Teages — Plato ============== ΘΕΑΓΗΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/theages/ This file: https://plato-scroll.com/text/theages-h.txt Other editions of this work: - W.R.M. Lamb: https://plato-scroll.com/text/theages.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/theages-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/theages-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [121a] Demódoco: Necesitaría, Sócrates, hablar en privado algunas cosas contigo, si tienes tiempo libre; mas aunque no sea mucho, por mií tómatelo. [121a] Sócrates: Pues da la casualidad de que tengo tiempo libre, especialmente para ti, y mucho. Pero si quieres hablar, puedes hacerlo. [121a] Demódoco: ¿Quieres, pues, que desde aquí nos retiremos un poco aparte al pórtico de Júpiter el Libertador? [121a] Sócrates: Si te parece. [121b] Demódoco: Vayamos, pues. Todo lo nacido, Sócrates, casi casi se comporta de la misma manera, tanto lo nacido de la tierra, como los animales y en especial el hombre. Que en las plantas nos resulta fácil, a los que labramos la tierra, preparar todo lo precedente a siembra y la siembra misma. Mas cuando lo plantado se pone a vivir, el posterior cuidado de lo germinante resulta grande, pesado y dificultoso. De manera semejante también, parece, respecto de los hombres; testimónmiolo yo mismo por mis asuntos y por los de otros. Porque, de este mi hijo, la siembra o engendramiento, haya de llamárselo como sea, resultó lo más fácil de todo; pero la crianza, dificultosa, y siempre con miedo y temor mío en este punto. Aparte de muchas cosas que habrían de decirse, ese anhelo que le acaba de entrar me espanta grandemente, —es, por cierto, no ignoble, mas resbaladizo; anhela, Sócrates, entre nosotros, como afirma, hacerse sabio. Me parece que algunos de sus coetáneos y contribales, de esos que descienden a la ciudad, repitiendo de memoria ciertos razonamientos lo perturban; los envidia, y hace ya mucho tiempo insiste pertinazmente en que vale la pena me ocupe solícitamente de él y pague a alguno de los sofistas quien lo haga sabio. Lo de dineros me preocupa bien poco; mas creo corre un peligro y no pequeño en lo que intenta. - Hasta ahora lo retuve con buenas palabras; mas como ya no soy capaz de hacerlo creo que lo más importante es condescender con él para que tratándose con alguno frecuentemente, y lejos de mí, no lo corrompa. Pues bien: a esto precisamente vengo ahora: para ponerlo en relación con uno de los reputados por sofistas. Pues oportunamente te nos apareces; que a ti sobre todo quería consultarte acerca de lo que estoy a punto de hacer. Si, pues, tienes algo que aconsejarme respecto de lo que has oído, puedes y debes hacerlo. [122b] Sócrates: Por cierto, Demódoco, dícese que «el consejo es cosa sagrada». Y si cualquier otro es sagrado, más lo sería el que ahora vienes a consultar, porque sobre nada más divino se aconsejara el hombre que sobre la educación, tanto de sí mismo como de sus familiares. Primero, pues, convengámonos tú y yo sobre qué pensamos es el objeto de nuestra deliberación, no sea que yo suponga veces y más veces una cosa; y tú, otra; y después, tras larga conversación, notemos que estamos haciendo el ridículo: yo, el aconsejante, y tú, el aconsejado, no pensando en lo mismo. [122c] Demódoco: Pues me parece, Sócrates, que hablas correctamente y que ha de hacerse así. [122c] Sócrates: Y lo digo correctamente; mas no, de todo en todo, por cierto; porque voy a cambiar algo un poco; que estoy pensando en que, tal vez, el muchachito no anhele precisamente lo que nosotros creemos anhela, sino otra cosa; después de lo cual quedemos aún más desconcertados, por haber aconsejado sobre algo diferente. Me parece, pues, lo más correcto comenzar por él, enterándonos de qué es lo que anhela. [122d] Demódoco: Me parece con mucho lo mejor hacerlo como dices. [122d] Sócrates: Dime, pues: ¿cuál es el bello nombre del jovencito? ¿Con cuál nos dirigiremos a él? [122d] Demódoco: “Teages es su nombre, Sócrates. [122d] Sócrates: ¡Demódoco!, ciertamente bello nombre y consagrado pusiste al hijo. Pues bien: dinos, Teages, ¿anhelas, como afirmas, el hacerte sabio, y juzgas vale la pena el que tu padre encuentre manera de que te trate con un varón tal que te haga sabio? [122e] Teages: —Sí. [122e] Sócrates: ¿Pero llamas “sabios” a los entendidos, sean entendidos en la que sea, o a los que no? [122e] Teages: Yo, a los entendidos. [122e] Sócrates: Pues, ¿qué?: ¿No te enseñó tu padre y educó en lo que, aquí, se han educado los demás: los hijos de padres bellos-y-buenos, a saber: gramática, cítara, luchar y los demás ejercicios? [122e] Teages: A mí,sí. [123a] Sócrates: ¿Crees, pues, que te falta aún una cierta ciencia de la que convendría se ocupara solícitamente en favor tuyo tu padre? [123a] Teages: Yo, sí. [123a] Sócrates: ¿Cuál es ella? Dínoslo para que te complazcamos. [123a] Teages: Bien lo sabe él, Sócrates, ya que muchas veces se lo dije, mas de intento te habla de esto cual si no supiera por lo que yo anhelo. Pues por éstas y otras cosas se me opone y no quiere confiarme a nadie. [123a] Sócrates: Pero lo que hablaste anteriormente lo fue para él, cual dicho sin testigos. Pero ahora hazme a mí de testigo y delante de mí declara cuál es la ciencia por la que anhelas. Pues bien: si anhelaras esa por la que los hombres gobiernan las naves, y sucediera que yo te preguntara: “Teages, ¿de qué ciencia estás falto y por ello reprochas a tu padre el que no quiera confiarte a quienes te harían sabio?”. ¿Qué me responderías? ¿Cuál es? ¿No la del piloto? [123b] Teages: Sí. [123b] Sócrates: Mas si anhelando ser sabio en esa sabiduría con la que se gobierna los carros, se lo reprocharas a tu padre; mas, yo te preguntara cuál es esa sabiduría, ¿cuál me responderías es? ¿No, la del cochero? [123b] Teages: — Sí. [123b] Sócrates: Mas respecto de la que ahora es el caso anhelas, ¿es anónima o tiene nombre? [123b] Teages: Yo creo que lo tiene. [123b] Sócrates: Lo conoces, pues, aunque no su nombre, ¿o también el nombre? [123b] Teages: También el nombre, por mi palabra. [123b] Sócrates: ¿Cuál es? Dilo. [123d] Teages: ¿Qué otro nombre, Sócrates, se diría ser el suyo sino el de “sabiduría”? [123d] Sócrates: Que la del cochero, ¿no es sabiduría? ¿O te parece ser ignorancia? [123d] Teages: No, a mí. [123d] Sócrates: — ¿Sino sabiduría? [123d] Teages: — Sí. [123d] Sócrates: ¿De qué nos sirve? ¿No sabemos por ella el gobernar un tiro de caballos? [123d] Teages: — Sí. [123d] Sócrates: Pues, y la del piloto, ¿es sabiduría? [123d] Teages: A mí me lo parece. [123d] Sócrates: ¿No sabemos por ella mandar en naves? [123d] Teages: Sí, por ella. [123d] Sócrates: Pues esa por la que tu anhelas. ¿qué “'sabiduría” es? Por Ella, ¿en qué sabemos mandar? [123e] Teages: Me parece que en hombres. [123e] Sócrates: ¿En los enfermos? [123e] Teages: No, por cierto. [123e] Sócrates: Que esa es la médica. ¿Es así? [123e] Teages: —Sí. [123e] Sócrates: Pero, ¿por ella sabríamos mandar en los coros de cantores? [123e] Teages: No. [123e] Sócrates: ¿Que esa es la Música? [123e] Teages: Enteramente. [123e] Sócrates: Pero, ¿por ella sabemos mandar en los gimnastas? [123e] Teages: No. [123e] Sócrates: ¿Que esa es la gimnástica? [123e] Teages: Sí. [123e] Sócrates: Pero, por Ella mandar, ¿en los que hacen qué? Trata de precisarlo como yo en lo anterior. [124a] Teages: En los de la Ciudad, me parece. [124a] Sócrates: Pues, ¿que no están también en la Ciudad los enfermos? [124a] Teages: Sí, pero no hablo solamente de éstos, sino también de los demás que están en la Ciudad. [124a] Sócrates: Entiendo de qué arte hablas. Porque me parece hablas no de por la que sabemos mandar sobre recolectores y vendimiadores, plantadores, sembradores y aventuradores, —que es la agricultura por la que en ellos mandamos. ¿Es así? [124a] Teages: —Sí. [124b] Sócrates: Ni creo sea por la que sabemos mandar sobre aserradores, perforadores, cepilladores y torneros, sobre todos; no hablas de ésta; porque, ¿no es la carpintería? [124b] Teages: Sí. [124b] Sócrates: Pero tal vez sea por la que mandemos sobre todos y esos y sobre agricultores, carpinteros y toda clase de artesanos, y sobre particulares: mujeres y varones; tal vez a ésta llames “sabiduría”. [124b] Teages: Desde hace rato, Sócrates, de ésta quiero hablar. [124c] Sócrates: Podrías, pues, decirme: Egisto, el asesino de Agamenón, mandaba en Argos sobre los que tú dices: artesanos, particulares, varones y mujeres, sobre todos ellos, ¿o sobre algunos otros? [124c] Teages: No, sino sobre ellos. [124c] Sócrates: Pero, ¿qué?: Peleo, hijo de Eaco, en Ftía, ¿no mandaba sobre esos mismos? [124c] Teages: — Sí. [124c] Sócrates: Y Periandro, hijo de Cipselo, ¿no has oído que mandaba en Corinto? [124c] Teages: Claro que sí. [124c] Sócrates: ¿No mandaba sobre los mismos en su Ciudad? [124d] Teages: Sí. [124d] Sócrates: Pero, ¿qué?: Arquelao, hijo de Pérdicas, que desde hace poco manda en Macedonia, ¿no crees mande sobre esos mismos? [124d] Teages: Claro que sí. [124d] Sócrates: Pero Hipias, hijo de Pisístrato, que ha mandado precisamente en esta Ciudad, ¿sobre quiénes crees mandó? ¿No, sobre esos? [124d] Teages: Pues, ¿Cómo no? [124d] Sócrates: ¿Podrías, pues, decirme qué sobrenombre tienen Bacis. Sibila y nuestro Amfílito? [124d] Teages: Pues, ¿qué otro, Sócrates, sino el de “adivinos”? [124e] Sócrates: Correctamente dicho. Además: trata de responderme sobre estotro: ¿qué sobrenombre tienen Hipias y Periandro por su tipo de gobierno? [124e] Teages: Creo que el de “tiranos”; porque, ¿qué otro? [124e] Sócrates: Pues bien: quien anhele por mandar sobre todos los hombres que en la Ciudad hay, ¿no anhela por el mismo tipo de gobierno que ellos: el tiránico, y ser tirano? [124e] Teages: Evidentemente. [124e] Sócrates: ¿Así que anhela por lo que tú dices? [124e] Teages: Parece por lo que yo dije. [124e] Sócrates: ¡Malvado!; luego anhelando tú ser tirano muestro, reprendías desde hace mucho a tu padre porque no te enviaba a un maestro en tiranía. Y tú, Demódoco, ¿no te avergüenzas de que sabiendo desde tan atrás qué anhelaba éste, y teniendo con qué enviarlo a hacerse artífice de esta sabiduría por la que anhela, te resientes con él y no quieres enviarlo? ¿Lo ves ahora? Ya que delante de mí te acusó, deliberemos tú y yo a qué maestro lo enviaríamos y por el trato continuo de quién resultaría sabio tirano. [125b] Demódoco: Sí, por Júpiter!, Sócrates, deliberemos sobre ello, porque me parece necesitar esto de consejo, y no ligero. [125b] Sócrates: Dejemos esto, por favor. Que él nos entere primero suficientemente de ello. [125b] Demódoco: Que nos entere, pues. [125b] Sócrates: Pues bien, Teages; ¿qué, si nos sirviéramos en algo del testimonio de Eurípides?; porque Eurípides dice en alguna parte: sabios resultan los tiranos por el trato continuado de los sabios. Si alguien, pues, preguntara a Eurípides: Eurípides, por el trato continuo de los sabios, ¿en qué afirmas resultan sabios los tiranos?; como si diciendo: sabios resultan los agricultores por el trato continuo de los sabios, le preguntáramos: de los sabios, ¿en qué?: ¿qué se nos respondería? ¿En qué otra cosa sino en las propias de agricultores? [125c] Teages: No, sino en esto. [125c] Sócrates: Pero, ¿qué?, si dijera: sabios resultan los cocineros por el trato continuo de los sabios; y si le preguntáramos: de los sabios, ¿en qué?; ¿qué se nos respondiera? ¿No, sino en lo culinario? [125c] Teages: — Sí. [125c] Sócrates: Pero, ¿qué?, si dijera: sabios resultan los luchadores por el trato continuo de los sabios; si preguntáramos: de los sabios, ¿en qué?; ¿no diría: en lo de luchar? [125d] Teages: —Sí. [125d] Sócrates: Y, después dijera: sabios resultan los tiranos por el trato continuo de los sabios; al preguntar nosotros: hablas, Eurípides, de los sabios, ¿en qué?; ¿qué diría?; ¿qué sería eso? [125d] Teages: Pero, por Júpiter!, yo no lo sé. [125d] Sócrates: Pero, ¿quieres que te lo diga? [125d] Teages: Si tú lo quieres. [125d] Sócrates: Eso es precisamente lo que Anacreonte afirmaba saber Calícrites. ¿No sabes el canto? [125d] Teages: Por cierto que sí. [125d] Sócrates: Pues bien: ¿también tú anhelas tal trato continuo, y de un varón tal que, por suerte, sea de la misma arte que Calícrites, hija de Cianes, y que “sepa de lo tiránico”, como de ella lo afirma el poeta, a fin de que también tú nos resultes tirano a nosotros y a la Ciudad? [125e] Teages: Hace gran rato, Sócrates, que te burlas y juegas conmigo. [125e] Sócrates: Pero, ¿qué?, ¿que no afirmas anhelar esta tal sabiduría por la que mandarías sobre todos los ciudadanos? Pero haciendo esto, ¿qué otra cosa fueras sino tirano? [125e] Teages: Me felicitaría yo por cierto, creo, de llegar a ser, sobre todo, tirano de todos los hombres; pero si no, de cuantos más mejor; y lo mismo, creo, tú y todos los demás hombres; pero aun tal vez más, de llegar a ser dios. Empero, no dije que anhelara esto. [126a] Sócrates: Pero, ¿qué es entonces lo que anhelas? ¿No afirmabas anhelar el mandar sobre los ciudadanos? [126a] Teages: No por la fuerza; ni como los tiranos; sino por voluntad, como los demás varones afamados en esta Ciudad. [126a] Sócrates: ¿Dices, pues, que como Temístocles, Pericles. Cimón y cuantos se hicieron notables en política? [126a] Teages: ¡Por Júpiter!, de éstos hablo. [126a] Sócrates: — Pues bien: Si, por caso, anhelaras hacerte sabio en lo hípico, ¿allegándote a quiénes creerías hacerte notable caballista?; ¿a qué otros, sino a los hípicos? [126b] Teages: Yo, por Júpiter!, no a otros. [126b] Sócrates: ¿Mas, a su vez, de entre ellos a los notables en eso y poseedores de caballos, que de ellos se sirven continuamente, tanto de los de ellos como de los de otros muchos? [126b] Teages: Es claro que sí. [126b] Sócrates: Pero, ¿qué?; si quisieras llegar a sabio en tirar jabalina, ¿no crees llegarías a serlo allegándote a tales tiradores: a los que posean jabalinas y se ejerciten continuamente con ellas, tanto que sean muchos de ellos extraños 6 familiares? [126c] Teages: A mí me lo parece. [126c] Sócrates: Dime, pues: puesto que quieres llegar a ser sabio en política, ¿crees llegarás a ser sabio allegándote a otros que no sean los políticos, que son los competentes en política y están continuamente ejercitándola tanto en su propia Ciudad como en otras muchas y embajadas ante Ciudades griegas y bárbaros? ¿O piensas que, allegándote a otros, llegarás a lo mismo que aquéllos, y no que a estotros? [126d] Teages: Pues, Sócrates, he oído los razonamientos que se dice haces: que los hijos de tales varones políticos no resultan mejores que los de zapateros; y me parece que dices algo verdaderísimo, por lo que yo puedo notar. Sería, pues, insensato si creyera que alguno de ellos va a transmitirme su sabiduría, no habiendo ayudado en nada a su hijo, caso de que fuera capaz de ayudar en esto a cualquier otro hombre. [126d] Sócrates: Pues, ¿qué?, óptimo entre los varones, ¿qué harías si después de tener un hijo te molestara diciendo anhelar por hacerse buen pintor, y te reprendiera a ti, su padre, porque no quiere gastar plata en él para tal fin; y además despreciara a los artistas en eso: a los pintores, y no quisiera aprender de ellos?; ¿o a los flautistas, si quisiera hacerse flautista, o a los citaristas? ¿Sabrías qué hacer con él y a qué otra parte enviarlo, no queriendo aprender de éstos? [126e] Teages: No, por Júpiter!; yo, no. [126e] Sócrates: Pues bien: estás haciendo tú mismo esto a tu padre, ¿y te extrañas, y le reprochas, de que no halle qué hacer contigo y a dónde enviarte? Te pondremos en relación con quien quieras de los varones bellos-y-buenos entre los atenienses; gratuitamente se tratará contigo y, a la vez, no gastarás plata y adquirirás mucho mayor renombre ante los demás hombres tratándote con él que otro. [127a] Teages: Pues, ¿qué?, Sócrates; ¿no eres tú también uno de los varones bellos-y-buenos? Que si tú quisieras tratarme, me bastara, y no busco a nadie más. [127b] Sócrates: ¿Qué estás diciendo?, Teages. [127b] Demódoco: Por cierto, Sócrates, que no habla mal; además hazme este favor, porque no hay para mí cosa que tuviera por de mayores albricias que esto: que a éste le complaciera tu trato, y tú quisieras tratarte con él. Por cierto que me da vergüenza decir cuánto y cuánto lo quiero. Yo os pido a ambos: a ti, que quieras tratarte con él y a él no buscar tratarse con otro alguno sino con Sócrates. Y me libraréis a mí de preocupaciones, muchas y terribles, porque, ahora, grandemente temo que caiga, acaso, en manos de quien lo corrompa. [127b] Teages: Ahora, padre, no temas ya por mí si eres capaz de persuadir a Sócrates de aceptar mi compañía y trato. [127b] Demódoco: Hablas de bellísima manera. Sócrates, después de esto la palabra te tocaría a ti, porque yo estoy listo, sea dicho brevemente, a entregarte a mí y lo mío: lo más familiar, lo que pidas, brevemente, si a este Teages lo acoges y haces todo el bien de que seas capaz. [127d] Sócrates: Demódoco, no me sorprende tu empeño, si crees que de mí sacará tu hijo grandísimo provecho, porque ho sé en qué otra cosa cualquier varón sensato se empeñaría más que en hacer a un hijo suyo cuanto más bueno mejor. Mas de dónde te acudió esto: que yo sería capaz de ayudar en eso de hacer buen ciudadano a tu hijo más y mejor que tú mismo, y de dónde éste sacó la creencia de que yo, más y mejor que tú, lo ayudaría, he aquí lo que grandemente me admira. [127d] Primero tú eres más viejo que yo; después mandaste sobre los atenienses en muchos y supremos cargos, honrado además sobre todos los anagirasios, los de tu tribu, y no menos que cualquier otro de la Ciudad. Pero de esto, ninguno de nosotros dos vio nada en mí. Además, si Teages despreciara el trato continuo de los varones políticos y buscara a algunos de esos que se vanaglorían de ser capaces de educar hombres jóvenes, están aquí Pródico de Ceos. Gorgias de Leontini. Polo de Agrigento y muchos otros, tan sabios que, en las Ciudades a que llegan, convencen de entre los jóvenes a los más nobles y ricos —que pueden tratarse gratuitamente con quien quieran de los ciudadanos— de que abandonando el trato con éstos se traten con ellos, depositando cual sueldo grande cantidad de plata y, además de esto, gracias y reconocimiento. Lo bien visto fuera elegir tú y fu hijo alguno de éstos; a mí, no es natural, porque nada sé de esas enseñanzas felices y bellas, aunque lo quisiera; pero, y lo digo siempre y en seguro, es El caso que, por decir como se dice, nada sé, a excepción de una enseñanza bien pequeña: la de lo amoroso. Que ciertamente en esta enseñanza me precio de estar más fuerte que cualquier otro: tanto de los hombres del pasado como de los de ahora. [128b] Teages: —¿Ves, padre, que me parece no querer gran cosa - Sócrates eso de tratarse conmigo?; que por mí estoy listo, si él lo quiere; que sobre esto nos habla en broma. Yo sé, con todo, de coetáneos míos, poco mayores de edad, que, antes de tratarse con él, no valían nada; mas, después 33 tratarse con él, en poco tiempo dieron patentes muestras de ser mejores que los antes sus superiores. [128b] Sócrates: ¿Sabes, pues, en qué consiste, hijo de Demódoco? [128b] Teages: Si, por Júpiter!: en que, si quisieras, también yo sería capaz de hacerme tal, tal cual aquéllos. [128d] Sócrates: No, bueno de ti, se te oculta cómo es esto; pero yo te lo explicaré. Hay en mí, ya desde niño, y por Favor divino un algo que me acompaña: algo daimoníaco. Es esto una y voz que, cuando me acaece, me indica siempre, al ir a hacer algo, cuándo retraerme; mas nunca me impele. Y si alguno de mis amigos me comunica algo, y sobreviene la voz, esto mismo me retrae y no permite que obre. Os aportaré de esto testigos: conocéis a Cármides, el que tan bello ha llegado a ser, hijo de Glaucón. Cierta vez sucedió comunicarme estar dispuesto a concurrir al estadio de Nemea, y apenas había comenzado a decirme que estaba dispuesto a concurrir sobrevino la voz y se lo prohibí y le dije: "mientras hablabas, me sobrevino la voz: la de lo daimoníaco: que no concurra”. “Tal vez”, respondió, “te indica que no venceré; pero, aunque no vaya «ganar, me aprovechará ejercitarme ese tiempo”. Así dijo, y se ejercitó. Vale la pena enterarse de él qué le pasó por tal ejercicio. Pero si lo queréis, pregunta a Clitómaco, hermano de Timarco, qué le dijo Timarco cuando iba derecho a la muerte él y Evatlos el corredor de estadio que acogió a Timarco fugitivo. Que os dirá que le habló esto: [129a] Teages: — ¿Qué? [129a] Sócrates: Clitómaco”, dijo, “voy, por cierto, ahora a la muerte porque no quise obedecer a Sócrates”, ¿Qué es lo que quería decir con esto Timarco?, —yo os lo explicaré. Cuando se levantó del banquete Timarco, y Filemón, hijo de Heroscamandro, solamente los dos conocían de la conspiración; pero Timarco, levantándose, se dirigió a mí diciendo: “Sócrates, ¿qué dices a esto?: bebed vosotros que yo tengo que ir a otra parte; pero volveré un poco después, si tengo suerte”. Y sobrevínome la voz, y dirigiéndome a él le digo: “En modo alguno te vayas, porque me sobrevino la acostumbrada señal: lo daimoníaco”. [129b] a Y él se detuvo. Y dejando pasar un tiempo, de nuevo intentó irse; y dijo: “Pues me voy, Sócrates”. De nuevo sobrevino la voz; queriendo escapárseme se levantó, ya no diciéndome nada, sino a escondidas mientras tenía yo la atención puesta en otra parte. Así partió y se fue y realizó el acto que iba a llevarlo a la muerte. Por esto, precisamente, dijo a su hermano lo que yo ahora a vosotros: que iba a morir, por no hacerme caso. Además oíd de los muchos que en Sicilia estuvieron, lo que yo dije acerca de la destrucción del ejército. Por cierto que la pasado hay que oírlo de los que lo vieron. Pero ahora es factible poner a prueba qué dice aquella señal porque al salir a campaña Sanión, el bello, sobrevínome aquella señal; ahora, con Trasilo, está saliendo directamente hacia Efeso y Jonia para la futura campaña. Creo, pues, que o morirá o algo semejante le advendría. Y, en cuanto al resto del ejército, grande es mi temor. [129e] Te he dicho todo esto porque tal es el poder de lo daimoníaco eso, y porque lo puede todo en las relaciones íntimas de quienes se tratan conmigo. A muchos se les opone, y nada de provecho sacan de tratarse conmigo, de modo que no me es factible tratarme yo con ellos. Mas no me prohíbe relacionarme íntimamente con muchos otros, pero nada sacan ellos de tratarse conmigo. Empero, a quienes favorece el poder de lo daimoníaco, esos son precisamente los que, como has notado, breve, rápidamente, aprovechan. De estos aprovechados algunos llegan a poseer tal ayuda de manera firme y permanente. Pero muchos aprovechan maravillosamente durante el tiempo que están conmigo; mas, cuando se apartan, vuelven a no distinguirse en nada de uno cualquiera. [130a] Tal vez esto precisamente le pasó a Arístides el hijo de Lisímaco, hijo de Arístides; que, mientras se trató conmigo, aprovechó muchísimo en poco tiempo. Después le sobrevino una campaña, y tuvo que embarcarse. Pero al volver, se halló con que me estaba tratando yo con Tucídides, el hijo de Melesias, hijo de Tucídides. Mas la víspera se disgustó conmigo por ciertas palabras. Viéndome pues, Arístides, después de saludarme y hablar de otras cosas me dijo: “Oigo, Sócrates, que Tucídides te trata altaneramente y se pone pesado cual si fuera algo”. —Pues así es”, respondí yo. “Pero ¿qué?, ¿no sabía”, añadió él, “cuán esclavo era él antes de relacionarse contigo?”. —"Parece que no”, dije yo, “por los dioses!”. —'Pero, por cierto, Sócrates”, añadió, “que yo mismo estoy haciendo el ridículo”. —'¿En qué, sobre todo?”, añadí yo. —En que”, respondió, “antes de embarcarme era capaz de dialogar con cualquier hombre y en los razonamientos no aparecía inferior a nadie, tanto que iba en pos de la compañía de los hombres mejor dotados; pero ahora, al contrario, huyo de quien note esté bien educado, de modo que me siento avergonzado de mi insignificancia”, — Pero, ¿de repente”, le pregunté, “te abandonó esa capacidad o poco a poco?”. —"Poco a poco”, respondió. —'¿Mas cuando la tenías”, preguntéle, “la tenías por aprenderla de mí o de alguna otra manera?”. —“Te diré, Sócrates”, respondió, “algo increíble, por los dioses!, mas verdadero; que de ti nada jamás aprendí, como tú lo sabes; mas progresaba en tu compañía, aunque, sólo fuera por estar en la misma casa, sin estar en la misma habitación; pero más aún cuando, mientras en la misma habitación, estabas hablando, te miraba, más en cuanto dirigía la vista a otra parte; empero, sobre todo y máximamente aprovechaba cuando estaba sentado a tu lado, junto a ti y tocándote, pero ahora”, añadió, “todo aquel estado se diluyó”. [130e] Tal es, pues, Teages, nuestro trato: si a dios le agrada, aprovecharás mucho y brevemente; pero si no, no. Ve, pues, si no te será más seguro el que te eduquen aquellos precisamente que son dueños de esa clase de ayuda con que ayudan a los hombres, más bien que obtenerla de mí por suerte. [131a] Teages: Me parece, según esto, Sócrates, que hemos de hacerlo así: tentaremos a lo daimoníaco eso, tratándonos íntimamente. Y si en esto cede, mejor que mejor para nosotros. Pero si no, entonces, ya de inmediato, veremos, de común consejo, qué haremos: si tratarnos con otro o sin intentar —con plegarias, sacrificios y cualquier otro medio de los indicados por los adivinos— conciliar el favor de eso divino precisamente que a ti te sobreviene. [131a] Demódoco: No rehúses esto al muchacho, Sócrates, porque Teages habla bien. [131a] Sócrates: ¡Sea!; si os parece haberse de hacer así, hagámoslo así.