El Político — Plato =================== ΠΟΛΙΤΙΚΟΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/stm/ This file: https://plato-scroll.com/text/stm-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/stm.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/stm-b.txt - H.N. Fowler (Loeb, 1925): https://plato-scroll.com/text/stm-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/stm-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/stm-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [257a] Sócrates: Por cierto, Teodoro, que te debo muchas gracias por el conocimiento de Teeteto, y también por el del Extranjero. [257a] Teodoro: Tal vez, Sócrates, me las deberás triplicadas cuando los dos hayan terminado para ti el Político y el Filósofo. [257a] Sócrates: Sea así; ¿afirmaremos, querido Teodoro, haber oído eso de “triple” de boca del más potente en cálculos y en geometría? [257b] Teodoro: ¿Cómo?, Sócrates. [257b] Sócrates: Par tratar a cada uno de esos varones cual si fueran de la misma dignidad, cuando distan entre sí en valor más de lo expresable según las cuentas de vuestra arte. [257b] Teodoro: Bien, por cierto, Sócrates, por nuestro dios Ammón; y justamente, me reprochaste a punto, recordándome, un error de cálculo. Te lo pagaré en otra oportunidad. Mas tú, Extranjero, no te canses de hacernos favores, sino que, eligiendo al varón político o al filósofo, expón al elegido. [257c] Extranjero: Es lo que vamos a hacer, Teodoro, una vez que lo hemos emprendido; y no lo abandonaremos hasta llevarlo a debido término. ¿Mas qué he de hacer con Teeteto? [257c] Teodoro: ¿Respecto de qué? [257c] Extranjero: ¿Lo dejaremos en paz, tomando en su lugar a su compañero de gimnasia, precisamente a este Sócrates? ¿O qué me aconsejas? [257c] Teodoro: Tómalo, como lo dijiste, porque, siendo jóvenes ambos, sobrellevarán todo el trabajo, dejándoles descansar. [257d] Sócrates: No sería raro, Extranjero, que ambos tuvieran conmigo un cierto parentesco, porque afirmáis que uno de ellos parece asemejárseme en los rasgos del rostro; el otro, tiene mi mismo nombre, y tal denominación nos da un — cierto aire de familia; así que, por parientes, nos reconoceremos siempre con gusto al dialogar. Por cierto que, con Teeteto, establecí yo mismo ayer comercio de razones y ahora mismo he oído cómo te responde; mas, con Sócrates, ninguna de las dos cosas; mas es preciso ponerlo también a prueba. Que me responda, pues, a mí en otro turno; que te responda a ti, ahora. [258a] Extranjero: Así será, Sócrates, ¿has oído a Sócrates? [258a] Sócrates: Sí. [258a] Extranjero: ¿Convienes en lo que dice? [258a] Sócrates: Del todo. [258b] Extranjero: Por su parte, no parece haber inconveniente; por mi parte, no ha de haberlo. Mas es mi parecer que, después del Sofista, es necesario escudriñemos al varón político. Dime: lo pondremos, sí o no, ¿también a él entre los sabios? [258b] Sócrates: Sí. [258b] Extranjero: ¿Dividiremos, pues, las ciencias, como cuando estudiábamos al sofista? [258b] Sócrates: Es aceptable. [258b] Extranjero: Mas me parece, Sócrates, que el corte no es el mismo. [258b] Sócrates: Entonces ¿qué? [258c] Extranjero: Que es diferente. [258c] Sócrates: Parece. [258c] Extranjero: ¿Cómo se encontrará el sendero del político?, porque hay que encontrarlo; y, separándolo de los demás, sellarlo con una sola idea; y a los desvíos de él darles a cada uno, cual signo, un eidos diferente, haciendo así que nuestra alma intuya que todas las ciencias están divididas entre dos eídoses. [258c] Sócrates: Esto, creo, es ya cosa tuya, Extranjero; y ya no, mía. [258c] Extranjero: Por cierto que también, Sócrates, ha de ser tuya, una vez que esté aclarada. [258d] Sócrates: Bellamente dicho. [258d] Extranjero: Pues bien: la aritmética y otras artes, congéneres con ellas, no están desnudas de acción, ¿mas proporcionan sólo conocimiento? [258d] Sócrates: Así es. [258d] Extranjero: Pero las artes que tratan de edificación y de cualquier otra obra manual tienen la ciencia innata e intrínseca en las acciones, y, juntas, producen finalmente, por su — virtud, cuerpos que vienen al ser después de no haber sido. [258e] Sócrates: ¿Y qué? [258e] Extranjero: Divide de esta manera el conjunto de las ciencias: llama a una práctica; a otra, solamente cognoscitiva. [258e] Sócrates: Sean, pues, según tú, dos los eídoses de la ciencia, una en conjunto. [258e] Extranjero: ¿Afirmaremos, pues, que el político es rey, dueño de esclavos y señor de su casa, diciendo que todo esto es una sola cosa, o que hay tantas artes cuantos nombres hemos pronunciado? Sígueme más bien en estotro... [258e] Sócrates: ¿En qué? [259a] Extranjero: En esto: si uno, aun siendo un particular, fuera capaz de dar consejos a uno de los médicos públicos, ¿no habría que llamarlo con el mismo nombre de la arte que el del aconsejado? [259a] Sócrates: Sí. [259a] Extranjero: Pues bien: si un particular; aun siendo tal, fuera diestro en aconsejar a varón, reinante en una región, ¿no afirmaríamos que posee el tal la ciencia que haría falta poseyera el soberano mismo? [259a] Sócrates: Lo afirmaremos. [259a] Extranjero: Mas, por cierto, ¿no es ciencia regia la que es propia del verdadero rey? [259b] Sócrates: Sí. [259b] Extranjero: Pero quien la posea, resulte ser soberano o particular, ¿no habrá de ser llamado, justamente, “real”, por virtud de tal arte? [259b] Sócrates: Justo es, por cierto. [259b] Extranjero: Y lo mismo, respecto de señor de su casa y dueño de esclavos. [259b] Sócrates: ¿Cómo no? [259b] Extranjero: Pues bien: ¿hay alguna diferencia, en cuanto a gobierno, entre la contextura de una casa grande y de una ciudad pequeña? [259b] Sócrates: Ninguna. [259c] Extranjero: Según esto, pues, respecto de lo que estamos estudiando, es evidente que de todo ello trata la misma ciencia; y que, llámesela “real” o “política” o "económica”, por ello no vamos a discutir. [259c] Sócrates: Pues, ¿para qué? [259c] Extranjero: Empero, es evidente que es poco lo que todo rey, con sus manos y cuerpo entero, puede hacer para conservar el poder, respecto de lo que puede hacer con agudeza y fuerza de alma. [259c] Sócrates: Es evidente. [259c] Extranjero: ¿Quieres, pues, que afirmemos que el rey encaja mejor en la arte cognoscitiva que en las manuales y, en general, en las prácticas? [259d] Sócrates: ¿Cómo no? [259d] Extranjero: ¿Convendremos, pues, en que arte política y político, arte regía y rey forman, todo ello, una cierta unidad? [259d] Extranjero: ¿No procederíamos por su orden, si, después de la dicho, dividiéramos la arte cognoscitiva? [259d] Sócrates: Enteramente de acuerdo. [259d] Extranjero: Pon, pues, atención, ¿en si mentalmente no descubriríamos, dentro de ella, una doble naturaleza? [259d] Sócrates: Explica cuál. [259e] Extranjero: Esta tal: la calculatoria era, según nosotros, una cierta arte. [259e] Sócrates: Sí. [259e] Extranjero: Creo que es, de todas maneras, una de las artes cognoscitivas. [259e] Sócrates: ¿Cómo no? [259e] Extranjero: Una vez que la calculatoria haya conocido diferencias entre los números, ¿qué otra tarea le daremos sino la de juzgar lo conocido? [259e] Sócrates: ¿Cuál otra? [259e] Extranjero: Es que ningún arquitecto es, él mismo, obrero; sino jefe de obreros. [259e] Sócrates: Sí. [259e] Extranjero: Aportando conocimiento, y no trabajo de manos. [259e] Extranjero: Así que se diría ajustadamente que participa de la ciencia cognoscitiva. [260a] Sócrates: Perfectamente. [260a] Extranjero: Empero, una vez que haya juzgado, creo que no está bien el que dé todo por terminado y se vaya, cual se fue ya el calculista, sino conviene que mande a cada uno de los obreros lo correspondiente, hasta que el proyecto quede ejecutado. [260a] Sócrates: Correctamente. [260a] Extranjero: Según esto, pues, todas estas ciencias y cuantas acompañan al cálculo son cognoscitivas, mas difieren tales dos géneros entre sí en que el uno juzga; pero el otro dirige. [260b] Extranjero: Si, pues, dentro de la ciencia cognoscitiva en conjunto, hablásemos distinguiendo, entre una parte directiva y otra judicativa, ¿afirmaríamos haber distinguido cuidadosamente? [260b] Sócrates: Sí, según mi opinión, por cierto. [260b] Extranjero: Empero, agradable es que concuerden mentalmente quienes hacen algo en común. [260b] Sócrates: Pero, ¿cómo no? [260b] Extranjero: Mientras, pues, trabajemos ahora en común, enviemos a paseo las opiniones de los otros. [260b] Sócrates: ¿Cómo no? [260c] Extranjero: Sea, pues, así; ¿en cuál de estas dos artes colocaremos al varón regio?: ¿en el arte judicativa, cual si fuera un espectador, o más bien lo colocaremos, ya que manda, como si perteneciera a la arte directiva? [260c] Sócrates: Pues ¿cómo no así más bien? [260c] Extranjero: Habría, pues, a su vez que considerar si la arte directiva se divide de alguna manera. Y me parece que de ésta: a la manera como la arte de los buhoneros se distingue de la de los vendedores productores, así también el — género regio se distingue del de los heraldos. [260d] Sócrates: ¿Cómo? [260d] Extranjero: Los buhoneros comienzan por adquirir productos ajenos; después, los revenden. [260d] Sócrates: Así es del todo. [260d] Extranjero: Así también el linaje de los heraldos, recibidas órdenes de otros, las intiman a su vez a otros. [260d] Sócrates: Verdaderísimo. [260d] Extranjero: Pues ¿qué?: ¿refundiremos en uno el arte del rey con el del intérprete, del cómitre, del adivino, del — heraldo y otras muchas congéneres con éstas, todas las cuales tienen que ver con dirigir? ¿O quieres que, según nuestra actual comparación, forjemos a su semejanza un nombre, ya que casi da la casualidad de que el género de los autodirectores está aún sin nombre, y que dividamos esto de esta manera, poner el género de los reyes en la arte autodirectiva; mas pasar por alto todo el otro género, dejando correr eso de ponerle otro nombre?, porque nuestro estudio versa sobre el rey, y no sobre lo contrario a él. [261a] Sócrates: Así es del todo. [261a] Extranjero: Ya que hemos separado adecuadamente este género de los demás, definiéndolo según la relación de propio a ajeno, es preciso dividirlo una vez más, si es que tenemos todavía algún corte que a ello se preste. [261a] Sócrates: Enteramente de acuerdo. [261a] Extranjero: Me parece, por cierto, que lo tenemos; pero acompáñame y divide. [261a] Sócrates: ¿Cómo? [261a] Extranjero: Respecto de todos los jefes que, pensamos, se sirven de directivas, ¿no hallaremos que ordenan en vistas a una cierta producción? [261b] Sócrates: ¿Cómo no? [261b] Extranjero: “No es, por cierto, extraordinariamente difícil dividir todas las producciones en dos clases. [261b] Sócrates: ¿Cómo? [261b] Extranjero: De todas ellas, unas son inanimadas; las otras, animadas. [261b] Sócrates: Así es. [261b] Extranjero: Según esto mismo, pues, sí queremos dividir, dividiremos la parte directiva del género cognoscitivo. [261b] Sócrates: ¿Según qué? [261b] Extranjero: Ordenaremos de él una parte a las producciones de cosas inanimadas; otra, a las de animadas; y así el todo quedará ya dividido en dos. [261c] Sócrates: Perfectamente. [261c] Dejemos uña de esas partes y tomemos la otra; y retomando ésta, dividámosla entera en dos. [261c] Sócrates: ¿Cuál de las dos dices que hemos de tomar? [261c] Extranjero: En todo caso la que versa sobre la dirección de vivientes, porque la ciencia regia no manda, como la arquitectura sobre lo inanimado; es más noble, y posee su poder precisamente para con los vivientes y siempre para cosas de ellos mismos. [261d] Sócrates: Correctamente. [261d] Extranjero: En cuanto a cría y cuidado de vivientes vese que hay una arte de cuidado individual; y otra, la vigilancia colectiva de las crías en los ganados. [261d] Sócrates: Correctamente. [261d] Extranjero: En cuanto al género político descubriremos que no se asemeja a cría individual, cual la de quien cuida de su buey, de su caballo, sino más bien al ganadero de caballos y de bueyes. [261d] Sócrates: Dicho así, es ahora claro. [261e] Extranjero: ¿Qué nombre daremos a esta cría común de vivientes? ¿“Cría ganadera” o “cría colectiva”? [261e] Sócrates: El que vaya mejor con el razonamiento. [261e] Extranjero: Bellamente, Sócrates; si te cuidas de tomar en serio los nombres conforme avances en edad se mostrará mayor tu sabiduría. Mas ahora, tal como lo ordenas, hagámoslo: respecto de la cría ganadera, ¿no piensas que se — podría mostrar haber dos clases gemelas de cría, y que lo buscado en las dos habría que buscarlo ahora en una de sus mitades? [262a] Sócrates: Me esforzaré; y me parece que la cría de hombres es una; y otra diversa, la de bestias. [262a] Extranjero: ¡Dividiste de bien esforzada y viril manera! Pero, en lo posible, aguantemos esto un rato. [262a] Sócrates: ¿Qué? [262a] Extranjero: No contrapongamos una partecilla a otras grandes y muchas, y menos sin eidos; que la parte, más bien, tenga su eidos propio; porque es bellísimo separar inmediatamente de lo demás lo buscado, si se hace correctamente; que así, hace un momento, creyendo haber conseguido la división correcta, apresuraste el razonamiento, viendo que conducía ya hacia los hombres. Pero, querido, no es cosa segura trabajar con partecillas; es más seguro proceder dividiendo por mitades, que así es más probable dar con las ideas. En conjunto esto es lo importante para las investigaciones. [262c] Sócrates: ¿En qué sentido lo dices, Extranjero? [262c] Extranjero: Tratemos de expresarlo aún más claramente, por benevolencia hacía tu natural, Sócrates. Por el momento resultaría imposible declarar el punto presente sin falla alguna. Tratemos de hacer avanzar un poco más en la misma dirección, por mor de la claridad. [262c] Sócrates: ¿Que dirías hicimos incorrectamente al dividir hace un momento? [262c] Extranjero: Es como si alguien, emprendiendo dividir en dos el género humano, como dividen la mayoría de nuestras gentes, separara frente a todos el género de los griegos, cual si fuera uno; mas a todos los demás géneros, a pesar de ser infinitos, inmezclados y mutuamente incomprensibles, se les diera la denominación unitaria de “bárbaros”; y por tal unitaria denominación se imaginara ser un solo género. O como si se creyera dividir en dos eídoses el número, recortando el diez mil de todos los demás, cual si se separara así un eidos, y a todo el resto, dándole un nombre, juzgara, por tal denominación, haber obtenido un género unitario, fuera del primero. Mas se dividiría en eídoses, y en dos más bellamente, y mejor, si se dividiera el número en par e impar; y, a su vez, al género humano en varones y hembras, mas hiciera destacar frente a todos a los Lidios y Frigios cuando no se supiera hallar a la vez el género y la parte de cada uno de los miembros separados. [263a] Sócrates: Correctísimo; empero eso mismo, Extranjero, ¿cómo conocer más claramente qué género y parte no son idénticos, sino diversos entre sí? [263a] Extranjero: Optimo entre los hombres, no pides una bicoca, Sócrates. Ya nos hemos apartado del tema propuesto más de lo debido, y tú nos mandas que nos apartemos aún más. Como es razonable, volvamos ahora una vez más al principio; en cuanto a lo presente dejemos para otra oportunidad el rastrearlo a placer. Pero cuídate sobre todo de creer que hayas oído de mí una clara exposición de este punto. [263b] Sócrates: ¿De cuál? [263b] Extranjero: Que sean cosa diversa eidos y parte. [263b] Sócrates: ¿Cómo así? [263b] Extranjero: Cuando y donde haya eidos de algo, es necesario que él mismo sea parte de aquello de que se dice ser eidos. Empero, no hay necesidad alguna de qué parte sea eidos. Di siempre que se ha de hablar, Sócrates, de esta manera mejor que de aquélla. [263c] Extranjero: Respóndeme a lo siguiente. [263c] Sócrates: ¿A qué? [263c] Extranjero: A dónde nos llevó, y desde dónde, nuestra digresión, porque, creo, sobre todo, que fue cuando, preguntado cómo habría que dividir la cría ganadera, respondiste bien animosamente que había dos géneros de vivientes; uno, el humano; otro, el de todas las demás bestias en conjunto. [263c] Sócrates: Es verdad. [263c] Extranjero: Me pareció, por cierto, entonces que, separando una parte, creíste dejar fuera el resto, cual si fueran todos un género, porque tenías uno y el mismo nombre: el de "bestia”, que atribuirles a todos. [263d] Sócrates: También así fue en este punto. [263d] Extranjero: Empero, valiente entre los valientes, tal vez, si hubiera algún otro animal inteligente, cual parece ser el de las grullas, u otro parecido, que distribuyera los nombres como tú lo haces, contrapondría el género de grulla, cual si fuera uno, a los demás animales, y glorificándose a sí mismo y resumiendo en uno a los demás animales y los hombres no los llamaría tal vez sino “fieras”. Tratemos, pues, de guardarnos de todo esto. [263e] Sócrates: ¿Cómo? [263e] Extranjero: No dividiendo íntegro el género de animal, para que esto nos pase menos. [263e] Sócrates: Pues de ninguna manera nos ha de pasar. [263e] Extranjero: Pues, por cierto, que antes faltamos en esto. [263e] Sócrates: ¿Cómo así? [263e] Extranjero: Dentro de la ciencia cognoscitiva, la parte entera directiva era la propia del género “cría de animales”, por cierto, de animales en ganado. ¿Fue así? [263e] Sócrates: Sí. [264a] Extranjero: Según lo cual quedaba dividido entonces el género íntegro de animal en domesticado y salvaje, porque se llaman “mansos” a los que tienen natural domesticable; y a los que no lo tienen, “salvajes”. [264a] Sócrates: Bellamente. [264a] Extranjero: Mas la ciencia que estamos cazando se trataba y trata de los amansados; y por cierto hay que buscarla entre los que se crían en ganado. [264a] Sócrates: Sí. [264a] Extranjero: No dividamos, pues, como lo hicimos entonces con la mirada puesta en todos, ni nos apresuremos en llegar brevemente a la política, porque esto hizo que nos pasara ahora lo del refrán. [264b] Sócrates: ¿Qué? [264b] Extranjero: Que, al dividir, «por no ir poco a poco hemos llegado más tarde». [264b] Sócrates: Y bellamente que pasó, Extranjero. [264b] Extranjero: Quédese esto aquí. Tratemos, pues, una vez más y desde su principio, de dividir la cría colectiva, porque tal vez el razonamiento mismo te revelará mejor lo que, dividiendo, intentas. Y dime: [264b] Sócrates: ¿Qué? [264b] Extranjero: Esto que has debido oír de algunos y muchas veces; porque bien sé que no has estado en los criaderos de peces en el Nilo ni en los estanques del Rey; mas sí, tal vez, lo hayas visto en fuentes. [264c] Sócrates: Por cierto que esto lo he visto; lo otro, lo he oído a muchos. [264c] Extranjero: Parecidamente respecto de los rebaños de patos y de grullas; aunque no hayas vagado por las planicies de Tesalia, estás enterado y lo crees. [264d] Extranjero: Te he preguntado todo esto porque, dentro de esta cría en rebaños, hay un género acuático; y otro, de secano. [264d] Sócrates: Pues los hay. [264d] Extranjero: Según esto, pues, ¿no te parece, a ti como a mí, que se ha de dividir en dos géneros de esta manera la ciencia de la cría colectiva, distribuyendo a cada uno su parte de tal ciencia y llamando a uno de ellos “cría acuática”; al otro, “cría de secano”? [264d] Sócrates: Me lo parece. [264d] Extranjero: Y por cierto no habrá que buscar ya a cuál — de esas dos artes pertenece la parte regia, porque para todos está claro. [264e] Sócrates: JR. ¿Cómo no? [264e] Extranjero: Distinguiendo entre volátil y pedestre. [264e] Sócrates: Verdaderísimo. [264e] Extranjero: Pues bien: ¿que lo político no versa sobre los pedestres? O ¿no crees que pensarían así, por decirlo de esta manera, hasta los más insensatos? [264e] Sócrates: Yo, sí. [264e] Extranjero: Respecto de la arte de apacentar pedestres, como hace un momento respecto del número, hay que mostrar que se divide en dos. [264e] Sócrates: Es evidente. [265a] Extranjero: Por cierto que hacia el género, al que tiende nuestro razonamiento, paréceme ver, dividido, un par de caminos: uno, más rápido, que divide una parte pequeña frente a una grande; otro, más largo, pero que, a tenor de lo anteriormente dicho, a saber: que, sobre todo, hay que dividir por la mitad, lo cumple por cierto. De nosotros depende, pues, seguir de los dos el camino que prefiramos. [265a] Sócrates: ¿Pues qué?, ¿imposible seguir los dos? [265b] Extranjero: A la vez, admirable; mas es posible, evidentemente, en turno. [265b] Sócrates: En su turno, pues, elijo ambos. [265b] Extranjero: Es fácil, pues lo que resta es breve; al principio o al medio de nuestro discurso fuéramos dificultosa tal indicación. Mas ahora, puesto que te lo parece así, sigamos primero el camino más largo; frescos como estamos, nos será fácil seguirlo. Atiende, pues, a la división. [265b] Sócrates: Di. [265b] Extranjero: Los pedestres, entre los domesticados, cuantos forman ganado, se dividen naturalmente en das grupos. [265b] Sócrates: ¿Cómo? [265b] Extranjero: En que unos, por nacimiento, son sincuernos; los otros, cornudos. [265c] Sócrates: Evidentemente. [265c] Extranjero: Al dividir la arte de apacentar pedestres, da a cada una de las partes lo suyo, sirviéndote de razones, porque, si pretendes darles nombres, la cosa se te complicará más de lo debido. [265c] Sócrates: ¿Cómo, pues, habrá que hablar? [265c] Extranjero: Así: dividida en dos la ciencia de apacentar pedestres, una de las partes coordínese con la parte cornuda del ganado; la otra, con la del acornuda. [265d] Sócrates: Quede esto dicho así, porque está suficientemente en claro. [265d] Extranjero: Pues bien: es evidente que el rey apacienta un cierto ganado recortado de cuernos. [265d] Sócrates: ¿Cómo no será evidente? [265d] Extranjero: Subdividiendo tal ganado, tratemos de dar lo suyo al rey Sea así. [265d] Extranjero: ¿Quieres, pues, que lo dividamos por lo de pezuña: hendida o por la llamada de solípedo, o por lo de generación cruzada o pura? ¿Me entiendes? [265d] Sócrates: ¿En qué? [265e] Extranjero: Que entre caballos y asnos hay cruzamiento. [265e] Sócrates: Sí. [265e] Extranjero: Mas lo restante del ganado de los mansos es mutuamente incruzable según generación. [265e] Sócrates: Pero ¿cómo no? [265e] Extranjero: Pues bien: ¿de cuál ganado parece ocuparse el político: del de generación cruzada o del de alguno de pura? [265e] Sócrates: Es claro que de la incruzable. [265e] Extranjero: A ésta, como a las anteriores habremos, al parecer, de dividirla en dos. [265e] Sócrates: Habrá que hacerlo. [266a] Extranjero: Por cierto que, respecto de todo animal que sea manso, y viva en ganado, casi con estos dos géneros queda el Todo detalladamente dividido, porque no vale la pena de contar el género camino entre las bestias de ganado. [266a] Sócrates: Pues no; pero ¿según qué dividiríamos esos dos géneros? [266a] Extranjero: Según algo que tanto Teeteto como tú sería justo dividieseis, ya que además os ocupáis los dos de geometría. [266a] Sócrates: ¿Qué es eso? [266a] Extranjero: La diagonal, por cierto, y la diagonal de la diagonal. [266a] Sócrates: ¿Qué quieres decir? [266b] Extranjero: La naturaleza que nuestro género humano posee ¿nació para marchar de otra manera que no sea la de la diagonal, en potencia dos pies? [266b] Sócrates: No de otra. [266b] Extranjero: Empero, la del género restante es, una vez más, la diagonal, tomada según la potencia de nuestra propia potencia que ya es, de natural, dos veces dos pies. [266b] Sócrates: ¿Cómo no?, que casi casi entiendo lo que quieres declarar. [266b] Extranjero: ¿Además de esto, Sócrates, ¿no caemos en cuenta de algo diverso que nos ha acontecido en nuestras divisiones y que sería cosa de risa para los bienpensantes? [266c] Sócrates: ¿Qué es? [266c] Extranjero: Que nuestro género humano se ha metido a competir en velocidad con un género de seres, el más noble a la vez que el más indolente. Lo veo, y es grandemente desconcertante lo sucedido. [266c] Extranjero: ¿Pues qué?; ¿no es verosímil que los más lentos lleguen los últimos? [266c] Sócrates: Sí; así es. [266c] Extranjero: ¿Mas no caemos en cuenta de que el rey parecerá aún más ridículo al competir en carreras con el ganado y concurrir en velocidad con el varón mejor ejercitado en eso de vida indolente? [266d] Sócrates: Así del todo es. [266d] Extranjero: Ahora, pues, Sócrates, se hace más evidente lo dicho justamente en la investigación sobre el sofista. [266d] Sócrates: ¿Qué? [266d] Extranjero: Que en este método de razonamiento no se atiende más bien a lo solemne que a lo que no lo es, que no se menosprecia a lo menor en favor de lo mayor, sino que se tiende siempre y de suyo a lo más verdadero. [266d] Extranjero: Así que, después de esto, para que no te me adelantes preguntando cuál sería entonces el camino más corto para llegar a la definición de rey, te me adelantaré yo. [266e] Sócrates: Perfectamente. [266e] Extranjero: Digo, pues, que es preciso separar inmediatamente en lo pedestre lo bípedo frente al género de los cuadrúpedos; mas, descubriendo que el género humano compite en lo de bípedo tan sólo con el género volátil, dividir de nuevo el ganado bípedo en bípedo desnudo y emplumado; dividida el arte así y declarada la de apacentamiento humano, que venga el hombre político y real a instalarse cual cochero de la Ciudad; entréguensele las riendas de ella, ya que tal ciencia es la apropiada y la que él tiene cual suya. [267a] Sócrates: Bellamente, y cual si fuera deuda, me regalaste el razonamiento, añadiendo la digresión cual intereses, y finiquitando así el razonamiento. [267a] Extranjero: Pues bien: volviendo al principio, encadenemos con su final la definición de ese nombre: el de arte política. [267a] Sócrates: Perfectamente. [267a] Extranjero: En la ciencia cognoscitiva comenzamos por distinguir la parte directiva. A su vez, de la ciencia autodirectiva se escindió, cual género y no el menor de ellos, la crianza animal; y de la crianza animal, el eidos de crianza ganadera; de la crianza ganadera, a su vez, el de apacentamiento de pedestres; mas de la de apacentamiento de pedestres se destacó, sobre todo, la arte nodriza de raza sin cuernos. Pero de ésta es preciso separar una parte, no pequeña y triplemente conexa, si se quiere refundirla en un solo nombre, llamándola “ciencia de apacentar lo genéticamente incruzable”. Mas el segmento de éste, única parte restante aún dentro de ganado bípedo, es el apacentamiento humano, que es ya lo buscado, llamado a la vez real y político. [267c] Sócrates: Perfectamente. [267c] Extranjero: ¿En verdad, Sócrates, tal como acabas de decírnoslo es hasta efectivamente así? [267c] Sócrates: ¿Qué? [267c] Extranjero: ¿Que lo propuesto ha quedado más que suficientemente explicado? ¿O no sería la investigación sobremanera deficiente si explicara, ciertamente, la definición de algún modo, mas no la elaborara de manera enteramente — perfecta? [267d] Sócrates: ¿Cómo dices? [267d] Extranjero: Trataré, para nosotros dos, de declarar ahora aún más lo mismo en que estoy pensando. [267d] Sócrates: Dilo. [267d] Extranjero: De entre las muchas artes de apacentar que se nos han aparecido, ¿no era una la política y cuidado de un cierto ganado? [267d] Sócrates: Sí. [267d] Extranjero: Mas el razonamiento ha precisado que no es crianza de caballos o de otras bestias, sino ciencia de crianza colectiva de hombres. [267d] Sócrates: Así es. [267e] Extranjero: Consideremos, pues, cuál es la diferencia entre los reyes y todos los demás pastores. [267e] Sócrates: ¿Cuál es? [267e] Extranjero: Si hay alguien, aunque con nombre de otra atte, que afirme y pretenda ser apacentador colectivo de ganado. [267e] Sócrates: ¿Cómo dices? [267e] Extranjero: Bien sabes que, por ejemplo, todos los comerciantes, labradores, panaderos y además los gimnastas y el género de los médicos, contra esos pastores de hombres que hemos llamado “políticos” se harían fuertes todos ellos, de todas maneras y con razones, en que son ellos quienes se cuidan de la crianza humana, no tan sólo de los del ganado, sino aun de los mismos jefes. [268a] Sócrates: ¿Y no lo dirían correctamente? [268a] Extranjero: Tal vez. Lo consideraremos. Mas sabemos que nadie dudará de que así sea respecto del boyero, ya que el boyero mismo apacienta el ganado, y es él mismo médico; es por decirlo así, casamentero y, respecto de las crías nacidas y sus madres, es el único sabio en arte partera. Además: en la medida en que sus criaturas participan naturalmente de juegos y música, no otro sino él es poderoso en animarlas y calmarlas con cantos y con instrumentos, y, aun con su simple boca, proporciona perfectamente la música apropiada a su ganado. Y de la misma manera respecto de los demás y pastores. ¿Es, pues, así? [268b] Sócrates: Correctísimamente.: [268b] Extranjero: ¿Cómo, pues, nos parecerá correcta y límpida nuestra definición de rey, cuando afirmamos que sólo él es — pastor y criador de ganado humano, descartando miles y ' miles de opositores? De ninguna manera. [268b] Extranjero: ¿No temíamos, pues, hace poco y con razón, al sospechar que, en nuestra exposición, hubiésemos ciertamente acertado algo del carácter real, mas no haber elaborado exactamente al político hasta que, eliminando a los que lo rodean y descartando a los que se fingen pastores cual él, lo hayamos puesto en descubierto, purificado ya de ellos, y único? ' Correctísimamente. [268d] Extranjero: Esto es, pues, Sócrates, lo que se ha de hacer si no hemos de exponernos a deshonrar, al final, el razonamiento. [268d] Sócrates: Que es lo que de ninguna manera debe hacerse. [268d] Extranjero: Así que, de nuevo, hay que partir de otro principio y seguir otro camino. [268d] Sócrates: ¿Cuál? [268d] Extranjero: Mezclar algo de juego infantil, porque es preciso, en gran parte, servirse de un gran mito, y en lo restante, como en lo anterior, quitando una parte de otra parte — llegar, al final, a lo buscado, ¿No ha de ser así? [268e] Sócrates: Absolutamente. [268e] Extranjero: Pues, pon gran atención al mito, cual los niños; que, en total, no hace tantos años te evadiste de los [268e] Extranjero: Entre las muchas cosas que, desde la antigüedad, se contaban y contarán está el extraño suceso referido acerca de Atreo y de Tieste. [268e] Sócrates: Te refieres tal vez al prodigio de la oveja de oro. [269a] Extranjero: De ninguna manera, sino al de la inversión de la salida y puesta del sol y de los demás astros; que donde ahora se levantan, entonces era Jugar en que se ponían; mas se levantaron del contrario, dando así testimonio dios en favor de Atreo invirtió salida y puesta a la forma actual. [269a] Sócrates: Pues también esto se cuenta. [269a] Extranjero: Y además, hemos oído de tantos y tantos lo referente al reinado de Cronos. [269a] Sócrates: De muchísimos en verdad. [269b] Extranjero: ¿Y qué de que los antepasados nacían de la tierra, en vez de engendrarse unos de otros? [269b] Sócrates: Que también ésta es una de las viejas leyendas. [269b] Extranjero: Todo esto, por cierto, procede de ese mismo acontecimiento y, además de éstos, otros miles de miles y aún más admirables prodigios; pero, por la longitud del tiempo, algunas leyendas se desvanecieron; otras, se cuentan en trozos sueltos entre sí. Empero, del acontecimiento causa de — todo esto nadie ha hablado; mas de él se ha de tratar ahora; porque, referido, nos convendrá para declarar lo que es el rey. [269b] Sócrates: Bellísimamente dicho; refiérelo, sin dejar nada. [269b] Extranjero: Escúchalo. A veces, es dios mismo quien guía al universo en su marcha y circula con él; mas, otras veces, «πλείστων μὲν οὖν. τί δέ; τὸ τοὺς ἔμπροσθεν φύεσθαι γηγενεῖς καὶ μὴ ἐξ ἀλλήλων γεννᾶσθαι; καὶ τοῦτο ἓν τῶν πάλαι λεχθέντων. ταῦτα τοίνυν ἔστι μὲν σύμπαντα ἐκ ταὐτοῦ πάθους, καὶ πρὸς τούτοις ἕτερα μυρία καὶ τούτων ἔτι θαυμαστότερα, διὰ δὲ χρόνου πλῆθος τὰ μὲν αὐτῶν ἀπέσβηκε, τὰ δὲ διεσπαρμένα εἴρηται χωρὶς ἕκαστα ἀπ᾽ ἀλλήλων. ὃ δ᾽ ἐστὶν πᾶσι» (Burnet, 269b) [269b] lo suelta. Cuando los períodos han alcanzado la medida de tiempo a él conveniente, entonces el universo, automáticamente, invierte su circulación en sentido contrario, siendo como es viviente y partícipe de inteligencia por virtud de - quien, desde el principio, lo coarmonizó. Así que retrogradar le es necesariamente innato por esto. [269d] Sócrates: ¿Por qué? [269d] Extranjero: Porque haberse de idéntica e igual manera siempre y ser idéntico sólo conviene a lo más divino; mas la naturaleza corporal no pertenece a tal orden. Empero, a lo que hemos llamado cielo y mundo le cayeron en suerte muchos y bienaventurados dones de manos de quien lo engendró. No obstante, participado ha, además, de cuerpo. Por lo cual resulta del todo imposible el que esté exento de cambio; mas, en lo posible, se mueve máximamente en el mismo lugar y según una e idéntica traslación; por eso le cayó en suerte el movimiento retrógrado que es mínima desviación del movimiento propio. Mas darse a sí mismo sempiterna rotación no es casi casi posible a nadie sino al Guía de todo lo movido, a quien no es lícito mover unas veces de una manera; otras, de la contraria. Por todo lo cual se ha de afirmar que ni el mundo puede darse a sí mismo eterna rotación ni dios hacerlo rodar íntegro según dobles y contrarias revoluciones, ni que un par de ciertos dioses, de contrarios entre sí pensares, lo hagan rodar; sino que, como se acaba de decir, y es lo único restante, unas veces, conducido por causa especial divina, revierta a vida y reciba inmortalidad restaurada por su artífice; otras, dejado a sí, marche él mismo por sí mismo, soltado oportunamente, de manera que retrógradamente ande por miles de miles de períodos a causa de que, por ser lo máximo y óptimamente equilibrado, gira sobre mínimo pie. [270b] Sócrates: Todo lo que has explicado, parece dicho de grandiosa y verosímil manera. [270b] Extranjero: Consideremos, razonando, ese acontecimiento de que acabamos de hablar, y del que afirmamos ser causa de todos los prodigios, porque efectivamente lo es. [270b] Sócrates: ¿Cuál? [270b] Extranjero: El de ese movimiento del universo que, a veces, lo lleva a girar en el actual sentido; a veces, en el contrario. [270b] Sócrates: ¿Cómo? [270b] Extranjero: Hay que tener a este cambio por el máximo y más completo trastorno de todos los que en el cielo suceden. [270c] Sócrates: Tal parece. [270c] Extranjero: Hay que pensar, además, que entonces sobrevienen los máximos a los que habitamos en su interior. [270c] Sócrates: 'También esto es verosímil. [270c] Extranjero: ¿Mas no sabemos que la naturaleza de los vivientes soporta difícilmente cambios grandes, muchos y variados? [270c] Sócrates: ¿Cómo no? [270c] Extranjero: Máximos estragos tienen que sobrevenir entonces a los animales, y aun bien poco queda del género humano; sobreviénenles otros accidentes, muchos, admirables y raros, siendo el máximo el que acompaña al enrollamiento del universo, precisamente cuando tiene lugar el cambio contrario al actualmente establecido. [270d] Sócrates: ¿Cuál? [270d] Extranjero: La edad propia de cada animal comenzó, antes que nada, a detenerse, y cesó todo lo que era mortal de encaminarse visiblemente hacia la vejez; cambiándose, más bien, hacia lo contrario, crecía en juventud y en frescura. Ennegreciéronse los cabellos blancos de los ancianos; las mejillas con barba revirtieron, de nuevo, lisas -a la juventud ida; los cuerpos haciéndose de imberbes, día a día y noche a noche más lisos y menudos, retornaron al estado de niño recién nacido, asemejándose a él en cuerpo y en alma; después de lo cual, extinguiéndose ya, terminaron efectivamente por desaparecer del todo. En cuanto a los muertos violentamente en aquellos tiempos, el cadáver, pasándole lo mismo que ahora, desaparecía de la vista y descomponíase en pocos días. [271a] Sócrates: ¿Cómo era entonces, Extranjero, el nacimiento de los vivientes? ¿De qué manera se engendraban unos de otros? [271a] Extranjero: Es evidente, Sócrates, que, en la naturaleza de entonces, no era por generación de unos por otros; la leyenda de una raza engendrada tal vez de la tierra, esto es, revirtiendo entonces de la tierra, fue recordada por nuestros antepasados primeros, próximos inmediatamente al final del ciclo anterior y nacidos al inicio del actual. Portavoces son ellos para nosotros de estas leyendas de las que ahora, y no correctamente, desconfían tantos. Consideremos, creo que hace falta, lo que de esto se sigue; ya que los viejos vuelven al estado de niño, habrían los muertos, enterrados, de resucitar y revivir, acompañando a la inversión de la generación en su contrario, y, nacidos necesariamente así de la Tierra, retener tal nombre y tal leyenda, fuera de aquellos a quienes dios preparó otro destino. Se sigue esto efectivamente de lo anterior. Mas respecto del género de vida en tiempos de la dominación de Cronos, ¿a qué revoluciones afirmas pertenece: a las antiguas o a las actuales?, porque es claro que la inversión de astros y sol acaece en ambas revoluciones. [271c] Extranjero: Has seguido bellamente el razonamiento. Mas lo que preguntabas acerca de ese tiempo en que todo automáticamente nacía a servicio de los hombres, no corresponde en modo alguno al cielo actual, sino al precedente, porque entonces, como ahora, dios se cuidaba y mandaba sobre el movimiento circular total, y lo mismo respecto de lo local, que todas las partes del mundo estaban entonces bajo el gobierno de dioses. Aún más: a los animales se los repartieron, según géneros y en ganados, para pastorearlos daimonios divinos, de los cuales cada uno proveía suficientemente a cada uno de los suyos, de tal manera que no había salvaje alguno ni mutuo devorarse. No había peleas ni disensiones algunas. Qué otros beneficios acompañaban a tal estado del mundo, largo, largo fuera de contar. En cuanto a lo que se refiere de la vida automática de los hombres, se dice por lo siguiente: dios mismo los apacentaba y regía, al modo que ahora los hombres, por ser más divinos que los animales, apacientan sus más débiles géneros. Mientras dios apacentó, no hubo regímenes políticos ni posesión de mujeres y niños, porque todos surgían de la tierra, sin recuerdo alguno de lo anterior. Pero, en lugar de ello, tenían frutos abundantes de árboles, de toda clase de vegetales, no nacidos de cultivo, sino regalados automáticamente por la tierra. Desnudos y sin lecho vivían casi siempre al aire libre por la templada mezcla de las estaciones, mas disponían de — suaves jergones, proveyendo la tierra de abundante hierba. Tal es, Sócrates, la vida que has oído se llevaba bajo Cronos; la que bajo Júpiter, la actual, por tí mismo, presente como estás, la experimentas. ¿Podrías y querrías juzgar sobre cuál de ellas es la más bienaventurada? [272b] Extranjero: ¿Quieres que yo, de alguna manera, juzgue por ti? [272b] Sócrates: Enteramente. [272b] Extranjero: Por cierto que si los criados por Cronos, con tanta vacación y facilidades para poderse entretener hablando no sólo con hombres sino con las bestias, se sirvieron de todo ello para la filosofía, conversando con las bestias y entre sí, y escudriñando todas las criaturas a ver si alguna, por poseer peculiar virtud, aportaría algo original al común tesoro de sabiduría, fácil fuera de juzgar que los de entonces superaban infinitamente a los de ahora en cuanto a bienaventuranza. Mas si ahítos de comida y bebida no se entretenían sino con esas fábulas que de ellos ahora se cuentan, también en este caso, para decirte claramente mi opinión, la cuestión fuera fácil de juzgar. No obstante, dejemos de lado este punto hasta que se nos presente quien sea capaz de interpretarnos cómo los de entonces apetecían las ciencias y se servían de las palabras. Hay que explicar ahora para qué desvelamos tal mito, a fin de que con lo siguiente cerremos perfectamente lo anterior. [272d] Cuando el tiempo de todo esto hubo terminado y tenía que hacerse el cambio, desaparecida ya del todo la raza nacida de la tierra, y habiendo dado cada alma finiquito a los renacimientos, caída cual simiente a la tierra tantas veces cuantas a cada una le fue prescrito, entonces, precisamente, el Gobernante del universo, cual si abandonara el manejo del timón, se apartó a su observatorio; más al mundo, destino e innata inclinación lo hicieron una vez más retrogradar. Todos los dioses locales, cogobernadores con el daimonio supremo, conociendo lo sucedido, abandonaron a su vez las partes del mundo confiadas a sus cuidados. Mas el mundo, trastornado por ese salto total, impelido por contrario impulso de principio a final causó en sí mismo un remezón — tal que ocasionó nueva destrucción de todas las clases de vivientes. Después de lo cual, progresando suficientemente el tiempo, y apaciguándose ya trastornos y perturbaciones, recobrada la tranquilidad tras las sacudidas, volvió, así reordenado, a su curso habitual: tener cuidado y mandar él mismo sobre sí mismo y sobre lo que en él hay, recordando, en lo posible, las instrucciones de su artífice y padre. Al principio las cumplió con gran rigor; al final, flojamente; la causa de lo cual se halla en lo corporaloide de su constitución, tal vez en lo concriado con su prístina naturaleza, partícipe, como fue en grande, del desorden antes de llegar al orden cósmico actual. Ciertamente que recibió de su productor todo lo bello; mas de su anterior constitución provienen cuantos males e injusticias acaecen en el cielo, que de ella le vienen y a los vivientes transmite. Mientras, pues, el Cielo, cuidaba, junto con el piloto, de sus vivientes, pequeñas eran las fallas; grandes, los bienes engendrados. Mas a pesar de apartarse él de ellos, durante el tiempo inmediato a su partida todavía administró bellísimamente todo; progresando, con todo, el tiempo, y acrecentándose en él el olvido, predominó el estado de la antigua desarmonía. Pero, al final del tiempo, florecen pequeños bienes; grande es, por otra parte, la mezcla de contrarios con los que se incorpora, poniéndose así en peligro de destrucción de sí y de lo que en él está. Por lo cual, y justamente entonces, viendo dios el ordenador el desconcierto del mundo, preocúpale el que, deshecho por tan tempestuoso trastorno, se disuelva y hunda en ese océano, sin fondo, de la desemejanza. Vuelve, pues, a sentarse al timón; endereza lo malo suelto durante ese período del mundo dejado a sí mismo; ordénalo, y, rectificado, y, rehácelo inmortal e inmarcesible. [273e] Tal es el final de todo lo dicho. Mas, para poner en claro lo referente al rey, bástenos el empalmar con el anterior razonamiento. Puesto, por una nueva inversión, el mundo en dirección hacia el modo actual de generación, detúvose una vez más la dirección de las edades, y repartió en nueva y contraria dirección a la de antes. Los vivientes, a los que poco faltaba para desaparecer, crecieron; los cuerpos recién nacidos de la tierra, encanecidos, descendieron, al morir, a la tierra. Todo lo demás se trastornó, imitando y acompañando a tal acaecimiento universal. Aún más: la concepción, nacimiento y cría tuvieron que acompañar e imitar a Todo, porque ya no era factible que, por composición de elementos extraños, surgieran en la tierra vivientes. Mas, a la manera como el mundo tenía que ser ya señor de su propio curso, parecidamente, y por lo mismo, les pasó a sus partes, en la medida de su capacidad, tener que concebir, parir y criar bajo parecida disposición. Acabamos de llegar a lo que tendía todo el anterior razonamiento. Acerca de las demás bestias grande y largo resultaría tratar de por qué causas y a partir de qué se cambiaron. Acerca de los hombres, es más breve y más a propósito, porque, privados del cuidado del daimonio a quien pertenecíamos y que nos apacentaba —entre muchas fieras salvajes, y de poderosa naturaleza—, los hombres, débiles e indefensos, resultaban presa para ellas; más que más, que en estos primeros tiempos, estaban sin industrias y sin artes; faltándoles la producción automática de alimentación, no sabían aún procurársela por no haberles forzado a ello ninguna necesidad anterior. De ahí la vieja leyenda de los dones, recibidos por nosotros de los dioses, junto con las necesarias enseñanzas e instrucciones: el fuego, de Prometeo; las artes, de Vulcano y de la diosa su colaboradora; semillas, por fin, y plantas, de otros dioses. Todo lo que constituye la vida humana, de ellos proviene; dejados los hombres, como se acaba de decir, del cuidado de los dioses, tuvieron, por sí mismos, que arreglarse y cuidarse ellos de sí, cual lo hace el mundo entero; imitando y acompañando al cual, siempre, ahora de esta manera, entonces de la otra, vivimos y nacimos. Y sea este el final del mito; hagamos uso de él para ver cuánto erramos al definir en el razonamiento anterior al hombre político y real. [274e] Sócrates: ¿Cómo y cuán grande yerro afirmas habernos acaecido? [274e] Extranjero: Por una parte, más bien ligero; por otra, grande, notable, mayor y más grave que entonces. [274e] Sócrates: ¿Cómo así? [274e] Extranjero: Que, preguntados acerca del rey y del político correspondientes al ciclo y generación actuales, tratamos del pastor que, en el período contrario, lo era del ganado humano, —del pastor divino, en vez del mortal; en lo cual — grandísimamente erramos. Que, declarado gobernante de la Ciudad entera, mas sin explicar de qué manera, resultó sin duda verdadero lo dicho, mas no quedó explicado ni total ni claramente; por lo cual erramos menos en esto que en aquello. [275a] Sócrates: Es verdad. [275a] Extranjero: Parece, pues, que, definiendo cuál es la manera de regir la Ciudad podremos hacernos la ilusión de haber explicado perfectamente al político. [275a] Sócrates: Bellamente. [275b] Extranjero: Para esto justamente trajimos el mito; para mostrar respecto de la cría ganadera, no sólo que tantos y tantos se la disputan al que estamos buscando, sino para descubrir ante la vista más claramente a aquel que, según el paradigma de pastores y boyeros, ha de ser tenido por digno de esa denominación: “cuidadoso apacentador de ganado humano”. [275b] Sócrates: Correctamente. [275b] Extranjero: Creo, no obstante, Sócrates, que esta figura de pastor divino es más alta de lo que corresponde a rey. Nuestros actuales políticos se asemejan por naturaleza mucho más a los gobernados, por compartir con ellos más próximamente educación e instrucción. [275c] Sócrates: Enteramente de acuerdo. [275c] Extranjero: No habría, pues, que estudiarlos ni más ni menos, sean de natural de esta u otra manera. [275c] Sócrates: ¿Cómo no? [275c] Extranjero: Recomencemos, pues. ¿No había, dijimos, respecto de los animales, una arte: la autodirectiva, que los tiene a su cuidado, no individual sino colectivamente, y a la que denominamos sin más, entonces, “cría colectiva”?; ¿te acuerdas? [275d] Sócrates: Sí. [275d] Extranjero: Pues en esto de alguna manera fallamos; porque en ningún lugar ni captamos al político ni le dimos nombre, sino que se nos pasó por alto el que se nos escabullía en cuanto al nombre. [275d] Sócrates: ¿Cómo? [275d] Extranjero: Es propio de todos los demás pastores apacentar sus respectivos ganados; mas al político no le pusimos nombre apropiado, a pesar de deberse atribuir a todos algo de común. [275e] Sócrates: Dices verdad, si es que, por suerte, lo hay. [275e] Extranjero: ¿Cómo no va a ser común a todos lo de cuidar, sin deslindar en modo alguno entre cría y otras actividades? Era factible —bajo nombres, entre otros, cual los de ocupación ganadera, cuidado, o solicitud— encubrir simultáneamente al político y a los demás, ya que el razonamiento indicaba deberse hacer así. [276a] Sócrates: Correctamente. ¿Mas cómo sería la división siguiente? [276a] Extranjero: Igual a como dividimos anteriormente la arte de cría ganadera según animales pedestres y alados, no cruzables y sin cuernos. Dividiendo de estas maneras hubiéramos, parecidamente, comprendido en el razonamiento el arte de cuidar ganados, hoy y en el reinado de Cronos. [276a] Sócrates: Parece. Pido la continuación. [276a] Extranjero: Es claro que, con tal acepción del nombre “cuidado ganadero”, no nos hubiera sucedido el que algunos — pusieran en duda aún el que haya tal cuidado; al modo que entonces, y justamente, se puso en duda el que hubiera, entre nosotros, una arte digna de la denominación de “crianza”; mas que, si la hubiese, conviniera a muchos antes y mejor que a cualquiera de los reyes. [276b] Sócrates: Correctamente. [276b] Extranjero: Mas respecto del cuidado de la comunidad entera humana, ninguna otra parte pretenderá, más y mejor que la real, llamarse y ser arte de gobernar a todos los hombres. [276c] Sócrates: Correctamente dicho. [276c] Extranjero: Dicho esto, Sócrates, ¿no caemos en cuenta de que, ya al final, hemos gravemente errado? [276c] Sócrates: ¿En qué? [276c] Extranjero: En esto: que, aun si hubiésemos pensado que existe una arte de criar ganado de bípedos, no por eso habíamos de darle sin más la denominación de “regia” y de “política”, cual si fuera la perfecta. [276c] Sócrates: Pues ¿qué? [276c] Extranjero: Primero, decíamos, hay que proporcionarle un nombre, más próximo a cuidado que a cría; después, dividir aquél, porque tal vez tuviera, y no pequeñas, divisiones. [276d] Sócrates: ¿Cuáles? [276d] Extranjero: Aquella según la cual separaríamos pastor divino y cuidador de hombres. [276d] Extranjero: Y de nuevo hay que dividir en dos esa arte de cuidar, separada ya. [276d] Sócrates: ¿Cómo? [276d] Extranjero: En impuesta y voluntaria. [276e] Sócrates: Pues sí. [276e] Extranjero: Y por esto éramos antes, más simplonamente que lo debido, confundiendo en uno rey y tirano, siendo como son diferentísimos ellos y su manera correspondiente de gobernar. [276e] Sócrates: Es verdad. [276e] Extranjero: Rectificando, pues, una vez más y según lo dicho, dividiremos en dos la arte de cuidar hombres: la impuesta y la voluntaria. [276e] Sócrates: Perfectamente. [276e] Extranjero: Y llamando “tiránica” a la forzada; mas a la solicitud colectiva, voluntaria, y de animales bípedos voluntarios, “política”, ¿no declararemos ser, en realidad, rey y político quien tal arte y cuidado posea? [276e] Sócrates: Parece, Extranjero, que nuestra demostración -sobre el político está con esto perfectamente acabada. [277a] Extranjero: ¡Qué bellamente nos fuera!; Sócrates. Empero, hace falta que esto no te lo parezca a ti solo, sino nos lo parezca a ti y a mí a la vez. Ahora bien: según mi opinión la figura de rey no nos ha quedado perfectamente clara; por el contrario, así como hay escultores que, apresurándose a veces inoportunamente, lo que hacen es retrasarse con tales adiciones y remiendos indebidos, así ahora nosotros, a fin de borrar breve y magnificentemente el error del proceso anterior, y por creer que conviene dar al rey grandiosos paradigmas, nos recargamos con la admirable masa del mito, y nos vimos forzados a servirnos del mismo, más de lo debido, por lo cual alargamos mucho la demostración y no pusimos, en modo alguno, final al mito, sino que, sencillamente, el razonamiento nos pareció ser, como pintura, suficiente en su perfil, mas faltarle un resalte cual el de pigmentos y mezcla de colores. Para los que puedan seguirlo conviene declarar todo lo vivo más bien con palabras y razones que con dibujo y obra cualquiera de manos; para los demás, hacerlo con obras de manos. [277c] Sócrates: Eso es lo correcto; mas declara para nosotros qué afirmas no haber sido suficientemente explicado. [277d] Extranjero: Es difícil, daimoníaco, sin servirse de paradigmas declarar suficientemente algo de las cosas mayores, porque pareciera cual si cada uno de nosotros, habiendo sabido todo cual en sueño, lo ignorara una vez despierto. [277d] Extranjero: En el de grandemente desconcertante, pues me está pareciendo que hemos llegado a lo que nos pasa acerca de la ciencia. [277d] Sócrates: ¿Qué es eso? [277d] Extranjero: Estar necesitando, bienaventurado de ti, de un paradigma para el paradigma mismo. [277e] Sócrates: ¿Cómo así?; dilo y por mí no te retengas. [277e] Extranjero: Lo diré, ya que tú estás dispuesto a seguirme, porque sabemos que los niños cuando están ya duchos en letras... [277e] Sócrates: ¿Qué? [277e] Extranjero: Distinguen suficientemente cada elemento en las sílabas más breves y fáciles y son capaces de dar, respecto de ellos, respuestas verdaderas. [278a] Sócrates: Pues, ¿cómo no? [278a] Extranjero: Mas en otras, dudan respecto de eso mismo, y se equivocan en juicio y en palabra. [278a] Extranjero: ¿Mas no es más fácil y bello llevarlos a la no aún conocido de esta manera...? [278a] Sócrates: ¿De cuál? [278a] Extranjero: Conducirlos primero a aquello en que opinaron correctamente acerca de esos mismos elementos; y, conducidos así, ponerlos ante lo no aún conocido y, por comparación, mostrarles que en ambas combinaciones de elementos hay las mismas semejanza y naturaleza, hasta que, en todo lo desconocido, quede patente lo pensado, por contraposición, según verdad. Mas lo patente, hecho así paradigma, haga, respecto de cada uno de los elementos en todas las sílabas, que se llame “diverso” a lo que es diverso de cada uno; mas “idéntico”, a lo que siempre sea idéntico consigo mismo. [278c] Sócrates: Pues de todo en todo. [278c] Extranjero: ¿Hemos, pues, suficientemente comprendido que surge un paradigma precisamente cuando, siendo el mismo, se lo tiene correctamente por el mismo, aun estando en algo diverso y deformado: y cuando, comparado en ambos casos, terminen dando ambos algo así como una sola opinión verdadera? [278c] Sócrates: Tal parece. [278c] Extranjero: ¿Nos admiraremos, pues, de que eso mismo le pase naturalmente a nuestra alma respecto de los elementos de todas las cosas; de que unas veces, por virtud de la verdad, se halle firme respecto de cada uno de los de algunas cosas; otras veces, despistada en otras acerca de todos; de que opine correctamente, por mera suerte, respecto de los elementos de ciertas combinaciones; mas que, transportados a ciertas sílabas, complejas y no fáciles, de las cosas, desconozca una vez más esos mismos elementos? [278d] Sócrates: Nada de sorprendente tiene. [278e] Extranjero: ¿Cómo, pues, querido, se podría, partiendo de opinión falsa, adquirir sabiduría llegando a algo de la verdad, aunque sea pequeña partecilla? [278e] Sócrates: Casi imposible. [278e] Extranjero: Si las cosas son naturalmente así, ¿faltaríamos en algo tú y yo si primero tratásemos de ver la naturaleza de paradigma en total en un paradigma parcial y en pequeño; después de lo cual, y dejándonos llevar desde lo pequeño a ese máximo eidos que es el mismo de rey, tratásemos de conocer, según arte, lo que es cuidar de una Ciudad, para así pasar de sueño a vigilia? [279a] Extranjero: Retomemos, una vez más, el razonamiento anterior; ya que tantos y tantos disputan al género regio eso de cuidarse de las Ciudades, es preciso, por cierto, apartarlos a todos ellos, y dejarlo solamente a él, que para esto afirmamos necesitar de un cierto paradigma. [279a] Sócrates: Y mucho. [279a] Extranjero: ¿Qué paradigma se podría proponer que, siendo insignificante, fuera con todo suficiente para hallar lo que buscamos? ¡Por Júpiter!, quieres, Sócrates, ¿que, si no tenemos a mano otro, elijamos el arte textil? ¿Y dentro de él, no todo, si te parece? Tal vez nos sirva la parte sobre los tejidos de lana, porque pudiera ser que esta parte, así seleccionada, nos diera testimonio de lo que buscamos. [279b] Sócrates: ¿Por qué no? [279b] Extranjero: A la manera como anteriormente dividimos algo, recortando partes de partes, ¿por qué no haríamos lo mismo ahora respecto de la arte textil, y, pasando por toda ella lo más breve y rápido posible, lleguemos de nuevo a lo que ahora nos resulte útil? ¿Cómo? [279c] Extranjero: Hará de respuesta el proceso mismo. [279c] Sócrates: Bellísimamente dicho. [279c] Extranjero: De todo lo que hacemos como artífices, y poseemos, unas cosas sirven para hacer algo; otras, de preservativos contra padecimientos; y de los preservativos, unos son antídotos divinos o humanos; otros, defensas; mas de las defensas, unas son armaduras para la guerra; otras, amparos; de los amparos, unos son parapetos; otros, abrigos contra fríos y calores; de los abrigos, unos son techos; otros, cubiertas; de las cubiertas, unas sirven para alfombra; otras, para envolver; de las envolventes, unas son de una sola pieza; otras, compuestas; de las compuestas, unas lo están mediante agujeros; otras, unidas sin ellos; de las sin agujeros, unas están hechas de fibras de plantas terrestres; otras son de crines; de las de crines, unas encoladas con agua y tierra; otras, entrelazadas con sus mismos elementos. A tales defensas y coberturas elaboradas con materiales autoentrelazados llamamos con el nombre de "“vestidos”. En cuanto al arte que se ocupa preferentemente de los vestidos, ¿no le daríamos ahora, a semejanza de lo que dijimos antes sobre la arte política, un nombre sacado del trabajo mismo: “arte vestuaria"? ¿Y no afirmaremos que el arte textil, en cuanto que constituye la parte más importante en la confección de vestidos, no difiere sino por el nombre de estotra arte: la vestuaria, al modo que antes pasaba lo mismo respecto de la arte real y la política? [280a] Sócrates: Correctísimo. [280a] Extranjero: Después de lo cual hemos de considerar que tal vez se creería haber explicado suficientemente el arte de tejer vestidos, sin ser capaz de caer en cuenta de que fue solamente definida respecto de artes colaboradoras; mas que, respecto de otras congéneres, fue solamente desmembrada. [280b] Sócrates: Dime de cuáles congéneres. [280b] Extranjero: No has seguido lo dicho, al parecer; conviene, pues, que retrocedamos y partamos del final, porque, si consideras el parentesco, acabamos de separar de ella una, al distinguir en la fabricación de tapices los que se ponen al derredor y los que debajo. [280b] Sócrates: Entiendo. [280c] Extranjero: Hemos descartado toda fabricación con lino, esparto y todo lo que, por analogía, llamamos hecho de fibras de plantas; eliminamos también el arte de enfurtir y la que compone sirviéndose de agujerear y coser, parte más importante de la cual es la arte de zapatería, en conjunto. [280c] Sócrates: Así fue del todo. [280c] Extranjero: Descartamos, además, la peletería que se cuida de las cubiertas de una sola pieza; y las de techos, cuantas se emplean en la construcción de casa y en otras cualesquiera construcciones y en las demás artes de conducción de corrientes; y descartamos las artes de defensas contra robos, y de aparatos contra actos de violencia; las que fabrican tapaderas y refuerzos de puertas, partes especiales del arte carpinteril; recortamos la arte a-mera que no es sino una sección de la grande y compleja industria de proyectiles; y, ya desde el comienzo, descartamos la arte mágica entera que se trata con los antídotos; y habríamos dejado, tal pareciera, — hasta esa bien buscada protectora contra las escarchas, fabricadora de defensas de lana, que tiene por nombre “tejedora”. [280e] Sócrates: Así parece. [280e] Extranjero: Mas, jovenzuelo, no es perfecto lo dicho, porque quien da la primera mano a la fabricación de vestidos, — parece hacer lo contrario de tejer. [281a] Sócrates: ¿Cómo? [281a] Extranjero: Tejer es un cierto entrelazar. [281a] Sócrates: Sí. [281a] Extranjero: Mas esotro es desenredar lo compuesto y comprensado. [281a] Sócrates:. ¿Cuál? [281a] Extranjero: Lo que hace el arte de cardar, ¿O es que nos atreveremos a llamar al cardar “tejer” y decir que el cardador es realmente tejedor? [281a] Sócrates: En modo alguno. [281a] Extranjero: Y lo mismo vale de la arte de hacer urdimbre y trama, que si se la Llama “textil” fuera hablar paradójica y falsamente. [281b] Sócrates el joven: ¿Cómo no? [281b] Extranjero: Pues bien, ¿afirmaremos que el enfurtido en conjunto y el remendar no tienen nada que ver con el cuidado y servicio del vestido, a llamaremos a todas estas artes “textiles”? [281b] Sócrates: En modo alguno. [281b] Extranjero: Sin embargo, todas estas artes disputarán a la arte textil lo de cuidar y hacer vestidos, dándole sin duda la parte mayor, mas reservándose a sí mismas una grande. [281c] Sócrates: Perfectamente. [281c] Extranjero: Además de éstas, las artes fabricadoras del instrumental, que dan a las obras textiles su acabado, pretenderán, hay que creerlo así, ser concausas del tejido total. [281c] Sócrates: Correctisimamente. [281c] Extranjero: Esa noción de arte textil, dentro de la cual seleccionamos partes, ¿quedará ya suficientemente definida si, entre todas las artes relativas a vestidos de lana, la ponemos cual la más bella y mejor de todas? ¿O diríamos sin duda algo de verdadero, mas no ni claro ni definitivo, antes de descartar de ella todas éstas? [281d] Sócrates: Correcto. [281d] Extranjero: Según esto, ¿no habría que hacer ya lo que decimos, para-que el razonamiento tenga continuidad? [281d] Sócrates: ¿Cómo no? [281d] Extranjero: Ante todo, pues, notemos que, respecto de todo producto, hay dos artes. [281d] Sócrates: ¿Cuáles son? [281d] Extranjero: Una que es auxiliar de la producción; otra, causa propiamente tal. [281d] Sócrates: ¿Cómo? [281e] Extranjero: Todas las artes que no fabrican la cosa misma, pero proporcionan a las fabricantes sus instrumentos, sin los cuales ninguna de ellas realizaría su cometido, son causas auxiliares; mas simplemente causas, las que producen la cosa misma. [281e] Sócrates: Es razonable. [281e] Extranjero: Después de lo cual, a las artes que proporcionan husos, lanzaderas y los demás instrumentos concurrentes en la producción de vestidos las llamaremos, en conjunto, “causas auxiliares”; mas a las que se ocupan de ellos y los producen, “causas”. [281e] Sócrates: Correctísimo. [281e] Extranjero: De estas causas, a la de lavar, a la de remendar y a todas las que de algo de esto se ocupan, pues es — vasto el arte de aprestar, es casi natural tomarlas aquí cual partes de ésta, y dar al todo el nombre de “arte batanera”. [282a] Sócrates: Bellamente. [282a] Extranjero: Mas las artes de cardar, hilar y todo lo concerniente a la hechura misma del vestido, de que todo eso decimos son partes, dan una cierta arte que abarca todo lo dicho: el lanificio. [282a] Sócrates: ¿Cómo no? [282b] Extranjero: En el lanificio hay dos secciones, y a cada una de ellas corresponden, cual partes, dos artes. [282b] Sócrates: ¿Cómo? [282b] Extranjero: El cardar, la mitad de la acción de la lanzadera y cuantas acciones separan lo entrelazado, todo esto, tomado en bloque, hay que llamarlo y es propio del lanificio mismo; y, según todo esto, tenemos dos grandes artes: la componedora y la descomponedora. [282b] Sócrates: Sí. [282b] Extranjero: A la descomponedora pertenecen la cardadora y todo lo demás dicho ahora, porque la descomposición en lanas e hilos, hecha de una manera con la lanzadera y de otra con las manos, tiene cuantos nombres se acaba de darles. [282c] Sócrates: Perfectamente. [282c] Extranjero: Tomemos de nuevo una parte que pertenece a la vez a la arte descomponedora y al lanificio en ella; lo que en ellas haya de arte descomponedora, dejémoslo todo de lado, con lo cual hemos dividido el lanificio en dos secciones: descomponedora y componedora. [282c] Sócrates: Queda así dividido. [282c] Extranjero: Has de dividir, Sócrates, esa parte que es a la vez componedora y lanifactora, si es que hemos de comprender suficientemente la llamada “arte textil”. [282d] Sócrates: Así ha de hacerse. [282d] Extranjero: Así ha de ser, por cierto; digamos que de ella hay dos partes: la retorcedora y la entrelazadora, ¿He entendido bien?; porque me parece que a la preparación del hilo de la urdimbre llamas “retorcida”. [282d] Extranjero: No sólo la de él, sino la de la trama, ¿O es que encontraremos manera de hacerlo sin retorcer? [282d] Sócrates: No la hay. [282e] Extranjero: Analiza ambas operaciones, porque tal vez te resulte oportuno tal análisis. [282e] Sócrates: ¿Cómo? [282e] Extranjero: Así: entre los productos del cardar, ¿hay uno que tiene longitud y latitud y se llama "“hilaza”? [282e] Sócrates: Sí. [282e] Extranjero: Que, enrollada en el huso y hecha hilo sólido, dirás que es hilo de urdimbre, y que la arte de rectificarlo es la arte de la hilatura. [282e] Extranjero: Mas todas las fibras que admitan trama suelta y, no obstante, tengan la suavidad adecuada dentro del entrelazado del hilo respecto de la tracción del apresto, tejidas en trama, llamaremos a la arte ordenadora de ellas “entramadora”. [283a] Sócrates: Correctísimo. [283a] Extranjero: Queda, pues, ya perfectamente declarada la parte de la arte textil que nos propusimos. Porque cuando del entretejimiento del hilo e urdimbre, que es una parte de la arte elaboradora de la lana,. resulta un tejido, al tejido [ entero llamaremos “vestido de lana”; mas a la correspondiente, arte “textil”. [283a] Sócrates: Correctísimo. [283a] Extranjero: Sea; ¿por qué, pues, no. respondemos sin más que tejer es el arte de entrelazar trama e hilos, sino que damos vueltas y más vueltas en redondo, multiplicando inútilmente las distinciones? [283b] Sócrates: Por mí, Extranjero, que nada de lo dicho me parece haberse dicho inútilmente. [283b] Extranjero: Nada tiene de extraño; mas, tal vez, envidiable amigo, pudiera parecerlo. Para tal enfermedad que tal vez más tarde te asalte frecuentemente —nada tendría de extraño—, escucha, voy a decírtelo, un razonamiento conveniente para todos estos casos. Dilo, sin más. [283c] Extranjero: Ante todo veamos lo que hay de exceso y de defecto, para que alabemos o reprendamos, según cuenta-y- W razón, lo que sea más largo o más corto de lo debido, en 1 discusiones, como éstas: - [283c] Sócrates: Así ha de hacerse. [283c] Extranjero: Creo, pues, que, haciéndolo así en ellas, nuestro razonamiento sería correcto. — ¿Respecto de qué? [283c] Extranjero: De longitud, brevedad y, en general, de exceso y defecto, porque todo esto entra en la arte de medir. [283d] Sócrates: Sí. [283d] Extranjero: Dividámosla, pues, en dos partes; porque es preciso para lo que intentamos. [283d] Sócrates: Explica la manera de dividirla. [283d] Extranjero: Es ésta: una parte, referente a la relación mutua común entre grandor y pequeñez; otra, referente a las necesidades esenciales de la generación. [283d] Extranjero: ¿No crees natural el que lo grande no es grande sino respecto de lo pequeño; y que lo pequeño es pequeño respecto de lo grande, y de nada más? [283e] Sócrates: Por mí, que así es. [283e] Extranjero: Pues bien: de lo que o es superado o supera a lo naturalmente medido, sea en palabras o en obras, ¿no diremos que realmente de eso proviene y en eso realmente se diferencian, sobre todo, malos y buenos? [283e] Sócrates: Evidentemente. [283e] Extranjero: Hay, pues, que admitir dos clases de esencia y dos de juicios acerca de lo Grande y de lo Pequeño; y no tan sólo, como acabamos de afirmar, su necesaria relación mutua; sino, como decimos ahora, hay que hablar, por una parte, de ella; pero, por otra, de su relación con la medida. ¿Querríamos saber para qué? [283e] Sócrates: ¿Cómo no? [283e] Extranjero: Si de natural lo grande no está en relación — sino con lo pequeño, no lo estará con la medida. ¿Es así? [284a] Sócrates: Así es. [284a] Extranjero: Por esta misma razón, ¿no destruiríamos todas las artes y sus obras, y además haríamos desaparecer la política que estamos buscando y la llamada arte textil?, porque todas ellas no sólo se cuidan de no pasar ni en más ni en menos de la medida, cual si eso no fuera nada, sino porque es perjudicial para sus acciones; y, de esta manera, observando la medida, consiguen que sean buenas-y-bellas todas sus obras. [284b] Sócrates: ¿Cómo no? [284b] Extranjero: Si de esta manera hacemos desaparecer la política, ¿no nos cerraríamos toda salida en la investigación de la ciencia regía? [284b] Sócrates: Seguramente. [284b] Extranjero: A la manera como en el "Sofista” forzamos al no Ente a ser, ya que el razonamiento se nos refugió ahí, ¿así también ahora forzaremos a lo Más y a lo Menos a que se hagan conmensurables no sólo entre sí sino para producir lo mesurado? Porque no es posible que resulte indiscutible lo referente al político o a cualquiera de los. conoce- … dores en prácticas, si no se concede esto.; Así que muchísimo más hay que hacer esto ahora. [284c] Extranjero: Más laborioso, Sócrates, será esto que aquéllo, aunque bien recordamos lo largo que fue; con todo será bien justo que, acerca de esto, supongamos algo así como... [284c] Sócrates: ¿Qué? [284d] Extranjero: Que esto de que estamos hablando nos hará ¿falta para mostrar con toda exactitud que, respecto de lo que ha quedado ahora mostrado bella y suficientemente, me parece gran ayuda ese razonamiento que generosamente se obliga a admitir el que todas las artes están en el mismo pie de realidad, y que mayor y menor se han de coajustar no solamente entre sí, sino para la producción de lo mesurado, porque si esto se realiza, existen ellas; y, si existen ellas, se realiza esto; mas cualquiera de éstos que no se realice, tampoco existirá el otro. [284e] Sócrates: Esto es correcto; mas, ¿qué viene a continuación? [284e] Extranjero: Es evidente que dividiríamos la arte mensuratoria, según lo que se dijo, dividiéndola en dos de esta manera; pongamos en una parte de ella todas las artes que correlacionan números, longitudes, profundidades, latitudes y * espesores con lo contrario; y en otra, las que se correlacionan con mesurado, conveniente, oportuno, debido, y todo lo demás que, salido de los extremos, se domicilió en el medio. Grandes son, por cierto, las dos secciones de que hablas, y mucho difiere la una de la otra. [284e] Extranjero: A veces, Sócrates, muchos varones de los más sutiles, creyendo decir gran cosa, afirman que la arte mensuratoria se aplica a todo lo que viene al ser; eso mismo es lo que, en este caso, se está ahora diciendo; porque, de cierta manera, todas las obras de arte han participado de la medida. Mas, por no estar acostumbrados a pensar según eídoses, los que dividen esas secciones las reducen sin más, tan diversas como son, a unidad, teniéndolas por semejantes; y, a veces, hacen lo contrario por no dividir otras cosas según sus partes, cual es preciso hacerlo; cuando se ha percibido una cierta comunidad entre muchas, no hay que abandonarlas antes de descubrir en su comunidad misma todas las diferencias que se fundan en eídoses. En cuanto a las desemejanzas variables que vean en una multitud, no han de desalentarse y cejar antes de que, encerrando todo lo de ella dentro de una semejanza, quede comprendido en la esencia de un género. Acerca de este punto, y de defectos y excesos, baste con lo dicho; conservemos tan sólo ese hallazgo de dos géneros de arte mensuratoria y recordemos lo que hemos — afirmado que son. [285c] Sócrates: Lo recordaremos. [285c] Extranjero: Después de este razonamiento admitamos otro que versa tanto sobre lo que investigábamos como sobre toda discusión en razonamientos parecidos. [285c] Sócrates: ¿Cuál es? [285c] Extranjero: Si alguien nos preguntara sobre cómo se comportan los que están aprendiendo a leer cuando se le pregunta a uno de qué letras está hecho un nombre, ¿diremos que lo resuelve únicamente respecto del nombre propuesto, o más bien, para llegar a ser gramático, respecto de todos los que se le presenten? [285d] Sócrates: Es evidente que para todos. [285d] Extranjero: ¿Y qué en cuanto a nuestra investigación del político? ¿Nos la propusimos respecto de él principalmente o, más bien, para hacernos mejores dialécticos respecto de todo? [285d] Sócrates: Es claro también que para todo. [285d] Extranjero: Empero, ningún varón de entendimiento se propondría cazar la definición de arte textil por mor de tal arte; pienso, no obstante, que la mayoría desconoce que para hacer comprender a quien pide explicación algunas cosas más — fácilmente, hay de ordinario ciertas semejas sensibles, no difíciles de descubrir si uno se propone mostrarlas de manera fácil, no en su realidad, sino sin razonamiento. Empero, para las realidades máximas y las más valiosas no hay eídolo alguno, creado y evidente, en favor de los hombres, con el — que quien lo quiera satisfaga al alma del interrogador, y la llene suficientemente armonizándola con alguna de las sensaciones. Por lo cual hay que procurar sea posible dar y recibir razón de todo, ya que las cosas incorporales, por ser las más bellas y grandiosas, sólo se muestran evidentes al razonamiento y no de otra manera; mas justamente por causa de ellas se ha dicho todo lo anterior. Empero, respecto de todo, — es más fácil ocuparse de lo pequeño que de lo grande. [286b] Sócrates: Bellísimamente dicho. [286b] Extranjero: Recordemos con qué fin hemos hablado de todo esto. [286b] Sócrates: ¿De qué? [286b] Extranjero: No menos a causa del fastidio que, fastidiados, padecimos durante aquel largo discurso acerca del arte textil, cuanto en aquel otro sobre la retrogradación del universo, y el otro sobre el “Sofista” acerca de la esencia del no-ente, al caer en cuenta de cuán grande era su extensión. Por todo ello nos reprendíamos, temiendo haber hablado de cosas a la vez accesorias y largas. Para que, pues, no nos pase lo mismo una vez más, di que por tal cansa hemos dicho lo anterior. [286b] Sócrates: Así se hará. Continúa sin más hablando. [286b] Extranjero: Digo, pues, que, recordando yo y tú lo acabado de decir, hemos de reprender o de alabar en cada caso brevedad o extensión de lo que estemos tratando, no juzgando según las dimensiones relativas entre ellas, sino según esa parte de la arte mensuratoria de la que entonces dijimos hay que recordarse: la relativa a la conveniencia. [286d] Sócrates: Correctamente. [286d] Extranjero: Mas nada de referir todo a ella, ya que no exigiremos, sino como accesorio, el que la extensión resulte deleitable; mas en cuanto a la solución de lo propuesto, la razón nos indica que queramos, como secundario y no cual primario, el hallarla fácil y rápidamente; pero que, muchísimo más y primero, apreciemos este método que hace posible dividir según eídoses; y que en cuanto a un razonamiento que, largo de decir, excite la inventiva del oyente, además de seguirlo esforzadamente, no llevemos a mal tanto al que resulte largo como corto. Además: al que reprenda la largo de un razonamiento en tales reuniones y no admita digresiones circulares, no hay que despedirlo, de prisa y sin más, sólo porque reprenda por largo lo dicho, sino persuadirle de que ha de demostrar que, de ser más breves, hubiera hecho, a los oyentes, más dialécticos y hábiles en encontrar las maneras de declarar las realidades con razonamiento, pero de lo demás y de las reprensiones y alabanzas sobre otros puntos, ni preocuparse ni tan sólo dar la apariencia de escuchar semejantes razonamientos. Basta con esto, si te lo parece; y volvamos al político, aplicándole el paradigma de la — arte textil explicada. [287b] Sócrates: Bellamente dicho; hagamos lo que dices. [287b] Extranjero: Quedó el rey separado de todas las artes que convienen en mandar; pero, sobre todo, de todas las referentes a los ganados. Nos resta, decimos, la tarea de separar, primero, unas de otras, las que son concausas y causas dentro de la Ciudad. [287b] Extranjero: ¿Sabes que resulta difícil dividirlas en dos? La causa de ello, creo, quedará en claro conforme avancemos. [287c] Sócrates el joven: Hágase, pues, así. [287c] Extranjero: Las dividiremos, pues, cual si fuera víctima sagrada, según miembros, ya que nos es imposible hacerlo en dos, porque hay que dividir siempre según el número más próximo. [287c] Sócrates: ¿Cómo lo haremos ahora? [287c] Extranjero: Como anteriormente: a todas las artes que proporcionaban instrumentos para la arte textil las pusimos entonces entre. las auxiliares. [287c] Sócrates: Sí. [287c] Extranjero: Hemos de hacer ahora eso mismo, y hasta un poco más que entonces. Á todas las artes que, en favor de la Ciudad, fabriquen un instrumento, grande o pequeño, hay que ponerlas a todas cual auxiliares, porque, sin ellas, no habría ni “pelis” ni “arte política"; mas no les atribuiremos obra alguna de la arte propiamente real. [287d] Sócrates: Pues no. [287d] Extranjero: Por cierto que emprendemos hacer algo difícil al separar este género de los demás, porque parece puede decirse, con cierta confianza, al hablar, que toda cosa es instrumento de algo. Sin embargo, digamos que, respecto de ciertos objetos, propiedad de la Ciudad, pasa algo diverso. [287e] Sócrates: ¿Qué? [287e] Extranjero: Que no tienen tal poder instrumental, porque tales objetos no se los hace con vistas a que sean causa productora, sino conservadora de lo fabricado. [287e] Sócrates: ¿Cuáles son? [287e] Extranjero: Los que, con una palabra, llamamos “vasija”: eidos fabricado para contener cosas secas y húmedas, preparadas al fuego o sin él, eidos bien corriente y que, sencillamente, nada tiene que ver con la ciencia buscada. [288a] Sócrates: Pues, ¿cómo no? [288a] Extranjero: Hay que considerar, entre los objetos posesión de la Ciudad, un tercer eidos, del todo diverso que, refiérase a lo pedestre, acuático, errante o fijo, precioso o despreciable, tiene un solo nombre, porque todo él sirve de soporte de algo, hecho asiento para él. [288a] Sócrates: ¿Cuál es? [288a] Extranjero: Llamámoslo “transporte”; no es, por cierto, obra de la atte política, sino mucho más del arte del carpintero, alfarero o herrero. [288a] Sócrates: Lo sé. [288b] Extranjero: ¿Cuál será el cuarto eídos? ¿No se habrá de decir que es diverso de aquellos, éste, al que pertenecen los objetos ya mencionados, el vestuario entero, las más de las armas, los muros y todos los abrigos térreos o pétreos, y mil y mil otras cosas? Mas, puesto que todo ello está hecho para abrigar, sería justísimo llamarlo en total, “abrigo”, y habría que tenerlo como obra de la arte arquitectónica o de la textil mejor, mucho más y más correctamente que de la política. [288b] Sócrates: Perfectamente. [288c] Extranjero: ¿Aceptaríamos poner como quinto eidos el concerniente a ornamentación y pintura y a cuantas imitaciones se producen sirviéndose de pintura y música, hechas tan sólo para deleite nuestro?; ¿no las abarcaríamos ajustadamente con un nombre? [288c] Extranjero: Se le da el de una cierta “diversión”. [288c] Sócrates: ¿Cómo no? [288c] Extranjero: Convendrá, pues, que a todas ellas se les dé un solo nombre, porque no se hacen por nada serio, sino todo por juego. [288d] Sócrates: También esto lo entiendo casi perfectamente. [288d] Extranjero: ¿Mas no pondremos como sexto eidos el que proporciona cuerpos a todas estas, de los que y en los que hacen sus trabajos todas las artes de que se acaba de hablar, eidos rico él, engendro de tantas otras artes? [288d] Sócrates: ¿De cuál hablas? [288d] Extranjero: Del oro, de la plata y de todo extracto minero; y de todo lo que la arte de desmontar y emondar proporciona a la carpintería y cestería; además, de la arte descortezadora de plantas y de la despellejadora de cuerpos vivientes; la de curtir, y cuantas artes hay conexas con éstas; de todas las que preparan corcho, papiro y cuerdas, fabricando de eídoses no compuestos otros compuestos. Digamos, forman un todo todas estas adquisiciones primogénitas y simples del hombre y que no son, en modo alguno, obra de ciencia regia. [288e] Sócrates: Bellamente. [288e] Extranjero: De las a poseer por alimentación y de cuantas son partes de un cuerpo, a mezclarse con las partes propias de los nuestros para dar un cuerpo, y a las que cayó en suerte proporcionarles fuerza hemos de decir que son el — séptimo eidos, denominándolo en conjunto nuestra “nodriza, si no tenemos más bello nombre que ponerle. Mas subsumiendo todo esto bajo agricultura, cacería, gimnástica, medicina o arte culinaria, quedaría mejor atribuido que subsumiéndolo bajo la política. [289a] Extranjero: Casi todas las cosas, objeto de posesión, fuera de los animales domesticados, han quedado, creo, tratadas dentro de estos siete géneros. Considéralo si no: porque justísimamente se puso en primer lugar el eidos primogénito; pero después de él instrumentos: vasija, vehículo, abrigo, diversión, alimento. Dejamos de lado, caso de no haber olvidado algo importante, con posibilidad de encajarlo en alguno de esos eídoses, cosas como idea de la moneda, sellos y toda clase de improntas, porque tal género de cosas no tiene nada de importante y a la altura de los otros; mas violentándolas o, si no, arrastrándolas, encajarán mejor o peor unas en ornamentos; otras, en instrumentos. En cuanto a la posesión de animales domesticados, esclavos aparte, aparecerá evidentemente comprendida bajo un arte anteriormente analizada: la ganadería. [289c] Sócrates: Perfectamente. [289c] Extranjero: Queda aún el grupo de esclavos y de toda clase de sirvientes entre los cuales aparecerán —me parece adivinarlo— los que disputan al rey la confección del tejido propiamente tal, al modo que se la disputaban a los tejedores los hilanderos y cardadores y otros de que hablamos. En cuanto a todos los demás, denominados “auxiliares”, queden descartados junto con las obras ahora mencionadas, y separados de la actividad real y política. [289d] Sócrates: Parece que lo están. [289d] Extranjero: Examinemos, pues, de cerca, a los restantes para verlos más seguramente. [289d] Sócrates: Así ha de hacerse. [289d] Extranjero: Viéndolos desde donde estamos, hallaremos que los máximos sirvientes tienen oficia y condición contrarios a los que sospechábamos. [289d] Extranjero: Los comprados o adquiridos de maneras semejantes; a los cuales, sin duda alguna, habría que llamar “esclavos”, y que colaboran mínimamente en la arte real. [289e] Sócrates: Pero, ¿cómo no? [289e] Extranjero: ¿Y qué, respecto de los libres que, voluntariamente, se ponen al servicio de los que acabamos de nombrar, distribuyendo y compensando entre ellos los productos de agricultura y los de otras artes, unos en el mercado, otros transportándolos de ciudad en ciudad por mar y a pie, cambiando moneda por otras cosas, y moneda por moneda; a los que damos los nombres de “cambistas, comerciantes, armadores, buhoneros”? ¿Abrigarán alguna pretensión a la política? [290a] Sócrates: ¡Tal vez a la de los comerciantes! [290a] Extranjero: Mas a asalariados y jornaleros que vemos estar dispuestísimos a servir a todos, no los hallaremos jamás de colaboradores con la arte real. [290a] Sócrates: Pues ¿cómo? [290a] Extranjero: ¿Y qué, de los que continuamente nos ayudan en cosas tales como...? [290a] Sócrates: ¿De quiénes hablas y respecto de cuáles? [290b] Extranjero: De la clase de los heraldos y de cuantos llegan a peritos haciendo el oficio de escribanos y de algunos otros grandemente peritos en trabajar en variadas cosas referentes a las autoridades. ¿Cómo los llamaremos? Como acabas de decirlo: "“sirvientes”, y no autoridades en las Ciudades. [290b] Extranjero: as no creo mi haber soñado ni dicho que de esta parte aparecerían pretendientes distinguidos a la arte política. Así que grande despiste sería buscarlos en una rama de servicio. [290b] Sócrates el joven: Seguramente. [290b] Extranjero: Metámonos más en particular con los aún no puestos a prueba. Son los que por dedicarse a la adivinatoria tienen parte en una cierta ciencia de servicios, ya que se los considera cual intérpretes de los dioses para con los hombres. [290b] Sócrates: Así es. [290b] Extranjero: Parecidamente la clase sacerdotal, cual debe decirse, es sabia en, por los sacrificios, ofrecer a los dioses los dones que les agradan; y, por las plegarias, hacer que ellos nos otorguen posesión de bienes. Ambos oficios son partes de una arte de servicio. [290d] Sócrates: Así parece. [290d] Extranjero: Me parece que estamos ya sobre una pista para lo que buscamos, porque el oficio de sacerdote y el de adivino son de bien grandes pretensiones y poseen prestigio sagrado por la magnificencia de su cargo, tanto que, en Egipto, el rey no puede gobernar si no es de dignidad sacerdotal; — mas si por la fuerza de las circunstancias viene de otra clase, posteriormente, habrá de ser admitido en la clase sacerdotal. Además, frecuentemente, aún entre los griegos se hallaría que a las más altas autoridades se les ha encomendado lo más importante de tales sacrificios. Entre vosotros mismos no es menos claro lo que digo, porque al que cayó en Suerte ser rey se le encomiendan, según se refiere y por tal hecho, los más augustos y más tradicionales de los sacrificios antiguos. [290e] Sócrates: Así es. [291a] Extranjero: Consideremos, pues, a estos reyes y sacerdotes elegidos, además a sus sirvientes y a una cierta y numerosa multitud que, descartados los anteriores, se nos puso ahora de manifiesto. [291a] Sócrates: ¿De quiénes hablas? [291a] Extranjero: De gente bien extraña. [291a] Sócrates: ¿Cómo así? [291a] Extranjero: Raza de muchas tribus, tal como a primera vista aparece. Porque muchos de tales varones se asemejan a leones, a centauros y a otros tales; muchos más a sátiros y — fieras poco fuertes y muy astutas; mas, de repente, cambian entre sí de ideas y poderes. Por cierto, Sócrates, que me está pareciendo entender ya a esos varones. [291b] Sócrates: Dilo ya, porque me pareces estar atisbando algo raro. [291b] Extranjero: Así es; lo raro, les viene a todos de ignorancia que es lo que me acaba de pasar: de repente no caí en cuenta de que estaba viendo el coro de los metidos en los negocios públicos. [291c] Sócrates: ¿Qué coro? [291c] Extranjero: Al frente de él al máximo encantador de todos los sofistas y al más experimentado en esta arte al que, por muy difícil que sea separarlo de los en realidad de verdad varones políticos y reales, hay que separarlo de ellos si nos proponemos ver con claridad lo buscado. [291c] Sócrates: En cuanto a esto no hay que ceder. [291c] Extranjero: No, según mi opinión también. Pero dime: ¿Qué? [291d] Extranjero: ¿No es la monarquía, para nosotros, una de las formas de poder político? [291d] Sócrates: Sí. [291d] Extranjero: Y después de la monarquía, creo que pondríamos el gobierno de unos pocos. [291d] Sócrates: ¿Cómo no? [291d] Extranjero: La tercera forma de régimen político, ¿no es el gobierno de la multitud que lleva por nombre “democracia”? [291d] Sócrates: Absolutamente. [291d] Extranjero: Mas siendo tres, ¿no resultarán cinco, engendrando ellas de sí mismas, y respecto de ellas mismas, dos nombres más? [291d] Sócrates: ¿Cuáles? [291e] Extranjero: Considerando violencia y voluntariedad, pobreza y riqueza, legalidad e ilegalidad que en aquéllas tres se engendran, dividamos cada una de ellas en dos; llámese a la monarquía, cual si nos presentare dos eídoses, con dos nombres: “tiranía” el uno; “realeza”, el otro. [291e] Sócrates: ¿Cómo no? [291e] Extranjero: Mas a la Ciudad dominada por unos pocos, con los de aristocracia” y “oligarquía”. [291e] Sócrates: Perfectamente. [291e] Extranjero: En cuanto a la democracia, sea que la multitud mande de grado o por fuerza sobre los poseedores de riquezas, y observe o no exactamente las leyes, no es costumbre en nadie cambiarla de nombre. [292a] Sócrates: Es verdad. [292a] Extranjero: Pues bien: ¿creemos que cualquiera de estos regímenes políticos está correctamente definido por esas notas: uno, pocos, muchos; riqueza y pobreza; buen grado y mal grado, o quede caracterizado por eso de leyes escritas o sin leyes? [292a] Sócrates: ¿Qué lo impide? [292b] Extranjero: Siguiéndome lo verás más claramente. [292b] Sócrates: ¿Cómo? [292b] Extranjero: ¿Mantenemos lo primeramente dicho o disentimos de ello? [292b] Sócrates: ¿A qué te refieres? [292b] Extranjero: Afirmamos, creo, que el gobierno real es una cierta ciencia. [292b] Sócrates: Sí. [292b] Extranjero: Mas no una cualquiera de todas, sino separada de ellas por ser, precisamente, ciencia crítica y directiva. [292b] Sócrates: Sí. [292b] Extranjero: Y, dentro de la directiva, la que versa sobre obras inanimadas, y la que trata con vivientes; y, subdividiendo de esta misma manera, llegamos siempre al punto actual, sin olvidarnos de Ciencia, mas no pudiéndola definir con suficiente exactitud. [292c] Sócrates: Correctamente dicho. [292c] Extranjero: ¿No caemos ya en cuenta de que no sirven para la definición ni eso de poco o muchos, ni la de buen grado y mal grado, ni pobreza ni riqueza, sino el que es Ciencia, si hemos de ser consecuentes con lo anterior? [292e] Sócrates: Imposible hacerlo de otra manera. [292e] Extranjero: Necesariamente, pues, hay que considerar ahora esto precisamente: en cuál de estos regímenes surge Ciencia sobre el gobierno de los hombres, que es casi casi la más difícil y mayor de las adquisiciones. Hay, pues, que tenerla ante la vista para descubrir a quiénes hay que eliminar del título de rey prudente, que se las dan de políticos, persuaden a otros de que lo son, mas de ninguna manera lo son. [292e] Sócrates: Hay que hacerlo, que así nos lo advirtió el razonamiento. [292e] Extranjero: ¿Parece posible que, en la Ciudad, la multitud pueda poseer tal ciencia? [292e] Sócrates: ¿Cómo lo sería? [292e] Extranjero: ¿Pero sería posible que en una Ciudad de diez mil varones, un centenar o aun quinientos puedan poseerla de manera suficiente? [292e] Sócrates: Sería, por cierto, la política la más fácil de todas las artes, porque sabemos que, entre todos los griegos, no hallaríamos tantos campeones en juegos de chaquete, respecto de diez mil, no digamos en lo de ciencia real. Porque al poseedor de la ciencia real, gobierne o no, hay que llamarlo “real”, según el anterior razonamiento. [293a] Extranjero: A punto me lo recordaste. Mas creo se sigue de ello que el gobierno correcto ha de buscarse en uno, dos o muy pocos, cuando realmente es correcto. [293a] Sócrates: ¿Qué más? [293a] Extranjero: Que esos manden sobre voluntarios o involuntarios, según leyes escritas o no, sean ricos o pobres, han de ser tenidos, así nos está pareciendo, por propiamente gobernantes, si gobiernan según arte con cualquier clase de gobierno. A los médicos no los tenemos menos por tales si nos curan de buen grado, o de mal grado, cortando, quemando, o causándonos otro dolor; tanto que lo hagan según reglas escritas como que no; sean ellos pobres o ricos. Por nada de eso dejamos de llamarlos “médicos” mientras sepan de su arte; y tanto que nos purguen, como que nos reduzcan o aumenten de peso, con sólo que sea para bien del cuerpo; poniéndonos de malos buenos, los que así nos cuidan nos salvan. De esta y no de otra manera, según creo, estableceremos la única definición correcta de arte medicinal, y lo mismo de cualquiera otra arte. [293b] Sócrates: Ciertamente. [293b] Extranjero: Respecto, pues, de los regímenes políticos parece también que se habrá de tener por eminentemente correcto y único aquel régimen en que los gobernantes resulten verdaderamente sabios, y no sólo aparentemente, tanto que gobiernen según leyes como sin ellas, de grado o por fuerza, sean ellos ricos o pobres; de nada de esto hay que preocuparse lo más mínimo cuando se trata de corrección. [293d] Sócrates: Bellamente. [293d] Extranjero: 'Tanto que maten a algunos como que destierren a otros, purificando así por su bien a la Ciudad, tanto que la hagan más pequeña por emigración, cual se hace menor a una colmena de abejas sacando algunas, como que, haciendo inmigrar ciudadanos extranjeros, la aumenten, mientras la hagan sirviéndose de ciencia y justicia, transformándola en lo posible de mal en bien, habremos de afirmar que, en tal caso y según las definiciones dadas, tal régimen político es, para nosotros, precisamente el único correcto. En cuanto a los demás aludidos, habrá que afirmar que no son ni genuinos ni realmente régimen político, sino imitaciones de aquél. Los que llamamos “bien regulados” lo han imitado en lo mejor; pero los demás, en lo peor. [293e] Sócrates: Todo me parece, Extranjero, haber sido ajustadamente dicho; menos eso, duro de oír, de que se ha de gobernar aun sin leyes. [293e] Extranjero: Te adelantaste un poco, Sócrates, a una pregunta mía, porque estaba ya por preguntarte si admitías todo la dicho o algo se te hacía duro. Mas ahora está claro que intentamos discutir si es correcto el que se gobierne sin leyes. [294a] Sócrates: Pues ¿cómo no? [294a] Extranjero: De alguna manera es, por cierto, claro, el que la arte legislativa es pertenencia de la arte real; lo mejor no consiste en imponer por fuerza las leyes, sino en que haya varón real y sapiente. ¿Sabes por qué? [294a] Sócrates: ¿En qué sentido? [294a] Extranjero: En el de que la ley no podría, abarcando para todos y a la vez lo mejor y lo más justo, ordenar lo más conveniente, porque las desigualdades de hombres y acciones —y el que, por decirlo así, nada de lo humano guarde reposo— no permiten que ninguna arte resulte jamás sencilla de aplicar a todos y en todo tiempo. ¿Concederemos esto? [294b] Sócrates: ¿Cómo no? [294b] Extranjero: Pues justo a esto vemos que tiende la ley: a esa manera como un hombre atrevido e ignorante que a — nadie permite hacer algo contra lo por él ordenado, ni que nadie le discuta nada, ni aun cuando sobrevenga algo nuevo y mejor, mas fuera de las palabras, con que él lo ordenó. [294c] Sócrates: Es verdad, porque la ley obra, simplemente, respecto de cada uno de nosotros, como acabas de decirlo. [294c] Extranjero: ¿Es, pues, imposible, según esto, el que lo que por nacimiento es íntegramente simple se adapte bien con lo que jamás es simple? [294c] Sócrates: Parece. [294c] Extranjero: ¿Por qué, pues, es tan necesario legislar si la ley no es superlativamente regla? Hemos de investigar la causa de esto. [294d] Sócrates: ¿Y qué? [294d] Extranjero: ¿No hay entre vosotros, al igual que en otras Ciudades, reuniones de hombres para ejercitarse, en carreras o en algo parecido, por emulación? [294d] Extranjero: Pues bien: recordemos una vez más las reglas que, en tales competencias, siguen los que en ellas se ejercitan según arte. [294d] Extranjero: A que no piensan se hayan de detener en detalles individuales, ordenando lo conveniente a cuerpo individual sino creen que el orden de lo conveniente a los — individuos se ha de imponer más bien en bloque: para lo más frecuente y para los más. [294e] Extranjero: Por esto asignan entonces iguales ejercicios a todo un grupo; que partan a la vez, que detengan a la vez la carrera, la lucha, y demás ejercicios corporales. [294e] Sócrates: Así es. [294e] Extranjero: Juzguemos según esto al legislador que ha de mandar a sus ovejas sobre justicia y contratos mutuos; no será capaz, mandando al grupo, de asignar exactamente a cada uno lo correspondiente. [295a] Extranjero: Establecerá la ley para la mayoría, según creo, y para la mayor parte de los casos, y de esta manera también para cada uno de ellos dentro del bloque, y la establecerá por escrito o no, mas legislando según las costumbres patrias. [295a] Extranjero: Correctamente, es cierto, porque, ¿quién, Sócrates, sería capaz de por vida y continuamente, asistiendo a cada uno, mandarle exactamente lo correspondiente? Que, si fuera capaz de ello, ninguno de los, en realidad, poseedores de la arte real, según creo, se pondría de gana a sí mismo obstáculos escribiendo esas llamadas “leyes”. [295b] Sócrates: No al menos, Extranjero, por lo que se acaba de decir. [295b] Extranjero: Pero mejor aún, óptimo, por lo que se va a decir. [295b] Sócrates: ¿Qué? [295b] Extranjero: Algo así, digámonos, como si un médico o maestro de gimnasia, ¿f… tener que viajar y ausentarse largo — tiempo de sus atendidos, creyendo que no se acordarán sus alumnos o enfermos de las disposiciones quisiera dejárselas, cual recordatorio, por escrito. ¿No es así? [295c] Sócrates: Así es. [295c] Extranjero: ¿Y qué si, contra lo pensado, tras corto tiempo de ausencia, volviera? ¿No se atrevería a sustituir tales prescripciones por otras, ya que a los enfermos les han sobrevenido circunstancias mejores o por los vientos, o por sucesos de esos que, por voluntad de Júpiter, pasan diversamente a lo esperado y habitual? ¿O, que por el contrario, se empeñara en no quitar las antiguas disposiciones, en no mandar otras, en que el enfermo no se atreva a hacer otra cosa fuera de lo escrito, que lo hecho de otra manera es perjudicial y contra arte? Ó si todo esto pasa en asuntos de ciencia y arte verdadera, ¿no habría para reírse, de todas maneras y en grande, de tales legisladores? [295e] Extranjero: Mas al que, sobre justo e injusto, bello y feo, bueno y malo, por escrito o sin él, dé leyes a los ganados humanos que en cada ciudad y según el régimen de Ciudad son apacentados por los que prescriben leyes, si el legislador competente u otro tal vuelve, ¿no le será lícito ordenar algo distinto de aquellas prescripciones? ¿O parecerá, en verdad, esta prohibición no menos ridícula que aquélla? [296a] Sócrates: ¿Cómo no? [296a] Extranjero: ¿Sabes lo que la mayoría dice respecto de [296a] Sócrates: No sabría ahora decir qué. [296a] Extranjero: Es algo bien razonable, porque afirman que, si alguno conoce mejores leyes que las de los antepasados, ha de ser la Ciudad la que legisle, después de haber convencido a cada uno de los ciudadanos; de otra manera, no. [296a] Sócrates: ¿Pues qué?, ¿no correctamente? [296b] Extranjero: Tal vez; pero si alguien, sin convencer, impone lo mejor, ¿qué nombre se dará a tal violencia? Aún no; volvamos primero a lo anterior. [296b] Sócrates: ¿A qué te refieres? [296b] Extranjero: Sea un médico que, sin convencer al enfermo, mas poseyendo correctamente el arte, imponga, contra lo prescrito, a niño, varón o mujer lo mejor, ¿cuál será el nombre de tal violencia? ¿No será cualquier otro menos el de error pernicioso y contra el arte?; ¿y el violentado podrá decir con justicia todo menos que, en este caso, le impusieron tales médicos un tratamiento perjudicial y contra arte? [296c] Sócrates: Dices gran verdad. [296c] Extranjero: ¿Cuál es el nombre que damos a un error contra la arte política? ¿No es el de vergonzoso, malo, injusto? [296c] Sócrates: Absolutamente. [296c] Extranjero: De los forzados a hacer contra lo escrito y tradicional algo más justo, mejor y más bello que lo anterior, dime, si alguno se pone a reprender tal acto de violencia y no quiere hacerse el hazmerreír universal, ¿habrá de decir todo, menos que los así violentados lo hayan sido a cosas vergonzosas, injustas y malas, a manos de los violentadores? [296d] Sócrates: Verdaderísimamente dicho. [296d] Extranjero: ¿Que la violencia es, tal vez, justa si el violentados es rico; y, si es pobre, injusta? ¿O da lo mismo que convenza O no, sea rico o pobre, aténgase o no a las leyes — escritas?; que haga lo conveniente; que la definición la más verdadera de una recta administración de la ciudad ha de ser: que el varón sabio y bueno administre los asuntos de los subordinados. ¿No es así como el capitán, atendiendo siempre a lo conveniente a la nave y pasajeros, sin dar leyes escritas, sino haciendo de ley su arte, salva la vida de ellos?; y de esta misma manera los capaces de gobernar así, ¿no realizarán política correcta, por hacer de la fuerza de la arte una fuerza mayor que la de las leyes? Y ¿no es verdad que los gobernantes sensatos no pueden errar en nada, mientras observen bien esto sólo: impartir siempre, con razón y arte, justicia perfecta a los ciudadanos, ser capaces de conservarlos — sanos, y hacerlos, en lo posible, de malos buenos? [297b] Sócrates: Nada hay que objetar a lo que se acaba de decir. [297b] Extranjero: Mas tampoco hay nada que objetar a lo anterior. [297b] Sócrates: ¿A qué te refieres? [297b] Extranjero: A que una multitud, sea la que fuere, aun tomando en sus manos tal ciencia, no sería capaz de administrar inteligentemente una Ciudad. Para realizar aquel único régimen político, el correcto, hay que buscar pocos; bien pocos; uno; y tener los demás regímenes por imitaciones, coma hace un momento se dijo, que unas de ellas lo reproducen en lo mejor; otras, en lo peor. [297c] Sócrates: ¿En qué sentido lo dices?, porque ni siquiera he comprendido lo de imitaciones. [297c] Extranjero: Por cierto que no sería leve el que, habiendo removido tal razonamiento, lo dejásemos caer aquí y no se aclarara detenidamente el error en que acabamos de incurrir acerca de eso. [297d] Sócrates: ¿Cuál, por cierto? [297d] Extranjero: Hay que buscar algo, no habitual ni fácil de ver. Tratemos, no obstante, de captarlo. Sea pues: no habiendo para nosotros sino un solo régimen político correcto, el dicho, ¿adviertes que los demás han de servirse de sus leyes escritas, y así salvarse, haciendo lo que acabamos de alabar. [297d] aunque no sea la más correcto? [297d] Sócrates: ¿Cuál? [297d] Extranjero: Que nadie en la Ciudad se atreva a hacer — nada contra las leyes; que al atrevido se lo castigue con muerte y los últimos suplicios. Como segundo procedimiento, esto es lo más correcto y bello, una vez que se descarte el primero que acabamos de decir. Expliquemos cómo se ha llegado a esto que llamamos segundo. ¿Es, pues, así? [297e] Sócrates: Pues enteramente. [297e] Extranjero: Revirtamos a las semejanzas que es preciso emplear siempre para describir a los gobernantes regios. [297e] Sócrates: ¿A cuáles? [297e] Extranjero: La del genuino capitán y la del médico «uno que vale por otros muchos». Consideremos el modelo que de ellos hemos elaborado. [297e] Sócrates: ¿Cuál? [298a] Extranjero: Este; que meditemos, por decirlo así, todas las terribles cosas que de ellos padecemos: si uno de ellos quiere salvarnos, igual nos salva uno que otro; mas al que quieren maltratar, lo maltratan sajándolo, quemándolo y ordenándole hacer gastos, cual si fueran tributos, de los cuales poco o nada gastan en favor del enfermo; del resto, ellos y sus domésticos se sirven; y, para terminar, o de los parientes o de ciertos enemigos del enfermo, tras haber recibido paga, lo matan. Por su parte, los capitanes hacen cosas tales por miles de miles; os abandonan, por cualquier pretexto, en parajes solitarios, y se largan; con falsas maniobras, en alta mar, os arrojan al agua, y otras fechorías. Si, pues, meditando en todo esto, tomáramos una decisión cual la de no encomendar a ninguno de estos dos peritos el mandar, como señor absoluto, ni a esclavos ni a libres; mas sí, la de reunirnos en asamblea, o el pueblo entero o únicamente a los ricos; sólo que entonces incompetentes y otros artesanos aportarán su opinión sobre navegación y enfermedades, sobre cómo hemos de aplicar medicina e instrumentos médicos a los enfermos; cómo servirnos de naves e instrumentos navales para los menesteres de las naves, para los peligros propios del navegar: los de vientos, mar y encuentros con piratas, y si hay que combatir navíos grandes contra otros grandes. No obstante, las decisiones de la plebe acerca de esto, aconsejada o por algunos médicos y capitanes o por otros profanos, las imprimiremos unas en columnas o estelas; otras, las dejaremos sin imprimir, imponiéndolas cual costumbres tradicionales; en adelante, según todas ellas, habrá que navegar y prescribir el tratamiento de los enfermos. [298d] Sócrates: Por cierto que has dicho cosas desconcertantes. [298d] Extranjero: Cada año pondremos gobernadores de la plebe, sacados de entre los ricos o del pueblo entero: a los que caiga en suerte; mas los así establecidos gobernarán según lo escrito, capitaneando las naves y sanando los enfermos. [298d] Sócrates: Todavía es eso más recio que lo anterior. [298d] Extranjero: Considera lo que le sigue. Cuando a cada uno de los gobernantes se le acabe su año, habrán de constituirse tribunales o de varones ricos, sacados previamente a suerte, o del pueblo entero; llevar ante éstos a los salientes y tomarles cuenta, acusarlos quien lo quiera si durante el año ni capitaneó las naves según lo prescrito ni según las antiguas costumbres de los antepasados; y lo mismo respecto de los que sanan enfermos; a los que la votación resulte adversa condenarlos a lo que se deba: penas o multas. El que con tales circunstancias, voluntariamente y de buen grado acepte gobernar, justísimamente sufriría la pena o la multa que sea. [299b] Extranjero: Habrá que imponer además, como ley, la de que a quien resulte buscar el arte de capitanear o la ciencia naviera, o bien la médica y la verdad de la arte sanatoria, y la verdad sobre vientos, calor, frío, fuera de lo prescrito, y hacerse el sabio en cualquiera de estas cosas, primero no se lo llamará ni médico ni capitán, sino altísono y sofista charlatán; después, corruptor de jóvenes, por persuadirles de que se impongan en arte naviera y medicinal, y no según las leyes, sino metiéndose, por propia decisión, a mandar en navíos y sobre enfermos. Cualquiera de los autorizados que lo quiera, que, por escrito, lo lleve ante algún tribunal. Si pareciere que, contra las leyes y lo prescrito, persuade o a jóvenes o a viejos, castigarlo con los últimos suplicios, parque nadie en nada ha de ser más sabio que las leyes, ya que nadie ha de ignorar ni medicina ni sanidad, ni capitaneo ni navegación, puesto que es lícito, a quien la quiera, aprender lo prescrito y las costumbres tradicionales establecidas. Si esto, Sócrates, fuera así, como lo decimos, respecto de todas las ciencias: de la estrategia o, en total, de cualquiera otra de cazar, sobre pintura o cualquiera otra parte de la imitativa, sobre carpintería o cualquiera otra parte de la amueblería, sobre la agricultura y sobre la arte total de arboricultura o sobre cría de caballos —que la consideráramos hacerse según prescripciones, o tomáramos la ganadería íntegra o la adivinatoria o una parte cualquiera de la arte de servicios, o el — chaquete o la aritmética íntegra, pura o aplicada a planos, a sólidos, a movimientos—, todo esto, así practicado, ¿qué resultado daría de hacerlo según la letra escrita y no según arte? Es evidente que se nos destruirían enteramente todas las artes y que ninguna otra nacería por Causa de esa ley que prohíbe investigar; de modo que la vida, dura, como lo es ya ahora, se haría del todo invisible en tal tiempo. [300a] Extranjero: Y ¿qué de estotro?: si imponemos la obligación de que cada cosa de las dichas se haga según lo prescrito y que, ateniéndose a lo prescrito, gobierne el comandante o por elección o por suerte. Mas éste no se preocupe en nada de lo escrito; y, por amor a la ganancia o por capricho privado se ponga a obrar contra ello, sin reconocerlo, ¿no será este mal aún mayor que el anterior? [300a] Sócrates: Es verdaderísimamente así. [300b] Extranjero: Porque creo que quien se atreve a obrar contra las leyes impuestas después de muchos tanteos y por consejeros que recomendaron cada una de ellas y persuadieron al pueblo a que las impusiera, comete una falta múltiplemente mayor que la anterior y subvertiría toda práctica mucho más que cualesquiera de las leyes pre-escritas. [300b] Sócrates: — ¿Cómo no sería así? [300b] Extranjero: Por lo cual a los que establecen cualesquiera leyes y las ponen por escrito, sea segunda prevención la de no permitir que obre contra ellas ni uno ni multitud ni nada en nada. [300c] Extranjero: ¡¿Así que cada una de tales leyes, las redactadas lo mejor posible por entendidos, serían nada más que imitaciones de la verdad? [300c] Sócrates: ¿Cómo no? [300c] Extranjero: Empero, afirmamos, recordémoslo, que el entendido, el realmente político, obraría ateniéndose al arte, sin preocuparse nada en sus acciones de lo escrito, cuando le pareciere que otras son mejores, aunque éstas vayan contra las prescritas por él mismo y promulgadas para mientras algunos estén ausentes. [300d] Sócrates: Pues lo afirmamos. [300d] Extranjero: Empero, si un varón cualquiera o una muchedumbre cualquiera, con leyes establecidas para ellos, se meten a obrar contra ellas teniendo por mejor otra cosa, ¿no hacen, en cuanto está en su poder, lo mismo que el verdadero político? [300d] Sócrates: Por cierto que sí. [300d] Extranjero: Mas si, por ignorantes, hicieron eso, se meterían a imitar lo verdadero, aunque lo imitasen ciertamente — bien mal; mas si lo hicieren según arte, ¿ya no sería ello imitación, sino verdaderísima realidad? [300e] Sócrates: Absolutamente. [300e] Extranjero: Empero, anteriormente convinimos en que ninguna multitud es capaz de tomar en sus manos arte alguna. [300e] Sócrates: Quedó convenido. [300e] Extranjero: Según esto, pues, si hay algo así como arte real, ni la multitud de los ricos ni el pueblo entero podrá manejar jamás tal ciencia: la política. [300e] Sócrates: ¿Cómo lo pudiera? [300e] Extranjero: Es preciso, pues, que tales aparentemente regímenes políticos, si se meten a imitar bellamente, en la medida de sus fuerzas, aquel Régimen verdadero: el del único Gobernante con arte, no emprendan hacer nada, una vez establecidas para ellos las leyes, contra lo escrito y las costumbres patrias. [301a] Sócrates: Bellísimamente dicho. [301a] Extranjero: Cuando, pues, son los ricos los que la imitan, llamaremos a tal régimen “aristocracia”; cuando, en nada se preocupan de las leyes, “oligocracia”. [301a] Extranjero: Mas cuando uno solo gobierne según leyes, imitando al científico, lo llamamos “rey”, no distinguiendo por el nombre al monarca que obra, según las leyes, con ciencia o con opinión. Así parece. [301b] Extranjero: Según esto al gobernante único, que sea realmente sabio, le daremos sin duda ese mismo nombre de “rey”, y no otro; por lo cual todos los nombres de los ahora llamados regímenes políticos resultan ser tan sólo cinco. [301b] Extranjero: ¿Y qué cuando el gobernante no obre ni según leyes ni según costumbres, sino que, dándoselas de sabio, crea que se ha de hacer lo mejor, aun contra lo prescrito?; mas si son apetito e ignorancia los que lo guían, ¿no habrá en tal caso que llamarlo “tirano”? [301c] Sócrates: ¿Cómo no? [301c] Extranjero: Así, afirmamos, surgen tiranos, rey, oligarquía, aristocracia y democracia: por no aguantar los hombres a aquel Monarca único, y por no creer que pueda haber alguien digno de mandar de la manera que quiera y sea capaz de, mandando con virtud y ciencia, impartir correctamente justicia y equidad entre todos, mas no ultrajar, asesinar o maltratar a quien y cuando le dé la gana; de ser tal cual decimos será estimado, administrará y gobernará felizmente según el único y rigurosamente correcto régimen político. [301d] Sócrates: ¿Cómo no? [301d] Extranjero: Ahora bien: no nace rey, así decimos, en las ciudades al modo que nace en las colmenas: un individuo inmediatamente distinguido en cuerpo y alma; hace falta, al parecer, reunidos, redactar leyes escritas, siguiendo las huellas del más verdadero de los regímenes políticos. [301e] Sócrates: Así parece. [301e] Extranjero: ¿Nos admiraremos, por cierto, Sócrates, de cuántos males sobrevienen y sobrevendrán en tales regímenes, por ser la base de ellos leyes escritas y costumbres, no procediendo en la práctica según ciencia? ¿No es evidente del - todo que con tal uso se arruinará todo lo que de tal manera se hiciera? ¿O no nos admirará aún más cuán fuerte es, por naturaleza, Ciudad?; porque, desde infinito tiempo, las Ciudades padecen de tal mal; sin embargo, algunas de ellas se mantienen firmes y no se derrumban; muchas, a veces, y cual si fueran navíos, perecieron hundidas, perecerán y aun — perecen por culpa de esos pilotos y marineros, posesos de máxima ignorancia en lo máximo que, sin conocer nada de política, se creen poseerla en todo de manera más clara que todas las demás ciencias. [302b] Sócrates: Verdaderísimo. [302b] Extranjero: ¿Cuál es, pues, de entre estos regímenes políticos no correctos, el menos duro de vivir en común, a pesar de ser todos ellos duros; y cuál el más duro? ¿Es preciso que lo veamos, aunque resulte accesorio para lo que estamos proponiéndonos? No lo es; mas, tal vez, en conjunto, hagamos todos todo con vistas a esto. [302b] Sócrates: Es preciso; ¿cómo no? [302c] Extranjero: Di, pues, cuál de los tres resulta ser el más duro, y cuál el más cómodo. [302c] Sócrates: ¿Qué quieres decir? [302c] Extranjero: No otra cosa, sino afirmar que, aparte de monarquía, se da el gobierno de algunos y de muchos; en total, los tres regímenes políticos de que hemos hablado desde el comienzo de este dilatado razonamiento. [302c] Sócrates: De ellos se habló. [302c] Extranjero: Dividiendo, pues, a cada uno de ellos en dos, haremos seis, poniendo a parte de ellos, cual séptimo, al Correcto. [302c] Sócrates: ¿Cómo? [302d] Extranjero: Afirmamos que del gobierno de uno procedían realeza y tiranía; del de no muchos, la de bello nombre: la aristocracia y la oligarquía; al de muchos, simplificando el nombre, le pusimos el de democracia; mas ahora hemos de ponerlo como doble. [302d] Sócrates: ¿Cómo? ¿Por dónde la dividiremos? [302d] Extranjero: De manera no diferente de las otras; aunque no haya nombre doble para ella; mas gobernar según leyes y contra ellas pasa en ésta, lo mismo que en las otras. [302e] Sócrates: En efecto. [302e] Extranjero: Cierto que a los que buscan el Correcto, tal división no les es útil, como anteriormente demostramos; mas, descartado éste, nos resultaban necesarios los otros; y en ellos lo de ilegal y legal los divide, uno a uno, en dos. [302e] Sócrates: Tal parece según el razonamiento dicho. [302e] Extranjero: Pues bien: la monarquía, atada por esos escritos buenos que llamamos “leyes”, es el mejor de los seis; mas, sin leyes, resulta para la convivencia, el más duro e insoportable. [303a] Sócrates: Es de temer. [303a] Extranjero: En cuanto al gobierno de no muchos, puesto que “poco” es medio entre uno y muchos, la tomaremos cual medio entre los otros dos. [303a] El gobierno de la multitud es, en todo, el más débil e incapaz de gran bien y de gran mal, respecto de los otros, a causa de que, en él, los poderes están desmenuzados entre muchos. Por lo cual, respecto de todos los regímenes políticos con leyes, éste es el peor. Mas, respecto de todos los — sin leyes, éste es el mejor. Cuando todos se desarreglan, vale más que una victoria, el vivir en democracia. Cuando todos están ordenados, en el que menos hay que vivir es en la democracia; primero y muchísimo mejor es vivir en el primero, salvando el séptimo, que se ha de poner aparte de los demás regímenes, cual a dios respecto de los hombres. [303b] Sócrates: Parece que esto pasa así y así sucederá, y que ha de hacerse como dices. [303b] Extranjero: Así, pues, aparte de un régimen hecho según — ciencia, los colaboradores en todos los otros han de ser eliminados porque no son políticos, sira facciosos y agitadores en grande de ilusiones, ilusos ellos mismos; y por ser grandísimos remedadores y encantadores resultan sofistas máximos entre sofistas. [303c] Sócrates: Está a punto esta sentencia de convertirse justísimamente contra los llamados políticos. [303c] Extranjero: Pues bien: esto, sencillamente, nos resulta como un drama, —acabamos de hablar de que veíamos un tropel de centauros y sátiros, que se había de separar de la arte política. Ahora tal separación queda hecha, y con gran trabajo. [303d] Sócrates: Parece. [303d] Extranjero: Sin embargo, queda otro tropel aún más difícil de separar, porque a la vez está más próximo al género real, y es más arduo de aprehender; y me parece que nos está pasando algo semejante a los que purifican el oro. [303d] Sócrates: ¿Cómo? [303d] Extranjero: Tales trabajadores eliminan, ante todo, la tierra, las piedras y otras cosas parecidas; después de lo cual queda una mezcla de cosas valiosas, congéneres con el oro y que sólo se desprenden por el fuego, tales cobre y plata, y a veces el adamante; los cuales, después de las pruebas por fusión, quedan separados, permitiéndonos ver el llamado “oro puro”, solitario, en sí mismo. [303e] Sócrates: Así se cuenta que pasa eso. [303e] Extranjero: De esta misma manera, pues, parece que hemos ahora separado de la ciencia política lo diferente, cuanto extracto y enemigo de ella, guardando lo precioso y congénere. Tales son la estrategia, la judicativa y toda esa clase de retórica que, participando de la ciencia regia, y persuadiendo — de lo justo, gobierna, junto con ella, las actividades propias de las Ciudades. ¿Dividiendo, pues, de qué manera quedará más fácilmente de manifiesto, desnudo y solitario, lo que propiamente estamos buscando? [304a] Sócrates: Es evidente que hemos de intentar de alguna manera hacerlo. [304a] Extranjero: Por intentarlo, se nos manifestará. Mas tratemos de declararlo mediante la música. Dime: [304a] Sócrates: ¿Qué? [304b] Extranjero: ¿Se da un cierto aprendizaje de la Música y, en general, de las ciencias de artes manuales? [304b] Sócrates: Se da. [304b] Extranjero: Pues bien: respecto de si ha de aprenderse o no una cualquiera de ellas, ¿afirmaremos que se da acerca de esto una ciencia y que se especializa en esto mismo? ¿O cómo? [304b] Sócrates: Afirmaremos que la hay así. [304b] Extranjero: ¿Convendremos en que es distinta de aquéllas? [304b] Sócrates: Sí. [304b] Extranjero: ¿Mas afirmaremos que de ellas ninguna ha de mandar sobre otra, o aquéllas sobre ésta, o que ésta ha de mandar, encomendándoselo, sobre todas las demás? [304c] Sócrates: Esta sobre aquéllas. [304c] Extranjero: ¿Afirmarías claramente que ha de mandar la ciencia que decide acerca de si aprender o no, sobre la que aprende y enseña? [304c] Sócrates: Absolutamente. [304c] Extranjero: ¿Y la que decide si hay que persuadir, sobre la que puede persuadir? [304c] Sócrates: ¿Cómo no? [304c] Extranjero: Pues bien: ¿a qué ciencia atribuiremos el persuadir a la multitud y a la masa mediante mitologías, y no mediante instrucción? [304d] Sócrates: Evidentemente, creo, esto hay que darlo a la retórica. [304d] Extranjero: Empero, si hay que proceder por persuasión 6 por una cierta fuerza respecto de ciertas personas o también no hacer absolutamente nada, ¿a qué ciencia lo atribuiremos? [304d] Sócrates: Á la que manda sobre la persuasoria y la elocuencia. [304d] Extranjero: Y ésta no sería, según creo, sino la que está en poder del político. [304d] Sócrates: Bellísimamente dicho. [304d] Extranjero: Así parece haberse separado rápidamente de la ciencia política lo retórico, cual si fuera eidos diverso, subordinado a ésta. [304e] Sócrates: Sí. [304e] Extranjero: Y ¿qué pensar acerca de estotra facultad? [304e] Sócrates: ¿De cuál? [304e] Extranjero: De la que trata de cómo se ha de hacer la guerra a los que hemos decidido hacerla: ¿diremos que tal facultad cae fuera de arte o en arte? [304e] Sócrates: ¿Cómo tenerla por extraña al arte, cuando la estrategia y la práctica guerrera Íntegra la practican? [304e] Extranjero: Mas a la que, con conocimiento de causa, decide de si hay que hacer la guerra o solventar la cosa por las buenas, ¿la admitiremos cual diferente de aquélla o como la misma? [304e] Sócrates: Necesariamente cual diferente, de ser consecuentes con lo anterior. [305a] Extranjero: ¿Así que declararemos que ésta manda sobre la otra, caso de ser consecuentes con lo anterior? [305a] Sócrates: Lo afirmo. [305a] Extranjero: Siendo como es la arte guerrera en conjunto tan rigurosa y amplia, ¿a qué otra arte trataríamos de declarar señora de ella, fuera de la que, en realidad, es arte regia? [305a] Extranjero: Así que a la ciencia de los generales no la pondremos como política, ya que está subordinada a ésta. [305a] Sócrates: No es natural. [305b] Extranjero: Bien. Consideremos esa facultad de los jueces que correctamente juzgan. [305b] Sócrates: Pues sea así. [305b] Extranjero: ¿Llega a más su facultad que a aceptar, en materia de contratos, todo lo que está dispuesto como legal por el rey legislador, juzgar, con la mirada puesta en lo que está ordenado coma justo o injusto, aportando tal facultad esa su peculiar virtud: no dejarse vencer ni por dones ni por miedos ni por lamentos ni por ninguna clase de enemistad ni de amistad, ni querer contra la orden del legislador decidir en los litigios de los otros? No; lo que has dicho abarca casi todo el campo de acción de tal facultad. [305c] Extranjero: Nos hallamos, pues, con que la fuerza de los jueces no llega a la fuerza regia; no es sino guardiana de las leyes y subordinada a ésta. [305c] Sócrates: Tal parece, por cierto. [305c] Extranjero: Dando una mirada a las ciencias en conjunto, de las que se ha hablado, caigamos en cuenta de que ninguna de ellas se nos manifestó ser la política, porque la que verdaderamente es ciencia real no ha de hacer cosas, sino mandar sobre las que tienen potencia para hacerlas, ya que ella conoce cuándo es oportuno e inoportuno comenzar o proseguir las obras grandiosas en las Ciudades; mientras que las demás han de hacer lo ordenado. [305d] Sócrates: Correctamente. [305d] Extranjero: Por esto las ciencias descritas no mandan ni sobre las otras ni sobre sí mismas; mas sí, sobre una clase de acciones propias de cada una, cayéndoles en suerte con justicia a cada una un nombre propio según la peculiaridad de sus acciones. [305e] Sócrates: Así pareciera. [305e] Extranjero: Mas a la que manda sobre todas ellas y se ocupa de las leyes y de todo lo concerniente a “Polis”, y entreteje ajustadísimamente todo, abarcando su peculiar poder con una denominación total, la llamaríamos justísimamente, tal parece, ciencia “política”. [305e] Sócrates: Perfectamente. [305e] Extranjero: Así, pues, ¿no querríamos ahora explicarla según el paradigma de la ciencia textil, ya que han quedado en claro todos los géneros propios de Ciudad? [305e] Sócrates: Es el gran momento. [306a] Extranjero: Así que se ha de exponer, parece, respecto de ese entretejimiento real, qué es, de qué manera entreteje y qué tejido nos proporciona. [306a] Sócrates: Es evidente. [306a] Extranjero: Al parecer se nos hizo necesario demostrar algo bien difícil. [306a] Sócrates: Sea lo que fuere, hay que tratar de ello. [306a] Extranjero: Que una parte de la virtud sea, en cierta manera, diferente de otro eidos de virtud, se prestará a ataques de los disputadores palabreros, y será algo grandemente fácil de persuadir dadas las opiniones de la mayoría. [306a] Sócrates: No lo entendí. [306a] Extranjero: Repito de otra manera: Creo que pensarás ser, según nosotros, la valentía una parte especial de Virtud. [306b] Sócrates: Absolutamente. [306b] Extranjero: Y que la sapiencia es algo distinto de la valentía, siendo tanto aquélla como ésta, cada una, parte de Virtud. [306b] Sócrates: Sí. [306b] Extranjero: Atrevámonos a descubrir algo sorprendente acerca de ellas. [306b] Sócrates: ¿A qué te refieres? [306b] Extranjero: A que, de alguna manera, las dos son grandes enemigas una de otra, y mantienen ambas acerba disensión dentro de muchas cosas. [306b] Sócrates: ¿En qué sentido lo dices? [306b] Extranjero: De ninguna manera en el sentido acostumbrado; porque se dice, más bien, que las partes de la Virtud son amigas entre sí. [306c] Sócrates: Sí. [306c] Extranjero: Consideremos, _poniendo atención, si eso es tan así de sencillo o si, más bien, no tendrán entre ellas en ese mismo parentesco alguna diferencia. [306c] Sócrates: Sí. Di cómo hay que considerarlo. [306c] Extranjero: Hay que investigar en el conjunto de lo que llamamos “cosas bellas”, cómo es que admitimos dos eídoses mutuamente contrarios. [306c] Sócrates: Dilo aún más claramente. [306c] Extranjero: De agudeza y velocidad, sea en cuerpos o en almas o en pronunciación, bien en esas mismas cosas o en sus imitaciones, cuantas imita la Música u ofrece cual imitaciones la pintura misma, ¿de todo ello hiciste tá mismo el elogio o lo oíste hacer por otro en tu presencia? [306d] Sócrates: ¿Y qué? [306d] Extranjero: ¿Tienes memoria de qué manera se hace tal elogio en cada uno de esos casos? [306d] Sócrates: No, en absoluto. [306d] Extranjero: ¿Seré capaz de explicártelo en palabras tal cual lo pienso? [306e] Sócrates: ¿Por qué no? [306e] Extranjero: Parece que lo tienes por sencillo. Mas considerémoslo en los géneros contrapuestos. En muchas de las acciones y muchas veces, siempre y cuando nos encantan velocidad, fuerza, presteza de pensamiento, cuerpo, y aun de voz, hablamos de ello alabándolo y sirviéndonos de una sola palabra: la de “virilidad”. [306e] Sócrates: ¿Cómo así? [306e] Extranjero: Por de pronto decimos “agudo”-y-“varonil”, “veloz”-y-viril”, y lo mismo de esforzado; y, en total, atribuyendo el nombre que digo como común a todas esas calidades las alabamos. [306e] Sócrates: Sí. [306e] Extranjero: Ahora bien: ¿no alabamos muchas veces y en muchas acciones ese aspecto de hacerse “tranquilamente”? [307a] Sócrates: Y mucho. [307a] Extranjero: ¿Y no lo aplicamos diciendo con él lo contrario a aquellos otros casos? [307a] Sócrates: ¿Cómo? [307a] Extranjero: Que admiramos siempre por tranquilos y sapientes los actos de pensamiento; por reposadas y suaves, las acciones; por límpidos y graves los sonidos, y a todo movimiento rítmico y a todo lo artístico que se sirva a tiempo de lentitud no le aplicamos el nombre de “viril"; sino, en todos esos casos, el de “mesurado”. [307b] Sócrates: Verdaderísimo. [307b] Extranjero: Mas cuando ambas calidades surgen, según nosotros, inoportunamente, cambiando los nombres, reprendémoslas a cada una y les repartimos a su vez los contrarios. [307b] Sócrates: ¿Cómo? [307b] Extranjero: Si resultan más agudas, veloces y rudas de lo conveniente las llamamos "violentas” y “extravagantes”; si más pesadas, lentas y muelles, “cobardes” y "“tardas”; y, en casi la mayoría de los casos, a éstas y al natural sapiente y a la virilidad, frente a los contrarios, nos las hallamos, cual ideas a las que hubiera tocado en suerte guerra civil, mezcladas entre sí en las acciones correspondientes; y aún vemos que quienes las poseen en sus almas difieren entre sí, si les seguimos los pasos. [307c] Sócrates: ¿Dónde dices? [307c] Extranjero: En todos los casos de que acabamos de hablar; y verosímilmente, en otros muchos. Porque, creo, cuando hay parentesco mutuo decimos alabándolos, que son "de casa"; mas, en cuanto diferentes, los reprendemos cual extraños; surge así entre ellos gran enemistad y sobre muchos puntos. [307d] Sócrates: Es de creer. [307d] Extranjero: Tal diferencia entre estos eídoses no pasa de ser juego. Mas en los casos máximamente importantes resulte enfermedad y la más terrible de todas en las Ciudades. [307d] Sócrates: ¿A cuáles casos te refieres? [307e] Extranjero: A los concernientes, como es natural, con la organización de la vida en conjunto. Porque hay personas, excepcionalmente decorosas, dispuestas siempre a llevar una vida tranquila, que no hacen sino su quehacer propio, de trato familiar con todos, y, respecto de las Ciudades extranjeras, dispuestas, parecidamente, a llevar todo y de todas maneras por vía pacífica. Si tal amor resulta más intempestivo de lo debido, cuando se pongan a realizar lo que quieren se hallarán, sin saberlo, inhábiles ellas para luchar, y parecidamente los jóvenes, a merced de los primeros atacantes; por todo lo cual, y no tras muchos años, ellos, sus hijos y la Ciudad entera se hallarán convertidos, frecuentemente, sin saberlo, de libres en esclavos. [308a] Sócrates: De dura y terrible suerte estás hablando. [308a] Extranjero: Pero, ¿qué, respecto de los que se inclinan más bien a la valentía? Poniendo en continua tensión guerrera a sus Ciudades, por el exagerado e indebido apetito de tal vida, ¿no levantan contra ellas muchas y potentes enemistades, arruinando ellos así del todo a sus propias patrias o haciendo de ellas esclavas y súbditos de sus enemigos? [308b] Sócrates el joven: También esto pasa. [308b] Extranjero: ¡¿Cómo no afirmaremos, pues, que entre estos dos géneros reinan grandes, mutuas y aun máximas enemistad y discordia? [308b] Sócrates: No hay modo de decir que no. [308b] Extranjero: ¿No hemos hallado, pues, lo que al principio preveíamos: que hay partes, y no pequeñas, de Virtud que. [308b] por naturaleza, se oponen y hacen opuestos a los que las [308b] Extranjero: 'Tomemos otro punto. [308b] Sócrates: ¿Cuál? [308c] Extranjero: Si hay alguna ciencia de esas que hacen sus obras por modo de composición, aunque sea una obra la más sencilla, que, voluntariamente, la haga de cualesquiera cosas, malas y buenas, o bien toda ciencia elimina, en lo posible y de todas maneras, las malas; toma las útiles y buenas; mas de éstas, sean semejantes o desemejantes, refundiéndolas a todas en unidad, elabora una obra unitaria en eficacia e idea. [308c] Sócrates: Así es. [308d] Extranjero: Ni nuestra política, la verdaderamente tal según naturaleza, se pondrá de intento a componer, de buenos y malos, una Ciudad. Es claro, más bien, que primero los pondrá a pruebas de juego; y después de la prueba los entregará a los que saben educarlos y someterlos a tal fin, pero mandando y dirigiendo ella, al modo que la ciencia textil manda y dirige, acompañándolos, a los cardadores y A los preparadores de cuanto conviene a su tarea de urdir, mostrándoles cómo llevar a cabo las tareas que juzga convenientes para su propia contextura de ciencia. [308e] Sócrates: Perfectamente. [308e] Extranjero: Esto mismo, me parece, hará la ciencia real con todos los que se crían y crecen según ley: guardando para sí el poder de ordenar, no animará a ejercitarse sino al que, por su temperamento adecuado, realice en sus obras esa su propia composición; esto será lo único recomendado en que eduque. Mas a los que no Áxuenla hacer partícipes del temperamento varonil y morigerado, y demás tendencias hacia Virtud, sino que, por la fuerza de una mala naturaleza, sean impelidos al ateísmo, insolencia e injusticia, los expulsará con muertes, destierros, y castigará con las máximas infamias. [309a] Sócrates: Así suele decirse. [309a] Mas a los que se revuelcan en la ignorancia y abyección les impondrá el yugo de la esclavitud. [309a] Sócrates: Correctísimamente. [309a] Extranjero: En cuanto a los demás: aquellos cuyas naturalezas dé la buena Suerte de ser capaces de elevarse a lo noble, y de aceptar, con arte, mezclas mutuas, si tienden más bien hacia virilidad, juzgará que pertenecen al género recio y recto, nacido para trama. Mas a los proclives a moderación, los utilizará para material suave y muelle y, según la imagen empleada, para urdimbre. Así que, mediante tal contraria tensión, procurará reunirlas y entretejerlas de una manera como ésta: [309a] Sócrates: ¡¿Cuál? [309c] Extranjero: Primero, coarmonizarlas, según lo congénere de ellas, que es la parte eterna de su alma, por un vínculo divino; después de lo divino, coarmonizar lo de origen animal con vínculos humanos. [309c] Sócrates: ¿En qué sentido lo dices? [309c] Extranjero: Cuando surge en las almas una opinión realmente verdadera y firme respecto de lo Bello, Justo. Bueno y sus contrarios, afirmo que tal opinión divina nació en raza daimoníaca. [309c] Sócrates: Tal es lo conveniente. [309d] Extranjero: ¿No sabemos, pues, que el político y el buen legislador son los única y propiamente capaces, por virtud de esa Musa que es la ciencia real, de imprimir tal opinión en los que han adquirido correctamente educación, que son de los que estábamos hablando? [309d] Sócrates: Es verosímil, por cierto. [309d] Extranjero: Mas al que, Sócrates, sea incapaz de hacer eso, no lo llamemos jamás con los nombres que estamos buscando. [309d] Extranjero: Pues bien: un alma viril, posesa de tal verdad, ¿no se amansa, y querría sobre todo, entonces, participar de la Justicia?; pero, al no participar de ella, ¿no se inclina más bien a una cierta natural ferocidad? [309e] Sócrates: Pero, ¿cómo no? [309e] Extranjero: ¿Y qué, respecto del natural morigerado? ¿Poseyendo tales opiniones no se hará, cual es propio de vida política, realmente morigerado y sapiente?; mas, si no participa de las que decimos, ¿tendrá justísimamente esa fama, superlativamente insultante, de estúpido? [309e] Sócrates: Pues sin duda alguna. [309e] Extranjero: ¿Afirmaremos, pues, que no surgirá jamás tal entretejimiento y vínculo estable ni entre los malos ni entre buenos y malos; y que ninguna ciencia se empeñará jamás en emplear tal vínculo respecto de los malos? [309e] Extranjero: Mas las leyes lo harán nacer tan sólo en los que, de natural, sean bien nacidos; y, desde el comienzo, bien criados; y, como decíamos, este vínculo, el de la virtud, es el más divino para partes de natural desemejantes y de encontradas tendencias. [309e] Sócrates: Verdaderísimo. [309e] Extranjero: En cuanto a los demás vínculos humanos, existente ya el divino, no son gran cosa de difíciles ni de concebir ni, concebidos, de realizarlos cumplidamente. [310b] Sócrates: ¿Cómo y cuáles? [310b] Extranjero: Los referentes a matrimonios interciudades, intercambios de jóvenes, esponsales privados y casamientos, porque la mayoría no se vincula en estos casos de manera correcta para la procreación de hijos. [310b] Extranjero: Que se persigue en tales casos riqueza y poder; ¿vale la pena hablar de ello, y el esfuerzo de criticarlo? [310b] Sócrates: En modo alguno. [310b] Extranjero: Pero es más justo ciertamente hablar de quienes ponen cuidado en lo referente a la raza, en caso de que hagan algo contra lo debido. [310c] Sócrates: Así parece. [310c] Extranjero: No obran según recta razón al perseguir la comodidad inmediata y al aficionarse a sus semejantes; mas no querer a los desemejantes es dar grandísima parte a las antipatías. [310c] Sócrates: ¿Cómo? [310c] Extranjero: Los morigerados buscan a los de su carácter, y, en lo posible, cásanse con ellos; y, a su vez, a los tales dan sus hijas. Parecidamente obran los de carácter varonil, siguiendo a su propia naturaleza, cuando ambos habrían de hacer todo lo contrario. [310d] Sócrates: ¿Cómo y por qué? [310d] Extranjero: Porque si la naturaleza varonil se mantiene, durante muchas generaciones, sin mezclarse con la morigerada, al comienzo encúmbrase con fuerza; mas termina floreciendo en toda clase de locuras. [310d] Extranjero: Empero, alma llena de pudor, e inmezclada con varonil audacia, reproducida así durante muchas generaciones, hácese más débil de lo debido y termina por de todo en todo paralítica. [310d] Sócrates: También es probable que esto pase. [310e] Extranjero: De tales vínculos decía que no es nada difícil establecerlos, a condición de que ambas razas tengan, ya desde el comienzo, la misma opinión sobre lo Bello y lo Bueno. Tal es, pues, la única y total obra del arte real de tejer: no dejar que el carácter morigerado se aleje del varonil. Mas, urdiéndolos en comunidad de opiniones, con honores, fama e intercambio mutuo de seguridades, y, haciendo de todos ellos un Tejido sutil y, como se dice, bien apretado, encomendar siempre a tal grupo el gobierno en las Ciudades. [311a] Sócrates: ¿Cómo? [311a] Extranjero: Donde haga falta un solo gobernante, hay que elegir de superintendente al poseedor de ambos caracteres; donde hagan falta muchos, a la mezcla de ambos en cada uno de ellos. Porque el carácter de gobernantes morigerados es circunspecto, justo y seguro; mas le falta penetración, una cierta soltura y rapidez de acción. [311a] Sócrates: También esto parece ser así. [311b] Extranjero: Empero, a los viriles, a su vez, les falta en alto grado la justicia y circunspección de aquéllos; aunque, en las acciones, posean rapidez cual ninguno. Es, pues, imposible que en las Ciudades, tanto en privado como en público, todo se haga bellamente si esos dos caracteres no surgen unidos. [311b] Extranjero: Afirmemos, pues, que este es el fin del Tejido, urdido según recta urdimbre: engendrar ese carácter de hombres varoniles a la vez que morigerados, cuando es la arte regia la que, por concordia y amistad, reúne y conduce la vida común de ellos. Lleva así a su perfección ese Tejido el más grandioso y mejor de todos, que es Comunidad. Abrazando la arte regia en las Ciudades a aquellos y a todos los demás, esclavos y libres, entretéjelos a todos en tal Tejido; y gobierna y dirige, sin que falte nada de lo que a Ciudad bienaventurada conviene. [311c] Sócrates: Llevaste, Extranjero, a bellísimo término la caracterización del varón real y del político.