La República — Plato ==================== ΠΟΛΙΤΕΙΑ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/rep/ This file: https://plato-scroll.com/text/rep-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/rep.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/rep-b.txt - P. Shorey (Loeb, 1930/1935): https://plato-scroll.com/text/rep-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/rep-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/rep-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [327a] I. Bajé ayer al Pireo con Glaucón, hijo de Aristón, para adorar a la diosa, y con la intención de ver, a la vez, de qué manera harían la fiesta los que ahora por vez primera la dirigen. Pues, por cierto, que bella me pareció la procesión de los coterráneos, pero no menos magnífica me pareció la que enviaron los tracios. En habiendo adorado y visto, nos volvimos a la ciudad. Mas viendo de lejos Polemarco, hijo de Céfalo, que nos preparábamos a volver a casa, mandó a su esclavo corriendo con el mandado de que le aguardáramos. Y tirándome del manto por la espalda, el esclavo dijo: “Ruégaos Polemarco que le aguardéis”. Y volviéndome le pregunté dónde estaba él mismo, “El en persona, respondió, viene detrás; aguardad pues”, "Pues aguardaremos”, dijo Glaucón. [327c] Y poco después llegó Polemarco y Adimanto, hermano de Glaucón, y Nicératos, hijo de Nicias, y algunos otros cual si volvieran de la procesión. [327c] Dijo pues, Polemarco: me parece, Sócrates, que os encamináis hacia la Ciudad cual para volveros. [327c] Pues no te lo parece mal, dije yo. [327c] Pues bien: ¿ves cuántos somos?, añadí. [327c] Pero, ¿cómo no? [327c] Pues bien: 0- no podéis a no pasáis de aquí. [327c] Pero, repliqué yo, ¿no queda aún una cosa: que nos convenzamos de que nos habéis de dejar ir? [327c] ¿Qué podríais convencer, añadí yo, a quienes no escuchan? [327c] No hay manera, dijo Glaucón. [327c] Pues haceos al pensamiento de que no se os va a escuchar. [328a] Y Adimanto añadió: ¿Que no sabéis que había hacia el atardecer carrera de antorchas sobre caballos, en honor de la diosa? [328a] ¿Sobre caballos?, dije yo; ¡cosa nueva por cierto! ¿Que el concurso consiste en montados sobre caballos pasarse unos a otros las antorchas que tienen en la mano? ¿A esto te refieres? [328a] Así es, respondió Polemarco; y además harán toda una fiesta nocturna, digna de verse. Nos levantaremos y saldremos después de la cena; veremos tal fiesta; nos encontraremos además allá con muchos jóvenes, y dialogaremos. Quedaos, pues, y no hagáis otra cosa. [328b] Y dijo Glaucón: parece que hemos de quedarnos. [328b] Pues si tal parece, añadí yo, así ha de hacerse. [328b] II. Fuimos pues a casa de Polemarco; y encontramos allí a Lisias y Eutidemo, hermano de Polemarco, y además a Trasimaco de Calcedonia y a Carmántides de Peanía y a Clitofonte hijo de Aristónimo. Pero dentro estaba además Céfalo, padre de Polemarco; y me pareció estar grandemente envejecido, que no lo había visto desde mucho tiempo. Estaba sentado en una silla con cojín, coronado, porque acababa de hacer en la habitación un sacrificio. Nos sentamos pues, junto a él, que había allí, al derredor, algunas sillas. [328c] Apenas, pues, me vio Céfalo, me saludó y dijo: Sócrates, ni siquiera nos frecuentas cuando bajas al Pireo. Y fuera menester, por cierto; porque si tuviera yo aún fuerzas para ir fácilmente a la ciudad no te haría falta venir tú acá, sino que nosotros iríamos a tu casa. Pero ahora has de ser tú quien venga acá con mayor frecuencia. Te confieso que cuanto más se me marchitan, entre otros placeres, los propios del cuerpo tanto más se me acucian el apetito y los placeres de la conversación. Acompáñate de estos jóvenes, no dejes de hacerlo; más visítanos como a amigos y grandemente familiares que Y, por cierto, Céfalo, respondí yo, que me place dialogar con los grandemente viejos; porque me parece que de ellos he de aprender —como de quienes han recorrido ya un cierto camino que también nosotros habremos de recorrer— cuál es tal camino: áspero y difícil o liso y transitable. Más aún: me sería un placer enterarme de qué te parece, puesto que estás ya en tal edad, eso que los poetas llaman “umbral de la vejez"; ¿es difícil de vivir? ¿De qué otra manera lo calificarías? [329a] III. ¡Por Júpiter!, Sócrates, respondió: yo te explicaré qué es lo que me parece. Que nos reunimos muchas veces algunos de los que tenemos aproximadamente la misma edad, haciendo honor al antiguo proverbio. Pues bien: los más de nosotros nos lamentamos, reunidos, ansiosos de los placeres de la juventud y recordándonos de los Venéreos, de bebidas y comilonas y otras cosas que con éstas van; y se entristecen, cual privados de algo grande; y que entonces sí que vivían bien; pero lo de ahora no es ni vivir. Quéjanse además algunos de la vejez por las malascrianzas de los domésticos; A encima de esto, y en lamentaciones, cantan a la vejez cual a causa para ellos de tantos males. Pero me parece, Sócrates, que los tales no encausan a la causa, porque si la vejez fuera la causa, aun yo padeciera eso mismo por ella, y también todos los demás que llegaron a esta tal edad. Ahora bien: yo me he encontrado ya con algunos que no se portan así. Más aún: en cierta ocasión me encontré con Sófocles, el poeta, cuando le preguntaba alguien: “¿Cómo Sófocles”, decía, “te va en lo de Venus?, ¿eres aún capaz de yogar con mujer?”. Y él respondió: “¡Habla bien!, hombre; que de eso, gustosísimamente me he escapado, cual si escapara de déspota rabioso y salvaje”. Me pareció, pues, entonces haber él hablado bien y bellamente; y ahora no me lo parece menos; porque, en la vejez, hácese gran paz en eso y grande liberación. Cuando las apetencias cesan y relajan sus tensiones adviene de todo en todo lo de Sófocles: haberse librado de muchos y maniáticos déspotas. Pero en cuanto a esto y a lo demás referente a los domésticos la única causa, Sócrates, no lo es la vejez, sino el talante de los hombres, porque si fueran educados y bienhumorados, aun la vejez resultárales moderadamente. pesada; mas si no, Sócrates, tanto vejez como juventud hácenseles a los tales fastidiosas. [329d] IV. Y yo admirado de oírle decir tales cosas, y queriendo que hablara aún más, le di un golpecito, y dije: Céfalo, creo que la mayoría, cuando te oyen decir tales cosas, no las aceptan, sino juzgan que llevas fácilmente la vejez, no por tu talante, sino por poseer gran riqueza, que, «para los ricos», dícese «haber muchos consuelos». Dices verdad, respondió, porque no las aceptan; mas no, ciertamente, por lo que piensan. Que, al contrario, pasa justamente lo de Temístocles, insultado por Seribio, quien le decía no deber su buena reputación a sus méritos, sino a la Ciudad. A lo que respondió: “ni de ser yo Seribio, llegara a renombrado; ni Seribio, en caso de ser ateniense”. Y a los no ricos, cuando llevan dificultosamente la vejez, se les aplica bien esta misma sentencia: que ni aún el más razonable llevaría la vejez con gran facilidad, y con pobreza; ni el no razonable, con riquezas, y viejo, estaría tal vez de buen humor. [330a] Pero Céfalo, añadí, ¿lo más de lo que posees lo es por herencia o por sobreañadido por ti a ella? [330b] ¿Qué he de sobreañadir yo, Sócrates? Resulté intermedio traficante entre el abuelo y el padre; que el abuelo, tocayo mío, recibió una riqueza casi como la que yo ahora posca, y la hizo multiplicarse muchas veces, mas Lisanías, el padre, la hizo disminuir a menos de lo que ahora es. Pero yo me doy por contento con dejársela a éstos no menos, sino un poquito mayor de lo que la recibí. [330b] Te lo preguntaba, añadí, porque me parece no te contentan gran cosa los dineros; así obran, casi siempre, quienes no los adquirieron por sí mismos. Mas quienes los adquirieron los estiman doble que los demás. Porque de la misma manera como los poetas aman sus versos, y los padres a sus hijos, así también los traficantes se interesan por los dineros; por ser obra suya; aparte de, como los demás, por su utilidad. Así que resulta fastidiosa su compañía porque no quieren alabar cosa alguna fuera de la riqueza. [330c] Es verdad, dijo. [330d] V. ¡Y grande!, añadí yo. Pero dime aún algo más: ¿cuál crees ser el mayor bien de que has disfrutado por poseer gran riqueza? [330d] Uno, respondió, que, dicho, tal vez no convencería a muchos de que lo es; porque, Sócrates, ten por bien sabido que cuando uno cree estar ya cerca de la muerte, sobreviénenle miedo y cavilaciones sobre lo que antes no le venían; porque lo que se cuenta acerca del Hades: que el malhechor ha de pagar allí justo castigo, de ridículo hasta entonces, conturba ya el alma no sea verdad. Y sea por debilidad senil o por estar ya cual más cerca de lo de Allá, él mismo mira más en ello. Llénase, pues, de desconfianza y temor; recuenta ya y considera si en algo fue injusto con alguien; y, encontrando en su propia vida muchas injusticias, despiértase con miedo, cual los niños, prematuramente del sueño, y vive aguardando lo peor. Mas a quien nada malo reproche su conciencia hácesele constantemente presente Esperanza, dulce nodriza de vejez buena, como dice Píndaro, porque bellamente, Sócrates, dijo eso de que a quien posee una vida justa y piadosamente la dulce esperanza le acompaña; para su corazón y para su vejez Esperanza: gobernadora suprema de la versátil mente de los mortales. [331a] Dícelo, pues, de grandemente admirable manera. Por esto yo mismo tengo a la posesión de riquezas por máximamente valiosa, no para cualquier varón, sino para el sensato; porque ni aun involuntariamente engañar a alguien o mentir, ni quedar a deber o a dios sacrificio alguno o a hombre dineros, después de lo cual irse, sin miedo, Allá, gran aporte es para esto la posesión de dineros; además de que tiene otras muchas ventajas; mas, una por una, Sócrates, el que la riqueza sirva para esto al varón sensato lo tendría yo por no la menor de las ventajas. [331b] Bellísimamente hablas, añadí yo, Céfalo. Pero esto mismo: la Justicia, ¿afirmaremos ser ella, así sencillamente, decir la verdad y devolver a uno lo que de él recibió, o bien que esto mismo es unas veces justo, otras injusto, hacerlo? Lo digo por casos como éste: si de varón amigo en sus cabales «παγκάλως, ἦν δ’ ἐγώ, λέγεις, ὦ Κέφαλε. τοῦτο δ’ αὐτό, τὴν δικαιοσύνην, πότερα τὴν ἀλήθειαν αὐτὸ φήσομεν εἶναι ἁπλῶς οὕτως καὶ τὸ ἀποδιδόναι ἄν τίς τι παρά του λάβῃ, ἢ καὶ αὐτὰ ταῦτα ἔστιν ἐνίοτε μὲν δικαίως, ἐνίοτε δὲ ἀδίκως ποιεῖν; οἷον τοιόνδε λέγω· πᾶς ἄν που εἴποι, εἴ τις λάβοι παρὰ φίλου ἀνδρὸς σωφρονοῦντος ὅπλα, εἰ μανεὶς ἀπαιτοῖ, ὅτι οὔτε χρὴ τὰ τοιαῦτα ἀποδιδόναι, οὔτε δίκαιος ἂν εἴη ὁ ἀποδιδούς, οὐδ’ αὖ πρὸς τὸν οὕτως ἔχοντα πάντα ἐθέλων τἀληθῆ λέγειν.» (Burnet, 331c) [331d] Correctamente hablado, dijo. [331d] Luego no es ésta la definición de justicia: decir verdad y devolver lo que se recibió. [331d] Pues ciertamente, Sócrates, lo es —dijo interviniendo Polemarco— si hay que creer algo a Simónides. [331d] Por cierto, dijo Céfalo, as entrego el razonamiento, porque he de ocuparme ya de las cosas sagradas. [331d] ¿Así que, dije yo. Polemarco es tu heredero? [331d] Por cierto que sí, respondió él sonriendo; y a la vez íbase a lo sagrado. [331e] VI. Dime pues, tú, el heredero, añadí yo, ¿qué afirmas decir correctamente Simónides, al hablar de Justicia? [331e] Que, respondió, es justo dar a cada uno lo que se le debe; diciendo la cual, me parece hablar él bellamente. [331e] Por cierto, repliqué, que no es cosa fácil el no dar fe a Simónides, porque es varón sabio y divino. Que tal vez diga eso, Polemarco, tú pudieras saberlo; mas yo lo ignoro. Está claro que no dice lo que acabamos de decir: que, cuando lo pida, se le devuelva a cualquiera que no esté en su juicio lo que depositó en manos de otro, aunque, por cierto, sea una deuda lo depositado. [331e] ¿Es así? [331e] Así que de ninguna manera hay que devolverlo cuando lo reclame alguien que no esté en su juicio. [331e] Es verdad, dijo. [331e] Algo, pues, diferente de esto, dice, al parecer, Simónides, en caso de ser lo justo "devolver lo debido”. [331e] Ciertamente, algo diferente, por Júpiter!, dijo; porque piensa que a los amigos se les debe hacer algo bueno, pero nada malo. [331e] Comprendo, dije yo, que no devuelva lo debido quien lo devuelve al que depositó oro, si tal devolución y recibo resulten perjudiciales, siendo amigos tanto el receptor como el devolvente, y, ¿no sostienes que así lo dice Simónides? [332b] Pero, ¿qué?, dijo: ¿a los enemigos se ha de devolver lo que por caso se les debe? [332b] Pues de todo en todo, respondió, lo que se les debe; mas se les debe, pienso, de parte de un enemigo lo que precisamente conviene a enemigo: algún mal. [332b] VII. Al parecer, pues, continué yo, dijo Simónides en adivinanzas y poéticamente qué era lo Justo. Evidentemente, pues, pensaba que lo Justo es devolver a cada uno lo conveniente, y a esto denominó “debido”. [332c] ¿Pero a ti qué te parece?, dijo. [332c] Si pues, alguien, respondí, le preguntara: “¡Por Júpiter!, Simónides, ¿por dar qué, debido y conveniente a alguien, la medicina se llama “arte”? ¿Qué piensas nos contestaría? [332c] Evidentemente, dijo, que por dar a los amigos medicinas, comidas y bebidas. [332c] Mas ¿por dar qué, debido y conveniente a algo, la culinaria se llama “arte”? [332d] Á los alimentos, los condimentos. [332d] ¡Sea! ¿Por dar pues qué a alguno, la Justicia se llamaría arte"? [332d] Si, por cierto, Sócrates, se ha de ser consecuente con la anteriormente dicho, “por dar a amigos ayuda; a enemigos, daños”. [332d] ¿Luego a tratar bien a los amigos y mal a los enemigos, llamas "Justicia”? [332d] Me lo parece. [332d] ¿Quién, pues, es el más potente para tratar bien a amigos enfermos y mal a los enemigos en punto a enfermedad y salud? [332d] El médico, ¿Y quién, a los navegantes en eso de peligros del mar? El piloto. Pero, ¿qué el justo?: ¿en qué asuntos y respecto de qué será él el más potente para ayudar a amigos y dañar a En militar contra éstos y militar con aquéllos, me parece. Sea. Mas para los no enfermos, Polemarco, el médico inútil. E Es verdad. Y para los no navegantes lo es el piloto. Sí. ¿Luego también para los no militantes el justo es inútil? En modo alguno me lo parece esto. ¿Luego la Justicia es útil aún en la paz? Útil es. Y pues la agricultura, ¿lo es o no? Sí. ¿Para la recolección de frutos? Si ¿Y aun la arte zapateril? Sí. Para adquirir zapatos, dirás, creo. Absolutamente. Pues bien: en cuanto a la Justicia, ¿para qué necesidad afirmarías ser útil, en la paz? Para los tratos mutuos, Sócrates. Tratos mutuos llamas “ocupaciones comunes”, ¿o qué cosa? Á ocupaciones comunes precisamente, ¿Así que el justo es bueno y útil socio para colocar las de chaquete o lo es el jugador de chaquete? El jugador de chaquete. Mas para colocar ladrillos y piedras, ¿el justo será más mejor socio que el albañil? [333b] De ninguna manera. [333b] Mas, ¿para qué ocupación común es el justo mejor socio que el citarista, a la manera como el citarista es mejor que el justo para pulsar las cuerdas? [333b] Para asuntos de plata, me parece. [333b] A excepción, tal vez, Polemarco, de servirse de la plata cuando se haya de comprar o de vender en común por plata un caballo; que entonces, tal vez, lo es el caballista. ¿Es así? [333c] Y cuando se trata de un barco, ¿el naviero o el piloto? [333c] Pues, y cuando se haya de gastar en común plata u oro, ¿será el justo más útil que los demás? [333c] Cuando se trate de depositar, y estar seguro, Sócrates. [333c] ¿Hablas, pues, de cuando no haga falta alguna utilizarla, sino dejarla reposar? [333c] Luego cuando la plata está inservible, ¿entonces, para ceso, sirve la Justicia? [333d] Se corre tal riesgo. [333d] Y cuando se haya de guardar una podadora es la Justicia útil, tanto en común como en privado; ¿mas cuando se haya de usar, lo es la arte viñateril? [333d] Afirmarás también que cuando se haya de guardar y no usar escudo y lira, ser cosa útil la Justicia; mas cuando, de usarlas, lo son la arte hoplítica y musical. [333d] Y respecto de todo lo demás la Justicia es inútil en cualquier cosa de uso; mas útil, en las de no uso. [333d] Se corre tal riesgo. [333e] VIII. No sería, pues, querido, gran cosa de excelente la Justicia si se diera el caso de ser útil para lo inútil. Pongamos precisamente esto a consideración: el más capaz en golpear en un combate, sea de boxeo u otro cualquiera, ¿no lo es, ese mismo, en defenderse? [333e] Pues bien: el más capaz de defenderse de enfermedad, ¿no es también el más capaz de transmitirla en secreto? [333e] Me lo parece. [334a] Mas, de un ejército, ¿no será buen guardián el mismo que sea capaz de robar aun las decisiones y demás tramas de los enemigos? [334a] Luego de lo que uno sea guardián capaz, de eso mismo es también ladrón capaz. [334a] Luego si el justo es capaz de guardar la plata, también será capaz de robarla. [334a] Pues el razonamiento así lo muestra, dijo. [334a] Luego el justo se nos ha mostrado, al parecer, cual ladrón; y corres el riesgo de haber aprendido esto de Homero, porque éste estimaba grandemente a Autólico, abuelo materno de Ulises, y afirma de él que superaba a todos los hombres en latrocinios y perjurios. Parece, pues, que la Justicia, según tú, según Homero y según Simónides es una cierta arte latronil, cierto que en favor de los amigos y en daño de los enemigos, ¿No es así como lo decías? [334b] No, por Júpiter!, dijo; mas no sabía añn lo que decía. Pero me parece aún ahora cierto que la Justicia es favorecer a los amigos y dañar a los enemigos. [334b] Pero, ¿llamas “amigos”, más bien a los que le parece a uno serle útiles o a los que realmente lo son, aunque no lo parezcan; y parecidamente respecto de los enemigos? [334b] Naturalmente, dijo, amar a los que uno tenga por buenos, y odiar a los que por malvados. [334b] Mas, ¿no se equivocan los hombres en este punto, tanto que les parezca les son buenos muchos, no siéndolo; pero muchos, lo contrario? [334b] Se equivocan. [334b] Luego, para éstos, los buenos son enemigos; mas los malos, amigos. [334b] No obstante, ¿les resulta entonces justo favorecer a los malvados y dañar a los buenos? [334d] Mas, por cierto, los buenos son justos, y aun capaces de no obrar injustamente Es verdad. [334d] Así pues según tu razonamiento es justo hacer mal a los que nada de injusto hacen. [334d] En modo alguno, Sócrates, dijo; porque el razonamiento me pareció malvado. [334d] Luego, añadí yo, ¿es justo tratar mal a los injustos; mas lo es favorecer a los justos? [334d] Esto es, evidentemente, más bello que lo otro. [334d] Luego a muchos pasará, Polemarco, que, por equivocarse acerca de los hombres, resulte justo hacer mal a los amigos, por serles, en realidad, malvados; mas favorecer a los enemigos, por serles buenos. Y así estaremos diciendo algo parecidamente contrario a lo que afirmamos, dijo Simónides. [334e] Y mucho, dijo, que así pasa. Pero corrijámonos, porque corremos el peligro de no haber correctamente establecido lo de amigo y enemigo. [334e] ¿Cómo lo estableceremos, Polemarco? [334e] Que quien parezca útil sea precisamente bueno. [334e] Pero ahora, añadí yo, ¿cómo lo corregiremos? [334e] Que quien parezca y sea-en-realidad bueno, dije yo, es amigo; mas quien lo parezca, mas no lo sea, parezca mas no sea amigo. Y respecto de enemigo, establézcase lo mismo. [335a] Así que, según parece, a tenor de este razonamiento será amigo el bueno; mas enemigo, el malvado. [335a] ¿Nos exiges, pues, que añadamos a eso de justo, como primeramente lo dijimos al decir que "es justo hacer bien al «τὸν δὲ δοκοῦντα μέν, ὄντα δὲ μή, δοκεῖν ἀλλὰ μὴ εἶναι φίλον. καὶ περὶ τοῦ ἐχθροῦ δὲ ἡ αὐτὴ θέσις. φίλος μὲν δή, ὡς ἔοικε, τούτῳ τῷ λόγῳ ὁ ἀγαθὸς ἔσται, ἐχθρὸς δὲ ὁ πονηρός. ναί. κελεύεις δὴ ἡμᾶς προσθεῖναι τῷ δικαίῳ ἢ ὡς τὸ πρῶτον ἐλέγομεν, λέγοντες δίκαιον εἶναι τὸν μὲν φίλον εὖ ποιεῖν, τὸν δ’ ἐχθρὸν κακῶς· νῦν πρὸς τούτῳ ὧδε λέγειν, ὅτι ἔστιν δίκαιον τὸν μὲν φίλον ἀγαθὸν ὄντα εὖ ποιεῖν, τὸν δ’ ἐχθρὸν κακὸν ὄντα βλάπτειν;» (Burnet, 335a) [335a] Absolutamente pues, dijo; que me parece estar así más bellamente dicho. [335b] IX. ¿Es, pues, propio de varón justo, dije yo, dañar a cualquiera de los hombres? [335b] Y mucho lo es, replicó: que se ha de hacer daño a los malvados y también a los enemigos. [335b] Mas los caballos tratados mal, ¿hácense mejores o peores? [335b] ¿Respecto de la virtud de perros o de la de caballos? [335b] De la de caballos. [335b] ¿Así que también los perros, tratados mal, hácense peores respecto de la virtud de perros; mas no, respecto de la virtud de caballos? [335b] Pues por necesidad. [335c] Mas, compañero, respecto de hombres, ¿diremos parecidamente que, tratados mal, hácense peores para la virtud humana? [335c] Mas, ¿la Justicia no es virtud humana? [335c] También esto es necesario. [335c] Y, por tanto, ¿es necesario, querido, que los hombres. tratados mal, se hagan más injustos? [335c] Mas, ¿pueden los músicos, mediante la arte musical, hacer inmúsicos? [335c] Mas por la hípica, ¿los hípicos hacer inhípicos? [335c] No hay cómo. [335c] Mas por la Justicia, ¿los justos hacer injustos? O resumidamente, ¿por la virtud los buenos hacer malos? [335d] Pues no es obra, pienso, del calor enfriar; sino lo es de lo contrario. [335d] Ni de la sequedad, humedecer; sino de lo contrario. [335d] Ní por cierto es obra del bueno hacer mal; sino lo es de lo contrario. [335d] Mas, ¿el justo es bueno? [335d] Luego no es obra del justo hacer mal, Polemarco, ni a amigo ni a otro alguno, sino lo es de su contrario: del injusto. [335d] De todo en toado me parece, Sócrates, afirmó, que dices la verdad. [335d] Luego si se dice que dar a cada uno lo debido es ser justo, mas que esto se lo entienda de que el varón justo deba tratar mal a los enemigos precisamente, mas favorecer a los amigos, no sería sabio quien tal dijera, porque no hablaría según verdad, ya que nos quedó en claro que, de manera alguna, es justo tratar mal a nadie. [335d] Lo concedo, dijo. [335d] Así que pelearemos, dije yo, yo y tú juntos contra quien afirmare que Simónides o Bías o Pítaco o cualquiera otro de los varones sabios y venerables han dicho eso. [335d] Pues bien, añadió, preparado estoy a compartir tal pelea. [336a] ¿Pero sabes, dije, de quién me parece ser tal sentencia: esa de afirmar ser justo favorecer a los amigos, pero maltratar a los enemigos? [336a] ¿De quién?, preguntó. [336a] Pienso que lo es de Periandro o de Pérdicas o de Jerjes o de Ismenias el tebano o de algún otro de los que se creen poderosos por ser varones ricos. [336a] Verdaderísimamente hablado, dijo. [336a] Sea, añadí yo; mas puesto que ni la Justicia ni lo Justo es, evidentemente, eso, ¿qué otra cosa afirmaría uno que es? [336b] X. Muchas veces ya, mientras hablábamos nosotros, se abalanzaba Trasimaco a apoderarse del razonamiento; mas se lo impedían los junto a él sentados que querían ofr hasta su final el razonamiento. Mas cuando hicimos una pausa, y yo dije aquello, ya no pudo quedarse tranquilo; sino que, recogiéndose en sí mismo cual fiera, vino sobre nosotros coma para despedazarnos. [336b] Y ya y Polemarco, temerosos, nos espantamos; mas él desde el centro nos increpó: qué de sandeces os retienen desde hace rato!, Sócrates. ¿Por qué os estáis haciendo mutuamente los tontos, haciéndoos cumplidos unos a otros? Pero si quieres de verdad saber qué es lo justo, no solamente preguntes ni tengas a honra el refutar a quien te responda algo; reconoce que es más fácil preguntar que responder. Responde tú más bien y di qué afirmas ser lo Justo. Mas no me digas que es lo Debido, ni que es lo Útil, ni que es lo Provechoso ni lo Ganancioso ni lo Conveniente; sino di clara y exactamente lo que digas, que no aguantaré hables semejantes tonterías. [336d] Y en oyéndole, me desconcerté, y mirándole me entró miedo; y me parece que si no le hubiera visto yo a él primero, sino él a mí, me hubiera quedado sin habla. Pero de hecho, desde que comenzó a agriarse por el razonamiento, lo miré yo primero, de modo que fui capaz de responderle; y temblando le dije: no te enfades con nosotros, Trasímaco, que sí erramos en la consideración de las razones sabe que yo y Éste erramos involuntariamente. No pienses, por cierto, que si buscáramos oro, no estaríamos voluntariamente — haciéndonos cumplidos en la búsqueda y estorbando así su hallazgo; mas no pienso que buscando la Justicia, cosa muy más estimable que el oro, estemos ahora haciéndonos insensatamente cumplidos mutuos y no nos empeñemos lo más posible en descubrir lo que es. Créelo así, amigo. Mas creo, que no podemos. Es, pues, mucho más natural el que vosotros los diestros os apiadéis que no el que os enfadéis con nosotros. [337a] XI. Oyendo lo cual, soltó una carcajada grandemente sardónica y habló y dijo: ¡Por Hércules!, ¡Es Ésta aquella acostumbrada ironía de Sócrates; Y ya sabía yo esto y predije a éstos que no querrías responder; que lo tratarías irónicamente y que harías cualquier cosa menos responder si se te pregunta. [337a] Sabio eres, dije yo, Trasimaco; pues sabes bien que si preguntaras a alguno cuántos son doce, y, al preguntar, le comenzaras por decir: “No me vayas a decir, hombre, que doce son dos veces seis ni que tres veces cuatro ni que seis veces dos ni que cuatro veces tres, que ni te voy a aguantar tales sandeces”; es evidente, pienso, que nadie respondería a quien así preguntara. Mas si te dijera: “¿En qué sentido lo dices, Trasímaco?; ¿para que no responda con nada de lú que acabas de preguntar? ¿Tal vez, admirable, ni aun en el caso de que sea algo de eso, sino diga algo diferente de lo verdadero? ¿En qué sentido lo dices? ¿Qué responderías a esto?”. [337c] Sea, dijo: ¡Como si esto fuera semejante a aquello! [337c] Nada lo impide, añadí yo: pues aún si no es semejante a aquello, mas se lo parece tal al preguntado, ¿piensas que va a responder menos por eso, según lo que le parezca claro, tanto que se lo prohibamos como que no? [337c] ¿Aún tú, dijo, no harás algo así: responder con algo de lo que yo he prohibido? [337c] No me extrañaría, respondí yo, si, mirándolo bien, me pareciere así. [337d] Pues, ¿qué?, dijo, ¿en el caso de que yo exhiba, aparte de todas esas, una respuesta diferente acerca de Justicia, y mejor que ellas? ¿De qué castigo te juzgarías digno? [337d] ¿De qué otro, respondí, sino del que conviene padezca el ignorante?; y le conviene el de aprender del sapiente, y yo me juzgo, pues, digno de padecer precisamente eso. [337d] Pues eres benévolo, dijo; pero además de aprender paga de tu plata. [337d] Pues, cuando me venga, —repliqué. [337d] Pero la hay, dijo Glaucón; mas, por esa de plata, Trasímaco, habla, porque todos nosotros se la aportaremos a Sócrates. [337e] Lo creo enteramente, añadió; para que haga Sócrates lo acostumbrado: no responder él sino, respondiendo otro, ¡apoderarse del razonamiento y repetirlo! [337e] Pues, ¿cómo, óptimo, repliqué yo, respondería quien, primero no sabe nada, ni afirma que sepa; después, aun si algo piensa, le estuviera, acerca de ello, prohibido por varón no despreciable, decir nada de lo que juzga? Pero es más natural el que tú hables, porque — tú afirmas saber y tener qué decir. No obres de otra manera; sino en favor mío, responde, y no te retraigas de enseñar a Glaucón precisamente y a los demás. [338a] XII. En diciendo que dije yo esto, tanto Glaucón como los demás, le suplicaban no hiciera otra cosa. Trasimaco, evidentemente, estaba ansioso de hablar para ganar en reputación, creyendo tener una bien bella respuesta. Fingía, por vanidad, insistir en que yo fuese quien respondiera. Terminó por condescender; y después dijo: esta es la sabiduría de Sócrates: no querer enseñar él mismo nada; mas, rondando por ahí, aprender de las demás y, por ello, no darles ni las gracias. [338b] En eso de que aprendo de los demás, repliqué yo, dices la verdad, Trasímaco, mas en eso que afirmas de no pagar yo ni con "gracias” yerras; pago con lo que puedo; mas no puedo sino alabar, ya que dineros no tengo. Mas que me apresure a hacerlo cuando me parece que alguien habla bien lo sabrás muy pronto, por cierto, después de que respondas, porque creo hablarás bien. [338c] Escucha, pues, dijo; porque afirmo yo que lo Justo no Es Otra cosa sino “lo conveniente al más fuerte”. Pero ¿qué?, ¿no lo alabas? Será porque no quieres. [338c] Sí primero no entiendo lo que dices, repliqué; porque ahora aún no lo comprendo. Afirmas que “lo Justo es lo conveniente al más fuerte” Y esto, Trasímaco, ¿en qué sentido lo dices?, porque no lo afirmas en un sentido como éste: que si Polidamas, el pancratiasta, es más fuerte que nosotros y le convienen para su Cuerpo carnes de buey, esa misma comida sea también para nosotros, las más débiles que él, conveniente, y además justa. [338d] Malicioso cres, Sócrates: dijo: y tomas el razonamiento de la manera mejor para maltratarlo. [338d] En modo alguno, óptimo, repliqué; sino explica más claramente lo que dices. [338d] Pues bien, dijo, ¿no sabes que, de las Ciudades, unas están regidas tiránica, otras democrática, otras aristocráticamente? [338d] Pero, ¿cómo no? [338d] Pues, ¿y que el gobierno es quien precisamente tiene la fuerza en cada Ciudad? [338e] Mas cada gobierno establece las leyes según lo que le conviene; la democracia, leyes democráticas; la tiranía, tiránicas; y los otros, parecidamente. Empero, una vez establecidas, declaran ellos que para los gobernados lo justo es precisamente lo que a ellos les conviene; y castigan a quien lo transgrede cual a violador de la ley e injusto. Esto es, pues, óptimo, lo que digo, ser lo justo lo mismo en todas las ciudades: lo conveniente al gobierno constituido. Mas éste Es el que tiene la fuerza; de manera que quien correctamente razone se hallará con que en todas partes lo Justo es eso mismo: lo Conveniente al más fuerte. [339a] Ahora, dije, entiendo lo que dijiste. Pero trataré de averiguar si es verdadero o no. Pues bien: Trasímaco, hasta tú respondiste que “justo es lo Conveniente”, aunque u mí me prohibiste el que respondiera con eso precisamente. Mas, cierto, se añade ahí lo “de más fuerte”. [339b] ¡Tal vez, pequeña adición!, dijo. [339b] Tampoco está claro aún si es grande; pero está claro el que ha de ponerse en consideración precisamente esto: si dices verdad. Mas puesto que yo convengo en que lo justo Es algo así como conveniente, aunque tú añades algo, y afirmas que esto es lo de “el más fuerte”, mas yo lo ignoro, por cierto hay que ponerlo en consideración. [339b] XIII. Así será, añadí yo. Y dime: ¿afirmarás que también el obedecer a los gobernantes sea justo? [339b] Yo, sí, por cierta Mas los gobernantes en cada Ciudad, ¿son inerrables o son capaces hasta de errar en algo? [339b] Enteramente, respondió; son capaces hasta de errar en algo. [339b] Pues bien: al emprender establecer leyes, ¿establecen algunas correctamente; mas algunas otras incorrectamente? [339b] Así lo creo yo. [339b] Mas eso de “correctamente”, ¿consiste en establecer lo que a ellos les conviene; y lo de “incorrectamente”, lo inconveniente? ¿O cómo lo dices? [339b] Mas lo que establezcan, han de cumplirlo los gobernados; y en esto consiste lo justo. [339b] Pues, ¿cómo no? [339d] Luego no solamente consiste lo justo, según tu razonamiento, en hacer lo conveniente al más fuerte, sino también lo contrario: lo inconveniente. [339d] Lo que tú dices, me parece. Pero considerémoslo mejor. ¿No se convino en que los gobernantes, al ordenar que hagan algunas cosas los gobernados, yerran a veces en lo que para sí mismos es lo mejor; mas que lo que ordenan los gobernantes es justo lo cumplan los gobernados? ¿No se convino en esto? [339d] Así lo creo yo mismo, respondió. [339e] Crees, según esto, añadí yo, haber tú admitido que hacer lo inconveniente a los gobernantes y a los más fuertes sea justo, cuando los gobernantes ordenen inadvertidamente algo malo para sí mismos; mas que a los otros afirmas, ser justo hacer precisamente lo que ellos ordenen. Aunque, sapientísimo Trasimaco, ¿no es entonces necesario pues exactamente lo contrario: que sea justo hacer lo contrario a lo que dices?, porque, ciertamente, se ordena a los más débiles hacer algo Inconveniente para el más fuerte. [340a] Sí, por Júpiter!, Sócrates, es evidentísimo, exclamó Polemarco. [340a] Si aun tú testificas en su favor, dijo Clitofonte interviniendo. [340a] Pero, ¿y qué falta le hace, dijo, un testigo?, porque Trasímaco mismo admite que los gobernantes ordenan a veces hacer algo que es para ellos mismos malo; y, no obstante, es justo que los gobernados lo hagan. [340a] Que, Polemarco, hacer lo mandado por los gobernantes dejó Trasimaco establecido ser justo. [340a] Y además, Clitofonte, quedó establecido que es justo lo conveniente al más fuerte. Mas en habiendo establecido las dos cosas, admitió que, a veces, los fuertes mandan, a los más débiles y gobernados, que hagan algo inconveniente para sí mismos. De tales admisiones resulta que en nada sería lo conveniente al más fuerte más justo que lo inconveniente. [340b] Pero, dijo Clitofonte, llamó conveniente al más fuerte á lo que creía conveniente el más fuerte. Esto es lo que ha de hacer el más débil; y esto estableció cual lo justo. [340b] Mas no es así como se explicó, dijo el mismo Polemarco. [340c] No hay diferencia alguna, Polemarco, repliqué yo; pero si así lo explica Trasimaco, aceptémoslo así. [340c] XIV. Dime, pues, Trasimaco, ¿esto precisamente es lo que querías decir ser lo justo: lo que le parecía al más fuerte ser lo conveniente al más fuerte, tanto que en realidad le convenga como que no? ¿Afirmamos que lo dices así? [340c] En modo alguno, respondió, ¿piensas que llamo “mas fuerte” al que yerra, cuando yerra? [340c] Yo creía, dije, que esto precisamente dices cuando admites que los gobernantes no son inerrantes, sino que aun a veces yerran en algo. [340d] Porque eres, dijo, un tergiversador en los razonamientos, Sócrates; porque, ¿llamas sin más médico a quien, respecto de los enfermos yerra, por eso mismo de que yerre; o calculador, a quien yerre en el cálculo, precisamente cuando yerre, y por eso y por eso mismo yerro? Mas pienso que hablamos en el lenguaje corriente de esta manera: que el médico errá y que el calculador erró y que el gramático. No obstante creo que cada uno de ellos, en la medida en que es lo que le llamamos, jamás yerra. De manera que, según riguroso razonamiento —ya que tú te las das de riguroso—, ningún artista yerra; porque por abandonarle la ciencia yerra quien yerra; en cuyo caso no es artesano. De modo que ni artesano ni sabio ni gobernante alguno yerra precisamente cuando manda en lo suyo; pero que el médico erró y que el gobernantes erró, lo diría, pues, cualquiera”. Aceptas, pues, el que yo responda por ti así: que lo más riguroso en este caso es: que el gobernante, en cuanto gobernante, no yerra; y que, por no errar, establece lo mejor para sí mismo; y que esto precisamente es lo que ha de cumplir el gobernado. De manera que, cual decía al principio, llamo justo a lo conveniente al más fuerte. [341a] XV. Sea, dije yo, Trasimaco; ¿te parece que tergiverse? [341a] ¿Piensas, pues, que para hacerte mal de intento en los razonamientos te pregunté lo que pregunté? [341a] Pues lo sé de cierto y bien, respondió. Y no sacarás de ello gran cosa para ti; ni podrás hacerme mal ocultamente; y ni ocultamente vencerme a la fuerza en el razonamiento. [341b] Ni lo emprendería, Venerable, añadí. Mas, para que no nos pase algo así otra vez, define si llamas “gobernante” y “más fuerte” al que se lo llama en lenguaje común, o al que en lenguaje riguroso, respecto de lo que estabas hablando: de que será justo que haga el más débil lo conveniente a quien sea, en realidad, más fuerte. [341b] Ál que en realidad esté siendo gobernante, en sentido el más riguroso. Maléalo y tergivérsalo si puedes; en nada te lo estorbo; pero no es de temer seas capaz. [341c] ¿Porque me crees tan loco, añadí, que intente rapar u un león y contrabandear a Trasimaco? [341c] Pues estabas ahora mismo intentándolo, u pesar de ser un donnadie aun en esto. [341c] Basta de esto, dije yo. Pero dime tú: ¿el médico en lenguaje riguroso, del que estabas hablando, es ganadineros o cuidaenfermos? Y habla del que en realidad es médico. [341c] Es cuidaenfermos, respondió. [341c] Pero, ¿qué, respecto de piloto? El verdadero piloto, ¿es gobernante de marineros o marinero? [341c] «οἴει γὰρ ἄν με, εἶπον, οὕτω μανῆναι ὥστε ξυρεῖν ἐπιχειρεῖν λέοντα καὶ συκοφαντεῖν Θρασύμαχον; νῦν γοῦν, ἔφη, ἐπεχείρησας, οὐδὲν ὢν καὶ ταῦτα. ἅδην, ἦν δ’ ἐγώ, τῶν τοιούτων. ἀλλ’ εἰπέ μοι· ὁ τῷ ἀκριβεῖ λόγῳ ἰατρός, ὃν ἄρτι ἔλεγες, πότερον χρηματιστής ἐστιν ἢ τῶν καμνόντων θεραπευτής; καὶ λέγε τὸν τῷ ὄντι ἰατρὸν ὄντα. τῶν καμνόντων, ἔφη, θεραπευτής. τί δὲ κυβερνήτης; ὁ ὀρθῶς κυβερνήτης ναυτῶν ἄρχων ἐστὶν ἢ ναύτης; ναυτῶν ἄρχων.» (Burnet, 341c) [341d] Gobernante de marineros. [341d] N hay, creo, que subutilizar en eso de si navega en el barco; ni por ello hay que llamarlo marinero; porque no se le llama “piloto” por navegar, sino por su arte y por mandar sobre los marineros. [341d] Es verdad, dijo. [341d] Pues bien, ¿hay algo conveniente para cada uno de éstos? [341d] Y el arte mismo, añadí yo, ¿no está hecho para buscar y proporcionar lo conveniente a cada uno? [341d] Para eso precisamente, respondió. [341d] Pues bien: ¿hay para cada una de las artes algo conveniente que no sea lo de ser máximamente perfecta? [341e] ¿En qué sentido lo preguntas? [341e] En el de que, respondí yo, si me preguntaras si al cuerpo le basta con ser cuerpo o necesita de algo más, diría que, de todo en todo, necesita de algo más; que por eso precisamente se inventó ahora la arte medicinal, porque el cuerpo es débil y no le basta con eso mismo de ser cuerpo. Para proporcionarle, pues, lo conveniente, para eso precisamente se organizó la arte. Hablando así, ¿te parece, le dijo, correctamente o no?, pregunté. [342a] Pero, ¿qué?: la misma arte medicinal o cualquiera otra arte es débil si necesita además de alguna otra virtud, cual los ojos necesitan de la vista y las orejas del oído; y por esto, además de ojos y orejas, hace falta de una cierta arte que considere y proporcione lo conveniente para vistas y oído, ¿También en la arte misma hay una cierta debilidad? Y necesita cada arte de otra arte jue considere lo que le es conveniente; y para la considerada, hace falta a su vez otra tal, y ¿esto hasta el infinito? O bien no necesita ni de sí misma ni de otra que considere lo que conviene a sur debilidad propia, porque no hay de suyo en ninguna arte ni debilidad ni error alguno, ni es lo propio de una arte buscar «ἢ αὐτὴ αὑτῇ τὸ συμφέρον σκέψεται; ἢ οὔτε αὑτῆς οὔτε ἄλλης προσδεῖται ἐπὶ τὴν αὑτῆς πονηρίαν τὸ συμφέρον σκοπεῖν· οὔτε γὰρ πονηρία οὔτε ἁμαρτία οὐδεμία οὐδεμιᾷ τέχνῃ πάρεστιν, οὐδὲ προσήκει τέχνῃ ἄλλῳ τὸ συμφέρον ζητεῖν ἢ ἐκείνῳ οὗ τέχνη ἐστίν, αὐτὴ δὲ ἀβλαβὴς καὶ ἀκέραιός ἐστιν ὀρθὴ οὖσα, ἕωσπερ ἂν ᾖ ἑκάστη ἀκριβὴς ὅλη ἥπερ ἐστίν; καὶ σκόπει ἐκείνῳ τῷ ἀκριβεῖ λόγῳ· οὕτως ἢ ἄλλως ἔχει; οὕτως, ἔφη, φαίνεται.» (Burnet, 342b) [342c] Luego, añadí yo, la medicina no considera lo conveniente para la medicina, sino lo para el cuerpo. [342c] Ni la hípica para la hípica, sino para los caballos. Ni ninguna otra arte, para sí misma, porque de nada más necesita; sino para aquello de que es arte. [342c] Así es, evidentemente, dijo. [342c] Pues bien: 'Trasímaco, ¿las artes gobiernan y mandan sobre aquello de lo que son artes? [342c] Lo admitió, pues, de gran malagana. [342c] Luego ningún: ciencia considera ni ordena lo conveniente al más fuerte, sino al más débil y al gobernado por ella misma. [342d] Terminó por admitir esto también; mas intentó pelearse por ello. Pero apenas lo admitió, proseguí yo: ¿así que médico alguno, en cuanto médico, considera y ordena lo conveniente al médico, sino lo al enfermo?, porque quedó convenido que el médico es, en vigor, gobernante de cuerpos, y no ganadineros. ¿No quedó convenido? [342d] Lo afirmó. [342d] Pues, ¿y que el piloto es, en rigor, gobernante de marineros; pero no marinero? [342e] Luego tal piloto y gobernante no mirará ni ordenará lo conveniente al piloto, sino al marinero y gobernado. [342e] T.o afirmó de mala gana. [342e] Pues bien, Trasimaco, añadí: ni ningún otro en ninguna gobernancia, en la medida en que es gobernador ni mira ni «ὡμολόγηται. οὐκ ἄρα ὅ γε τοιοῦτος κυβερνήτης τε καὶ ἄρχων τὸ τῷ κυβερνήτῃ συμφέρον σκέψεταί τε καὶ προστάξει, ἀλλὰ τὸ τῷ ναύτῃ τε καὶ ἀρχομένῳ. συνέφησε μόγις. οὐκοῦν, ἦν δ’ ἐγώ, ὦ Θρασύμαχε, οὐδὲ ἄλλος οὐδεὶς ἐν οὐδεμιᾷ ἀρχῇ, καθ’ ὅσον ἄρχων ἐστίν, τὸ αὑτῷ συμφέρον σκοπεῖ οὐδ’ ἐπιτάττει, ἀλλὰ τὸ τῷ ἀρχομένῳ καὶ ᾧ ἂν αὐτὸς δημιουργῇ, καὶ πρὸς ἐκεῖνο βλέπων καὶ τὸ ἐκείνῳ συμφέρον καὶ πρέπον, καὶ λέγει ἃ λέγει καὶ ποιεῖ ἃ ποιεῖ ἅπαντα.» (Burnet, 342e) [342e] XVI. Llegados, pues, a este punto del razonamiento, cra ya evidente para todos que el razonamiento sobre lo Justo se había invertido en su contrario. En vez de responder Trasímaco alzó la voz y dijo: dime Sócrates, ¿tienes nodriza? [342e] ¿Qué?, repliqué; ¿no había que responder en lugar, más bien, de preguntar tales cosas? [342e] Que se le pasa por alto el que estás mocoso; y haciéndote falta, no te suena, a ti que, para ella «no conoces ni a ovejas ni a pastor». [343b] Por cierto, ¿cómo así?, repliqué yo. [343b] Porque crees que los pastores y boyeros consideran el bien de las ovejas y el de los bueyes; y que los engordan y cuidan mirando a algo diferente que el bien de los amos y el de ellos mismos. Y aún más, los gobernantes de las ciudades, los que en realidad de verdad gobiernan, ¿crees que piensan respecto de los gobernados de manera diferente a coma uno se comportaría con ovejas; y que miren, noche y día, ellos a otra cosa sino a esto precisamente: de dónde sacar provecho para sí? Y tan adelantado estás en eso de lo Justo y de Justicia, de lo Injusto y de Injusticia que ignoras ser la justicia y lo justo un bien en realidad de verdad extraño: es lo conveniente al más fuerte y al gobernante; mas es perjuicio, propiamente casero, del obediente y del súbdito. Pero la injusticia es lo contrario; y gobierna sobre los, en realidad de verdad, cándidos y justos; por su parte los gobernados hacen lo conveniente a él por estar siendo el más fuerte, y sometiéndosele lo hacen a él bienaventurado; mas en modo alguno, a sí mismos. De esta manera, candidísimo de Sócrates, hay que considerarlo así: que el varón justo, en todo sale con menos; primero en las transacciones mutuas, en que el tal se trate con otro que tal, cuando se disuelve el trato mutuo jamás hallarás que el justo obtenga más que el injusto, sino menos. Después, en lo referente a la Ciudad, cuando se Trata de contribuciones, a igualdad de haberes el justo contribuye con más; el otro, con menos. Pero cuando de repartos, aquél no gana nada; éste, mucho. Y cuando uno y otro gobiernan una gobernación, al justo le sobreviene, si no cualquier otro daño, el de salir perjudicado por descuido, en lo doméstico; y no sacar nada de lo público, por ser justo. Y además de esto, hacerse malquisto a familiares y conocidos en caso de que no quiera ceder en nada contra la Justicia en favor de ellos. Mas al injusto le pasa todo lo contrario de esto. Porque, repito, lo que estaba diciendo: que el gran potentado saca más. Considera, pues, si es que quieres juzgarlo, cuanto más le aproveche en particular a sí mismo ser injusto que lo justo. Pero la aprenderás de la más fácil manera si se llegase hasta la injusticia más perfecta: la que haga más bienaventurado al injusto; y, al revés, más desgraciados a los perjudicados, y que no quieran ser injustos. Tal es, precisamente, la tiranía, que no se apodera de lo ajeno oculta, violentamente y poco a poco, tanto que sea algo sagrado como privado o pública; sino de golpe y porrazo de todo. Que si se es injusto por partes, y no lo oculta, se lo castiga y saca los mayores oprobios. Porque los que son injustos por partes en tales malhechurías son llamados “sacrílegos, esclaveros, rompemuros, expoliadores y ladrones”. Mas cuando alguien, además de los dineros de los ciudadanos hace que ellos mismos le sirvan de esclavos, en lugar de todos esos nombres vergonzosos son llamados “bienaventurados y felices”, no sólo por los ciudadanos, sino aun por cuantos se enteran haber sido injustos de toda injusticia, porque quienes vilipendian a la injusticia no vilipendian el hacer lo injusto sino por miedo de padecerlo. Así que, Sócrates, la injusticia, llegada a perfecta, es algo más fuerte, algo más de libres y más de señores que la justicia: y, como desde el principio decía, lo justo es, en realidad, lo conveniente al más fuerte; mas lo injusto lleva consigo sus propios provecho y conveniencia. [344d] XVII. En habiendo hablado así. Trasímaco tenía en mientes partir; una vez vertida por él, cual bañero, sobre nuestras orejas la masa compacta y enorme de su razonamiento. Mas los presentes no se lo permitieron, sino que lo forzaron a permanecer y dar cuenta-y-razón de lo dicho. Aun yo mismo se lo pedí grandemente, y dije: Trasímaco daimoníaco, cual si nos arrojaras un razonamiento, ¿tienes en mente partir antes de enseñarnos perfectamente, o de aprender si la cosa es o no así? ¿O es que crees haber emprendido definir una cosa de pequeña monta, y no la norma de vida a seguir, siguiendo la cual cada uno de nosotros viva la más provechosa vida? [344e] ¿Pues es que creo no ser esto así?, dijo Trasimaco. [344e] Parece, añadí yo, que tampoco te cuidas nada de nosotros mi te preocupa el que vayamos a vivir peor o mejor por ignorar lo que tú afirmas saber. Pero. Trasimaco bueno, haz el esfuerzo de enseñárnoslo. Que por cierto no te resultará mal el ser bienhechor de tantos como somos. En cuanto a mí te digo que no me persuado de que sea la injusticia más provechosa que la justicia, ni aun si se la deja libre y no se le impide hacer lo que quiera. Pero. Trasímaco bueno, haya un injusto que pueda serlo o por ocultarlo o a viva fuerza; no obstante no me persuadirás de que saque de ello más provecho que de la justicia. Tal vez alguno de los presentes sea del mismo sentimiento, y no lo sea solamente yo. Persuádenos, Venerable, de manera suficiente de que no Correctamente nos empeñamos en hacer de la Justicia algo mayor y mejor que la injusticia. [345b] Y ¿cómo te persuadiré?, dijo. Si, pues, no te has persuadido por lo que acabo de decir, ¿qué más haré por ti? ¿O cojo el razonamiento y te lo meto en el alma? [345b] ¡Por Júpiter!, dije; no tú precisamente. Sino que, primero, mantente en lo que digas o si lo cambias cámbialo abiertamente y no nos engañes. Estás viendo. Trasímaco —reconsideremos lo anterior — que, al definir primero al médico verdaderamente tal, no creíste tener ya que guardar rigurosamente lo referente al pastor verdaderamente tal, sino creíste que apacentaba, en cuanto pastor, las ovejas mirando, no al mayor bien de las ovejas, sino, cual si fuera huésped, a punto de darse un banquete, mirando a comilona, o a venderlas cual si fuera ganadineros; mas no pastor. Empero, a la arte pastoril no le preocupa, por cierto otra cosa sino cómo proporcionar lo mejor a aquello precisamente a que se ordena, porque en lo referente a ella misma, en eso de llegar a perfecta, ya está suficientemente provista con esto de que no le falte nada en eso de ser arte pastoril. Pues así estaba yo pensando ser necesario convenirnos en que todo gobierno, en cuanto gobierno, no ha de mirar qué es lo mejor para otro alguno sino precisamente para el gobernado y servido. [345d] «ἀποδόσθαι, ὥσπερ χρηματιστὴν ἀλλ’ οὐ ποιμένα. τῇ δὲ ποιμενικῇ οὐ δήπου ἄλλου του μέλει ἢ ἐφ’ ᾧ τέτακται, ὅπως τούτῳ τὸ βέλτιστον ἐκποριεῖ — ἐπεὶ τά γε αὑτῆς ὥστ’ εἶναι βελτίστη ἱκανῶς δήπου ἐκπεπόρισται, ἕως γ’ ἂν μηδὲν ἐνδέῃ τοῦ ποιμενικὴ εἶναι — οὕτω δὲ ᾤμην ἔγωγε νυνδὴ ἀναγκαῖον εἶναι ἡμῖν ὁμολογεῖν πᾶσαν ἀρχήν, καθ’ ὅσον ἀρχή, μηδενὶ ἄλλῳ τὸ βέλτιστον σκοπεῖσθαι ἢ ἐκείνῳ, τῷ» (Burnet, 345d) [345e] No lo creo, por Júpiter!, respondió; por el contrario, lo sé bien. [345e] XVIII. Pero, ¿qué?, Trasímaco, añadí; ¿no caes en cuenta de que en las demás gobernaciones nadie quiere voluntariamente gobernar, sino exigen salario cual si de gobernar no les fuera a resultar a ellos provecho alguno, sino a los gobernados? Responde aun u estotro: ¿no se afirma respecto de cada arte, y en cada caso, que es diversa de otra por poseer diverso poder? Y, Venerable, no respondas contra lo que opinas, para que así lleguemos a algo definitivo. [346a] Pues precisamente por eso es diversa, afirmó. [346a] ¿Así que también cada una nos proporciona un cierto y propio provecho, y no uno común; cual la medicina, la salud; la arte del piloto, seguridad en la navegación, y así las demás? [346b] Así que también la arte del asalariado, salario; tal es su propio poder. ¿O dices que son la misma arte la medicinal y la del piloto? O si quieres definir rigurosamente, cual propusiste: sea el caso de piloto que adquiere la salud por convenirle navegar en la mar, ¿llamas más bien por esto, a su arte, arte medicinal? [346b] No por cierto, respondió. [346b] Ni tampoco, creo, la llamas asalarial si se cura ganando un salario. [346c] No por cierto, dijo. [346c] Pero, ¿qué?, ¿llamas asalarial a la arte medicinal, si uno sana ganando un salario? [346c] No, respondió. [346c] Pues bien: ¿no admitimos haber un provecho propio de cada arte? [346c] «οὐκ ἔφη. οὐκοῦν τήν γε ὠφελίαν ἑκάστης τῆς τέχνης ἰδίαν ὡμολογήσαμεν εἶναι; ἔστω, ἔφη. ἥντινα ἄρα ὠφελίαν κοινῇ ὠφελοῦνται πάντες οἱ δημιουργοί, δῆλον ὅτι κοινῇ τινι τῷ αὐτῷ προσχρώμενοι ἀπ’ ἐκείνου ὠφελοῦνται. ἔοικεν, ἔφη. φαμὲν δέ γε τὸ μισθὸν ἀρνυμένους ὠφελεῖσθαι τοὺς δημιουργοὺς ἀπὸ τοῦ προσχρῆσθαι τῇ μισθωτικῇ τέχνῃ γίγνεσθαι αὐτοῖς. συνέφη μόγις.» (Burnet, 346c) [346c] Luego, sea cual fuere el provecho común que reporten todos los artesanos es evidente que sacan provecho de algo común, sirviéndose además de lo propio. [346c] Pero afirmemos que los artesanos, al ganar salario, sacan provecho de servirse, además, de la arte asalarial. [346c] Convino de mala gana. [346d] Luego no le viene a cada uno tal provecho: el de percibir salario, de la arte propia de cada uno; sino, de considerarlo rigurosamente, la arte medicinal produce salud; la asalarial, salario; la arquitectónica, casa; la asalarial que a ésta acompaña, salario; y todas las demás parecidamente: hace cada una su propia obra y aportan provecho a aquel a quien se ordenan Mas si no le reportan salario, ¿hay algún provecho que el artesano reporte del arte? [346d] Parece que no, respondió. [346e] ¿Pues ni siquiera le reporta provecho cuando la ejerce gratuitamente? [346e] Por mí, que lo creo. [346e] Así que, Trasímaco, está ya en claro que ninguna arte ni gobierno se procura el provecho para sí mismo, sino, como decíamos hace rato, procura y ordena lo para el gobernado, mirando así lo conveniente al que en realidad sea el más débil; y no, lo del más fuerte. Pues por esto precisamente, amigo Trasimaco, decía ya antes que nadie quiere voluntariamente gobernar y emprender arreglar males ajenos, sino que exige salario, porque quien quiere obrar bellamente según el arte no saca jamás, al ordenar ordenando según el arte, nada para sí mismo, sino para el gobernado. Por lo cual, al parecer, es preciso asegurar un salario a quienes hayan de querer gobernar, bien en plata, honores o castigo si no gobiernan. [347a] XIX. ¿En qué sentido lo dices?, Sócrates, preguntó Glaucón; conozco dos de esas clases de salarios; mas no entiendo de qué castigo hablas, y lo cuentas como clase de salario. [347a] «ἀλλὰ μισθὸν αἰτεῖν, ὅτι ὁ μέλλων καλῶς τῇ τέχνῃ πράξειν οὐδέποτε αὑτῷ τὸ βέλτιστον πράττει οὐδ’ ἐπιτάττει κατὰ τὴν τέχνην ἐπιτάττων, ἀλλὰ τῷ ἀρχομένῳ· ὧν δὴ ἕνεκα, ὡς ἔοικε, μισθὸν δεῖν ὑπάρχειν τοῖς μέλλουσιν ἐθελήσειν ἄρχειν, ἢ ἀργύριον ἢ τιμήν, ἢ ζημίαν ἐὰν μὴ ἄρχῃ. Σωκράτης, Γλαύκων πῶς τοῦτο λέγεις, ὦ Σώκρατες; ἔφη ὁ Γλαύκων· τοὺς μὲν γὰρ δύο μισθοὺς γιγνώσκω, τὴν δὲ ζημίαν ἥντινα λέγεις καὶ ὡς ἐν μισθοῦ μέρει εἴρηκας, οὐ συνῆκα. τὸν τῶν βελτίστων ἄρα μισθόν, ἔφην, οὐ συνιεῖς, δι’ ὃν» (Burnet, 347a) [347a] Luego no conoces el salario de los mejores, por el que los honestos gobiernan, cuando quieren gobernar. ¿O no sabes que eso de amor-a-honras-y-plata se llama, y es vergonzosa? [347b] Por eso, pues, añadí, los buenos no quieren gobernar ni C[sor dinero ni por honra; ni quieren se les llame “asalariados” por ganar públicamente salario por el gobierno; ni que se los llame “ladrones” por recibirlo ocultamente por gobernar; ni por mor de la honra, porque no son ambiciosos. Hay que hacerles violencia y castigarlos para que se decidan y pongan a gobernar. Corre, pues, el riesgo quien voluntariamente se mete a gobernar, y no aguarda a que se le fuerce, de que se le cuente por vergüenza. Empero, el mayor de los castigos es estar gobernado por uno peor que sí mismo, en caso de no querer gobernar; temiendo lo cual me parece gobiernan, cuando gobiernan, los honestos; y entonces van al gobierno no cual si fueran a algo bueno, sino cual a una necesidad, y no teniendo cómo encomendarlo ni a mejores y nia semejantes a sí mismos. Si por un caso se diera Ciudad de varones buenos, pelearíase por no gobernar, como ahora se pelea por gobernar; y entonces resultaría evidente el que, en realidad, el verdadero gobernante no nació para mirar lo que a él le conviene, sino lo que al gobernado; tanto que todo conocedor elegiría ser beneficiado por otro que no, beneficiando él a otro, pasar él penas. Esto precisamente es lo que no concedo a Trasímaco: que lo justo consista en lo conveniente al más fuerte. Mas esto lo consideraremos en otra ocasión. Pero mucho más importante me parece lo que está diciendo ahora Trasimaco al afirmar que la vida del injusto es mejor que la del justo. Pues tú, Glaucón, dije, ¿cuál de las dos eliges?; ¿cuál de las dos te parece deberse llamar más verdaderamente la mejor? Para mí, que la del justo, respondió, es la más provechosa. [348a] ¿Has escuchado, añadí, cuántos bienes enunció Trasímaco para la vida del injusto? [348a] Lo escuché, respondió, mas no me convenzo. [348a] ¿Quieres pues, que nosotros, si es que podemos hallar manera, le convenzamos de que no dice verdad? [348a] Pues, ¿cómo no voy a quererlo respondió Si, pues, dije yo, recontamos, esforzándonos y contraponiendo a un razonamiento suyo otro, cuántos bienes tiene eso de ser justo y que a su turno hable él y en otro nosotros, habrá que enumerar tales bienes y medir lo que cada uno dice en su turna; y necesitaremos entonces de algo así como de jueces que decidan. Mas si, como hasta ahora, lo consideramos en vistas a un acuerdo mutuo, seremos a la vez nosotros mismos jueces y oradores Pues ciertamente así es, dijo. [348b] ¿Cuál, pues, de las dos maneras, añadí, nos place? [348b] La última, dijo. [348b] XX. Vamos pues, añadí, Trasímaco, a partir del principio; respóndenos: ¿Afirmas que la injusticia perfecta es más provechosa que una justicia en realidad perfecta? [348b] Pues así es y lo afirmo, respondió; y dije por qué. [348b] Sea. Acerca de esto mismo, qué dices de estotro: ¿a una de las dos llamas “virtud”; a la otra, “vicio”? [348b] Pues, ¿cómo no? [348b] ¿Así que a la justicia llamas “virtud”; mas a la injusticia, "vicio”? [348b] Verosímilmente, Agradabilísimo; ya que digo que la injusticia aprovecha, mas no la justicia. [348b] Lo contrario, respondió. [348b] ¿Así que la justicia es un vicio? [348d] No; sino grandemente noble candidez. [348d] ¿Luego a la injusticia llamas “malicia”? [348d] No, sino “discreción”. [348d] ¿Así que para ti, Trasímaco, te parecen ser los injustos sensatos y buenos? [348d] Sí, respondió; los que sean capaces, además de hacer injusticia, de poder someter bajo sí a Ciudades y aun pueblos de hombres. Mas parece cual si tú creyeras que hablo de cortabolsas. Más aún: eso, dijo, aprovecha, si pasa desapercibido. Pero esto no es digno de mención, sino lo son las cosas que estaba diciendo. [348d] Por cierto, añadí, no desconozco qué quieres decir; mas me admira esto precisamente: que pongas a la injusticia en la clase de virtud y sabiduría; y a la justicia, en las contrarías. [348d] Pues por cierto que así las pongo. [348d] Esto, añadí, es ya más duro, compañero; y aun no es fácil tener algo que decir. Porque si pusieras que la injusticia aprovecha; mas convinieras, como otros. muchos, en que es vicio y algo vergonzoso, tendríamos algo que decir, hablando según lo normal. Mas está claro que ahora afirmarás ser algo bello y fuerte, y te atribuirás todo lo demás que nosotros atribuimos a lo justo, ya que te has atrevido a ponerla con virtud y sabiduría. [349a] Verdaderísimamente lo adivinas, dijo. [349a] Por cierto que no ha de retraerme esto, dije, de seguir considerándolo en el razonamiento mientras suponga que dices lo que piensas. Porque, Trasímaco, me parece sencillamente que no estás bromeando, sino que dices lo que de verdad te parece. [349a] ¿Qué te importa, replicó, eso de si me parece o no?; pero, ¿no refutas el razonamiento? [349b] Nada, respondí. Pero, además de esto, trata de responderme precisamente a estotro: ¿te parce que el justo quiere ganar en algo más que otro justo? [349b] En manera alguna, dijo; no sería, como ahora es, urbano y cándido. [349b] Pero, ¿qué, respecto de lo de una práctica justa? [349b] Tampoco más de lo de una justa. [349b] ¿Pero se juzgaría digno el ganar más que el injusto. [349b] y se le tendría por justo, o no se lo tendría por justo? [349b] Se lo tendría y se lo juzgaría, respondió; pero no podría. [349b] - Mas no es esto, dije, lo que pregunto, sino si no juzgaría digno el justo, ni lo quiere, el ganar más que otro justo. [349b] Pero, ¿qué respecto del injusto? [349b] Vale lo mismo, respondió. [349b] Pero, ¿qué en cuanto al injusto?; ¿juzgaría digno el ganar más que el justo y la práctica justa? [349b] Pues, ¿cómo no, dijo, si juzga digno ganar más que todos? [349b] ¿Así que el injusto ganará más que otro injusto y que una práctica injusta, y competirá por sacar de todos cuanto más mejor? [349b] XXI. Digámoslo, pues, así, añadí: que el justo no ganaría más que sus semejantes, pero sí más que su desemejante. ¿Empero, el injusto ganaría más que su semejante y su desemejante? [349d] Optimamente hablado, dijo. [349d] Mas el injusto, añadí, ¿es sensato y bueno?; pero el justo, ¿nada de ambas cosas? [349d] También esto está bien, dijo. [349d] Así que, añadí yo, ¿el injusto se parece al sensato y al que, y bueno; mas no se le parece el justo? [349d] Pues, ¿cómo no va a parecerse, dijo, a los que se parece siendo tal?; mas el otro, ¿cómo va a no parecerse? [349d] Bellamente. ¿Luego cada uno de ellos es tal cual aquellos a quienes se parece? [349d] Pero, ¿cómo no va a ser así?, replicó. [349e] Sea, Trasimaco, ¿llamas a uno “músico”; y a otro “inmúsico””? [349e] ¿A cuál de los dos "entendido”; a cuál de los dos “ignaro”? [349e] Ciertamente, "conocedor” al músico; más “ignaro”, al inmúsico. [349e] ¿También, pues, por lo que es conocedor le llamas “bueno”; pero por lo que es ignaro, “malo”? [349e] Y ¿qué en cuanto al médico? ¿No es así? [349e] ¿Te parece, pues. Excelentísimo, que un varón músico que afina la lira quiera ganar más, o juzgará digno el sacar más que otro varón músico en eso de atiesar o relajar las cuerdas? [349e] Á mí, no, —ciertamente. [349e] Pero, ¿qué?; ¿más que el inmúsico? [349e] Necesariamente, respondió. [350a] Pero, ¿qué, del médico, en punto a comida y bebida?; ¿crees que querrá ganar algo más que otro varón médico, o práctica? [350a] No por cierto. [350a] Pero, ¿más que el no médico? [350a] Ve también si respecto de toda ciencia e insciencia, un científico cualquiera quiere sacar, hacer o decir más que otro científico; y no, lo mismo que el semejante a él respecto de la misma práctica. [350a] Tal vez, respondió, sea necesario el que en esto se comporte así. [350a] Pero, ¿qué del insciente?; ¿que no querría sacar más. [350a] E en tanto del científico como del insciente? [350b] Mas, ¿el científico es sabio? [350b] Lo afirmo. [350b] Mas, ¿el sabio es bueno? [350b] Lo afirmo. [350b] Luego el bueno y el sabio no querrán ganar más que su semejante; pero sí, más que su desemejante y contrario. [350b] Empero, el malo e ignorante querrán ganar más que su semejante y su contrario. [350b] Así que, Trasímaco, añadí yo, según nosotros el injusto gana más que su desemejante y que su semejante ¿Na es así como lo dijiste? [350b] Por mi que sí, afirmó. [350c] Empero, el justo, ¿no ganará más que su semejante; pero sí, más que su desemejante? [350c] El justo se parece, pues, añadí yo, al sabio y al bueno: pero el injusto, al malo y al ignorante. [350c] Está en peligro de ser así. [350c] Mas admitimos, por cierto, que a quien cada uno se asemeje, cada uno es también tal. [350c] Pues lo admitimos. [350c] Luego nos ha quedado en claro que quien esté siendo justo es bueno y sabio; mas que el injusto es ignorante y malo. [350c] XXII. Pero Trasímaco convino en todo esto, no tan fácilmente como yo lo digo ahora, sino arrastrado y de mala gana, y ¡con qué trasudores!, que estaba haciendo gran calor. Además vi entonces, lo que nunca antes, que Trasimaco se ruborizaba. Tras, pues, de convenirnos en que la justicia es virtud y sabiduría; más la injusticia, vicio e ignorancia, dije: sea, quede esto así entre nosotros. Empero, afirmamos también que la injusticia es fuerte. ¿O no le acuerdas Trasímaco? [350d] Me acuerdo, respondió. Mas nada de lo que estás diciendo me agrada, y tengo algo que decir sobre esto. Bien sé que si hablara dirías que mitineo. Déjame, pues, que hable lo que quiera o, si quieres preguntar, pregunta; que yo, cual a las viejas, mientras cuentan los mitos, diré “sea”; y con la cabeza indicaré sí o no. [350e] Pero de ninguna manera, añadí, respondas contra tu propia opinión. [350e] Pero responderé de manera de darte gusto, replicó, ya que no me dejas hablar. Además, ¿qué otra cosa quieres? [350e] Nada más, por Júpiter!, respondí. Si así lo vas a hacer. [350e] hazlo; pero yo preguntaré. [350e] Por cierto que preguntaré lo mismo que antes, a fin de que continuemos considerando el mismo razonamiento: en qué relación está la justicia respecto de la injusticia. Porque quedó ya dicho que la injusticia era más poderosa y fuerte que la justicia. Mas ahora, dije, si la justicia es sabiduría y virtud, quedará más fácilmente en claro, añadí, que es más fuerte que la injusticia, ya que la injusticia es ignorancia; nadie va ya a desconocerlo. Pero no deseo, Trasimaco, algo tan sencillo; sino considerarlo de estotra manera: ¿Afirmarías que hay Ciudad injusta que, además, intente esclavizar y haya esclavizado injustamente a otras ciudades; y que tenga muchas otras esclavizadas bajo su poder? [351b] Pues, ¿cómo no?, respondió: la mejor hará eso sobre todo, y estará siendo la más perfectamente injusta. [351b] Comprendo, dije, el que tal sea tu razonamiento. Pero sobre él estoy considerando esto: la Ciudad que se haya apoderado de otra ciudad, ¿mantendrá, sin la Justicia, tal poder, o le será necesario mantenerlo con la Justicia? [351c] Si se ha como tú decías antes, respondió, que la justicia es sabiduría, lo mantendrá con justicia; mas si es como yo lo decía, con la injusticia. [351c] Grandemente me place, Trasimaco, dije, el que no digas sí o no con un signo, sino que hasta respondas de grandemente bella manera. [351c] Porque así te me hago agradable, respondió. [351c] XXIII. Bien hecho, por cierto; pero además hazme estotra gracia: la de decirme: ¿te parece que una Ciudad, ejército, bandidos, ladrones u otra ralea de esas que parten en gavilla para hacer algo injusto, podrían hacer algo si se faltaran mutuamente a la justicia? [351d] No por cierto, respondió. [351d] Pero, ¿y si no se faltaran a la justicia? ¿No lo podrían hacer mejor? [351d] «οὐ δῆτα, ἦ δ’ ὅς. τί δ’ εἰ μὴ ἀδικοῖεν; οὐ μᾶλλον; πάνυ γε. στάσεις γάρ που, ὦ Θρασύμαχε, ἥ γε ἀδικία καὶ μίση καὶ μάχας ἐν ἀλλήλοις παρέχει, ἡ δὲ δικαιοσύνη ὁμόνοιαν καὶ φιλίαν· ἦ γάρ; ἔστω, ἦ δ’ ὅς, ἵνα σοι μὴ διαφέρωμαι. ἀλλ’ εὖ γε σὺ ποιῶν, ὦ ἄριστε. τόδε δέ μοι λέγε· ἆρα εἰ τοῦτο ἔργον ἀδικίας, μῖσος ἐμποιεῖν ὅπου ἂν ἐνῇ, οὐ καὶ ἐν ἐλευθέροις τε καὶ δούλοις ἐγγιγνομένη μισεῖν ποιήσει ἀλλήλους καὶ στασιάζειν καὶ ἀδυνάτους εἶναι κοινῇ μετ’» (Burnet, 351d) [351d] Por tanto, Trasímaco, la injusticia aporta discusiones, odios, peleas de unos con otros; mas la justicia, concordia y amistad. ¿Es así? [351d] Sea, respondió, por no disentir de ti. [351d] Pues bien hecho de tu parte. Excelentísimo. Respóndeme precisamente a esto: si tal es la obra de la injusticia: meter el odio donde ella esté, al engendrarse entre libres y esclavos, ¿no hará que se odien entre ellos y discuerden y resulte imposible hacer algo en comunidad unos con otros? [351e] Absolutamente, por cierto. [351e] ¿Y qué si se engendra entre dos?; ¿no disentirán, se odiarán y resultarán enemigos entre sí, y además con los justos? [351e] Lo serán, dijo. [351e] Pero si. Admirable, la injusticia se engendra en uno, ¿no perderá ese su propio poder o lo mantendrá en nada menor? [351e] Que lo mantenga en nada menor, respondió. [351e] Teniendo, pues, la injusticia, evidentemente, un poder tal y tanto que en quien se engendra —sea Ciudad, linaje, ejército o cualquiera otra cosa—, primero, hace imposible el obrar concorde consigo mismo por discutir y discordar, además de hacerse enemigo de sí mismo a sí y a todos los contrarios: a los justos- ¿No es así? [352a] Y aún estando en uno, creo, haría ella todo eso porque lo produce de natural. Primero, hará imposible el que obre, por disentir y no concordar él consigo mismo; después, le hará enemigo de sí mismo y de los justos ¿Es así? [352a] Pero, querido, ¿los dioses son justos? [352b] Luego aún de los dioses será enemigo el injusto, Trasímaco; mas el justo, amigo. [352b] Refocílate a tu sabor en el razonamiento, dijo; porque no te contrariaré, para no hacerme odioso a éstos. [352b] Sea así, añadí yo; y complétame lo que falta del banquete respondiéndome como hasta ahora. Que los justos sean evidentemente más sabios, mejores y más potentes para obrar; pero que los injustos no sean capaces de obrar concordemente consigo, aunque a veces hasta los injustos hagan algo de esforzado en común unos con otros, —esto no lo decimos de todo en todo verdaderamente porque ni se habrían refrenado, en caso de ser completamente injustos. Es, pues, claro que tenían algo de justicia que hacía no fueran injustos a la vez entre sí y con aquellos contra quienes iban. Por ello hicieron lo que hicieron. Mas emprendían lo injusto, semiperversos aún en injusticia, ya que los total y perfectamente perversos son perfectamente injustos e incapaces de obrar. Pues que esto sea así, lo entiendo; mas no como al principio lo estableciste tú. Mas hay que poner en consideración lo que posteriormente nos proponíamos considerar: si los justos viven también mejor y son más bienaventurados que los injustos; como me lo parece por lo que hemos hablado, es evidente ahora que lo son. No obstante hay que considerarlo mejor, porque este razonamiento no trata de lo que por suerte venga, sea lo que fuere, sino de qué manera se ha de vivir. [352d] Lo pongo en consideración, dije. Pues dime: ¿te parece haber algo así como obra de caballo? [352e] A mí sí, ciertamente. [352e] ¿No pondrías, pues, cual obra de caballo o de otro cualquiera lo que se haga solamente, o lo mejor, con él? [352e] No entienda, dijo. [352e] Pero así: ¿hay algo con que veas, a no ser con los ojos? [352e] No, por cierto. [352e] Pero, ¿qué?: ¿oirías con algo que no sean las orejas? [352e] En modo alguno. [352e] ¿No afirmaríamos con juicio que tales son las obras de ellos? [352e] Pero, ¿qué?: ¿no cortarías los sarmientos de la viña tanto con un cuchillo como con una chaira y otros muchos instrumentos? [353a] Pues, ¿cómo no? [353a] Mas creo que con ninguno tan bellamente como con podadera que para tal esté hecha. [353a] Es verdad. [353a] Así pues, ¿pondremos que esa es precisamente su obra? [353a] XXIV. Por cierto que ahora, pienso, entenderás mejor lo que antes preguntaba al tratar de enterarme si la obra de cada cosa es precisamente eso que hace o ella sola o más bellamente que las otras. [353a] Pues lo entiendo, dijo: y me parece que tal es precisamente la obra de cada cosa. [353b] ¡Sea!, añadí yo. Pero, ¿no te parece que cada cosa posea una virtud a la que se haya prescrito una cierta obra? Volvamos una vez más a los mismos casos: ¿Hay, decimos, una obra propia de ojos? [353b] ¿Y además, una virtud de ojos? [353b] También, una virtud. [353b] Pero, ¿qué?: ¿había una cierta obra de orejas? [353b] También una virtud. [353b] Pero, ¿qué respecto de todo lo demás? ¿No es así? [353b] ¡Tente! pues; ¿ejecutarían jamás bellamente los ojos la su obra si no tuvieran la “virtud” propia de ellos; sino en lugar de la virtud, el “vicio”? [353c] Y ¿cómo fuera?, respondió; porque tal vez estás hablando de la ceguera, en lugar de la vista. [353c] Cuál sea su virtud, añadí yo, no es lo que pregunté, sino si por la virtud propia hacen bien la obra que hacen; pero por el vicio, malamente. [353c] Hablas en esto según verdad, respondió. ¿Así que también las orejas, privadas de su virtud proharán malamente su obra? Absolutamente, por cierto. ¿Asentamos, pues, el mismo razonamiento para todos demás casos? Me lo parece. Sea así: después de esto considera estotro: ¿Hay una del alma que no realizarías con ninguna otra de las cual la obra de vigilar, gobernar, deliberar, y todo lo ¿A qué otra cosa diferente del alma atribuiríamos eso. [353d] ser propio de ella? A ninguna otra. Pero, ¿qué en cuanto al vivir?: ¿afirmaremos ser obra alma? Y muchísimo, respondió. Según esto, pues, ¿afirmamos haber una cierta virtud del Lo afirmamos. ¿Hará bien, pues, Trasímaco, el alma sus propias obras, caso de estar privada de su virtud particular?; ¿o es imposible? Imposible. Luego por necesidad con un alma viciosa se manda y mal; pero con una buena, todo eso se hace bien. Por necesidad. ¿Así, pues, hemos convenido en que la justicia es virtud alma; mas la injusticia, vicio? Nos hemos convenido, en efecto. ¿Así que el alma justa y el varón justo vivirán bien; el injusto mal? Tal parece evidentemente, respondió, a tenor de tu razonamiento. Pero de seguro, quien viva bien es feliz y bienaventurado; el que no, ¿lo contrario? Pues, ¿cómo no? [354a] Luego el justo es bienaventurado; mas el injusto, desgraciado. [354a] Mas, de seguro, no aprovecha el ser desgraciado; pero SÍ, el ser bienaventurado. [354a] Pues, ¿como no? [354a] Luego jamás. Trasímaco venerable, es la injusticia más provechosa que la justicia. [354a] Sírvete esto, Sócrates, de festín en las Bendidías. [354a] Gracias a ti, añadí yo, Trasímaco; porque te portaste mansamente y dejaste de enfurecerte. No fue, por cierto, bello el festín, por causa mía; y no, por tuya. Sino que cual los glotones que siempre arrebatadamente degustan lo que se les presente, aun antes de haber saboreado debidamente lo anterior, me parece que también yo lo he hecho así: antes de haber hablado de lo que de primero considerábamos: qué es lo justo, abandonándolo me precipité a considerar acerca de ello si es vicio e ignorancia o sabiduría y virtud; y, cayendo más tarde en ese razonamiento de si la injusticia es más provechosa que la justicia, no me abstuve de dejar aquello por esto, de modo que me resultó ahora de este diálogo el no saber nada. Porque sin saber yo qué es lo justo, me despido de saber si se da el caso de ser virtud o no, y de si quien lo posea es bienaventurado o no lo es. [354c] «εἰδέναι· ὁπότε γὰρ τὸ δίκαιον μὴ οἶδα ὅ ἐστιν, σχολῇ εἴσομαι εἴτε ἀρετή τις οὖσα τυγχάνει εἴτε καὶ οὔ, καὶ πότερον ὁ ἔχων αὐτὸ οὐκ εὐδαίμων ἐστὶν ἢ εὐδαίμων. ΠΊΝΑΚΑς ΠΕΡΙΕΧΟΜΈΝΩΝ Σωκράτης, Γλαύκων» (Burnet, 354c) [357a] . En habiendo dicho esto, pensaba desembarazarse del razonamiento; pero, como se echúá de ver, eso no era sino un proemio, porque Glaucón, tan varonil siempre contra todo, también entonces opúsose a aceptar la retirada de Trasímaco; sino que dijo: ¿quieres, Sócrates, que parezca estamos ya convencidos o quieres convencernos “verdaderamente” de que de todas maneras es mejor ser justo que injusto? [357b] Sí de mí dependiera, yo elegiría lo de “verdaderamente”, respondí. [357b] Así que no haces, dijo, lo que quieres. Porque dime: ¿te parece no haber algo así como un bien que aceptaríamos poseer, no, atraídos por las consecuencias, sino abrazándolo a él por sí mismo, cual el gozo y todos los placeres inofensivos y de los que nada se engendra en el futuro sino el gozo de su posesión? [357b] A mí, respondió, me parece haber algo así como eso. [357c] Pero, ¿qué?: ¿es eso que amamos por gracia de ello mismo y por lo que de ello se engendra algo así como la sensatez, la visión, la salud?, —porque cosas tales las abrazamos por ambos motivos. [357c] ¿Ves un tercer eidos de bien, añadió, en el que entran gimnástica, curarse el enfermo, curar y los demás modos de ganar dinero? ¿No afirmaríamos que son bienes grandemente penosos, mas que nos ayudan, y que no aceptaríamos poseerlos por ellos mismos, sino por el salario y por otras cosas que de ellos se engendran? [357d] Se da, pues, dije, aun este tercer eidos. Pero bien, ¿qué? [357d] ¿En cuál, dijo, colocar a la Justicia? [358a] Yo pienso, añadí, que en el eidos más bello: el que por sí mismo y por lo que de él se engendra ha de ser amable a quien pretenda ser feliz. [358a] Pues no se lo parece, dijo, a la mayoría; sino que es ella el eidos de lo grandemente penoso: de eso que ha de emprenderse por salarios y por honores que siguen a la reputación; mas que de él, de suyo, se ha de huir, como de algo en realidad penoso. [358a] I[. Si, dije, que tal parece; y hace rato Trasimaco reprochaba a la justicia el ser tal; mas alababa a la injusticia. Pero yo, al parecer, soy tardo en aprender. [358b] Pues bien, dijo, escúchame a mí, a ver si te parece lo mismo que a mí, porque para mí está claro el que Trasímaco se dejó fascinar, antes de lo debido, por ti, cual por serpiente. Empero, para mí la demostración de ambas partes no procedió inteligentemente. Anhelo, pues, oír qué es cada una de cellas: justicia e injusticia, y qué poder tiene cada una "de por sí misma” al estar en el alma, enviando a paseo lo de salario y lo de secuelas de ellas. Lo haré, pues, así, si también a ti te lo parece: renovaré el razonamiento de Trasimaco y, primero, hablaré de qué se dice ser la justicia y de qué se engendró. Segundo, de que todos los que la ejercitan la ejercen contra su voluntad, cual algo necesario; mas no cual algo bueno. Tercero, que lo hacen con verosimilitud, porque la vida del injusto es mucho mejor que la vida del justo, —así lo dicen; aunque a mí, Sócrates, no me lo parece así. Estoy, por cierto, desconcertado; retúmbanme las orejas oyendo a Trasímaco y a miles de miles de otros; mas un razonamiento en favor de la justicia, como mejor que la injusticia, que es lo que quiero, no lo he escuchado de ninguno. Quiero escucharla encomiada “por sí misma”, y muchísimo más querría oírlo de ti. Por esto me dilataré alabando la vida injusta y, hablando así, te mostraré de qué manera querría vituperaras tú la injusticia y alabaras la justicia. Pero considera si lo que digo es lo que quieres. [358e] Absolutamente y del todo, respondí; porque, ¿sobre qué otra cosa varón sensato se gozaría más veces hablando de ella y oyendo? [358e] Bellísimamente hablado, dijo. Y, primero, dije, voy a hablar, escuchando, sobre cuál es y de dónde se engendra la justicia. [358e] Se dice, por cierto, que, de natural, es un bien hacer una injusticia; que es un mal padecer una injusticia, y que padecer injusticia supera de mucho en mal lo que, en bien, supera el hacerla; de modo que, cuando los hombres se la hacen y padecen unos a otros, y ambos la gustan, paréceles —a los que no pueden de unir lo uno ni obtener lo otro— ganar con convenirse entre ellos en ni hacer ni padecer injusticia. [359a] De ahí que se comenzara a establecer leyes y convenios entre ellos mismos, y llamar “legal” y “justo” a lo ordenado por la ley, y que tal es, por cierto, la génesis y esencia de justicia: estar siendo cual medio entre lo mejor realmente; obrando injustamente, no pagar la justa pena; y lo peor: no poderse vengar quien padece injusticia. Mas por estar en medio de ambos, lo justo es estimado no cual bien, sino honrado por impotencia de hacer una injusticia. Porque el potente para hacerla, y el verdaderamente varón, no va a convenirse con nadie ni en no hacerla ni en padecerla, porque sería locura. Tal es, Sócrates, la naturaleza de la justicia y de donde nació, —tal se dice. [359b] que quienes la practican la practican contra su voluntad y por impotencia de cometer una injusticia, lo notaríamos sobre todo si con el pensamiento hiciéramos nosotros algo como lo siguiente: demos a justo e injusto licencia para hacer lo que quiera. Sigámoslos mirando hacia dónde los llevará su apetito. Percibiremos sin más que el justo va hacia lo mismo que el injusto, por avorazamiento hacia lo que toda naturaleza persigue, de suyo, como bueno; mas se desvía por la ley, por la fuerza, hacia el respeto por lo igual. La licencia de que hablo sería malísima si se les concediera un poder, cual el que se cuenta se dio a Gyges, el antepasado del Lidio: era pastor a servicio del entonces rey de Lidia; a causa de gran tormenta y terremoto rajóse la tierra e hízose una grieta en el lugar en que apacentaba. Mirando y admirado, descendió y vio, entre otras cosas admirables que refiere el cuento, un caballo de bronce, hueco, y con puertecillas, por las cuales metiendo la cabeza, vio allí un muerto, tal parecía, de talla mayor que humana, y que nada tenía, fuera de un anillo en la mano; quitándoselo, salió. Reunidos como de costumbre los pastores para dar la cuenta mensual al rey acerca de los rebaños, acudió, llevando el tal anillo. Sentado, pues, con los demás dio, por casualidad, hacia sí, hacia lo interior de la mano, una vuelta al engaste del anillo; pasado lo cual, resultó invisible a los con él asentados; y hablaban entre sí cual si hubiera partido. Se admiró, y manipulando el anillo volvió hacia afuera el engaste, y, en volviéndolo, se hizo visible. Y reflexionando «ἀφανῆ αὐτὸν γενέσθαι τοῖς παρακαθημένοις, καὶ διαλέγεσθαι ὡς περὶ οἰχομένου. καὶ τὸν θαυμάζειν τε καὶ πάλιν ἐπιψηλαφῶντα τὸν δακτύλιον στρέψαι ἔξω τὴν σφενδόνην, καὶ στρέψαντα φανερὸν γενέσθαι. καὶ τοῦτο ἐννοήσαντα ἀποπειρᾶσθαι τοῦ δακτυλίου εἰ ταύτην ἔχοι τὴν δύναμιν, καὶ αὐτῷ οὕτω συμβαίνειν, στρέφοντι μὲν εἴσω τὴν σφενδόνην ἀδήλῳ γίγνεσθαι, ἔξω δὲ δήλῳ· αἰσθόμενον δὲ εὐθὺς διαπράξασθαι τῶν ἀγγέλων γενέσθαι τῶν παρὰ τὸν βασιλέα, ἐλθόντα» (Burnet, 360a) [360b] «δὲ καὶ τὴν γυναῖκα αὐτοῦ μοιχεύσαντα, μετ’ ἐκείνης ἐπιθέμενον τῷ βασιλεῖ ἀποκτεῖναι καὶ τὴν ἀρχὴν οὕτω κατασχεῖν. εἰ οὖν δύο τοιούτω δακτυλίω γενοίσθην, καὶ τὸν μὲν ὁ δίκαιος περιθεῖτο, τὸν δὲ ὁ ἄδικος, οὐδεὶς ἂν γένοιτο, ὡς δόξειεν, οὕτως ἀδαμάντινος, ὃς ἂν μείνειεν ἐν τῇ δικαιοσύνῃ καὶ τολμήσειεν ἀπέχεσθαι τῶν ἀλλοτρίων καὶ μὴ ἅπτεσθαι, ἐξὸν αὐτῷ καὶ ἐκ τῆς ἀγορᾶς ἀδεῶς ὅτι βούλοιτο λαμβάνειν, καὶ εἰσιόντι εἰς τὰς οἰκίας συγγίγνεσθαι ὅτῳ βούλοιτο, καὶ ἀποκτεινύναι καὶ ἐκ δεσμῶν λύειν οὕστινας βούλοιτο, καὶ τἆλλα πράττειν ἐν τοῖς ἀνθρώποις ἰσόθεον ὄντα. οὕτω δὲ δρῶν οὐδὲν ἂν διάφορον τοῦ ἑτέρου ποιοῖ, ἀλλ’ ἐπὶ ταὔτ’ ἂν ἴοιεν ἀμφότεροι. καίτοι μέγα τοῦτο τεκμήριον ἂν φαίη τις ὅτι οὐδεὶς ἑκὼν δίκαιος ἀλλ’ ἀναγκαζόμενος, ὡς οὐκ ἀγαθοῦ ἰδίᾳ ὄντος, ἐπεὶ ὅπου γ’ ἂν οἴηται ἕκαστος οἷός τε ἔσεσθαι ἀδικεῖν, ἀδικεῖν. λυσιτελεῖν γὰρ δὴ οἴεται πᾶς ἀνὴρ πολὺ μᾶλλον ἰδίᾳ τὴν ἀδικίαν τῆς δικαιοσύνης, ἀληθῆ οἰόμενος, ὡς φήσει ὁ περὶ τοῦ τοιούτου λόγου λέγων· ἐπεὶ εἴ τις τοιαύτης ἐξουσίας ἐπιλαβόμενος μηδέν ποτε ἐθέλοι ἀδικῆσαι μηδὲ ἅψαιτο τῶν ἀλλοτρίων, ἀθλιώτατος μὲν ἂν δόξειεν εἶναι τοῖς αἰσθανομένοις καὶ ἀνοητότατος, ἐπαινοῖεν δ’ ἂν αὐτὸν ἀλλήλων ἐναντίον ἐξαπατῶντες ἀλλήλους διὰ τὸν τοῦ ἀδικεῖσθαι φόβον. ταῦτα μὲν οὖν δὴ οὕτω.» (Burnet, 360b–360d) [360e] IV. Masen cuanto al juicio mismo sobre la vida de esos de quienes hablamos seremos capaces de juzgar correctamente si distinguimos entre el más justo y el más injusto; mas si no, no. ¿Cuál es, pues, la distinción? Esta: no quitemos nada de la injusticia del injusto, ni de la justicia del justo; sino pongámoslos a cada uno cual perfecto para su propia empresa. Que obre, pues, primero el injusto, cual los artistas supremos, cual piloto bueno, e médico, que hicieran lo imposible y lo posible en su arte, y emprendan esto, y dejen correr lo otro. Más aún: por si en algo fallan, sean capaces de rectificar, Parecidamente: el injusto que emprenda correctamente sus injusticias ocúltelo si va para injusto en grande, porque a quien es cogido hay que tenerlo por tonto, porque la mayor injusticia consiste en parecer justo sin en realidad serlo. Dése, pues, al perfectamente injusto la más perfecta injusticia, sin «νεται, καὶ τοῖς μὲν ἐπιχειρεῖ, τὰ δὲ ἐᾷ· ἔτι δὲ ἐὰν ἄρα πῃ σφαλῇ, ἱκανὸς ἐπανορθοῦσθαι — οὕτω καὶ ὁ ἄδικος ἐπιχειρῶν ὀρθῶς τοῖς ἀδικήμασιν λανθανέτω, εἰ μέλλει σφόδρα ἄδικος εἶναι. τὸν ἁλισκόμενον δὲ φαῦλον ἡγητέον· ἐσχάτη γὰρ ἀδικία δοκεῖν δίκαιον εἶναι μὴ ὄντα. δοτέον οὖν τῷ τελέως ἀδίκῳ τὴν τελεωτάτην ἀδικίαν, καὶ οὐκ ἀφαιρετέον ἀλλ’ ἐατέον τὰ μέγιστα ἀδικοῦντα τὴν μεγίστην δόξαν αὑτῷ» (Burnet, 361a) [361d] V. ¡Rebién!, dije yo, Glaucón; qué vigorosamente pules para un juicio, cual si fueran estatua, a estos dos varones! [361d] Lo mejor que puedo, replicó. Siendo tales, no es ya nada dificultoso, como creo, describir en palabras la vida que a cada uno aguarda. Digámoslo pues; pero si resultare aún más rudo, no pienses, Sócrates, que sea yo quien lo dice, sino quienes ensalzan a la injusticia por sobre la justicia. Dirán algo así como que con tales disposiciones el justo será azotado, torturado, preso, quemados sus dos ojos; y, para terminar, padeciendo todos los males, será empalado; y reconocerá que se ha de querer no el ser justo sino el parecerlo. [362a] Lo de Esquilo, fuera, pues, mucho más correcta decirlo del injusto, porque afirmaría que, en realidad, el injusto, por emprender lo que tiene que ver algo con la verdad y con vivir no para parecer, lo que quiere es no parecer injusto, sino serlo. [362a] Cosechero por mente en surco profundo. [362b] de él brotan cual vástagos los nobles designios. [362b] Primero, gobierna en la Ciudad por creérsele honrado. Después, cásase él con quienquiera, y a los suyos con quienes quiera; negocia y trata con quienquiera; y además de todo esto sale ganando por suplemento el no remorderle el obrar injustamente. Entra en disputas, en privado o en público; triunfa y gana a costa de los enemigos, y ganando se enriquece; favorece a los amigos, daña a los enemigos; y a los dioses sacrifica sacrificios y ofrece ofrendas adecuadas, y magníficas, y cultiva a los dioses mucho mejor que el justo, y de los hombres a los que quiera, de manera que es verosímil y natural el que resulte más amable a los dioses que el justo. Así dicen, Sócrates, es como dinero y hombres proporcionan al injusto una vida mejor que al justo: VI. En terminando de decir esto Glaucón, tenía yo en mientes hablar algo en contra; mas su hermano Adimanto dijo: ¿no crees, Sócrates, que se ha hablado ya suficiente de este tema? [362d] Que no se ha hablado, dijo, precisamente de lo que sobre todo se había de hablar. [362d] Pues bien, añadí, es refrán «que a varón lo ayude el hermano», de modo que si él falló en algo, socórrelo. En cuanto a mí es suficiente lo ya dicho por él para quedar apabullado y haberme hecho impotente para ir en ayuda de la justicia. [362e] No hay nada de lo que dices, replicó. Aún más, escucha estotro; porque es preciso que discurramos nosotros acerca de los razonamientos contrarios de los que éste habló, y que ensalcen a la justicia, mas vitupendien a la injusticia a fin de que me resulte más claro lo que pretende Glaucón. Los padres dicen y advierten a los hijos, y todos los encargados de alguien, que es preciso ser justo, ensalzando a la justicia, no por sí misma, sino por la buena opinión que de ella procede; que de tal opinión viénenle a quien se tiene en opinión de justo cargos públicos, matrimonios, y cuanto enumeró Glaucón hace un momento sobreviene a quien parece justo por estar en buena opinión. Van éstos aún más allá respecto de las opiniones; porque teniendo en cuenta la buena opinión ante los dioses hablan de la abundancia en bienes que a los piadosos les vienen, dados, dicen, por los dioses. Cual lo dicen los buenos de Hesíodo y de Homero; aquél, que los dioses hacen lleven las encinas en su copa bellotas; en su mitad, abejas; y añade el que vayan sobrecargadas de vellones de las lanudas ovejas, y otros muchos bienes a éstos anejos; el otro, cosas parecidas, como dice de mi rey Irreprochable, temeroso de dios, mantenedor de la recta justicia; que la tierra negra llévale trigo y cebada; cárgante de frutas los árboles, párenle seguido las ovejas y el mar le proporciona pares. [363c] Pero Museo y su hijo dan a los justos de parte de los dioses bienes aún más novedosos: según sus palabras, condúcenles los dioses al Hades, y sentándolos a la mesa y preparándoles el banquete de los poderosos, coronados, hacen que pasen ya todo el tiempo borrachos, convencidos de que «el más bello premio de la virtud es borrachera eterna». Mas otros extienden aún más los premios de los dioses, porque dicen quédanles al justo y al fiel a juramentos hijos de hijos y todo un posterior linaje. Por éstas y otras cosas encomian los tales a la justicia. Mas a los impíos e injustos húndenlos en barro en el Hades y fuérzanlos a llevar agua en cesta; además, aun en vida, condenándolos a infamia, todos los castigos que Glaucón relató caen sobre los justos tenidos en opinión de injustos, esos mismos los aplican a los injustos, que otros diferentes no tienen. [363e] Tales son, pues, la alabanza y el vilipendio. [363e] VII. ¿Además de estos razonamientos, Sócrates, pon a consideración otro eidos de justicia e injusticia del que se habla en privado y por los poetas. Porque, al unísono, todos se hacen lenguas e himnos de la templanza y justicia, cual si fueren algo bello, dificultoso por cierto y bien penoso; mientras que intemperancia e injusticia son deleitables y fáciles de adquirir, aunque vergonzosas solamente ante la opinión y la ley. Pero que es lo injusto más provechoso que lo justo, dícenlo cual para la multitud, y están dispuestos voluntariamente a declarar bienaventurados a malos que sean ricos y honrarlos fácilmente en público y en privado; mas a despreciar altaneramente a los que sean débiles y pobres, confesando que son éstos mejores que aquéllos. Empero, los razonamientos que hacen acerca de los dioses y de la virtud son más sorprendentes que éstos: que aun los dioses distribuyeron a muchos buenos desventuras y vida mala; mas a los contrarios, lote contrario. Por otra parte, embarcadores y adivinos lléganse a las puertas de los ricos y persuádenles de que, por sacrificios y encantamientos, han obtenido de los dioses el poder de remediar, placenteramente y con fiestas, crímenes suyos o de los progenitores; y que, si quieren perjudicar a algún enemigo, tanto que sea justo como injusto, ellos con pequeño gasto lo harían mediante invocaciones y ensalmos, —que, como afirman, persuaden a los dioses de que les sirvan. Y traen de testigos de todas estas palabras a poetas que dan a la maldad lo de facilidad, que la maldad, aun en abundancia, se la puede obtener fácilmente, porque el camino es liso, y habita cerca. Mas ante la virtud los dioses pusieron sudor, y camino largo y escarpado. Pero otros, acerca de esa influencia de los hombres sobre los dioses, traen por testigo a Homero que también él dijo: Flexibles por los ruegos lo son aún los mismos dioses; y con sacrificios y humildes votos, con libaciones y grasa los hombres, rogándoles, los pervierten, cuando mno trasgrede y falta. [364e] Y traen multitud de libros de Museo y Orfeo, hijos de Luna y de las Musas, como dicen. Según ellos regulan los sacrificios, haciendo creer no sólo a los particulares sino hasta a las Ciudades que mediante sacrificios y juegos de placer son absueltos y purificados de crímenes, tanto durante la vida como después de muertos; a lo cual llaman “iniciaciones” que nos libran de los males del más allá pero a quienes no sacrifiquen aguárdanles cosas terribles. [365a] VIII. Todo esto, dijo, querido Sócrates, todo y tal cual, es lo que se ha dicho acerca de virtud y vicio, cómo hombres y dioses los estiman; ¿qué creemos que, al escucharlo, hace sobre el alma de los jóvenes: de cuantos son de buen natural y capaces —al, por accidente, oír todo eso—, sino deducir racionalmente de ello siendo cuál y procediendo cómo llevarán la vida de la mejor manera? ¿Se diría, pues verosímilmente a sí mismo según Píndaro aquello: «asaltaré el alto muro con justicia o con tortuosos engaños?; y así, atrincherado, yo mismo pasaré la vida». Porque, según se dice, si siendo en realidad, justo, no lo parezco ser, de nada me serviría, tal afirman, sino de trabajos y castigos patentes. Empero, siendo injusto me procuro opinión de justicia, predíceseme diviniforme vida. Según esto, puesto que el parecer, cual lo declaran los sabios, «hace fuerza aún a la verdad», y es señor de la bienaventuranza, a esto precisamente hay que convertirse del todo. Describiré, pues, al derredor de mí una fachada y faz, circular silueta de virtud, y Llevaré por la fuerza tras mí la zorra, voraz y astuta, de Arquíloco. Mas dirá alguno «no es cosa fácil pasar siempre desapercibido cuándo se es, en realidad, malo». Mas, afirmaremos, «nada grande es llano». No obstante, si queremos llegar a ser bienaventurados, ese camino hay que seguir; el que las huellas del razonamiento nos indican. Para pasar desapercibidos congregarémonos de conjurados y camaradas; hay además maestros que nos dan la sabiduría: la ante el pueblo y la ante los jueces, de las cuales con ésta persuadimos, con aquélla forzamos, de modo que ganemos el no pagar la justa pena. Pero, «no es posible ni ocultarse ni forzar a los dioses». Pues bien: si no existen, o no se preocupan de nada de lo humano, ¿qué nos ha de preocupar el ocultarnos? Mas si existen y se preocupan, no sabemos ni oímos de ellos sino por lo que se dice, y por los poetas que de ellos y de sus genealogías en mitos hablan. Pero estos mismos nos dicen que son capaces de ceder por sacrificios, votos humildes y ofrendas; por ambas Cosas o por ninguna hay que creerles. Si, pues, huy que creerles, seamos injustos, y sacrifiquemos por nuestras injusticias. Porque de ser nosotros justos, no nos castigarán los dioses; mas perderíamos las ganancias de la injusticia. Pero siendo injustos ganaremos, y convenciéndolos con súplicas escaparemos, aun transgresores y pecadores, sin castigo. Pero en el Hades pagaremos nosotros o los hijos de nuestros hijos la justa pena de lo que aquí hayamos faltado a la justicia. Pero, amigo, dirá un razonador: mucho pueden por su parte las expiaciones y los dioses libertadores, como la afirman las mayores ciudades, los hijos de dioses, hechos poetas y profetas de los dioses que tales cosas así nos indican pasar. [366b] «μέγισται πόλεις λέγουσι καὶ οἱ θεῶν παῖδες ποιηταὶ καὶ προφῆται τῶν θεῶν γενόμενοι, οἳ ταῦτα οὕτως ἔχειν μηνύουσιν. Κατὰ τίνα οὖν ἔτι λόγον δικαιοσύνην ἂν πρὸ μεγίστης ἀδικίας αἱροίμεθ’ ἄν, ἣν ἐὰν μετ’ εὐσχημοσύνης κιβδήλου κτησώμεθα, καὶ παρὰ θεοῖς καὶ παρ’ ἀνθρώποις πράξομεν κατὰ νοῦν ζῶντές τε καὶ τελευτήσαντες, ὡς ὁ τῶν πολλῶν τε καὶ ἄκρων λεγόμενος λόγος; ἐκ δὴ πάντων τῶν εἰρη» (Burnet, 366b) [366b] notapuede por una parte mostrar ser falso lo que hemos dicho y, por otra parte, reconoce ser lo mejor la justicia, tiene sin más gran comprensión, y no se irrita contra los injustos; si no sabe que si, por de natural divino, no aborrece el obrar injustamente, o por haber adquirido ciencia se aparta de ello, ninguno de los otros fuera por voluntad justo, sino que por cobardía, vejes o cualquier otra debilidad vilipendia el obrar injustamente, no pudiendo ya hacerlo. Es tan claro que el primero de ellos que llega al poder es el primero en obrar injustamente, en la medida de sus fuerzas. Y de todo esto no hay otra causa sino aquella de donde arrancó todo este razonamiento para éste y para mí respecto de ti, Sócrates: de decir yo que «Admirable tú entre todos vosotros cuantos afirmáis ser ensalzadores de la justicia, principiando por los antiguos héroes cuyas palabras se han conservado; ninguno desde entonces hasta los hombres de ahora vilipendió jamás la injusticia ni ensalzó la justicia de otra manera sino por la opinión, honores y recompensas que de ellas proceden. Mas en cuanto a la que son realmente cada una por su virtud propia en el alma de quien las tenga, oculto a dioses y a hombres, nadie Jamás ni en poesía ni en lenguaje corriente ha expuesto con razonamiento suficiente el que una es el máximo mal de cuantos tiene el alma en sí misma; y la otra, la justicia, el máximo de los bienes. Que si así y desde el principio nos hablarais todos vosotros y nos convencierais desde jóvenes, no sólo nos guardaríamos de obrar injustamente unos contra otros, sino que cada uno sería guardián de sí mismo, temiendo que, por obrar injustamente, cohabitara con el máximo mal». [367a] Esto, Sócrates, y tal vez mucho más que esto, dirían Trasimaco y cualquiera otro sobre justicia e injusticia, distorsionando burdamente el poder de las dos, —así me lo parece. Empero yo, no hace falta alguna el que te lo oculte, anhelando oír de ti lo contrario, hablo reforzándolo lo más que puedo. [367b] Así, pues, no nos demuestres en tu razonamiento tan sólo que la justicia es mejor que la injusticia, sino qué es lo que, cada una, “ella de por sí misma”, hace en el alma de quien la posea, y por lo que una es algo malo; y la otra, algo bueno. Abstrae de reputaciones, como Glaucón lo exigía, porque si, en ambos casos, abstraer de las reputaciones verdaderas, y añades las falsas, no afirmaremos que ensalces lo justo, sino el parecerlo, ni que vilipendies lo injusto, sino el parecerlo, y que recomiendes el ser ocultamente injusto y convenir con Trasímaco en que la justicia es un bien extraño: conveniente para el más fuerte; mas que lo injusto es conveniente y provechoso para ese mismo; pero inconveniente para el más débil. Pues bien: ya que conviniste en que la justicia es uno de los mayores bienes, de los que vale la pena de adquirir por sus consecuencias, pero mucho más por ellos mismos —cual ver, oír, pensar, estar sano y cuantos otros bienes lo son de suyo por su propia naturaleza, y no por opinión— alaba esto mismo en la justicia: lo que “ella de por sí misma" aporta a su poseedor; y en la injusticia, lo que daña, dejando que a salarios y reputaciones los alaben otros. Que yo aceptaría el que otros alabaran así a la justicia y vilipendiaran a la injusticia, y que las encomien y critiquen por eso de reputación y de salarios; mas no, de ti, a no ser que lo mandes, porque te has pasado la vida entera no considerando sino esto. Pues bien: no nos demuestres en tu razonamiento tan sólo el que la justicia es mejor que la injusticia, sino qué es lo que cada una, “ella de por sí misma”, por ser la una un bien, y la otra, un mal, hace en quien la posea, tanto que se oculte como que no a dioses y a hombres. [367e] X. Oyendo lo cual, yo que siempre he admirado el natural de Glaucón y de Adimanto, me sentí por cierto entonces grandemente afectado, y dije: no malamente, hijos de aquel varón, el enamorado de Glaucón dio comienzo a las elegías, dirigidas a vosotros por vuestras famosas hazañas en la batalla de Megara, diciendo: Hijos de Aristón, linaje divino de ilustre varón. [368a] Me parece, amigos, que es perfectamente así, porque algo de divino os ha pasado si no estáis convencidos de que la injusticia es mejor que la justicia, habiendo pedido hablar así en favor de aquélla. No me parece que, en verdad, estéis de ello convencidos. Lo testifico por lo diferente de vuestra conducta, pues de atenerme a los razonamientos mismos desconfiaría de vosotros. Pero cuanto más me fíe, tanto mayor es mi desconcierto en cuanto a lo que haré, porque no tengo cómo defenderla, ya que me siento impotente; señal para mí es que, hablando a Trasimaco, creí mostrar evidentemente que la justicia es mejor que la injusticia, mas no me lo aceptasteis. Ni, a su vez, tengo cómo no defenderla, porque estoy temeroso de que no sea aun impío quien calumniara en su presencia la justicia, se retire y no la socorra, respirando todavía y pudiendo hablar. Lo mejor será, pues, ir en su ayuda como pueda. [368b] Aquí. Glaucón y los demás me exigían la socorriera de todas las maneras y no soltara el razonamiento, sino escudriñara qué es cada una y cómo se ha la verdad respecto del provecho de cada una. Dije, pues, lo que me parecía: que la investigación que emprendíamos no es cosa de un cualquiera sino, a mi parecer, de agudo vidente. Mas puesto que no estamos fuertes en esto, me parece, añadí, haber de hacerse su investigación algo así cual si alguien ordenara a no muy agudos de vista leer de lejos letras pequeñas; mas cayera en cuenta después que las mismas letras están en otra parte más grande, y en mayúsculas; pareceríale gran suerte, creo, comenzar leyendo éstas, y así mirar las más pequeñas, en caso de ser, realmente, las mismas. [368d] Absolutamente pues, dijo Adimanto; pero, ¿a qué ves va todo esto, Sócrates, en la investigación acerca de lo justo? [368e] Te lo explicaré, dije; ¿hay, afirmamos, una justicia propia de varón, y hay además otra de Ciudad íntegra? [368e] Pues bien: ¿es mayor Ciudad que varón? [368e] Es mayor, respondió. [368e] Así que tal vez habría una justicia en letras mayúsculas y más fácil de aprender bien. Si, pues, queréis, investiguemos, primero, en las Ciudades qué es la tal; después parecidamente la consideraremos en cada uno de los individuos, considerando la semejanza de la mayúscula con la idea de la minúscula. [369a] Me parece bellamente dicho, afirmó. [369a] Pues bien, añadí, ¿qué si contempláramos en la palabra a una Ciudad en fase de engendramiento?; ¿veríamos en ella engendrándose a justicia e injusticia? [369a] Caso de engendrarse así, ¿hay grandísima esperanza de ver lo que buscamos? [369a] «πόλεσι ζητήσωμεν ποῖόν τί ἐστιν· ἔπειτα οὕτως ἐπισκεψώμεθα καὶ ἐν ἑνὶ ἑκάστῳ, τὴν τοῦ μείζονος ὁμοιότητα ἐν τῇ τοῦ ἐλάττονος ἰδέᾳ ἐπισκοποῦντες. ᾿Αλλά μοι δοκεῖς, ἔφη, καλῶς λέγειν. ῏Αρ’ οὖν, ἦν δ’ ἐγώ, εἰ γιγνομένην πόλιν θεασαίμεθα λόγῳ, καὶ τὴν δικαιοσύνην αὐτῆς ἴδοιμεν ἂν γιγνομένην καὶ τὴν ἀδικίαν; Τάχ’ ἄν, ἦ δ’ ὅς. Οὐκοῦν γενομένου αὐτοῦ ἐλπὶς εὐπετέστερον ἰδεῖν ὃ ζητοῦμεν;» (Burnet, 369a) [369a] Y mucha, por cierto. [369a] ¿Os parece, pues, ser necesario emprender el llevarlo a término? Creo, por cierto, que no es pequeño trabajo; consideradlo pues. [369a] Considéreselo, dijo Adimanto; no hagas otra cosa. [369a] XI. Engéndrase, por cierto, añadí, Ciudad, tal pienso, cuando se da el caso de que cada uno de nosotros no es seipsisuficiente, sino necesitado de muchas cosas. ¿Qué otro principio crees haya para fundar Ciudad? [369c] Así que uno toma de ayudante a uno para algo; a otro, por necesitarlo para otra cosa, necesitados ellos de muchas, reuniéndose en una residencia muchos para común ayuda, y a tal casa común pusimos por nombre “Ciudad”. ¿Es así? [369c] ¿Comparte uno con otro, cuando comparte algo, o recibe, por creer ser ello mejor para sí mismo? [369c] Pues bien, añadí: hagamos desde el principio Ciudad por la palabra; pero la harán a ella, al parecer, nuestras necesidades. [369c] Pero, ¿cómo no? [369c] Por cierto que la primera y mayor necesidad es la de proporcionarse alimentación para existir y vivir. [369d] De todo en todo. [369d] La segunda, la de habitación; la tercera, la de vestido y cosas tales. [369d] Pues bien; añadí: ¿cómo Ciudad abastará para tal aprovisionamiento? ¿No de otra manera sino que uno sea agricultor; otro, albañil; otro, tejedor? ¿O añadiremos aún a eso un zapatero o cualquier otro de los que del cuerpo se cuidan? [369d] ¿La Ciudad más necesitada se compondría, pues, de cuatro o cinco varones? [369e] Tal parece, evidentemente. [369e] «Φαίνεται. Τί δὴ οὖν; ἕνα ἕκαστον τούτων δεῖ τὸ αὑτοῦ ἔργον ἅπασι κοινὸν κατατιθέναι, οἷον τὸν γεωργὸν ἕνα ὄντα παρασκευάζειν σιτία τέτταρσιν καὶ τετραπλάσιον χρόνον τε καὶ πόνον ἀναλίσκειν ἐπὶ σίτου παρασκευῇ καὶ ἄλλοις κοινωνεῖν, ἢ ἀμελήσαντα ἑαυτῷ μόνον τέταρτον μέρος ποιεῖν τούτου τοῦ» (Burnet, 369e) [369e] Pues, ¿qué?: ¿es preciso que cada uno de ellos ponga a disposición de todos en común su propia obra, que, por ejemplo, el agricultor, siendo uno, proporcione alimentos a cuatro, y gaste cuadruplicado tiempo y trabajo en proporcionar alimento y compartirlo con los demás, o, descuidándolos, hacer para sí mismo la cuarta parte de la alimentación en la cuarta parte del tiempo; y de las otras tres, emplear una en proporcionarse casa; otra, vestimenta; otra, zapatos; y no molestándose por colaborar con los otros, hacer él por sí mismo lo de sí mismo? [369e] Y Adimanto respondió: tal vez, Sócrates, sea esto así más fácil que de esotra manera. [369e] ¡Por Júpiter!, añadí; nada tendría de extraño. Mientras hablabas caía en cuenta de que, al principio, no nace cada uno de nosotros grandemente semejante a otra cualquiera, sino diferente por naturaleza cada uno para diferente quehacer. ¿No te lo parece? [370b] A mí sí. [370b] Pero, ¿qué?; ¿haría uno más bellamente su quehacer, si siendo uno, trabajara en muchas artes, que, cuando siendo uno, trabaja en una? [370b] Cuando trabaja en una, respondió. [370b] Por cierto, creo, que también esto está claro: que si se deja pasar la oportunidad de hacer algo, se estropea la obra. [370b] Porque, pienso, que la obra a hacer no aguanta la vagancia del obrero, sino que, por necesidad, el obrero ha de acompañar, y no cual algo accesorio, a la obra por hacer. [370b] Es necesario. [370b] Por lo cual se hacen más cosas, más bella y fácilmente cuando uno haga, por natural, una cosa y en su oportunidad, no vacando a las demás. [370b] De todo en todo es así. [370b] Según esto, Adimanto, hacen falta más de cuatro ciudadanos para proporcionar lo que decíamos. Porque el labrador, tal parece, no hará para sí el arado, si quiere sea bello, ni la azadilla, ni los demás instrumentos propios de agricultura; fui, a su vez, los suyos el albañil, que también éste necesita de muchos. Parecidamente el tejedor y el zapatero. [370d] Es verdad. [370d] Por cierto que carpinteros, herreros y otros muchos artesanos, comuneros con nosotros de esta diminuta Ciudad, la harán numerosa. [370d] Pero no sería aún demasiado grande si a ellos añadiésemos boyeros, pastores y demás apacentadores a fin de que los agricultores tengan bueyes para arar; los albañiles, para acarrear, sirviéndose, junto con los agricultores, de los animales de tiro; y a su vez tejedores y zapateros tengan pieles y lanas. [370e] Por cierto, dijo, que no sería Ciudad pequeña la que todo eso tuviera. [370e] No obstante, añadí yo, fundar esa Ciudad en un lugar tal que no necesitara importar nada, fuera casi imposible. [370e] Casi imposible, en efecto. [370e] Luego necesitará de otros que de otra ciudad le traigan lo que necesita. [370e] Lo necesitará. [370e] Y por cierto que si el comisionista se va sin llevarse nada de lo que los que lo comisionaron necesitan, se iría vacío de manos, ¿Es así? [371a] Me lo parece Cierto, pues, que nuestra Ciudad necesitará de más agricultores y otros artesanos. [371a] De más, en efecto. [371a] Y aún también de otros comisionistas importadores y exportadores de cada producto; tales son los comerciantes. ¿Es así? [371a] Necesitaremos, pues, de comerciantes. [371a] Y si el comercio se hace por mar, se necesitará de otros muchos: de los que entienden de tráfico marítimo. [371b] De muchos, por cierto. [371b] XII. Ahora bien: dentro de la Ciudad misma, ¿cómo intercambiarán entre sí lo que cada uno produce? Que para esto, haciendo comunidad, fundamos Ciudad. [371b] Es claro, dijo, que siendo vendedores y compradores. [371b] Así que de esto resultará haber mercado y moneda, para símbolo de intercambio. [371b] Si, pues, trayendo el agricultor al mercado algo de lo que produce, o cualquier otro artesano, no llega al mismo tiempo que los necesitados que se lo van a cambiar, ¿quedará su mercancía ociosa; y él, sentado en el mercado? [371b] En manera alguna, respondió; sino hay quienes, viéndolo, se encargan ellos mismos de tal servicio. Por cierto que en las Ciudades correctamente reguladas son ellos casi siempre los más débiles de cuerpo e inútiles para hacer otro trabajo. Han, pues, de permanecer allí, en el mercado, para comprar por plata lo que unos necesitan vender, y, a su vez, vender por plata lo que otros necesitan comprar. [371d] Luego tal es, añadí, la necesidad que da origen en la Ciudad a la clase de comerciantes, ¿O no llamamos "comerciantes” a quienes establecidos en el mercado nos sirven en eso de comprar y vender; mas a los errantes de Ciudad en Ciudad, "“traficantes”? [371d] Hay además, añadí, algunos otros sirvientes que, por su inteligencia, no son del todo dignos de entrar en la comunidad; mas que tienen para el trabajo suficiente fuerza corporal; quienes por vender el uso de tal fuerza, y, por llamar a su precio "salario”, se han llamado, como creo, “asalariados”. ¿Es así? [371e] Relleno de Ciudad son, al parecer, también los asalariados. [371e] Me lo parece. [371e] ¿Qué, pues, Adimanto?, ¿no nos ha crecido ya la Ciudad tanto que es perfecta? [371e] ¿Dónde, pues, estarían en ella la justicia y la injusticia?; ¿y nacida a la vez en qué de lo que hemos considerado? [372a] Yo, ciertamente, respondió, no lo percibo, Sócrates, a no ser que sea en un uso que de esas mismas cosas hacen entre sí los ciudadanos. [372a] Tal vez, dije, esté bellamente dicho; hay que considerarlo y no retraernos. [372a] Primero, pues, consideremos de qué manera se comportarán los así organizados. ¿De qué otra manera sino produciendo trigo, vino, vestidos y zapatos y edificando casas? Durante el verano trabajarán de ordinario desnudos y descalzos; durante el invierno, vestidos y calzados suficientemente; se alimentarán haciendo de la avena avena mondada, del trigo harina; y, tostando aquélla y amasando ésta, harán genuinos pasteles y panes que presentarán sobre cañizos o sobre limpias hojas; reclinados sobre hojarasca recubierta de brionia y de mirto, comerán en grande ellos y sus hijos, empinando vino, coronados y alabando a los dioses, en deleitable y mutua convivencia, criando hijos no por sobre sus recursos, prevenidos contra pobreza y guerra. [372c] XI Y tomando Glaucón la palabra, dijo: sin condimento, me parece, haces que banqueteen tales varones. [372c] Dices verdad, repliqué; olvidé que también han de tener condimentos; es clara que tendrán sal, olivas, queso, cebollas y legumbres que, cocidas, se comen en los campos. Les añadiremos de postres higos, garbanzos y habas; les tostaremos al fuego bayas de mirto y bellotas, rociándolas moderadamente con vino. Y pasando así la vida, en paz y con salud, terminaranla, al parecer, de viejos, y la transmitirán tal cual a sus descendientes. [372d] Sócrates: dijo, si organizaras ciudad de cerdos, ¿de qué otra cosa sino de éstas los hartaras? [372d] Pero, ¿qué otra cosa se les ha de dar?, Glaucón, respondí. [372d] Lo que se suele, dijo: recostarlos, pienso, en lechos, para que no sufran; darles de comer sobre mesas; y condimentos y postres, los mismos que ahora tienen. [372e] Sea, dije; comprendo. No estamos considerando tan sólo, al parecer, cómo se hace una Ciudad, sino una Ciudad regalona. Tal vez no esté del todo mal, porque, considerando a la tal, pudiéramos ver precisamente cómo se engendran en las Ciudades la justicia y la injusticia. Me parece que la verdadera Ciudad la hemos descrito cual sana. Pero si, a su vez, lo queréis, consideraremos una ciudad enfiebrada. Nada lo impide. A algunos, me parece, no les bastará ni estas cosas ni este régimen de vida, sino que haránse añadir lechos, mesas y otros enseres, y condimentos, perfumes e inciensos, y cortesanas y golosinas, y variedades de cada una de estas cosas. Aún más: no se tomarán ya cual necesarias las que primero dijimos: casas, vestidos y calzado; sino habrá que movilizar pintura y colorainas, oro y marfil, y adquirir todo lo de tal clase. ¿Es así? [373b] Según esto, pues, habrá que hacer mayor la Ciudad, porque aquélla, la sana, ya no es suficiente; hay que rellenarla de masas y muchedumbres que ya no están en la Ciudad para lo necesario; así, todos los cazadores e imitadores, muchos de ellos dedicados a figuras y colores; muchos, a música: poetas y sus escoltas de rapsodas, actores, bailarines, empresarios y artífices de toda clase de aparatos, y entre otros de los atinentes a la cosmética femenina. Necesitaremos además de muchos sirvientes, ¿o no te parece necesitaremos de pedagogos, nodrizas, guardianes, peluqueros, doncellas, y aun de cocineros y trinchantes? Añadamos, también, de porquerizos, porque esto no lo había en nuestra primera Ciudad. [373b] ues no hacía falta alguna; mas en estotra, aun de esto hace Fa¡ta. Harán falta también muchísimas clases de ganado, si de ellas se ha de comer, ¿Es así? [373b] Pues, ¿cómo no? [373d] Según esto, ¿estaremos también necesitados de médicos, muchísimo más con tal régimen que con el anterior? [373d] Y mucho. [373d] XIV. Y el país, suficiente antes para alimentarlos, ¿no resultará pequeño de suficiente que era? ¿O cómo lo diremos? [373d] ¿Tendremos, pues, que recortar algo del territorio vecina si hemos de tener suficiente para pastoreo y labranza, y ellos del nuestro, si ellos se dejan también ir al infinito en posesión de cosas, transgrediendo el límite de lo necesario? [373e] Absolutamente necesario, Sócrates. [373e] Por lo cual guerrearemos, Glaucón; o ¿cómo será? [373e] Nada digamos aún, añadí, de si la guerra es algo malo a bueno, sino esto tan sólo: que hemos hallado la génesis de la guerra de la que tanto a Ciudades, como a particulares y pueblo, proceden, sobre todo, los males, cuando se engendran. [373e] Además, por cierto, querido, engrandecida la Ciudad, hace falta no un pequeño sino todo un ejército que, movilizándose, defienda contra los invasores toda la propiedad de Ciudad y la de que ahora hablábamos Pero, ¿qué?, añadió; ¿que los ciudadanos no son suficientes? [374a] No, respondí, si tú y nosotros todos nos hemos bellamente convenido cuando formamos la Ciudad, y convinimos, si lo recuerdas, en que es imposible el que uno haga bellamente muchas artes. [374b] Pues bien, añadí: ¿no piensas que la lucha guerrera sea una arte? [374b] Y grande, dijo. [374b] Pues bien: ¿habrá que preocuparse más de la zapateril que de la guerrera? [374b] En modo alguno. [374b] Por ello prohibimos al zapatero meterse a agricultor y a la vez a tejedor y albañil, sino a zapatero, a fin de que nos produjera una bella obra de zapatería; y parecidamente a cada uno de los demás encargamos lo que a cada cual de natural convenía; y que para esto vacara de lo demás haciendo durante la vida aquello, sin dejar pasar las oportunidades de ejecutarlo bellamente. Mas, ¿no habrá que, sobre todo, ejercitar bien lo concerniente a la guerra? ¿O es tan fácil el que un labrador resulte a la vez guerrero y zapatero y ejercite cualquiera otra arte?; que ni jugador de chaquete o dados resultaría uno perito no ocupándose de ello desde niño, sino tomándolo cual accesorio. ¿O con coger un escudo u otra de las armas e instrumentos guerreros resultará uno en un día luchador perito en infantería armada o en otras clases de lucha guerrera, cuando coger alguno de los demás instrumentos no hará jamás a nadie ni artesano ni atleta, ni resultará útil a quien los coja sin la ciencia de cada uno y sin haberle puesto suficiente cuidado? [374d] Los instrumentos, dijo, eran dignos de más. [374d] XV. Pues bien: añadí, cuanto mayor es el oficio de los guardianes, tanto más de vacación y mayor que los demás exige, y necesita de arte y grandísimo cuidado. [374e] Me lo parece, dijo. [374e] ¿No hará, pues, falta una naturaleza adecuada para tal empresa? 1 Pues, ¿cómo no? [374e] Ocupación nuestra, pues, sería, al parecer, si de ello somos capaces, seleccionar a quiénes y qué naturales son adecuados para la guardia de Ciudad. [374e] Nuestra lo es, ciertamente. [374e] ¡Por Júpiter!, añadí; no insignificante carga hemos acogido; sin embargo no nos acobardemos en tanto no nos fallen las fuerzas. [375a] Pues no, dijo. [375a] ¿Crees, añadí, que en algo se diferencien la naturaleza de perrito noble y la de joven bien nacido, respecto de guardia? [375a] ¿De qué hablas? [375a] De que ambos, respondí, han de ser agudos de percepción y ligeros para perseguir lo percibido, y fuertes, a su vez, si hay que luchar para apoderarse de ello. [375a] Han de ser todo eso, dijo. [375a] Y, además, valientes si de pelear bien se trata. [375a] Pero, ¿cómo no? [375a] Mas, ¿le dará por ser valiente al no animoso, sea caballo, perro u otro animal cualquiera? ¿O no has notado qué de imbatible e inconmovible es Animo que, al estar presente, hace el alma entera impertérrita para todo e invencible? [375b] Lo he notado. [375b] Está claro ciertamente lo referente a cómo ha de ser el guardián en cuanto al cuerpo. [375b] Y en cuanto al alma, que animoso. [375b] Así que, añadí, Glaucón, no van a ser feroces entre ellos y para con los demás ciudadanos, siendo todos por naturaleza ciudadanos. [375b] ¡Por Júpiter!, respondió, no es fácil. [375b] Más bien han de ser mansos respecto de los de casa; pero rudos con los enemigos; así no aguardarán a que los otros los destruyan, sino que ellos mismos se adelantarán a hacérselo. [375b] Es verdad, dijo. [375b] Pues bien, dijo: ¿qué haremos?; ¿dónde hallaremos un carácter manso, a la vez que grandemente animoso?, porque naturaleza mansa es, en cierto modo, contraria al eidos de animoso. [375b] Mas cualquiera de las dos que faltare, no resultará un buen guardián. Parece, empero, algo de imposible; y así resultaría dar imposible el que hubiera guardián bueno. [375d] Se corre tal peligro, dijo. [375d] Pasado mi desconcierto, y reconsiderando lo anterior, dije: con justicia, querido, estamos desconcertados, porque nos hemos apartado del ejemplo propuesto. [375d] ¿En qué sentido lo dices? [375d] ¿No caemos en cuenta de que hay naturalezas, cual las que no creíamos haber, poseedoras de esos contrarios? [375d] Pudiera vérselas aun en otros animales, pero no menos por cierto en el que tomamos de modelo para el guardián. [375e] Porque sabes respecto de los perros nobles, que de natural. [375e] tal es su carácter: para con los domésticos y conocidos cuán mansos son; mas para con los desconocidos, lo contrario. [375e] Por cierto que lo sé. [375e] Luego esto es posible, añadí; y no buscamos algo contra naturaleza en que sea tal el guardián. [375e] Parece que no. [375e] XVI. Pues bien: ¿no te parece que el futuro guardián necesita, además esto: de ser animoso, el que le venga además de natural ser filósofo? [376a] ¿Cómo?, dijo; porque no lo entiendo. [376a] Ve aun esto en los perros, añadí; que es digno de admiración en tal bestia. [376a] Que cuando ve a un desconocido se enfurece, aun sin haberle pasado nada de malo; mas, cuando a un conocido, hácele zalemas aunque nada de bueno haya recibido de él alguna vez; ¿no te has admirado aún de esto? [376a] No he parado gran cosa de mientes en Eso; pero que lo hacen está claro. [376a] Evidentemente, tal comportamiento de su naturaleza es fino y verdaderamente filosófico. [376b] En que, añadí, no discierne entre aspecto amigo y enemigo por otra cosa sino por aprehender a aquél y desconocer a éste. Y ¿cómo, por cierto, no ser amante de aprehender cuando deslinda por conocimiento y desconocimiento entre lo doméstico y lo extraño? [376b] No hay como no sea así, respondió. [376b] Pues bien, repliqué yo, ¿no es lo mismo ser amante-de-aprender y ser amante-de-sabiduría? [376b] Pues es lo mismo, dijo. [376b] Atrevámonos, pues, a admitir, aun en el hombre, que si ha de llegar a ser manso para con domésticos y conocidos, ha de ser por naturaleza filósofo y amante-de-aprender. [376c] Así que filósofo, animoso, veloz y fuerte habrá de ser, según nosotros, por naturaleza, quien haya de ser bello-y-buen guardián de Ciudad. [376c] De todo en todo, afirmó. [376c] Séalo así. Mas, ¿de qué manera criarlos y educarlos para nosotros? Y ¿en qué es esto previo para ponernos nosotros a considerar y llegar a ver perfectamente aquello a que se ordenan todas estas consideraciones: cómo se engendran en Ciudad justicia e injusticia, a fin de que no dejemos sin completar el razonamiento o se nos pase de largo? [376d] A lo cual el hermano de Glaucón dijo: me parece a mi, por cierto, que es absolutamente tarea previa ésta para esta consideración precisamente. [376d] ¡Por Júpiter!, añadí, querido Adimanto; no hay que dejarla ir por muy larga que, en realidad, sea. [376d] Pues, no. [376d] Bien pues; cual si habláramos mitológicamente y en mito, y dando tiempo al tiempo, eduquemos 'de palabra” a estos varones. [376e] Es lo necesario. [376e] XVII. ¿Cuál es, pues, tal educación? ¿O es difícil hallar cosa mejor que la ya hallada desde mucho tiempo atrás: lo es para el cuerpo, la gimnástica; para el alma, la música? [376e] Lo son, efectivamente. [376e] Pues bien: ¿comenzaremos por educarlos en música antes que en gimnástica? [376e] Pero, ¿cómo no? [376e] En música, dije, ¿haces entrar razonamientos? ¿O no? [376e] Yo, sí, por cierto. [376e] De razonamientos, ¿no hay doble eidos: uno, el verdadero; otro, el falso? [377a] Pero, ¿hase de educar en ambos; mas primero en los falsos? [377a] No entiendo, dijo, en qué sentido lo dices. [377a] ¿No entiendes, añadí, que primero contamos mitos a los niñitos? En conjunto son falsos; mas hay en ellos algo de verdad. Para los niñitos nos servimos de mitos antes que de gimnasia. [377a] Precisamente dije por esto que se ha de echar mano de música antes que de gimnástica. [377a] Pues bien: ¿sabes que «en toda obra el principio es la más importante», especialmente respecto cualquier cosa joven y tierna?, porque entonces es cuando mejor se la moldea e introduce la impronta que en cada uno se quiera imprimir. [377b] Bien pues; ¿dejaremos ligeramente que los niños escuchen a cualquiera de los que inventan mitos sobre lo que sea, y reciban en sus almas opiniones las más de las veces contrarias a aquellas que, cuando lleguen a mayores, juzgaremos deben tener? [377b] De ninguna manera lo permitiremos. [377b] Primero, pues, hay que vigilar a los fautores de mitos; y el que resulte bello aprobarlo; el que no, reprobarlo. Y convenceremos a nodrizas y madres de que cuenten a los niños los aprobados, y de que moldeen sus almas con mitos mucho más que con las manos los cuerpos. De los que ahora cuentan, los más hay que rechazarlos. [377b] En los mayores, respondí, veremos también a los menores, porque los mayores y los menores han de ser del mismo tipo y del mismo poder. ¿O no lo crees? [377d] Yo, sí, dijo; mas no caigo en cuenta de a cuáles [lamas los mayores. [377d] Son los que, expliqué. Hesíodo y Homero nos contaron, y los demás poetas. Porque éstos son quienes, componiendo para los hombres mitos falsos, los contaron, y se cuentan. [377d] ¿De cuáles hablas, dijo, y qué en ellos reprendes? [377d] Lo que, respondí, se ha de reprender primero y sobre todo, especialmente si se miente no bellamente. [377d] ¿Que es eso? [377e] Cuando en la palabra se imita malamente lo que dioses y héroes son, —cual pintor que pinta algo sin parecido alguno con aquello que quería pintar semejante. [377e] Y por cierto, dijo, que es correcto el reprender tales casos Empero, ¿en qué sentido lo decimos y sobre qué? Primero, lo mayor de las mentiras —y sobre los Máximos, diciendo la cual se mintió, y no bellamente— es la de que Urano hizo lo que afirma Hesíodo que hizo; y, a su vez, la de que cómo lo castigó Cronos. Aun si los actos de Cronos y sus padecimientos a manos de los hijos fueran verdad, creería no deberse ligeramente contar a insensatos y a jóvenes, sino muchísimo mejor callarlos. Pero, si hubiera alguna necesidad de contarlos, oírlos en secreto y a cuantos menos mejor, después de sacrificar no un puerco sino una víctima grande y difícil de hallar, para que de hecho lo oigan lo menos posible. [378a] Y por cierto, dijo, que tales relatos son duros de oír. [378b] Y no son de repetir, Adimanto, dije, en nuestra Ciudad; ni de decir a oyente joven que ni haciendo la peor ni castigando injustamente, y de todas maneras, al padre no se haga nada de escandaloso, sino que se haga lo que los primeros y máximos dioses. [378b] No, por Júpiter!, dijo, ni a mí me parece ser conveniente relatar tales cosas. [378b] Ni, contar de ninguna manera, añadí, que los dioses hacen guerra, intrigas y pelean con otros dioses, porque no es verdad, si es que los futuros guardianes de la Ciudad han de tener por feísimo reñir fácilmente unos con otros. Y bien lejos se ha de estar de contarles esos mitos de combate entre gigantes, o adornárselos; y lo mismo, otras querellas, numerosas y variadas, entre dioses y héroes contra sus parientes y domésticos; sino que, si hemos de persuadirlos de que jamás un ciudadano ha de reñir con otro y que esto no es piadoso, esto es lo que han de relatar más bien ancianos y viejas a los niños; y en favor de éstos, llegados a mayores de edad, obligar a los poetas a que compongan relatos a tenor de esto. Que Juno fue encadenada por su hijo; Vulcano, precipitado por su padre al ponerse a defender de golpes a su madre, y cuantas luchas entre dioses cantó Homero no han de admitirse en la Ciudad, haya o no en ello ocultos sentidos. Porque el joven no es capaz de juzgar qué es sentida profunda o no, y las opiniones recibidas en tal edad suelen hacerse imborrables e inconmovibles; por lo cual haya tal vez de hacerse que escuche primero de los mitos lo más bellamente compuestos en vistas a la virtud. [378e] XVIII. Es razonable, dijo. Mas sí se nos preguntara además y precisamente: qué es eso, y cuáles son tales mitos, ¿cuáles afirmaríamos lo son? [378e] Y yo respondí: Adimanto, no somos poetas ni yo ni tú en este momento, sino fundadores de Ciudad; es cosa de los fundadores, ciertamente, saber qué tipo de mitos han de componer los poetas, y si contra él componen no consentírselo; mas no hemos de ser nosotros mismos quienes los compongamos. [379a] Correctamente, dijo. Empero, esto precisamente: ¿cuáles serían los tipos de teología? [379a] Tales como éstos, respondí: hay que presentar siempre «dios tal cual, en realidad, es; tanto que se lo haga en épica como en lírica o en tragedia. [379a] Así ha de ser, efectivamente. [379b] Siendo, pues, dios en realidad bueno, ¿habráse también de hablar de él así? [379b] ¿Cómo no? [379b] Pues bien: lo no perjudicial, ¿perjudica? [379b] En modo alguno. [379b] ¿Y lo que no perjudica hace algún mal? [379b] Mas lo que no hace nada de malo, ¿sería causa de algún mal? [379b] Pero, ¿qué?: ¿lo Bueno es beneficioso? [379b] ¿Luego lo Bueno no es, por cierto, causa de todo, sino es causa de lo que esté bien; mas no es causa de los males? [379b] Luego, añadí yo, dios, por ser bueno, no sería causa de todo, como dice la mayoría; sino causa para los hombres de pocas cosas, ya que los bienes son, entre nosotros, menos que los males. De los bienes a ningún otro, sino a él, hay que encausar; pero de los males hay que buscar otras causas, y no a dios. [379b] Me parece, dijo, verdaderísimamente dicho. [379b] Luego, añadí yo, no se ha de admitir ni de Homero, ni de otro poeta alguno, ese error en que yerra insensatamente acerca de los dioses, al decir: dos toneles están colocados de Júpiter en el umbral; llenos, uno, de las suertes buenas; otro, de lar malas; y a quien, mezclándolas, dé Júpiter de ambas manan en él unas veces lo malo; otras, lo bueno; mas a quien no, sino inmezclada una de ellas. [379d] a éste persíguele devoradora hambre sobre la divina tierra; ni admitiremos el que para nosotros Júpiter sea de bienes y males el repartidor. [379e] XIX. Mas, en cuanto a disolución de los juramentos y pactos cometida por Pándaro, si alguien afirma que eso pasó por intervención de Atenea y Júpiter, no lo alabaremos; ni lo de la riña de los dioses y su juicio, por la de Temis y Júpiter; ni, aunque lo diga Esquilo, hase de permitir oigan los jóvenes que Dios implanta la causa en los mortales cuando quiere destruir completamente su casa. Mas si alguno representa los “Sufrimientos de Níobe" —allí se hallan esos yambos— o los de los Pelópidas a los de los troyanos o parecidos, no permitiremos que diga ser obras de dios; o si lo son de dios, habrá de hallarse para tal caso una razón cual la que ahora estamos buscando; y habráse de decir que dios hizo lo justo y bueno; mas que los castigados salieron ganando; pero que sean desgraciados quienes pagaron el justo castigo, aunque haya sido dios quien hizo eso, no permitiremos lo diga el poeta. Mas si dijeran que los desgraciados estaban necesitados de castigo por malos, mas pagando la justa pena resultan beneficiados por dios, ha de permitirse lo digan. Pero afirmar que dios, siendo en realidad bueno, sea para alguno causa de males, lucharemos de todas las maneras para que ni se digan tales cosas en la su Ciudad si ha de estar bien de leyes, ni las oiga nadie: ni joven ni viejo; ni en métrica ni sin métrica se digan tales mitos, que ni serían piadosos si así se dijeren, ni convenientes para nosotros ni consonantes ellos consigo mismos. [380c] Contigo voto, dijo, esta tal ley; y me place. [380c] Esta, pues, sería, añadí yo, una de las leyes y normas acerca de los dioses, según la cual habrán de hablar quienes hablen, y poetizar los poetas: que el dios no es causa de todo, sino de los bienes. [380c] Más que suficiente, dijo. [380d] Pero, ¿qué de esta segunda? ¿Crees que dios es un mago y que, de intento, se nos aparezca bajo diversas ideas; a veces, unas, él presente realmente, mas cambiando su propio eidos a muchas formas; otras veces, engañándonos y haciendo pensemos acerca de él tales cosas? ¿O que sea simple, y menos que nada deponga su propia idea? [380d] No tengo ahora, dijo, qué decir. [380d] Pero y ¿qué de estotro: si algo se sale de su propia idea no es necesaria el que se transforme o él por sí mismo o por otro? [380e] Es necesario. [380e] Pues bien: las cosas mejores de estado, ¿no son las que menos se transforman y mueven por otro? Cual el cuerpo, el más sano y el más robusto, ¿es el que menos se altera por comidas y bebidas; y toda planta parecidamente, por canículas, vientos y otras tales afecciones? [381a] Pero, ¿cómo no? [381a] Mas en cuanto al alma, ¿no es a la más varonil y sensata a la que menos perturba y altera lo que pase fuera? [381a] Aún más: según esta misma razón, todo lo compuesto: enseres, edificios y vestidos —los bien elaborados y en buen estado—, ¿son los que menos se alteran por el tiempo y demás acaeceres? [381a] Así es ciertamente. [381b] Pues bien: todo lo que está en bello estado o por naturaleza o por arte o por ambos está mínimamente expuesto a alteraciones por obra de otro. [381b] Pues bien: dios y lo de dios está siendo de la absolutamente mejor manera posible. [381b] Pero, ¿cómo no? [381b] Por esto mismo, menos aún tendría dios muchas formas. [381b] XX. ¿Pero no se transformaría y cambiaría él a sí mismo? [381b] Claro que sí, dijo, en caso de cambiar. [381b] ¿Se transforma, pues, a sí mismo en mejor y más bello o peor y más feo que sí mismo? [381b] En caso de cambiar, dijo, sería en-peor; porque no afirmaremos carezca dios de belleza o virtud. [381b] Correctísimamente dicho, añadí. Y siendo esto así, ¿te parece, Adimanto, que uno o de los dioses o de los hombres se haga él a sí mismo peor en algo? [381b] Luego, es imposible, dijo, aun para dios querer cambiarse a sí mismo, tal parece; porque, siendo superlativamente bello y bueno, a cada uno de ellos le es posible permanecer siempre y sencillamente en su propia forma. [381b] Me lo parece, dijo, de toda necesidad. ' Luego, añadí yo. Excelentísimo, que ninguno de los poetas nos diga que los dioses pareciéndose a foráneos extranjeros. [381b] variamente disfrazados recorren ciudades. " Ni nadie mienta con lo de Proteo y Tetis; ni introduzca en tragedias u otra clase de poemas una Juno travestida de sacerdotisa mendicante en favor de los hijos vivificantes de Inaco. el vía argivo. Y que no se nos mienta con tales y tantas mentiras. Pero que tampoco, convencidas de ellas, las madres, contando a mal tiempo tales mitos atemoricen a los niñitos con cuzc ciertos dioses circulan por la noche disfrazados de muchas clases de extranjeros y foráneos para que así no blasfemen ellas contra los dioses y a la vez no hagan más miedosos a los niños. [381b] Pues que no, dijo. [381b] ¿Pero, añadí yo, tal vez los dioses, incapaces de transfigurarse, nos hagan creer que se aparecen travestidos, engañándonos así y encantándonos? [382a] Pero, ¿qué?, añadí yo; ¿querría dios mentir o de palabra o de obra presentándonos un fantasma? [382a] No sé, contestó. [382a] ¿No sabes, añadí, que a la verdaderamente mentira, si es que se puede hablar así, todos: dioses y hombres la odian? [382a] ¿En qué sentido lo dices?, preguntó. [382a] En éste, respondí: que ser engañado en lo más importante de uno mismo y en las cosas más importantes, nadie voluntariamente lo quiere, sino que lo más tenido de todo es que de eso se apodere la mentira. [382a] Ni aun ahora comprendo, dijo. [382b] Porque, añadí, crees que digo algo augusto; mas digo que, para el alma, engañarse en cuanto a la realidad y quedar engañada, ser ignorante de que se está en la mentira, que se la tiene y guarda, es lo que menos aceptarían todos y lo que más en este punto odian. [382b] Lo que más, sin duda, -dijo. [382b] Empero, como estaba ahora diciendo correctísimamente,.- eso que. en verdad se llamaría “mentira” es.esa ignorancia que está en el alma del engañado, ya que la mentira-en las palabras es una cierta imitación de la que pasa en el alma, y es eídolon posteriormente engendrado, mentira no íntegramente pura. ¿No es así? [382c] XXI. Por cierto que, realmente, la mentira es odiosa no sólo a los dioses sino también a los hombres. [382c] Me lo parece. [382c] Mas, ¿qué respecto de la mentira en palabras? ¿Cuándo y para quién es útil? ¿No, respecto de los enemigos y de los llamados amigos cuando por locura o cualquier otra demencia vayan a hacer algo malo, que entonces resulta útil la mentira cual medicina para apartarlos de ello? Y en las mitologías de que estábamos ahora hablando, por no saber dónde se halla la verdad de lo antiguo, haciendo que la mentira se asemeje lo más posible a la verdad, ¿no la hacemos útil? [382d] Y mucho que así es, respondió. [382d] Pues bien: ¿por cuál de estas razones la mentira sería útil a dios? ¿Que por ignorar lo antiguo mentiría asemejándolo a verdadero? [382d] Ridículo por cierto, fuera, dijo. [382d] Luego no hay en dios un poeta mentiroso. [382d] Na me lo parece. [382e] Pero, ¿mentiría por miedo a los enemigos? [382e] Bien lejos está de ello. [382e] Pero, ¿y por causa de la demencia o locura de los domésticos? [382e] Ninguno de los dementes y locos es amable-a-los-dioses. [382e] Luego no hay por qué dios mienta. [382e] No lo hay. [382e] Luego lo daimoníaco y lo divino son inmunes a mentira. [382e] Luego efectivamente dios es sincero y verdadero en obras y palabras; y no se cambia ni engaña a otros ni con fantasmagorías ni con palabras ni con envíos de señales, en vigilia A en sueños. [383a] A mi mismo, así me lo parece, cual lo dices. [383a] Luego concedes, dije, una segunda norma según la cual hay que hablar y obrar respecto de dioses: que ni son ellos mismos magos por cambiarse a sí mismos, ni nos descaminan con mentiras en palabras o en obras. [383a] Lo concedo. [383a] Luego, alabando a Homero en muchas cosas, en esto precisamente no lo alabaremos: en el ensueño enviado a Agamenón por Júpiter; ni lo de Esquilo, cuando afirma Tetis que Apolo canta en las bodas de ella para celebrar su bella descendencia de hijos exentos de enfermedades y longevos de vida. [383b] y diciendo que en todo mis Suertes serían amables a los entonó el peán, animándome. [383b] ¡Y yo, confiaba en que era inmune a mentira la boca de Febo, de que brota la arte adivinatoria! [383b] ¡Pero él, el mimo de los himnos, él mimo presente en el banquete. [383b] el mismo que aquello dijo, él mismo es el asesino de mi hijo, del mío! Cuando alguien diga eso sobre los dioses, nos enfureceremos y no le daremos un coro, ni permitiremos que los maestros usen tales versos para instrucción de los jóvenes, sí es que nos han de resultar guardianes piadosos para con los dioses, y divinos, tanto cuanto al hombre le sea posible. [383c] De todo en todo, dijo, acepto tales normas; y de ellas, cual de leyes, me serviré. [383c] Mú Ala, f odx Eyoye. [386a] I. Esto, por lo concerniente a dioses, añadí; cosas tales, parece, han de oírse o no oírse inmediatamente por niños que hayan de honrar a los dioses y padres, y tengan no en poco la mutua amistad. [386a] Y creo, dijo, que nos lo ha parecido claramente bien. [386a] Pero si han de ser valientes, ¿no habrá que hablarles precisamente de lo que les haga cuanto menos mejor temer a la muerte? ¿O crees que alguien puede resultar valiente teniendo en sí mismo tal miedo? [386b] ¡Por Júpiter!, respondió, yo no lo creo. [386b] Pero, ¿qué?: quien crea que hay Hades y que es terrible, ¿piensas será intrépido ante la muerte y en las batallas preferirá la muerte antes que la derrota y esclavitud? [386b] En modo alguno. [386b] Hace falta, pues al parecer, que vigilemos a quienes se metan a hablar de estos mitos, y exigirles que no calumnien así tan sencillamente lo del Hades sino más bien lo alaben, porque ni dicen la verdad ni son útiles para quienes han de ser guerreros. [386c] Así ha de ser, dijo. [386c] Borremos, pues, añadí, comenzando por esta epopeya, versos como estos: Preferiría servir de labrador a un varón sin lote y de no grandes medios de vida antes que mandar sobre repodridos muertos; y aquello que a mortales e inmortales pareciera tal casa espantosa, mohosa, aborrecible aun a los dioses,: ¡Dioses!, que aún en las moradas del Hades hay alma y eídolo, mas no hay sentimiento alguno; y solamente él se percibe; las demás son sombras volanalma, en volándose del cuerpo, descendió al Hades. [387a] deplorando su Sino, abandonando virilidad y juventud; y el alma, por bajo tierra, cual humo. [387a] íbase chirriando; y — como cuando los murciélagos en el fondo de antro sagrado chillando revolotean, al caerse de la roca uno de la fila. [387a] así ellas juntas íbanse chirriando. [387b] Respecto a estos y otros tales versos rogaremos a Homero y a los demás poetas no lleven a mal el que los borremos, no cual si no fueran poéticos y deliciosos de oír a la mayoría, sino que, cuanto más poéticos sean, tanto menos han de oírlos niños y varones que hayan de ser libres, y temerosos de la esclavitud más que de la muerte,: De todo en todo así es. [387b] II. ¿Además, según esto, hay que expeler todos esos nombres terribles y formidables de Cocito, Estix, manes y espectros; y todos aquellos de ese mismo tipo de nombres que, nombrados, hacen escalofriarse, tal se cree, a todos los oyentes. Tal vez esté esto bien para otra cosa; mas nosotros tememos el que los guardianes que por tal escalofrío se hayan desleídos y reblandados más de lo debido. [387c] Y correctamente lo tememos, dijo ¿Luego hay que eliminarlos? [387c] Ál revés: ¿hase de contar y componer el tipo contrario a este? [387c] Es claramente así. [387d] ¿Luego también eliminaremos lamentaciones y gemidos de varones tenidos por grandes? [387d] Necesariamente, dijo, si vale lo anterior. [387d] Mira, pues, añadí, si lo eliminamos correctamente o no, porque afirmamos que el varón sabio no tendrá por cosa terrible el que se muera el varón sabio de quien es amigo. [387d] Pues lo afirmamos. [387d] Luego no se lamentaría por él cual si le hubiera pasado algo terrible No, por cierto. [387d] Pero decimos además que sabio es quien sea, sobre todo, capaz de bastarse a sí mismo en cuanto a bien vivir y quien, a diferencia de los demás, es el que menos necesita de otro. [387e] Es verdad, dijo. [387e] Luego para él menos que para nadie le será terrible quedar privado de hermano, dineros y otras de tales cosas. [387e] Menos que para nadie, ciertamente. [387e] Luego menos aún se lamentará; mas lo llevará mansamente si alguna calamidad de esas le sobreviene. [387e] Y muchas más. [387e] Luego correctamente eliminaríamos trenos de varones renombrados; mas los dejaremos para las mujeres; y de entre ellas no para las esforzadas, y para cuantos hombres cobardes - haya, a fin de que se avergüencen ante nosotros de hacer cosas parecidas a las de quienes, afirmamos, han sido criados por nosotros para la guardia del país. [388a] Correctamente dijo. y De nuevo pediremos a Homero y a los demás poetas que no pongan en poemas a Aquiles, hijo de diosa. [388a] acostado unas veces de lado, otras de espalda. [388a] otras cara abajo, levantándose a veces de pronto, vagando por la orilla del mar yermo; ni tomando a dos manos el negro polvo y derramándolo sobre la cabeza; ni llorando, lamentándose siempre y como, según él lo hizo Aquiles; ni a Príamo, prójimo de dioses por nacimiento. [388b] llamando por sus nombres a cada uno de sus varones. Pero mucho más aún les pediremos que no exhiban a los dioses gimoteando y diciendo: ¡Ay de mi!, ¡desgraciada!; ¡Ay de mí!, ¡infeliz madre de héroes! Pero si exhiben así a los dioses, al menos que al máximo de los dioses no se atrevan a representarlo tan estúpidamente que diga: ¡Ay dolor! que esté viendo con mis ojos a varón querido, perseguido al derredor la ciudad; mi suplicando y revolcándose en excremento. [388b] corazón gime; y Ay Ay, que a Sarpedón, amadísimo entre los varones. [388d] lo esté domando la Parca, a poder de Patroclo, hijo de I. Porque si, querido Adimanto, al oír tales cosas los jóvenes las tomaran en serio y no se burlaran cual de palabras indignas, renunciemos a que alguien, sintiéndose hombre, las tenga por indignas, y se refrene, llegados parecidos casos, de decirlas o de hacerlo. Más bien, sin vergüenza alguna, ni haciéndose violencia, entonaría, por padecimientos pequeños, muchos trenos y lamentos. [388e] Verdaderísimamente hablado, dijo. [388e] Pero no ha de ser así, como el razonamiento nos la acaba de decir, al que hemos de creer hasta que alguien nos convenza con otro más bello. [388e] Pues no ha de ser. [388e] Mas tampoco nuestros guardianes han de ser amigos de reír, porque cuando alguien suelta gran risotada, gran cambio se busca con ella. [388e] Me lo parece, dijo. [388e] Luego no hay que exhibir a hombres, dignos de tal palabra, dominados por la risa; y mucho menos, si son dioses. [389a] Mucho menos, por cierto; dijo. [389a] Así que no admitiremos que Homero diga de los dioses algo así como inextinguible risa salió entre los dichosos dioses. [389a] Cuando vieron a Vulcano, afanándose por las salas según tu razonamiento no hay que admitirlo. [389b] Si es que tú quieres, dijo, ponerlo como mío; pues, por cierto, no se lo ha de admitir. [389b] Empero, también a la verdad hay que ponerla en grande estima, porque si acabamos de decir que, en realidad, la mentira es inútil para los dioses, mas que es útil para los hombres en eidos de medicina, es claro que habráse de entregarla a los médicos; pero los particulares que ni la toquen. [389b] Es claro, dijo. [389b] A los gobernantes de la Ciudad les pertenece, caso de pertenecer a algunos, lo de mentir a los enemigos o a los ciudadanos en favor de lo beneficioso a la Ciudad; pero todos los demás que ni lo toquen. [389c] Empero, el que un particular mienta a los gobernantes afirmaremos ser el mismo y mayor delito que el que no digan la verdad el enfermo al médico, el discípulo al maestro de gimnástica acerca del estado de sus cuerpos, o un marinero no diga al piloto cuál es, respecto de la nave y de los marineros, el estado propio suyo o cuál el comportamiento de los conmarineros. [389c] Luego si se sorprende a alguno, mintiendo en la Ciudad. [389d] de la clase de artesanos o a algún adivino, o médico o maestro de obras, se le castigará como introductor de una práctica parecida a volcar y hundir la nave de Ciudad. [389d] Si las obras cumplen la palabra, dijo. [389d] Pero, ¿qué?: ¿nuestros jóvenes no tendrán necesidad de temperancia? [389d] Pero para la mayoría lo máximo de la temperancia, ¿no consiste en obedecer a los gobernantes, mas en ser gobernadores de sí mismos en cuanto a placeres de bebidas. Venéreos y de comidas? [389e] Me la parece. [389e] Según esto, creo que afirmaremos haberse bellamente dicho lo que, en Homero, dice Diomedes: Padre, siéntate en silencio y obedece a mis palabras, y lo que a éstas sigue; las de iban respirando coraje los aqueos en silencio, temerosos de los jefes: y otras tales. [389e] Pero, ¿qué, en cuanto a estotras? [389e] Borrachón, ojos de perro, corazón de ciervo; y qué de las que a éstas siguen, ¿bella.mente?;_ y ¿qué de cuantas insolencias en palabras o en poesía se dicen por los particulares contra los gobernantes? [390a] No bellamente se dicen. [390a] No creo, pues, que para temperancia sea conveniente a los jóvenes oírlas; que traigan algún otro placer, nada es de sorprendente. O ¿cómo te lo parece? [390a] IV. Pero, ¿qué?, de hacer en un poema decir a varón sapientísimo, que le parece lo más bello de todo, cuando están ya llenas las mesas de pan y de carnes, y vertiendo de las jarras vino el escanciador las lleva y derrama en las copas; ¿crees ser conveniente para la templanza propia el que las oiga el joven?, o que oiga lo de morir de hambre es lo más lamentable; y enfrentarse al destino; o que oiga lo de Júpiter; dormidos ya los demás dioses y hombres, sólo él despierto, haberse olvidado fácilmente de todo lo que había premeditado, por apetencia de lo de Venus; y trastornado por la vista de Juno, tanto que ni siquiera quiso ir a la cámara, sino diole la querencia de yogar allí, en tierra, diciéndole que tan dominado estaba por el apetito como ni siquiera cuando por primera vez se vieron a escondidas de los amados padres; o lo de Marte y Venus, encadenada por Vulcano por otras tales cosas. [390c] No, por Júpiter!, dijo, no me parece conveniente. [390d] Mas, añadí yo, si de renombrados varones se contaran palabras o acciones firmes contra todo, eso habrá de contemplarse y oír cual aquello. [390d] golpeándose el pecho habló a sa corazón con tales palabras: aguanta, corazón; que cosas más duras ya Absolutamente, pues, dijo. [390d] No se ha de permitir que nuestros varones guerreros sean ni sobornables a don ni amantes-de-dineros. [390e] En modo alguno. [390e] Ni cantar ante ellos que dones convencen a dioses; dones, a venerables reyes; no se ha de alabar a Fénix, pedagogo de Aquiles, por haberle dado el prudente consejo de, aceptando los dones, defender a los aqueos; mas sin dones, no renunciar a su ira; y al mismo Aquiles ni lo juzgaremos ni admitiremos haya sido tan amante del dinero que, por aceptar los dones de Agamenón, recibido tal rescate por un muerto, devolviera el cadáver, y en otro caso no quisiera hacerlo. [391a] Pues bien, dijo, no es justo alabar tales cosas. [391a] Por cierto que no me atrevo, por Homero, a decir que no es piadoso afirmar tales cosas de Aquiles y creerlas por decirlas otros; y, parecidamente decir contra Apolo: me engañaste, gran [lechero, el más pernicioso de todos los dioses; me vengaría de tí, si tuviera el poder; contra el río, que era un dios, no obedecerle y estar listo para pelear con él; y, de nuevo, hacerle decir que la cabellera consagrada al otro río, al Esperquio, la llevaría de ofrenda al héroe Patroclo, y no hay que creer que lo hiciera. Lo de arrostrar a Héctor al derredor del sepulcro de Patroclo y lo del degüello de los prisioneros en la pira, no afirmaremos que todo eso se haya dicho según verdad; ni permitiremos Se convenza a los nuestros de que Aquiles, hijo nada menos que de diosa y Peleo, sapientísimo, e hijo en tercer grado de Júpiter —y criado por el grandísimo sabio de Quirón— estuviera tan perturbado que tuviera en sí mismo dos enfermedades contrarias entre sí: vileza con avaricia y altanería para con dioses y hombres. [391c] Correctamente hablado, dijo. [391c] V. Además, no nos dejemos convencer, añadí, ni decir cosas como que Teseo, hijo de Neptuno, y que Piritoo, hijo de Júpiter, atentaran tan criminales raptos, ni que algún otro hijo de dios o algún héroe se atreviera a realizar lo que de criminal e impío se dice falsamente de ellos; sino que hemos de forzar a los poetas a que afirmen o bien que tales obras no lo fueron de ellos, o que no eran hijos de dioses; mas no que digan ambas cosas a la vez, ni traten de convencer a nuestros jóvenes de que los dioses son causa de males y que en nada los héroes son mejores que los hombres. Porque como dijimos anteriormente tales cosas no son ni piadosas ni verdaderas; ya que demostramos ser imposible el que de los dioses procedan males. [391e] ¿Cómo no va a serlo? [391e] Además: tales cosas son dañinas a los oyentes, porque, ¿quién no se perdonará a sí mismo el ser malo, si está convencido de que hacen tales cosas y las hicieron los más genuinos parientes de dioses. [391e] próximos a Júpiter, que en las alturas del da. [391e] en el éter tienen un altar del paterno Júpiter. [391e] y aun tienen intacta la sangre de daimonios? [391e] Por lo cual termínese ya con tales mitos a fin de que no paran en nuestros jóvenes gran facilidad para la maldad. [392a] Pues bien, añadí yo, puestos a definir qué eidos de palabras han de decirse o no, nos queda aún uno, porque se acaba de decir cómo hablar de dioses, de daimonios, de héroes y de los del Hades. [392a] Efectivamente así es. [392a] Lo que queda pues, ¿no sería lo referente a hombres? [392a] Claramente, por cierto. [392a] Mas, querido, nos es imposible por el momento regularlo. [392a] Porque, creo, habríamos de confesar que tanto poetas como oradores hablan mal en lo más importante acerca de los hombres: que hay muchos injustos que son bienaventurados; justos, que son desgraciados; que aprovecha la injusticia, si pasa oculta; mas que la justicia es bien ajeno; mas el castigo es algo propio, ¿Les prohibiríamos decir tales cosas, mas les ordenaríamos cantar y hablar en mitos de las contrarias? ¿No lo crees así? [392b] Lo sé bien, respondió. [392b] Si, pues, convienes en que hablo correctamente, afirmaré que has convenido en lo que desde hace ya buen rato estamos buscando. [392b] Lo supones correctamente, dijo. [392c] Si, pues, nuestros razonamientos han de versar sobre los hombres, nos convendremos precisamente cuando hayamos hallado qué es la justicia y cómo, de natural, aprovecha a quien la tiene, tanto que parezca ser justo como que no parezca ser tal. [392c] VI. Lo de razonamientos dése aquí por terminado. Después de esto, como creo, hay que poner en consideración lo de “dicción”, y quedará ya totalmente considerado qué es lo que se haya de decir y "cómo” se haya de “decir”. [392c] No comprendo, dijo Adimanto, de qué precisamente estás hablando. [392d] Mas, añadí yo, eso es lo que hace falta; tal vez lo entenderás mejor de estotra manera: todo cuanto mitólogos y poetas dicen, ¿no se da el caso de ser un relato de lo pasado o de lo presente o de lo futuro? [392d] Pues, ¿qué otra cosa?, dijo. [392d] Pues bien: ¿no lo llevan a cabo o por relato sencillo o por relato hecho según imitación, o por ambas cosas? [392d] También esto, dijo, necesito entenderlo más claramente. Ridículo maestro, añadí, parezco ser, y nada claro; a la manera, pues, de los incapaces de explicarse, tomando no el todo en bloque sino separando una parte, intentaré declararte en ella lo que pretendo. Respóndeme: ¿sabes el comienzo de la Ilíada, en donde el poeta dice que Crisas suplicó a Agamenón le devolviera a su hija; que éste se airó; que aquél, al no conseguirlo, suplicó al dios maldijera a los aqueos? [393a] Por cierto que yo sí. [393a] Y sabes, pues, que hasta llegar a estos versos: y rogaba a todos los aqueos. [393a] pero sobre todo a los dos Atridas, comandantes de pueblos, es el poeta mismo quien habla, y no trata de hacernos pensar que es otro, y no él mismo, quien habla. Mas en lo siguiente habla cual si él mismo fuera Crisas, e intenta sobre todo hacer que nos parezca no ser Homero quien habla, sino el sacerdote, ya anciano. Y casi de esta manera está compuesto lo demás del relato referente a lo acontecido en Ilión. Ítaca y en la Odisea entera. [393b] Así es efectivamente, dijo. [393b] ¿No es, pues, relato también cuando trae los diversos discursos; y cuando, lo intermedio entre ellos? [393b] Pues, ¿cómo no? [393c] Pero cuando trae un discurso, cual si él fuera otro, ¿no afirmaremos que entonces hace, lo más posible, semejante dicción a la de aquel que, nos lo previno, va a hablar? [393c] Lo afirmaremos, pues. [393c] Ahora bien; hacerse uno mismo semejante a otro o en voz o en figura, ¿no es imitar a aquel a quien se asemeja? [393c] ¿Cómo no? [393c] En casos tales, al parecer. Homero y los demás poetas hacen el relato mediante imitación. [393c] Mas, si el poeta jamás se ocultara, su obra poética y el relato íntegros habríanse hecho sin imitación. Pero para que no digas que no entiendes cómo pasaría eso te lo explicaré. Porque si al decir Homero que vino Crisas trayendo el rescate de la hija y con su súplica a los aqueos, sobre todo a los reyes, después de ello hubiera hablado cual si no fuese Crisas, sino aún como Homero, sabes bien que no fuera imitación, sino simple relato. Sería más o menos así; lo diré sin métrica, porque no soy poeta: “Venido el sacerdote suplicaba a los dioses que les diera, apoderándose de Troya, salvarse a sí mismos; mas que le devolvieran a la hija, aceptando el rescate, y por reverencia al dios. En habiendo dicho lo cual, los demás piadosamente cedieron y lo acordaron; mas Agamenón se enfureció y le mandó se fuera y que no volviera, que de nada le servirían el cetro y la guirnalda del dios; que no le devolvería a la hija antes de que con él envejeciera en Argos. Tal dijo; le mandó se retirara y no le irritara, si había de llegar sano y salvo a casa. Oyendo lo cual el anciano, temió y en silencio se retiró. Pero, una vez lejos del campamento, dirigió a Apolo repetidas súplicas invocando al dios por sus nombres, recordándole y pidiéndole a su vez por lo que le diera de agradable o en templos construidos o en sacrificios sagrados. En gracia a todo eso le suplicaba que sus lágrimas las expiaran los aqueos con los dardos de él”. Así es, compañero, cómo se hace un relato simple, sin imitación. [394b] VII. Entiende, según esto, añadí, cómo se hace el relato contrario a éste: cuando, eliminando lo que el poeta pone de intermedio entre los discursos, se dejan solamente réplicas y contrarréplicas. [394b] También lo entiendo, dijo: esto es precisamente lo que pasa en las tragedias. [394b] Correctamente lo comprendiste, dije yo; y creo que ya te está claro lo que anteriormente no fui capaz de aclararte: que de la poesía y mitología, aquélla procede íntegramente según imitación, tal cual tú dices pasa en la tragedia y comedia; mas estotra procede según relato del poeta mismo; lo hallarás sobre todo en los ditirambos. Pero, a su vez, hay la que procede según ambos: la de las composiciones épicas, y aun en otras y diversas, si me entiendes. [394c] Pues comprendo, dijo, lo que entonces querías decir. [394c] Y recuerda que, antes de esto, afirmamos deber hablar de que se debe decir; pero que quedaba por poner en consideración cómo se debe decir. [394c] Pues lo recuerdo. [394d] Pues precisamente esto era lo que decía: si era menester comenzar por convenirnos en lo de permitir a los poetas el que nos hicieran los relatos en forma de imitación o imitando unas cosas, y otras no, y cuáles en ambos casos, a nada de imitar, Adimanto, dijo, haberse de considerar si aceptaremos la tragedia y la comedia en la Ciudad, o si no. [394d] Tal vez, añadí, tal vez, eso y algo más. Que aun yo mismo no lo sé; mas a donde y como el razonamiento, cual soplo, nos lleve, allá y así se ha de ir. [394e] Fija tu mirada, Adimanto, en esto: si nuestros guardianes han de ser o no imitadores. ¿No se sigue también esto de lo anterior: que cada uno, por ser uno, realice bellamente un solo quehacer, no muchos; que, si se mete en muchos, por abarcar muchos fallará en todos, de modo que no llegará a famoso? [394e] Pero, ¿cómo va a llegar? [394e] ¿Así que respecto de imitación el mismo razonamiento: que no le es posible al mismo hombre, en cuanto uno, imitar bien muchas cosas? [394e] Pues no. [395a] Luego dejemos correr eso de que se meta en quehaceres dignos de renombre, y a la vez imite y resulte imitador de muchas cosas, porque ni en cosas, al parecer próximas entre sí, pueden los mismos imitar bien las imitaciones, como hacer comedia y tragedia; ¿que no llamabas a éstas dos ahora mismo “imitaciones”? [395a] Yo, sí; y dices verdad: que no lo pueden los mismos. [395a] No ser a la vez rapsodas y actores. [395a] Es verdad. [395b] Pero ni siquiera son los mismos actores los de comedias y tragedias; y no obstante éstas son también imitaciones. ¿No Es así? [395b] Y además de éstas, Adimanto, me parece claro que la naturaleza del hombre está desmenuzada en piezas menores, de manera que resulta imposible imite bellamente muchas cosas o practique las mismas cosas a las que las imitaciones se asemejan. [395b] VIII. Si, pues, queremos salvar el razonamiento primero: que nuestros guardianes han de despedirse de todos los demás oficios para ser artífices grandemente exactos de la libertad de la Ciudad y no meterse en ninguna otra cosa que a eso no lleve, ninguna otra cosa han de hacer y tampoco imitar. Pero si imitan, que imiten lo a ellos conveniente, desde la misma niñez: ser valientes, temperados, piadosos, libres y todo lo de esta clase; mas no hacer vilezas ni ser peritos en imitarlas, lo mismo respecto de cualquiera otra cosa de las feas. ¿O no percibes que tales imitaciones, si se las prolonga demasiado desde la juventud, ascienden a costumbres y naturaleza, tanto del cuerpo como de la voz y del pensamiento? [395d] Ciertamente que no incitaremos a aquellos de quienes hemos de cuidarnos y han de llegar a ser varones buenos a que, siendo varones, imiten a mujer, joven o vieja, o injuriada por varón o atrevida para con los dioses o ensoberbecida por creerse ser feliz o afectada por calamidades, penas y lamentaciones, y mucho menos exigirles nos hagan de mujer enferma, enamorada o parturienta. [395e] Ni de esclavas y esclavos haciendo sus quehaceres. [395e] Ni de varones malvados, como es claro, cobardes y haciendo lo contrario a lo que hemos dicho: insultándose, ridiculizándose unos a otros, y malhablados, ni estando borrachos mi en seco, o haciendo cualquier otra cosa de las que los tales hacen faltando de palabra o de obra contra sí mismos o contra otros. Pero creo que ni se ha de acostumbrarlos a que imiten a locos en palabras o en obras, porque hay que conocer qué varones o mujeres están locos o son malvados, mas no se ha de hacer o imitar nada de eso. [396a] Pero, ¿qué?, añadí: en cuanto a herreros u otra clase de artesanos o remeros de trirremes o cómitres o alguna otra cosa a éstos referente, ¿habrá que imitarlos? [396b] Y ¿cómo?, dijo, ¿cuándo ni pensar en nada de eso les está permitido? [396b] Pero, ¿qué?: relinchos de caballos, mugidos de toros, murmullos de ríos, rugidos de mar, truenos y cosas parecidas, ¿lo imitarán? [396b] Pero si les está prohibido, dijo, hacerse los locos y asemejarse a locos. [396b] Luego, añadí, si entiendo lo que dices, hay un eidos de dicción y relatos según el que procederá el varón en realidad bello-y-bueno cuando tenga que hablar de algo; y hay otro eidos diverso de aquel que domina siempre, y según el cual procede el varón nacido y educado de manera contraria a aquél. [396c] Lo que, por cierto, me parece, dije, es que cuando varón morigerado llega en un relato a palabras y obras de varón bueno, querrá, siéndolo él mismo, representarlo, y no se avergonzará en tal imitación, sobre todo al imitar a varón bueno que esté obrando firme y sensatamente; menos, y menos veces, cuando flaquee por enfermedades, amores y aun por borrachera y con cualquier otra calamidad. Mas cuando se trate de uno menos digno que él no querría asemejarse seriamente a uno peor, a no ser brevemente cuando haya hecho algo bueno; sino se avergonzará de su falta de ejercicio en imitar a los tales, a la vez que le molestará amoldarse e instalarse en los tipos de los peores, menospreciando el pensamiento todo eso, sino es por hacer gracia. [396e] Es verosímil, dijo. [396e] IX. Así que se servirá de un relato cual el que describimos hace poco refiriéndonos a las epopeyas de Homero; y su dicción participará de ambos: de imitación y de simple relato; mas en un largo discurso, pequeña parte de imitación. ¿Digo algo o nada? [396e] Y mucho, replicó; tal tiene que ser el tipo de tal orador. [397a] Así pues, dije, el que no sea tal, cuanto peor sea se meterá a imitar todo y a nada tendrá por indigno de sí, de moda que intentará imitar empeñosamente y en presencia de muchos, y como decíamos ahora mismo, todo: truenos, ruidos de vientos, granizo, ejes, ruedas y sonidos de trompetas, flautas, pitos y de toda clase de instrumentos, y además las voces de perros, ovejas y pájaros; y la dicción del tal resulta, íntegra, imitación mediante voces y figuras, teniendo bien poco de relato. [397b] Es necesario también esto, dijo. [397b] Tales son, añadí, los dos eídoses de dicción de que hablaba. [397b] Lo son en efecto, dijo. [397b] De ellos, uno admite ligeras variaciones, y, si se da a la dicción la conveniente armonía y ritmo, poco será lo que hable en contra de ella quien hable correctamente y según una sola armonía, porque las variaciones son ligeras; y, en cuanto al ritmo, casi parecidamente. [397c] Efectivamente así es, dijo. [397c] Pero, ¿qué?: el otro eidos exige, por el contrario. Todas las armonías y todos los ritmos, si ha de hablarse correctamente, por admitir en sí todas las formas de variaciones. [397c] Así se ha, efectivamente. [397c] Pues bien: todos los poetas y todos los habitantes, ¿se da el caso de que se sirvan de uno de esos dos tipos de locución o del otro, o mezclando algo de ambos? [397d] Pues, ¿qué haremos?, añadí yo. ¿Admitiremos en la Ciudad a todos éstos o a uno de los dos tipos puros o al mezclado? [397d] Por mi, dijo, que venza el puro, por imitador de lo honesto. [397d] Mas, Adimanto, delicioso es también el mezclado; pero es muchísimo más delicioso para niños y pedagogos el contrario al que tú eliges, y lo es para el gran público. [397d] Deliciosísimo, en efecto. [397d] Pero tal vez, añadí, afirmes que no consuena con nuestro régimen político, porque, entre nosotros, no hay varón ni doble ni múltiple, ya que cada uno hace una cosa. [397e] En efecto, no consuena. [397e] Por esto, pues, ¿solamente en esta y tal Ciudad hallaremos que el zapatero sea zapatero y no piloto, además de su arte zapateril; y que el agricultor sea agricultor y, además de la agricultura, sea juez, y que el guerrero sea guerrero y no ganadineros, además de su arte guerrera, y parecidamente todos? [397e] Es verdad, dijo. [398a] Parece, pues, que si un varón capaz por su sabiduría de hacer de todo, e imitar todas las cosas, viniera a nosotros, a nuestra Ciudad, con la pretensión de exhibir sus obras, lo reverenciaríamos cual sagrado, admirable y delicioso; mas le diríamos que tal tipo de varón no cabe ni está permitido en nuestra Ciudad; y lo enviaríamos solemnemente a otra Ciudad, derramando abundante perfume sobre su cabeza y coronándolo de lana; que nosotros necesitamos de poeta más austero y no tan delicioso; y de un mitólogo que nos ayudo y que imite la locución del honesto, y diga lo a decir según los tipos que, desde el principio, hemos puesto por legales, cuando emprendimos educar a los guerreros. [398b] Y mucho, dijo, que lo haríamos si de nosotros dependiera. [398b] Ahora bien, querido, añadí, parece haber llevado nosotros perfectamente a término lo referente a la música en discursos y en mitos, porque queda dicho qué se ha de decir y cómo decirlo. [398b] También a mí me lo parece, dijo. [398b] X. Pues bien: ¿nos queda, como continuación, lo referente al carácter de canto y melodía? [398c] Es claro que si. [398c] Y ¿no hallarían ya todos qué hemos de decir sobre ellos y cuáles han de ser si hemos de concordar con lo anteriormente dicho? [398c] Y riéndose dijo a esto Glaucón: corro el riesgo, Sócrates, de quedarme fuera de “todos”, porque por el momento no tengo con qué contribuir a eso de “qué hemos de decir”, aunque, por cierto, lo sospeche. [398c] De todos modos añadí, tienes, en primer lugar, qué decir suficientemente a esto: que la melodía se compone de tres cosas: palabras, armonía y ritmo. [398d] Sí, a esto sí, dijo. [398d] ¿Y qué cuanto a lo 3;e tiene de palabra en nada se diferencia la palabra cantada respecto de lo que, en ellas, haya de decirse según los tipos mismos de los que anteriormente hablamos, y de igual manera? [398d] Es verdad, dijo. [398d] Y que armonía y ritmo han de acompañar a palabra Pero, ¿cómo no? [398d] Mas, por cierto, afirmamos que en los discursos no ha de añadirse nada de llantos y lamentaciones. [398d] Pues no. [398e] ¿Cuáles son, pues, las armonías lloronas? Dímelo, porque eres músico. [398e] Las mixolódicas, dijo; la lídica aguda y otras tales. [398e] ¿Así que, dije, habrá que eliminarlas?, porque son inservibles aun para mujeres que hayan de ser honestas, no se diga para varones. [398e] Pero, ¿qué de más inconveniente a guardianes que borrachera, molicie y pereza? [398e] Porque, ¿cómo no? [398e] Pues, ¿cuáles de las armonías son las muelles y banqueteriales? [398e] Algunas de las jónicas y lidias se llaman “relajadas” [398e] ¿Hay, querido, cómo las tales sirvan de algo a varones — guerreros? [399a] No hay cómo, respondió; y en peligro estamos de que no queden sino la doria y la frigia. [399a] No entiendo, dije yo, de armonías; mas resérvanos aquella armonía que imite convenientemente la voz y tono de un varón en trance de acción guerrera o en cualquiera operación violenta, y que, por malaventura, está corriendo a heridas o a muerte o cayendo en cualquier otra calamidad; mas que se enfrenta a la Suerte, en tales casos, de ordenada y firme manera; y otra, a su vez, para cuando esté en acción pacífica, no violenta, sino voluntaria, tratando de convencer a alguien de algo o de pedir sea, por plegaría, a dios; o por enseñanza y avisos, a hombre; o que, por el contrario, se haga accesible a quien pida, enseñe o reprenda; y saliendo con bien de todo ello no se porte altaneramente, sino obre en todo de moderada y mesurada manera, y se contente conm lo que viniere. [399c] Estas dos armonías: la violenta, la voluntaria que imitarán bellísimamente los acentos de malaventurados, bienaventurados, morigerados y valientes, guardámoslas. [399c] Mas, dijo, no pides se guarden otras sino aquellas de que ahora estaba hablando. [399c] Luego, añadí, no necesitaremos para los cantos y melodías de instrumentos multicordes y del panarmonio. [399c] Me parece que no, dijo. [399d] Luego no criaremos a artífices de triángulos, pectis y toda clase de instrumentos multicordes y multiarmónicos. [399d] Evidentemente no. [399d] Pero, ¿qué?: ¿admitiremos en la Ciudad a fabricantes de flautas y a flautistas? ¿Que no es tal instrumento multicorde; y los panarmonios mismos no se da el caso de ser imitación de la flauta? [399d] Es claro que sí, dijo. [399d] Te queda, dije, lira y cítara, cual útiles para Ciudad; y en los campos para los pastores lo sería una cierta siringe. [399d] Así nos lo indica el razonamiento, dijo. [399e] Nada de novelerías hacemos, dije, amigos, juzgando por preferibles, a Apolo y los instrumentos de Apolo a Marsias y sus instrumentos. [399e] ¡Por Júpiter!, dijo, me parece que no. [399e] Y por el Perro!, exclamé, sin notarlo hemos purificado a la Ciudad que antes llamamos “regalona”. [399e] Sabiamente lo hemos hecho, dijo. [399e] XI. Vamos, pues, dije, y purifiquémosla en lo demás. Lo siguiente a las armonías sería lo de los ritmos; no perseguir los variados ni de toda clase de pies, sino ver cuáles son los ritmos de vida de un morigerado y viril, viendo los cuales forzar a pies y melodía a que sigan a la palabra de quien es tal; y no, al revés, la palabra a pie y a melodía. Cuáles sean tales ritmos dínoslo, cual lo hiciste con las armonías. [400a] Pero, por Júpiter!, dije, no tengo qué decir, porque que haya tres eídoses de que se componen los pies, al modo que en los sonidos hay cuatro sonidos de que se componen todas las armonías, lo diría por haberlo visto; mas no tengo qué decir respecto de cuáles sean imitación de cuál vida. [400a] Pero, añadí, consultaremos con Damón qué pies sean los propios de vulgaridad, soberbia, locura y demás vicios, y cuáles ritmos haya que tomar para los contrarios. Creo haberle oído no claramente, nombrar “enoplio” —un cierto compuesto “dáctilo”, “heroico”; no sé cómo lo organizaba, equilibrando altibajos; terminado en breve o en larga; y, creo, nombraba “yambo” y no sé qué de "“troqueo” y añadía largas y breves. Y creo que en alguno de éstos reprendía o alababa el tiempo del pie, no menos que los ritmos mismos o algo de ambos. No sé qué decir. Pero, como decía, traspasemos esto a Damón, porque discriminarlo sería cuestión de no pequeño razonamiento. ¿Lo crees? [400c] ¡Por Júpiter!, yo sí. [400c] Empero esto: qué de lo de bella o fea figura acompaña a lo eurítmico o a lo arrítmico, ¿podrías decidirlo? [400c] Pero, ¿cómo no? [400d] Mas lo eurítmico y arrítmico siguen, por imitación, uno a la bella dicción; otro, a la contraría; y lo bienarmónico y lo inarmónico, parecidamente, si ritmo y armonía, como acabamos de decir, siguen a palabra; pero no, palabra a ellos. [400d] Pero, por cierto, dijo, que éstos han de acompañar a Mas, ¿cuál es comportamiento de dicción, dije, y el de palabra?, ¿no es el de seguir al carácter del alma? [400d] Pues, ¿cómo no? [400d] ¿Y lo demás, a la dicción? [400d] Si figura y belleza-de-ritmos acompañan a sencillez de carácter: no, a lo que, siendo, en realidad, imbecilidad, amablemente la llamamos "sencillez”; sino a la que siendo, en verdad, inteligencia dispone bien y bellamente al carácter. [400e] ¿No es, pues, esto lo que por todas partes ha de perseguir la juventud si ha de hacer su propio quehacer? [400e] Pues ha de perseguirlo, dijo. [400e] Por cierto que lleno está de eso la pintura, y toda clase de artes tales; llena, la arte textil, la de bordados, la del arquitecto y toda confección de los demás muebles. Además, la naturaleza de los cuerpos y la de vivientes de toda clase, porque en todo ello se halla belleza y fealdad de figura. Mas fealdad de figura, arritmia, inarmonía son hermanas del mal hablar y del mal carácter; mas las contrarías, de lo contrario: son hermanas e imitaciones de carácter morigerado y bueno. [401b] XII. Pues bien: ¿solamente habrá que vigilar a los poetas y forzarlos a introducir en los poemas la imagen de lo Bueno, o no trabajar entre nosotros, o también habrá que vigilar a los demás artífices e impedir introduzcan lo de mal carácter, lo disoluto, lo vil y lo feo de aspecto tanto en las imágenes de vivientes como en edificios y en cualquier otra obra de artesanía o, si no lo puede alguno, no permitirle sea entre nosotros artífice, a fin de que nuestros guardianes, criados entre imágenes de la maldad, cual de mal pasto, día a día y poco a poco ramoneen y se apacienten de ellas, y no caigan en cuenta de que van constituyendo un gran mal en el alma propia? Pero se ha de buscar aquellos artífices, los biennacidos, que sean capaces de seguir las huellas de la naturaleza de lo bello y bienparecido, a fin de que, cual si vivieran en lugar sano, los jóvenes se aprovechen de todo: de cuanto de las obras bellas les salte a los ojos o al oído, cual aura que lleva salud de saludables lugares y que, ya desde niños, los conduzca insensiblemente a semejanza, amistad y sinfonía con el razonamiento bello. [401d] De manera grandemente bella se los educaría así, dijo. [401d] Pues bien, añadí, Glaucón, ¿por esto precisamente es la música alimento el más importante: por calar máximamente hasta la intimidad del alma, el ritmo y la armonía, y tocarla fuertísimamente aportándole el embellecimiento que la hace bella, si de ella se alimenta uno correctamente; pero si no, lo contrario? ¿Y porque quien esté criado en ella, como se debe, advertiría agudísimamente lo descuidado y no bellamente ejecutado o no bellamente nacido, y no se le hace dificultoso alabar correctamente lo bello, alegrarse, acogerlo en el alma, alimentarse de ello y hacerse bello-y-bueno; mas vilipendiaría correctamente lo feo, y lo odiaría, ya desde joven, aun antes del uso de razón; mas al llegar la razón lo abrazaría reconociendo, por la grandísima familiaridad, lo que así lo crió? [402a] Me parece, dijo, que por todo esto la educación ha de hacerse por música. [402a] Luego así, añadí, aun respecto de las letras, teníamos por suficiente el que no se nos pasara por alto eso de que, siendo pocas, entran y circulan por todo, y no por entrar en pequeña o grande palabra las menospreciábamos cual si no se hubiera de percibirlas; sino que, al revés, nos esforzábamos en distinguirlas en cada caso, cual si no hubiéramos de llegar a gramáticos, antes de habernos así. [402b] Y que así también respecto de las imágenes de letras que tal vez aparezcan en el agua o en espejos, ¿no las reconoceremos si antes no hemos conocido las letras? ¿Que esto entra en la misma arte y estudio? [402b] De todo en todo. [402b] ¡Por los dioses!, pues, lo que estoy diciendo: que, parecidamente, no llegaremos a ser músicos ni nosotros ni quienes afirmamos hemos de educar para guardianes, antes de conocer que los eídoses de temperancia, de valentía, de nobleza, de magnanimidad y de todo lo con esto hermanado, y lo a esto contrario, están y circulan por doquier; y antes de sentir que están donde estén ellos y sus imágenes, sin menospreciarlos estén en cosas pequeñas o en grandes. Pero, ¿creemos que entra esto en la misma arte y estudio? [402c] Por necesidad y grande, dijo. [402d] Así que, añadí, en quien coincidan bello carácter en El alma y un eidos concorde y consonante con él, por participar los dos del mismo tipo, ¿bellísimo espectáculo fuera para quien pudiera ser espectador? [402d] Y mucho. [402d] ¿Lo bellísimo es, por cierto, amabilísimo? [402d] Pero, ¿cómo no? [402d] ¿Así que, sabre todo, de tales hombres, el músico sería amante?; mas si alguno fuera disonante, no lo amaría. [402d] No, dijo; si en algo del alma fuera deficiente, mas si en algo del cuerpo lo fuera, aguantaría esto, y querrá aún hasta abrazarlo. [403a] Comprendo, dijo, porque tienes o has tenido donceles tales, y condesciendo. Pero dime a esto: ¿hay algo de común a temperancia y placer desenfrenado? [403a] ¿Y cómo?, dijo; que éste saca de juicio no menos que el dolor. [403a] Pero, ¿y con las demás virtudes? [403a] Nada en absoluto. [403a] Pero, ¿qué, con violencia e incontinencia? [403a] Sobre todo con ellas. [403a] Puedes señalarme un placer mayor y más agudo que el placer en lo Venéreo? [403a] No puedo, dijo; ni más enloquecedor. [403a] Empero, el correcto amor, ¿es de suyo y temperantemente amor de lo ordenado y bello, y aun cual musicalmente amar? [403a] Y mucho, dijo. [403b] ¿Luego nada de loco ni congénere con la incontinencia ha de apegarse al correcto amor? [403b] Que nada se le apegue. [403b] ¿Luego no ha de apegársele el placer; ni nada de él ha de comunicarse a enamorado y donceles, si son correctamente amantes y amados? [403b] No, por Júpiter!, Sócrates, dijo; nada de apegarse. [403b] Así que, al parecer, pondrás por ley en la Ciudad fundada que el enamorado bese, se trate y toque al doncel cual a hijo, por gracia de lo Bello, si es que lo persuade. En lo demás, ha de esforzarse en tratarlo de manera que no parezca nunca haber ido, más allá de eso, la convivencia; si no, incurre en reproche de inmusical e inexperto en belleza. [403c] Así es, dijo. [403c] Pues bien, añadí: ¿no te parece que nuestro razonamiento sobre música ha llegado al final? Terminó donde había de terminar, porque la música ha de terminar en amor de lo Bello. [403c] XIII. Después de la música hay que criar a los jóvenes en la gimnástica. [403c] Que desde niños, y durante toda la vida, han de educarse cuidadosamente en ella. Como creo, la cosa se ha así; considérala también tú. Porque a mí no me parece que lo que hace servicial al cuerpo eso mismo, y por tal virtud suya, haga buena al alma; sino, al contrario, el alma buena es la que, por su propia virtud, hace óptimo al cuerpo, cuanto le es a éste posible. ¿Cómo te lo parece? [403d] A mí, dijo, así. [403d] Según esto, pues, si en habiendo cuidado de manera suficiente a la mente le diéramos la tarea de precisar las reglas referentes al cuerpo, mas nosotros indicáramos solamente los tipos de reglas para no alargar el razonamiento, ¿obraríamos correctamente? [403e] Y mucho. [403e] Dijimos que se han de apartar de borrachera, porque más que a nadie le pasa a guardián borracho «el no saber en qué parte de la tierra está» [403e] En efecto, dijo, sería ridículo el que un guardián necesitara de guardián. [403e] Pero, ¿qué, respecto de comidas? Estos varones son atletas de máxima lucha. ¿No es así? [404a] Para éstos, pues, ¿sería conveniente el régimen de los atletas actuales? [404a] Mas, añadí, tal régimen los hace somnolientos, y es peligroso para la salud. ¿Que no ves duermen la vida entera y que, si se apartan un poco de la dieta ordenada, se enferman tales ascetas muchas veces y gravemente? [404a] Así que, añadí, hace falta para los atletas guerreros una dieta más escogida, pues, cual los perros, es necesario estén despiertos, vean y oigan cuanto más agudo mejor y que, cambiando de mil modos, durante las campañas, de aguas, comidas, grandes calores y fríos, no les flaquee la salud. [404b] Me lo parece. [404b] ¿No sería, pues, la gimnástica óptima algo así como hermana de la música sobre la que hace poco discurríamos? [404b] ¿De cuál hablas? [404b] De una gimnástica sencilla, moderada y, sobre todo, ardehada a la guerra. [404b] De Homero, añadí, se la puede aprender; pues sabes bien que, durante la campaña, en las comidas de los héroes no se come ni pescado, y eso que están junto al mar, en el Helesponto, ni carnes cocidas, sino solamente asadas que son las más cómodas para soldados, porque doquier, para decir lo que se dice, «es mucho más cómodo servirse del fuego mismo que ir llevando de acá para allá los enseres». [404c] Y mucho lo es. [404c] En cuanto a los condimentos no creo se acuerde Homero jamás de ellos. ¿O no saben los demás ascetas que precisamente quien quiera tener en forma el cuerpo ha de prescindir de todo eso? [404c] Lo saben bien, dijo, y se abstienen. [404d] En cuanto a la mesa siracusana, querido, y a la variedad siciliana de manjares no parece la apruebes, si tienes por correcto lo otro. [404d] No me lo parece. [404d] Luego reprenderás el que tome de querida a una muchacha de Corinto, varón que haya de estar en buena forma de cuerpo. [404d] De todo en todo. [404d] ¿Y así también las reputadas y ricas obras de la pastelería ática? [404d] Porque si a tales comidas í dieta las asimilas a la melodía y canto, compuestos de toda clase de armonías y ritmos, ¿las asimilaríamos correctamente? [404e] Pues, ¿cómo no? [404e] ¿Así que allá la variedad produjo el desenfreno; aquí la enfermedad. Mas la sencillez, por la música, produce en las almas la temperancia; por la gimnástica, en los cuerpos, la salud? [405a] Al rellenarse la Ciudad de desenfreno y enfermedades, ¿no se abrirán juzgados y enfermerías, las artes judicial y medicinal no serán veneradas, cuando aun muchos de los libres tienen que tomarlas grandemente en serio? [405a] ¿Cómo no va a ser así? [405a] XIV. De una educación ciudadana mala-y-fea, ¿puedes darme algún testimonio mayor que necesitar de médicos y jueces no sólo los viles y los artesanos manuales, sino hasta quienes se las dan de haber sido criados como libres? ¿O no te parece feo y gran testimonio de falta de educación el que se haya de usar en asuntos de justicia de una tomada en préstamo de otros, cual de señores y jueces, y por falta de los propios? [405b] Es lo más feo de todo, dijo. [405b] ¿Te parece, añadí, algo más feo que esto: el que uno se pase no sólo la mayor parte de la vida en los juzgados haciendo de acusado y de acusador, sino que, por inexperto en belleza, esté convencido de embellecerse con ello: de ser perito en obrar injustamente y capaz de saber darle la vuelta a todo, hallarle la salida a todo, evadirse sutilmente de modo que no pague la justa pena, y todo esto por cosas pequeñas y nada de dignas, desconociendo cuánto más bello y mejor es disponer la vida de manera de no necesitar de juez somnoliento? [405c] No aquello, dijo, me parece lo más feo, sino esto. [405c] En cuanto a necesitar de medicina, añadí, fuera del caso de heridas o de esas enfermedades recurrentes estacionalmente, sino por pereza o dieta cual la descrita, rellenándose cual lagunas de humores y vapores obligar a los sutiles asclepíadas a poner a tales enfermedades nombres cual “flatulencias” y “catarros”, ¿no te parece feo? [405d] Y mucho, dijo; que, en verdad, tales nombres son nuevos y desusados. [405d] Y tales, añadí, que creo no existían cuando Esculapio. Testimonio, estando sus hijos en Troya, una mujer dio a beber a Euripilo herido vino de Pramnis espolvoreado de mucha harina y queso rayado, que parece son inflamatorios; y no reprendieron a la que se lo dio ni criticaron a Patroclo por curandero. [405e] Y por cierto extraño brebaje para un hombre en tal estado. [405e] Si lo piensas, no lo es, porque esta medicina actual, educadora de las enfermedades, no era utilizada por los asclepíadas antes de venir Heródico. Mas Heródico era adiestrado, y, al sentirse enfermizo, mezcló gimnástica con medicina; lo que, primero, atormentó más que a nadie a él mismo; y después, a muchos otros. [406b] Haciéndose morir a sí mismo de lenta muerte, respondí; porque, acompañando a tal enfermedad mortal, no fue capaz, creo, de curarse de ella; vivió durante su vida cuidándose, en desocupación de todo; atormentado, apenas se apartaba algo de la dieta acostumbrada, y llegó a la vejez muriendo, por sabiduría, de mala muerte. [406b] ¡Bello, pues, regalo, dijo, le trajo su arte! [406b] Natural, añadí; por no haber visto que Esculapio no por ignorancia ni inexperiencia no enseñó a sus descendientes tal eidos de medicina, sino por saber que, para todos los bien gobernados hay en la Ciudad ordenado un peculiar quehacer, y que nadie ha de vacar durante su vida entera u estar enfermo y hacerse curar. Lo que sentimos cual ridículo respecto de los artesanos, mas no notamos sea tal respecto de los que parecen ricos y bienaventurados. [406d] XV. Carpintero enfermo, añadí, juzgaría acertado pedir al médico una medicina para evacuar la enfermedad y que purifique cual purgante, o por cauterio librarse de ella por sajadura. Pero si se le ordena largo régimen, vendarse la cabeza y todo lo a esto pertinente, diría inmediatamente que no tiene tiempo de estar enfermo ni le es de provecho vivir así preocupado de la enfermedad y descuidando el trabajo que trae entre manos. Después de lo cual, diciendo adiós a tal médico se volverá a su régimen habitual y, sanado, vivirá haciendo su quehacer; mas, si el cuerpo no es capaz de aguantar, muriéndose se librará de pena. [406e] Y al tal, me parece, dijo, convenirle echar mano de tal medicina. [406e] ¿Tal vez, añadí, porque tiene una obra que si no la hace no le aprovecha el vivir? [407a] Mas el rico, decimos, no tiene ante si un trabajo tal que, forzado a abandonarlo, le resulte la vida invisible. [407a] Pues no lo tiene, se dice y bien. [407a] ¿No has oído, añadí, lo que dice Focílides: haber de practicar la virtud, cuando uno tenga de qué vivir? [407a] Y aun antes creo, dijo. [407a] No peleemos, añadí, con Focílides por esto; mas preguntémonos y respondámonos si de la virtud ha de preocuparse el rico y le resulta la vida invisible si no se preocupa de ella, o si alimentar la enfermedad hará de obstáculo para que se fije la mente en la arte carpinteril y las demás; pero en nada obstaculizará el aviso de Focílides Sí, por Júpiter!, dijo; que casi casi más que nada lo obstaculiza tal preocupación por el cuerpo, excesiva, más allá de la gimnástica, porque aun para la administración casera, campañas y para cargos sedentarios en la Ciudad, resulta fastidiosa. [407b] Pero, lo que es mucho más, dificulta toda clase de aprendizajes, pensamiento y reflexión sobre sí mismo, pues está temeroso de dolores de cabeza y vértigos y pone cuál causa y origen a la filosofía, de modo que, esté donde esté tal cuidado, resulta gran obstáculo para el ejercicio de la virtud y adquirir reputación, porque hace creer continuamente que se va a enfermar y no cesa de lamentarse del cuerpo. [407c] Es lo más natural, dijo. [407c] Conociendo, pues, esto afirmamos que para quienes tienen por naturaleza y régimen cuerpos sanos, y de tener alguna enfermedad está localizada, para éstos y en tal estado Esculapio enseñó una medicina que con pócimas y sajaduras expulse 1 las enfermedades, y prescribióles seguir su régimen a fin de que los asuntos públicos no sufran daño. Empero, respecto de los interna e íntegramente enfermos de cuerpo, nada de intentar con lento régimen de evacuaciones e infusiones hacer que viva el hombre larga y mala vida, y engendrar descendientes, lo más probable, otros tales; pero no creer haya de cuidar al que no pueda vivir el período de vida - establecido, que eso no es de provecho ni para él mismo ni para la Ciudad. [407e] Hablas, dijo, de un Esculapio político. [407e] Es claro, añadí, que tal era; y sus hijos, ¿no ves cómo se mostraron buenos para la guerra en 'Troya, y, como digo, ejercían la medicina? ¿O no recuerdas que a Menelao, herido de flecha, disparada por Pándaro. [407e] chupándole la sangre le aplicaron drogas emolientes, y no le mandaron, como tampoco a Eurípilo, qué había de beber o comer después, cual si tales drogas fueran ya suficientes para curar a varones antes de las heridas sanos y morigerados en régimen, aunque por caso hubieran estado tomando entonces mismo un brebaje? Mas a los de natural enfermizo e incontinentes ni a unos ni a otros creyó aprovechara el vivir, ni el arte había de ser para ellos ni había que cuidarlos, aunque fueran más ricos que Midas. [408b] Grandemente sutiles llamas a los hijos de Esculapio, dijo. [408b] XVII. Y se les debe, añadí; aunque no nos crean los poetas trágicos y Píndaro, quienes dicen haber sido Esculapio hijo de Apolo y que, convencido por oro, curó a varón rico moribundo ya, por lo cual lo fulminó. Mas nosotros, según lo dicho antes, no les creeremos en ambas cosas, y afirmaremos: si fue hijo de un dios, no era sucio en ganar; mas si era sucio en ganar, no fue hijo de un dios. [408c] Correctísimo esto ciertamente, dijo Pero, Sócrates, ¿qué dices acerca de estotro?: ¿No necesitamos tener buenos médicos en la Ciudad? Serían tales, sobre todo si trataran los más posibles de los sanos y cuantos más de los enfermos mejor, que también los jueces han de tratarse parecidamente con toda clase de naturalezas. [408d] Me refiero, dijo, sobre todo a los buenos; ¿pero sabes a cuáles tengo por tales? [408d] Trataré, dije yo; mas preguntaste con una misma frase asuntos no semejantes. [408d] Resultarían, expliqué, habilísimos médicos si, comenzando de niños, además de aprender la arte se trataran con cuantos más cuerpos y más desmedrados mejor, que ellos mismos padecieran de todas las enfermedades y no fueran de natural demasiado sanos. Porque, creo, no curan con el cuerpo al cuerpo, porque el suyo no habría jamás ni de estar Di de haber estado malo; sino con el alma, al cuerpo, y con alma; al que haya estado o esté mala no hay modo de curar bien algo. [408e] Mas el juez, amigo, gobierna a alma con alma, por lu cual no conviene que, desde la juventud, se haya criado entre almas malvadas, ni haberse tratado íntimamente con ellas ni haber pasado por todos los crímenes cometiéndolos ella misma, de modo que así, por testimonio de ella, supiera de los crímenes ajenos, cual por el cuerpo, de las enfermedades. Ha de ser el alma inexperimentada e inmaculada de melas costumbres ya desde joven, si, bella-y-buena, ha de juzgar sanamente de lo justo. Por lo cual, de jóvenes, parecen simples los honestos y fácilmente engañables por los malos, por no tener en sí mismo paradigmas de lo que pasa en los malvados Y por cierto, dijo, que suele sucederles eso. [409b] Por lo cual, añadí, el buen juez no ha de ser joven sino anciano, conocedor tardío de lo que es lu maldad, sin haberla sentido dentro en la casa de la propia alma, sino que, habiéndola tratado cual extraña en alma extraña y por mucho tiempo, haber llegado a discernir qué es de suyo la maldad, mediante ciencia, sin ayuda de la propia experiencia. [409c] Genuinísimo, dijo, fuera, al parecer, tal juez. [409c] Y bueno, por cierto, añadí, que es lo que preguntas, porque quien tiene alma buena es bueno. Mas resulta hábil y malicioso quien, por haber sido injusto él mismo en muchas cosas, se cree pillo y sabio. Cuando se trate con sus semejantes, aparecerá grandemente precavido, mirando en sí mismo los paradigmas; mas cuando se acerque a buenos y ancianos ya, aparecerá inhábil, desconfiado fuera de tiempo e ignorando lo que es carácter sano, por no tener el paradigma de eso. Empero, por encontrarse con más malvados que buenos “ parecerá, a si mismo y a los demás, más bien sabio que ignorante. [409d] De todo en todo es verdad, dijo. [409d] XVIII. Por tanto, añadí, hay que buscar para juez al bueno y sabio; pero no, al otro, porque la maldad no se conocería a sí misma y a la virtud; mas la virtud, una vez educada la naturaleza, llegará con el tiempo a tomar conciencia de sí, a la vez que de la maldad. Este, pues, resulta sabio, tal me parece; y no, el malo. [409e] Y a mi me lo parece también. [409e] Así que establecerás por ley en la Ciudad una medicina y tina judicatura tales cuales las hemos explicado, que se cuiden de los ciudadanos de cuerpo y alma naturalmente sanos; a los que en cuanto al cuerpo no sean tales, dejarlos morir; pero a los de alma de mal natural e incorregibles los condenarán a muerte. [410a] Evidentemente, dijo, esto es lo mejor para tales pacientes y para la Ciudad. [410a] Mas en cuanto a los jóvenes, añadí, es claro que se habrá procurado bien el que no tengan necesidad de jueces si se han educado en aquella música simple que, dijimos, engendra justicia. [410b] ¿Según esto, pues, el músico que, siguiendo estas huellas, se de a la gimnástica, si lo quiere, conseguirá el no hacerle falta para nada de la medicina, a no ser por alguna necesidad? [410b] Me lo parece. [410b] Pero en la gimnasia misma y los trabajos, ¿tendrá la vista puesta en la parte corajuda de la naturaleza; y, desvelándola, la cultivará más que la forzuda, no como los demás atletas, que lo de comidas y bebidas lo tratan en vistas a fuerza física? [410b] Así que, Glaucón, añadí, quienes asientan sobre música y gimnástica la educación, ¿no crees la asienten, como algunos lo piensan, en que ésta se cuide del cuerpo; y aquélla, del alma? [410c] En verdad, añadí, ambas parecen haberse establecido sobre todo en favor del alma. [410c] ¿No caes en cuenta, expliqué, de cuál es la disposición mental de los que durante toda su vida se ocupan de gimnasia, mas no tienen contacto con la música?, ¿y cuál la de quienes tienen la disposición contraria? [410d] ¿De cuál estás hablando?, dijo. [410d] De la brutalidad y sequedad; y de la molicie y mansurronería, respondí. [410d] Bien sé yo, dijo, que quienes se dan sin freno a la gimnástica resultan más rudos de lo debido; mas quienes a la música hácense más muelles de lo que les fuera bello. [410d] Y no obstante, añadí, esa rudeza provendría de lo corajudo de la naturaleza; y, correctamente cultivado, resultaría virilidad; empero, distendido más de lo conveniente, resulta sequedad y rudeza. [410d] Me lo parece, dijo. [410e] Pero ¿qué?: ¿la mansedumbre no sería propia de natural filosófico y, relajada en demasía, resultaría más muelle de lo debido; mas, bellamente criado, da lo de manso y decoroso? [410e] Afirmamos, por cierto, que los guardianes han de tener de natural estas dos calidades. [410e] Es preciso, en efecto. [410e] ¿Así que han de armonizarse ellas entre sí? [410e] Pero, ¿cómo no? [410e] ¿Y resulta temperante y viril el alma del armonizado? [410e] Mas cobarde y brutal la del desarmonizado. [410e] Y mucho. [410e] XVII. Cuando, pues, deje uno que la música, cual flauta mágica, vierta en el alma a través de los oídos, como A través de canal, las armonías que ahora llamamos dulces, suaves y lloronas, y tarareando y saboreando el canto pase la vida entera, si el tal tenía al principio algo de corajudo, cual a hierro ablándalo ella y hácelo útil de inútil y rígido. Mas si absteniéndose no la suelta, sino se encanta en ella, lo siguiente será ya derretirse y derramarse hasta que derrita del todo el ánimo y se rompan los tendones del alma y haga de él «reblandecido guerrero». [411b] Y si, añadí, desde el principio halla una natural falta de ánimos, bien presto produce eso; mas si halla un ánimo corajudo, haciéndolo débil llegará a ser supersensible, excitable presto y por poca cosa, y apagado. Resultan, pues, biliosos E irascibles en lugar de corajudos, siempre malhumorados. [411c] Pero, ¿qué si se da demasiado a la gimnástica y a grandes comilonas, sin contacto alguno con música y filosofía?; comenzando a sentirse vigoroso, ¿no se rellena de pretensiones y coraje, y resulta más valiente de lo que es? [411c] Y miucho, por cierto. [411c] Pero ¿qué?, ¿si no practica otra cosa y de modo alguno se trata con las Musas? Si en su alma había algún apetito de aprender, por no gustar ni de aprender ni de estudiar ni participar de razones ni de lo demás de la música, ¿no llegará a ser débil, sordo y mudo por no estar ni despierto ni nutrido ni purificadas sus sensaciones? [411d] Así es, dijo. [411d] Hácese el tal, creo, misólogo e inmusical; no se servirá en nada de razones para persuadir; procederá en todo por violencia y brutalidad cual fiera; y vivirá en ignorancia. grosería con falta de armonía y de gracia. [411e] De todo en todo así se habrá, dijo. [411e] Por ser dos estas artes, parece, y lo afirmo, haber un cierto dios dado a los hombres las dos: música y gimnástica, para lo corajudo y filósofo, no para alma y cuerpo, cuando más accesoriamente, sino para que coraje y filosofía se coarmonicen entre sí entesándose y relajándose de conveniente manera. [412a] En efecto, lo parece, dijo. [412a] Luego quien mezcle más bellamente música con gimnástica y con mejor mensura las aplique a su alma, de tal afirmaríamos correctísimamente ser perfecta y superlativamente música y bien armonizado, mucho más que quien coafine entre sí las cuerdas. [412a] Naturalmente, Sócrates, dijo. [412a] Ahora bien: ¿no necesitaremos continuamente, Glaucón, en la Ciudad de un gobernador de este estilo si se ha de salvar el régimen político? [412b] Por cierto que hará falta, y grandísima. [412b] XIX. Los tipos de educación y formación serían éstos. ¿Por qué describir las clases de danzas, de caza, de caza con jauría, los concursos gímnicos y los hípicos? Es claro casi sin más que han de concordar con aquéllos, y que no son difíciles de hallar. [412b] Tal vez, dijo, no es difícil. [412b] Sea así, añadí. Después de esto, ¿qué habríamos de determinar?: ¿quiénes de entre ellos gobernarán y serán gobernados? [412c] Que, por cierto, los gobernantes hayan de ser ancianos, y que los jóvenes ser los gobernados, es evidente. [412c] ¿Y que sean de entre aquéllos los mejores? [412c] Mas los mejores de entre los agricultores, ¿no resultan también los más aptos para ello? [412c] Ahora bien: puesto que aquéllos han de ser los mejores de entre los guardianes, ¿no han de ser los más aptos para guardar la Ciudad? [412c] ¿No han de ser para esto sensatos, capaces, y además solícitos por la Ciudad? [412d] ¿No sería uno máximamente solícito precisamente de lo que se ama? [412d] Por necesidad. [412d] Y por cierto que sobre todo amaría lo que tuviera por conveniente para sí mismo y cuando, sobre todo, en caso de salirle algo bien creyera que también a él le iría bien; y en caso contrario, no. [412d] Así es, dijo. [412d] Luego habremos de elegir para guardianes:1 varones tales que, pensándolo nosotros bien, nos parezca claro harán, durante toda su vida y con todo empeño, lo que tengan por conveniente para la Ciudad; mas lo que no lo sea, no quieran hacerlo de ninguna manera. [412e] Tales son los adecuados, dijo. [412e] Mas me parece hay que asegurarse de que sean tales en todas las edades, si guardan ese dogma, y ni seducidos ni forzados lo abandonen, olvidándose de ese pensamiento: deber de hacer lo mejor para la Ciudad. [412e] ¿De qué abandono hablas?, dijo. [412e] Te lo explicaré, dijo. Me parece que de la mente vase una opinión, o voluntaria o involuntariamente; voluntariamente, la falsa, al rectificar algo aprendido; involuntariamente toda opinión verdadera. [413a] Lo de voluntariamente, dijo, lo entiendo; lo de involuntariamente te pido me lo expliques. [413a] Pero ¿qué?, dije: ¿no crees que de los bienes se privan involuntariamente los hombres; mas voluntariamente, de los males? ¿O no es engañarse respecto de la verdad, un mal; mas tener la verdad, un bien? ¿O no te parece que se está en la verdad al opinar conforme a lo que una cosa es? [413a] Correctamente hablado, dijo; y me parece que, involuntariamente, se privan de la opinión verdadera. [413b] ¿No les pasa, pues, eso por robados, encantados o violentados? [413b] Tampoco ahora entiendo, dijo. [413b] Estoy en peligro de hablar a lo trágico. Llamo “robados” a los disuadidos y olvidadizos, porque a éstos el tiempo, a los otros un razonamiento se la quita sin que se aperciban. ¿Entiendes ahora? [413b] Llamo “violentados” a quienes tristeza o dolor hagan cambiar de opinión. [413b] También esto lo entiendo, dijo: y correctamente lo explicas. [413c] “Encantados”, creo, aun tú mismo afirmarías estarlo los que cambian de opinión seducidos por el placer o atemorizados en algo por miedo. [413c] Parece, efectivamente, dijo, que encanta cuanto engaña. [413c] XX. Lo que, pues, decía: hase de buscar a quienes son mejores guardianes de este dogma: que precisamente y siempre ha de hacerse lo que les parezca a ellos mismos ser lo mejor para la Ciudad. Hay que observarlos ya inmediatamente desde niños, sometiéndolos a trabajos en los que más fácilmente uno se olvidaría de él y se le engañaría; y seleccionar al memorioso y difícilmente engañable; al otro, no elegirlo. ¿Es así? [413d] Y ponerlos en trabajos, dolores y luchas en los que uno observe eso mismo. [413d] Según esto también, añadí, habrá que probarlos con un tercer eidos de encantamiento; y mirarlos como quienes exponen a los potros a ruidos y tumultos se fijan en sí son miedosos; parecidamente, ya desde jóvenes, prepararlos una vez para tentaciones de miedo; otra, cambiando, para las de placer —mucho más de lo que se prueba al oro en el Fuego— a ver si en todo ello se echa de ver que son difícilmente encantables, y decorosos y buenos guardianes de si mismos y de la música que aprendieron, presentándose, en todo, a sí mismos bien acompasados y armónicos, capaces, por ello, de resultar utilísimos a sí mismos y a la Ciudad. Y al que, siempre, de niño, de jovenzuelo y de varón, una vez tentado, resulte intacto, hay que levantarlo a gobernador y guardián de la Ciudad, hacerle honores en vida; y una vez muerto, que obtenga las máximas recompensas en sepulcros y otros recordatorios. Mas el que no sea tal, eliminarlo. Tal es, Glaucón, dije, y me lo parece, ser la selección e institución de gobernantes y guardianes; quede explicado en tipo; no, en detalle. [414a] Y aun a mí, dijo, me lo parece claramente. [414b] Pues bien: ¿no es, en verdad, correctísimo llamen a los tales “guardianes perfectos” respecto de los enemigos de fuera y de los amigos de dentro, para que éstos no quieran, y aquéllos no puedan hacer mal; empero a los jóvenes, a quienes llamábamos ahora mismo "guardianes”, llamarlos “vigilantes” y “auxiliares” en lo determinado por los gobernantes? [414b] Me lo parece, dijo. [414b] XXI. Ahora bien: ¿qué traza habría, añadí yo, acerca de las mentiras dichas en casos de necesidad, de las que estábamos hablando, de convencer a quienes se miente de que hay una mentira honorable; convencer de ello sobre todo a los gobernantes mismos; y si no a ellos, al resto de la Ciudad? [414c] ¿Cuál, por caso?, dijo. [414c] Nada nuevo, respondí; sino algo “fenicia”, que ya ha pasado muchas veces, como dicen los poetas, y lo han hecho creer; mas no sé que haya pasado entre nosotros ni que llegue a pasar; por otra parte, convencerse de ello, cosa de gran convencimiento es. [414c] Te asemejas, dijo, a receloso en el hablar. [414c] Te pareceré, dije, y muy naturalmente, receloso cuando haya hablado. [414c] Habla, dijo, y no temas. [414d] Hablo, pues; aunque no sé con qué audacia y de qué palabras me serviré para explicarlo y tratar de convencer primero a los gobernantes mismos y a los soldados —y. [414d] después, al resto de la Ciudad— de que en lo que nosotros los criamos y educamos, todo eso les parezca pasarles y venirles cual ensueño; mas que, en verdad, estaban siendo entonces formados de tierra y dentro de ella, ellos y sus armas y demás enseres artificiales. Mas, una vez perfectamente hechos. [414e] la tierra, su madre, los dio a luz, y ahora ellos, cual a madre y nodriza del país en que están han de defenderla, si alguien va contra ella, y respecto de los demás ciudadanos considerarlos cual hermanos y terrígenos. [414e] No sin razón, dijo, te avergonzabas hace rato de cantar tal mentira. [415a] Y con gran verosimilitud, añadí; no obstante escucha aun el resto del mito. Que todos vosotros, los habitantes de la Ciudad, sois hermanos, —así hablaremos al dirigirnos con el mito a ellos. Mas dios al formar a cuantos de vosotros son capaces de gobernar mezcló en ellos y en su nacimiento oro; por esto son los más respetables; pero en los auxiliares, plata; mas hierro y bronce, en los agricultores y demás artesanos. Por ser, pues, todos de la misma progenie engendraréis, casi siempre, otros semejantes a vosotros mismos. Alguna vez, de oro se engendrará uno de plata; y del de plata, un descendiente de oro y, en todos los demás casos, unos de otros. Así que en primer lugar, y sobre todo a los gobernantes, encomienda dios que en nada sean tan buenos vigilantes y de nada tan grandes guardianes como de qué se ha mezclado en el alma de los hijos; y si alguno de sus hijos resulta con predominio de bronce o hierro en modo alguno se compadezcan, sino que, dando a la naturaleza el honor debido, los expulsen a artesanos o agricultores; y Si, a su vez, alguno de éstos nace con predominio de oro o de plata, elevándolos con honores a unos para guardias; a otros, para auxiliares, por ser oráculo lo de que «la Ciudad perecerá cuando guardián de hierro o de bronce la guarde», ¿Tienes alguna traza para que se convenzan de este mito? [415d] Ninguna en absoluto, como éstos sean tales cual son; tal vez, sus hijos y sus sucesores y los hombres del porvenir. [415d] Pero aun esto, añadí, sería un bien; que así se cuidarán más de la Ciudad y de ellos entre sí; que creo entender casi lo que dices. [415d] XXII. Y dejemos que esto lo lleve la fábula a su modo; mas nosotros, armando á estos terrígenas, conduzcámoslos bajo la guía de sus comandantes. Que viniendo a la Ciudad vean dónde más bellamente acampamentarse: desde donde dominen mejor a los de dentro, en caso de que alguno no quisiera obedecer a las leyes; y desde donde defenderla de los de fuera, si algún enemigo, cual lobo, se echara sobre ganado. Pero una vez se hayan acampamentado, y sacrificado a quienes sea debido, hagan tiendas. ¿O cómo? [415e] De esta manera, dijo. [415e] ¿Tales, pues, que los abriguen en invierno y sean adecuadas para el verano? [415e] Pero, ¿cómo no?, porque me parece hablas de habitaciones. [415e] Sí, dijo, para soldados y no para ganadineros. [415e] ¿Cómo?, dijo, ¿unas se diferencian de las otras? [415e] Trataré, añadí, de explicártelo. Sería de todo lo más terrible y vergonzoso el que los pastores criaran para vigilantes de rebaños unos perros tales que, por intemperancia o hambre o cualquiera otra mala costumbre, intentaran, esos mismos perros, hacer mal a las ovejas y asemejarse a lobos en vez de a perros. [415e] Terrible fuera, dijo; ¿cómo no? [416b] Así, pues, hay que guardarse de todas maneras de que nuestros vigilantes no hagan tal cosa contra los ciudadanos, pues son más fuertes que éstos, asemejándose a déspotas brutales en vez de a benévolos conmilitones. [416b] Hay que guardarse de ello, dijo. [416b] Pues bien: ¿estarían provistos de lu mejor precaución si estuvieran, en realidad, bellamente educados? [416b] Pero ya lo están, dijo. [416b] A lo cual añadí: no vale la pena ponernos firmes en esto, querido Glaucón; mas sí vale la pena lo que acabamos de decir: que se ha de darles la educación correcta, sea la que fuere, si han de llegar a ser mansos, cuanto más mejor, respecto de ellos mismos entre sí y para con los guardados por ellos. [416c] Y correctamente dijo: Además de esta educación uno, con sentido común, diría haber de procurarles habitaciones y demás bienes tales que no impidan sean óptimos los guardianes y no los inciten a tratar mal a los demás ciudadanos. [416d] Y lo dirá correctamente, por cierto. [416d] Mira, pues, añadí yo, si han de vivir y morar, de la siguiente manera para llegar a ser tales: primero, nadie posea cosa alguna privada, fuera de lo de necesidad; después, nadie tenga habitación y despensa tales en que no pueda entrar quién lo quiera; en cuanto a lo necesario, lo que les haga falta a varones atletas en guerra, morigerados y valientes, tasando recibir de los demás ciudadanos un salario por la guardia, tal que ni les sobre ni les falte durante un año; acudirán a las comidas comunes, cual en la vida común de los en campaña. En cuanto a oro y plata, decirles que poseen en el alma perennemente oro divino, dado por los dioses; y que en nada necesitan, además, del humano, y que no es piadoso ensuciar, mezclándolos, la posesión de aquél con la posesión del mortal, porque gran número de impiedades han procedido de la moneda vulgar; mas la moneda de los dioses es inmaculada. A ellos solos, dentro de la Ciudad, no es lícito manejar y tocar oro y plata ni estar bajo el mismo techo ni llevarlo sobre sí, ni vajilla de plata u oro. Y de esta manera se salvarán ellos y salvarán a la Ciudad. Que apenas posean tierra, casa y dineros propios, resultarán administradores y agricultores en vez de guardianes; llegarán a ser déspotas, enemigos en vez de defensores en común, de los demás ciudadanos; odiando y odiados, conspiradores y conspirados pasarán toda la vida, temiendo más veces, y más, a los enemigos de dentro que a los de fuera, corriendo ya así hacia la próxima destrucción de ellos mismos y del resto de la Ciudad. Por todo lo cual, añadí, afirmamos ser necesario disponer, respecto de los guardianes, lo referente a habitación y lo demás; y esto es lo que pondremos cual ley. ¿O no? [417b] Absolutamente, dijo Glaucón. [417b] «δεσπόται δ’ ἐχθροὶ ἀντὶ συμμάχων τῶν ἄλλων πολιτῶν γενήσονται, μισοῦντες δὲ δὴ καὶ μισούμενοι καὶ ἐπιβουλεύοντες καὶ ἐπιβουλευόμενοι διάξουσι πάντα τὸν βίον, πολὺ πλείω καὶ μᾶλλον δεδιότες τοὺς ἔνδον ἢ τοὺς ἔξωθεν πολεμίους, θέοντες ἤδη τότε ἐγγύτατα ὀλέθρου αὐτοί τε καὶ ἡ ἄλλη πόλις. τούτων οὖν πάντων ἕνεκα, ἦν δ’ ἐγώ, φῶμεν οὕτω δεῖν κατεσκευάσθαι τοὺς φύλακας οἰκήσεώς τε πέρι καὶ τῶν ἄλλων, καὶ ταῦτα νομοθετήσωμεν, ἢ μή; Πάνυ γε, ἦ δ’ ὃς ὁ Γλαύκων. ΣΩΚΡΆΤΗς, ΑΔΕΊΜΑΝΤΟς» (Burnet, 417b) [419a] I. Y tomando la palabra Adimanto dijo: ¿cómo, pues, te defenderás, Sócrates, si alguien afirma que no haces gran cosa de bienaventurados a tales varones, y eso que de ellos depende, en verdad, la Ciudad; mas no gozan en nada de lo bueno de la Ciudad, cual otros, poseedores de campos y que se construyen bellas y grandes casas y las proveen de adecuados enseres; sacrifican a los dioses los sacrificios debidos; albergan huéspedes y, en especial, eso de que hablas, poseen oro y plata, y cuanto se tiene por bueno para llegar a ser felices? Sencillamente, se diría, parecen ser cual auxiliares asalariados por la Ciudad, sentados sin hacer otra cosa sino de centinelas. [420a] Sí, añadí; y por eso se les da de comer y, aparte de la comida, no reciben salario, cual los otros, de modo que, ni siquiera si les viene en gana, les será lícito salir privadamente del país, ni darse a mujerzuelas ni gastar a voluntad en cualquier otra cosa como gustan los que se tienen por bienaventurados. Dejas de lado en tu acusación estas y otras tales cosas afines. [420a] Pues bien, dijo, dense también por acusadas. [420a] Pues, ¿qué?, ¿nos defenderemos, afirmas? [420b] Siguiendo, añadí, el mismo camino hallaremos, como creo, lo que se ha de decir. Porque explicaremos que nada tendría de sorprendente el que, aun así, fueran ellos mismos grandísimamente bienaventurados; que no fundamos la Ciudad mirando a eso: cómo, entre nosotros, una clase sería particularmente bienaventurada, sino cómo lo sería máximamente la Ciudad íntegra. Porque pensábamos que en ella precisamente, y sobre todo, se hallará la Justicia; y, a su turno, en la pésimamente fundada, la injusticia, mirando a lo cual decidíamos respecto de lo que hace rato buscábamos. Pues bien: ahora, tal creemos, estamos formando Ciudad bienaventurada, no separando unos pocos dentro de ella y haciéndolos tales, sino a ella íntegra. Inmediatamente consideraremos lo contrario. Al modo, pues, como si, pintando nosotros una estatua, alguien acercándose nos reprendiera diciendo que no aplicábamos los más bellos colores a lo más bello del viviente; porque a los ojos, siendo lo más bello, no los pintábamos de púrpura, sino de negro. Me parece nos defenderíamos de la mejor manera ante él diciendo: "Admirable, no creas hemos de pintar unos ojos tan bellos que ni siquiera parezcan ser ojos, y lo mismo respecto de las demás partes; mira, más bien, si dando a cada parte lo adecuado, hacemos bello al todo. Así que ahora no nos fuerces a que procuremos a los guardianes una bienaventuranza tal que haga de ellos todo menos guardianes, porque también sabríamos cómo revestir a los agricultores de ropajes, y cubriéndolos de oro mandarles que por placer trabajen la tierra; y reclinando a los alfareros en lechos, que beban y coman en grande; su derecha junto al fuego, rueca al lado, trabajen de alfareros lo que les venga en gana, y a todos los demás podríamos, de esta manera, hacerlos felices, a fin de que la Ciudad íntegra sea bienaventurada. Mas no nos lo sugieras, porque, si te hacemos caso, ni el agricultor será agricultor ni el alfarero alfarero ni otro ninguno tendría profesión de las que engendran Ciudad. Pero, respecto de los demás, la razón es menor; porque nada de terrible pasa a Ciudad si los zapateros resultan flojos, corrompidos a fingen ser lo que no son; mas los guardianes de leyes y Ciudad no siéndolo, sino pareciéndolo, ves que destruyen íntegramente a Ciudad, y que solamente en sus manos está edificarla y hacerla bienaventurada ¿a tiempo. Si, pues, nosotros formamos guardianes verdaderamente tales, que en nada absolutamente dañen a la Ciudad, mas, según lo que decía aquel otro hacemos de ellos unos agricultores, y cual comensales bienaventurados en fiesta pública, pero no en Ciudad, estaría él hablando de otra cosa que de Ciudad. Hemos, pues, de considerar si instituiremos guardianes mirando a esto: a proporcionarles la mayor bienandanza posible, o bien que, mirando a la Ciudad íntegra, veamos de que se engendre en ella; mas a tales auxiliares y guardianes obligarles a hacer y obedecer en eso: que resulten óptimos artesanos de su propio quehacer, y a todos los demás parecidamente. Y creciendo así toda la Ciudad, y bellamente administrada, la naturaleza dé a cada clase su parte de bienandanza”. [421c] II. Pues, dijo, me parece hablas bellamente. [421c] Pues bien, añadí, ¿te parecerá que también estotro, hermano de aquello, está ajustadamente dicho? [421c] ¿Que?, pues. [421d] Considera si a los demás artesanos los corrompa esto, tanto que lleguen a ser malos. [421d] ¿Qué es eso? [421d] La riqueza, respondí, y la pobreza. [421d] Así; ¿te parece que alfarero rico querrá ya ocuparse de tal arte? [421d] En modo alguno, dijo. [421d] ¿No irá haciéndose a sí mismo más y más perezoso y descuidado? [421d] Y mucho, ciertamente. [421d] ¿Así, pues, resultará alfarero peor? [421d] Esto también, dijo; y mucho. [421d] Mas, ¿si no tiene por pobreza cómo procurarse instrumentos u otra cosa de las necesarias al arte, no hará obras de peor calidad y será maestro de malos artesanos para con los que enseñare? [421e] Pero, ¿cómo no? [421e] Así que por ambas cosas: pobreza y riqueza, las obras de las artes resultan peores, y peores ellos mismos. [421e] Hemos hallado, pues, al parecer otro quehacer para los guardianes: vigilar de todas las maneras para que aquello no se insinúe ocultamente en la Ciudad. [421e] ¿Qué es eso? [422a] La riqueza, respondí, y la pobreza; que aquélla produce molicie, pereza y novelería; mas ésta, además de novelería, vileza y malfechoría. [422a] Y mucho, pues, dijo. Mas, Sócrates, atiende a esto: ¿cómo nuestra Ciudad será capaz de guerrear, si no posee dinero, especialmente si se ve forzada a guerrear contra otra grande y rica? [422a] Es claro, respondí que le será más difícil contra una; mas contra dos tales, fácil Primero, expliqué: si hay que pelear, ¿no pelearán contra varones ricos los que son atletas en eso de guerra? [422b] Pues ¿qué?, añadí, Adimanto: un boxeador, preparado bellísimamente para esto, ¿no te parecerá que peleará fácilmente contra dos boxeadores ricos y gordos? [422b] No tal vez, dijo, simultáneamente. [422b] ¿Ni st pudiera, añadí, huir, volverse y golpear al que de más cerca le siga, y hacer esto muchas veces bajo sol y calorones? ¿No llegaría el tal a dominar a muchos tales? [422c] No te preocupes, dijo, nada tendría de sorprendente. [422c] ¿No crees que los ricos dominen el boxeo por ciencia y experiencia mejor que la guerra? [422c] Luego, verosímilmente, nuestros atletas peleen fácilmente con el doble y triple de ellos. [422c] Te lo concedo, dijo; porque me parece está correctamente hablado. [422c] Pero, ¿qué si enviando una embajada a la otra Ciudad dijeran la verdad: “Nosotros no usamos para nada de oro y plata, ni nos es Lícito; mas sí, a vosotros; aliémonos en la guerra, y tomad lo de ellos”? ¿Crees que quien oyera tales cosas elegiría guerrear contra perros duros y flacos más bien que, con tales perros, guerrear contra ovejas gordas y tiernas? [422d] No me lo parece. Mas si a una Ciudad afluyen las riquezas de las demás, mira no traiga eso consigo peligro para la no rica. [422e] Bienaventurado eres, añadí, por pensar que otra Ciudad merezca ser llamada así, fuera de esa que nosotros hemos organizado. [422e] Pero ¿por qué?, dijo. [422e] Exagerando, añadí, hay que llamar también así a las otras, porque cada una es muchas Ciudades, y no una Ciudad, —es lo de los jugadores. Sea de esto lo que fuere, son dos Ciudades; enemigas una de la otra: la de los pobres y la de los ricos; y en cada una de éstas, muchas otras hay; respecto de ellas, si como a una las tratas, errarías del todo, mas si cual a muchas, dándoles dineros, poderes y personas mismas de las unas a las otras, tendrás a tu servicio muchos aliados de guerra; mas pocos, de enemigos. Y mientras tu Ciudad se administre sabiamente, cual quedó ordenado, será la mayor. Y lo digo no en reputación, sino en verdad la mayor, aunque tenga tan sólo mil combatientes. Porque, según esto, no hallarás fácilmente una Ciudad que sez grande, ni entre los griegos ni entre los bárbaros, aunque parezca haber muchas, más y más veces grandes que la tal. ¿O piensas de otra manera? [423b] No, por Júpiter!; dijo. [423b] III. Tal, pues, añadí sería para nuestros gobernantes la más bella frontera que ha de tener en cuanto a magnitud la Ciudad y tanta extensión cuanta han de hacer abarque; de la restante, ni preocuparse. [423b] Creo, respondí, que ésta: hasta donde quiera crecer, manteniéndose “una”, crecer hasta esto; pero más allá, no. [423c] Así que estotra ordenanza ordenaremos a nuestros guardianes: guardar de todas las maneras el que la Ciudad ni sea ni parezca ni pequeña ni grande, sino suficiente y una. [423c] Tal vez les ordenemos, dijo, algo insignificante. [423c] Y aún más insignificante, añadí, que esto es aquello de que anteriormente hicimos mención al decir que, si de los guardianes resulta algún descendiente degenerado, enviarlo a otras clases; y si de las demás saliere alguno excelente, enviárselo a los guardianes. Con ello se quería declarar que, también respecto de los demás ciudadanos, para lo que cada uno nació, para esto precisamente, cada uno para su quehacer, se los ha de emplear, a fin de que, ocupándose cada uno de lo suyo, no resulte muchos, sino uno; y así la Ciudad íntegra resulte una, y no muchas. [423d] Esto, pues, dijo, es menor que lo otro. [423d] No, por cierto, bueno de Adimanto, añadí, cual a alguno lo pareciera, ordenámosles muchas y grandes cosas; mas todas son insignificantes si, como se dice, observamos una grande; mejor aún, suficiente en vez de grande. [423e] ¿Cuál es ella?, dijo. [423e] La educación, respondí, y la buena crianza, porque si resultan bien educados serán varones mesurados; discernirán fácilmente todas estas cosas y otras que hemos ahora pasado por alto: la posesión de mujeres, la de casamientos y procreación de hijos, «todo» lo cual, según el refrán «ha de ser» en lo posible «común entre amigos». [424a] Resultaría correctísimo, dijo. [424a] Por cierto, continué, que si un régimen político arranca bien, se va agrandando como círculo, porque buena crianza y educación, debidamente mantenidas, forman naturales buenos; y, a su vez, naturales buenos, apropiándose tal educación hácense aun mejores que antes, entre otras cosas para engendrar, cual pasa también en los otros animales. [424b] Es verosímil, dijo. [424b] Para decirlo, pues, brevemente: a los cuidadores de la Ciudad hay que inculcarles esto: que nada de lo corrompido se les pase por alto; sino que, contra todo, guarden esto: no innovar ni respecto de gimnástica ni de música, contra lo ordenado; sino observarlo lo más posible, temiendo, que, cuando se dice que los hombres tienen en mayor estima como que cual novísimo acude y difunden los aedos, no crea alguno que el poeta habla casi siempre no de cantos nuevos sino de un modo nuevo de canto, y que esto lo alaba. Pero no se ha de alabarlo ni suponerlo, porque hay que precaverse de introducir un nuevo eidos de música, lo que es, en total, peligroso, porque en parte alguna se trastornan los modos de música sin que se trastornen las leyes políticas máximas, como lo afirma Damón, y me convence. [424c] Y también a mí, dijo Adimanto, ponme entre los convencidos. [424d] IV. ¿Aquí, pues, añadí, han de edificar su guarderín los guardianes, —en la música. [424d] Pues, por cierto, dijo, la ilegalidad, insinuándose, pasa aquí fácilmente oculta. [424d] SÍ afirmé, cual si fuera cosa de juego y cual si nada hiciera de malo. [424d] No hará otra cosa, dijo, sino, una vez entrada poco a poco en casa, colarse tranquilamente en las costumbres y negocios; de esto, pasa, creciendo, a los contratos mutuos; de los contratos llega a las leyes y régimen político, con toda insolencia, Sócrates, hasta que, por fin, trastorne todo en privado y en público. [424e] Me lo parece, dijo. [424e] Así que, como desde el principio decíamos, hay que hacer que lo legalizado en cuanto a juegos se apodere inmediatamente de nuestros hijos, que, yendo el juego contra lo legalizado, es imposible que de niños tales crezcan varones respetuosos de las leyes y virtuosos. [425a] Pero, ¿cómo no?, dijo. [425a] Luego cuando, comenzando bellamente a jugar, les entre a los niños por medio de la música el respeto a la ley, ésta les acompañará en todo y se acrecerá en ellos, bien al contrario que en los otros, rectificando si algo de la Ciudad hubiera anteriormente decaído. [425a] Es verdadero, por cierto, dijo. [425a] Y lo que parecían, continué, ser minucias hallarán que son cosas legales que los anteriores habían destruido íntegras. [425b] Tales como éstas: callar los jóvenes ante los ancianos, cual es debido; cederles asiento, levantarse, deferencias a los padres, cabello, vestidos, calzado y demás atuendo del cuerpo, y otras cosas tales. ¿O no lo crees? [425b] Pero pienso fuera simpleza legislar en tales cosas, porque ni se hace en parte alguna ni, aun legisladas de palabra y escrito, permanecerían. [425b] Pareciera, Adimanto, añadí, que tales cosas debieran ser aun secuela del impulso que uno lleva por la educación. ¿O lo semejante no clama a lo semejante? [425c] De seguro. [425c] Y para terminar, creo, afirmaríamos que lo bueno o su contrario desembocan en algo final y nuevo. [425c] Pues, ¿cómo no?, dijo. [425c] Por esto, pues, decía, que yo no me metería a legislar sobre tales cosas. [425c] Y es razonable, dijo. [425c] Pero ¿qué?, por los dioses!, añadí: los mercadeos, lo respecto de los contratos que cada uno hace en el ágora con otros, o si quieres, los tratos entre artesanos, injurias, maldades, casos de justicia, institución de jueces, y si hay que poner o pagar algunos impuestos o en el ágora o en puertas, o en general asuntos legales de ágora, de villa, de puertos a otros tales, ¿nos atreveremos a legislar sobre ello? [425d] No es digno, dijo, que lo ordenemos a varones bellos-y-buenos, porque fácilmente hallarán ellos las más de las cosas sobre las que se haya de legislar. [425e] Sí, querido, añadí, si dios les da el conservar las leyes que anteriormente expusimos. [425e] Pero si no, dijo, poniendo muchas de ellas dy rectificándolas continuamente pasarán y terminarán la vida, creyendo haber alcanzado lo mejor. [425e] Dices, añadí yo, que vivirán los tales cual esos enfermos que además no quieren, por intemperancia, apartarse de mala Y por cierto que la pasan, y terminan graciosamente, porque, curándose, nada consiguen al final, fuera de hacer a las enfermedades más variadas y mayores, esperando siempre que se les aconseje un remedio que llegue a ponerlos sanos. [426a] Absolutamente, dijo, eso es precisamente lo que les pasa a tales enfermos. [426a] Pero ¿qué?, añadí: ¿no es en ellos lo gracioso el tener por enemiguísimo a quien les diga la verdad: que, si no cesan de emborracharse, comer hasta rellenarse; darse al amor y perezosear, ni remedios ni cauterios ni cortes ni encantamientos ni amuletos ni nada de tales cosas les ayudarán en nada? [426b] No es gran cosa de gracioso, dijo; porque no tiene gracia enfadarse con quien dice lo que es bueno. [426b] No eres, al parecer, añadí, ensalzador de tales varones. [426b] Ciertamente que no, por Júpiter! [426b] V. Luego si la Ciudad entera hiciera lo que estábamos diciendo no lo alabarías. ¿O no te parece evidente que eso mismo hacen cuantas Ciudades, de las que están mal gobernadas, prohíben a los ciudadanos tocar en nada la constitución íntegra de la Ciudad so pena de muerte para quien tal haga; pero quien más agradablemente cultive a tales gobernantes y les complazca previniendo sus deseos y adivinando su voluntad y sea capaz de cumplirla, tal será varón bueno y sabio en grande, y será honrado por ellos? [426c] Me parece, dijo, que hacen lo mismo; y en manera alguna lo alabo. ¿Mas a quienes voluntaria y empeñosamente sirven a tales Ciudades no los admiras por su valentía y afabilidad? [426d] Yo sí, dijo; mas no, a cuantos se dejan engañar por ellos y se creen que son, en verdad, políticos porque son alabados por los más. [426d] ¿Cómo dices?: ¿no excusas, añadí, a tales varones? ¿O crees que varón ignorante en medir, diciéndole muchos otros tales que tiene cuatro codos, no llegue a pensar eso mismo sobre si mismo? [426e] No, dijo; eso no. [426e] No lo lleves a mal, porque los tales son la gente más agradable del mundo, legislando sobre lo que hace un momento decíamos, y rectificando, creídos siempre de hallar límite a los abusos en los contratos y demás cosas de que ahora mismo hablaba, ignorando que, en realidad, cortan una hidra. [427a] Y por cierto, dijo, que no otra cosa hacen. [427a] Pues bien, añadí, creería que tal eidos de leyes y régimen político no habría de ocupar al verdadero legislador ni en una Ciudad malamente administrada ni en una bien; en aquélla, porque es inútil y nada se saca; en ésta, porque algunas de tales cosas las encuentra cualquiera, y otras se siguen automáticamente de las ya establecidas. [427b] Pues, ¿qué dijo, nos quedaría por legislar? [427b] Y respondí: a nosotros nada, ciertamente; pero a Apolo el de Delfos, las mayores, más bellas y primarias de las legislaciones. [427b] Las referentes a fundaciones de templos, sacrificios, y lo demás del culto de dioses, daimonios y héroes, sepulcros de difuntos y cuantos servicios han de hacerse a los de Allá para tenerlos propicios. Porque tales cosas no las sabemos nosotros los fundadores de Ciudad y no seguiremos en ellas a nadie, si tenemos juicio; ni nos serviremos de otro intérprete sino del patrio; porque este dios es, en estas cosas, intérprete patrio para todos los hombres; y asentado en medio de la tierra, en el ombligo, da sus oráculos. [427c] Bellamente hablado, dijo, y así debe hacerse. [427d] VI. Da por fundada ya, hijo de Aristón, la Ciudad. Pero después de esto mira, dentro de ella, de dónde nos proporcionaremos luz suficiente; y llama tú mismo en tu ayuda a tu hermano Polemarco, y a los demás, si hemos de ver dónde estaría la Justicia, dónde la injusticia y en qué se diferencian ambas, y cuál haya de poseer quien vaya para bienaventurado, —tanto que pase desapercibido a todos los dioses como a todos los hombres. [427d] Nada de eso, dijo Glaucón; porque prometiste tú investigarlo, cual si para ti no fuera piadoso el no ayudar a la Justicia de todas maneras, en la medida de tus fuerzas. [427e] Es verdad, respondí; me lo recuerdas y hase de hacer así, mas es preciso también que vosotros colaboréis. [427e] Pues, dijo, lo haremos así. [427e] Espero, pues, añadí, hallarlo de esta manera: creo que nuestra Ciudad, si ha sido rectamente fundada, terminará siendo perfectamente buena. [427e] Claramente, pues, es sabia, valiente, temperada y justa. [427e] Es claro. [427e] Luego respecto de lo que de eso encontremos en Ella, ¿el resto será lo no encontrado? [428a] Como si, respecto de otras cuatro cosas, hemos buscado en un lugar una de ellas precisamente; cuando hemos reconocido esa primera, nos daríamos por satisfechos. Mas si hubiéramos antes reconocido tres, por el mero hecho quedaría conocida la antes buscada, porque claramente no es otra sino la que faltaba. [428a] Luego también respecto de aquéllas; ya que se da el caso de ser cuatro, ¿de esa manera se ha de investigar? [428a] Es claro, ciertamente. [428b] Pues bien: lo primero que me parece en este caso estar patente es la sabiduría. Y algo de raro se echa de ver en ello. [428b] Por cierto que, en realidad, la Ciudad que describimos me parece ser sabia, porque es buena consejera. ¿No es así? [428b] Y por cierto que esto mismo: el buen-consejo es, claramente, una cierta ciencia, porque se aconseja bien no con ignorancia sino con ciencia. [428b] Es claro. [428b] Mas en la Ciudad hay muchas y variadas ciencias. [428b] Pues, ¿cómo no? [428c] Así que, ¿por la ciencia de los constructores habrá de denominarse la Ciudad “sabia-y-buena-consejera”? [428c] En modo alguno por ésta, dijo; sino, “constructora”. [428c] Luego tampoco por la ciencia sobre los enseres de madera, aun queriendo hacerlos perfectos, la Ciudad se llamaría “sabia”. [428c] No seguramente. [428c] Pero, ¿qué, por la de los enseres de bronce o por otra de tales cosas? [428c] No; de ninguna manera, dijo. [428c] Ni por la de producir de la tierra frutos; si no se llamaría agricultora”. [428c] Me lo parece. [428c] Pero, ¿qué?, añadí, ¿hay en algunos ciudadanos alguna ciencia en la Ciudad que acabamos de fundar, que aconseje, no sobre algo particular sino sobre la Ciudad misma íntegra, cómo se tratará de la mejor manera a sí misma en relación a sí misma y a las demás Ciudades? [428d] La hay ciertamente. [428d] ¿Cuál es, preguntó, y en quiénes? [428d] Tal es, respondí, la “guardiana”; y está en esos gobernantes a los que acabamos de llamar “guardianes perfectos” [428d] ¿Qué denominación das por tal ciencia a la Ciudad? [428d] “Buena-consejera”, dijo; y, en realidad, “sabia”. [428d] Ahora bien, ¿crees que en tal Ciudad, dije, llegará a haber más herreros que tales verdaderos guardianes? [428e] Muchos más herreros, dijo. [428e] Pues bien, dije: ¿respecto de cuantos por poseer otras ciencias, se denominan por ellas, también serían aquellos poquísimos respecto de todos éstos? [428e] Y mucho seguramente. [428e] Luego a la más pequeña clase y parte de la Ciudad misma, y a la ciencia que hay en tal parte, y a la clase presidente y gobernante, debería la Ciudad integra fundada según naturaleza el ser “sabia”. Y a esta clase que, como parece, es naturalmente la más pequeña, le corresponde participar de una ciencia tal que a ella sola entre las demás ciencias ha de darse el nombre de “sabiduría”. [429a] Verdaderísimamente hablado, dijo. [429a] Esta es, precisamente, una de las cuatro cosas respecto de las que, no sé cómo, hemos encontrado tanto a ella como dónde de la Ciudad reside. [429a] Pues me parece, dijo, que se la ha encontrado a satisfacción. [429a] VII. Mas, respecto de la valentía, qué es ella y en dónde de la Ciudad reside, y por la que se ha de llamar tal a la Ciudad, no es cosa demasiado dificultosa de ver. [429b] ¿Hacia qué otra cosa mirando, llamaría uno "“cobarde” o "valiente” a la Ciudad, sino hacia esa parte que se prepara para la guerra y la hace cual ejército en favor de ella? [429b] No a otra, ni para otra cosa, dijo. [429b] Porque no creo, me expliqué, que los demás en ella sean los que por ser cobardes o valientes la hagan realmente ser tal o cual. [429b] Pues no. [429b] Luego Ciudad es valiente por una de sus partes; por residir en ésta ese poder que conserva íntegro el criterio de qué ha de tenerse por “temible": por temible ello mismo, y de la manera como el legislador lo indicó expresamente en la educación. ¿O no llamas a esto “valentía”? [429c] No comprendo del todo bien lo que dices, respondió; dilo una vez más. [429c] Digo, expliqué, que la valentía es una cierta salvación. [429c] ¿Qué clase de salvación? [429c] Salvación del criterio engendrado por la ley, mediante la educación, acerca de lo temible: qué es y cuál es. Dije “salvación íntegra de tal criterio” tanto que lo salve quien está en penas como que en placeres, apetencias, y en miedos; y nada de rechazarlo. [429d] A qué me parece sea semejante, quiero decírtelo, si tú lo quieres, con una comparación. [429d] Pues lo quiero. [429d] Sabes, añadí, que los tintoreros cuando quieren teñir lana para que resulte púrpura, primero escogen de entre tantos colores una clase: la de los blancos; después comienzan por prepararla de manera que, tratándola con minuciosa preparación, reciba lo más posible el brillo, y entonces la tiñen. Y cuando de esta manera se tiñe, resulta indeleble lo teñido; y ningún lavado, ni sin jabón ni con jabón, es capaz de quitar tal brillo. Pero sabes lo que pasa en otro caso: tanto que se tiña a la lana de otros colores como que se la tiña sin tal preparación previa. [429e] Lo sé, dijo; que resultan ridículamente deslavazados. [429e] Pues bien, añadí, supón que también nosotros, a medida de nuestras fuerzas, tratemos de escoger a los soldados, y los eduquemos en música y gimnástica. Piensa que no intentamos otra cosa sino que, obedeciendo bellísimamente a las leyes, las reciban cual tinte, a fin de que tal criterio resulte indeleble frente a lo temible y a lo demás por haber adquirido naturaleza y crianza adecuadas; y que no les deslavacen tal tinte jabones de esos que son terribles en deslavazar, cual lo es el placer que, para hacerlo, es más terrible que salgema o lejía; y el dolor, el miedo y el apetito, que lo son más que cualquier otro lavado. Pues bien: a tal poder y conservación total del criterio recto y legal acerca de lo temible y no temible llamo yo y pongo cual valentía, a no ser que tú digas otra cosa. [430b] Nada digo en contra, respondió, porque me parece que el recto criterio acerca de esas cosas que se haya formado sin educación —tal es la valentía de fieras y esclavos— no se ha de tener ni por grandemente firme, y hay que llamarla con nombre diverso del de valentía. [430c] Verdaderísimamente dicho, añadí. [430c] Acepto, pues, que valentía sea precisamente eso. [430c] Acepta además, añadí, el que es virtud política, y lo aceptarás rectamente. Pero de esto, en otra vez, si quieres, trataremos más bellamente, porque ahora no estamos buscando eso, sino la Justicia. Respecto de la búsqueda de eso, creo que con lo dicho basta. [430d] VIII. Dos cosas, dije, nos quedan que se deben descubrir en la Ciudad: la templanza y lo que es fin de toda nuestra investigación: La Justicia. [430d] Pues, ¿cómo hallaríamos la Justicia?, a fin de que ya no tengamos que tratar más de la temperancia. [430d] Por cierto que yo, dijo, ni lo sé ni querría la declaráramos primero, si ya no hemos de considerar la templanza. [430d] Mas sí quieres hacerme un favor, pon a consideración primero a ésta que a aquélla. [430e] Por cierto, añadí, que lo quiero, si no falto a la justicia. [430e] Hase de considerar, añadí; vista desde aquí, se asemeja más que lo anterior a una cierta sinfonía y armonía. [430e] La templanza, expliqué, es un cierto decoro y dominio sobre ciertos placeres y apetencias, como se dice al hablar de «dueño de sí mismo»; no sé en qué sentido; y otras cosas que se dice son cual huellas de ella, ¿Es así? [430e] De todo en todo, dijo. [430e] Por cierto, eso de «dueño de sí mismo», ¿no es ridículo?, porque quien es dueño de sí mismo sería, a la vez, siervo de sí mismo; y el siervo, dueño, porque del mismo se trata en todo ello. [431a] Pero, ¿cómo no? [431a] Me parece, añadí, querer evidentemente decir tal frase que en el mismo hombre en cuanto al alma hay una parte mejor y otra peor; y cuando lo por naturaleza mejor domine sobre lo peor, de eso precisamente se dice que es «dueño de sí mismo», y se lo alaba. Mas cuando, por mala crianza o asociación, es dominado por la multitud de lo peor, por ser más pequeño lo mejor, a esto precisamente se lo vilipendia cual deshonroso, y se dice «siervo de sí mismo»; y disoluto, a quien en tal estado se halle. [431b] Pues me parece bien, dijo. [431b] Vuelve la vista, añadí, a nuestra Ciudad nueva, y hallarás realizado en ella uno de los dos casos; porque afirmarás con justicia debérsela denominar «dueña ella de sí misma», ya que, donde lo mejor gobierna a lo peor, a lo mejor ha de llamarse “temperante y dueño de sí mismo”. [431b] Lo miro, dijo; y hablas según verdad. [431c] Por cierto que apetencias, placeres y penas muchas y variadas son de hallar, sobre todo, en niños, mujeres y domésticos; y de los llamados libres, en los más viles. [431c] Mas las sencillas y moderadas, que son precisamente las guiadas según inteligencia y cálculo de opinión correcta, las encontrarás en pocos, y en los mejores por naturaleza, a la vez que mejor educados. [431c] Es verdad, dijo. [431c] Pues bien, ¿no ves que precisamente en nuestra Ciudad están las apetencias de la mayoría y de los viles dominadas por las apetencias y buen sentido de una minoría de pocos y virtuosos? [431d] IX. ¿Luego si de alguna Ciudad ha de predicarse el ser dueña de placeres, apetencias y ella de sí misma, hay que decirlo de ésta? [431d] ¿Y no también, por todo eso, temperante? [431d] Y mucho, dijo. [431d] Y por cierto que si, en alguna Ciudad, son gobernantes y gobernados de la misma opinión sobre quiénes han de gobernar, en ésta se hallaría precisamente eso. ¿No te parece? [431e] Y muchísimo, dijo. [431e] ¿En cuáles, pues, de estos ciudadanos afirmarás se halla lo de temperante cuando se comportan así, en los gobernantes o en los gobernados? [431e] En ambos, creería; dijo. [431e] Ves, pues, añadí, que correctamente adivinamos antes lo de asemejarse la temperancia a una Cierta armonía. [431e] Porque así como la valentía y la sabiduría, estando cada una en una parte de la Ciudad, la vuelven ésta sabia, aquélla valiente, no así obra la temperancia sino que se extiende simplemente por toda la Ciudad y por todos, haciendo que consuenen los más débiles y los más fuertes y los intermedios en lo mismo, sean lo que quieras su inteligencia, fuerza, número, riquezas o algo de tales cosas. De modo que afirmaríamos correctamente ser la temperancia tal concordia: sinfonía natural de lo peor y mejor en cuanto a cuál de los dos ha de gobernar tanto en la Ciudad como en cada uno. [432b] Concuerdo enteramente con tu opinión, dijo. [432b] Sea, añadí; tres cosas hemos descubierto en la Ciudad, al parecer. En cuanto al eidos restante, por el que la Ciudad participaría de la virtud, ¿cuál sería? Que es claro ser precisamente la Justicia. [432b] Así que, Glaucón, hemos ahora, cual cazadores, de circuir el matorral poniendo mientes en que no se nos escape la Justicia; y, desvanecida, nos resulte invisible, porque es claro que está por aquí. Mira, pues; esfuerza la vista; si la ves antes que yo, dímelo. [432c] ¡Si lo pudiera!, dijo. Más bien, si hago de seguidor y soy capaz de ver bien lo que se muestre me daré por grandemente contento, ' Sigue, añadí; pídelo tú conmigo a los dioses. [432c] Lo haré, respondió; pero solamente si tú guías. [432c] Y por cierto, expliqué, que el lugar está poco transitable y penumbroso; que es oscuro y difícil de explorar. No obstante marchemos. [432d] Hay que hacerlo, dijo. [432d] Y yo mirando, exclamé: ¡Oh, oh!, Glaucón, estamos a punto de tener la huella, y me parece que difícilmente se nos escapará. [432d] Por cierto, añadí, algo tonto nos pasa. [432d] Desde hace rato, bendito, y desde el principio me está pareciendo revolcarse a nuestros pies, y no la veíamos; estamos haciendo el ridículo, cual los que, teniéndolo en la mano, buscan lo que ya tienen. Nosotros no mirábamos hacia ello, sino desde lejos lo atisbábamos; por lo cual tal vez se nos ocultaba. [432e] Así, exclamé; que me parece, estando hablando y oyendo de ella desde hace rato, no caer nosotros mismos en cuenta de que, de alguna manera, hablábamos de ella. [432e] Largo proemio, dijo, para un deseoso de oír. [433a] X. Escucha, pues, añadí, sí digo tal vez algo; porque, desde el principio, cuando fundamos la Ciudad, establecimos, me parece, haber de practicar ese eidos precisamente: la Justicia, o algo así. Establecimos sin duda —y lo dijimos repetidas veces, si lo recuerdas— que cada uno ha de ocuparse de una cosa de las propias de la Ciudad: de aquella para la que su naturaleza esté, de suyo, mejor dotada. [433a] Pues lo dijimos. [433a] Y además que la Justicia consiste en hacer cada uno su quehacer, y no ser un factótum; y esto lo hemos oído a otros muchos, y lo hemos dicho frecuentemente nosotros mismos. [433b] Pues lo hemos dicho. [433b] Esto, pues, precisamente, añadí, amigo, pareciera que, hecho de cierta manera, es la Justicia: hacer cada uno su quehacer. ¿Sabes de qué lo saco? [433b] No, pero explicalo, dijo. [433b] Me parece, añadí, lo que en la Ciudad resta, tras lo considerado: templanza, valentía y sapiencia, es precisamente eso que proporciona a todas ellas fuerza para nacer; y, nacidas, les proporciona conservación, mientras ella esté en ellas. Por cierto que afirmamos sería la Justicia lo que restara de todas ellas cuando hubiéremos hallado tres. [433c] Y por necesidad, dijo. [433c] Mas, añadí, si fuera preciso decidir cuál de ellas, engendrada, hará a nuestra Ciudad máximamente buena, difícil fuera decidir si la concordia entre gobernantes y gobernados o la conservación del criterio legal acerca de lo que es o no temible, engendrado en los soldados, o la sapiencia y la vigilancia presente en los gobernantes; o si esto precisamente la hará máximamente buena, cuando esté en niño, en mujer, en esclavo y libre, en artesano, en gobernante y gobernado: el que cada uno, por ser uno, haga lo suyo y no se meta en todo. [433d] Difícil de decidir; pero ¿cómo no? [433d] Luego, al parecer, en lo de virtud de la Ciudad rivaliza en ella con sabiduría, temperancia y valentía la fuerza de hacer en ella cada uno lo suyo. [433d] Y mucho, dijo. [433d] ¿Mas no pondrías cual rival de ellas en eso de virtud de Ciudad a la Justicia? [433e] Míralo de esta manera a ver si te parece así: ¿ordenarás que en la Ciudad los gobernantes juzguen lo referente a Justicia? [433e] De seguro. [433e] ¿Se darán a juzgar sobre todo de que cada uno ni retenga lo ajeno ni se le prive de lo propio? [433e] No de otra cosa, sino de esto. [433e] ¿Por ser justo? [433e] Luego, según esto, se convendría en que la posesión de lo propio y la práctica de lo suyo constituye la Justicia. [434a] Mira si te parecerá a ti lo que a mí: carpintero que se meta a hacer las obras de zapatero o zapatero las de carpintero o que intercambien instrumentos o salarios de uno por las de otro o que el mismo se meta a hacer ambas cosas, intercambiadas así todas las demás, ¿te parece sería en gran detrimento para Ciudad? [434a] No grande, dijo. [434a] Mas cuando, tal pienso, un artesano o cualquier otro de natural ganadinero, hinchado después por la riqueza, por la multitud, por la fuerza o por algo tal intente meterse en el eidos de los guerreros, o alguno de los guerreros en el de los consejeros y vigilantes, siendo indigno, y entre sí intercambian instrumentos y honorarios, o cuando el mismo intente hacer a la vez todo eso, entonces, creo que también a ti te lo parece, tal trastorno de eso y meterse en todo resultará perdición para la Ciudad. [434b] De todo en todo. [434b] Tal meterse unas en otras las tres clases, que son tres, y tal trastorno, por ser grandísimo perjuicio para la Ciudad, correctísimamente se denominaría máxima fechoría. [434c] En tal máxima fechoría contra la propia Ciudad, ¿no afirmarás consistir la injusticia? [434c] Pero, ¿cómo no? [434c] XI. Luego s, precisamente eso, la injusticia. Digámoslo al revés así: el que los tres géneros: de ganadineros, auxiliares y guardianes hagan lo suyo, cada uno de ellos su propio quehacer en la Ciudad, ¿no sería lo contrario de lo otro?: ¿no sería la Justicia, y daría una Ciudad justa? [434d] Me parece, contestó, que no hay otra manera que ésta. [434d] No lo digamos tan en firme; mas, si refiriéndonos a cada uno de los hombres, resultara también allí ser la Justicia tal eidos precisamente, convendremos ya en ello, pues, ¿qué podríamos además decir? Mas si no, volveremos a otra parte nuestras consideraciones. Pero ahora demos fin a las consideraciones hechas, tal cual pensamos: que si emprendiéramos contemplar primero a los poseedores de Justicia dentro de algo mayor precisamente, sería posible descubrirla más fácilmente en un hombre. Y por cierto que eso mayor nos pareció ser precisamente la. Ciudad, y así la fundamos lo más perfecta que pudimos, sabiendo bien que la Justicia se hallaría en Ciudad buena. Pues bien, lo que allí nos pareció evidente, transportémoslo al individuo: si en él consuena, bello resultado; mas si en él aparece algo diverso, revirtiendo a la Ciudad pongámoslo a prueba, y tal vez viéndolos confrontados y frotándolos conseguiríamos brotara, cual de combustibles la chispa, la Justicia; y, hecha luz, la dejaríamos asegurada en nosotros mismos. [435a] Hablas, dijo, según método, y así se ha de hacer. [435a] Pues bien, añadí, si de dos cosas una mayor y otra menor se dice que son lo mismo en algo, ¿por eso de llamarlas lo mismo en algo son desemejantes o semejantes? [435a] Luego también varón justo, no se diferenciará en nada de Ciudad justa por eso de tener el mismo eidos de justicia, sino será semejante. [435b] Mas la Ciudad nos pareció justa cuando las tres clases de naturalezas que en la misma están cada una hace lo suyo: aparte de que era temperada, valiente y sabia por causa de «Καὶ δίκαιος ἄρα ἀνὴρ δικαίας πόλεως κατ’ αὐτὸ τὸ τῆς δικαιοσύνης εἶδος οὐδὲν διοίσει, ἀλλ’ ὅμοιος ἔσται. ῞Ομοιος, ἔφη. ᾿Αλλὰ μέντοι πόλις γε ἔδοξεν εἶναι δικαία ὅτε ἐν αὐτῇ τριττὰ γένη φύσεων ἐνόντα τὸ αὑτῶν ἕκαστον ἔπραττεν, σώφρων δὲ αὖ καὶ ἀνδρεία καὶ σοφὴ διὰ τῶν αὐτῶν τούτων γενῶν ἄλλ’ ἄττα πάθη τε καὶ ἕξεις. ᾿Αληθῆ, ἔφη. Καὶ τὸν ἕνα ἄρα, ὦ φίλε, οὕτως ἀξιώσομεν, τὰ αὐτὰ ταῦτα» (Burnet, 435b) [435b] Es verdad, dijo. [435b] Luego, querido, juzgaremos de igual manera al individuo que tenga en su alma esos mismos tres eídoses; por hacer ellos lo mismo en él, juzgaremos correctamente ser digno de los mismos nombres que la Ciudad. [435c] De toda necesidad, dijo. [435c] Caímos, querido, proseguí, en fácil consideración acerca del alma sobre si tiene en sí misma esos tres eídoses o no. [435c] A mi, dijo, no me parece gran cosa de fácil, porque, Sócrates, es verdad el proverbio de que «difícil cosa es la bello». [435d] Evidentemente, añadí. Y sábete bien, Glaucón, que, cual es mi opinión, con métodos tales cuales son los que usamos en estos razonamientos no aprehenderemos esto rigurosamente, porque el camino que a esto conduce es más largo y más complicado; tal vez, por cierto, esté a la altura debida a lo anteriormente dicho y considerado. [435d] ¿No nos contenta, pues?; en cuanto a mí me daría en este momento por satisfecho. [435d] Por cierto, repliqué, aun a mí bastaría de sobras. [435d] No te des por cansado, dijo, sino ponlo en consideración Pues bien, proseguí, ¿no hemos de convenir necesariamente en que en cada uno de nosotros están los mismos eídoses y apasionamientos que en la Ciudad?, porque no de otra parte sino de ella nos vienen. Ridículo sería si alguno creyera que lo corajudo no se engendrara en los particulares de esas Ciudades que tienen causa para ello, cual los de Tracia y Escitia, y casi casi los del Norte; o que el amor-de-aprender no tenga sobre todo por causa propia nuestra posición; o que el amor-por-el-dinero no sea algo propio de fenicios, y se diría no serlo menos de los habitantes de Egipto. [436a] Y mucho, dijo. [436a] Esto precisamente, añadí, es así; y no es difícil de conocer. [436a] No, por cierto. [436a] XII. Peto estotro es ya difícil: si hacemos cada una de estas cosas con una sola parte del alma o, por ser tres, otra cosa con otra parte: que aprendemos con una, encorajinámonos con otra de las nuestras; mas apetecemos con una tercera lo referente a placeres de alimentación y engendramiento, y lo hermanado con esto; 9 con toda el alma hacemos cada una de tales cosas cuando nos entregamos a ellas. Esto va ser difícil de determinar de manera racionalmente digna. [436b] Y me lo parece, dijo. [436b] Pues bien, tratemos de determinar si son entre sí lo mismo o diferentes. [436b] Es claro que uno mismo no querrá hacer y padecer a la vez cosas contrarias en la misma parte y respecto del mismo objeto; de modo que si halláremos pasa eso en alguno, sabremos que no es uno mismo sino muchos. [436c] Considera lo que digo. [436c] ¿Es posible, proseguí, que la misma cosa repose y se mueva a la vez y en la misma parte? [436c] En modo alguno. [436c] Convengámonos aún más rigurosamente, no sea que, avanzando, nos entren dudas. Porque si alguno dijera que un hombre en reposo, mas moviendo manos y cabeza, el mismo reposa y se mueve a la vez, juzgaríamos, creo, que no deberse hablar así, no decir que algo de él reposa; y otra parte se mueve. ¿No es así? [436d] Pues bien: si quien tal dice se hiciera aun más el gracioso, y sutilizando dijera: que las peonzas están enteras en reposo a la vez que movidas, cuando fijas en el mismo lugar giran al derredor de su centro, o también cualquiera otra cosa que, dando vueltas en círculo en el mismo puesto, hace eso mismo, no lo aceptaríamos porque no están entonces En reposo y se mueven ellas mismas según ellas mismas; sino afirmaríamos haber en ellas mismas un eje recto y algo que circula, y que según lo recto están en reposo, porque no se inclinan a parte alguna; mas según lo circular se mueven circularmente; pero cuando el eje recto se inclina hacia la derecha o hacia la izquierda o hacia atrás o hacia adelante, mientras rueda, entonces en modo alguno está en reposo. [436e] Y correctamente, dijo. [436e] Luego nada de lo dicho acerca de estos casos nos perturbará, ni mucho menos nos convencerá de que, entonces, “a lo mismo según lo mismo y respecto de lo mismo" le afecten cosas contrarias o que las sea o que las haga. [437a] No por cierto a mí, dijo. [437a] No obstante, proseguí, para no vernos forzados a dilatarnos, recorriendo todas estas dudas y afirmándonos en que, no son verdaderas, supongamos que esto es así, y procedamos adelante conviniéndonos en que, si nos pareciere evidente ser esto de otra manera, quedará sin valor todo lo que de esto se sigue. [437a] Pues así se ha de hacer, dijo. [437b] XIII. Pues bien, proseguí: asentir y discutir, anhelar algo respecto de rechazarlo, atraer frente a repeler, ¿pondrías que todas estas cosas, sean acciones o pasiones, son mutuamente contrarias?, que en esto nada se diferencian. [437b] Pues ¿qué?, proseguí: a sed y hambre, y apetitos en general, y, a su vez, a querer y desear, ¿no colocarías todo esto en esos eídoses de que estábamos hablando? Como, ¿no afirmarías que el alma del apetente o anhela por lo que apetece o atraiga eso que quiere le advenga o que, cuando quiera que se lo proporcione algo, haga signo de asentir a Ello para sí mismo cual si se la interrogara, acuciada de que se realice? [437c] Pero ¿qué?: a estar indeciso, no querer, no apetecer, ¿no los colocaremos en lo de rechazar y expulsar de ella, y entre los contrarios a aquellos otros? [437d] Pues, ¿cómo no? [437d] Siendo esto así, ¿no afirmaremos haber un cierto eidos de apetencias, y que las más patentes de entre ellas son las que llamamos “sed” y “hambre”? [437d] Lo afirmaremos, dijo. [437d] Pues, ¿y que una lo es de bebida; la otra, de comida? [437d] Pues bien, la sed en cuanto sed, ¿es en el alma apetencia de algo diferente de lo que hemos dicho? Cual la sed, ¿es sed de una bebida caliente o fría, mucha o poca, o en una palabra, de una cierta bebida? ¿O si a la sed se añade el calor, se adjuntaría la apetencia de lo frío; mas si el frío, la de lo caliente? Pero sí la sed resulta mucha por presencia en ella de lo Mucho, ¿traerá consigo la apetencia de lo Mucho; si es pequeña, la de lo Poco? Empero, eso de tener sed no engendra jamás otra apetencia sino de aquello que le es natural: la bebida misma; y el tener hambre, la de comer. [437e] Así dijo, la apetencia misma es, cada una, de lo solo que le sea natural; mas lo de tal o cual, son añadiduras. [438a] Que nadie, proseguí, nos turbe hallándonos desprevenidos, diciendo: que nadie apetece bebida, sino bebida buena; ni comida, sino comida buena, porque todos apetecen lo Bueno; si, pues, la sed es apetencia, sería apetencia a de bebida buena o de otra cosa, y así de las demás apetencias. [438a] Quien tal diga, añadió, me parecería decir algo. [438b] Mas en todo caso, repliqué, cuantas cosas son lo que son siéndolo "de algo”, las que son tales lo son “de algo tal”, me parece; mas las que “simplemente” son ellas la son tan sólo “de algo simple”. [438b] No entendí, dijo. [438b] ¿No entiendes, proseguí, que lo Mayor es tal porque es mayor que algo? [438b] Por tanto, ¿qué lo Menor? [438b] Mas lo Mucho mayor, de lo mucho Menor, ¿Es así? [438b] ¿Y pues que lo una vez fue mayor, lo fue de lo entonces menor; y lo que será mayor, de lo que será menor? [438b] Como que sí, respondió. [438c] Y lo que lo más es respecto de lo menos; y lo doble, respecto de la mitad, y todo lo tal; y, a su vez, lo más pesado, respecto de lo más leve, lo más veloz, respecto de lo más lento; y además, lo caliente respecto de lo frío, y todo lo a éstos semejantes, ¿no se ha de esta manera? [438c] Y ¿qué, respecto de las ciencias? ¿No es de la misma manera? Que la ciencia misma es ciencia “de” lo aprendible mismo o de lo que se haya de poner ser la ciencia; mas una cierta ciencia y tal, lo es “de” algo tal y de algo. Hablo de algo así: ¿no fue después que llegó a haber ciencia de construir casa, que se distinguió de las demás ciencias, tanto que se la llamó “arquitectura”? [438d] Como que sí. [438d] ¿Y eso por ser tal cual ninguna otra de las demás lo es? [438d] ¿Así que por ser ciencia de algo tal, ella misma llegó 1 ser tal? ¿Y parecidamente las demás artes y ciencias? [438d] XIV. Di, pues, añadí, que esto es lo que entonces quería decir, si es que ahora lo entiendes; que cuantas cosas “son lo que son” “siéndolo” “de” algo, ellas a solas la son de ellas mismas a solas; mas son tales, de algo tal. Y no digo que “sean” ellas lo que "es” él; y así que la ciencia de salud y enfermedad “sea” sana y enferma; y la de lo malo y buena "sea” mala y buena. Mas porque la ciencia no llega a “ser” lo que “es” aquello de que es ciencia, pero lo es “de” algo tal —y esto era sano y enfermo—, lo adviene y llega a hacerse ella “tal” ciencia; y eso no hizo que se la llamara simplemente “ciencia”; sino, por añadírsele lo de algo tal: lo de “medicinal”. [438e] Entiendo, dijo, y me parece ser así. [439a] Pero en cuanto a la sed, proseguí, ¿no la pondrás entre las cosas que son lo que son siéndolo “de” algo? Mas la sed es por mí, dijo, de bebida. [439a] Luego si la bebida es tal, tal también será la sed; mas la Sed misma no lo es ni de mucha ni de poca bebida, ni de buena ni de mala: ni, en una palabra, de algo tal; ¿sino la Sed misma lo es, de natural, de la Bebida misma? [439a] Luego el alma del sediento, en cuanto sedienta, no - quiere sino beber; y eso apetece y hacia eso tiende. [439b] Es claro. [439b] Así que si alguna vez el alma se aguanta la sed, ¿es que habría en ella algo distinto del sediento y de lo que la lleva, cual a bestia, a beber?; porque afirmamos que lo mismo de sí mismos y respecto de lo mismo no iban a hacer a la vez cosas contrarias. [439b] Pues no. [439b] Parecidamente, pienso, no está bello decir, respecto del arquero, que sus manos rechacen y tiren a la vez del arco; sino que una es la mano que rechaza y otra la que tira de él. [439b] De todo en todo así es, dijo. [439b] ¿Diremos que algunos, sedientos a veces, no quieran Y mucho, dijo, muchos y muchas veces. [439b] Pues, ¿qué, proseguí, se diría en este caso? ¿No, que haber en el alma de ellos algo que manda, haber algo que prohíbe beber, algo que es diverso y puede más que el Me lo parece, dijo. [439b] Pues, ¿no, que lo que prohíbe en tales casos proviene, cuando eso pasa, de la razón: mas lo que lleva y arrastra sobreviene por obra de pasiones y enfermedades? [439d] Y no irracionalmente, añadí, juzgaremos que son dos cosas y diversas entre sí: una con la que se razona, llamémosla “lo racional” del alma; otra, con la que se ama, se tiene hambre y sed, y que es traída y llevada por las demás apetencias; es lo “irracional” y apetente, amiga de hartazgos y placeres. [439d] No irracionalmente sino verosímilmente, dijo, juzgaríamos así. [439d] Quédenos, pues, proseguí, definido que estos dos eídoses están en el alma. Mas el eidos de coraje y con el que nos encorajinamos, ¿no es el tercero, o de cuál de aquéllos sería connatural? [439d] Tal vez, dijo, del segundo: del apetente. [439d] Mas, proseguí; algo of una vez, y lo creo: que Leoncio, hijo de Aglaión, subiendo del Pireo, en la parte baja del muro norte sintió cadáveres tirados junto al lugar del suplicio; deseaba. mirar y, a la vez, le repugnaba, y se retiraba y luchaba y se tapaba los ojos, hasta que, vencido por el apetito, abriendo los ojos, les dijo, corriendo hacia los muertos: “Ved, malaventurados, saturaos de tan bello espectáculo”. [440a] Yo mismo lo he oído, dijo. [440a] Esta frase, añadí, indica que el coraje guerrea a veces contra las apetencias como distinto de ellas. [440a] Lo indica, dijo. [440a] XV. Pues en otros casos, añadí, ¿no notamos muchas veces que cuando las apetencias hacen violencia a uno contra razón, se insulta uno a sí mismo y encorajina contra quien en él mismo le hace violencia; y, en tal lucha, a duelo, hácese el coraje de la razón? Mas que el coraje, asociándose con las apetencias, cuando la razón ha decidido que no debe, las resista, creo que afirmarás no haber sucedido jamás ni haberlo sentido en sí mismo; y creo, que ni en otro. [440b] No, por Júpiter!, dijo. [440c] Pero, ¿qué, añadí, cuando uno cree haber hecho una injusticia?; cuanto más biennacido sea, ¿tanto menos podrá enfadarse por hambre, fríos u otra cosa cualquiera que padezca por obra de aquel que, según él mismo, le hace justicieramente eso? Y, lo que digo: ¿no querrá que el coraje se despierte en él para eso? [440c] Es verdad, dijo. [440c] Mas, ¿cuándo uno piense ser él, el paciente de una injusticia? En tal caso el coraje hierve, indígnase y hácese aliado de quien se tiene por justo, y aguanta por esto hambre, frío y cosas tales, y vence y no depone sus nobles sentimientos hasta que o haya conseguido su intento o muera en la demanda o, cual perro llamado por el pastor, se apacigüe él en sí mismo, llamado por la razón. [440d] Por cierto, dijo, que se parece a lo que dices. Que, efectivamente, en nuestra Ciudad estatuimos fueran los auxiliares cual perros, obedientes a los gobernantes cual a pastores de Ciudad. [440d] Pues bellamente, añadí, comprendes lo que quiero decir. Pero además de esto pon mientes en estotro. [440e] ¿En qué? [440e] En que nos está pareciendo el coraje justamente lo contrario de lo encorajinado, porque, antes, creíamos ser un cierto apetito. Mas, ahora, afirmamos que muchos le falta para eso. Más aún, en una discusión del alma, pásase con armas y todo a lo racional. [440e] De todo en todo, dijo. [440e] ¿Es, pues, algo diferente de esto o es un cierto eidos de racional, de modo que no tres, sino dos eídoses habría en el alma: lo racional y lo apetente? O a la manera como a la Ciudad se compone realmente de tres géneros: los de ganadineros, auxiliares y consejeros, parecidamente también en el alma está un tercer eidos: lo corajudo, auxiliar natural de lo racional, a no ser que esté corrompido por mala crianza. [441a] Por necesidad, dijo, es el tercer eidos. [441a] Sí, proseguí; en el caso de que resulte ser evidentemente algo diferente de lo racional, cual fue evidente con algo distinto de lo apetente. [441a] Mas no es difícil, dije, el que resulte evidente, porque aun en los niños se echa de ver que, apenas nacidos, están llenos de coraje, aunque me parezca que algunos no participan en nada de razón; pero la mayoría, más tarde. [441b] Sí, por Júpiter!, proseguí, bellamente lo dijiste. Aun en las fieras pudiera verse lo que dices, pues así pasa. Pero además de esto está el testimonio de Homero, más arriba traído. [441b] golpeándose el pecho, insultó a su corazón con estás palabras... porque, patentemente. Homero representa cual reprendiendo diferente a diferente, lo razonante acerca de lo mejor a lo irracionalmente encorajinado por lo peor. [441c] Perfecta y correctamente dicho, dijo. [441c] XVI. Aunque con dificultad, añadí, hemos pasado lo peor; y hemos convenido honorablemente en que hay los mismos géneros, tanto en Ciudad como en el alma de cada uno, e iguales en número. [441c] Los hay. [441c] ¿No resulta, pues, ya necesario el que Ciudad sea sabia y lo sea por algo; y que parecidamente también un particular sea sabio y lo sea por eso mismo? [441c] Que lo es, por cierto. [441d] ¿Y que aquello por lo que un particular es valiente y como lo sea, también Ciudad sea valiente, y de parecida manera lo sea y todo lo demás referente a virtud lo tengan ambos parecidamente? [441d] Por necesidad. [441d] Y justo, Glaucón, creo que diremos lo es un varón de la misma manera como es justa una ciudad. [441d] Y esto también de toda necesidad. [441d] Mas no hemos olvidado el que aquélla era justa por hacer cada uno de sus géneros, los tres, cada uno lo suyo. [441d] Me parece que no lo hemos olvidado, dijo. [441d] Luego hemos de recordar que también cuando cada uno de nuestros géneros haga lo suyo, será cada uno justo y estará haciendo lo suyo. [441e] Y mucho, dijo, que se lo ha de recordar. [441e] Pues bien: ¿no es lo propio de lo racional el gobernar, porque él es lo sabio y lo que tiene providencia sobre el alma entera; mas lo propio de lo corajudo es ser obediente y aliado de aquél? [441e] Pues bien: ¿no es, como decíamos, la mezcla de música y gimnástica la que los hace consonantes; uno, atesándolos y alimentándolos de razonamientos y enseñanzas bellas; el otro, distendiéndolos, apaciguándolos y amasándolos con armonía y ritmo? [442a] Y estos dos géneros, así alimentados y habiendo aprendido verdaderamente lo suyo y, educados, manden sobre lo apetente que en cada uno constituye lo más de su alma y es, por naturaleza, lo más insaciable de riquezas; vigilen el que no se harte, haciéndose grande y fuerte, de los llamados placeres corporales, y no haga su quehacer, sino intente esclavizar y gobernar sobre lo que no conviene a su género, y trastorne de todo en todo la vida de todos. [442b] Pues así es absolutamente, dijo. [442b] Pues bien, añadí, frente a los enemigos, ¿no vigilarían bellisimamente estos dos géneros a la par sobre el alma entera y el cuerpo?, uno, de consejero; el otro, de guerrero, ¿mas siguiendo al gobernante y llevando a cabo con valentía lo decidido? [442b] Y "valiente", creo, llamamos por esta última parte a cada individuo cuando lo corajudo de él mantenga a salvo. [442c] a pesar de penas y placeres, lo que la razón le señale como temible o no. [442c] Mas es “sabio” por virtud de aquella pequeña parte con la que mandó sobre sí, y señaló eso, por tener en sí misma aquello otro: la ciencia de lo conveniente a. cada individuo y a la comunidad entera de esas mismas partes, que son tres. [442c] Pero ¿qué?, ¿no es “temperante” por virtud de la amistad y consonancia que en esas mismas hay, cuando la gobernante y las dos gobernadas son de la misma opinión: que ha de gobernar lo racional, y ellas no rebelarse contra ello? [442d] La templanza, pues, dijo, no es otra cosa sino esto, tanto la de Ciudad como la de particular. [442d] Mas, por cierto, será "justo” por lo que tantas veces hemos dicho: lo será precisamente por eso y de esa manera De toda necesidad. [442d] Pues bien, proseguí: ¿no se nos está confundiendo algo la justicia hasta parecer diferente de lo que se nos mostró evidente en el caso de la Ciudad? [442d] No me lo parece, dijo. [442e] De esta manera, añadí, quedaría del todo asegurado eso, si en algo tuviera dudas nuestra alma, trayendo para ello unos casos corrientes. [442e] Cual si hubiéramos de convenirnos, respecto de tal Ciudad y de un varón nacido y criado de manera parecida a ella, en si parece que, habiendo recibido un depósito de oro o plata el tal se lo apropie; ¿a quién crees se lo creería capaz de hacer esto?, ¿más a aquél que a cuantos no sean como él? [443a] A nadie, dijo. [443a] ¿Y que no va a ser él quien saquee templos, robe, traicione o en privado a compañeros o en público a Ciudades? [443a] No va a ser. [443a] ¿Y que en modo alguno será infiel a juramentos o a los demás convenios? [443a] Adulterios, negligencia hacia los padres, descuido hacia los dioses serán cosas de cualquier otro menos de el tal. [443a] De seguro, dijo. [443b] Pues bien: la causa de todo esto, ¿es que cada una de sus partes hace lo suyo en punto a gobernar y ser gobernada? [443b] Eso mismo, y no otra cosa, dijo. [443b] ¿Buscarás aún si Justicia es algo diferente de ese poder que hace tales a varones y a Ciudades? [443b] ¡Por Júpiter!, dijo, yo no. el cual decíamos sospechar que, ya desde el comienzo mismo de fundar la Ciudad, llegaríamos, con la ayuda de dios, al principio y modelo de Justicia. [443c] Del todo, pues. [443c] Tal es, pues: Glaucón, y por eso nos ayudó, el eídolo de la Justicia: que el nacido para zapatero lo correcto es que haga zapatos, y no otro quehacer; que el carpintero carpintee, y así de lo demás. [443c] Mas en verdad, al parecer, algo así era la Justicia, versando no sobre las acciones externas de uno, sino sobre las internas: las verdaderamente de uno mismo y sobre lo de uno mismo, sin dejar que ninguna parte de sí mismo haga lo extraño ni que en el alma haga cada género todo lo de los demás; sino, en realidad, establezca lo propio y gobierne cada uno lo suyo; se organice y resulte amigo para sí mismo coarmonizando sus tres partes cual si fueran, sencillamente, los tres términos de la armonía: inferior, superior y medio. Y si se diera el caso de haber otros intermedios, queden todos ellos coajustados, y resulte de muchos unidad perfecta: que sea temperante y armonizado de manera que obre ya, tanto que haga algo referente a adquisición de riquezas como a cuidado del cuerpo o política o a tratos privados, teniendo y llamando "acción justa y bella” a la que conserve y colabore a tal disposición; “sabiduría”, a la ciencia que presida a tales acciones; "“injusta”, a la acción que la destruya; mas “ignorancia”, a la opinión que la presida. [443e] Dices verdad, Sócrates, de todo en todo, dijo. [443e] Sea así, proseguí; si afirmáramos que hemos hallado al varón y Ciudad justos, y a la Justicia cual algo que en ellos está siendo, no parecería, creo, que hemos fallado gran cosa. [443e] ¡Por Júpiter!, ciertamente que no, dijo. [443e] ¿Lo afirmamos pues? [443e] Lo afirmamos. [443e] XVII. Sea, pues, proseguí; después de esto precisamente, creo, hay que considerar la injusticia. [444b] ¿No tiene, pues, que ser una cierta disensión entre las tres partes, y un meterse en todo, y meterse en lo ajeno y sublevación de una parte dentro del todo del alma, para gobernar en ésta la parte que no debe, por ser, al revés, la que por naturaleza debe obedecer a la que es del género de gobernante? Tales cosas: esa perturbación y ese desconcierto, creo, diremos ser la injusticia, la intemperancia, la cobardía, la ignorancia y, en resumen, toda maldad. [444c] Ellas son precisamente eso, dijo. [444c] ¿Según esto, pues, proseguí, no ha quedado ya en claro todo ello: lo que es obrar lo injusto y, a su vez, lo que es hacer lo justo, si está ya en claro qué es injusticia y qué justicia? [444c] Porque, añadí, se da el caso de que ellas no difieren en nada de las cosas salutíferas y de las malsanas, que éstas están en el cuerpo como aquéllas, en el alma. [444c] Las cosas sanas producen interna salud; las malsanas enfermedad. [444c] Pues así también, obrar lo justo produce interna justicia; mas lo injusto, injusticia. [444d] Mas producir salud es levantar a gobernar y ser gobernadas según naturaleza las partes del cuerpo unas por otras; pero producir enfermedad es gobernar y ser gobernado uno por otro contra naturaleza. [444d] Luego Virtud sería, al parecer, una cierta salud y belleza —y buen estado del alma; pero la maldad, enfermedad y fealdad y debilidad. [444d] Pues bien, ¿no conducen las bellas ocupaciones a la posesión de Virtud; mas las feas, a la de maldad? [444d] Por necesidad. [444d] XIX. Nos queda ya, pues, al parecer, el considerar si es provechoso obrar justamente y ocuparse de lo Bello y ser justo, tanto que se eche de ver como que no el ser tal, o bien aproveche el obrar injustamente y ser injusto, tanto que no se pague el justo castigo como que, castigado, no se mejore. [444d] Pero, Sócrates, me parece resultar ya evidentemente ridícula esta consideración: que al arruinarse la naturaleza del cuerpo parece no ser visible la vida; aun con todas las viandas, bebidas, toda la riqueza y poder íntegro. Al perturbarse y corromperse precisamente la naturaleza por la que vivimos, ¿resultará visible la vida, aunque uno haga lo que quiera, a no ser que se aparte de aquello de que provienen maldad e injusticia y adquiera justicia y virtud, ya que, evidentemente, son ambas tales cuales las hemos descrito? [445b] Ridículo es, dije; empero, ya que hemos llegado hasta aquí, tanto cáue percibimos clarísimamente que esto es así, no hay que desfallecer. [445b] Es lo menos que debe hacerse, por Júpiter!, dijo. [445c] Ven, pues, proseguí, para que veas cuántos eídoses tiene aun el vicio, que, me parece, es digno de contemplarse. [445c] Te sigo, dijo; no tienes sino que hablar. [445c] Por cierto, proseguí; ya que hemos subido hasta aquí con el razonamiento, cual desde observatorio me parece evidente haber un solo eidos de Virtud, mas infinitos de Vicio, aunque, entre ellos, cuatro de los que vale la pena recordarse. [445c] Cuantas maneras, proseguí, de regímenes políticos hay que posean eidos, otras tantas maneras hay, verosímilmente, de alma. [445d] Cinco maneras de regímenes políticos, contesté; y cinco de alma. [445d] Digo, expliqué, que una sería la manera de régimen político que hemos descrito, aunque se la llamaría con dos nombres: cuando hay, entre los gobernantes, un varón preeminente, se llamaría “realeza”; cuando más de uno, "“aristocracia”. [445d] Es verdad, dijo. [445d] Digo, pues, proseguí, que esto es un solo eidos, porque sean ellos uno o muchos no cambiarían ninguna de las leyes, dignas de tal nombre, de la Ciudad, si proceden según la crianza y educación que hemos descrito. [445e] Pues no es verosímil, dijo. [445e] «πλείους οὔτε εἷς ἐγγενόμενοι κινήσειεν ἂν τῶν ἀξίων λόγου νόμων τῆς πόλεως, τροφῇ τε καὶ παιδείᾳ χρησάμενος ᾗ διήλθομεν. οὐ γὰρ εἰκός, ἔφη. ΣΩΚΡΆΤΗς, ΓΛΑΎΚΩΝ, ΑΔΕΊΜΑΝΤΟς» (Burnet, 445e) [449a] L. Buenos y correctos llamo yo a tal Ciudad, régimen [449a] — y al político y al varón que sea tal cual ellos. Pero a los demás, malos y errados, si es que éste es el régimen correcto, tanto respecto de la administración de Ciudades como de la formación del carácter del alma de los particulares. Los malos, los hay de cuatro eídoses de maldad. [449a] Y yo iba a explicar por su orden cómo me parecía salir unos de otros, mas Polemarco (que estaba sentado lejos de Adimanto) extendiendo la mano y cogiéndole la parte superior del manto, junto al hombro, se le acercó a la vez que él se estiraba y le dijo algo al oído, de lo que nada oímos nosotros, fuera de esto: “Lo dejaremos que siga, ¿o qué haremos? [449b] Nada menos que eso, dijo Adimanto, ya en voz alta. [449b] Y yo dije: ante todo, ¿qué es lo que no dejáis seguir? [449b] A ti, respondió. [449c] Y yo repliqué: ¿por qué ante todo? [449c] Nos parece, dijo, que lo tomas a la ligera y que nos robas un eidos entero, y no pequeño, en el razonamiento, para no explicarlo; y que piensas evadirte diciendo simplemente que sobre eso de mujeres e hijos resulta para todos claro que «las cosas de los amigos son comunes» [449c] ¿No correctamente, pues, Adimanto?, respondí. [449c] Sí, dijo él. Mas eso de «correctamente», como lo demás, referido al carácter de comunidad necesita explicación, porque son muchos. No omitas, pues, decir cuál. Que nosotros hace rato aguardamos, creídos te recordarías de hablar de la procreación de hijos y cómo ha de hacerse, y cómo educar a los nacidos, y de esa comunidad total de mujeres y niños, porque creemos importa mucho, y aun todo, para que el régimen político resulte correcto o no correcto. Pues bien, y que ahora estás por tratar de otro régimen político, aun antes de haber discutido suficientemente esos puntos, nos pareció, oyéndote, no dejarte ir antes de que expliques todo esto como lo demás. [450a] Pues a mí, añadió Glaucón, ponedme entre los que votan por ello. [450a] No te preocupes, dijo Trasimaco; Sócrates, ten esta opinión cual de todos nosotros. [450a] I. ¿Qué hacéis, dije, asaltándome así? ¡Qué discusión, cual si principiáramos, removéis acerca del régimen político! Me alegraba ya cual si la hubiésemos pasado, y me contentaba de que se la dejara ir, aceptando lo que entonces se dijo. Llamándola ahora vosotros, no sabéis qué enjambre de razones azuzáis. Viendo lo cual lo dejé yo entonces correr para que no nos diera gran molestia. [450b] Pero ¿qué?. dijo Trasímaco, ¿crees que los aquí presentes hemos venido a «fundir oro», y no a escuchar razones? [450b] Sí, repliqué, mas con medida. [450b] La medida, Sócrates, dijo Glaucón, es, para los sensatos, oír tales razonamientos toda la vida. Lo de “nuestro” déjalo correr; mas sobre lo que preguntamos no te canses de explicar cómo te parezca qué será esa comunidad para nuestros guardianes, hijos y mujeres, y la crianza de los aun hace poco nacidos que ocupa el tiempo intermedio entre nacimiento e instrucción primaria, que parece ser de grandísimo trabajo. Trata, pues, de explicar de qué manera ha de hacerse. [450c] No es fácil, feliz de ti, respondí, exponerlo, porque es más dificultoso de aceptar que lo anteriormente expuesto. Porque si se dice ser posible, se desconfía de ello; y si que, de realizarlo sobre todo, sería lo mejor, de ello también se desconfiará. Por esto precisamente me resisto a tocar este punto: para que el razonamiento no parezca, querido compañero, piadoso deseo. [450d] No te resistas, dijo; porque quienes te oímos no somos ni ignaros ni desconfiados ni maliciosos. [450d] Y yo contesté: Optimo, ¿lo dices queriéndome animar? [450d] Por cierto, pues, dije, que haces lo contrario. De estar yo confiado de saber lo que digo, bello fuera animarme, porque hablar ante sensatos y amigos acerca de lo más importante y querido, conociendo la verdad, se hace de manera segura y decidida; mas hacer un razonamiento quien desconfía y está aún investigando, que es lo que yo estoy haciendo, hácese con miedo e inseguridad, no sea que se caiga en ridículo; esta es niñería; mas no lo es errar en punto a la verdad no sólo uno mismo sino además arrastrar consigo a los amigos en lo que menos se ha de errar. Pide, Glaucón, a Adrasteia benevolencia por lo que voy a decir; porque espero se tenga por error menor resultar asesino involuntario de alguien que engañar a alguien sobre la belleza, bondad y justicia legales. Es mejor correr tal peligro respecto de enemigos que de amigos, de manera que bien me animas. [451b] Y Glaucón riéndose dijo: Sócrates, si por este razonamiento nos pasa el errar en algo, te absolvemos de asesinato y declaramos limpio y no engañador nuestro. [451b] Adimanto: pues, y habla. [451b] Por cierto, dije, que el absuelto está puro, cual dice la ley; es verosímil que en este caso sea como en aquél. [451b] Precisamente, pues, por esto, habla, dijo. [451b] Es preciso, pues, dije, volver a hablar ahora de lo que entonces tal vez se debió hablar como continuación. Según esto sería correcto, después de haber terminado perfectamente con el drama varonil, terminar a su turno con el femenino, especialmente ya que tú me incitas a ello. [451c] II. Para hombres nacidos y educados, tal cual los describimos, no hay, en mi opinión, otra manera correcta de posesión y uso de hijos y mujeres sino la de que sigan aquella directiva que al comienzo les impusimos; tratamos de constituir "de palabra” a aquellos varones en guardianes de rebaño. [451d] Sigamos, pues así; y dándoles a ellas parecida constitución y crianza veamos si es o no es conveniente para nosotros. [451d] Así: ¿creemos que las perras de guardia han de hacer la guardia cual los machos, vigilar y cazar con ellos y hacer en común lo demás o bien cuidarse del interior de la casa, por imposibilitadas de más a causa de la cría y crianza de los cachorros? ¿Empero, que los machos trabajen y tengan a su cuidado todo lo demás de los rebaños? [451e] Todo en común, dijo; sólo que nos sirvamos de ellas como de más débiles; y de estotros, cual de más fuertes. [451e] ¿Mas es posible, añadí, servirse para lo mismo de un animal cualquiera si no se le da la misma crianza y amaestramiento? [451e] No es posible. [451e] Luego si han de servirnos para lo mismo mujeres y varones, hay que darles la misma enseñanza. [452a] A ellos se les dio música y gimnástica. [452a] Luego a las mujeres hay que darles esas dos artes, y además la referente a guerra, y servirnos de ellas para lo mismo. [452a] Es natural, por lo que dices, añadió. [452a] Tal vez, proseguí, parezcan ridículas y desacostumbradas muchas cosas de las dichas, si se practican como se ha dicho. [452a] Y mucho, dijo. [452a] ¿Qué es, añadí, lo más ridículo de todo ello? ¿O no está claro ser el que las mujeres, desnudas, se ejerciten desnudas en las palestras junto a los varones, no sólo las jóvenes, sino aun las viejas, cual lo hacen en los gimnasios los viejos, cuándo, arrugados ya y no agradables de ver, les da, no obstante, por acudir a los gimnasios? [452b] ¡Por Júpiter!, dijo; porque tal cual están las cosas parecería evidentemente ridículo. [452b] Pues bien; ya que, proseguí, nos hemos metido a hablar no hemos de temer las burlas de los graciosos, digan lo que dijeren respecto de ese cambio en cuanto a gimnasios, música y, no menos, en cuanto a tenencia de armas y montar a caballo. [452c] Hablas correctamente, dijo. [452c] Mas puesto que hemos comenzado a hablar, vayamos a lo más duro de la ley, pidiéndoles a los tales que no «hagan lo suyo», sino lo tomen en serio y recuerden que, no hace mucho tiempo, desde que les parecía a los griegos feo-y vergonzoso, la que an hoy se lo parece a la mayoría de los bárbaros: ver desnudos a los hombres; mas cuando primero los cretenses comenzaron con gimnasios, y después los Espartanos, los chistosos de entonces podían tomar todo esto a comedia, ¿O no crees? [452d] Yo, sí, por cierto. [452d] Mas cuando, creo, a los que se ejercitaban les resultó evidentemente mejor hacer todo eso desnudos en vez de encubiertos, lo ridículo a los ojos se desvaneció bajo el poder de lo mejor, tal cual lo declaraba la razón. Y quedó de manifiesto ser un casquivano quien tiene por ridículo algo distinto de lo malo; y que quien se mete a hacer reír mirando a cualquier espectáculo, cual ridículo —si no es el espectáculo de lo insensato y malo— es que se interesa, al hacerlo, por otra finalidad distinta de la del bien. [452e] De todo en todo así es, dijo. [452e] IV. Pues bien: ¿no nos hemos de convenir, primero, acerca de esto: si es posible o no, y darlo a discusión —sea de quienquiera ponerlo en duda o por ganas de bromear O En serio—, si es capaz la naturaleza humana de la hembra de tomar parte con la del género masculino en todos los trabajos, o ni en uno; o si lo es para algunos sí, para otros no, y a cuál clase de ellos pertenece precisamente el de la guerra? Quien así tan bellamente comience, ¿no es verosímil que bellisimamente termine? [453a] Y mucho. [453a] ¿Quieres, pues, proseguí, que nosotros nos pongamos a dudar entre nosotros en favor de ellos a fin de que no sitiemos, cual ciudad vacía, la de la otra sentencia? [453b] Nada lo impide, dijo. [453b] Hablemos, pues, en favor de ello: "No hace falta. Sócrates y Glaucón, que otros pongan en duda lo nuestro, porque vosotros mismos, al comenzar la fundación de la Ciudad que fundasteis, convinisteis en que era preciso que cada uno hiciera, según su natural, su propio quehacer”. [453b] Convinimos en ello, creo; pues ¿cómo no? [453b] “¿No se diferencian grandísima y naturalmente mujer de varón?”. [453b] Pero, ¿cómo no se van a diferenciar? [453b] “¿No habrá, pues, que ordenarles a cada uno obra diferente: la propia de su naturaleza?”. [453b] “¿Cómo, pues, no estáis ahora errando y diciendo lo contrario a vosotros mismos al afirmar que varones y mujeres han de hacer lo suyo, teniendo una naturaleza absolutamente diversa?”. ¿Tienes, admirable, algo con qué defenderte contra esto? [453b] Así, de repente, dijo, no es cosa sencilla; mas te pediré, te pido expliques en favor de muestro razonamiento lo que tal vez es. [453b] Esto es, añadí, Glaucón, esto y otras cosas tales lo que, viéndolo desde hace rato, me hacía temer y retenía de poner manos sabre esa ley acerca de la posesión y crianza de mujeres y niños. [453d] No, por Júpiter!, dijo, no parece cosa fácil. [453d] Pues no, añadí; la cosa se ha así: si alguien cae en pequeña piscina o si cae a mitad del inmenso mar, ¿no menos se pone a nadar? [453d] Y mucho. [453d] Así que también nosotros hemos de nadar y tratar de salir a salvo del razonamiento, sea que esperemos nos tome sobre sí un delfín, a cualquier otro extraño medio de salvación. [453e] Bien, pues, añadí, veamos si hallamos alguna salida. [453e] Convinimos en que naturaleza diferente requiere ocupación diferente, y en que la naturaleza de la mujer es diferente de la del varón. Empero, afirmamos ahora que naturalezas diferentes han de tener las mismas ocupaciones. ¿Esto es lo que vosotros impugnáis? [454a] ¡Peculiar poder, Glaucón, añadí, el de la arte contradictoria¹ Que, expliqué, me parecen caer en ella contra su voluntad muchos, y creerse que no disputan sino que dialogan por no poder, dividiendo según eídoses, considerar lo tratado. [454a] sino perseguir, apegándose al nuevo nombre, contradecir al locutor, sirviéndose de disputa, no de diálogo mutuo. [454a] Efectivamente, dijo, tal pasa a muchos; pero, ¿va por nosotros esto mismo al presente? [454a] De todo en todo, repliqué; y corremos el peligro de, involuntariamente, echar mano de la contradictorería. [454b] En que a eso de “a la que no sea la misma naturaleza no han de atribuírsele las mismas ocupaciones” lo perseguimos, apegándonos al mero nombre de manera varonil y disputadora; mas no ponemos a consideración cuál es el eidos de lo de “diferente y de la misma naturaleza”, ni dirigiendo la atención a qué definimos entonces cuándo hay que dar ocupaciones diversas a naturaleza diversa, y las mismas a la misma. [454b] Pues no lo hemos puesto a consideración, dijo. [454b] Por lo cual, proseguí, es conveniente, al parecer, nos preguntemos a nosotros mismos si es la misma naturaleza o contraria la de calvos y melenudos; y, cuando hayamos convenido en que es contraria, si los calvos hacen de zapateros, no permitirlo a los melenudos; y, al revés, si los melenudos, no a los otros. [454b] Ridículo fuera sin duda, dijo. [454b] . Mas, ¿por qué sería ridículo, proseguí, sino porque no pusimos entonces perfectamente qué era ser la misma, qué diferente, naturaleza, sino guardamos únicamente el eidos de semejanza en relación precisamente hacia las ocupaciones? Cual decíamos que un médico y uno que tenga espíritu médico tienen la misma naturaleza. ¿O no lo crees? [454d] Yo sí, por cierto. [454d] Mas, ¿es diversa la de médico y la de carpintero? [454d] V. Si, pues, proseguí, apareciere que el género masculino y el femenino se diferencian respecto de arte o de otra ocupación, diremos que habrá de dársela a uno o a otro. Mas si apareciere que se diferencian precisamente en esa de que la hembra pare y el macho engendra, no diremos en modo alguno que quede demostrado el que respecto de lo que decimos se diferencia la mujer del varón, sino que continuaremos pensando haber de ocuparse de lo mismo nuestros guardianes y sus mujeres. [454e] Y correctamente, dijo. [454e] Después de lo cual exijámosle al contradictor que nos - muestre para qué arte u ocupación de las de Ciudad las disposiciones naturales no son las mismas, sino diferentes, en mujer y varón. [454e] Es justo, pues. [454e] Tal vez, cual tú decías un poco antes, diría también otro que no es fácil de responder así de sopetón de manera satisfactoria, mas no le es difícil en modo alguno a quien lo considere. [454e] Lo diría tal vez. [454e] ¿Quieres, pues, que pidamos a quien en esto nos contradice que nos acompañe en nuestra demostración de que no hay ocupación peculiar de la mujer respecto de la administración de Ciudad? [455b] Vamos, pues, le diremos, responde: ¿no llamarías precisamente a uno biendotado para algo, a otro maldotado para eso según que aquél aprendiera algo fácilmente y estotro dificultosamente? Y que aquél, después de breve aprendizaje. [455b] inventara algo más de lo que aprendió; ¿mas estotro, después de largo aprendizaje y cuidado, ni tan sólo conservara lo que aprendió?; que en aquél el cuerpo sirve perfectamente a la mente; ¿mas en el otro, se le opone? ¿Hay fuera de estas otras notas por las que definir al biendotado para cada cosa respecto del que no lo está? [455c] Nadie dirá que haya otras, respondió. [455c] ¿Sabes de otra profesión humana en la que el género masculino supere en todo esto al femenino? ¿O nos dilatamos hablando de la arte textil, de la de pasteles y condimentos en los que, al parecer, el género femenino es algo, y en que ser vencido le resultaría lo más ridículo de todo? [455d] Es verdad lo que dices, añadió; porque en todo eso. para decir lo que se dice, predomina en grande un género sobre el otro. Por cierto, muchas mujeres son, para muchas cosas, mejores que los varones; pero, en conjunto, es como lo dices. [455d] Luego, querido, no hay oficio, dentro de la administración de Ciudad, que sea propio de la mujer por ser mujer ni del varón por ser varón; sino que, de manera semejante, están las dotes naturales distribuidas en ambos sexos; y, por naturaleza, la mujer toma parte en todos los oficios, y en todos el varón, aunque, en todo, sea la mujer más débil que el varón. [455e] ¿Así, pues, encargaremos de todo a los varones; mas de nada a las mujeres? [455e] Y ¿cómo? [455e] Porque hay, creo, afirmaremos, mujer dotada naturalmente para medicina; otra, no; y para la música; y otra, inmúsica. [455e] ¿No hay una que es gimnasta y guerrera; mus otra, no guerrera, y sin amor a la gimnasia? [455e] Yo lo creo así. — Pero ¿qué?; ¿alguna, filósofa o misósofa?; ¿y corajuda o sin coraje? [455e] Las hay también en esto. [455e] ¿Hay, pues, también mujer guardiana; otra, que no? ¿No es por tales dotes naturales que hemos escogido a los varones para guardianes? [455e] Por esas, ciertamente. Luego respecto de la guardia de Ciudad, es una misma 1 de mujer y de varón, sólo que es o más débil fuerte. Es evidente. ' VI. Luego tales mujeres han de ser escogidas para y coguardar con tales varones, ya que están bienson de la misma naturaleza que ellos. Absolutamente. Mas los mismos oficios, ¿no han de darse a las mismas Los mismos. Luego hemos llegado, tras una vuelta, a lo primero, y en no ser contranaturaleza el que las mujeres de guardianes se den a música y gimnástica. De todo en todo así es. Luego no pusimos de ley lo imposible ni algo parecido piadosos deseos, puesto que pusimos de ley algo según más bien lo actual, que contra esto va, es contraal parecer. Lo parece. ¿No era también de considerar si lo llamaríamos posible Pues sí. ¿Y que queda convenido ser posible? Sí. Y qué es lo mejor, ¿no nos queda el deber de convenir a continuación en ello? Evidentemente. así que, para que una mujer resulte guardiana, no será educación la que haga guardianes a los varones; y otra, que a las mujeres, especialmente porque se halla en la naturaleza. No otra. ¿Cuál es tu opinión respecto de esto? [456d] ¿De qué? [456d] De suponer según tú haber un varón mejor, otro peor; ¿o tienes a todos por iguales? [456d] En modo alguno. [456d] Pues bien, en la Ciudad que hemos fundado, ¿crees que obtendremos sean los mejores guardianes los varones formados según la educación que describimos, o lo sean los zapateros educados en zapatería? [456e] Lo comprendo, respondí. Pero ¿qué?; respecto de los demás ciudadanos; ¿no son aquéllos los mejores? [456e] Con mucho. [456e] Pero ¿qué?, sus mujeres, ¿no serán ellas también las mejores entre las mujeres? [456e] Y mucho también, dijo. [456e] ¿Hay algo mejor para Ciudad que engendrarse en ella mujeres y varones, cuanto mejores mejor? [456e] No lo hay. [456e] ¿Mas harán precisa y perfectamente eso música y gimnástica, adquiridas tal cual las describimos? [457a] Pero, ¿cómo no? [457a] Luego pusimos de ley algo no sólo posible sino aun lo mejor para Ciudad. [457a] Habrán, pues, de desnudarse las mujeres de los guardianes, ya que la virtud las recubrirá, en vez de los vestidos; y habrán de tomar parte en la guerra y demás guardias propias de la Ciudad, sin otro quehacer. Pero ha de darse de todo ello lo más ligero a las mujeres, y no a los hombres, por la debilidad de su género. En cuanto a varón que se ría a la vista de mujeres desnudas que hacen gimnasia para perfeccionarse en bien «corta no aún madura el fruto de lo ridículo»; no sabe, al parecer, ni de qué se ríe ni qué hace, porque bellísimamente se dice y se dirá precisamente que «lo útil es bello; mas lo perjudicial, feo». De todo en todo así es. VII. He aquí que, con esto. hemos cual escapado de primera oleada, sin resultar del todo ahogados, diciendo que han de ser comunes todos los oficios l guardianes y guardianas; mas, ¿que el razonamiento mejor consigo mismo, al decir que es posible. Y de grande y no pequeña oleada escapaste, dijo. No dirás que sea grande, añadí, cuando veas la siguiente. Dila, véasela, añadió. A ésta y demás leyes anteriores sigue, añadí, estotra: ¿Cuál? Que tales mujeres, las de todos tales varones, todas sean y ninguna cohabite en particular con ninguno; y las a su vez, comunes: que ni el padre sepa cuál es hijo ni el niño quién es su padre. Cosa más difícil de aceptar es esta ley que aquélla, y referente a su posibilidad y utilidad. No creo, proseguí, que haya mayores dudas respecto de utilidad: de que no sea grandísimo bien el que sean las mujeres y comunes los niños, en caso de que factible; mas pienso que sobre lo de posible o no surgirán dudas. Sobre ambas, dijo, se dudaría mucho y bien. Estás tratando, dije yo, de reunir razonamientos; mas pensaba escabullirme de uno de los dos, si te pareciera restándome sólo el de sobre posibilidad o no. Mas no se ocultó tu huida, dijo; da, pues, razón de Soportaré el justo castigo, dije; hazme, con todo, este permitirme un regodeo, cual los perezosos de mente suelen regodearse cuando pasean a solas. Porque los antes de haber hallado la manera de obtener lo que dejando aparte, para no causar la voluntad, eso si posible o no, dan por hecho lo que quieren; disponen ya sobre lo restante y se regocijan recontando lo que harán cuando se realice, volviéndose perezosos, y especialmente perezosa su alma que ya lo era mucho. Pues yo también me siento ya flojo, y deseo diferir para ulterior consideración eso de “si posible”. Mas ahora, poniendo que sean posibles, consideraré, si lo consientes, cómo los gobernantes ordenarán lo que, llevado a la práctica sería lo más beneficioso de todo para la Ciudad y los guardianes. Trataré, contigo, de examinarlo primero; después, lo demás, si lo permites. [458b] Pues lo permito, dijo; ponlo a consideración. [458b] Creo, pues, proseguí, que si los gobernantes van a ser dignos del hombre, y parecidamente sus auxiliares, éstos estarán dispuestos a realizar lo ordenado; aquéllos, a ordenar; obedeciendo aquellos mismos las leyes en algo, en otras cosas imitándolas, en cuantas se las hayamos encomendado. [458c] Es verosímil, dijo. [458c] Pues bien: tú, el legislador, proseguí, así como escogiste 1 los varones, así también, escogiendo a las mujeres, les entregarás a ellos las por su natural más semejantes posible. Por participar de comunes cosa y mesa, y no poseer nada de nada en privado, vivirán juntos, y mezclándose, a la vez y por necesidad, en gimnasios y demás ejercicios guiados, por natural necesidad llegarán, tal creo, a unirse unos con otras. ¿No te parece digo cosas necesarias? [458d] No con necesidad geométrica, respondió, sino con amorosa, que se da el caso de ser la más transverberante saeta para persuadir y arrastrar a la multitud de humanos. [458d] VII. Y mucho, añadí; mas, después de esto, Glaucón, dejar que se mezclen entre sí sin orden ni concierto, a que hagan cualquiera otra cosa no fuera ni piadoso en Ciudad de bienaventurados, ni lo van a permitir los gobernantes. [458e] Porque no fuera justo, dijo. [458e] Es evidente, pues, que, a continuación, haremos matrimonios, en lo posible cuanto más sagrados mejor. Y serían sagrados los más beneficiosos. [458e] De todo en todo así es. [459a] Pero, ¿cómo serán los más beneficiosos? Esto, dímelo tú, Glaucón, porque veo en tu casa perros de caza y gran cantidad de pájaros nobles. ¡Por Júpiter!: ¿te fijaste algo en sus acoplamientos y producción de crías? [459a] ¿En qué especialmente?, preguntó. [459a] Primero de todo, aun siendo nobles, ¿no hay algunos que resultan mejores? [459a] Los hay. [459a] ¿De todos por igual sacas crías, o te empeñas en que procedan sobre todo de los mejores? [459a] De los mejores. [459b] Pero, ¿qué?: ¿de los más jóvenes o de los más viejos, o sobre todo de los maduros? [459b] De los maduros. [459b] Y si no los criaras así, ¿no crees que empeoraría grandemente el género de pájaros y de perros? [459b] Pero, ¿qué de caballos, añadí, y de los demás animales? ¿Se han de otra manera? [459b] ¡Caramba!, exclamé, querido compañero, qué eminentes han de ser nuestros gobernantes si aun para el género de los humanos las cosas son así! [459b] Pues así son, dijo; pero ¿qué? [459b] Que les será necesario, añadí, echar mano de muchos remedios. Para los cuerpos de quienes no piden remedios sino que quieren obedecer a una dicta, creemos basta con un médico, aun el más corriente. Mas cuando se haya de recetar medicamentos, sabemos que hace falta de médico, y del más decidido. [459b] Es verdad. Pero, ¿por qué lo dices? [459b] Por esto, respondí: corremos el riesgo de que los gobernantes hayan de necesitar casi continuamente el servirse de mentiras y engaños en favor de los gobernados. Mas dijimos que todo esto hay que utilizarlo bajo eidos de medicamento. [459d] Y correctamente, dijo. [459d] En los matrimonios y procreación de hijos parece resulte precisamente esto correcto, y no en pequeño grado. [459d] Es preciso, proseguí, según lo convenido, que los mejores yoguen con las mejores cuantas más veces mejor; pero los maldotados con las maldotadas, lo contrario; y criar los hijos de aquéllos; no las de éstos, si el rebaño ha de ser excelentísimo. Y que todo esto, realizado, quede oculto para todos menos para los gobernantes mismos, si es que el rebaño de los guardianes ha de estar, sobre todo, libre de disensiones. [459e] Pues bien: habráse de imponer por ley algunas fiestas en que se congreguen casaderas y casaderos, y sacrificios, e himnos a componer por nuestros poetas, apropiados a los matrimonios futuros. En cuanto al número de matrimonios quede en manos de los gobernantes, para que mantengan sobre todo el mismo número de varones, teniendo presente guerras, enfermedades y casos tales, y que, en lo posible, nuestra Ciudad no se haga ni grande ni pequeña. [460a] Han de hacerse sorteos sutiles de modo que un maldotado encause, por cada coyunda, a la suerte, pero no, a los gobernantes. [460a] Y mucho, dije. [460b] IX. Y a los que de entre los jóvenes resulten buenos en guerra u otros casos, hay que darles, además de honores y otras recompensas, una más frecuente licencia de acostarse con mujeres a fin de que, con tal pretexto, resulte de ellos gran sementera de hijos. [460b] En cuanto a los hijos, conforme vayan naciendo los recibirán funcionarios públicos establecidos para ello, sea de varones o de mujeres o de ambos sexos, porque las funciones son comunes a mujeres y a varones. [460b] Es mi opinión que los hijos de los buenos, una vez recibidos en la casa-cuna, se los lleve a donde nodrizas que L habitan fuera, en cierto barrio de la Ciudad; mas los de los maldotados, y si resulta deforme alguno de los otros, se los oculte, cual conviene, en lugar secreto e inaccesible. 1 Si, dijo, ha de ser puro el género de los guardianes. [460b] Se ocuparán además de la alimentación; y llevando a las madres a la casa-cuna cuando se sientan lactíplenas, se darán toda clase de trazas para que ninguna note cuál es el suyo; y si no fueran capaces de amamantarlos, les proporcionarán otras que tengan leche; y cuidarán solícitamente, en estos casos, de que el tiempo de amamantar dure lo debido; y descargarán a nodrizas y criadas de vigilias y otros trabajos. [460d] Gran comodidad en la maternidad, añadió, para las mujeres de los guardianes, a tenor de lo que dices. [460d] Pues es conveniente, proseguí. Continuemos con lo propuesto. Dijimos que los hijos han de proceder de los maduros. [460d] Es verdad. [460e] ¿No piensas conmigo que el tiempo justo de la madurez es veinte años para la mujer y treinta para el varón? [460e] De ellos, ¿cuáles?, dijo. [460e] Para la mujer, respondí, comenzar a dar hijos a la Ciudad desde los veinte años a los cuarenta; mas para el varón, desde pasado «el ápice extremo de la carrera»; desde él, que engendre para la Ciudad hasta los cincuenta y cinco años. [460e] Tal es, para ambos sexos, dijo, el ápice de cuerpo y de mente. [460e] Si, pues, alguien, de mayor edad, o de menor, se mete a engendrar para la comunidad, afirmaremos que tal yerra no es ni piadoso ni justo, por crearle a la Ciudad un hijo que, al entrar de matute en ella, no nacerá a tono con los sacrificios y plegarias que sacerdotisas y sacerdotes y la Ciudad entera hacen en favor de cada matrimonio: que de buenos nazcan siempre mejores hijos y de útiles otras más útiles; empero, estotro habrá sido engendrada a oscuras y en terrible intemperancia. [461b] La misma ley, continuó, para el caso de que alguno de los aún en edad de procrear se ayunte, sin unirlos el magistrado, con una mujer en edad, porque afirmaremos que está trayendo a la Ciudad un hijo bastardo, sin esponsales y sin consagración. [461b] Mas cuando, tal pienso, las mujeres y los varones pasen de la edad de procrear, les dejaremos que ellos se ayunten a quien quieran, a excepción de hija, madre, hijas de hijas y ascendientes de la madres: y a las mujeres, lo mismo, exceptuando hijo, padre y descendientes y ascendientes de ellas. Mas dándoles en esto licencia, han de empeñarse sobre todo en no traer a la luz, caso de concebirse, ninguna criatura; mas en caso de que llegare, hacerse cuenta de que no hay para el tal crianza oficial. [461c] También esto está ajustadamente dicho, añadió. Mas, ¿cómo discernirán unos de otros padres e hijas y lo demás de que hablabas? [461d] No habrá cómo, dije; mas, a partir del día en que uno de los guerreros sea novio, cuantos hijos nazcan después de ese día en el décimo o séptimo mes, llamará a todos ellos: a los varones, “hijos”; a las hembras, “hijas”; y ellos y ellas, a él “padre”; y parecidamente a los hijos de éstos y éstas, “hijos de hijos”. Mas a los nacidos dentro del tiempo en que las madres y padres de ellos procreaban, llamarán “hermanas y hermanos”; de esta manera, lo que estábamos ahora diciendo, que no haya ayuntamiento entre ellos. Mas la ley dará permiso para cohabitar a hermanos y hermanas, si la suerte les cae y la Pitia lo admite. [461e] X. Tal será, Glaucón, y de tal manera, para los guardianes de la Ciudad la comunidad de mujeres y de hijos. Que sea consecuente con lo restante del régimen político y, con mucho, lo mejor, es lo que hace falta, después de aquello, reforzar con razonamiento. ¿O cómo la haremos? [462a] Así, por Júpiter!, dijo. [462a] Pues, ¿no ha de ser el principio de nuestro acuerdo éste: explicarnos a nosotros mismos y decir cuál tenemos por máximo bien para la organización de la Ciudad, mirando al cual debe el legislador imponer las leyes; y cuál, el máximo mal; después, poner a consideración si lo que hemos descrito nos coajusta con las huellas de lo Bueno; y nos desajusta, de las de lo malo? [462a] Esto más que nada. [462a] ¿Tenemos por el mal mayor para Ciudad el que la escinde y hace de una muchas? ¿O por el bien mayor el que la colígue y haga una? [462b] Pues bien: la comunidad de placer y pena, ¿no coliga, sobre todo, cuando todos los ciudadanos se alegran y apenan igualmente de los mismos éxitos y desgracias? [462b] De todo en todo, respondió. [462b] Mas el particularismo en todo eso disuelve, cuando unos exageradamente sufren o se regocijan de los mismos sucesos de la Ciudad y de quienes en ella están. [462c] Pero, ¿cómo no? [462c] Pues bien: ¿no proviene precisamente eso de que se pronuncian a la vez en la Ciudad frases como “lo mío, lo no mío”? ¿Y por la misma manera respecto de lo ajeno? [462c] Efectivamente así es. [462c] Mas cualquier Ciudad en que la mayoría diga "lo mío y lo no mío” respecto de lo mismo y de la misma manera, ¿no está administrada, precisamente ella, de la mejor manera? [462c] Y mucho, por cierto. [462c] ¿Y qué de la que se aproxime cuanto más mejor al individuo humano? Cuando, por ejemplo, el dedo de alguien recibe un golpe, la comunidad entera, que se extiende desde el cuerpo hasta el alma, dando una orden el de gobernante en ella, lo siente y conduélese, a la vez, toda entera por la pena de una parte; y así decimos que al hombre le duele el dedo; y respecto de cualquier otra parte del hombre, la misma razón: que el hombre sufre por el padecimiento de una parte y se deleite por el alivio de ella. [462d] Es la misma razón, dijo; y en cuanto a eso que preguntas, la Ciudad mejor regida se administra de una manera cuanto más próxima al individuo mejor. [462d] Así que al pasarle, creo, cualquier cosa, buena o mala, a uno de los ciudadanos, dirá sobre todo una tal Ciudad que es a ella a quien le pasa, e íntegra se alegrará o apenará. [462e] Necesariamente, la bien regulada, dijo. [462e] XI. Tal vez sería ya tiempo, proseguí, de que volvamos a nuestra Ciudad, y de considerar, respecto de lo convenido según el razonamiento, si lo posee sobre todo ella; y si otra, mejor. [462e] Pues ha de hacerse, dijo. [463a] Pues ¿qué?: ¿Hay en las demás Ciudades gobernantes y pueblos?; ¿los hay también en ésta? [463a] Los hay. [463a] Se llamarán todos ellos, unos a otros, "“ciudadanos”. [463a] Pero, ¿cómo no? [463a] Mas, aparte de eso de "ciudadanos”, ¿qué nombre da el pueblo en las demás a los gobernantes? [463a] Por cierto que en las más, el de "déspotas”; pero en las democráticas, ese mismo nombre: ¿el de “gobernantes”? [463a] Mas en nuestra Ciudad, ¿además de “ciudadanos”, qué dice el pueblo son los gobernantes? [463b] Salvadores y defensores, dijo. [463b] Y éstos, ¿qué, respecto del pueblo? [463b] Asalariados y alimentados por él. [463b] Pero y en las demás Ciudades, ¿qué nombre dan las gobernantes a sus pueblos? [463b] El de esclavos, dijo. [463b] Y ¿los gobernantes entre si? [463b] Pero, ¿y los nuestros? [463b] Puedes decirme, respecto de los gobernantes en las demás Ciudades, si uno puede llamar de entre los cogobernantes a uno pariente; a otro, extraño. [463b] Los hay y muchos. [463b] ¿Así que al pariente lo tendrá por, y dirá de él que es algo, suyo; mas al extraño, como no suyo? [463c] Pero, ¿qué para ti respecto de los guardianes? Hay alguno que tenga por, y diga de uno de los coguardianes que es extraño. [463c] En modo alguno, dijo; porque con cualquiera que se encuentre pensará encontrarse o con hermano o hermana o padre o madre o hijo o hija o con alguno de sus descendientes o de sus progenitores. [463c] Bellísimamente dicho, añadí. Pero respóndeme además a esto: ¿les impondrás por ley tan sólo el empleo de los nombres familiares, o el hacer todas las acciones correspondientes a los nombres; respecto de los padres, cuanto la ley sobre padres manda: reverencia, cuidados y debida obediencia a progenitores; de manera que, si hiciere algo diferente de esto, nada de bueno le vendrá ni de dioses ni de hombres, por no obrar ni piadosa ni justamente? ¿Estas u otras diferentes sentencias, proferidas por todos los ciudadanos, han de resonar inmediatamente en los vidas de los niños, cual himnos, acerca de quienes se les declare ser sus padres y sus demás parientes? [463e] Estas precisamente, dijo; porque sería ridículo si, sin obras, los nombres familiares estuvieran tan sólo en las bocas. [463e] Luego, de entre todas las Ciudades, en ésta resonará a coro, cuando a uno le vaya bien o mal, la frase que acabamos de decir: "a mí me va bien, o a mí me va mal”. [464a] Pues bien: ¿no decíamos que, a tenor con esta definida opinión y frase, se acompañen en común placeres y penas? [464a] Y lo dijimos correctamente. [464a] Pues bien: ¿no tendrán, sobre todo, en común nuestros ciudadanos eso que llamarán “mío”? Y, teniendo eso en común, ¿tendrán parecidamente en comunidad total penas y placeres? [464a] Y mucho. [464a] ¿No es, pues, la causa de esto, además de lo restante de la constitución, la comunidad de mujeres e hijos entre los guardianes? [464a] Mucho, y aun muchísimo, dijo. [464b] XII. Pues bien: convinimos en que éste precisamente era el máximo bien para Ciudad, al comparar Ciudad bien administrada con un cuerpo respecto de cómo se comporta en cuanto a dolor y placer de una parte suya. [464b] Y correctamente convinimos en ello, dijo. [464b] Luego ha quedado patente que la causa para la Ciudad de tal máximo bien es la comunidad de hijos y mujeres entre los auxiliares. [464b] Y mucho, dijo. [464b] Y convinimos además con lo anterior, porque dijimos que no han de serles de propiedad privada ni casas ni tierra Di posesión alguna, sino, recibiendo cual salario por su guarda la alimentación, gastarán todo en común, si han de ser, en realidad de verdad, guardianes. [464c] Lo anteriormente dicho y lo dicho ahora, ¿no hace aún más lo que digo: que sean verdaderos guardianes, y que no escindan la Ciudad, dando el nombre de “mío”, uno a una cosa; otro, a otra; llevándose uno a la casa propia lo que pueda poseer aparte de los demás; y otro, a la suya propia, poseyendo mujer e hijos diferentes que, siendo propios, le den placeres y dolores propios? Mas si tienden todos a lo mismo con unidad de opinión sobre lo propio, ¿no compartirán en lo posible penas y placeres? [464d] Efectivamente así es, dijo. [464d] Pero ¿qué?: procesos judiciales y acusaciones mutuas, ¿no desaparecerán sin más porque, por decirlo así, no poseen ellos nada propio fuera de su cuerpo, y lo demás es común? De lo cual resultará no haber entre ellos discusiones de esas que surgen entre los hombres por poseer dineros, hijos y parientes. [464e] Por gran necesidad desaparecerán, dijo. [464e] Y por cierto no habrá entre ellos justamente juicios mi por violencias ni por maldades. Afirmaremos que defenderse los de una edad con los de la misma es bello y justo, estableciendo cual necesario el cuidado de los cuerpos. [465a] Y esto tiene de bueno, añadió, esta ley que si, por acaso, uno se encoleriza con otro, satisfaciendo la cólera, entonces mismo pasará menos a mayores disensiones. [465a] Pues así es. [465a] Se ordenará además que el más viejo gobierne y castigue a todos los más jóvenes. [465a] Además: que, a no ser lo ordenen los gobernantes, uno más joven no ose hacer violencia jamás ni pegar, como es natural, a uno más viejo; mas ni faltarle al respeto de otra manera, pienso, porque son suficientes para impedirlo un par de guardianes: temor y reverencia; reverencia que refrena de poner las manos sobre quienes son cual padres; temor, de que vayan en auxilio del atacado los demás; unos, por ser cual hijos; otros, cual hermanos; otros, cual padres. [465b] ¿De todos modos las leyes aportarán paz mutua a tales varones? [465b] Y mucha, dijo. [465b] Mas si ellos no se dividen en facciones, no hay que temer que el resto de la Ciudad se escinda en ellas, ni contra ellos ni ellos entre sí. [465b] Pues así es. [465b] Respecto de males pequeñísimos, de los que se librarían, casi no vale la pena ni aun de hablar: adulancias a los ricos, apuros de los pobres y padecimientos que pasan en la crianza de los hijos, apuros económicos por el necesario sustento de los familiares: tomar prestado, negar deudas, aprovisionarse como sea y ponerlo en manos de mujeres y servicio, entregárselo a administrar, y tantas y tantas cosas, querido, que en esto pasan, patentes, innobles y nada dignas de mencionarse. [465d] XTIT Patentes, dijo, aun para un ciego. [465d] Libres de todo esto, vivirán aun una vida más feliz que la que viven los vencedores en Olimpia. [465d] La felicidad de éstos es una parte pequeña de la que aquéllos tienen. Porque la victoria de aquéllos es más bella que la de éstos, y la manutención que del pueblo reciben es más completa, porque vencen con una victoria que es salvación de la Ciudad entera; nutrimento y todo lo demás de que necesita la vida recíbenlo ellos y sus hijos; aún en vida cólmalos su Ciudad de premios y, una vez muertos, dales la debida sepultura. [465e] Mucho y bellamente debida, dijo. [465e] Recuerda, proseguí, que, anteriormente, no sé las palabras de quién nos reprochaban de no hacer bienaventurados a los guardianes, quienes pudiendo tener cuanto tienen los demás ciudadanos, nada tenían. Pero nosotros dijimos entonces que, en su oportunidad, lo reconsideraríamos; que, por El momento, estábamos haciendo guardianes a los guardianes; y a la Ciudad, lo más bienaventurada posible; mas que eso de “bienaventurado” no lo determinaríamos mirando en ella a una sola clase. [466a] Me recuerdo, dijo. [466a] Pues bien, ahora nos pareció evidente que la vida de los auxiliares era con mucho más bella y mejor que la de los vencedores en Olimpia; ¿nos parecerá de algún modo comparable con la vida de los zapateros, de los otros artesanos y con la de los agricultores? [466b] No me lo parece, dijo. [466b] Par cierto que lo que allá se dijo, justo es se lo repita aquí: que si el guardián intenta hacerse bienaventurado de modo que ya no sea guardián, ni le satisfaga una vida así de morigerada, segura y, como nosotros afirmamos, justa, sino que una opinión insensata y de jovenzuelo acerca de bienaventuranza tiéntale a emprender hacer, cuanto más pueda mejor, suyo todo lo que haya en la Ciudad, conocerá cuán sabio era, en realidad. Hesíodo al decir «de alguna manera la mitad es mayor que el todo». [466c] Si sigue mi consejo, dijo, se quedará en tal vida. [466c] ¿Luego admites, proseguí, la comunidad de mujeres entre tales varones, tal cual la explicamos, tanto acerca de educación de los hijos como de guardia de los demás ciudadanos; que ellas permanezcan en la Ciudad, vayan a la guerra y hayan de compartir la guardia y la caza cual perros y tomar parte en todo y de todas las maneras, en lo posible, y que, haciendo esto, obrarán bellísimamente y no contra naturaleza: la de hembra respecto de la de macho, en las cosas en que ambos nacieron para mutua comunidad? [466d] Lo admito, dijo. [466d] XIV. ¿Queda, pues, proseguí, por deslindar si es posible que entre los hombres, cual lo es entre los demás animales, se engendre tal comunidad y de qué manera sea ello posible? [466d] Te me adelantaste, dijo, hablando de lo que iba a someterte. Acerca de lo de la guerra, creo, dije, es claro de qué manera la harán. [466e] Irán a campaña en común; y además llevarán a la guerra a aquellos de los hijos que sean robustos, a fin de que, cual los de los otros artesanos, contemplen lo que, cuando lleguen a grandes, habrán de hacer. Además de verlo, que ayuden y sirvan en todo lo referente a la guerra, y cuiden de padres y madres. ¿No has notado en las demás artes cuán grande tiempo, por ejemplo, los hijos de los alfareros, mientras ayudan, miran antes de poner ellos manos en la obra de alfarería? [467a] Y mucho. [467a] Pues bien, ¿han ellos de educar de más cuidadosa manera que nuestros guardianes a sus hijos por experiencia y contemplación de lo a hacer? [467a] Ridículo, por cierto, fuera, respondió. [467a] Pues bien: todo animal pelea especialmente bien presentes sus crías. [467b] Así es. Pero, Sócrates, no es pequeño el peligro si sucumben, cosa frecuente en guerra, de que, además de ellos, hagan perecer a los hijos, e imposible el que la Ciudad se recupere. [467b] Verdad dices, añadí. Pero, ¿crees que lo primario es procurar no correr jamás peligro? [467b] En modo alguno. [467b] Pero ¿qué? Si se ha de correr alguna vez peligro, ¿no es cuando los exitosos resultan mejorados? [467c] ¿Pero tienes por pequeña diferencia, y que no vale la pena de correr peligro, el que contemplen, o no, todo lo de guerra niños que han de ser varones precisamente guerreros? [467c] No; hay gran diferencia en el caso de que hablas. [467c] Luego hay que comenzar por hacer que los niños contemplen la guerra; mas cuidando de su seguridad; y todo irá bellamente. ¿Es así? [467c] Pues bien, proseguí; primero sus padres no serán, en cosas de hombres, ignorantes, sino conocedores de cuáles campañas guerreras son peligrosas o no. [467d] Es verosímil, dijo. [467d] Luego los llevarán a las unas; pero evitarán bien las otras. [467d] Y por comandantes, añadí, no les pondrán los más flojos, sino los que, por experiencia y edad sean jefes y pedagogos competentes. [467d] Es lo conveniente. [467d] Pero, diremos: muchas cosas pasan a muchos contra lo que uno cría. [467d] Para las tales, querido, es preciso que el niño tenga alas para que, si hiciera falta, alados huyan velozmente. [467e] ¿En qué sentido lo dices?, añadió. [467e] En el de hacerlos montar, dije, a caballo desde jovenzuelos e, instruidos en cabalgar, llevarlos a ver el espectáculo en caballos no briosos ni belicosos, sino bien veloces de pies y dóciles a rienda. Así contemplarán bellísimamente su futura obra, y, si hiciera falta, de manera más segura se pondrán a salvo, siguiendo a los jefes de mayor edad. [468a] Me parece hablado correctamente, dijo. [468a] Pero, y respecto de la guerra: ¿cómo han de portarse entre sí los soldados, y respecto de los enemigos? ¿Me parece correcto o no esto? [468a] Si alguno, expliqué, abandona las filas o arroja las armas o hace, por malo, algo de eso, ¿no hay que deponerlo a artesano o agricultor? [468a] Mas al cogido vivo por los enemigos, ¿no hay que darlo cual don a los captores, presa a su gana? [468b] Mas al distinguido por su valentía, ¿no te parece que, primero, ya en campaña han de coronarlo por turno sus compañeros de armas, muchachos y niños? ¿O no? [468b] A mi sí, ciertamente. [468b] Pero ¿qué?: ¿darles la mano? [468b] Mas estotro, añadí, ya no te lo parecerá: Besar y ser besado por cada uno. [468b] Esto sobre todo, dije; y añado en la ley que, mientras se hallen en tal campaña, a nadie le sea lícito rechazar a quien quiera besarlo, a fin de que si, por caso, alguno está enamorado de varón o hembra, se anime más a ganar los premios a la valentía. [468c] Bellamente, dije; porque ya se dijo que, siendo bueno, tendrá listos más matrimonios que los otros, y más frecuentes elecciones sobre ellos que sobre otros recaerán, a fin de que nazcan cuantos más mejor de tal calidad. Se dijo ya. Lo dijimos, añadió. [468c] XV. Mas, según Homero, es de justicia honrar de entre los jóvenes a cuantos sean valientes, porque dice Homero que a Ayax, por distinguido en la batalla, se le recompensó con bien ancho lomo, por ser tal honor adecuado a varón en flor de edad y valeroso, honrándolo con ello y a la vez aumentándole el vigor. [468d] En esto, pues, añadí, seguiremos a Homero. Y por esta nosotros, en sacrificios y todos los actos tales honraremos a los bien valientes en la medida en que se hayan mostrado buenos con himnos y con lo que se acaba de decir. Pero además, con asientos de honor, carnes y copas llenas para que, junto con honrarlos, robustezcamos a los varones y mujeres bienvalientes. [468e] Bellísimamente hablado, dijo. [468e] Sea; de entre los muertos en campaña, de quien termine su vida con buena fama, ¿no diremos ante todo que pertenece a la raza de otro? [468e] Pero, ¿no creeremos a Hesíodo en que, cuando algunos de tal raza mueran. [469a] resulten daimonios sagrados, supraterrenos. [469a] excelentes, defensores, guardianes de los helenos Pues le creeremos. [469a] ¿Consultaremos al dios cómo y con qué distinciones habrá que enterrar a tales daimonios y divinos varones, y lo haremos precisamente de la manera conforme al oráculo que él nos dé? [469a] ¿Cómo no va a ser así? [469a] Y en lo futuro cuidaremos y veneraremos sus tumbas cual las de daimonios. La misma ley valdrá cuando termine por vejez o otro modo su vida cualquiera que se juzgue haber sido durante ella distinguidamente bueno. [469b] Pues es justo, dijo. [469b] - Pero, ¿qué, respecto de los enemigos?, ¿cómo se portarán nuestros soldados? [469b] ¿En qué? [469b] Primero, acerca de la esclavitud: ¿crees justo el que griegos esclavicen ciudades griegas? O, en lo posible, no incitar a eso a las otras Ciudades, y acostumbrarlas a respetar la taza griega, —buena prevención esta contra la esclavitud bajo poder de los bárbaros. [469c] De todo en todo, dijo, es preferible prevenirlo. [469c] ¿Luego nosotros no tendremos esclavo griego, y a los demás griegos aconsejaremos eso mismo? [469c] Absolutamente, dijo. Mejor fuera volvernos contra los bárbaros, y no irnos nosotros a las manos. [469c] Pero, ¿qué, añadí, de despojar a los muertos, una vez vencidos? Claro, de las armas, sí. ¿Está bellamente hecho? ¿No les resulta esto a los cobardes un pretexto para no ir al combate, cual si cumplieran con un deber mientras merodean al derredor del muerto? Por tal rapacidad se han perdido muchos ejércitos. [469d] Despojar a un muerto, ¿no te parece inmoble y avaricioso y cosa de mujerzuelas, y pequeñez mental el tener por enemigo al cuerpo de un muerto, cuando el enemigo ha volado, dejando abandonado aquello con que peleaba? ¿O crees huy alguna diferencia entre los que hacen tal cosa y los perros que se enfurecen contra la piedra que les pegó, sin atacar al que se las tiró? [469e] Ni aun pequeña, dijo. [469e] Luego, ¿hay que ceder en eso de despojar a los muertos y en las prohibiciones de llevárselos? [469e] Hay que ceder, sin duda, dijo, por Júpiter! [469e] XVI. Ni llevaremos, cual ofrenda, las armas a los templos, especialmente las de los griegos, si es que nos preocupa algo la benevolencia hacia los demás griegos. Más bien temeremos que no sea una cierta profanación llevar al templo tales despojos de parientes, 1 no ser en caso de que el dios diga otra cosa. [470a] Pero, ¿qué en cuanto a la devastación de la tierra griega e incendio de casas? ¿Harán, según tú, tal cosa los soldados contra los enemigos? [470a] Más me agradaría oírte declarando tu opinión. [470b] Pues a mi, respondí, me parece que no se haga ninguna de las dos cosas, sino llevarse la cosecha del año. Y ¿por qué?, ¿quieres que te lo diga? [470b] Me parece que, al modo como se denominan con dos nombres —con esos de “guerra” y "escisión"—, parecidamente son dos cosas, que versan sobre un par de diferencias. Llamo precisamente dos a lo familiar y congénere, por una parte; a lo extranjero y extraño, por otra. Pues bien: respecto de lo familiar, la enemistad para con los de la familia se llama “escisión”; respecto de los extranjeros, “guerra”. [470b] Y no dices nada fuera de lo normal, añadió. [470c] Ve también si digo según lo normal estotro; porque afirmo que la raza griega es de la misma familia y procedencia; mas es extraña y extranjera respecto de la raza bárbara. [470c] Luego cuando peleen griegos contra bárbaros o bárbaros contra griegos afirmaremos que se hacen “guerra” y son “enemigos” por naturaleza; y a tal enemistad hay que llamarla “guerra”. Mas cuando griegos contra griegos hacen tal cosa, son, naturalmente, amigos, mas entonces está Grecia enferma y escindida; y tal enemistad ha de llamarse “escisión”. [470d] Convengo contigo, dijo, al pensar así. [470d] Considera, pues, que en la escisión de que acabamos de hablar, cuando surge y desciende a la Ciudad, si unos desbaratan los campos de los otros e incendian las casas, qué funesta te parece tal escisión!, y que ninguno de ellos es amante de la patria, porque, de serlo, no se atreverían a desgarrar a nodriza y madre. Lo moderado es llevarse la cosecha de los vencidos los vencedores y pensar que habrán de reconciliarse y no siempre estar en guerra. [470e] Es mucho más benigno pensar de esta manera que de la otra. [470e] Pero, ¿qué?, dijo, la Ciudad que fundas, ¿no será griega? [470e] Ha de serlo, respondió. [470e] ¿Serán, pues, buenos y benignos? [470e] Y mucho. [470e] Pero, ¿no, amigos de los griegos?, ¿ni tendrán a Grecia por de la familia ni participarán de los ritos sagrados de ellos? [470e] Y mucho. [471a] Así pues, a la disensión respecto de los griegos, por ser familiares la considerarán “escisión”; y no la denominarán “guerra”. [471a] Pues no. [471a] ¿Luego reñirán como quienes se habrán de reconciliar? [471a] Por ser correctores de ellos y no enemigos, ¿los corregirán benévolamente, no castigándolos con servidumbre y destrucción? [471a] De esta manera, dijo. [471a] Luego ni, por ser griegos, devastarán la Grecia ni pondrán fuego a las casas ni tendrán en cada Ciudad a todos por enemigos suyos: a varones, mujeres y niños, sino por enemigos constantes a pocos: los causantes. del diferendo. Y por esto mismo no querrán devastar su tierra, por ser amigos los más; ni derruir las casas, sino llevarán el diferendo hasta el punto en que los causantes se vean forzados por los padecimientos de los incausantes a dar la debida satisfacción. [471b] Concedo, dijo, que así hay que comportarse con contrarios que sean conciudadanos nuestros; mas respecto de los bárbaros, como ahora se comportan entre sí los griegos. [471c] Pongamos, pues, esto por ley a los guardianes: ni devastar la tierra ni incendiar las casas. [471c] Pongámoslo, dijo; y que así está bellamente hecho esto y lo anterior. [471c] XVII. Pero me parece, Sócrates, que si se te deja que hables de esto, jamás te recordarás de lo que para hablar de todo esto anteriormente descartaste: lo de que sea posible tal régimen político y de qué manera sea posible. Porque, si se realizare, le vendrían a la Ciudad en que se realizara todos los bienes. Y además añado yo lo que tú dejaste: que guerrearían mejor contra los enemigos al no abandonarse en modo alguno unos a otros, por reconocerse y llamarse con esos nombres de hermanos, padres e hijos. Mas si también la mujer los acompañara en la guerra, sea en la misma fila, sea estacionada en la retaguardia para hacer miedo a los enemigos, y si se presenta alguna necesidad de socorro, sé bien que de esta manera resultarían invencibles. Y estoy viendo cuántos otros bienes tendrían en casa, de los que no se ha hablado. Mas puesto que convengo en que habría tales bienes, y miles de miles de otros, si tal fueran el régimen político, no hables más de él, sino tratemos de convencernos ya a nosotros mismos precisamente de esto: que es posible y cómo es posible; y dejemos correr lo demás. [472a] De sopetón, repliqué, hiciste contra mi razonamiento algo así como una irrupción, y no te compadeces de mis vacilaciones. Porque no sabes que, habiendo escapado a duras penas de las dos oleadas, me empujas a la mayor y más dificultosa de las tres oleadas; que, cuando la veas y digas, me tendrás gran compasión; que con razón me retraía y temía hablar y emprender poner a consideración razonamiento tan contra-la-opinión. [472a] Cuanto más de esto hables, dijo, menos te nos escaparás de hablar sobre de qué manera es posible tal régimen político. Habla, pues, y no lo dilates. [472b] Pues bien, proseguí; primero, es preciso recordarse de que, investigando qué son justicia e injusticia hemos llegado a esto. [472b] Es preciso; mas, ¿qué es eso precisamente?, dijo. [472b] Nada. Pero si hallamos qué es Justicia, ¿juzgaremos que el varón justo no ha de diferenciarse en nada de ella, sino ser de toda manera tal cual es Justicia? ¿O nos contentaremos con que se acerque a ella lo más posible y participe de ella mucho más que los demás hombres? [472c] Así, dijo; nos contentaremos. [472c] Luego para tener un paradigma, añadí, investigábamos qué es la Justicia misma, y qué el varón perfectamente justo, si existiera; y cuál sería en caso de llegar a serlo; y, a su vez, la injusticia y el injustísimo, a fin de que, puesta en ellos la mirada a ver cuál nos parece haberse respecto de bienaventuranza o lo contrario, nos vemos forzados a convenimos en que quien se les asemeje más tendrá también una suerte lo más semejante a la de ellos; mas no lo investigábamos para demostrar que es posible el que se realice. [472d] Es verdad precisamente lo que dices, añadió. [472d] ¿Piensas, pues, que un pintor es menos bueno porque, habiendo delineado el paradigma de cuál sería el más bello de los hombres, y dádole al dibujo toda la perfección, no tuviera modo de demostrar que es posible llegue a ser real tal varón? [472d] No, por Júpiter!; no yo, dijo. [472e] Pues bien, ¿no afirmamos nosotros también haber hecho en palabras el paradigma de Ciudad buena? [472e] ¿Piensas que, por esto, hemos hablado nosotros menos bien, si no tenemos cómo demostrar que es posible fundar una Ciudad de la manera que se dijo? [472e] No por cierto, respondió. [472e] Pues bien: así es la verdad, proseguí. Pero si hay que continuar empeñándonos en darte gusto en eso de demostrar, sobre todo, de qué manera y hasta qué punto sería más posible el realizarlo, concédeme una vez más lo mismo para una tal demostración. [473a] ¿Es factible ejecutar algo tal como se lo dice? ¿O de natural la ejecución palpa menos la verdad que la dicción? ¿Y sí a uno no se lo parece así? Mas tú lo admites así, ¿o no? [473a] Lo admito. [473a] Así que no me fuerces a que todo lo que hemos descrito en palabras tenga que sacarlo, todo enteramente, a la luz en la obra. Mas si fuéramos capaces de hallar la manera más aproximada posible a lo explicado de fundar Ciudad, afirma que habremos hallado cómo es posible se realice lo que exiges. ¿O no te contentarás si damos con ello? Que yo me contentaría, por cierto. [473b] XVIII. Después de esto, al parecer, intentemos buscar y poner de manifiesto qué es lo que, actualmente, se hace mal en las Ciudades por no fundarse de esta manera; y que llegaría la Ciudad a tal tipo de régimen político transformando algo bien pequeño, sobre todo una cosa, si no dos. Mas, si esto no, a poquísimas en números y pequeñísimas en importancia. [473c] Pues que sea enteramente así, dijo. [473c] Pues bien, proseguí, cambiando una sola cosa, me parece tener cómo demostraríamos se transformara algo por cierto no pequeño ni fácil, —mas posible. [473c] Llegue ya, proseguí, precisamente a lo que comparamos con la oleada mayor. Se lo dirá; aunque, sencillamente, vaya a sumergirnos en risa y mala fama algo así como una oleada de risotadas. Atiende a lo que voy a decir. [473c] A no ser, proseguí, que o los filósofos lleguen a reinar en las Ciudades o los reyes y soberanos, así llamados ahora, lleguen a filosofar sincera y cabalmente, y coincidan en uno mismo poder político y filosofía, y se excluya a la fuerza a tantos que de natural están ahora yéndose a una sola de las dos, no hay modo de que cesen los males, querido Glaucón, ni en las Ciudades ni, creo, en el género humano; ni que este régimen político que, ahora, hemos descrito en palabras, llegue a nacer; y, en lo posible, vea la luz de Sol. Pero precisamente esto es lo que me ponía desde hace rato tanto recelo de hablar, al ver que, dicho, iría tanto tanto contra la opinión común, porque dificultoso es de ver el que no otro régimen la haría bienaventurada ni en particulares ni en público. [473e] Sócrates: dijo: qué palabra y aserto soltaste! Dicho lo cual, piensa en que van sobre ti muchísimos, y no de los cualesquiera de hoy, arrojando los vestidos, desnudos, echando mano del arma que por caso encontrasen; y así, corriendo en tropel a hacer quién sabe qué. De los cuales si no te defiendes con razones y huyes, con bromas reales pagarás la pena debida. [473e] ¿No cres, pues, tú, añadí, la cansa de esto? [473e] Bellamente lo estoy haciendo por cierto, dijo. Mas no por ello te traicionaré, sino te defenderé como pueda. Mas no puedo sino con benevolencia y admoniciones, y tal vez le responda más esmeradamente que otro alguno. Con tal asistente trata de demostrar a los desconfiados que las cosas son como las dices. [474b] Trataré de ello, añadí, ya que me ofreces tan gran ayuda en el combate. Me parece, pues, necesario, si es que hemos de huir de quienes hablas, definirles a quiénes llamamos “filósofos”, y nos atrevemos por ello a afirmar que deben gobernar, a fin de que, declarado eso, pueda uno defenderse, mostrando que a ellos toca, de natural, tratarse con la filosofía y mandar en Ciudad; pero a los otros, ni tratarse con ella, y seguir al comandante. [474c] Es ya hora, dijo, de definirlo. [474c] Bien pues, sígueme, por si de una u otra manera resulto comandante cabal. [474c] ¿Hará falta, proseguí, recordarte, o te recuerdas, de que cuando decimos amar algo, es preciso, en caso de decirlo correctamente, mostrar uno que ama de ello no una parte SÍ, otra no, sino abrazarlo entero? [474c] XIX. Hace falta, dijo, al parecer, recordarlo, porque no lo acabo de entender. [474d] A otro, Glaucón, proseguí, estaría bien decir lo que dices; mas a varón enamorado no le está bien el olvidar que todos los donceles en flor de edad muerden y conmueven, de una manera u otra, a varón enamorado y amante de ellos, teniéndose por dignos de solícitos cuidados y afectos. ¿No Es así como obráis respecto de los bellos? Que sea uno chato; por serlo, llamándolo “gracioso”, lo ensalzaréis; a otro, por lo de narigón, diréis ser “real”: al que de nariz mediana, que la tiene en el “justo medio"; a los negros, “varoniles de ver”; a los blancos, ser “hijos de dioses”; a los de “color de miel”, ¿de quién crees ser invención tal nombre, sino de enamorado fácil de contestar y que lleva benévolamente la palidez si va con flor de edad? Y en una palabra excusáis con toda clase de excusas y soltáis cualquier vocablo, con tal de no perder a ninguno de los en edad florida. [475a] Si quieres, dijo, a costa mía hablar de que los enamorados hacen eso, lo conceda por gracia al razonamiento. [475a] Pero ¿qué?, proseguí; ¿no ves que los amantes-del-vino hacen exactamente lo mismo?: que todo es buen pretexto para beberse todo vino. [475a] Y mucho. [475a] «καὶ πάσας φωνὰς ἀφίετε, ὥστε μηδένα ἀποβάλλειν τῶν ἀνθούντων ἐν ὥρᾳ. εἰ βούλει, ἔφη, ἐπ᾽ ἐμοῦ λέγειν περὶ τῶν ἐρωτικῶν ὅτι οὕτω ποιοῦσι, συγχωρῶ τοῦ λόγου χάριν. τί δέ; ἦν δ᾽ ἐγώ: τοὺς φιλοίνους οὐ τὰ αὐτὰ ταῦτα ποιοῦντας ὁρᾷς; πάντα οἶνον ἐπὶ πάσης προφάσεως ἀσπαζομένους; καὶ μάλα. καὶ μὴν φιλοτίμους γε, ὡς ἐγᾦμαι, καθορᾷς ὅτι, ἂν μὴ στρατηγῆσαι δύνωνται, τριττυαρχοῦσιν, κἂν μὴ ὑπὸ μειζόνων» (Burnet, 475a) [475a] «…» él, y si no pueden ser honrados por los mayores y más venerables se contentan con ser honrados de otros más pequeños y unos cualquiera, por apetecer cualquier honor? [475b] Á esto, di sí o no: cuando decimos de alguien que apetece algo, ¿diremos que apetece el eidos íntegro o una parte de él sí; pero otra, no? [475b] Pues bien: ¿diremos que el filósofo apetece la sabiduría, una parte de ella sí, otra no, sino íntegra? [475b] Es verdad. [475c] Luego de aquel a quien repugne aprender, especialmente si es joven y aun no tiene uso de razón para saber qué es lo bueno y qué no lo es, no diremos que sea ni amante-de-aprender ni amante-de-sabiduría; al modo que de aquel a quien repugnan los alimentos decimos que no tiene hambre ni apetece alimentarse; ni que sea glotón, sino inapetente. [475c] Y lo diremos correctamente. [475c] Pero de quien esté siempre dispuesto a gustar de toda enseñanza y se dé complacido a aprender y sea insaciable, ¿de éste precisamente diremos que es filósofo? ¿Es así? [475d] Y Glaucón respondió: luego muchos serán, y raros, los tales, porque todos los amantes de-espectáculos me parece son tales por gozarse en aprender, y los amantes-de-audiciones son demasiado raros para ser puestos entre los filósofos; por ganas, no querrían venir a oír razonamientos y conversación cual ésta; mas como si hubieran alquilado sus orejas para oír todos los coros de las dionisíacas, dan vueltas y vueltas para no perder uno de los que haya en ciudades aldeas. Pues bien, ¿a todos éstos y a otros aprendices de tales cosa, y a los de artecillas, llamaremos “filósofos”? [475e] En modo alguno, respondí, sino “parecidos a filósofos”. [475e] XX. Pero, ¿a quiénes, dijo, llamas “verdaderos”? [475e] A los amantes-de-contemplar la verdad, respondí. [475e] Esto es, ciertamente, lo correcto, dijo; mas, ¿en qué sentido lo dices? [475e] En modo alguno, respondí, sería cosa fácil decirlo a otro; mas creo que tú me concederás esto: Que, por ser contrario lo Bello con lo Fea, son un par de dos. [476a] Pero, ¿cómo no? [476a] Sí, pues, son dos, ¿son también cada uno uno? [476a] Y respecto de Justo e Injusto, de Bueno y Malo, y de todos los eídoses, el mismo razonamiento: que cada uno es uno, él. Mas por dar la apariencia de comunicarse por doquier acciones, cuerpos, y entre sí, cada uno parece ser muchos. [476a] Correctamente hablado, dijo. [476a] Según cesto, pues, proseguí, voy a separar: por una parte a los que tú llamabas “amantes-de-espectáculos, de artes y prácticos”; por otra, la que trata el razonamiento, a los que única y correctamente se denominaría “filósofos”. [476b] ¿En qué sentido lo dices?, preguntó. [476b] En el de que los amantes-de-oír y los amantes-de-espectáculos préndanse de las bellas voces, colores, figuras y de todo lo artísticamente elaborado con ellos; mas su mente resulta impotente para ver y prendarse de la naturaleza de lo Bello mismo. [476b] Pues así pasa, ciertamente, dijo. [476b] Mas los capaces de ir en pos de lo Bello mismo, y verlo en sí mismo, ¿no serían escasos? [476c] «καὶ μάλα. ὁ οὖν καλὰ μὲν πράγματα νομίζων, αὐτὸ δὲ κάλλος μήτε νομίζων μήτε, ἄν τις ἡγῆται ἐπὶ τὴν γνῶσιν αὐτοῦ, δυνάμενος ἕπεσθαι, ὄναρ ἢ ὕπαρ δοκεῖ σοι ζῆν; σκόπει δέ. τὸ ὀνειρώττειν ἆρα οὐ τόδε ἐστίν, ἐάντε ἐν ὕπνῳ τις ἐάντ᾽ ἐγρηγορὼς τὸ ὅμοιόν τῳ μὴ ὅμοιον ἀλλ᾽ αὐτὸ ἡγῆται εἶναι ᾧ ἔοικεν; ἐγὼ γοῦν ἄν, ἦ δ᾽ ὅς, φαίην ὀνειρώττειν τὸν τοιοῦτον. τί δέ; ὁ τἀναντία τούτων ἡγούμενός τέ τι αὐτὸ καλὸν» (Burnet, 476c) [476d] Y bien despierto, respondió. [476d] ¿Diríamos, pues, correctamente que su pensamiento, por serlo de un entendido, es conocimiento; mas que es opinión el del opinante? [476d] Y ¿qué si se nos enfadara éste precisamente: el que decimos opinar, y no conocer, y pusiera en duda que decimos la verdad. Tendríamos modo de apaciguarlo y convencerlo amablemente, y sin que se note, de que no está sano? [476e] Hay que hacerlo, dijo. [476e] Pues bien, considera qué le diremos; o, si quieres, démoselos a entender diciéndole que, si sabe algo, no nos dará envidia sino veríamos complacidos que sabe algo. Pero responde a esto: el conocedor, ¿conoce algo o nada? En lugar de él respóndeme tú. [476e] Responderé, dijo, que conoce algo. [476e] ¿Algo que está siendo o que no está siendo? [477a] Algo que está siendo; porque, ¿cómo conocería lo que no está siendo? [477a] Bástenos, pues, con esto; y, si lo mirásemos más aún: ¿lo que está siendo de todo en todo es de todo en todo cognoscible?; pero que lo que no está siendo en modo alguno, ¿es incognoscible totalmente? [477a] Sea. Mas si algo se hubiere de tal manera que esté siendo-y-no esté siendo, ¿no caería en medio de lo que está siendo puramente y de lo que en modo alguno está siendo? [477a] En medio. [477a] Si, pues, el conocimiento versa sobre lo que está siendo, mas la ignorancia, por necesidad, sobre lo que no está siendo. [477a] «ὄν: πῶς γὰρ ἂν μὴ ὄν γέ τι γνωσθείη; ἱκανῶς οὖν τοῦτο ἔχομεν, κἂν εἰ πλεοναχῇ σκοποῖμεν, ὅτι τὸ μὲν παντελῶς ὂν παντελῶς γνωστόν, μὴ ὂν δὲ μηδαμῇ πάντῃ ἄγνωστον; ἱκανώτατα. εἶεν: εἰ δὲ δή τι οὕτως ἔχει ὡς εἶναί τε καὶ μὴ εἶναι, οὐ μεταξὺ ἂν κέοιτο τοῦ εἰλικρινῶς ὄντος καὶ τοῦ αὖ μηδαμῇ ὄντος; μεταξύ. οὐκοῦν ἐπὶ μὲν τῷ ὄντι γνῶσις ἦν, ἀγνωσία δ᾽ ἐξ ἀνάγκης ἐπὶ μὴ ὄντι, ἐπὶ δὲ τῷ μεταξὺ τούτῳ μεταξύ τι καὶ ζητητέον» (Burnet, 477a) [477a] Mávu pev oBv, para lo intermedio de ambos, ¿habrá que buscar algo intermedio entre ignorancia y ciencia, si es que, por caso, hubiera algo así? [477b] ¿Decimos que es algo la opinión? [477b] Pues, ¿cómo no? [477b] ¿Poder distinto o el mismo que el de ciencia? [477b] Luego sobre una cosa versa la opinión; y sobre otra distinta la ciencia, cada una con su poder: el de ella. [477b] ¿La ciencia, pues, ha nacido para versar sobre el ente, conociendo cómo es el ente? Pero me parece necesario más bien distinguir primero así: XXI. Diremos que las potencias son un cierto “género” de ente, con las que podemos lo que nosotros y cualquier otra cosa podemos lo que ella pueda, —cual digo que vista y oído son potencias, si se entiende lo que quiero decir con lo de “eidos”. [477c] Escucha, pues, lo que me parece sobre ellas Que no veo en ellas, cual en muchas otras cosas, ni color ni figura ni algo parecido, mirando lo cual defina yo mismo lo que son unas u otras. En una potencia miro solamente para qué es y qué hace, y según esto llamo “potencia” a cada una; y a la ordenada a lo mismo y a la que hace lo mismo la llamo “la misma”; mas a la que se ordena a algo diferente y hace algo diferente, llamo “diferente” Pero tú ¿qué? ¿Cómo lo haces? [477d] Una vez más, proseguí, óptimo: ¿afirmas que la ciencia es una cierta potencia?, ¿o en qué género la pones? [477d] En ese, dijo; que es ella la más poderosa de todas las potencias. [477e] «τί δέ, δόξαν εἰς δύναμιν ἢ εἰς ἄλλο εἶδος οἴσομεν; οὐδαμῶς, ἔφη: ᾧ γὰρ δοξάζειν δυνάμεθα, οὐκ ἄλλο τι ἢ δόξα ἐστίν. ἀλλὰ μὲν δὴ ὀλίγον γε πρότερον ὡμολόγεις μὴ τὸ αὐτὸ εἶναι ἐπιστήμην τε καὶ δόξαν. πῶς γὰρ ἄν, ἔφη, τό γε ἀναμάρτητον τῷ μὴ ἀναμαρτήτῳ ταὐτόν τις νοῦν ἔχων τιθείη; καλῶς, ἦν δ᾽ ἐγώ, καὶ δῆλον ὅτι ἕτερον ἐπιστήμης δόξα» (Burnet, 477e) [477e] Pero ¿qué?, ¿a la opinión la remitiremos a potencia o a otro eidos? [477e] En modo alguno, respondió; porque la opinión no es sino aquello por lo que "podemos” opinar. [477e] Empero, hace bien poco admitiste que no son lo mismo ciencia y opinión. [477e] ¿Cómo, dijo, sostendría cualquiera de buen sentido que lo infalible sea lo mismo que lo no infalible? [478a] Bellamente, respondí; y es claro que queda admitido entre nosotros que es algo diverso opinión de ciencia. [478a] Luego cada una de ellas, por poder algo diverso, ¿nació para algo diverso? [478a] ¿La ciencia, por cierto, para lo ente: para conocer cómo se ha lo ente? [478a] Mas la opinión, afirmamos, ¿para opinar? [478a] ¿Así que conoce lo mismo que la ciencia; y serán lo mismo cognoscible y opinable? ¿O es imposible? [478a] Imposible, respondió, según lo convenida; si para algo diverso ha nacido una potencia diversa, aunque las dos sean potencias: opinión y ciencia; mas cada una es diversa de la otra, como lo afirmamos, no se seguirá de esto el que sean lo mismo cognoscible y opinable. [478b] Luego si lo ente es lo cognoscible, ¿no sería lo opinable algo diverso de lo ente? [478b] ¿Opinará, pues, sobre lo no ente? ¿O es imposible aun opinar sobre lo no ente? Piénsalo El Opinante, ¿hacia qué dirige la opinión? ¿O es factible opinar, mas opinar sobre nada? [478b] ¿Mas el opinante opina sobre algo? [478b] «καὶ ἐπιστήμη, ἄλλη δὲ ἑκατέρα, ὥς φαμεν, ἐκ τούτων δὴ οὐκ ἐγχωρεῖ γνωστὸν καὶ δοξαστὸν ταὐτὸν εἶναι. οὐκοῦν εἰ τὸ ὂν γνωστόν, ἄλλο τι ἂν δοξαστὸν ἢ τὸ ὂν εἴη; ἄλλο. ἆρ᾽ οὖν τὸ μὴ ὂν δοξάζει; ἢ ἀδύνατον καὶ δοξάσαι τό γε μὴ ὄν; ἐννόει δέ. οὐχ ὁ δοξάζων ἐπὶ τὶ φέρει τὴν δόξαν; ἢ οἷόν τε αὖ δοξάζειν μέν, δοξάζειν δὲ μηδέν; ἀδύνατον. ἀλλ᾽ ἕν γέ τι δοξάζει ὁ δοξάζων; ναί. ἀλλὰ μὴν μὴ ὄν γε οὐχ ἕν τι ἀλλὰ μηδὲν ὀρθότατ᾽ ἂν» (Burnet, 478b) [478b] Mas, por cierto, lo no ente no es algo; "nada” se lo llamaría con toda corrección. [478c] ¿Necesariamente, pues, entregaremos a la ignorancia lo no ente; mas al conocimiento, lo ente? [478c] ¿Luego no opinará ni sobre lo ente, ni sobre lo no ente? [478c] Pues no. [478c] ¿Luego la opinión no sería ni ignorancia ni conocimiento? [478c] Parece que no. [478c] ¿Está, pues, fuera de las dos, desbordando gor claridad al conocimiento; y a la ignorancia, por oscuridad? [478c] Ni lo uno ni lo otro. [478c] ¿Así que, proseguí, te parece que la opinión es más tenebrosa que el conocimiento; pero más luminosa que la ignorancia? [478c] Y mucho más, respondió. [478d] ¿Pero colocada fuera de ambas? [478d] ¿Luego la opinión estaría en medio de ambas? [478d] ¿No afirmamos anteriormente que, si algo pareciere estar a la vez cual entre ente y no ente, estaría colocado en medio de lo puramente ente y de lo totalmente no ente; y que ni la ciencia ni la ignorancia versarían sobre eso, sino Sobre otra cosa que pareciera estar entre ignorancia y ciencia? [478d] Ahora bien: ¿no quedó en claro que en medio de ambas está lo que llamamos “opinión”? [478d] Quedó en claro. [478e] XXII. Nos resta, pues, por hallar, al parecer, lo que participa de ambos: de ser y de no ser; y que, correctamente denominado, no es ninguno de los dos en cuanto puros, 4 «ἐκεῖνο δὴ λείποιτ᾽ ἂν ἡμῖν εὑρεῖν, ὡς ἔοικε, τὸ ἀμφοτέρων μετέχον, τοῦ εἶναί τε καὶ μὴ εἶναι, καὶ οὐδέτερον εἰλικρινὲς ὀρθῶς ἂν προσαγορευόμενον, ἵνα, ἐὰν φανῇ, δοξαστὸν αὐτὸ εἶναι ἐν δίκῃ προσαγορεύωμεν, τοῖς μὲν ἄκροις τὰ ἄκρα, τοῖς δὲ μεταξὺ τὰ μεταξὺ ἀποδιδόντες. ἢ οὐχ οὕτως; οὕτω. τούτων δὴ ὑποκειμένων λεγέτω μοι, φήσω, καὶ ἀποκρινέσθω» (Burnet, 478e) [478e] Evos E. fin de que, si se nos aparece, le atribuyamos en justicia “ser opinable”, dando así los extremos a las potencias extremas; lo intermedio, a las intermedias, ¿no es así? [478e] Supuesto esto, diré: hable y responda el bueno que no cree exista ni lo Bello mismo ni idea alguna de lo Bello mismo, que se haya de la misma e idéntica manera; mas juzgue que haya muchas cosas bellas aquel amante-de-espectáculos que no aguanta en modo alguno que se le diga existir un lo Bello y un lo Justo y parecidos. “Entre tantas cosas bellas, Excelencia, diremos, ¿hay alguna que no aparezca fea en algo?; y de entre las justas, ¿alguna que no en algo, injusta? ¿Y de las piadosas, que no en algo impía?”. [479b] No, respondió, sino que, por necesidad, de alguna manera las mismas cosas bellas se aparecen feas; y así de lo demás que preguntas. [479b] Pero, ¿qué de tantas cosas dobles; se aparecen por eso menos.cual mitades que como dobles? [479b] No menos, en nada. [479b] Y de las grandes y pequeñas, y las ligeras y pesadas, ¿diremos de ellas eso, o a ellas también las atribuiremos lo contrario? [479b] No aquello, respondió; sino que siempre tendrá cada una algo de ambas. [479b] ¿Es cada una de esas cosas más bien, muchas; o no es precisamente eso que se dice ser ella misma? [479b] Se parece esto a los que de sobremesa cuentan cuentos ambiguos y al enigma de los niños acerca del eunuco tirando contra el murciélago; dan a adivinar con qué y sobre qué tiró. Que también aquellos casos resultan ambiguos, y no es posible determinar apretadamente acerca de ellos nada de si “ser ni no ser”, ni si ambas a la vez ni si ni una ni otra. [479c] ¿Puedes decirme, preguntó, cómo habérselas con tales cosas? ¿O dónde las colocarías en lugar más bello que entre esencia y el no ser? Porque no parecen ser más tenebrosas que lo no ente en eso de ser aun más no ser; ni más luminosas que lo ente, en eso de ser aun más ser. [479d] «φανήσεται, οὔτε φανότερα ὄντος πρὸς τὸ μᾶλλον εἶναι. ἀληθέστατα, ἔφη. ηὑρήκαμεν ἄρα, ὡς ἔοικεν, ὅτι τὰ τῶν πολλῶν πολλὰ νόμιμα καλοῦ τε πέρι καὶ τῶν ἄλλων μεταξύ που κυλινδεῖται τοῦ τε μὴ ὄντος καὶ τοῦ ὄντος εἰλικρινῶς. ηὑρήκαμεν. προωμολογήσαμεν δέ γε, εἴ τι τοιοῦτον φανείη, δοξαστὸν αὐτὸ ἀλλ᾽ οὐ γνωστὸν δεῖν λέγεσθαι, τῇ μεταξὺ δυνάμει τὸ μεταξὺ πλανητὸν ἁλισκόμενον. ὡμολογήκαμεν.» (Burnet, 479d) [479d] Luego hemos encontrado, al parecer, que lo que la mayoría tiene por legal respecto de Bello y demás casos oscila de alguna manera entre lo no ente y lo ente puramente tales. [479d] Lo hemos encontrado. [479d] Pero anteriormente nos convinimos en que, si algo así apareciere, habría que llamarlo "“opinable”; pero no, “cognoscible”. Es captable por una potencia intermedia lo que era en el intermedio. [479d] En ello convinimos. [479e] Luego de los que miran la multitud de cosas bellas, mas no ven lo Bello mismo, y no pueden seguir a quien hacia Ello los guía; y la multitud de cosas justas, mas no lo Justo mismo, y así de todo lo demás, diremos que en todo opinan; mas que nada conocen de lo que opinan. [479e] Por necesidad, dijo. [479e] Pero, ahora, ¿qué, respecto de los que contemplan cada una de esas cosas en sí mismas, y los entes que se han siempre de la misma e idéntica manera? ¿No diremos que conocen?; ¿sino que no opinan? [479e] Esto es también necesario. [479e] ¿No diremos, pues, también que los tales abrazan y aman precisamente las cosas de que hay conocimiento; mas los otros, las de que hay opinión? ¿O no recordamos que de estotros dijimos que aman y contemplan las voces y colores bellos y otras cosas tales, mas que no aguantan lo Bello mismo cual algo real? [480a] Lo recordamos. [480a] ¿Faltaríamos, pues, en algo llamándolos “amantes-de-opinión”, más bien que amantes-de-sabiduría? ¿Se ofenderán mucho si así hablamos? [480a] No, si me hacen caso, dijo; porque no es lícito ofenderse por la verdad. [480a] Luego a quienes se abracen con cada cosa en cuanto ente hay que llamar “amantes-de-sabiduría”; pero no, “amantes-de-opinión”² [480a] Pues, de todo en todo, así es. [484a] I. Pues bien, Glaucón, proseguí, respecto de quiénes sean filósofos, y quiénes no, a pesar del largo y detenido razonamiento ha quedado difícilmente en clara cuáles son unos y otros. [484a] Tal vez, dijo, no fuera fácil con más breve. [484a] Parece que no, añadí; me parece, por cierto, que hubiera quedado mejor y más claro si se hubiera hablado de eso solo, y no recorrido tantas otras cosas por meterse a discernir en qué se diferencia la vida justa de la injusta. [484b] ¿Qué es, pues, para nosotros lo siguiente a esto?, dijo. [484b] Pero, ¿qué otra cosa, añadí, sino lo consiguiente? Ya que los filósofos sor los capaces de palpar lo que se ha siempre de la misma e idéntica manera; mas los que no, sino que andan errantes entre la multitud y variedad de cosas, no son filósofos. Pero, ¿cuáles de los dos habrán de ser conductores de Ciudad? [484b] ¿Cómo habríamos de decirlo para decirlo correctamente?, preguntó. [484b] A cualesquiera de los dos, respondí, que sean patentemente capaces de guardar leyes e instituciones de Ciudades los constituiremos en guardianes. [484c] ¿No está claro, añadí, quién ha de guardar algo: si un ciego o uno de vista penetrante? [484c] Y ¿cómo, dijo, no estar claro? [484c] ¿Crees que en algo se diferencian de los ciegos quienes, en realidad, estén privados del conocimiento de lo ente de cada cosa y no tengan en el alma claro, paradigma alguno; ni puedan, a la manera de los pintores, mirando a lo verdaderísimo, y refiriendo siempre todo a Allá y contemplándolo de la más exacta manera, establecer también así acá Abajo las normas sobre lo Bello. Justo y Bueno, si hay aún que establecerlas, y poner a salvo las establecidas, guardándolas? [484d] ¡Por Júpiter!, no; no se diferencian mucho, respondió. [484d] ¿A éstos, pues, estableceremos sobre todo de guardianes o a los que hayan conocido lo ente de cada cosa; mas en nada les falte la experiencia de los otros ni se queden atrás en cualquiera otra parte de Virtud? [484d] Absurdo sería, contestó, escoger a otros, si en nada les son inferiores, porque los aventajan en lo que es, casi casi, lo más importante. [485a] ¿Hablemos, pues, precisamente de qué manera serán capaces de poseer ellos mismos aquello y esto? [485a] Esto es, por cierto, lo que al principio de este razonamiento decíamos: que se ha de captar, primero, su naturaleza; y creo que si sobre ella llegamos a convenirnos, nas convendremos además en que sean ellos mismos capaces de ello y en que no hayan de ser otros sino ellos los conductores de Ciudades IT. Acerca de los naturales filosóficos quede convenido entre nosotros esto: que están siempre enamorados de aprender lo que les aclare aquella Esencia: la siempreesente y no errabunda bajo el poder de engendramiento y perecimiento. [485b] Y además, proseguí, que lo están de ella íntegra; y que voluntariamente no dejan escapárseles parte ni pequeña ni grande, preciosa o despreciable, cual anteriormente lo. describimos respecto de los ambiciosos y enamorados. [485b] Correctamente dicho, añadió Después de esto considera estotro: si no es necesario el que la tengan de natural quienes se dispongan a ser tales cuales dijimos. [485c] ¿Qué es eso? [485c] Nada de falsía; y el no querer admitir en modo alguno la falsedad, sino odiarla; mas prendarse de la verdad. [485c] Es verosímil, dijo. [485c] Es, querido, no sólo verosímil sino del todo necesario el que quien, de natural, esté enamorado de alguien ame todo lo emparentado + familiar del doncel preferido. [485c] ¿Encontrarías algo más de familia con Verdad que Sabiduría? [485c] Y ¿cómo?, añadió. [485c] ¿Es, pues, posible que la misma naturaleza sea amante-demodo alguno, por cierto. [485d] ¿Luego quien sei en realidad amigo-de-aprender ha de apetecer, ya desde joven, y sobre todo, toda verdad? [485d] Mas en quien las apetencias le arrastren fuerte y únicamente hacia algo, sabemos que resultan por ello más débiles para lo restante, cual corriente desviada hacia eso. [485d] Que en quien se precipiten las apetencias hacia las ciencias y todo lo tal, creo que irían hacia el placer del alma consigo misma; pero abandonaría los del cuerpo, si fuera no fingida sino verdaderamente filósofo. [485e] Sería, el tal, por cierto, temperante y en modo alguno amante-del-dinero, porque la finalidad de éste: interesarse por el dinero y grandes derroches, está bien interese más bien a otro que a aquél. [485e] Aún más: hase de considerar estotro cuando vayas a discernir la naturaleza filosófica de la que no lo es. [486a] ¿Qué es eso? [486a] Que no se te oculte si el alma tiene algo de ignoble, porque la mezquindad es lo más contrario que hay con un alma que se prepare para anhelar de continuo por lo universal y por todo lo divino y humano. [486a] Quien, pues, en su mente posea magnificencia y dé una mirada a todo el tiempo, pero también a toda esencia, ¿Crees que al tal le parecerá algo grande la vida humana? [486b] ¿Tendrá, pues, el tal a la muerte por algo terrible? [486b] Así que, al parecer, nada tendrá que ver con la verdadera filosofía un natural cobarde. [486b] Me parece que no. [486b] Pues bien: el morigerado y no amante-de-dinero, el no ignoble ni vano ni cobarde, ¿hay cómo sea de mal contentar e injusto? [486b] No hay cómo. [486b] Y al ponerte a discernir qué alma es filosófica y cuál no, considerarás esto: si ya desde joven es justa y mansa, o insociable y salvaje. [486c] Y, creo, no omitirás estotro. [486c] Que sea bien o mal dotada para aprender. ¿O esperas que tome empeño grande en algo quien, al hacerlo, lo haga con pena y avance con dificultad y poco a poco? [486c] No es posible. [486c] Pero, ¿qué si no pudiera conservar nada de lo que aprende, por rebosante de olvido?; ¿habrá modo de que su alma no quede vacía de ciencia? [486c] Y ¿cómo? [486c] Trabajando sin provecho, ¿Crees que necesariamente terminará por aborrecerse a sí mismo y a tal ocupación? [486d] Pero, ¿cómo no? [486d] Luego no admitiremos jamás alma olvidadiza entre las propiamente filosóficas; más bien hemos de buscar a la que sea memoriosa. [486d] Empero, una naturaleza inmusical y deforme, ¿hacia dónde diríamos arrastra sino hacia desmesura? [486d] Pero, ¿tienes a Verdad por pariente de desmesura o de mesura? [486d] De mesura. [486d] Luego, aparte de lo demás, buscamos una mente mesurada y agraciada de natural, lo que aportará la guía natural y buena hacia la idea de lo ente de cada cosa. [486e] Pero, ¿cómo no? [486e] Pues bien: ¿no te parece que hemos enumerado cada cosa de las necesarias y consecuentes unas con otras para el alma que vaya a participar plenaria y perfectamente de lo ente? [487a] Las más necesarias, dijo. [487a] ¿Hay, pues, cómo menospreciar una empresa que jamás podría suficientemente emprenderse si de natural no se fuera memorioso, de buen aprender, magnificente, agraciado, amante y pariente de Verdad, Justicia. Valentía y Templanza? [487a] Ni Momos, respondió, hallaría qué reprender en el tal. Pues bien, añadí; a los tan perfectos en educación y edad, ¿no se les encomendaría, a ellos solos, la Ciudad? [487a] HI. Dijo entonces Adimanto: nadie, Sócrates, hallaría qué decir en contra de esto; mas a los oyentes de lo que estás ahora diciendo les pasa algo así: piensan, por inexperiencia en preguntar y responder que cada pregunta del razonamiento los desvía un poco, y que acumulándose tales pequeñeces hacia el final de los razonamientos queda patente gran error y algo contrario a lo inicial, y a la manera como los no perfectos en el juego de chaquete quedan encerrados por los hábiles y no tienen a dónde mover las piezas, parecidamente quedan ellos al final encerrados y no tienen qué decir en esta especie diferente de juego de chaquete que no se juega con peones sino con razonamientos; con lo cual poco tiene que ganar la verdad. Y lo digo mirando a lo presente, porque, ahora, alguien te diría que no tiene, de palabra, cómo enfrentarse a lo preguntado; mas, de hecho, ve que cuantos se dan impetuosamente de jóvenes a la filosofía, y se tratan con ella demasiado tiempo, salen no educados; de ellos los más resultan raros, para no decir grandemente perversos; otros, los que parecen más razonables; no sacan de esta empresa que tú ensalzas sino esto precisamente: ser inservibles para las Ciudades. [487d] Y yo, en habiéndolo oído, proseguí diciendo: ¿Crees, pues, que mienten quienes dicen eso? [487d] «ἀπαλλάττωνται, ἀλλὰ μακρότερον ἐνδιατρίψωσιν, τοὺς μὲν πλείστους καὶ πάνυ ἀλλοκότους γιγνομένους, ἵνα μὴ παμπονήρους εἴπωμεν, τοὺς δ᾽ ἐπιεικεστάτους δοκοῦντας ὅμως τοῦτό γε ὑπὸ τοῦ ἐπιτηδεύματος οὗ σὺ ἐπαινεῖς πάσχοντας, ἀχρήστους ταῖς πόλεσι γιγνομένους. καὶ ἐγὼ ἀκούσας, οἴει οὖν, εἶπον, τοὺς ταῦτα λέγοντας ψεύδεσθαι; οὐκ οἶδα, ἦ δ᾽ ὅς, ἀλλὰ τὸ σοὶ δοκοῦν ἡδέως ἂν ἀκούοιμι. ἀκούοις ἂν ὅτι ἔμοιγε φαίνονται τἀληθῆ λέγειν.» (Burnet, 487d) [487d] No lo sé, dijo; mas oiría con gusto lo que a tí te parece. [487e] Oyelo, pues; me parece que dicen la verdad. [487e] ¿Cómo, pues?, ¿está bien dicho eso de que las Ciudades no se librarán de males hasta que, y no antes, gobiernen en ellas los filósofos: que hemos convenido en que son inútiles para ellas? [487e] Preguntas, proseguí, una pregunta que exige una respuesta a dar por un símil. [487e] Por cierto, dijo, no creo sea tu costumbre hablar por símiles. [487e] IV. Sea, dije; te burlas después de haberme arrojado a razonamiento tan malo de demostrar. Pero oye el símil para que veas aún más con cuánta dificultad me sale un símil. ¡Tan pesado es el tratamiento que por parte de las Ciudades padecen los más sapientes!, que no hay otro que sea peor. De muchas cosas hay que componerlo para el símil y para defenderlas; cual los pintores que pintan, mezclándolos, cabrones y ciervos y otros tales. Piensa en algo así, que pase o en muchas naves o en una: un patrón de nave por estatura y fuerza superior a todos los de la nave, mas algo sordo y, parecidamente, corto de vista, y, tal cual, conocedor en navegación; mas los marineros, en discusión sobre cómo gobernar unos u otros la nave, creyendo cada uno se la debe gobernar sin aprender jamás la arte, sin poder mostrar cuál fue su maestro ni el tiempo en que la aprendió. Pero además, afirmando que no es enseñable. Más aún: listos para destrozar a quien diga que es enseñable, cercando de continuo ellos al patrón de la nave, exigiéndolo y haciendo cualquier cosa para que les encomiende el timón. Pero a veces, si no llegan ellos a persuadirlo, y sí más bien otros, mátanlos o arrójanlos por la borda. En cuanto al bueno de patrón incapacítanlo con mandrágora, borrachera o lo que sea; dueños de la nave, echan mano a lo que haya; y, bebiendo y bien comidos, navegan como es verosímil lo hagan los tales. Además de todo esto: ensalzan y llaman “piloto” y “entendido” en lo de naves al marinero hábil en colaborar con ellos en que lleguen a mandar o por persuadir o por forzar al patrón de la nave. Y al que no sea tal vitupéranlo por inútil; acerca de lo que es ser verdadero piloto nada saben: que le es necesario preocuparse del tiempo, estaciones, cielo, astros, vientos y de todo lo concerniente a la arte, si ha de llegar a ser, en realidad, gobernante de nave. Mas él será quien gobierne, —quiéranlo o no algunos de los que piensan ser ello posible sin tener esa su arte y oficio que es, a la vez, la arte de gobernar naves. Cuando esto pasa en las naves, ¿no crees que el verdaderamente piloto será llamado por los marineros de naves, así tratadas, estrellero, charlatán o inútil? [489a] Y mucho, dijo Adimanto. [489a] Por cierto, añadí, no es preciso el que des una mirada escrutadora al símil, para ver cuál es la disposición de las Ciudades para con los verdaderos filósofos, sino que comprendas lo que digo. [489a] La daré, dijo. [489a] Primero, a quien se admire de que los filósofos no sean venerados en las Ciudades enséñaselo con el símil, e intenta convencerle de que sería muchísimo más de admirar si se los reverenciara. [489b] Se lo enseñaré, dijo. [489b] Y que es verdad lo que dice: ser inútiles ante la mayoría los más sapientes de los filósofos; de su inutilidad, por cierto, ruégale encause a los que de ellos no se sirven; mas no, a los sapientes, porque no es natural el que el piloto pida a los marineros que se dejen mandar por él, ni «a los sabios, el que vayan a las puertas de los ricos»; sino mintió quien tal cumplido les hizo. Lo verdaderamente natural es que quien se enferma, sea rico o pobre, tenga que ir a las puertas de los médicos; y que quien necesite ser gobernado, vaya a las del capaz de gobernar; y no lo es el que el gobernante pida a los gobernados se dejen gobernar en lo que, en verdad, les sea de provecho. Mas no errarás al asimilar a los actuales gobernantes políticos con los marineros de que hablábamos hace un momento; y a los llamados por éstos “inútiles y estrelleros”, con los verdaderamente pilotos. [489b] Por todo lo cual, y, en medio de tales gentes, no es fácil el que la mejor profesión goce de buena fama ante los que profesan la contraria. Mas la mayor y más fuerte calumnia le viene a la filosofía de los que de sí afirman profesarla; de los que tú dices que el detractor de la filosofía aseguraba sea grandísimamente perversos la mayoría de los que hacia ella van, que los más sapientes son inútiles; y yo concedo que dices la verdad, ¿Es así? [489d] V. ¿Así que hemos explicado la causa de la inutilidad de los sapientes? [489d] Y mucho. [489d] ¿Quieres que después de esto expliquemos lo referente a la perversidad, casi necesaria, de la mayoría de ellos y que. En la medida de nuestras fuerzas, probemos de demostrar que tampoco es causa de esto la filosofía? [489e] Digamos, pues y oigamos, recordando lo anterior, cuando recontamos cuál tiene que ser la naturaleza de quien nazca para filósofo bello-y-bueno. Que, primero, sí lo recuerdas, le sea su guía Verdad, seguir a la cual debe en todo y de toda manera; que, de ser impostor, no tendrá parte alguna en la filosofía verdadera. [490a] Esto solo, ¿no va grandemente contra la opinión de los que ahora sobre él opinaban? [490a] Y micho, dijo. [490a] ¿Será, pues, no adecuada defensa la nuestra: la de que el realmente amigo-de-aprender sería, de natural, campeón de lo — ente, y que no se atascaría en tantas y tantas cosas como dan la apariencia de ser; mas iría hacia él, sin pestañear ni cejar en su amor antes de palpar lo que haya de ser en la naturaleza de cada cosa, que es lo que conviene palpe bien el alma y lo) que conviene a congénere; acercándose a lo cual y mezclándose a lo realmente ente, engendrando así inteligencia y verdad, conozco, viva en verdad, se nutra y cesen sus ansias; mas no antes? [490b] Lo sería, dijo, adecuadísimo. [490b] Pues bien: ¿habrá en tal varón algo así como amor a la mentira o, todo al contrario, la odiará? [490c] La odiará, dijo. [490c] Mas a la verdad de guía, afirmaríamos, creo, que no la sigue el coro de los males. [490c] Sino el carácter sino y justo al que sigue también la templanza. [490c] ¿Qué necesidad, pues, hay ya de ordenar una vez más y desde el principio el coro de las demás virtudes de la naturaleza filosófica?; porque recuerda que le resultaban adecuadas valentía, magnificencia, facilidad de aprender, memoria. Y a tu objeción de que todos se verán forzados a convenir con lo que decimos, dejando razonamientos aparte y puesta la mirada en aquellos de quienes trata el razonamiento, diría ver que, de entre ellos, los hay ciertamente inútiles; pero los más son malos de toda maldad. Y considerando la causa de tal acusación hétenos ahora en esto: por qué son malos los más; y precisamente por esto reconsideramos la naturaleza del verdaderamente filósofo y tuvimos necesidad de definirla. [490e] Así es, dijo. [490e] VÍ. Pues bien, proseguí, hay que considerar por qué se corrompe tal naturaleza, cómo se pervierte en la mayoría, y de ello se escapan pocos —a quienes, es cierto, no se llama “perversos” sino “inútiles”. Y después de esto considerar las naturalezas que fascimileen a ésta y se metan en su profesión; naturalezas de almas que llegan a tal profesión siendo indignas de ella, y ésta superior a ellas; errando de muchas maneras apegaron de todas y en todos sobre la filosofía la opinión de que hablas. [491a] ¿A qué corrupciones te refieres?, dijo. [491a] Si soy capaz, respondí, intentaré describirlas. Todos, creo, convendrán con nosotros en esto: que la naturaleza que posca cuantas dotes hemos ahora exigido si ha de resultar perfecto filósofo, pocas veces y en pocos de los hombres nace. ¿O no lo crees? [491b] Y mucho. [491b] Mira cuántas y cuán grandes son las maneras de su perdición. [491b] Por cierta que lo más sorprendente de oír es que cada una de las cosas que en tal naturaleza alabamos corrompe al alma que la posee y la arranca de la filosofía: hablo de valentía, templanza y de todo lo que enumeramos. [491b] Desconcertante de oír. [491c] Además de esto, añadí, corrompen y separan de la filosofía todos los llamados “bienes”: belleza, riqueza, robustez corporal, el parentesco, imponiéndose en la Ciudad; y todo lo a esto afín. Tienes, pues, unos ejemplos de lo que digo. [491c] Los tengo, dijo; pero con gusto me enteraría con mayor exactitud de lo que hablas. [491c] Tómalo, añadí, en conjunto, que es lo correcto y se te hará claro y evidente, y no te parecerá sorprendente lo que acerca de ello acabo de decir. [491c] ¿Cómo quieres que lo haga?, dijo. [491d] De toda simiente o retoño, sea de planta o de animal, proseguí, sabemos que lo que no tenga la Suerte de hallar el alimento adecuado a cada una, o la estación o el lugar, cuanto más vigoroso sea tanto más echa a faltar lo conveniente, porque el mal es más contrario al bien que a lo no bueno. [491d] Pero, ¿cómo no? [491d] Es, pues, racional el que la mejor naturaleza, al hallarse con alimentación extraña, salga peor parada que la mediocre. [491d] Según esto, pues, Adimanto, afirmamos que, parecidamente, las almas mejor nacidas, en caso de caerles en Suerte una mala educación, resulten eminentemente malas. ¿O crees que las máximas injusticias y la perversidad desenfrenada provienen de una naturaleza mediocre, y no de una vigorosa, corrompida por la crianza, y que naturaleza débil llegará a ser alguna vez causa de grandes ni bienes ni males? [491d] No, sino así, respondió. [492a] Si, pues, la naturaleza del filósofo, tal cual la definimos, tiene la Suerte de hallar la conveniente enseñanza, creo que de toda necesidad llegará, creciendo, a toda virtud. Mas si, sembrada y plantada, se alimenta de lo no conveniente, llegará a todo lo contrario, a no ser que tenga la Suerte de que alguno de los dioses la ayude. ¿Piensas tú también, como la mayoría, que hay algunos jóvenes corrompidos por los sofistas, mas que los sofistas corruptores sean unos particulares de los que valga la pena hablar; que, al revés, los mismos que tal dicen sean ellos los máximos sofistas, capaces de educar y formar perfectísimamente a quienes ellos quieran, sean jóvenes o viejos, varones y mujeres? [492b] Cuando, respondí, juntos muchos, y sentados, en asambleas, tribunales, teatros, ejércitos o cualquier otra reunión común de una multitud reprueban con gran tumulto algo de lo - dicho o hecho, o lo alaban, exagerando ambas cosas, gritando, aplaudiendo, y, además de esto, rocas y lugares en que están dupliquen con sus ecos tal tumulto de reprobación o de alabanza. En tales ocasiones, como se dice, «¿qué corazón de joven aguanta?». ¿Qué educación particular se opondrá a ello que, sumergida bajo tal reprobación o alabanza, no se la lleve la corriente hacia donde ésta vaya, no afirme aquella ser bello o feo lo a ésta conforme, haga lo que aquellos y llegue a ser cual ellos? [492d] Gran necesidad, Sócrates, respondió. [492d] VII. Por cierto, añadí, que aún no hemos hablado de la violencia mayor. [492d] ¿De cuál?, dijo. [492d] la que añaden de obra al no persuadir de palabra tales educadores y sofistas. ¿No sabes que a quien no se convence lo castigan con deshonra, multas y muerte? [492d] Y mucho, mucho, dijo. [492d] Pues bien: ¿qué diferente sofista o qué razonamientos - privados, contrarios a esos, oponerles, y que lleguen a dominar? [492e] Creo que ninguno, respondió. [492e] Pues no, proseguí, y fuera gran insensatez intentarlo. Porque ni hay ni ha habido ni aun habrá un carácter que haya tenido otra educación para la virtud, contraria a la educación de éstos —carácter humano, compañero; de «el divino», según el refrán, «por excepcional, no se hable de ello». Porque ha de saberse bien que todo lo que en tal constitución de los regímenes políticos se salva y llega a ser lo que debe ser, diciendo - que se salva por gracia de dios no te expresarás malamente. [493a] Ni a mí me lo parece de otra manera, dijo. [493a] Pues bien: ponte a pensar además de en esto en estotro: ¿En qué? [493a] Cada uno de los particulares asalariados a quienes la mayoría llama “sofistas”, y tiene por enemigos de las artes, no enseña otra cosa sino los dogmas que esa mayoría profesa cuando se reúne; y a eso llaman "ciencia”. Cual si alguien aprendiera detalladamente las rabietas y apetitos de una criatura grande y fuerte: cuándo acercársele y cuándo ponerle las manos, y cuándo está más feroz o mansa y por qué; y con qué sonidos especiales acostumbra a expresarse; y con cuáles, al proferirlos otro, se amansa y se enfurece, aprendiendo todo esto con el trato y largo tiempo lo llamara “sabiduría”; y, cual si hubiera adquirido una arte, se dedicara a la enseñanza; y sin saber nada en verdad de lo que en tales dogmas y apetencias hay de bello o feo, de bueno o malo, de justo o injusto, llamara a todo esto según las querencias del gran animal: llamara “buenas” aquellas con que se alegra; con las que se enfada, “malas”, sin otra razón alguna para ello; llamara, pues, a las necesidades, “justas” y “bellas”; que nunca hubiera visto ni otro le hubiese mostrado cuánto, en realidad, se diferencian las naturalezas de lo necesario y de lo justo. ¡Por Júpiter!, siendo tal, ¿no te parece resultar bien desconcertante educador? [493c] A mí sí, dijo. [493c] ¿En qué, pues, te parece ser diferente de éste quien haya calado las iras y gustos de una mayoría abigarrada, en asamblea, en punto a pintura, música o además en política? Porque si alguien se trata con ellos para exhibirles o un poema o cualquier otra obra de arte o servicio a la Ciudad, haciendo de la mayoría señores suyos, más allá de lo necesario, la llamada «necesidad de Diomedes» le forzará a hacer lo mismo que ellos alaban. Mas de que eso sea bueno y bello en verdad, ¿has oído jamás que ellos den una razón que no sea superlativamente ridícula? [493d] Creo que ni la viré, respondió. [493d] VII. Comprendido, pues, todo esto, recuérdate de estotro: ¿hay cómo la multitud acepte o crea existir lo Bello mismo; mas no, los bellos en plural; o lo Cada uno mismo; mas no. Cada uno en plural? [494a] Es lo que menos, dijo. [494a] Luego es imposible que la multitud sea filósofo. [494a] Luego es también necesario el que los filosofantes sean vilipendiados por la multitud. [494a] Es necesario. [494a] Y también, por esos particulares que, tratándose con la plebe, apetecen complacerla. [494a] Es evidente. [494a] Por lo cual, ¿qué salvación le ves a la naturaleza filosófica de modo que llegue a permanecer en tal profesión hasta el final? Piénsalo por lo anterior, porque convinimos en que facilidad de aprender, memoria, valentía y magnificencia son propias de esta naturaleza. [494b] Pues bien: el tal, ¿no será ya desde la primera infancia el primero entre todos, especialmente si el cuerpo nace propicio para el alma? [494b] Pero, ¿cómo no va a ser así?, respondió. [494b] Querrán, pues, creo, servirse de él, apenas llegue a mayor edad, para sus propios asuntos los familiares y los ciudadanos. [494b] Pero, ¿cómo no? [494b] Luego se prosternarán ante él suplicantes y reverentes, anticipando y adulando su futuro poder. [494b] Es natural que así sea, dijo. [494b] ¿Qué piensas, pues, hará el tal en medio de los tales, especialmente si, por suerte, nació en gran Ciudad, y, en ella, es de los ricos y nobles, y, encima, bello-de-ver y esbelto? ¿No se llenará de descomunales esperanzas, creyéndose capaz de llevar los asuntos de griegos y de bárbaros? Y más aún: ¿no se le subirán los humos a la cabeza y se llenará a rebosar de fastuosidad y pretensiones de casquivano? [494d] Y mucho, dijo. [494d] Si a quien en tal estado se halle se le acerca alguien mansamente a decir la verdad: que no tiene inteligencia, mas la necesita; y que no la adquirirá, si para adquirirla no se hace su esclavo, ¿crees que será fácil haga caso entre tantos males? [494d] Si, pues, añadí, por ser uno de buen natural y sentirse afín a los razonamientos se convierte y deja arrastrar hacia la filosofía, ¿qué creemos harán aquellos que piensan pierden sus servicios y compañía? De obra y palabra, ¿no dirán y harán todo con él para que no se deje convencer, y, respecto del convencedor, para que no lo pueda hacer, —sea con asechanzas secretas, sea llevándolo a tener que defenderse ante el pueblo? [495a] Gran necesidad de que sea así, dijo. [495a] ¿Hay, pues, cómo el tal llegue a filosofar? [495a] Casi no lo hay. [495a] IX. ¿Ves, pues, proseguí, que no estuvo mal dicho el que aun las mismas dotes de la naturaleza filosófica, cuando crecen en mal ambiente son, de alguna manera, cansa de abandonar tal profesión, lo mismo que la son los llamados “bienes” riquezas y sus atuendos todos? [495a] No lo estuvo mal, sino correctamente dicho, respondió. [495a] Tal es, proseguí. Admirable, la perdición, y tal y tanta la corrupción del natural mejor para la mejor de las profesiones, natural, por lo demás raro, como decimos nosotros. De estos varones salen tanto los que hacen los mayores males a las Ciudades y a los particulares como los que, bienes: los que por Suerte, de esta manera, se dejan llevar, porque un natural mediocre jamás hará algo de grande ni respecto de particulares ni de Ciudad. [495b] Por cierto que quienes así abandonan lo que más les convenía dejan a la filosofía solitaria e incultivada y llevan ellos una vida ni conveniente ni verdadera; a Ella, cual huérfana de parientes, acércansele gentes indignas que la han colmado de vergüenza y de reproches: esos que tú mismo decías le reprochan con ese reproche: que de atienes con ella se tratan, unos no merecen nada; pero los más, los más de los males. [495b] En efecto, tal se dijo, añadió. [495b] Y se dijo con verosimilitud, proseguí. Porque otros hombrecillos, viendo que tal comarca había quedado yerma, mas llena de bellos nombres y figurines, cual presos huidos que se refugian en los templos huyen con gusto de sus oficios e invaden la filosofía; y son precisamente los que se da el caso de ser los más habilidosos en su propia artecilla. Porque, aun tratada así la filosofía, le queda, respecto de las demás artes, una dignidad magnificentísima de la que se prendan muchos de natural inculto, mas de cuerpo deformado por artes y artesanías; parecidamente, están mutilados y degradados de alma por las menestralías. ¿No es así necesariamente? [495e] Y mucho, dijo. [495e] ¿Al verlos, pues, proseguí, piensas se diferencien en algo de herrero calvo y pequeño, rico en plata, recién libre de cadenas, lavado en baño público, vestido de traje nuevo, ataviado cual novio que se apresta a casarse con la hija del dueño, por su pobreza y soledad? [496a] No se diferencia gran cosa, dijo. [496a] ¿Qué es verosímil engendren los tales?: ¿bastardos y mediocres? [496a] Es grandemente necesario. [496a] Pero, ¿qué, cuando los indignos de educación se acerquen + la filosofía para tratarla, y no de manera digna?, ¿de qué calidad serán los pensamientos y opiniones que engendren?; ¿no serán sofismas, para decir el nombre que en verdad les conviene, y nada genuino ni afín al pensamiento verdadero? [496a] X. Bien pequeño es el número, proseguí, Adimanto, que queda de los que dignamente se tratan con ella; tal vez alguno forzado por el destierro, de noble y bien criado carácter y que, por falta de corruptores, permanece naturalmente fiel a la filosofía; o cuando en Ciudad pequeña nace una alma grande y se desinteresa, por desprecio, de los asuntos de la Ciudad. Unos pocos y procedentes de otra arte que, despreciándola justamente, vienen a la filosofía como para ella nacidos. Sería también algo así como el freno que retiene a nuestro compañero Teages, porque todo lo demás parece cual preparado para retraerlo de la filosofía; pero el mal estado de su salud lo retiene apartado de la política. De lo mío, no vale la pena hablar; me refiero a la señal daimoníaca, porque tal vez a algún otro, más bien a nadie de los anteriores, le pasó. Pues bien: de éstos pocos son los que llegaron a gustar cuán deleitable y Feliz es tal posesión y que han llegado a ver suficientemente la locura de la mayoría; y que, por decirlo así, nadie hace algo de sano en los asuntos de la Ciudad; ni hay con quien, de aliado, acudir en ayuda de lo justo, y salir sano y salvo. Que, cual hombre caído entre fieras, no quiere obrar injustamente, en compañía; ni se siente capaz; él a solas, de enfrentarse a todas las fieras; perece antes de haber ayudado a la Ciudad o a los amigos, inútil para sí y para los demás; haciendo la cuenta de todo esto quédase quieto, hace su propio quehacer cual quien, en medio de tempestad de polvo y granizo, empujado por el viento refúgiase bajo muro; y viendo a los demás llenos a rebosar de injusticia, se contenta con vivir puro de injusticia y de obras impías su vida de Acá; y su partida de ella, con bella esperanza; y pártese sereno y tranquilo. [497a] No sería pequeña cosa, dijo, el que, habiéndose partido así, partiere. [497a] Ni tampoco la mayor, proseguí, sin haber tenido la Suerte de hallar régimen político adecuado, porque, de encontrarlo, engrandeciérase él mismo y, con lo privado, pondrá a salvo lo común. [497a] XI. Pues bien: de dónde le vengan a la filosofía tales calumnias, y no justicieramente, me parece quedar ya adecuadamente dicho, a no ser que tú digas otra cosa. [497a] Nada tengo, dijo, que añadir a esto. Pero, ¿cuál dirías serle a la filosofía el más conveniente de los actuales regímenes políticos? [497b] Ni uno solo, añadí. Mas por esto precisamente los encauso: por no ser ninguna de las actuales constituciones de Ciudad, digna de una naturaleza filosófica; por esto precisamente se muda y altera. Cual simiente extraña, sembrada en tierra ajena, se debilita y se deja fácilmente dominar por el suelo del terreno. Así ahora este género no retiene su propia poder, sino recae en carácter ajeno. Mas si encontrare régimen político óptimo, tan bueno como él es, pondrá entonces de manifiesto que, en realidad, es divino él mismo; mas los otros, humanos; tanto naturalezas como profesiones. Es, pues, claro que, después de esto, se me preguntará cuál es tal régimen político. [497c] «καὶ αὐτὸ ἄριστόν ἐστιν, τότε δηλώσει ὅτι τοῦτο μὲν τῷ ὄντι θεῖον ἦν, τὰ δὲ ἄλλα ἀνθρώπινα, τά τε τῶν φύσεων καὶ τῶν ἐπιτηδευμάτων. δῆλος δὴ οὖν εἶ ὅτι μετὰ τοῦτο ἐρήσῃ τίς αὕτη ἡ πολιτεία. οὐκ ἔγνως, ἔφη: οὐ γὰρ τοῦτο ἔμελλον, ἀλλ᾽ εἰ αὑτὴ ἣν ἡμεῖς διεληλύθαμεν οἰκίζοντες τὴν πόλιν ἢ ἄλλη. τὰ μὲν ἄλλα, ἦν δ᾽ ἐγώ, αὕτη: τοῦτο δὲ αὐτὸ ἐρρήθη μὲν καὶ τότε, ὅτι δεήσοι τι ἀεὶ ἐνεῖναι ἐν τῇ πόλει λόγον» (Burnet, 497c) [497c] Te engañas, dijo, porque no iba por eso, sino si era el que nosotros describimos al fundar la Ciudad u otro. [497c] Es el mismo, respondí, a no ser precisamente en eso que entonces dijimos: que en la Ciudad habrá de haber siempre quien mantuviera el mismo concepto de régimen político que tú, el legislador, tenías cuando estableciste las leyes. [497d] Se dijo, añadió. [497d] Mas no quedó, dije, suficientemente declarado, por miedo mío de que, interviniendo vosotros, quedase en claro cuán larga y dificultosa era la demostración de ese punto, ya que lo restante no era tampoco del todo fácil de explicar. [497d] De qué manera tratar a la filosofía, si la Ciudad no ha de perecer, porque todo lo grande es arriesgado; y, como se dice, «lo bello es, en realidad, dificultoso». [497e] No obstante, dijo, llegue a su final la demostración, una vez en claro este punto. [497e] No lo impedirá, añadí, el no quererlo, sino el no poderlo. Presente, podrás reconocer mi celo. Mas ahora atiende a cuán celosa e intrépidamente voy a decir que la Ciudad ha de poner mano en (al empresa de manera contraria a la actual. [497e] Actualmente, proseguí, los que se dan a ella son muchachos; apenas salidos de la niñez, una vez llenado el intermedio con economía y comercio, al aproximarse a lo más difícil se apartan aun los tenidos por los más filósofos. Llamo "lo más difícil” a lo referente a dialéctica. En adelante, y si otros de los que la practican les exhortan, aceptan ser oyentes y tienen por gran cosa pensar debe hacerse eso cual trabajo accesorio. Cerca de la vejez, fuera de unos pocos, se apagan mucho más que el sol de Heráclito, por cuanto que ya no volverán a encenderse. [498b] ¿Cómo, pues, ha de hacerse?, dijo. [498b] Todo lo contrario: darles a muchachos y niños educación y filosofía juveniles; y cuidar solícitamente en esa época de crecimiento y proximidad a virilidad de los cuerpos de quienes han de rendir homenaje a la filosofía. Mas adelantando en esa edad en que el alma comienza a perfeccionarse, que aumente la gimnasia propia de ella. Mas cuando declinen las fuerzas, fuera ya de servicios políticos y militares soltarlos a que pazcan libres y no hagan otra cosa sino cual accesoria quienes intentan vivir bienaventuradamente y, en muriendo, cáigales Allá la Suerte debida a la vida vivida. [498c] XII. En verdad, Sócrates, me pareces hablar con empeño. Creo, por cierto, que la mayoría de los oyentes se te opondrán con mayor empeño aún, y en medo alguno convencidos, —comenzando por Trasimaco. [498d] No metas discordia, repliqué, entre mí y Trasímaco, desde hace poco amigos, anteriormente tampoco enemigos. Nada dejaré por tentar hasta que lo convenza a él y a los demás o hagamos previamente algo para aquella otra vida cuando, vueltos a la existencia, estemos tratando de estas mismas razones. [498d] ¡Hablas, dijo, para de ahora a poca tiempo! [498d] De ahora, a nada, proseguí, comparado con el Total. Que no convenzamos a los llamados “mayoría”, nada tiene de sorprendente, porque Jamás vio realizado lo que estamos diciendo, sino aún más: han oído frases aconsonantadas de intento entre SÍ, no casualmente, como las que ahora han así caído. Mas varón que de palabra-y-obra esté, dentro de lo posible, perfectamente equiparado y aconsonantado con Virtud y mande en una Ciudad tal como ésta, no lo han visto jamás, ni uno ni muchos. ¿Lo crees? [499a] En modo alguno lo han visto. [499a] Ni han sido oyentes, Venerable, de suficientes razonamientos bellos y nobles en los que se busca de toda manera y con toda atención la Verdad por mor del conocerla; mas trátanla de lejos con sutilezas y disputas que a nada tienden jamás sino a vanagloria, discusiones tanto en las reuniones judiciales como en las privadas. [499a] Ni de aquellos, dijo. [499b] Por causa de esto, proseguí, previéndolo y teniéndolo entonces, sin embargo, forzado por la verdad, dijimos que ni Ciudad ni régimen político ni varón llegarán parecidamente a ser jamás perfectos hasta que a los filósofos —a esos pocos, y no perversos, llamados ahora “inútiles”— se dé el caso de que una cierta necesidad los obligue, quiéranlo o no, a cuidarse de Ciudad; y a la Ciudad, a obedecerles; o que a las actuales dinastías y realezas les sobrevenga, a sus hijos o a ellos mismos por una inspiración divina, el verdadero amor de la verdadera sabiduría. Que sea imposible se realice uno de estos casos o ambos, diría yo no tener esto sentido alguno, porque con justicia se nos rieran por hablar de cosas muy parecidas a piadosos deseos, ¿No es así? [499c] Sí, pues, que eso de haberse, por una cierta necesidad, ocupado de Ciudad algunos de los eminentes en filosofía haya sucedido a lo largo del pasado infinito, o ahora esté sucediendo en algún país de bárbaros, bien lejos de nuestras miradas, o que más adelante haya de suceder, estamos preparados a pelear hasta el final con esta razón: que el régimen político de que se ha hablado o existió, o existe o existirá cuando la Musa misma sea la gobernadora de Ciudad; porque no es imposible el que llegue a existir, ni hablamos de cosas imposibles, aunque nos confesemos ser difíciles. [499d] Y a mí también me lo parece así, dijo. [499d] ¿Mas que a la mayoría, añadí, dirán que no se lo parece? [499e] Venerable, proseguí; no acuses tanto así a la mayoría. Llegarán a tener otra opinión si, dejando las ganas de reñir con ellos, exhortándolos mas bien y desatando aquella calumnia contra la erudición, les muestras a quiénes llamas *filósofos”; y defines, como hace un momento, su naturaleza y profesión, a fin de que no piensen que hablas de los que ellos creen. Que si así llegan a verlo, tendrás que afirmar haber llegado a formarse otra opinión y juzgar de otra manera. ¿O crees que alguien se enfade con quien no se enfada, o desee un mal a quien no se lo desea, por estar sin malevolencia y con mansedumbre? Me adelanto a decirte que, sólo en unos pocos, mas no en la mayoría, creo se dé natural tan difícil. [500a] Descuida, dijo; coincido con tu creencia. [500b] ¿Coincides también en estotro: que de esa mala disposición de la mayoría contra la filosofía son causantes los intrusos que, contra lo debido, irrumpen en ella cual parranderos, se injurían y molestan unos a otros, hacen de todo cuestión personal y nada de conveniente a la filosofía? [500b] Y mucho, dijo. [500b] XIII. No hay, por cierto, Adimanto, para quien tenga la mente verdaderamente puesta en los seres, tiempo libre para mirar la conducta de los hombres de más abajo, pelearse con ellos y llenarse de malevolencia; mas viendo y contemplando El orden e identidad sempiternas de tales cosas —que ni se hacen mal alguno ni lo padecen, al revés: todas están ordenadas según razón— las imitan y hácense lo más posible semejantes a ellas. ¿O crees haber traza de tratarse con lo amado, y no imitarlo? [500c] Así que, por tratarse el filósofo con lo divino y ordenado, llega a ser ordenado y divino en lo que al hombre le es posible, —aunque ante muchos sé le calumnie. [500d] De todo en todo así es. [500d] Sí, pues, añadí, siente la necesidad de preocuparse por trasladar lo que Allá ve a las costumbres privadas y públicas de los hombres, y no sólo por reformarse a sí mismo, ¿crees que resulte mal artífice de templanza y justicia y de toda virtud Cívica? [500d] Nada menos que eso, dijo. [500d] Mas si la mayoría llega a notar que le decimos en este punto la verdad, ¿hostilizará a los filósofos, y desconfiará de nosotros, cuando les digamos que Ciudad no será jamás bienaventurada, a no ser que la diseñen esos dibujantes que emplean paradigma divino? [500e] No les hostilizarán, respondió, si lo notan. Mas, ¿de qué modo de diseño hablas? [501a] Tomando, proseguí, cual tabla a Ciudad y a las costumbres de los hombres, primero la limpiarán; lo que no es muy fácil. Mas sábete que en esto desde el comienzo se diferenciarán de los demás: en no querer poner manos a la obra y redactar leyes para particulares ni para Ciudad, antes de recibirla o hacerla ellos limpia. [501a] Y correctamente, dijo. [501a] Después de lo cual, ¿no crees que delinearán el proyecto de régimen político? [501b] Después, creo, durante la elaboración volverán frecuentemente la vista hacia ambas partes: hacia lo por naturaleza justo y bello y temperado, y virtudes tales, y hacia lo que en su turno introducirían en los hombres mezclando dosificadamente de las profesiones lo hominiforme, guiándose cual por modelo por lo que, según Homero, hállase en los hombres de diviniforme y divinosímil. [501b] Y unas veces borrarán, creo, algo; otras, al revés, lo añadirán, hasta que los rasgos humanos resulten en lo posible y, sobre todo, agradables a los dioses. [501c] Bellísimo, pues, dijo, resultará el diseño. [501c] Pues bien, añadí; ¿hemos de alguna manera persuadido, a aquellos que afirmabas venían en regimiento contra nosotros, de que tal es el Diseñador de regímenes políticos que ante ellos entonces alabábamos; y por lo que llevaron a mal que le encomendáramos las Ciudades?; y oyendo ahora esto, ¿estarán más amansados? [501c] Y mucho más, dijo, si son sensatos. [501d] Pues, ¿qué tendrían que objetarnos?: ¿que los filósofos no son amantes de lo ente y de la verdad? [501d] Absurdo por cierto sería, dijo. [501d] ¿Pero que su naturaleza, tal cual la hemos descrito, no es pariente de lo Optimo? [501d] Ni esto precisamente. [501d] Pero ¿qué?: que tal naturaleza, aun en caso de tener por Suerte una de las profesiones adecuadas, ¿no será perfectamente buena y filosófica, si es que hubo alguna así? ¿O afirmarán serlo más aquellos que nosotros descartamos? [501e] No por cierto. [501e] ¿Se enfadarán aún porque digamos que, antes de que el género de filósofos no llegue al poder en Ciudad, ni Ciudad ni particulares se verán libres de males; ni que el régimen político, que "de palabra” hemos fingido, llegará finalmente a ser “real-de-hecho”? [501e] Tal vez se enfaden menos, dijo. [501e] ¿Quieres, pues, proseguí, que no digamos eso de “menos”, sino que están ya íntegramente amansados y convencidos, a fin de que, si no por otra cosa, por vergüenza lo admitan? [502a] XIV. Démoslos, pues, proseguí, por convencidos. ¿Hay alguien que ponga en duda el que algunos hijos de reyes o de potentados pudieran nacer filósofos de natural? [502a] Nadie, ni uno; dijo. [502a] Nacidos tales, ¿hay quien diga que, por absoluta necesidad, se corromperán?; que sea difícil se salven, aun nosotros lo admitiríamos; mas que, a lo largo de todos los tiempos, jamás se haya salvado ni uno, ¿hay quien llegue hasta dudar de ello? [502b] Y ¿cómo? [502b] Basta, por cierto, proseguí, con que uno se salve y tenga Ciudad obediente para llevar a cabo todo lo que ahora resulta increíble. [502b] Basta, en efecto, dijo. [502b] Pero gobernando él, y estableciendo las leyes y profesiones que hemos descrito, no es imposible por cierto el que los ciudadanos quieran cumplirlas. [502b] En modo alguno lo es. [502b] Pero lo que a nosotros nos parece bien, ¿va a parecer aun a otros extraño e imposible? [502c] No la creo, dijo. [502c] Que es lo mejor, si es posible, lo dejamos demostrado, como yo creo, anteriormente de manera suficiente. [502c] Suficiente, en efecto. [502c] Ahora bien: es el caso, pues, al parecer, que, acerca de la legislación, lo mejor es lo que decimos, si se realizara; dificultoso lo es; mas no, por cierto, imposible. [502c] Tal es el caso, dijo. [502c] XV. Puesto que hemos llegado, a pesar de las dificultades, al final, hay que tratar a continuación de lo restante: de qué manera, con qué enseñanzas y ejercicios los salvadores del régimen político llegarán a ser tales, y en qué edad cada uno de ellos se ocupará de cada una de esas cosas. [502d] Ha de tratarse, en efecto, dijo. [502d] No fue nada inteligente, proseguí, el que dejara anteriormente por malo de tratar lo de la posesión de las mujeres, procreación de hijos e institución de gobernantes, por saber cuán odiosa y dificultosa de realizar es la verdad íntegra sobre eso. Mas ahora no nos ha llegado menos el tener que tratar detenidamente de eso. Quedó terminado lo referente a las mujeres y niños; mas lo de los gobernantes ha de regresar, por decirlo así, a su principio. Decíamos, si lo recuerdas, que ha de ponerse de manifiesto su amor-a-la-patria, probándolos en placeres y dolores; y que ese dogma no ha de parecer lo rechacen ni por trabajos ni por miedo ni por vicisitud alguna; que al impotente se lo ha de excluir; pero al que de todo ello salga incólume, cual oro de prueba del fuego, hay que instituirlo de gobernante y darle honores y premios en vida y una vez muerto. Tal fue lo dicho, eludiendo y ocultando al hablar el temor de suscitar lo que ahora está presente. [503b] Verdaderísimamente dicho; me acuerdo, añadió. [503b] Recelo tenía, amigo, proseguí, de decir lo que ahora me he atrevido. Sea, pues, ahora atrevidamente dicho que los filósofos han de ser instituidos supremos guardianes. [503b] Advierte que probablemente serán pocos, porque la naturaleza que han de tener según lo descrito da para que pocas veces sus cualidades nazcan unidas en el mismo; las más de las veces nacen desperdigadas. [503c] ¿En qué sentido lo dices?, preguntó. [503c] Los listos, memoriosos, agudos, vivaces, y las cualidades que a éstas siguen, sabes que no suelen nacer juntas; y que los de espíritu novelesco y magnificente son tales que no quieren vivir decorosamente en tranquilidad y constancia, sino, por su vivacidad, son llevados de aquí para allá, a lo que salga; y todo lo constante se les escapa. [503c] Es verdad lo que dices, añadió. [503c] Por otra parte, a los caracteres constantes y no fácilmente movibles —de quienes uno se serviría por más fieles, y que en guerra resultan difícilmente conmovibles par el miedo— les pasa lo mismo respecto de los estudios: son difícilmente movibles y difícilmente aprenden, cual si estuvieran narcotizados, y están llenos de sueño y bostezos cuando deberían trabajar en firme. [503d] Así es, dijo. [503d] Mas nosotros afirmamos que de ambas clases de cualidades hase de tener buena y bella parte, o si no, no hay que darles ni la educación superior ni honores ni cargo. [503d] ¿No crees, pues, sea aquello caso raro? [503d] Pero, ¿cómo no? [503e] Hay que ponerlos a prueba en lo que decíamos: en trabajos, miedos y placeres; y además, digamos ahora lo que entonces omitimos: se los ha de ejercitar en muchos estudios, fijándonos en si su alma será capaz de soportar, y no espantarse y salir escapada de los máximos estudios, cual los que se espantan en los concursos. [504a] Conviene, dijo, fijarse en eso. Mas, ¿a qué llamas “máximos estudios”? [504a] XVI. Recuerdas tal vez, proseguí, que habiendo distinguido tres eídoses de alma, pasamos a qué era, cada una, Justicia, Templanza. Valentía y Sabiduría. [504a] Si no me acuerdo, dijo, justo sería el que no oyera lo restante. [504a] ¿Y lo que previo a eso dijimos? [504b] ¿Qué?, por cierto. [504b] Decíamos, pues, que, para poder contemplarlas de más bella manera, hacía falta un más largo rodeo que, recorriéndolo, las pondría totalmente en claro, y sería factible vincular las siguientes demostraciones con lo anteriormente dicho. Vosotros dijisteis bastar con esto; y así lo que entonces se dijo careció, como me lo pareció, de rigor; pero si os basta, decidlo. [504b] Para mí, dijo, satisfactorio y se lo pareció también a los demás. [504c] Pero, querido, proseguí, una medida deficiente en estos casos y en cualquiera cosa referente a lo ente, no resulta en modo alguno satisfactoria. Mas a veces a algunos les parece ya suficiente y que no hace falta investigar más allá. [504c] Y por cierto, dijo, que así por ligereza les pasa eso a muchos. [504c] Es justamente lo que menos, añadí, hace falta que pase a guardián de Ciudad y de leyes. [504c] Es verosímil, dijo. [504d] Hay, compañero, que seguir en esto el más largo rodeo y hno darse menos trabajo el aprendiz que el gimnasta, o, como estábamos diciendo, no llegará jamás al final de esa Enseñanza que es la máxima y más conveniente. [504d] ¿Que las otras, dijo, no eran lo máximo, sino que aún hay algo mayor que Justicia y lo demás que describimos? [504d] Mayor, ciertamente, proseguí; y no se ha, como hasta ahora, de darse a mirar un diseño de ellas, sino llevarlo a su última perfección. ¿O no es ridículo hacer todo lo habido y por haber en cosas de poca monta esforzándose en que resulten superlativamente exactas y límpidas, mas se juzgue que de las máximas no haya de haber máxima exactitud? [504e] Y mucho, dijo [juicioso pensamiento]. De qué Enseñanza máxima hablas y sobre qué verse, ¿crees que alguien, dijo, lo va a dejar pasar sin preguntarse qué es? [504e] No mucho, respondí; pero pregunta. No pocas veces me lo has oído entero; mas ahora o no lo recuerdas o estás pensando al retomarlo, en crearme dificultades. Más bien pienso que es esto, porque me has oído muchas veces que la idea de lo Bueno es la máxima enseñanza de la que sirviéndose lo Justo y lo demás resultan ser útiles y provechosos. Y ahora casi casi sabes que voy a decir eso mismo y, además, que no la conocemos suficientemente; pero que, si no la conocemos, aun si supiéramos lo demás, sabes que de nada nos serviría esto, cual tampoco si poseyéramos algo; mas no, lo Bueno. ¿O crees ser algo poseer toda clase de posesiones, menos la buena; o conocer todo lo demás, menos lo Bueno, o no conocer nada de Bello-y-Bueno? [505b] ¡Por Júpiter!, yo, no, —dijo. [505b] XVII. Pero de seguro sabes esto: que a la mayoría el placer les parece ser lo Bueno; a los más refinados, la inteligencia. [505b] Pero, ¿cómo no? [505b] Y que, querido, quienes tal piensan no tienen cómo mostrar qué es la inteligencia, sino se ven, al final, forzados a decir que es Inteligencia de lo Bueno. [505b] Y es grandemente ridículo, dijo. [505b] Pues, ¿y cómo no?, proseguí, ¿si nos insultan por no saber nosotros qué es lo Bueno; y nos hablan de nuevo cual si lo supiéramos?, porque dicen que es “inteligencia de lo Bueno”, cual si nosotros comprendiéramos lo que dicen al pronunciar ellos el nombre de “lo Bueno”. [505b] Pero, ¿qué de los que definen lo Bueno por el Placer? ¿Están menos rellenos de error que los otros? ¿Que no, aun éstos verse forzados a confesar que hay placeres malos? [505b] Y mucho. [505d] Les pasa, por cierto, creo, confesar que las mismas cosas son buenas y malas. ¿Es así? [505d] ¿No queda en claro el que hay sobre esto grandes y muchas dudas? [505d] Pues, ¿cómo no? [505d] Pero ¿qué?; ¿no está claro estotro: que muchos escogen para sí cosas que parecen justas y bellas, aunque no lo sean. No obstante las practican y poseen y las creen tales; mas a nadie le basta con poseer bienes que la “parecen” ser, sino buscan los que en realidad lo “son”; y todos en este caso desprecian tal “parecer”? [505d] Y mucho, dijo. [505e] Pues bien: lo que toda alma persigue y por mor de lo cual hace todo, adivinando que es algo, mas desorientada y no teniendo modo de captar “qué es”, ni de servirse de una fe que sea firme, cual la que tiene respecto de otras cosas, mas pierda por ello el provecho que de las demás cosas le viniera, ¿afirmamos que cosa tal y tanta ha de quedar en tinieblas aun para aquellos, los mejores de la ciudad, en cuyas manos pondríamos todo? [506a] Eso menos que nada, dijo. [506a] Creo, pues, proseguí, que, si se ignora de qué manera lo Justo y lo Bello sean buenos, no vale gran cosa el que los posea un guardián, si él mismo ignora eso de ellos; y aun sospecho que ni comenzará por conocerlos suficientemente. [506b] Así que nuestro régimen político estará perfectamente ordenado si lo supervee un guardián tal que tenga la ciencia de Eso. [506b] XVIII. Necesariamente, dijo. Mas tú, Sócrates, ¿afirmas que lo Bueno es ciencia o placer o algo al margen de esto? [506b] Tal varón, proseguí, era bellamente sabio, y me estaba ya bien claro que no te darías por contento con lo que a otros les parece sobre esto. [506b] Ni me parece justo, Sócrates, que se pueda hablar de las opiniones de otros, mas no de las de uno, cuando de ellas se ha uno ocupado tanto tiempo. [506b] Oúse yap Slrawóv por, Er, E Zórpotec. Palvetar r tTAV Pero ¿qué?, proseguí: ¿le parece justo hable alguien de algo que no sabe, cual si lo supiera? [506c] En modo alguno, dijo, “cual si lo supiera”; mas sí, que quiera hablar de lo que piensa. [506c] Pero ¿qué?, proseguí: ¿no te apercibes de que cuán feas son todas las opiniones sin ciencia?; de ellas, las mejores son ciegas. ¿O piensas que se diferencian en algo de ciegos que van por camino recto quienes piensan algo verdadero, sin entenderlo? [506c] En nada, dijo. [506c] ¿Quieres, pues, contemplar cosas feas, ciegas y torcidas, pudiendo oír de otros luminosas y bellas? [506d] ¡Por Júpiter!, Sócrates, dijo Glaucón, no te vayas cual si hubieras terminado. Nos bastará con que, al modo como discurriste acerca de Justicia. Templanza y demás virtudes, así mismo discurrieras sobre lo Bueno. [506d] A mí también, compañero, dije, me bastaría, y mucho; mas tal vez no seré capaz; y esforzándome de fea manera me exponga a risas. Mas, felices de vosotros, dejemos par el momento eso de “qué es” lo Bueno mismo, porque me parece que el ímpetu que ahora llevamos no da para llegar a lo que me está pareciendo es. Mas quiero hablar de cuál me parece ser la criatura de lo Bueno, y la más semejante a Ello, si os place; si no, dejarlo correr. [506e] Habla pues, dijo; otra vez, te extenderás en la descripción del padre. [507a] Querría yo, proseguí, poder darla y vosotros aceptarla, en vez de, como ahora, la de las criaturas. Pero aceptad este vástago y criatura de lo Bueno mismo. Tomad precauciones para que de alguna manera, involuntaria, no os engañe, dándoos una errada cuenta de la criatura. [507a] Tomaremos precauciones en lo posible, dijo. Pero habla sin más. [507a] Una vez convenido yo con vosotros, dije y recordándoos lo anteriormente dicho y ya en otras muchas veces hablado. [507b] Que hay muchas cosas bellas, proseguí y muchas buenas, y así de otras tantas de las que afirmamos que hay, y que deslindamos en el lenguaje. [507b] Lo afirmamos. [507b] Que se dan lo Bello mismo y lo Bueno mismo, y parecidamente respecto de todo lo que entonces pusimos como plural; y, poniendo que son plural según una idea que está siendo una, le atribuimos a cada uno "lo que es”. [507b] Y de aquello decimos que es visible, mas no inteligible; pero de las ideas, que se las entiende, mas no el que se las vea. [507c] De todo en todo es así. [507c] ¿Con qué de nosotros vemos lo visible? [507c] Con la vista, dijo. [507c] ¿También, pues, proseguí, con el oída lo audible; y con los demás sentidos, todo lo sensible? [507c] Como que sí. [507c] Pues bien, proseguí: ¿caes en cuenta de que el Artífice de los sentidos hizo muchísimo más perfecta que ellos a la potencia de ver y de ser visto? [507c] No mucho, dijo. [507c] Pues considéralo de esta manera: ¿A oído y a voz hay que añadir algo de un género distinto, para oír aquél, para ser oída ésta; que, si no está ese algo presente de tercero, aquél no oirá; la otra, no será oída? [507d] Creo, proseguí, que tampoco a otras muchas potencias, por no decir a ninguna, hay que añadirles nada de tal, ¿O puedes nombrar alguna? [507d] Yo no, respondió. [507d] Mas, ¿no caes en cuenta de qué les hace falta a la vista y a lo visible? [507d] «ἐὰν μὴ παραγένηται τρίτον, ἡ μὲν οὐκ ἀκούσεται, ἡ δὲ οὐκ ἀκουσθήσεται; οὐδενός, ἔφη. οἶμαι δέ γε, ἦν δ᾽ ἐγώ, οὐδ᾽ ἄλλαις πολλαῖς, ἵνα μὴ εἴπω ὅτι οὐδεμιᾷ, τοιούτου προσδεῖ οὐδενός. ἢ σύ τινα ἔχεις εἰπεῖν; οὐκ ἔγωγε, ἦ δ᾽ ὅς. τὴν δὲ τῆς ὄψεως καὶ τοῦ ὁρατοῦ οὐκ ἐννοεῖς ὅτι προσδεῖται; πῶς; ἐνούσης που ἐν ὄμμασιν ὄψεως καὶ ἐπιχειροῦντος τοῦ ἔχοντος χρῆσθαι αὐτῇ, παρούσης δὲ χρόας ἐν αὐτοῖς, ἐὰν μὴ» (Burnet, 507d) [507d] Aun presente la vista en los ojos, y proponiéndose quien la tiene usarla, y presente el color en lo visible, si no está presente un tercer género de cosa, nacida particularmente para eso mismo, ¿sabes que ni la vista verá nada, y que los colores serán invisibles? [507e] ¿De qué precisamente hablas?, dijo. [507e] De lo que tú llamas “luz”, respondí. [507e] Dices la verdad, respondió. [507e] El sentido de la vista y la potencia de ser vista engendrados fueron pues, por no pequeña idea: yugo muchísimo más precioso que el de los demás yugos mutuos, si la luz es algo no despreciable. [508a] Bien lejos está, dijo, de ser despreciable. [508a] XIX. ¿A quién de los dioses del cielo encasarás por señor de eso que hace en nosotros la luz: que vea bellísimamente la vista y resulte ser visto la visible? [508a] Al mismo que tú, respondió; al Sol, por quien, es claro, preguntas. [508a] Ahora bien: ¿de qué manera se ha naturalmente la vista respecto de este tal dios? [508a] La vista, ni ella ni la parte en que se engendra, llamámosla “ojo”, es el Sol. [508b] Pues no. [508b] Más téngola por la más solioide de los órganos de los sentidos. [508b] Y con mucho. [508b] ¿También, pues, la potencia que tiene, dispensada por El, poséela cual Fluido? [508b] ¿Luego tampoco es el Sol la vista; mas, por ser causante de ella, es visto El por ella misma? [508b] «δὴ καλοῦμεν ὄμμα. οὐ γὰρ οὖν. ἀλλ᾽ ἡλιοειδέστατόν γε οἶμαι τῶν περὶ τὰς αἰσθήσεις ὀργάνων. πολύ γε. οὐκοῦν καὶ τὴν δύναμιν ἣν ἔχει ἐκ τούτου ταμιευομένην ὥσπερ ἐπίρρυτον κέκτηται; πάνυ μὲν οὖν. ἆρ᾽ οὖν οὐ καὶ ὁ ἥλιος ὄψις μὲν οὐκ ἔστιν, αἴτιος δ᾽ ὢν αὐτῆς ὁρᾶται ὑπ᾽ αὐτῆς ταύτης; οὕτως, ἦ δ᾽ ὅς. τοῦτον τοίνυν, ἦν δ᾽ ἐγώ, φάναι με λέγειν τὸν τοῦ ἀγαθοῦ ἔκγονον, ὃν τἀγαθὸν ἐγέννησεν ἀνάλογον ἑαυτῷ, ὅτιπερ αὐτὸ» (Burnet, 508b) [508b] Así es, dijo. [508b] Luego a Este precisamente has de decir llamo yo “criatura” de lo Bueno, que lo Bueno engendró según su propia misma cuenta-y-razón: lo que Ello es en la región de lo inteligible respecto de inteligencia y lo inteligible, eso precisamente es El en la de lo visible respecto de vista y de lo visible. [508c] ¿Cómo?, dijo; explícamelo más aún. [508c] ¿Sabes, proseguí, que los ojos, cuando no están vueltos aún hacia cosas sobre cuyos colores repose la luz del día, sino la de nocturnas luminarias, ven turbiamente, y parecen casi ciegos, cual si no estuviera pura la vista? [508c] Y mucho, dijo. [508d] Mas cuando se vuelven, proseguí, hacia lo que el Sol alumbra, ¿ven claramente, y en los mismos ojos parece estar ya ensiendo la vista? [508d] Como que sí. [508d] Según esto, pues, piensa también en lo del alma; cuando se vuelve hacia donde Verdad y Ente alumbran, y allí mora, entiende y conócelo y parece poseer inteligencia. Mas cuando, hacia lo mezclado con oscuridad: lo naciente y pereciente, opina y ve turbio, alternando entre opiniones, y parécese entonces a quien no tuviera inteligencia. [508d] Pues lo parece. [508e] Pues bien: precisamente de lo que aporta la verdad a las cosas cognoscibles —y al conocedor, tal poder— afirma que es la idea de lo Bueno. Piensa que está siendo, en cuanto conocida, causa de ciencia y de verdad. Pero, aun siendo ambos; conocimiento y verdad bellos, si juzgares que lo Bueno es diferente, y aún más bello que ellos, correctamente juzgarás. Ten a ciencia y verdad, como antes correctamente a luz y vista, por solioides; mas no es correcto las tengas por Sol, así también aquí es correcto tengas a ambas por boni-oides; mas tener a cualquiera de ellas por lo Bueno no es correcto, sino que mucho más de apreciar es la calidad propia de lo Bueno. [509a] De descomunal belleza hablas, dijo, si aporta ciencia y verdad, aparte de estar por belleza sobre ellas, porque de seguro no hablas de Placer. [509a] «δὲ καὶ ἀλήθειαν, ὥσπερ ἐκεῖ φῶς τε καὶ ὄψιν ἡλιοειδῆ μὲν νομίζειν ὀρθόν, ἥλιον δ᾽ ἡγεῖσθαι οὐκ ὀρθῶς ἔχει, οὕτω καὶ ἐνταῦθα ἀγαθοειδῆ μὲν νομίζειν ταῦτ᾽ ἀμφότερα ὀρθόν, ἀγαθὸν δὲ ἡγεῖσθαι ὁπότερον αὐτῶν οὐκ ὀρθόν, ἀλλ᾽ ἔτι μειζόνως τιμητέον τὴν τοῦ ἀγαθοῦ ἕξιν. ἀμήχανον κάλλος, ἔφη, λέγεις, εἰ ἐπιστήμην μὲν καὶ ἀλήθειαν παρέχει, αὐτὸ δ᾽ ὑπὲρ ταῦτα κάλλει ἐστίν: οὐ γὰρ δήπου σύ γε ἡδονὴν αὐτὸ λέγεις. εὐφήμει, ἦν δ᾽ ἐγώ: ἀλλ᾽ ὧδε μᾶλλον τὴν εἰκόνα αὐτοῦ ἔτι ἐπισκόπει.» (Burnet, 509a) [509a] ¡Cuidado con la lengua!, repliqué; pero considera a su Imagen más bien así: Afirmarás, creo, que el Sol no sólo da a las cosas visibles el poder de ser vistas, sino además engendramiento, crecimiento y alimentación, aunque él mismo no sea generación. [509b] Pues, ¿cómo lo fuera? [509b] Y que a las cosas cognoscibles, según esto, no solamente les viene de lo Bueno el ser conocidas, sino también lo ser y la esencia les viene de Aquello, no siendo lo Bueno esencia sino superándola, por sobreesencial, en majestad y poder. [509c] XX. Y Glaucón, haciéndose el gracioso, dijo: ¡Por Apolo!, ¡daimoníaca hipérbole! [509c] Tú eres la causa, añadí, por forzarme a decir lo que me parece sobre esto. [509c] No cejes en modo alguno, dijo, hasta que, continuando la comparación con el Sol, nada quede por decir. [509c] Pero, añadí, muchas cosas quedan, por cierto. [509c] No dejes ninguna, por pequeña que sea, dijo. [509c] Creo, proseguí, que son grandes; no obstante, lo que en este momento sea posible, voluntariamente no las omitiré. [509c] No pues, dijo. [509d] Piensa, proseguí, que, como decimos, hay un par de eídoses, y que uno de ellos reina sobre el género y lugar de lo inteligible; mas el otro, sobre el de lo visible, —para que no te parezca, diciendo “celestial”, que me hago el sofista respecto de este nombre. ¿Mantienes que son un par de eidos: lo visible, lo inteligible? [509d] Lo mantengo. [509d] Cual si en una línea, cortada en dos secciones, hubiésemos tomado las dos desiguales, corta de nuevo cada una de las secciones según la misma cuenta--razón: la del género de lo visible respecto del de lo inteligible; y obtendrás en una de las secciones: en la de lo visible, imágenes según el grado relativo «νόησον τοίνυν, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὥσπερ λέγομεν, δύο αὐτὼ εἶναι, καὶ βασιλεύειν τὸ μὲν νοητοῦ γένους τε καὶ τόπου, τὸ δ᾽ αὖ ὁρατοῦ, ἵνα μὴ οὐρανοῦ εἰπὼν δόξω σοι σοφίζεσθαι περὶ τὸ ὄνομα. ἀλλ᾽ οὖν ἔχεις ταῦτα διττὰ εἴδη, ὁρατόν, νοητόν; ἔχω. ὥσπερ τοίνυν γραμμὴν δίχα τετμημένην λαβὼν ἄνισα τμήματα, πάλιν τέμνε ἑκάτερον τὸ τμῆμα ἀνὰ τὸν αὐτὸν λόγον, τό τε τοῦ ὁρωμένου γένους καὶ τὸ τοῦ νοουμένου, καί σοι ἔσται σαφηνείᾳ καὶ ἀσαφείᾳ πρὸς ἄλληλα ἐν μὲν τῷ ὁρωμένῳ» (Burnet, 509d) [509d] M Yáp. En de mayor a menor claridad. Llamo “imágenes”, primero, a las sombras; después, a las imágenes luminosas en aguas y en cuantas cosas resulten opacas, lisas y brillantes y a todo lo parecido ¿Comprendes? [509d] Pon en la otra sección aquello a que ellas se asemejan: a nuestros animales, a toda clase de plantas y a todo género de Enseres. [509d] Los pongo, dijo. [509d] ¿Querrías también afirmar, proseguí, que lo visible se divide según verdad y no; que lo opinable se ha a lo cognoscible como la asemejado se ha respecto de aquello a que se asemeja? [510b] Yo sí, dijo, y en firme. [510b] Considera a su vez cómo dividir la sección de lo inteligible. [510b] En una de sus partes el alma, sirviéndose, como de imágenes, de las cosas imitadas, se siente forzada a investigar, partiendo de supuestos, marchando no hacia Principio, sino hacia Final; mas en la otra, marchar hacia Principio sin-supuestos, partiendo de sub-puestos-y-justo, como Aquello, sin imágenes, hacer el camino con los eídoses mismos y mediante ellos. [510b] No he entendido suficientemente la que acabas de decir, añadió. [510b] Una vez más, pues, proseguí; lo entenderás fácilmente, dicho previamente lo siguiente: Creo que sabes que quienes trabajan en geometría, aritmética y cosas parecidas, subponiendo lo de par, impar, figuras, tres eidos de ángulos y cosas hermanas de éstas, según el camino a seguir, dando todo eso por sabido, y haciendo de ello sub-puestos, no juzgan deber dar ya acerca de ello razón alguna ni a sí mismos ni a otros, por ser enteramente evidente; mas, partiendo de ello, atravesando por lo restante, terminan concordemente en lo que intentaban considerar. [510d] Lo sé muy bien, dijo. [510d] Además, que se sirven de eídoses visibles y hablan sobre ellos, aunque sobre ellos no piensan, sino sobre Aquello otro a que ellos se asemejan: sobre el Cuadrado mismo razonan y sobre la diagonal misma, no sobre la que dibujan, y así de lo demás. Todo eso que modelan o dibujan, y de lo que hay sombras e imágenes en agua, sírveles a su vez de imágenes, buscando ver precisamente en sí mismo Aquello que no hay otra manera de ver que por la discursiva. [510e] XXI. Respecto de este eidos inteligible, pues, decía que el alma se ve forzada a servirse de supuestos en la investigación de Ello, yendo no hacia Principio, pues no puede levantarse más arriba de supuestos, mas sirviéndose de las imágenes mismas imitadas por las inferiores, teniendo a aquéllas respecto de éstas por más patentes y estimables. [511b] Entiendo, dijo, que hablas de geometría y de las artes hermanas con ésta. [511b] Aprende, pues, lo referente a la otra sección de lo inteligible cuando digo precisamente que la razón misma lo palpa con la potencia de la dialéctica, al hacer de los supuestos, no principios, sino, en realidad, supuestos, cual escalones y vehículos para que, al llegar a lo Sinsubpuesto: al Principio del Todo, palpándolo, y captada a su vez por las consecuencias de El, descienda de tal manera hasta el Final, sin servirse de ninguna manera de nada sensible, sino de los eídoses mismos, mediante ellos, y hasta ellos, y termine en eídoses. [511c] Lo entiendo, dijo; mas no suficientemente, porque me parece cosa de persistente trabajo. Que, por cierto, quieres definir que lo contemplado por virtud de ciencia dialéctica sobre lo ente y lo inteligible es más claro que lo contemplado por virtud de las llamadas “artes”, para las que los supuestos hacen de principio, y en las que los contemplativos se ven forzados a contemplar sus objetos mediante el discurso, es cierto, aunque no mediante sentidos. Mas por no llegar la contemplación hasta Principio, sino partiendo de supuestos, te parecerá no captan las cosas mismas, aunque con Principio resulten inteligibles. Pero me parece llamas “discursiva” la manera de comportarse de geómetras y otros tales, pero no “inteligencia”. [511d] «ἀνελθόντες σκοπεῖν ἀλλ᾽ ἐξ ὑποθέσεων, νοῦν οὐκ ἴσχειν περὶ αὐτὰ δοκοῦσί σοι, καίτοι νοητῶν ὄντων μετὰ ἀρχῆς. διάνοιαν δὲ καλεῖν μοι δοκεῖς τὴν τῶν γεωμετρικῶν τε καὶ τὴν τῶν τοιούτων ἕξιν ἀλλ᾽ οὐ νοῦν, ὡς μεταξύ τι δόξης τε καὶ νοῦ τὴν διάνοιαν οὖσαν. ἱκανώτατα, ἦν δ᾽ ἐγώ, ἀπεδέξω. καί μοι ἐπὶ τοῖς τέτταρσι τμήμασι τέτταρα ταῦτα παθήματα ἐν τῇ ψυχῇ γιγνόμενα λαβέ, νόησιν μὲν ἐπὶ τῷ ἀνωτάτω, διάνοιαν» (Burnet, 511d) [511d] Perfectísimamente, dije, lo captaste. Ahora acéptame el cE]e “a las cuatro secciones corresponden cuatro estados en el alma”: inteligencia, al sector supremo; discursiva, al segundo; al tercero dale la fe; y al último, la verosimilitud; y ordénalos según cuenta-y-razón, juzgando que en la medida en que participan de Verdad, en esa misma participan de Claridad. [511e] Lo entiendo, dijo, lo acepto y ordeno como dices. [511e] «δὲ ἐπὶ τῷ δευτέρῳ, τῷ τρίτῳ δὲ πίστιν ἀπόδος καὶ τῷ τελευταίῳ εἰκασίαν, καὶ τάξον αὐτὰ ἀνὰ λόγον, ὥσπερ ἐφ᾽ οἷς ἐστιν ἀληθείας μετέχει, οὕτω ταῦτα σαφηνείας ἡγησάμενος μετέχειν. μανθάνω, ἔφη, καὶ συγχωρῶ καὶ τάττω ὡς λέγεις. ΣΩΚΡΆΤΗς, ΓΛΑΎΚΩΝ» (Burnet, 511e) [514a] I. Después de esto, proseguí, asemeja, respecto de educación y de ineducación, nuestra naturaleza a un caso como el siguiente: Ve a hombres cual en habitación subterránea y cavernosa, que tiene abierta a lo ancho de toda la cueva gran entrada hacia la luz; desde niños están en ella encadenados de piernas y cuello, de modo que allí tienen que permanecer y mirar hacia adelante, impedidos por las cadenas de dar la vuelta a sus cabezas. Mas luz de leña quemada viéneles desde arriba, desde lejos, y por detrás; pero entre el fuego y los encadenados hay un camino alto, a lo largo del cual he aquí que hay edificado un pequeño muro semejante a las pantallas que los ilusionistas despliegan ante los hombres, y en las que muestran sus maravillas. [514b] Lo veo, dijo. [514b] Ve, pues, a hombres transportando a lo largo de ese pequeño muro artefactos de toda clase que rebasan el muro: estatuas, y otros animales en piedra y en madera, trabajados de varias maneras; y, como es verosímil, algunos de los portadores hablan; otros, están callados. [515a] Estás hablando, dijo, de desconcertante imagen y de desconcertantes. encadenados. [515a] Semejantes a nosotros, repliqué, porque, primero, ¿crees que los tales hayan visto de sí mismos y unos de otros algo más que las sombras proyectadas por el fuego sobre la pared frontal de su cueva? [515a] Pero, ¿cómo, si estarían forzados a tener la cabeza inmoble de por vida? [515b] Mas, ¿qué de lo transportado?; ¿no es lo mismo exactamente? [515b] Como que sí. [515b] Si, pues, fueran capaces de dialogar entre sí, ¿no piensas que creerían que, al dar nombres a lo que ven, los están dando a entes mismos? [515b] Necesariamente. [515b] «εἶεν διὰ βίου; τί δὲ τῶν παραφερομένων; οὐ ταὐτὸν τοῦτο; τί μήν; εἰ οὖν διαλέγεσθαι οἷοί τ᾽ εἶεν πρὸς ἀλλήλους, οὐ ταῦτα ἡγῇ ἂν τὰ ὄντα αὐτοὺς νομίζειν ἅπερ ὁρῷεν; ἀνάγκη. τί δ᾽ εἰ καὶ ἠχὼ τὸ δεσμωτήριον ἐκ τοῦ καταντικρὺ ἔχοι; ὁπότε τις τῶν παριόντων φθέγξαιτο, οἴει ἂν ἄλλο τι αὐτοὺς ἡγεῖσθαι τὸ φθεγγόμενον ἢ τὴν παριοῦσαν σκιάν; μὰ Δί᾽ οὐκ ἔγωγ᾽, ἔφη.» (Burnet, 515b) [515b] Pero, ¿qué, y si la prisión devolviere eco desde la pared frontal? Cuando uno de los transeúntes hablara, ¿crees pensarían que habla otra cosa sino la sombra transeúnte? [515b] Yo no, por Júpiter!, dijo. [515b] De todo en todo, pues, proseguí, pensarían los tales no ser lo verdadero sino las sombras de tales enseres. [515b] De toda necesidad, dijo. [515b] Considera ahora, proseguí, su desate y cura de tales cadenas y de tal ignorancia. ¿Qué les resultaría si les pasara, cual es natural, algo como esto?: cuando a uno de ellos se lo desatara y forzara de repente a levantarse y dar la vuelta al cuello, caminar y mirar hacía la luz, ¿no se dolería al hacer todo eso y, por deslumbrado, no podría percibir aquello cuyas sombras vio? ¿Qué crees diría si alguien le explicara que antes veía trampantojos; pero, ahora, algo que está más cerca de lo real; y que, vuelto hacia lo más real, vería más correctamente? En fin, si mostrándole cada objeto de los transeúntes se le forzara, con preguntas, a responder a "qué es”, ¿no crees que se desconcertaría y tendría lo entonces visto por más verdadero que lo ahora mostrado? [515d] Y mucho, dijo. [515e] II. Pues, y si se lo forzara a mirar hacia la luz misma, ¿no crees que le dolerían los ojos y, volviéndose, huiría hacia lo que puede ver, y tendríalo por, en realidad, más claro que lo mostrado? [515e] Así es, dijo. [515e] Pero si, proseguí, de allí se lo sacara a la fuerza, a lo largo de la subida suda y escarpada; y no se lo soltara hasta llevarlo a rastras a la luz del Sol, el así arrastrado, ¿no se lamentaría y enfurecería; y, en llegando a la luz, por tener los ojos inundados de resplandor, ni siquiera podría ver ni una sola cosa de las ahora llamadas "verdaderas”? [516a] No, de repente, dijo. [516a] Necesitaría, pues, creo, acostumbrarse si ha de ver lo de Arriba. Y primero mirar, cual más fáciles, las sombras; y después de ello, en el agua, los eídolos de hombres y demás cosas. Ál final, las cosas mismas. Mas partiendo de ellas, vería por 1- noche las del Cielo y al Cielo mismo, dirigiendo la «ἂν καὶ ἀγανακτεῖν ἑλκόμενον, καὶ ἐπειδὴ πρὸς τὸ φῶς ἔλθοι, αὐγῆς ἂν ἔχοντα τὰ ὄμματα μεστὰ ὁρᾶν οὐδ᾽ ἂν ἓν δύνασθαι τῶν νῦν λεγομένων ἀληθῶν; οὐ γὰρ ἄν, ἔφη, ἐξαίφνης γε. συνηθείας δὴ οἶμαι δέοιτ᾽ ἄν, εἰ μέλλοι τὰ ἄνω ὄψεσθαι. καὶ πρῶτον μὲν τὰς σκιὰς ἂν ῥᾷστα καθορῷ, καὶ μετὰ τοῦτο ἐν τοῖς ὕδασι τά τε τῶν ἀνθρώπων καὶ τὰ τῶν ἄλλων εἴδωλα, ὕστερον δὲ αὐτά: ἐκ δὲ τούτων τὰ ἐν τῷ οὐρανῷ καὶ αὐτὸν τὸν οὐρανὸν νύκτωρ ἂν ῥᾷον θεάσαιτο, προσβλέπων τὸ τῶν» (Burnet, 516a) [516a] mirada hacia la luz de los astros y de Luna, más fácilmente que, durante el día, al Sol y a la luz del Sol. [516b] Pero, ¿cómo no? [516b] Al final, creo, ver al Sol, y no en las aguas ni en lugar extraño sus imágenes luminosas; podría verlo ya a El mismo mediante El misma y en su propia morada y contemplarlo tal cual es. [516b] Después de lo cual concluiría ya acerca de El que es El quien trae las estaciones y los años y quien dirige lo que en la región de lo visible hay, y que de lo que ellos veían es, de todo y de alguna manera, causa. [516c] Es claro, dijo, que después de aquello a esto llegaría. [516c] Pues bien: recordándose de su primitiva morada y de lo que en ella se sabía y de las entonces compañeros en cadenas, ¿no crees que se tendrá a sí mismo cual bienaventurado por el cambio; mas a los otros los compadecerá? [516c] Y mucho. [516c] Pero si entre ellos hubo entonces honras y alabanzas y recompensas para quien discerniera mejor las cosas que desfilaban y para quien recordara mejor cuáles solían pasar las primeras, cuáles las últimas, cuáles a la vez, y de todo ello pudiera adivinar mejor lo que iba a venir, ¿piensas que le apeteciera eso y envidiara a los honrados entre ellos y a los potentados? ¿O no le habría pasado lo de Homero, y querría mucho más «ser jornalero a servicio de varón sin tierra», y que le pasara cualquier cosa menos tener que pensar lo que aquellos, y vivir cual ellos? [516e] Así, dijo; yo, por cierto, creo que pasara por todo más bien que pensar o vivir de aquella manera. [516e] Para ahora tu mente en estotro, proseguí: si, de nuevo, descendiendo el tal a su mismo puesto se sentara, ¿no se le llenarían de tiniebla los ojos, viniendo tan de repente del Sol? [516e] Y mucho, dijo. [516e] Pero si tuviera de nuevo que competir, con quienes permanecieron encadenados, en discernir aquellas sombras, mientras él parpadea y aún no ha acomodado los ojos, no sería bien corto el tiempo de adaptación. ¿No se prestaría a risas Kal páño. y se diría de él que, de su subida a allá Arriba ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni tan sólo intentar ir allá Arriba? ¿Y que si pudieran poner las manos sobre y matar a quien intentara desatarlos y hacerlos subir, lo matarían? [517a] De seguro, dijo. [517a] I. Pues bien: este símil, proseguí, querido Glaucón, hay que aplicarlo íntegramente a lo anteriormente dicho: asimilar la región que, mediante la vista aparece, a la morada de la prisión; la luz del fuego en ésta, a la potencia del Sol. Mas en cuanto a la ascensión allá Arriba y a la contemplación de lo de Arriba, si pones que es camino ascensional del Alma hacia el lugar de lo inteligible no errarás acerca de mi pensamiento, ya que deseas oírlo. Pero dios sabe si, por suerte, es verdadero. Lo que me parece paréremelo así: en lo cognoscible está. Allá cual, final, la idea de lo Bueno; y es dificultosa de ver. Mas, una vez vista, hay que concluir que es Ella causa para todo de todo lo correcto y bello, que en lo visible engendra ella la luz y al señor de ella; y que en lo inteligible es Ella la señora que aporta verdad e inteligencia, y que ha de verla quien se disponga a obrar sapientemente en privado o en público. [517c] Yo también, dijo, pienso como tú en la medida de mis fuerzas. [517c] Pues bien; proseguí, piensa como yo en estotro, y no te extrañes de que quienes Allá llegaron no quieran hacer los quehaceres de los hombres, sino que sus almas anhelan permanecer siempre allá Arriba. Verosímilmente es así, si esto se ha conforme al símil predicho. [517d] Pero, ¿qué?: ¿crees sea sorprendente, proseguí, el que quien venga de tales divinos espectáculos y llegue a las miserias humanas haga mala figura y parezca grandemente ridículo mientras parpadea, y antes de acostumbrarse suficientemente a la oscuridad reinante, cuando se vea forzado en juzgados y otros lugares a luchar contra sombras de lo Justo o remedos e de lo que son sombras, y entrar en concurso sabre cómo toman todo eso quienes jamás han visto la Justicia misma? [517d] Nada tiene de sorprendente, dijo. [517d] «εἰκὸς γάρ που οὕτως, εἴπερ αὖ κατὰ τὴν προειρημένην εἰκόνα τοῦτ᾽ ἔχει. εἰκὸς μέντοι, ἔφη. τί δέ; τόδε οἴει τι θαυμαστόν, εἰ ἀπὸ θείων, ἦν δ᾽ ἐγώ, θεωριῶν ἐπὶ τὰ ἀνθρώπειά τις ἐλθὼν κακὰ ἀσχημονεῖ τε καὶ φαίνεται σφόδρα γελοῖος ἔτι ἀμβλυώττων καὶ πρὶν ἱκανῶς συνήθης γενέσθαι τῷ παρόντι σκότῳ ἀναγκαζόμενος ἐν δικαστηρίοις ἢ ἄλλοθί που ἀγωνίζεσθαι περὶ τῶν τοῦ δικαίου σκιῶν ἢ ἀγαλμάτων ὧν αἱ σκιαί, καὶ διαμιλλᾶσθαι» (Burnet, 517d) [518a] Mas si el tal tuviere inteligencia, proseguí, recordaría que de doble manera y de doble causa proceden las perturbaciones de los ojos: al cambiar de luz a oscuridad y de oscuridad a luz. Mas, quien piense en que eso mismo le pasa al alma, cuando se la vea perturbada e impotente para percibir algo, no sería sin motivo; sino considera que, venido de vida más clara, está por falta de acomodo ofuscada, o si pasando de grande ignorancia a algo más claro, ahógase en el resplandor de lo más deslumbrante; y así felicitarían a ésta por tal afección y vida; mas a aquélla se la compadecería; y si quisiera reír a costa de ésta sería la risa menos ridícula que la de a costa del alma que de Arriba, de la luz, viene. [518b] Muy ajustadamente hablado, dijo. [518b] IV. Hace falta, pues, proseguí, que, si esto es verdad, pensemos en estotro: que la educación no es lo que algunos afirman, proclamando lo que es. Afirman que, aun no habiendo ciencia en el alma, ellos la meten cual si metieran vista en ojos ciegos. [518c] Pues así lo afirman, dijo. [518c] Mas el razonamiento presente, añadí, nos indica que tal poder se halla en el alma de cada uno, y que cada uno tiene el órgano con que aprender; y cual si un ojo no fuera capaz de girar, sino con el cuerpo entero, desde lo oscuro hacia lo luminoso, parecidamente con toda el alma hay que girar desde lo engendrable hasta que el alma llegue a ser capaz de aguantar la contemplación de lo ente y de lo más brillante de lo ente. Afirmamos que esto precisamente es lo Bueno. ¿Es así? [518c] La arte, proseguí —de esto precisamente: la gírntoria—, consistiría en la manera más fácil y eficaz de revolverse el órgano, y no en meterle la vista. Mas, puesto que la tiene, aunque no correctamente orientada ni mirando a lo que debe, hallar traza de arreglar precisamente esto. [518c] Pues bien: las otras virtudes, llamadas del alma. [518c] parecieran ser algo próximo a las del cuerpo, porque en realidad. [518c] comenzando por no hallarse en ella, más tarde se las mete e con hábitos y ejercicios; mas la de pensar pareciera ser sobre todo algo más divino que no pierde jamás su potencia y [518c] Epn. como se la haga girar resulta algo útil y provechoso o inútil y perjudicial. ¿No has caído en cuanto aún cuán sutil es en los llamados “perversos”, mas pillos, la vista de su almita, y cuán penetrante su mirada cuando hacia algo la vuelven, cual si tuvieran vista y no débil; mas por estar forzada su almita a servir a la maldad, cuanto más aguda sea su mirada, tanto más eficaz es para mayores males? [519a] Por cierto, proseguí, que si ya inmediatamente desde la niñez a lo quebrado de tal naturaleza se lo corta enteramente —cual a plomo congénere con la generación que, adherido a la naturaleza con comilonas, parecidos placeres y por apetencias tuercen la vista del alma hacia lo inferior—, desembarazada de ello revertiría hacia la verdad la vista de los mismos hombres, y veríanla distintísimamente a ella misma, cual ve ahora la vista las cosas a que está vuelta. [519b] Pero ¿qué?; ¿no es verosímil, proseguí, y aun necesario según lo dicho, el que ni a los ineducados ni a los inexperimentados en la verdad se les encomiende jamás enteramente Ciudad, ni a quienes se deje pasar todo el tiempo tratando de educarse?; ¿a los unos, porque no tienen en la vida meta alguna, tendiendo a la cual hayan de hacer todo lo que hagan en privado y en público; a los otros, porque, voluntariamente, nada harán, creyéndose habitar, ya en vida, en las islas de los bienaventurados? [519c] Es verdad, dijo. [519c] Ahora bien, proseguí, es trabajo nuestro: de los fundadores forzar a las mejores naturalezas a encaminarse hacia aquella Enseñanza que anteriormente dijimos ser la máxima: ver lo Bueno, y emprender aquella ascensión; y cuando, habiendo ascendido, lo hayan suficientemente visto, no incitarlos a lo que ahora se los incita. [519d] ¿A qué?, dijo. [519d] A permanecer Allá, proseguí; y no querer ya descender hasta aquellos encadenados ni participar de sus trabajos y honores, sean más o menos corrientes, sean más o menos importantes. [519d] Con lo cual, dijo, ¿no les haremos justicia, y sí un mal vivir, cuando les sea posible uno mejor? [519d] V. No olvides de nuevo, querido, proseguí, que a la ley no le preocupa eso de que una cierta clase de la Ciudad la pase excepcionalmente bien, sino darse trazas para que esto se realice en la Ciudad entera, coarmonizando a los ciudadanos con persuasión y violencia, haciendo que compartan entre sí el provecho que cada uno es capaz de aportar a lo común; y que Ella forme ciudadanos tales que no les deje dedicarse a lo que cada uno quiera, sino que se sirva Ella de ellos para el coajuste de la Ciudad. [520a] Es verdad, dijo; lo olvidaba. [520a] Considera, pues, proseguí, Glaucón, que no seremos injustos para con los filósofos que entre nosotros se forman, sino dictaremos lo justo forzándolos a cuidarse y guardar a los demás, porque les diremos que quienes, en las otras Ciudades, se han hecho filósofos, es natural que no compartan sus faenas porque se formaron ellos de por sí, a despecho del régimen político de cada una. Y es justo que lo que creció a costa de sí, sin deber por la crianza nada a nadie, no se anime a pagar por la crianza a alguien. Empero a vosotros, os hemos nosotros engendrado dentro del resto de la Ciudad, cual jefes y reyes En colmenas, y os hemos educado de manera mejor y más perfecta que la de aquellos otros, y sois capaces de compartir ambas cosas. Habéis, pues, de defender cada uno en su turno a la morada de aquellos otros y acostumbraros a mirar lo tenebroso, porque, una vez acostumbrados, veréis miles y miles de veces mejor lo de Allá, y reconoceréis lo que es cídolo, y de qué lo es, por haber visto lo verdadero de lo Bello. Justo y Bueno. Y así la Ciudad será administrada por despiertos, nosotros y vosotros, y no por dormidos, cual ahora las más son administradas en punto a gobierno por luchadores con sombras y facciosos, cual si fuera esto gran bien. Mas la verdad se ha así: en una Ciudad en que los menos animados están a gobernar sean los que van a gobernar, por necesidad será tal Ciudad administrada de la mejor manera y con menos facciones; mas la que tenga gobernantes contrarios, de contraria manera. [520d] ¿No se convencerán de eso, crees, nuestros educandos oyéndonoslo, y no querrán compartir en la Ciudad los trabajos, cada uno a su turno, sino habitar la mayor parte del tiempo unos con otros en lo puro? [520e] Imposible que no, dijo; porque ordenaremos lo Justo a justos. Más que más que cada uno de ellos tendrá como por fuerza que gobernar; al contrario de los gobernantes actuales en las demás Ciudades. [520e] Así es, compañero, proseguí; si para los que van a gobernar hallares una vida mejor que la de gobernar, tendrás por resultado posible una Ciudad bien administrada, porque en ella y sólo en ella gobernarán los, realmente, ricos; y no en oro, sino en lo que el bienaventurado debe ser rico: en vida buena y sensata. Pero si van a los cargos públicos los miserables y hambrientos de bienes personales, creyendo que lo bueno hay que arrebatarlo, no hay modo de gobernar, porque el gobernar se trueca en lucha, y siendo tal pelea doméstica e interna los destruye a ellos y al resto de la Ciudad. [521b] ¿Conoces, pues, proseguí, otra vida que menosprecie los cargos políticos, fuera de la vida según la verdadera filosofía? [521b] No, por Júpiter!, —respondió. [521b] Así que los no enamorados del gobernar han de ir a ello; si no, los rivales se pelearán: Pero, ¿cómo no? [521b] ¿A qué otros, pues, forzarás vayan a ser guardianes de la Ciudad sino a los que, siendo los más sensatos en punto a cómo se administra mejor una Ciudad, tengan honores y vida mejores que los del político? [521b] A ningunos otros, dijo. [521c] VI. ¿Quieres, pues, que pongamos ya a consideración de qué manera los formaremos tales, y cómo los traeremos a la luz, al modo que se cuenta de algunos haber ascendido desde el Hades hasta donde los dioses? [521c] ¿Cómo no lo voy a querer?, dijo. [521c] Pero eso sería, al parecer, no invertir la concha de ostra, sino convertir al alma de un cierto día-noche a día verdadero, que es camino ascendente hacia lo ente, y que diremos ser “filosofía verdadera”. [521c] ¿Hay, pues, que considerar cuál de las enseñanzas tiene tal poder? [521d] Pues, ¿cómo no? [521d] ¿Cuál, pues, sería, Glaucón, esa enseñanza remolcadora del alma de lo deviniente a lo ente? Mientras lo digo estoy pensando en que, ¿no afirmamos que los gobernantes han de ser, cuando jóvenes, atletas en eso de guerra? [521d] Lo afirmamos. [521d] ¿Luego es preciso que, además de aquello, la enseñanza que buscamos tenga estotro? [521d] Que no resulte inútil para varones guerreros. [521d] Es preciso, dijo, si es posible. [521d] Por cierto que anteriormente los educamos para nosotros en gimnástica y en música. [521e] Mas la gimnástica versa sobre lo naciente y pereciente, porque preside a crecimiento y decadencia del cuerpo. [521e] ¿No sería, pues, ésta la enseñanza que buscamos? [522a] Pues no. [522a] Pero, ¿la música?: ¿la que antes describimos? [522a] Mas era ella, dijo, la contrapartida de la gimnástica, si te acuerdas, pues educaba a los guardianes proporcionándoles, por la armonía, hábito de bello coajuste; mas no, ciencia; y por el ritmo, el de bello compás; y otros hábitos hermanos de éstos en los discursos, tanto en los mitológicos como en los más verídicos. Mas de una enseñanza que conduzca a lo que estás tú buscando ahora, nada de eso hay en ella. [522b] Me lo recuerdas, dije, de la más exacta manera; porque, en realidad, nada de eso tiene. Empero, daimoníaco de Glaucón, ¿qué sería eso?, porque todas las artes parecen ser cosa de menestrales. [522b] Pero ¿cómo no? ¿Qué otra enseñanza resta, aparte de música, gimnástica y artes? [522b] Bien, pues, proseguí, si nada nos queda por tomar fuera de eso, tomemos algo de lo que se extienda a todo. [522c] Algo así como eso común de que todas las artes, pensamientos y ciencias se sirven y que todos han de aprender entre lo primero. [522c] Precisamente, proseguí, eso corriente de contar con uno, dos, tres; hablo, capitalmente, de número y cálculo. ¿No pasa en esto que toda arte y ciencia han de hacerse partícipes de ella? [522c] Y mucho, dijo. [522c] ¿También, pues, añadí, la de guerra? [522c] Por gran necesidad, dijo. [522d] Así que, proseguí, en sus tragedias hace aparecer Palamedes a Agamenón cual totalmente ridículo general. ¿O no has caído en cuenta de que, por haber inventado el número, afirma Palamedes haber organizado en Troya el campamento para los batallones y recontado naves y todo lo demás, cual si, antes de él, estuvieran sin contar, y que Agamenón, no conociera, al parecer, cuántos pies tenía, justamente porque no sabía contar? [522d] Absurdo general, por mi palabra, dijo, si fuera eso verdad. [522e] VII. ¿Pondremos, pues, proseguí, cual enseñanza necesaria a varón guerrero la de poder contar y calcular? [522e] Más que nada, dijo, si ha de saber algo de organizar; pero, aún más, si ha de ser hombre. [522e] ¿Piensas, proseguí, acerca de esta enseñanza lo que yo? [523a] Que pudiera ser de las que naturalmente conducen a Inteligencia; sólo que nadie se sirve de ella correctamente; y eso que es remolcador perfecto hacia esencia. [523a] ¿En qué sentido lo dices? preguntó. [523a] Trataré, respondí, de declararte lo que me parece. A medida que vaya distinguiendo para mí cuáles conducen o no a donde decimos, haciéndote de compañero de visión afirma o niega, a fin de que veamos más claramente si es lo que sospecho. [523a] Queda de mi parte expuesto, proseguí, si adviertes que en las sensaciones hay cosas que no provocan a la inteligencia a reflexión, cual discernidas ya suficientemente por la sensación; mas otras urgen del todo en todo a reflexionar, cual si la sensación no diera nada de sano. [523b] Es evidente que estás hablando de lo visto a lo lejos y de lo dibujado con sombras, dijo. [523b] No diste del todo en lo que digo, añadí. [523b] ¿De qué, pues, hablas?, dijo. [523b] Las que no provocan, proseguí, son cuantas no llevan a la vez a sensaciones contrarias; a las que llevan, las pongo cual provocadoras, ya que la sensación no descubriría más una cosa que la contraria, venga de cerca o de lejos. Lo sabrás, dicho más claramente, así: decimos que serían tres estos dedos: el meñique, el segundo y el medio. [523b] Piensa que estoy hablando de ellos como cercanos. Mas sobre ellos nota conmigo esto: Cada uno de ellos parece ser igualmente dedo; y, en esto, no hay diferencia entre que se lo vea al medio o al extremo, sea blanco o negro, grueso o delgado, y todo lo a esto parecido, porque en todos estos casos no se fuerza al alma de la mayoría a elevar la inteligencia hasta eso de “qué es” dedo, ya que, en modo alguno, la vista se indica a sí misma que el dedo sea a la vez algo contrario a dedo. [523d] Así que, proseguí, es verosímil que tal caso ni provoque ni despierte al entendimiento. [523e] Es verosímil. [523e] Pero ¿qué?: ¿la magnitud y la pequeñez de ellos la ve suficientemente el alma, y para ella no hay diferencia en que se halle uno de ellos en medio o en un extremo? ¿Y parecidamente, para el tacto, grosor o delgadez, suavidad y rugosidad? Y en cuanto a los demás sentidos, ¿no descubren, cual es debido, tales propiedades? ¿No obra así cada uno de ellos: primero, el sentido del tacto para lo duro no tiene que, tal cual está organizado, serlo también para lo suave, y anuncia al alma, en la sensación, que el mismo objeto es duro y suave? [524a] Así es, dijo. [524a] ¿Na es, pues, necesario, proseguí, el que en tales casos el alma se desconcierte en cuanto a qué le indica tal sensación de duro si le dice que la misma cosa está siendo suave? ¿Y lo mismo la de ligero y pesado respecto de qué es ligero y pesado, si indica que lo pesado es ligero y lo ligero es pesado? [524b] En efecto, dije, tales interpretaciones son desconcertantes para el alma y están necesitadas de examen. [524b] Luego es verosímil, proseguí, que en tales casos trate primero el alma de llamar en su auxilio a razonamiento e inteligencia a fin de examinar si son una a dos cosas cada una de las así anunciadas. [524b] Pero, ¿cómo no? [524b] ¿Y si parecen ser dos, parece ser cada una y distinta de la otra? [524b] Luego si cada una es una; y ambas, dos, pensará que son dos separadas, porque, de estar inseparadas, no las pensaría cual dos; sino, cual una. [524c] Por cierto que la vista vio, afirmamos, grande y pequeño mas no cual algo separado, sino cual algo confundido, ¿Es así? [524c] Mas para aclarar esto la inteligencia se halla forzada a ver grande y pequeño no como confundidos, sino cual discernidos; lo contrario a la vista. [524c] Es verdad. [524c] ¿De aquí, pues, comienza por sobrevenir el preguntarnos “qué es” lo Grande y lo Pequeño? [524c] En efecto, de todo en todo. [524c] Y de este modo precisamente hablamos de lo “Inteligible” por una parte y, por otra, de lo “Visible”. [524d] VIII. Esto precisamente intenté hace un momento decir: que hay cosas provocadoras del pensamiento; y otras, no, al definir como “provocadoras” aquellas que sobrevienen al sentido junto con sus contrarias; mes las que no, no son “despertadoras” del pensamiento. [524d] Ahora entiendo ya, dijo, y me lo parece así. [524d] Pues ¿qué?: ¿de cuáles te parecen ser Número y lo Uno? [524d] No llego a entenderlo, dijo. [524d] Sácalo por analogía con lo anteriormente dicho, proseguí. Si lo Uno es percibido suficientemente por la vista, o por otro cualquier sentido, tal cual es “de por sí mismo”, no resultaría vehículo hacia la esencia, cual decíamos pasarle al dedo. Mas si se ve siempre y a la vez con él algo contrario, de modo que no parezca ser uno más bien que lo contrario, haría falta ya un juez superior, y el alma se notaría en tal caso necesariamente desconcertada y forzada a buscar, removiendo en ella a la inteligencia, y a preguntarse, “qué es” lo Uno mismo; y de esta manera fuera el aprendizaje de lo Uno uno de los que conducen y convierten hacia la contemplación de lo ente. [525a] Pero por cierto, dijo, que esto lo tiene más que nadie la vista de lo Uno, porque vemos a la vez lo misma como uno y como infinito en multitud. [525a] Y si esto le pasa a lo Uno, proseguí, ¿no le pasa lo mismo también a todo número? [525a] Pero, ¿cómo no? [525a] Mas, ¿calculística y aritmética no versan enteras sobre número? [525a] Y mucho. [525b] Así que evidentemente conducen a Verdad. [525b] En efecto, extraordinariamente. [525b] Luego, al parecer, serían ellas de las enseñanzas que buscamos. Porque al guerrero le es necesario aprenderlas para organizar; mas al filósofo, evadido de lo generable, se lo es por haber de aprehender lo de la esencia; o si no, jamás llegar a ser razonador. [525b] Ási es, dijo. [525b] Mas nuestro guardián se da el caso de ser guerrero y además filósofo. [525b] Cual conveniente enseñanza, pues, Glaucón, habría de ponerse ésta por ley y convencer a quienes van a tomar parte en los asuntos más importantes de la Ciudad de aplicarse a aritmética racional y aprehenderla no cual la gente, sino hasta llegar con la inteligencia misma a la contemplación de la naturaleza de los números; no por mor de compra y venta, ocupándonos de ella cual comerciantes y buhoneros, sino por mor de guerra y de una más fácil conversión del alma misma desde lo generable a Verdad y Esencia. [525c] Bellísimamente hablado, dijo. [525c] Y por cierto, proseguí, caigo ahora en cuenta, habiéndoos hablado de la enseñanza sobre números, de cuán fina es y cuán muchísimo útil nos es para lo que queremos, si lo emprendemos por mor de conocer, y no por buhonear. [525d] Y esto, ¿cómo?, dijo. [525d] Así precisamente, cual lo estábamos diciendo: que lleva al alma grandemente hacia lo Alto y la fuerza a tratarse racionalmente con los números mismos, no aceptando en modo alguno que se trate ella de intento con números que tengan algo de cuerpos visibles o tangibles. Pues conocer a los fuertes en esto: que, sí alguien emprende en el razonamiento dividir el Uno, se burlan y no lo admiten; pero si lo divides, ellos lo multiplican, precaviéndose así contra que no parezca jamás no ser uno el Uno, sino plural de partes. [525e] Verdaderísimamente hablado, dijo. [526a] Pues, ¿qué crees, Glaucón, si se les preguntara: “Admirables, de qué números tratáis en que el Uno sea tal cual lo juzgáis, y cada unidad de cada uno sea tan una como otra y en nada diferente, sin tener “en sí misma' partecita alguna”? ¿Qué crees nos responderían? [526a] Esto precisamente: que están hablando de números tales, aprehensibles solamente por el pensamiento; pero que no es posible manejarlos de ninguna otra manera. [526a] ¿Ves, pues, proseguí, querido, que en realidad estemos en el caso de sernos necesaria tal enseñanza, ya que, evidentemente, es necesario el que el alma se sirva de la Inteligencia misma para llegar a la Verdad misma? [526b] Y por cierto, dijo, que tal es su gran efecto. [526b] Pero ¿qué? Considera ya estotro: los de natural calculistas hacen, por decirlo así, agudos pera todas las enseñanzas; mas los lentos, si se instruyen y ejercitan en ella, aunque no saquen otro provecho, acréceseles a todos ellos la agudeza propia. [526b] Así es, dijo. [526c] Por cierto, tal me parece, que, en punto a presentar mayor trabajo al aprendiz y al ejercitante, no hallarás fácilmente haya muchas como ésta. [526c] Pues no. [526c] Por todo lo cual no se ha de soltar esta enseñanza, sino educar en ella a los de mejor natural. [526c] Convengo en ello, dijo. [526c] IX. Esta, pues, proseguí, quédenos de una; consideremos en qué nos conviene una segunda, conexa con ésta. [526c] ¿Cuál?; ¿hablas de geometría?, dijo. [526c] De eso mismo, añadí. [526d] En la medida, dijo, en que se extiende a lo de guerra, es evidente que nos conviene, porque para emplazar un campamento, tomar una posición, cerrar filas o extenderlas y diversas colocaciones del ejército, tanto en las batallas mismas como en las marchas, diferencia habría entre que uno sea geómetra o no. [526d] Pero, añadí, para tales casos bastaría con un poco de geometría y una partícula de cálculo. Mas hase de considerar si mucho de ella, y lo bien avanzado, se extiende hasta aquello: hacer que se vea fácilmente la Idea de lo Bueno. Se extiende, afirmemos, hasta allá todo lo que fuerce al alma a convertirse hacia aquel lugar en que está siendo lo más bienaventurado de lo ente: lo que ella ha de ver a toda costa. [526e] Correctamente hablado, dijo. [526e] Si, pues, fuerza la geometría a contemplar la esencia, nos conviene; si a la generancia, no nos conviene. [527a] Por cierto, proseguí, que cuantos sean, aun un poco, expertos en geometría no nos harán dudar de que esta ciencia se presente en los razonamientos propios de ella de manera totalmente contraría a la que dicen los que la manejan. [527a] Que hablan de ella de grandemente ridícula y forzada manera, porque, cual practicantes y para la práctica, hablan de todo lo que dicen con “cuadrar, prolongar, añadir”, y de todo en tales términos. Mas toda esta Enseñanza se emprende por mor de conocimiento. [527b] Pues de todo en todo, dijo. [527b] ¿Hay que convenirse además en estotro?: ¿En qué? [527b] En que es conocimiento de lo siempreente; mas no, de lo generable y corruptible. [527b] Quede bien convenido, dijo; porque la Geometría es conocimiento del siempreente. [527b] Luego, Noble, sería remolcador del alma hacía Verdad y productora de un pensamiento filosófico que tienda fijo hacia lo Alto y que ahora, contra lo debido, tiende hacia Abajo. [527b] Lo sería y muchísimo, dijo. [527b] Y sería, pues, también, proseguí, de recomendar muchísimo el que los ciudadanos de bella-Ciudad no descuiden en modo alguno Geometría, porque sus efectos secundarios no son una pequeñez. [527b] Los que tú mismo dijiste, proseguí: los referentes a guerra y a las demás enseñanzas, tanto que se las llega a adquirir más bellamente; aparte de que se diferenciarán de todo en todo el formado en Geometría y el que no. [527b] De todo en todo ciertamente, por Júpiter!, dijo. [527b] ¿Ponemos, pues, por segunda esta enseñanza para los jóvenes? [527d] X. Pero ¿qué?; ¿pondremos por tercera a la astronomía? ¿O no te lo parece? [527d] A mí sí, respondió; porque ser bien sensible respecto de las estaciones, tanto de meses como de años, no sólo les conviene a agricultura y navegación, sino también, y no menos, a la estrategia. [527d] Delicioso eres, añadí; que parece temes que a la mayoría les parezca que ordenas enseñanzas inútiles. Mas no es cosa de bien pequeña monta, aunque sea dificultoso de persuadir el que con tales enseñanzas se purifica un cierto órgano del alma de cada uno y además se refoguea lo deshecho y enceguecido por otras ocupaciones, órgano digno de ser salvado más que miles y miles de ojos, porque solamente con él se ve a Verdad. A los que en esta piensan contigo les parecerá hablas extraordinariamente bien; mas cuantos no lo hayan sentido en modo alguno tendrán lo dicho por nada, porque de todo eso no ven se reporte provecho alguno digno de mención, Considera, pues, en adelante con cuáles de los grupos dialogas, o si con ninguno de los dos, o si lo mejor del razonamiento es en favor de ti mismo, aunque no te daría envidia si otro pudiera sacar de él provecho. [528a] Esto es lo que escojo, dijo: hablar sobre todo en favor de mí mismo, tanto al preguntar como al responder. [528a] Vuélvete, pues, añadí, a lo anterior; porque no tomamos correctamente lo que sigue a la geometría. [528a] ¿Cómo lo tomamos?, dijo. [528a] Después del plano, proseguí, hemos tomado lo sólido en revolución ya, antes de tomarlo "en sí mismo”, aunque la recta continuación exige tomar después de la segunda la tercera dimensión, que es la dimensión participada por los cubos y profundidad. [528b] Lo es, dijo; mas ésta, Sócrates, parece no haber sido aún encontrada. [528b] Dos son, añadí, las causas. Porque ninguna Ciudad lo tiene por estimable, flojamente se la investiga; y, por ser difícil, necesitan los investigadores de un director, sin el cual no la hallarán. Siendo, pues, primero, difícil hallar uno, después de encontrado, no le harían caso, cual pasa ahora, por pretenciosos, los dedicados a tales investigaciones. Mas si toda una Ciudad cooperara dirigiéndolas, y con aprecio, le harían caso; y, continuadas intensamente, tales investigaciones llegarían a poner en claro este punto, porque, aun ahora, menospreciadas y estorbadas or la mayoría, y aun no dándose cuenta los investigadores de que son útiles, sin embargo, contra todo eso, y a la fuerza, se acrecen por su encanto, y nada tiene de sorprendente el que eso salga a plena luz. [528d] Y por cierto, dijo, que son todo un encanto, y bien distinguido. Empero, explícame más claro aún lo que estabas diciendo; porque ponías cual geometría el tratado de lo plano. [528d] Después, dijo, a continuación, primero, la astronomía; mas al final te retiraste. [528d] Porque por las prisas, añadí, de recorrer velozmente todas las enseñanzas, me atraso, porque viniendo, según método, a continuación la dimensión de profundidad, saltándola, pues su investigación es aún insignificante, dije que, tras geometría, venía astronomía, por ser movimiento en profundidad. [528e] Correctamente hablado, dijo. [528e] Pongamos, pues, añadí, de cuarta enseñanza astronomía, tal cual, si la ahora preterida, llegará a ser, cuando la Ciudad intervenga. [528e] Es verosímil, dijo. Mas puesto que, Sócrates, me reprochaste el alabar yo un poco burdamente la astronomía, la alabaré ahora de la manera que tú sigues, porque me parece para todos claro el que fuerza al alma a mirar hacia lo Alto y conduce Allá desde Acá. [529a] Tal vez, añadí, sea para todos claro, menos para mi, porque no me lo parece así. [529a] Por la manera como la tratan quienes la elevan a filosofía: lo que en efecto hacen es mirar hacia abajo. [529a] No falta de generosidad me parece, proseguí, tu manera de comprender cuál es la enseñanza sobre lo Alto; porque, en - caso de ser así, si alguien, levantando la cabeza y contemplando los adornos del techo, aprendiera de ellos algo, te parecería haberlo entendido, y no contemplando con ojos. Tal vez lo juzgas bellamente; y yo, estúpidamente, porque no puedo tener por enseñanza que haga al alma mirar hacia lo Alto sino aquello que verse sobre lo ente y sobre lo invisible. Mas de quien; boca arriba o boca abajo se meta a aprender algo de lo sensible, ni siquiera afirmo que aprenda jamás algo, porque afirmo que la ciencia nada de eso tiene y que el alma no mira entonces hacia lo Alto, sino hacia Abajo, aunque se dé a aprender supino en tierra o nadando en mar. [529c] XI. Pago el justo castigo, dijo; porque correctamente me reprendiste. Mas, ¿de qué manera, contraria a como ahora se aprende, decías había de aprenderse astronomía, si se ha de llegar a aprenderla con provecho para lo que decimos? [529c] De ésta, respondí: cierto que esos ornamentos en el Cielo, por ser ornamentos hechos en visible, parecen, por cierto. [529d] bellísimos, y ser los más exactos en punto a ornamento. Mas les falta mucho para ser los verdaderos; que los movimientos con que, dentro del Número verdadero y de todas las Figuras verdaderas, se mueven la Velocidad que lo “es” y la Lentitud que lo “es” respecto una de la otra, y mueven lo a ellas interior, son ciertamente captables con cuenta e inteligencia discursiva; mas no, con vista, ¿O la crees? [529d] En modo alguno con vista, dijo. [529d] Luego, continué, de esa ornamentación celestial hay que servirse, cual de paradigma, para aprender Aquello, a la manera como si alguien encontrara dibujos excelentemente delineados y trabajados por Dédalo, o por cualquier otro artista dibujante; que viéndolos un perito en geometría, los tendría por bellísimos de ejecución, mas tendría por ridículo considerar - en serio que en ellos se captara la Verdad de Igual, de Doble o de cualquiera otra Simetría. [530a] ¿Cómo no va a ser ridículo?, dijo. [530a] En cuanto al realmente astrónomo, proseguí, ¿no crees que eso mismo le pasará al contemplar los movimientos de los astros?: ¿juzgar que según la manera más bella de componer tales obras, según esa misma fueron compuestos por el Artífice del Cielo, el Cielo y lo que en él hay? Mas en cuanto a las conmensuraciones entre noche y día, de éstos con mes, de mes con año, y de los demás astros respecto de esto, y entre sí, ¿crees que no tendrá por absurdo el juzgar que pase todo esto siempre de igual manera, y sin desviación de ninguna clase, en lo que tenga cuerpo y en lo visible, y el investigar por todos los medios lo que haya en ellos de Verdad? [530b] Me lo parece, dijo, oyéndotelo ahora. [530b] Sirviéndonos, pues, de problemas, como en geometría, nos adentraremos también en astronomía, dejando aparte lo del cielo si, ocupándonos de la, realmente, Astronomía, se ha de hacer que lo inteligente, de natural, en el alma, resulte, de inútil, útil. [530c] Multiplicado trabajo, dijo, respecto del actual, ordenas a los Astrónomos. [530c] Mas creo, proseguí, que ordenaremos las demás enseñanzas según el mismo módulo si a nosotros, de legisladores, nos es de algún provecho. [530c] XII. ¿Tienes alguna otra enseñanza que nos convenga recordar? [530c] No la tengo por lo pronto, dijo. [530c] No hay, por cierto, uno, proseguí, sino muchos eídoses, los que ofrece el movimiento, a mi parecer. Un sabio podría tal vez decírnoslos todos; pero para nosotros los más patentes son dos. [530d] Además de aquél, añadí, está su contrapartida. [530d] Pareciera, dije, que así como los ojos fueron plasmados para la astronomía, así también los oídos fueron plasmados para movimiento armónico, y que las ciencias son cual hermanas unas de otras, cual los pitagóricos afirman, y nosotros, Glaucón, convinimos con ellos. ¿Lo hacemos así? [530d] Pues bien, añadí, ya que el asunto es grave averigüemos de ellos en qué sentido hablan de él, y si además de esto hay algo más. Empero nosotros, aparte de todo ello, mantengamos el metro. [530d] El de que nuestros educandos no emprendan su estudio de manera imperfecta y tal que no los lleve precisamente a donde todo ha de llevar, cual acabamos de decirlo acerca de la Astronomía. ¿O no sabes que no otra cosa hacen acerca de la armonía?, porque midiendo y remidiendo acordes y sonidos oídos, se toman, como los astrónomos, un trabajo indefinido. [531a] Y, por los dioses!, dijo, ridículo también, dando esos nombres de “intervalos densos”, estirando las orejas cual para cazar la voz de los vecinos. Unos afirman, por cierto, que oyen aun entre dos sonidos an eco en medio, y que se ha de medir con el intervalo menor; mientras que otros ponen en duda el que no sea semejante a los ya oídos, prefiriendo ambos orejas a inteligencia. [531b] Estás hablando, proseguí, de esos buenos de músicos que fastidian a las cuerdas, y las atesan retorciéndolas sobre las clavijas. Mas para que el símil no resulte más largo, corto el símil sobre eso de “golpes del plectro”, “acusaciones”, "“reticencias” y “pretensiones” de las cuerdas. Y afirmo que no habla de éstos, sino de aquellos a quienes decíamos íbamos a preguntar ya sobre armonía, porque hacen lo mismo que en astronomía, pues en tales acordes, precisamente en los oídos, buscan números; mas no se elevan hasta los problemas de considerar cuáles son los números armónicos y cuáles no, y por qué cada uno es lo que es. [531c] De daimoníaca tarea hablas, dijo. [531c] Útil, por cierto, proseguí, para la investigación de lo Bella y Bueno; mas, perseguida de otra manera, inútil. [531c] XIII. Mas creo, proseguí, que si el método que en todo esto hemos seguido conduce a la comunidad y parentesco entre las enseñanzas, y se da razón a la vez de cuál es su carácter de familia, creo que algo aportan para el asunto que queremos, —y no hemos trabajado en vano; si no, en vano. [531d] También yo, dijo, así lo sospecho. Empero, Sócrates, hablas de bien grande trabajo. [531d] ¿Te refieres, proseguí, al del preludio o a cuál? ¿O no sabemos que todo esto es solamente el preludio de ese "rema” que se ha de aprender?, porque no vas a tener por dialécticos a los hábiles en tales enseñanzas. [531e] No, por Júpiter!, dijo, a no ser a algunos, y bien pocos, de los que he encontrado. [531e] Pero, proseguí, los que no sean capaces de dar y aceptar un razonamiento, ¿qué van a saber de lo que afirmamos se debe saber? Siohextiol ETvar. [531e] «εἶναι. οὐ μὰ τὸν Δί᾽, ἔφη, εἰ μὴ μάλα γέ τινες ὀλίγοι ὧν ἐγὼ ἐντετύχηκα. ἀλλὰ δή, εἶπον, μὴ δυνατοὶ οἵτινες δοῦναί τε καὶ ἀποδέξασθαι λόγον εἴσεσθαί ποτέ τι ὧν φαμεν δεῖν εἰδέναι; οὐδ᾽ αὖ, ἔφη, τοῦτό γε.» (Burnet, 531e) [531e] No, una vez más, dijo, tampoco esto. [532a] ¿Pues no es ya éste, Glaucón, el “tema” que la dialéctica lleva a cabo? Tema, que aun siendo inteligible, lo imitaría la facultad de ver de la que dijimos ponerse a mirar primero a los vivientes, además de ellos a los astros y finalmente al Sol mismo. Parecidamente, también, cuando alguien se pune, mediante la dialéctica y sin ninguna sensación, a tender con la razón a lo que cada cosa es ella misma y no se aparta hasta que capte con la inteligencia misma lo que es lo Bueno mismo, aposéntase en el ápice de lo inteligible, como aquel otro lo hacía entonces en el de lo visible. [532b] De todo en todo es así, dijo. [532b] Mas, proseguí, aquella liberación de cadenas y conversión desde las sombras a los eídolos y a la luz, y aquella ascensión desde la caverna al Sol, y allí aun aquella impotencia para ver animales, plantas y la Luz del Sol —aunque sí ver en las aguas las imágenes divinas, y las sombras de los entes, mas no esas sombras de eídolos producidas, juzgándolas según la luz del Sol, por otra clase de luz—, tal tratamiento de las artes que describimos posee ese poder y elevación de lo mejor del alma a la contemplación de lo mejor en los entes, como Allá, de la más claro en el cuerpo a la contemplación de lo más luminoso en lo corporaloide y en la región de lo visible. [532d] Lo acepto así, dijo; aunque me parece de todo en todo difícil aceptar el que así sea; mas, por otra parte, difícil es no aceptarlo. No obstante —porque no sólo hemos de oírlo en la ocasión presente, sino revertir a ello muchas veces—, poniendo que sea esto así, cual ahora se dice, vayamos al “tema” mismo, y recorrámoslo como recorrimos el preludio. Di, pues, cuál es el carácter de la potencia dialéctica y en cuáles eídoses se divide y, a su turno, cuáles los caminos, porque éstos serían, al parecer, los que nos condujeran a donde, llegados, descansaríamos, por decirlo así, del camino; y sería el final de la peregrinación. [533a] «οὐκέτ᾽, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὦ φίλε Γλαύκων, οἷός τ᾽ ἔσῃ ἀκολουθεῖν-ἐπεὶ τό γ᾽ ἐμὸν οὐδὲν ἂν προθυμίας ἀπολίποι-οὐδ᾽ εἰκόνα ἂν ἔτι οὗ λέγομεν ἴδοις, ἀλλ᾽ αὐτὸ τὸ ἀληθές, ὅ γε δή μοι φαίνεται-εἰ δ᾽ ὄντως ἢ μή, οὐκέτ᾽ ἄξιον τοῦτο διισχυρίζεσθαι: ἀλλ᾽ ὅτι μὲν δὴ τοιοῦτόν τι ἰδεῖν, ἰσχυριστέον. ἦ γάρ; τί μήν; οὐκοῦν καὶ ὅτι ἡ τοῦ διαλέγεσθαι δύναμις μόνη ἂν φήνειεν ἐμπείρῳ ὄντι ὧν νυνδὴ διήλθομεν, ἄλλῃ δὲ οὐδαμῇ δυνατόν; καὶ τοῦτ᾽, ἔφη, ἄξιον διισχυρίζεσθαι.» (Burnet, 533a) [533b] Esto precisamente, pues, proseguí, nadie nos lo pondrá en duda: cuando decimos que ningún otro método se meta a hacer de camino para captar respecto de cada cosa lo que cada una es. Que, por cierto, todas las demás artes versan o sobre las opiniones de los hombres y sus apetencias o sobre engendramiento y composición o se las ha cultivado a todas en vistas al cuidado de lo engendrado y compuesto. Mas las restantes; las que, afirmamos, captan algo de lo ente: las geométricas y las que a éstas acompañan, vemos que cual ensueñan sobre lo ente; mas nada pueden ver despiertas, mientras, sirviéndose de hipótesis, las dejen como inmobles, ya que ellas no pueden dar razón de sí mismas. Para quien, pues, haga de principio algo que no sepa, final e intermedios entretéjense de la que no sabe. ¿Qué traza hay para que de tal concordancia resulte jamás ciencia? [533b] XIV. Así que, proseguí, sólo el método dialéctico procede de esta manera: elimina las hipótesis para llegar a afirmarse en el principio mismo; y, en realidad, al ojo del alma, enterrado en un cierto bárbaro barrizal, lo arrastra suavemente y eleva a lo Alto, sirviéndose, cual de colaboradores y merodeadores, de las artes que recontamos, a los que, por cierto, solemos llamar, siguiendo la costumbre, “ciencia”; mas necesitan de otro nombre, más declarador que el de “opinión”, pero más confuso que el de “ciencia”. Anteriormente determinamos fuera el de “inteligencia discursiva”; mas, me parece, la disputa no versa sobre el nombre cuando tantas cosas tenemos propuestas a consideración. [533e] Pues no, dijo; ya que solamente versa sobre algo que declare contra el uso habitual lo que en Verdad pasa en el alma. [533e] Basta, pues, proseguí, con llamar, como anteriormente. [533e] “ciencia” a la primera parte; “inteligencia discursiva”, a la «ὀνόματος ἀμφισβήτησις, οἷς τοσούτων πέρι σκέψις ὅσων ἡμῖν πρόκειται. οὐ γὰρ οὖν, ἔφη. ἀλλ᾽ ὃ ἂν μόνον δηλοῖ πως τὴν ἕξιν σαφηνείᾳ λέγειν ἐν ψυχῇ ⟨ἀρκέσει; ναί.⟩ ἀρκέσει οὖν, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὥσπερ τὸ πρότερον, τὴν μὲν πρώτην μοῖραν ἐπιστήμην καλεῖν, δευτέραν δὲ διάνοιαν, τρίτην» (Burnet, 533e) [534b] También a mí, dijo, me lo parece esto y lo demás, en lo que puedo seguirte. [534b] ¿Y también llamas “dialéctico” a quien capte la razón de la esencia de cada cosa; y del que no la tenga, en la medida en que no tenga modo de darse razón de ella a sí mismo y a otro, dirás que, en esa misma medida, no tiene respecto de eso inteligencia? [534b] Pues, ¿cómo lo afirmaría, dijo. [534b] Parecidamente, pues, respecto de lo Bueno. Quien no tenga cómo definirlo por la razón extrayendo de todas las demás cosas la idea de lo Bueno ni como, en batalla, atravesando por todas las objeciones, se esfuerza en refutarlas, no según opinión, sino según esencia, ni se abre camino entre todas ellas con razón captora, no afirmarás de quien así se comporte que sepa de lo Bueno mismo ni de lo bueno de cualquier otra cosa. Mas que si captare un cídolo de alguna, lo capta mediante opinión, no por ciencia, y pasa la vida presente soñando y adormilado, sin llegar aquí a despertarse; en llegando al Hades, se quedará definitivamente dormido. [534d] Sí, por Júpiter, dijo, afirmaré en firme todo esto. [534d] Pero si a estos tus hijos propios a quienes crías y educas con palabras, los críaras alguna vez con obras, no les permitirías, como creo, el que siendo irracionales, cual ciertas líneas, fueran, al gobernar en la Ciudad, señores de los máximos negocios. [534d] Pues no, dijo. [534d] ¿Pondrásles, pues, por ley que, sobre todo, se hacen con esa educación con la que resulten capaces de preguntar y responder de manera superlativamente científica? [534d] «πρότερον ἀφικόμενον τελέως ἐπικαταδαρθεῖν; νὴ τὸν Δία, ἦ δ᾽ ὅς, σφόδρα γε πάντα ταῦτα φήσω. ἀλλὰ μὴν τούς γε σαυτοῦ παῖδας, οὓς τῷ λόγῳ τρέφεις τε καὶ παιδεύεις, εἴ ποτε ἔργῳ τρέφοις, οὐκ ἂν ἐάσαις, ὡς ἐγᾦμαι, ἀλόγους ὄντας ὥσπερ γραμμάς, ἄρχοντας ἐν τῇ πόλει κυρίους τῶν μεγίστων εἶναι. οὐ γὰρ οὖν, ἔφη. νομοθετήσεις δὴ αὐτοῖς ταύτης μάλιστα τῆς παιδείας ἀντιλαμβάνεσθαι, ἐξ ἧς ἐρωτᾶν τε καὶ ἀποκρίνεσθαι ἐπιστημονέστατα οἷοί τ᾽ ἔσονται;» (Burnet, 534d) [534e] La pondré de ley, dijo, contigo. [534e] ¿Te parece, pues, añadí, que la dialéctica esté colocada, pata nosotros, allá Arriba, cual cornisa de las enseñanzas, y no haya que sobreponerle ya una enseñanza más alta que ésta, sino haya llegado ya a su final lo concerniente a enseñanzas? [535a] A mi sí, dijo. [535a] XV. Te resta, pues, proseguí, el reparto: a quiénes daremos y de qué manera tales enseñanzas. [535a] Recuerdas, pues, nuestra anterior selección de los gobernantes: ¿cuáles escogimos? [535a] Pues, ¿cómo no?, dijo. [535a] Aparte, pues, de otras cosas, proseguí, piensa en que se ha de escoger a los de aquel natural: se ha de elegir a los más firmes y más valientes; y, en lo posible, a los de buen-ver. Además de esto hay que ir a la búsqueda no sólo de los más hables y viriles de carácter, sino también han de poseer natural apropiado para esta educación. [535b] ¿A qué te refieres? [535b] Han de tener, Venerable, dije, sutileza para tales enseñanzas y aprender sin dificultad, porque las almas se atemorizan mucho más ante las enseñanzas fuertes que ante los “ejercicios gimnásticos, porque el esfuerzo les es cosa de casa, privado; mas no, común con el cuerpo. [535b] Es verdad, dijo. [535c] Hay que ir a buscar a un memorioso e irrompible por el trabajo, y gran amigo de él. ¿O crees habría manera de que alguien quiera aguantar los trabajos propios del cuerpo, y llevar a cabo tales aprendizajes y ejercicios? [535c] Nadie, dijo, a no ser un muy bien nacido. [535c] «καὶ μνήμονα δὴ καὶ ἄρρατον καὶ πάντῃ φιλόπονον ζητητέον. ἢ τίνι τρόπῳ οἴει τά τε τοῦ σώματος ἐθελήσειν τινὰ διαπονεῖν καὶ τοσαύτην μάθησίν τε καὶ μελέτην ἐπιτελεῖν; οὐδένα, ἦ δ᾽ ὅς, ἐὰν μὴ παντάπασί γ᾽ ᾖ εὐφυής. τὸ γοῦν νῦν ἁμάρτημα, ἦν δ᾽ ἐγώ, καὶ ἡ ἀτιμία φιλοσοφίᾳ διὰ ταῦτα προσπέπτωκεν, ὃ καὶ πρότερον εἴπομεν, ὅτι οὐ κατ᾽ ἀξίαν αὐτῆς ἅπτονται: οὐ γὰρ νόθους ἔδει ἅπτεσθαι, ἀλλὰ γνησίους. πῶς; ἔφη.» (Burnet, 535c) [535d] Primero, proseguí, no ha de poner en ella las manos el cojo en amor al trabajo; amante de él para una mitad de cosas; no amante, para la otra mitad. Y pasa esto precisamente cuando alguien es amante de la gimnasia, de la caza y de toda suerte de trabajo corporal; mas no, amante de aprender, ni de oír, ni investigador, sino en todo esto enemigo de trabajo. Pero cojo es también quien haya cambiado en su contrario el amor al trabajo. [535d] Hablas verdaderísimamente, dijo. [535d] También, pues, respecto de la Verdad, proseguí: ¿no diremos que eso mismo es estar baldada el alma que odie la mentira voluntaria y no la aguante y lleve grandemente a mal el que otros mientan; mas admita fácilmente la involuntaria; y, cogida en ignorancia, no lo lleve a mal, sino complacientemente se revuelque, cual bestia porcina, en la ignorancia? [536a] De todo en todo, dijo. [536a] Y en cuanto a templanza, proseguí, valentía, magnanimidad y todas las demás partes de la virtud, no se ha de tener menor cuidado en separar bastardo de legítimo, porque cuando alguien, particular o Ciudad, no sabe reconocerlos, ocúltaseles, al servirse de cojos y bastardos, con qué se hallen en cada caso, si aquéllos de amigos, si éstos, de gobernantes. [536a] Y mucho que así pasa, dijo. [536a] A nosotros, proseguí, el precavernos contra todo eso. Que si procurándonos quienes sean perfectos de cuerpo y mente las educamos para tan importantes enseñanza y ejercicio, no nos reprenderá la Justicia misma; salvaremos la Ciudad y su régimen político; mas si llevamos a esto a otros haremos lo contrario y expondremos aún más a risa a la filosofía. [536b] Sería, por cierta, vergonzoso, dijo. [536b] Absolutamente, añadí; mas paréceme pasarme a mí eso mismo en este momento. [536b] Olvidamos, proseguí, que juzgábamos; y hablé, más bien, tieso, porque, mientras hablaba, miré a la filosofía viéndola «ὡς ἐὰν μὲν ἀρτιμελεῖς τε καὶ ἀρτίφρονας ἐπὶ τοσαύτην μάθησιν καὶ τοσαύτην ἄσκησιν κομίσαντες παιδεύωμεν, ἥ τε δίκη ἡμῖν οὐ μέμψεται αὐτή, τήν τε πόλιν καὶ πολιτείαν σώσομεν, ἀλλοίους δὲ ἄγοντες ἐπὶ ταῦτα τἀναντία πάντα καὶ πράξομεν καὶ φιλοσοφίας ἔτι πλείω γέλωτα καταντλήσομεν. αἰσχρὸν μεντἂν εἴη, ἦ δ᾽ ὅς. πάνυ μὲν οὖν, εἶπον: γελοῖον δ᾽ ἔγωγε καὶ ἐν τῷ παρόντι ⟨τι⟩ ἔοικα παθεῖν. τὸ ποῖον; ἔφη.» (Burnet, 536b) [536b] ¡Por Júpiter!, dijo, no me lo pareció a mí de oyente. [536b] Mas sí, añadí, a mí de orador. Mas no olvidemos que en la primera selección escogimos a ancianos, pero en estotra no hubo para ellos lugar; porque no se ha de creer a Solón en eso de que «cuando se envejece, se es capaz de aprender muchas cosas, menos a correr»; mas de los jóvenes son todos los grandes y los más de los trabajos. [536d] XVI. Lo referente a cálculos, geometría y toda educación previa en que hay que educarlos antes de la dialéctica es preciso presentárselo durante la niñez, no dando a la forma de tal enseñanza la de algo así cual forzoso a aprender. [536d] El libre, expliqué, no ha de aprender enseñanza alguna cual esclavo; porque los trabajos corporales, hechos a la fuerza, no hacen mal alguno al cuerpo; mas en el alma ninguna enseñanza forzada resulta permanente. [536e] Es verdad, dijo. [536e] Así que, óptimo, proseguí, a los niños no enseñarles nada a la fuerza, sino por juego, a fin de que puedas descubrir mejor para qué nació cada uno. [537a] Tienes razón en lo que dices, añadió. [537a] ¿No recuerdas, pues, proseguí, lo que dijimos de llevar a la guerra a los niños, montados, de espectadores y, si fuera seguro, acercarlos y que gusten de la sangre cual los cachorros? [537a] Me recuerdo, dijo. [537a] En todo esto, proseguí: en trabajos, enseñanzas y miedos, al que se muestre constantemente más ágil seleccionarlo para cuenta aparte. [537a] ¿En qué edad?, dijo. [537b] En la que, proseguí, se los despide de gimnasia obligatoria, porque durante ese tiempo, dure dos o tres años, está imposibilitado de hacer otra cosa, porque fatiga y sueño son enemigos de enseñanza. A la vez, ésta es una de las pruebas, y no la menor, para que, en los ejercicios, se eche de ver lo que cada uno es. [537b] Pues, ¿cómo no?, dijo. [537b] Después de este tiempo, proseguí, de entre los veinteañeros los preseleccionados recibirán mayores honores que los demás; y las enseñanzas que en la educación infantil se les dieron revueltas, a estotros habrá que llevarlos a visión global del parentesco mutuo de las enseñanzas y de la naturaleza de lo ente. [537c] Unicamente tal enseñanza, agregó, queda firme en quienes se engendre. [537c] Y es la prueba máxima, proseguí, de la que es o no naturaleza dialéctica, porque el de visión global es dialéctico; y el que no, no. [537d] Esto, pues, añadí, has de supervisar: los que de entre ellos resultaren más constantes en estudios, más constantes en batallas y demás ejercicios de constancia, al pasar de los treinta los escogerás, de entre los ya seleccionados, para levantarlos a mayores dignidades; y mirar si, poniéndolos a prueba mediante la potencia de la dialéctica, y despedidos ojos y demás sentidos, son capaces de ir con verdad hacia lo Ente mismo. Gran trabajo de vigilancia es éste, compañero. [537d] Sobre todo, ¿en qué?, dijo. [537d] ¿No caes en cuenta, proseguí, de cuán grande mal le ha sobrevenido ahora a la dialéctica? [537d] Rebosar en antilegalidad, respondí. [537d] Y mucho, dijo. [537d] Crees que algo sorprendente les pasa, proseguí, y ¿no los compadeces? [537d] Como, proseguí, si hijo putativo, criado entre riquezas, en medio de numerosa y gran familia, entre muchos aduladores, llegado a varón, cayera en cuenta de que no es hijo de esos que se llaman sus padres, y no hallara los que en realidad lo engendraron, ¿Puedes adivinar cómo se comportaría respecto de sus aduladores y padres putativos, tanto en aquel tiempo en que no sabía de tal suposición, como en aquel en que la sabía? ¿O quieres oír lo que adivino? [538a] Lo quiero, dijo. [538a] XVII. Adivino, proseguí, que honraría al padre y a la madre y a los demás de la familia más que a los aduladores; y los descuidaría menos, en caso de necesidad; que de palabra y obra se violentaría menos contra ellos; que en lo importante les desobedecería menos que a los aduladores; y esto, mientras no supiera la verdad. [538b] Es verosímil, dijo. [538b] Al percatarse de la realidad, adivino que aflojaría en eso de honrarlos e interesarse por ellos; mas estrecharía sus relaciones con los aduladores; les haría mucho más caso que antes; viviría ya a su manera, acompañándose de ellos sin tapujos; mas de aquel padre y demás putativos familiares no se preocuparía nada, a no ser que fuera de grandemente buen natural. [538c] Dices todo tal cual pasaría, dijo. Mas este símil, ¿qué tiene que ver respecto de los que han tomado contacto con la dialéctica? [538c] Esto. Desde niños tenemos dogmas acerca de lo Justo y Bello, criados por ellos cual por padres, y que, cual a gobernantes, hemos obedecido y honrado. [538c] Pues así es. [538d] Y hay también, contrarias a éstos, máximas deleitables. [538d] adulonas de nuestras almas y que nos arrastran hacía sí; mas no persuaden a quienes sean, en algún grado, morigerados. [538d] —que éstos honran a las máximas paternas y las obedecen. [538d] Pues ¿qué?, proseguí; cuando a quien así está preparado se acerca alguien y le pregunta precisamente: ¿qué es lo Bello?; y, respondiendo según lo que oyó del legislador, se le refuta precisamente eso que dice, y a fuerza de refutarlo muchas veces y de muchas maneras, llega por fin a opinar que eso no es bello más bien que feo, y parecidamente respecto de lo justo, de lo bueno y de lo que tenía en mayor honor, después de esto, ¿qué crees hará respecto de honor y obediencia hacia sus mandamientos? [538e] Por necesidad, dijo, ni honrarlos ya como antes ni obedecerlos. [538e] Cuando, pues, proseguí, ya no tenga a eso por honorable y familiar como antes y no halle lo verdadero, ¿hay verosímil manera de que se incline a una vida diferente de la que le adula? [539a] No la hay, dijo. [539a] Parecerá, por cierto, creo, haberse hecho de respetuoso a la ley rebelde a ella. [539a] ¿Es, pues, proseguí, verosímil les pase esto a los que de esta manera tomaron contacto con la dialéctica?, y, lo que hace un momento decía sea digno de gran benevolencia? [539a] Y de compasión, dijo. [539a] Para que, pues, no caiga tal compasión sobre los treintañeros, que quien entre en contacto con la dialéctica tome toda clase de precauciones. [539b] ¿No es, pues, una precaución importante la de que los jóvenes no la degusten? Porque, pienso, no se te oculta que los muchachitos, cuando comienzan por degustar la dialéctica, la usan de juguete; sírveles para contradecir e, imitando a los refutadores, refutan ellos a otros, gozándose, cual cachorros, en arrastrar y descuartizar, dialogando, a quienes están cerca. [539b] Extraordinariamente, dijo. [539b] Cuando, pues, han refutado ellos a muchos, y sido refutados por muchos, caen presto, y mucho, en no creer en nada de lo anterior; y de esto les viene a ellos y, en conjunto, a la filosofía la mala fama ante los demás. [539c] Pero, de más edad, proseguí, no querrá tomar parte en tal manía; imitará a quien quiera dialogar y considerar la verdad más que a quien lo haga por juego y por contradecir; y aumentará en mesura y hará cambie tal profesión de menospreciable a más apreciable. [539d] Y todo lo que anteriormente se dijo, se lo dijo, pues, por precaución: que fueran de natural morigerado y constante a quienes se diera a participar de la dialéctica, y no, como ahora, al primero que venga y se acerque a ella sin ninguna preparación. [539d] ¿Hace, por cierto, falta el que permanezca constante, atento y sin hacer nada más que ocuparse de la dialéctica, cual ejercicio complementario a los ejercicios corporales, doble número de años que antes? [539e] ¿Hablas de seis o de cuatro?, dijo. [539e] No importa, respondí, pon cinco. Después de lo cual habrán de descender de nuevo a aquella caverna y forzarlos a mandar en lo de guerra y en otros cargos de jóvenes, a fin de que no se queden atrás en nada respecto de los otros; y aún más, — habrá que ponerlos a prueba si se mantendrán firmes contra toda tentación o si en algo flaquearán. [540a] ¿Cuánto tiempo pones para esto?, dijo. [540a] Quince años, respondí. En llegando a los cincuenta, a los sanos y salvos y a los mejores en toda y de todas maneras en obras y ciencias hay que llevarlos ya al final, y forzarlos a que, acomodando la vista del alma, miren a lo que proporciona a todos luz; y viendo a lo Bueno mismo, sirviéndose de él cual de paradigma organizar Ciudad, particulares y a sí mismo el resto de la vida, a cada uno en su turno, dedicando la mayor parte de ella a la filosofía; mas cuando les llegue su turno se metan en las miserias de la política y cada uno en el suyo en el gobierno por mor de la Ciudad, no cual si fuera eso algo bello, sino algo a hacer por necesidad; y educando así y siempre a otros tales, dejándolos de guardianes de la Ciudad, a habitar en las islas de los bienaventurados. Que la Ciudad les dedique, en público, monumentos y sacrificios, si la Pitia conviene en ello, cual a daimonios; pero si no, cual a bienaventurados y divinos, Grandemente bellos gobernantes, dijo, cual, si fueras escultor, Sócrates, hiciste. [540c] Y también gobernadoras, añadí, Glaucón; porque no creas que en lo dicho haya dicho en favor de los varones algo más que en el de las mujeres: de cuantas de ellas nazcan con apropiado natural. [540c] Correctamente; dijo, si todo, como explicamos, ha de serles común con los varones. [540d] Pues bien: ¿Convenís en que, respecto de la Ciudad y de su régimen político, no hemos expresado sólo piadosos deseos, sino cosas ciertamente dificultosas, mas de alguna manera posibles, pero no de otra sino de la dicha: cuando los verdaderamente filósofos tengan el poder, sean muchos o uno, y menosprecien las honras actuales de la Ciudad, teniéndolas par cosas de gente no libre y de ningún valor, mas haciendo caso sobre todo de lo recto y de las honras que de ello proceden y, teniendo a lo Justo por lo máximo y necesario, se le sometan y lo acrecienten, no reorganizarán a su propia Ciudad? [540e] A cuantos en la Ciudad, proseguí, estén en el caso de pasar de los diez años, a todos los enviarán a los campos; sacando a sus hijos fuera de las costumbres actuales, que son las de los padres, los criarán en sus propias maneras y leyes; en las que entonces enumeramos. Y así, de manera más breve y fácil, instaurando Ciudad y el régimen político dicho, la harán feliz y ganará máximamente el linaje en que se implante. [541b] Y mucho, dijo; cómo se realizaría, en caso de realizarse, me parece, Sócrates, haber sido bien explicado. [541b] ¿No hemos hablado ya bastante, proseguí, acerca de tal Ciudad y del varón que a ella se asemeje? Queda, pues, además, patente cuál afirmamos debería ser. [541b] Patente, dijo. Y lo que preguntas me parece haber llegado a su término. [541b] «δοκεῖς μοι, ὦ Σώκρατες, εὖ εἰρηκέναι. οὐκοῦν ἅδην ἤδη, εἶπον ἐγώ, ἔχουσιν ἡμῖν οἱ λόγοι περί τε τῆς πόλεως ταύτης καὶ τοῦ ὁμοίου ταύτῃ ἀνδρός; δῆλος γάρ που καὶ οὗτος οἷον φήσομεν δεῖν αὐτὸν εἶναι. δῆλος, ἔφη: καὶ ὅπερ ἐρωτᾷς, δοκεῖ μοι τέλος ἔχειν. ΣΩΚΡΆΤΗς, ΓΛΑΎΚΩΝ» (Burnet, 541b) [543a] I. Sea. Queda convenido, por cierto, Glaucón, que en la Ciudad aspirante a perfecta administración han de ser comunes las mujeres, comunes los hijos y toda la educación; y parecidamente comunes las ocupaciones en guerra y en paz; que reyes de ellos sean los que resulten mejores en filosofía y a la vez para la guerra. [543b] Aún más: admitimos estotro: que, cuando los gobernantes hayan tomado posesión, lleven a los soldados a que se establezcan en las casas de que hablamos, donde nada habrá de propio de nadie, sino común a todos. Además de esto de tales casas, convinimos, respecto de posesiones, ¿lo recuerdas?, cuáles habrán de ser. [543b] Me acuerdo, dijo; pensamos que nadie ha de poseer nada de lo que ahora poseen los demás; mas que, como atletas de la - guerra y guardianes, reciban de los otros, por la guarda y para mantenimiento propio, salario por un año, con el deber de cuidarse de sí mismos y del resto de la Ciudad. [543c] Correctamente dicho, añadí. Bien; terminado ya este punto, recordemos desde dónde nos desviamos hacia el presente, para volver de nuevo al mismo camino. [543c] No es difícil, dijo; porque, casi casi como ahora, cuando hablaste detenidamente sobre la Ciudad, diciendo ser buena precisamente la que entonces describías ponías ser tal tanto Ciudad como varón semejante a ella. Mas parece cual si tuvieras aún que hablar de otra Ciudad y varón aun más bello. Pero afírmalas ser defectuosas las demás, si es que ésta era la correcta. De los demás regímenes políticos, afirmaste, así lo recuerdo, haber cuatro eídoses de los que valdría la pena hablar y ver sus defectos y los varones semejantes a ellos, para que, viéndolos a todos y conviniéndolos en cuál es el varón mejor y el peor, pongamos en consideración si el mejor es el más Líen— aventurado; y el peor, el más desgraciado, o si es esto de otra manera; y, preguntando yo cuáles eran los cuatro regímenes — políticos, se entremetieron entonces Polemarco y Adimanto, y. [544b] retomando tú la palabra, se llegó aquí. [544b] Correctísimamente te recordaste, dije. [544b] De nuevo, pues, cual luchador dame asidero y, preguntándote yo lo mismo, trata de decir lo que entonces ibas a explicar. [544b] Si lo puedo, dije. [544b] Pues bien, dijo él, anhelo oír de qué cuatro regímenes políticos hablabas. [544b] No es difícil de oír, proseguí. Me refiero a los que hasta nombre tienen; el por la mayoría ensalzado: el de Creta y Esparta. El segundo, y en segundo lugar ensalzado, el llamado “oligarquía”, régimen político, rebosante en tantos y tantos males. El diferente de éste y siguiente a él: la democracia; y la noble tiranía, distinto de todos, cuarta y extrema enfermedad de Ciudad, ¿Tienes idea de algún otro régimen político que colocar en algún eidos claro y distinto?, porque dinastías, realezas compradas y otros tales regímenes intermedios los hay; y se los encontraría no menos entre los bárbaros que entre los griegos. [544d] Se habla de muchos y desconcertantes, dijo. [544d] II. ¿Sabes, pues, proseguí, que de hombres hay también necesariamente tantos eídoses cuantos de regímenes políticos? ¿O crees que de encinas y tocas nazcan regímenes políticos; y no, de las costumbres de los habitantes en las Ciudades, que, ual pesas, arrastran lo demás? [544e] En modo alguno de otra parte, dijo, sino de eso. [544e] Si, pues, los regímenes de las Ciudades fueran cinco, las disposiciones de las almas de los particulares serían cinco. [544e] Describimos ya al semejante a la aristocracia, y afirmamos correctamente ser bueno y justo. [544e] Lo describimos. [544e] Pues bien: tras él hay que pasar a los peores: al amante-de-poder y al amante-de-gloria, según el régimen político establecido en Esparta; al oligárquico, al democrático y al tiránico, a fin de que viendo el más injusto lo contrapongamos al más justo y quede perfecta nuestra consideración de cómo una justicia pura se ha, respecto de una injusticia pura, en cuanto a bienaventuranza o desgracia de quien las tiene, a fin de que o, convencidos por Trasimaco, vayamos tras injusticia; o, a tenor del evidente razonamiento actual, tras justicia. [545b] De todo en todo, así hay que hacerlo, dijo. [545b] Pues bien: al modo que comenzamos a considerar las costumbres en los regímenes políticos antes que en los individuos, por ser cosa más clara, también ahora hay que considerar primero el régimen amante-de-gloria (no tengo otro nombre que darle sino el de “timocracia” o timarquía”; con él se lo ha de llamar). Después del cual consideraremos al varón correspondiente; después, la oligarquía y al varón oligárquico; a su turno, mirando a la democracia, contemplaremos al varón demócrata. En cuarto lugar llegando ya a Ciudad tiranizada y viéndola, mirando a su vez al alma tiránica, trataremos de llegar a ser jueces competentes de lo que nos propusimos. [545c] Racionales resultarían, dijo, la contemplación y el juicio. [545c] II Pues bien, añadí, tratemos de explicar de qué manera de la aristocracia resultaría la timocracia, Sencillamente, el cambio de todo régimen político, ¿no proviene del mismo que tiene el poder cuando dentro de él mismo surge escisión?; mas al concorde, aunque sea muy pequeño, ¿es imposible removerlo? [545d] ¿Cómo, pues, Glaucón, proseguí, se trastornará nuestra ciudad y se escindirán auxiliares y gobernantes unos contra otros y respecto de sí mismos? ¿O quieres, cual Homero, que supliquemos a las Musas que nos digan de qué modo sobrevino primero la escisión, y digámosles que nos hablen a lo trágico, jugando y bromeando con lo niños que somos, y cual si hablarán en serio, hablen con altisonantes palabras? [546a] Más o menos así; es ciertamente difícil trastornar un régimen político como el vuestro; mas porque para todo lo nacido hay corrupción, tampoco tal constitución permanecerá todo el tiempo, sino se disociará. La disociación será ésta: no sólo para las plantas enraizadas en tierra, sino también para los animales que viven sobre la tierra, fecundidad e infecundidad de alma y de cuerpos se alternan, cuando las circunvoluciones á hagan que se cierren las circunferencias de cada uno: la de longitud menor para los de breve vida; la de contraria, para los contrarios. En cuanto a vuestra raza, aunque sean sabios los que educasteis para jefes de la Ciudad, no por eso llegarán a juntar razonamiento y sensación, sino que se les escapará lo de fecundidad e infecundidad, y engendrarán hijos cuando no es lo debido. Mas hay para la generación divina un período, circundado por un número perfecto. Mas en la humana, otro en el cual, como en caso primero, aumentos por radicales y por potencias, que comprenden tres intervalos y cuatro términos: los de semejante y desemejante, los de acreciente y pereciente, ponen de manifiesto que todas las cosas son convergentes entre sí y racionales. La base de ellas es el sobretercio que, unido con cinco y aumentado tres veces, da dos armonías: una, igual número de veces, cien cada una de las veces; otra, en parte de longitud igual, en parte de longitud alargada, teniendo la primera de éstas de cien de los números de los diámetros racionales de cinco, disminuidos cada uno de los racionales en una unidad; en dos, los irracionales; y la segunda, cien de los cubos de tres. [546c] Este número geométrico íntegro es señor de las generaciones buenas y malas, que, al ignorarlas nuestros guardianes, hacen que cohabiten los jóvenes esposos y esposas a contratiempo; no resultarán hijos ni biennacidos ni de buena suerte. De ellos sus antepasados pondrán a los mejores de gobernantes; mas, por ser indignos, al llegar a los cargos de los padres comenzarán, primero, por descuidarse de nosotros, a pesar de ser guardianes; y teniendo lo de la música en menos de lo debido y después a la gimnástica, resultarán por ello incultos nuestros jóvenes. De ellos llegarán a los cargos gobernantes no gran cosa de guardianes en punto a discernir dentro de vosotros las razas de Hesíodo: las cfe oro, plata, bronce y hierro. Mas mezclado por igual hierro con plata, y bronce con oro, dará por resultado inhomogeneidad y desajustada anomalía que, engendrada, produce siempre en donde se engendre guerra y enemistad. Hay que afirmar que tal es el origen de la escisión, engénafirmaremos, dijo, que Ellas han respondido correctamente. [547a] Necesariamente, añadí, por ser Musas. [547b] Pues bien, dijo, ¿qué dicen tras esto las Musas? [547b] Sobrevenida la escisión, proseguí, son arrastrados los dos pares de razas: la de hierro y bronce, hacia el dinero, posesión de tierra, de casa, oro y plata; el otro par: el de oro y plata, por no ser pobres, sino de natural ricos en alma, vanse hacia la virtud y antigua constitución. Después de violentas tensiones, llegan a un acuerdo medio: posesión privada de tierra y casas, una vez repartidas; que los tenidos antes por ellos como libres, sean amigos y proveedores; les sirvan de esclavos los antes periecos y sirvientes, cuidándose ellos de la guerra y de la guardia de los demás. [547c] Me parece, dijo, que tal cambio de esta provino. [547c] ¿Así que, añadí, estaría tal régimen político en el medio entre aristocracia y oligarquía? [547c] IV. Se cambiará así; pero, ¿cómo se administrará, después del cambio? ¿O no está claro que en unas cosas imitará al régimen político anterior; y en otras, a la oligarquía, por estar en medio de ellas, aunque tendrá también algo de propio? [547d] Por el respeto hacia los gobernantes y aversión de todo guerrero hacia agricultores, menestrales y demás clases de ganaplata, por una parte; mas, por otra, por establecer comidas comunes y cuidarse solícitamente de gimnástica y demás ejercicios de guerra: en esto, ¿no imitará al anterior? [547e] Mas por el miedo a llevar a los cargos de gobierno a los sabios, no teniendo ya varones simples y diligentes, sino mezclados; por inclinarse hacia los corajudos y más simples, nacidos para guerra más bien que para paz, por tener en estima para la guerra engaños y artimañas; por pasar todo el tiempo en pie de guerra, ¿no tendrá casi todo esto como propio de él? [548a] Por otra parte, proseguí, son los tales ávidos de riquezas, cual lo son los de las oligarquías; feroces adoradores en secreto «εἰρήνην, καὶ τοὺς περὶ ταῦτα δόλους τε καὶ μηχανὰς ἐντίμως ἔχειν, καὶ πολεμοῦσα τὸν ἀεὶ χρόνον διάγειν, αὐτὴ ἑαυτῆς αὖ τὰ πολλὰ τῶν τοιούτων ἴδια ἕξει; ναί. ἐπιθυμηταὶ δέ γε, ἦν δ᾽ ἐγώ, χρημάτων οἱ τοιοῦτοι ἔσονται, ὥσπερ οἱ ἐν ταῖς ὀλιγαρχίαις, καὶ τιμῶντες ἀγρίως ὑπὸ σκότου χρυσόν τε καὶ ἄργυρον, ἅτε κεκτημένοι ταμιεῖα καὶ οἰκείους θησαυρούς, οἷ θέμενοι ἂν αὐτὰ κρύψειαν, καὶ αὖ περιβόλους οἰκήσεων, ἀτεχνῶς νεοττιὰς ἰδίας, ἐν αἷς» (Burnet, 548a) [548b] Así que también, avaros de dinero, porque lo adoran y no poseen un público; ávidos de derrochar lo ajeno, recolectando en secreto placeres, huyendo de la ley cual niños del padre, educados no bajo el poder de la persuasión sino bajo el de la violencia por haber descuidado a la verdadera Musa: la acompañada de razones y de filosofía, y haber honrado a la gimnástica cual a más venerable que la música. [548c] Estás hablando, dijo, de un régimen político mezclado de mal y de bien. [548c] Pues está mezclado, añadí; y se transparenta en él una sola cosa, por el predominio del corajudo: el amor del poder y el de honores. [548c] Y mucho, dijo. [548c] Tal sería, añadí, el origen de este régimen político, y tal sería él: por haber delineado en palabras los rasgos de tal régimen, no lo he elaborado exactamente, ya que basta ver, por el dibujo mismo, lo que es más justo y lo que más injusto; que sería trabajo descomunalmente largo recorrer todos los regímenes políticos, sin dejar ni uno solo de sus caracteres. [548d] Y correctamente, dijo. [548d] V. ¿Quién es, pues, el varón a medida de tal régimen político? ¿Cómo surgiría y cuál sería? [548d] Creo, por cierto, dijo Adimanto, que tiende a ser algo próximo al Glaucón mismo aquí presente, por causa del amor al poder. [548e] Tal vez, añadí, lo sea en esto; pero me parece que en estotro no resulta cual él. [548e] ¿En qué? [548e] «ἴσως, ἦν δ᾽ ἐγώ, τοῦτό γε: ἀλλά μοι δοκεῖ τάδε οὐ κατὰ τοῦτον πεφυκέναι. τὰ ποῖα; αὐθαδέστερόν τε δεῖ αὐτόν, ἦν δ᾽ ἐγώ, εἶναι καὶ ὑποαμουσότερον, φιλόμουσον δέ, καὶ φιλήκοον μέν, ῥητορικὸν δ᾽» (Burnet, 548e) [548e] modo alguno, orador. El tal sería feroz para con los esclavos; no los despreciaría, cual el adecuadamente educado. Pero manso para con los libres; gran obediente para con los gobernantes; amante-del-poder y amante-del-honor, no juzgándose digno de gobernar por saber hablar, sino por acciones guerreras y lo demás referente a guerra y amante-de-la-gimnástica y de la caza. [549a] Pues tal es, dijo, el carácter apropiado a aquel régimen político. [549a] Ahora bien, proseguí: de joven despreciaría el tal los dineros; pero cuanto más viejo se hiciera, más y siempre los abrazará porque va siendo su naturaleza la del amante-del-dinero, y no está puro para la virtud por haber abandonado lo del óptimo Guardián. [549b] ¿De quién?, preguntó Adimanto. [549b] De la Razón unida con la música, respondí; que es ella sola la que, por su presencia, resulta salvadora de Virtud durante toda la vida de quien la tenga. [549b] Y por cierto, proseguí, que tal es el joven amante-de-los honores, parecido a la tal Ciudad. [549c] Fórmase, añadí, el tal más o menos de esta manera: a veces es hijo joven de padre bueno, habitante de Ciudad no bien administrada, y que huye las honras, cargos, procesos y toda esa clase de quehaceres; prefiere ser menos a tomarse tales trabajos. [549c] ¿Cómo se forma?, preguntó. [549c] Primero, al oír a su madre, resentida de que su varón no es uno de los gobernantes, y rebajada por ello ante las demás mujeres; después, viendo ella que él no pone gran empeño en nada de dineros, que no pelea ni insulta ni en privado ni en juzgados ni en público, sino lleva todo eso mansamente; que, advierte ella, no piensa él sino en sí mismo; mas que, a ella, ni la aprecia gran cosa ni la desprecia, resentida de todo eso, le dice que su padre no es varonil y sí demasiado flojo, y otras tantas y tales cosas que les gusta a las mujeres cantarles en tales casos. [549e] «οἷα φιλοῦσιν αἱ γυναῖκες περὶ τῶν τοιούτων ὑμνεῖν. καὶ μάλ᾽, ἔφη ὁ Ἀδείμαντος, πολλά τε καὶ ὅμοια ἑαυταῖς. οἶσθα οὖν, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὅτι καὶ οἱ οἰκέται τῶν τοιούτων ἐνίοτε λάθρᾳ πρὸς τοὺς ὑεῖς τοιαῦτα λέγουσιν, οἱ δοκοῦντες εὖνοι εἶναι, καὶ ἐάν τινα ἴδωσιν ἢ ὀφείλοντα χρήματα, ᾧ μὴ ἐπεξέρχεται ὁ πατήρ, ἤ τι ἄλλο ἀδικοῦντα, διακελεύονται ὅπως, ἐπειδὰν ἀνὴρ γένηται, τιμωρήσεται πάντας τοὺς τοιούτους» (Burnet, 549e) [550b] Adecuadamente, dijo, me parece has descrito la génesis del tal. [550c] Luego, proseguí, tenemos ya el segundo régimen político y el segundo varón. [550c] La tenemos, dijo. [550c] VI. Después de lo cual digamos lo de Esquilo: «otro varón, al frente de otra Ciudad»; ¿o, más bien, siguiendo lo propuesto, primero, la Ciudad? [550c] ¿Sería, pues, me parece, la oligarquía el régimen político siguiente a éste? [550c] Llamas, dijo, “oligarquía”, ¿a qué clase de régimen? [550c] Al régimen político, proseguí, de censo, en el que los ricos gobiernan, mas el pobre no participa en el gobierno. [550d] ¿No se habría, pues, de hablar primero de cómo se cambia de timarquía a oligarquía? [550d] «πλούσιοι ἄρχουσιν, πένητι δὲ οὐ μέτεστιν ἀρχῆς. μανθάνω, ἦ δ᾽ ὅς. οὐκοῦν ὡς μεταβαίνει πρῶτον ἐκ τῆς τιμαρχίας εἰς τὴν ὀλιγαρχίαν, ῥητέον; ναί. καὶ μήν, ἦν δ᾽ ἐγώ, καὶ τυφλῷ γε δῆλον ὡς μεταβαίνει. πῶς; τὸ ταμιεῖον, ἦν δ᾽ ἐγώ, ἐκεῖνο ἑκάστῳ χρυσίου πληρούμενον ἀπόλλυσι τὴν τοιαύτην πολιτείαν. πρῶτον μὲν γὰρ δαπάνας αὑτοῖς ἐξευρίσκουσιν, καὶ τοὺς νόμους ἐπὶ τοῦτο παράγουσιν, ἀπειθοῦντες αὐτοί τε καὶ γυναῖκες αὐτῶν. εἰκός, ἔφη.» (Burnet, 550d) [550d] Por cierto, añadí, que hasta para un ciego está claro cómo se cambia. [550d] El depósito aquél de particulares, añadí, una vez relleno de oro, deshace tal clase de régimen político. Porque, primero, inventarán maneras de gastárselo y pervertirán para ello las - leyes, no obedeciéndolas ni ellos ni sus mujeres. [550e] Verosímil es, dijo. [550e] Después, creo, mirando uno al otro, y entrándole envidia, llegarán a hacer otra tal a la plebe. [550e] Es verosímil. [550e] Después de lo cual, añadí, progresando en eso de enriquecerse, cuanto por más apreciable la tengan, por tanto más despreciable tendrán a Virtud. ¿O no se distingue de Riqueza Virtud en algo así como, si se colocare a cada una en un platillo de la balanza, tirarían siempre en dirección contraria? [550e] Y mucho, dijo. [550e] Así que, apreciados en Ciudad Riqueza y ricos, resultan despreciables Virtud y buenos. [550e] Es evidente. [550e] Y, siempre, a lo apreciado se lo practica; mas se descuida lo despreciable. [550e] En vez, pues, de varones amantes-de-poder y amantes-de-honores, llegan a ser, al final, amantes-de-dinero y de hacer dineros. Y alaban al rico, lo admiran, elévanlo al gobierno: mas desprecian al pobre. [550e] Ponen entonces por ley, definidora del régimen político oligárquico, una tasa según la magnitud de la riqueza; donde la oligarquía es más fuerte, una mayor; donde menos, menor; prohibiendo tomar parte en el gobierno a aquel cuyo haber no llegue a la tasa ordenada. Impónenlo por las armas a no ser que, antes por intimidación, no se haya establecido tal régimen político. ¿O no es así? [551b] Así, pues, es. [551b] Tal es sin duda la manera de establecerlo, por decirlo así. [551b] Sí, dijo; pero, ¿cuál es el carácter de tal régimen político? Y ¿cuáles son los defectos que, afirmamos, tiene? [551c] VII. Primero, proseguí; eso mismo: lo que es su definición. Porque si se hiciera piloto de naves según censo; mas al pobre, aunque fuera mejor piloto, no se le encomendaran... [551c] Con bien mala navegación se navegaría, dijo. [551c] ¿Y lo mismo, respecto de cualquier otro y tal gobierno? [551c] Yo mismo lo creo. [551c] ¿No es así respecto de Ciudad?, añadí, ¿o también respecto de ella? [551c] Mucho y muchísimo más, dijo, cuanto es más dificultoso y mayor tal gobierno. [551d] Tal y tan grande es el defecto que tendría la oligarquía. [551d] Pues ¿qué?, ¿es éste menor que aquel otro? [551d] ¿Que cuál? [551d] Que tal Ciudad no es una, sino necesariamente dos: una, la de los pobres; otra, la de los ricos, habitando en el mismo lugar, conspirando continuamente unos contra otros. [551d] ¡Por Júpiter!, dijo, en nada es menor. [551d] Pero tampoco, por cierto, es bello estotro: ser probablemente impotente de guerrear guerra, por la necesidad de que, sirviéndose del pueblo en armas, lo teman más que al enemigo, o no sirviéndose de él se eche de ver que, verdaderamente, son oligarcas en la batalla misma; y que a la vez no quieren aportar dinero, por avaros. [551e] «τῷ πλήθει ὡπλισμένῳ δεδιέναι μᾶλλον ἢ τοὺς πολεμίους, ἢ μὴ χρωμένους ὡς ἀληθῶς ὀλιγαρχικοὺς φανῆναι ἐν αὐτῷ τῷ μάχεσθαι, καὶ ἅμα χρήματα μὴ ἐθέλειν εἰσφέρειν, ἅτε φιλοχρημάτους. οὐ καλόν. τί δέ; ὃ πάλαι ἐλοιδοροῦμεν, τὸ πολυπραγμονεῖν γεωργοῦντας» (Burnet, 551e) [551e] Pero ¿qué? Lo que hace rato vilipendiábamos: meterse a hacer muchas cosas a la vez: de agricultores, comerciantes y guerreros los mismos, en tal clase de régimen político, ¿te parece estar correcto? [552a] No, de ninguna manera. [552a] Mira si de todos estos males es ella la primera que sufre de estotro: ¿De cuál? [552a] Estarle permitido a uno el vender todo lo suyo; y a otro, el comprárselo; y que el tal vendedor habite en la Ciudad sin ser parte alguna de ella: ni comerciante ni artesano ni caballero ni hoplita, sino llamarse “pobre” y “mendigo”. [552b] Es la primera, dijo. [552b] No hay en las Ciudades gobernadas oligárquicamente nada que lo impida, porque unos no serían superricos; y otros, totalmente pobres. [552b] Pero advierte estotro: cuando, de rico, el tal derrochaba, ¿era entonces de mayor ayuda a la Ciudad para lo que acabamos de decir? ¿O parecía nada más ser uno de los gobernantes, mas, en verdad, no era ni gobernante ni sirviente de ella, sino despilfarrador de lo que tenía a mano? [552c] Así me lo parece, dijo; no era sino un despilfarrador. [552c] ¿Quieres, pues, proseguí, que a la manera como nace un zángano en la celdilla, enfermedad de la colmena, así también nace tal hombre en la casa, de zángano, enfermedad de Ciudad? [552c] Absolutamente, dijo, Sócrates. [552c] Pues, Adimanto, dios ha hecho alados, mas sin aguijón, a todos los zánganos. Mas de los bípedos, a algunos de ellos ha hecho sin aguijón; pero a otros, con terribles aguijones. Y de los sin aguijón salen todos los llamados “malhechores”. [552d] Está, pues, claro, proseguí, que en Ciudad donde veas pobres hay precisamente en tal lugar, ocultos ladrones, cortabolsas, saqueadores de templos y operarios de todas esas maldades. [552d] «τῶν κεκεντρωμένων πάντες ὅσοι κέκληνται κακοῦργοι; ἀληθέστατα, ἔφη. δῆλον ἄρα, ἦν δ᾽ ἐγώ, ἐν πόλει οὗ ἂν ἴδῃς πτωχούς, ὅτι εἰσί που ἐν τούτῳ τῷ τόπῳ ἀποκεκρυμμένοι κλέπται τε καὶ βαλλαντιατόμοι καὶ ἱερόσυλοι καὶ πάντων τῶν τοιούτων κακῶν δημιουργοί. δῆλον, ἔφη. τί οὖν; ἐν ταῖς ὀλιγαρχουμέναις πόλεσι πτωχοὺς οὐχ ὁρᾷς ἐνόντας; ὀλίγου γ᾽, ἔφη, πάντας τοὺς ἐκτὸς τῶν ἀρχόντων.» (Burnet, 552d) [552d] Pues bien: en las Ciudades gobernadas por oligarcas, ¿no ves que hay pobres? [552d] Lo son casi todos, dijo, fuera de los gobernantes. [552e] ¿No pensaremos, dije, que hay en ellas también muchos malhechores con aguijones, a los que los gobernantes reprimen con solícita violencia? [552e] Lo pensaremos, dijo. [552e] ¿No afirmaremos, pues, que los tales se engendran allí por ineducación, malacrianza y constitución del régimen política? [552e] Lo afirmaremos. [552e] Pues bien: tal sería una Ciudad regida por oligarquía; y tantos males tendría, tal vez hasta mayores. [552e] Casi casi así es, dijo. [553a] Demos por terminado también, proseguí, este régimen político que se llama “oligarquía” cuyos gobernantes lo son según censo. Mas consideremos al varón a ella semejante: cómo nace y, nacido, cuál es. [553a] VIII. Pues bien: de timócrata a oligarca, ¿no pasa de esta manera? [553a] Cuando aquel, de niño, comienza por imitar al padre y seguir sus huellas, mas después, lo ve chocando, de repente, cual con escollo contra la Ciudad, y que ha gastado lo suyo, y a sí mismo, mandando ejército o en cualquier otro cargo importante, ser llevado después al juzgado, perjudicado por falsos testigos, condenado a muerte o exilio o deshonra y pérdida de todos sus bienes... [553b] Es verosímil pase, dijo. [553b] Viendo, pues, tales cosas, padeciéndolas y perdiendo lo suyo, por temor, creo, arroja inmediatamente de cabeza del - tronco de su propia alma al amor de la honra y aquel su coraje; y, humillado por la pobreza, tacañamente se dedica a hacer dinero; y poco a poco, a fuerza de avaricia y trabajo, reúne dineros. ¿No crees que entonces siente el tal en el trono aquel al avorazamiento y al amor-a-dinero y los haga Gran Rey en sí mismo, con tiara, collares, y ceñido de cimitarra? [553d] Mas, creo, que a lo racional y a lo corajoide asiéntalos en tierra bajo él, cada uno a un lado, y hácelos esclavos; a uno, no dejándole razonar ni considerar sino de dónde hacer de poco dinero mucho; al otro, no admirar y estimar nada fuera de la riqueza y los ricos, y no poner su honra en nada sino en una cosa: en la posesión de riquezas y en lo que a ello conduzca. [553d] No hay, dijo, cambio que más veloz y poderosamente haga pasar al joven de amante-de-honor a amante-de-dinero. [553e] Pues bien: el tal, añadí, ¿no es oligarca? [553e] Tal es, pues, el cambio del varón semejante a aquel régimen político del que salió la oligarquía. [553e] Consideremos si sería semejante a ella. [553e] IX. Primero, pues, ¿no sería semejante en eso de tener cual sumo a la riqueza? [553e] Pero, ¿cómo no? [553e] Y en lo de ser tacaño y laborioso, satisfaciendo tan sólo las apetencias necesarias y propias, no permitiéndose otras gastos, mas esclavizando las demás apetencias, cual vanidades. [553e] Por sórdido, proseguí, y hacer de todo ganancia, es varónde-tesoros; de esos que la plebe alaba. ¿No sería el tal semejante a tal régimen político? [554b] Me lo parece, dijo; pues los dineros son lo más estimable tanto para tal Ciudad como para el tal. [554b] Así que, proseguí, el tal no atendió gran cosa a la educación. [554b] Creo que no, dijo, porque no hubiera puesto a un ciego al frente del coro, y estimándolo tanto tanto. [554b] Bien, dije; mas atiende a esto: ¿no afirmaremos haberse engendrado en él, por su falta de educación, apetencias de zángano; unas de ellas, miserables; otras, malhechoras, reprimidas a la fuerza por aquel otro cuidado? [554c] Y mucho, dijo. [554c] ¿Sabes, pues, mirando a dónde descubrirás sus fechorías? [554c] ¿A dónde?, dijo. [554c] A las tutelas de los huérfanos; y si se les ofrece casos tales en que haya gran ocasión de portarse injustamente. [554c] Es verdad. [554c] ¿No resulta, pues, aquí claro el que en los demás tratos comunes, en los que goza de buena fama por creérsele ser justo, con una cierta discreta violencia reprime las demás apetencias malas que en él hay, no por convencido de que no es lo mejor ni por domeñadas con razón sino por necesidad y miedo, y temblando por el resto de su fortuna? [554d] Y mucho, dijo. [554d] Y, por Júpiter!, amigo, proseguí, hallarás en los más de ellos que, cuando haya de gastarse de lo ajeno, hay en ellos apetencias de igual género que las de los zánganos. [554d] Y mucho, muchísimo, dijo. [554d] Luego el tal no estaría inescindido en sí mismo; ni sería uno, sino dos. Pero, las más de las veces, hallarías el que hayan dominado las apetencias mejores sobre las peores. [554e] Por ello, creo, que el tal haga mejor facha que la mayoría. Mas la verdadera virtud de un alma acordada y armonizada huirá bien lejos de él. [554e] Me lo parece. [554e] Y tal tacaño será, por cierto, flojo competidor en la Ciudad suya o en concursos o en otras emulaciones por lo bello. [555a] «φαῦλος ἤ τινος νίκης ἢ ἄλλης φιλοτιμίας τῶν καλῶν, χρήματά τε οὐκ ἐθέλων εὐδοξίας ἕνεκα καὶ τῶν τοιούτων ἀγώνων ἀναλίσκειν, δεδιὼς τὰς ἐπιθυμίας τὰς ἀναλωτικὰς ἐγείρειν καὶ συμπαρακαλεῖν ἐπὶ συμμαχίαν τε καὶ φιλονικίαν, ὀλίγοις τισὶν ἑαυτοῦ πολεμῶν ὀλιγαρχικῶς τὰ πολλὰ ἡττᾶται καὶ πλουτεῖ. καὶ μάλα, ἔφη. ἔτι οὖν, ἦν δ᾽ ἐγώ, ἀπιστοῦμεν μὴ κατὰ τὴν ὀλιγαρχουμένην πόλιν ὁμοιότητι τὸν φειδωλόν τε καὶ χρηματιστὴν» (Burnet, 555a) [555a] Ea tadra. e por no querer gastar dinero por motivos de honra y en tales luchas, temiendo despertar las apetencias de derroche y llamarlas a compartir pelea y amor-de-victoria; combate, cual oligarca, con poco de lo suyo; en conjunto es vencido, y queda rico. [555a] Y mucho, dijo. [555a] ¿Dudamos aún, proseguí, de que este tal tacaño y ganadineros no esté hecho a semejanza de Ciudad por oligarcas? [555b] En modo alguno, dijo. [555b] X. Después de esto, me parece, hay que considerar la democracia: de qué manera se engendra, y, engendrada, cuál es su calidad, a fin de que, a su turno, conociendo el carácter de tal varón, se lo enfrentemos en juicio. [555b] Procederíamos, pues, dijo, de manera parecida a la nuestra. [555b] Pues bien: el cambio de oligarquía a democracia, ¿no es de algún modo éste?: ¿por insaciable en ese bien que es proponerse llegar a ser lo más rico posible? [555c] Porque, creo, gobernando los gobernantes en tal régimen por lo grande de sus posesiones, no quieren reprimir, a tantos jóvenes disolutos como nacen, por una ley que no les permita gastar y terminar con su hacienda, a fin de que comprándosela y prestándoles se hagan ellos aún más ricos y estimados. [555c] Más que nada. [555c] Pues bien; ¿no está ya claro que es imposible, en tal Ciudad, honrar la riqueza y, a la vez, el que los ciudadanos posean la suficiente templanza; sino que es necesario descuidar la una o la otra? [555d] Bastante claro está, dijo. [555d] En las oligarquías, por tal descuido y licencia para la disolución, ¿no han hecho a veces necesariamente pobres a hombres no innobles? [555d] Y mucho, por cierto. [555d] Están los tales, creo, asentados en la Ciudad, provistos de aguijones y bien armados; unos, cargados de deudas; otros, de «ἀδύνατον, ἀλλ᾽ ἀνάγκη ἢ τοῦ ἑτέρου ἀμελεῖν ἢ τοῦ ἑτέρου; ἐπιεικῶς, ἔφη, δῆλον. παραμελοῦντες δὴ ἐν ταῖς ὀλιγαρχίαις καὶ ἐφιέντες ἀκολασταίνειν οὐκ ἀγεννεῖς ἐνίοτε ἀνθρώπους πένητας ἠνάγκασαν γενέσθαι. μάλα γε. κάθηνται δὴ οἶμαι οὗτοι ἐν τῇ πόλει κεκεντρωμένοι τε καὶ ἐξωπλισμένοι, οἱ μὲν ὀφείλοντες χρέα, οἱ δὲ ἄτιμοι γεγονότες, οἱ δὲ ἀμφότερα, μισοῦντές τε καὶ ἐπιβουλεύοντες τοῖς κτησαμένοις τὰ αὑτῶν καὶ τοῖς ἄλλοις, νεωτερισμοῦ» (Burnet, 555d) [555e] Mas los negociantes, cabeza baja, no parecen ni verlos; de los demás a quien se preste métenle cual aguijón plata, hiriéndolos; y de tal padre sacan para sí “hijos”: multiplicados intereses, introduciendo en la Ciudad mucho zángano y mendigo. [556a] ¿Cómo no van a ser muchos?, dijo. [556a] Ni quieren, proseguí, apagar en ella tal mal encendido, restringiendo el que cualquiera haga de lo suyo lo que quiera, ni de estotra manera: suprimir tales cosas por ley especial. [556a] Por una, que después de la otra, sería la segunda; y que obligue a los ciudadanos a cuidar la virtud; porque si ordena que en las transacciones voluntarias uno las haga en conjunto a costas y riesgo de lo propio, se enriquecerían algunos menos desvergonzadamente en la Ciudad, y surgirían en ella menor número de esos males de los que ahora estamos hablando. [556b] Y mucho menor, ciertamente, dijo. [556b] Pero ahora, proseguí, los gobernantes en la Ciudad reducen, por todo eso, a tal condición a los gobernados. Mas en cuanto a ellos y los suyos, ¿no hacen por el luja a los jóvenes incapaces para trabajar, tanto del cuerpo como del alma, flojos para dominar placeres y dolores, y perezosos? [556c] Como que sí. [556c] Mas ellos mismos, descuidando todo, menos los negocios, ¿ponen mayor cuidado en la virtud que los pobres? [556c] Pues no. [556c] Con tales disposiciones, cuando se enfrentan entre sí gobernantes y gobernados o en viajes o en otras cualesquiera coincidencias, o en espectáculos o en campañas, o de compañeros de navegación o de campaña, o también cuando se ven unos a otros correr los mismos peligros, en modo alguno menosprecian entonces los ricos a los pobres, sino, frecuentemente, varón pobre, enjuto y quemado por el sol, colocado en orden de batalla junto a un rico, criado a la sombra, bien entrado en carnes, lo ve sin aliento y desconcertado del todo, ¿no crees piense en que los tales sean ricos por culpa de él, y que uno a otro de los pobres, cuando estén a solas, se den la nueva: “tales varones son nuestros, son unos donnadie”? [556e] Bien sé, dijo, que eso hacen. [556e] Pues bien: al modo que a cuerpo enfermizo le basta con recibir pequeño y externo empujón para caer en enfermo, y, a veces, aún sin nada de fuera se deshace él en sí mismo, parecidamente también una Ciudad en situación análoga a él, por pequeño pretexto: sobrevenido de fuera o por aliarse unos con Ciudad regida por oligarcas, y otros, con regida por democracia, enférmase y lucha ella consigo misma; y, a veces, sin nada de fuera escíndese. [557a] Y violentamente. [557a] Pues bien: la democracia, creo, surge cuando, venciendo los pobres, matan a algunos de los otros; a otros, exilian; mas al resto dan a participar igualitariamente de régimen político y gobernaciones; y, las más de las veces las gobernadurias sácanse en ella a suerte. [557a] Tal es, dijo, el establecimiento de democracia, sea que advenga por las armas, sea que, por miedo, se marchen los otros. [557a] XI. Pues, ¿de qué manera administran los tales? ¿Y cuál sería tal régimen político?, porque está claro el que tal varón se nos manifestará cual democrático. [557b] Primero, ¿se sería libre, y tal Ciudad rebosaría de libertad y franqueza, y de licencia de hacer en ella lo que cada cual quiera? [557b] Así se dice, añadió. [557b] Mas donde tal licencia haya, está claro que cada uno dispondrá allí de su vida privada como a cada cual le plazca. [557b] Por cierto, creo, que sobre todo en tal régimen política surgirán hombres de toda clase. [557b] «τις ἡ τοιαύτη αὖ πολιτεία; δῆλον γὰρ ὅτι ὁ τοιοῦτος ἀνὴρ δημοκρατικός τις ἀναφανήσεται. δῆλον, ἔφη. οὐκοῦν πρῶτον μὲν δὴ ἐλεύθεροι, καὶ ἐλευθερίας ἡ πόλις μεστὴ καὶ παρρησίας γίγνεται, καὶ ἐξουσία ἐν αὐτῇ ποιεῖν ὅτι τις βούλεται; λέγεταί γε δή, ἔφη. ὅπου δέ γε ἐξουσία, δῆλον ὅτι ἰδίαν ἕκαστος ἂν κατασκευὴν τοῦ αὑτοῦ βίου κατασκευάζοιτο ἐν αὐτῇ, ἥτις ἕκαστον ἀρέσκοι. δῆλον.» (Burnet, 557b) [557b] Pues, ¿cómo no? [557b] En tal caso, proseguí, éste sería el más bello de los regímenes políticos. Cual multifloreado manto, así también él, por multicostumbrista, parecería bellísimo. Y tal vez, proseguí, a manera de niños y mujeres ante lo pintoresco, lo juzgaría la mayoría bellísimo. [557b] Y mucho, dijo. [557d] Y, feliz de ti, añadí, ¡con la falta que hace buscar en él un régimen político! [557d] Porque, con tal licencia, tiene toda clase de regímenes; y al que quisiere fundar Ciudad, que es lo que nosotros estamos ahora haciendo, parece le fuera necesario llegarse a una Ciudad regida por democracia y elegir el régimen que le guste, cual si llegara a mercado mundial de regímenes políticos y, elegido uno, según él, fundar Ciudad. [557e] Pues, dijo, no se perdería por falta de paradigmas. [557e] Pero, no haber necesidad de gobierno en tal Ciudad, ni aunque haya uno capaz de gobernar, ni de ser gobernado, si no lo quiere, ni de hacer la guerra cuando otros la están haciendo, ni observar la paz cuando los otros la observan, si no deseas paz, ni cuando una ley te prohíba gobernar o juzgar, no obstante ello gobernar y juzgar, si te viene en gana, tal estado, ¿no te parece, por lo pronto, divinamente delicioso? [558a] Por lo pronto, tal vez sí, dijo. [558a] Pero, ¿qué?: la tranquilidad de algunos condenados, ¿no es encantadora? ¿O no has visto aún que, en tal régimen político, algunos de los condenados a muerte o destierro, no por eso dejan de quedarse, y circulan en público y, cual si nadie se preocupara o los viera, van y vienen cual héroes? [558a] Y muchos, dijo. [558b] Pero tales complacencias, y no dársele nada de nada, sino despreciar lo que nosotros tratamos con tanta reverencia, cuando fundamos la Ciudad; que si uno no tiene un natural superdotado no llegará a ser varón bueno, a no ser que, ya desde la niñez misma, juegue entre cosas bellas y se aplique a todo eso. [558b] «ἡ δὲ συγγνώμη καὶ οὐδ᾽ ὁπωστιοῦν σμικρολογία αὐτῆς, ἀλλὰ καταφρόνησις ὧν ἡμεῖς ἐλέγομεν σεμνύνοντες, ὅτε τὴν πόλιν ᾠκίζομεν, ὡς εἰ μή τις ὑπερβεβλημένην φύσιν ἔχοι, οὔποτ᾽ ἂν γένοιτο ἀνὴρ ἀγαθός, εἰ μὴ παῖς ὢν εὐθὺς παίζοι ἐν καλοῖς καὶ ἐπιτηδεύοι τὰ τοιαῦτα πάντα, ὡς μεγαλοπρεπῶς καταπατήσας᾽ ἅπαντ᾽ αὐτὰ οὐδὲν φροντίζει ἐξ ὁποίων ἄν τις ἐπιτηδευμάτων ἐπὶ τὰ πολιτικὰ ἰὼν πράττῃ, ἀλλὰ τιμᾷ,» (Burnet, 558b) [558c] ¡Qué noble régimen!, dijo. [558c] Estas cosas, añadí, y otras, hermanas de éstas, tendría la democracia; y sería, parece, régimen político placentero, anárquico y pintoresco, repartiendo por igual igualdad a iguales y a desiguales. [558c] Hablas de cosas bien conocidas, dijo. [558c] XII. Mira ahora ya, proseguí, cuál es el tal en privado; ¿o hay que comenzar por poner en consideración, cual lo hicimos respecto del régimen político, de qué modo se engendra? [558c] ¿No es así?: ¿No se engendraría, crees, de aquel tacaño oligarca, cual hijo criado por el padre en sus costumbres? [558d] Pues, ¿cómo no? [558d] Dominando él también por la violencia placeres, precisamente los de despilfarro; mas no, los de atesoramiento, que, por cierto, se los llama innecesarios. [558d] Es claro, dijo. [558d] ¿Quieres, pues, proseguí, que para no dialogar a oscuras comencemos por definir “apetencias necesarias y no"? [558d] Lo quiero, dijo. [558d] Pues bien: las que no podemos evitar, ¿se llamarían justamente “necesarias”; y lo mismo las que, satisfechas, no son útiles?, porque seguirlas a ambas es, para nosotros, natural necesidad. ¿O no? [558e] Y mucho. [559a] Así que de ellas diremos justamente eso: que son necesarias. [559a] Pero, ¿qué?: De las que uno se puede librar, cuidándose de ello desde joven, y que, presentes, nada de bueno hacen, y algunas, lo contrario, si a todas ellas las llamáramos "innecesarias”, ¿no estaría bellamente dicho? [559a] Bellamente, en efecto. [559a] Echemos mano de un paradigma de lo que cada una es, para así captarlas con un tipo. [559a] Así ha de hacerse. [559a] Pues bien: la de comer, por mor de la salud y del bienestar corporal, tanto alimentos como condimentos, ¿no sería necesaria? [559b] Lo creo. [559b] Así que, por cierto, la de alimentación sería necesaria por ambas cosas: ¿por ser útil y por no ser posible vivir sin ella? [559b] Y la de condimentos, si ofrece alguna utilidad para la buena salud. [559b] Pero, ¿qué?: a la apetencia que en esto pasa del límite, y a la de manjares diversos de aquéllos, que sea posible reprimirla desde joven y educarla para prescindir de los más, y que es perjudicial al cuerpo, pero además lo es para el alma, para sapiencia y templanza, ¿no se la llamaría, justamente, “innecesaria”? [559b] ¿No decimos de éstas que lo son de derroche; de aquéllas otras, que lo son de atesoramiento, porque son útiles para nuestra actividad? [559b] ¿Y también así hablaremos respecto de los placeres sexuales y de los demás? [559b] Pues bien: y del zángano del que acabamos de hablar, ¿no decíamos que es quien se da hasta arriba a tales placeres y apetencias y está gobernado por los innecesarios; mas que quien lo está por los necesarios es tacaño y oligárquico? [559d] XIII. Hablemos, pues, de nuevo, añadí, de cómo de varón oligárquico se engendre el democrático. Las más de las veces se engendra, paréceme claro, de esta manera: ¿De cuál? [559d] Cuando un joven, criado, como acabamos de decir: sin educación y tacaño, gusta de la miel de zángano y se trata con tales animales ardientes y terribles, capaces de procurar toda clase de placeres, variados y múltiples, ya estás notando que eso es el comienzo de su cambio de la oligarquía que en él había a la democracia. [559e] Pues bien: a la manera que la Ciudad cambió, ayudada de una de las partes de aliados externos, semejantes con semejante, parecidamente también el jovenzuelo cambia, ayudando desde fuera un eidos de apetencias a una parte de las que en él hay: a la familiar y semejante. [559e] De todo en todo así es. [559e] Y si alguien va en ayuda, y cual aliado de lo que de oligarca tiene —venga esto del padre o de los demás familiares - que le reprendan y castiguen—, ¿no surge entonces. Creo, dentro de él y contra sí mismo facción, antifacción y lucha? [560a] ¿Qué otra cosa, si no? [560a] Y a veces, creo, lo democrático cedió ante lo oligárquico; y, de las apetencias, algunas se deshicieron; otras, decayeron al resurgir un cierto pudor en el alma del joven; y de nuevo se compuso. [560a] Así pasa a veces; dijo. [560a] Pero, a su vez, creo, alimentadas secretamente por las apetencias decaídas surgen otras, muchas y fuertes, de igual familia, por la crianza ignara que el padre le dio. [560b] Arrástranlo, por ello, hacia las mismas compañías, y conjugándose en secreto parieron multitud. [560b] Como que sí. [560b] Terminan, creo, por apoderarse de la ciudadela del alma del joven, percibiéndola vacía de enseñanzas, de empresas bellas y razones verdaderas que son los mejores centinelas y guardianes del pensamiento en los varones amados por los dioses. [560b] Y mucho, dijo. [560b] Entonces, razones y opiniones mentirosas y pretenciosas acuden en tropel, y se apoderan en él del lugar mismo de aquéllas otras. [560b] Y mucho, dijo. [560b] Pues bien: llegado una vez más al país de tales lotófagos, habita públicamente en él, y, si de parte de lo familiar, le llega alguna ayuda a lo tacaño de su alma, cerrándole aquellos pretenciosos razonamientos las puertas de la muralla real no dejan entrar ni a los mismos aliados, ni aceptan los razonamientos venerables de particulares más venerables por la edad. Luchan y predominan aquellos otros; y, llamando “imbecilidad” al pudor, lo expulsan ignominiosamente; llamando “invirilidad” a la templanza y, enlodándola, la destierran; a la mesura y orden en los gastos defínenlos, y tratan de convencerse, con la ayuda de muchas y superfluas apetencias, de que son realmente rusticidad. [560d] En efecto. [560d] En habiendo vaciado y purificado de aquéllas al alma del poseso, e iniciado en grandes iniciaciones por éstas, inmediatamente ya hacen venir a insolencia, anarquía, disolución y desvergüencería, deslumbrantes, con gran cortejo coronadas; encomiándolas y dándoles lindos nombres, llaman “bieneducada” a la insolencia; “libertad”, a la anarquía; “magnificencia”, a la disolución; "“virilidad”, a la desvergüencería. ¿No es así, proseguí, como, siendo joven, pasa él de haber sido criado en apetencias necesarias al libertinaje y relajamiento de placeres innecesarios e inútiles? [561a] Es evidentísimo, dijo. [561a] Después de ello, vive, creo, el tal gastando dineros, trabajos y tiempo no más en los placeres necesarios que en los innecesarios. Pero si es de buena suerte y no va demasiado lejos en sus jaranas, sino haciéndose de más edad, y pasado lo más tumultuosa, admite parte de los exiliados y no se da enteramente a los sucesores, pasa la vida estableciendo un equilibrio entre los placeres, entregado siempre al que sobreviniere, cual si le hubiera caído en suerte el gobierno de sí mismo, hasta que él se sacie; y, en su turno, a otro; no menospreciando a ninguno, sino mimándolos por igual. [561b] Así del todo es. [561b] A la razón verdadera no la admite ni la deja pasar a la guarnición, si se le dice que hay placeres, unos propios de apetencias bellas y buenas; otros, de perversas; y que se han de fomentar y honrar a las primeras, reprimir y esclavizar a las otras; pero a todo esto responde, con un gesto denegatorio, que todas son semejantes y por igual honorandas. [561c] En tal disposición, dijo, eso es precisamente lo que hace. [561c] Y así, proseguí, pasa su vida diaria complaciendo a la apetencia de momento: unas veces, borracho al son de la flauta; otras, se pone a agua y a enflaquecer; a veces, a practicar gimnasia; a veces, perezosea, descuidado de todo; a veces, cual si se ocupara de filosofía. Pero las más de las veces hace política; y, subiendo a la tribuna, dice y hace lo que le venga. Y a veces envidia a algunos guerreros y se va tras ellos; o a los ganaplata, y va hacia eso; y no hay en su vida ni orden ni concierto; y llamando a tal vida deleitosa, libre y feliz, según ella vive enteramente. [561e] De todo er todo, dijo, describiste la vida de un varón igualitario. [561e] Creo, proseguí, que tal varón es polimorfo, pluricostumbrista, bello y pintoresco, cual aquella Ciudad. Muchos y muchas envidiarían tal vida, por tener ella en sí la mayor parte de los paradigmas de regímenes políticos y costumbres. [561e] Así es el tal, dijo. [562a] Pues bien: quede tal varón encuadrado en democracia y denominado correctamente “democrático”. [562a] Quede así encuadrado, dijo. [562a] «τί οὖν; τετάχθω ἡμῖν κατὰ δημοκρατίαν ὁ τοιοῦτος ἀνήρ, ὡς δημοκρατικὸς ὀρθῶς ἂν προσαγορευόμενος; τετάχθω, ἔφη. ἡ καλλίστη δή, ἦν δ᾽ ἐγώ, πολιτεία τε καὶ ὁ κάλλιστος ἀνὴρ λοιπὰ ἂν ἡμῖν εἴη διελθεῖν, τυραννίς τε καὶ τύραννος. κομιδῇ γ᾽, ἔφη. φέρε δή, τίς τρόπος τυραννίδος, ὦ φίλε ἑταῖρε, γίγνεται; ὅτι μὲν γὰρ ἐκ δημοκρατίας μεταβάλλει σχεδὸν δῆλον. δῆλον. ἆρ᾽ οὖν τρόπον τινὰ τὸν αὐτὸν ἔκ τε ὀλιγαρχίας δημοκρατία» (Burnet, 562a) [562a] Mac; mhovros A: mhovtos F. [562a] En efecto, dijo. [562a] Sea pues: ¿cuál es, compañero querido, el origen de la tiranía?, porque es casi casi claro que tal cambio proviene de la democracia. [562a] Pues bien: en cierto modo; ¿no se origina de la misma manera de oligarquía democracia; y de democracia, tiranía? [562b] ¿De cuál? [562b] Por el bien que se proponen, dije, y por el que se instauró la oligarquía, esto es: riqueza excesiva, ¿Es así? [562b] El hartazgo de riqueza y el descuidarse de lo demás por ganar dinero la perdió. [562b] Es verdad, dijo. [562b] Pues bien: el hartazgo de lo que la democracia define para sí como bien, la pierde. [562b] Dices que ella define...¿qué? [562b] La libertad, expliqué. Porque en una Ciudad regida democráticamente oirías que precisamente esto es lo más bello; y que, por ello, solamente en ella es digno que viva el, de natural, libre. [562c] Se dicen, añadí, y mucho tales palabras. [562c] Pues bien, proseguí, es lo que justamente estaba diciendo: que tal hartazgo y descuido de lo demás da al traste ron tal régimen político y prepara la necesidad de tiranía. [562c] Cuando, creo, en Ciudad regida por democracia, sedienta de libertad, se dé el caso de tener de rectores malos escanciadores, y se emborrache de ella más allá de lo debido; mas si los gobernantes no son condescendientes y dar libertad en grande, los castiga encausándolos por miserables y oligarcas. [562d] Esto precisamente hacen, dijo. [562d] «κακῶν οἰνοχόων προστατούντων τύχῃ, καὶ πορρωτέρω τοῦ δέοντος ἀκράτου αὐτῆς μεθυσθῇ, τοὺς ἄρχοντας δή, ἂν μὴ πάνυ πρᾷοι ὦσι καὶ πολλὴν παρέχωσι τὴν ἐλευθερίαν, κολάζει αἰτιωμένη ὡς μιαρούς τε καὶ ὀλιγαρχικούς. δρῶσιν γάρ, ἔφη, τοῦτο. τοὺς δέ γε, εἶπον, τῶν ἀρχόντων κατηκόους προπηλακίζει ὡς ἐθελοδούλους τε καὶ οὐδὲν ὄντας, τοὺς δὲ ἄρχοντας μὲν ἀρχομένοις, ἀρχομένους δὲ ἄρχουσιν ὁμοίους ἰδίᾳ τε καὶ δημοσίᾳ ἐπαινεῖ τε καὶ τιμᾷ. ἆρ᾽ οὐκ ἀνάγκη ἐν τοιαύτῃ» (Burnet, 562d) [562d] Mas a los obedientes a los gobernantes los enlodan y tratan de servilones y de donnadies; pero a los gobernantes parecidos a gobernados, y a los gobernados parecidos a gobernantes, los ensalzan y los honran en privado y en público. ¿No es, pues, necesario el que en tal Ciudad lo de “libertad” se extienda a todo? [562e] Pues, ¿cómo no? [562e] ¿Y que cale, proseguí, hasta en las casas particulares, y termine introduciéndose la anarquía hasta en las fieras? [562e] ¿En qué sentido lo decimos?, preguntó. [562e] En el de que, proseguí, el padre llega a acostumbrarse a ser el igual del hijo, y a temerlos; y el hijo, al padre, y no reverenciar ni temer a. los padres, para así ser libre; que se iguale meteco a ciudadano y ciudadano a meteco, y parecidamente el extranjero. [563a] Eso sucede, proseguí; y además pequeñeces cual éstas: en tal régimen, el maestro teme y mima a sus alumnos; los alumnos menosprecian a los maestros; y, parecidamente, a los pedagogos; y, en general, los jóvenes se hacen semejantes a los viejos y con ellos luchan de palabra y obra; mas los viejos, condescendiendo con los jóvenes, hácense los bromistas y noveleros, imitando a los jóvenes, a fin de no parecer desaboridos y déspotas. [563b] Mas, querido, se llega en tal Ciudad al extremo de la libertad de la plebe cuando los comprados y las compradas no son en nada menos libres que los compradores. Pero que tal es también la igualdad ante la ley y la libertad de las mujeres para con los varones, las de los varones respecto de las mujeres, por poco me olvidaba de decirlo. [563b] Pues bien, añadió, ¿«diremos la que ahora se nos viene a la boca»?, con Esquilo. [563c] Absolutamente, añadí; y yo mismo lo digo así: que las bestias a servicio de los hombres sean aquí más libres que en otras partes, un inexperimentado no lo creería. Sencillamente, según el refrán, ¿«son las perras como sus dueñas»? Etvov Suaútac. [563c] «οὐκοῦν κατ᾽ Αἰσχύλον, ἔφη, “ἐροῦμεν ὅτι νῦν ἦλθ᾽ ἐπὶ στόμα;” πάνυ γε, εἶπον: καὶ ἔγωγε οὕτω λέγω: τὸ μὲν γὰρ τῶν θηρίων τῶν ὑπὸ τοῖς ἀνθρώποις ὅσῳ ἐλευθερώτερά ἐστιν ἐνταῦθα ἢ ἐν ἄλλῃ, οὐκ ἄν τις πείθοιτο ἄπειρος. ἀτεχνῶς γὰρ αἵ τε κύνες κατὰ τὴν παροιμίαν οἷαίπερ αἱ δέσποιναι γίγνονταί τε δὴ καὶ ἵπποι καὶ ὄνοι, πάνυ ἐλευθέρως καὶ σεμνῶς εἰθισμένοι πορεύεσθαι, κατὰ τὰς ὁδοὺς ἐμβάλλοντες τῷ ἀεὶ ἀπαντῶντι, ἐὰν μὴ ἐξίστηται, καὶ τἆλλα πάντα οὕτω» (Burnet, 563c) [563c] Hasta caballos y burros se pasean, habitualmente, con gran libertad y solemnidad, echándose en los caminos sobre el transeúnte que no se aparte, y todo lo demás rebosa así de libertad. [563d] Me cuentas, dijo, mi propio sueño; porque cuando voy al campo, frecuentemente me pasa eso. [563d] Pero lo más importante de todo esto junto, comprendes que es el hacerse el alma de los ciudadanos tan sensible que cuando alguien les hace algo de violencia, lo llevan a mal y no lo aguantan. Por ello terminan no dándoseles nada de las leyes, escritas o no escritas, a fin de que nadie mande sobre ellos. [563e] Y mucho que lo sé, dijo. [563e] XV. Tal es, querido, el comienzo, así de bello y de novelero, de donde se engendra la tiranía, como me lo parece. [563e] Novelero, por cierto, dijo. Pero, ¿qué le sigue? [563e] Engendrarse la misma enfermedad que destruyó a la oligarquía; esa misma, y, en este régimen, una mayor y más fuerte que, engendrada en él por la libertad, esclaviza a la democracia. Y, en realidad, hacer algo en demasía suele traer, por contrapeso, un cambio mayor hacia lo contrario, tanto en las estaciones como en plantas y en cuerpos; y no menos, en los regímenes políticos. [563e] Es verosímil, dijo. [563e] La demasía en libertad, por tanto parece no llevar a otra cosa sino a demasía en esclavitud, en particular y en Ciudad. [563e] Es verosímil, dijo. [563e] Verosímilmente, pues, añadí, la tiranía no proviene de otro régimen político sino de la democracia. Creo que de extremada libertad proviene máxima y rudísima esclavitud. [563e] Tiene su razón de ser, dijo. [563e] Mas, creo, proseguí, que no es esto precisamente lo que preguntabas, sino qué enfermedad, y la misma, engendrada en oligarquía y democracia, esclaviza a ésta. [564b] «νόσημα ἐν ὀλιγαρχίᾳ τε φυόμενον ταὐτὸν καὶ ἐν δημοκρατίᾳ δουλοῦται αὐτήν. ἀληθῆ, ἔφη, λέγεις. ἐκεῖνο τοίνυν, ἔφην, ἔλεγον τὸ τῶν ἀργῶν τε καὶ δαπανηρῶν ἀνδρῶν γένος, τὸ μὲν ἀνδρειότατον ἡγούμενον αὐτῶν, τὸ δ᾽ ἀνανδρότερον ἑπόμενον: οὓς δὴ ἀφομοιοῦμεν κηφῆσι, τοὺς μὲν κέντρα ἔχουσι, τοὺς δὲ ἀκέντροις. καὶ ὀρθῶς γ᾽, ἔφη. τούτω τοίνυν, ἦν δ᾽ ἐγώ, ταράττετον ἐν πάσῃ πολιτείᾳ ἐγγιγνομένω, οἷον περὶ σῶμα φλέγμα τε καὶ χολή: ὣ δὴ καὶ» (Burnet, 564b) [564c] Sí, por Júpiter!, dijo, y de todas maneras. [564c] Pues bien, añadí, tomémoslo de manera tal que veamos más distintamente lo que queremos. [564c] Distingamos verbalmente tres clases en una Ciudad gobernada por democracia, pues así pasa. Una, esa ralea que en ella, no menos que en la gobernada por oligarquía, se engendra de la licencia. [564d] Pero mucho más agresiva en ésta que en oligarquía. [564d] En oligarquía, por no ser estimada, sino expulsada de las gobernaciones, tal ralea resulta ineficiente y no robusta, mas en democracia, ella es precisamente la que entonces preside, casi sin excepción; y es lo más agresivo de ella lo que lleva la palabra y obra; lo restante, sentado al derredor de las tribunas, zumba, y no aguanta a quien diga otra cosa, de modo que bajo su poder se dispone en tal régimen político todo, fuera de unas pocas cosas. [564e] Otra clase se destaca siempre dentro de la plebe. [564e] Dados todos a ganadineros, los de natural más ordenados llegan a hacerse con mucho los más ricos. [564e] De aquí, creo, exprimen los zánganos más fácilmente la miel. [564e] Pues, ¿cómo, dijo, la exprimirían de los que poco poseen? [564e] A aquellos tales ricos, creo, se los llama «planta para zánganos». [564e] Casi casi lo son, dijo. [565a] XVI. La tercera clase sería el pueblo: los que hacen lo suyo y los sinquehacer público, que no poseen gran cosa; que es en la democracia la clase más poderosa, siempre que se unifique. [565a] Pues lo es, dijo; mas no siempre quiere hacerlo, a no ser que se le dé algo de miel. [565a] Pues se la dan siempre, añadí, en la cuantía en que puedan los adalides, quitando lo suyo a los poseedores, repartiéndolo al pueblo de manera que se guarden ellos lo más. [565b] Pues se la dan así, dijo. [565b] Los así despojados se ven forzados, creo, a defenderse ante el pueblo, y hacer lo que puedan. [565b] Pues, ¿cómo no? [565b] Aunque no desean el cambio, encáusanlos los otros de conspirar contra el pueblo y de que son oligarcas. [565b] Pues que terminan, después de ver que el pueblo, no por voluntad, sino por ignorancia, y engañado por los calumniadores, trata de hacerles mal, quiéranlo ellos o no hácense ya entonces verdaderamente oligarcas, no por voluntad; que también este mal lo produce el zángano con su aguijón. [565c] Y de ahí vienen las denuncias, procesos y luchas de unos con otros. [565c] Y mucho. [565c] Pues bien: ¿no suele el pueblo poner casi siempre al frente suyo un adalid, criarlo y cebarlo en grande? [565c] Pues lo suele. [565d] Luego, añadí, está claro que, donde crezca tiranía, brota ella de tal raíz de adalid, y no de otra parte. [565d] Y grandemente claro está. [565d] ¿Qué es, pues, el cambio de adalid a tirano? ¿O no está claro que cuando comience a hacer tal adalid lo mismo que en el mito se cuenta acerca del templo de Júpiter el Lupino, en Arcadia? [565d] Que quien ha gustado entrañas humanas, hechas picadillo, entre otras de otras víctimas sagradas, necesariamente se vuelve lobo. ¿O no has oído tal leyenda? [565e] Pues parecidamente, cuando el adalid del pueblo, aprovechándose de una muchedumbre convencida, no se abstiene de sangre de los contribales, sino encausándolos injustamente —lo que a adalides les place hacer— y llevándolos a los juzgados, los asesine alevosamente, destruyendo vida de varón, y regodeándose con lengua y boca impías en el asesinato de un con— tribal; que expulse y mate; que dé a entender eso de remisión de deudas y reparto de tierras, ¿no es, para el tal, necesario destino o perecer a manos de los enemigos e volverse tirano; y, de hombre, hacerse lobo? [566a] Con gran necesidad, dijo. [566a] El tal, añadí, hace una facción contra los poseedores de riquezas. [566a] Luego, si después de caído, vuelve por la fuerza, ¿no llegará a hacerse tirano perfecto de los enemigos? [566a] Es claro. [566b] Mas si son impotentes para expulsarlo o matarlo, calumniándolo ante la Ciudad, conspirarán a matarlo en secreto con muerte violenta. [566b] Pues bien: todos los que han llegado a tal punto hallan a mano la renombrada petición de tirano: pedir al pueblo guardias de cuerpo, a fin de que el defensor del pueblo se les conserve sano y salvo. [566b] Así es, dijo, y mucho. [566b] Y se lo dan, creo, temiendo por él; mas seguros de sí mismos. [566c] Y mucho. [566c] Cuando, pues, varón adinerado vea eso, y que por causa de los dineros resulta odioso-al-pueblo, entonces, el tal, compañero, según el oráculo dado a Creso a lo largo del guijarroso Hemos huye; no se queda, ni le avergüenza ser cobarde. [566c] Porque así, dijo, no se avergonzará de serlo una vez más. [566c] Pero capturado, creo, le dan muerte. [566c] En cuanto a aquel adalid está claro que no queda tendido «dlargo, cuan grande es», sino que, habiendo derribado a muchos, va él de pie en la biga de la Ciudad, tirano perfecto ya, en vez de adalid. [566d] Pero, ¿cómo no llegar a eso?, dijo. [566d] XVII. Describamos ya, proseguí, la bienaventuranza de tal varón, y de la Ciudad en que se engendre tal mortal. [566d] Pues bien, proseguí: en los primeros días y por un tiempo, ¿ho sonríe y abraza a todos los que, por azar, encuentra, y niega - ser tirano y promete mil cosas en privado y en público; condonó deudas y repartió tierras al pueblo y a su propia comparsa, y se las da ante todos de benévolo y manso? [566e] Mas creo que cuando haya pactado con algunos de sus enemigos exteriores y arruinado a otros, y haya, por esta parte, tranquilidad, comenzará por promover siempre alguna guerra a fin de que el pueblo necesite de jefe. [566e] Es verosímil. [567a] ¿Pues también para que, empobrecidos por la paga de impuestos, se vean forzados a ocuparse de lo diario y conspiren menos contra él? [567a] Es claro. [567a] Y creo que si sospecha que algunos de los libres de pensamiento no le encomendarían el gobierno, ¿cómo, con algún pretexto, no destruirlos, entregándolos a los enemigos? Por todo esto, ¿no le será necesario al tirano promover siempre guerra? [567a] Es necesario. [567a] ¿Haciendo lo cual se prepara más bien a hacerse odioso a los ciudadanos? [567b] Pues, ¿cómo no? [567b] ¿Y que algunos de los que colaboraron a su elevación y tienen poder le hablen francamente a él y ellos entre sí, los que por suerte sean más varoniles, espantados por lo que está pasando? [567b] Es verosímil. [567b] Tendrá por cierto el tirano que eliminarlos a todos ellos si ha de gobernar, hasta que ni de amigos ni de enemigos quede ni uno de algún valor. [567b] Luego habrá de ser perspicaz para ver quién es valiente, quién magnánimo, quién prudente, quién rico. Y llega su bienaventuranza a tanto que le es necesario, quiéralo o no, hacerse enemigo de todos ellos, y contra ellos conspirar hasta que purifique de ellos a la Ciudad. [567c] Bella purificación, por cierto, dijo. [567c] Sí, añadí, y contraria a la de los médicos respecto de los cuerpos; porque eliminando éstos lo peor, dejan lo mejor; mas él, lo contrario. [567c] Parece, dijo, serle necesario si ha de gobernar. [567c] XVIII. ¡En dichosa necesidad, añadí, se halla cogido!, que le exige vivir con una mayoría de viles, y odiado por ellos, o no vivir. [567d] En ella, dijo. [567d] Pues bien: cuanto más odioso resulte a los ciudadanos por hacer eso, ¿no necesitará otro tanto de lanceros, más en número y más fieles? [567d] Pues, ¿cómo no? [567d] ¿Cuáles, pues, serán los fieles?; ¿de dónde los hará venir? [567d] Espontáneamente, volando, llegarán muchos, si paga el sueldo. [567d] ¡Por el Pero!, exclamé, me parece hablas de ciertos zánganos: extranjeros y de toda calaña. [567e] Te parece, como a mí, verdad, dijo. [567e] Pero, ¿qué?, ¿no querría de allí mismo...? [567e] Arrebatando a los ciudadanos los esclavos; y, dándoles libertad, hacerlos lanceros de su escolta. [567e] Seguramente, dijo, porque éstos le serán los más fieles. [567e] ¡Qué feliz lo de ser tirano!, si, como dices, tiene que servirse de tales amigos y varones fieles, después de haber destruido a aquellos otros. [568a] Pero, de los tales necesita, dijo. [568a] Y tales compañeros, proseguí, lo admiran; y estos nuevos ciudadanos lo acompañan; mas los honorables lo odian y huyen de él. [568a] Pero, ¿cómo no van a hacerlo? [568a] No en vano, añadí, la tragedia parece ser algo grandemente sabio; y Eurípides, distinguirse en ella. [568a] Por cierto, ¿en qué? [568a] Que proclamó algo lleno de denso pensamiento: que «los - tiranos sabios» lo son «por la compañía de los sabios». Y es claro que dijo ser sabios precisamente aquellos de quienes se acompaña. [568b] Y encomia, dijo, a la tiranía cual diviniforme; y por otras muchas cosas, él y los demás poetas. [568b] Justamente porque son sabios, añadí, los poetas trágicos nos perdonarán a nosotros —y a cuantos se gobiernan por régimen próximo al nuestro— el que no los aceptemos en el régimen por ensalzadores de la tiranía. [568b] Yo mismo creo, dijo, que nos lo perdonarán cuantos de - ellos sean comprensivos. [568c] Mas andan, creo, dando vueltas por las demás Ciudades; y reuniendo las muchedumbres y alquilando voces bellas, fuertes y persuasivas, arrastran los regímenes políticos hacia tiranías y democracias. [568c] Y mucho. [568c] Encima de esto, aceptan sueldos y son honrados, ante todo y como es verosímil, por los tiranos; en segundo Jugar, por las democracias. Pero cuanto más alto suben hacia la cumbre de los regímenes políticos, tanto más declina su honor, cual si el asma les impidiera avanzar. [568d] XIX. Pero, añadí, nos desviamos. Hablemos una vez más, respecto de aquel ejército del tirano —bello, numeroso, pintoresco y jamás el mismo— de dónde se lo alimentará. [568d] Es claro dijo, que si hay tesoros sagrados en la Ciudad, de esos gastará; mientras baste lo que de su venta saque, menores impuestos se verá forzado a imponer al pueblo. [568e] Pero, ¿qué cuando eso se le acabe? [568e] Es claro, dijo, que se alimentará de lo paterno él, sus combibiales, compinches y cortesanas. [568e] Entiendo, añadí, que el pueblo que engendró al tirano lo alimentará a él, y a sus compinches. [568e] Le será de gran necesidad, dijo. [568e] ¿Cómo dices?, repliqué: si el pueblo se fastidia y dice que no es justo que alimente el padre a hijo mayor de edad, sino al revés: el hijo, al padre; que tampoco lo engendró y — estableció para que, cuando fuera mayor, sirviera él mismo a las siervos de él, alimentándolo a él y a sus siervos junto con su turbamulta. sino para que él, al frente, le libertara de los que «ἐγέννησέν τε καὶ κατέστησεν, ἵνα, ἐπειδὴ μέγας γένοιτο, τότε αὐτὸς δουλεύων τοῖς αὑτοῦ δούλοις τρέφοι ἐκεῖνόν τε καὶ τοὺς δούλους μετὰ συγκλύδων ἄλλων, ἀλλ᾽ ἵνα ἀπὸ τῶν πλουσίων τε καὶ καλῶν κἀγαθῶν λεγομένων ἐν τῇ πόλει ἐλευθερωθείη ἐκείνου προστάντος, καὶ νῦν κελεύει ἀπιέναι ἐκ τῆς πόλεως αὐτόν τε καὶ τοὺς ἑταίρους, ὥσπερ πατὴρ ὑὸν ἐξ οἰκίας μετὰ ὀχληρῶν συμποτῶν ἐξελαύνων; γνώσεταί γε, νὴ Δία, ἦ δ᾽ ὅς, τότ᾽ ἤδη ὁ δῆμος οἷος οἷον» (Burnet, 569a) [569b] ¡Por Júpiter!, dijo, entonces conocerá ya tal pueblo a qué clase de criatura mimó y alimentó; y que, aun siendo más débil, expulsa a los más fuertes. [569b] ¿Cómo dices?, añadí: ¿hará el tirano violencia a su padre, y, si no obedece, le pegará? [569b] Sí, dijo; en habiéndole quitado las armas. [569b] Estás llamando "“parricida” al tirano, proseguí, y mal "nutricio de anciano”; y parece cual si la tiranía fuera, de común acuerdo ya, precisamente eso; y, a tenor del refrán, el pueblo, «huyendo del humo» de la esclavitud de los libres «hubiera caído en el fuego» del despotismo de los esclavos, y, en lugar de aquella libertad desmesurada e intempestiva, hubiérase revestido de la esclavitud, la más dura y acerba: la de los esclavos. [569c] Y mucho, dije, que esto pasa así. [569c] Pues, ¿qué?, proseguí, ¿no hablaremos ajustadamente si decimos haber explicado suficientemente cómo se pasa de democracia a tiranía; y, una vez realizada, cuál es? [569c] Pues de manera absolutamente suficiente, dijo. [571a] Queda, proseguí, el poner en consideración al varón tiránico mismo: cómo proviene del democrático; y, venido, cuál es y de qué manera vive: desgraciada o feliz. [571a] Queda aún el considerarlo, dijo. [571a] ¿Sabes, pues, añadí, qué deseo todavía? [571a] Lo de las apetencias: cuáles y cuántas sean, me parece haber quedado suficientemente explicitado. Y si esto queda deficiente, falta de claridad resultará la investigación de lo que investigamos. [571b] Pues, dijo, ¿es aún bello tiempo? [571b] Absolutamente. Y atiende a lo que en ellas quiero ver. Que es esto precisamente: De entre placeres y apetencias necesarios me parece haber algunos desarreglados, que se da el caso de ser innatos en todos; mas, reprimidos por las leyes y por las apetencias mejores, ser o extirpados enteramente por la razón en algunos hombres o reducidos en ellos a pocos y débiles; mas en otros, quedan más fuertes y más numerosos. [571c] ¿A cuáles llamas tales?, dijo. [571c] A los que se despiertan durante el sueño, proseguí, cuando duerme una de las partes del alma: la racional, tranquila y gobernante de la otra: la bestial y salvaje, que repleta o de alimentos o de bebida se excita; y expeliendo el sueño trata de ir a lo suyo y de satisfacer sus querencias. Sabes que, en tal estado, se atreve a hacer todo; que está suelta y desembarazada de pudor y sensatez. Y no se recata ni aun de in-- tentar violar a su madre, parécele; ni a otro cualquiera: hombre, dios y fiera; de asesinar a cualquiera; de privarse de comida alguna; y, en una palabra, nada de insensatez o desvergüencería le falta. [571d] Hablas verdaderísimamente, dijo. [571d] Mas, creo, que cuando uno sea de suyo sano y temperado y se vaya a dormir, despierta su parte racional y nutrida de razonamientos y consideraciones bellas, en concordia ya consigo misma, no entregada su parte apetitiva ni a ayunos ni a hartazgos, de manera que esté dormida y no perturbe con sus goces o penas a la parte mejor, sino que la deje, a ella consigo a solas y pura, considerar y apetecer el conocimiento de lo que no supo de lo pasado, presente o futuro, apaciguado así lo corajoide y no movido el ánimo a ira contra nadie, se duerma; y, en tranquilidad tal par de eídoses, mas en movimiento el tercero en que se engendra la sapiencia, así repose, sabes que, en tal estado, se percibe sumamente la verdad, y que, en él, se aparecen menos visiones anormales de ensueños. [572b] Así lo creo enteramente, dijo. [572b] En esto nos hemos extendido, por hablar demasiado; mas lo que queremos conocer es esto: que hay en cada uno un cierto eidos terrible, salvaje y anormal de apetencias, aun en muchos de los que nos parecen morigerados; lo que se pone de manifiesto precisamente en los sueños. Mira si te parece digo algo de importante, y si lo concedes. [572b] Lo concedo, en efecto. [572b] II. Recuerda, pues, lo que dijimos ser el demótico: que desde joven había sido criado por un padre avaro que no estima sino solamente las apetencias crematísticas, mas desprecia las no necesarias: las que temen por objeto diversión y ornato. ¿Es así? [572c] Pero que tratándose con varones más finos y llenos de las apetencias que describimos, dándose a toda clase de excesos y al eidos de ésos, por odio a la avaricia del padre, teniendo, no obstante, natural mejor que el de sus corruptores, arrastrado por ambas cosas, llegó a un término medio entre ambas; y gozando de ellas mesuradamente, al parecer, vive una vida ni servil ni anormal, resultó, de oligarca, demótico. [572d] Tal fue, dijo, y es la opinión sobre él. [572d] Supón, pues, proseguí, que, a su vez, llegado ya a viejo, tenga un hijo criado joven en tales costumbres. [572d] Lo supongo. [572d] Supón además que le pasen a él aquellas mismas cosas que a su padre; que se halle llevado a toda anormalidad, denominada por sus conductores “libertad” entera; que padre y demás familiares favorezcan las apetencias moderadas; los otros, por el contrario, favorezcan las otras. Cuando tales terribles magos y fabricatiranos no esperen dominar de otra manera al joven, inventarán trazas para introducir en él un cierto amor, señor de apetencias ociosas y despilfarradoras de la que esté a mano, zángano alado y grande. ¿O qué otra cosa crees sea el amor de los tales? [573a] Yo creo, dijo, que nada, sino precisamente eso. [573a] Cuando, pues, zumben a su derredor las demás apetencias —ecargadas de inciensos, perfumes, guirnaldas, vinos y demás placeres disolutos en tales compañías— acrecidas al extremo y alimentadas inserten en tal zángano el aguijón del deseo, entonces tal señor del alma, escoltado por la locura, enloquece; y si tiene en sí algunas opiniones o apetencias realmente buenas y aun pudorosas, las asesina y expulsa de sí mismo, hasta quedar limpio de templanza y lleno de inyectada locura. [573b] Perfectamente hablas de la génesis de varón tirano, dijo. [573b] ¿No es, pues, por esto que, desde siempre, a Amor se lo llama “tirano”? [573b] Lo parece, dijo. [573b] ¿Así que, querido, proseguí, también varón borracho tiene mentalidad de tirano? [573c] Pues la tiene. [573c] Y el loco y el demente, ¿no se meten a y esperan ser capaces de mandar no sólo sobre hombres, sino aun sobre dioses? [573c] Y mucho, dijo. [573c] Un varón, daimoníaco, proseguí, ¿no se hace justamente tiránico cuando —o por natural o hábito, o por ambas cosas— llega a ser borracho, amante y apasionado? [573c] III. Así se hace, al parecer, y en tal varón. Pero, ¿cómo vive? [573d] Según la de los bromistas, dijo: «tú mismo me lo dirás». [573d] Pues lo digo, proseguí: después de esto vienen fiestas, entre ellos, parrandas, comilonas, cortesanas y todo lo demás, sobre lo cual, por ser Amor, tirano doméstico, gobierna todo lo del alma. [573d] Pues, ¿y no brotan día y noche apetencias muchas, terribles y grandemente exigentes? [573d] ¿No se gastan, por ello, prestamente los recursos, si los hay? [573d] Pero, ¿cómo no? [573d] Y después, ¿préstamos y cortes a la hacienda? [573d] Como que sí. [573d] Pero cuando le falte todo, ¿por necesidad, no clamarán tantas y tan fuertes apetencias anidadas, y ellos —azuzados cual por aguijones, por las demás apetencias y, especialmente, por Amor, que a todas las demás, cual a escolta, guía— se enfurezcan y miren quién tiene algo que le puedan arrebatar o por engaño o a la fuerza? [574a] ¿Es, pues, necesario el que o lo saque de donde sea o resulte presa de grandes dolores y padecimientos? [574a] Es necesario. [574a] Pues bien: al modo que en él los placeres advenedizos pudieron más que los antiguos, y se llevaron lo de éstos, parecidamente juzgará que, aun siendo más joven, podrá más que padre y madre, y se llevará lo de ellos; repartiendo lo paterno, si ha disipado su parte propia. [574a] Como que sí, dijo. [574b] Y si no ceden, ¿no intentará, primero, burlar y engañar a los padres? [574b] Pero, después de esto, si no pudiera, ¿robaría y maltrataría? [574b] Mas sí el viejo y la vieja resisten y luchan. Admirable, ¿se guardaría y temería hacer algo propio de tirano? [574b] No se lo aseguro gran cosa a los padres. [574b] Pero, por Júpiter!, Adimanto; por causa de una cortesana querida reciente y no necesaria, ¿cómo se habrá respecto de la madre, querida antigua y necesaria?; o por cansa de un amigo, querido reciente y no necesario, ¿cómo se habrá respecto de su padre anciano, y nada joven ya, necesario además y el más antiguo de los amigos? ¿Crees que les dará de palos, y los obligará a servir a aquellos si los lleva a la misma casa? [574c] Sí, por Júpiter!, dijo. [574c] ¡Gran felicidad, proseguí, parece ser la de haber engendrado hijo tiránico! [574d] Pero, ¿qué?; cuando nada le quede de lo de padre y madre, y esté ya bien aposentado en él el enjambre de los placeres, ¿ho comenzará por romper el mura de una casa cualquiera a por robarle el manto a cualquier tardío transeúnte nocturno; pero, después de esto, limpiar un templo cualquiera? Y en todo ello frente a las antiguas opiniones que desde niño tenía acerca de lo bello y feo, consideradas justas, las nuevas, libertadas de esclavitud, harán de escolta a Amor, dominarán en l. Antes se liberaban cual ensueños en el sueño cuando él mismo estaba aún regido democráticamente por leyes y padre. Mas tiranizado por Amor, lo que, antes, pocas veces era en sueño, lo es ahora, y continuamente, despierto; ya no retrocederá ante ningún asesinato por terrible que sea, ni ante bocado ni ante obra, sino viviendo Amor en él tiránicamente con toda anarquía e ilegalidad, ya que El es el monarca, al que es posesión suya lo llevará —cual tirano a Ciudad— a atreverse a todo, con lo que alimentará el tumulto propio y el de su derredor, tanto el que proviene de fuera por compañías perversas, como el de dentro por las disposiciones propias, —-tumulto que él mismo ha desatado y libertado. ¿No es ésta la vida del tal? [575a] Tal es, dijo. [575a] Y, proseguí, si son pocos en la Ciudad los tales, y el resto del pueblo es sensato, partiendo, irán a hacer de escolta de otro tirano, o le serán auxiliares a sueldo, caso de haber guerra; mas si todo está en paz y tranquilidad, harán allí, en la Ciudad, multitud de pequeñas fechorías. [575b] ¿De cuáles hablas? [575b] De tales, cual robar, romper muros, cortar bolsas, despojar de prendas, saquear templos, traficar en esclavos. Mas a veces se meten a delatores, por dominar la palabra, a hacer de testigos falsos y de sobornadores. [575b] Hablas de fechorías pequeñas, si los tales son pocos. [575b] Pero, añadí, lo pequeño es pequeño en relación a la grande. Y todo eso, en relación al tirano, «no llega» en maldad y desgracia para la Ciudad «a un palmo», como dice el refrán. Mas cuando llegan a ser muchos en la Ciudad los tales, y muchos sus secuaces, y caen en cuenta de cuántos son, entonces son ellos, junto con la estupidez del pueblo, quienes engendran al tirano, —que lo será quien de ellos tenga sobre todo en su alma mayor y más acabado tirano. [575d] Verosímilmente, dijo; porque sería el más apto para tirano. [575d] Pues así, si se someten voluntariamente: pero si no cede la Ciudad, cual antes a madre y padre, así, en su turno, maltratará a la patria, si es de ello capaz, introduciendo nuevos compañeros; y tendrá y tratará de sometida a ellos, a la antiguamente querida patria, — matria”, dicen los cretenses. Y tal sería precisamente el final de las apetencias de tal varón. [575d] Tal, en efecto, y del todo, dijo. [575d] Pues bien, proseguí, los tales, ¿no eran tales en privado, aun antes de gobernar? Primero, respecto de los de su compañía, ¿no lo acompañaban aduladores, prestos a servirlo en todo; o si ellos necesitan de algo de aquéllos, échanse a sus pies, atreviéndose a hacer todos los gestos de familiares; mas, alcanzado, hácense los extraños? [576a] Y micho, en efecto. [576a] Así que durante toda su vida viven sin ser amigos de nadie, siempre de déspotas o de siervos de otro; mas sin gustar jamás su naturaleza tiránica de la verdadera libertad y amistad. [576a] ¿Llamaríamos, pues, incorrectamente, a los tales “infieles”? [576a] Pero, ¿cómo no? [576a] Y aun injustos, en grado sumo, si convinimos correctamente antes sobre qué es justicia. [576b] Por cierto que correctamente, dijo. [576b] Recapitulemos, pues, proseguí; el pésimo, ¿es el que sea de despierto tal cual era el que describimos de dormido? [576b] Resulta tal quien, siendo de natural muy tirano, llega a gobernar, y tanto más lo es cuanto mayor tiempo de su vida pase de tirano. [576b] Por necesidad, dijo Glaucón, compartiendo el razonamiento. [576b] IV. Pues bien, proseguí, el patentemente peor, ¿no será también patentemente el más desgraciado? ¿Y quien durante más tiempo y más haga de tirano, más y mayor tiempo resultará, en verdad, desgraciado? Pero para los demás, es cuestión de muchos pareceres. [576c] Necesariamente, dijo, ha de ser así. [576c] Pues bien, proseguí: ¿a qué otra cosa asemejarse el varón tiránico sino a Ciudad tiranizada; y el demótico, a la democrática, y así de los demás? [576c] Así por cierto. [576c] Lo que, pues, es una Ciudad respecto de otra Ciudad en cuanto a virtud y bienandanza, ¿eso mismo lo es varón respecto de varón? [576d] Pues, ¿cómo no? [576d] ¿Qué es, pues, respecto de virtud Ciudad tiranizada respecto de la regida, tal cual la describimos primero? [576d] Todo lo contrario, dijo; una, óptima; otra, pésima. [576d] No te preguntaré, proseguí, de cuál en concreto hablas, porque es evidente. Mas respecto de bienandanza y desgracia, ¿juzgas de parecida manera? No nos dejemos impresionar viendo que el tirano es uno y que no hay sino pocos a su derredor; sino es preciso salir a contemplar la Ciudad íntegra, y calando en toda ella ver de dar entonces claro juicio. [576e] Correctamente, dijo, lo exiges; y es evidente para todos el que no hay Ciudad más desgraciada que la tiranizada, ni más bienaventurada que la regia. [576e] Pues bien, proseguí, exigiendo eso mismo respecto de varones, ¿no exigiríamos correctamente que sobre ellos juzgue 2 con derecho quien pueda inteligentemente calar y ver el talante de un varón, y no se deje impresionar cual niño por lo que ve por de fuera: tal esa presentación para los de afuera que monta un tirano; sino lo cale con la vista suficientemente? Si, pues, juzgáramos todos nosotros deberse escuchar a quien sea capaz de juzgar, que haya vivido bajo su mismo techo y estado presente en sus actos domésticos, cómo se porta sobre todo con aquellos domésticos ante los que se deja ver desnudo de la máscara trágica”, y en los peligros públicos; al que todo eso haya visto, ¿pediríamos nos declarara cómo se ha el tirano en cuanto a bienandanza y desgracia, respecto de los demás? [577b] Correctísimamente, dijo, se lo pediríamos. [577b] ¿Quieres, pues, que finjamos nosotros ser capaces de juzgar, y que nos hayamos ya hallado en todo eso, a fin de que tengamos qué responder a quien preguntare? [577b] V. Bien, pues, proseguí; míralo así: recordándote de la semejanza entre Ciudad y varón, mirando detalle a detalle, di lo que a cada uno de ellos pasa. [577b] Primeramente, proseguí, por hablar de Ciudad, ¿dirás que la tiranizada es libre o esclava? [577b] Lo más esclava que cabe, respondió. [577b] Y ves, no obstante, en ella déspotas, y libres. [577b] Lo veo, dijo, mas eso es poco; en conjunto, para decirlo así, lo más honorable en ella está indigna y miserablemente esclavizado. [577d] Si, pues, proseguí, el varón es semejante a la Ciudad, ¿no tendrá por necesidad, en él y en el mismo orden, un alma rebosante en gran esclavitud y bajeza, y que de entre sus partes las que eran más honorables estén esclavizadas, pero mande despóticamente la parte menor, más perversa y más alocada? [577d] Por necesidad, dijo. [577d] Pues bien, ¿dirás que tal alma es esclava o libre? [577d] Por cierto, yo, que esclava. [577d] ¿Y que, a su vez. Ciudad tiranizada es la que menos hace lo que quiere? [577e] Luego el alma tiranizada será la que menos haga lo que quiere, hablando del alma íntegra; mas que, picada de continuo y fuertemente por tábano, se llenará de perturbación y remordimientos. [577e] Pues, ¿cómo no? [577e] ¿Es necesario que Ciudad tiranizada sea rica o pobre? [578a] Luego es necesario que alma tiranizada sei pobrete e insatisfecha. [578a] Así es, dijo. [578a] Pero, ¿qué?: ¿no es necesario el que tal Ciudad y tal varón estén llenos de miedo? [578a] Y de mucho. [578a] ¿En qué otra crees hallarías más lamentaciones, gemidos, trenos y dolores? [578a] En ninguna. [578a] Pero, ¿en qué otro varón piensas hay de eso más que en ese tiránico, enloquecido por apetencias y pasiones? [578b] Mirando, pues, a estas y parecidas cosas, creo juzgarás ser esta Ciudad la más desgraciada de las Ciudades. [578b] Pues, ¿no correctamente?, dijo. [578b] Y mucho, respondí; mas, mirando hacia eso mismo, ¿qué dices respecto del varón tiránico? [578b] Que, con mucho, es el más desdichado de todos los demás. [578b] En esto precisamente, añadí, no hablas aún correctamente. [578b] Aún, dijo, no creo lo sea máximamente. [578b] Pero, ¿y quién? [578b] Tal vez estotro te parecerá más desgraciado que él: «εἰς πάντα δὴ οἶμαι ταῦτά τε καὶ ἄλλα τοιαῦτα ἀποβλέψας τήν τε πόλιν τῶν πόλεων ἀθλιωτάτην ἔκρινας- οὐκοῦν ὀρθῶς; ἔφη. καὶ μάλα, ἦν δ᾽ ἐγώ. ἀλλὰ περὶ τοῦ ἀνδρὸς αὖ τοῦ τυραννικοῦ τί λέγεις εἰς ταὐτὰ ταῦτα ἀποβλέπων; μακρῷ, ἔφη, ἀθλιώτατον εἶναι τῶν ἄλλων ἁπάντων. τοῦτο, ἦν δ᾽ ἐγώ, οὐκέτ᾽ ὀρθῶς λέγεις. πῶς; ἦ δ᾽ ὅς. οὔπω, ἔφην, οἶμαι, οὗτός ἐστιν ὁ τοιοῦτος μάλιστα. ἀλλὰ τίς μήν; ὅδε ἴσως σοι ἔτι δόξει εἶναι τούτου ἀθλιώτερος. ποῖος;» (Burnet, 578b) [578b] Quien, proseguí, siendo de suyo tirano, no lleve vida de privado, sino tenga la mala suerte de que, por una desgracia, se le den los medios de hacerse tirano. [578b] Por lo anteriormente dicho conjeturo que dices la verdad. [578b] Sí, proseguí; mas no hay que creerlo, sino considerarlo muy bien según tal razonamiento, porque se trata de lo máximo: de vida buena y mala. [578b] Considera pues, si diga algo; porque me parece hemos de repensarlo desde estotro punto de vista. [578d] ¿De cuál? [578d] De uno cualquiera de los particulares: de esos ricos que en las Ciudades poseen muchos esclavos, porque esto tienen de grandemente semejantes a los tiranos: el mandar sobre muchos; la diferencia está en el número a favor del tirano. [578d] Tal es la diferencia. [578d] ¿Sabes, pues, que los tales viven sin miedo y no temen 1 los sirvientes? [578d] Nada, agregué; mas, ¿sabes la causa? [578d] Sí, que la Ciudad entera ayudaría a cada uno de los particulares. [578d] Bellamente dicho, añadí. Pero, ¿qué, si uno de los dioses sacara de la Ciudad a un varón de esos que poseen cincuenta esclavos o más, y lo colocara a él, mujer e hijos con sus bienes y servidumbre en un desierto, donde ninguno de los libres pudiera socorrerlo?, ¿con qué y cuánto miedo crees estaría él, hijos y ¿con que y U ] y mujer, de ser asesinado por sus sirvientes? [578d] En miedo total, dijo. [579a] ¿No se vería forzado a mimar ya a algunos de sus esclavos, y a prometerles muchas cosas y hacerlos libertos, sin que nada le obligue, y a mostrarse adulador de los sirvientes? [579a] En miedo total, dijo. [579a] Gran necesidad le fuera, dijo, o perecer. [579a] Pero, ¿qué?, proseguí, ¿si tal dios asentara a su derredor a otros, y muchos, de vecinos suyos que no aguantaran el que uno «οὐκοῦν ἀναγκάζοιτο ἄν τινας ἤδη θωπεύειν αὐτῶν τῶν δούλων καὶ ὑπισχνεῖσθαι πολλὰ καὶ ἐλευθεροῦν οὐδὲν δεόμενος, καὶ κόλαξ αὐτὸς ἂν θεραπόντων ἀναφανείη; πολλὴ ἀνάγκη, ἔφη, αὐτῷ, ἢ ἀπολωλέναι. τί δ᾽, εἰ καὶ ἄλλους, ἦν δ᾽ ἐγώ, ὁ θεὸς κύκλῳ κατοικίσειεν γείτονας πολλοὺς αὐτῷ, οἳ μὴ ἀνέχοιντο εἴ τις ἄλλος ἄλλου δεσπόζειν ἀξιοῖ, ἀλλ᾽ εἴ πού τινα τοιοῦτον λαμβάνοιεν, ταῖς ἐσχάταις τιμωροῖντο τιμωρίαις;» (Burnet, 579a) [579b] Aún estaría, dijo, creo en peor situación, cercado por tantos enemigos de vigilantes. [579b] Pues bien: ¿no está el tirano preso en tal cárcel, por ser tal cual lo describimos; lleno de miedos y deseos muchos y variados? Si, de suyo, es un alma curiosa, a él solo en la Ciudad no le está dado el viajar a ningún Jugar ni contemplar la que apetecen ver los libres; metido casi siempre en casa, vive cual mujer, envidiando a los demás ciudadanos, si alguno de ellos viaja al exterior y ve algo bueno. [579c] De todo en todo así es, dijo. [579c] VI. Pues bien: mayores que estos males cosecha varón que se gobierne a sí mismo mal, que es a quien ahora has juzgado de desgraciadísimo: el tiránico, que no viva cual particular, sino por una casualidad se vea forzado a hacer de tirano y que, sin dominarse a sí mismo, se meta a gobernar a otros, cual si alguien, enfermo de cuerpo y no dueño de sí, no llevara vida - privada, sino de lucha contra otros cuerpos y se viera forzado a pasar la vida en combates. [579d] De todo en todo, Sócrates, hablas de tina verdaderísima semejanza. [579d] Pues bien: proseguí, querido Glaucón, lo que le pasa, ¿no es toda una desgracia, y vive el tirano de manera más dura que quien tú juzgabas vivía de las más dura manera? [579d] Luego, en verdad, y aunque a alguien no se lo parezca, el, en realidad, tirano es, en realidad, esclavo de tantas y tantas zalamerías, servilismos y adulaciones de los peores, sin satisfacer plenamente ninguna de sus apetencias, sino falto de lo más importante, y evidentemente pobre de verdad, si uno se pone a considerar su alma íntegra; rebosante en miedo toda su vida, lleno de convulsiones y dolores, si su estado ha de ser semejante al de la Ciudad en que manda. Mas se asemeja. ¿Es así? [579e] Y mucho, dijo. [579e] «καὶ κόλαξ τῶν πονηροτάτων, καὶ τὰς ἐπιθυμίας οὐδ᾽ ὁπωστιοῦν ἀποπιμπλάς, ἀλλὰ πλείστων ἐπιδεέστατος καὶ πένης τῇ ἀληθείᾳ φαίνεται, ἐάν τις ὅλην ψυχὴν ἐπίστηται θεάσασθαι, καὶ φόβου γέμων διὰ παντὸς τοῦ βίου, σφαδᾳσμῶν τε καὶ ὀδυνῶν πλήρης, εἴπερ τῇ τῆς πόλεως διαθέσει ἧς ἄρχει ἔοικεν. ἔοικεν δέ: ἦ γάρ; καὶ μάλα, ἔφη.» (Burnet, 579e) [580a] Pues bien: además de esto, ¿no atribuiremos a tal varón lo que anteriormente decíamos: que por necesidad es, y aun ha de hacerse más que antes, por razón de gobierno, envidioso, desconfiado, injusto, sin amigos, impío, receptáculo y criadero de toda maldad; y, por todo ello, hacerse grandísimo desgraciado, y hacer después otros tales a quienes estén próximos a él? [580a] Nadie en sus cabales, dijo, lo contradirá. [580b] Pues bien, añadí, ahora ya cual lo declararía el juez en vista de todo, también tú parecidamente determina quién es el primero, según tu opinión, en punto a bienandanza, y quién el segundo, y a continuación los cinco; regio, timocrático, oligárquico, democrático y tiránico. [580b] Fácil es, dijo, la determinación, porque, según entraron, como a coros los ordeno según virtud y maldad, según bienandanza y su contrario. [580b] ¿Alquilaremos, pues, un heraldo, proseguí, o anunciaré yo mismo que el hijo de Aristón determina que el mejor y más justo es el más bienaventurado, y que lo es quien sez el más real y rey de sí mismo; mas que el peor y más injusto es el más desgraciado, y se da el caso de ser tal quien ser más tirano de sí y tiranice más aún a la Ciudad? [580c] Proclámalo, dijo; que son tales, ¿aunque lo sean ignorándolo todos los hombres y aun los dioses? [580c] VII. Esta, pues, proseguí sería para nosotros la primera demostración; ve como segunda, si te parece, estotra: Si, cual Ciudad, añadí, se divide en tres eídoses, parecidamente también se dividiera en tres el alma de cada uno, tendrás, me lo parece, una demostración diferente. [580d] Esta: siendo tres los eídoses de ella, triples me parecen evidentemente ser los placeres, uno propio de cada uno, y parecidamente las apetencias y gobernaciones. [580d] ¿En qué sentido lo dices?, preguntó. [580d] Un eidos, afirmamos, es aquel mediante el cual el hombre aprende; otro, mediante el que se encorajina; el tercero, por su polieidetismo, no tenemos un nombre propio para él. Empero, le damos un nombre por lo que tiene de mayor y más. fuerte, porque lo hemos llamado “apetitivo”, por la violencia de las apetencias de comer, beber y Venéreas y cuanto a éstas acompaña; y "amante-de-dinero”, porque mediante los dineros se satisfacen tales apetencias Y correctamente, dijo. [581a] Si, pues, dijéramos que su deleite y amor lo son de ganancia, erigiríamos el razonamiento sobre un punto bien capital de modo que nos resultaría claro cuando habláramos de esta parte del alma; y, al llamarla amante-de-dinero y amante-de-ganancia, ¿hablaríamos correctamente? [581a] Pues me lo parece, dijo. [581a] Pero, ¿qué?: ¿no afirmamos que lo corajoide tiende siempre e íntegramente a dominar, vencer y afamarse? [581b] Y mucho. [581b] Si, pues, lo denomináramos “amante-de-vencer y amantede-honor”, ¿no estaría a tono? [581b] Mas en cuanto a la parte mediante la que aprendemos, es para todos claro el que tiende siempre hacia saber la verdad tal cual es; y que, de las tres partes, ésta es la que menos se preocupa de dineros y reputación. [581b] Seguramente. ¿Llamaríamos según lo normal? [581b] Pues, ¿cómo no? [581b] Pues bien, proseguí, de estas partes una vez gobierna en las almas de unos una, otra vez otra en otros, según las circunstancias. [581b] Así es, dijo. [581b] ¿Por lo cual decimos que hay tres géneros primarios de nancia? [581b] ¿Y tres eídoses de placeres, cada eidos sujeto a cada género? [581b] ¿Sabes, pues, proseguí, que si quisieras preguntar, por turno, a tales tres géneros de hombres, cuál de las tres vidas es la más deleitable, cada uno encomiaría sobre las demás la suya? El ganadineros dirá que, ¿comparadas con el de ganarlos, el placer de ser honrado o el de aprended no valen nada, si en alguno de ellos no se hace plata? [581d] Es verdad, dijo. [581d] Pero, ¿qué el amante-de-honra?, pregunté. ¿Na tiene al placer proveniente del dinero por grosero, y aun al de aprender, ya que no aporta el conocimiento honra, por ser humo y sandez? [581d] Así es, dijo. [581d] Pero en cuanto al filósofo, proseguí, ¿qué creemos piense respecto de los demás placeres comparados con el de saber lo verdadero tal cual es, y con estar aprendiendo siempre algo de ello?; ¿que no están bien lejos de Placer?; ¿y creemos los llame “realmente” necesarios?, que de los demás no exigiera ninguno, si no fueran necesarios. [581e] VIII. Cuando, pues, añadí, están en discusión los placeres de cada eidos, y la vida misma, no respecto del más bello o feo vivir o del peor y mejor, sino respecto de lo más placentero e indoloro, ¿cómo sabríamos cuál de ellos dice lo más verdadero? [582a] Yo, por cierto, no tendría qué decir, respondió. [582a] Pero considéralo así: ¿con qué hay que juzgar lo que se vaya a juzgar correctamente? ¿No, con experiencia, inteligencia y razón? ¿Tiene alguien un criterio mejor que ellos? [582a] Y ¿cómo?, dijo. [582a] Considéralo: de los tres géneros de varones, ¿cuál es el más experimentado en todas los placeres de que hablamos? El amante-de-ganancia, que aprende la verdad tal cual es, ¿te parece ser en el placer de saber más experimentado que el filósofo, en el placer de la ganancia? [582b] Gran diferencia hay, dijo: que a éste le es necesario ya desde la niñez, gustar de los demás. Empero, al amante-de-ganancia, si por caso aprende qué son las cosas, no es necesario guste en este placer qué dulce es ni hacerse experimentado, además de que, aun empeñándose, no es cosa fácil. [582b] Luego, proseguí, grande es la diferencia entre el amantede-ganancia y el amante-de-sabiduría en cuanto a experiencia en ambos placeres. [582b] Gran es, en efecto. [582b] Pero, ¿qué, del amante-de-honra?: ¿Es Éste más inexperimentado en cuanto al placer de ser honrado que aquél en el de pensar? [582b] Mas, dijo, si cada uno de ellos consigue lo que se propone, ¿no les sigue la honra?, porque la mayoría honra a rico, valiente y a sabio, de modo que en eso de qué es ser honrados han experimentado todos tal placer; mas de la contemplación de lo ente, qué placer tenga, es imposible lo haya gustado otro a excepción del filósofo. [582d] Luego, proseguí, en cuanto a experiencia es él quien más bellamente juzga. [582d] Y con mucho. [582d] Y él solo será quien habrá juntado experiencia con sapiencia. [582d] Como que sí. [582d] Pero aun del órgano con que se ha de juzgar, no es tal órgano propiedad ni del amante-de-ganancia ni del amante-dehonra, sino del amante-de-sabiduría. [582d] ¿Cuál es? [582d] Mediante razones, afirmamos debe juzgarse. ¿Es así? [582d] Razones, pues, es, sobre todo, órgano del filósofo. [582d] Pero, ¿cómo no? [582d] Si, pues, a lo juzgado se lo juzgara óptimamente mediante riqueza y ganancia, lo que el amante-de-ganancia alabara y alabó, ¿no sería por necesidad lo más verdadero? [582e] Por gran necesidad. [582e] Pero, y si según honra, victoria y valentía, ¿no lo fuera lo que alabaran amante-de-honra y amante-de-victoria? [582e] Es claro. [582e] Mas, ¿y si, mediante experiencia y sapiencia y razón? [582e] Por necesidad, dijo, lo que alabaran el amante-de-sabiduría y el amante-de-razones sería lo más verdadero. [582e] Luego de esos tres placeres el de esa parte del alma, mediante la que aprendemos, sería el más deleitable, y en donde tal parte nuestra gobierne su vida sería la más deleitable. [583a] ¿Cómo no lo va a ser?, dijo; que el sabio, por competente alabador, alaba su propia vida. [583a] ¿Cuál vida dirá el juez es la segunda, y cuál placer el secundario? [583a] Es claro que el del guerrero y el del amante-de-honra, porque está más próximo que el del ganadineros. [583a] Como último, el del ganadineros, al parecer. [583a] Como que sí, dijo. [583b] IX. En esto, pues, el justo habría vencido dos veces seguidas al injusto. Pero la tercera victoria, sea, cual en las olimpíadas, pera Júpiter, salvador y olímpico. Atiende a que de los demás placeres ninguno es del todo verdadero ni puro a excepción del sabio, sino son cual silueta suya, como me parece haberlo oído de un sabio; y, por cierto, que tal fuera la mayor y más decisiva de las caídas. [583b] Y mucho; pero, ¿en qué sentido la dices? [583c] Lo hallaré, proseguí, si, respondiéndome tú a la vez, lo busco. [583c] Sí, proseguí: ¿decimos que dolor es contrario a placer? [583c] Y mucho. [583c] Pues, ¿y que hay algo que no es ni goce ni pena? [583c] Lo hay ciertamente. [583c] Por estar en medio de ambos, ¿no es una cierta tranquilidad de alma respecto de ellos? ¿O no lo dirías así? [583c] Pero, ¿no recuerdas, proseguí, lo que dicen los enfermos cuando lo están? [583c] Pues que nada hay de más delicioso que el estar sano; aunque, antes de enfermar, no se note ser lo más delicioso. [583d] Lo recuerdo, dijo. [583d] Y a los posesos de gran dolor, ¿no les oyes decir que nada hay de más deleitable que cesar de sufrir? [583d] Lo oigo. [583d] Y en otros muchos casos tales adviertes, creo, que, al encontrarse en ellos sufriendo los hombres, encomian el no padecer, y su reposo cual lo más deleitable; no, el goce. [583d] Porque entonces, dijo, el reposo sea tal vez deleitoso y preferible. [583e] Luego, proseguí, cuando uno deja de gozar, ¿tal reposo de placer será penoso? [583e] Luego eso que está, como dijimos, en medio de ambos: El reposo, será tal vez eso mismo ambos: dolor y placer. [583e] Y ¿será posible que lo que no es ambos llegue a ser ambos? [583e] No me lo parece. [583e] Por otra parte lo deleitable y penoso, surgidos en el alma, son ambos un cierto movimiento. ¿O no? [583e] Mas ni lo penoso ni lo deleitable, ¿no nos parecieron ya, por cierto, reposo; y hallarse en medio de ellos? [583e] Pues nos lo pareció. [583e] ¿Cómo, pues, es correcto tener por deleitable al no dolerse. O por penoso al no gozarse? [583e] No hay cómo. [583e] Luego esto: el reposo, proseguí, no es, sino parece ser, deleitable, sino respecto de lo doloroso; y doloroso, sino respecto de lo deleitable, y ninguno de estos parenciales es saludable respecto de la verdad de placer; es un cierto embaucamiento. [583e] Que es lo que indica el razonamiento, dijo. [584b] Mira ahora, proseguí, los placeres que no provienen de dolores, para que no pienses ya más veces que pasa esto: que placer se reposo de dolor; dolor, reposo de placer. [584b] ¿Cuándo, dijo, y de qué placeres hablas? [584b] Muchos, por cierto, proseguí, y variados; pero sobre todo, si quieres advertirlo, los placeres referentes al olfato, porque éstos, sin que preceda dolor, hácense de repente extraordinariamente grandes; y, al cesar, no dejan atrás dolor alguno. [584c] Luego no nos persuadimos de que placer puro sea la cesación de dolor; ni dolor, la de placer. [584c] Pues no. [584c] Mas, por cierto, expliqué, los placeres que a través del cuerpo llegan al alma, y así se llaman, casi casi todos los mejores y mayores son de este eidos: cesaciones de dolores. [584c] Pues lo son. [584c] ¿No se han así también los preplaceres y predolores que proceden de la previsión de placeres y dolores futuros? [584d] XI. ¿Sabes, pues, proseguí, de su calidad, y sobre todo ¿pues,. proses y a qué se parecen? [584d] ¿A qué?, dijo. [584d] ¿Aceptas, proseguí, el que haya en la naturaleza, alto, bajo y medio? [584d] Yo, sí, por cierto. [584d] ¿Crees, pues, que quien desde abajo remonte hasta el medio no piense que asciende? Y estando en el medio, y mirando de dónde vino, ¿dónde pensará se halla sino arriba, por no haber visto el verdadero Arriba? [584d] ¡Por Júpiter!, dijo, yo mismo no creo pueda pensar él de otra manera. [584d] Pero, a su vez, proseguí, si descendiera, creería estar bajando, ¿y creería la verdad? [584e] Pues, ¿cómo no? [584e] ¿No le pasaría todo esto por tener experiencia de lo que es estar verdaderamente Arriba, en Medio y Abajo? [584e] Es claro que sí. [584e] ¿Te admirarías, pues, de que los inexperimentados respecto de la verdad de muchas otras cosas tengan opiniones no sanas; y de que en cuanto a placer, dolor y sus intermedios les pase precisamente el que, al sentirse arrastrados hacía lo doloroso, lo crean verdad, y duélales en realidad; mas que cuando pasan de dolor al intermedio, crean en firme que llegan a satisfacción y placer, al modo que quienes por inexperiencia de lo Blanco, ven contraste de gris con negro? ¿También por inexperiencia de Placer se engañan al ver parecidamente contraste entre indolor y dolor? [585a] ¡Por Júpiter!, dijo, no me admiraría eso, sino mucho más el que no fuera así. [585a] Míralo, pues, así, proseguí: hambre, sed y cosas parecidas, ¿no son especie de vacíos respecto del estado del cuerpo? [585b] Ignorancia e insensatez, ¿no son también vaciedad en el estado del alma? [585b] Y mucho. [585b] ¿No se llenarían tomando alimento y adquiriendo inteligencia? [585b] Empero, el verdadero rellenamiento, ¿se alcanza con menos o con más ente? [585b] Es claro que con más. [585b] De estos dos géneros, pues, ¿cuál participa más de esencia pura: uno cual el de comida, bebida, condimentos y alimento en general o el eidos de opinión verdadera, ciencia e inteligencia y, en compendio, de toda virtud? Júzgalo según esto: lo poseedor de lo siempre igual, inmortal y verdad —lo que él mismo sea tal y se engendre en tal—, ¿te parece ser más que lo poseedor de lo jamás igual y de lo mortal siendo él tal y lo en él engendrado? [585c] Grande es la diferencia entre esto y lo siempre igual. [585c] Pues bien: la esencia de lo siempre desemejante, ¿participa, en algo, más de la esencia que de la ciencia? [585c] En modo alguno. [585c] Pero, ¿qué, de la verdad? [585c] Pero si menos de la verdad, ¿no menor también de esencia? [585d] ¿Así que, en general, el género de las cosas referentes al cuidado del cuerpo participa de verdad y de esencia menos que el género de las cosas referentes al cuidado del alma? [585d] Pero, ¿no crees que el cuerpo se haya así también respecto del alma? [585d] Así que lo que se rellene de lo más real, y él mismo lo sea realmente, ¿se rellena más que lo que se llene de lo menos real, y él mismo lo sea menos? [585d] Pues, ¿cómo no? [585d] Luego si rellenarse de lo conveniente a la naturaleza es delicioso, lo más relleno de lo ente y de los entes haría gozarse más realmente y más verdaderamente con verdadero deleite; mas lo participante de menores entes se rellenaría menos verdadera y firmemente, y participaría de placer menos de fiar y menos verdadero. [586a] Luego los inexperimentados en sapiencia y virtud, mas eternos conviviales de comilonas y cosas tales, arrastrados hacia abajo, al parecer, y de nuevo hacia el medio, van de esta manera errantes por la vida, sin sobrepasar esto en dirección hacia lo verdaderamente Alto que ni jamás lo vieron ni alcanzaron, ni se llenaron realmente de realidad, ni ¿gustaron de placer firme y puro; sino, cual bestias, mirando siempre hacia abajo e inclinados hacia tierra apaciéntanse en mesas, hartos y arrejuntados; y por tales excesos se acocean y encuernan unos a otros, y con cuernos y herraduras se matan por avorazamiento, por no llenar a los entes de lo ente, que es su conservador. [586b] Perfecto oráculo das, Sócrates, dijo Glaucón, sobre la vida de la mayoría. [586b] ¿No es, pues, necesario el que tengan placeres mezclados con penas, eídolos del verdadero Placer, y siluetas de él, coloreados por contraste placeres y penas de modo que parezcan grandes; y que nazcan, en los insensatos, amores rabiosos de sí mismos, y peleen cual dice Estesicoro se peleaban los de Troya por el eídolo de Helena, ignorantes del eidos verdadero? [586c] Grandemente necesario es, dijo, el que así sea. [586c] XII. Pero, ¿qué acerca de eidos corajoide?, ¿no habrán de pasar cosas tales a quien lo satisfaga o mediante envidia por amar la honra o mediante violencia por amar la victoria o mediante el coraje por malgenio, persiguiendo hartazgo de honra, victoria o coraje, sin razón, sin inteligencia? [586d] También es necesario, dijo, que esto le pase. [586d] Pues bien, proseguí: ¿nos animaremos a decir que aún las apetencias pertinentes al eidos amante-de-ganancia y amantede-victoria, si se las sigue con ciencia y razón, perseguidas con éstas obtienen los placeres a que lleva lo sabio; y obtendrán los más verdaderos que les es posible adquirir en verdad, por haberlos seguido con verdad, y los propios de ellas, ya que lo mejor para cada uno es eso mismo lo más casero? [586e] En efecto, dijo, es lo más casero. [586e] Luego cuando el alma íntegra sigue al eidos amante-de-sabiduría, y en ninguna de sus partes surge sedición, aparte de otras cosas domina el hacer cada uno lo suyo y ser justo y recolectar además cada uno los placeres propios y los mejores y, en lo posible, los más verdaderos. [587a] Efectivamente, es así. [587a] Mas cuando predomine algo de los otros eídoses, no conseguirá hallar el placer propio, y forzará a los demás a que persigan placer extraño y no verdadero. [587a] Así es, dijo. [587a] ¿Cuanto, pues, se aleje más de filosofía y razón, tanto más se producirían tales efectos? [587a] Tanto más. [587a] Lo que se aparte más de razón, ¿no es lo mismo que lo que se aparta de ley y de orden? [587a] Es evidente, por cierto. [587b] ¿No se mostraron claramente apartarse más las apetencias amorosas y tiránicas? [587b] Y mucho. [587b] ¿Pero lo que menos, las reales y moderadas? [587b] Así que, creo, el que más se apartará de placer verdadero y propio es el tirano; el que menos, el otro. [587b] Luego, afirmo, el tirano vivirá de la más desagradable manera; mas el rey, de la más agradable. [587b] Por gran necesidad. [587b] -¿Sabes, pues, proseguí: cuánto de más desagradable vive el tirano que el rey? [587b] De los tres placeres que parece haber, uno es genuino; dos, bastardos. Mas el tirano —transgrediendo aun lo sumo de los bastardos, huyendo de ley y razón— cohabita con escolta de serviles placeres; y en cuánto sea inferior a aquél no es fácil de decir, a no ser tal vez de esta manera: ¿De cual?, dijo. [587c] Del oligarca dista el tirano tres grados; porque, en el medio de ellos, está el demótico. [587c] Luego, si lo anterior es verdad, ¿cohabitaría con un eídolo de placer, distante tres grados del otro? [587d] Mas el varón oligárquico dista tres grados del real, si es que ponemos cual uno al aristocrático y al real. [587d] Luego, proseguí, el tirano dista numéricamente del verdadero placer triplemente. [587d] Luego, añadí, tal eídolo del placer del tirano sería, al parecer, plano, según el número de dimensión. [587d] Elevado a la segunda y tercera potencia resulta claro cuán grande sea la distancia. [587d] Es cosa clara, dijo, para un calculista. [587e] Si, pues, inversamente, se calcula cuán grande sea la distancia que separa en verdad el placer del rey del tirano, se hallará, hecha la multiplicación, que el rey vive setecientos veintinueve veces más agradablemente, y que el tirano vive más desgraciado en esa misma proporción. [587e] ¡Extraordinario cálculo el que realizaste de la distancia - entre ambos varones: el justo y el injusto, en cuanto a placer y dolor! [588a] Número, por cierto, verdadero, añadí, y conveniente a vidas, si les conviene eso de días, noches, meses y años. [588a] Si, pues, tanto es lo que el bueno y justo vence en placer al malo e injusto, ¿cuán extraordinariamente más lo vencerá en decoro de vida, belleza y virtud? [588a] ¡Por Júpiter!, extraordinariamente, dijo. [588b] XII. Sea, pues, proseguí: ya que hasta aquí hemos llegado en el razonamiento, retomemos lo anteriormente dicho por cuyo medio llegamos acá. Quedó dicho que al perfectamente injusto le aprovecha la injusticia, mientras parezca ser justo. ¿O no se dijo así? [588b] Ahora bien, añadí, dialoguemos con quien lo dijo, ya que nos hemos convenido respecto de obrar injusta y justamente en qué poder tiene cada uno. [588b] Hagamos un símil con palabra del alma, a fin de que quien dijo aquello sepa qué dijo. [588c] Uno de aquellos, proseguí, cual el de aquellas naturalezas que dice el mito haber antiguamente habido: Quimera, Escilo, Cerbero, y otras tales y tantas de las que se cuenta haber nacido de muchas ideas, y llegado a unidad. [588c] Se cuenta, dijo. [588c] Hazte, pues, con la idea de una bestia abigarrada, de muchas cabezas, en círculo, unas de bestias mansas; otras, de salvajes, y capaz de cambiarse y producir de sí lodo eso. [588d] ¡Obra de modelador perito!, dijo; no obstante, como la palabra es más fácil de modelar que cera y semejantes, dése por modelada. [588d] Modele además otra idea de león; otra, de hombre; sea la primera la mayor; la segunda, menor. [588d] Esto son, dijo, cosa fácil; y dense por modeladas. [588d] Aunque sean tres cosas, júntalas en una, de manera que concrezcan entre sí. [588d] Modela a su derredor y por de fuera un ícono: el de hombre, de modo que a quien no pueda ver la de dentro, y vea tan sólo la exterior envoltura, le parezca ser un viviente: hombre. [588e] Quede hecho el moldeado circundante, dijo. [588e] Hablemos ya con quien decía que le era provechoso a aquel hombre ser injusto, que no le conviene practicar la justicia, sino diga, nada más, que le aprovecha —dando de comer en grande a aquella bestia abigarrada— hacer fuerte al león y a sus calidades leoninas, mas matar de hambre al hombre y hacerlo débil de manera que se vaya hacia donde una cualquiera de ellas lo lleve; y nada de acostumbrar y hacer amigas una con otra, sigo dejar que se muerdan entre sí y, peleando, se devoren unas a otras. [588e] De todo en todo, dijo, tales cosas afirmaría quien alabara la injusticia. [588e] A su vez, quien dijera ser provechosa la justicia, afirmaría deber hacer y decir todo aquello que vuelva al hombre interior gran señor del hombre, y se cuide de esa criatura de muchas cabezas, cual el agricultor que alimenta y favorece las mansas, mas impide crezcan las salvajes tomará por aliada a la naturaleza del león y cuidándose de todos. en común, haralos a todos amigos entre sí y con él mismo. ¿Así los criará? [589b] Quien alaba lo justo dice efectivamente eso. [589b] De todas maneras, pues, quien encomie la justicia diría la verdad; mas quien, la injusticia, se engaña. Porque ante quien considere placer, buena fama y utilidad, quien ensalce lo justo dice la verdad, mas quien lo vilipendie vilipendia lo que vilipendia sin saber sobre ello nada de sano. [589c] No me parece lo sepa de modo alguno, dijo. [589c] Convenzámoslo, pues, amablemente, porque falta involuntariamente, preguntándole: Varón feliz, ¿no diríamos que lo tenido por bello y feo lo es por algo así: que lo bello hace que la parte bestial de nuestra naturaleza esté bajo el poder del hombre, mejor tal vez bajo el de lo divino, mas lo feo esclaviza lo manso bajo el poder de lo salvaje? ¿Convendrá en ello? ¿O cómo? [589d] Si me creyera, dijo. [589d] ¿Hay, pues, proseguí, alguien a quien, según este razonamiento, le aproveche el hacerse injustamente con oro si le pasa eso de que, aceptando el oro, esclavice a la vez lo mejor suyo o lo peor? O que acepte el oro, y esclavice hijo o hija precisamente a varones salvajes y malos; no le aprovecharía, aunque recibiera por ello suma inmensa. Mas quien, sin piedad alguna por la parte más divina suya, la hace esclava de la más atea e impura, ¿no es un desgraciado, y recibe ese don de oro para una mayor perdición que la de Euripila que aceptó collar a costa de la vida de su varón? [590a] Mucho más, por cierto, dijo Glaucón; te respondo por él XIII. Pues bien: ¿crees que se ha vilipendiado desde siempre a la intemperancia precisamente porque suelta más de lo debido en el intemperante a aquella criatura terrible, grande y polimorfa? [590a] Es claro, dijo. [590b] ¿No se vilipendia a arrogancia y malhumor, cuando lo leontiforme y serpentiforme se acrece y entesa inarmónicamente? [590b] ¿No se vilipendia a lujo y molicie por ese mismo relajamiento y distensión cuando aportan cobardía? [590b] Como que sí. [590b] Y a adulación y bajeza, ¿no, cuando someta precisamente lo corajoide a esa bestia tumultuosa, y por amor insaciable de dineros lo envilezca habituándolo a hacerse, ya desde joven, de león mono? [590c] Y mucho, dijo. [590c] Menestralía y artesanía, ¿por qué crees se las desprecie? ¿Diremos que no por otra cosa sino porque, cuando alguien tiene tan débil el eidos de lo óptimo no puede gobernar las bestias interiores; al revés las cultiva, y sólo puede aprender de ellas los minos? [590c] Si, pues, el tal ha de ser gobernado por algo semejante a lo que gobierna al mejor, ¿afirmaremos que ha de ser esclavo de un mejor que tenga en sí mismo gobernante divino?; convencidos de que no ha de ser gobernado para perjuicio del esclavo, cual Trasimaco lo creía de los gobernados, sino que lo mejor para todos es ser gobernados por lo divino y sabio, sobre todo cuando se los tiene dentro de sí mismo; pero si no, que mande desde fuera, a fin de que, gobernados todos por El mismo, seamos todos, en lo posible, semejantes y amigos. [590d] Y correctamente, dijo. [590e] La ley, proseguí, no declararía ser tal su voluntad, por ser ella la aliada de todos en la Ciudad? Y en cuanto al gobierno de los hijos, que no se les dé libertad hasta que hayamos instaurado en ellos, cual en Ciudad, un régimen político, y, habiendo cultivado lo mejor de ellos con la mejor nuestro lo reinstauremos de guardián y gobernante semejante a eso; y, entonces, les demos libertad. [590e] ¿Cómo, pues, Glaucón, diríamos, y por qué razón, que sea provechoso el delinquir o hacer algo licencioso o feo, de que resulte tino ser peor, aunque se llegue a poseer más dineros y cualquier otro poder? [590e] No hay modo, dijo. [590e] Pero, ¿cómo va a ser provechoso el delinquir ocultamente y no pagar la justa pena? Que quien se oculta, ¿no se hace aún peor?; ¿mas lo bestial de quien no se oculta y es castigado se domestica y amansa; mas lo amansado se libera, y el alma íntegra elevada a naturaleza superior adquiere hábitos más dignos, poseyendo templanza y justicia junto con sapiencia, o adquiriendo cuerpo robusto y belleza con salud, tanto más cuanto el alma es más digna que el cuerpo? [591b] De todo en todo, dijo. [591c] ¿Así que el sensato vivirá haciendo tender todo lo suyo a esto: primero,?rcciar esas enseñanzas que hagan tal a su alma, mas despreciando las demás? [591c] Es claro, dijo. [591c] Después, proseguí, respecto del estado y alimentación del cuerpo, ¿hará como no vivir entregado y encomendado al placer bestial e irracional, ni mirando a la salud ni reverenciando el hacerse fuerte, sano y bello, si de ello no ha de resultar a la vez temperante. Que la armonía del cuerpo, por el contrario, parezca armonizarla él siempre en favor de la sinfonía del alma? [591d] De todo en todo será así, dijo, si ha de llegar a ser en verdad músico. [591d] ¿Así también, proseguí, respecto del orden y sinfonía en la adquisición de los dineros? E impresionado por lo que la mayoría llama “felicidad”, ¿no aumentará al infinito su mesa, y con ello infinidad de males? [591d] No lo creo, dijo. [591e] Mas mirando, proseguí, a su régimen interno, y teniendo cuidado de no alterar nada o por demasiada riqueza o por poca, gobernándose así aumentará o gastará la riqueza en la medida de su capacidad. [591e] Efectivamente, pues, —dijo. [592a] En cuanto a las honras, mirando a lo mismo, aceptará voluntariamente y gustará de unas: de las que juzgue han de mejorarlo; mas de las que deshagan el estado alcanzado huirá en privado y en público. [592a] Luego, dijo, no querrá hacer política, si de eso se cuida. [592a] ¡Por el Perro!, añadí; sí la hará en su propia Ciudad sobre todo; pero no tal vez en su patria, a no ser que una Suerte divina le caiga. [592a] Comprendo, dijo; hablas ahora de la Ciudad que hemos descrito y fundado, asentándola en la palabra; porque en la tierra no creo que exista. [592b] Pero, añadí, tal vez en el cielo esté depositado su paradigma para quien quiera verlo y, viéndolo, fundarlas él mismo, Poco importa el que exista o llegue a existir en algún lugar, porque según ella sola obraría él, y no según otra alguna. [592b] Es verosímil, dijo. [595a] Por cierto, proseguí, que muchas y varias cosas pienso sobre ella: que, sobre todo, fundamos correctamente Ciudad; y no menos lo digo reflexionando sobre poesía. [595a] Sobre no admitir en modo alguno la que sea imitación, porque por nada hay ahora que admitirla; y me parece esto más evidente aún después de haber explicitado los eídoses de alma. [595b] ¿En qué sentido la dices? [595b] Para decíroslos a vosotros —no me denunciaréis a los poetas trágicos y a todos los demás que sean imitadores—, me parece ser dañino todo eso para la inteligencia de los oyentes que no tengan el remedio de saber qué son, en realidad, las cosas. [595b] ¿Pensando en qué lo dices?, preguntó. [595b] Hay que decirlo, proseguí, aunque un cierto amor y reverencia que, desde niño, tengo para con Homero me impida decirlo; porque me parece que de todos esos bellos trágicos él ha llegado a ser maestro y guía. Mas a tal varón no hay que reverenciarlo más que a la verdad; sino decir lo que debe decirse. [595c] Escucha pues; mejor, responde. [595c] ¿Podrías decirme, respecto de imitación, “qué es” en general?, porque yo mismo no comprendo gran cosa de lo que pretende ser. [595c] Tal vez, dijo, lo comprenderé yo. [595c] Nada tendría, añadí, de sorprendente, porque cortos de vista ven muchas cosas antes que los de larga. [596a] Así es, dijo; mas en tu presencia, ni aun siendo así me atrevería a hablar en caso de que algo me pareciera evidente. Pero míralo tú mismo. [596a] ¿Quieres, pues, que nuestra consideración parta de aquí según método acostumbrado? Porque nos hemos acostumbrado 1 poner cada eidos en su relación a particulares; a cada uno de los cuales atribuimos el mismo nombre. ¿O no lo comprendes? [596a] Lo comprendo. [596a] Tomemos, pues, ahora cualquiera de los “muchos'; como, si quieres, que hay muchos lechos y mesas. [596b] Mas dos ideas, respecto de esos enseres: una, de lecho; otra de mesa. [596b] También, pues, acostumbrábamos decir que el artesano de cada uno de esos enseres, mirando hacia la idea hace, uno de ellos, los lechos; otro, las mesas de que nosotros nos servimos; y así de otras cosas, porque ninguno de los artesanos es artesano de la idea misma. Porque, ¿cómo? [596c] No hay manera. [596c] Pero mira si a este tal llamas “artesano”. [596c] ¿A quién? [596c] A quien haga todo lo que cada uno de los operarios. [596c] Hablas de varón diestro y admirable. [596c] Aguarda, tal vez de él digas algo mayor, porque tal operario no solamente es capaz de hacer todos los enseres, sino además hace todo lo que de la tierra brota y produce todos los vivientes: los demás y a sí mismo; y, además de esto, Tierra, Cielo, Dioses, y cuanto hay en Cielo, y produce todo lo que bajo Tierra hay en Hades. [596d] Hablas de un "“sofista” absolutamente admirable ¿Dudas?, proseguí. Y dime: ¿no te parece que haya en modo alguno tal artífice?, ¿o que haya un hacedor que de una manera lo sea de todo eso; mas de otra, no? ¿No adviertes que aun tú mismo serías capaz de hacer de alguna manera todo eso? [596d] ¿Y cuál sería la manera?, dijo. [596d] No es dificultosa, añadí, sino se verifica de muchas maneras y velozmente. Pero velocísimamente, si quieres tomar un espejo y girarlo en todas las direcciones; porque velozmente harás sol, y lo del cielo; velozmente, tierra; velozmente, a ti mismo y demás vivientes y enseres y plantas y todo lo de que ahora mismo hablamos. [596e] Sí, dijo, parenciales; no, por cierto, entes de verdad. [596e] Bellamente, añadí; llegas a lo propio del razonamiento; porque, creo, que aun el pintor es uno de tales artífices. ¿Es así? [596e] Pues, ¿cómo no? [596e] Pero dirás, creo, que no hace que lo que hace sea de verdad, aunque de alguna manera el pintor haga un lecho. ¿O no? [596e] Sí, dijo, él hace uno parencial. [597a] I. Pero, ¿qué del carpintero de lechos? ¿No decías ahora mismo que no hace el eidos que afirmamos ser esencia de lecho, sino un cierto lecho? [597a] Pues lo dije. [597a] Mas si no hace “lo que es”, no haríamos ente, sino algo así como un ente; mas no, un ente. Que la obra de tal carpintero o la de otro operario sea perfectamente ente, si alguien lo afirma, ¿correría el riesgo de no decir la verdad? [597a] Pues no, dijo; así se lo parecería a los que tratan de semejantes cuestiones. [597a] Luego no nos admite nada el que, respecto de la verdad, resulte también esto confuso. [597b] Pues no. [597b] ¿Quieres, pues, dijo, que respecto de esto mismo investiguemos quién es tal imitador? [597b] Si quieres, dijo. [597b] Pues bien: ¿hay como tres lechos: uno, el que está siendo en su naturaleza, del que diríamos, cual yo creo, que dios lo ha hecho?, ¿o algún otro? [597b] Otro, el hecho por el carpintero. [597b] Uno más, dijo. [597b] Uno, el hecho por el pintor. ¿Es así? [597b] Así que pintor, carpintero, dios: tres entendidos en tres eídoses de lechos. [597c] Pues bien: dios, o si no quiso, o si alguna necesidad se le impuso de no hacer más que un solo lecho en la naturaleza, hizo así tan sólo uno: el lecho “que lo es”. Pero de dios no proceden ni procederán ni dos lechos ni más. [597c] Porque, proseguí, con que hiciera solamente dos, reaparecería uno más que sería el eidos de aquellos dos; y sería el lecho "que lo es”'; mas no lo serían los dos. [597d] Sabiendo dios lo cual, creo, y queriendo ser realmente hacedor de lecho realmente tal, y no de un lecho cualquiera, o un carpintero cualquiera, lo produjo único en naturaleza. [597d] ¿Quieres, pues, que lo denominemos “hacedor natural” de eso, o algo semejante? [597d] Justo fuera, dijo, ya que hizo “en su naturaleza” a esta y a todo lo demás. [597d] Pero, ¿qué, respecto del carpintero?; ¿no lo denominaremos “artesano” de lecho? [597d] Y también al pintor, ¿no lo denominaremos “artesano” y “hacedor” de tal objeto? [597d] En modo alguno. [597d] Pero, ¿qué dirás es él respecto de lecho? [597e] Lo que me parece más comedido llamarlo es “imitador” de lo que aquéllos son operarios. [597e] Sea, dije; ¿llamas, pues, “imitador” al productor de una obra distante tres grados de aquella naturaleza? [597e] Luego tal será también el poeta trágico, si es imitador: será tercero, de suyo, respecto de rey y de la verdad, y así todos los demás imitadores. [598a] Estamos ya convenidos respecto a imitador. Pero dime acerca de pintor esto: ¿te parece intente imitar aquello que es Único por naturaleza, o las obras de los artesanos? [598a] Las de los artesanos, dijo. [598a] ¿Tales cuales son o cual aparecen? Determina también esto. [598a] ¿En qué sentido hablas?, dijo. [598a] En éste: si ve el lecho de cerca o de frente o de otra manera, ¿"se diferencia” de sí mismo el lecho o no se diferencia en nada, mas “parece diverso”? ¿Y así de lo demás? [598a] Así dijo; “parece", mas no se diferencia. [598b] Considera esotro: ¿qué tiene la pintura por meta en cada obra?: imitar lo ente, tal cual se ha, o lo aparencial, tal cual aparece, por ser imitación de qué: ¿de apariencia o de verdad? [598b] De apariencia, dijo. [598b] Luego, al parecer, lejos de lo verdadero está la arte imitativa; y llega a reproducir todo precisamente porque toca bien poco de cada cosa; y esto, cídolo. Ejemplo: el pintor, diremos, nos pinta lo de un zapatero, carpintero o cualquier otro artesano, sin saber nada de tales artes. Sin embargo, si fuera buen pintor, pintando lo de un carpintero, y mostrando de lejos la pintura, engañaría a niños y hombres ignorantes, porque parecería ser verdaderamente carpintero. [598c] Pero, ¿cómo no? [598c] Mas, querido, creo, hay que pensar sobre todo esto estotro: cuando alguien nos cuente alguna vez que se ha encontrado con un hombre que sabe de todas las artes y todo lo que sabe un especialista; que no hay nada que no sepa de buen saber con más exactitud que cualquier otro, hay que suponer que el tal es un hombre cándido, y que, al parecer, habiéndose encontrado con un mago o imitador ha sido engañado tanto que le pareció gran sabio, por no ser él mismo capaz de discernir entre ciencia, insciencia e imitación. [598d] II. Así que, proseguí, después de esto hay que poner en consideración la tragedia y a su comandante: Homero, ya que oímos decir que algunos de los trágicos saben de buen saber de todas las artes, de todo lo humano referente a virtud y vicio, y de lo divino, porque el buen poeta, si ha de hacer bellamente lo que hace, ha de hacerlo sabiéndolo; o si no, ho es capaz de hacerlo. Además, hay que considerar si los tales encontrándose con tales imitadores se dejan engañar, y viendo sus obras no caen en cuenta de que distan tres grados de ente, y que al ignorante de la verdad le resultan fáciles de hacer porque hacen ellos aparenciales y no entes. O considerar si dicen algo importante, y si, en realidad, los poetas buenos saben acerca de lo que le parece a la mayoría hablan bien. [599a] Absolutamente, dijo, hay que ponerlo a prueba ¿Crees, pues, que si alguien pudiera hacer ambas cosas: lo imitado y el eídolo, se entregaría seriamente a la artesanía de eídolos, y se lo propondría a su vida cual el quehacer mejor? [599b] Yo, no, por cierto. [599b] Mas creo que si fuera sabedor en verdad de las cosas que imita, se esforzaría más en obras que en imitaciones, y trataría de dejar de sí mismo muchas y bellas obras, y preferiría más bien ser encomiado que encomiador. [599b] Lo creo, dijo; porque no van a la par honra y provecho. [599b] De otras cosas no pediremos razones a Homero o a otro cualquiera de los poetas, preguntándoles si uno de ellos era médico, y no solamente imitador de frases médicas, ni a quiénes se dice haya curado algún poeta de los antiguos o de los nuevos, cual lo hizo Esculapio, o qué discípulos en medicina haya dejado, como éste a sus descendientes; ni les preguntemos sobre las demás artes; dejémoslos. Pero es justo preguntemos a Homero acerca de lo que se mete a hablar sabre la mayor y más bello: sobre guerras, ejércitos, administración de Ciudades y educación del hombre, para que nos instruya: “Querido Homero, a fin de que no estés, en cuanto a virtud, tres grados lejos de la verdad, cual artífice de eídolos, al que hemos definido como imitador, sino que estés en el segundo; y si eres capaz de conocer cuáles empresas hacen a los hombres mejores o peores en privado y en público, dinos, ¿de qué Ciudad mejoraste el gobierno, cual Licurgo a Esparta, y otros muchos a muchas Ciudades grandes y pequeñas? ¿Qué Ciudad te atribuye el haber sido tú para ella buen legislador y haberla ayudado?, porque Italia y Sicilia lo atribuyen a Carondas; nosotros, a Solón; pero, ¿cuál, a ti?; ¿de cuál podrá decirlo?”. [599e] No creo la haya, dijo Glaucón; no lo dicen ni aun los homéridas. [600a] ¿Pero hay memoria de alguna guerra bien llevada en tiempos de Homero en que él haya hecho de jefe o de consejero? [600a] De ninguna. [600a] Pero, ¿se cuentan de él muchas ocurrencias de esas que sirven para las obras varón hábil e inventos buenos para artes y demás actividades, cual se cuentan de Tales de Mileta y de Anacarsis de Escitia? [600a] Tampoco nada de esto. [600a] Pero si no en público, ¿se cuenta que en privado haya sido Homero durante su vida educador de algunos que por tal trato lo amaran y transmitieran a los posteriores un cierto método homérico de vida, cual Pitágoras mismo que fue por ello especialmente amado, y aún los posteriores hablando de régimen pitagórico de vida parecen haberse hecho célebres entre los demás hombres? [600b] Nada de eso se cuenta, dijo; porque, Sócrates, tal vez Creófilo, compañero de Homero, resultaría aún más ridículo por su nombre que por su educación, si es verdad lo que se dice sobre Homero. Porque se cuenta que mientras vivió fue muy descuidado por él. [600c] IV. Pues se cuenta, dijo. Mas, Glaucón, ¿crees que si Homero hubiera sido en realidad capaz de educar a hombres y hacerlos mejores por poder, no imitar, sino conocer de eso, no se hubiera hecho con muchos compañeros, y estimado y querido por ellos? Que, por cierto. Protágoras de Abdera y Pródico de Ceos y otros muchísimos pueden persuadir a sus contemporáneos, tratándose en privado con ellos, de que no serán capaces de administrar ni casa ni Ciudad si no los ponen a ellos al frente de su educación; y por tal sabiduría son tan amados que sólo les falta a los compañeros el llevarlos sobre sus cabezas. O si Homero hubiera sido capaz de ayudar a los hombres en cuanto a la virtud, o Hesíodo, ¿los hubiesen sus contemporáneos dejado rondar de rapsodas, y no se los guardaran más que al oro, y forzaran a quedarse en sus casas?; o si no los persuadieran de eso, ¿no se fueran a educar a donde ellos estuvieran hasta quedar suficientemente educados? [600e] Me parece, Sócrates, respondió, que dices de todo en todo la verdad. [600e] ¿Afirmaremos, pues, que, comenzando por Homero, todos los poetas han sido imitadores de eídolos de virtud, y que los demás en lo que hacen no alcanzan la verdad, sino, como ahora decíamos, un pintor hará lo de un zapatero que, aunque él nada entienda de zapatería, le parezca serlo a él y a los no entendidos que lo miren según color y figura? [601a] Así también, creo, diremos que el poeta con los nombres y verbos colorea superficialmente los colores de cada arte sin saber otra cosa sino imitar; de modo que a los demás, que por las palabras juzgan, les parece que, cuando uno de ellos habla de zapatería en metro, ritmo y armonía, hable perfectamente bien, o cuando de asuntos militares o cuando de cualquier otro. Tan grandes encantos tienen de natural esas cosas. Porque si se desnuda a las obras de los poetas de los colores de la música, y llanamente se las dice, creo que sabes lo que parecen, porque lo has visto. [601b] ¿Se parece, pues, proseguí, a lo que queda de ver en los rostros frescos, mas no bellos, cuando los abandona la flor de la edad? [601b] De todo en todo, dijo. [601b] Pues bien: fíjate en esto: del poeta de eídolos, del imitador, decimos que nada entiende de lo ente; mas sí, de la aparencial. ¿No es así? [601c] No dejemos esto dicho a medias, sino veámoslo suficientemente. [601c] De un pintor, ¿diremos que "“pinta” riendas y bocado? [601c] ¿Mas los "“harán” guarnicionero y herrero? [601c] Pues bien: ¿sabe el pintor cómo deben ser las riendas y el bocado? ¿O ni lo sabe el hacedor: el herrero y el guarnicionero, sino quien de aquellas cosa sepa servirse: solamente el caballista? [601c] ¿No afirmaremos, pues, que en todo pasa así? [601d] Respecto de cada cosa hay esas tres artes: usuaria, factora, imitadora. [601d] Pues bien: virtud, hermosura y rectitud de cada enser, animal y acción, ¿tienden a otra cosa distinta del uso para el cual cada cosa o ha sido hecha o ha nacido? [601d] Luego necesariamente el usuario de cada una es el más experimentado, y el nacido para, por usar lo que usa, señalar al hacedor lo bueno o malo que hace; cual flautista que sobre las flautas indica al fabricante de flautas cuáles le sirven al tocatlas, y le ordena cuáles debe hacer; ¿mas éste obedecerá? [601e] Pero, ¿cómo no? [601e] Luego respecto del mismo enser el fabricante tendrá correcta seguridad acerca de belleza y fallas, tratándose con el entendido, obligándose a escuchar a quien sabe; mas el ¿el imitador llegará mediante el uso a tener ciencia de si lo que pinta es bello y correcto o no; o a opinión recta, por tener que tratarse con el entendido y dejarse ordenar lo que debe pintar? [602a] Ni lo uno ni lo otro. [602a] Luego el imitador ni sabrá ni tendrá opinión recta en cuanto a belleza o fallas acerca de lo que imita. [602a] Parece que no. [602a] ¡Gracioso resultaría el imitador en lo que hace, respecto a saber lo que hace! [602a] No mucho. [602b] No obstante imitará sin saber de qué modo es cada cosa 1 mala o buena. Mas, al parecer, sabiendo cómo parece bella a la mayoría y a los no entendidos, eso precisamente imitará. [602b] Parece, pues, que nos hemos honorablemente convenido en esto: que el imitador no sabe nada digno de mención acerca de lo que imita; y que la imitación es, por otra parte, cosa de juego y no seria, y que todos los tratantes la poesía trágica con versos iámbicos o Épicos son, más que nadie, imitadores. [602c] V. ¡Por Júpiter!, proseguí; este imitar, ¿no está tres grados alejado de la verdad? ¿Lo está? [602c] ¿En favor de qué cosa del hombre tiene la virtud que tiene? [602c] ¿De cuál hablas? [602c] De ésta: la misma magnitud, cercana o alejada de la vista, no parece igual. [602c] Pues no. [602c] Y las mismas cosas parecen torcidas o rectas a quienes las miren en el agua y fuera de ella; y cóncavas y convexas por causa de un error de la vista sobre los colores, y tal error está, patentemente, en nuestra alma. Apoyándose en tal padecimiento de nuestra naturaleza, a la pintura en sombras, o la ilusionística y a tantas otras artimañas nada les hace falta para ser magia. [602d] Es verdad. [602d] Pues bien: el medir, contar y pesar, ¿no son evidentes y preciosísimas ayudas contra eso, de manera que no mande en nosotros esa apariencia de mayor o menor, más o menos pesado, sino el resultado de contar, medir y pesar? [602d] Pues, ¿cómo no? [602e] Mas esto sería obra de lo racional en el alma. [602e] Pues de eso es. [602e] Mas precisamente a eso del alma que tantas veces ha medido e indicado qué cosas “son” mayores o menores, unas que otras, o iguales, le "“parecen” a la vez esas mismas lo contrario. [602e] ¿Mas dijimos ser imposible el que el mismo opine a la vez lo contrario respecto de lo mismo? [602e] Y lo dijimos correctamente. [603a] Luego quien en el alma opina contra la medida no sería el mismo que quien lo hace según la medida. [603a] Pues no. [603a] ¿Mas la parte del alma que se confíe a medida y cálculo sería la mejor de ella? [603a] Como que sí. [603a] ¿Luego la que se oponga a ello sería una de las más viles muestras? [603a] Queriendo, pues, llegar a convenirnos en esto decía que la pintura, y, en general, la imitativa hace que su obra esté siendo lejos de la verdad; mas que por estar lejos de la sapiencia se trata y sea compañera y amiga de lo que en nosotros nada tiene ni de sano ni de verdadero. [603b] De todo en todo, dijo. [603b] Luego la imitativa, por ser vil y tratarse con lo vil, engendra lo vil. [603b] ¿Sólo, proseguí, la imitativa para la vista, o también la para el oído, que denominamos “poesía”? [603b] Verosímilmente, dijo, también ésta. [603b] No nos confiemos, pues, proseguí, únicamente a la verosimilitud sacada de la pintura, sino también vayamos a esa parte de la mente con la que se trata la parte imitativa de la poesía, y veamos si es vil a noble. [603c] Propongámoslo así: la imitativa, ¿imita a hombres que obran con acciones violentas o voluntarias, y por obrar así se creen haberles ido bien o mal, y doliéndose o alegrándose en todo ello? ¿Algo más, aparte de esto? [603c] ¿En todo esto, pues, el hombre está concorde de mente? ¿O cuál en lo de vista, está discorde y tiene él mismo, a la vez y sobre lo mismo, opiniones contrarias, así también en las acciones está discorde y lucha él consigo mismo? Pero me acuerdo de que no hace ya falta nos hayamos de acordar sobre esto, porque en los anteriores razonamientos nos convinimos suficientemente sobre todo esto: que nuestra alma está llena a rebosar de miles y miles de tales contradicciones simultáneas. - Correctamente, añadí, mas lo que omitimos entonces, me parece ahora necesario el explicarlo. [603e] Que varón honorable, proseguí, a quien cae una Suerte como la de perder hijo o algo de lo que tiene en más, decíamos entonces que lo llevaría más fácilmente que los demás. [603e] De seguro. [603e] Consideremos ahora precisamente esto: si en absoluto no lo sentirá o, si esto es imposible, pondrá mesura en su pena. [603e] Mejor, esto es lo verdadero, dijo. [604a] Dime acerca de él estotro: ¿crees que luchará y resistirá a la pena cuando están viéndolo sus semejantes o cuando se halle solo a solas consigo mismo? [604a] Mucho más aguantará, dijo, cuando esté siendo visto. [604a] A solas, creo, se atreverá a exclamaciones de que, si otro lo leyera, se avergonzaría; y hará muchas cosas que no aguantaría le viera otro haciéndolas. [604a] VI. Pues bien: la parte que manda resistir, ¿no es la razón y la ley?; mas la que lo arrastra hacia penas, ¿no Es ese mismo padecimiento? [604b] Es verdad. [604b] Por darse en el hombre tales tirones contrarios, simultáneos y sobre el mismo objeto, afirmamos que necesariamente hay en él dos. [604b] Pero, ¿cómo no? [604b] Una de ellos, el dispuesto a obedecer a la ley, tal cual la ley lo indique. [604b] Dice la ley que lo más bello es guardar la tranquilidad sobre todo en las desgracias y no irritarse, porque, no estando claro lo que en ellas hay de bueno y de malo, nada se saca para lo futuro ni de llevarlas a mal; ni nada de lo humano Es digno de tomarlo muy en serio; y lo que habría en tales casos de ayudarnos bien presto, lo estorba precisamente el apenarse. [604c] ¿De qué hablas?, dijo. [604c] De la reflexión, añadí, acerca de lo acaecido; y, cual en los saques de dados respecto de los resultados, poner sus actos de la manera que el razonamiento elija cual mejor. Pero no, cual niños que se dieron un golpe, y se palpan la herida, pasar el tiempo gritando; sino acostumbrar siempre al alma a curarse lo más presto posible, enderezar lo caído y enfermo, haciendo desaparecer las lamentaciones con la medicina. [604d] La más correcta manera, dijo, fuera ésta de enfrentarse a la Suerte. 1 Pues así, decimos, es como lo mejor de nosotros prefiere seguir a la razón. [604d] Mas de lo que de nosotros nos lleva a recordar lo acaecido y a lamentarnos, y no se sacia de esto, ¿no diremos ser la parte irracional, indolente y amiga de la cobardía? [604d] Lo diremos, pues. [604e] Pues bien: el carácter quejicoso es grande y múltiple imitador; mas el sapiente y tranquilo, casi siempre igual a sí mismo, no es fácilmente imitable; e, imitado, no resulta sin más comprendido, especialmente para gente en festivales y para hombres de toda clase reunidos en teatro; porque tal imitación les resulta imitación de sentimiento extraño a ellos. [605a] De todo en todo. [605a] Pues bien: es claro que al poeta imitador no le nace del alma eso; y tal sabiduría no le resulta de su agrado si ha de reportarle fama ante la mayoría; mas le nace el carácter de quejicoso y abigarrado por ser fácilmente imitable. [605a] Es claro. [605a] Es, pues, justo el que nos metamos ya con él y lo pongamos del lado del pintor, porque en eso de hacer cosas viles respecto de la verdad se parece a él; y en eso de tratarse con esotra parte del alma que es tal cual, y no con lo mejor de ella, también en esto se le asemeja. Y así se justifica ya el que no aceptemos en una Ciudad que haya de ser regulada por buenas leyes lo que despierta, alimenta y fortalece esa parte del alma que arruina lo racional, a la manera como aquél cuando haciendo poderosos a los perversos se les entrega a Ciudad; mas se destruya a los más finos. Lo mismo diremos de poeta imitador: que introduce un mal régimen en el alma de cada individuo, favoreciendo lo insensato en ella y sin discernir entre mayor y menor, sino teniendo a veces 'a las mismas cosas por grandes; otras, por pequeñas, es hacedor de eídolos y más eídolos; más bien alejado de lo verdadero. [605c] VII. Por cierto, que no hemos acusado a la poesía de lo más grave: que sea capaz de dañar aun a los honestos, fuera de a unos pocos, es lo más terrible de todo. [605c] ¿Cómo no lo va a ser, dijo, si lo hace? [605c] Escucha y considéralo; porque cuando los mejores de nosotros oyen a Homero o a cualquier otro de los poetas trágicos imitando a cualquiera de los héroes en estado aflictivo: que se extiende en largas frases durante sus lamentaciones, cantándolas y golpeándose el pecho, ¿caes en cuenta de que nos gozamos, nos sumergimos, y lo seguimos condoliéndonos, y seriamente alabamos de buen poeta a quien así nos haga sentirnos? [605d] Lo sé; pero, ¿cómo no? [605d] Mas cuando a alguno de nosotros le sobreviene una pena, ¿caes en cuenta esta vez de que nos gloriamos de lo contrario: de poder guardar tranquilidad y aguantar, que esto es precisamente lo propio de varón; pero aquello otro, lo que entonces alabamos,!0 es de mujer? [605e] Caigo en cuenta, dijo. [605e] ¿Cómo, pues, será bella la alabanza, proseguí, de quien está viendo a un varón portarse como no lo tendría uno por digno de sí mismo?, ¿no se avergonzaría, más bien, de no darle asco, sino de gozarse y alabar? [605e] No, por Júpiter!, dijo; me parece razonable. [606a] Sí, añadí; si lo miras de otra manera. [606a] ¿De cuál? [606a] Si advirtieras que esa parte del alma que violentamente reprime en las calamidades domésticas —y aun doliéndonos— el llorar, el lamentarse hasta saciarse, y la que de natural desea todo esto, es ella precisamente la satisfecha y halagada por los poetas. Mas la mejor de nosotros, por no estar suficientemente educada en razón y costumbres, afloja la vigilancia de la llorona, por considerar que son de otro los padecimientos, y no ser para él mismo una vergüenza el alabar y compadecer a otro varón que se tiene por bueno y se lamenta intempestivamente; sino piensa ganar precisamente eso: el placer, y no aceptaría verse privado de él, despreciando el poema entero. A pocos, creo, les es dado caer en cuenta de que, necesariamente, al gozarse de algo pasa de ser ajeno a propio; y que a quien haya alimentado y fortalecido la compasión én los padecimientos ajenos, no les será fácil dominarlos en los propios. [606c] ¿No vale el mismo razonamiento respecto de lo ridículo?; ¿Qué te avergonzarías tú mismo de hacer reír; mas, oyéndolo en una comedia o en privado, te la gozas en grande, y no la odias cual algo perverso? Haces lo mismo que respecto de lo aflictivo. Porque lo que con la razón reprimiste en ti mismo al querer hacer reír, temiendo pasar por bufón, lo sueltas entonces; y lo que allí hiciste por novelero lo haces, frecuentemente sin caer en cuenta, en privado, tanto que resultarás comediante. [606c] Y grande, dijo. [606d] Y respecto de lo Venéreo, cólera y todas las apetencias del alma, penosas o deleitables, de las que decimos acompañan a todas nuestras acciones, la imitación poética, ¿no nos las produce?; porque las alimenta, regándolas, cuando habría de desecarlas; y elévalas a gobernadoras nuestras, cuando habrían de ser gobernadas, a fin de que llegáramos a ser, en vez de peores y más desgraciados, mejores y más bienaventurados. [606d] No podría decirlo de otra manera, dijo. [606e] Pues bien, Glaucón, proseguí; cuando por caso te encuentres con ensalzadores de Homero que digan que el tal poeta ha educado a Grecia, que es digno se lo tome de maestro en cuestiones de administración y educación humana, y que se ha de organizar la vida de uno a tenor de tal poeta, hay que besarlos y abrazarlos por ser tan buenos tanto cuanto pueden, y conceder que Homero es el mayor y primero de los poetas trágicos; mas hase de saber que en la Ciudad solamente se admite de la poesía la que sea himnos a los dioses y encomios a los buenos. Pero si admites en lírica o en épica a la Musa placentera, reinarán en la Ciudad placer y pena en lugar de ley y de la razón que la comunidad tenga siempre por mejor. [607b] VIII. Sírvanos esto, dijo, de defensa por haber recordado cuán razonablemente expulsamos entonces de la Ciudad a la poesía, por ser tal, pues la razón lo exigía. Digámosle además, para que no se nos trate de rudos y salvajes, que antigua es, sin duda, una cierta disensión entre filosofía y poesía, Testimonios: «la perra que le aúlla al señor», «la ladradora», «grande en vanilocuencias de insensatos», y «banda de cabezas de supersabios» y «preocupados por sutilezas», que «pasan hambre», y miles de miles de tales testimonios de antigua oposición entre ellas. No obstante, quede dicho que si la poesía de placer y la imitación tuvieran algún razonamiento para probar que han de existir en Ciudad de buenas leyes, nosotros, gustosos, las recibiríamos, porque bien que nos notamos encantados por ellas. Mas no es pío traicionar lo que uno cree es verdad. Porque, querido, ¿no te sientes aún tú encantado por ella, sobre todo cuando la ves a través de Homero? [607d] Y mucho, por cierto. [607d] ¿Es, pues, de justicia que entre, si se defiende en métrica, lírica o alguna otra? [607d] Concederíamos por cierto a sus protectores, aunque no sean poetas, sino amantes-de-poesía, hablar en favor de ella sin métrica; y decir que no sólo es placentera, sino aun provechosa para los regímenes políticos y para la vida humana. Y benévolamente los escucharemos, porque saldremos ganando de que quede en claro el que es no sólo placentera sino además provechosa. [607e] Pero, ¿cómo no vamos a ganar?, dijo. [607e] Pero si no, compañero querido, al modo que los alguna vez enamorados, si juzgan que el amor no es provechoso, se apartan, cierto que a la fuerza, parecidamente nosotros; por el amor a tal poesía, nacido y criado por los regímenes políticos bellos, veremos con benevolencia se nos demuestre que es la mejor y la más verdadera. Pero mientras no sea capaz de defenderse, la escucharemos cantándonos a nosotros mismos ese razonamiento que decimos, y ese canto, tomando la precaución una vez más de no caer en ese amor infantil y de la mayoría. Pero notamos, pues, que no hemos de tomar en serio tal poesía cual si captara la verdad y fuera seria; sino que el oyente se precava contra ella, temiendo por el régimen propio que en él haya. Téngase por ley lo que hemos dicho de la poesía. [608b] Convengo en ello, dijo, de todo en todo. [608b] Porque. Glaucón querido, gran combate es, aunque no lo parezca tanto, ese de hacerse bueno o malo, de modo que no se deje uno llevar ni por la honra ni por los dineros ni por cargo alguno, ni tenga por digno el descuidarse por la poesía de la justicia y demás virtudes. [608b] Convengo contigo, dijo, a tenor de lo explicado, y creo convendrá en ello otro cualquiera. [608c] IX. Por cierto, proseguí, que no hemos explicado las mayores recompensas y premios reservados a Virtud. [608c] De algo extraordinariamente grande hablas, dijo, si es mayor que lo demás de que hemos hablado. [608c] Pero que resultaría grande, proseguí, dentro de pequeño tiempo, porque el tiempo desde niñez a vejez sería bien poca cosa respecto del total. [608c] Nada, efectivamente, dijo. [608c] Pues, ¿qué?, ¿crees que es deber de algo inmortal el de esforzarse en vistas a tan corto tiempo, y no en vistas al total? [608d] Creo yo que sí, dijo; mas, ¿por qué lo dices? [608d] ¿No adviertes, proseguí, que nuestra alma es inmortal y que jamás perece? [608d] Y mirándome, admirado, dijo: por Júpiter!, yo, no; ¿mas tú tienes algo que decir en este punto? [608d] Si no fallo, dije, pienso que sí, y tú también, porque no tiene nada de difícil. [608d] ¿También para mí?, dijo. Pero oiría gustosamente de tu boca el que esto no es difícil. [608d] No tienes sino que hablar, dijo. [608d] ¿Llamas a algo, pregunté, “bueno y malo”? [608d] Yo, sí, por cierto. [608e] ¿Piensas sobre ello lo mismo que yo? [608e] Que todo lo destructor y corruptor es lo Malo; mas lo conservador y ayudar es lo Bueno. [608e] Pero, ¿qué?; ¿dices que hay algo malo y bueno para cada cosa?, cual para los ojos la oftalmía, para todo el cuerpo la enfermedad, para el trigo el tizón, la podredumbre para la madera, para cobre y hierro la herrumbre, y, como digo, ¿casi casi para cada cosa hay un mal y una enfermedad connaturales? [609a] Pues bien: ¿cuando algo de esto le adviene a una cosa, hace endeble a la que adviene y termina por deshacerla y destruirla entera? [609a] Pues, ¿cómo no? [609a] Luego el mal connatural a una cosa, y la endeblez, deshacen, o, si no la deshacen precisamente él, ninguna otra cosa la destruirá ya. Porque ni lo bueno, ni lo que no es ni bueno ni malo, deshará jamás algo. [609b] Luego si hallamos entre los entes algo por lo que esté malo y lo haga endeble, sin, por ello, ser capaz de deshacerlo destruyéndolo, ¿no sabremos ya que para lo así constituido no hay perecimiento? [609b] Así, dijo, es verosímil. [609b] Pues, ¿qué?, proseguí: ¿no hay para el alma algo que la haga mala? [609b] Y mucho, dijo; todo lo que ahora hemos recontado: injusticia, intemperancia, cobardía e ignorancia. [609c] ¿Algo, pues, de ellas la deshacen y destruyen? Y atiende a no engañarnos creyendo que el hombre injusto e insensato, cuando es sorprendido en una injusticia, perezca entonces por efecto de la injusticia, por ser ésta endeblez del alma. Sino tómalo así: a la manera como la endeblez corporal, por ser enfermedad del cuerpo, lo disuelve y deshace y lo reduce a no ser ni cuerpo, también todo lo que decíamos lleva, por la propia maldad, al corromper por adherirse e inser, a no ser. ¿No es así? [609d] Pues bien: considera al alma de la misma manera. ¿La injusticia y demás maldad que en ella haya la corrompe y repudre por inser y adherirse a ella tanto que la lleve a la muerte y la separa del cuerpo? [609d] En modo alguno esto, dijo. [609d] Pero, por otra parte, sería irracional, proseguí, que algo se deshiciera por un mal ajeno; mas no, por el propio. [609e] Atiende, Glaucón, proseguí, a que no creemos que el cuerpo se deshaga por lo malo de los alimentos, que sea un mal de ellos, —sea por estar pasados, podridos o lo que sea. Mas si lo malo de los alimentos introduce en el cuerpo un mal del cuerpo, diremos que el cuerpo pereció mediante aquéllos por ese mal propio de él, que es la enfermedad. Mas por el mal estado de los alimentos, siendo alimentos y cuerpo entre sí diversos, no afirmaremos se corrompa por un mal ajeno que no introduzca un mal connatural. [610a] Correctísimamente hablado, dijo. [610a] X. Por el mismo razonamiento, pues, proseguí, si un mal del cuerpo no introduce en el alma un mal del alma, no afirmaremos jamás que perezca el alma por mal ajeno sin mal propio; perezca uno, por el mal de otro, los dos diversos. [610a] Es razonable, dijo. [610a] Refutaremos, pues, por no bellamente dicho, o mientras no esté refutado, no diremos que por fiebre, por otra enfermedad ni por degüello ni si se corta el cuerpo entero en menudillo, se deshaga, por nada de ello, el alma antes de que se demuestre que, por tales accidentes del cuerpo, se haga ella misma más injusta e impía. Mas que de mal ajeno venido, sin mal propio sobrevenido, perezca alma u otra cosa no permitiremos se diga. [610c] Pero, por cierto, dijo, que nadie demostrará jamás el que las almas de los muertos se hagan más injustas por la muerte. [610c] Mas si alguien, añadí, se atreviera a ir contra el razonamiento y decir que el muerto se hace peor y más injusto, a fin de no verse forzado a admitir que las almas sean inmortales, sostendremos, en caso de decir verdad quien tal diga, que la injusticia es mortífera para quien la tenga, como lo es la enfermedad; y que de aquélla, mortífera por su misma naturaleza, mueren los que la contraen; los más injustos más de prisa; los menos, más lentamente; pero no, como ahora, que los injustos mueren precisamente por castigo impuesto por otros. [610d] ¡Por Júpiter!, dijo, que no parece patente el que la injusticia sea tan del todo mala si resulta mortífera para quien la contrae, porque sería liberación de males. Pienso, más bien, que es patentemente todo lo contrario: que mata a los otros, si puede; mas a quien la tiene da la gran vida y, además de la gran vida, lo espabila. ¡Tan lejos está, parece, de ser mortífera intrínsecamente! [610e] Bellamente hablado, dije. Porque si la maldad propia y el mal propio no bastan para matar y destruir al alma, no hay como mal destinado a la perdición de otro destruya al alma o a otra cosa fuera de aquella a la que se ordena. [610e] No hay cómo, dijo, como es verosímil. [610e] Cuando, pues, algo no es destruido por un mal ni propio ni ajeno, es claro que, por necesidad, habrá de existir siempre; mas si existe siempre, es inmortal. [611a] XI. Quede, pues, añadí, esto así. Si así se ha, comprendes que existirían siempre las mismas almas, porque no se harían menos en número, por no perecer ninguna; ni tampoco más, porque de acrecerse en algo lo inmortal, se «οἰκείου μήτε ἀλλοτρίου, δῆλον ὅτι ἀνάγκη αὐτὸ ἀεὶ ὂν εἶναι: εἰ δ᾽ ἀεὶ ὄν, ἀθάνατον. ἀνάγκη, ἔφη. τοῦτο μὲν τοίνυν, ἦν δ᾽ ἐγώ, οὕτως ἐχέτω: εἰ δ᾽ ἔχει, ἐννοεῖς ὅτι ἀεὶ ἂν εἶεν αἱ αὐταί. οὔτε γὰρ ἄν που ἐλάττους γένοιντο μηδεμιᾶς ἀπολλυμένης, οὔτε αὖ πλείους: εἰ γὰρ ὁτιοῦν τῶν ἀθανάτων πλέον γίγνοιτο, οἶσθ᾽ ὅτι ἐκ τοῦ θνητοῦ ἂν γίγνοιτο καὶ πάντα ἂν εἴη τελευτῶντα ἀθάνατα. ἀληθῆ λέγεις. ἀλλ᾽, ἦν δ᾽ ἐγώ, μήτε τοῦτο οἰώμεθα-ὁ γὰρ λόγος οὐκ» (Burnet, 611a) [611a] Pero, proseguí, esto, ni pensarlo, porque la razón no lo permitirá, ni que en su más verdadera naturaleza el alma sea tal que esté llena, ella de por sí misma, de grande miscelánea, desigualdad y diferencia. [611b] ¿En qué sentido lo dices?, preguntó. [611b] No es fácil, proseguí, que sea eterno lo compuesto de muchas cosas, y que no haya sido bellísimamente coajustado, cual nos pareció ahora estarlo el alma. [611b] No es, pues, verosímil. [611b] Es, pues, inmortal el alma, por la fuerza de éste y otros razonamientos. Pero lo que sea ella en verdad, no hay que contemplarlo dañado por la comunidad con el cuerpo y otros males, como ahora la vemos nosotros, sino cual es en su pureza original. Tal se la verá perfectamente mediante razonamiento; y se hallará ser mucho más bella; y se discernirá más claramente entre justicia e injusticia, y todo lo que explicamos. Pero ahora hablemos en verdad de ella tal cual se muestre en el presente. La hemos visto en un estado, cual el que en Glauco, el Marino, ven los que lo han mirado: que no verían fácilmente su primitiva naturaleza; que de las partes más viejas de su cuerpo, unas están cascadas; otras, trituradas y enteramente estropeadas por las olas; otras, añadidas a su natural —conchas, algas y guijarros— de modo que se parece en total más a bestia que a lo que de natural Era. Parecidamente también vemos al alma postrada por miles y miles de males. Mas, Glaucón, hay que mirar allá. [611d] ¿A dónde?, dijo. [611e] A su amor-por-la-sabiduría; atender a con qué se trata y qué compañías anhela por ser congénere con lo divino, inmortal y el siempreser; y cuál llegaría a ser dada entera a su contemplación; y sacarla, por tal impulso, del mar en que ahora está y desprendida de guijarros y conchas; que ahora se le han encostrado, por nutrirse de tierra, mil cosas terrenas, pétreas y brutas de esos llamados “bienaventurados festines”. Y entonces se vería su verdadera naturaleza: si es polieidética o monoeidética, cómo y de qué manera se ha. Pero ahora, como creo, hemos decorosamente explicado sus afecciones y eídoses durante la vida humana. [612a] De todo en todo, dijo. [612a] XII. Pues bien, proseguí, lo demás quedó resuelto a lo largo del razonamiento; mas no trajimos las recompensas y honores de la justicia como vosotros dijisteis lo hicieron Hesíodo y Homero. ¿Pero no hallamos que la justicia es precisamente lo mejor para el alma misma y que debe practicar lo justo, tenga o no el anillo de Gygues, y, además de él, el casco de Hades? [612b] Verdaderísimamente hablado, dijo. [612b] Pues bien, Glaucón, ¿qué inconveniente hay ya en que, además de aquellas recompensas, se den las propias a justicia y demás virtudes; todas esas recompensas que al alma le proporcionan hombres y dioses, mientras vive el hombre, y después de muerto? [612c] Ninguno en absoluto, dijo. [612c] ¿Me daréis, pues, lo que me prestasteis en la discusión? [612c] Os di que el justo “pareciera” ser injusto y que el injusto justo, porque creíais que, aun no siendo posible ocultar eso a dioses y a hombres, había de dárseos por razón de discusión a fin de que resaltara mejor justicia frente a la injusticia misma. ¿O no lo recuerdas? [612d] Faltaría, dijo, si no. [612d] Pues bien, añadí, puesto que es cosa juzgada, os pido de nuevo en nombre de la justicia que la misma opinión que de ella tienen dioses y hombres, nosotros también se la demos concordemente por razón de discusión, a fin de que se lleve esos premios que, por parecer poseerla da a los que la tienen, ya que evidentemente los da por 'ser” justos, y no engaña a quienes, en realidad, la poseen. [612e] Pides lo justo, dijo. [612e] Así que, proseguí, dadme primero esto: que no se oculta a los dioses cuál es en este punto cada uno de ellos. [612e] Te lo daremos, dijo. [612e] Pero si no se les oculta, uno de ellos es amable-a-los-dioses; el otro, odioso-a-ellos, que es en lo que desde el principio nos convinimos. [612e] En cuanto al amable-a-los-dioses, ¿no nos convendremos en que, cuanto procede de dioses, todo resulta de lo mejor, a no ser que algún mal le venga cual consecuencia necesaria de una falta anterior? [613a] Luego hay que suponer respecto del varón justo que si cae en pobreza o si en enfermedades o en cualquier otra cosa de las tenidas por malas, todo se trocará finalmente en algún bien, durante la vida o de muerto. Porque los dioses no descuidan a quien quiera esforzarse en ser justo y en particular la virtud en la medida en que le es al hombre posible asemejarse a dios. [613b] Es verosímil, dijo, que el tal no sea descuidado por su semejante. [613b] Acerca, pues, del injusto, ¿no hay que pensar lo contrario de esto? [613b] Y mucho. [613b] Tales serían, por cierto, los premios que al justo le vendrían de parte de los dioses. [613b] También según mi opinión, dijo. [613b] Pero, ¿qué, añadí, de parte de los hombres? Si hay que poner las cosas en su punto, ¿no pasa así?: ¿que los injustos hábiles hacen lo de esos corredores que corren bien hasta el final, mas no desde el final? Comienzan por saltar velozmente, mas terminan por hacer el ridículo, orejas caídas sobre los hombros y, sin coronarse, se van corriendo. Empero, los corredores de verdad, llegados a la meta, reciben los premios y son coronados. ¿No pasa lo mismo casi siempre con los justos? Al final de cada acción, empresa y de la vida, ganan buena reputación y llévanse los premios de manos de los hombres. [613c] Y mucho. [613c] ¿Aceptarás, pues, que diga yo de ellos lo que tú mismo dijiste de los injustos? Diré, pues, que los justos, llegados a mayores de edad gobiernan, si quieren gobernar, en la Ciudad; cásanse con quien quieran, y entregan los suyos a quienes quieran; y todo lo que tú dijiste de aquéllos, digo yo ahora Éstos. A su vez, respecto de los injustos: que los más de ellos, aunque de jóvenes pasen desapercibidos, al final de la carrera, sorprendidos, resultan ridículos; y, de viejos, son maltratados de desgraciados por extranjeros y conciudadanos; - azotados y esotras cosas que tú dijiste ser salvajadas: y lo dijiste con verdad; se los torturará después y quemará a hierro susiente. Da por oído de mí cómo les pasa todo aquello. Pero, como digo, ve si lo aceptas. [613e] Y mucho, dijo; porque dices lo justo. [613e] pues, son, proseguí, los premios, recompensas y dones que al justo le vienen durante la vida de parte de dioses y de hombres, además de los bienes que la justicia misma. les aporta. Tales serían. [614a] Y por cierto, dijo, bellos y seguros. [614a] Son nada, proseguí, en cantidad y magnificencia respecto de los que, una vez muertos, aguardan «cada uno de ellos. Es preciso ofrlo, a fin de que cada uno de ellos reciba finalmente lo que, según el razonamiento, se le debe. [614a] Dijéraslo, añadió; que no hay muchas otras cosas más agradables de oír. [614b] No te referiré, proseguí la leyenda de Alcinoo; sino la de un varón valeroso: Er, hijo de Armenio, pánfilo de raza. Á quien, muerto en la batalla, al recoger los muertos de diez días, ya putrefactos, se lo encontró incorrupta; llevado a casa para sepultarlo, en el duodécimo día, depositado sobre la pira, revivió; y, de vivo, contó lo allí visto. Dijo, pues, que, salido de aquí, su alma había marchado con muchas otras, y haber llegado a un lugar daimoníaco; había allí, en la tierra, un par de aberturas contiguas; y arriba, en el cielo, enfrente, otro par. Entre tales pares vio sentados jueces, quienes, en habiendo juzgado, mandaban a los justos ir a la derecha y hacia arriba a través del cielo; después de ponerles delante notas de estar ya juzgados; mas a los injustos, ir a la izquierda, hacia abajo, llevando los tales, detrás, notas de todo lo que hicieron. Mas, al acercarse él, haber dicho ellos que era preciso hiciera de mensajero ante los hombres de lo de acá; y le mandaron escuchar y observar todo lo que allí había. Que vio a las almas salir por una de las aberturas del cielo y por otra de la tierra, una vez juzgadas; mas de las dos aberturas, por una de ellas salir de la tierra a las almas resecas y polvorientas: por otra descender otras, puras, del cielo; y que llegaban éstas cual si Jaarecícmn venir de larga peregrinación, e ir gustosas a la pradera a acampar como para un festival; y que se abrazaban las conocidas y que de ellas inquirían las que venían de la tierra lo de Allá; y las que del cielo, lo de la tierra. Que entre ellas referían unos, recordando, lamentándose y llorando, cuánto y qué habían padecido y visto en su peregrinación bajo tierra (peregrinación de mil años); otras, las venidas del cielo, referían lo bien que les había ido, y espectáculos de extraordinaria belleza. En conjunto, Glaucón, largo fuera de contar; mas dijo que lo capital era esto: por cada injusticia hecha por cada uno y a cuánto, de todo se había de pagar la justa pena por turno, diez veces por caso. Esto es: pagarla durante cien años, que tanto dura la vida humana, a fin de que expíen con una expiación décuple por cada injusticia. Y si, por ejemplo, algunos causaron la muerte de muchos; traicionando Ciudades o ejércitos, reduciéndolos a la esclavitud o siendo concausas de cualquier otra fechoría, de todo ello, y de cada caso, pagan con decuplados dolores. Y, a si vez, si hicieron obras de beneficencia y fueron justos y piadosos, se les pagaba lo debido, según la misma proporción. Respecto de las recién nacidos y de los que vivieron poco tiempo, otras cosas, no dignas de recuerdo, refirió Er. Mas por impiedades, y piedades, hacia dioses y padres, y por asesinato con mano propia, señaló pagas mayores aún. [615c] Dijo, por cierto, haberse hallado junto a uno, interrogado por otro acerca de dónde estaba Ardiao el Grande. Este Ardiao fue tirano en cierta ciudad de Panfilía, ya mil años antes de entonces; había matado a su padre viejo, a su hermano mayor, y cometido otros muchos crímenes, como se contaba. Y dijo Er que el interrogado le dijo: "no vino”. dijo, “ni vendrá aquí” [615d] XIV. Contemplamos, pues, de entre los espectáculos terribles éste precisamente: cuando, ya cerca de la boquilla, estábamos para subir y habíamos pasado por todo lo demás, divisamos de repente a él y a otros, de ellos, casi los más, tiranos. Pero había además algunos particulares, grandes criminales. Pensaban ya en subir, mas la boquilla no se lo permitió, sino mugía cuando alguno de los tan incurables por su maldad o alguno de los que no habían pagado la justa pena intentaba subir. Había allí, dijo, varones fieros, cara todo fuego, asistentes; y en percibiendo el mugido, a unos agarrándolos se los llevaban. Pero a Ardiao y otros, atándoles de manos, pies y cabeza, los arrojaban a tierra, despellejaban y arrastraban a lo largo del camino exterior, cardándolos sobre los espinos e indicando a los allí presentes que, y por qué, los llevaban para precipitarlos en el Tártaro. Mas entre los muchos y variados miedos pasados, dijo Er, uno los superaba: ese precisamente de que, al ir a subir le mugiera; y lo más agradable le era a cada uno el que callara. Tales eran las penas y castigos, y, a su vez, los beneficios correlativos a éstos. [616b] Mas después de pasados siete días en la pradera levantándose había que marcharse de allí el octavo, y llegar al cabo de cuatro a un lugar desde el que se descubre, extendiéndose a través de todo el cielo y tierra una luz recta, cual columna, parecida más que a nada al arco iris, empero, más brillante y más puro, a donde llegaron haciendo camino de un día; y allí vieron, hacia la mitad de la luz, los extremos del cielo unidos en la mitad con distendidas cadenas, porque esta luz es ligadura del cielo, cual lo son los cinturones de las trirremes; así ella retiene la rotación entera. Desde los extremos está tendido el huso de Necesidad al derredor del cual giran todas las rotaciones; la vara y rocadero de él son de adamanto; mas el rodete es mezcla de ese y otros materiales. La naturaleza del rodete es ésta: su figura es como la de los de acá; mas, por lo que dijo Er, hay que concebirla como si dentro de un gran rodete hueco y vaciado completamente hubiera otro más pequeño ajustadamente colocado, al modo de esas cajas coajustadas; y parecidamente, un tercero, uN cuarto y otros cuatro, porque son ocho en total los rodetes, colocados unos en otros, pareciendo desde arriba circulares los bordes y formando la superficie continua de un rodete al derredor de la vara que atraviesa de parte a parte el octavo por la mitad. El primero y más exterior rodete tiene el circulo más amplio del borde; el del sexto, el segundo; el del cuarto, el tercero; el cuarto, el del octavo; el sexto, el del quinto; el séptimo, el del tercero; el octavo, el del segundo. Y el círculo de máximo borde está moteada; el del séptimo es el más brillante; el del octavo, obtiene su color por iluminación del séptimo; el de segundo y quinto, son próximos en color, más amarillo que aquellos otros; el tercero, tiene el más blanco color; el cuarto es rojizo; el octavo es segundo en color. El huso entero gira en círculo con movimiento uniforme; mas en la rotación del Todo los siete círculos interiores giran lentamente en sentido contrarío al del Todo. De ellos el más veloz va el octavo; én segundo lugar, y entre sí simultáneos, el séptimo, el sexto y el quinto; el cuarto, les pareció ser tercero en velocidad circular inversa; el tercero, ser cuarto; el quinto, ser segundo. El huso mismo giraba sobre las rodillas de Necesidad. Sobre sus círculos, en lo alto de cada uno, estaba subida una sirena, llevada por la circulación; emitía una nota, un tono; mas de todas las ocho resultaba una armonía de notas concordantes. Otras, sentadas al derredor, a igual distancia, cada una en un trono, hijas de Necesidad: las Moiras —vestidas de blanco, cabezas coronadas de cintillas— Láquesis. Cloto y Atropos cantaban acompañando la armonía de las sirenas; Láquesis, sobre lo pasado; Cloto, sobre lo presente; Atropos, sobre lo futuro. Además, Cloto, con un toque de la mano derecha sobre el huso, hacía girar, a intervalos fijos, el círculo exterior; Atropos, parecidamente, con la derecha, los interiores; mas Láquesis, en medio, con cada mano, alternando, daba un toque a cada uno. [617d] XV. Pues bien: en llegando que llegaron, tuvieron que acudir inmediatamente a Láquesis. Primero, un profeta los colocó en orden; después, tomando de las rodillas de Láquesis suertes y paradigmas de vida, subiendo a un alto estrado, proclamó: “Palabra de la virgen Láquesis, hija de Necesidad: Almas efímeras, este es el comienzo de otro período para el género mortal que lleva consigo su muerte. No será mi daimonio quien os elija, sino vosotros elegiréis al daimonio. El primero que salga, a suerte, escoja la vida que, por necesidad, será la suya. Mas la virtud no reconoce señor; honrándola, y deshonrándola, cada uno adquirirá más o menos de ella. La causa es del elector; dios, no es encausable”. [617e] En diciendo esto, se arrojaron hacia todos las suertes; cada uno agarró la que junto a él había caído, a excepción de Er, al que no se le permitió. Al que agarró le quedó en claro el orden de elección. Después de esto se expusieron por tierra y ante ellos los paradigmas de vida, muchos más que los presentes. Eran de toda clase: vidas de todos los animales y todas las humanas; entre ellas, la de tiranía: de ellas, algunas, vitalicias; pero otras, estropeadas a la mitad y acabando en pobreza, exilio y mendicidad. Había también vidas de varones famosos, unos por su figura y por belleza y por su fortaleza corporal y pugilística; otros, por su nacimiento y — virtudes de los antepasados; y vidas de insignificantes en toda eso; parecidamente, de mujeres. No había orden para las almas, porque la que elegía una vida hacíase, necesariamente, otra. Estaba mezclado lo demás: una cosa con otra, y con riqueza y pobreza; algunas, con enfermedades y salud; otras, un término medio entre eso. Aquí, al parecer, querido Glaucón, está todo el peligro para el hombre; y por esto, sobre todo, hay de procurar cada uno de nosotros, descuidando todas las demás enseñanzas, ser investigador y aprendiz de esta enseñanza, si es que es capaz de aprenderla y de hallar lo que lo haga capaz y entendido en discernir entre vida buena y mala, para escoger siempre en cada caso lo mejor entre lo posible, calculando todo lo que ahora se ha dicho, comparándolo y discerniendo qué aporta para la virtud durante la vida; saber qué mezcla de belleza con pobreza o riqueza, y con qué dase de disposición del alma producirá un mal o un bien; qué producirán nacimientos ilustres u obscuros, vidas privadas y cargos públicos, robustez y debilidad, facilidad o dificultad en aprender; y qué, todo eso de innato en El alma o de adquirido; qué, la mezcla de ello, de modo que, de todo ello, pueda, calculando, escoger, mirando a la naturaleza del alma, la vida mala o la buena; llamando “mala” a la que lo lleve precisamente a hacerse más injusta; y “buena”, a la que más justa; y lo demás, que se vaya a paseo. Porque hemos visto que para viviente y muerto tal es la mejor elección. Manteniendo adamantínamente tal opinión hay que ir a Hades a fin de que en estando allí no se deje impresionar por riquezas y otros males parecidos, y por precipitarse sobre tiranías y otras tales prácticas haga muchos e irremediables males, pero mayores los padezca él mismo, sino sepa escoger siempre la vida intermedia entre tales cosas y huir de los excesos por las dos partes, tanto durante esta vida en lo posible, como en toda la posterior, porque así resultará el hombre más bienaventurado. [619b] XVI. Esto, pues, fue entonces el anuncio del nuncio de Hades; mas el profeta continuó de esta manera: “Aun al último que viniere, si escoge con inteligencia, y vive acordemente, le queda una vida agradable, no mala. Que ni el primero en escoger se descuide; ni el último se desanime”. [619b] En habiendo dicho esto, contó Er que el de la primera suerte se adelantó inmediatamente, y escogió la mayor de las tiranías, y que, por insensatez y avorazamiento, escogió sin haberlo suficientemente considerado; mas ocultósele que el Lote predestinado incluía devorar a sus propios hijos y otros males. Pero después de haberlo mirado detenidamente se dio de golpes y lamentó de la elección, por no haber hecho caso de las profecías del profeta; mas, en vez de echarse a sí mismo la culpa de tales males, la echó a la suerte, daimonios y a todo lo demás, menos a sí mismo. Era él uno de los que venían del cielo, por haber vivido anteriormente en Ciudad ordenada; pero su virtud procedía de la costumbre, mas no de la filosofía. Y contó además haber dicho: que, de los así sorprendidos, no pocos venían del cielo, por no ejercitados en trabajos. Mas de los venidos de la tierra, por haber penado ellos y visto a otros, muchos no hacían de corrida la elección. De lo cual también provenía el que la mayoría de las almas cambiara bienes por males, aparte de la suerte sacada. Porque si cada vez que alguien llega a esta vida de acá, se diera a la sana filosofía, y la suerte para elegir no le cayera entre los últimos, probablemente por lo que del Allá se cuenta, no sólo viviría Acá feliz, sino también haría su peregrinación de Acá para Allá, y, a su turno, para Acá, no por áspero camino terrestre, sino por uno liso y celestial. [619d] «ἄνευ φιλοσοφίας ἀρετῆς μετειληφότα. ὡς δὲ καὶ εἰπεῖν, οὐκ ἐλάττους εἶναι ἐν τοῖς τοιούτοις ἁλισκομένους τοὺς ἐκ τοῦ οὐρανοῦ ἥκοντας, ἅτε πόνων ἀγυμνάστους: τῶν δ᾽ ἐκ τῆς γῆς τοὺς πολλούς, ἅτε αὐτούς τε πεπονηκότας ἄλλους τε ἑωρακότας, οὐκ ἐξ ἐπιδρομῆς τὰς αἱρέσεις ποιεῖσθαι. διὸ δὴ καὶ μεταβολὴν τῶν κακῶν καὶ τῶν ἀγαθῶν ταῖς πολλαῖς τῶν ψυχῶν γίγνεσθαι καὶ διὰ τὴν τοῦ κλήρου τύχην: ἐπεὶ εἴ τις ἀεί, ὁπότε εἰς τὸν ἐνθάδε βίον ἀφικνοῖτο, ὑγιῶς φιλοσοφοῖ» (Burnet, 619d) [620a] «αἱ ψυχαὶ ᾑροῦντο τοὺς βίους: ἐλεινήν τε γὰρ ἰδεῖν εἶναι καὶ γελοίαν καὶ θαυμασίαν. κατὰ συνήθειαν γὰρ τοῦ προτέρου βίου τὰ πολλὰ αἱρεῖσθαι. ἰδεῖν μὲν γὰρ ψυχὴν ἔφη τήν ποτε Ὀρφέως γενομένην κύκνου βίον αἱρουμένην, μίσει τοῦ γυναικείου γένους διὰ τὸν ὑπ᾽ ἐκείνων θάνατον οὐκ ἐθέλουσαν ἐν γυναικὶ γεννηθεῖσαν γενέσθαι: ἰδεῖν δὲ τὴν Θαμύρου ἀηδόνος ἑλομένην: ἰδεῖν δὲ καὶ κύκνον μεταβάλλοντα εἰς ἀνθρωπίνου βίου αἵρεσιν, καὶ ἄλλα ζῷα μουσικὰ ὡσαύτως. εἰκοστὴν δὲ λαχοῦσαν ψυχὴν ἑλέσθαι λέοντος βίον: εἶναι δὲ τὴν Αἴαντος τοῦ Τελαμωνίου, φεύγουσαν ἄνθρωπον γενέσθαι, μεμνημένην τῆς τῶν ὅπλων κρίσεως. τὴν δ᾽ ἐπὶ τούτῳ Ἀγαμέμνονος: ἔχθρᾳ δὲ καὶ ταύτην τοῦ ἀνθρωπίνου γένους διὰ τὰ πάθη ἀετοῦ διαλλάξαι βίον. ἐν μέσοις δὲ λαχοῦσαν τὴν Ἀταλάντης ψυχήν, κατιδοῦσαν μεγάλας τιμὰς ἀθλητοῦ ἀνδρός, οὐ δύνασθαι παρελθεῖν, ἀλλὰ λαβεῖν. μετὰ δὲ ταύτην ἰδεῖν τὴν Ἐπειοῦ τοῦ Πανοπέως εἰς τεχνικῆς γυναικὸς ἰοῦσαν φύσιν: πόρρω δ᾽ ἐν ὑστάτοις ἰδεῖν τὴν τοῦ γελωτοποιοῦ Θερσίτου πίθηκον ἐνδυομένην. κατὰ τύχην δὲ τὴν Ὀδυσσέως λαχοῦσαν πασῶν ὑστάτην αἱρησομένην ἰέναι, μνήμῃ δὲ τῶν προτέρων πόνων φιλοτιμίας λελωφηκυῖαν ζητεῖν περιιοῦσαν χρόνον πολὺν βίον ἀνδρὸς ἰδιώτου ἀπράγμονος, καὶ μόγις εὑρεῖν κείμενόν που καὶ παρημελημένον» (Burnet, 620a–620c) [620d] Mas después de haber escogido todas las almas sus vidas, se encaminaron hacia Láquesis, según el orden del sorteo. Vio que ella daba a cada uno el daimonio que había escogido para que la acompañara de guardián durante la vida y cumpliera con lo elegido. Primero el daimonio la llevaba a Cloto; poníala bajo su mano y bajo el giro del huso impelido por ella, ratificando la suerte que, en el sorteo, escogió. Tomando por la mano, de nuevo, el daimonio al alma la llevaba a la trama de Atropos para hacer irrevocable lo ratificado; de aquí sin volverse pasaba bajo el trono de Necesidad; y, pasando a la otra parte, después de haber pasado las demás, marchaban todas a la llanura del Leteo, en medio de calor sofocante y terrible, porque estaba vacío de árboles y de cuanto cría la tierra. Contó que acampaban ya hacia la tarde junto al río Ameles, cuyas aguas no hay vaso que las guarde; que a todas les era necesario beber una medida de tal agua; pero que a quienes la prudencia no salva beben más de la medida. Quien la bebe se olvida por jamás de todo. Después, quédanse dormidos; mas a media noche sobrevienen truenos y terremoto, y por ello salir disparado cada uno por su parte hacia Alto, hacia renacimiento, cual estrellas fugaces. Contó que a él le impidieron beber del agua. De qué manera y cómo revirtió al cuerpo, no la sabía de cierto; sino que, levantando la vista, se había al alba visto colocado sobre la pira. [621b] Y así, Glaucón, ha quedado a salvo el mito y no se ha perdido; y nos salvaría si lo creyéramos; y atravesaremos felizmente el río Leteo y no ensuciaremos el alma. Pero si me creéis y os persuadís de que el alma es inmortal y capaz de aguantar todos los males y todos los bienes, tomaremos El camino hacia lo Alto, y nos ocuparemos de todas las maneras de la justicia y sapiencia, a fin de que nos amemos y nos amen los dioses, mientras aquí permanezcamos y después de ganar los premios de la justicia, cual los vencedores, llevados en triunfo por el mego. Y la pasemos bien, aquí, y en esa milenaria peregrinación que hemos descrito. ## Notes [1] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [2] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca.