Teeteto — Plato =============== ΘΕΑΙΤΗΤΟΣ Translation/edition: J. D. García Bacca (UCV 1980–1983) · OCR sin revisión facsimilar Language: Spanish Read in Plato Scroll: https://plato-scroll.com/s/tht/ This file: https://plato-scroll.com/text/tht-h.txt Other editions of this work: - David Horan: https://plato-scroll.com/text/tht.txt - Benjamin Jowett: https://plato-scroll.com/text/tht-b.txt - H.N. Fowler (Loeb, 1921): https://plato-scroll.com/text/tht-c.txt - Greek text: https://plato-scroll.com/text/tht-e.txt - Thomas Taylor (1804): https://plato-scroll.com/text/tht-g.txt Sources and licences: https://plato-scroll.com/attribution.html Numbers in [brackets] are the edition's reference loci (Stephanus, Bekker, book.line, page...). Superscript numerals refer to the Notes at the end. [142a] Euclides: Terpsión, ¿hace tiempo, o ahora precisamente, vienes del campo? [142a] Terpsión: Sencillamente, hace ya tiempo. Y por cierto que te busqué en el ágora, y me sorprendió no poder encontrarte. [142a] Euclides: Es que no estaba en la Ciudad. [142a] Terpsión: ¿Dónde, pues? [142a] Euclides: Bajando al puerto, me encontré con Teeteto a quien del campamento en Corinto lo llevaban a Atenas. [142a] Terpsión: ¿Vivo o muerto? [142b] Euclides: Vivo a duras penas, que padece de heridas graves; mas lo que se lo lleva es la enfermedad declarada en el campamento. [142b] Terpsión: ¿Tal vez la disentería? [142b] Euclides: Sí. [142b] Terpsión: ¡Qué gran varón dices está en peligro! [142b] Euclides: Bello-y-bueno, Terpsión; que acabo de oír a algunos encomiándolo grandemente por lo de la batalla. [142b] Terpsión: Nada tiene de extraño; más lo hubiera sido de no ser él así. ¿Mas por qué no se detuvo aquí en Megara? [142c] Euclides: Prisas de llegar a casa; porque yo se lo supliqué y aconsejé; mas no quiso. Lo dejé, pues, ir; mas viniendo me recordé una vez más, y me admiré de cuán proféticamente habló Sócrates de otras cosas, y sobre Teeteto. Porque poco antes de su muerte. Sócrates se encontró casualmente con EY. "Hmelyeto ofrcade ¿mal Eyay ¿Szópnv ral cuveboúTeeteto, muchacho aún, y tratándose y dialogando con él admiró grandemente su natural. Y cuando yo vine a Atenas me refirió los razonamientos que pasó con él, bien dignos de oír, y me dijo que de toda necesidad llegaría Teeteto a ser inteligente, caso de llegar a mayor. [142d] Terpsión: Y al parecer dijo verdad. Mas ¿cuáles fueron los razonamientos? ¿Podrías referírmelos? Euclides. No, por Júpiter!, al menos no así, de palabra. Mas, apenas llegado a casa los anoté. Más tarde, recordándolos en tiempo libre, los transcribí y siempre que venía a Atenas preguntaba a Sócrates sobre lo no recordado, y al volver aquí corregía, de modo que ha quedado escrito entero el razonamiento. [143a] Terpsión: Es verdad, que te lo he oído anteriormente; y estando siempre a punto de pedirte que me los mostraras se me pasó hasta ahora. Pero ¿qué impedimento hay ahora para que los repasemos? Por mi parte necesito grandemente descansar, que vengo del campo. Euclides. Peto yo mismo acompañé a Teeteto hasta Erinos, de modo que con gusto descansaría. Sea, pues; y mientras descansamos el muchacho nos leerá. [143b] Terpsión: Perfectamente. [143b] Euclides: El libro es éste, Terpsión. Escribí el razonamiento de esta manera: no cual me lo desarrolló Sócrates al hacerlo, sino en forma de diálogo con los que dijo dialogó; y dijo que fue con el geómetra Teodoro y con Teeteto. Para que, pues, en la redacción no dieran molestias —durante los razonamientos, y cuando hablaba Sócrates— frases como “yo dije”, “yo advertí”; o bien, acerca de lo respondido, las de “convino”, o “no admitió”, eliminándolas, redacté lo dialogado como entre él y ellos. [143c] Terpsión: Nada tiene de anormal, Euclides. [143c] Euclides: Muchacho, toma el libro y lee. [143c] Sócrates: Si me preocupara, Teodoro, algo más por lo de -Cirene, te preguntaría por lo de allá y los de allá: si hay jóvenes que ponen su cuidado en geometría o cualquiera otra filosofía. Ahora prefiero éstos a aquéllos; por eso deseo más bien enterarme de si, entre nosotros, hay jóvenes que prometan llegar a notables. Esto es lo que investigo en la medida de mis fuerzas, y pregunto a aquellos con quienes veo les gusta a los jóvenes convivir. No pocos se te acercan, y con justicia; eres digno de ello por la geometría, entre otras cosas. Si, pues, has tenido la suerte de tropezar con alguno digno de mención, con gusto te oiría. [143e] Teodoro: Por cierto, Sócrates, que bien vale la pena de que yo diga y tú escuches con qué joven de vuestros conciudadanos tuve la suerte de encontrarme. Que si fuera bello, temería grandemente hablar, para que no se pensara que lo apetezco. Pero de hecho —no me lo lleves a mal— no es bello; se parece a ti en lo de chato y saltón de ojos, aunque — lo es menos que tú, Sabe, pues, que de entre los que he tenido la suerte de encontrar —y me he acercado a muchísimos— en ninguno percibí tan admirable natural, porque, además de presto en aprender, cual difícilmente hay otros, es excepcionalmente manso, y, encima de ello, valiente cual ninguno, de modo que creo no haya otro como él, ni veo se vaya haciendo. Porque los listos como éste, los agudos y memoriosos, son, las más de las veces, proclives a la ira, y por prestos bandéanse cual barcos sin lastre; son, alocados, más bien que valerosos. Mas los que son más reposados enfréntanse, torpes, al aprendizaje, y resultan desmemoriados. Mas éste avanza en el aprender e investigar tan lisa, inflexible y exitosamente, con gran tranquilidad, cual reguero de aceite silenciosamente fluyente, tanto que es de admirar el que, siendo de tal edad, lleve a cabo todo esto de tal manera. [144b] Sócrates: ¡Buena nueva! ¿De quién de nuestros ciudadanos es hijo? [144b] Teodoro: He oído su nombre, mas no lo recuerdo; pero de los que se nos acercan es el que está en el medio. El y algunos de esos compañeros suyos estaban ungiéndose en la galería exterior; mas ahora, ungidos ya, parece vienen acá. Mira, pues, si lo reconoces. [144c] Sócrates: Lo conozco. Es hijo de Eufronio de Sunio, quien, por cierto, es varón cual tú describes al hija, y, en especial, de gran reputación y además dejó muy grande riqueza. Pero no sé el nombre del muchacho. [144d] Teodoro: “Teeteto” es su nombre, Sócrates. Y por cierto que algunos de sus tutores me parece haber disipado tal riqueza. No obstante es de admirar, Sócrates, su liberalidad para con el dinero. [144d] Sócrates: De noble varón hablas. Ruégamele que se siente aquí con nosotros. [144d] Teodoro: Así lo haré. Teeteto, ven junto a Sócrates. [144d] Sócrates: Hazlo así, Teeteto, para que me vea a mí mismo qué cara tengo, porque dice Teodoro que la mía es semejante a la tuya. Ahora bien: si teniendo nosotros dos una lira, dijera alguien que están coarmonizadas, ¿le creeríamos sin más o nos enteraríamos de si lo dice en cuanto músico? [144e] Teeteto: Nos enteraríamos primero. [144e] Sócrates: ¿Si, pues, halláramos que lo es le creeríamos; pero, si no, desconfiaríamos? [144e] Teeteto: Es verdad. [144e] Sócrates: Ahora bien: creo, que si nos importa algo la semejanza de rostros, habremos de considerar si lo dice o no como pintor. [145a] Teeteto: Me parece. [145a] Sócrates: ¿Es, pues. Teodoro pintor? [145a] Teeteto: No, por lo que yo sé. [145a] Sócrates: ¿Ni geómetra? [145a] Teeteto: Esto sí, por cierto, Sócrates. [145a] Sócrates: ¿Y es también astrónomo o aritmético o músico o algo concerniente a educación? [145a] Teeteto: Me parece que sí. [145a] Sócrates: Si, pues, dice que somos semejantes en cuanto al cuerpo, dígalo en son de alabanza o de censura, no valdrá la pena de hacerle caso. [145a] Teeteto: Tal vez no. [145a] Sócrates: ¿Y qué si alabara el alma de uno de los dos en cuanto a virtud y sabiduría? ¿No vale la pena de que quien tal oye se esfuerce en examinar al que alaba, y la de que el alabado se exhiba a sí mismo valientemente? [145b] Teeteto: Ciertamente que sí, Sócrates. [145b] Sócrates: Es, pues, oportuno, querido Teeteto, el que tú te exhibas y yo te examine. Porque sábete bien que Teodoro, habiendo alabado delante de mi a muchos extranjeros y conciudadanos, a ninguno alabó como a ti ahora mismo. [145b] Teeteto: Bueno fuera, Sócrates. Pero, mira no lo haya dicho en broma. [145c] Sócrates: No es el talante de Teodoro. Mas no vuelvas atrás de lo admitido, con esa consideración de que lo dijo en broma para que no tenga él que testificarlo, porque entonces nadie se lo discutirá. Así que, valientemente, atente a lo admitido. [145c] Teeteto: No hay más remedio que hacerlo, si así te parece. [145c] Sócrates: Dime, pues: ¿aprendes geometría con Teodoro? [145c] Teeteto: Sí, por cierto. [145d] Sócrates: Y yo también, muchacho, aprendo de él, y de otros que crea yo conocen algo de todo eso. Con todo, en lo demás me hallo bien, fuera de una pequeñez que me desconcierta y que desearía considerar contigo y con los presentes. Dime: ¿es que el aprender consiste en hacerse más sabio respecto de lo aprendido? [145d] Teeteto: Pues ¿cómo no? [145d] Sócrates: Mas por Sabiduría, pienso, los sabios son sabios. [145d] Teeteto: — Sí. [145e] Sócrates: ¿Se diferencia en algo de Ciencia? [145e] Teeteto: ¿Qué? [145e] Sócrates: ¿Sabiduría? ¿No se es sabio en lo mismo en que se es científico? [145e] Teeteto: — Cierto. [145e] Sócrates: ¿Es, pues, lo mismo Ciencia y Sabiduría? [145e] Teeteto: Sí. [145e] Sócrates: Pues esto mismo es lo que me desconcierta y no puedo captar, para mí, suficientemente: qué tal vez resulte ser la ciencia. ¿Tenemos algo que decir en este punto? — ¿Qué decís? ¿Quién de vosotros será el primero en hablar? Pero «el que yerre, y cada vez que yerre, que se siente y haga de burro», como dicen los niños jugando al balón; mas «el que resulte sin falla nos hará de rey y ordenará qué quiere» se le conteste. ¿Por qué calláis? ¿Que tal vez, Teodoro, me vuelve rudo la filosofía, al empeñarme en haceros dialogar, y en que me seáis amigos e interlocutores? [146b] Teodoro: En modo alguno, Sócrates; sería rudeza; señala a uno de los muchachos que te responda, porque yo no estoy hecho a tal clase de diálogo y no tengo edad para acostumbrarme. A éstos sí que les va bien, y saldrán ganando mucho más. Que, en realidad, la juventud sale gananciosa en todo. Mas, como comenzaste, no sueltes a Teetcto, sino pregúntale. [146b] Sócrates: ¿Oyes, Teeteto, lo que dice Teodoro?, —desobedecer al cual, pienso, ni tú lo querrás ni es correcto que un joven desobedezca a varón sabio en lo que ordena. Así que responde bien y generosamente. ¿Qué te parece ser "Ciencia”? [146c] Teeteto: Es necesario, Sócrates, puesto que lo mandáis. En todo caso, si en algo fallo, lo rectificaréis. [146c] Sócrates: Ciertamente que sí, si somos capaces. [146c] Teeteto: Me parece que son ciencias las que aprendemos de Teodoro: geometría, y las mencionadas hace un momento; y a su vez Zapatería, y las artes de los demás menesteres: todas y cada una de ellas no son otra cosa sino ciencia. [146d] Sócrates: Habiéndote pedido una cosa, noble y generosamente, amigo, das muchas; y en vez de una sencilla, toda una variedad. [146d] Teeteto: ¿En qué sentido lo dices, Sócrates? [146d] Sócrates: Tal vez en ninguno; mas te diré lo que pienso. Cuando mencionas zapatería, ¿no dices ser sino ciencia de la hechura de zapatos? [146d] Teeteto: Ninguna otra cosa. [146d] Sócrates: ¿Y qué, cuando de carpintería? ¿No dices ser — otra cosa sino ciencia de fabricar enseres de madera? [146e] Teeteto: Nada más que eso. [146e] Sócrates: Y en ambos casos, ¿no defines “ciencia” sino por aquello de lo que cada una trata? [146e] Teeteto: Sí. [146e] Sócrates: Mas, Teeteto, no era lo preguntado: de qué cosas trata la ciencia, ni cuántas son; porque no preguntamos por cuántas son, sino preguntamos para conocer “qué es” Ciencia en sí misma. ¿Digo algo? [146e] Teeteto: “Todo correctamente. [147a] Sócrates: Considera estotro caso: si alguien nos preguntara acerca de las cosas corrientes y manuales, cual barro, “qué es”, y le respondiéramos que lo es el barro de los alfareros o el barro de los ceramistas o el barro de los ladrilleros, ¿no haríamos el ridículo? [147a] Teeteto: Tal vez. [147a] Sócrates: ¿Haríamos, ante todo, el ridículo pensando que quien pregunta entiende nuestra respuesta, cuando decimos “barro”, por añadir eso de el de los estatuilleros o el de cualesquiera otros artesanos? O ¿es que piensas que alguien entiende el nombre de algo si no sabe “qué es”? [147a] Teeteto: De ningún modo. [147a] Sócrates: ¿Ni, pues, eso de “ciencia zapateril”, no sabiendo “qué es” Ciencia? [147a] Teeteto: No, por cierto. [147a] Sócrates: Ni sabe lo que es curtimbre u otra arte quien ignora lo que es Ciencia. [147a] Teeteto: Así es. [147a] Sócrates: Ridícula es, pues, nuestra respuesta a quien pregunta “qué es” Ciencia, cuando se responde con el nombre de una particular arte, pues responde con “ciencia de algo”, no preguntado acerca de eso. [147c] Teeteto: Tal parece. [147c] Sócrates: Además: siéndole factible responder sencilla y brevemente, da infinita vuelta. Así en la pregunta acerca de la arcilla es factible responder simple y [llanamente que "“tierra mezclada con agua” sería “barro”, dejando correr eso de “de quién”. [147c] Teeteto: Así es ahora, Sócrates, más claro y fácil, porque parece preguntas algo así como lo que nos pasó, a mí y a — éste tu homónimo Sócrates, justamente mientras dialogábamos. [147d] Sócrates: ¿Qué fue?, Teeteto. [147d] Teeteto: Algo que sobre potencias nos dibujaba aquí Teodoro: sobre la de tres pies y la de cinco pies, declarándonos que 10 son conmensurables con la de un pie; y así, tomando a cada una en particular, hasta la de diecisiete pies. Y en ésta, como que se detuvo. Mas a nosotros nos acudió, puesto que había, al parecer, multitud infinita de potencias, intentar resumirlas en un nombre con el que designaríamos todas estas potencias. [147e] Sócrates: ¿Y lo encontrásteis? [147e] Teeteto: A mi me lo parece; mira si también a ti. [147e] Sócrates: Di. [147e] Teeteto: Dividimos todo número en dos clases; al número que puede engendrarse de igual por igual número de veces, asemejándolo en cuanto a figura con el cuadrado, lo denominamos “cuadrangular y equilátero”. [147e] Sócrates: Y por cierto, muy bien. [148a] Teodoro: A los intermedios, cual el tres, el cinco, y a todo número que es imposible engendrarse de igual por igual número de veces, sino de mayor por menor o de menor por mayor número de veces, por circundarlo un lado mayor y otro menor, asemejándolo a una figura oblonga lo denominamos “número oblongo”. [148a] Sócrates: Perfectamente. Y ¿qué a continuación? [148a] Teeteto: A todas las líneas que encuadran un número equilátero y plano las definimos “longitud”; mas a las de número desigual, llamámoslas “potencias”, ya que no son conmensurables ciertamente en longitud con aquéllas, pero lo son con los números planos correspondientes a tales potencias. Y respecto de los sólidos, otro tanto. [148b] Sócrates: Optimamente, muchachos. Me parece, pues, que Teodoro no estará expuesto a que alguien testifique de su falsedad. [148b] Teeteto: Por cierto, Sócrates, que no podría responder a lo que me preguntas acerca de Ciencia, como he podido hacerlo respecto de longitud y de potencias, aunque me parece que buscas algo parecido; de modo que, una vez más, Teodoro¹ [148c] Sócrates: ¿Pues qué?; si alabándote por corredor, dijera alguien que a ninguno de entre los jóvenes había encontrado tan buen corredor; mas, puesto a correr, fueras vencido por el óptimo en edad y velocidad, ¿creerías que te alabo en verdad menos por ello? [148c] Teeteto: Yo no, por cierto. [148c] Sócrates: Mas, en cuanto a la ciencia, como te estaba diciendo, ¿crees ser cosa de poca monta encontrarlo, y no más bien culminación de todo? [148c] Teeteto: ¡Por Júpiter!, yo, sí, ciertamente; que lo es, y de lo más encumbrado. [148c] Sócrates: Esfuérzate, pues; cree en lo que dice Teodoro; anímate en todo caso a captar racionalmente, respecto de lo demás, y de la ciencia, "“qué se da el caso de ser”. [148d] Teeteto: Si es cuestión de ánimos, Sócrates, se echará de ver. [148d] Sócrates: Ahora, pues, ya que acabas de comenzar bellamente, imitando la respuesta acerca de las potencias —que las resumiste en “un eidos”, aun siendo muchas— trata parecidamente de hablar con una “razón” de las muchas ciencias. [148e] Teeteto: Sábete bien, Sócrates, que muchas veces ya emprendí tal consideración al oír las preguntas propuestas por ti; mas ni yo mismo pude convencerme suficientemente de lo que decía ni oír a otro que hablase tal como tú lo exiges; y, con todo, no puedo desprenderme de tal preocupación. [148e] Sócrates: De parto estás, querido Teeteto, por no estar vacío sino preñado. [148e] Teeteto: No lo sé, Sócrates; mas digo lo que siento. [149a] Sócrates: Además, digno de risa, ¿no has oído que soy hijo de una distinguida y obesa partera: Fenaretes? [149a] Teeteto: Sí que lo he oído. [149a] Sócrates: Y bien, ¿no has oído que práctico esa misma arte? [149a] Teeteto: No, jamás. [149a] Sócrates: Pues sabe que es así; mas no lo digas a los otros, porque, compañero, oculto el poseer tal arte. Pero los demás, por no saberlo, no dicen esto de mí, sino que soy rarísimo y hago desconcertar a los hombres, ¿Has oído esto? [149a] Teeteto: Sí, lo he oído. [149b] Sócrates: ¿Te digo la causa? [149b] Teeteto: Sí, dímela. [149b] Sócrates: Considera cómo se portan en lo suyo las parteras, y te resultará fácil entender lo que pretendo. Sabes que ninguna de ellas, en estado de concebir y parir hace de partera de otras, sino tan sólo las que son impotentes ya para parir. [149b] Teeteto: Así es, enteramente. [149b] Sócrates: Y dicen que la causa de esto la tiene Diana, a quien, siendo no paridera, le cayó en suerte el parto; y no dio a las infecundas lo de parteras, porque la naturaleza humana es demasiado débil para ejercer una arte sin tener experiencia; mas a las que, por edad, ya 10 pueden tener hijos, haciéndoles honor les otorgó semejanza con ella. [149c] Teeteto: Es verosímil. [149c] Sócrates: ¿Y no será tan sólo verosímil, sino aun necesario, el que las parteras, mejor que las otras, conozcan a las preñadas? [149c] Teeteto: Sin duda. [149c] ¿Y que además puedan las parteras dar medicinas y, con encantamientos, provocar los dolores y hacerlos, si quieren, más llevaderos; hacer parir a las difíciles y, si les parece más conveniente el aborto, causarlo? [149d] Teeteto: Así es esto. [149d] Sócrates: Además, ¿no has notado que son ellas las más eficaces casamenteras, ya que son las más sabias en conocer a quién aparejar con quién, de modo que resulten óptimos hijos? [149d] Teeteto: No sabía gran cosa de eso. [149d] Sócrates: Pues sábete que de esto se precian más que de saber cortar el cordón umbilical. Piénsalo: ¿pertenece a la misma arte o a otra el cuidado y recolección de los frutos y el conocer a qué tierra ha de echarse la semilla y cuál planta plantarse? [149e] Teeteto: A la misma, no a otra. [149e] Sócrates: Mas, querido, ¿respecto de la mujer, piensas que es un arte distinta la de esto último y otra la de la recolección? [149e] Teeteto: Pues no es verosímil. [150a] Sócrates: Pues no; mas por causa de ese injusto y sin arte ayuntamiento de varón y mujer, que recibió por nombre el de “alcahuetear”, las parteras, reverentes hacia lo de casamenteras, temen caer, por causa de esto, en aquéllo; que tan sólo a las verdaderamente parteras les está bien eso de ser correctas casamenteras. [150a] Teeteto: Así parece. [150a] Sócrates: Tal y tanta es la función de las parteras, pero inferior a la mía; porque no les sucede a las mujeres dar a — luz unas veces eídolos y otras hijos de verdad, de modo que no sea fácil distinguir lo uno de lo otro, porque si tal aconteciera, superlativamente grande-y-bello quehacer de las parteras sería discernir entre lo verdadero y lo que no lo es. ¿No lo crees así? [150b] Teeteto: Yo, sí, por cierto. [150b] Sócrates: A mi arte de parterismo le son comunes otras cosas con el de las parteras; mas se diferencia en hacer de partero de hombres y no de mujeres, y en examinar las almas en trance de partir, y no los cuerpos. Empero, lo máximo en mi arte consiste en poder poner a prueba de todas las maneras, si la mente del joven da a luz algo fantasmagórico y falso, o bien, genuino y verdadero. Porque esto de común tengo con las parteras: el que soy infecundo en sabiduría; y lo que muchos me echan en cara: que pregunto a otros, mas yo no respondo a nada por no tener sabiduría, me lo echan en cara con verdad. Mas la causa es ésta: el dios me ha condenado a ser partero; pero me impide parir. Así, pues, no soy en modo alguno sabio, ni tengo hallazgo alguno, nacido cual hijo de mi alma. Empero, los que conmigo se tratan, comienzan algunos de ellos por dar la apariencia de grandemente ignorantes; sin embargo, progresando en convivencia, todos aquellos a quienes dios haga gracia perfecciónanse, y ¡de qué admirable manera!, —tal les parece a ellos y a los demás. [150d] Mas resulta evidente el que no es por haber aprendido algo de mí, sino porque ellos mismos han hallado y parido muchas y bellas cosas, aunque de tal parto el dios y yo somos causa. Y es claro por esto: porque muchos desconociendo — esto, atribuyéndoselo a sí mismos y despreciándome a mí, o por habérselo persuadido otros o ellos a sí mismos, se apartaron antes de lo debido y, apartados, abortaron el resto a causa de perversas compañías, o echaron a perder, por mal cuidado, lo que ya habían dado a luz bajo mí, y teniendo a falsificaciones y eídolos en más que a lo verdadero, terminaron pareciendo ignorantes a sí mismos y a los otros. Uno — de ellos es Arístides, hijo de Lisímaco, y otros muchísimos, con algunos de los cuales, al volver solicitando mi compañía con grandes muestras, mi daimonio interior me prohíbe admitirlos a ella; a otros lo permite; y los tales de nuevo progresan. A los que continúen conmigo les pasa lo mismo que a las parturientas: quéjanse y atorméntanse desconcertados días y noches enteras, mucho más que ellas. [150e] Despertar y apaciguar tales dolores de parto lo puede mi arte. Tal pasa con ellos. Mas con algunos, Teeteto, que me parezcan no estar preñados —conozca, pues, que no necesitan de mí— me porto benévolamente y, para decirlo según dios, adivino más que suficiente de quiénes aprovecharían la compañía. De ellos entregué muchos a Pródico y muchos a otros sabios e inspirados varones. [151b] Me dilaté, óptimo, en todo esto porque sospecho que tú, cual tu mismo lo crees, estás con dolores de parto, interiormente empreñado. Ofréceteme, pues, cual a hijo de partera, partero yo mismo, y esfuérzate en responder de la manera que seas capaz de hacerlo. Mas si, considerando lo que me ligas, creyera que es eidolillo y no verdad, y te lo extraigo y arrojo, no lo lleves a mal, como las primerizas con los hijos. Porque, admirable, muchos son los que se le ponen simplemente cual a punto de morder cuando les extraigo alguna ilusión, y no creen que lo hago por benevolencia, —estando así bien lejos de saber que no hay dios malévolo para con los hombres; que yo no hago tales cosas por malevolencia, sino porque no aguanto la falsedad y porque no es lícito, en modo alguno, disimular la verdad. Así que tomando una vez más las cosas desde su comienzo, trata, Teeteto, de decir “qué es” ciencia; mas nunca digas que eres incapaz de ello, que, si dios quiere y te empeñas, serás capaz. [151d] Teeteto: Puesto que, Sócrates, tú me animas, vergüenza sería no esforzarse de todas las maneras en decir lo que uno — puede. Me parece, pues, que quien sabe algo siente eso mismo que sabe; de modo que, como me parece ahora, ciencia no es otra cosa que “sentiencia”. [151e] Sócrates: Bien y genuinamente, muchacho. Es necesario hablar así de claramente. Pero, vamos, considerémoslo en común a ver si es cosa de vida o de aire. ¿Dices que ciencia es sentiencia? [151e] Teeteto: Sí. [151e] Sócrates: Te aventuras a decir sobre la ciencia palabra, y no despreciable, sino la que dijo el mismo Protágoras, quien, de otra manera, vino a expresar lo mismo, pues dice: “de todas las cosas, medida es el hombre; de las que son, es medida de su ser; de las que no son, es medida de su no ser" ¿Lo has tal vez leído? [152a] Teeteto: Lo he leído, y muchas veces. [152a] Sócrates: ¡¿No es esto algo así como decir que lo que te parece a ti es “ser” para ti; lo que a mí, lo “es” para mí, ya que tú y yo somos hombres? [152a] Teeteto: Así lo dice. [152b] Sócrates: Verosímil es que varón sabio no delire; sigámosle, pues. ¿No sucede a veces que soplando el mismo viento uno sienta frío; y otro, no?; ¿que uno lo sienta casi hada; mas otro, muchísimo? [152b] Teeteto: Ciertamente. [152b] Sócrates: ¿Diremos en tal caso que el viento, él “de por sí”, es frío o no frío?, ¿o asentiremos con Protágoras diciendo que “es” frío para el friolero y que “no lo es” para el otro? [152b] Teeteto: Así parece. [152b] Sócrates: ¿Es así como “parece' serlo a cada uno? [152b] Teeteto: Sí. [152b] Sócrates: Mas “parece” es "sentirlo”. [152b] Teeteto: Pues sí. [152c] Sócrates: Así que es lo mismo, respecto de calor y cosas semejantes, apariencia y sentiencia, porque lo que cada uno siente, sucede que “es” tal para él. [152c] Teeteto: Tal parece. [152c] Sócrates: Así que sentiencia es siempre sentiencia de algo que está siendo; y no es falsa por estar siendo “ciencia”. [152c] Teeteto: Parece. [152c] Sócrates: ¡Por las Gracias!; qué gran sabio fue Protágoras!; que a nosotros, los del vulgo, nos habló en enigmas; pero a sus discípulos dijo en secreto la verdad. [152d] Teeteto: ¿En qué sentido lo dices?, Sócrates. [152d] Sócrates: Te lo diré; y no es, por cierto, vana palabra; que no hay ni una sola cosa que “sea” ella “en cuanto ella misma” lo que “es”; ni de ninguna correctamente dirías “ser” algo; que, si de una predicas eso de “ser” grande, “aparecerá” también pequeña; y si lo de pesada, ligera; y así de todo lo demás; que ninguna cosa es Di una, ni alguien, ni tal o cual; mas por traslación, movimiento y mezcla de unas cosas con otras se engendran todas las que decimos “ser”, —hablando incorrectamente. Que “es”, no lo es en modo alguno nadie ni nada, sino que siempre está engendrándose. Y acerca de esto, todos los sabios, excepto Parménides, convienen en uno: Protágoras y Heráclito y Empédocles, y los cumbres de los poetas en cada clase de poesía; Epicarmo en la comedia. Homero en la tragedia, quien diciendo que Océano es origen de dioses: y Tethys, su madre, vino a decir que todo es engendro de flujo y movimiento. ¿No crees que diga esto? [152e] Teeteto: Yo, sí, ciertamente. [152e] Sócrates: ¿Quién, pues, no haría soberanamente el ridículo poniéndose a dudar contra tal ejército y tal general como Homero? [153a] Teeteto: No es fácil, Sócrates. [153a] Sócrates: No lo es, Teeteto, ya que en favor de esta doctrina hay suficientes testimonios: que el movimiento aporta el parecer ser y el hacerse; mas el reposo, el no ser y el perecer; porque tanto lo caliente como Fuego, engendrador y tutor de las demás cosas, se engendra él mismo de traslación y fricción; ambos, de movimiento. ¿Que no son tales las maneras de engendrarse Fuego? [153b] Teeteto: Sí, ellas lo son. [153b] Sócrates: Y aun el género animal, ¿no nace de esas mismas? [153b] Teeteto: Peto, ¿cómo no? [153b] Sócrates: Y ¿qué del estado del cuerpo?: ¿que no se estropea por el reposo y la inactividad, mas se salva casi siempre por la gimnástica y el movimiento? [153b] Teeteto: Sí. [153b] Sócrates: Y ¿qué del estado del alma? Por el aprendizaje y cuidado, que son movimientos, ¿no se adquiere lo aprendido, se salva y hácese mejor; mas por el reposo, que es falta de cuidado y de aprendizaje, ni se aprende nada y se olvida lo aprendido? [153c] Teeteto: Ciertamente. [153c] Sócrates: ¡¿Así que bueno es el movimiento para el alma y para el cuerpo; y lo otro, lo contrario? [153c] Teeteto: Tal parece. [153c] Sócrates: ¿Te recordaré, además, calma chicha y marasmos, y estados tales; que tales tranquilidades corrompen y destruyen, mientras que sus contrarias salvan? Además: ¿he de traerte por colofón a punto lo de la cadena dorada, de la que Homero habla refiriéndose precisamente al sol: con lo que explicaría que, mientras la rotación y el Sol se muevan, todas las cosas, en dioses y en hombres, son y se salvan; pero si se detuvieran, cual encadenados, todas las cosas se corromperían y, como se dice, se trastornarían? [153d] Teeteto: Me parece, Sócrates, que Homero aclara lo que dices. [153d] Sócrates: Aplícalo, óptimo, así: primero, respecto de los ojos; lo que llamas “color blanco” no existe él cual algo diferente y externo a tus ojos ni en los ojos; ni le asignes lugar alguno, porque en tal caso ya estaría “siendo” y permaneciendo de alguna manera y en orden, mas no engendrándose cual engendro. [153e] Teeteto: ¿Cómo así? [153e] Sócrates: Sigamos con la razón de hace poco rato, poniendo que ninguna cosa es “en cuanto ella misma” su ser. De esta manera, negro, blanco y cualquier otro color nos parecerán engendrarse de la impulsión procedente de los ojos contra un movimiento adecuado; de modo que lo que llamamos un color especial no es ni lo impelente ni lo impelido, sino algo intermedio, engendrado originalmente en cada caso. ¿O te harás fuerte en que tal cual se te aparece cada color, tal cual se aparece también a perro y a cualquier otro animal? [154a] Teeteto: No, por Júpiter! [154a] Sócrates: Mas ¿hay algo que se aparezca semejantemente a otro hombre y a ti? ¿Mantendrás esto?; ¿o más aún, que ni aun a sí mismo nada aparece así, porque jamás te has tú de la misma manera respecto de ti mismo? [154a] Teeteto: Más bien me parece esto último que aquello. [154b] Sócrates: Según esto, pues; si aquello con que nos medimos o aquello que tocamos “fuera” grande o blanco o caliente, no resultaría, referido a otro, diferente, a no ser que él mismo se cambiara. Mas si lo midiente o palpante "fuera” algo de eso, por el hecho de advenirle algo o de pasarle algo a otro, él mismo, a no ser que le pasara algo, no se alteraría en nada. Por cierto, querido, que nos vemos forzados, demasiado fácilmente, ahora, a decir cosas raras y ridículas, como lo diría tal vez Protágoras, y aun cualquiera que tratara de hablar como él. [154b] Teeteto: ¿Cómo y qué dices? [154c] Sócrates: Acepta un sencillo ejemplo, y sabrás todo lo que quiero decir. Dadas seis tabas, si las comparas con cuatro diremos que las seis son entonces más que cuatro: son cuatro más una mitad de cuatro. Mas si a las seis las comparas con doce, las seis resultan menores que doce, y son la mitad de doce. Ninguna otra afirmación es admisible. ¿O admitirías tú otra? [154c] Teeteto: Yo, no, ciertamente. [154c] Sócrates: Ahora bien: si Protágoras u otro te preguntara: [154c] Teeteto: hay manera de que algo se haga mayor o más sino por aumento?”, ¿Qué responderías? [154c] Teeteto: Si respondiera, Sócrates, lo que me parece respecto de la presente pregunta, diría que no la hay; mas, si respondiera a la anterior, diría que sí, cuidándome de no decir cosas contrarias. [154d] Sócrates: Bien, por Hera!, querido; y aun divinamente. Mas, al parecer, si respondieres que hay manera, te pasará lo de Eurípides: que «nuestro lenguaje será irrefutable; mas no así, la mente». [154d] Teeteto: Es verdad. [154d] Sócrates: Pues bien: si tú y yo fuéramos listos y sabios, versados en todo lo de la mente, nos restaría —poniéndonos, por tal superabundancia mutuamente a prueba, y descendiendo sofísticamente a tal clase de combates— el enfrentar palabras de uno a palabras de otro. Mas, como somos personas ordinarias, trataremos ante todo de considerar, respecto de cada cosa sobre la que discurrimos “qué es ella respecto de sí misma”; más bien que si, respecto de nosotros, consuena o no. [154e] Teeteto: Es justamente lo que yo querría. [154e] Sócrates: Lo mismo, yo; y, puesto que es así, con tranquilidad, como quien tiene gran vagar, ¿no reconsideraremos una vez más, sin impaciencia, poniéndonos “realmente” a — prueba, qué sean tales apariencias en nosotros? [155a] Y respecto de lo anteriormente considerado diremos, tal pienso, que nada “se hace” ni mayor ni menor —ni en corpulencia ni en número—, hasta que “sea” igual a sí mismo. ¿No es así? [155a] Teeteto: Sí. [155a] Sócrates: En segundo lugar; aquello a que nada se añade ni se quite, tampoco se aumenta o disminuye, sino se está siendo siempre igual. [155a] Teeteto: Correctamente. [155b] Sócrates: Que, en tercer lugar, lo que comenzó por “no ser”, mas después fue, es imposible que "sea”” sin haberse engendrado y sin engendrarse. [155b] Teeteto: Así parece. [155b] Sócrates: [stas. tres aserciones, creo, que se pelean ellas entre sí en nuestra alma, cuando hablamos acerca de las tabas o cuando decíamos que yo, “siendo” de la edad que soy, y no sufriendo en mi corpulencia ni aumento ni su contrario, dentro del año estoy siendo mayor que tú, que eres ahora joven; y seré menor después, sin perder yo nada de — ella, mas aumentando tú la tuya, porque seré más adelante lo que antes no fui, pero sin hacérmelo. Mas porque es imposible haberse hecho uno algo sin hacerse, no me hiciera menor en el caso de no haber perdido algo de mi corpulencia. Y así pasa con miles de miles de casos, si aceptamos éstos. ¿Lo sigues, Teeteto?, porque me parece que no careces de experiencia en estas cosas. [155c] Teeteto: ¡Por los dioses!, Sócrates, que extraordinariamente me admiro de “qué es” todo esto; y, a veces, al mirarlo según verdad, la oscuridad me marea. [155d] Sócrates: Parece, pues, querido, que Teodoro no adivinó mal tu natural, porque el admirarse es pasión muy propia de filósofo, que no otro es el principio de la filosofía; y pareciera que quien hizo a Iris hija de “Admirador”, no le dio mala genealogía. Pero, ¿comienzas ya a comprender por qué estas cosas son así, según lo que afirmamos dijo Protágoras, o aún no? [155d] Teeteto: Aún no, me parece. [155d] Sócrates: ¿Me agradecerás, pues, el que investigue contigo la verdad oculta del pensamiento de un varón, mejor: de otros famosos varones? [155e] Teeteto: ¿Cómo no agradecértelo?, y muy mucho. [155e] Sócrates: Mira a tu alrededor, que no nos escuche alguien no iniciado. Que son no iniciados quienes piensan que no existe sino lo que puedan coger con ambas manos; y no admiten, cual parte de la realidad, acciones, generaciones y todo lo invisible. [155e] Teeteto: Y, por cierto, Sócrates, que hablas de hombres duros y repelentes. [156a] Sócrates: Pues son, muchacho, bien obtusos. Otros hay más finos, de cuyos misterios te voy a hablar. El principio de que depende todo lo que estamos tratando es el de ellos éste: que Todo es movimiento, que fuera de él nada hay. Hay, no obstante, dos eídoses de movimiento, cada uno de los dos infinito en multitud. En cuanto a potencia, uno es activo; el otro. [156a] pasivo. Mas de su concordia y fricción mutuas engéndranse engendros infinitos en multitud, pero gemelos: uno, lo sensible; otro, la sentiencia, coincidente siempre y engendrada con lo sensible. Las sentiencias reciben de nosotros nombres como los de visión, audición, olfateamiento, enfriamientos y quemaduras, placeres y penas, apetencias y miedos, y otras denominaciones. Hay infinitas sentiencias anónimas, pero son muy numerosas las onomásticas. Por otra parte, el género de lo sensible es homogéneo con el de las correspondientes sentiencias; la variedad de visiones, con la variedad de colores; parecidamente las audiciones, con los sonidos y las demás — sentiencias resultan congéneres con los demás sensibles, ¿Qué, pues, Teeteto, pretende decirnos este mito respecto de lo anterior? ¿Lo entiendes? [156c] Teeteto: No mucho, Sócrates. [156c] Sócrates: Pues mira si lo terminamos de alguna manera, porque pretende decir que todas las cosas, como decimos, se mueven, y que en su movimiento hay aceleración y lentitud. En la medida en que se hace lento el movimiento, la lentitud lo retiene en el mismo lugar y respecto de las cosas próximas a él, y así, por cierto, lo engendra, esto por una parte; mas, por otra, engendra así en ellas aceleración, porque se trasladan, y en tal traslación ha nacido su movimiento. [156d] Cuando, pues, el ojo y lo que sea conmensurado con él se aproximan, engendran la blancura y la sentiencia connatural a ella, —lo que no sucedería si cualquiera de los dos se dirigiera a otra cosa. Mas entonces haciéndose encontradizos a mitad de camino —la visión partiendo de los ojos y la blancura, de lo que produce el color— rellénase el ojo de visión; ve entonces y resulta no vista sino ojo vidente; mas lo coproductor del color se rellena de blancura, y hácese no blancura sino blanco, —sea leño, piedra u otra cosa cualquiera a la que le pase el colorearse de tal color. Y así respecto de lo demás: duro, caliente, etcétera, hay que admitir de la misma manera que nada “es” él “en cuanto él mismo”. Lo que decimos ser tal en tal caso se engendra en el trato de unas cosas con otras; y todas, por diversas que sean, engéndranse de movimiento, ya que, como dicen, no hay que concebir que lo activo y lo pasivo de ellas no estén, como dicen, apegados en uno, porque ni lo activo “es” algo antes de que incida sobre lo pasivo; ni lo pasivo, sobre lo activo; y lo incidente sobre otro y lo activo, al caer a su vez sobre otro, muéstrase pasivo. De todo lo cual, como decíamos desde el principio, resulta que nada “es” uno él “en cuanto sí mismo”, sino que siempre engéndrase en algún otro. Mas eso de “ser” hay que eliminarlo de todas maneras; y no porque la costumbre o la insciencia nos hayan hasta ahora forzado a usarlo muchas veces. Pero, además, es preciso, tal es sentencia de los sabios, no aceptar lo de “algo” ni lo de “alguien”, ni lo de “de mí” ni “esto” ni “aquello” ni otro nombre alguno de algo estable; sino que se debe hablar, según naturaleza, de “engendrado”, “hecho”, “destruido”, “alterado”, pues si se estabiliza algo en la palabra, fácilmente se refuta a quien tal hace. Pero hay, además, que hablar así respecto de particulares y de muchos en conjunto, y en tales conjuntos entran hombre, piedra, cada animal y cada eidos. ¿Te parecen, Teeteto, agradables estas doctrinas y las saborearías cual tales? [157c] Teeteto: No lo sé yo mismo, Sócrates, aparte de que no llego a entender si dices lo que te parece, o me pones a prueba. [157c] Sócrates: No recuerdas, querido, que ni sé ni hago mío nada de esto; soy, al contrario, estéril en esto; mas a ti te pongo a parir, y para ello te encanto y te doy a gustar de cada uno de los sabios, hasta que yo contigo saque a luz tu — opinión formada. Y, sacada, pondré entonces a consideración si parece cosa de viento o viable. Así que valiente, bien firme y virilmente responde qué te parece acerca de lo que pregunto. [157d] Teeteto: Pregunta, pues. [157d] Sócrates: Dime una vez más, si te place el que nada sea “ser” sino que todo sea constante “hacerse” -—q-bueno, bello y lo demás que enumeramos. [157d] Teeteto: Me place, y cuando te lo oigo describir me parece admirable cuán racional es y que ha de admitirse tal cual lo explicas; [157e] Sócrates: Pero no dejemos pasar una falla suya: no dejemos pasar lo de sueños, enfermedades y entre otras cosas la — locura; todo lo cual se dice darnos, entre otras sentiencias anormales, las anormales de oído y vista, pues sabes que todos estos casos parecen concordemente refutar el razonamiento recién hecho, pues en todos ellos las sentiencias producidas nos resultan bien falsas, y falta mucho para que lo — que se “aparece a” uno, eso mismo “sea”. Todo lo contrario: nada de lo que “se aparece” “es”. [158a] Teeteto: Verdaderísimo es lo que dices, Sócrates. [158a] Sócrates: ¿Qué razón le queda aún, muchacho, a quien pone que la Ciencia es sentiencia y que “lo aparecido” a uno eso mismo “es” para aquel a quien se aparece? [158a] Teeteto: Me resisto a decir, Sócrates, que no tengo qué responder, porque me desconcertaste ahora al decírtelo. Que verdaderamente no pudiera dudar de que los locos y los soñantes no opinen en falso, cuando algunos de ellos se creen ser dioses; otros, se tienen por alados y ensueñan que vuelan. [158b] Sócrates: ¿Y no piensas que hay la misma dificultad respecto de estos casos, pero sobre todo respecto de sueño y vigilia? [158b] Teeteto: — ¿Cuál? [158b] Sócrates: La que creo has oído de los que preguntas: ¿qué testimonio podríase aportar a quien de repente nos preguntara si dormimos y si todo lo que pensamos es ensueño o si estamos despiertos, y, despiertos, dialogamos unos con otros? [158c] Teeteto: Por cierto, Sócrates, desconcertante es de qué testimonio haya que echar mano, porque, cual estrofa y antistrofa, así se corresponden esas cosas. No hay obstáculo alguno en que lo que estamos dialogando nos parezca estárnoslo dialogando en sueños; mas cuando creemos que mi ensueño relata ensueños, la semejanza entre unos y otros es desconcertante. [158c] Sócrates: Ves, pues, que no es difícil disputar acerca de estos puntos, puesto que se puede disputar sobre si estamos despiertos o dormidos. Más aún: ya que el tiempo que dormimos es igual al tiempo de despiertos, en cualquiera de los dos pretende nuestra alma que lo entonces tenido por presente no es menos verdadero, de modo que igual tiempo afirmamos una vez que esto es “ser”, e igual, que lo “es” lo otro, y nos hacemos firmes por igual en ambos casos. [158c] Teeteto: Así es de todo en todo. [158c] Sócrates: ¿Y acerca de enfermedades y locura no vale igual sazón, fuera de que el tiempo no es igual? [158c] Teeteto: Correctamente. [158c] Sócrates: ¿Qué? ¿Se delimitará lo verdadero por la magnitud o pequeñez del tiempo? [158e] Teeteto: Ridículo sería de mil maneras. [158e] Sócrates: ¿Tienes cómo demostrar claramente cuál de tales opiniones es verdadera? [158e] Teeteto: Creo que no. [158e] Sócrates: Escúchame, pues, qué dirían acerca de ellas los que afirman que para el que opina "es” verdadero lo opinado. Dicen, tal creo, en forma de cuestión: «Teeteto, lo que “sea” completamente diverso ¿podrá tener de alguna manera la misma potencia que lo a él diverso? Mas no supongamos que lo preguntado “sea” de alguna manera nada más lo mismo, y de otra diverso, que sea sino “enteramente diverso”». [158e] Teeteto: Es imposible el que algo sea lo mismo o en potencia o en otra cosa cualquiera, caso de “ser” completamente diverso. [159a] Sócrates: ¿No habremos, pues, de admitir que lo tal es necesariamente desemejante? [159a] Teeteto: Me parece. [159a] Sócrates: Si, pues, acontece que algo resulta semejante o desemejante con algo, consigo mismo o con otro, ¿diremos que, por semejante se ha hecho lo mismo, y, por desemejante, diverso? [159a] Teeteto: Necesariamente. [159a] Sócrates: ¿Y no dijimos anteriormente que hay muchas y aun infinitas cosas agentes, y parecidamente otras tantas pacientes? [159a] Teeteto: —Sí. [159a] Sócrates: ¿Y además que una cosa, mezclada una vez con una, otra con otra, no engendrará lo mismo, sino algo diverso? [159a] Teeteto: Ciertamente, pues. [159b] Sócrates: Hablemos, pues, de mí, de ti, de cualquier otra cosa según la misma razón, —sea de Sócrates sano y de Sócrates enfermo. ¿Diremos que el uno es semejante o desemejante con el otro? [159b] Teeteto: ¿Cuando hablas de Sócrates enfermo, hablas de todo él, respecto de todo aquel otro: Sócrates sano? [159b] Sócrates: Perfectamente lo tomas; eso mismo digo. [159b] Teeteto: Desemejante, por cierto. [159b] Sócrates: ¿Así que diverso, en la medida en que desemejante? [159b] Teeteto: Necesariamente. [159b] Sócrates: ¿Y hablarás parecidamente respecto de Sócrates dormido y de todo lo enumerado? [159c] Teeteto: Yo, sí, ciertamente. [159c] Sócrates: ¿Así que cada una de esas cosas nacidas para hacer algo, cuando obren sobre Sócrates sano me hallarán “siendo” diverso de cuando obren sobre mí enfermo? [159c] Teeteto: ¿Cómo no va a ser así? [159c] Sócrates: ¿Y también algo diverso de cada uno produciremos yo, el paciente, y ellas las agentes? [159c] Teeteto: Naturalmente. [159c] Sócrates: — ¿Así, cuando estando sano, bebo vino, me parece agradable y dulce? [159c] Teeteto: Sí. [159c] Sócrates: Según, pues, lo admitido lo agente y lo paciente produjimos por co-Incidencia de ambos dulzor y sentiencia. La sentiencia, por ser del paciente, hizo sensitiva a la lengua; mas el dulzor, por ser del vino y difundirse de él, hizo “ser” y “parecer” para la lengua sana dulce el vino. [159d] Teeteto: Tal fue, en efecto, lo primeramente admitido. [159d] Sócrates: Mas cuando estoy enfermo, el vino se apoderó ante todo de quien es en verdad otro, y no el mismo, porque sobrevino a desemejante. [159d] Teeteto: Sí. [159d] Sócrates: Sócrates en tal estado y el trago de vino produjeron cosas diversas: en la lengua la sentiencia de amargor, en el vino engendraron y difundieron el amargor, haciéndolo a él, no “amargor” sino “amargo”; y a mí, no “sentiencia”, sino “sentiente”. [159e] Teeteto: Exactamente, pues. [159e] Sócrates: Según esto, pues, no puedo dejar de sentirme de esta manera, porque de cosa diversa, la sentiencia es diversa, y hace al sentiente diferente y otro; ni aquel, el agente — sobre mí, incidiendo sobre otro produciendo lo mismo, se hará tal, porque produciendo algo distinto en otro se hará él diferente. [160a] Teeteto: Así es. [160a] Sócrates: — Ni yo mismo me haré “tal” a mí mismo ni aquel se hará “tal” a sí mismo: [160a] Teeteto: No, según esto. [160a] Sócrates: Mas es necesario que, cuando me hago sentiente, lo sea “de” algo, porque es imposible ser sentiente y serlo “de” nada; mas cuando algo se hace dulce o amargo o algo tal, tiene que hacerse tal “para” alguien, ya que es imposible que dulce se haga dulce para nadie. [160b] Teeteto: Así es, de todo en todo. [160b] Sócrates: Resulta, pues, creo, que, si somos, “el ser”, si nos hacemos, “el hacerse”, lo son "“de” unos “para con” otros, ya que, por necesidad, nuestra “esencia” nos coliga; mas no nos coliga con ninguna otra cosa, ni siquiera con nosotros mismos. Queda, pues, el que estamos ya coligados — unos con otros. De modo que si uno dice de algo eso de — “ser” ha de decir en qué lo “es”; o si lo es “de” alguno o “respecto de alguno; y si lo de “hacerse”, lo mismo. No ha de decir ni aceptar que otro diga que algo “es de por sí mismo ente o engendro”. Tal nos lo indica el razonamiento seguido. [160c] Teeteto: Así es, de todo en todo. Sócrates. [160c] Sócrates: Así, pues, cuando un agente lo es sabre mí, y — no sobre otro, ¿soy yo quien lo siente, y no otro? [160c] Teeteto: ¿Cómo no? [160c] Sócrates: Es, pues, verdadera para mí mi sentiencia, ya que lo es siempre de mi esencia. Y, según Protágoras, yo soy, para mí, juez de la medida en que los seres son y de la en que los no seres no son. [160c] Teeteto: Parece. [160d] Sócrates: ¿Cómo, pues, siendo infalible, y no tropezando mi mente ni acerca de los entes ni de la engendrado, no sería sabio acerca de lo que sea yo sentiente? [160d] Teeteto: No hay cómo. [160d] Sócrates: De todo en todo bellamente dijiste que Ciencia no es otra cosa que sentiencia; y en lo mismo coincides con Homero y Heráclito con todo ese linaje para los que «cual ríos, todo se mueve»; o según el sapientísimo Protágoras que «de todas las cosas el hombre es la medida»; y según Teeteto, que, si las cosas son así, «la sentiencia hácese Ciencia». ¿No es así, Teeteto? ¿Diremos que esto es, por una parte, cual hijo tuyo recién nacido; mas, por otra, mi obra de partero? ¿O cómo dirás? [160e] Teeteto: Necesariamente así, Sócrates. [160e] Sócrates: Pues esto es, al parecer, lo que hemos dado a luz, —sea de ello lo que fuere. Pero una vez nacido hemos, con el razonamiento, de girar al derredor de él, verdaderamente en círculo, no sea que se nos oculte que lo nacido no es digno de cría; sino cosa de viento, y falsa. ¿O es que - crees que se debe en todo caso criar lo tuyo y no abandonarlo, o aceptarás el que lo veamos para así examinarlo, y no llevarás muy a mal si se te lo quita, a pesar de ser cual primogénito tuyo? [161a] Teodoro: Lo aceptará Teetcto, Sócrates, porque no es difícil de carácter. Mas, por los dioses!, dime: ¿que no son así las cosas? [161a] Sócrates: Eres, Teodoro, sencillamente, amigo-de-razonar, y, aprovechado, si piensas que soy saco de razones y que es fácil sacarme el que diga por qué estas cosas no son así. Mas no entiendes de lo que está pasando: que de mí no sale razón alguna, sino siempre del que dialoga conmigo, que yo no sé sino esto poquito: sacar razón de otro que es sabio y aceptarla adecuadamente. Y por cierto que ahora trataré de hacerlo con Teeteto, y no decir yo nada. [161b] Teodoro: Así es más bello, Sócrates; hazlo así. [161b] Sócrates: -¿Sabes, Teodoro, qué es lo que admiro en tu compañero Protágoras? [161c] Teodoro: ¿Qué? [161c] Sócrates: Entre otras cosas dijo agradablemente eso de que “lo que parece a cada uno”” eso "es” también; mas póneme admiración el comienzo del razonamiento por qué no dijo, en “La Verdad”, que «es medida de todas las cosas un cerdo» o el cinocéfalo o cualquiera otro bicho raro de los que tienen sensación; así hubiera comenzado a hablarnos magnificente y despectivamente, haciéndonos notar que nosotros lo admiramos cual si fuera dios por la sabiduría, cuando sucede que no es, en cuanto a sapiencia, mejor en nada que un renacuajo, —no digamos que un hombre cualquiera. ¿O cómo lo diríamos, 'Teodoro? Porque si lo verdadero para cada uno será lo que por la sentiencia le parezca, —y nadie juzgaría mejor de lo que a otro le pasa que éste, ni nadie estará más capacitado para discernir respecto de la opinión de otro si es correcta o falsa— pasa, más bien, lo ya dicho: que sobre lo de uno mismo sólo cada uno tiene opinión, y según ésta todo es correcto y verdadero, ¿por qué, compañero, es Protágoras sabio, de modo que se lo tenga justamente por maestro de otros?; y con grande salario; mas nosotros, además de ignorantes, ¿por qué tendremos que acudir a él, siendo cada uno medida de su propia sabiduría? ¿No diremos que Protágoras habla en populachero? Callaré acerca de mí y de mi arte, la parteril, cuán en ridículo quedamos, y creo que igual le sucede'a la práctica entera del dialogar. Porque considerar y tratar de refutar las fantasías y opiniones, unos las de otros, siendo correctas las de cada uno, ¿no resulta grande y patente insensatez, si es verdad “La Verdad” de Protágoras, y no habló, en broma, desde el sagrario del libro? [162a] Teodoro: Amigo mío es este varón, Sócrates, como acabas de decir; así que no admitiría, concordando contigo, refutar a Protágoras ni oponerme con mi opinión a la tuya. Toma, pues, una vez más a Teeteto, sobre todo porque parece ahora seguirte bien cuidadosamente. [162b] Sócrates: Si llegándote, Teodoro, a Esparta y a las palestras vieses a otros desnudos, algunos de ellos esmirriados, ¿te parecería digno, no desnudarte, ostentando así tu eidos? [162b] Teodoro: ¿Cómo no, si, convencidos, me lo permitieran? Así pienso que ahora os convenceré de que me aceptéis de observador y no me arrastréis al gimnasio, que estoy ya rígido; mas que pelee quien está más joven y más flexible. [162b] Sócrates: «Si así», Teodoro, «te place, a mí no me desplace», como dicen los refraneros. Volvamos, pues, al sabio Teeteto. Dime, Teeteto, ante todo, respecto de lo que tratábamos, si te admiras conmigo de que, así, de repente, parezcas no inferior a cualquiera de los hombres o de los dioses en sabiduría. ¿O es que no crees que la medida protagórea se aplique menos a los dioses que a los hombres? [162c] Teeteto: ¡Por Júpiter!, no. Mas me admira grandemente lo que me preguntas, porque, cuando discutíamos de qué modo lo que “parece a' cada uno lo “es” para él, parecía estar muy bien dicho; mas ahora, de repente, se nos ha invertido en lo contrario. [162d] Sócrates: Joven eres, querido muchacho; veloz eres en escuchar y convencerte de las populacherías. En contra de lo dicho, responderá Protágoras u otro en su lugar: “nobles muchachos y viejos, sentados juntos populacheáis vosotros, y traéis a colación a los dioses, de hablar o escribir acerca de los cuales, sobre si existen o no, me abstengo; pero lo que los más de los oyentes admitirían, eso decís: que es cosa — horrible el que, en punto a sabiduría, en nada se diferencie cualquier hombre de cualquier bestia. Mas no aportáis demostración o necesidad alguna; os servís nada más de verosimilitud, de la cual si Teodoro u otro cualquiera de los geómetras se quisiera servir al geometrizar, no sería digno de nada. Meditad, pues, tú y Teodoro, si admitís plausibilidad y verosimilitud acerca de los razonamientos hechos sobre tales — materias”. [163a] Teeteto: No fuera justo, Sócrates; y no lo diríamos ni tú ni nosotros. [163a] Sócrates: ¿Al parecer, pues, hay que considerar de otra manera tu razonamiento, y el de Teodoto. [163a] Teeteto: Seguramente, que de otra. [163a] Sócrates: Considerémoslo, pues, de ésta: si Ciencia y sentiencia son lo mismo o algo diverso, porque a esto tendía todo nuestro razonamiento, y por causa de esto levantamos tantas y tan desconcertantes cuestiones. ¿No es así? [163a] Teeteto: Pues, de todo en todo lo es. [163b] Sócrates: ¿Convendremos, pues, en que lo que sentimos 1 por la vista o por el oído, todo eso también y a la vez lo sabemos? Como, antes de aprender la lengua de los bárbaros, ¿diremos que no oímos, cuando ellos hablan?, ¿o que oímos y comprendemos lo que dicen? Y de nuevo: si no conocemos las letras, mirándolas, ¿mantendremos que no las vemos?; o más bien que, si las vemos, ¿las entendemos? [163b] Teeteto: Diremos, Sócrates, de ellas esto: que sabemos lo que vemos y oímos, porque de unas vemos la figura y el color, y lo sabemos; de otras, oímos si son agudas o graves, y a la vez lo sabemos. Mas lo que los gramatistas o intérpretes nos enseñan acerca de ellas, ni lo sentimos por sólo ver o por oír, ni lo entendemos. [163c] Sócrates: Muy bien, Teeteto; y no vale la pena de que dudes acerca de esto, si has de progresar. Pero mira lo que se nos viene encima, y cómo lo evitaremos. [163c] Teeteto: ¿Qué? [163d] Sócrates: Esto: si alguno preguntare: “¿es posible que si alguien tuvo alguna vez ciencia de algo, bien conservada la memoria de ello, que, cuando lo recuerda no sepa aquello mismo que recuerda?". Me dilato, al parecer, queriendo preguntar que, si alguien ha aprendido algo, no lo sepa cuando lo recuerda. [163d] Teeteto: ¿Cómo así?, Sócrates; sería monstruoso lo que dices. [163d] Sócrates: ¿No deliro?, piénsalo. ¿No afirmas que el ver es sentir y que la visión es sentiencia? [163d] Teeteto: Yo, sí ciertamente. [163e] Sócrates: Así que, según lo que acabamos de decir, quien ve algo, ¿se ha hecho sabio en eso que vio? [163e] Teeteto: Sí. [163e] Sócrates: Pues bien; ¿afirmas que hay ciertamente algo así como memoria? [163e] Teeteto: Sí. [163e] Sócrates: La Memoria ¿lo es “de” nada o "de” algo? [163e] Teeteto: "De algo, seguramente. [163e] Sócrates: ¿De algo que se aprendió y sintió?: ¿de tales cosas? [163e] Teeteto: Sin duda. [163e] Sócrates: De lo que uno supo, ¿se acuerda a veces? [163e] Teeteto: Se acuerda. [163e] Sócrates: ¿Aun cerrados los ojos?; ¿o al cerrarlos se olvida? [163e] Teeteto: Absurdo es, Sócrates, decirlo. [164a] Sócrates: Mas es inevitable si hemos de salvar el razonamiento anterior. Si no, dejémoslo correr. [164a] Teeteto: Yo también, por Júpiter!, abrigo mis sospechas; , y que no lo entiendo suficientemente. Dime cómo es. [164a] Sócrates: Así, el vidente, decimos, se hace sabia en eso que está viendo, porque visión. sentiencia y ciencia convinimos ser lo mismo. [164a] Teeteto: Enteramente. [164a] Sócrates: Mas el vidente, hecho sabio por lo que vio, si cierra los ojos se recuerda sin duda, mas no lo ve: ¿no es así? [164a] Teeteto: Sí. [164b] Sócrates: Mas “no ve” es “no sabe”, si ver es saber. [164b] Teeteto: Es verdad. [164b] Sócrates: Resulta, pues, que aquello en que uno se hizo sabio, aunque lo recuerde, no lo sabe, ya que no lo ve; que es lo que, de suceder, dijimos era monstruoso. [164b] Teeteto: Verdaderísimamente dicho. [164b] Sócrates: Algo imposible parece resultar de decir que Ciencia y sentiencia son lo mismo. [164b] Teeteto: Parece. [164b] Sócrates: Hay que decir, pues, que son diversas. [164b] Teeteto: Tal parece. [164c] Sócrates: ¿Qué, pues, sería Ciencia? Hemos de tomarlo, al parecer, otra vez desde el comienzo. Aunque, Teeteto, ¿qué estamos a punto de hacer? [164c] Teeteto: ¿Acerca de qué? [164c] Sócrates: Parecemos, a manera de gallo no de taza, salir; cacareando antes de vencer en el razonamiento. [164c] Teeteto: ¿En qué sentido? [164c] Sócrates: Nos hemos parecido a los antilógicos, al concordarnos también respecto de las concordancias verbales, y amar, satisfechos, tal procedimiento y llamándonos, no luchadores, sino filósofos, se nos pasa por alto estar haciendo lo mismo que tan terribles varones. [164d] Teeteto: Aún no entiendo lo que dices. [164d] Sócrates: Pues intentaré mostrarte qué es lo que pienso acerca de este punto. Preguntábamos si quien ha aprendido y recordado algo, no sabe; y mostrábamos que el vidente —que ojos, cerrados, recuerda algo, mas no ve— no conoce, al recordar; lo cual, mostrábamos, era imposible. De esta manera se desvanecía el mito de Protágoras y el tuyo también: el de que Ciencia y sentiencia son lo mismo. [164e] Teeteto: Evidente. [164e] Sócrates: No sería así, creo, querido, si el padre de uno de los dos mitos viviera, pues lo defendiera de mil maneras. Mas ahora nosotros maltratamos al huérfano; pues aún los tutores, dejados por Protágoras —de los que uno es aquí Teodoro— no quieren socorrerlo. Por amor, pues, a la justicia nos aventuraremos nosotros a socorrerlo. [164e] Teodoro: No soy yo, Sócrates, sino Calías el de Hipónico, el tutor del huérfano; que nosotros, bien presto, nos pasamos de tal pura palabrería a la geometría. Mas sabremos, agradecerte, si tú lo socorres. [165a] Sócrates: Bellamente hablas, Teodoro; atiende, pues, a mi socorro. Porque uno podría admitir cosas más fuertes que las actuales si no pone atención a los términos con que, de Ordinario, acostumbramos afirmar y negar. ¿Te diré cómo. 0a Teeteto? [165a] Teodoro: En común a los dos; pero que responda el más joven; que, si resbala, no hará tan mala facha. [165b] Sócrates: Digo, pues, la más fuerte pregunta. Es, creo, algo así como: “¿es posible que quien conozca algo no conozca él mismo eso mismo que conoce?”. [165b] Teodoro: A esto, ¿qué responderemos, Teeteto? [165b] Teeteto: Es imposible, creería. [165b] Sócrates: No lo es, si pones que ver es saber; porque, ¿qué vas a hacer con una pregunta inescapable, cual esa del metido en un pozo, cuando varón intrépido, tapándote con su mano uno de tus ojos te pregunta si ves [(con el ojo tapado) su manto? [165c] Teeteto: Diré, pienso, que, no con ese ojo sino con el otro. [165c] Sócrates: En tal caso, ¿ves y a la una no ves lo mismo? [165c] Teeteto: Sí, de alguna manera. [165c] Sócrates: Yo, dirá él, no exijo ni pregunto por el cómo; sino si lo que sabes, eso precisamente no lo sabes. Mas ahora parece que ves lo que no estás viendo, habiendo convenido en que ver es saber y en que no ver es no saber. Calcula, pues, de esto qué te ha resultado. [165d] Teeteto: Calculo, que lo contrario a lo que supuse. [165d] Sócrates: Tal vez te pasen, admirable, mayores cosas que éstas, caso de repreguntársete si hay un saber agudo y otro confuso; un saber de cerca, mas no de lejos; un saber lo mismo, uno ruda y otro suavemente; y otros miles y miles de cosas con que varón de infantería ligera: ese ganasalario por preguntar en razonamientos acechándote cuando afirmas que son lo mismo Ciencia y sentiencia, y acorralándote con el oído, el gusto y sensaciones parecidas, te redarguyera pesadamente y no te soltara hasta que, admirado tú de su multienvidiable sabiduría, te sacara, táú en sus manos y ya bien atado de pies, el rescate convenido entre tú y él. ¿Qué razonamiento, dirías tal vez, va a traer Protágoras en favor del suyo? ¿Intentaremos decir algo más? [165e] Sócrates: Dirá todo lo que nosotros, defendiéndolo, hemos dicha; y a la vez, creo, se meterá con nosotros despectivamente, diciendo: "Este bueno de Sócrates, después de haber atemorizado a preguntas a un muchachito, cual la de si es posible que él mismo se recuerde de algo y a la vez no lo sepa y, atemorizado, haberlo negado por no poder prever las secuelas, me expuso en sus razonamientos al ridículo. Mas la cosa, descuidadísimo Sócrates, se ha de esta manera: cuando examinas algo de lo mío por medio de interrogaciones, si el interrogado resbala al responder lo que yo respondería, yo quedo refutado; mas si algo diferente, lo queda el interrogado. Al caso: ¿piensas que alguien te va a conceder que tiene memoria de lo que sintió, siendo la memoria de tal sentimiento tal cual como le pasó, —aunque no le esté ya pasando? Lejos de tal. ¿O que va a negarse a admitir que es capaz él mismo de saber y no saber lo mismo? ¿O, si se espantare de admitirlo, que va tal vez a conceder que él mismo es desemejante con el que era él antes de desemejarse? Pero, más bien que conceder que él sea uno, concederá que él sea muchos, —y que éstos se vayan haciendo infinitos en número, conforme se vaya engendrando en él la desemejanza, si es preciso tomar mutuas precauciones en esas cacerías de nombres”. “Mas, dichoso de ti”, dirá Protágoras: “Trata, si puedes, de enfrentarte de más gallarda manera a lo que digo; refuta el que las sentiencias que nos advienen no son privadas de cada uno o que, si se hacen privadas, no se lince menos privado lo que se le aparece a él solo, o si hay que dar el nombre de “ser” se daría a lo que "se le aparece”. Mas cuando hablas de cerdo o de cinocéfalo, no solamente tú cerdeas, sino que además persuades a los oyentes de que hagan eso mismo con mis escritos; en lo cual no obras bellamente. Porque ya digo que "la Verdad” es como lo escribí: que cada uno de nosotros es medida de lo que “es” y de lo que “no es”; as difieren infinitamente uno de otro precisamente en eso: en que unas cosas “son” y "se aparecen a” uno; y otras, a otro. Empero, disto mucho de afirmar que no haya sabiduría y varón sabio; no obstante precisamente es y llamo “sabio” a quien de entre nosotros es capaz de invertir lo que "“se le aparece” y “es” malo, y hacerlo “aparecer” y “ser” bueno. Y no persigas en su forma verbal mi razonamiento, sino aprende más claramente lo que digo, porque recuerda lo anteriormente dicho: que al enfermo le parece-y-es-amargo lo que come; mas al sano le parece-y-es lo contrario. No hay, por cierto, que declarar al uno más sabio que al otro —pues noes posible—, ni hay que acusar de ignorante al enfermo por parecerle así las cosas; y al otro, de sabio, porque le parecen diversas. Hay que invertir los estados, porque uno de ellos es mejor. Así, ya en la educación hay que transformar un estado en otro mejor; pero el médico hace tal transformación mediante medicamentos; mas el sofista, con razonamientos. Nunca, empero, hizo nadie el que alguien pasara de opinar falsamente a opinar verdaderamente, porque no es posible opinar sobre lo que no está siendo ni sobre algo — diverso de lo que se esté sintiendo, y esto es siempre verdadero. Pienso, con todo, que quien en estado de mala salud de alma piensa lo congénere con ella, el buen estado de ella hará que piense las correspondientes, que algunos, por inexperiencia, llaman apariencias “verdaderas”; mas yo llamo, a unas mejores que otras; pero a ninguna, más verdadera. Y estoy muy lejos, querido Sócrates, de llamar "batracios” a los sabios; llamo “médicos” a los sabios en cuanto a cuerpo; “agricultores”, a los en plantas, porque afirmo que inoculan en las plantas en vez de malas sentiencias, cuando están — enfermas, otras buenas, sanas y verdaderas; y que los retóricos sabios y buenos hacen en las Ciudades que, en lugar de las cosas malas, las buenas parezcan justas, porque lo que a cada Ciudad parezca justo y bello, eso lo es para ella, mientras por tal lo juzgue; mas el sabio hace que, en vez de lo malo, lo bueno para cada una lo sea-y-lo-parezca. Según la misma razón, el sofista poderoso en educar así a los educandos es sabio, y aun digno de gran paga de parte de los educados. Y en este sentido unos son más sabios que otros y ninguno opina falsamente; y respecto de ti, quiéralo o no, haz de aceptarlo como medida. Esto salva mi razonamiento. Mas si tuvieres, desde el principio, algo que discutir, discútelo oponiendo otro razonamiento. Si prefieres hacerlo por preguntas, pregunta, que quien tiene entendimiento no ha de huir de tal procedimiento, sino seguirlo más que a los otros. Con todo haz esto: no seas injusto en el preguntar, que es gran — inconsecuencia en quien dice no preocuparse sino de la virtud no hacer otra cosa que ser injusto en los razonamientos; y se es en esto injusto cuando no se ponen aparte luchas de disputa y Luchas de diálogo, que, en las primeras se juega a hacer resbalar cuanto más mejor, mas en las de dialogar se esfuerza uno en rectificar al interlocutor, poniéndole de manifiesto tan sólo aquellos resbalones que él mismo se ocasionó por sí mismo y por sus previas conexiones. Y si así — lo hicieres, tus oponentes se acusarán a sí mismos de la confusión y desconcierto propios, y no a ti; te seguirán más bien y te apreciarán; se odiarán a sí mismos y huirán de sí hacía la filosofía, para que así, trocados en diferentes, se evadan de lo que fueron. Empero, si hicieres lo contrario, cual la mayoría, te pasará lo contrario: en vez de filósofos, harás a tus compañeros odiar tal quehacer, cuando llegaren a mayores de edad. Si, pues, me escuchas, en lo que acabo de decirte, no considerarás con ánimo hostil y polémico, sino benévolo, de pensamiento y compañía, lo que verdaderamente decimos al declarar que “todo se mueve” y que “lo que a cada uno” —sea particular, sea Ciudad— “parece, eso es”. De todo ello sacarás por secuela si son lo mismo o diverso Ciencia y sentiencia; y no, como hace rato, lo sacarás de ese uso corriente de frases y nombres con que la mayoría, tomándolos al tuntún, se enreda en toda clase de confusiones”. [168b] Esto es, Teodoro, lo que, a medida de mi poder, hice para ayudar a tu compañero, —poco según mis pocos recursos; que si él viviera, habría ayudado a lo suyo de más magnificente manera. [168b] Teodoro: Bromeas, Sócrates, porque has ayudado a tal varón de manera bien juvenil. [168b] Sócrates: Bien dices, compañero. Mas respóndeme: ¿no has caído en cuenta de que, hace un momento, hablando Protágoras nos reprochaba haber enderezado a un muchachito el razonamiento, y que disputamos, sirviéndome del muchacho contra su doctrina; y nos reprochaba el haber tomado todo ello en broma, e insistiendo él, por el contrario, en lo de “medida de todo” nos urgía a tomar en serio su propia doctrina? [168d] Teodoro: ¿Cómo no iba a caer en cuenta, Sócrates? [168d] Sócrates: Pues bien, ¿hemos de hacerle caso? [168d] Teodoro: Y mucho. [168d] Sócrates: Fíjate en que, a excepción de ti, los presentes son muchachos, de manera que, si hacemos caso a tal varón, seremos nosotros dos los que habremos de tomar en serio el preguntarnos y respondernos acerca de su razonamiento, a fin de que no tenga que acusarnos de que, jugando con muchachitos, examinamos ese razonamiento. [168e] Teodoro: ¿Pues qué?: ¿que Teeteto, mejor que muchos barbudos, no seguiría al razonamiento planteado? [168e] Sócrates: Pero no mejor que tú, Teodoro. No pienses que voy yo a defender de todas maneras a tu difunto compañero; mas tú, de ninguna. Pero ¡vamos!, óptimo, continúa un poquito hasta que, acerca de este punto, sepamos si tienes tú que ser medida de figuras geométricas o si, parecidamente a ti, todos son seipsisuficientes en astronomía y demás cosas acerca de las cuales te distingues, y con causa. [169a] Teodoro: No es fácil, Sócrates, estar sentado junto a ti y no tener que dar razón de sí; mas hace un rato deliré al decir que me concedieras no desnudarme y no forzarme a ello cual los espartanos. Pero me parece que te refieres más bien a Escirón, porque los espartanos mandan o irse o desnudarse; mas me parece que tú haces el papel de Anteón, ya que no sueltas al que se te acerca hasta que lo fuerzas a desnudarse y boxear a razones. [169b] Sócrates: Optimamente, Teodoro, has comparado mi punto débil, sólo que soy más fuerte que ellos, porque a miles de Hércules y Teseos, potentes en razones, me he enfrentado y me han apaleado en grande; mas no por eso yo desisto, tan fuerte amor le he tomado a esta clase de gimnasia! No te retraigas de darte conmigo una buena tunda, que a los dos nos sentará bien. [169c] Teodoro: No me niego, procede como gustes. En todo caso tengo que soportar la suerte que me tienes urdida: la de interrogaciones. Empero, más allá del término que prefijares no estoy dispuesto a entregarme. [169c] Sócrates: Basta, y sea hasta ese punto. Guárdate bien de dar, sin advertirlo, eidos infantil a los razonamientos que hagamos, de modo que nadie pueda una vez más reprochárnoslo. [169d] Teodoro: Lo intentaré en la medida de lo posible. [169d] Sócrates: 'Tomemos, pues, de nuevo la cuestión anterior y veamos si correcta, o no correctamente, tomamos a mal y reprendimos ese razonamiento que hacía a cada uno seipsisuficiente en sapiencia. Mas nos concedió Protágoras que algunos superaban a otros en cuanto a mejor y peor, y ésos eran sabios. ¿No es así? [169d] Teodoro: Sí. [169d] Sócrates: Si presente él, lo admitiera y no tuviéramos nosotros, ayudándole, que concedérselo por él, no haría falta — reforzarla, reponiendo una vez más la cuestión. Pero tal vez alguien nos tenga por inhabilitados para acordar algo en su nombre; por lo cual es más bello convenirnos más claramente acerca de este punto, que hay gran diferencia entre hacerlo así o de otra manera. [169e] Teodoro: Es verdad la que dices. [169e] Sócrates: No, pues, a base de otras, sino de sus propias — palabras, hagamos, de la forma más breve, el convenio. [170a] Teodoro: ¿Cómo? [170a] Sócrates: De esta manera: ¿dice que "lo que parece a cada uno, eso mismo es” para quien lo parece? [170a] Teodoro: Pues así lo dice. [170a] Sócrates: Pues bien, Protágoras; nosotros expresamos las opiniones de Hombre, mejor aún: de todos los hombres, al decir que no hay ninguno que no se crea, en ciertas cosas, a sí mismo más sabio que los demás hombres, y en otras no los crea así a ellos; que en los máximos peligros, cuando llegan esos tiempos de guerras, enfermedades o tempestades marinas, tienen a los correspondientes jefes por dioses, y considéranlos cual salvadores, aunque no se diferencien de ellos sino por una sola cosa: por el conocimiento. Y todos los negocios humanos están llenos de buscadores para ellos, para los demás animales y obras, de maestros y señores, convencidos, a su vez, de su suficiencia para enseñar y para mandar. En todos los cuales casos, ¿qué otra cosa diremos sino que los mismos hombres están convencidos de que hay, entre ellos, sabiduría e ignorancia? [170b] Teodoro: Ninguna otra. [170b] Sócrates: ¿Según lo cual están convencidos de que sabiduría es pensamiento correcto; e ignorancia, opinión falsa? [170c] Teodoro: ¿Cómo no? [170c] Sócrates: ¿Qué uso, Protágoras, haremos de este razonamiento? ¿Diremos que los hombres opinan unas veces en verdadero y otras en falso? De los dos casos se sigue que no opinan siempre en verdadero, sino de las dos maneras. Piensa, Teodoro, si alguno de los que rodean a Protágoras, o tú mismo, querrías defender a toda costa el que ninguno tiene a otro por ignorante y falso en opiniones. [170c] Teodoro: Es increíble, Sócrates. [170c] Sócrates: Y, con todo, a esto lleva de necesidad la sentencia que afirma que "de todas las cosas es medida Hombre”. [170d] Teodoro: — ¿Cómo así? [170d] Sócrates: Cuando tú juzgas para ti mismo de algo y me declaras tu opinión respecto de algo, sea esto, a tenor de la doctrina dicha, verdadero para ti; mas, respecto de nosotros, ¿no seremos jueces de tu decisión o habremos siempre de juzgar que opinas en verdadero? ¿O no son por miles los que se oponen a tu opinión, creyendo que juzgas y crees en falso? [170e] Teodoro: Sí, por Júpiter!, Sócrates, y miles de miles, por cierto, dice Homero, son los que con sus cosas humanas me perturban. [170e] Sócrates: Y ¿qué entonces?; ¿quieres que digamos que tú, para ti, opinarás en verdadero, mas para esos miles y miles en falso? [170e] Teodoro: Parece que esto por necesidad se sigue del razonamiento. [170e] Sócrates: ¿Y qué, para Protágoras mismo? ¿Si ni él mismo creyera ni los más en que “Hombre es medida”, como no lo creen, para nadie existiría “La Verdad” que escribió? Mas si él lo creyó, mas la plebe no piensa así con él, sabes, — primero que cuanto aquellos a quienes no parece verdad sean más que aquellos otros a los que lo parece, otro tanto más no lo es que lo es. [171a] Teodoro: Necesariamente, si ha de serlo o no serlo según la opinión de cada uno. [171a] Sócrates: En segundo lugar; lo fino del asunto está en que quien acerca de su opinión acepta la de los contraopinantes según la que creen que es falsa la de él, acepta que sea verdadera al admitir que todos opinan lo que es. [171a] Teodoro: Ciertamente. [171b] Sócrates: En tal caso, ¿no está concediendo que la de él es falsa, si concede que es verdadera la de los que creen que la de él es falsa? [171b] Teodoro: Necesariamente. [171b] Sócrates: ¿Mas los otros no conceden el que ellos estén en falsedad? [171b] Teodoro: Pues no. [171b] Sócrates: Y, no obstante, él concede que es verdadera tal opinión: la de sus escritos. [171b] Teodoro: Así parece. [171b] Sócrates: De todo esto, pues, comenzando por Protágoras, se dudaría; o mejor, al admitir que es verdadera la opinión que sustenta lo opuesto concederá el mismo Protágoras que Di perro ni un hombre cualquiera es medida, menos aún acerca de algo en lo que no esté instruido, ¿No es así? [171c] Teodoro: Así es. [171c] Sócrates: Así, pues, puesta en duda por todos la “Verdad” de Protágoras no sería verdad para nadie; ni para otro ni para él mismo. [171c] Teodoro: Acosamos demasiado, Sócrates, a mi compañero. [171c] Sócrates: Pero, querido, no está claro el que pasemos de largo ante lo correcto. Verosímil es que, siendo él más viejo, ser más sabio que nosotros; que, si de repente emergiera él aquí hasta el cuello, en demostrándome abundantemente que probablemente deliro y tú por convenir conmigo, hundiéndose desaparecería huido. Mas nosotros, pienso, hemos de echar necesariamente maño de nosotros mismos, tal cual seamos, y decir siempre lo que nos parezca. Y, por cierto, ¿que ahora hemos de decir que concordamos todos en que hay quien es más sabio que otro, y que hay quien es más ignorante? [171d] Teodoro: Tal me parece. [171d] Sócrates: Y este razonamiento ¿no se mantendrá más en firme en la forma esbozada por nosotros al socorrer a Protágoras: que la mayoría de las cosas —calientes, secas, dulces y demás cosas de este tipo— de la manera en que aparecen a cada uno, de ésa se lo son? Mas si en algunos concediere que algo difiere de algo —en sano, en enfermo— ¿querrá afirmar que cualquier mujerzuela o muchachito, y aun bestiezuela, es capaz de curarse, conociendo lo que le es salutífero; y que en este caso, o en ningún otro, uno difiere de otro? [171e] Teodoro: Así me parece correcto. [172a] Sócrates: Y parecidamente en cosas de política: bello y feo, justo e injusto, pío e impío, lo que cada Ciudad “cree” y establece” cual legal “para” ella, lo “es” con verdad “para” ella; y en este punto no hay ni un ciudadano ni una Ciudad más sabio que otro ciudadano y otra Ciudad. Mas en cuanto a disponer lo que le es o no conveniente a sí misma, en este caso, si en alguno, concederá Protágoras una vez más que consejero difiere de consejero, y que la opinión de una Ciudad difiere en cuanto a verdad de la de otra, y no se atrevería a afirmar que lo que una Ciudad cree serle conveniente, de sea en todo caso beneficioso. Solamente en lo que digo respecto de lo justo e injusto, piadoso e impío, se ponen fuertes en que no hay, por naturaleza, nada de tales cosas que tenga cae por sí esencia; sino que la opinión común resulta verdadera mientras se la tiene por tal y por el tiempo en que así se la tenga. Y cuantos no sostienen de todo en todo la doctrina de Protágoras, de esta manera se conducen tal vez sabiamente. Mas, Teodoro, de razonamiento en razonamiento, por sobre el menor el mayor nos da alcance. [172c] Teodoro: ¿Tenemos aún tiempo?, Sócrates. [172c] Sócrates: Parece que sí. Muchas veces, daimoníaco, y en otras ocasiones, he reflexionado, y lo hago ahora, sobre cuán fácilmente los que han versado largo tiempo en filosofía, al ir a juzgados pónense en ridículo cual retóricos. [172c] Teodoro: ¡¿Con qué intención lo dices? [172c] Sócrates: Los que desde jóvenes han rondado por juzgados y lugares semejantes me parecen, respecto de los cultos en filosofía y asuntos tales, haber sido criados, comparados con los libres, cual servicio doméstico. [172d] Teodoro: ¿En qué sentido? [172d] Sócrates: En que los libres tienen siempre eso de que hablabas: ocio, y por el ocio razonan en paz. Como nosotros ahora vamos ya por el tercer razonamiento, así los libres, en caso de que el siguiente les guste más que el propuesto, como nos está pasando a nosotros, no se preocupan de longitud o brevedad, con tal de que tengan la suerte de atinar en lo que es. Mas los dados a negocios no paran de hablar —que el agua corriente se apresura a descender— y no tienen vagar para razonar sobre lo que desean, sino que la parte adversa, apremiada, está sobre ellos con la acusación escrita a considerar, sin salirse de ella, a la que llaman “juramento reciproco”. Así que sus razonamientos lo son siempre cual los de esclavo a señor sentado que tiene en sus manos la sentencia; las discusiones no van jamás sino hacia la sentencia del mismo asunto, siendo frecuentemente asunto de vida; de modo que, por todo esto, tórnanse tensos y pillos, sabiendo cómo adular con palabras al señor y granjearse con obras su gracia; mas sus almas vuélvense pequeñas y retorcidas. [173a] porque a crecimiento, rectitud y libertad los destruye esclavitud desde joven, ya que fuerza a obrar torcidamente, por sobrecargar sus tiernas almas de peligros y miedos que no pudiéndolos llevar con justicia y verdad hace que, entregados presto a mentiras y mutuas venganzas, se vuelvan torcidos y retorcidos en mil cosas, tanto que pasan de jóvenes a varones sin salud de mente, pareciéndoles haber llegado a ser listos y sabios. Tales resultan, Teodoro. En cuanto a los de nuestro coro, ¿quieres que los describamos o que, dejándolos de lado, volvamos a nuestro tema para no abusar de lo que decíamos: de una extremada libertad y soltura en los razonamientos? [173b] Teodoro: De ninguna manera, Sócrates, sino descríbelos; que muy acertadamente has dicho que nosotros, los de este Coro, no somos esclavos de los razonamientos, sino que nuestros razonamientos son cual domésticos nuestros y cada uno de ellos tiene que aguardar el final que quisiéremos, porque no nos manda juez ni, como los poetas, tenemos espectadores criticones y mandones. [173c] Sócrates: Hablemos, pues, ya que, al parecer, así conviene, acerca de los corifeos, porque, ¿quién va a hablar de los flojamente versados en filosofía? Los corifeos, ya desde jóvenes, ignoran el camino del ágora, y dónde están juzgado, consejo o sala pública de la Ciudad. En cuanto a leyes y decisiones, verbales o escritas, ni las ven ni las oyen. En cuanto a intrigas de camarilla para cargos, reuniones, banquetes y juergas con flautistas, ni en sueños les acude entregarse a tales cosas. [173d] Si uno es bien o mal nacido en la ciudad, o si una tara le viene de sus antepasados, varones o mujeres, es cosa que se les pasa por alto más que cuántos litros tiene el mar, Res— pecto de todo lo cual el filósofo no sabe ni siquiera que no sabe. Mas no se aparta de ello para ganar reputación, que, en realidad, solamente por el cuerpo vive y mora en la Ciudad, mientras que el pensamiento, teniendo a todo esto por pequeñeces y naderías, despreciándolas, paséase, según Píndaro, «por las profundidades de la tierra» y por sus superficies con la geometría y «por sobre los cielos» con la — astronomía, escrutando de todas maneras la naturaleza íntegra de los entes, la de cada uno. sin rebajar el pensamiento a nada de lo inmediato. [174a] Teodoro: ¿En qué sentido lo dices?, Sócrates. [174a] Sócrates: «καὶ πᾶσαν πάντῃ φύσιν ἐρευνωμένη τῶν ὄντων ἑκάστου ὅλου, εἰς τῶν ἐγγὺς οὐδὲν αὑτὴν συγκαθιεῖσα. Θεόδωρος πῶς τοῦτο λέγεις, ὦ Σώκρατες; Σωκράτης ὥσπερ καὶ Θαλῆν ἀστρονομοῦντα, ὦ Θεόδωρε, καὶ ἄνω βλέποντα, πεσόντα εἰς φρέαρ, Θρᾷττά τις ἐμμελὴς καὶ χαρίεσσα θεραπαινὶς ἀποσκῶψαι λέγεται ὡς τὰ μὲν ἐν οὐρανῷ προθυμοῖτο εἰδέναι, τὰ δ’ ἔμπροσθεν αὐτοῦ καὶ παρὰ πόδας λανθάνοι αὐτόν. ταὐτὸν δὲ ἀρκεῖ σκῶμμα ἐπὶ πάντας» (Burnet, 174a) [174a] por saber lo del cielo, y de su ignorancia de lo que ante él y a sus pies tenía. Esta misma burla se aplica a todos los que pasan su tiempo en filosofía, porque, en realidad, al tal le pasa desapercibido quién es su prójimo y su vecino, no sólo qué es lo que hace, sino, por poco, si es hombre u otra criatura. Mas “qué es” Hombre y qué a tal naturaleza le conviene, a diferencia de las demás, hacer o padecer, esto es lo que investiga y se da el trabajo de escudriñar. ¿Comprendes, Teodoro, o no? [174b] Teodoro: Sí, lo comprendo; y dices verdad. [174b] Sócrates: Así que, amigo, el tal, conviviendo con particulares y en público, como decía al comienzo, cuando en el juzgado u otros lugares se vea forzado a hablar de lo que ante los pies y ojos tiene, hará el ridículo no sólo ante tracias sino ante cualquiera muchedumbre, cayendo, por inexperiencia, en pozos y despistes, y por su torpeza dará la impresión de tonto. En punto a insultos nada preparado tiene para insultar a nadie, pues nada malo sabe de nadie, que de eso no se ha preocupado. Así desconcertado, parecerá ridículo. En cuanto a elogios y otras vanaglorías, hácese patente que no simulada, sino realmente, se está burlando, y parece loco. Cuando oye el panegírico de un déspota o rey cree que se está alabando a un pastor —cual porquero, cabrero o vaquero— por lo mucho que ordeña; aunque piense que déspota o rey apacientan y ordeñan animal más díscolo y traidor que aquéllos, y que tiene que hacerse, aún más que ellos, salvaje e inculto, porque lo exige el negocio, —rodeado de muros, cual ellos de cercas en monte. Mas cuando oye que alguien es admirablemente rico por poseer diez mil y más arpendes de tierra, parécele oír algo ridículamente pequeño, acostumbrado como está a mirar la tierra entera. En cuanto a los que ponen en himnos genealogías: que noble es quien declara tener siete ascendientes ricos, le parece tal — elogio ser de todo en todo obtuso y de gente de corta visión que, por falta de educación, no pueden dar una mirada al Todo, ni calcular que, de abuelo y progenitores, tiene cada uno innumerables miríadas en las cuales han nacido, muchas veces, ricos y pobres, reyes y esclavos, bárbaros, y aun griegos. Pero cuando se trata de un catálogo de veinticinco progenitores venerables y ascendientes hasta Hércules, el hijo de Anfitrión, le parece absurda la pequeñez de tal lista, porque de Anfitrión hacia arriba el antepasado veinticinco fue lo que le cayó en Suerte, y lo mismo al cincuenta a partir de él: ríese el filósofo de los que no calculan así, ni expulsan de su insensata alma tal jactancia. En todos estos casos la mayoría se ríe de él, en parte teniéndolo por soberbio, tal parece, y en parte por ignorante de lo que trae entre pies y por despistado en lo concreto. [175b] Teodoro: De todo en todo dices lo que pasa, Sócrates. [175b] Sócrates: Pero, amigo, cuando el filósofo arrastra hacia lo alto a alguien y éste quiere ascender de "en qué te perjudico yo a ti o tú a mí” a la consideración de la Justicia misma y de la Injusticia, “qué es” cada una y en qué se diferencian de todo y entre sí; o bien, de si “el rey es feliz, posee mucho oro”, a la investigación sobre realeza, felicidad o maldad humana en general, “qué son” y en qué manera conviene a la naturaleza humana poseer las unas y huir de las otras, cuando sobre todas estas cosas sea menester que dé razón un pequeño de alma, tosco y pleitista, las tornas se invierten. Mareado, por suspendido a tal altura, por no acostumbrado a mirar desde arriba, desconcertado, desorientado y balbuciente da que reír no a tracias ni a ineducados, porque éstos no sienten eso, sino a todos aquellos que han sido educados de contraria manera, y no a lo esclavo. Otra manera, Teodoro, es la de quien, en realidad, ha sido educado en libertad y ocio, al que llamas “filósofo”, al que no trae inconvenientes tenerlo por imbécil y bueno para nada cuando se mete en quehaceres serviles, —cual tender el lecho, sin saberlo, o aliñar un manjar o adular con palabras. Mas quien puede servir en todos estos quehaceres, exacta y prestamente, no sabe llevar su manto con soltura de libre ni, adquiriendo la armonía de palabras, cantar himnos a los dioses y a la — verdadera vida de los varones felices. [176a] Teodoro: Si con esto que dices, Sócrates, convencieras a todos como a mí, mayor paz hubiera, y menores serían los males entre los hombres. [176a] Sócrates: Pero no es posible, Teodoro, terminar con los males, porque es necesario que haya siempre algo opuesto al bien; no pudiendo, pues, poner su asiento entre los dioses, necesariamente merodea por la naturaleza mortal y en este nuestro lugar; por lo cual hay que intentar fugarse de aquí lo más velozmente posible; fuga que consiste en asemejarse a dios en lo posible; y semejanza que consiste en hacerse justo y piadoso con sapiencia. Pero, óptimo, no es fácil convencer a nadie de que no hay ni que huir de la maldad ni perseguir la virtud por la causa que la mayoría dice: no parece malo; y sí, bueno. Todo esto, me parece, y se dice, son «cuentos de viejas». Lo verdadero es, digamos, esto: dios no es en ninguna manera ni modo injusto, sino absolutamente justo, y nadie hay más semejante a él que quien de nosotros se haga lo más justo posible. En esto precisamente consisten verdaderamente destreza o nadería e indignidad de un varón, porque el conocimiento de esto es sabiduría y verdadera virtud; mas su ignorancia es maleducación y maldad patentes. Empero, las destrezas y sabidurías, patentes en los poderes políticos, resultan burdas; y en las artes, viles. Es mucho mejor no conceder que el injusto o impío en palabras y acciones sea diestro en virtud de tales malas artes, porque los tales hacen de ese insulto motivo de gloría y creen que por eso se los llama “no lelos”, especialmente no «peso inútil para la tierra», sino varones que la Ciudad ha de salvaguardar. Hay que decir, pues, la verdad; que son tanto menos eso que piensan ser porque no lo piensan, pues ignoran el castigo de la injusticia, que es lo que menos se ha de ignorar, porque tal castigo no es el que creen tal —golpes y muerte, que a veces los padecen los que en nada — han faltado— sino un castigo del que no hay escape. [176e] Teodoro: ¿A cuál te refieres? [176e] Sócrates: Dos paradigmas, amigos, hay enhiestos en la realidad; uno, el divino, bienaventuradísimo; otro, el ateo. [176e] miserabilísimo. Mas ni ven que pasa así: por su estupidez y extremada insensatez se les oculta el que por las acciones — injustas se vuelven semejantes a uno de ellos; y desemejantes. [177a] al otro. Justamente, pues, se les paga, viviendo según el género de vida al que se asemejan. Mas si les decimos que, en caso de no apartarse de sus mañas, no los aceptarán, al morir. [177a] en Aquel lugar libre de todo mal, y que aquí tendrán siempre que ser semejantes a sí mismos en su género de vida: malos entre los malos, escucharán todo esto, por extremadamente habilidosos y espabilados, cual si lo hicieran de insensatos² [177a] Teodoro: De seguro, Sócrates. [177b] Sócrates: Lo sé, compañero. Pero una cosa les sucede: cuando, en privado, tienen que dar y recibir razones acerca de lo que desprecian, aguantar varonilmente su posición y no huir cobardemente, entonces, daimoníaco, terminan por no quedar complacidos ellos mismos de lo que dicen; corrómpeseles de alguna manera su retórica, tanto que en nada se diferencian ya de niños. Dejemos todo esto, que no pasa de ser digresión; en caso contrario, toda una torrentera sumergirá nuestro razonamiento inicial; volvamos a lo anterior, si te parece. [177c] Teodoro: Pero tales digresiones, Sócrates, no son desagradables de oír, que, a mi edad, son más fáciles de seguir. Mas, si te parece, volvamos. [177c] Sócrates: Respecto del razonamiento estábamos en este punto: hablábamos de aquellos que afirman que la realidad se es en movimiento, y que lo que parece a uno, eso es a quien lo parece; y entre otras cosas quieren sostener, no menos respecto de lo Justo, que aun en este caso lo que la Ciudad afirma “parecerle” justo, eso “es” justo para la que lo establezca mientras lo mantenga en vigencia. Mas respecto de lo Bueno nadie hay tan valiente que se atreva a sostener que aún lo que, creyéndolo beneficioso para sí, disponga una Ciudad, séale “beneficioso” durante el tiempo que lo mantenga, a no ser por pura denominación, —con lo cual nuestro razonamiento resultaría pura broma. ¿No es así? [177c] Teodoro: Ciertamente. [177e] Sócrates: Dejemos lo de nombre; y considérese lo denominado. [177e] Teodoro: Pues sea así. [177e] Sócrates: Mas ponga la Ciudad el nombre que pusiere, lo que pretende, al legislar, es que todas las leyes, en la medida de su saber y poder, resulten lo más beneficiosas posible. ¿O es que legisla con la mira puesta en otra cosa? [178a] Teodoro: En modo alguno. [178a] Sócrates: ¿Acierta siempre, o cada Ciudad no yerra muchas veces? [178a] Teodoro: Yo creo que yerra. [178a] Sócrates: Partiendo de esto, tal vez se convendría mejor en lo dicho si se preguntara, respecto del eidos entero de leyes en qué tiempo la ley resulta beneficiosa; que tal vez lo sea sobre todo para el futuro; porque, al legislar, suponemos que las leyes serán beneficiosas para el tiempo posterior, que mejor llamaríamos “futuro”. [178b] Teodoro: Ciertamente. [178b] Sócrates: Sea, pues; y preguntemos así a Protágoras o a cualquiera otro de los que dicen lo que él. ¿Como decís, Protágoras, «es el hombre medida de todas las cosas»: en cuanto blancas, pesadas, ligeras?; ¿y de cuáles no?, porque de ellas tiene en sí mismo el criterio: lo que “cree” que le pasa, cree que “es” real para él mismo. ¿No es así? [178b] Teodoro: Así ces. [178b] Sócrates: ¿Y aun de las futuras, diremos, Protágoras, tiene en sí mismo el criterio: que tal es cual se crea serán, eso mismo también le resultarán al que tal cree? Por ejemplo, respecto del calor: cuando un cualquiera cree que va a tener fiebre, esto es: que tendrá tal grado de calor, mas otro, un médico, crea lo contrario, ¿según cuál opinión diremos que advendrá lo futuro? ¿O según la de los dos, de modo que según el médico no tendrá ni calor ni fiebre, mas según él mismo las dos cosas? [178c] Teodoro: Sería ridículo. [178c] Sócrates: Pero, pongo por caso, respecto de la dulzura a sequedad futura del vino, ha de predominar la opinión del — labrador y no la del citarista. [178d] Teodoro: Claro está. [178d] Sócrates: Otro caso: respecto de futuras desarmonías y armonías no opinará mejor un maestro de gimnasio que un músico, sobre lo que, poco después, le parecerá bien armonioso aún al maestro de gimnasio. [178d] Teodoro: En modo alguno. [178d] Sócrates: Asimismo: el criterio del futuro comensal, no siendo él mismo cocinero, será, mientras se prepara el festín, menos valioso que el del maestresala acerca del futuro placer; porque no discutimos sobre lo que está siendo o fue ya — delicioso para uno, sino sobre lo futuro, ya que uno mismo es el mejor juez de lo que le parecerá y será. ¿O, respecto de los razonamientos que nos hayan de convencer en el juzgado, tú, Protágoras, no opinarías, de antemano, mejor que cualquier particular? [178e] Teodoro: Y mucho, Sócrates, que en este punto se gloriaba de exceder a todos. [179a] Sócrates: Así es, por Júpiter!, amigo; en otro caso nadie hubiera, por hablar con él, pagado tanta plata, si no hubiese persuadido a sus oyentes de que, respecto de lo futuro —de lo que será y parecerá— ni adivino ni nadie juzgara mejor que él. [179a] Teodoro: Verdaderísimo. [179a] Sócrates: Si, pues, tanto legislaciones como lo beneficioso versan sobre lo futuro, ¿quién no va a conceder que una Ciudad, al legislar, ha de fallar, y muchas veces, respecto de lo más beneficioso? [179a] Teodoro: Y muchas. [179a] Sócrates: Sensatamente, pues, diremos a tu maestro que es necesario admita que hay quien es más sabio que otro y que el tal es la medida; mas que yo, ignorante, no tengo por qué hacerme medida, cual me forzaba a serlo el razonamiento anterior, —quisiéralo o no. [179b] Teodoro: De aquella manera, Sócrates, me parece que al razonamiento se lo coge mejor en falso, y también de ésta, en cuanto que da valor a las opiniones de los demás; mas ellas mismas, como quedó en claro, no consideraban verdaderos en modo alguno aquellos razonamientos. [179c] Sócrates: De muchas y varías maneras, Teodoro, se cogería en falsedad eso de que toda opinión es verdadera; mas respecto de las impresiones a cada uno presentes, de las que provienen las sentiencias y las opiniones sobre ellas, muchísimo más dificultoso sería cogerlas en falsedad. Tal vez no sepa qué digo, porque, si son reales, no son cogibles en falso, en cuyo caso los que afirman que son evidentes y ciencias, tal vez dijeran lo que son; de modo que Teeteto, aquí presente, no marró al sostener que sentiencia y Ciencia son lo mismo. Acerquémonos más, como nos lo mandaba el razonamiento de Protágoras, poniendo eso de que “la realidad se es en movimiento” en consideración, y a golpes, a ver si suena a sano o a maleado. Que la pelea sobre ello no es cosa Fútil, ni entre pocos. [179d] Teodoro: Mucho dista de ser fútil, y extiéndese grandemente por Jonia, porque los discípulos de Heráclito forman nutrido y vigoroso coro al derredor de esta doctrina. [179d] Sócrates: Tanto más, pues, Teodoro, hemos de considerarla desde el principio tal cual ellos la desarrollan. [179e] Teodoro: Sea así de todo en todo, porque, Sócrates, acerca de estas doctrinas heraclitianas —o, como tú dices, homéricas y aun más antiguas— no resulta hacedero dialogar con los de Efeso —que se las echan de conocedores— más que con picados de tábano. Sencillamente, haciendo honor a sus escritos, son «de acá para allá llevados»; que mantener un mismo razonamiento y responder a una pregunta tranquilamente, y a su turno preguntar, está. menos que nada en su poder. Predomina eso de “nada”, tanto que ni un mínimo de tranquilidad es de hallar en ellos. Mas si se les pregunta — algo, sacando como si fuera de un carcaj enigmáticas sentencias dispáranlas cual flechas; y si intentas buscar la razón de una dicha, te replicarán con otra nueva, trastocadas las palabras. Nada jamás llega en ellos a término, ni entre ellos mismos, que se guardan muy bien de permitir que algo tome consistencia ni en razonamiento ni en sus almas, creyendo, como me parece, que tal sería reposo, contra el cual pelean en firme; y, en la medida de su poder, lo expulsan de todas partes. [180b] Sócrates: Tal vez, Teodoro, hayas visto a estos varones peleándose, mas no hayas convivido con ellos de pacíficos, porque no son compañeros tuyos. Sin embargo, explican tranquilamente tales doctrinas a los discípulos que pretenden ellos hacer semejantes a sí mismos. [180b] Teodoro: ¿A qué discípulos?, daimoníaco. Que ninguno de ellos hace de otro su discípulo, sino que nacen de por sí, — con casual y privado entusiasmo; y piensa cada uno que el otro no sabe nada. De éstos, pues, como iba diciendo, jamás sacarías razonamiento alguno, ni a las buenas ni a las malas. Es preciso que nosotros, tomándolo cual problema, lo consideremos. [180c] Sócrates: Y convenientemente lo dices. En cuanto al problema, ¿qué otra cosa recibimos de los antiguos, ocultándolo de la mayoría bajo poesía, sino que Océano y Tethys, por ser “corrientes”, son la génesis de todo lo demás, y que nada reposa?; pero los posteriores, por más sabios, decláranse más patentemente, a fin de que aun los zapateros mismos puedan, oyéndolos, aprender su sabiduría y cesen de pensar estúpidamente que unas cosas reposan, otras se mueven, y, aprendiendo que todo se mueve, los honren. [180d] Pero, por poco olvidamos, Teodoro, que otros, a su vez declaran lo contrario a éstos: Lo que tiene por nombre “Todo” llega a su perfección cual inmoble, y otras cosas que los Melisos y Parmenídeos, oponiéndose a todos éstos, mantienen, a saber: que “Todo es uno”, y “que reposa él en sí mismo", no habiendo lugar en que se mueva. ¿Qué haremos, compañero, con todos éstos? Porque, avanzando poco a poco, se nos pasó por alto que caímos en el medio, y que si, defendiéndonos de alguna manera, no nos evadíamos, tendríamos que, cual los que en — las palestras juegan a través de la línea, pagar con ser cogidos por ambas partes, arrastrados en encontradas direcciones. Me parece, pues, que consideremos ante todo a aquellos otros contra los que la emprendimos: los fluyentes; y si nos pareciere que dicen algo de bueno nos dejaremos llevar por ellos, tratando así de huir de los otros. Mas, si nos pareciere que dicen más verdad los partidarios de Todo, huiremos con ellos de los que mueven lo inmoble. Empero, si nos pareciere que ambos no dicen cosa conveniente, haríamos el ridículo creyendo que nosotros, unos cualesquiera, decimos algo de bueno, desconsiderando a varones grandísimos en antigüedad y sabiduría. Mira, pues, Teodoro, si vale la pena de que nos metamos en tal peligro. [181b] Teodoro: Sería inaceptable, Sócrates, no poner en consideración qué dicen, cada uno por su parte, estos varones. [181b] Sócrates: Sea, pues, de considerar, puesto que tanto te empeñas. Me parece que el comienzo de las consideraciones acerca del movimiento es qué quieren decir los que afirman que Todo se mueve. Quiero decir lo siguiente: si afirman que nada más hay un eidos de movimiento o, como a mí me lo parece, dos. Mas que no sea yo solo a quien lo parezca, sino seáis mis copartícipes, a fin de que todos paguemos, si fuere preciso, las consecuencias. Dime, ¿llamas "moverse” al trasladarse de una parte a otra o también a dar vueltas en el mismo lugar? [181b] Teodoro: Yo, sí ciertamente. [181b] Sócrates: Sea, pues, este un eidos de movimiento. Mas cuando una cosa esté en el mismo lugar, pero envejezca o se haga negra de blanca, o dura de suave, o se altere de otra manera, ¿no sería conveniente llamarlo otro eidos de movimiento? [181d] Teodoro: Me lo parece. [181d] Sócrates: Así tiene que ser. Digo, pues, que son dos los eídoses de movimiento: alteración, uno; traslación, otro. [181d] Teodoro: Correctamente dicho. [181d] Sócrates: Habiendo hecho tal distinción, dialoguemos con los que afirman que todo se mueve y preguntémosles: ¿afirmáis que todo se mueve de ambas maneras: alterado y trasladado, o que algunas cosas se mueven de las dos, y otras — con una de las dos? [181e] Teodoro: ¡Por Júpiter!, no tengo qué decir. Creo que dirían que con ambas. [181e] Sócrates: En caso contrario, compañero, lo que para ellos se mueve parecerá también reposar; y afirmar que “todo se mueve” no resultará más correcto que decir que todo reposa. [181e] Teodoro: Verdaderísimamente dicho. [181e] Sócrates: Si, pues, todo tiene que moverse, y no moverse no puede convenir a nada, todo se moverá siempre con toda clase de movimiento. [182a] Teodoro: Necesariamente. [182a] Sócrates: Examina conmigo este punto: la génesis del calor, de la blancura y cosas parecidas, ¿no diremos que la describen así: trasladarse cada una de estas cosas, junto con la sentiencia, al intermedio entre agente y paciente; de modo que lo paciente sea sensitivo, mas no sentiencia; y lo activo, sea algo cualificado, mas no cualidad? Tal vez eso de “cualidad” parezca palabra insólita, y no la entiendas dicha así en global; mas escucha unos casos: lo agente no se hace ni calor ni blancura, sino caliente o blanco, y así de lo demás. Tal vez recordarás que anteriormente hablamos así: que nada es uno él “en cuanto él mismo”, ni lo activo ni lo pasivo, sino que de la coincidencia mutua de ambos surgían las sentiencias y los sensibles, haciéndose los unos cosas cualificadas; las otras, sensitivas. [182b] Teodoro: Me recuerdo. ¿Cómo no? [182c] Sócrates: Dejemos de lado lo demás, explíquenlo así o de otra manera. Guardemos tan sólo lo que interesa al tema, y preguntemos: "¿se mueve y fluye todo, como decís, o no?”. [182c] Teodoro: Sí. [182c] Sócrates: ¿Así que se-trasladan-y-se-alteran según los dos movimientos que distinguimos? [182c] Teodoro: ¿Cómo no?, si han de moverse completamente. [182c] Sócrates: Si tan sólo se trasladaran, mas no se alteraran, ¿podríamos decir que aún así lo trasladado fluye cualitativamente? ¿O cómo diríamos? [182c] Teodoro: De esta manera. [182d] Sócrates: Mas, puesto que ni esto queda firme: “que lo fluyente fluya blanco”, sino que se cambia, de modo que de esto mismo: de “la blancura” hay flujo y cambio a otro color, para que así no se la sorprenda permaneciendo, ¿será posible dar el nombre de “color” a algo, y atribuírselo así correctamente? [182d] Teodoro: ¿Con qué artificio, Sócrates, darle nombre o algo - s E así, si, ya al decirlo se evade, por estar fluyendo? [182d] Sócrates: ¿Y qué diremos de una sentiencia cualquiera, cual la de ver u oír? ¿Que permanece en el mismo ver u oír? [182e] Teodoro: Imposible, si todo se mueve. [182e] Sócrates: Según esto, pues, no hay que hablar de ver más que de no ver, o de cualquiera otra sentiencia más que de no ella, puesto que todo se mueve de todas las maneras. [182e] Teodoro: Pues no. [182e] Sócrates: Y, con todo, “sentiencia es Ciencia", como dijimos yo y Teeteto. [182e] Teodoro: Así se dijo. [182e] Sócrates: Al preguntársenos, pues, “qué es” Ciencia, no respondimos sobre Ciencia más que sobre no Ciencia. [182e] Teodoro: Tal parece. [183a] Sócrates: ¡Bella rectificación de la pregunta la que nos ha resultado a los que nos esforzamos en demostrar que todo se mueve, precisamente para que tal respuesta pareciera correcta! Al parecer queda en claro que, si todo se mueve, toda respuesta, séalo sobre lo que fuere, es correcta lo mismo si afirma "ser” así como si “no ser” así, —o, si prefieres, “hacerse”, para que no nos atasquemos en la palabra. [183a] Teodoro: Correctamente hablas. [183a] Sócrates: Excepto, Teodoro, que dije “así” y "no así”. Ni esto de “así” hay que decir, porque entonces “así” ya no se movería; ni, a su vez, el “no así”. Ni tampoco “esto” está en movimiento. Han de emplear los que tal razonamiento sostienen otro vocablo, ya que de presente para su propia hipótesis no tienen palabras, a no ser tal vez esa de “ni así”, —que es la que mejor les convendría, por decirse en indefinido. [183b] Teodoro: Esta es la manera de hablar más adecuada para ellos. [183b] Sócrates: Así, Teodoro, nos libramos de tu compañero y no le concedemos con ello el que cualquier varón “es” medida de todas las cosas, —a no ser que sea sensato. Mas no concederemos que Ciencia sea sentiencia, según el método de "moverse todo”, —a no ser que Teodoro, presente, diga algo diferente. [183c] Teodoro: Optimamente dicho, Sócrates, porque, terminado ya todo esto, es preciso que me libere, según lo convenido, de responder: apenas el razonamiento sobre Protágoras llegara a su fin. [183c] Teeteto: No, Teodoro, hasta que Sócrates y tú hayáis discutido con los que afirman que el Todo está en reposo, como lo prometiste hace poco. [183d] Teodoro: Joven eres, Teeteto; y ¿ya enseñas a los más viejos a faltar transgrediendo lo convenido? No, sino prepárate en lo que resta a dar razones a Sócrates. [183d] Teeteto: Si es que lo quiere. Pero con muchísimo más gusto hubiera oído acerca de lo que digo. [183d] Teodoro: Es «invitar a la caballería a una planicie» invitar a Sócrates a razonamientos. [183e] Sócrates: No me parece, Teodoro, que voy a acceder a lo que indica Teeteto. [183e] Teodoro: ¿Por qué no accedes? [183e] Sócrates: Contra Meliso y los otros que dicen que «el Todo es uno e inmóvil» tendría reparo en proceder rudamente, no menor que el reparo que siento ante ese uno que es Parménides. Que me parece Parménides, lo de Homero, “venerable para mí”, a la vez que “terrible”. Trateme con ese varón siendo yo muy joven, y él muy viejo; y me pareció poseer algo así como una de todo en todo genuina profundidad. Temo, pues, que no entendamos lo dicho por él; y que, aún más, se nos escape lo que pensaba al decirlo; pero temo, sobre todo, respecto de la finalidad de nuestro razonamiento: “qué es Ciencia”, se nos pase inconsiderado bajo la irrupción de razonamientos, si es que nos dejamos llevar de ellos, aparte de que el que ahora desvelamos es descomunal en magnitud; si lo consideramos incidentalmente, padecería en su dignidad; si suficientemente, se alargaría tanto que ocultaría el de la Ciencia. Nada de esto ha de suceder; mas habríamos, con el arte parteril, de tratar de que Teeteto acerca de la ciencia diera a luz lo que está preñado. [184b] Teodoro: Si parece, hágase así. [184b] Sócrates: Acerca de lo dicho, Teeteto, considera además este punto: respondiste que “sentiencia es Ciencia”, ¿no es así? [184b] Teeteto: Sí. [184b] Sócrates: Si, pues, se te preguntara: ¿“con qué ve el hombre lo blanco y lo negro, y con qué oye lo agudo y lo grave”?, responderías, pienso, que “con ojos y oídos”. [184b] Teeteto: Por mí, que sí. [184c] Sócrates: La facilidad en el uso de palabras y expresiones, y el no propasarse en precisiones, no suele ser cosa de baja ralea, sino lo contrario lo es de alma esclava, aunque a veces sea necesario, como lo es ahora, meterse con la respuesta que diste en lo que tiene de incorrecta. Porque considera qué respuesta es más correcta: ¿los ojos son “con lo que” vemos o “mediante” lo que vemos; y los oídos, “con” lo que oímos o “mediante” lo que oímos? [184c] Teeteto: “Mediante” lo que sentimos, más bien que “con” lo que, me parece, Sócrates. [184d] Sócrates: Extraño fuera, muchacho, que las sentiencias estuviesen en nosotros asentadas, cual en caballos de madera, y no reunidas tensamente todas ellas por una cierta idea, llámesela “alma” o lo que sea, que, mediante ellas, cual instrumentos, haga que sintamos cuanto sea sensible. [184d] Teeteto: Así me parece mejor que de la otra manera. [184d] Sócrates: Por esto te pregunto tan precisamente: ¿hay algo de nosotros mismos, siempre lo mismo, con lo que, mediante los ojos, percibimos lo blanco y lo negro, y mediante otros — sentidos, otras cosas; y si, preguntado, atribuirás todo esto al cuerpo? Tal vez sea mejor el que tú lo digas respondiendo, mejor que el que yo me meta en todo por ti. Dime, pues: eso mediante lo que sientes lo caliente, lo duro, lo ligero, lo dulce, ¿lo pondrás a la cuenta del cuerpo, o de otra cosa? [184d] Teeteto: No, de otra. [184d] Sócrates: ¿Y querrás admitir que lo que mediante una potencia sientes es imposible sentirlo por otra, cual lo que — mediante el oído, por la vista; o lo que mediante la vista, por el oído? [185a] Teeteto: ¿Cómo no voy a quererlo? [185a] Sócrates: Si, pues, hay algo que piensa acerca de dos de ellas, no sentirías lo referente a las dos mediante uno de tales órganos o mediante el otro. [185a] Teeteto: Pues no. [185a] Sócrates: — Acerca de sonido y color, ¿no es lo primero que, referente a los dos, piensas eso de que ambos son "“reales”? [185a] Teeteto: Yo sí, ciertamente. [185a] Sócrates: ¿Y que cada uno es “diverso” del otro, mas ¿+ q, idéntico consigo mismo? [185b] Teeteto: ¿Cómo no? [185b] Sócrates: ¿Y, que ambos son dos, mas cada uno uno? [185b] Teeteto: También esto. [185b] Sócrates: ¿Y, que eres capaz de considerar si son entre sí semejantes o desemejantes? [185b] Teeteto: Tal vez. [185b] Sócrates: Mas todas estas cosas acerca de ellos ¿"mediante” qué las piensas?; que ni mediante oído o mediante vista es posible percibir lo común en ellos. Un testimonio más a favor de lo que decimos: si fuera posible investigar respecto de los dos si son salados o no, sabes que tendrías que decir “con” qué lo investigas; y esto, evidentemente, no parece lo sean ni vista ni oído, sino otra cosa. [185c] Teeteto: Pero ¿cómo no va a serlo otra? Sería la facultad que obra “mediante” la lengua. [185c] Sócrates: Bellamente dicho. ¿“Mediante” qué órgano, qué potencia te descubriría eso común a todos, y común a esos, con lo que les das el nombre de “es” y el de "no es”, y lo demás que ahora estamos preguntando acerca de ellos? Respecto de todo esto, ¿qué órganos señalarías mediante los cuales nuestra sensibilidad sienta cada cosa de ésas? [185c] Teeteto: Hablas de esencia y de no-ser, de semejanza y de desemejanza, de identidad y diversidad, y aun de unidad y otras cosas de número, aplicables a ésos. Es evidente que preguntas: “mediante” cuál de los órganos del cuerpo sentimos “con” el alma eso de impar y par y lo a esto consecuente. [185d] Sócrates: ¡Rebién!, Teeteto, sigues; y es precisamente esto lo que pregunto. [185d] Teeteto: Pero, por Júpiter!, Sócrates, yo por mi no sabría decir sino que me parece, en principio, que no hay ningún órgano propio para todo esto coma no lo había para aquéllos, sino que me parece claro que es el alma misma, la que, “mediante” sí misma, considera lo común a todos. [185e] Sócrates: Bello eres, Teeteto; y no, como dijo Teodoro, feo; que quien habla bellamente es bello-y-bueno. Pero aparte de ser bello, me libraste de grandemente largo discurso, si te parece claro que el alma ve ella “mediante” sí misma algunas cosas, y otras “mediante” las potencias del cuerpo, porque esto me lo parecía ya a mí, mas quería que te lo pareciera también a ti. [186a] Teeteto: Pues me lo parece. [186a] Sócrates: ¿En qué clase pondrías a “la esencia”?, porque esto es el máximo acompañante de todo. [186a] Teeteto: Lo pondría en la de esas cosas de las que el alma tiene “ella, en cuanto ella misma” extremado apetito. [186a] Sócrates: ¿Y también, de semejante y desemejante, idéntico y diverso? [186a] Teeteto: Sí. [186a] Sócrates: Y ¿qué, de bello y feo, bueno y malo? [186a] Teeteto: De estas contraposiciones sobre todo me parece haber de considerarse la esencia, haciendo el alma en sí misma cálculo de lo pasado y de lo presente respecto de lo futuro. [186b] Sócrates: ¡Tente!; ¿no se sentirá la dureza de lo duro mediante el tacto, y parecidamente la suavidad de lo suave? [186b] Teeteto: Sí. [186b] Sócrates: Mas respecto de la esencia: de lo que “son” los dos contra-opuestos y de su mutua contraposición y, en su turno, de la esencia de la contraposición, el alma misma, volviendo sobre ellos y comparándolos mutuamente, trata de que sobre ellos juzguemos. [186b] Teeteto: Ciertamente. [186b] Sócrates: — Así que, recién nacidos hombres y animales, sienten naturalmente todas aquellas afecciones que, mediante el cuerpo, se extienden hasta el alma, mientras que las analogías que de éstas llevan a esencia y a utilidad engéndranse, difícilmente y con el tiempo, “mediante” muchos trabajos y educación; y eso, en los que se engendren. [186c] Teeteto: De todo en todo, así es. [186c] Sócrates: Será, pues, posible dé en Verdad quien no dé en esencia? [186c] Teeteto: Imposible. [186c] Sócrates: Y si uno no llegare a dar en Verdad, ¿llegará en esto a científico? [186d] Teeteto: Y ¿cómo podría?, Sócrates. [186d] Sócrates: Así que en las afecciones no se halla Ciencia; mas sí, en el razonamiento acerca de ellas, que por él, parece, se pueden captar Esencia y Verdad; mas en ellas, no. [186d] Teeteto: Tal parece. [186d] Sócrates: ¿Dirás que son lo mismo él y ellas, teniendo tamañas diferencias? [186d] Teeteto: No fuera, pues, correcto. [186d] Sócrates: ¿Qué nombre darías, pues, a ver, oír, olfatear, enfriarse, calentarse? [186d] Teeteto: Yo le daría el de “sentir-se”; si no, ¿qué otro? [186e] Sócrates: ¿Y en conjunto le das el de “sentiencia”? [186e] Teeteto: Necesariamente. [186e] Sócrates: Con ella, afirmábamos, no hay manera de captar Verdad; por tanto, tampoco Esencia. [186e] Teeteto: Pues no. [186e] Sócrates: Ni tampoco, Ciencia. [186e] Teeteto: Pues no. [186e] Sócrates: Así que no serían lo mismo, Teeteto, sentiencia y Ciencia. [186e] Teeteto: Parece que no, Sócrates. Y sobremanera evidente resultó ahora que Ciencia es algo diverso de sentiencia. [187a] Sócrates: Mas no emprendimos el dialogar para tal final: para encontrar “qué no es” Ciencia; sino, “qué es”. Sin embargo, hemos adelantado tanto que no la buscaremos, de modo alguno, en la sentiencia, sino en aquel otro nombre que tal vez tenga el alma cuando ella “en cuanto ella misma” se trate con los entes. [187a] Teeteto: Pienso que a esto se llama, Sócrates, “opinar”. [187a] Sócrates: Y lo piensas correctamente, querido. Ve, pues, si comenzando de nuevo desde el principio, y borrando todo lo anterior, ves mejor ahora que has llegado hasta aquí, y dime, una vez más, “qué es” Ciencia. [187b] Teeteto: Imposible es, Sócrates, decir que lo sea toda opinión, ya que hay también opinión falsa. Tal vez, pues, la opinión verdadera sea ciencia. Sea ésta mi respuesta. Si más adelante no lo pareciere, como sucedió con la de ahora, ensayaremos otra. [187b] Sócrates: Así ha de ser, Teeteto; es mejor hablar valientemente a, como hiciste antes, dudar de responder, porque si lo hacemos de esta manera una de dos: o encontraremos modo alguno sabemos; lo que no sería recompensa a despreciar. ¿Qué es, pues, lo que dices ahora?; siendo dos las ideas de opinión, la una verdadera, la otra, falsa, ¿defines como Ciencia a la opinión verdadera? [187c] Teeteto: Sí; esto es lo que ahora me parece. [187c] Sócrates: ¿Respecto, pues, de la opinión hay que volver [187c] Teeteto: ¿A qué te refieres? [187c] Sócrates: A que me perturba ahora y otras veces de muchas maneras hasta ponerme en gran desconcierto a mí mismo y respecto de otro no tener qué decir acerca “qué es” tal afección y de qué manera se engendra en nosotros. [187d] Teeteto: ¿Cuál? [187d] Sócrates: La de opinar en falso. Considero, y aun ahora estoy perplejo, si fuera mejor dejarlo o examinarlo de otra manera que la inmediata anterior. [187d] Teeteto: ¿Cómo no, Sócrates, si parece de alguna manera necesario? Porque hace poco, tú y Teodoro dijisteis y no mal que no estamos apurados en nada de esto. [187e] Sócrates: A punto lo recordaste, que tal vez no sea inoportuno volver, por decirlo así, sobre nuestros pasos, pues es mejor terminar bien algo pequeño que no suficientemente algo grande. [187e] Teeteto: ¿Cómo no? [187e] Sócrates: ¿Cómo pues? ¿Qué es lo que decimos? ¿Afirmamos que siempre que hay opinión falsa y que alguno de nosotros opina en falso, y otro, en verdadero, es natural que esto pase así? [187e] Teeteto: Pues lo afirmamos. [187e] Sócrates: ¿Y que está en nuestro poder, respecto de todas y de cada cosa en particular, saber o no saber?, porque eso de aprender y olvidar, cual algo intermedio entre esos dos extremos, lo dejo, por el momento, pasar, ya que nada tiene que ver con el razonamiento presente. [187e] Teeteto: En efecto, Sócrates, respecto de cada caso no queda sino el saber o el no saber. [187e] Sócrates: ¿Según esto, pues, es necesario que el opinante opine acerca de lo que sabe o de lo que no sabe? [187e] Teeteto: Es necesario. [187e] Sócrates: Y es imposible que quien sepa algo no sepa eso mismo o que el no sabedor sepa eso mismo. [188b] Teeteto: ¿Cómo no? [188b] Sócrates: Así, pues, el opinante en falso ¿cree que eso mismo que sabe no es eso, sino algo diferente de lo que sabe, de modo que sabiendo ambas cosas ignora las dos? [188b] Teeteto: Pero eso es imposible, Sócrates. [188b] Sócrates: Mas entonces piensa que lo que no sabe, es, eso mismo, diferente de lo que no sabe, lo cual ¿no es como a quien no conoce ni a Teeteto ni a Sócrates hacerle pensar que Sócrates es Teeteto; y Teeteto, Sócrates? [188c] Teeteto: ¿Cómo así? [188c] Sócrates: Mas, seguramente, nadie piensa que lo que uno sabe sea lo mismo que lo que uno no sabe; ni que, a su vez, lo que no sabe lo sepa. [188c] Teeteto: Sería monstruoso. [188c] Sócrates: Pues, ¿cómo entonces opinaría aún en falso?, ya que, si respecto de todo o lo sabemos o no lo sabemos, y fuera de estos términos es imposible opinar, pero dentro de ellos no parece sea posible opinar en falso. [188c] Teeteto: Verdaderísimo. [188c] Sócrates: ¿No habríamos, pues, de considerar lo que buscamos de esta manera: Procediendo no según el saber o el no saber, sino según ser y no ser? [188d] Teeteto: ¿En qué sentido lo dices? [188d] Sócrates: Simplemente: que quien opine sobre la que no está siendo real en cualquiera materia, no puede menos de opinar en falso, —sea, por lo demás, cual fuere, el estado de su mente. [188d] Teeteto: Es verosímil, Sócrates. [188d] Sócrates: Pues bien: ¿qué diremos, Teeteto, si se nos objeta? “¿Es posible que alguien diga eso, y que haya un hombre que opine sobre lo que no está siendo real, sea tratando sobre los entes o él respecto de sí mismo?”. A lo cual, parece, responderíamos: “sí; cuando piense que está pensando en lo no verdadero”. [188e] ¿O cómo diríamos? [188e] Teeteto: Así. [188e] Sócrates: Pues bien, ¿es lo mismo en otro caso? [188e] Teeteto: ¿En cuál? [188e] Sócrates: En el de uno que ve algo, mas ve nada. [188e] Teeteto: Y ¿cómo? [188e] Sócrates: Pues sí; si ve un cierto algo, ve algo que está siendo real. ¿O es que piensas que “lo de uno” está entre lo que no está siendo? [188e] Teeteto: Yo, no. [188e] Sócrates: Así que quien ve de cierto algo ve algo que está siendo real. [188e] Teeteto: Tal parece. [189a] Sócrates: Y quien oye 7 algo, oye algo y oye algo que está siendo real. [189a] Teeteto: Sí. [189a] Sócrates: Y quien toca algo, toca algo que es uno y está siendo, ya que es uno. [189a] Teeteto: También esto. [189a] Sócrates: Mas quien está opinando, ¿no opina sobre 27 cierto algo? [189a] Teeteto: Necesariamente. [189a] Sócrates: Mas quien está opinando sobre 27 algo ¿no lo está sobre algo que está siendo real? [189a] Teeteto: Lo concedo. [189a] Sócrates: Así que quien está opinando sobre lo que no está siendo real opina sobre nada. [189a] Teeteto: Parece evidente que sobre nada. [189a] Sócrates: Así que quien esté opinando sobre nada, absolutamente ni opina. [189a] Teeteto: Evidente, al parecer. [189b] Sócrates: Así, pues, no es posible opinar sobre lo que no está siendo real, ni refiriéndose a los entes ni a él mismo “en cuanto tal”. [189b] Teeteto: No lo parece. [189b] Sócrates: Es, pues, diferente opinar en falso de opinar sobre lo que no está siendo. [189b] Teeteto: Parece diferente. [189b] Sócrates: Ni de esta manera, pues, ni de la anteriormente considerada, hay en nosotros opinión falsa. [189b] Teeteto: Pues no. [189b] Sócrates: Pero, entonces, ¿cómo diremos que ha surgido eso? [189b] Teeteto: ¿Cómo? [189b] Sócrates: Afirmaremos que opinión falsa es algo así como equivocación, como cuando uno, por trastocarlas en su mente, dice una cosa por otra. De esta manera siempre opinará sobre lo que está siendo; sólo que sobre uno en vez de sobre otro; y, no dando en el blanco, justamente se dirá “que opina en falso”. [189c] Teeteto: Me parece que has hablado ahora de correctísima manera, porque cuando alguno opina en vez de sobre bello sobre feo, o sobre feo en vez de sobre bello, en tal caso opinará verdaderamente en falso. [189c] Sócrates: Patentemente, Teeteto, me desprecias y no me temes. [189c] Teeteto: ¿Cómo así precisamente? [189c] Sócrates: ¿Piensas, creo, que no voy a atacar eso de “verdaderamente falso”, preguntándote si es posible que algo se haga lentamente veloz o pesadamente ligero y se haga algo contrario no según su propia naturaleza, sino según la de su contrario? Para que no pierdas los ánimos deja pasar esto. ¿Te gusta, como dices, que opinar en falso sea equivocación? [189d] Teeteto: A mí, sí. [189d] Sócrates: Así que, según tu opinión, hay como poner en la mente una cosa como otra, y no como ella es. [189d] Teeteto: Hay como, ciertamente. [189d] Sócrates: Cuando, pues, la mente hace esto, ¿no es necesario el que piense o bien ambas cosas a la vez o una de ellas? [189e] Teeteto: Es, por cierto, necesario: o a la vez o a partes. [189e] Sócrates: Bellísimamente; ¿mas llamas “pensar” a lo mismo que yo llamo? [189e] Teeteto: ¿A qué llamas? [189e] Sócrates: A esa palabra que el alma va diciéndose para sí misma acerca de lo que considera. Te lo declaro como ignorante, porque me figuro que, al pensar, no hace sino — conversar, preguntándose y respondiéndose a sí misma. Mas si habiendo, por fin, definido algo más o menos despacio o deprisa se pronuncia ya sin dudas sobre ello, pondremos que tal es su opinión. De manera que yo a opinar llamo “empalabrar"; y a la opinión, “palabra dicha”, —no por cierto a otro o con voz, sino silenciosamente a sí mismo. ¿Mas tú, cómo? [190a] Teeteto: Yo también así mismo. [190a] Sócrates: Cuando, pues, uno opina una cosa por otra, dice, al parecer, que, para él, una cosa es otra. [190b] Teeteto: ¿Ciertamente? [190b] Sócrates: Recuerda si te dijiste alguna vez que lo Bello es, más que nada, feo; que lo injusto, justo; o recapitulando considera si alguna vez emprendiste convencerte a ti mismo de que una cosa es, más que nada, otra, o todo lo contrario; y si alguna vez no te habrás atrevido en sueños a decirte a ti mismo que lo impar es, de todo en toda, par o algo de tal estilo. [190b] Teeteto: Dices verdad. [190c] Sócrates: ¿Crees que algún otro, sano o insano, se aventuró de intento a decirse a sí mismo para convencerse a sí mismo de que es necesario que el buey sea caballo, o dos uno? [190c] Teeteto: Yo, no, por Júpiter! [190c] Sócrates: Según esto: si hablar para sí mismo es opinar, nadie que hable u opine sobre uno y otro, palpándolos a ambos con el alma, diría y opinaría que el uno es el otro. Hay que licenciar también esa expresión de “uno y otro”. Digo con esto que nadie opina que lo feo es bello o cosas por el estilo. [190d] Teeteto: Lo licencio, y me parece esto tal cual lo dices. [190d] Sócrates: Así que opinando sobre ambos es imposible que opine que uno es otro. [190d] Teeteto: Parece. [190d] Sócrates: Mas quien opine tan sólo sobre uno, y en manera alguna sobre el otro, en modo alguno opinará que uno Es otro. [190d] Teeteto: Verdad dices, porque se vería forzado a tomar contacto con aquello sobre lo que no opina. [190d] Sócrates: Así que ni a quien opina sobre ambos o sobre uno de los dos hay que concederle que se equivoca; de — manera, que nada dice quien define el opinar en falso por "tomar uña cosa por otra”. Ni de esta manera, pues, ni según lo anterior parece que haya en nosotros opinión falsa. [190e] Teeteto: Parece que no. [190e] Sócrates: Mas, Teeteto; sí parece que no la hay, nos veremos forzados a conceder muchos absurdos. [190e] Teeteto: ¿Cuáles? [190e] Sócrates: No te los diré antes de que trate de considerar esto de todas las maneras, porque me avergonzaría de nosotros, si, en nuestro desconcierto, nos sintiéramos forzados a conceder lo que digo. Mas si lo encontramos, y quedamos libres de desconcierto, entonces hablaremos de los demás que lo padecen, —fuera ya nosotros del ridículo. Empero, si continuáramos desconcertados, deprimidos, pienso, que dejaremos que el razonamiento, cual a mareados, nos patee y haga lo que quiera. Escucha, pues, de qué manera encuentro una salida a nuestra investigación. [191a] Teeteto: Dila sin más. [191a] Sócrates: Diré que no concedimos correctamente cuando concedimos que es imposible el que uno opine que las cosas — que no conoce son las mismas que conoce; y así se engaña. Mas de alguna manera es posible. [191b] Teeteto: Dices, pues, lo que yo sospechaba cuando afirmábamos que esto era algo así como cuando yo, que conozco a Sócrates, mas viendo de lejos a otro que no conozco, creí ser el Sócrates que conozco. En tal caso pasa algo así como lo que dices. [191b] Sócrates: ¿Mas no lo dejamos de lado porque nos hacía aun siendo conocedores, no conocer lo que conocemos? [191b] Teeteto: Sí, absolutamente. [191b] Sócrates: No supongamos, pues, esto, sino estotro: tal vez nos convenga, tal vez nos contraríe. Mas estamos en un caso tal que es necesario, tanteando todo, poner a prueba el razonamiento. Mira si digo algo: ¿hay cómo el inicialmente ignorante aprenda más tarde? [191c] Teeteto: Hay cómo, de seguro. [191c] Sócrates: ¿Pues y que, en otras veces, aprenda otra y otra cosa? [191c] Teeteto: ¿Pero por qué no? [191c] Sócrates: Supón, pues, en favor del razonamiento que hay en nuestras almas una masa cérea; en uno, mayor; en otro, menor; en uno, de cera más pura, en otro, de más suda y dura: en algunos, más suave; en otros, en proporción justa. [191d] Teeteto: Lo supongo. [191d] Sócrates: Digamos que tal don proviene de Mnemosina, madre de las Musas y que, cuando queremos recordar algo de lo que vemos u oímos o pensamos en nuestra mente, sometémoslo a que sentiencias y pensamientos lo graben, al modo que imprimimos marcas de anillos; lo que quede en tal masa lo recordamos y sabemos, mientras reste en ella un eidolillo; mas lo que se borre o no llegue a quedar grabado en ella, lo olvidamos y no sabemos. [191e] Teeteto: Sea así. [191e] Sócrates: Quien sabiendo, pues, de tales huellas considera algo de lo que vio u oyó, mira si opinará en falso de esta manera. [191e] Teeteto: ¿De cuál? [191e] Sócrates: Creyendo, respecto de las cosas que conoce, que son a veces las que conoce, y a veces las que no, porque en lo anterior no nos convinimos bellamente al convenir en que esto era imposible. [191e] Teeteto: Y ¿qué es lo que dices ahora? [192a] Sócrates: Hemos de tratar de esto, distinguiendo ya desde el comienzo: que es imposible que quien sabe algo —teniendo un memorialín de ello en el alma, mas no lo esté sintiendo— crea que es algo diferente de lo que sabe, aun teniendo su impronta, mas no sintiéndolo. Y, a su vez, que respecto de lo que uno sabe es imposible creer que no lo sabe ni tiene su sello; o que, respecto de lo que no sabe, creer que no lo sabe; y, respecto de lo que no sabe, creer que lo sabe; y, respecto de lo que siente, que no lo siente; y, respecto de lo que no siente, que lo siente. Y lo que es añn más imposible que esotras cosas, si cupiera, es que, respecto de lo que sabe, siente y posee su impronta sensible lo crea diverso de lo que sabe y siente, poseyendo correctamente su memorialín; y que —respecto de lo que sabe, y siente, teniendo la impronta correspondiente— lo crea diverso de lo que siente; y que —respecto de lo que ni sabe ni siente— lo crea diverso de lo que no sabe; y que —respecto de lo que ni sabe ni siente— lo crea diverso de lo que no siente. Todos estos casos superan en imposibilidad el de que opine en falso alguien en ellos, Resta, pues, el que esto acontezca, si en algún caso, en los siguientes: [192c] Teeteto: ¿En cuáles?, tal vez de ellos aprenda algo, que ahora no te sigo. [192c] Sócrates: En los que uno conoce algo, más cree que es algo diverso de lo que conoce-y-siente; o en los que no conoce algo, mas lo siente; o en los que lo conoce y siente, a la vez que lo conoce y siente como diverso. [192d] Teodoro: Ahora me quedo fuera mucho más que antes. [192d] Sócrates: Escúchalo una vez más: conozco a Teodoro y en mí me recuerdo qué tal es, y lo mismo respecto de Teeteto; mas a veces los veo, a veces no; a veces los loco, a veces no; y los oigo o los siento por otra sensación; a veces, no tengo de ellos sensación alguna; ¿mas no por ello me acuerdo menos de vosotros y sé de vosotros en mí mismo? [192e] Teeteto: Ciertamente. [192e] Sócrates: Este es, pues, el primer punto a aprender de los que quiero declarar: que, respecto de las cosas que uno sabe, hay como no sentirlas a veces; y otras, sentirlas. [192e] Teeteto: Es verdad. [192e] Sócrates: Y respecto de las que no se conoce, muchas veces ni se las siente, y muchas tan sólo se las siente. [192e] Teeteto: Es posible también. [193a] Sócrates: Ve si me sigues mejor ahora: si Sócrates conoce a Teodoro y a Teeteto, mas no ve a ninguno de los dos, ni tiene de ellos sensación alguna, jamás opinaría él para sí que Teeteto es Teodoro. ¿Digo algo o nada? [193a] Teeteto: Sí, y es verdad. [193a] Sócrates: Pues bien: éste cra el primer caso de los que hablé. [193a] Teeteto: Lo era. [193a] Sócrates: El segundo fue éste: que conociendo a uno de vosotros y no conociendo al otro, mas no percibiendo a ninguno de los dos, jamás creería que el conocido es el no conocido. [193a] Teeteto: Correcto. [193b] Sócrates: Tercero: no conociendo a ninguno de los dos ni percibiéndolos, no creería que el no conocido fuera diverso del no conocido. Y piensa que has oído una vez más todos los anteriores casos en los que yo, de manera alguna, opinaré en falso sobre ti y Teodoro, tanto que conozca como que desconozca a ambos, ni a uno sí y al otro no. Y parecidamente acerca de las sensaciones, sí es que me sigues. [193b] Teeteto: Te sigo. [193b] Sócrates: Resta, según esto, opinar en falso en el siguiente caso: cuando conociéndote yo a ti y a Teodoro, y teniendo en cera las marcas de ambos, cual si fueran las de vuestros — anillos, por la distancia, e insuficientemente viéndoos a los dos, me esfuerza por atribuir la peculiar marca de cada uno a su peculiar aspecto visual, de modo que éste entre en y se ajuste con su propia huella, para que así surja el reconocimiento; mas no consiguiéndolo, cual les pasa a los que por trastrueque se calzan al revés, remito el aspecto de uno a la marca del otro; o bien cual lo que le pasa a la vista en los espejos, que la imagen visual se corre de derecha a izquierda; pasándome a mi lo mismo me equivoco. En tal caso sobreviene el opinar una cosa por otra y el opinar en falso. [193d] Teeteto: Tal parece, Sócrates. Explicas admirablemente tal afección de la opinión. [193d] Sócrates: Otro caso aun: cuando, conociéndoos a ambos, tengo sentiencia de uno, además de conocerlo, mas no del otro; pero no tengo conocimiento del otro según mi sentiencia, caso de que hablé anteriormente, y entonces no me comprendiste. [193d] Teeteto: Pues no. [193e] Sócrates: Decía que quien conoce y percibe a uno de los dos, y además tiene conocimiento de él, ajustado a la sentiencia, jamás creerá que es diverso del conocido y percibido, estando el conocimiento de él también conforme a la sentiencia, ¿Tal era el caso? [193e] Teeteto: Sí. [193e] Sócrates: Pero nos quedó el caso de que estamos hablando, precisamente aquel en que, afirmábamos, surge la opinión falsa: que se conozca a ambos, se vea o tenga otra sentiencia de ambos; mas a las dos marcas no las tenga respectivamente conformes a la sentiencia de cada una; cual mal arquero se desvía de la meta y yerra, a lo cual se llama propiamente “error”. [194a] Teeteto: Y verosímilmente. [194a] Sócrates: Y cuando a una de las marcas se ajusta la sentiencia, mas no a otra, y se pretende armonizar la marca de la sentiencia ausente con la presente, la mente errará de todo en todo. En una palabra: acerca de lo no conocido ni sentido, no hay manera, al parecer, ni de errar ni de opinión falsa, si es que hemos hablado sensatamente. Mas es en lo que conocemos y sentimos, donde dan vueltas y se arrollan, engendrándose, la opinión falsa y la verdadera; la verdadera, si se aplican complementaria y derechamente improntas propias y derivadas; la falsa, si de sesgo, y torcidas. [194b] Teeteto: ¿No está así bellamente dicho?, Sócrates. [194c] Sócrates: En oyendo que oigas lo siguiente lo dirás más, porque opinar en verdadero es bello; mas errar, es feo. [194c] Teeteto: Pero ¿cómo no? [194c] Sócrates: 'Todo esto procede de que cuando la cera es, en el alma, profunda, abundante, suave y convenientemente trabajada; lo que adviene por intermedio de las sensaciones, imprimiéndose en tal “corazón del alma” —que así lo llama Homero, por su semejanza con la cera— da entonces, y en las almas, marcas límpidas; y poseyendo suficiente profundidad hácense duraderas; y son los tales, ante todo, buenos aprendices, después memoriosos; además no pasan de lado sensaciones y marcas; así que opinarán en verdadero, porque siendo tales marcas claras, y estando bien espaciadas, prestamente se reparte cada una a las masas propias de cada marca que son los llamados “entes”; los tales, llámanse “sabios”. ¿No te parece? [194d] Teeteto: Superlativamente bien. [194e] Sócrates: Cuando, empero, el corazón es velloso —cosa alabada por el poeta más grande en sabiduría— o cuando es de cera sucia o no pura, o demasiado suave o demasiado dura, los de suave resultan buenos para aprender, mas olvidadizos; los de dura, lo contrario; mas aquéllos en quienes sea velludo y áspero, cual pétreo, relleno y mezclado con tierra e inmundicias, adquieren confusas improntas; confusas también, los de dura, por no llegar a profundas. Confusas igualmente, los de suave, porque, mezclándose, presto resultan borrosas. Pero si, además de todo esto, superpónense unas a otras por estrechez de espacio, cuando el almario es pequeño, resultan aún más confusas. Todos éstos son capaces de opinar en falso, porque cuando ven, oyen o piensan sobre algo, no pudiendo atribuir prestamente cada impronta a su cosa, son lentos y, trastocando todo, ven, oyen y piensan casi siempre de traspiés, y dícese de ellos que yerran acerca de los entes, y que son ignorantes. [195b] Teeteto: Hablas, Sócrates, lo más correcto del mundo. [195b] Sócrates: ¿Afirmaremos, pues, que hay en nosotros opiniones falsas? [195b] Teeteto: De seguro. [195b] Sócrates: ¿Y también verdaderas? [195b] Teeteto: Y verdaderas. [195b] Sócrates: ¿Creeremos, pues, haber admitido fundadamente que, de haber algo, se dan estas dos clases de opinión? [195b] Teeteto: Sobremanera fundado. [195b] Sócrates: Terrible cosa, verdaderamente, y desagradable resulta varón charlatán. [195b] Teeteto: ¿Cómo así?; ¿por qué lo dices? [195c] Sócrates: Por llevar a mal mi propia estupidez y mi real charlatanería. Porque, ¿qué otro nombre se le pondría a quien arrastra de arriba abajo los razonamientos y por estupidez no puede convencerse ni desprenderse de ninguno? [195c] Teeteto: Mas ¿por qué lo llevas a mal? [195c] Sócrates: No solamente lo llevo a mal, sino que temo que si alguien me pregunta responderé: “Sócrates, ¿no encontraste que la opinión falsa no está en las sentiencias entre sí ni en los pensamientos, sino en el ajuste de sentiencia y — pensamiento?”, diré que así lo afirmo, engallándome cual si hubiéramos hallado nosotros dos algo bello. [195d] Teeteto: Me parece, Sócrates, que no es tan feo lo ahora demostrado. [195d] Sócrates: “Pues bien” continuará aquél diciendo: “¿no dices que, respecto del hombre tan sólo pensado, mas no visto, no creeríamos jamás que es caballo, ni visto ni tocado, y sí sólo pensado, sin sentiencia alguna de él?”. Tal, creo, afirmo que diría. [195d] Teeteto: Y correctamente, por cierto. [195e] Sócrates: "Pues bien”, dirá, “¿respecto de Once, tan sólo pensado, creería alguien, según este razonamiento, que no es algo diverso de Doce, también sólo pensado?". Vamos, responde. [195e] Teeteto: Pues responderé que alguien pudiera pensar. [195e] viendo o tocando, que once es doce; mas que, en caso de tenerlos en la mente, jamás opinaría así acerca de ellos. [195e] ¿Qué, pues?: ¿crees que alguien se proponga considerar alguna vez en sí mismo a cinco-y-siete?, no digo que a siete-y-cinco hombres, ni a algo así, sino al Cinco mismo-y-al Siete mismo, que, afirmamos, son memoriales en la Cera aquella, respecto de los cuales no hay “opinar”. Si alguno, alguna vez se puso a considerar esta diciéndose a sí mismo y preguntándose cuánto son, ¿hay uno que, pensándolo diga que son once; y otro, que doce; o bien todos dicen y piensan que son doce? [196b] Teeteto: No, por Júpiter!, sino que muchos dirán que son once; y si alguien se hace esta consideración respecto de números mayores, más errará, —porque creo que tratas de hablar de todo número. [196b] Sócrates: Lo crees correctamente: mas considera si, en este caso, no sucede sino pensar que el Doce mismo sea diversa del Once que está en el bloque de cera. [196b] Teeteto: Parece. [196b] Sócrates: ¡¿No hemos vuelto con esto una vez más a los razonamientos iniciales?; porque a quien eso le pasa cree que lo sabido es diverso de lo sabido. Lo que afirmamos ser imposible, y por esto mismo nos hacíamos fuertes en que no existe opinión falsa, a fin de que el mismo hombre no se viera forzado a saber y no saber a la vez las mismas Cosas. [196c] Teeteto: Verdaderísimo. [196c] Sócrates: Según esto, pues, hemos de declarar que opinar en falso es diverso de desajustar pensamiento de sentiencia, porque, si fuera esto, jamás erraríamos en los pensamientos mismos. Mas ahora o no hay opinión falsa o lo que uno sabe es capaz de no saberlo. De esto, ¿qué eliges? [196c] Teeteto: Desconcertante opción me propones, Sócrates. [196d] Sócrates: Mas el razonamiento parece no admitir ambas cosas. No obstante, ya que hay que arriesgarse del todo, ¿por qué no atrevernos a perder la verguenza? [196d] Teeteto: ¿Cómo? [196d] Sócrates: Proponiéndonos decir “qué es” eso de “saber”. [196d] Sócrates: — Al parecer no piensas en que, desde el comienzo, nuestro razonamiento no ha sido sino una investigación sobre “qué es” Ciencia, hecha por ignorantes. [196d] Teeteto: Pues lo sé. [196d] Sócrates: Además, ¿no te parece desvergüencería el que, no conociendo lo que es Ciencia, declaremos lo que es saber?; porque, Teeteto, desde hace tato estamos saturados de no dialogar límpidamente, ya que miríadas de veces hablamos de “conocemos” y de “no conocemos”, de “sabemos” y de "no sabemos”, cual si nos entendiéremos, mientras ignoramos aún lo que es Ciencia. Y si quieres, estamos usando repetidamente de “ignorar” y de “comprender”, cual si los usáramos convenientemente, aun careciendo de Ciencia. [196e] Teeteto: Mas. Sócrates ¿cómo dialogar sin usar tales palabras? [197a] Sócrates: No hay cómo, siendo el que soy: mas lo hay, si fuera contradictor racional: que, si un varón tal estuviera ahora presente, diría que nos abstengamos de ellas, y nos echaría en cara vehementemente lo que digo. Mas, pues somos unos cualesquiera, ¿quieres que me atreva a decir lo que es eso de “saber”?, —que me parece nos resultará de provecho. [197a] Teeteto: Atrévete, por Júpiter!, que se te perdonará largamente el que no te abstengas de su uso. [197a] Sócrates: ¿Has oído lo que dicen ser el saber? [197a] Teeteto: Tal vez, mas justamente ahora no me recuerdo. [197b] Sócrates: Dicen que el saber es “tener ciencia”. [197b] Teeteto: Es verdad. [197b] Sócrates: Cambiémoslo nosotros un poco, y digamos que es “posesión de Ciencia”. [197b] Teeteto: ¿En qué, dirás, se diferencia esto de aquello? [197b] Sócrates: Tal vez en nada; pero piensa conmigo, oyéndolo, en qué parecen diferenciarse. «Σωκράτης ἐπιστήμης που ἕξιν φασὶν αὐτὸ εἶναι. Θεαίτητος ἀληθῆ. Σωκράτης ἡμεῖς τοίνυν σμικρὸν μεταθώμεθα καὶ εἴπωμεν ἐπιστήμης κτῆσιν. Θεαίτητος τί οὖν δὴ φήσεις τοῦτο ἐκείνου διαφέρειν; Σωκράτης ἴσως μὲν οὐδέν: ὃ δ’ οὖν δοκεῖ ἀκούσας συνδοκίμαζε. Θεαίτητος ἐάνπερ γε οἷός τ’ ὦ. Σωκράτης οὐ τοίνυν μοι ταὐτὸν φαίνεται τῷ κεκτῆσθαι τὸ ἔχειν. οἷον ἱμάτιον πριάμενός τις καὶ ἐγκρατὴς ὢν μὴ φορῶν, ἔχειν μὲν οὐκ ἂν αὐτὸν αὐτό, κεκτῆσθαί γε μὴν φαῖμεν. Θεαίτητος ὀρθῶς γε.» (Burnet, 197b) [197b] Teeteto: Si es que puedo. [197b] Sócrates: No parece ser lo mismo “tener” que “poseer”. Cual si uno ha comprado un vestido y se abstiene de llevarlo, afirmaríamos que no lo tiene, mas sí que lo posee. [197b] Teeteto: Y correctamente. [197c] Sócrates: Considera, pues, si no es posible, parecidamente, poseer ciencia sin tenerla, cual si alguien, habiendo cazado pájaros campestres —palomas u otros— les preparara en casa una pajarera y los criara, ¿Afirmaríamos que, de alguna manera, los tiene porque los posee? ¿No es así? [197c] Teeteto: Sí. [197c] Sócrates: Mas, de otra manera, no los tiene; habría adquirido sobre ellos —ya que los puso al alcance de la mano dentro del recinto casero— poder de coger y retener echando mano al que quiere, o también soltándolo; lo que puede hacer siempre que le parezca. [197d] Teeteto: Así es. [197d] Sócrates: De nuevo: a la manera como anteriormente preparamos en las almas algo céreo, no sé qué de plástico, así ahora hagamos en cada alma una pajarera de los más variados pájaros, algunos en bandada, aparte de los otros; otros, en grupo de a pocos; algunos solitarios, volando a través de todos, al azar. [197e] Teeteto: Déselo por hecho. Mas, ¿qué a continuación? [197e] Sócrates: Es preciso afirmar que, de niños, tal jaula está vacía; y pensar, en vez de pájaros, en ciencias. Ciencia poseída, ciencia encerrada en tal recinto, de ella afirmaremos que se la ha aprendido o que se ha encontrado el objeto del que es ciencia, y esto es precisamente el Saber. [197e] Teeteto: Sea así. [198a] Sócrates: Una vez más considera, respecto de la ciencia que quieras, qué es eso de cazarla; y, captada, guardarla; y, en su vez, soltarla; y qué nombres hay que ponerle, ya sean los mismos que cuando, por primera vez, se la poseyó, u otros. Por lo siguiente aprenderás más claramente lo que digo: ¿Dirás de la aritmética que es arte? [198a] Teeteto: Sí. [198a] Sócrates: Supón que tal arte es cacería de ciencia acerca de todo lo par y lo impar. [198a] Teeteto: Lo supongo. [198a] Sócrates: Por tal arte, creo, tiene uno a lá mano las ciencias de los números, y por esto mismo quien las transmite las transmite. [198b] Teeteto: Sí. [198b] Sócrates: Y decimos que quien las transmite “enseña”, que quien las recibe “aprende”; mas que “sabe”, quien las tiene por poseerlas en aquella pajarera. [198b] Teeteto: Ciertamente, pues. [198b] Sócrates: Para mientes en lo que de aquí se sigue: ¿qué es ser consumado aritmético sino saber todos los números?; así tiene en su alma ciencias de todos los números. [198b] Teeteto: Como que sí. [198c] Sócrates: ¿Contaría el tal, a veces, él para sí mismo, los números mismos o algunas de esas otras cosas externas que temen número? [198c] Teeteto: Pues, ¿cómo no? [198c] Sócrates: Pondremos, pues, que “contar” no es sino considerar “cuán grande” es el número de que se trata. [198c] Teeteto: Así es. [198c] Sócrates: Lo que, pues, sabe parece considerarlo cual si no lo conociera, a pesar de que hemos convenido en que conoce todo número. Percibes, de algún modo, tales ambigüedades. [198c] Teeteto: Yo, sí, por cierto. [198d] Sócrates: Con la comparación, pues, de la posesión y caza de palomas, diremos que hay una doble caza; una, antes de poseer, mas para poseer; otra, para el poseedor: la de coger y tener en la mano lo que, de antemano, poseía. P Parecidamente, respecto de las ciencias aprendidas ya y sabidas; el reaprenderlas, retomando y captando ciencia por ciencia, poseída de tiempo atrás, mas no tenida a la mano de la mente. [198d] Teeteto: Es verdad. [198e] Sócrates: Esto es precisamente lo que preguntaba: ¿cómo hay, al hablar, que servirse de los nombres cuando un aritmético se pone a “contar” o un gramático a “releer” algo?; ¿cuál sabiendo ya en tal caso, se pone de nuevo a aprender, él mismo, lo que sabe? [198e] Teeteto: Desconcertante fuera, Sócrates. [198e] Sócrates: ¿Afirmaremos, pues, que se ponen a releer y contar lo ya sabido, habiéndoles concedido el que conocen, uno todas las letras; otro, todos los números? [199a] Teeteto: También esto fuera desconcertante. [199a] Sócrates: ¿Quieres, pues, que digamos que nada nos importa de qué manera se tomen esos nombres de “saber” y “aprender”? Ya que hemos puesto por definición que son algo diverso poseer la ciencia y tenerla, ¿afirmaremos ser imposible que no se posea lo que se posee, de modo que jamás suceda no conocer lo que se conoce, aunque sea posible concebir acerca de ello una opinión falsa? Es posible no tener la ciencia de algo, sino otra en lugar de la apropiada, cuando yendo a la caza de una determinada, se echa, por error, la mano a una en vez de otra de las volátiles; así pensaba entonces que once era doce, al coger la ciencia del once en vez de la del doce, que en sí tiene, cual se coge paloma torcaz en vez de paloma sencilla. [199b] Teeteto: Es razonable. [199b] Sócrates: Mas cuando coge lo que pretendía, no yerra y opina entonces lo que la cosa está siendo, y de esta manera hay opinión verdadera y falsa; ¿de modo que lo que anteriormente nos incomodó no es ya impedimento? Tal vez convengas conmigo en esto. Si no, ¿qué harás? [199c] Teeteto: Así. [199c] Sócrates: Porque nos hemos librado de aquello: de no saber lo sabido, ya que no nos sucederá de ninguna manera no poseer lo que poseemos, errados en algo o no. No obstante me parece que entreveo algo más terrible. [199c] Teeteto: ¿Qué? [199c] Sócrates: Si el trastrueque de las ciencias no resultará falsa opinión. [199c] Teeteto: ¿Cómo? [199d] Sócrates: Primero: respecto de quien posee ciencia de algo, ignorar eso mismo, no por ignorancia sino por la ciencia: la suya: la de él mismo. Después: opinar que uno es otro y que otro es uno. ¿Cómo no sería gran absurdo, que, advenida la ciencia al alma, ésta no conozca nada, e ignore todo? Porque según este razonamiento nada impide el que, advenida la ignorancia, nos haga ésta conocer algo; y la ceguera, ver, dado el caso de que la ciencia nos haga ignorar. [199e] Teeteto: Pues tal vez, Sócrates, no supusimos bellamente al poner sólo que las ciencias fuesen pájaros; era preciso poner también clases de insciencia volando a la vez por el alma, y que el cazador cogía a veces ciencia y a veces insciencia acerca de lo mismo, opinando en falso por la insciencia; y en verdadero, por la ciencia. [199e] Sócrates: Difícil cosa es, Teeteto, no alabarte. Consideremos una vez más lo dicho. Sea, pues, como lo dices: quien — coge insciencia, dices que opinará en falso. ¿No es así? [200a] Teeteto: Sí. [200a] Sócrates: Mas no por eso creerá que opina en falso. [200a] Teeteto: ¿Cómo, pues? [200a] Sócrates: Sino en verdadero; y se comportará cual si supiera eso mismo sobre lo que yerra. [200a] Teeteto: Como que sí. [200a] Sócrates: Así que creerá haber cazado ciencia; mas no. [200a] Teeteto: Evidente. [200a] Sócrates: 'Tras larga vuelta nos hallamos ante la misma dificultad inicial. Aquel nuestro crítico, riéndose, nos dirá: “Quien conozca, óptimos, a ambas: ciencia e insciencia, ¿creerá que la conocida es diversa de la conocida?, ¿o que no conociendo ninguna de las dos, opinará que la no conocida es diversa de la no conocida? ¿O que conociendo una, mas no la otra, la conocida será la no conocida; o que pensará que la no conocida es la conocida? ¿O una vez más me diréis que hay ciencias de las ciencias y de las insciencias, el poseedor de las cuales las tiene encerradas en ciertas ridículas pajareras o plásticos cercos, y las sabe mientras las posee, aunque no las tenga a mano del alma? ¿Daréis, así forzados, vueltas por miles al derredor de lo mismo, sin progresar?”, ¿Qué responderemos a esto, Teeteto? [200c] Teeteto: ¡Por Júpiter!, Sócrates: yo no sabría qué decir. [200c] Sócrates: ¿No nos está, muchachos, castigando bellamente el razonamiento, y nos indica no investigar la opinión falsa antes que Ciencia, abandonándola así? Que es imposible conocer la primera, antes de captar suficientemente “qué es” Ciencia. [200d] Teeteto: Es necesario ahora, Sócrates, pensar como lo dices. [200d] Sócrates: Principiando una vez más: ¿qué se dirá es Ciencia?, —porque no vamos a desdecirnos. [200d] Teeteto: En modo alguno, a no ser que tú renuncies. [200d] Sócrates: Di, pues, cómo definirla contradiciéndonos lo menos posible. [200e] Teeteto: Como lo intentamos, Sócrates, anteriormente, porque yo no tengo ninguna otra cosa. [200e] Sócrates: — ¿Cuál? [200e] Teeteto: Que la opinión verdadera es Ciencia, porque el opinar en verdadero es infalible, y sus engendros resultan todos bellos y buenos. [200e] Sócrates: El guía en vadeo, Teeteto, dijo: «Ya lo verás». Si marchando lo investigamos, tal vez tropezando en ello aparecerá lo buscado; mas a los parados, nada háceseles claro. [201a] Teeteto: Correctamente dicho. Marchemos e investiguemos. [201a] Sócrates: Es cosa de breve investigación, porque toda una arte te indica que Ciencia no es eso. [201a] Teeteto: ¿Cómo así? ¿Cuál es? [201a] Sócrates: La de los máximos en sabiduría: la de los llamados “retóricos” y “abogados”, porque éstos con su arte no persuaden a otros, enseñando, sino haciendo que opinen lo que quieren. ¿O es que crees que son maestros tan hábiles que a quienes no estaban presentes cuando se robó o — violentó algo, puedan, durante el breve tiempo del reloj de agua, mostrar suficientemente la verdad de lo sucedido? [201b] Teeteto: De ninguna manera lo creo; mas los persuaden. [201b] Sócrates: A persuadir, ¿no lo llamas “hacer opinar'? [201b] Teeteto: ¿Cómo no? [201b] Sócrates: Pues bien: cuando se persuade legalmente a jueces de lo que sólo puede conocerse de vista, y no de otra manera, juzgando ellos entonces de oídas y aceptando una opinión verdadera, ¿juzgaron sin ciencia, mas convencidos — correctamente, si es que juzgaron bien? [201c] Teeteto: De todo en todo, es así. [201c] Sócrates: Mas, querido, sí, en los juzgados, fuera lo mismo opinión verdadera y ciencia, el mejor juez no habría opinado jamás sin ciencia. Pero ahora parece que son diversas la una de la otra. [201c] Teeteto: Me había olvidado, Sócrates, de haber oído esto de alguien, mas ahora me acuerdo. Dijo que “ciencia es opinión correcta acompañada de razonamiento”, y que, sin ciencia, la opinión es irracional; y que de lo que no hay razonamiento, no hay ciencia posible, llamando así “científico” a lo que la tenga. [201d] Sócrates: Bellamente dicho. Dime, cómo dividió lo científico de lo acientífico, a ver si tú y yo convenimos en lo [201d] Teeteto: Pero no sé si lo reencontraré, mas creo que, si otro lo dijera, podría seguirlo. [201d] Sócrates: Sueño por sueño, escucha: Me parece haber oído a algunos que no había razonamiento sobre algo así como los elementos primarios de que nosotros y lo demás se compone, porque sólo habría de darse nombre a cada uno tomado el mismo "en cuanto mismo”, sin poder atribuirle nada diverso, ni que “es” ni que “no es”; ya que — esto fuera atribuirle esencia o no esencia; nada hay que añadir, si es que se habla de él únicamente; ni se le ha de imponerle a uno lo de “mismo” ni lo de “aquello” ni lo de “cada uno” ni lo de “solo” ni lo de “esto” ni nada por el estilo; porque todo esto circula por todos y a todos se aplica, aun siendo diversas las cosas a las que se impone. Es preciso, si fuera posible predicarlo de uno y que tuviera razón propia, predicárselo aparte de todo lo demás. Ahora bien: es imposible expresar en razonamiento uno cualquiera de los Primarios; no queda sino el darle nombre, porque nombre es lo — único que tienen. Empero las cosas compuestas de ellos, así como son de complejas, otro tanto los nombres de ellas resultan razón compleja, ya que la esencia de razonamiento consiste en complexión de nombres. Según esto, los elementos son irracionales e incognoscibles, mas sentibles. Empero, las combinaciones son conocidas y decibles, y opinables con opinión verdadera. Cuando, pues, sin razonamiento se adquiere opinión verdadera sobre algo, el alma está en la verdad acerca de ello, mas no lo conoce, porque quien no puede dar y recibir razones sobre algo es insciente acerca — de ello. Mas al adquirir razones, es posible que esté en la verdad y tenga, además, perfectamente ciencia. ¿Es tal el sueño o lo oíste de otra manera? [202c] Teeteto: Así enteramente. [202c] Sócrates: ¿Te place, pues, y afirmas así que “opinión verdadera con razonamiento” es “Ciencia”? [202c] Teeteto: Precisamente. [202d] Sócrates: ¿Habremos ahora, Teeteto, en el día de hay aprehendido lo que desde mucho atrás y muchos sabios, buscándolo, envejecieron antes de encontrarlo? [202d] Teeteto: Me parece, Sócrates, que está bellamente dicho lo dicho. [202d] Sócrates: Es verosímil que así sea; porque, ¿qué ciencia podría haber sin razones y además sin opinión correcta? No obstante, una cosa de las dichas no me place. [202d] Teeteto: ¿Cuál? [202d] Sócrates: Precisamente lo que parece más sutilmente dicho: que los elementos son incognoscibles; mas que la clase de las combinaciones es cognoscible. [202e] Teeteto: ¿No es, pues, correcto? [202e] Sócrates: Habrá que saberlo, pues tenemos de rehenes del razonamiento los paradigmas de que se sirvió quien afirmó todo eso. [202e] Teeteto: ¿Cuáles? [202e] Sócrates: Los elementos y silabas de los escritos. ¿O crees que tenía la vista puesta en otra cosa, al decir lo que afirmamos dijo? [202e] Teeteto: No, sino en esto. [203a] Sócrates: Retomándolo, pongámoslo a prueba: mejor pongámonos a nosotros mismos a ver si así aprendimos o no a leer lo escrito. Sea en primer lugar: ¿las sílabas tienen razón, mas los elementos son irracionales? [203a] Teeteto: Tal vez. [203a] Sócrates: lo mismo enteramente me parece también a mí. Si alguien, respecto de Sócrates, preguntara cuál es la primera sílaba así: “Teeteto, di qué es Só”. ¿Qué responderías? [203a] Teeteto: Que "s” y "o”. [203a] Sócrates: ¿Tienes a esto, pues, por la razón de la sílaba? [203a] Teeteto: Yo, sí, ciertamente. [203b] Sócrates: Pero, vamos, di cuál es la razón de "s”. [203b] Teeteto: ¿Cómo hablar de elementos de un elemento?, porque, realmente, Sócrates, “s” es afónica, mero ruido, cual silbido de la lengua. A su vez “b” ni es vocal, ni ruido, ni los tiene la mayoría de los elementos. De modo que está bien decir que no tienen razón, ya que, de entre los más claros, sólo cinco tienen voz, —mas no razón. [203b] Sócrates: Hasta aquí, compañero, hemos estado en lo correcto acerca de la ciencia. [203c] Teeteto: Tal parece. [203c] Sócrates: Mas, ¿que hemos demostrado correctamente que el elemento no es cognoscible, sino la silaba? [203c] Teeteto: Verosímilmente. [203c] Sócrates: Bien, pues: ¿diremos que la sílaba es dos elementos de una vez o que, si son más de dos, es todos ellos a la una, o bien es una cierta idea engendrada de la composición de ellos? [203c] Teeteto: Pensaríamos, creo, que es todos ellos a la una. [203c] Sócrates: Mira el caso de dos: "s', “0”. Los dos de una vez es la primera sílaba de mi nombre. Quien conoce los dos de una vez, ¿qué otra cosa conoce sino la sílaba? [203d] Teodoro: ¿Cómo no? [203d] Sócrates: Conoce, pues, la “s” y la "o”. [203d] Teeteto: Sí. [203d] Sócrates: ¿Cómo así?; ¿ignora una a una y, no conociendo a ninguna, conoce a ambas a dos? [203d] Teeteto: Pero esto es extraño e irracional, Sócrates. [203d] Sócrates: No obstante, si es necesario conocerlas una a una, caso de haber de conocer a ambas a dos, es necesario de toda necesidad que preconozca los elementos quien haya de conocer la sílaba; mas de esta manera nuestro bello razonamiento partirá escapado. [203e] Teeteto: Y bien de repente. [203e] Sócrates: Porque no lo hemos bellamente vigilado. Porque tal vez era preciso poner que la sílaba no es los elementos, sino un cierto eidos uno, engendrado de ellos, poseedor de una idea de sí mismo, una y diversa de los elementos. [203e] Teeteto: Ciertamente, pues; y tal vez mejor así que de la otra manera. [203e] Sócrates: Hay que considerarlo y no traicionar cobardemente razonamiento grande y solemne. [203e] Teeteto: Pues no. [204a] Sócrates: Sea por cierto como afirmamos ahora: que la sílaba es una idea, engendrada de cada uno de los elementos coajustados; y parecidamente en las letras y en todos los demás casos. [204a] Teeteto: Ciertamente. [204a] Sócrates: Así que no ha de haber partes de ella. [204a] Teeteto: ¿Cómo así? [204a] Sócrates: ¿Qué si hay partes, es necesario que el Todo sea todas las partes, a no ser que digas que el Todo, engendrado de las partes como algo uno, sea un eidos diverso de todas las partes? [204a] Teeteto: Así dijera yo. [204b] Sócrates: ¿Dirás que Total y 'Todo son lo mismo, o algo diverso uno de otro? [204b] Teeteto: No tengo nada en claro; mas como me instas a que responda valientemente, aventurándome digo que “diverso”. [204b] Sócrates: Tu decisión, Teeteto, es correcta; que lo sea además la respuesta es cosa de ver. [204b] Teeteto: Así ha de ser. [204b] Sócrates: Así, pues, a tenor del razonamiento presente se diferenciarían Todo y Total. [204b] Teeteto: Sí. [204b] Sócrates: Y qué sobre esto: ¿se diferencian en algo lo Todos y Total? Como si decimos, uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis —y si dos veces tres o tres veces dos, o cuatro y dos, — 0 tres y dos y uno— ¿decimos en todos estos casos lo mismo o algo diverso? [204c] Teeteto: Lo mismo. [204c] Sócrates: ¿Qué otra cosa, sino "seis”? [204c] Teeteto: No otra alguna. [204c] Sócrates: ¿Así que, en cada una de estas frases hablamos siempre de seis como Total? [204c] Teeteto: Sí. [204c] Sócrates: Y una vez más: ¿no hablamos de algo al decir lo “Todos”? [204c] Teeteto: Necesariamente. [204c] Sócrates: ¿De qué otra hablamos, sino de lo Seis? [204c] Teeteto: De ninguna otra. [204d] Sócrates: En cosas de número, ¿no es, pues, lo mismo lo que se predica del Total y de lo Todos? [204d] Teeteto: Tal parece. [204d] Sócrates: Hablemos de lo mismo de otra manera: el número de pletro y el Pletro ¿son lo mismo? ¿O no? [204d] Teeteto: Sí. [204d] Sócrates: Y respecto del estadio, ciertamente lo mismo. [204d] Teeteto: Sí. [204d] Sócrates: Y ¿el número del ejército y el Ejército son lo mismo, y parecidamente en todos los tales casos?, porque el número total está siendo el Total de cada uno de ellos. [204d] Teeteto: Sí. [204e] Sócrates: Mas el número de cada uno de ellos, ¿qué es sino las partes? [204e] Teeteto: Nada más. [204e] Sócrates: ¿Así que lo que tiene partes se compondría de partes? [204e] Teeteto: Parece. [204e] Sócrates: Mas admitimos que “todas” las partes son el Total, si es que el número total ha de ser precisamente el Total. [204e] Teeteto: Sí. [204e] Sócrates: Así, pues, el “Todo” no se compone de partes, pues sería un Total, por ser todas las partes. [204e] Teeteto: No, parece. [204e] Sócrates: ¿Hay cómo parte sea parte de algo que no sea un Todo? [204e] Teeteto: Sí, del Total. [205a] Sócrates: Virilmente peleas, Teeteto. El Total, ¿no es eso mismo: Total, cuando no le falta nada? [205a] Teeteto: Necesariamente. [205a] Sócrates: ¿Mas “Todo” no será eso mismo: “a lo que nada falta”? Pero aquello a lo que algo falta, no será ni Todo ni Total que, a la vez, se engendran ellos mismos-el uno del otro. [205a] Teeteto: Paréceme, pues, ahora que en nada se diferencian Total y Todo. [205a] Sócrates: ¿No decíamos, pues, que, en lo que haya partes, el Todo y el Total son “todas” las partes? [205a] Teeteto: Ciertamente. [205a] Sócrates: Volvamos a lo que intentaba: si la sílaba no es los elementos, de necesidad no ha de tenerlos cual partes — suyas; o si es lo mismo que ellos, ¿no habría de ser cognoscible de igual manera? [205b] Teeteto: De igual. [205b] Sócrates: Mas para que no suceda esto, ¿no la pusimos cual diversa de ellos? [205b] Teeteto: Sí. [205b] Sócrates: Bien, pues: si los elementos de la silaba no son sus partes, ¿tienes cómo señalar otras cosas que sean partes de la sílaba, mas no elementos de ella? [205b] Teeteto: De ninguna manera. Porque, Sócrates, si advirtiera haber otra clase de partes de la sílaba, ¿no sería ridículo despedir los elementos e ir por otras cosas? [205c] Sócrates: De todo en todo, Teeteto, resultaría que, según el presente razonamiento, la sílaba sería una cierta idea impartible. [205c] Teeteto: Tal parece. [205c] Sócrates: ¿Te acuerdas, querido, de que hace bien poco admitimos, creyendo hablar bien, que los Primarios, de que los demás se componen, no tienen razón, porque cada uno “en cuanto él mismo” sería incompuesto; y que ni siquiera eso de “ser” se le puede atribuir, correctamente hablando, ni lo de “esto”, que todo ello son atributos diversos y extraños, lo cual es la causa que los haría irracionales e incognoscibles? [205c] Teeteto: Me acuerdo. [205c] Sócrates: ¿Y no es esta, precisamente y no otra, la causa de que cada uno de ellos sea monoeidético e impartible? Que yo no veo otra. [205d] Teeteto: Ni parece haber otra. [205d] Sócrates: ¿Así, pues, resultan ser lo mismo, en cuanto a eidos, la sílaba y el elemento, por no tener partes y sí una idea? [205d] Teeteto: De todo en todo. [205d] Sócrates: Si, pues, la sílaba es un plural de elementos. [205d] mas éstos son partes de ella, las sílabas y los elementos serían igualmente cognoscibles y decibles, ya que nos pareció ser idéntico el Todo con todas las partes. [205e] Teeteto: Ciertamente. [205e] Sócrates: Pero si es el Todo uno e impartible, sílaba igualmente que elemento serán algo irracional e incognoscible, ya que la misma causa los hará ser así. [205e] Teeteto: Nada tengo que decir en contra. [205e] Sócrates: Así que no admitiremos se diga que la sílaba es cognoscible y decible; mas el elemento, lo contrario. [205e] Teeteto: No, pues, de fiarnos del razonamiento. [206a] Sócrates: Mas de nuevo: ¿no aceptarías más bien la afirmación contraria, por lo que tú mismo experimentaste al aprender las letras? [206a] Teeteto: ¿Qué? [206a] Sócrates: Que, aprendiendo, no hiciste sino intentar distinguir los elementos, cada uno “en cuanto él mismo”, por la vista y por el oído, a fin de que, al leerlos o escribirlos, su posición no te desconcertara. [206a] Teeteto: Verdaderísimamente dicho. [206a] Sócrates: Y en la de cítara, el haberla aprendido perfectamente, ¿qué otra cosa fue sino poder seguir, sonido por sonido, de qué cuerda procedía, —lo que todos admitirían llamarse “elementos de la música”? [206b] Teeteto: Eso y no otra cosa. [206b] Sócrates: Si, pues, de nuestra experiencia con elementos y sílabas hay que sacar indicios para otras cosas, afirmaremos que el género de los elementos admite conocimiento mucho más claro que el de la sílaba, y más importante para la adquisición de aprendizaje perfecto en cada género; mas si alguien afirma que la sílaba es cognoscible, mas que el elemento es, por naturaleza, incognoscible, creeremos que, voluntaria o involuntariamente, bromea. [206b] Teeteto: Justamente. [206c] Sócrates: De esto, me parece, cabrían otras demostraciones; mas no nos olvidemos, por esto, de lo propuesto: ver qué significa eso de que la ciencia más perfecta surge de razonamiento adjunto a opinión correcta. [206c] Teeteto: Veámoslo, pues. [206c] Sócrates: Bien: ¿qué pretende indicarnos eso de “razonamiento”? Me parece querer decir una de tres cosas: [206c] Teeteto: ¿De cuáles? [206d] Sócrates: La primera sería; poner en claro el pensamiento propio mediante la voz con verbos y nombres, de modo que la opinión se refleje, cual en espejo o agua, en la corriente que de la boca fluye. ¿No te parece que razonamiento es algo así? [206d] Teeteto: Me lo parece; que, por cierto, afirmaremos que razona quien así hable. [206d] Sócrates: Esto lo puede, más presto o más tarde, hacer cualquiera: poner de manifiesto a sí mismo qué opina acerca de cada cosa, a no ser que sea sordo o mudo de nacimiento. Y de esta manera cuantos opinan correctamente, todos ellos, como se echará de ver, lo poseen con razonamiento; no se engendrará, pues, en adelante, opinión correcta, aparte de la ciencia. [206e] Teeteto: Es verdad. [206e] Sócrates: No menospreciemos, pues, ligeramente, cual si no hubiera dicho nada, al que definió a “ciencia” tal como la consideramos ahora, porque tal vez quien tal dijo no dijo eso, sino que le es posible, al preguntado acerca de “qué es” algo, dar mediante los elementos respuesta a tal pregunta. [207a] Teeteto: ¿Cómo dices, Sócrates? [207a] Sócrates: Como Hesíodo dice acerca de carreta: «la de cien piezas de madera». Yo no podría nombrarlas, creo que tú tampoco. Mas si alguien nos preguntara “qué es” carreta nos daríamos por satisfechos si pudiésemos nombrar ruedas, eje, cuerpo, aros, yugo. [207a] Teeteto: Perfectamente. [207a] Sócrates: Tal vez ese alguien nos tendría por ridículos, cual si preguntados acerca de tu nombre respondiéramos con las sílabas, creyéndonos gramáticos por opinar correctamente y decir lo que decimos, y creyendo poseer y decir cual gramáticos la razón del nombre de Teeteto. Que no se dice científicamente nada antes de que se recorra cada cosa. [207b] elemento por elemento, acompañada de opinión verdadera, que es lo que anteriormente se dijo. [207b] Teeteto: Sí, se dijo. [207b] Sócrates: Así, también se dijo que teníamos opinión correcta acerca de la carreta; mas que quien pueda describir su — esencia mediante aquellas cien piezas, añadiendo esto se dirá que se ha añadido razón a la opinión verdadera y que, en lugar de opinante, habrase engendrado un artesano y un sabio acerca de la esencia de la carreta, definiendo el Todo mediante los elementos. [207c] Teeteto: ¿Te parece, pues, bien esto, Sócrates? [207c] Sócrates: Si te lo parece a ti, compañero, y si aceptas que es “razón” esa descripción elemento a elemento; mas que la descripción por sílabas o por algo más amplio sea irracional, dímelo para que lo pongamos en consideración. [207e] Teeteto: Lo acepto del todo. [207e] Sócrates: ¿Lo aceptas pensando que es “sabio” alguien en algo cuando el mismo elemento le parece serlo unas veces de una cosa y otras de otra; o más bien cuando opine que unas veces un elemento, otras veces otro diverso pertenecen a la misma cosa? [207e] Teeteto: No, por Júpiter!, a mí. [207e] Sócrates: Mas olvidas que, al comenzar a aprender las letras, ¿tú y los demás hacíais esto? [207e] Teeteto: ¿Te refieres a que unas veces creíamos que una letra, otras otra diversa pertenecían a la misma sílaba, y cuando a veces poníamos la misma letra en la conveniente sílaba y otras veces en otra? [207e] Sócrates: Eso es lo que digo. [207e] Teeteto: ¡Por Júpiter!, no lo olvido; mas no creo que “sepan” los que así se conducen. [207e] Sócrates: Pues bien: cuando en tal fase uno escribe “Teeteto”, y cree que ha de escribir y escribe “Te”, e intentando en otra vez escribir “Teodoro”, cree que ha de escribir y escribe “Te", ¿afirmaremos que sabe la primera sílaba de vuestros nombres? [208a] Teeteto: Hemos convenido en que quien se halla en tal fase todavía no conoce. [208a] Sócrates: ¿Hay algo que impida el que se halle en parecida situación respecto de la segunda, tercera y cuarta sílabas? [208a] Teeteto: Nada por cierto. [208a] Sócrates: Entonces, hecho tal recorrido de elementos, ¿Escribirá '"Teeteto” con opinión correcta, si lo escribe todo seguido? [208a] Teeteto: Evidentemente. [208b] Sócrates: ¿Siendo, pues, aún insciente, mas correctamente opinante, cual afirmamos? [208b] Teeteto: Sí. [208b] Sócrates: “Tendrá entonces razón con opinión correcta, porque escribió recorriendo el camino de elementos, camino al que convinimos en llamar “razón”. [208b] Teeteto: Es verdad. [208b] Sócrates: ¿Se da, pues, compañero, opinión correcta acompañada de razón, a la cual no haya que llamar aún “"ciencia”? [208b] Teeteto: Casi casi lo parece. [208b] Sócrates: Nos enriquecimos, al parecer, con un sueño, al creer que poseíamos la verdaderísima razón de ciencia, ¿O no lo condenaremos aún? Tal vez no la definiremos así, — sino por el restante eidos de los +res de los que, afirmábamos, uno ponía cual razón definidora de “ciencia” la de “opinión correcta acompañada de razón”. [208c] Teodoro: A punto me lo recordaste, porque todavía queda un eidos: el primero era “cierto eídolon vocal del pensamiento”; otro, lo acabado de decir: “camino hacia el Todo a través de los elementos”; ¿a cuál llamas tercera? [208c] Sócrates: A lo que llamarían los más: “tener y expresar una característica por la que lo preguntado se distingue de todo lo demás”. [208c] Teeteto: ¿Tienes para decirme, cual ejemplo, la razón de [208d] Sócrates: Si quieres, cual la de sol; que, creo, te será suficiente declararlo “lo más brillante que, en el Cielo, gira alderredor de la tierra”. [208d] Teeteto: Perfectamente. [208d] Sócrates: Comprende para qué lo digo: a tenor de lo que acabamos de explicar si captas esa diferencia por la que algo se distingue de los demás, captarás, tal se dice, su razón; pero, mientras agarres algo de común, la razón pertenecerá a aquellos a los que sea común. [208e] Teeteto: Entiendo, y me parece bello llamar a esto “razón”. [208e] Sócrates: Quien, pues, además de opinión correcta sobre una cosa cualquiera capte su diferencia de las demás, habrá adquirido ciencia de lo que anteriormente era sólo opinante. [208e] Teeteto: Digámoslo así. [208e] Sócrates: Mas ahora, Teeteto, que estoy ya cerca de lo dicho, cual si lo estuviera de una silueta, no comprendo absolutamente nada; mas, distante, de lejos, me parecía decir algo la dicho. [208e] Teeteto: ¿Cómo así? [209a] Sócrates: Te lo explicaré, si puedo. Tengo opinión correcta acerca de ti; si le adjunto tu razón te conozco: si no, tan sólo opino. [209a] Teeteto: Sí. [209a] Sócrates: Mas "razón” consistía en “la declaración de tu diferencia”. [209a] Teeteto: Así era. [209a] Sócrates: Mientras, pues, tan sólo opinaba, ¿de esa tu diferencia frente a los demás no aprehendía nada con mi mente? [209a] Teeteto: Parece que no. [209a] Sócrates: Pensaba, pues, en algo común, que tú no posees más que cualquier otro. [209b] Teeteto: Necesariamente. [209b] Sócrates: Tente, por Júpiter!; ¿cómo en tal caso opiné sobre ti más que sobre otro cualquiera? Supón que pensé: Éste es Teeteto que es hombre, tiene nariz, ojos, boca, y así cada uno de los miembros”. ¿Tal pensamiento habrá modo de que haga pensar en Teeteto más bien que en Teodoro o en el último de los Misias, como se dice? [209b] Teeteto: ¿Cómo así? [209b] Sócrates: Mas si pienso que no tan sólo tiene nariz y ojos, sino que es chato y de ojos saltones, ¿no opinaré más — sobre ti que sobre mí y otros parecidos? [209c] Teeteto: En ninguna manera. [209c] Sócrates: Mas no opinaré, creo, sobre Teeteto, antes de que esa su chatez deje en mí, imprimiéndome, como recordatorio, algo de diferente de otras que he visto, y así de los demás de tus rasgos. Chatez, que, si la encuentro mañana, me recordará y hará que opine correctamente sobre ti. [209c] Teeteto: Verdaderísimo. [209d] Sócrates: Así que la opinión correcta acerca de cada uno versa sobre la diferencia. [209d] Teeteto: 'Tal parece. [209d] Sócrates: ¿Qué sería entonces eso de inyectar razón a la opinión correcta? Porque si se dice ser añadir a la opinión eso de en qué se diferencia algo de los demás, ridícula [209d] Teeteto: ¿En qué sentido? [209d] Sócrates: A las cosas de que poseemos “opinión correcta” [209d] por su diferencia de las demás, nos manda sobreañadirles a esas mismas "“opinión correcta” acerca de cómo difieren de las demás. Y, de esta manera, dar vueltas a la escítala. [209e] al mortero o a cualquiera cosa por el estilo, en nada se diferencian respecto de esta prescripción; que fuera más justo llamar indicaciones a ciego, porque, respecto de lo que ya tenemos, mandarnos que sobreañadamos eso mismo. [209e] parecieran, dicho sinceramente, indicaciones a cegato. [209e] Teeteto: Dime, ¿qué pretendes al preguntarme ahora así? [209e] Sócrates: Si tal prescripción manda conocer, muchacho. [209e] sobreañadiendo razón; mas no opinar acerca de la diferencia, deliciosa cosa fuera esa bellísima razón de lo referente — a ciencia, porque conocer es captar ciencia, —¿no es así? [210a] Teeteto: Sí. [210a] Sócrates: Así que, al parecer, a quien se preguntare, sobre “qué es” Ciencia, respondería que “es opinión correcta acompañada de 'ciencia' de la diferencia”, ya que, según El, tal es lo sobreañadido: razón. [210a] Teeteto: Tal parece. [210a] Sócrates: Cosa de todo en todo estúpida, que, investigando nosotros sobre "“ciencia”, se nos diga que “es opinión correcta con 'ciencia” o de la diferencia o de otra cosa”. Así que, Teeteto, ni opinión correcta ni razón sobreañadida a opinión correcta sería Ciencia. [210b] Teeteto: Parece que no. [210b] Sócrates: Estamos aún, querido, preñados y con dolores de parto, acerca de Ciencia, ¿o completamente parimos ya? [210b] Teeteto: Sí, por Júpiter!, más de lo que yo tenía de por mí he dicho con tu ayuda. [210b] Sócrates: ¿Así, pues, nuestra arte parteril afirmará que no hemos parido sino cosas de viento y no dignas de criar? [210b] Teeteto: De todo en todo, es así. [210b] Sócrates: Si, después de esto, te pones a empreñarte de otros pensamientos, y te empreñas de ellos, Teeteto, te llamarás de mejores por virtud del ejercicio presente; mas si quedas estéril, resultarás menos pesado y más afable para tus acompañantes, no creyendo, juiciosamente, saber lo que no sabes. [210c] Esto es lo único que puede mi arte; nada más; ni yo sé algo de lo que saben otros de los varones grandes y admirables que hay y han sido. Mas esta arte parteril yo y mi madre la recibimos de dios; ella, para las mujeres; yo, para los jóvenes y bien nacidos, y cuantos sean bellos. [210d] Ahora tengo que enfrentarme, en el Pórtico del Rey, con la acusación escrita por Méleto contra mí. Pero desde por la mañana, Teodoro, encontrémonos aquí de nuevo. ## Notes [1] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca. [2] Pasaje adaptado. El facsímil está truncado en este punto y el texto se interrumpe a mitad de palabra; lo aquí suplido es del editor, a partir del original griego, y no procede de la traducción de J. D. García Bacca.