intensos, referidos a los padecimientos, mientras que, a su vez, los padecimientos, referidos a los placeres, parecen lo contrario al caso anterior. [42b] Protarco: Necesariamente ha de pasar eso y por eso. [42b] Sócrates: Según esto parecen ambos ser mayores y menores de lo que son. Prescindiendo, pues, en ambos, de eso de parecer y no ser, ni tan sólo dirás correctamente eso de parecer; ni te atreverías a afirmar, a su vez, que la parte de placer y padecimiento que en tal caso le corresponde sea la correcta y verdadera. [42c] Protarco: Pues no. [42c] Sócrates: Veamos a continuación si en alguna parte nos tropezamos con placeres y padecimientos aún mayores que los que parece haber y hay en los vivientes. [42c] Protarco: ¿De cuáles hablas y cómo? [42c] Sócrates: Se ha dicho ya muchas veces que de la naturaleza corrompida, en cada caso, por combinaciones y disoluciones, por repleciones y evacuamientos, y por ciertos aumentos y disminuciones, provienen padecimientos, dolores, sufrimientos y todo cuanto lleva tales nombres. [42d] Protarco: Sí; se ha hecho frecuentemente eso. [42d] Sócrates: Mas cuando se restaura la propia naturaleza, convinimos en que tal restauración es placer. [42d] Protarco: Correctamente. [42d] Sócrates: Mas, ¿qué, si en nuestro cuerpo no pasa nada de esto? [42d] Protarco: ¿Cuándo pasaría esto, Sócrates? [42e] Sócrates: La pregunta que haces, Protarco, nada tiene que ver con el razonamiento presente. [42e] Protarco: ¿Cómo no? [42e] Sócrates: Porque no impide el que te haga una vez más la misma pregunta. E [42e] Protarco: — ¿Cuál? [42e] Sócrates: Si no pasara así, Protarco, diría, ¿qué nos vendría necesariamente a nosotros por ello? [42e] Protarco: ¿Te refieres a cuando el cuerpo no se mueve en ninguna de tales; direcciones? [42e] Sócrates: A eso mismo. [42e] Protarco: Es claro, Sócrates, que no surgiría en él ni placer ni padecimiento alguno.; [43a] Sócrates: Bellísimamente hablaste. Pero creo que lo dices porque necesariamente algo de esto nos pasa, como lo dicen los sabios «todas las cosas fluyen y refluyen perpetuamente».: [43a] Protarco: Lo dicen, es cierto, y me parece que no es de despreciar. [43a] Sócrates: Porque, ¿cómo lo fuera, no siendo ellos despreciables? Pero quiero retirarme ante el razonamiento que se nos viene encima. Pienso huirlo de esta manera; sígueme. [43a] Protarco: Di cómo. [43b] Sócrates: Sea ello así, les diremos. Mas tú respóndeme: ¿todo cuanto le pasa a cualquiera de los animados lo siente el ( - E paciente, de modo que no se nos pase desapercibido el que creemos ni cualquiera otra afección, o sucede todo lo contrario? [43b] Protarco: Todo lo contrario, por cierto, que casi todo eso se nos pasa desapercibido. [43b] Sócrates: Según esto, pues, no dijimos bellamente lo que acabamos de decir: que los cambios oscilantes que nos pasan producen padecimientos y placeres. T [43b] Protarco: ¿Cómo así? [43b] Sócrates: De estotra manera será más bello y más inatacable lo dicho. [43b] Protarco: ¿Cuál? [43b] Sócrates: Que los cambios grandes producen en nosotros padecimientos y placeres; mas que los mesurados y pequeños, nada de eso, en absoluto. [43b] Protarco: “Más correcto es de ésta que de la otra [43b] Sócrates: Pero si esto es así, revertiría la clase de vida que hablamos. [43b] Protarco: ¿Cuál? [43b] Sócrates: La que afirmamos ser impasible y sin goces. [43b] Protarco: Verdaderísimamente dicho. ' SócrATES. Pongamos, según esto, tres clases de vida: la placentera; otra, la doliente; y una, -ninguna de las ¿O cómo hablarías tú de ellas? [43d] Protarco: Yo, no de otra sino de esta manera: que tres las vidas. [43d] Sócrates: ¿Según esto, pues, no serían lo mismo no y gozar? [43d] Protarco: ¿Cómo lo fueran? [43d] Sócrates: Cuando, pues, oyes de alguien que lo más de todo es pasar la vida entera impasiblemente, ¿qué que dice? [43d] Protarco: Me parece decir que placer es el no padecer. [43e] Sócrates: Sean tres clases de cosas, las que quieras; y servirnos de bellos nombres, ponle a una el de “oro”, a otra el de “plata”; y a la tercera, ninguno de esos dos. [43e] Protarco: Quede puesto. [43e] Sócrates: ¿Lo que no es “ninguno de los dos” hay nos resulte uno de los dos: oro o plata? [43e] Protarco: ¿Cómo fuera? [43e] Sócrates: Así que, puesto uno a opinar, no opinaría llamando a la vida media “placentera” o “pesi la llamase, no hablaría según recto razonamiento. [43e] Protarco: ¿Cómo lo fuera? [43e] Sócrates: Pero, compañero, sabemos hay quienes haopinan así. [43e] Protarco: Y muchos. [43e] Sócrates: ¿Creen, pues, que gozan cuando no padecen? [43e] Protarco: Así lo dicen. [43e] Sócrates: Así que creen que gozan; si no, no lo dirían. [43e] Protarco: Tal parece. [43e] Sócrates: Opinan, pues, en falso respecto del gozar, si es que la naturaleza de uno es diferente de la del otro: la del no padecer, de la del gozar. [43e] Protarco: Por cierto que eran diferentes. [43e] Sócrates: ¿Adoptaremos, pues, que son, como hasta ahora, tres, o bien tan sólo dos: padecimiento, mal para los hombres; y liberación de padecimientos, que siendo ya de por sí bueno, se llamará “placer”? [44b] Protarco: ¿Cómo es, Sócrates, que nos estamos preguntando esto? No lo entiendo. [44b] Sócrates: Porque no entiendes, en realidad, a los enemigos de nuestro Filebo, Protarco. [44b] Protarco: ¿A quiénes llamas así? [44b] Sócrates: A algunos bien diestros en tratar de la naturaleza, y que afirman que no hay, en modo alguno, placeres. [44b] Protarco: ¿Cómo así? [44b] Sócrates: Afirman que los placeres no son sino evasivas de padecimientos, a las que los de Filebo denominan “placeres”. [44b] Protarco: ¿Nos aconsejas, pues, Sócrates, que los creamos, o cómo? [44b] Sócrates: No, sino que nos sirvamos de ellos cual de adivinos, que adivinan no por una cierta arte, sino por una no inmoble repugnancia que les hace odiar la potencia del placer y tenerlo por algo no sano, de manera que tal potencia es atractivo encantamiento, mas no placer. Sírvete de ellos, pues, en esto, teniendo presente sus otras displicencias; después de lo cual te enterarás de qué placeres me parecen verdaderos, de manera que, considerándolo desde ambos razonamientos, sometamos su potencia a juicio. [44d] Protarco: Correctamente dicho. [44d] Sócrates: Cual si fueran aliados, sigamos el rastro de su displicencia. Creo que nos hablarían más o menos así, arrancando de bien arriba: si quisiéramos ver la naturaleza de un eidos cualquiera —por ejemplo, la de lo “duro”—, ¿la aprehendería uno mejor poniendo la mirada en lo más duro o en lo ínfimo en dureza? Es ahora preciso, Protarco, que respondas a tales displicentes, como a mí. [44e] Protarco: Así será; y dígoles que poniéndolo en lo primero en magnitud. [44e] Sócrates: Según esto, si quisiéramos ver, respecto del género placer, qué naturaleza tiene, habría que poner la mitrada no en los placeres ínfimos, sino en los supremos y más violentos. [45a] Protarco: En esto todos convendrían contigo. [45a] Sócrates: Pues bien: ¿los placeres más a la mano y los mayores, no son, como hemos dicho frecuentemente, los del cuerpo? [45a] Protarco: ¿Cómo no? [45a] Sócrates: ¿Son y se hacen aun mayores en los que sufren de enfermedades o en los sanos? Pongamos buen cuidado en no tropezar por responder demasiado deprisa, porque tal vez afirmaríamos que en los sanos. [45b] Protarco: Verosímilmente. — [45b] Sócrates: Pues bien: ¿no son superlativos los placeres que se engendran de apetitos máximos? [45b] Protarco: Es verdad, por cierto. [45b] Sócrates: Mas, ¿no son los enfiebrados y los presos en tales enfermedades los que tienen mayores sed, frío y todo lo que suele venirles por el cuerpo?; ¿no les nace mayor necesidad y, satisfecha, no obtienen mayores placeres? ¿Afirmaremos que esto no es verdad? [45c] Protarco: Dicho, parece ser así. [45c] Sócrates: Ahora bien: ¿Parecería correcto que dijésemos que, si alguien quisiera ver los máximos placeres, habría de ir a considerarlos no en la salud sino en la enfermedad? Mira; no creas que pienso, al hacerte esta pregunta, en si gozan más los muy enfermos que los sanos, sino créeme que pregunto por la magnitud del placer y por cuándo y cómo se produce en él eso de “muy”. Porque afirmamos que es preciso considerar qué naturaleza tiene y cuál dicen posee los que sostienen que ni siquiera existe. [45d] Protarco: Casi te sigo en el razonamiento. [45d] Sócrates: Tal vez, Protarco, no menos lo conducirás; porque respóndeme: ¿ves placeres mayores —no me refiero a más placeres, sino a los que superan por muy y por mayor— en la vida disoluta que en la temperada? Responde parando mientes en ello. [45d] Protarco: Comprendí lo que dices y veo cuán grande es la diferencia, porque a los temperados los refrena continuamente la frase proverbial «nada en demasía»; admonición a la que obedecen; mientras que a los intemperados: y disolutos el “muy” del placer, dominándolos hasta la locura, los vuelve frenéticos. [45e] Sócrates: Bellamente; y si esto es así, claro está que los placeres y padecimientos máximos se engendran en una cierta maldad del alma y del cuerpo, y no en la virtud. [45e] Protarco: Ciertamente. [45e] Sócrates: Según esto, pues, es preciso que, eligiendo algunos de ellos, consideremos en qué sentido decimos que son máximos.; [46a] Protarco: Es necesario. [46a] Sócrates: Considera, pues, respecto de los placeres de ciertas enfermedades cuál es su modo de haberse. [46a] Protarco: ¿De cuáles? [46a] Sócrates: Los de las repugnantes, odiadas absolutamente por los que llamamos “displicentes”. [46a] Protarco: ¿Cuáles? [46a] Sócrates: Por ejemplo: el alivio de la comezón por rascarse, y casos parecidos que no necesitan de otra medicina; porque, por los dioses!, tal afección, ¿qué es lo que engendra en nosotros: placer o padecimiento? [46a] Protarco: Parece, Sócrates, que engendra algo mixto y malo. [46b] Sócrates: No aduje este razonamiento por causa de Filebo, sino porque si no miramos bien, Protarco, tales placeres y sus secuelas, difícilmente podremos llegar a una decisión respecto de lo que estamos investigando. [46b] Protarco: Así, pues, hay que ir contra los placeres de la misma familia. [46b] Sócrates: ¿Te refieres a los comunes en eso de mezcla? [46b] Protarco: Ciertamente. [46b] Sócrates: Hay mezclas, unas en cuanto al cuerpo en los cuerpos mismos, otras del alma en el alma; pero encontraremos además, mezclados, padecimientos y placeres del alma y del cuerpo, llamándose al conjunto de los dos unas veces placeres y otras padecimientos. [46c] Protarco: ¿Cómo? [46c] Sócrates: Cuando en la restauración o en la destrucción se padecen a la vez las afecciones contrarias —a veces calentarse estando aún frío y estando caliente enfriarse a veces, buscando, creo, tener lo uno y librarse de lo otro— esta mezcla, llámesela “de amargo con dulce”; presente a la vez que la dificultad de liberarse, produce impaciencia y, al final, sublevación. [46d] Protarco: Gran verdad es lo dicho. [46d] Sócrates: De tales mezclas, unas lo son por igual de padecimientos y placeres; otras, por más de uno de los dos. [46d] Protarco: ¿Cómo no? ' [46d] Sócrates: Di, pues, que hay algunas mezclas en que predominan los padecimientos sobre los placeres, —tales son las llamadas aquí “comezones” y las de las “cosquillas”. Cuando la ebullición y la inflamación están dentro, mas no se llega a ellas por frotamiento y rascamiento, que sólo vase lo superficial, en tal caso, llevándolo al fuego o a su contrario, cambiamos a veces de desconcierto a descomunales placeres. Mas otras veces, por el contrario, mezclar dolores con placeres en las partes interiores, a diferencia de las exteriores, predomine de los dos lo que predominare, aporta en tal caso disolver a la fuerza lo condensado o condensar lo disuelto, y yuxtaponer a la una padecimientos y placeres. [47a] Protarco: Verdaderísimo. [47a] Sócrates: Mas cuando el placer predomine según todo esto en la mezcla, lo que en ello haya de dolor mezclado, cosquillea y produce moderado fastidio; mas una excesiva dosis e placer, difundida, contrae y a veces hace saltar y haciéndole cambiar colores de todas clases, gestos de toda clase. [47a] jadeos de toda clase, produce transportes y gritos de insensato. [47b] Protarco: Y mucho. [47b] Sócrates: Y hace, compañero, que el tal diga de sí y digan otros que, regodeándose en tales placeres, está que se muere; y persíguelos tanto y tanto más cuanto más disoluto e insensato sea; llámalos “supremos”, y tiene al que, sobre todo, viva continuamente en ellos por el más bienaventurado. [47b] Protarco: Perfectamente, Sócrates, has descrito lo que sucede, según la opinión de la mayoría de los hombres. [47c] Sócrates: Así es, Protarco, respecto de los placeres que proviene de las afecciones corrientes del mismo cuerpo, por mezcla de lo externo con lo interno; mas respecto de aquellas en que colaboran de manera contraria alma y cuerpo —a padecimiento placer y a la vez a placer padecimiento— de modo que todo aboque a una mezcla de ambos, de esto hemos tratado anteriormente: que, estando vacío, apetécese rellenarse y que se regocija esperándolo; mas que duélese del vacío. De esto no dimos entonces constancia; pero digamos ahora que, en todos estos casos, innumerables en multitud, de oposición del alma respecto del cuerpo, acontece engendrarse una sola mezcla de padecimiento y placer. [47d] Protarco: Paréceme correctísimamente dicho. [47d] Sócrates: Nos queda aún una mezcla más de padecimiento y placer. [47d] Protarco: ¿Cuál?, dila. [47d] Sócrates: La conmixtión que afirmamos acomete frecuentemente al alma en sí misma. [47d] Protarco: ¿Cómo la llamamos? [47d] Sócrates: Cólera, miedo, deseos, lamentaciones, amor, celos, envidia y semejantes, ¿no las contarás entre los padecimientos del alma misma? [47e] Protarco: Yo, sí. [47e] Sócrates: ¿Mas no hallaremos que están llenas de descomunales placeres?, o hace falta recordar aquello que impele al más sabio a ira y que es más dulce que miel destilada, ¿y los placeres mezclados con padecimientos en lamentaciones y ansias? [48a] Protarco: No hace falta; que así y no de otra manera [48a] Sócrates: ¡¿Recuerdas además cómo, en los espectáculos [48a] Protarco: ¿Cómo no? [48a] Sócrates: ¿Y qué de nuestra disposición de alma en comedias?; que bien sabes de esa mezcla, en ellas, de padrede placer. [48b] Protarco: No lo entiendo demasiado. [48b] Sócrates: No es del todo fácil, Protarco, comprender, este caso, y siempre, tal afección. [48b] Protarco: No lo es, y así me lo parece. [48b] Sócrates: Considerémoslo tanto más cuanto más oscuro para que en otros casos nos resulte fácil captar la calidad la mezcla de padecimientos y placer. [48b] Protarco: Di. [48b] Sócrates: Lo que se acaba de denominar “envidia”, ¿lo entre los padecimientos del alma?, ¿o cómo? [48b] Protarco: Así. [48b] Sócrates: Mas el envidioso se complace, evidentemente los males del prójimo. [48b] Protarco: Y mucho. [48b] Sócrates: La ignorancia es, sin duda, un mal; y lo es disposición que llamamos “estupidez”. [48b] Protarco: ¿Cómo no? [48b] Sócrates: Después de esto, ve cuál es la naturaleza de ridículo. [48b] Protarco: Dila sin más. [48b] Sócrates: Capitalmente es la ridiculez un cierto defecto. [48b] así por sobrenombre de una cierta disposición; mas defecto en general es éste la afección contraria a la menen la inscripción de Delfos. [48b] Protarco: ¿Te refieres, Sócrates, a la de «conócete a mismo»? [48d] Sócrates: Yo, sí. Y lo contrario a esto, según las palabras de la inscripción, sería evidentemente la de no conocerse, en manera alguna, a sí mismo. [48d] Protarco: ¿Cómo no? [48d] Sócrates: Trata, Protarco, de dividir esto mismo en tres. [48d] Protarco: ¿En qué sentido lo dices?, pues temo no pueda. [48d] Sócrates: ¿Dices con esto que es preciso lo divida yo ahora? [48d] Protarco: Lo digo, y, además de decirlo, te lo pido. [48d] Sócrates: ¿No es necesario que los ignorantes de sí mismos estén afectados de ello de tres maneras? [48d] Protarco: ¿Cómo? [48e] Sócrates: Primero, respecto de las riquezas; que se crean ser más ricos de lo que lo son en realidad. [48e] Protarco: Muchos son, por cierto, los que padecen de tal afección. [48e] Sócrates: “Y más son los que se creen mayores-y más bellos de lo que son; y respecto de todo lo corporal se tienen por superiores a lo que en verdad son. [48e] Protarco: Así por cierto es. [48e] Sócrates: Pero muchísimos más, creo, son los que yerran respecto del tercer eidos: el del alma, teniéndose por mejores en virtud, mas no siéndolo. [48e] Protarco: Así es en verdad. * [49a] Sócrates: Mas, de entre las virtudes, ¿no es la sabiduría la que los más pretenden sobre todo poseer, llenos como están de pleitos y de falsas apariencias de sabiduría? [49a] Protarco: ¿Cómo no? [49a] Sócrates: Así que hablando correctamente se llamaría a esta afección un “mal”. [49a] Protarco: Y grande. [49a] Sócrates: Así, pues, hay que dividir esto en dos, Protarco, si, dando una mirada a esta infantil envidia, hemos de ver la absurda mezcla que es de placer y padecimiento. [49a] Protarco: ¿Cómo la dividiremos en dos?, dices. [49b] Sócrates: Todos cuantos tienen estúpidamente acerca de sí mismos tal opinión falsa, al igual que todos los hombres, tienen por necesario acompañamiento unos fuerza y potencia; otros, creo, lo contrario. [49b] Protarco: Necesariamente. [49b] Sócrates: Divide, pues, según esto: cuantos de ellos tienen esa debilidad y son impotentes, burlados, de vengarse, dirás la verdad afirmando que -son ridículos; mas a los que pueden vengarse, llamándolos “fuertes”, “terribles” y “odiosos”, les darás correctísimamente para fu uso privado tales nombres, porque, en cuanto a la ignorancia, la de los fuertes es odiosa y vergonzosa, —ya que resulta ella, y sus imitaciones, perjudicial al prójimo; mas a la del débil le cayó en suerte, ante nosotros, el grado y naturaleza de lo ridículo. [49c] Protarco: Correctisimamente dicho. Pero no me queda aún en claro, en tales casos, la clase de mezcla de placeres y padecimientos. [49c] Sócrates: Toma, pues, en primer lugar, la potencia de la envidia. [49c] Protarco: Di sin más. [49d] Sócrates: ¿Hay padecimiento y placer injustos? [49d] Protarco: Necesariamente los hay. [49d] Sócrates: ¿Alegrarse por los males de los enemigos no es injusto ni envidioso? [49d] Protarco: ¿Cómo lo fuera? [49d] Sócrates: Mas cuando se ven los males de los amigos. [49d] no apenarse, sino alegrarse, ¿no será injusto? [49d] Protarco: ¿Cómo no? [49d] Sócrates: ¿No dijimos que la ignorancia era para todos [49d] Protarco: Correctamente. [49d] Sócrates: Así que la opinión de los amigos acerca de su propia sabiduría y belleza, y en todo lo demás 'que acabamos de mencionar, diciendo que nace en tres eídoses, resultará ridícula siempre que vaya con debilidad; odiosa, si con fuerza. [49d] ¿Afirmaremos o no lo que decía poco ha: que tal disposición de los amigos, cuando resulte inofensiva a los demás, es [49d] Protarco: Así es, del todo. [49d] Sócrates: ¿Y no convinimos en que la ignorancia es, por ser tal, un mal? [49d] Protarco: Y grande. [49d] Sócrates: Cuando nos reímos de ella, ¿nos regocijamos o nos dolemos? [49d] Protarco: Es claro que nos regocijamos. [50a] Sócrates: Mas, ¿no afirmamos que la complacencia en los males de los amigos la causaba la envidia? [50a] Protarco: Necesariamente. [50a] Sócrates: Afirma, pues, el razonamiento que, al reírnos de las ridiculeces de los amigos, mezclando placer con envidia, se mezcla placer con padecimiento; porque hemos convenido hace rato en que envidia es padecimiento del alma; mas en que risa es un placer; y con todo las dos se engendran al mismo tiempo. [50a] Protarco: Es verdad. [50b] Sócrates: Nos indica, pues, el razonamiento que en lamentaciones, tragedias y comedias, no sólo en los que son drama, sino también en la tragedia y comedia total de la vida, y en otros miles de casos, se mezclan padecimientos con placeres. [50b] Protarco: Imposible, Sócrates, no convenir en esto, aunque a uno le gustaría grandemente disentir en favor de lo contrario. [50b] Sócrates: ¿Mas no pusimos a ira, anhelos, duelos, miedo, amor, celos, envidia, y tantas cosas más, entre las que afirmamos hallarse mezclados los tantas veces mencionados elementos? ¿Es así? [50c] Protarco: Sí. [50c] Sócrates: — ¿Reconoceremos que todo lo descrito ahora se refiere a duelos, envidia, ira? [50c] Protarco: ¿Cómo no reconocerlo? [50c] Sócrates: ¿No nos quedan aún muchas cosas? [50c] Protarco: Muchísimas, es cierto. [50c] Sócrates: ¿Por qué supones, pues, que te he mostrado sobre todo, tal mezcla en la comedia? No por ganas de persuadirte, ya que fuera fácil poner de manifiesto tal mezcla en miedos, amores y demás, sino porque, tomando para ti este caso, me liberarías de tener que dilatar los razonamientos, metiéndome en los otros, y sencillamente aceptarías el que cuerpo sin alma, alma sin cuerpo, y aun las afecciones comunes a ambos, están llenos a rebosar de placer mezclado con padecimientos. Dime, ahora: ¿me sueltas o me retienes hasta media noche? Pocas palabras más, y creo obtener de ti el que me sueltes, porque de todo esto me propongo darte razón mañana; mas ahora quiero encaminarte, en lo que resta, hacia el juicio que Filebo solicita. [50e] Protarco: Bellamente hablas, Sócrates; recorre lo restante como te plazca. [50e] Sócrates: Naturalmente, después de los placeres mezclados, habríamos de pasar, tal es su turno, a los inmezclados. [51a] Protarco: Bellísimamente dicho. [51a] Sócrates: Intentaré, procediendo así, — explicárnoslos. [51a] porque no me persuaden de ninguna manera los que afirman que todos los placeres son cesación de padecimiento, sino, como dije, me sirvo de ellos como de testigos para probar que son. [51a] algunos de ellos, placeres aparentes, mas no reales de verdad; y que otros muchos, grandes en apariencia, están mezclados con padecimientos y con pausas de extremados dolores en apuros de cuerpo y alma. PROTARCO. ¿Tomando, pues, a cuáles por verdaderos placeres, Sócrates, se discurriría correctamente? [51a] Sócrates: Tomando a los placeres que versan sobre los llamados “colores bellos, figuras”, los más de olfato y sonidos y todos aquellos cuya falta no se hace sentir ni es penosa, y proporcionan repleciones sentidas y placenteras, puras de padecimiento² [51a] Protarco: Una vez más, Sócrates, ¿en qué sentido decimos eso³ [51a] Sócrates: A primera vista no es demasiado claro lo que digo; trataré de aclararlo. Porque la belleza de figuras de las que estoy intentando hablar no es la que supone la mayoría: la belleza de animales o de ciertas pinturas; sino, afirma el razonamiento, me refiero a algo así como a recto, circular y a lo engendrado de éstos por los tornos; a planos y sólidos, por reglas y escuadras, si me entiendes; porque estás cosas no son bellas, cual otras, relativamente a algo, sino lo son de natural siempre y de por sí y poseen placeres intrínsecos, no comparables a los de rascarse; y hay colores que tienen este tipo de belleza y de placer. ¿Me entiendes?, o, ¿es así? [51d] Protarco: Lo intento, Sócrates; trata tú de hablar aun más claro. [51d] Sócrates: Digo que las resonancias de sonidos, suaves y límpidas, que emite una simple y pura nota, no son bellas relativamente a otra cosa, sino lo son ellas "en cuanto ellas mismas”, y que a ellas siguen placeres connaturales. [51d] Protarco: Así es también esto. [51e] Sócrates: Los placeres del olfato son un género de placer menos divino que éstos; mas el que no se mezclen necesariamente con ellos padecimientos —e igual respecto de cualquier cosa en que nos acontezca esto— hace que coloque todo este género cual complementario del otro. Si me comprendes, tales son los dos eídoses de placer de que hablamos. [51e] Protarco: Comprendo. [52a] Sócrates: Añadamos a éstos los placeres de las ciencias, si nos parece que no llevan consigo hambre de aprender y que por tal hambre de aprender, cual de principio, no se engendran dolores. [52a] Protarco: Me lo parece también a mí. [52a] Sócrates: Pues bien: ¿a los llenos de ciencias, cuando más tarde sufran, por el olvido, pérdidas, no verás ciertas penas en tales pérdidas? [52a] Protarco: “No, de suyo; mas sino en ciertos razonamientos sobre tal suceso, cuando le apene tal falla de memoria. [52b] Sócrates: Mas ahora, feliz de ti, estamos examinando tan sólo las afecciones mismas de la naturaleza, sin nada de razonamientos. [52b] Protarco: Dices, pues, verdad que el olvido en las ciencias se nos engendra siempre sin dolor⁴ [52b] Sócrates: Hay que afirmar, según esto, que los placeres de las ciencias son inmezclados; mas no son propios jamás de muchos hombres, sino de muy pocos. [52b] Protarco: ¿Cómo no afirmarlo? [52c] Sócrates: Y ya que convenientemente hemos separado los placeres puros de los que correctamente casi llamaríamos “impuros”, atribuyamos en el razonamiento desmesura a los placeres intensos; y a sus contrarios, la mesura; y a los que admitan el más y el muy, y lo de muchas veces y algunas, pondremos que son del género de lo ilimitado, y de ese más y menos que discurre por cuerpo y alma; a las que no, en el de lo mesurado. [52d] Protarco: Correctísimamente dicho, Sócrates. [52d] Sócrates: Además de y después de esto, hemos de considerar estotro: [52d] Protarco: ¿Qué? [52d] Sócrates: ¿Qué hemos de decir es más atinente a la verdad?: ¿lo puro y límpido y lo suficiente o lo muy, lo mucho y lo grande? [52d] Protarco: ¿Qué es lo que pretendes, Sócrates, preguntando esto? [52d] Sócrates: Que nada falte, Protarco, en el examen de placer y de ciencia: de si algo de ellos es puro; y algo, no puro, a fin de que yendo puros, ambos, a juicio nos sea, en este punto, más fácil a mí, a ti, a todos éstos, juzgarlos. [52e] Protarco: Correctísimo. [52e] Sócrates: Sea, pues; acerca de cuantos géneros hay de cosas puras, discurramos de esta manera: comencemos por elegir una de ellas y considerémosla. [53a] Protarco: ¿Cuál, pues, elegir? [53a] Sócrates: Si te place, consideremos en primer lugar, el [53a] Protarco: Perfectamente. [53a] Sócrates: Tratando de blanco, ¿cómo y en qué consistiría para nosotros la pureza?: en lo superlativamente extenso, intenso o inmezclado, ¿tal que no se hallen en él parte alguna de color? [53a] Protarco: Es claro que cuando sea superlativamente límpido. [53a] Sócrates: Correcto. Así, pues, ¿no pondremos esto, Protarco, como lo más verdadero y a la vez más bello de todo lo blanco; y no, lo superlativamente intenso o extenso? [53b] Protarco: Correctísimamente. [53b] Sócrates: Afirmaremos, pues, con toda corrección, que un poquito de blanco puro es, a la vez, más blanco, más bello y más verdadero que mucho blanco mezclado. [53b] Protarco: Correctísimamente, pues. [53b] Sócrates: ¿Ahora bien: no necesitaremos de muchos ejemplos para nuestro razonamiento sobre el placer; nos basta con considerar, por lo dicho, que cualquier placer, pequeño y raro, mas Furo de padecimiento, resulta más placentero, verdadero y bello que otro grande y frecuente. [53c] Protarco: lo es mucho más; y con este ejemplo basta. [53c] Sócrates: ¿Qué acerca de estotro?: Acerca de placer, ¿no hemos oído que está siempre en génesis; mas que no tiene consistencia alguna? Gente sutil trata de insinuarnos este razonamiento; hay que agradecérselo. [53c] Protarco: ¿Cómo no? [53d] Sócrates: Te lo explicaré preguntándote, querido Protarco. [53d] Protarco: Di sin más y pregunta. [53d] Sócrates: Hay dos maneras de ser: una, serlo él en cuanto él mismo; otra, serlo siempre “para” otro. [53d] Protarco: ¿Cómo, y a cuáles maneras te refieres? [53d] Sócrates: Una de ellas es, de natural, augusta; la otra, y deficiente respecto de la primera. [53d] Protarco: Dilo más claro. [53d] Sócrates: Hemos visto donceles bellos y buenos, a la vez que varoniles enamorados de ellos. Y [53d] Protarco: Y mucho. [53d] Sócrates: Trata de encontrar otro par de cosas semejante a estos dos respecto de todo lo que llamamos “ser”. [53e] Protarco: ¿Lo diré por tercera vez?; explica, Sócrates, más claramente lo que dices. [53e] Sócrates: Nada de complicado, Protarco; sólo que el razonamiento se divierte con nosotros; mas dice que hay cosas que existen siempre por razón de otro; pero que hay siempre algo por gracia de lo cual se hace lo que, en cada caso, se hace. [53e] Protarco: Con dificultad comprendí, a costa de tantas repeticiones. [53e] Sócrates: Tal vez, muchachos, lo comprenderemos mejor, conforme progrese el razonamiento. [53e] Protarco: Pues, ¿cómo no? [53e] Sócrates: Tomemos estas otras dos cosas aparcadas. [53e] Protarco: ¿Cuáles? [53e] Sócrates: Una de ellas, la génesis universal; otra diversa y una, la esencia. [53e] Protarco: Acepto las dos: esencia y génesis. [53e] Sócrates: Correctísimamente. ¿Cuál es en favor de cuál: afirmaremos que lo es la génesis en favor de la esencia, o que lo es la esencia en favor de génesis? [53e] Protarco: ¿Preguntas si lo que se llama “esencia” es lo que es en favor de génesis? [53e] Sócrates: Tal parece. [54b] Protarco: ¡Por los dioses!, me preguntas algo como: dime, Protarco, ¿afirmas que el arte naviero es en favor de los barcos; más bien, que los barcos, en favor del arte naviero, y cosas por el estilo? [54b] Sócrates: Eso mismo es lo que digo, Protarco. [54b] Protarco: ¿Por qué, pues, Sócrates, no te respondes a ti mismo? [54b] Sócrates: No hay por qué no; pero toma tú parte en el razonamiento. [54b] Protarco: Así será. [54b] Sócrates: Afirmo que medicamentos. y toda clase de instrumentos y materiales están siempre dispuestos en favor de la génesis; mas que cada génesis lo es en favor de cada esencia; y que génesis en general lo es en favor de esencia en general. [54b] Protarco: Clarísimo está. [54b] Sócrates: Así que placer, si es génesis, por necesidad lo sería en favor de alguna esencia. [54b] Protarco: ¿Cómo no?! [54b] Sócrates: Pues bien: aquello en favor de lo cual se hace siempre lo que en favor de algo se hace, se halla en el Lote de lo Bueno; mas a lo que se hace en favor de otro hay que ponerlo, óptimo de Protarco, en otro Lote. [54b] Protarco: Necesarísimamente. [54b] Sócrates: Si, pues. Placer es una cierta génesis, ¿lo pondríamos correctamente, caso de ponerlo, en otro Lote que lo Bien? [54d] Protarco: Correctamente. [54d] Sócrates: Según esto, pues, como decía al principio de este razonamiento, habríamos de agradecer al que nos sugirió que el placer pertenece a la génesis; mas no hay en él nada de esencial; es claro, pues, que se burla de los que sostienen que Placer es un bien. [54d] Protarco: Y en grande. [54d] Sócrates: Y además se burlará siempre de los que hagan de las génesis fin. [54e] Protarco: ¿En qué sentido y de quiénes hablas? [54e] Sócrates: De todos aquellos que, curados de hambre o sed o de algo parecido, de lo que cura la génesis, se gozan en la génesis cual si fuera el placer mismo, y afirman que no aceptan vivir sino hambrientos y sedientos y sin padecer por todo lo demás que a tales afecciones sigue. [54e] Protarco: A tales se parecen. [55a] Sócrates: ¿Mas no afirmaríamos todos que lo contrario a engendrarse es destruirse? [55a] Protarco: Necesariamente. [55a] Sócrates: Quien eligiera esto, estaría eligiendo destrucción y génesis; y no, aquella tercera vida en la que no es posible ni gozarse ni apenarse, mas sí, purísimamente, saber. [55a] Protarco: Gran absurdo, Sócrates, parece sobrevenirnos si se pone que el placer nos es un bien. [55a] Sócrates: Grande, porque digamos ahora aún algo más. [55a] Protarco: ¿Cómo? [55b] Sócrates: ¿Cómo no va a ser absurdo el que no haya nada de bueno ni de bello ni en cuerpos ni en otras muchas cosas, fuera del alma, y que en ella lo único bueno y bello sea el placer, mas no la valentía o la mesura o la inteligencia o alguno de esos bienes que al alma cayeron en suerte?; y además de esto, ¿estar forzado a afirmar que quien no goza, mas sufre, sea malo mientras sufre, aunque sea el mejor de los hombres, y que quien goza, cuanto más goce, y cuando goza, tanto más se distinga en virtud? [55c] Protarco: Sócrates, no es posible mayor absurdo que este. [55c] Sócrates: No tratemos de someter de todas maneras y a toda clase de pruebas al placer; mas demos la apariencia de ahorrárselas a inteligencia y ciencia. Noblemente, golpeemos todo, por si tiene algo de quebradizo, que, si algo de purísimo hubiere en su naturaleza, viéndolo, sirvámonos de ello para hacer aquella mezcla común con las partes más verdaderas de ellos y del placer. [55c] Protarco: Correctamente. [55d] Sócrates: Ahora bien: creo que hay una parte de artesanía en las enseñanzas de la ciencia, y otra referente a educación y cultura. ¿Es así? [55d] Protarco: Así es. [55d] Sócrates: Pues bien: consideremos primero en las artes manuales si algo de ellas está más conexo con ciencia y algo lo está menos, habiendo de tener a lo primero por más puro, y a lo segundo, por más impuro. [55d] Protarco: Así ha de hacerse. [55d] Sócrates: ¿No habremos de tomar, aparte de las demás, las gobernantes? [55d] Protarco: ¿Cuáles son y cómo? [55e] Sócrates: Por ejemplo: si de todas las artes se separa a las de número, medida y peso, lo que de cada una quede, ¿no resultará, por decirlo así, menospreciable? [55e] Protarco: Menospreciable, por cierto. [55e] Sócrates: Después de esto nos quedaría el conjeturar y el cultivar los sentidos a fuerza de experiencia y rutina, añadiendo el uso de los poderes de la adivinatoria a los que se llama comúnmente “artes”, cuya fuerza proviene de cuidado y trabajo. [56a] Protarco: Hablas de lo más necesario. [56a] Sócrates: Por cierto que, primero, la flautística está rellena de esto: coajusta lo sinfónico no por medida, sino por adivinación cuidada; y toda música va por adivinación a la caza de la medida de cada nota producida, de manera que lo impreciso mezclado es mucho; y lo seguro, poco. [56a] Protarco: Verdaderísimo. [56b] Sócrates: Encontraremos, por cierto, que se hallan en parecido caso la medicina, la agricultura, el arte del piloto y el del estratega. [56b] Protarco: Ciertamente. [56b] Sócrates: Mas a la arte de construcción, creo, el servirse de gran número de medidas e instrumentos le da gran exactitud y la hace más técnica que las más de las ciencias. [56b] Protarco: ¿Cómo? [56b] Sócrates: En cuanto que es arte de construir navíos, edificar casas y en muchas ramas del tallado de maderas; porque se sirve, creo, de regla, torno, compás, plomada y de un ingenioso instrumento: la escuadra. [56c] Protarco: Hablas bien correctamente, Sócrates. [56c] Sócrates: Pongamos, pues, en dos clases a las llamadas, “artes”: unas, séquito en sus obras de la música, que participan de menor exactitud; y otras, séquito de la arquitectura, de mayor. [56c] Protarco: Quede puesto. [56c] Sócrates: Y de éstas son las artes más exactas las que mencionamos en primer lugar. [56c] Protarco: Me parece que hablas de la aritmética y de cuantas mencionaste con ella. [56d] Sócrates: Así es. ¿No habría, Protarco, de decirse que éstas son, a su vez de dos clases? ¿O cómo? [56d] Protarco: ¿A cuáles te refieres? [56d] Sócrates: Primero, en cuanto a la aritmética, ¿no habrá de decirse que una es la del pueblo; y otra, distinta, la de los filosofantes? [56d] Protarco: ¿Cómo distinguiríamos una de otra; mas sostendríamos que la primera es aritmética? [56d] Sócrates: No es pequeña la diferencia, Protarco, porque hay quienes cuentan cual unidades desiguales en cuanto al número dos ejércitos, por ejemplo dos bueyes, o dos cosas pequeñísimas o dos máximas; mientras que otros no los acompañarían en esto, a no ser que se afirmara que ninguna de las miríadas de unidades que hay se diferencie una de otra. [56e] Protarco: Muy bien dices que hay una no pequeña diferencia entre los que se dedican al número, de modo que hay razón para que sea de dos clases. [56e] Sócrates: Pues bien: acerca de las artes de calcular y medir, tal como están en la arte de edificar y del comercio, respecto de los que se preocupan de filosofía de geometría y de cálculos, ¿pondremos que se ha de hablar de ellas como una o como dos? [57a] Protarco: Siguiendo a lo anterior, pondría mi voto a favor de que cada una de ellas es dos. [57a] Sócrates: Correctamente, ¿mas no entiendes para qué hemos traído esto a colación? [57a] Protarco: Tal vez. Mas quisiera que tú respondieses claramente a la presente cuestión. [57a] Sócrates: Me parece que este razonamiento no Es otro que el tratado al comenzar: buscar y enfrentar aquí una contrapartida a los placeres, considerando si hay ciencia una distinta y más pura que otra, como lo hay un placer, respecto de otro. [57b] Protarco: Está bien claro para qué finalidad lo emprendimos. [57b] Sócrates: Pues bien: ¿no hemos encontrado en lo anterior y en varias artes que una es más o menos exacta que otra? [57b] Protarco: Ciertamente. [57b] Sócrates: Mas en este punto, habiendo dado a una cierta arte un mismo nombre, haciéndola así aparecer como una, se pregunta entonces de nuevo acerca de ella si es dos: si la de los filosofantes es más exacta, en punto a claridad y pureza, que la de los no filosofantes. [57c] Protarco: Me parece que esto es, sobre todo, lo que se pregunta. [57c] Sócrates: ¿Qué respuesta daremos a esto, Protarco? [57c] Protarco: Sócrates, que hemos llegado a un admirable grado de diferencia, respecto a precisión, entre las ciencias. [57c] Sócrates: ¿Así responderemos más fácilmente? [57c] Protarco: ¿Cómo no? Y dígase que estas artes se diferencian en grande de las demás; empero que, entre ellas, se diferencian inconmensurablemente por la exactitud y verdad en las medidas y en los números las que proceden según el impulso de los en realidad de verdad filosofantes. [57d] Sócrates: Según tú, sea esto así, y confiando en ti, atrevámonos a responder a los diestros en llevar el agua de las razones a su molino. [57d] Protarco: ¿Qué respuesta? [57d] Sócrates: Que hay dos artes de calcular y dos de medir y, además de éstas, otras tales, compañeras y muchas, que poseen esa calidad de gemelos que es comunidad de nombre. [57e] Protarco: Tenemos, Sócrates, la buena suerte de dar esta respuesta a los que llamas “diestros”. [57e] Sócrates: ¿Afirmaremos, pues, que estas ciencias son las máximamente exactas? [57e] Protarco: Absolutamente. [57e] Sócrates: Mas a nosotros, Protarco, nos desautorizaría la potencia de la dialéctica si prefiriéramos a ella otra ciencia. [57e] Protarco: ¿A cuál otra hay que referirse? [58a] Sócrates: Es claro que cualquiera reconocería de cuál estoy hablando, porque creo absolutamente que todos cuantos ” participan, aunque sea un poco, de inteligencia, sostendrán que la ciencia sobre lo ente y lo realmente ente y lo por naturaleza idéntico siempre es, con mucho, el conocimiento más verdadero. Mas, ¿qué crees tú?, ¿cómo juzgarías, Protarco, en este caso? [58a] Protarco: Yo mismo, Sócrates, he oído frecuentemente a Gorgias que el arte de persuadir es, con mucho, la más distinguida de las artes, porque hace de todos súbditos voluntarios, y no por la fuerza, además de ser, con mucho, la mejor de las artes; mas ahora no querría oponerme ni a ti nia él. [58b] Sócrates: Parece como si quisieras, por modestia, deponer las armas de hablar. [58b] Protarco: Sea en esto como te parezca. [58b] Sócrates: ¿Seré yo causa de que no me hayas entendido bellamente? [58b] Protarco: ¿Acerca de qué? [58b] Sócrates: Por mí, Protarco, que no buscaba qué arte o ciencia predomina sobre todas por ser la más grandiosa y mejor y más útil para nosotros, sino cuál de ellas se propone lo claro, lo exacto, lo más verdadero, aunque sea pequeña, y pequeño su provecho; esto es lo que estamos buscando. Pero mira: no disgustarás a Gorgias concediéndole que su arte domina, en eso de necesidad, para los hombres; mas la disciplina de que estoy ahora hablando —al igual de lo que dije respecto de la blancura— a pesar de su pequeñez sería pura, y se destacaría de eso de “más y no puro” por esto mismo: por su máxima verdad. Mas ahora pensándolo bien y dialogándolo suficientemente, y sin poner la mirada en alguna utilidad de las ciencias ni en eso de fama, sino en sí de natural, tenemos alguna potencia de nuestra alma para amar lo verdadero y hacer todo por amor a la verdad, escudriñándolo, digamos si afirmaríamos que ella sobre todo posee, verosímilmente, la pureza de inteligencia y sapiencia o si hemos de buscar otra diversa y superior a ésta. [58e] Protarco: Lo considero, y creo ser difícil conceder que otra ciencia o arte se atenga más que ésta a la verdad. [58e] Sócrates: Pensando, pues, en esto, ¿dijiste lo que afirmas ahora: que las más de las artes y de los que trabajan en ello, comienzan por servirse de opiniones e investigan persistentemente lo referente a ellas? Y que si creyera alguien que investiga sobre la naturaleza, ¿sabes tú que investiga la vida entera sobre este mundo: cómo se engendró, qué le pasa y cómo obra? ¿Lo afirmaríamos?, ¿o no es así? [59a] Protarco: Así es. [59a] Sócrates: ¿Que, según esto, los tales se dan la pena de investigar no los entes eternos, sino lo que nos pasa, pasará y ha pasado? [59a] Protarco: Verdaderísimo. [59a] Sócrates: ¿Afirmaríamos, pues, que algo en claro sacan, según la verdad más exacta, de lo que nada ha tenido jamás, tendrá o está teniendo de idéntico? [59b] Protarco: ¿Pues cómo? [59b] Sócrates: De lo que no posee firmeza alguna, ¿cómo sacaríamos algo firme? [59b] Protarco: Creo que de ninguna manera. [59b] Sócrates: Así que ni inteligencia ni ciencia alguna que verse sobre ello obtendrán verdad suprema. [59b] Protarco: No es verosímil. [59b] Sócrates: Hay que dejarte enteramente en paz a ti, a mí, a Gorgias y a Filebo; mas dar constancia de este razonamiento: [59c] Protarco: ¿De cuál? [59c] Sócrates: Que eso de firme, puro, verdadero, y lo que llamamos “límpido”, se halla, para nosotros, en lo que esté superlativamente inmezclado siempre, de idéntica e igual manera o en lo que con esto ser máximamente congénere, mientras que todo lo demás ha de denominarse secundario e inferior. [59c] Protarco: Verdaderísimamente dicho. [59c] Sócrates: En cuanto a los nombres, ¿no sería justo distribuir los más bellos a las cosas más bellas? [59c] Protarco: Verosímilmente. [59d] Sócrates: Inteligencia y sapiencia, ¿no son nombres de máxima dignidad? [59d] Protarco: Sí. [59d] Sócrates: Luego tales son los que con rigor y corrección que poner, y con ellos llamar a los pensamientos sobre ente realmente tal. [59d] Protarco: Perfectamente. [59d] Sócrates: No otros, por cierto, sino estos nombres son que, en su oportunidad, puse a juicio. [59d] Protarco: Sócrates, así fue. [59d] Sócrates: Sea, pues; mas, respecto de la mezcla mutua sapiencia y de placer, si se dijera que nos comportamos artesanos, por los materiales de que y en que hemos de ¿no se nos asemejaría bellamente a ellos llamándonos. [59e] Protarco: Y muy bien. [59e] Sócrates: Después de lo cual, ¿no viene el tener que [59e] Protarco: ¿Cómo no? [59e] Sócrates: ¿No sería más correcto repetirnos lo dicho y recordarlo? [59e] Protarco: ¿Qué cosas? [59e] Sócrates: Las que recordamos anteriormente; me parece el refrán: «hay que repetir en palabras dos y aun tres lo bien dicho». [60a] Protarco: ¿Cómo no? [60a] Sócrates: Adelante, por Júpiter!, que creo hemos, de manera, de repetir lo dicho entonces. [60a] Protarco: ¿Qué? [60a] Sócrates: Filebo sostiene que el placer es la meta copara todos los vivientes; que es preciso que todos se propongan. Aún más: que tal es lo bueno para todos, y que dos nombres “bueno y placentero”, correctamente puestos. [60a] a una y la misma naturaleza. Mas Sócrates afirma no son una, sino dos, como los nombres, y que lo Bueno lo Placentero poseen naturaleza diversa. No obstante, la participa más del lote de lo Bueno que el placer. [60b] es, y fue, esto lo entonces dicho, Protarco? [60b] Protarco: Enteramente. [60b] Sócrates: ¿Y no convinimos entonces y ahora en esto? [60b] Protarco: ¿En qué? [60b] Sócrates: En que la naturaleza de lo Bueno se diferencia de lo demás en este aspecto: [60d] Protarco: ¿En cuál? [60d] Sócrates: En el de que siempre que esté presente perfectamente; del todo y de todas maneras, no se necesitará jamás de nada más, teniendo ya lo suficiente perfectísimamente. ¿No es así? [60d] Protarco: Pues así es. [60d] Sócrates: ¿Y no intentamos, con el razonamiento, ponerlos, en la vida de cada uno, cual distintos uno del otro, sin mezclar placer con sapiencia; más aún: que sapiencia no tenga ni un mínimo de placer? [60d] Protarco: Así fue. [60d] Sócrates: ¿Y no nos pareció que a cada uno le bastaba entonces con uno de ellos? [60d] Protarco: ¿Y cómo? [60d] Sócrates: Pero, si en algo erramos entonces, repitamos lo que haga falta y hablemos más correctamente; poniendo que memoria, sapiencia, ciencia y opinión verdadera son de la misma idea, consideremos si, sin éstas, aceptaría alguien ser o poseer algo, no precisamente placer o grandísimo o intenso del que no Supiera gozar verdaderamente y del que ni siquiera conociera qué le está pasando ni tuviera durante tiempo alguno memoria de tal afección. Dígase lo mismo respecto de sapiencia: si, sin placer alguno, aun el más breve, aceptaría alguien poseer sapiencia, más bien que poseerla con ciertos placeres, o bien aceptaría todos los placeres sin sapiencia antes que con cierta sapiencia. [60e] Protarco: No hay modo, Sócrates; mas no hay necesidad alguna de preguntar lo mismo tantas veces. [61a] Sócrates: ¿Así, pues, nada de esto sería lo perfecto, lo elegible por todos, la del todo en todo bueno? [61a] Protarco: ¿Cómo lo fuera? [61a] Sócrates: Según esto hay que conseguir un concepto ” claro y típico de lo Bueno para que, como decíamos, tengamos a quién dar el segundo lugar. [61a] Protarco: Correctísimamente dicho. [61a] Sócrates: ¿Es que no hemos tomado un cierto camino hacia lo Bueno? [61a] Protarco: ¿Cuál? [61a] Sócrates: A la manera como si alguien, buscando a un cierto hombre, se enterara primero de la casa donde habita, ¿no habría con ello encontrado algo grande acerca del buscado? [61b] Protarco: ¿Cómo no? [61b] Sócrates: Mas ahora un cierto razonamiento nos indica, cual al principio, no buscar lo Bueno en la vida inmezclada, sino en la mezclada. [61b] Protarco: Ciertamente. [61b] Sócrates: Gran esperanza hay, según esto, de que lo buscado se nos muestre más claramente estar en la vida bellamente mezclada más que en la que no lo esté así. [61b] Protarco: Mucho más. [61b] Sócrates: Hagamos la mezcla, Protarco, rogando a los dioses, sea a Baco o a Vulcano o a cualquiera de los dioses a quien haya caído en suerte lo de la mezcla. [61c] Protarco: Sea así. [61c] Sócrates: Por cierto que, cual escanciadores, estamos junto a las fuentes: a una de miel, compararíamos la del placer; mas la de sapiencia, sobria y abstemia, a fuente de una cierta agua austera y saludable que hemos de procurar mezclar de la más bella manera. [61c] Protarco: ¿Cómo no? [61d] Sócrates: ¿Ante todo, pues: ¿tendríamos la suerte de mezclar bellamente si mezcláramos cualquier placer con cualquier sapiencia? [61d] Protarco: Tal vez. [61d] Sócrates: No es seguro así. Me parece puedo exponer una opinión sobre cómo mezclarlas con el menor peligro. [61d] Protarco: Di cuál. [61d] Sócrates: Como nos pareció, ¿había verdaderamente un placer mayor que otro; y una arte, más exacta que otra? [61d] Protarco: Pues, ¿cómo no? [61d] Sócrates: Y que había ciencia distinta de ciencia: una, de mirada puesta en lo generable y corruptible; otra, en lo no generable y no corruptible, sino lo que está siendo siempre de idéntica e igual manera, mirando lo cual desde el punto de vista de la verdad, juzgamos que ésta era más verdadera que aquélla. [61e] Protarco: Y correctamente, por cierto. [61e] Sócrates: ¿Qué, y si, mezclando los sectores más verdaderos de ambas, viésemos, ante todo, si, mezcladas, son suficientes para proporcionarnos la más amable de las vidas, o si necesitamos de algo más y diferente de ellas? [62a] Protarco: Me parece que hemos de proceder así. [62a] Sócrates: Sea, pues, un hombre sapiente, acerca de la Justicia misma, sobre lo que es, y que razone siguiendo a lo que entiende y que discurra de parecida manera acerca de todas las demás cosas. [62a] Protarco: Sea, pues. [62a] Sócrates: ¿Tendrá suficiente ciencia si posee la razón de Círculo y de Esfera, la divina; mas ignora esta nuestra humana esfera y estos nuestros círculos, a pesar de servirse de Aquellos, los Otros, en la edificación, y parecidamente en las reglas y los compases? [62b] Protarco: Llamaríamos, Sócrates, ridícula tal disposición nuestra a estar siendo tan sólo con las ciencias divinas. [62b] Sócrates: ¿Cómo dices?; ¿que se ha de continuar y meter en común a la vez esa arte, no segura y no pura, de la falsa regla y del falso círculo? [62b] Protarco: Porque es necesario, si cualquiera de nosotros ha de hallar siempre el camino de nuestra casa. [62c] Sócrates: ¿Y qué de la música de la que hace poco afirmamos que, por estar llena de adivinación e imitación, estaba falta de pureza? [62c] Protarco: Me parece necesario, si nuestra vida ha de ser de alguna manera vida. [62c] Sócrates: ¿Quieres, pues, que cual portero, empujado y forzado por multitud, vencido, abra yo de par en par las puertas y deje entrarse todas las ciencias y mezclarse en uno la menos pura con la pura? [62d] Protarco: Pues bien: no sé, Sócrates, qué mal haya en aceptar todas las demás ciencias, teniendo las primarias. [62d] Sócrates: ¿Dejo, pues, que desemboquen en ese llamado por Homero, y bien poéticamente, «receptáculo de confluencias»? [62d] Protarco: Ciertamente. [62d] Sócrates: Que entren, pues; volvamos a la fuente de los placeres, porque pensábamos mezclarlos; primero, las partes de los verdaderos; y esto no nos resultó; sino que, por amor a toda clase de ciencia, las dejamos entrar en tropel y antes que a los placeres. [62e] Protarco: Verdaderísimamente dicho. [62e] Sócrates: Es hora, pues, de que, respecto de los placeres, nos decidamos o si los soltaremos a todos en tropel a si dejaremos primero entrar a los verdaderos. [62e] Protarco: Para la seguridad importa mucho dejar entrar primero a los verdaderos. [62e] Sócrates: Pues que entren. Mas, ¿qué después? Pero, ¿si hubiere algunos necesarios, como las hay ciencias, habremos de mezclarlos? [62e] Protarco: ¿Cómo no?, los necesarios, por cierto. [63a] Sócrates: Mas si, como dijimos, es inofensiva y provechoso saber durante la vida de todas las artes, digamos ahora lo mismo de los placeres; que, si es conveniente e inofensivo a todos nosotros gozar de todos los placeres, hay que mezclarlos a todos. [63a] Protarco: ¿Qué diremos, pues, sobre ellos y cómo nos portaremos? [63a] Sócrates: Hay que preguntarnos, Protarco, no a nosotros, sino a los placeres y a las sapiencias mismas, para informarnos, lo siguiente acerca de sus relaciones: [63b] Protarco: ¿Qué? [63b] Sócrates: ¿“Queridos —haya de llamárselos "placeres' o con otro nombre cualquiera— aceptaríais habitar con toda clase de sapiencia o sin nada de ella”? Creo que a esto no tendrían más, remedio que responder... [63b] Protarco: ¿Qué? [63b] Sócrates: Lo que antes se dijo: “que eso de solitarios, yermos y límpidos es un estado ni del todo posible ni provechoso. De todos los estados nos parece el mejor, uno por uno, cohabitar con el de conocernos a nosotros. mismos y a todo lo demás perfectamente en la medida de lo a cada uno posible”. [63c] Protarco: “Bellamente acabáis de responder”. diríamos. [63c] Sócrates: Correctamente. Es el turno de preguntar después de esto a Sapiencia y a Inteligencia: “¿necesitáis de placeres en la mezcla?”, diríamos preguntando a Inteligencia y a Sapiencia. “¿De qué placeres?”, dirían tal vez ellas. [63c] Protarco: Probablemente. [63d] Sócrates: Después de lo cual nuestro razonamiento proseguiría: “además de placeres verdaderos”, diríamos, ¿necesitáis cohabitar con los placeres mayores y más intensos?”. “Y, ¿cómo?, Sócrates”, dirían tal vez, “cuando nos traen mil impedimentos, perturban con tormentos enloquecedores las almas en que habitamos y no dejan, por principio, que nazcamos nosotras mismas, y a los hijos que nos nacen los pervierten casi siempre de todo en todo inoculándoles, por el descuido, olvido. Mas a los que llamaste placeres verdaderos y puros, tenlos casi por de casa, además de los que van con salud y templanza y aun a todos aquellos que, cual si fueran servidores de diosa, acompañan a toda virtud; a éstos, mézclalos. Mas en cuanto a placeres seguidos de insensatez y otras maldades, gran sinrazón fuera mezclarlos con la inteligencia, si se quiere contemplar la más bella e imperturbable mezcla y unión en que tratar de aprender qué hay de naturalmente bueno en el hombre y en el Todo, y adivinar tal vez cuál es su idea”. ¿No afirmaremos que, razonable y fundadamente, la inteligencia se ha respondido a sí misma, en lo ahora preguntado, acerca de ella misma, y de memoria y de opinión correcta? [64a] Protarco: De todo en todo es así. [64a] Sócrates: Mas es necesario estotro, sin lo cual nada llegaría verdaderamente a ser. [64b] Protarco: ¿Qué? [64b] Sócrates: Si no se mezcla la verdad, nada de lo que viene al ser vendría verdaderamente al ser; ni venido, sería. [64b] Protarco: Pues, ¿cómo? [64b] Sócrates: De manera alguna. Mas si aun faltare algo en tal mezcla, decidlo tú y Filebo, porque, para mí, me parece que el razonamiento presente está terminado, cual si fuera un cierto mundo incorporal mandando bellamente en un cuerpo animado. [64b] Protarco: Di, Sócrates, que soy de tu misma opinión. [64b] Sócrates: Ahora bien: si dijéramos que nos hallamos - ahora en el vestíbulo y aun en la habitación misma de lo Bueno, ¿no lo afirmaríamos con una cierta corrección? [64c] Protarco: A mí también me lo parece. [64c] Sócrates: ¿Qué es, pues, lo más precioso en tal mezcla y lo que nos parecería a todos ser suprema causa de hacérsenos amable tal estado? En viendo esto, meditaremos sobre si ha surgido en él. Todo algo más afín o más casero a placer o a inteligencia. [64d] Protarco: Correctamente, porque esto nos ayudará grandemente en nuestro juicio [64d] Sócrates: Y además no es difícil de ver la causa por cuya virtud toda mezcla o resulta digna de todo o absolutamente de nada. [64d] Protarco: ¿A qué te refieres? [64d] Sócrates: A algo que ningún hombre ignora. [64d] Protarco: ¿Qué? [64d] Sócrates: Que cualquiera combinación, sea como sea y sea cual sea, por necesidad destruye lo combinado y, primero. [64d] a sí misma, si no se da la buena suerte de que sea según medida, y sea de la naturaleza de lo conmensurado, porque. [64d] en tal caso, no es combinación sino calamidad, en verdad puro revoltijo e impotente, y tal resulta ser eso siempre, en realidad, para quienes la padecen. [64e] «γὰρ κρᾶσις ἀλλά τις ἄκρατος συμπεφορημένη ἀληθῶς ἡ τοιαύτη γίγνεται ἑκάστοτε ὄντως τοῖς κεκτημένοις συμφορά. ἀληθέστατα. νῦν δὴ καταπέφευγεν ἡμῖν ἡ τοῦ ἀγαθοῦ δύναμις εἰς τὴν τοῦ καλοῦ φύσιν: μετριότης γὰρ καὶ συμμετρία κάλλος δήπου καὶ ἀρετὴ πανταχοῦ συμβαίνει γίγνεσθαι. πάνυ μὲν οὖν. καὶ μὴν ἀλήθειάν γε ἔφαμεν αὐτοῖς ἐν τῇ κράσει μεμεῖχθαι. πάνυ γε.» (Burnet, 64e) [64e] Sócrates: Con esto el poder de lo Bueno se nos ha huido a la naturaleza de lo Bello, porque mensura y conmensuración son, por cierto y siempre, origen a belleza y a toda clase de virtud. [64e] Protarco: Así realmente es. [64e] Sócrates: Afirmamos además que con todo eso había de estar mezclada Verdad. [64e] Protarco: Así fue. [65a] Sócrates: Según esto, pues, si no podemos cazar con una sola idea lo Bueno, captémosla con tres: belleza, conmensuración y verdad; y digamos que tomando cual si fuera una estas tres, correctísimamente haríamos de ella, de entre los componentes de la mezcla, causa; y diríamos que la mezcla ha resultado buena por ser buena tal causa. [65a] Protarco: Correctísimamente. [65a] Sócrates: Cualquiera ya, Protarco, nos resultará competente juez sobre cuál de los dos: Placer y Sapiencia es más congénere con lo óptimo y con más valioso para hombres y dioses. [65b] Protarco: Es claro; mas es preferible llevar a su término el razonamiento. [65b] Sócrates: Juzguemos, pues, a cada una de esas tres ideas en relación al placer y a la inteligencia, porque hemos de ver a cuál de éstos atribuiremos el ser más congénere con ellas. [65b] Protarco: ¿Te refieres a belleza, verdad y conmensuración? [65b] Sócrates: Sí. Toma, en primer lugar, a Verdad, Protarco; y, tomada, y mirando hacia los tres: Inteligencia. Verdad y Placer, demorándote cuanto quieras, respóndele a ti mismo sobre si es más congénere con verdad, placer o inteligencia. [65c] Protarco: ¿Para qué demorarme?; la diferencia, creo es grande. Porque el placer es de todos el mayor impostor; y así se dice que en los placeres del amor, que pasan por ser los mayores, aun el perjurio tiene el perdón de los dioses, cual si los placeres fueran niños desprovistos hasta de un mínimo de inteligencia. Mas Inteligencia es o idéntica con Verdad o de todo lo más semejante a ella y lo más verdadero. [65d] Sócrates: Después de esto, y de parecida manera, considera la Mensura; cuál posee más de ella el placer que la sapiencia, o la sapiencia que el placer. [65d] Protarco: Fácil de considerar es lo que pones a consideración; porque creo que nada se encuentra entre las cosas que, de natural, sea más desmesurado que placer y sus transportes, mientras que nada es más enmesurado que inteligencia y ciencia. [65e] Sócrates: Bellamente dicho. Mas responde a lo tercero: ¿participa de la Belleza más Inteligencia que el género placer, de modo que sea más bella Inteligencia que placer, o lo contrario? [65e] Protarco: Pero, Sócrates, nadie, ni despierto ni dormido, descubrió jamás en sapiencia e inteligencia algo feo, ni pensé nunca jamás que lo haya sido, sea o haya de ser. [65e] Sócrates: Correctamente. [65e] Protarco: Mas respecto de los placeres, casi sobre todo los mayores, cuando vemos a alguien regodeándose en ellos descubrimos lo que tienen de ridículo o lo que los sigue de superlativa indecencia, de modo que nosotros mismos nos avergonzamos, nos ocultamos lo más posible de la vista, confinamos todo esto a la noche, cual si ni la luz debiera verlo. [66a] Sócrates: Afirmarás, según esto, Protarco, en todo lugar, o enviando mensajeros o hablando a los presentes, que Placer no es ni la primera ni la segunda de nuestras posesiones; mas que, primero, se ha de juzgar preferible, por más deleitable, lo pertinente a mesura, mesurado y oportuno y todo lo a esto semejante. [66a] Protarco: Tal parece según lo acabado de decir. [66b] Sócrates: En segundo lugar: lo referente a conmensurado, bello, perfecto, suficiente, y lo que'sea de tal linaje. [66b] Protarco: Tal parece. [66b] Sócrates: -Poniendo en tercer lugar, así lo adivino, a Inteligencia y Sapiencia no pasarías muy de largo respecto de la verdad. [66b] Protarco: Tal vez. [66b] Sócrates: ¿No.estará en,cuarto-lugar lo que pusimos ser propio del alma: ciencias, artes. y.opiniones, así llamadas. [66b] a “correctas”; todo lo cual viene en cuarto lugar tras los tres, ya que son más congéneres con lo Bueno que con el placer? [66b] Protarco: Tal pudiera ser. [66b] Sócrates: En quinto lugar: ¿los placeres que pusimos, al definirlos, cual indoloros, denominándolos puros, de la misma alma, que siguen unos a las ciencias, otros a las sensaciones? [66b] Protarco: Tal vez. [66b] Sócrates: Con la cuarta generación, dice Orfeo, «cerrad el mundo del canto». Parece, pues, cual si nuestro razonamiento fuera a cesar, con el juicio sexto. Después de esto no nos queda sino poner algo así como cabeza a lo dicho. [66d] Protarco: Hace falta. [66d] Sócrates: Sea, pues, «lo tercero, al Salvador». Recorramos el mismo razonamiento, dejando constancia de él. [66d] Protarco: ¿Sobre cuál? [66d] Sócrates: Filebo sostuvo ante nosotros que Placer es, de todo en todo, lo Bueno. [66d] Protarco: Eso de “tercera vez”, Sócrates, pareces haberlo dicho cual si fuera preciso retomar desde el principio el razonamiento. [66e] Sócrates: Sí, pero sigamos lo siguiente: viendo lo que acabamos de recorrer, y repugnándome el razonamiento de Filebo, no sólo el de él sino el de miles y miles de otros, afirmé que, para la vida humana, es mejor y más excelente Inteligencia que Placer. [66e] Protarco: Así fue. [66e] Sócrates: Mas sospechando que hay aún mucho que decir, afirmé que, si se presentara algo mejor que los dos, pelearía por el segundo puesto en favor de Inteligencia contra Placer, quedando así privado Placer del segundo puesto. [67a] Protarco: Lo dijiste. [67a] Sócrates: Mas después se puso de manifiesto de suficientísima manera que ninguno de estos dos era suficiente. [67a] Protarco: Verdaderísimo. [67a] Sócrates: En este razonamiento, tanto Inteligencia como Placer, quedaron descartados; ninguno de los dos es lo Bueno mismo, privados como están de seipsisuficiencia y del poder de lo completo y perfecto. [67a] Protarco: “ Correctísimo. [67a] Sócrates: Mas al aparecer un tercero mejor que cada uno de ellos, quedó entonces patente que Inteligencia es más casera y connatural que Placer con la idea del vencedor. [67a] Protarco: Pues, ¿cómo no? [67a] Sócrates: Según, pues, tal juicio, aclarado ahora por el razonamiento, la potencia del placer estaría en el quinto puesto. [67a] Protarco: Tal parece. [67b] Sócrates: Mas no en el primero, aunque todos los bueyes, caballos y las demás bestias afirmen de consuno corresponder a eso de perseguir el goce, creyendo a las cuales, cual los augures a las aves, juzgan los más que los placeres son, para nosotros, el máximo aliciente para vivir bien, y creen, además, que los amores de las bestias son testigos más autorizados que los amores por los razonamientos que musa filósofa nos haga, en cada caso, adivinar. [67b] Protarco: Todos afirmaremos ahora, Sócrates, que has hablado verdaderísimamente. [67b] Sócrates: Así que dejadme ir. [67b] Protarco: Una poquito cosa resta, Sócrates; no renuncies a ella antes que nosotros; yo te recordaré lo que falta. ## Notes [1] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [2] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [3] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [4] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca.