Los Rivales — Plato =================== ΕΡΑΣΤΑΙ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/rivals/ This file: https://plato-scroll.com/text/rivals-h.txt Other editions of this work: - W.R.M. Lamb: https://plato-scroll.com/text/rivals.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/rivals-e.txt - Floyer Sydenham, ed. Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/rivals-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [132a] Entré en casa de Dionisio el gramático y vi allí de entre los jóvenes algunos, al parecer, de los de mejor ver, e hijos de padres famosos, y sus enamorados. Casualmente estaban discutiendo dos de los muchachos. ¿Sobre qué?, no llegué a ofrlo.;Parece que sobre Anaxágoras o Enópides, porque describían, claramente, círculos, e imitaban con las manos inclinaciones, a la vez que se inclinaban, —todo con gran interés. Mas yo, sentado junto al enamorado de uno de ellos, dándole con el codo le pregunté en qué se interesaban tanto los dos muchachos, y le dije: “¿Algo grande y bello es, ciertamente, en lo que tanto interés ponen?”. [132b] Mas él, respondiéndome, dijo: "¿Que si es algo grande y bello?”; están charlando acerca de los astros y parloteando de filosofía. [132c] Y yo, admirado de su respuesta, dije: “Jovencito, ¿tan feo te parece eso de filosofar?, ¿o por qué hablas tan rudamente?”. [132c] Y el otro, su rival en amores, que casualmente estaba sentado a su vera, oyendo lo que yo preguntaba y él respondía, dijo: “Nada sacas para ti, Sócrates, preguntando a éste si tiene por feo el filosofar; ¿que no sabes que pasa su vida entera en luchas, comilonas y durmiendo?, de modo que, ¿qué otra cosa crees va a responder sino que la filosofía es algo feo?”. [132d] Mas de los dos enamorados, éste se ocupaba de Música; el otro, a quien éste insultaba, de gimnástica. Me pareció, pues, deber dejar al otro, al interrogado, ya que ni él mismo se las daba de ser experimentado en razonamientos, sino en obras; mas no, al que se las daba de más sabio en respuestas. Dijele, pues: "Mi pregunta iba para los dos en común; pero si tú crees poder más bellamente que él, a ti te pregunto lo que a él: si te parece que filosofar es algo bello o no”. [132d] Apenas, pues, los muchachitos oyeron que hablábamos se callaron y, cesando de discutir, hiciéronse oyentes nuestros. [133a] Y qué les pasó a los enamorados, no lo sé; pero sí, que yo quedé trastornado, que siempre me trastornan los jóvenes y los bellos. Me pareció, por cierto, que el otro no estaba menos turbado que yo; mas no por ello dejó de responderme, y bien vanagloriosamente, diciendo: “Si yo tuviera, Sócrates, por algo feo el filosofar, no me tendría a mí mismo por hombre ni a ningún otro de parecido estado”, indicándome al rival-enamores y hablando en voz bien alta para que su doncel le oyera. [133a] Mas yo añadí: “Luego, ¿te parece algo bello el filosofar?”. [133a] Absolutamente”, respondió. [133a] “Pues bien”, añadí; "¿te parece poder saber de algo si es bello o feo, si no se principia por saber qué es?", “No”, dijo. [133c] “Sabes, pues, continué, ¿qué es filosofar?”. [133c] “Perfectamente”, respondió. [133c] “Pues, ¿qué es?”, pregunté. [133c] “Peto, ¿qué otra cosa sino lo de Solón?, porque Solón dijo: Envejezco, aprendiendo siempre más y más. Y me parece que así es como ha de aprender quien se dé a filosofar, tanto que sea joven como viejo, a fin de aprender Cuanto más mejor durante la vida”. [133c] Y a mí. Por lo pronto, me pareció algo bien dicho; mas repensándolo le pregunté si creía ser la filosofía erudición. [133c] A lo cual él respondió: “Enteramente”. [133c] “Pero, ¿tienes a la filosofía por algo bello solamente o también por bueno?”, añadí yo. [133d] “También, por bueno, y mucho”, —respondió. [133d] “¿Ves, pues, esto cual algo peculiar de la filosofía o te parece hallarse parecidamente en otras cosas? Ejemplo: ¿tienes a la filo-gimnasia por no solamente bella, sino también por buena? ¿O no?”. [133d] Mas él, con gran ironía, me dio dos respuestas: “para aquél, dígase que no es ni lo uno ni lo otro; para ti, Sócrates, admito que es además de bella buena, porque créolo correcto”. [133e] Le pregunté, pues: “¿También, pues, crees que la filo-gimnasia consiste en la multitud de ejercicios en los gimnasios?”. [133e] Y él me respondió: “Absolutamente, del mismo modo que creo consistir la filosofía en la erudición en el filosofar”. [133e] Y yo le dije: “Pero, ¿crees que amantes-de-la-gimnasia anhelan otra cosa sino ésta: llegar a tener el cuerpo en buen estado?”. [133e] “Esa precisamente”, respondió. [133e] Mas repliqué yo: “¿Es, pues, la multitud de ejercicios la que causa el buen estado del cuerpo?”. [133e] Respondió: “¿Quién llegaría a tener con pocos ejercicios el cuerpo en buen estado?”. [134a] Me pareció ya aquí deber movilizar al amante-de-la-gimnasia en mi socorro, con su experiencia de la gimnástica. Después de lo cual le pregunté: “Pero, ¿por qué te nos callas, excelente, ante lo que éste está diciendo? ¿Te parece que los hombres llegan a tener el cuerpo en buen estado mediante la multitud de ejercicios o mediante los adecuados?”. [134a] Respondió: “Creería, Sócrates, que, como dice el refrán, «aun un cerdo conocería» que los ejercicios adecuados son los que ponen a los cuerpos en buen estado; y, ¿por qué no, a un varón insomne, mal comido, flojo de cuello y flaco por pensativo?”. Oyéndole decir esto, los muchachos moviéronse a risa; pero el otro, se ruborizó. [134b] Y yo dije: “Pues, ¿qué?; concedes ya el que ni los muchos hi los poros ejercicios son los 'que ponen en buen estado los cuerpos de los hombres, sino los adecuados? ¿O contra nosotros dos defenderás fu razonamiento?”. [134b] Y respondió aquél: “Contra éste, por cierto, combatiría gustosísimamente; y sé bien que soy capaz de sostener la proposición por mí, y aun otra más floja que aquella que propusiera, —nada importa; mas contra ti no tengo por qué tratar de vencer con paradojas, sino admito que no son los muchos, sino los adecuados ejercicios los que producen en los hombres el bienestar”. [134b] “Pero, ¿qué en cuanto a las alimentos: los adecuados o los muchos?”, dije yo. [134b] Y lo admitió en cuanto a los alimentos. [134d] Más aún: le forcé yo mismo a admitir que, respecto también de lo demás concerniente al cuerpo, es más provechoso lo adecuado, y no lo mucho ni lo poco; y me concedió que lo adecuado. [134d] Pero, ¿qué, añadí, respecto del alma?: ¿le es provechoso lo adecuado o lo inadecuado en lo que se le da?”. [134d] “Lo adecuado”, respondió. [134d] “Pues bien: una de las cosas que al alma se dan, ¿no son también las enseñanzas?”. [134d] Lo admitió. [134d] “¿Luego de éstas lo adecuado aprovecha; pero no, lo mucho?”. [134e] “Pues bien: de preguntar, ¿a quién preguntaríamos por cuales son los ejercicios y alimentos adecuados al cuerpo?”. [134e] Convinimos los tres en que al médico o adiestrador. [134e] “Pero acerca de sembrar semillas, ¿a quién, sobre cuánto es lo adecuado?”. [134e] Y convinimos que, en este punto, al agricultor. [134e] “Pero acerca de plantar y sembrar en el alma enseñanzas, caso de preguntar, ¿a quién preguntaríamos justamente sobre cuánto y cuál es lo adecuado?”. [134e] Llegados aquí, todos quedamos ya desconcertados. Y yo, en juego, les pregunté: “¿Queréis”, dije, “puesto que nosotros estamos desconcertados que le preguntemos a los muchachos? ¿Que tal vez nos avergonzamos, cual refiere Homero de los pretendientes: que uno no se dignaba dejar que otro entesara el arco?”. [135a] Pues bien: cuando me pareció estaban desanimados para seguir este razonamiento, traté de ponerlo en consideración de otra manera, y dije: “¿Cuáles conjeturamos ser, sobre todo, de entre las enseñanzas las que ha de aprender el filosofante, ya que ni todas ni muchas?”. [135b] Interviniendo, pues, el más sabio dijo: “Que, de entre las enseñanzas, aquellas serían las más bellas y convenientes de las que se reportara en filosofía la mayor reputación. Mas se reportaría la mayor reputación mostrándose experto en todas las artes; pero, si no, en cuantas más mejor; y, sobre todo, en las más renombradas, aprendiendo de ellas las que conviene aprendan los libres: cuantas tienen que ver con la inteligencia; no, cuantas con manualidades”. [135b] “Así que”, añadí yo, “¿lo dices refiriéndote a lo que pasa en arquitectura?, porque allí pagarías por un albañil cinca o seis minas; mas por un superior arquitecto, no menos de diez mil dracmas; que, por cierto, son pocos aún en toda Grecia. ¿Algo sí es lo que dices?”. Y, en oyéndolo, me concedió además que eso es lo que decía. [135c] Mas le pregunté si no sería imposible el que el mismo aprendiera de este modo dos artes solamente, no se diga muchas e importantes. [135c] Pero me respondió: “No supongas, Sócrates, que digo sea preciso que el filosofante sea un científico en cada una de las artes, tan exactamente como el poseedor de tal arte; sino lo decoroso a varón libre y educado, y que sea capaz de seguir las explicaciones del artesano mejor que los presentes y aportar él mismo una opinión tal que parezca más dotado y sabio que los habitualmente presentes, en cuanto a vocabulario y prácticas en las artes”. [135d] Y yo, por no entender aún del todo qué quería con tal razonamiento, le dije: “Llego a comprender qué dices ser el varón filósofo, porque me pareces decir son cual en los combates los pentatlas respecto de los corredores y luchadores. Porque, en efecto, aquéllos quédanse tras éstos en sus ejercicios propios y en segundo lugar respecto de ellos; pero respecto de los demás atletas resultan los primeros y los vencen. Tal vez, pues, algo así dices producir el filosofar en los que emprenden tal empresa: quédanse atrás de los primeros en inteligencia de las artes; mas por tener el segundo lugar son superiores a los restantes. Y así resulta el varón dedicado a filosofía un segundón. Me parece que a alguien así me describes”. [136a] "Bella y claramente, Sócrates”, replicó, “has captado lo propia del filósofo al asemejarlo al pentatla, porque, sencillamente, el tal no es capaz de dedicarse a una sola cosa ni haber trabajado nada a la perfección, de manera que por esmerarse en una sola cosa no se queda atrás en todas las demás, cual los artesanos, sino lo toca todo con mesura”. [136b] Tras esta respuesta, anhelando saber claramente qué decía, quise enterarme de si suponía que los buenos son útiles o inútiles. [136b] “Útiles, por cierto, Sócrates”, dijo. [136b] “Si, pues, los buenos son útiles, ¿los malos son inútiles?”. [136b] Convino en ello. [136b] “Pero, ¿qué?; ¿a los varones filósofos los tienes o no por útiles?”. [136b] Convino en que son útiles, y aun afirmó que los tenía por - de los más útiles. [136c] “Sea así; veamos, si dices verdad, en qué nos son útiles aun tales varones segundones. Porque es cosa clara que el Filósofo es inferior respecto de cada uno de los poseedores de una arte”. [136c] Convino en ello. [136c] “Sea así”, añadí yo; “si acaeciera enfermarte tú mismo o alguno de tus amigos en los que tienes gran interés, y quisieras adquirir la salud, ¿traerías a casa a aquel segundón (al filósofo) o tomarías un médico?”. [136d] “Por mí, a ambos”, dijo. [136d] “No me digas ambos”, repliqué, “sino cuál más bien y antes”. [136d] “Ninguno”, respondió, “dudaría de que al médico, más bien y antes”. [136d] “Pero, ¿qué?: en nave y durante tempestad, ¿a quién te encomendarías tú y lo tuyo: más, al piloto o al filósofo?”. [136d] “Yo, por cierto, al piloto”. [136d] “Según esto, también parecidamente en todo lo demás: mientras haya un artesano, ¿es inútil el filósofo?”. [136e] “Según esto, ¿nos está siendo inútil el filósofo?, porque siempre tenemos por ahí artesanos. Mas, ¿no convinimos en que los buenos son útiles; pero los malos, inútiles?". [136e] Forzoso le fue convenir en ello. [136e] “Pues bien, lo siguiente te lo pregunto, ¿o fuera descortesía preguntarlo?”. [136e] “Pregunta lo que quieras”. [136e] “No busco por cierto”, dije, “sino convenirnos una vez más en lo dicho. ¿Se ha así?: Convinimos en que la filosofía es algo bello (y que lo son los filósofos); mas que los filósofos son buenos, que los buenos son útiles; mas los malos, inútiles. Una vez más: convinimos en que, mientras haya artesanos, los filósofos son inútiles, y en que hay siempre artesanos. ¿No es esto lo convenido?”. [137a] “Absolutamente”, contestó. [137a] “Luego convinimos, al parecer, según tu propio razonamiento, en que, si filosofar es ser entendido en las artes de la manera que tú dices, son los filósofos malos e inútiles, mientras haya entre los hombres artes. Mas, querido, tal vez no sea así: ni que filosofar sea interesarse en las artes ni vivir metiéndose y tanteándolo todo ni en hacerse erudito, sino en algo diverso, ya que yo he creído ser todo esto un insulto y que a los empeñados en las artes hay que llamarlos “menestrales”. Pero sabremos más claramente si es verdad lo que digo si me respondes a esto: ¿quiénes saben de domar correctamente caballos?: ¿quienes los mejoran, u otros?”. [137c] “Precisamente quienes los mejoren”. [137c] “Pero, ¿qué?: quiénes saben de mejorar perros, ¿no son los mismos que quienes saben de domesticarlos correctamente?”. [137c] “¿Luego es la misma arte la que mejora y doma correctamente?”. [137c] “Me lo parece”, dijo. [137c] “Pero, ¿qué?: precisamente esa arte que mejora y doma » ¿La que enseña a tejar correctamente, ¿es la misma que conoce además los buenos y los malos, o alguna otra?”. [137c] “La misma”, afirmó. [137c] “Querrás, pues, admitir esto mismo respecto de hombres: ¿que la que los mejora es la misma que, además, los doma y discierne buenos de malos?”. [137d] Así, pues: ¿la que, a uno, también a muchos; y la que a muchos, también a uno?”. [137d] “S “¿Tanto, respecto de caballos y, Parecidamente, respecto todos los demás?"”. "Lo afirmo”. “¿Cuál es, pues, la ciencia que doma correctamente en las a los disolutos y transgresores de las leyes? ¿No es judicial?”. “Sí, ¿Y a alguna otra llamas «justicia», sino a ésta?”. "No, sino a ésta”. “Aquella por la que se doma correctamente, ¿no Es, según la misma por la que, además, se conoce a los buenos y a malos?”. “Por ella”. “Y quien conozca a uno, ¿conocerá también a muchos?”. “S. “Y quien conozca a muchos, ¿también a uno?”, “Lo afirmo”. “Y si un buey no conociera, aun siéndolo, a los malos y (bueyes), ¿desconocería también qué es él mismo?”. “SÍ”, dijo. “¿Parecidamente, también, si un perro?”. Convino en ello. “Pero, ¿qué?: si un hombre, aun siéndolo, desconoce qué son los buenos y los malos, ¿no desconocerá si él mismo es bueno o malo, ya que él mismo es hombre?”. Convino en ello. "Mas desconocerse a sí mismo, ¿es ser sapiente o no “No ser sapiente”. “¿Luego conocerse a sí mismo es ser sapiente?”. [138a] ¿“Lo afirmo”, dijo. “Luego esto es, al parecer, lo que nos recomienda la insde Delfos: practicar sapiencia y justicia”, “Parece”, a «τί δ᾽; ἐπειδὰν ἄνθρωπός τις ὢν ἀγνοῇ τοὺς χρηστοὺς καὶ μοχθηροὺς ἀνθρώπους, ἆρ᾽ οὐχ αὑτὸν ἀγνοεῖ πότερον χρηστός ἐστιν ἢ πονηρός, ἐπειδὴ καὶ αὐτὸς ἄνθρωπός ἐστιν; συνεχώρει. τὸ δὲ αὑτὸν ἀγνοεῖν σωφρονεῖν ἐστιν ἢ μὴ σωφρονεῖν; μὴ σωφρονεῖν. τὸ ἑαυτὸν ἄρα γιγνώσκειν ἐστὶ σωφρονεῖν; φημί, ἔφη. τοῦτ᾽ ἄρα, ὡς ἔοικε, τὸ ἐν Δελφοῖς γράμμα παρακελεύεται, σωφροσύνην ἀσκεῖν καὶ δικαιοσύνην. ἔοικεν. τῇ αὐτῇ δὲ ταύτῃ καὶ κολάζειν ὀρθῶς ἐπιστάμεθα; ναί.» (Burnet, 138a) [138a] Mas con esa misma virtud, ¿no llegaremos también a saber corregir correctamente?”. [138a] “¿Es, pues, la justicia precisamente por lo que sabemos corregir correctamente; mas es la sapiencia, por lo que nos conocemos distintamente a nosotros mismos y a los otros?". [138b] “¿Luego son la misma cosa justicia y sapiencia?”. [138b] “Así que también están bien regidas las Ciudades cuando los malhechores pagan la justa pena”. [138b] “Luego tal es la política”. [138b] Convino en ello. [138b] “Más qué cuando un solo varón gobierne correctamente Ciudad, ¿no es su nombre el de tirano y rey?”. [138b] “Lo afirmo”. [138b] “¿Así que gobierna con arte real y tiránica?”. [138b] “Así es”. [138c] “¿Y son estas artes las mismas que aquéllas?”. [138c] “Parecen evidentemente serlo”. [138c] "Pero qué cuando un varón gobierna, él sólo, una casa, ¿cuál es su nombre?; ¿no, el de administrador y señor?”. [138c] “¿También, pues, éste gobierna bien la casa por la justicia o por alguna otra arte?”. [138c] “Por la justicia”. [138c] “Luego son la misma cosa, al parecer, rey, tirano, político, ecónomo, señor, sapiente, justo. Y una misma arte es real, tiránica, política, señorial, económica; justicia y sapiencia”. [138d] “¿No será, rucs, vergonzoso para un filósofo, cuando un médico está hablando de algo concerniente a los enfermos, no poder seguir lo que se dice ni aportar nada a lo que se dice o hace?; y parecidamente, cuando otros cualquiera de los artesanos. Mas cuando sea juez, rey u otro alguno de los acabados de mencionar, ¿no es vergonzoso en este caso el no poder ni seguir ni colaborar?”. [138d] “Pero, Sócrates, ¿cómo no va a ser vergonzoso no tener nada que aportar en tan graves asuntos?”. [138e] “Digamos, pues, más bien", añadí, “que ha de ser el filósofo un pentatleta y segundón, y, por cierto, así llevarse en todo los segundos puestos; ser inútil mientras sea uno de éstos, o, primero, no encomendar su propia casa a otro ni tener en esto el segundo puesto, ¿sino que ha de corregirse juzgando rectamente, si ha de administrar bien su propia casa?”. [138e] Convino conmigo en ello. [138e] “Además: si los amigos se encomiendan a su arbitraje, o si la Ciudad le ordena examinar o juzgar algo, ¿no sería, por cierto, vergonzoso, compañero, mostrarse en tales casos segundón o tercerón, y no conductor?”. [139a] “Me lo parece”. [139a] “Luego, óptimo, mucho falta para que el filosofar sea, según nosotros, erudición y trato con las artes”. [139a] Mas, en diciendo yo esto, el sabio, avergonzado de lo que anteriormente dijera se calló; pero el ignorante afirmó ser de aquella otra manera. Y los demás alabaron lo dicho.